Luis de Góngora: «Ándeme yo caliente»; análisis y propuesta didáctica

LUIS DE GÓNGORA: Ándeme yo caliente
Ándeme yo caliente                  1
Y ríase la gente.
Traten otros del gobierno
Del mundo y sus monarquías,
Mientras gobiernan mis días      5
Mantequillas y pan tierno,
Y las mañanas de invierno
Naranjada y aguardiente,
Y ríase la gente.
Coma en dorada vajilla            10
El príncipe mil cuidados,
Cómo píldoras dorados;
Que yo en mi pobre mesilla
Quiero más una morcilla
Que en el asador reviente,       15
Y ríase la gente.
Cuando cubra las montañas
De blanca nieve el enero,
Tenga yo lleno el brasero
De bellotas y castañas,            20
Y quien las dulces patrañas
Del Rey que rabió me cuente,
Y ríase la gente.
Busque muy en hora buena
El mercader nuevos soles;        25
Yo conchas y caracoles
Entre la menuda arena,
Escuchando a Filomena
Sobre el chopo de la fuente,
Y ríase la gente.                      30
Pase a media noche el mar,
Y arda en amorosa llama
Leandro por ver a su Dama;
Que yo más quiero pasar
Del golfo de mi lagar             35
La blanca o roja corriente,
Y ríase la gente.
Pues Amor es tan cruel,
Que de Píramo y su amada
Hace tálamo una espada,       40
Do se junten ella y él,
Sea mi Tisbe un pastel,
Y la espada sea mi diente,
Y ríase la gente.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561 – 1627) es el máximo representante del culteranismo, corriente estética literaria dentro del Barroco, más o menos opuesta al conceptismo representado por Quevedo y el clasicismo de Lope de Vega. Sus presupuestos estéticos parten de una poesía intrincada, deliberadamente oscura; para ser entendida se necesita una amplísima base de cultura greco-latina y unas entendederas notables, si no sobresalientes. Sin eso, la frustración lectora está asegurada. Los recursos típicos de Góngora, en su tendencia críptica, son: metáforas de segundo o tercer grado, cultismos, latinismos, alusiones mitológicas, hipérbatos extremos, juegos de palabras, anfibologías y la famosa “alusión y elusión”, según acuñó su mejor exégeta, el poeta de la Generación del 27 Dámaso Alonso. Y todo ello, muy intensificado, hasta colocar la lengua al límite de sus posibilidades expresivas y al lector, al de su entendimiento. También se le ha llamado gongorismo a este modo de componer poesía. Ya desde su momento, los detractores y los seguidores han sido muy abundantes, pues no deja indiferente a nadie.
El poema que ahora analizamos, “Ándeme yo caliente” es una loa a la vida tranquila, retirada y en un ambiente rural. Desarrolla el tópico de “Menosprecio de corte y alabanza de aldea”; trata también, de algún modo, el de Beatus ille. En la primera estrofa se estable el estribillo: “Ándeme yo caliente / Y ríase la gente” (vv. 1-2). El yo lírico expresa que lo importante es ser feliz con poca cosa, sin hacer caso a las críticas o comentarios malignos de los demás. Deja para los ambiciosos el gobierno y el poder. Él se conforma con comer y beber cosas sencillas y sabrosas, como pan con mantequilla y naranjada y aguardiente.
No echa de menos, nos dice en la segunda estrofa, los manjares exquisitos que “el príncipe” pueda comer. En realidad, las preocupaciones le amargan su alimento. El yo lírico, por contra, prefiere comer en su humilde entorno; con una morcilla asada se conforma y le parece plato exquisito.
En la tercera estrofa imagina su vida en enero, mes frío, con la nieve en las montañas. Para ese tiempo solo aspira a tener una buena provisión de bellotas y castañas como alimento. También le gusta escuchar cuentos o leyendas populares, como la de “El rey que rabió”, traída a cuento oportunamente porque muestra cómo el pobre se ríe del rico y poderoso.
La cuarta estrofa se desplaza a un ambiente marítimo. No busca comerciar en lejanas tierras para enriquecerse. Antes bien, con conchas y caracoles para alimentarse se da por satisfecho. Y en tanto come, se ve descansando en una pradera, cerca de una fuente, a la sombra de un chopo, escuchar el canto del ruiseñor; es un momento feliz.
Tampoco quiere complicaciones amorosas, nos dice en la quinta estrofa; solo traen disgustos y peligros. Aduce el ejemplo de Leandro, que se ahogó en la travesía marítima que hacía a nado todos los días para visitar a su amada Hero; esta, desesperada, se suicida arrojándose al mismo mar. El único mar que desea nadar es del vino de su bodega, sea tinto o blanco.
En la sexta y última estrofa recrea el mito de Píramo y Tisbe; vecinos y enamorados, deciden huir una noche. Ella se esconde porque llega una leona a la fuente donde espera; se le cae el pañuelo, con el que juega la leona, manchándolo de sangre. Cuando Píramo llega, piensa que Tisbe está muerta; se mata. Luego ella sale de su escondite y encuentra el cadáver de Píramo; también se mata, pues no aguanta el dolor. El yo lírico advierte que el lecho de ambos al fin es una espada que mata a los dos, cosa que él aborrece. Prefiere un pastel, que le gusta tanto como una novia, y que de espada haga sus dientes, para comerlo con fruición. Así será más feliz, y que la gente diga lo que quiera.
2) Tema
El tema del poema es: alabanza de la vida retirada y sencilla, en un ámbito rural, despreocupándose de ambiciones y codicias que quitan la salud del alma y del cuerpo. Dicho de otro modo: menosprecio de la vida palaciega de los ambiciosos, que viven acongojados por la acumulación de poder y riquezas, guiados por su soberbia y codicia. 
3) Apartados temáticos
El poema presenta tress apartados temáticos bien discernibles:
-La primera parte la forman las tres primeras estrofas (vv. 1-23): el yo lírico explica que prefiere la vida tranquila del campo porque come productos naturales, sencillos, nutritivos y de fácil acceso. Son simples, sí, pero sabrosos.
-La segunda parte la compone la cuarta estrofas (vv. 24-30). Ahora declara que prefiere la vida sencilla, sin congojas por acaparar riqueza o poder. Su afán es disfrutar de la vida sencilla y de la naturaleza; por ejemplo, escuchando el canto de los pájaros.
-La tercera parte está compuesta por la quinta y sexta estrofa (vv. 31-44): el yo lírico renuncia a cualquier aventura amorosa. El amor trae quebraderos de cabeza y, muchas veces, acarrea la muerte. Un buen pastel es más sabroso que cualquier aventura amorosa. Y así vive tranquilo y seguro.
4) Análisis métrico y de la rima
El poema está compuesto por cuarenta y cuatro versos octosílabos (excepto el estribillo, que es heptasílabo), distribuidos en seis estrofas de siete versos cada una, excepto la primera, que tiene nueve (inicia el poema con un verso de enlace y el estribillo; este se repite al final de la estrofa). La rima es: abba-ac-c; se trata de una redondilla, dos versos de vuelta, uno con la redondilla y otro con el estribillo, y, finalmente, el propio estribillo (“Y ríase la gente”). El conjunto forma una letrilla, forma estrófica muy popular en la poesía clásica española (definido en el DLE como “Composición poética, amorosa, festiva o satírica, que se divide en estrofas, al fin de cada una de las cuales se repite ordinariamente como estribillo el pensamiento o concepto general de la composición, expresado con brevedad”).
5) Comentario estilístico
Esta maravillosa composición es una versión personal del tópico del Beatus ille, con algunos componentes del Locus amoenus y otro poco del “Menosprecio de corte y alabanza de aldea”. El resultado es, sencillamente, maravilloso. El yo lírico se manifiesta gramaticalmente en el primer verso: “Ándeme”. Se acoge a un refrán o expresión sentenciosa familiar: “Ándeme yo caliente, y ríase la gente” (no sabemos si el refrán surge del poema, o viceversa; parece más lógico lo primero). La contraposición entre el yo lírico y “la gente” se mantiene, soterradamente, a lo largo de todo el poema. Es como un oxímoron conceptual que se mantiene en todas las estrofas; lógicamente, apoyado en el estribillo y su repetición.
En la primera estrofa otra antítesis se manifiesta con fuerza: “gobierno / del mundo y sus monarquías” (vv. 3-4), metáfora del poder y la soberbia, se opone a “mantequillas y pan tierno” (v. 7), metáfora de la vida sencilla y natural. Encabalgamientos e hipérbatos se suceden en estos versos, como en el resto del poema. “Naranjadas y aguardiente” (v. 8) es metonimia de la vida placentera del hombre sencillo y sin ambiciones desmedidas. Todavía aparece otro oxímoron, el que enfrenta al yo lírico con “otros” (v. 3), los que gobiernan, o aspiran a hacerlo. La derivación de “gobierno” (v. 3) y “gobiernan” (v. 5) enfatiza la idea del regimiento de la vida, o de los pueblos, según se mire desde la perspectiva del yo lírico, o la de los ambiciosos y poderosos. 
En la segunda estrofa se introduce el asunto de la alimentación, metáfora en sí mismo del estilo de vida. El rico come en “dorada vajilla” (v. 10), metonimia de riqueza. Sin embargo, el príncipe come “mil cuidados”, metáfora de preocupaciones y de algo más: ni siquiera de la comida puede disfrutar. En la segunda parte de la estrofa se establece el polo antitético: el yo lírico come en una “pobre mesilla” (v. 13) “morcilla” (v. 14) bien asada. Y se siente, sin duda, más feliz que el “príncipe” (v. 11) con vida amargada.
La tercera estrofa incide de nuevo en los aspectos de la alimentación, pero fijándose solo en la del yo lírico. En pleno invierno, disfruta de “bellotas y castañas” (v. 20), alimentos que son frutos directos de los árboles; es rústico y asilvestrado, pero muy nutritivo. A eso lo acompaña escuchar cuentos y leyendas antiguos referidos a la mala vida de los poderosos que acabaron locos o muertos por su excesiva ambición, como pasa en “El rey que rabió”. El cuentecillo es metáfora de lo que ocurre a los ambiciosos, y un dardo envenenado a los nobles fatuos.
La cuarta estrofa cambia de tema. Mientras el “mercader” (v. 25) busca nuevos modos de enriquecerse, expresado en la metáfora “nuevos soles” (v. 25), el yo lírico se pasea tranquilamente por la playa de su localidad, recogiendo conchas y caracoles, como por diversión; son objetos inservibles y sin valor (metáfora de la humildad), pero a él lo hace feliz. También reivindica su vida dichosa escuchando el canto del ruiseñor que se esconde en los árboles, cerca de una fuente. Eso lo hace feliz.
La quinta estrofa contiene una alusión clásica: Leandro era un joven enamorado de la bella Hero. Él tiene que pasar a nado, cada noche, un estrecho de mar para estar con ella. En una de esas ocasiones, él muere ahogado. Ella, al enterarse, también se quita la vida arrojándose al mar. El yo lírico bromea sobre el asunto; él también tiene que nada cada noche por un mar líquido, pero no el agua del océano, sino sus botellas de vino, tinto y blanco (“blanca o roja corriente”, v. 36). No muere en el intento, sino que disfruta de ello. Se ríe de los amores exaltados de las parejas clásicas porque lo considera exagerado y cruel. El yo lírico prefiere, por contra, alejarse de ese sentimiento y vivir tranquilo en su casa.
En la sexta y última estrofa también acude a un mito clásico, el de Píramo y Tisbe. Por un malentendido, él se suicida, y ella detrás. El yo lírico bromea algo sarcásticamente sobre el asunto; dice que no está dispuesto a morir de amor, sino a disfrutar tranquilamente de su vida y sus pequeños placeres. La cama donde se juntan los amantes la transforma en pastel: es más sabroso y menos peligroso. La espada con la que se matan los amantes la transforma en su diente, que también corta, pero no los órganos de los amantes, sino el pastel que el yo lírico come tan tranquilamente. El humor sarcástico es evidente. De este modo, cierra su poema, remachando su mensaje: la mejor vida es la del humilde y sencillo hombre que vive, sin envidias, en su casa, comiendo cosas sencillas y alejándose de ambiciones y sentimientos amorosos que acarrean, antes o después, la muerte.
Como hemos visto, es un hermoso poema lleno de frescura, ritmo y tono desenfadados. Alaba la vida rural y sencilla, lejos de problemas, frente a la complicada y peligrosa de los poderosos. La elaboración literaria es muy alta, como no podía ser menos viniendo de Góngora. Tras un asunto que parece baladí, se esconde una joya literaria.
6) Contextualización
Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561 – 1627) es el máximo representante del culteranismo, corriente estética literaria dentro del Barroco, más o menos opuesta al conceptismo representado por Quevedo y el clasicismo de Lope de Vega. Nació en el seno de una familia acomodada cordobesa, formada por Francisco de Argote y la noble Leonor de Góngora. 
Estudió en la Universidad de Salamanca, donde ya era conocido por su talento poético. Tomó órdenes menores en 1575 y fue canónigo beneficiado de la catedral cordobesa (había heredado el puesto de un tío carnal). En la década de 1590 realizó varios viajes por España, al tiempo que componía poesía ya estimada por muchos. 
Durante una estancia en Valladolid, donde residía la Corte, se enemistó con Quevedo; se ve que dos genios no son compatibles en el mismo lugar y tiempo. En 1609 regresó a Córdoba y empezó a intensificar la extremosidad expresiva y oscura de sus versos. Entre 1610 y 1611 escribió la Oda a la toma de Larache; en 1613 dio a conocer el Polifemo (recrea el asunto mitológico de los amores frustrados del gigante, con un ojo, Polifemo, por Galatea, que prefiere a Acis). También distribuyó (sin publicar en la imprenta) en la Corte su poema más ambicioso, las incompletas Soledades. Al ser un texto puramente culterano, las opiniones se dividieron de manera irreconciliable. Unos lo adoraban por sublime y otros lo execraban por inextricable. 
Felipe III le nombró capellán real en 1617. Vivió en Madrid, con ese cargo eclesiástico, hasta 1626. Colocó a muchos familiares en la Corte, en lo que invirtió mucho dinero. Eso, unido a su afición al juego en los tugurios madrileños, lo dejaron arruinado. En 1627 regresó a Córdoba definitivamente. Dejó una nutrida lista de seguidores literarios, que lo adoraban. Otros lo vituperaban, como Quevedo, quien le dedicó un epitafio feroz; lo trata de ludópata, tabernario, mal sacerdote, etc. El bellísimo y enigmático retrato que pintó  Velázquez lo presenta como un hombre mayor, como retraído y soberbio. Está enterrado en la mezquita-catedral de Córdoba.
En sus poesías se solían distinguir una etapa tradicional y transparente (donde emplea romances, letrillas, principalmente); dura hasta 1610; ahí es el “Príncipe de la Luz”. Luego, otra oscura y culterana (donde usa sonetos, décimas y silvas, entre otras estrofas), a base del uso de la mitología, cultismos… Ahora es el “Príncipe de las Tinieblas”.
Dámaso Alonso, el poeta de la Generación del 27, lo estudió lúcidamente y demostró que, en realidad, se trata de una evolución hacia la intensificación y adensamiento de rasgos poéticos y compositivos presentes desde el principio. Sus restos se encuentran en la Mezquita-catedral de Córdoba.
Góngora no publicó sus obras (un intento suyo en 1623 no fructificó); sin embargo, circularon ampliamente en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías, publicados con su permiso o sin él. El manuscrito más autorizado es el llamado Manuscrito Chacón (copiado por Antonio Chacón, Señor de Polvoranca, para el conde-duque de Olivares, valido del rey Felipe IV).  El mismo año de su muerte Juan López Vicuña publicó ya unas Obras en verso del Homero español. 
 Primera etapa, de aprendizaje (hasta 1610): Góngora compuso numerosos romances, de inspiración literaria, como el de Angélica y Medoro, de cautivos, de tema pícaro o de tono más personal y lírico, algunos de ellos de carácter autobiográfico en los que narra sus recuerdos infantiles, y también numerosas letrillas líricas, satíricas o religiosas y romances burlescos. La gran mayoría son una constante acumulación de juegos conceptistas, equívocos, paronomasias, anfibologías, retruécanos, hipérboles y juegos de palabras típicamente barrocos. Entre ellos se sitúa el largo romance Fábula de Píramo y Tisbe (1618). En estos poemas suele satirizar tipos sociales y costumbres negativas; algún dardo también va hacia sus colegas de letras, como Quevedo.
En la madurez siguió escribiendo poemas sueltos de gran calidad; sonetos de temática muy variada (de asuntos graves a otros cómicos, burlescos o de ocasión). 
Segunda etapa, de madurez culterana (1610-1627): aquí compuso los poemas mayores. En la Fábula de Polifemo y Galatea (1612) aborda los amores frustrados del gigante Polifemo y Galatea, enamorada de Acis; Polifemo mata a este con una roca; la madre de Galatea convierte a Acis en un río de aguas cristalinas.  Aquí emplea ya el estilo culterano, caracterizado por el empleo masivo de simetrías, transposiciones, metáforas de metáforas o metáforas puras, hipérbaton, perífrasis, giros latinos, cultismos, alusiones y elusiones de términos, procurando sugerir más que nombrar, diluyendo la significación. 
Las Soledades quedó inconclusa (solo le dio tiempo a componer las dos primeras). Se trata de un poema alegórico, en cuatro secciones; cada una representa una edad de la vida del hombre, en correspondencia con las cuatro estaciones del año. Escrito en silvas (combinación de heptasílabos y endecasílabos, con rima a voluntad del poeta), las secciones eran “Soledad de los campos”, “Soledad de las riberas”, “Soledad de las selvas” y “Soledad del yermo” (más o menos correspondientes a la niñez, juventud, adultez y senectud). La fuente principal de inspiración son las Metamorfosis del poeta latino Ovidio.
En un marco idílico, de naturaleza apacible y risueña, presenta la llegada de un náufrago a ese lugar; lo recogen y cuidan unos cabreros muy bien dispuestos. Esta obra provocó mucha controversia en el mundo literario: o la admiraron e imitaron, o la criticaron ásperamente.
Luis de Góngora compuso también dos piezas teatrales, Las firmezas de Isabela (1613) y la Comedia venatoria.
7) Interpretación y valoración
Esta letrilla es de naturaleza festiva y alegre, pero con un fondo reflexivo muy importante; el yo lírico reivindica con ejemplos y argumentos que es mejor vivir lejos de las ambiciones propias de los soberbios y avariciosos, para ser más felices. Cuanto más sencillo es el estilo de vida, más probabilidades de gozar una existencia tranquila, serena y feliz.
La forma estrófica de la letrilla se ajusta muy bien a este tema. El desarrollo, por unidades temáticas es muy acertado. Góngora utiliza también ejemplos de la clasicidad y la mitología para reforzar su punto de vista; esto enriquece la visión general y la propia composición. Las antítesis que recorren soterradamente el poema son de extraordinaria belleza y expresividad. Sin duda, este poema es una auténtica joya literaria.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Góngora.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante explicar las antítesis que recorren el poema.
5) Indica cómo se deja ver el yo lírico y con qué intención. ¿Vive acomplejado?
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca culterana visibles en el poema.
2) ¿Qué elementos utiliza el yo lírico para comparar su vida con la de los poderosos?  
3) Explica las alusiones mitológicas. ¿Por qué las habrá introducido aquí el poeta?
4) ¿Es un poema serio o cómico? Aporta razones.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger y discutir la idea de qué estilo de vida es mejor, la del poderoso y ambicioso, o la del humilde y sencillo.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Luis de Góngora. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá como personajes al yo lírico y el “príncipe”, o poderoso, o ambicioso. Puedes introducir otros de tu invención.
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Luis de Góngora y su tiempo barroco.

Luis de Góngora: «Duélete de esa puente, Manzanares»; análisis y propuesta didáctica

LUIS DE GÓNGORA: Duélete de esa puente, Manzanares
Duélete de esa puente, Manzanares;            1
Mira que dice por ahí la gente
Que no eres río para media puente,
Y que ella es puente para muchos mares.
Hoy, arrogante, te ha brotado a pares          5
Húmedas crestas tu soberbia frente,
Y ayer me dijo humilde tu corriente
Que eran en marzo los caniculares.
Por el alma de aquel que ha pretendido
Con cuatro onzas de agua de chicoria           10
Purgar la villa y darte lo purgado,
Me dí ¿cómo has menguado y has crecido?
¿Cómo ayer te vi en pena, y hoy en gloria?
—Bebióme un asno ayer, y hoy me ha meado.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561 – 1627) es el máximo representante del culteranismo, corriente estética literaria dentro del Barroco, más o menos opuesta al conceptismo representado por Quevedo y el clasicismo de Lope de Vega. Sus presupuestos estéticos parten de una poesía intrincada, deliberadamente oscura; para ser entendida se necesita una amplísima base de cultura greco-latina y unas entendederas notables, si no sobresalientes. Sin eso, la frustración lectora está asegurada. Los recursos típicos de Góngora, en su tendencia críptica, son: metáforas de segundo o tercer grado, cultismos, latinismos, alusiones mitológicas, hipérbatos extremos, juegos de palabras, anfibologías y la famosa “alusión y elusión”, según acuñó su mejor exégeta, el poeta de la Generación del 27 Dámaso Alonso. Y todo ello, muy intensificado, hasta colocar la lengua al límite de sus posibilidades expresivas y al lector, al de su entendimiento. También se le ha llamado gongorismo a este modo de componer poesía. Ya desde su momento, los detractores y los seguidores han sido muy abundantes, pues no deja indiferente a nadie.
El poema que ahora analizamos, “Duélete de esa puente, Manzanares” es festivo, humorístico y algo satírico. El yo lírico dialoga con el río Manzanares, el río de Madrid, bien conocido por su poco caudal. En la primera estrofa interpela al río y le anima que sienta lástima por un puente que lo atraviesa, pues es demasiado grande y robusto para tan poco río. En el segundo cuarteto el yo lírico acota el momento de su diálogo: “hoy”, es decir, existe una simultaneidad del acto comunicativo y el de la escritura. Tiene un tono afirmativo, o enunciativo. Al puente le han brotado dos salientes o “crestas” en su frente; adelantando el contenido, se trata de las dos orejas del burro que aparece en el último cuarteto. También ha sabido, porque se lo ha dicho la corriente, que la época de más calor y sequía, “las caniculares”, se dan en marzo. Eso sorprende, parece, al yo lírico, que no se explica por qué el río no lleva agua.
Le ruega al río, en gracia a la persona, o el alma, que ha intentado llenar el cauce del río con el orín de las personas que se purgaron con agua de chicoria, que le explique, y ya estamos en la última estrofa, cómo es posible que haya bajado y subido de caudal tan súbitamente. Ayer no tenía agua (estaba “en pena”, así lo vio el yo lírico, y hoy sí (está “en gloria”). El río le responde con una oración breve, lapidaria y ridiculizante. Todo el agua que llevaba la bebió un asno ayer, y hoy la ha “meado”. Como vemos, es una ridiculización del poco caudal del río Manzanares; solo da para que beba un burro; y su simple orina, ya le aporta caudal bastante para ser notado por la gente. 
2) Tema
El tema del poema es: ridiculización festiva y sarcástica sobre la humildad del río Manzanares. Su poco caudal lo deja reducido a un cauce seco, humilde y despreciable. 
3) Apartados temáticos
El poema presenta dos apartados temáticos bien discernibles:
-La primera parte la forman las dos primeras estrofas (vv. 1-8): explica que el río Manzanares tiene poco caudal y que sus puentes son demasiado grandes para tan poco río. Un asno se ha acercado a su orilla; el cambio de caudal (sequía y crecida) de seguido, no se explica por la época del año.
-La segunda parte la componen la tercera y cuarta estrofas (vv. 9-14). El yo lírico le pide al río que le explique, por la gracia de la persona que vendió por Madrid una infusión de agua de chicoria (supuestamente, tonifica los desarreglos estomacales), que le explique cómo es que si ayer no tenía caudal ninguno, hoy si lo tenga. El río le responde que ese asno que se había acercado hasta él, ha orinado, de ahí la crecida. Nótese el tono humorístico de todo el poema: se trata de hacer una broma sobre la humildad del río Manzanares, que no casa con la solemnidad de la “Villa y Corte”, la capital de España, Madrid.
4) Análisis métrico y de la rima
El poema está compuesto por catorce versos endecasílabos distribuidos en cuatro estrofas. Son dos cuartetos y dos tercetos, con rima consonante, con la distribución: ABBA, ABBA, CDE, CDE. Estamos, pues, ante un soneto, una estructura estrófica de origen italiano muy utilizada en la poesía del Barroco español.
5) Comentario estilístico
El yo lírico le pide al río Manzanares que se compadezca de la mala suerte de uno de sus puentes, pues es demasiado grande y fuerte para un río tan humilde. El poema se abre, pues, con una apóstrofe directa y de cierto tono coloquial. Utiliza el juego de palabras, alrededor de “puente”, con una oración afirmativa y otra negativa; crea algo parecido a un retruécano. La personificación del río también contribuye al aire festivo del poema. 
En la segunda estrofa se crea una metáfora que parece que alude (la interpretación es solo probable, dada la ausencia de referencia al término real de la imagen) a las dos orejas del burro (“húmedas crestas”, v. 6) que lo ha visitado ese día; luego veremos que es para orinar en su orilla. Descarta el yo lírico que sea una sequía repentina, pues, hablando con la corriente (también personificada), le informa que la época de sequía es en marzo. 
La tercera y cuarta estrofas forman una unidad semántica (breve diálogo entre el yo lírico y el río) y casi sintáctica (tres oraciones, dos del yo lírico y una del río, que es su respuesta final). Crea una derivación o políptoton con “Purgar” y “purgado” (v. 11) para aludir a una infusión de chicoria (o achicoria, que diríamos hoy) que provoca el orín de la gente. El yo lírico le pide al río que le aclare (“Me di”, por “dime”, como nos expresaríamos hoy) el cambio súbito de su caudal. Emplea dos metáforas para expresar que tiene agua (“en gloria”) o está seco (“en pena”). Forman una antítesis, reforzada con otra, formada por “ayer” y “hoy” (v. 13); se repite en el último verso. El efecto de risa es inmediato. Alcanza su cima con la respuesta del río. Toda el agua que llevaba, que es muy poca, la bebió un burro; hoy, se la devuelve en forma de orín. Aquí la ridiculización sarcástica del río es total. El tal río es un simple arroyo que se seca con algo tan vulgar como que un asno sacie su sed; y se llena con algo todavía más vulgar y chocarrero, como que ese asno orine allí al día siguiente.
Como vemos, se trata de un poema humorístico, festivo, de broma; simplemente, para hacer reír. No tiene un mensaje de fondo que haga reflexionar. Solo es una composición alegre y desenfadada.
6) Contextualización
Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561 – 1627) es el máximo representante del culteranismo, corriente estética literaria dentro del Barroco, más o menos opuesta al conceptismo representado por Quevedo y el clasicismo de Lope de Vega. Nació en el seno de una familia acomodada cordobesa, formada por Francisco de Argote y la noble Leonor de Góngora. 
Estudió en la Universidad de Salamanca, donde ya era conocido por su talento poético. Tomó órdenes menores en 1575 y fue canónigo beneficiado de la catedral cordobesa (había heredado el puesto de un tío carnal). En la década de 1590 realizó varios viajes por España, al tiempo que componía poesía ya estimada por muchos. 
Durante una estancia en Valladolid, donde residía la Corte, se enemistó con Quevedo; se ve que dos genios no son compatibles en el mismo lugar y tiempo. En 1609 regresó a Córdoba y empezó a intensificar la extremosidad expresiva y oscura de sus versos. Entre 1610 y 1611 escribió la Oda a la toma de Larache; en 1613 dio a conocer el Polifemo (recrea el asunto mitológico de los amores frustrados del gigante, con un ojo, Polifemo, por Galatea, que prefiere a Acis). También distribuyó (sin publicar en la imprenta) en la Corte su poema más ambicioso, las incompletas Soledades. Al ser un texto puramente culterano, las opiniones se dividieron de manera irreconciliable. Unos lo adoraban por sublime y otros lo execraban por inextricable. 
Felipe III le nombró capellán real en 1617. Vivió en Madrid, con ese cargo eclesiástico, hasta 1626. Colocó a muchos familiares en la Corte, en lo que invirtió mucho dinero. Eso, unido a su afición al juego en los tugurios madrileños, lo dejaron arruinado. En 1627 regresó a Córdoba definitivamente. Dejó una nutrida lista de seguidores literarios, que lo adoraban. Otros lo vituperaban, como Quevedo, quien le dedicó un epitafio feroz; lo trata de ludópata, tabernario, mal sacerdote, etc. El bellísimo y enigmático retrato que pintó  Velázquez lo presenta como un hombre mayor, como retraído y soberbio. Está enterrado en la mezquita-catedral de Córdoba.
En sus poesías se solían distinguir una etapa tradicional y transparente (donde emplea romances, letrillas, principalmente); dura hasta 1610; ahí es el “Príncipe de la Luz”. Luego, otra oscura y culterana (donde usa sonetos, décimas y silvas, entre otras estrofas), a base del uso de la mitología, cultismos… Ahora es el “Príncipe de las Tinieblas”.
Dámaso Alonso, el poeta de la Generación del 27, lo estudió lúcidamente y demostró que, en realidad, se trata de una evolución hacia la intensificación y adensamiento de rasgos poéticos y compositivos presentes desde el principio. Sus restos se encuentran en la Mezquita-catedral de Córdoba.
Góngora no publicó sus obras (un intento suyo en 1623 no fructificó); sin embargo, circularon ampliamente en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías, publicados con su permiso o sin él. El manuscrito más autorizado es el llamado Manuscrito Chacón (copiado por Antonio Chacón, Señor de Polvoranca, para el conde-duque de Olivares, valido del rey Felipe IV).  El mismo año de su muerte Juan López Vicuña publicó ya unas Obras en verso del Homero español. 
 Primera etapa, de aprendizaje (hasta 1610): Góngora compuso numerosos romances, de inspiración literaria, como el de Angélica y Medoro, de cautivos, de tema pícaro o de tono más personal y lírico, algunos de ellos de carácter autobiográfico en los que narra sus recuerdos infantiles, y también numerosas letrillas líricas, satíricas o religiosas y romances burlescos. La gran mayoría son una constante acumulación de juegos conceptistas, equívocos, paronomasias, anfibologías, retruécanos, hipérboles y juegos de palabras típicamente barrocos. Entre ellos se sitúa el largo romance Fábula de Píramo y Tisbe (1618). En estos poemas suele satirizar tipos sociales y costumbres negativas; algún dardo también va hacia sus colegas de letras, como Quevedo.
En la madurez siguió escribiendo poemas sueltos de gran calidad; sonetos de temática muy variada (de asuntos graves a otros cómicos, burlescos o de ocasión). 
Segunda etapa, de madurez culterana (1610-1627): aquí compuso los poemas mayores. En la Fábula de Polifemo y Galatea (1612) aborda los amores frustrados del gigante Polifemo y Galatea, enamorada de Acis; Polifemo mata a este con una roca; la madre de Galatea convierte a Acis en un río de aguas cristalinas.  Aquí emplea ya el estilo culterano, caracterizado por el empleo masivo de simetrías, transposiciones, metáforas de metáforas o metáforas puras, hipérbaton, perífrasis, giros latinos, cultismos, alusiones y elusiones de términos, procurando sugerir más que nombrar, diluyendo la significación. 
Las Soledades quedó inconclusa (solo le dio tiempo a componer las dos primeras). Se trata de un poema alegórico, en cuatro secciones; cada una representa una edad de la vida del hombre, en correspondencia con las cuatro estaciones del año. Escrito en silvas (combinación de heptasílabos y endecasílabos, con rima a voluntad del poeta), las secciones eran “Soledad de los campos”, “Soledad de las riberas”, “Soledad de las selvas” y “Soledad del yermo” (más o menos correspondientes a la niñez, juventud, adultez y senectud). La fuente principal de inspiración son las Metamorfosis del poeta latino Ovidio.
En un marco idílico, de naturaleza apacible y risueña, presenta la llegada de un náufrago a ese lugar; lo recogen y cuidan unos cabreros muy bien dispuestos. Esta obra provocó mucha controversia en el mundo literario: o la admiraron e imitaron, o la criticaron ásperamente.
Luis de Góngora compuso también dos piezas teatrales, Las firmezas de Isabela (1613) y la Comedia venatoria.
7) Interpretación y valoración
Este soneto es de naturaleza festiva; está compuesto en forma dialogada. El yo lírico charla con el río Manzanares en un tono popular. Se asombra aquel de que un día no tenga agua y al día siguiente, sí. La explicación del río es tan ridícula que provoca risa e hilaridad. Sabemos que no es posible que  por el mero hecho de que un asno sacie su sed y luego orine no es razón para cambios de caudal. Todo es una broma para reírse del hecho de que el río de la corte, el Manzanares, posee un humilde caudal; tan escaso que puede secarse en ciertas épocas del año.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Góngora.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante explicar las metáforas y otros recursos que explican los cambios de caudal del río Manzanares.
5) Indica dónde se deja ver el yo lírico y con qué intención. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca culterana visibles en el poema.
2) ¿Qué llama la atención del yo lírico?  
3) ¿Qué elementos se ven personificados en el poema? ¿Por qué lo habrá hecho así el poeta?
4) ¿Es un poema serio o cómico? Aporta razones.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger un diálogo entre un narrador o yo lírico y un elemento natural sobre algún percance, justificado en tono humorístico
2) Imagina una entrevista de tu clase con Luis de Góngora. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá como personajes al yo lírico y al río Manzanares. Puedes introducir otros de tu invención.
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Luis de Góngora y su tiempo barroco.

Luis de Góngora: «Cuando pitos flautas»; análisis y propuesta didáctica

LUIS DE GÓNGORA: Cuando pitos flautas
Da bienes Fortuna                   1
que no están escritos:
cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.
¡Cuán diversas sendas             5
Se suelen seguir
En el repartir
Honras y haciendas!
A unos da encomiendas,
A otros sambenitos.               10
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.
A veces despoja
De choza y apero
Al mayor cabrero,                 15
Y a quien se le antoja;
La cabra más coja
Pare dos cabritos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.             20
Porque en una aldea
Un pobre mancebo
Hurtó sólo un huevo,
Al sol bambolea,
Y otro se pasea                      25
Con cien mil delitos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561 – 1627) es el máximo representante del culteranismo, corriente estética literaria dentro del Barroco, más o menos opuesta al conceptismo representado por Quevedo y el clasicismo de Lope de Vega. Sus presupuestos estéticos parten de una poesía intrincada, deliberadamente oscura; para ser entendida se necesita una amplísima base de cultura greco-latina y unas entendederas notables, si no sobresalientes. Sin eso, la frustración lectora está asegurada. Los recursos típicos de Góngora, en su tendencia críptica, son: metáforas de segundo o tercer grado, cultismos, latinismos, alusiones mitológicas, hipérbatos extremos, juegos de palabras, anfibologías y la famosa “alusión y elusión”, según acuñó su mejor exégeta, el poeta de la Generación del 27 Dámaso Alonso. Y todo ello, muy intensificado, hasta colocar la lengua al límite de sus posibilidades expresivas y al lector, al de su entendimiento. También se le ha llamado gongorismo a este modo de componer poesía. Ya desde su momento, los detractores y los seguidores han sido muy abundantes, pues no deja indiferente a nadie.
El poema que ahora analizamos, “Cuando pitos, flautas” es una bellísima letrilla de carácter crítico y algo festivo; también posee una estructura argumentativa muy importante: se establece una tesis, se defiende y se concluye con la reafirmación de su validez (en este caso, a través del estribillo). En la primera estrofa se establece la opinión de validez general que el yo lírico va a mantener en su poema: la suerte, el azar, el destino o la fortuna, cuando reparte sus beneficios, o perjuicios, se porta de manera aleatoria y, en general, con injusticia.
En la segunda estrofa el yo lírico se centra en el reparto de “honras y haciendas” (v. 8). A unos los regala con honores (que entrañan dinero y poder) y a otros los castiga a través penas de la Inquisición, como portar el sanbenito, por delincuentes o malos creyentes.
En la tercera estrofa cambia de grupo social donde observa el comportamiento imprevisible y aleatorio de Fortuna. A un “cabrero” rico lo despoja de sus bienes en un golpe de mala suerte; y, sin embargo, al pobre, que acaso solo posee una cabra coja, lo beneficia con dos cabritos en el mismo parto.
La cuarta y última estrofa mantiene la ambientación rural, en la “aldea”. Un muchacho es ahorcado, y su cuerpo cuelga en la horca, para mayor escarnio, por haber robado algo insignificante, o menor, como un huevo. Por el contrario, “otro”, seguramente noble, poderoso y rico, se pasea tan ricamente por las calles a pesar de haber cometido “cien mil delitos”. La idea general de que Fortuna es caprichosa e injusta se refuerza, machaconamente, a través del estribillo, que recoge una expresión popular, “cuando pitos, flautas; cuando flautas, pitos”, que expresa que las cosas suceden justo al revés de lo que esperamos.
2) Tema
El tema del poema es: constatación del comportamiento aleatorio y, muchas veces, injusto, de Fortuna, cuando reparte dichas y desdichas entre humanos, independientemente de su posición social. 
3) Apartados temáticos
Las cuatro estrofas del poema presentan unas modulaciones temáticas bien discernibles:
-La primera parte la forma la primera estrofa (vv. 1-4): establece su tesis acerca de lo imprevisible del destino, y lo refuerza con el estribillo. En solo cuatro versos es la estrofa más breve) queda clara la idea general del poema, que no es otra que Fortuna es caprichosa.
-La segunda parte la compone la segunda estrofa (vv. 5-12). En el reparto de “honores y haciendas”, es decir, de la riqueza material contante y sonante, ya observamos el caprichoso comportamiento del destino. Sin saber por qué, a unos los bendice, a otros los maldice.
-La tercera parte la conforma la tercera estrofa (vv. 13-20): cambia su punto de vista el yo lírico; ahora se fija en la gente humilde, los campesinos y ganaderos; al acomodado lo hunde de un solo golpe; al pobre lo redime con un pequeño regalo: dos cabritos en un parto gracias, precisamente, a la cabra coja.
-La cuarta parte se compone por la cuarta estrofa (vv. 13-20): ahora el yo lírico se fija en gente o muy pobre o muy rica. A un joven lo ahorcan por un delito menor. Al rico y poderoso lo dejan en paz, aunque ha cometido muchas ilegalidades. Y así funciona el mundo, todo al revés, como recuerda el estribillo.  
4) Análisis métrico y de la rima
El poema está compuesto por veinte y seis versos hexasílabos, distribuidos en cuatro estrofas, la primera de cuatro versos; las demás, de ocho. En cuanto a la rima, es muy original y acertadísima. La primera estrofa forma una redondilla (abba), aunque no lo es sensu stricto, por el número de sílabas (la redondilla está formada por ocho sílabas por verso). El resto de las estrofas repiten la misma estructura, que es: una redondilla, un verso de vuelta y otro más de vuelta (repite la rima del último verso del estribillo, que es í-o). Por ejemplo, la segunda estrofa establece su rima así: abba-ac-dc. El conjunto forma una letrilla. El poema resulta melodioso, vivo, alegre y tremendamente pegadizo, como si de una sonata popular se tratara. 
5) Comentario estilístico
El poema es hermoso y significativo, además de muy original. Bajo un formato popular y ligero, de letrilla, se esconde una reflexión grave sobre las injusticias que el destino aplica a las personas. Fortuna, la diosa, con su ceguera y sus vueltas de rueda, hace que cierto tipo de injusticia campe por sus respetos. A quien debía castigar lo premia; a quien debía favorecer, lo penaliza incluso con saña. Esto ya lo deja establecido en la primera estrofa, en la que se presenta la tesis, como si fuera un texto argumentativo. La expresión “que no están escritos” (v. 2) es metáfora de la imprevisibilidad del destino de las personas. 
En la segunda estrofa, una exclamación retórica ocupa los cuatro primeros versos; expresa la magnitud e importancia del asunto que trata. Las “diversas sendas” (v.  5) es una metáfora de lo aleatorio del azar sobre las personas. “Honras y haciendas” (v. 8) es una metonimia de la posición social y económica de los individuos en el concierto social. Lo mismo ocurre con los sustantivos “encomiendas” (v. 9) y “sambenitos” (v. 10), pues representan el premio sustancioso y el castigo ominoso, respectivamente.
En la tercera estrofa se comprueba un cambio de perspectiva. El yo lírico ya no habla de los ricos, sino más bien de los pobres, los aldeanos, campesinos y ganaderos. A uno que le va bien, de pronto lo hunde; no dice cómo, pero lo podemos suponer: calamidades naturales, accidentes (fuego, inundaciones), deudas, etc. Y, sin embargo, al agricultor más humilde lo premia con dos crías de una cabra de la que nadie esperaría nada, pues es coja.
La última estrofa es la más profunda en cuanto a significación se refiere. Posee también un cierto carácter conclusivo. Ahora toma dos ejemplos, uno de la clase humilde, un “pobre mancebo”, que ha sido ahorcado por robar un huevo. Es un ejemplo de la crueldad y la mala suerte extrema. El otro ejemplo es de alguien de la clase noble, aunque no se dice, se elide, pero el lector lo sobreentiende muy bien. Este personaje ha cometido atropellos y delitos; muchos, como expresa la hipérbole “cien mil delitos” (v. 26); sin embargo, nadie lo castiga; no solo eso, sino que “se pasea” (v. 25), metáfora de que exhibe su impunidad tan tranquilamente. La paradoja, pues, es un recurso que se infiltra y recorre todo el poema: quien necesita justicia reparadora, recibe más castigo; quien debería ser penalizado, se pasea libre y ostentosamente.
En efecto, el estribillo queda bien demostrado en cuanto a su validez: “Cuando pitos flautas, / cuando flautas pitos”. Fortuna trata de modo imprevisible, caprichoso y, muchas veces, injusto, a las personas, especialmente a las pobres.
El poema, lo estamos viendo, es un magnífico ejemplo de poesía crítica y reflexiva acerca del orden social. Pero todo está algo velado, como elidido; el yo lírico no habla claro del todo; la razón es obvia: la eran tiempos donde se pudiera hablar de modo claro acerca de estas cuestiones sin sufrir un correctivo (que se lo pregunten a Quevedo, en prisión cuatro años por criticar al valido de Felipe IV, el conde-duque de Olivares). Un hallazgo importante de este poema es que bajo una forma y un tono popular se oculta una aguda reflexión sobre los reveses de fortuna y las injusticias cotidianas que no tienen explicación, pero existen.
6) Contextualización
Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561 – 1627) es el máximo representante del culteranismo, corriente estética literaria dentro del Barroco, más o menos opuesta al conceptismo representado por Quevedo y el clasicismo de Lope de Vega. Nació en el seno de una familia acomodada cordobesa, formada por Francisco de Argote y la noble Leonor de Góngora. 
Estudió en la Universidad de Salamanca, donde ya era conocido por su talento poético. Tomó órdenes menores en 1575 y fue canónigo beneficiado de la catedral cordobesa (había heredado el puesto de un tío carnal). En la década de 1590 realizó varios viajes por España, al tiempo que componía poesía ya estimada por muchos. 
Durante una estancia en Valladolid, donde residía la Corte, se enemistó con Quevedo; se ve que dos genios no son compatibles en el mismo lugar y tiempo. En 1609 regresó a Córdoba y empezó a intensificar la extremosidad expresiva y oscura de sus versos. Entre 1610 y 1611 escribió la Oda a la toma de Larache; en 1613 dio a conocer el Polifemo (recrea el asunto mitológico de los amores frustrados del gigante, con un ojo, Polifemo, por Galatea, que prefiere a Acis). También distribuyó (sin publicar en la imprenta) en la Corte su poema más ambicioso, las incompletas Soledades. Al ser un texto puramente culterano, las opiniones se dividieron de manera irreconciliable. Unos lo adoraban por sublime y otros lo execraban por inextricable. 
Felipe III le nombró capellán real en 1617. Vivió en Madrid, con ese cargo eclesiástico, hasta 1626. Colocó a muchos familiares en la Corte, en lo que invirtió mucho dinero. Eso, unido a su afición al juego en los tugurios madrileños, lo dejaron arruinado. En 1627 regresó a Córdoba definitivamente. Dejó una nutrida lista de seguidores literarios, que lo adoraban. Otros lo vituperaban, como Quevedo, quien le dedicó un epitafio feroz; lo trata de ludópata, tabernario, mal sacerdote, etc. El bellísimo y enigmático retrato que pintó  Velázquez lo presenta como un hombre mayor, como retraído y soberbio. Está enterrado en la mezquita-catedral de Córdoba.
En sus poesías se solían distinguir una etapa tradicional y transparente (donde emplea romances, letrillas, principalmente); dura hasta 1610; ahí es el “Príncipe de la Luz”. Luego, otra oscura y culterana (donde usa sonetos, décimas y silvas, entre otras estrofas), a base del uso de la mitología, cultismos… Ahora es el “Príncipe de las Tinieblas”.
Dámaso Alonso, el poeta de la Generación del 27, lo estudió lúcidamente y demostró que, en realidad, se trata de una evolución hacia la intensificación y adensamiento de rasgos poéticos y compositivos presentes desde el principio. Sus restos se encuentran en la Mezquita-catedral de Córdoba.
Góngora no publicó sus obras (un intento suyo en 1623 no fructificó); sin embargo, circularon ampliamente en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías, publicados con su permiso o sin él. El manuscrito más autorizado es el llamado Manuscrito Chacón (copiado por Antonio Chacón, Señor de Polvoranca, para el conde-duque de Olivares, valido del rey Felipe IV).  El mismo año de su muerte Juan López Vicuña publicó ya unas Obras en verso del Homero español. 
 Primera etapa, de aprendizaje (hasta 1610): Góngora compuso numerosos romances, de inspiración literaria, como el de Angélica y Medoro, de cautivos, de tema pícaro o de tono más personal y lírico, algunos de ellos de carácter autobiográfico en los que narra sus recuerdos infantiles, y también numerosas letrillas líricas, satíricas o religiosas y romances burlescos. La gran mayoría son una constante acumulación de juegos conceptistas, equívocos, paronomasias, anfibologías, retruécanos, hipérboles y juegos de palabras típicamente barrocos. Entre ellos se sitúa el largo romance Fábula de Píramo y Tisbe (1618). En estos poemas suele satirizar tipos sociales y costumbres negativas; algún dardo también va hacia sus colegas de letras, como Quevedo.
En la madurez siguió escribiendo poemas sueltos de gran calidad; sonetos de temática muy variada (de asuntos graves a otros cómicos, burlescos o de ocasión). 
Segunda etapa, de madurez culterana (1610-1627): aquí compuso los poemas mayores. En la Fábula de Polifemo y Galatea (1612) aborda los amores frustrados del gigante Polifemo y Galatea, enamorada de Acis; Polifemo mata a este con una roca; la madre de Galatea convierte a Acis en un río de aguas cristalinas.  Aquí emplea ya el estilo culterano, caracterizado por el empleo masivo de simetrías, transposiciones, metáforas de metáforas o metáforas puras, hipérbaton, perífrasis, giros latinos, cultismos, alusiones y elusiones de términos, procurando sugerir más que nombrar, diluyendo la significación. 
Las Soledades quedó inconclusa (solo le dio tiempo a componer las dos primeras). Se trata de un poema alegórico, en cuatro secciones; cada una representa una edad de la vida del hombre, en correspondencia con las cuatro estaciones del año. Escrito en silvas (combinación de heptasílabos y endecasílabos, con rima a voluntad del poeta), las secciones eran “Soledad de los campos”, “Soledad de las riberas”, “Soledad de las selvas” y “Soledad del yermo” (más o menos correspondientes a la niñez, juventud, adultez y senectud). La fuente principal de inspiración son las Metamorfosis del poeta latino Ovidio.
En un marco idílico, de naturaleza apacible y risueña, presenta la llegada de un náufrago a ese lugar; lo recogen y cuidan unos cabreros muy bien dispuestos. Esta obra provocó mucha controversia en el mundo literario: o la admiraron e imitaron, o la criticaron ásperamente.
Luis de Góngora compuso también dos piezas teatrales, Las firmezas de Isabela (1613) y la Comedia venatoria.
7) Interpretación y valoración
El poema “Cuando pitos flautas” es un bello y delicado texto que expresa lo aleatorio e imprevisible del destino de las personas. Todo va tan al revés, que parece que quien debe ser castigado y, al revés, el merecedor de premios acaba punido por el destino, el azar o la suerte. 
El estribillo es precioso porque esconde una fuerza expresiva extraordinaria. Los dos versos del mismo contienen una frase popular: “Cuando pitos, flautas; cuando flautas, pitos”. Como expresa el DLE sobre ella: 
“Exprs. coloqs. U. para explicar que las cosas suelen suceder al revés de lo que se deseaba o podía esperarse”
Góngora estaría muy de acuerdo con esta definición; las cosas suceden al revés, con las consecuencias injustas que el poema expresa. Podemos apreciar a un Góngora descontentadizo, reflexivo y acaso decepcionado con la marcha de la sociedad española que le tocó vivir. Sin duda, es un bello y agudo poema con validez universal que transciende la mera anécdota y el contexto en el que fue compuesto.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Góngora.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante explicar las metáforas y otros recursos que insisten en las contradicciones de la suerte que les toca a las personas.
5) Indica dónde se deja ver el yo lírico y cómo reacciona ante el comportamiento de Fortuna. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca culterana visibles en el poema.
2) ¿Quién es Fortuna? Documéntate y explícalo. 
3) ¿Qué personas abundan en el texto, los pobres o los ricos? ¿Por qué lo habrá hecho así el poema?
4) ¿Es un poema optimista o pesimista? Aporta razones.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre lo imprevisible del destino de cada uno. Parece que todo va justo al contrario de lo que debería ir.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Luis de Góngora. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá como personajes al pobre mancebo y algunos otros de los que aparecen en el poema.
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Luis de Góngora y su tiempo barroco.

Luis de Góngora: «En la verde orilla»; análisis y propuesta didáctica

LUIS DE GÓNGORA: En la verde orilla
Los rayos le cuenta al Sol          1
Con un peine de marfil
La bella Jacinta un día
Que por mi dicha la vi
En la verde orilla                       5
De Guadalquivir.
La mano oscurece al peine;
Mas qué mucho, si el abril
La vio oscurecer los lilios
Que blancos suelen salir            10
En la verde orilla
De Guadalquivir.
Los pájaros la saludan,
Porque piensa (y es así)
Que el Sol que sale en oriente   15
Vuelve otra vez a salir
En la verde orilla
De Guadalquivir.
Por sólo un cabello el Sol
De sus rayos diera mil,               20
Solicitando invidioso
El que se quedaba allí
En la verde orilla
De Guadalquivir.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561 – 1627) es el máximo representante del culteranismo, corriente estética literaria dentro del Barroco, más o menos opuesta al conceptismo representado por Quevedo y el clasicismo de Lope de Vega. Sus presupuestos estéticos parten de una poesía intrincada, deliberadamente oscura; para ser entendida se necesita una amplísima base de cultura greco-latina y unas entendederas notables, si no sobresalientes. Sin eso, la frustración lectora está asegurada. Los recursos típicos de Góngora, en su tendencia críptica, son: metáforas de segundo o tercer grado, cultismos, latinismos, alusiones mitológicas, hipérbatos extremos, juegos de palabras, anfibologías y la famosa “alusión y elusión”, según acuñó su mejor exégeta, el poeta de la Generación del 27 Dámaso Alonso. Y todo ello, muy intensificado, hasta colocar la lengua al límite de sus posibilidades expresivas y al lector, al de su entendimiento. También se le ha llamado gongorismo a este modo de componer poesía. Ya desde su momento, los detractores y los seguidores han sido muy abundantes, pues no deja indiferente a nadie.
El poema que ahora analizamos, “En la verde orilla” es una bellísima letrilla de carácter bucólico. El yo lírico celebra la hermosura de una bella joven, Jacinta, mientras se peina a orillas del Guadalquivir. En la primera estrofa el yo lírico se considera dichoso porque un día ve a Jacinta peinarse con un peine de marfil su rubio cabello, que compite en brillo con los rayos del sol.
En la segunda estrofa el yo lírico constata que la blancura de su piel es tal que, ya en abril, los lilios de la orilla del río parecían oscuros en comparación; del mismo modo, el peine de marfil también parece del mismo tono en comparación con la mano de Jacinta. En la tercera estrofa se certifica que su esplendorosa belleza es tal que, cuando ella se acerca, por la mañana, a la orilla del río, parece que vuelve a amanecer; así lo piensan los pájaros que la saludan. En la cuarta y última estrofa el yo lírico enfatiza en la belleza de la muchacha. El mismo sol, envidioso de ella, diera mil de sus rayos de luz por un solo cabello de la muchacha, de esos que quedan tendidos, tras peinarse, a orillas del Guadalquivir.
El poema celebra la belleza de Jacinta, sorprendida en un momento tan sencillo y delicado como es el peinado de su rubia cabellera a orillas del río Guadalquivir, acompañada solo de los pájaros y el sol como testigos de su belleza natural y espontánea.
2) Tema
El tema del poema es: recreación del sencillo y conmovedor momento del peinado por parte de una bella joven a orillas del río Guadalquivir. Dicho de otro modo: celebración de la belleza de una joven hermosa, envidiada por el sol.
3) Apartados temáticos
Las cuatro estrofas del poema forman una unidad temática muy sólida. No se distinguen secciones de contenido porque el tono y los elementos compositivos son siempre los mismos (Jacinta, su rubia cabellera, el sol y el río, poblado de aves). Todo el poema constituye una única sección de contenido.
4) Análisis métrico y de la rima
El poema está compuesto por veinticuatro versos octosílabos, excepto el estribillo (los dos últimos versos de cada estrofa) que son hexasílabos. Cada una de las cuatro estrofas consta de seis versos. Riman en asonante los versos pares, como en un romance; los impares quedan libres. La rima es en aguda, en í. Estamos, pues ante una letrilla, estrofa típica de la poesía popular y también culta. En el Barroco fue profusamente utilizada. 
5) Comentario estilístico
El poema recrea un momento del día de una persona. Se trata de una bella muchacha, Jacinta, la cual se peina a orillas del Guadalquivir, como repite el estribillo. Su delicada belleza es tal que el propio sol la envidia profundamente. Este sencillo mensaje se expresa demoradamente. En la primera estrofa el hipérbaton y la metáfora que recrea a Jacinta peinándose ocupan su contenido. Las hebras de los cabellos de Jacinta son como rayos de sol, dado su brillo y esplendor. El yo lírico interviene para dejar constancia que él vio a Jacinta peinándose, lo que fue una “dicha” (v. 4). 
En la segunda estrofa se insiste en otro detalle de la belleza de Jacinta: su  piel es muy blanca. Tanto, que el marfil del peine y los lilios blancos oscurecen a su lado. La metáfora, a medio camino del símil y de la personificación, es muy expresiva y delicada. Los adjetivos de color (“blancos”) insisten en el mensaje anterior.
En la tercera se personifican los pájaros: saludan a Jacinta, cuando la ven por la mañana, porque es como si estuviera amaneciendo. Tal es el brillo esplendoroso que provoca su presencia. Es como si amaneciera dos veces cada día. La hipérbole añade énfasis al mensaje.
La cuarta y última estrofa posee cierto carácter conclusivo. En efecto, la belleza de la mujer es tal que el sol estaría dispuesto a cambiar mil rayos suyos por uno de los cabellos que quedan tirados a la orilla del Guadalquivir cuando Jacinta se ha peinado. Así de hermosos y cautivadores son; son, digamos, la expresión máxima de la belleza luminosa.
6) Contextualización
Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561 – 1627) es el máximo representante del culteranismo, corriente estética literaria dentro del Barroco, más o menos opuesta al conceptismo representado por Quevedo y el clasicismo de Lope de Vega. Nació en el seno de una familia acomodada cordobesa, formada por Francisco de Argote y la noble Leonor de Góngora. 
Estudió en la Universidad de Salamanca, donde ya era conocido por su talento poético. Tomó órdenes menores en 1575 y fue canónigo beneficiado de la catedral cordobesa (había heredado el puesto de un tío carnal). En la década de 1590 realizó varios viajes por España, al tiempo que componía poesía ya estimada por muchos. 
Durante una estancia en Valladolid, donde residía la Corte, se enemistó con Quevedo; se ve que dos genios no son compatibles en el mismo lugar y tiempo. En 1609 regresó a Córdoba y empezó a intensificar la extremosidad expresiva y oscura de sus versos. Entre 1610 y 1611 escribió la Oda a la toma de Larache; en 1613 dio a conocer el Polifemo (recrea el asunto mitológico de los amores frustrados del gigante, con un ojo, Polifemo, por Galatea, que prefiere a Acis). También distribuyó (sin publicar en la imprenta) en la Corte su poema más ambicioso, las incompletas Soledades. Al ser un texto puramente culterano, las opiniones se dividieron de manera irreconciliable. Unos lo adoraban por sublime y otros lo execraban por inextricable. 
Felipe III le nombró capellán real en 1617. Vivió en Madrid, con ese cargo eclesiástico, hasta 1626. Colocó a muchos familiares en la Corte, en lo que invirtió mucho dinero. Eso, unido a su afición al juego en los tugurios madrileños, lo dejaron arruinado. En 1627 regresó a Córdoba definitivamente. Dejó una nutrida lista de seguidores literarios, que lo adoraban. Otros lo vituperaban, como Quevedo, quien le dedicó un epitafio feroz; lo trata de ludópata, tabernario, mal sacerdote, etc. El bellísimo y enigmático retrato que pintó  Velázquez lo presenta como un hombre mayor, como retraído y soberbio. Está enterrado en la mezquita-catedral de Córdoba.
En sus poesías se solían distinguir una etapa tradicional y transparente (donde emplea romances, letrillas, principalmente); dura hasta 1610; ahí es el “Príncipe de la Luz”. Luego, otra oscura y culterana (donde usa sonetos, décimas y silvas, entre otras estrofas), a base del uso de la mitología, cultismos… Ahora es el “Príncipe de las Tinieblas”.
Dámaso Alonso, el poeta de la Generación del 27, lo estudió lúcidamente y demostró que, en realidad, se trata de una evolución hacia la intensificación y adensamiento de rasgos poéticos y compositivos presentes desde el principio. Sus restos se encuentran en la Mezquita-catedral de Córdoba.
Góngora no publicó sus obras (un intento suyo en 1623 no fructificó); sin embargo, circularon ampliamente en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías, publicados con su permiso o sin él. El manuscrito más autorizado es el llamado Manuscrito Chacón (copiado por Antonio Chacón, Señor de Polvoranca, para el conde-duque de Olivares, valido del rey Felipe IV).  El mismo año de su muerte Juan López Vicuña publicó ya unas Obras en verso del Homero español. 
 Primera etapa, de aprendizaje (hasta 1610): Góngora compuso numerosos romances, de inspiración literaria, como el de Angélica y Medoro, de cautivos, de tema pícaro o de tono más personal y lírico, algunos de ellos de carácter autobiográfico en los que narra sus recuerdos infantiles, y también numerosas letrillas líricas, satíricas o religiosas y romances burlescos. La gran mayoría son una constante acumulación de juegos conceptistas, equívocos, paronomasias, anfibologías, retruécanos, hipérboles y juegos de palabras típicamente barrocos. Entre ellos se sitúa el largo romance Fábula de Píramo y Tisbe (1618). En estos poemas suele satirizar tipos sociales y costumbres negativas; algún dardo también va hacia sus colegas de letras, como Quevedo.
En la madurez siguió escribiendo poemas sueltos de gran calidad; sonetos de temática muy variada (de asuntos graves a otros cómicos, burlescos o de ocasión). 
Segunda etapa, de madurez culterana (1610-1627): aquí compuso los poemas mayores. En la Fábula de Polifemo y Galatea (1612) aborda los amores frustrados del gigante Polifemo y Galatea, enamorada de Acis; Polifemo mata a este con una roca; la madre de Galatea convierte a Acis en un río de aguas cristalinas.  Aquí emplea ya el estilo culterano, caracterizado por el empleo masivo de simetrías, transposiciones, metáforas de metáforas o metáforas puras, hipérbaton, perífrasis, giros latinos, cultismos, alusiones y elusiones de términos, procurando sugerir más que nombrar, diluyendo la significación. 
Las Soledades quedó inconclusa (solo le dio tiempo a componer las dos primeras). Se trata de un poema alegórico, en cuatro secciones; cada una representa una edad de la vida del hombre, en correspondencia con las cuatro estaciones del año. Escrito en silvas (combinación de heptasílabos y endecasílabos, con rima a voluntad del poeta), las secciones eran “Soledad de los campos”, “Soledad de las riberas”, “Soledad de las selvas” y “Soledad del yermo” (más o menos correspondientes a la niñez, juventud, adultez y senectud). La fuente principal de inspiración son las Metamorfosis del poeta latino Ovidio.
En un marco idílico, de naturaleza apacible y risueña, presenta la llegada de un náufrago a ese lugar; lo recogen y cuidan unos cabreros muy bien dispuestos. Esta obra provocó mucha controversia en el mundo literario: o la admiraron e imitaron, o la criticaron ásperamente.
Luis de Góngora compuso también dos piezas teatrales, Las firmezas de Isabela (1613) y la Comedia venatoria.
7) Interpretación y valoración
El poema “En la verde orilla” es un bello y delicado poema que expresa la belleza natural de una desconocida joven, Jacinta. Es sorprendida por el yo lírico peinándose a orillas del río. Podemos suponer su humilde condición social, lo que no le resta brillo ni luminosidad a su belleza espontánea. Es tal que el propio sol haría un cambio muy desventajoso para él con tal de poseer un cabello.
La estructura del poema, en letrilla, posee una aparente sencillez y una gracia realmente extraordinarias. Está en consonancia con el contenido: en actos cotidianos de personas auténticas se esconde un tesoro de hermosura natural y espontánea. Así lo logra transmitir con gran armonía y delicadeza el poeta cordobés.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Góngora.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante explicar las metáforas y otros recursos que engrandecen la belleza de la mujer representada.
5) Indica dónde se deja ver el yo lírico y cómo reacciona ante la hermosura de Jacinta. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca culterana visibles en el poema.
2) ¿En qué acción de Jacinta se concentra el poema? 
3) ¿Qué colores predominan en el poema? ¿Qué objeto emplea la dama?
4) ¿Es un poema optimista o pesimista? Aporta razones.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre la belleza de alguien vista en un acto natural, como el peinarse, en un marco sencillo. 
2) Imagina una entrevista de tu clase con Luis de Góngora. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá como personajes, el yo lírico y la joven. Puedes introducir otros, como el sol, o los pájaros, etc. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Luis de Góngora y su tiempo barroco.

Luis de Góngora: «Mientras por competir con tu cabello»; análisis y propuesta didáctica

LUIS DE GÓNGORA: Mientras por competir con tu cabello
Mientras por competir con tu cabello             1
Oro bruñido al sol relumbra en vano,
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente al lilio bello;
Mientras a cada labio, por cogello,                 5              
Siguen más ojos que al clavel temprano,       
Y mientras triunfa con desdén lozano
Del luciente cristal tu gentil cuello,
Goza cuello, cabello, labio y frente,
Antes que lo que fue en tu edad dorada        10
Oro, lilio, clavel, cristal luciente,                 
No sólo en plata o vïola troncada
Se vuelva, más tú y ello juntamente
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561 – 1627) es el máximo representante del culteranismo, corriente estética literaria dentro del Barroco, más o menos opuesta al conceptismo representado por Quevedo y el clasicismo de Lope de Vega. Sus presupuestos estéticos parten de una poesía intrincada, deliberadamente oscura; para ser entendida se necesita una amplísima base de cultura greco-latina y unas entendederas notables, si no sobresalientes. Sin eso, la frustración lectora está asegurada. Los recursos típicos de Góngora, en su tendencia críptica, son: metáforas de segundo o tercer grado, cultismos, latinismos, alusiones mitológicas, hipérbatos extremos, juegos de palabras, anfibologías y la famosa “alusión y elusión”, según acuñó su mejor exégeta, el poeta de la Generación del 27 Dámaso Alonso. Y todo ello, muy intensificado, hasta colocar la lengua al límite de sus posibilidades expresivas y al lector, al de su entendimiento. También se le ha llamado gongorismo a este modo de componer poesía. Ya desde su momento, los detractores y los seguidores han sido muy abundantes, pues no deja indiferente a nadie.
El poema que ahora analizamos es una recreación del tópico literario Carpe diem (o Collige, virgo, rosas): disfruta de la vida mientras eres joven y vital porque pronto llegará la vejez y la muerte. Góngora no es el primero en recrear el tópico en español. Antes, Garcilaso de la Vega, en el Renacimiento, compuso un soneto magistral que, de algún modo, gravita sobre el de Góngora.
En el primer cuarteto el yo lírico celebra la belleza de una joven: destaca su cabello, rubio y su frente blanca. Ambos vencen, en esplendor, al amarillo sol y al blanco lilio. En la segunda estrofa, el yo lírico se fija en los rojos labios de la joven, anhelados por todo aquel que los mira; son más rojos y bellos que el propio clavel. El último elemento físico destacado es el cuello, brillante y grácil, de modo que puede mirar desdeñosamente al cristal luciente. 
En la tercera estrofa apremia a la joven a “gozar”, es decir, disfrutar de la vida. Lo hace con un verbo en imperativo abriendo la estrofa. Se dirige a ella apostrofando a los cuatro miembros mentados, enumerados: “cuello, cabello, labio y frente” para que gocen de la vida. El apremio se debe a que todo lo que es belleza y lozanía, en la “edad dorada” de la joven, se estropee y deteriore y, finalmente, se transforme, como se expresa en la última estrofa, en “nada”, porque la muerte es el horizonte irreversible que espera.
2) Tema
El tema del poema es: invitación a disfrutar de la vida en la juventud, mientras la belleza y la vitalidad acompañan a la persona, porque, mucho antes de lo esperado, la vejez y sus calamidades llegarán, como anuncio de la muerte próxima.
3) Apartados temáticos
Como es de esperar por la estructura estrófica empleada, el soneto, se distinguen muy bien dos secciones de contenido, en su distribución habitual:
– Las dos primeras estrofas forman la presentación y exposición de una situación, un caso o un problema. En este caso, se describe la belleza extrema de la mujer, y se le advierte que es temporal, pues no es muy duradera en el tiempo.
– Las dos últimas estrofas conforman la segunda sección temática; se apremia a la joven a disfrutar o “gozar” de la vida y sus placeres. La vida es breve, la belleza efímera y todo acaba en la muerte. 
4) Análisis métrico y de la rima
El poema es un soneto. Está compuesto por dos cuartetos y dos tercetos, todos ellos formados por versos endecasílabos, con rima consonante, conforme a la estructura: ABBA, ABBA, CDC, DCD. Los tercetos son encadenados, lo que confiere una musicalidad más marcada y cohesionada, digamos.
5) Comentario estilístico
Estamos ante un soneto que aborda un tópico literario. Como tal, procede de la tradición literaria greco-latina. El yo lírico describe la belleza extrema de una joven; inmediatamente la invita a gozar de ella, pues pronto será nada. En el primer cuarteto se describen dos componentes de la joven: el cabello y la frente. El cabello es tan rubio como el “oro bruñido” (v. 2), según expresa la metáfora. Esta es seguida de otra, “el sol relumbra en vano” (v. 2), con un tinte ya hiperbólico. La frente, personificada mir “con menosprecio” (v 3) al lilio, pero su blancura es muy superior a la de la flor, que, por otro lado, es bella. La anáfora creada con “Mientras” (vv. 1 y 3) insisten mucho en el carácter efímero de la belleza.
En la segunda estrofa, que repite la anáfora comentada, se fija en los labios y en el cuello de la joven. Los labios son de un rojo encendido, más cautivadores que el “clavel temprano” (v. 5). Lo expresa a  través de dos metáforas no totalmente desarrolladas, referidas a las personas (mentadas a través de la metonimia de “ojos”, v. 6) que se sienten admiradas por la belleza de los labios, y a la viva elegancia del clavel. El cuello, calificado de “gentil” (v. 8) es el cuarto elemento del retrato de la joven que traza el yo lírico. Es tan hermoso, que “triunfa” desdeñosamente del cristal brillante. El cristal y el triunfo son metáforas que aluden a la elegancia exitosa del cuello de la dama.
Hasta ahora, los dos cuartetos son oraciones subordinadas adverbiales temporales, de las que todavía no conocemos su apódosis. Es la oración que comienza en el primer terceto. La primera palabra es un imperativo, “goza” (v. 9), de carácter apremiante y apostrófico. La orden va dirigida a los cuatro elementos del rostro de la joven antes descrito y que ahora se enumeran, comenzando por el último, el “cuello”, y luego, los demás. Y es razonable actuar así porque lo que fue bello y lozano un día, lo que se nombra a través de las metáforas desarrolladas previamente (“oro, lilio, clavel, cristal luciente”, aplicado a cabello, frente, labios y cuello, respectivamente), pronto serán nada.
En el último terceto desarrolla el deterioro de la belleza y la vitalidad juvenil a través de varias metáforas. Primero advierte de la decadencia afirmando que el cabello se cubrirá de canas, volviéndose en “plata” (v. 12), y el rojo de los labios pasará a color violeta (emplea la variante “vïola”), pero rota, moribunda. Son dos metáforas de la disminución de la belleza. Pero no para ahí, sino que el yo lírico advierte que “ello” (todos los hermosos elementos nombrados) y “tú”, es decir, la joven bella, enteramente, se transformará en “tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada” (v. 14). La enumeración de gradación descendente posee una fuerza tremenda. Son cinco realidades, cinco metáforas, por tanto, que advierten en qué para la belleza extrema: en “nada”. Cada elemento de la enumeración alude a una realidad cada vez menos tangible y perceptible, hasta acabar en la no existencia.
El poema es de una belleza extrema. La composición está muy equilibrada y el ritmo en el avance del sentido es sostenido y hermosísimo. Las metáforas poseen un poder de creación de imágenes de primer orden. Casi rozan la hipérbole todas ellas, pero lo evitan a última hora. El contenido más semántico del poema es de una realidad aplastante; pocos comentarios merece. Lo más sorprendente es cómo Góngora logra tomar un tópico y expresarlo con tanta viveza y originalidad que parecería que fue el primero en expresarlo.
6) Contextualización
Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561 – 1627) es el máximo representante del culteranismo, corriente estética literaria dentro del Barroco, más o menos opuesta al conceptismo representado por Quevedo y el clasicismo de Lope de Vega. Nació en el seno de una familia acomodada cordobesa, formada por Francisco de Argote y la noble Leonor de Góngora. 
Estudió en la Universidad de Salamanca, donde ya era conocido por su talento poético. Tomó órdenes menores en 1575 y fue canónigo beneficiado de la catedral cordobesa (había heredado el puesto de un tío carnal). En la década de 1590 realizó varios viajes por España, al tiempo que componía poesía ya estimada por muchos. 
Durante una estancia en Valladolid, donde residía la Corte, se enemistó con Quevedo; se ve que dos genios no son compatibles en el mismo lugar y tiempo. En 1609 regresó a Córdoba y empezó a intensificar la extremosidad expresiva y oscura de sus versos. Entre 1610 y 1611 escribió la Oda a la toma de Larache; en 1613 dio a conocer el Polifemo (recrea el asunto mitológico de los amores frustrados del gigante y con un ojo Polifemo, por Galatea, que prefiere a Acis). También distribuyó (sin publicar en la imprenta) en la Corte su poema más ambicioso, las incompletas Soledades. Al ser un texto puramente culterano, las opiniones se dividieron de manera irreconciliable. Unos lo adoraban por sublime y otros lo execraban por inextricable. 
Felipe III le nombró capellán real en 1617. Vivió en Madrid, con ese cargo eclesiástico, hasta 1626. Colocó a muchos familiares en la Corte, en lo que invirtió mucho dinero. Eso, unido a su afición al juego en los tugurios madrileños, lo dejaron arruinado. En 1627 regresó a Córdoba definitivamente. Dejó una nutrida lista de seguidores literarios, que lo adoraban. Otros lo vituperaban, como Quevedo, quien le dedicó un epitafio feroz; lo trata de ludópata, tabernario, mal sacerdote, etc. El bellísimo y enigmático retrato que pintó  Velázquez lo presenta como un hombre mayor, enigmático, como retraído y soberbio. Está enterrado en la mezquita-catedral de Córdoba.
En sus poesías se solían distinguir una etapa tradicional y transparente (donde emplea romances, letrillas, principalmente); dura hasta 1610; ahí es el “Príncipe de la Luz”. Luego, otra oscura y culterana (donde usa sonetos, décimas y silvas, entre otras estrofas), a base del uso de la mitología, cultismos… Ahora es el “Príncipe de las Tinieblas”.
Dámaso Alonso, el poeta de la Generación del 27, lo estudió lúcidamente y demostró que, en realidad, se trata de una evolución hacia la intensificación y adensamiento de rasgos poéticos y compositivos presentes desde el principio. Sus restos se encuentran en la Mezquita-catedral de Córdoba.
Góngora no publicó sus obras (un intento suyo en 1623 no fructificó); sin embargo, circularon ampliamente en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías, publicados con su permiso o sin él. El manuscrito más autorizado es el llamado Manuscrito Chacón (copiado por Antonio Chacón, Señor de Polvoranca, para el conde-duque de Olivares, valido del rey Felipe IV).  El mismo año de su muerte Juan López Vicuña publicó ya unas Obras en verso del Homero español. 
 Primera etapa, de aprendizaje (hasta 1610): Góngora compuso numerosos romances, de inspiración literaria, como el de Angélica y Medoro, de cautivos, de tema pícaro o de tono más personal y lírico, algunos de ellos de carácter autobiográfico en los que narra sus recuerdos infantiles, y también numerosas letrillas líricas, satíricas o religiosas y romances burlescos. La gran mayoría son una constante acumulación de juegos conceptistas, equívocos, paronomasias, anfibologías, retruécanos, hipérboles y juegos de palabras típicamente barrocos. Entre ellos se sitúa el largo romance Fábula de Píramo y Tisbe (1618). En estos poemas suele satirizar tipos sociales y costumbres negativas; algún dardo también va hacia sus colegas de letras, como Quevedo.
En la madurez siguió escribiendo poemas sueltos de gran calidad; sonetos de temática muy variada (de asuntos graves a otros cómicos, burlescos o de ocasión). 
Segunda etapa, de madurez culterana (1610-1627): aquí compuso los poemas mayores. En la Fábula de Polifemo y Galatea (1612) aborda los amores frustrados del gigante Polifemo y Galatea, enamorada de Acis; Polifemo mata a este con una roca; la madre de Galatea convierte a Acis en un río de aguas cristalinas.  Aquí emplea ya el estilo culterano, caracterizado por el empleo masivo de simetrías, transposiciones, metáforas de metáforas o metáforas puras, hipérbaton, perífrasis, giros latinos, cultismos, alusiones y elusiones de términos, procurando sugerir más que nombrar, diluyendo la significación. 
Las Soledades quedó inconclusa (solo le dio tiempo a componer las dos primeras). Se trata de un poema alegórico, en cuatro secciones; cada una representa una edad de la vida del hombre, en correspondencia con las cuatro estaciones del año. Escrito en silvas (combinación de heptasílabos y endecasílabos, con rima a voluntad del poeta), las secciones eran “Soledad de los campos”, “Soledad de las riberas”, “Soledad de las selvas” y “Soledad del yermo” (más o menos correspondientes a la niñez, juventud, adultez y senectud). La fuente principal de inspiración son las Metamorfosis del poeta latino Ovidio.
En un marco idílico, de naturaleza apacible y risueña, presenta la llegada de un náufrago a ese lugar; lo recogen y cuidan unos cabreros muy bien dispuestos. Esta obra provocó mucha controversia en el mundo literario: o la admiraron e imitaron, o la criticaron ásperamente.
Luis de Góngora compuso también dos piezas teatrales, Las firmezas de Isabela (1613) y la Comedia venatoria.
7) Interpretación y valoración
El poema “Mientras por competir con tu cabello” es un magnífico soneto barroco cargado de aciertos expresivos. Partiendo de un tópico bien conocido, carpe diem, Góngora realiza una versión muy personal y original. Todo es llevado al extremo; la expresión se intensifica enormemente, la construcción verbal y poética se tensiona muchísimo.
Quizá el aspecto más sorprendente de este poema es que solo hay una oración. Es decir, todo el contenido gravita en torno a una palabra, “gozad”. Esta arquitectura lingüística es muy sorprendente y eficaz a efectos comunicativos y estéticos. La lectura nos deja un agradable recuerdo de originalidad y extremosidad expresiva. Podemos notar muy bien el absoluto dominio de Góngora de la lengua española y del lenguaje poético.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Góngora.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante explicar las metáforas que engrandecen la belleza de la mujer representada.
5) Indica el tópico empleado y la intensificación que efectúa Góngora en este texto.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca culterana visibles en el poema.
2) ¿Qué cuatro rasgos del rostro femenino destaca el yo lírico? 
3) ¿Qué colores predominan en el poema? 
4) La visión de la sociedad, de la vida y de la cultura antigua que se desprende de la lectura, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
5) ¿Muestra Góngora un conocimiento profundo de la literatura clásica?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre la brevedad de la vida, cómo huye el tiempo y la conveniencia (o no) de disfrutar de las cosas de cada día antes de que sea tarde.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Luis de Góngora. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá como personajes, el yo lírico y la joven. Puedes introducir otros, como el tiempo, o la belleza, etc. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Luis de Góngora y su tiempo barroco.

Francisco de Quevedo (atribución dudosa): «Católica, sacra y real majestad» (memorial a Felipe IV); análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO – Memorial al rey Felipe IV
A S. M. EL REY DON FELIPE IV 
MEMORIAL 
Católica, sacra y real majestad,                          1
que Dios en la tierra os hizo deidad: 
un anciano pobre, sencillo y honrado, 
humilde os invoca y os habla postrado. 
Diré lo que es justo, y le pido al cielo                  5
que así me suceda cual fuere mi celo. 
Ministro tenéis de sangre y valor, 
que solo pretende que reinéis, señor, 
y que un memorial de piedades lleno 
queráis despacharle con lealtad de bueno.        10
La Corte, que es franca, paga en nuestros días 
más pechos y cargas que las behetrías. 
Aun aquí lloramos con tristes gemidos, 
sin llegar las quejas a vuestros oídos. 
Mal oiréis, señor, gemidos y queja                     15
de las dos Castillas, la Nueva y la Vieja. 
Alargad los ojos; que el Andalucía 
sin zapatos anda, si un tiempo lucía. 
Si aquí viene el oro y todo no vale, 
¿qué será en los pueblos de donde ello sale?      20
La arroba menguada de zupia y de hez 
paga nueve reales, y el aceite diez. 
Ocho los borregos por cada cabeza, 
y las demás reses, a rata por pieza. 
Hoy viven los peces o mueren de risa,               25
que no hay quien los pesque, por la grande sisa. 
En cuanto Dios cría, sin lo que se inventa, 
de más que ello vale se paga la renta. 
A cien reyes juntos nunca ha tributado 
España las sumas que a vuestro reinado.            30
Y el pueblo doliente llega a recelar 
no le echen gabela sobre el respirar. 
Aunque el cielo frutos inmensos envía. 
le infama de estéril nuestra carestía. 
El honrado, pobre y buen caballero                 35
si enferma no alcanza a pan y carnero. 
Perdieron su esfuerzo pechos españoles, 
porque se sustentan de tronchos de coles. 
Si el despedazarlos acaso barrunta 
que valdrá dinero, lo admite la Junta.             40
Familias sin pan y viudas sin tocas 
esperan hambrientas y mudas sus bocas. 
Ved que los pobretes, solos y escondidos, 
callando os invocan con mil alaridos. 
Un ministro, en paz, se come de gajes            45
más que en guerra pueden gastar diez linajes. 
Venden ratoneras los extranjerillos, 
y en España compran horcas y cuchillos
y, porque con logro prestan seis reales, 
nos mandan y rigen nuestros tribunales.          50
Honrad a españoles chapados, macizos; 
no así nos prefieran los advenedizos. 
Con los medios juros que el vasallo aumenta, 
el que es de Ginebra barata la renta. 
Más de mil nos cuesta el daros quinientos;       55
lo demás nos hurtan para los asientos. 
Los que tienen puestos, lo caro encarecen, 
y los otros plañen, revientan, perecen. 
No es buena grandeza hollar al menor; 
que al polluelo tierno Dios todo es tutor.          60
En vano el agosto nos colma de espigas, 
si más lo almacenan logreros que hormigas. 
Cebada que sobra los años mejores 
de nuevo la encierran los revendedores. 
El vulgo es sin rienda ladrón homicida;            65
burla del castigo; da coz a la vida. 
«¿Qué importa mil horcas», dice alguna vez, 
«si es muerte más fiera hambre y desnudez?» 
Los ricos repiten por mayores modos: 
«¿Ya todo se acaba? Pues hurtemos todos.»         70
Perpetuos se venden oficios, gobiernos, 
que es dar a los pueblos verdugos eternos. 
Compran vuestras villas el grande, el pequeño; 
rabian los vasallos de perderos dueño. 
En vegas de pasto realengo vendido,                 75
ya todo ganado se da por perdido. 
Si a España pisáis, apenas os muestra 
tierra que ella pueda deciros que es vuestra. 
Así en mil arbitrios se enriquece el rico, 
y todo lo paga el pobre y el chico.                    80
Sin duda el demonio, propicio y benino,
aquel que por nombre llaman Peregrino, 
al Conde le dijo, favorable y plácido, 
cuando su excelencia oraba en San Plácido:      
«Del rey los vasallos compiten tu puesto;          85
destruye, aniquila y acábalo presto. 
Los de la Corona mayores contrarios 
serán la disculpa para tus erarios: 
que, si acaban estos con la monarquía,            
morirá también quien te perseguía.                 90 
Mejor libra en guerra el que es prisionero 
que el que es sentenciado por el juez severo. 
La causa de todo lo que ellos ganaron, 
no la mataron, sino la libraron.»                      
Esto dijo el diablo al conde Guzmán,              95     
y el Conde prosigue como don Julián. 
Consentir no pueden las leyes reales 
pechos más injustos que los desiguales. 
Ved tantas miserias como se han contado      
teniendo las costas del papel sellado.               100         
Si en algo he excedido, merezco perdones: 
duelos tan del alma no afectan razones. 
Servicios son grandes las verdades ciertas; 
las falsas razones son flechas cubiertas.              
Estímanse lenguas que alaban el crimen,          105   
honran al que pierde y al que vence oprimen. 
Las palabras vuestras son la honra mayor, 
y, aun si fueran muchas, perdieran, señor.
Todos somos hijos que Dios os encarga;                
no es bien que, cual bestias, nos mate la carga.  110
Si guerras se alegan, y gastos terribles, 
las justas piedades son las invencibles. 
No hay riesgo que abone, y más en batalla, 
trinchando vasallos para sustentalla.                  
Demás que lo errado de algunas quimeras           115     
llamó a los franceses a nuestras fronteras. 
El quitarle Mantua a quien la heredaba 
comenzó la guerra que nunca se acaba. 
Azares, anuncios, incendios, fracasos                
es pronosticar infelices casos.                          120
Pero, ya que hay gastos en Italia y Flandes, 
cesen los de casa superfluos y grandes. 
Y no con la sangre de mí y de mis hijos 
abunden estanques para regocijos.                  
Plazas de madera costaron millones,                 125          
quitando a los templos vigas y tablones.
Crecen los palacios ciento en cada cerro, 
y, al gran San Isidro, ni ermita ni entierro.
 
Madrid a los pobres pide mendigante,               
y en gastos perdidos es Roma triunfante.          130
Al labrador triste le venden su arado 
y os labran de hierro un balcón sobrado. 
Y con lo que cuesta la tela de caza 
pudieran enviar socorro a una plaza.               
Es lícito a un rey holgarse y gastar,                    135     
pero es de justicia medirse, y pagar. 
Piedras excusadas con tantas labores 
os preparan templos de eternos honores. 
Nunca tales gastos son migajas pocas,                  
porque se las quitan muchos de sus bocas.         140
Ni es bien que en mil piezas la púrpura sobre, 
si todo se tiñe con sangre del pobre. 
Ni en provecho os entran, ni son agradables, 
grandezas que lloran tantos miserables.             
¿Qué honor, qué edificios, qué fiesta, qué sala,   145
como un reino alegre que os cante la gala? 
Más adorna a un rey su pueblo abundante. 
que vestirse al tope de fino diamante. 
Si el rey es cabeza del reino, mal pudo               
lucir la cabeza de un cuerpo desnudo.                  150
Lleváranse bien los gastos enormes; 
lleváranse mal si fueren disformes. 
Muere la milicia de hambre en la costa; 
vive la malicia de ayuda de costa.                     
Gana la vitoria el valiente arriesgado;                 155
brindan con el premio al que está sentado. 
El que por la guerra pretende alabanza 
con sangre enemiga la escribe en su lanza. 
Del mérito propio sale el resplandor,                 
y no de la tinta del adulador.                            160
La fama, ella misma, si es digna, se canta: 
no busca en ayuda algazara tanta. 
Contra lo que vemos quieren proponernos 
que son Paraíso los mismos Infiernos.               
Las plumas compradas a Dios jurarán               165 
que el palo es regalo y las piedras pan. 
Vuestro es el remedio: ponedle, señor. 
Así Dios os haga, de Grande, el Mayor. 
Grande sois, Filipo, a manera de hoyo;             
ved esto que digo, en razón lo apoyo:                170
Quien más quita al hoyo, más grande le hace;   
mirad quién lo ordena, veréis a quien place. 
Porque lo demás todo es cumplimiento 
de gente civil que vive del viento.                   
Y así de estas honras no hagáis caudal;              175
mas honrad al vuestro, que es lo principal.       
Servicios son grandes las verdades ciertas; 
las falsas lisonjas son flechas cubiertas. 
Si en algo he excedido, merezca perdones: 
¡Dolor tan del alma no afecta razones!             180
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido, en el caso de que lo haya escrito, pues su autoría está muy en entredicho. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. Este poema es de atribución dudosa, de modo que no es segura la autoría por parte de Quevedo. Todo indica que sí salió de su pluma; y ello por dos razones: la primera es que el tema de la mejora de la gobernanza de España lo trató Quevedo en varios escritos; era un autor muy preocupado por el gobierno de la nación; este podría ser uno más. La segunda razón es estilística: el tipo de composición, el léxico empleado, las figuras retóricas usadas, etc. son propias de Quevedo.
El yo lírico escribe un memorial dirigido al rey de España, en ese momento, Felipe IV (monarca de 1621 a 1640). Un memorial es un “Papel o escrito en que se pide una merced o gracia, alegando los méritos o motivos en que se funda la solicitud” (DLE). Aquí, lo que pide el yo lírico no es un beneficio personal, sino una política más justa, compasiva y dirigida a asegurar la prosperidad de la nación, es decir, de los súbditos. Como el poema es bastante largo, analizaremos su contenido dividendo ya los apartados temáticos.
Primer apartado (vv. 1-10): El yo lírico (o mejor será decir “narrativo-argumentativo”) se presenta ante el rey de España. Le informa que ya es una persona mayor, honrada y juiciosa; solo pretende fortalecer el bien común, sin miras personales.
Segundo apartado (vv. 11-44): los impuestos son excesivos; todo está desproporcionadamente tasado, hasta el “respirar”. Todas las actividades comerciales y económicas son gravadas con impuestos excesivos. A veces, vale más el impuesto que el propio bien, como ocurre con los animales. Ello provoca que la gente deje de trabajar, pues solo sirve para pagar impuestos; así ocurre con los pescadores, por ejemplo. La gente pasa hambre, viste mal, lleva una vida arrastrada; protestan como pueden, pero nadie los escucha.
Tercer apartado (vv. 45-60): los funcionarios y ministros llevan un alto tren de vida, a costa de los pobres. La Monarquía está endeudada hasta niveles alarmantes. Tiene que pedir crédito a un interés alto. Vende rentas e impuestos muy caros; los que los compran, a veces extranjeros, exprimen al pueblo para obtener su beneficio.
Cuarto apartado (vv. 61-80): los acaparadores acumulan los bienes primarios para venderlos después a mayor precio. La Monarquía vende los pueblos de realengo a poderosos y ricos, que los exprimen hasta el límite. Todos roban, ricos y pobres; todos pierden la moralidad para entregarse al latrocinio.
Quinto apartado (vv. 81-96): es la parte más fantástica. El diablo, disfrazado de Peregrino, se aparece al conde-duque de Olivares, mientras el rey reza en la iglesia de San Plácido. Le aconseja abusar de su cargo, enriquecerse todo lo que pueda y no arrepentirse de nada. Total, el país está en descomposición.
Sexto apartado (vv. 97-120): el yo escritor se disculpa por la crudeza de su relato, pero es la verdad y debe contarla, para que, quien puede, el monarca, le ponga remedio. Critica las guerras exteriores que azotan España, una en Italia y otra en Francia. Han sido errores políticos. Cree que a veces se provocan como pretexto para subir los impuestos.
Séptimo apartado (vv. 121-152): critica ásperamente el tren de vida disparatado de la casa real, encabezada por el propio rey. Gasta mucho en fiestas, en construcciones sin sentido, muchas de ellas efímeras, en adornos de todo tipo. Y todo va a costa del pobre, que no tiene ni un buen arado para sus tierras. Ni san Isidro tiene un buen templo en Madrid, pues el dinero se ha gastado en fastos reales un tanto inútiles y excusables.
Octavo apartado (vv. 153-166): el ejército está abatido y pobre, pues no les pagan ni les dan repuestos. Los aduladores, entre ellos escritores, se empeñan en decir que todo va bien, pero la realidad es justo la contraria: España está en ruina y debacle total.
Noveno apartado (vv. 167-180 y final): se dirige directamente al rey Felipe IV y le pide que ponga remedio, pues él puede. Le solicita que se apiade de los pobres, que no preste oído a los aduladores y que actúe con rectitud. Así ganará más gloria eterna. Cierra su poema justificando su rudeza: “Si en algo he excedido, merezca perdones: / ¡Dolor tan del alma no afecta razones!”. Ha escrito este memorial porque le duele España y desea que su patria sea próspera y justa.  
2)Tema
El tema del poema se puede enunciar así: análisis crítico sobre la penosa e injusta situación política y económica de España en la primera mitad del siglo XVII, al tiempo que se solicita remedio por parte del rey, pues es el único que puede hacerlo.
3) Apartados temáticos
Los nueve apartados temáticos ya han sido señalados en el resumen. como se puede apreciar, estamos ante un texto expositivo-argumentativo en el que el autor denuncia la situación calamitosa de España y exige una solución a la casa real.
4) Análisis métrico y de la rima
Para esta composición, Quevedo ha elegido el pareado con versos dodecasílabos. Es una estrofa tradicional castellana empleada desde tiempos inmemoriales. Se acomoda muy bien al contenido. Le permite exponer, o desarrollar una idea, o un argumento conclusivo, en cada uno de ellos. Para una visión más general, utiliza grupos de pareados, formando secciones de contenido, como ya hemos aclarado.
5) Comentario estilístico
“Católica, sacra y real majestad” es un poema argumentativo denso y significativo. Al ser un memorial, exige una exposición clara y ordenada, en orden a aumentar la capacidad persuasiva de los razonamientos, y de mover al receptor, el rey, a actuar en una determinada dirección política.
El poema es muy rico en recursos estilísticos. Sería muy extenso explicar aquí cada uno de ellos. Baste decir que metáforas, metonimias, elipsis, símiles, antítesis y paradojas se suceden continuamente. La ironía, el sarcasmo y las alusiones también abundan por doquier. En cuanto a los recursos de repetición (anáforas, paralelismos, anadiplosis, repeticiones retóricas, etc.), también son abundantes, aunque en menor medida. La apóstrofe es un recurso central: el yo argumentativo apela muchas veces al rey para que ponga remedio a los males de España y enderece el rumbo social, económico y político del país.
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados,densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo del escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su homor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León (1639-1643). Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
El poema “Católica, sacra y real majestad” es un extraordinario ejercicio de pensamiento argumentativo y persuasivo, bajo el patrón del ingenio conceptista. Quevedo (si es que es su autor, pues la atribución es dudosa) aborda la penosa situación de España en su momento. Describe al monarca el hambre, el frío y el abuso en la recaudación de impuestos que sufre el pueblo llano día tras día, y sin esperanza de mejora. Critica violentamente los dispendios de la casa real y los aduladores que la acompañan. Solicita una urgente solución, para enderezar el rumbo del país. Y no lo hace por interés personal, sino movido por el amor a su patria. Estamos ante uno de los primeros ejemplos de poesía cívica y patriótica de la poesía española.
El poema es valiente, claro y directo. No recurre al circunloquio ni al disimulo. Es lo más importante para nuestra lectura contemporánea. Se sospecha que la composición de este poema fue el motivo de su encarcelamiento, sin juicio alguno, en el hospital de San Marcos, en León, durante cuatro años, como señalamos en la contextualización.
Con la lectura, el lector se siente abrumado y sorprendido ante tanto despliegue de valentía política, franqueza y valor para exponer al rey absoluto su pensamiento más franco y directo. La composición, literariamente es perfecta y estimable. Por su contenido, es original y atrevida. 
Este poema es una joya de la literatura española, y un ejemplo de cómo el artista ha de comprometerse, también, y sin descuidar el arte, con la realidad que nos rodea, llena de lacras y graves injusticias. No creemos que otras literaturas equiparables a la nuestra tengan un texto tan hermoso por su valor social, cultural y artístico. Qué duda cabe, estamos ante uno de los poemas cívico-morales sobre la necesidad de un gobierno justo más brillantes de la poesía española, y aún de la universal, nos atrevemos a decir.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante explicar alguna metáfora o símil en el que denuncia el abuso del gobierno con un sistema de impuestos exagerado y abusador.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca conceptista visibles en el poema.
2) ¿Por qué el autor protesta tan agriamente? ¿A quién le pide soluciones?
3) ¿Qué ha movido al poeta-ensayista a escribir este memorial? 
4) La visión de la escala de valores preponderante en esa sociedad española barroca, que se desprende de la lectura, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
5) ¿Cuál es el personaje histórico que más critica? ¿Por qué? 
6) ¿Teme represalias el autor por su atrevimiento al escribir este poema?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre la situación socio-económica de la población en nuestra sociedad y apuntar algunas soluciones a las personas que pueden adoptarlas.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y alguien con un pensamiento contrario, si es que es posible en este paradójico poema. Puedes introducir a alguna autoridad relevante, con poder sobre la sociedad. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.

Francisco de Quevedo: «A Apolo, siguiendo a Dafne»; análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO: A Apolo, siguiendo a Dafne
Bermejazo Platero de las cumbres            1
A cuya luz se espulga la canalla:
La ninfa Dafne, que se afufa y calla,
Si la quieres gozar, paga y no alumbres.
Si quieres ahorrar de pesadumbres,          5
Ojo del Cielo, trata de compralla:
En confites gastó Marte la malla,
Y la espada en pasteles y en azumbres.
Volvióse en bolsa Júpiter severo,
Levantóse las faldas la doncella              10
Por recogerle en lluvia de dinero.
Astucia fue de alguna Dueña Estrella,
Que de Estrella sin Dueña no lo infiero:
Febo, pues eres Sol, sírvete de ella.
  1. ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. 
El poema que ahora analizamos es de naturaleza satírica y burlesca. Posee cierto tono conversacional. El yo lírico se dirige a Apolo, el dios que se identifica con el sol y le sugiere un procedimiento para que pueda “gozar” a Dafne. Según la mitología clásica, Apolo se encapricha de Dafne, hasta el punto de que la persigue con malas intenciones. Dafne huye y le pide socorro a Zeus. Este se apiada de la joven y la transforma en el árbol del laurel. Cuando Apolo le da alcance, ella ya está casi transformada en árbol y la separación es definitiva. Llora su mala suerte, pero ella logra salvarse. Garcilaso de la Vega, cien años antes, ya había tratado el tema desde una óptica más personal, intimista y grave. Ahora, Quevedo ridiculiza al dios, tratándolo de un simple frecuentador de los barrios bajos y de las peores compañías de la ciudad.
En la primera estrofa, yo lírico comienza apostrofando a Apolo de modo ridiculizante, calificándolo de “bermejazo”; el despectivo es evidente y sarcástico. Aprovechan la luz del sol la “canalla”, la gente baja, para “espulgarse”, limpiarse de pulgas. En el último verso le da un consejo terrible, si es que desea estar con Dafne: pagar sus servicios, como si fuera una mujer necesitada, o que comercia con su cuerpo; y así, se ahorra de perder el tiempo alumbrando, iluminando con su luz el día. 
En la segunda estrofa le indica que pague por estar con Dafne. No sería el primero, pues Marte gastó parte de sus bienes para estar con Afrodita, esposa de Efecto. 
En la tercera estrofa le trae el ejemplo de Zeus, el dios de dioses. Se transforma en una lluvia de oro para fecundar a Dánae. La escena es descrita por Quevedo con todo detalle y claridad, así que no necesita aclaración.
En la última estrofa, el yo lírico piensa que tal estratagema de Zeus fue obra de una dama inteligente (acaso de vida poco virtuosa); no pudo ser de una estrella, un astro, sin propietaria (o acaso quiera decir de una mujer que se llama Estrella). Le aconseja a Apolo que, como es sol y vive cerca de ellas, se sirva de ella (de la dueña, mujer que ya no es doncella) para que le monte una estratagema como la de Zeus.
Vemos que el poema es una pura ridiculización de un dios de la mitología greco-latina, Apolo. Lo rebaja a categoría de rufián impulsivo y desvergonzado; y como tal le aconseja, con mucho sarcasmo, que siga el ejemplo de las otras divinidades y concierte un encuentro a través de una medianera; por supuesto, ha de pagar los servicios.
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: visión burlesca y ridiculizante de un episodio de la mitología clásica protagonizado por Apolo persiguiendo a Dafne. Lo podemos enunciar de otro modo: Reducción al sarcasmo grosero de Apolo persiguiendo a Dafne, postrofando a aquel para que tome el consejo del yo lírico: pagar por los servicios de Dafne.
3) Apartados temáticos
Como es de esperar por la estructura estrófica empleada, el soneto, se distinguen muy bien dos secciones de contenido, en su distribución habitual:
– Las dos primeras estrofas forman la presentación y exposición de una situación, un caso o un problema. En este caso, Apolo se obsesiona con Dafne y la persigue con las peores intenciones. 
– Las dos últimas estrofas conforman la segunda sección temática; se ofrece algún ejemplo y se concluye cómo solucionar esa situación: pagando los servicios de alguien que facilite el encuentro. 
4) Análisis métrico y de la rima
El poema es un soneto. Está compuesto por dos cuartetos y dos tercetos, todos ellos formados por versos endecasílabos, con rima consonante, conforme a la estructura: 
5) Comentario estilístico
Estamos ante un soneto satírico-burlesco. Quevedo realiza un “contrafactum” de un tema mitológico clásico que ya antes el gran poeta renacentista Garcilaso de la Vega había tratado en tono serio y solemne y desde una perspectiva personal (la pérdida de Dafne es análoga a la de la dama amada por Garcilaso, ya muerta; por tanto, se puede dar por un amor definitivamente perdido).
Quevedo aplica el sarcasmo, la burla, la ironía y la degradación a unos niveles escandalosos. En el fondo, ridiculiza la mitología clásica. La recrea como una historia sórdida de los bajos fondos de cualquier ciudad europea del siglo XVII. Comienza con un epíteto degradatorio, con un morfema despectivo: “Bermejazo”; Apolo ya no es amarillo, como corresponde al dios sol, sino solo rojo, y un rojo avulgarado. Le llama “platero”, es decir, Apolo ya no se identifica con el amarillo áureo, sino con el blanco de la plata; el oficio no es muy noble que digamos; es un grado más en su ridiculización sistemática. Con todo, emite luz, pero solo sirve para que la “canalla”, la gente baja, mate las pulgas que pueblan su cuerpo. El acto es vulgar y sórdido. El yo lírico presenta a la “ninfa Dafne”, que se va sin hablar, alejándose de Apolo. Pronto le suelta su consejo, tratándolo de “tú”: “Si la quieres gozar, paga y no alumbres” (v. 4). Degrada a Dafne a la categoría de prostituta y le indica al dios el medio de estar con ella: pagando en moneda sus servicios. como podemos ver, la ordinariez de la escena es violenta y cruda.
En el segundo cuarteto incide con el mismo razonamiento. El yo lírico llama “ojo del cielo” (v. 6) a Apolo; es una metáfora que se puede considerar escatológica sin echarle mucha imaginación. Apoya su argumento con el ejemplo de Marte; para estar con Afrodita, tuvo que urdir estratagemas que no le salieron gratis. Véase que la ridiculización es extrema y descendente. Marte, el dios de la guerra y la virilidad, gasta su dinero en “confites”, “pasteles” y unos “azumbres” de vino (vv. 7-8).
En el primer terceto, el yo lírico utiliza otro ejemplo de otra divinidad, nada menos que Zeus o Júpiter, el dios supremo. Narra la poco ejemplar transformación en monedas de oro para poder unirse  a Dánae. La expresión “Levantóse las faldas la doncella” (v. 10) vulgariza al extremo la actitud de ella.
El último terceto, de carácter conclusivo, continúa con la ridiculización. Utiliza un retruécano (“Dueña Estrella” frente a “Estrella sin Dueña”, vv. 12-13), con insinuación o alusión de tono vulgar. Si ya Júpiter hubo de acudir a una alcahueta, no es ningún desdoro que Apolo también lo haga, como el yo lírico le aconseja, en un tono coloquial y dicharachero, como en conversación de taberna.
Como se ve, este soneto es el revés de la mitología clásica. Esta se había utilizado en tono solemne durante el Renacimiento y el Barroco, incluso por el mismo Quevedo en muchas de sus composiciones. Pero ahora, la decepción vital, el desengaño existencial, las calamidades personales y colectivas (de España, se entiende), lo empujan hacia una dirección de degradación de todo el montaje literario greco-latino y seguido a pies juntillas, posteriormente, en el Renacimiento y Barroco. Ahora, a Quevedo solo le queda un cristianismo estoico como único asidero para enfrentar la vida y la muerte. Es el momento de ridiculizar y degradar la cultura greco-latina hasta dejarla reducida a anécdotas risibles, escabrosas y soeces. Ya no hay optimismo vital, ni respeto sacrosanto a la tradición cultural grecolatina. Solo queda el sarcasmo agridulce que pulveriza todo el montaje cultural greco-latino; solo se salva la filosofía estoica de Séneca y Propercio, autores que admiraba profundamente y a quienes tradujo al castellano.
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados,densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo del escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su homor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
El poema “A Apolo siguiendo a Dafne” es un ejemplo del espíritu barroco. Desengaño y decepción es lo único que queda tras la fase optimista, abierta y triunfante del Renacimiento.
Quevedo toma un motivo mitológico y lo degrada hasta lo escatológico; lo reduce a una anécdota escabrosa y chocarrera. Lo hace con gracia, muy mala leche y ganas de poner patas arriba el armazón mitológico y cultural greco-latino. Para apreciar este ejercicio de cierta rebeldía, conviene recordar que él mismo utilizó muchísimo la mitología y la cultura greco-latina, en poemas y otros textos de tono serio e intención grave. Se trata, entonces, como de un desahogo, como de una broma que el lector sabe apreciar en su justa medida.
El ingenio compositivo es, como siempre en nuestro clásico, apabullante. Utiliza la lengua a su antojo para expresar una situación mitológica en un tono sarcástico que desemboca en lo risible y despreciable. Tutea al dios, en un tono coloquial y despectivo. Lo baja de su pedestal y lo trata de simple frecuentador de lupanares.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante explicar los ejemplos que el yo lírico le ofrece a Apolo para que actúe como ellos.
5) Indica la ironía, el sarcasmo y la parodia que existe en este texto.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca conceptista visibles en el poema.
2) ¿Qué pretende Apolo? ¿Quién es Dafne?
3) ¿Cómo podemos inferir que Quevedo ridiculiza la actitud de Apolo?
4) La visión de la sociedad, de la vida y de la cultura antigua que se desprende de la lectura, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
5) ¿Muestra Quevedo un conocimiento profundo de la mitología clásica? ¿Por qué se ríe de ella, entonces?  
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre ciertos comportamientos de los dioses clásicos frente a los valores de nuestra sociedad contemporánea.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá tres personajes, el yo lírico, Apolo y Dafne, si es que es posible en este paradójico poema. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.

Francisco de Quevedo: «Epístola satírica y censoria al conde-duque de Olivares sobre las costumbres de los castellanos»; análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO:  Epístola satírica y censoria al conde-duque de Olivares sobre las costumbres de los castellanos

 

[1] No he de callar, por más que con el dedo,
Ya tocando la boca, ya la frente,
Me representes o silencio o miedo.
 
[2] ¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
 
[3] Hoy sin miedo que libre escandalice
Puede hablar el ingenio, asegurado
De que mayor poder le atemorice.
 
[4] En otros siglos pudo ser pecado
Severo estudio y la verdad desnuda,
Y romper el silencio el bien amado.
 
[5] Pues sepa quien lo niega y quien lo duda
Que es lengua la verdad de Dios severo
Y la lengua de Dios nunca fue muda.
 
[6] Son la verdad y Dios, Dios verdadero:
Ni eternidad divina los separa,
Ni de los dos alguno fue primero.
 
[7] Si Dios a la verdad se adelantara,
Siendo verdad, que rabría de ser hubiera
Verdad, antes que fuera y empezara.
 
[8] La justicia de Dios es verdadera,
Y la misericordia, y todo cuanto
Es Dios es la verdad siempre severa.
 
[9] Señor Excelentísimo, mi llanto
Ya no consiente márgenes ni orillas:
Inundación será la de mi canto:
 
[10] Veránse sumergidas mis mejillas,
La vista por dos urnas derramada
Sobre el sepulcro de las dos Castillas.
 
[11] Yace aquella virtud desaliñada
Que fue, si menos rica, más temida,
En vanidad y en ocio sepultada.
 
[12] Y aquella libertad esclarecida
Que donde supo hallar honrada muerte
Nunca quiso tener más larga vida.
 
[13] Y pródiga del alma, nación fuerte
Contaba en las afrentas de los años
Envejecer en brazos de la suerte.
 
[14] La dilación del tiempo, y los engaños
Del paso de las horas y del día
Impaciente acusaba a los extraños.
 
[15] Nadie contaba cuánta edad vivía,
Sino de qué manera: sola una hora
Lograba con afán su valentía.
 
[16] La robusta virtud era señora,
Y sola dominaba al pueblo rudo:
Edad, si mal hablada, vencedora.
 
[17] El temor de la mano daba escudo
Al corazón, que, en ella confiado,
Todas las armas despreció desnudo.
 
[18] Multiplicó en escuadras un soldado
Su honor precioso, en ánimo valiente,
De sola honesta obligación armado.
 
[19] Y debajo del Sol aquella gente,
Si no más descansado, a más honroso
Sueño entregó los ojos, no la mente.
 
[20] Hilaba la mujer para su esposo
La mortaja primero que el vestido;
Menos le vio galán que peligroso,
 
[21] Acompañaba el lado del marido
Más veces en la hueste que en la cama;
Sano le aventuró, vengóle herido.
 
[22] Todas matronas y ninguna dama,
Que nombres del halago cortesano
No admitió lo severo de su fama.
 
[23] Derramado y sonoro el Oceáno
Era divorcio de las ricas minas
Que volaron la paz del pecho humano.
 
[24] Ni les trajo costumbres peregrinas
El áspero dinero, ni el Oriente
Compró la honestidad con piedras finas.
 
[25] Joya fue la virtud pura y ardiente;
Gala en merecimiento y alabanza;
Sólo se codiciaba lo decente.
 
[26] No de la pluma dependió la lanza,
Ni el cántabro con cajas y tinteros
Hizo el campo heredad, sino matanza.
 
[27] Y España con legítimos dineros,
No amartelaba el crédito a Liguria;
Más quiso los turbantes que los ceros.
 
[28] Menos fuera la pérdida y la injuria
Si se volvieran Muzas los asientos,
Cuanto es peor la usura que la furia.
 
[29] Caducaban las aves en los vientos,
Y espiraba decrépito el venado:
Grande vejez duró en los elementos.
 
[30] Que el vientre entonces, bien disciplinado,
Buscó satisfacción y no hartura,
Y estaba la garganta sin pecado.
 
[31] Del mayor infanzón de aquella pura
República de grandes hombres, era
Una vaca sustento y armadura.
 
[32] No había venido al gusto lisonjera
La pimienta arrugada, ni del clavo
La adulación fragante forastera.
 
[33] Carnero y vaca fue principio y cabo,
Y con rojos pimientos y ajos duros
Tan bien como el señor comió el esclavo.
 
[34] Bebió la sed los arroyuelos puros;
Después mostraron del carquesio a Baco
El camino los brindis mal seguros.
 
[35] El rostro macilento, el cuerpo flaco,
Eran recuerdo del trabajo honroso,
Y honra y provecho andaban en un saco.
 
[36] Pudo sin don un español velloso
Llamar a los tudescos bacanales,
Y al holandés hereje y alevoso.
 
[37] Pudo acusar los celos desiguales
Al italiano; y hoy de muchos modos
Somos copias, si son originales.
 
[38] Las descendencias gastan muchos godos;
Todos blasonan, nadie los imita,
Y no son sucesores, sino apodos.
 
[39] Vino el betún precioso que vomita
La ballena o la espuma de las olas,
Que el vicio, no el olor, nos acredita.
 
[40] Y quedaron las huestes españolas
Bien perfumadas, pero mal regidas,
Y alhajas las que fueron pieles solas.
 
[41] Estaban las locuras mal vestidas,
Y aún no se hartaba de buriel y lana
La vanidad de hembras presumidas.
 
[42] A la seda pomposa siciliana,
Que manchó ardiente múrice, el romano
Y el oro hicieron áspera y tirana.
 
[43] Nunca al duro español supo el gusano
Persuadir que vistiese su mortaja,
Intercediendo el Can por el verano.
 
[44] Hoy desprecia el honor al que trabaja,
Y entonces fue el trabajo ejecutoria,
Y el vicio gradüó la gente baja.
 
[45] Pretende el alentado joven gloria
Por dejar la vacada sin marido,
Y de Ceres ofende la memoria.
 
[46] Un animal a la labor nacido
De paciencia preciosa a los mortales,
Que a Jove fue disfraz y fue vestido;
 
[47] Que un tiempo endureció manos reales,
Y detrás de él los cónsules gimieron,
Y rumia luz en campos celestiales,
 
[48] ¿Por cuál enemistad se persuadieron
A que su apocamiento fuese hazaña,
Y a mieses tan grande ofensa hicieron?
 
[49] ¡Qué cosa es ver un infanzón de España
Abreviado en la silla a la jineta,
Y gastar un caballo en una caña!
 
[50] Que la niñez al gallo le acometa
Con semejante munición apruebo;
Mas no la edad madura y la perfeta.
 
[51] Ejercite sus fuerzas el mancebo
En frentes de escuadrones, no en la frente
Del padre hermoso del armento nuevo.
 
[52] El trompeta le llame diligente,
Dando fuerza de ley al viento vano,
Y al son esté el ejército obediente.
 
[53] ¡Con cuánta majestad llena la mano
La pica, y el mosquete carga el hombro,
Del que se atreve a ser buen castellano!
 
[54] Con asco entre las otras gentes nombro
Al que de su persona, sin decoro,
Antes quiere dar nota que no asombro.
 
[55] Jineta y caña son contagio moro;
Restitúyanse justas y torneos,
Y hagan paces las capas con el toro.
 
[56] Pasadnos vos de juegos a trofeos;
Que sólo grande rey y buen privado
Pueden ejecutar estos deseos.
 
[57] Vos, que hacéis repetir siglo pasado
Con desembarazarnos las personas
Y sacar a los miembros de cuidado,
 
[58] Vos disteis libertad con las valonas,
Para que sean corteses las cabezas,
Desnudando el enfado a las coronas;
 
[59] Y, pues vos enmendasteis las cortezas,
Dad a la mayor parte medicina:
Vuélvanse los tablados fortalezas.
 
[60] Que la cortés estrella que os inclina
A privar sin intento y sin venganza,
Milagro que a la envidia desatina.
 
[61] Tiene por sola bienaventuranza
El reconocimiento temeroso,
No presumida y ciega confianza.
 
[62] Pues os dio el ascendiente generoso
Escudos, de armas y blasones llenos,
Y por timbre el martirio glorioso,
 
[63] Mejores son por vos los que eran buenos
Guzmanes, y la cumbre desdeñosa
Os muestre a su pesar campos serenos.
 
[64] Lograd, señor, edad tan venturosa;
Y cuando nuestras fuerzas examina
Persecución unida y belicosa,
 
[65] La militar valiente disciplina
Tenga más practicantes que la plaza:
Descansen tela falsa y tela fina.
 
[66] Suceda a la marlota la coraza,
Y si el Corpus con danzas no los pide,
Velillos y oropel no hagan baza.
 
[67]El que en treinta lacayos los divide,
Hace suerte en el toro y con un dedo
La hace en él la vara que los mide.
 
[68] Mandadlo así, que aseguraros puedo
Que habéis de restaurar más que Pelayo,
Pues valdrá por ejércitos el miedo
Y os verá el cielo administrar su rayo.
 
1.ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. El texto que ahora trabajamos es la Epístola satírica y censoria al conde-duque de Olivares sobre las costumbres de los castellanos (edición póstuma de 1648).
El poema es una epístola, es decir, una carta o misiva, dirigida a una persona muy concreta, el valido del rey de España, el conde-duque de Olivares. A lo largo del poema se observa esta circunstancia; el yo lírico se dirige al poderoso personaje en forma de “vos”, fórmula de tratamiento respetuoso y de honra. Realizaremos un resumen por estrofas para un mayor esclarecimiento del contenido.
1. El yo lírico advierte al destinatario que no va a guardar silencio a pesar de las amenazas de que se calle, o de que puede morir en el intento. El destinatario le indica silencio o, acaso, su sentencia de muerte.
2.Piensa que es necesario reunir la valentía necesaria para decir lo que se siente, sin miedo.
3.En los días que escribe ya no existe el miedo a ser castigado por alguien con más poder, solo por decir la verdad.
4. En los tiempos antiguos, acaso era mejor entregarse al estudio y callarse las verdades, pues se consideraba pecado decir la verdad. 
5. Los que dudan o lo niegan deben recordar que Dios exige decir la verdad, pues es una exigencia ética.
6. La verdad y Dios es uno, forman una unidad indisoluble. 
 7. No fue antes Dios, ni la verdad. Aquel trajo a esta, y por tanto la verdad tiene una validez eterna.
8. Esa verdad divina va unida a la justicia y a la misericordia, otros dos atributos divinos. La verdad suele ser severa, pero necesaria.
9. El yo lírico se dirige a su destinatario, “Señor Excelentísimo”. Le informa que su dolor es tal que ya no lo puede contener y ha de verterlo en palabras.
10. Habrá de llorar mucho, pues es mucho el dolor que siente. España entera está como agonizante, o muerta, ya en el “sepulcro”.
11. La virtud de los españoles está desvirtuada e irreconocible. Fue respetada, aunque pobre. Ahora está enterrada por la vanidad y el ocio, es decir, la petulancia y la vaguería.
12. Los españoles antiguos eran libres para aceptar una muerte con honra antes que una larga vida acaso sin ella.
13. España entera era generosa de ánimo y fuerte para resistir los reveses de todo tipo (“afrentas”); así confiaba en la suerte para durar en su propósito.
 14. La nación señalaba en los extranjeros las tácticas dilatorias, con engaños, para sus propósitos. (Esta estrofa es bastante anfibológica; acaso se pueda interpretar de otra manera; tal vez quiere decir que el español no se preocupaba de la duración de su vida, lo que sorprendía a los “extraños”).
15. No importaba la duración de la vida, sino vivirla con honra; la cual se podía ganar con un hecho heroico en un tiempo corto (como en el campo de batalla, se insinúa).
16. La fuerte virtud se extendía por toda la nación. Incluso las personas más asilvestradas se sometían a ella. Eso explica que fuera un tiempo victorioso.
17. El valor, combinado con el temor, era el mejor escudo contra las adversidades, a las que se despreciaba.
18. Un solo soldado, con su honor, cumpliendo con su obligación, suplía a un escuadrón entero, tal era su valentía y coraje.
19. Y tras el esfuerzo, esos españoles descansaban, pero siempre con la tensión moral en vilo, para no perder nunca la honra.
20. El peligro de muerte era real y permanente, de modo que la esposa se apresuraba a confeccionar una mortaja para su marido; este no se dedicaba a la vida social, sino al peligro, como el de la guerra.
21. Esta esposa era heroica. Acompañaba a su marido a la guerra; le deseaba suerte y lo vengaba si era herido.
22. No eran mujeres frívolas, ni ligeras, sino esposas graves, madres de hijos; se preocupaban más por la honra familiar que por recibir halagos.
23. La riqueza hallada al otro lado del Océano (acaso se refiera a América), hizo que desapareciera la virtud y la paz en estas personas tan ejemplares.
24. De Oriente no vinieron costumbres raras a causa del dinero. Tampoco se perdió la honestidad por la riqueza.
25. La mejor joya para esa gente antigua era la posesión de la virtud. Poseer honra y ser decentes era el mejor merecimiento al que ansiaban.
26. La guerra fue un asunto principal. Los primeros españoles (“cántabro”) lucharon por su independencia y su libertad. No eran tiempos de florituras, escritas o de otro tipo.
27. España (es la primera vez que aparece esta palabra) no daba muchas ganancias a los banqueros italianos, pues vivía de lo suyo. Rechazó a los árabes a golpe de espada, sin preocuparse de la economía.
28. Hubiera sido una injuria para esos españoles antiguos haber sido vencidos de los árabes. Rechazaba las actividades económicas, basadas en la usura, pues era peor considerado que luchar contra los invasores.
29. Los animales gozaban de larga vida. Todos los seres vivos en España vivían, pues, largas vidas.
30. Las personas comían comedidamente, sin abusar. La gula no era un vicio, o pecado, extendido.
31. Incluso los nobles se conformaban con poco, pues eran personas moderadas en comer. Aprovechaban de sus animales hasta el último elemento.
32. Todavía no habían llegado a la nación las exóticas especias (“pimienta arrugada” y “clavo”), que con su fragancia invitaba a su consumo.
33. Toda la población, ricos y pobres, comían digna y sencillamente. Carnero y vaca era toda la carne que consumían, acompañada de pimientos y ajos.
34. Bebían agua de los arroyos. Pero después se aficionaron al vino y sus peligros etílicos.
35. La figura de esos españoles era de gente delgada y enjuta, producto del trabajo fuerte y ganancias escasas, pues en un saco entraba todo.
36. En esa época, un español de aspecto asilvestrado (“velloso”) podía criticar la afición a la fiesta de los alemanes y a la herejía y la traición de los holandeses.
37. También critica la envidia de los italianos. Hoy, sin embargo, los españoles son iguales que los mentados, sino peores.
38. Los actuales españoles presumen de venir de familias de godos, con escudos, pero no imitan a sus antepasados. Solo son sombras de lo que fueron sus antecesores.
39. Se acabó la virtud y los vicios venidos de otras partes se han extendido por la nación.
40. Los ejércitos españoles no estaban bien organizados ni mandados, aunque abundaban los afeites y lo blandengue.
41. Las mujeres se hicieron presumidas y casquivanas. La vanidad andaba suelta. Se vestía con ropa cara, abandonando las sencillas.
42. Se extendieron tejidos caros y exóticos, como la seda. Eran caros, pero la gente rica lo pagaba. El “romano” parece aludir a la curia papal, o acaso a los antiguos romanos.
43. No se aficionó el español al caro tejido de seda, elaborado por el gusano, pues era una persona sobria.
44. En esos buenos tiempos, la persona trabajadora era tenida en estima. Hoy, al laborioso lo desprecian. La gentuza se entregó al vicio.
45. Un hombre castra a un toro y pretende gloria por ello. No es para tanto; incluso la diosa de la agricultura, Ceres, se sentiría ofendida.
46. Así nació el buey, animal fuerte y paciente. Júpiter (“Jove”, el dios supremo romano), lo utilizó como disfraz y como ropa en sus correrías amorosas.
47. Incluso los romanos nobles trabajabann en el campo. Hoy, el toro es una constelación (Tauro).
48. Se pregunta el yo lírico por qué  riña (los romanos, parece) tuvieron por hazaña lo que era una cobardía; también perjudicaron las cosechas. Acaso se refiera a los españoles, que han perdido el pulso vital antiguo.
49. Le parece indigno que un “infanzón”, noble de bajo rango, monte un caballo con estribo corto y piernas dobladas (“a la jineta”), o que gaste el tiempo jugando a cañas con su caballo.
50. Jugar con el caballo a desprender un gallo de un lugar elegido está bien para los muchachos, pero no para los adultos.
51. Los jóvenes deben ejercitarse en ejercicios de guerra, no contra el ganado o los animales (“armento”).
52. El buen joven ha de ser rápido en acudir a su deber bélico, y obediente a sus mandos.
53. Un buen soldado español lleva sus armas blancas o de fuego (la pica y el mosquete) con gallardía y solemnidad.
54. Al sujeto lírico le da asco esos soldados que quieren presumir, no ser valerosos, perdiendo el decoro de su persona.
55. Montar a la jineta y jugar a las cañas han prosperado en España por influencia mora. Pide que vuelvan a celebrarse justas y torneos, diversión viril y enérgica.
56. Volver a las diversiones varoniles no es fácil. Solo lo puede hacer un rey o su valido, con su autoridad.
57. Invoca a su destinatario, apelando a su energía y mando, para que todos vivan tranquilos.
58. Sigue apelando a su destinatario y le recuerda que liberó el modo de vestir (las “valonas” es un cuello vuelto y amplio, por la espalda y el pecho); las cabezas quedan más despejadas; alude a que esta acción tuvo la aprobación real.
59. Lo invoca por tercera vez. Le pide que, ya que arregla lo superficial, ponga el remedio para lo importante. Que cese la diversión y se recuperen las actividades bélicas.
60. Loa al valido, pues ejerce sus funciones con rectitud, sin resentimiento contra nadie; a los envidiosos los descoloca.
61. Este privado o valido busca solo el reconocimiento de su buen hacer, sin presunción ni servidumbre de los demás.
62. Reconoce el yo lírico que este individuo es muy noble por su sangre y ascendencia.
63.Su familia procede de los Guzmanes, personas muy nobles, que él engrandece todavía más. Merece toda loa por su buen gobierno.
64. Aquí llega la petición, con un verbo en imperativo (“lograd, señor”); le ruega que alcance una edad gloriosa para España, todos unidos en el enfrentamiento contra los enemigos.
65. Los ejércitos españoles, disciplinados y valientes, serán muy numerosos; dejarán a un lado las diversiones ligeras y la vida holgada.
66. Pide que se dejen vestidos ligeros y humildes, moriscos, como la marlota, y se sustituya por el guerrero. Adornos elegantes, fuera de alguna celebración solemne, como el Corpus, también hay que dejarlos.
67. Este privado tiene el poder y juicio para imponer este orden militar.
68. El yo lírico lo anima a que actúe de ese modo militar. Sus beneficios para la patria serán mayores que los que hizo don Pelayo en Asturias. El ejército, con su poderío, infundirá temor y será respetado.
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: carta al privado o valido del rey para que restaure los viejos valores militares de los españoles y sus moderadas costumbres, para alcanzar la autoridad y poder que se necesita para regir la nación.
3) Apartados temáticos
El poema es una carta. Posee, por tanto, ciertos apartados:
– Un saludo o presentación (estrofas 1-8), en el que justifica su escritura. Es necesario decir la verdad, pues redunda en la mayor gloria de la nación española.
– Una presentación de los motivos (estrofas 9-55) en el que explica el declive de la patria, la pérdida de pulso vital, el abandono de los viejos valores, del código de honor que animaba a las personas a ser valientes y honradas. Ahora, todo es más ligero, superficial y vano. La gente busca la diversión.
– Una petición al valido para que restaure el viejo orden moral y social. Es el único modo de recuperar la gloria antigua y el respeto ante las otras naciones, que ahora no existe. 
4) Análisis métrico y de la rima
Quevedo ha elegido los tercetos encadenados como forma estrófica. Se trata de tres versos endecasílabos, con rima consonante, con la estructura: ABA, BCB, CDC…
5) Comentario estilístico
La Epístola es un ejemplo perfecto del estilo conceptista de Quevedo. Por su extensión, puede desplegar su prodigioso dominio de la lengua y elevar su estilo a cotas realmente impresionantes. Las notas más destacadas son:
-El significado aparece reconcentrado y comprimido. Las estrofas comunican mucho más de lo que dicen superficialmente consideradas.
-El dominio en el manejo de los recursos estilísticos es magnífico y evidente. Metáforas, metonimias, símiles, personificaciones y anfibologías (por citar los más comunes) trabajan en la dirección de dotar al texto de una rara expresividad y de una impecable hechura literaria.
-La elipsis y la alusión son dos recursos especialmente empleados; imprimen densidad y expansión significativa, respectivamente, enriqueciendo la experiencia lectora.
-El léxico es preciso, exacto y apropiado. Hoy, muchas de las palabras empleadas son casi arcaísmos, precisamente por la exactitud de su significación (tipo de ropa, modo de montar a caballo, etc.).
-El conjunto del poema ofrece un formidable adensamiento del significado. En realidad, Quevedo realiza un recorrido por la historia de España, desde don Pelayo, para destacar los valores morales de moderación, honra, virtud, orgullo, y los físicos de frugalidad, paciencia y sufrimiento ante las adversidades para superarlas exitosamente. Considera que las costumbres de sus contemporáneos estaban alejadas de los viejos principios castellanos; ahora todo es más ligero, superficial, frívolo e insustancioso. Lamenta la situación política de España en el concierto internacional, donde no es respetada.
-Existe un delicado equilibrio entre el yo lírico y el destinatario, nada menos que el conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV. Quevedo desea influir en su opinión, pero manteniendo el debido respeto. El formato de misiva o epístola impone ciertas convenciones que afectan a la estructura, como hemos visto. La justificación inicial de su carta es la parte más conocida y célebre porque en ella Quevedo realiza un canto a la libertad de expresión y pensamiento y reivindica su derecho a decir lo que piensa. Es interesante señalar que Quevedo cayó en desgracia ante el conde-duque, justamente por criticar su política. Por eso estuvo prisionero en el antiguo hospital de San Marcos (León), de 1639 a 1643; allí perdió la salud y el ánimo para intervenir en la vida política española.
En conjunto, hemos visto que estamos ante un magnífico poema en cuanto a su construcción; es una obra de largo aliento, donde los aspectos argumentativos pesan tanto como los literarios. En realidad, podríamos decir que es un ejemplo de poesía cívica, pues trata de influir en la situación política de su país. La carga moral es muy fuerte; la satírica, sin embargo, es algo menor.
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados,densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo del escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su homor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
La Epístola satírica y censoria al conde-duque de Olivares sobre las costumbres de los castellanos es una formidable pieza poética. En forma de misiva o carta, Quevedo realiza su aportación, desde un plano moral, cívico e histórico, para que la nación española recupere el pulso y la importancia debida en el concierto de las naciones europeas.
La epístola discurre fluidamente por la historia de España, fijándose en los aspectos de los usos y costumbres de los “infanzones”, gente algo noble, sin pertenecer a la alta nobleza; para el poeta, constituye el nervio de la nación. Alaba su morigeración, su firmeza moral, su resistencia en la guerra y en la paz, su laboriosidad, su empeño en vivir bajo valores de honra, virtud y valor, siempre bajo el marco general de la religión cristiana.
La epístola ofrece una riqueza literaria extraordinaria. Quevedo despliega toda su abrumadora sabiduría literaria. Su dominio de la lengua, en los diferentes planos, es altísimo. El conjunto nos ofrece un texto denso, grave e incitador para el lector. El hecho de que se dirija específicamente al conde-duque de Olivares no es óbice para que nosotros, lectores de hace casi cuatro siglos después, nos sintamos aludidos por la llamada de Quevedo a recuperar valores que transcienden el tiempo: dignidad (honra), virtud, resiliencia ante las contrariedades, etc.
 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante enumerar el número de metáforas
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca conceptista visibles en el poema.
2) ¿Por qué Quevedo escribe su epístola? ¿A quién se dirige? ¿Por qué? 
3) ¿Cuál es el ideal de nación al que aspira Quevedo?
4) La visión de la escala de valores preponderante en esa sociedad española barroca, que se desprende de la lectura, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
5) ¿Cuál es el tipo de relación que se desprende de la epístola entre Quevedo y el conde-duque de Olivares?  
6) ¿Por qué alude tantas veces a los “infanzones”?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre la importancia de recuperar valores antiguos de honra y virtud para que la nación sea más fuerte.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y el conde-duque de Olivares platicando sobre el contenido de la epístola. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.

Francisco de Quevedo: «Pues amarga la verdad» (letrilla); análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO: Pues amarga la verdad
[1] Pues amarga la verdad,                  1
quiero echarla de la boca;
y si al alma su hiel toca,
esconderla es necedad.
Sépase, pues libertad                          5      
ha engendrado en mi pereza
la pobreza.
[2] ¿Quién hace al ciego galán
y prudente al sin consejo?
¿Quién al avariento viejo                    10  
le sirve de río Jordán?
¿Quién hace de piedras pan,
sin ser el Dios verdadero?
El dinero.
[3] ¿Quién con su fiereza espanta,      15
el cetro y corona al rey?
¿Quién careciendo de ley
merece nombre de santa?
¿Quién con la humildad levanta
a los cielos la cabeza?                         20
La pobreza.
[4] ¿Quién los jueces con pasión,
sin ser ungüento, hace humanos,
pues untándolos las manos
los ablanda el corazón?                        25
¿Quién gasta su opilación
con oro, y no con acero.
El dinero.
[5] ¿Quién procura que se aleje
del suelo la gloria vana?                     30
¿Quién siendo tan cristiana,
tiene la cara de hereje?
¿Quién hace que al hombre aqueje
el desprecio y la tristeza?
La pobreza.                                        35
[6] ¿Quién la montaña derriba
al valle, la hermosa al feo?
¿Quién podrá cuanto el deseo,
aunque imposible, conciba?
¿Y quién lo de abajo arriba                  40
vuelve en el mundo ligero?
El dinero.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. 
El yo lírico realiza una reflexión sobre el dinero y la pobreza. El poema transcurre, pues, entre dos conceptos contrarios. La composición es muy paralelística y se basa en el recurso de la interrogación retórica; es un modo enfático de afirmar. De la pobreza habla en términos positivos y elogiosos; del dinero se expresa con palabras negativas, críticas y descalificatorias. En la primera estrofa el sujeto lírico justifica por qué ha compuesto el poema: desea dar a conocer una verdad que, dentro, le “amarga”; sería estúpido guardarla dentro; ha reunido el valor y la libertad suficiente para decir públicamente lo que piensa justamente porque es pobre y, se entiende, no tiene nada que perder.
La segunda estrofa (y el resto de las pares, la cuarta y la sexta) el yo lírico se centra en el dinero, metonimia de la riqueza; analiza sus causas y consecuencias. La posesión del dinero provoca que la gente cambie el sistema de valores, tanto en los aspectos físicos, como en los morales: al feo lo hace guapo y al necio prudente. El avariento, mal visto en la sociedad, recibe un nuevo bautismo (como Jesucristo cuando fue bautizado por San Juan Bautista). El dinero es milagroso, pues convierte lo inútil, las piedras, en algo codiciado, el pan.
La tercera estrofa se dedica a explicar la pobreza en tres dimensiones: nadie la desea y es aborrecida como una lepra, incluso por los reyes poderosos. Aunque nadie la regula, su “posesión” suele ayudar a ganar el cielo, pues garantiza la humildad y la sabiduría suficiente para vivir con prudencia.
La cuarta estrofa pone el foco en el dinero. El yo lírico primero denuncia que el rico puede sobornar a los jueces y así obtener sentencias; el dinero actúa como una medicina, pues “cura” el corazón del juez severo, ablandándoselo.
La quinta estrofa vuelve, por última vez, a explicar ciertos efectos positivos de la pobreza. Potencia la humildad y sencillez de la persona; aunque el pobre es mal visto y mirado con sospecha, en realidad es muy cristiana. Sin embargo, el pobre se ve rodeado del “desprecio y la tristeza” porque la sociedad reniega de los pobres.
La última estrofa insiste en el poder nefasto del dinero. Su posesión realiza milagros; abate la montaña frente al valle, y la hermosa es destruida por el feo. En un tono más sintético, afirma que el dinero hace posible lo imposible; y, en fin, da la vuelta a la realidad de las cosas con rapidez; tal es su poder.  Como se puede apreciar, la visión que ofrece es pesimista sobre el dinero y melancólica sobre la pobreza. Aquel corrompe, esta abre las puertas de una vida mejor en el otro mundo.
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: análisis sobre los efectos de la pobreza y la riqueza; aquella es positiva, aunque mal vista; este es negativo, pero apreciado por todos. Se puede decir con otras palabras: sátira amarga contra el excesivo poder del dinero y alabanza de la pobreza como camino para ser mejores personas y ganar el cielo.
3) Apartados temáticos
Como es de esperar por la estructura estrófica empleada, la letrilla, se distinguen muy bien dos secciones de contenido, aunque no en su distribución habitual:
– Las estrofas impares (1, 3 y 5) glosan los distintos aspectos de la pobreza. Se la aprecia como una realidad positiva para el hombre. 
– Las estrofas pares (2, 4 y 6) conforman la segunda sección temática; explican los aspectos negativos que el dinero ha introducido en el mundo. Corrompe a las personas y trastorna el sistema de valores morales.
4) Análisis métrico y de la rima
Quevedo ha elegido la letrilla como forma estrófica. Está formada por una redondilla abba, versos octosílabos y rima asonante), dos versos de enlace (el primero, con la redondilla; el segundo, con el estribillo) y un estribillo. Este está formado por un verso cuatrisílabo, aunque no es siempre el mismo; en las estrofas impares es “la pobreza”; es las pares, “el dinero”; como se ve, cambia la rima.
5) Comentario estilístico
“Pues amarga la verdad” es un poema contra la excesiva influencia del dinero y la demasiado escasa estima de la pobreza en la sociedad en la que se maneja el yo lírico (más parecida a la nuestra de lo que se pudiera pensar en un primer momento). El poema se construye en torno a los recursos de repetición: anáfora, repetición retórica y paralelismo; por otro lado, la interrogación retórica es el recurso clave. Fuera de la primera estrofa, compuesta con enunciados afirmativos, las demás se forman con enunciados interrogativos, excepto el estribillo, que forma una elipsis magnífica (de la oración completa que debería aparecer, solo lo hace el atributo). Como alterna “la pobreza” con “el dinero”, se imprime una dinámica muy hermosa y expresiva.
La primera estrofa se abre con una personificación muy eficaz: la verdad “amarga” (v. 1); nadie desea escucharla, pero ahí está el yo lírico, para manifestarla; no la puede guardar dentro porque es “hiel” (v. 3), metáfora de algo ácido, corrosivo y mortal. El yo lírico ya adelanta en los tres últimos versos de la primera estrofa afirmando que es pobre (la oración es una pura anfibología; se podría entender otra cosa, pues el sujeto de “ha engendrado” puede ser la libertad o la pobreza). No oculta, entonces, la perspectiva desde la que contempla el asunto poético que ahora aborda.
La segunda estrofa (y las demás pares) tienen un tono satírico, irónico y crítico muy marcado; no es de extrañar, pues se dedican a vituperar el dinero. En la estrofa aparecen tres oraciones interrogativas; todas comienzan con el interrogativo “Quién”; la anáfora insiste en el excesivo influjo del dinero. Considera al dinero como milagroso, pues hace que el ciego sea elegante y el descerebrado una persona juiciosa. Otros dos milagros que produce: hace renacer al “avariento viejo” y transforma la realidad, de modo que lo que no vale nada (“piedras”), pasa a ser algo valioso (“pan). La ironía es sarcástica y demoledora. Al dotar al dinero de poderes sobrenaturales de índole religiosa cristiana, Quevedo coquetea con cierta crítica a la Iglesia, pero se detiene en la raya de lo tolerable para la autoridad eclesiástica barroca.
La tercera estrofa pone el foco otra vez en la pobreza. Esta es vista por la gente como algo negativo; todo el mundo huye de ella; incluso los poderosos la temen, como un rey. Sin embargo, es buena, aunque no se rige por leyes. Sirve para salvar el alma y garantizarse la vida eterna; eleva al hombre a un plano de virtud superior, afirma el yo lírico; por tanto, debía ser admirada, pero ocurre todo lo contrario, pues “con su fiereza espanta” (v. 15).
 La cuarta estrofa es el turno del dinero, otra vez. Ahora denuncia cómo con este se corrompen los jueces. Lo expresa con una metáfora irónica. No es una sustancia medicinal, pero, untando el corazón con él, el corazón del juez se ablanda. En la siguiente interrogación retórica explica cómo atrae a la gente, como una medicina curativa. La opilación es el estado fisiológico de obstrucción de las vías (estreñimiento, en román paladino); se producía, sobre todo en las mujeres, cuando se mascaba arcilla para que la piel estuviera blanca, signo de distinción social. La opilación se combatía tomando agua ferruginosa, es decir con “acero”, sinónimo de “hierro”. Pues muchos no combaten la opilación con el metal curativo, sino con oro. Este importa más que recobrar la salud. El mejor medicamento, afirma el yo lírico irónicamente es el oro; ni “ungüentos”, ni “acero”; el metal amarillo es quien cura de veras.
La quinta estrofa vuelve, por última vez, sobre la pobreza. Ahora vemos su efecto benéfico: el hombre se hace humilde y sencillo, aunque los demás lo miren como a un “hereje” (v. 32), es decir, un apestado. Además, cae sobre él el “desprecio y la tristeza” (v. 34) de los demás; socialmente, la pobreza está muy mal vista y acarrea la marginación del individuo.
La última estrofa vuelve, por última vez también, sobre el dinero. Señala tres consecuencias negativas de su excesivo poder: trastorna los valores naturales (“la montaña derriba / al valle”, vv. 36-37), permite cumplir cualquier deseo, aunque sea “imposible” (v. 39). Finalmente, a modo de resumen sintético, el dinero “lo de abajo arriba / vuelve en el mundo ligero” (vv- 39-40). Su poder es, sencillamente, inconmensurable; y ello gracias a la estupidez humana y al desvío moral que sufre la sociedad, despreciando la virtud y fomentando la codicia.
Hemos visto que estamos ante un maravilloso poema en cuanto a su construcción; el equilibrio entre los dos polos antitéticos (dinero y pobreza) es perfecto, tanto desde el punto de vista temático, como desde el compositivo. El hecho de que casi todo el poema esté compuesto a base de interrogaciones retóricas lo dota de un poderoso mensaje connotativo. La ironía, la sátira y el sarcasmo recorren todo el poema.
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados,densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo del escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su homor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
El poema “Pues amarga la verdad” es un extraordinario ejercicio de ingenio conceptista. Quevedo aborda la excesiva influencia del dinero en la sociedad, así como el menosprecio que sufre la pobreza. Son como sinónimos de soberbia y humildad, engreimiento y sencillez, hipocresía y autenticidad, etc. Pero también de privilegio frente a exclusión, lo que es más dramático 
Podemos percibir que este poema ha surgido tras un periodo de reflexión personal, acaso con experiencias negativas sufridas en sus carnes. Lo cierto es que en la época barroca, como hoy, la sociedad concede una enorme importancia a la posesión y acumulación de riqueza. Quevedo denuncia este estado de cosas, contrario a la moral cristiana, a la que él alude en varias ocasiones.
La construcción del poema es original y muy hermosa. Las estrofas, con sus recursos sabiamente dispuestos, crean un efecto lector muy vivo. La interrogación retórica y los recursos de repetición insisten machaconamente en un estado de cosas censurable. El poema posee una carga moral importante, entremezclada con la sátira y la ironía. 
Con la lectura, el lector se siente abrumado y sorprendido ante tanto despliegue de agudeza poética y finura conceptual. Qué duda cabe, estamos ante uno de los sonetos morales sobre la distribución de la riqueza más brillantes de la poesía española.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante enumerar el número de metáforas aplicadas a la riqueza y la avaricia, frente a la pobreza y humildad.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca conceptista visibles en el poema.
2) ¿Por qué la sociedad está equivocada en la valoración de la riqueza? ¿Se habla solo de una vida o de más, en este poema?
3) ¿Cómo podemos inferir, por la estructura de la composición, que la balanza va de un extremo a otros, sin posibilidad de un justo medio?
4) La visión de la escala de valores preponderante en esa sociedad española barroca, que se desprende de la lectura, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
5) ¿Cuál es la “verdad” que le “amarga” (v. 1) al yo lírico y desea hacerla pública cuanto antes? . 
6) ¿Por qué suprime tantas palabras y partes de la oración en el estribillo?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre la importancia de la riqueza y la pobreza en nuestra sociedad.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y alguien con un pensamiento contrario, si es que es posible en este paradójico poema. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.

Francisco de Quevedo: «Poderoso caballero es don Dinero» (letrilla satírica); análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO: Poderoso caballero es don Dinero
[1] Madre, yo al oro me humillo,           1
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo                   5
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
[2] Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;             10
Viene a morir en España,
Y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero                              15
Es don Dinero.
[3] Son sus padres principales,
Y es de nobles descendiente,
Porque en las venas de Oriente
Todas las sangres son Reales.                20
Y pues es quien hace iguales
Al rico y al pordiosero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
[4] ¿A quién no le maravilla                   25
Ver en su gloria, sin tasa,
Que es lo más ruin de su casa
Doña Blanca de Castilla?
Mas pues que su fuerza humilla
Al cobarde y al guerrero,                      30
Poderoso caballero
Es don Dinero.
[5] Es tanta su majestad,
Aunque son sus duelos hartos,
Que aun con estar hecho cuartos           35
No pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
Al gañán y al jornalero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.                                       40
[6] Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra                        45
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. 
El yo lírico reflexiona sobre el dinero, su procedencia, sus movimientos, el cambio de manos y cómo otorga reputación a su poseedor y hunde en la miseria a quien no lo tiene. Nótese que el estribillo repite casi obsesivamente el tema central del poema: el dinero es respetado, deseado y anhelado por todos nosotros.
En la primera estrofa, el yo lírico se comunica con su madre. Le comunica que vive para el dinero, pues le gusta mucho. A su lado, todo se vuelve amarillo (el color del oro, del que estaba hecho las monedas de más valor). La posesión del dinero permite hacer lo que no quiere, pues ya no hay restricciones.
En la segunda estrofa realiza un breve recorrido de la creación de una parte de la riqueza: Indias (por las minas de oro y plata que existían en la época colonial), España (donde se acuñaba) y Génova (donde iba a parar, pues la Monarquía tenía que saldar sus deudas con los banqueros genoveses, que habían anticipado fuertes cantidades a la Monarquía). El yo lírico admite que el dinero es “hermoso”, aunque sea “fiero”, es decir, acarrea disgustos y violencias.
La tercera persona recuerda al lector que parte del dinero nace de Oriente, tradicional fuente de suministro de metales nobles. La sangre del oro es real, venga de donde viniere, pues así lo considera todo el mundo. Por otro lado, advierte que la posesión de la riqueza iguala a todo el mundo, independientemente de su origen.
La cuarta estrofa recuerda que incluso la fracción más pequeña de la moneda, la blanca, es estimada como una reina (Doña Blanca fue una reina de Castilla). Es tal el poder del dinero que “humilla” a cualquier persona, sea cual fuere su estatus social. Es un modo de afirmar que por su posesión cualquiera se envilece.
La quinta estrofa juega con anfibologías. Aunque las monedas se fraccionen, todo el mundo las sigue estimando. Asimismo, advierte que su posesión ennoblece o autoriza a personas bajas, como un gañán o un jornalero. 
La sexta estrofa, de nuevo apoyándose en la anfibología de la palabra “escudo”, que era un tipo de moneda y, en su acepción bélica, como arma defensiva. El primero es mucho más valioso que el segundo. Cierra su razonamiento advirtiendo que su poder es tal que hace extraños a los compatriotas pobres y, por el contrario, naturaliza al extranjero rico. 
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: exposición y reconocimiento irónico del poder del dinero, que trastorna los valores morales e induce a las personas a la traición para poseer riqueza. En otras palabras, el poema reflexiona con amargura sobre la excesiva influencia de la riqueza sobre las personas.
3) Apartados temáticos
El poema se puede dividir en tantas secciones temáticas como estrofas, pues en cada una de ellas explora y enuncia algún aspecto del poder del dinero sobre los individuos. Como se puede apreciar en el resumen, en cada una de ellas el yo lírico ilustra las consecuencias de la posesión, o lo contrario, de la riqueza. La última estrofa posee un carácter conclusivo; se aprecia en el verbo en imperativo (“Mirad”), que funciona como una llamada de atención final. 
4) Análisis métrico y de la rima
Quevedo ha elegido la estructura métrica de la letrilla, repetida seis veces, pues cada estrofa cambia su rima. En cada estrofa se halla una redondilla, dos versos de enlace (el primero repite la rima inicial de la redondilla; el segundo coincide con la rima del estribillo, los dos versos que se repiten al final de cada estrofa; el conjunto suma ocho versos. Nótese que el verso final del estribillo no es octosílabo, sino pentasílabo; la ruptura de la cantidad potencia la expresividad del foco temático: “don Dinero”. 
5) Comentario estilístico
El texto posee una doble vertiente dialógica; una es la del yo lírico con su madre, a la que interpela en el primer verso; pero también establece una comunicación con los lectores, a través del imperativo “Mirad”. Es cierto que es un diálogo truncado, pues no hay respuestas, solo habla el yo lírico; sin embargo, la huella conversacional no se pierde en todo el poema.
En el primer verso, el yo lírico admite que está dispuesto a arrastrarse por el oro, pues lo ama intensamente. Eso se lo confiesa a su madre. Le gusta mucho el color amarillo, que simboliza el esplendor el oro. No le importa si son monedas de más valor (“doblón”, v. 5), o de menos; al fin, todas se someten a la voluntad de su poseedor. El estribillo aparece ahora por primera vez: afirma rotundamente que el dinero es un señor noble y poderoso.
La segunda estrofa personifica el dinero y realiza un recorrido por su nacimiento: de las minas de América llega al metal, ya “honrado” (v. 9). Los pasos siguientes se verifican en España, donde viene a “morir” (v. 11), aunque el entierro se verifica en Génova, sede de muchos de los grandes banqueros que financiaban la Monarquía hispánica. Los dos versos de transición, antes del estribillo, suelen exponer una paradoja, a partir de la segunda. Ahora afirma que “Es hermoso, aunque sea fiero” (v. 14); significa que, aunque es muy arduo su acumulación, cuando lo tenemos, nos sentimos satisfechos.
La tercera estrofa metaforiza la riqueza como si fuera un príncipe de sangre real. Por eso explica que sus “padres” (v. 17) son principales. La anfibología con “venas” (v. 19) es muy interesante: se refiere a las vetas de las minas de donde se extrae el oro y, por otro lado, a la sangre familiar, nuestros ancestros. La paradoja de los dos versos de vuelta advierte que el dinero iguala a los ricos y a los humildes, es decir, el “rico” y el “pordiosero” (v. 22).
La cuarta estrofa se abre con una interrogación retórica, que contiene otra anfibología. La blanca, una de las monedas de menos valor, de ahí que se la califique de “lo más ruin de su casa” (v. 27); sin embargo, no por ello es despreciada, pues tiene tanta gloria como la reina castellana medieval Blanca de Castilla. La paradoja esta vez aclara que el dinero humilla “al cobarde y al guerrero” (v. 30), independientemente de su valor, el cual queda anulado ante el dinero. 
La quinta estrofa aclara la nobleza y “calidad” del dinero. Este tiene majestad; aunque provoca quebraderos de cabeza, nadie lo rehúye, aunque se le haga “cuartos” (v. 35); de nuevo otra anfibología referido a la fracción de las monedas en unidades menores, o en repartirlo entre varios propietarios. La paradoja esta vez aclara que la posesión “da autoridad” (v. 37) tanto al gañán, como al jornalero, es decir, gente humilde de pocos recursos.
La última estrofa posee cierto carácter conclusivo. Se aprecia en las afirmaciones generales, como de validez universal, y en el imperativo (“Mirad”, v. 42) con valor de apóstrofe, dirigido precisamente a nosotros, lectores. De nuevo la anfibología es un elemento esencial en la estrofa; se realiza con con la palabra “escudos” (tipo de moneda y arma defensiva). Se refuerza su expresividad con el oxímoron “paz” y “guerra” (vv. 43 y 44). De nuevo otra antítesis, que deriva en paradoja, cierra el poema, entre “natural” y “forastero”. Aquel es visto como un extraño, y este, con dinero, es uno de los nuestros.
Como se ve, el poema tiene un tono pesimista, amargo. El yo lírico denuncia el excesivo poder del dinero, además de su injusticia. Quien lo posee, aunque sea un patán, o un inmoral, es respetado y temido. Quien no lo posee, es visto como un pobre diablo, aunque sea una bella persona. El poeta lamenta con amargura esta situación, que expone y denuncia al mismo tiempo. Un cierto humor negro recorre el poema, que casi desemboca en un sarcasmo permanente. La estructura del poema está muy lograda porque la letrilla posee una inmediata eficacia lectora.
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados, densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo del escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su humor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
La letrilla “Poderoso caballero es don Dinero” es un sarcástico y amargo ejercicio de ingenio conceptista. Quevedo reflexiona sobre el excesivo poder que se le otorga al dinero. Su antropomorfización contribuye a la compresión del influjo que este ejerce en nuestras vidas. En cada estrofa desarrolla un aspecto distinto de esa influencia, primero; después, plantea una paradoja en la que, en general, se observa una subversión de los valores morales. Es un modo de afirmar cómo la codicia nos hace peores personas.
El empleo de la anfibología es muy intenso. Nos permite disfrutar de muchos y sorprendentes efectos expresivos. Es una demostración del ingenio poético de Quevedo. El lector se siente abrumado ante tanto despliegue de agudeza poética y agudeza conceptual. Qué duda cabe, estamos ante uno de los poemas más brillantes sobre el tema que aborda: el dinero nos trastorna hasta límites insospechados. 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante enumerar el número de metáforas aplicadas al poder del dinero.
 5) Explica el empleo de la anfibología a lo largo del poema.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca conceptista visibles en el poema.
2) ¿Por qué el dinero nos trastorna? Según el yo lírico, ¿no hay modo de evitarlo?
3) ¿Cómo podemos inferir, por la estructura de la composición, que el dinero hace que el mundo funcione de un modo poco moral?
4) La visión de la sociedad que se desprende, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
5) A qué se refiere el yo lírico con “escudos” (v. 14). 
6) ¿Por qué repite el estribillo con esa frase que ya es parte del lenguaje corriente?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre la codicia humana y el afán de acumular riqueza.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y alguien con un pensamiento contrario, si es que es posible en este amargo poema. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.