Antonio Machado: «Al borrarse la nieve, se alejaron» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “Al borrarse la nieve, se alejaron”
CXXIV
Al borrarse la nieve, se alejaron               1
los montes de la sierra.
La vega ha verdecido
al sol de abril, la vega
tiene la verde llama,                                5                         
la vida, que no pesa;
y piensa el alma en una mariposa,
atlas del mundo, y sueña.
Con el ciruelo en flor y el campo verde,
con el glauco vapor de la ribera,             10
en torno de las ramas,
con las primeras zarzas que blanquean,
con este dulce soplo
que triunfa de la muerte y de la piedra,
esta amargura que me ahoga fluye         15
en esperanza de Ella…

1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. El yo poético presenta un paisaje primaveral, bello y atractivo. Describe montañas, valles y una vegetación florecida. Su estado de ánimo es frágil y doliente, como una mariposa. Las flores irrumpen aportando belleza a los campos, el aire es tibio y la vida se abre paso. Pero dentro de él hay algo amargo que lo ahoga; es el recuerdo de “Ella”, la mujer amada, Leonor, su esposa, que ha muerto unos meses antes.
1.2. Tema
El poema aborda el tema del contraste doloroso entre la vida natural que irrumpe, bella y deslumbrante, con la llegada de la primavera, frente a su dolor soterrado por la muerte de la mujer amada.
1.3. Apartados temáticos
El poema presenta una fuerte unidad temática. Todo él trata un tema unitario: la belleza primaveral frente al dolor interno del yo poético. No es posible distinguir apartados temáticos que modulen el contenido.
1.4. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por dieciséis versos endecasílabos y heptasílabos agrupados en una sola estrofa. La rima es asonante, coincidiendo en los versos pares; los impares quedan libres. De este modo, estamos ante una silva romanceada, estrofa bastante empleada por Machado. 
1.5. Comentario estilístico
     El poema comienza con la descripción de un marco natural muy amplio, pero bello y apacible. Los “montes de la sierra” (v. 2), ya sin nieve, parecen más lejos. La “vega” (repetida la palabra dos veces, para imprimir énfasis) ha adoptado un color verde por la irrupción vegetal propia de la primavera. Todo es alegre y dichoso, como declara la metáfora “la vida que no pesa” (v. 6). En medio de este marco natural aparece un nuevo actor “el alma” (v. 7); ¿de quién? No se especifica, pero parece que es la del yo poético. En este caso, “pensar en una mariposa”, que es como un resumen del mundo, “sueña” (v. 8), parece que alude a la ilusión del yo poético porque su felicidad también pueda ser completa. No sabemos por qué no lo es; luego descubriremos que es la ausencia de su amada la que lo aflige. Si el alma se refiere, en un sentido más general, a la de cualquier persona, la significación más recta y sencilla es que el sueño es así, algo optimista y alegre.
En el verso 9 se inicia una serie de anáforas y paralelismos en torno a elementos naturales (vegetales casi todos) que florecen y rebosan vida. Primero es “el ciruelo en flor”; le sigue el “glauco vapor de la ribera” (v. 10); después, “las primeras zarzas” (v. 12); y, finalmente el “dulce soplo” (v. 13) que es como un hálito de vida. Todo rebosa de vida y optimismo, pero se ve truncado bruscamente con la expresión “esta amargura que me ahoga” (v. 15), explicada en el siguiente y último verso, “en esperanza de Ella”. La hermosura del mundo natural, al llegar la primavera, resulta dolorosa para el yo poético porque la mujer amada no está; la muerte se la arrebató. Él intenta sobreponerse e incorporarse a la corriente de vida, pero no es dable por el momento, dado el dolor que fluye por su interior. Esta antítesis final es muy llamativa del fuerte contraste entre una realidad natural amable y otra, interior y personal, amarga y doliente.  
1.6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
1.7. Interpretación y valoración
Este poema, como en otros de este poemario y de la misma época, muestran el dolor del alma que arrastra el yo poético, trasunto de Antonio Machado. Aún está reciente la muerte de Leonor, su esposa, y apenas la puede gestionar con éxito. El marco natural es descrito, como siempre en nuestro poeta, con precisión hermosa y sugerente. Comienza con una perspectiva muy amplia (montes, vega) y acaba con la mirada puesta en pequeños detalles del mundo vegetal. 
Todo es optimista y alegre, pero el recuerdo de su amada fallecida trunca esta contemplación hermosa y apacible. Lo que parecía una declaración de vida y exaltación de la felicidad, es una confesión de la pena por la ausencia de Ella, así, en mayúscula; se singulariza y se diviniza, un poco, para insistir en la importancia que posee para Machado.
Parece que el “ciruelo” y las “zarzas” en flor son el alegre remate para un paisaje primaveral hermoso, pero solo son el símbolo de un dolor íntimo del corazón que no cesa. El poema es muy bello y muestra, una vez más, la increíble capacidad descriptiva de Machado y el vivo contraste entre una naturaleza hermosa y un corazón devastado.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimiento  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde se halla? ¿Es especial para él? 
3) ¿Por qué sabemos que describe la primavera? ¿Qué sensación aporta? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la amargura de la soledad?
6) Aclara quién es “Ella”. ¿Qué sentido aporta? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la llegada de una estación, en contraste con un sentimiento de dolor.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de paisajes lugares o edificios hermosos, pero contrastando con la ausencia de alguien querido. Haz que intervenga la memoria dolorida, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Una noche de verano» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “Una noche de verano”
CXXIII
Una noche de verano                         1
—estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa—
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho              5
—ni siquiera me miró—,
con unos dedos muy finos,
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó                   10
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
¡Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón.
¡Ay, lo que la muerte ha roto           15
era un hilo entre los dos!

1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. Este dramático poema recrea literariamente la muerte de Leonor Izquierdo el 1 de agosto de 1912, en Soria; se había casado con Antonio Machado el 30 de julio de 1909 en la iglesia de Santa María la Mayor, de Soria. La muerte, personificada, misteriosa y siniestra, entra en la casa del yo poético “una noche de verano” (en efecto, Leonor murió en verano). Displicente y como guiada por un designio superior, corta el hilo de la vida de la muchacha (entonces tenía dieciocho años). El yo poético no sale de su asombro. Ella descansa en paz, pero su corazón queda roto para siempre porque su amor se acaba allí mismo.
1.2. Tema
El poema aborda un único y dramático tema: la muerte de la mujer amada por el yo poético, rompiendo para siempre la comunión que había existido hasta entonces.
1.3. Apartados temáticos
El poema presenta dos apartados temáticos. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-12): el yo poético narra la entrada de la muerte en su casa y su actuación, silenciosa y rápida: corta el hilo de la vida de su esposa. 
-Segundo apartado ( vv. 13-16): se extraen las consecuencias de tan dramático acto, y no es otra que la ruptura del amor para siempre entre la joven muerta y el yo poético
1.4. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por dieciséis versos octosílabos agrupados en una sola estrofa. La rima es asonante, coincidiendo en los versos pares; los impares quedan libres. De este modo, estamos ante un romance, estrofa bastante empleada por Machado. 
1.5. Comentario estilístico
El poema oscila entre un componente narrativo y otro lírico. Primero cuenta una historia que, a primera vista, parece trivial o anecdótica; pero, más adelante, vemos las terribles consecuencias, a tono con el siniestro protagonista: la muerte. La actitud de displicencia y misterio con que actúa una vez dentro de la casa aumentan una tensión creciente que nada bueno presagia.
La repetición de “mi casa” (vv. 3 y 4) insiste en el lugar donde ocurren los hechos, la zona más privada de una persona. La muerte ni saluda, ni mira a nadie, solo va a cumplir su papel. Realiza una acción casi imperceptible: “algo muy tenue rompió” (v. 8). “Silenciosa y sin mirarme” (v. 9) describe muy bien la actitud de la muerte, tan siniestra como diligente. Esta personificación, o casi corporeización, nos la muestra visible y familiar, pero terrible e implacable.
El yo poético le habla, pero “La muerte no respondió” (v. 12). Hasta aquí, la acción y, por tanto, la narración de los acontecimientos. Ni siquiera el yo poético comprende muy bien lo que ha sucedido. Pero pronto lo descubrirá: la muerte precipitó el fallecimiento de “mi niña”, metonimia para nombrar a Leonor. Esta queda “tranquila”, pero el yo poético está arrasado por el dolor. Se cierra el poema con epifonema de gran expresividad porque contiene una interjección y una metáfora muy intensa. La muerte rompió “un hilo entre los dos”, es decir, el amor compartido entre la niña y el yo poético, trasuntos de Leonor y Machado, respectivamente. 
De este modo, el poema cuenta y visibiliza la terrible visita de la muerte; acaba con la vida de Leonor y, en consecuencia, con la relación amorosa que unía a esta con su marido, el yo poético, trasunto de Machado. Lo que parece un relato más o menos amable de “Una noche de verano” se transforma en la confesión de una tragedia íntima que devasta al yo poético.
1.6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
1.7. Interpretación y valoración
Este romance es engañoso porque parece que nos dispone a nosotros, lectores, a escuchar una historia más o menos amable y, sin embargo, se transforma en la confesión de una dolorida realidad del yo poético: su amada ha muerto, lo que a él deja devastado. La corporeización de la muerte lo hace todo más explícito y visible, pero igual de tráfico.
La muerte es presentada como un ser misterioso y ajeno al trajín humano, lo que es cierto. Realiza sus acciones con asepsia y diligencia, como fastidiada de su propio papel, o acaso con mucha prisa para seguir ejecutando la lista de sus encargos. El yo poético intenta dialogar con ella, pero no obtiene respuesta. Pronto, sin embargo, verá las dolorosas consecuencias de su actuación: la muerte de su amada.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimiento nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Qué actitud adopta la muerte ante el yo poético? ¿Por qué actúa así? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el amor?
6) ¿Qué sentido tiene el epifonema final? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese el dolor por la muerte de un ser querido.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes del dolor por la muerte de un ser estimado. Haz que intervenga la muerte como personaje, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería”
CXIX
Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón, y el mar.
1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. Este breve poema se resume en un lamento, bajo forma de una oración, dirigido a Dios porque este, supuestamente, le ha arrebatado a la persona que el yo poético, trasunto de Machado, más quería; se refiere a Leonor, esposa del poeta recientemente fallecida. Su estado de rabia y tristeza es muy alto. Se halla solo, con sus sentimientos y un futuro incierto.
1.2. Tema
El poema aborda el tema de la desesperación, la rabia y la protesta ante Dios por la muerte de un ser muy querido.
1.3. Apartados temáticos
El poema presenta una sola sección temática, pues la brevedad y la concentración del contenido imprime una coherencia apretada y unidireccional. El lamento por la muerte de Leonor ocupa todo el contenido del poema. 
1.4. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por cuatro versos tetradecasílabos; riman en cosonante primero con tercero y segundo con cuarto (ABAB). El conjunto forma un serventesio, de bellísima factura; el ritmo es lento, quejumbroso, grave y dolorido.
1.5. Comentario estilístico
La palabra “Señor” se repite tres veces; “Dios mío”, una vez. Las dos expresiones son una invocación, o apóstrofe, dirigida a la divinidad. La cantidad refleja muy bien la angustia del yo poético, pidiendo una explicación por la muerte de lo que “yo más quería” (sabemos que se refiere a Leonor, esposa de Machado, recientemente fallecida). Culpa a la divinidad de haberle “arrancado” a esa persona. No se dice su nombre, se elude, aumentando la tensión emocional. El tono es muy angustioso. No es la primera vez que el yo poético ora, o habla, con Dios sobre ello, como demuestra la expresión “Oye otra vez”. 
Se impuso la voluntad divina “contra la mía”; aquí vemos muy bien cómo el yo poético se enfrentó a la divinidad por arrebatarle a ese ser querido. El último verso expresa la consecuencia de todo lo ocurrido. El yo poético se encuentra solo y, frente a él, el mar, metáfora de la incertidumbre, lo desconocido y peligroso.
El poema, como vemos, es muy breve, pero comprime una amplia significación, pues relata el desenlace fatal de una vida, la de Leonor, y sus consecuencias, cual es la desolación del yo poético, de Machado.     
1.6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
1.7. Interpretación y valoración
Este breve poema es muy emotivo porque expresa el desgarro sentimental del yo poético, Machado, provocado por la muerte de su esposa Leonor Izquierdo. La intensidad es elevadísima, dramática y enfática. Sin embargo, la elusión de Leonor, aporta misterio y cierta incertidumbre, resuelta para el lector avisado. 
El choque dialéctico del yo poético con Dios es crudo y fuerte. Aquel acusa a este de haberle arrebatado a su mujer. ¿Justo o injusto? Ni el poema, ni nosotros, en nuestra lectura, podemos discernir tal responsabilidad, que escapa al texto literario. Machado muestra su alma desgarrada y las consecuencias de esa muerte: soledad e incertidumbre. El conjunto del breve poema es bellísimo por su sinceridad radical y su transparencia emocional.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimiento  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿a quién le habla? ¿Cuántas veces lo apostrofa? 
3) ¿Qué ha ocurrido antes y que el poema elude? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el dolor del poeta?
6) ¿Qué significa el “mar” en este poema? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese el dolor por un hecho muy negativo.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes sobre un acontecimiento personal doloroso, real o ficticio. Haz que intervenga la reflexión sobre el futuro, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «La venta de Cidones está en la carretera; Al maestro Azorín por su libro «Castilla» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “Al maestro Azorín por su libro «Castilla”
CXVII
AL MAESTRO «AZORIN» POR SU LIBRO CASTILLA
La venta de Cidones está en la carretera                        1
que va de Soria a Burgos. Leonarda, la ventera,
que llaman la Ruipérez, es una viejecita
que aviva el fuego donde borbolla la marmita.
Ruipérez, el ventero, un viejo diminuto                         5
—bajo las cejas grises, dos ojos de hombre astuto—,
contempla silencioso la lumbre del hogar.
Se oye la marmita al fuego borbollar.
Sentado ante una mesa de pino, un caballero
escribe. Cuando moja la pluma en el tintero,                 10
dos ojos tristes lucen en un semblante enjuto.
El caballero es joven, vestido va de luto.
El viento frío azota los chopos del camino.
Se ve pasar de polvo un blanco remolino.
La tarde se va haciendo sombría. El enlutado,                15
la mano en la mejilla, medita ensimismado.
Cuando el correo llegue, que el caballero aguarda,
la tarde habrá caído sobre la tierra parda
de Soria. Todavía los grises serrijones,
con ruina de encinares y mellas de aluviones,                20
las lomas azuladas, las agrias barranqueras,
picotas y colinas, ribazos y laderas
del páramo sombrío por donde cruza el Duero,
darán al sol de ocaso su resplandor de acero.
La venta se obscurece. El rojo lar humea.                     25
La mecha de un mohoso candil arde y chispea.
El enlutado tiene clavados en el fuego
los ojos largo rato; se los enjuga luego
con un pañuelo blanco. ¿Por qué le hará llorar
el son de la marmita, el ascua del hogar?                        30
Cerró la noche. Lejos se escucha el traqueteo
y el galopar de un coche que avanza. Es el correo.

1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. Este hermoso poema casi es un cuadro de costumbres, una estampa de la Soria rural (muy al estilo de Azorín). La acción, no muy extensa, ni rápida, se ubica en la venta de Cidones, a una decena de kilómetros de Soria, en la carretera de Burgos. El matrimonio de venteros, personas mayores, atiende su local sin grandes prisas; alimentan la lumbre en la chimenea porque hace frío. Se hospeda un “caballero” sombrío, cabizbajo y triste. Escribe algo en un papel. Espera el correo con cierta ansiedad. Este se retrasa. El caballero mira la lumbre y se le deslizan unas lágrimas. El yo poético se pregunta por la causa de su dolor, pero no acierta con ninguna respuesta. A lo lejos se oye el traqueteo de la diligencia que se acerca.
1.2. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-El misterio del dolor interno que arrastra un caballero.
-La recreación de una escena costumbrista en una venta castellana, en un ambiente pobre y humilde.
1.3. Apartados temáticos
El poema presenta dos apartados temáticos. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-12): el yo poético presenta una escena cotidiana en una venta en Cidones, al lado de la carretera de Soria a Burgos. El matrimonio anciano y un caballero triste son los únicos seres vivos que allí permanecen. 
-Segundo apartado ( vv. 13-32): el verso 13 es independiente porque ofrece un retrato certero del caballero. El resto de ese apartado pinta un anochecer en la estepa soriana, fea, triste y desapacible. Se presta de nuevo atención al caballero, que llora ensimismado en la hoguera. Se cierra con la llegada del coche, o correo, que no sabemos si traerá buenas o malas noticias para el caballero.
1.4. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por treinta y dos versos tetradecasílabos agrupados en una sola estrofa. La rima es consonante, coincidiendo de dos en dos versos consecutivos; forman, pues, pareados en versos alejandrinos. El efecto expresivo que crea esta combinación estrófica es, simplemente, deslumbrante. Aporta profundidad, intimidad, misterio y emoción contenida.
1.5. Comentario estilístico
Como en otros poemas de este bellísimo libro, Campos de Castilla, Machado nos ofrece una estampa verdadera y hermosa de una humilde casa rural soriana. Se trata de la venta de Cidones, tan pobre como todo lo demás. Alternan los toques descriptivos con otros narrativos, aunque los primeros son más abundantes. La selección de objetos es muy feliz y contribuye a la profundidad significativa del poema.
La adjetivación, nada exuberante, matiza, sobre todo cromatística y visualmente, el conjunto. Por momentos, parece que casi estamos ante un cuadro de Zuloaga, pintor contemporáneo de Machado. El tiempo de invierno, frío y áspero, contribuye a la sensación de desolación y tristeza que todo lo envuelve.
Un componente esencial de este poema es el misterio. Recuerda mucho los romances (como el del “Infante Arnaldos”, por ejemplo) en los que el componente de intriga e inquietud en un ambiente desasosegante imprime un tono intrigante y desapacible. El yo poético se sitúa como un observador ligeramente distanciado que pinta todo lo que ve con exactitud significativa y cierta implicación emocional; allá al fondo, se entristece por el dolor del caballero ensimismado.        
1.6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
1.7. Interpretación y valoración
Este poema recuerda muchísimo a los romances de misterio e intriga. Machado pinta con mano maestra un cuadro rural, una escena humilde y sencilla que se desenvuelve en el interior de una venta o posada en Cidones, no lejos de la ciudad de Soria. La pobreza del lugar es evidente; el yo poético, disfrazado de narrador, nos transmite esta impresión en pinceladas repetidas.
El texto es bello y profundo porque recoge una verdad de la vida cotidiana: la pobreza y el dolor forman parte de nuestras vidas; lo canalizamos como podemos, pero no siempre es posible. La delicadeza del yo poético en las descripciones es altísima. Crea un efecto de solidaridad con las personas que pueblan la casa y, de algún modo, nos compadecemos de ello. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimiento  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es un lugar común en la España de la época? 
3) ¿Qué órgano sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Qué es el correo?
6) ¿Qué aspectos visuales destacan del paisaje? ¿Qué sentido aportan? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que describa un lugar especialmente interesante.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios que parezcan una estampa de la realidad. Haz que intervenga la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Recuerdos» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “Recuerdos”

CXVI

RECUERDOS

¡Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales              1

cargados de perfume, y el campo enverdecido,

abiertos los jazmines, maduros los trigales,

azules las montañas y el olivar florido;

Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles;             5

y al sol de abril los huertos colmados de azucenas,

y los enjambres de oro, para libar sus mieles

dispersos en los campos, huir de sus colmenas;

yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares,

barriendo el cierzo helado tu campo empedernido;     10

y en sierras agrias sueño — ¡Urbión, sobre pinares!

¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!—

Y pienso: Primavera, como un escalofrío

irá a cruzar el alto solar del romancero,

ya verdearán de chopos las márgenes del río.              15

¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?

Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas,

y la roqueda parda más de un zarzal en flor;

y a los rebaños blancos, por entre grises peñas,

hacia los altos prados conducirá el pastor.                   20

¡Oh, en el azul, vosotras viajeras golondrinas

que vais al joven Duero, rebaños de merinos,

con rumbo hacia las altas praderas numantinas,

por las cañadas hondas y al sol de los caminos;

hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo,                 25

montañas, serrijones, lomazos, parameras,

en donde reina el águila, por donde busca el cuervo

su infecto expoliario; menudas sementeras

cual sayos cenicientos, casetas y majadas

entre desnuda roca, arroyos y hontanares                  30

donde a la tarde beben las yuntas fatigadas,

dispersos huertecillos, humildes abejares!…

¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano

cercado de colinas y crestas militares,

alcores y roquedas del yermo castellano,                   35

fantasmas de robledos y sombras de encinares!

En la desesperanza y en la melancolía

de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.

Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,

por los floridos valles, mi corazón te lleva.                40

En el tren, abril 1912

1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. En este poema, el yo poético evoca las tierras sorianas, pues se está alejando (o ya lo ha hecho del todo) de ellas definitivamente, con el desgarro emocional producido por la muerte de Leonor apenas unos meses antes. El poema comienza invocando a Soria, pero desde la contemplación del paisaje andaluz en primavera (podemos entender que es el campo jienense, alrededor de Baeza). Es hermoso, acogedor y muy vivo: el Guadalquivir avanzando, las abejas libando y plantas, árboles y cultivos en plena floración. Por su cabeza pasan los paisajes sorianos y especula cómo estarán en ese momento; desde luego, la primavera es mucho más tardía y humilde que en Andalucía, donde el yo poético se halla. Y comienza una evocación de los elementos más hermosos de la primavera soriana: el olmo al lado del Duero, las cigüeñas en sus nidos, los rebaños, las sierras, las breves riberas, los pequeños campos de labor. Una larga exclamación retórica (vv. 21-32) enumera los accidentes geográficos más comunes de la tierra soriana, que el yo poético revive con emoción. Se despide de esas tierras adustas, pobres y humildes (vv. 33-36). Cierra el poema una confidencia del yo poético dirigido a la tierra: nunca la olvidará, aunque se recuerdo es doloroso; le sirve de alimento espiritual donde saciar su melancolía y su dolor. Soria es una tierra esencial, espiritual, elevada y purificante, por eso el yo poético la lleva con él camino de su tierra natal, Andalucía.
1.2. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Declaración de amor entrañable y profundo del yo poético por Soria
-Expresión de la melancolía y tristeza por alejarse de Soria, pero también por algo que ha desgarrado su corazón, que prefiere omitir.
1.3. Apartados temáticos
El poema presenta tress apartados temáticos. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-8): el yo poético recrea el campo andaluz, en primavera; la temperatura es suave; la flora está en su esplendor y todo el campo dimana belleza y alegría.
-Segundo apartado ( vv. 9-32): evocación de la primavera soriana; es fría, débil y corta. Con todo, florecen los campos, llegan las cigüeñas y las riberas y montañas son agradables de contemplar, en su humildad y escasez. 
-Tercer apartado (vv. 33-40): despedida de Soria y reafirmación de la solidez de su memoria hacia la ciudad, pues la lleva en su alma y es como su alimento espiritual.
1.4. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por cuarenta versos tetradecasílabos agrupados en una sola estrofa. Sin embargo, si bien observamos, se pueden distinguir diez serventesios (ABAB) de impecable factura. La rima, lógicamente, es consonante según el esquema antes citado. Este tipo de estrofa crea un efecto musical de armonía, gravedad y tristeza. 
1.5. Comentario estilístico
El poema presenta una riqueza léxica, referida al mundo natural y rural, realmente sorprendente, como comprobaremos a continuación. El yo poético introduce en el primer verso los dos polos de significación: él mismo y Soria. Los once primeros versos forman una exclamación retórica, creando un efecto de intensificación emocional bien evidente. Sin embargo, desde el mismo verso 1 hasta el verso 8 se describe el campo meridional, o andaluz, sistemática y exhaustivamente. Presenta los siguientes elementos vegetales: naranjales, jazmines, trigales, olivar, azucenas y enjambres. Los enmarca en el campo, montañas, mar, vergeles, huertos, campos y colmenas. Emplea un antropónimo: “Guadalquivir”, lo que nos permite encuadrar con precisión ese lugar en su contexto geográfico, que no es otro que Andalucía. La adjetivación es rica, pero no solo a través de adjetivos calificativos, sino de nominalizaciones. Los efectos paralelísticos son muy intensos, con trimembraciones como “frescos naranjales / (…), campo enverdecido, / abiertos los jazmines, maduros los trigales” (vv. 1-3). 
Se crea una fuerte antítesis de ese primer bloque (vv. 1-8) con el siguiente (vv. 9-32), que es una presentación de la primavera en el entorno de la ciudad de Soria. Cuantitativamente, es mucho más extenso este segundo bloque, señal inequívoca de su importancia para el yo poético. La interiorización del paisaje es muy profunda; se logra, entre otros procedimientos, a través de dos expresiones verbales en primera persona: “yo sé” (v. 8) y “Y pienso” (v. 13). Todo el segundo bloque es una exclamación, pero dentro se hallan otras dos, referidas al pico Urbión y al Moncayo (vv. 11-12).
Los elementos naturales traídos a la mente son (entre paréntesis, añadimos el lugar donde se ubican): cierzo (campos), sierras, solar, chopos (márgenes del río), olmo (Duero), cigüeñas (campanarios), zarzal (roqueda), rebaños (peñas y prados), golondrinas (el azul, metonimia del cielo), merinos (praderas, cañadas y caminos), ciervo (hayedos y pinares), águila y cuervo (montañas, serrijones, lomazos y parameras), sementeras, casetas y majadas (rocas, arroyos y hontanares) y yuntas (huertecillos y abejares). Como se puede apreciar, la precisión descriptiva es milimétrica, matizada, rica y tremendamente evocadora. Toda la vida rural del campo soriano está ahí, viva, ante nuestros ojos.
Como siempre en Machado, la matización adjetival es connotativa y muy expresiva. Se logra a través de adjetivos calificativos (por ejemplo, “roqueda parda”, v. 18), o de nominalizaciones (por ejemplo, “sol de los caminos”, v. 24), o de oraciones adjetivales (por ejemplo, “viajeras golondrinas / que vais al joven Duero”, vv. 21-22). En el ejemplo anterior se puede apreciar una combinación de dos procedimientos adjetivales, amplificando su fuerza expresiva y evocadora.
Existe una metáfora muy especial; es aquella que identifica a Soria con el “alto solar del romancero” (v. 14). No es una imagen más, en absoluto. Para Machado, el romance es la expresión más alta y genuina de la poesía. Asociar a Soria con el lugar del nacimiento del romancero es una loa muy intensa, una exaltación de la pureza poética de los lugares sorianos.
Conviene notar que no existe una idealización de Soria en absoluto. Muchos adjetivos matizan con precisión que todo es humilde, pobre, sencillo. Y, referido a los campos, pobres, áridos e inhóspitos. 
La última sección temática del poema se resuelve en una despedida emotiva y dolorosa para el yo poético. La oración exclamativa que se extiende del verso 33 al 36 recoge la intensidad emocional del yo poético. Se repite la palabra “adiós” (v. 33), referidas al “yermo castellano” (v. 35). Estamos ante una realidad difusa y fantasmagórica, como expresan “fantasmas de robledos y sombras de encinares” (v. 36). El serventesio final posee una intensidad expresiva tremenda, gracias a dos metáforas muy expresivas. En la melancolía y el recuerdo de “la tierra de Soria” bebe y sacia su sed el corazón del yo poético. Califica a Soria de “tierra de alma” y, al fin, admite que “mi corazón te lleva” camino de su tierra natal. No puede, ni quiere, olvidarla. Es parte ínsita de su ser, pues lo alimenta espiritualmente.
Estamos ante un poema muy hermoso, profundo, intenso y emotivo. Su construcción es un auténtico prodigio expresivo, pues el fondo y la forma se aúnan para crear una significación superior, espiritual, de gran hondura y autenticidad. Este poema constituye, en una palabra, un diamante puro.        
1.6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
1.7. Interpretación y valoración
Estamos ante uno de los poemas más hermosos e intensos de nuestro excelso Antonio Machado. Naturaleza, recuerdo, emoción y dolor se unen para crear un prodigio lingüístico de una belleza, simplemente, deslumbrante. 
La forma estrófica es feliz y armónica. El sentido es de una hondura apabullante. Un Machado dolorido y fatigado, por la muerte de Leonor, ha de recurrir a la naturaleza más pelada e inhóspita para comprender, asimilar y, de algún modo, convivir con su desgarro emocional. La despedida la hace desde el tren, como reza la nota final. Está cerrando un capítulo de su corazón y de su vida.
La capacidad de observación y transformación intimista de la realidad es, sencillamente, asombrosa. Toda la vida rural del campo soriano está ahí, depurado y sometido a un filtro de la verdad y la belleza, aunque, como sabemos, no muy agradable ni exuberante. El poema impacta profundamente al lector, que comparte y se conduele de los amargos momentos del yo poético, de Machado; admirando esa inhóspita naturaleza, ya estamos en comunión con nuestro poeta, que nos ha regalado un hermoso y deslumbrante poema.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimiento  nuclea el sentido del poema? Fíjate en el título para encaminar tu respuesta.
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Qué órgano sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia del mundo natural y rural?
6) ¿Qué tres accidentes geográficos concretos se mencionan? ¿Qué sentido aportan? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese una despedida de un lugar especial y querido.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios en el momento de una despedida para siempre. Haz que intervenga la memoria y el sentimiento, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «La tierra de Alvargonzález» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “La tierra de Alvargonzález”
LA TIERRA DE ALVARGONZÁLEZ
(CUENTO-LEYENDA)
Una mañana de los primeros días de octubre decidí visitar la fuente del Duero y tomé en Soria el coche de Burgos que había de llevarme hasta Cidones. Me acomodé en la delantera del mayoral y entre dos viajeros: un indiano que tornaba de Méjico a su aldea natal, escondida en tierra de pinares, y un viajero campesino que venía de Barcelona donde embarcara a dos de sus hijos para el Plata. No cruzaréis la alta estepa de Castilla sin encontrar gentes que os hablen de Ultramar. 
Tomamos la ancha carretera de Burgos, dejando a nuestra izquierda el camino de Osma, bordeado de chopos que el otoño comenzaba a dorar. Soria quedaba a nuestra espalda entre grises colinas y cerros pelados. Soria mística y guerrera, guardaba antaño la puerta de Castilla, como una barbacana hacia los reinos moros que cruzó el Cid en su destierro. El Duero, en torno a Soria, forma una curva de ballesta. Nosotros llevábamos la dirección del venablo. 
El indiano me hablaba de Veracruz, mas yo escuchaba al campesino que discutía con el mayoral sobre un crimen reciente. En los pinares de Duruelo, una joven vaquera había aparecido cosida a puñaladas y violada después de muerta. El campesino acusaba a un rico ganadero de Valdeavellano, preso por indicios en la cárcel de Soria, como autor indudable de tan bárbara fechoría, y desconfiaba de la justicia porque la víctima era pobre. En las pequeñas ciudades, las gentes se apasionan del juego y de la política, como en las grandes, del arte y de la pornografía -ocios de mercaderes-, pero en los campos sólo interesan las labores que reclaman la tierra y los crímenes de los hombres.
—¿Va usted muy lejos? —pregunté al campesino.
—A Covaleda, señor —me respondió—. ¿Y usted?
—El mismo camino llevo, porque pienso subir a Urbión y tomaré el valle del Duero. A la vuelta bajaré a Vinuesa por el puerto de Santa Inés.
—Mal tiempo para subir a Urbión. Dios le libre de una tormenta en aquella sierra. Llegados a Cidones, nos apeamos el campesino y yo, despidiéndonos del indiano, que continuaba su viaje en la diligencia hasta San Leonardo, y emprendimos en sendas caballerías el camino de Vinuesa.
Siempre que trato con hombres del campo, pienso en lo mucho que ellos saben y nosotros ignoramos, y en lo poco que a ellos importa conocer cuanto nosotros sabemos.
El campesino cabalgaba delante de mí, silencioso. El hombre de aquellas tierras, serio y taciturno, habla cuando se le interroga, y es sobrio en la respuesta. Cuando la pregunta es tal que pudiera excusarse, apenas se digna contestar. Sólo se extiende en advertencias inútiles sobre las cosas que conoce bien, o cuando narra historias de la tierra.
Volví los ojos al pueblecillo que dejábamos a nuestra espalda. La iglesia, con su alto campanario coronado por un hermoso nido de cigüeñas, descuella sobre una cuantas casuchas de tierra. Hacia el camino real destacase la casa de un indiano, contrastando con el sórdido caserío. Es un hotelito moderno y mundano, rodeado de jardín y verja. Frente al pueblo se extiende una calva serrezuela de rocas grises, surcadas de grietas rojizas.
Después de cabalgar dos horas, llegamos a la Muedra, una aldea a medio camino entre Cidones y Vinuesa, y a pocos pasos cruzamos un puente de madera sobre el Duero.
—Por aquel sendero —me dijo el campesino, señalando a su diestra— se va a las tierras de Alvargonzález; campos malditos hoy; los mejores, antaño, de esta comarca. 
—¿Alvargonzález es el nombre de su dueño? —le pregunté.
—Alvargonzález —me respondió— fue un rico labrador; mas nadie lleva ese nombre por estos contornos. La aldea donde vivió se llama como él se llamaba: Alvargonzález, y tierras de Alvargonzález a los páramos que la rodean. Tomando esa vereda llegaríamos allá antes que a Vinuesa por este camino. Los lobos, en invierno, cuando el hambre les echa de los bosques, cruzan esa aldea y se les oye aullar al pasar por las majadas que fueron de Alvargonzález, hoy vacías y arruinadas.
Siendo niño, oí contar a un pastor la historia de Alvargonzález, y sé que anda escrita en papeles y que los ciegos la cantan por tierras de Berlanga.
Roguéle que me narrase aquella historia, y el campesino comenzó así su relato: 
Siendo Alvargonzález mozo, heredó de sus padres rica hacienda. Tenía casa con huerta y colmenar, dos prados de fina hierba, campos de trigo y de centeno, un trozo de encinar no lejos de la aldea, algunas yuntas para el arado, cien ovejas, un mastín y muchos lebreles de caza.
Prendóse de una linda moza en tierras del Burgo, no lejos de Berlanga, y al año de conocerla la tomó por mujer. Era Polonia, de tres hermanas, la mayor y la más hermosa, hija de labradores que llaman los Peribáñez, ricos en otros tiempos, entonces dueños de menguada fortuna.
Famosas fueron las bodas que se hicieron en el pueblo de la novia y las tornabodas que celebró en su aldea Alvargonzález. Hubo vihuelas, rabeles, flautas y tamboriles, danza aragonesa y fuego al uso valenciano. De la comarca que riega el Duero, desde Urbión donde nace, hasta que se aleja por tierras de Burgos, se habla de las bodas de Alvargonzález, y se recuerdan las fiestas de aquellos días, porque el pueblo no olvida nunca lo que brilla y truena.
Vivió feliz Alvargonzález con el amor de su esposa y el medro de sus tierras y ganados. Tres hijos tuvo, y, ya crecidos, puso el mayor a cuidar huerta y abejar, otro al ganado, y mandó al menor a estudiar en Osma, porque lo destinaba a la Iglesia.
Mucha sangre de Caín tiene la gente labradora. La envidia armó pelea en el hogar de Alvargonzález. Casáronse los mayores, y el buen padre tuvo nueras que antes de darle nietos, le trajeron cizaña. Malas hembras y tan codiciosas para sus casas, que sólo pensaban en la herencia que les cabría a la muerte de Alvargonzález, y por ansia de lo que esperaban no gozaban lo que tenían.
El menor, a quien los padres pusieron en el seminario, prefería las lindas mozas a rezos y latines, y colgó un día la sotana, dispuesto a no vestirse más por la cabeza. Declaró que estaba dispuesto a embarcarse para las Américas. Soñaba con correr tierras y pasar los mares, y ver el mundo entero.
Mucho lloró la madre. Alvargonzález vendió el encinar, y dio a su hijo cuanto había de heredar.
—Toma lo tuyo, hijo mío, y que Dios te acompañe. Sigue tu idea y sabe que mientras tu padre viva, pan y techo tienes en esta casa; pero a mi muerte, todo será de tus hermanos.
Ya tenía Alvargonzález la frente arrugada, y por la barba le plateaba el bozo de la cara azul de la cara. Eran sus hombros todavía robustos y erguida la cabeza, que sólo blanqueaba en las sienes.
Una mañana de otoño salió solo de su casa; no iba como otras veces, entre sus finos galgos, terciada a la espalda la escopeta. No llevaba arreo de cazador ni pensaba en cazar. Largo camino anduvo bajo los álamos amarillos de la ribera, cruzó el encinar y, junto a una fuente que un olmo gigantesco sombreaba, detúvose fatigado. Enjugó el sudor de su frente, bebió algunos sorbos de agua y acostóse en la tierra.
Y a solas hablaba con Dios Alvargonzález diciendo: «Dios, mi señor, que colmaste las tierras que labran mis manos, a quien debo pan en mi mesa, mujer en mi lecho y por quien crecieron robustos los hijos que engendré, por quien mis majadas rebosan de blancas merinas y se cargan de fruto los árboles de mi huerto y tienen miel las colmenas de mi abejar; sabe, Dios mío, que sé cuanto me has dado, antes que me lo quites.»
Se fue quedando dormido mientras así rezaba; porque la sombra de las ramas y el agua que brotaba la piedra, parecían decirle: Duerme y descansa. 
Y durmió Alvargonzález, pero su ánimo no había de reposar porque los sueños aborrascan el dormir del hombre.
Y Alvargonzález soñó que una voz le hablaba, y veía como Jacob una escala de luz que iba del cielo a la tierra. Sería tal vez la franja del sol que filtraban las ramas del olmo.
Difícil es interpretar los sueños que desatan el haz de nuestros propósitos para mezclarlos con recuerdos y temores. Muchos creen adivinar lo que ha de venir estudiando los sueños. Casi siempre yerran, pero alguna vez aciertan. En los sueños malos, que apesadumbran el corazón del durmiente, no es difícil acertar. Son estos sueños memorias de lo pasado, que teje y confunde la mano torpe y temblorosa de un personaje invisible: el miedo.
Soñaba Alvargonzález en su niñez. La alegre fogata del hogar, bajo la ancha y negra campana de la cocina y en torno al fuego, sus padres y sus hermanos. Las nudosas manos del viejo acariciaban la rubia candela. La madre pasaba las cuentas de un negro rosario. En la pared ahumada, colgaba el hacha reluciente, con que el viejo hacía leña de las ramas de roble.
Seguía soñando Alvargonzález, y era en sus mejores días de mozo. Una tarde de verano y un prado verde tras de los muros de una huerta. A la sombra, y sobre la hierba, cuando el sol caía, tiñendo de luz anaranjada las copas de los castaños, Alvargonzález levantaba el odre de cuero y el vino rojo caía en su boca, refrescándole la seca garganta. En torno suyo estaba la familia de Peribáñez: los padres y las tres lindas hermanas. De las ramas de la huerta y de la hierba del prado se elevaba una armonía de oro y cristal, como si las estrellas cantasen en la tierra antes de aparecer dispersas en el cielo silencioso. Caía la tarde y sobre el pinar oscuro aparecía, dorada y jadeante, la luna llena, hermosa luna del amor, sobre el campo tranquilo.
Como si las hadas que hilan y tejen los sueños hubiesen puesto en sus ruecas un mechón de negra lana, ensombrecióse el soñar de Alvargonzález, y una puerta dorada abrióse lastimando el corazón del durmiente.
Y apareció un hueco sombrío y al fondo, por tenue claridad iluminada, el hogar desierto y sin leña. En la pared colgaba de una escarpia el hacha bruñida y reluciente. 
El sueño abrióse al claro día. Tres niños juegan a la puerta de la casa. La mujer vigila, cose, y a ratos sonríe. Entre los mayores brinca un cuervo negro y lustroso de ojo acerado. 
—Hijos, ¿qué hacéis? —les pregunta.
Los niños se miran y callan.
—Subid al monte, hijos míos, y antes que caiga la noche, traedme un brazado de leña.
Los tres niños se alejan. El menor, que ha quedado atrás, vuelve la cara y su madre lo llama. El niño vuelve hacia la casa y los hermanos siguen su camino hacia el encinar.
Y es otra vez el hogar, el hogar apagado y desierto, y en el muro colgaba el hacha reluciente. Los mayores de Alvargonzález vuelven del monte con la tarde, cargados de estepas. La madre enciende el candil y el mayor arroja astillas y jaras sobre el tronco de roble, y quiere hacer el fuego en el hogar, cruje la leña y los tueros, apenas encendidos, se apagan. No brota la llama en el lar de Alvargonzález. A la luz del candil brilla el hacha en el muro, y esta vez parece que gotea sangre.
—Padre, la hoguera no prende; está la leña mojada. 
Acude el segundo y también se afana por hacer lumbre. Pero el fuego no quiere brotar. 
El más pequeño echa sobre el hogar un puñado de estepas, y una roja llama alumbra la cocina. La madre sonríe, y Alvargonzález coge en brazos al niño y lo sienta en sus rodillas, a la diestra del fuego.
—Aunque último has nacido, tú eres el primero en mi corazón y el mejor de mi casta; porque tus manos hacen el fuego.
Los hermanos, pálidos como la muerte, se alejan por los rincones del sueño. En la diestra del mayor brilla el hacha de hierro.
Junto a la fuente dormía Alvargonzález, cuando el primer lucero brillaba en el azul, y una enorme luna teñida de púrpura se asomaba al campo ensombrecido. El agua que brotaba de la piedra parecía relatar una historia vieja y triste: la historia del crimen en el campo.
Los hijos de Alvargonzález caminaban silenciosos, y vieron al padre dormido junto a la fuente. Las sombras que alargaban la tarde llegaron al durmiente antes que los asesinos. La frente de Alvargonzález tenía un tachón sombrío entre las cejas, como la huella de una segur sobre el tronco de un roble. Soñaba Alvargonzález que sus hijos venían a matarle, y al abrir los ojos vio que era cierto lo que soñaba.
Mala muerte dieron al labrador, los malos hijos, a la vera de la fuente. Un hachazo en el cuello y cuatro puñaladas en el pecho pusieron fin al sueño de Alvagonzález. El hacha que tenían de sus abuelos y que tanta leña cortó para el hogar, tajó el robusto cuello que los años no habían doblado todavía, y el cuchillo con que el buen padre cortaba el pan moreno que repartía a los suyos en torno a la mesa, hendido había el más noble corazón de aquella tierra. Porque Alvargonzález era bueno para su casa, pero era también mucha su caridad en la casa del pobre. Como padre habían de llorarle cuantos alguna vez llamaron a su puerta, o alguna vez le vieron en los umbrales de las suyas.
Los hijos de Alvargonzález no saben lo que han hecho. Al padre muerto arrastran hacia un barranco, por donde corre un río que busca al Duero. Es un valle sombrío lleno de helechos, hayedos y pinares.
Y lo llevan a la Laguna Negra, que no tiene fondo, y allí lo arrojan con una piedra atada a los pies. La laguna está rodeada de una muralla gigantesca de rocas grises y verdosas, donde anidan las águilas y los buitres. Las gentes de la sierra en aquellos tiempos no osaban acercarse a la laguna ni aun en los días claros. Los viajeros que, como usted, visitan hoy estos lugares, han hecho que se les pierda el miedo.
Los hijos de Alvargonzález tornaban por el valle, entre los pinos gigantescos y las hayas decrépitas. No oían el agua que sonaba en el fondo del barranco. Dos lobos asomaron, al verles pasar. Los lobos huyeron espantados. Fueron a cruzar el río, y el río tomó por otro cauce, y en seco lo pasaron. Caminaban por el bosque para tornar a su aldea con la noche cerrada, y los pinos, las rocas y los helechos por todas partes les dejaban vereda como si huyeran de los asesinos. Pasaron otra vez junto a la fuente, y la fuente, que contaba su vieja historia, calló mientras pasaban, y aguardó a que se alejasen para seguir contándola.
Así heredaron los malos hijos la hacienda del buen labrador que una mañana de otoño salió de su casa, y no volvió ni podía volver. Al otro día se encontró su manta cerca de la fuente y un reguero de sangre camino del barranco. Nadie osó acusar del crimen a los hijos de Alvargonzález, porque el hombre del campo teme al poderoso, y nadie se atrevió a sondar la laguna, porque hubiera sido inútil. La laguna jamás devuelve lo que se traga. Un buhonero que erraba por aquellas tierras fue preso y ahorcado en Soria, a los dos meses, porque los hijos de Alvargonzález le entregaron a la justicia, y con testigos pagados lograron perderle.
La maldad de los hombres es como la Laguna Negra, que no tiene fondo.
La madre murió a los pocos meses. Los que la vieron muerta una mañana, dicen que tenía cubierto el rostro entre las manos frías y agarrotadas.
************
El sol de primavera iluminaba el campo verde, y las cigüeñas sacaban a volar a sus hijuelos en el azul de los primeros días de mayo. Crotoraban las codornices entre los trigos jóvenes; verdeaban los álamos del camino y de las riberas, y los ciruelos del huerto se llenaban de blancas flores. Sonreían las tierras de Alvargonzález a sus nuevos amos, y prometían cuanto habían rendido al viejo labrador.
Fue un año de abundancia en aquellos campos. Los hijos de Alvargonzález comenzaron a descargarse del peso de su crimen, porque a los malvados muerde la culpa cuando temen el castigo de Dios o de los hombres; pero si la fortuna ayuda y huye el temor, comen su pan alegremente, como si estuviera bendito.
Mas la codicia tiene garras para coger, pero no tiene manos para labrar. Cuando llegó el verano siguiente, la tierra, empobrecida, parecía fruncir el ceño a sus señores. Entre los trigos había más amapolas y hierbajos, que rubias espigas. Heladas tardías habían matado en flor los frutos de la huerta. Las ovejas morían por docenas porque una vieja, a quien se tenía por bruja, les hizo mala hechicería. Y si un año era malo, otro peor le seguía. Aquellos campos estaban malditos, y los Alvargonzález venían tan a menos, como iban a más querellas y enconos entre las mujeres. Cada uno de los hermanos tuvo dos hijos que no pudieron lograrse, porque el odio había envenenado la leche de las madres.
Una noche de invierno, ambos hermanos y sus mujeres rodeaban el hogar donde ardía un fuego mezquino que se iba extinguiendo poco a poco. No tenían leña, ni podían buscarla a aquellas horas. Un viento helado penetraba por las rendijas del postigo, y se le oía bramar en la chimenea. Fuera, caía la nieve en torbellinos. Todos miraban silenciosos las ascuas mortecinas, cuando llamaron a la puerta.
-¿Quién será a estas horas? -dijo el mayor-. Abre tú. Todos permanecieron inmóviles sin atreverse a abrir. 
Sonó otro golpe en la puerta y una voz que decía: 
—Abrid, hermanos.
—¡Es Miguel! Abrámosle.
Cuando abrieron la puerta, cubierto de nieve y embozado en un largo capote, entró Miguel, el menor de Alvargonzález, que volvía de las Indias.
Abrazó a sus hermanos, y se sentó con ellos cerca del hogar. Todos quedaron silenciosos. Miguel tenía los ojos llenos de lágrimas, y nadie le miraba frente a frente. Miguel, que abandonó su casa siendo niño, tornaba hombre y rico. Sabía las desgracias de su hogar, mas no sospechaba de sus hermanos. Era su porte, caballero. La tez morena, algo quemada, y el rostro enjuto, porque las tierras de Ultramar dejan siempre huella, pero en la mirada de sus grandes ojos brillaba la juventud. Sobre la frente, ancha y tersa, su cabello castaño caía en finos bucles. Era el más bello de los tres hermanos, porque al mayor le afeaba el rostro lo espeso de las cejas velludas, y al segundo, los ojos pequeños, inquietos y cobardes, de hombre astuto y cruel.
Mientras Miguel permanecía mudo y abstraído, sus hermanos le miraban al pecho, donde brillaba una gruesa cadena de oro.
El mayor rompió el silencio, y dijo: 
—¿Vivirás con nosotros?
—Si queréis —contestó Miguel—. Mi equipaje llegará mañana.
—Unos suben y otros bajan —añadió el segundo—. Tú traes oro y nosotros, ya ves, ni leña tenemos para calentarnos.
El viento batía la puerta y el postigo, y aullaba en la chimenea. El frío era tan grande, que estremecía los huesos.
Miguel iba a hablar cuando llamaron otra vez a la puerta. Miró a sus hermanos como preguntándoles quién podría ser a aquellas horas. Sus hermanos temblaron de espanto. Llamaron otra vez, y Miguel abrió.
Apareció el hueco sombrío de la noche, y una racha de viento le salpicó de nieve el rostro. No vio a nadie en la puerta, mas divisó una figura que se alejaba bajo los copos blancos. Cuando volvió a cerrar, notó que en el umbral había un montón de leña. Aquella noche ardió una hermosa llama en el hogar de Alvargonzález.
Fortuna traía Miguel de las Américas, aunque no tanta como soñara la codicia de sus hermanos. Decidió afincar en aquella aldea donde había nacido, mas como sabía que toda la hacienda era de sus hermanos, les compró una parte, dándoles por ella mucho más oro del que nunca había valido. Cerróse el trato, y Miguel comenzó a labrar en las tierras malditas.
El oro devolvió la alegría al corazón de los malvados. Gastaron sin tino en el regalo y el vicio y tanto mermaron su ganancia, que al año volvieron a cultivar la tierra abandonada. Miguel trabajaba de sol a sol. Removió la tierra con el arado, limpióla de malas hierbas, sembró trigo y centeno, y mientras los campos de sus hermanos parecían desmedrados y secos, los suyos se colmaron de rubias y macizas espigas. Sus hermanos le miraban con odio y con envidia. Miguel les ofreció el oro que le quedaba a cambio de las tierras malditas.
Las tierras de Alvargonzález eran ya de Miguel, y a ellas tornaba la abundancia de los tiempos del viejo labrador. Los mayores gastaban su dinero en locas francachelas. El juego y el vino llevábanles otra vez a la ruina. Una noche volvían borrachos a su aldea, porque habían pasado el día bebiendo y festejando en una feria cercana. Llevaba el mayor el ceño fruncido y un pensamiento feroz bajo la frente.
—¿Cómo te explicas tú la suerte de Miguel? —dijo a su hermano.
«La tierra le colma de riquezas, y a nosotros nos niega un pedazo de pan.» 
—Brujería y artes de Satanás —contestó el segundo.
Pasaba cerca de la huerta, y se les ocurrió asomarse a la tapia. La huerta estaba cuajada de frutos. Bajo
los árboles, y entre los rosales, divisaron un hombre encorvado hacia la tierra.
—Mírale —dijo el mayor—. Hasta de noche trabaja.
—¡Eh!, Miguel —le gritaron.
Pero el hombre aquel no volvía la cara. Seguía trabajando en la tierra, cortando ramas o arrancando hierbas. Los dos atónitos borrachos achacaron al vino que les aborrascaba la cabeza el cerco de luz que parecía rodear la figura del hortelano. Después, el hombre se levantó y avanzó hacia ellos sin mirarles, como si buscase otro rincón del huerto para seguir trabajando. Aquel hombre tenía el rostro del viejo labrador. ¡De la laguna sin fondo había salido Alvargonzález para labrar el huerto de Miguel!
Al día siguiente, ambos hermanos recordaban haber bebido mucho vino y visto cosas raras en su borrachera. Y siguieron gastando su dinero hasta perder la última moneda. Miguel labraba sus tierras, y Dios le colmaba de riqueza.
Los mayores volvieron a sentir en sus venas la sangre de Caín, y el recuerdo del crimen les azuzaba al crimen.
Decidieron matar a su hermano, y así lo hicieron.
Ahogáronle en la presa del molino, y una mañana apareció flotando sobre el agua. Los malvados lloraron aquella muerte con lágrimas fingidas, para alejar sospechas en la aldea donde nadie les quería. No faltaba quien les acusase del crimen en voz baja, aunque ninguno osó llevar pruebas a la justicia.
Y otra vez volvió a los malvados la tierra de Alvargonzález.
Y el primer año tuvieron abundancia, porque cosecharon la labor de Miguel, pero al segundo la tierra se empobreció.
Un día, seguía el mayor encorvado sobre la reja del arado que abría penosamente un surco en la tierra. Cuando volvió los ojos, reparó que la tierra se cerraba y el surco desaparecía.
Su hermano cavaba en la huerta, donde sólo medraban las malas hierbas, y vio que de la tierra brotaba sangre. Apoyado en la azada contemplaba la huerta, y un frío sudor corría por su frente.
Otro día, los hijos de Alvargonzález tomaron silenciosos el camino de la Laguna Negra.
Cuando caía la tarde, cruzaban por entre las hayas y los pinos.
Dos lobos que se asomaron a verles, huyeron espantados.
¡Padre!, gritaron, y cuando en los huecos de las rocas el eco repetía: ¡padre!, ¡padre!, ¡padre!, ya se los había tragado el agua de la laguna sin fondo.
Publicado en la revista Mundial Magazine, de París, número 9, enero de 1912
CXIV
LA TIERRA DE ALVARGONZÁLEZ
Al poeta Juan Ramón Jiménez
I
Siendo mozo Alvargonzález,                      1
dueño de mediana hacienda,
que en otras tierras se dice
bienestar y aquí, opulencia,
en la feria de Berlanga                              5
prendóse de una doncella,
y la tomó por mujer
al año de conocerla.
Muy ricas las bodas fueron,
y quien las vio las recuerda;                     10
sonadas las tornabodas
que hizo Alvar en su aldea;
hubo gaitas, tamboriles,
flauta, bandurria y vihuela,
fuegos a la valenciana                             15
y danza a la aragonesa.
II
Feliz vivió Alvargonzález
en el amor de su tierra.
Naciéronle tres varones,
que en el campo son riqueza,                  20
y, ya crecidos, los puso,
uno a cultivar la huerta,
otro a cuidar los merinos,
y dio el menor a la Iglesia.
III
Mucha sangre de Caín                              25
tiene la gente labriega,
y en el hogar campesino
armó la envidia pelea.
Casáronse los mayores;
tuvo Alvargonzález nueras,                      30
que le trajeron cizaña,
antes que nietos le dieran.
La codicia de los campos
ve tras la muerte la herencia;
no goza de lo que tiene                            35   
por ansia de lo que espera.
El menor, que a los latines
prefería las doncellas
hermosas y no gustaba
de vestir por la cabeza,                            40
colgó la sotana un día
y partió a lejanas tierras.
La madre lloró; y el padre
dióle bendición y herencia.
IV
Alvargonzález ya tiene                             45
la adusta frente arrugada,
por la barba le platea
la sombra azul de la cara.
Una mañana de otoño
salió solo de su casa;                                50
no llevaba sus lebreles,
agudos canes de caza;
iba triste y pensativo
por la alameda dorada;
anduvo largo camino                                  55  
y llegó a una fuente clara.
Echóse en la tierra; puso
sobre una piedra la manta,
y a la vera de la fuente
durmió al arrullo del agua.                       60
EL SUEÑO
I
Y Alvargonzález veía,
como Jacob, una escala
que iba de la tierra al cielo,
y oyó una voz que le hablaba.
Mas las hadas hilanderas,                          65
entre las vedijas blancas
y vellones de oro, han puesto
un mechón de negra lana.
II
Tres niños están jugando
a la puerta de su casa;                            70
entre los mayores brinca
un cuervo de negras alas.
La mujer vigila, cose
y, a ratos, sonríe y canta.
—Hijos, ¿qué hacéis? —les pregunta.         75
Ellos se miran y callan.
—Subid al monte, hijos míos,
y antes que la noche caiga,
con un brazado de estepas
hacedme una buena llama.                      80
III
Sobre el lar de Alvargonzález
está la leña apilada;
el mayor quiere encenderla,
pero no brota la llama.
— Padre, la hoguera no prende,                85
está la estepa mojada.
Su hermano viene a ayudarle
y arroja astillas y ramas
sobre los troncos de roble;
pero el rescoldo se apaga.                        90
Acude el menor, y enciende,
bajo la negra campana
de la cocina, una hoguera
que alumbra toda la casa.
IV
Alvargonzález levanta                              95
en brazos al más pequeño
y en sus rodillas lo sienta:
—Tus manos hacen el fuego;
aunque el último naciste
tú eres en mi amor primero.                     100
Los dos mayores se alejan
por los rincones del sueño.
Entre los dos fugitivos
reluce un hacha de hierro.
AQUELLA TARDE
I
Sobre los campos desnudos,                     105
la luna llena manchada
de un arrebol purpurino,
enorme globo asomaba.
Los hijos de Alvargonzález
silenciosos caminaban,                             110
y han visto al padre dormido
junto de la fuente clara.
II
Tiene el padre entre las cejas
un ceño que le aborrasca
el rostro, un tachón sombrío                    115
como la huella de un hacha.
Soñando está con sus hijos,
que sus hijos lo apuñalan;
y cuando despierta mira
que es cierto lo que soñaba.                    120
III
A la vera de la fuente
quedó Alvargonzález muerto.
Tiene cuatro puñaladas
entre el costado y el pecho,
por donde la sangre brota,                      125
más un hachazo en el cuello.
Cuenta la hazaña del campo
el agua clara corriendo,
mientras los dos asesinos
huyen hacia los hayedos.                         130
Hasta la Laguna Negra,
bajo las fuentes del Duero,
llevan el muerto, dejando
detrás un rastro sangriento;
y en la laguna sin fondo,                         135
que guarda bien los secretos,
con una piedra amarrada,
a los pies, tumba le dieron.
IV
Se encontró junto a la fuente
la manta de Alvargonzález,                      140
y, camino del hayedo,
se vio un reguero de sangre.
Nadie de la aldea ha osado
a la laguna acercarse,
y el sondarla inútil fuera,                        145
que es la laguna insondable.
Un buhonero, que cruzaba
aquellas tierras errante,
fue en Dauria acusado, preso
y muerto en garrote infame.                    150
V
Pasados algunos meses,
la madre murió de pena.
Los que muerta la encontraron
dicen que las manos yertas
sobre su rostro tenía,                             155
oculto el rostro con ellas.
VI
Los hijos de Alvargonzález
ya tienen majada y huerta,
campos de trigo y centeno
y prados de fina hierba;                           160
en el olmo viejo, hendido
por el rayo, la colmena,
dos yuntas para el arado,
un mastín y mil ovejas.
OTROS DÍAS
I
Ya están las zarzas floridas                     165
y los ciruelos blanquean;
ya las abejas doradas
liban para sus colmenas,
y en los nidos, que coronan
las torres de las iglesias,                          170
asoman los garabatos
ganchudos de las cigüeñas.
Ya los olmos del camino
y chopos de las riberas
de los arroyos, que buscan                       175
al padre Duero, verdean.
El cielo está azul, los montes
sin nieve son de violeta.
La tierra de Alvargonzález
se colmará de riqueza;                           180
muerto está quien la ha labrado,
mas no le cubre la tierra.
II
La hermosa tierra de España
adusta, fina y guerrera
Castilla, de largos ríos,                            185
tiene un puñado de sierras
entre Soria y Burgos como
reductos de fortaleza,
como yelmos crestonados,
y Urbión es una cimera.                          190
III
Los hijos de Alvargonzález,
por una empinada senda,
para tomar el camino
de Salduero a Corvaleda,
cabalgan en pardas mulas,                      195
bajo el pinar de Vinuesa.
Van en busca de ganado
con que volver a su aldea,
y por tierra de pinares
larga jornada comienzan.                        200
Van Duero arriba, dejando
atrás los arcos de piedra
del puente y el caserío
de la ociosa y opulenta
villa de indianos. El río,                          205
al fondo del valle, suena,
y de las cabalgaduras
los cascos baten las piedras.
A la otra orilla del Duero
canta una voz lastimera:                         210
«La tierra de Alvargonzález
se colmará de riqueza,
y el que la tierra ha labrado
no duerme bajo la tierra.»
IV
Llegados son a un paraje                         215
en donde el pinar se espesa,
y el mayor, que abre la marcha,
su parda mula espolea,
diciendo: —Démonos prisa;
porque son más de dos leguas                  220
de pinar y hay que apurarlas
antes que la noche venga.
Dos hijos del campo, hechos
a quebradas y asperezas,
porque recuerdan un día                         225
la tarde en el monte tiemblan.
Allá en lo espeso del bosque
otra vez la copla suena:
«La tierra de Alvargonzález
se colmará de riqueza,                            230
y el que la tierra ha labrado
no duerme bajo la tierra.»
V
Desde Salduero el camino
va al hilo de la ribera;
a ambas márgenes del río                        235
el pinar crece y se eleva,
y las rocas se aborrascan,
al par que el valle se estrecha.
Los fuertes pinos del bosque
con sus copas gigantescas,                      240
y sus desnudas raíces
amarradas a las piedras;
los de troncos plateados
cuyas frondas azulean,
pinos jóvenes; los viejos,                        245
cubiertos de blanca lepra,
musgos y líquenes canos
que el grueso tronco rodean,
colman el valle y se pierden
rebasando ambas laderas.                       250
Juan, el mayor, dice: —Hermano,
si Blas Antonio apacienta
cerca de Urbión su vacada,
largo camino nos queda.
—Cuando hacia Urbión alarguemos           255
se puede acortar de vuelta,
tomando por el atajo,
hacia la Laguna Negra
y bajando por el puerto
de Santa Inés a Vinuesa.                          260
— Mala tierra y peor camino.
Te juro que no quisiera
verlos otra vez. Cerremos
los tratos en Covaleda;
hagamos noche y, al alba,                         265
volvámonos a la aldea
por este valle, que, a veces,
quien piensa atajar rodea.
Cerca del río cabalgan
los hermanos, y contemplan                     270
cómo el bosque centenario,
al par que avanzan, aumenta,
y la roqueda del monte
el horizonte les cierra.
El agua, que va saltando,                        275
parece que canta o cuenta:
«La tierra de Alvargonzález
se colmará de riqueza,
y el que la tierra ha labrado
no duerme bajo la tierra.»                      280
CASTIGO
I
Aunque la codicia tiene
redil que encierre la oveja,
trojes que guarden el trigo,
bolsas para la moneda,
y garras, no tiene manos                          285
que sepan labrar la tierra.
Así, a un año de abundancia
siguió un año de pobreza.
II
En los sembrados crecieron
las amapolas sangrientas;                       290
pudrió el tizón las espigas
de trigales y de avenas;
hielos tardíos mataron
en flor la fruta en la huerta,
y una mala hechicería                             295
hizo enfermar las ovejas.
A los dos Alvargonzález
maldijo Dios en sus tierras,
y al año pobre siguieron
largos años de miseria.                           300
III
Es una noche de invierno.
Cae la nieve en remolinos.
Los Alvargonzález velan
un fuego casi extinguido.
El pensamiento amarrado                        305
tienen a un recuerdo mismo,
y en las ascuas mortecinas
del hogar los ojos fijos.
No tienen leña ni sueño.
Larga es la noche y el frío                       310
arrecia. Un candil humea
en el muro ennegrecido.
El aire agita la llama,
que pone un fulgor rojizo
sobre las dos pensativas                          315
testas de los asesinos.
El mayor de Alvargonzález,
lanzando un ronco suspiro,
rompe el silencio, exclamando:
— Hermano, ¡qué mal hicimos!                 320
El viento la puerta bate,
hace temblar el postigo,
y suena en la chimenea
con hueco y largo bramido.
Después, el silencio vuelve,                     325
y a intervalos el pabilo
del candil chisporrotea
en el aire aterecido.
El segundón dijo: —¡Hermano,  
demos lo viejo al olvido!                         330
EL VIAJERO
I
Es una noche de invierno.
Azota el viento las ramas
de los álamos. La nieve
ha puesto la tierra blanca.
Bajo la nevada, un hombre                      335
por el camino cabalga;
va cubierto hasta los ojos,
embozado en negra capa.
Entrado en la aldea, busca
de Alvargonzález la casa,                        340
y ante su puerta llegado,
sin echar pie a tierra, llama.
II
Los dos hermanos oyeron
una aldabada a la puerta,
y de una cabalgadura                              345
los cascos sobre las piedras.
Ambos los ojos alzaron
llenos de espanto y sorpresa.
— ¿Quién es? Responda —gritaron.
—Miguel —respondieron fuera.                 350
Era la voz del viajero
que partió a lejanas tierras.
III
Abierto el portón, entróse
a caballo el caballero
y echó pie a tierra. Venía                        355
todo de nieve cubierto.
En brazos de sus hermanos
lloró algún rato en silencio.
Después dio el caballo al uno,
al otro, capa y sombrero,                        360
y en la estancia campesina
buscó el arrimo del fuego.
IV
El menor de los hermanos,
que niño y aventurero
fue más allá de los mares                        365
y hoy torna indiano opulento,
vestía con negro traje
de peludo terciopelo,
ajustado a la cintura
por ancho cinto de cuero.                       370
Gruesa cadena formaba
un bucle de oro en su pecho.
Era un hombre alto y robusto,
con ojos grandes y negros
llenos de melancolía;                           375
la tez de color moreno,
y sobre la frente comba
enmarañados cabellos;
el hijo que saca porte    
señor de padre labriego,                       380
a quien fortuna le debe
amor, poder y dinero.
De los tres Alvargonzález
era Miguel el más bello;
porque al mayor afeaba                         385
el muy poblado entrecejo
bajo la frente mezquina,
y al segundo, los inquietos
ojos que mirar no saben
de frente, torvos y fieros.                     390
V
Los tres hermanos contemplan
el triste hogar en silencio;
y con la noche cerrada
arrecia el frío y el viento.
—Hermanos, ¿no tenéis leña?                  395
—dice Miguel.
—No tenemos
—responde el mayor.
 Un hombre,
milagrosamente, ha abierto
la gruesa puerta cerrada      
con doble barra de hierro.                      400
El hombre que ha entrado tiene
el rostro del padre muerto.
Un halo de luz dorada
orla sus blancos cabellos.
Lleva un haz de leña al hombro               405
y empuña un hacha de hierro.
EL INDIANO
I
De aquellos campos malditos,
Miguel a sus dos hermanos
compró una parte, que mucho
caudal de América trajo,                         410
y aun en tierra mala, el oro
luce mejor que enterrado,
y más en mano de pobres
que oculto en orza de barro.
Dióse a trabajar la tierra                       415
con fe y tesón el indiano,
y a laborar los mayores
sus pegujales tornaron.
Ya con macizas espigas,
preñadas de rubios granos,                    420
a los campos de Miguel
tornó el fecundo verano;
y ya de aldea en aldea
se cuenta como un milagro,
que los asesinos tienen                           425
la maldición en sus campos.
Ya el pueblo canta una copla
que narra el crimen pasado:
«A la orilla de la fuente
lo asesinaron.                                        430
¡Qué mala muerte le dieron
los hijos malos!
En la laguna sin fondo
al padre muerto arrojaron.
No duerme bajo la tierra                        435
el que la tierra ha labrado.»
II
Miguel, con sus dos lebreles
y armado de su escopeta,
hacia el azul de los montes,
en una tarde serena,                               440
caminaba entre los verdes
chopos de la carretera,
y oyó una voz que cantaba:
«No tiene tumba en la tierra.
Entre los pinos del valle                          445
del Revinuesa,
al padre muerto llevaron
hasta la Laguna Negra.»
LA CASA
I
La casa de Alvargonzález
era una casona vieja,                             450
con cuatro estrechas ventanas,
separada de la aldea
cien pasos y entre dos olmos
que, gigantes centinelas,
sombra le dan en verano,                        455
y en el otoño secas.
En casa de labradores,
gente aunque rica plebeya,
donde el hogar humeante
con sus escaños de piedra                       460
se ve sin entrar, si tiene
abierta al campo la puerta.
Al arrimo del rescoldo
del hogar borbollonean
dos pucherillos de barro,                        465
que a dos familias sustentan.
A diestra mano, la cuadra
y el corral; a la siniestra,
huerto y abejar, y, al fondo,
una gastada escalera,                             470
que va a las habitaciones
partidas en dos viviendas.
Los Alvargonzález moran
con sus mujeres en ellas.        
A ambas parejas que hubieron,               475
sin que lograrse pudieran,
dos hijos, sobrado espacio
les da la casa paterna.
En una estancia que tiene
luz al huerto, hay una mesa                   480
con gruesa tabla de roble,
dos sillones de vaqueta;
colgado en el muro, un negro
ábaco de enormes cuentas,
y unas espuelas mohosas                        485
sobre un arcón de madera.
Era una estancia olvidada
donde hoy Miguel se aposenta.
Y era allí donde los padres
veían en primavera                                 490
el huerto en flor, y en el cielo
de mayo, azul, la cigüeña
—cuando las rosas se abren
y los zarzales blanquean —
que enseñaba a sus hijuelos                    495
a usar en las alas lentas.
Y en las noches del verano,
cuando la calor desvela,
desde la ventana al dulce
ruiseñor cantar oyeran.                            500
Fue allí donde Alvargonzález,
del orgullo de su huerta
y del amor a los suyos,
sacó sueños de grandeza.
Cuando en brazos de la madre                 505
vio la figura risueña
del primer hijo, bruñida
de rubio sol la cabeza,
del niño que levantaba
las codiciosas, pequeñas                          510
manos a las rojas guindas
y a las moradas ciruelas,
o aquella tarde de otoño,
dorada, plácida y buena,
él pensó que ser podría                           515
feliz el hombre en la tierra.
Hoy canta el pueblo una copla
que va de aldea en aldea:
«¡Oh casa de Alvargonzález,
qué malos días te esperan;                      520
casa de los asesinos,
que nadie llame a tu puerta!»
II
Es una tarde de otoño.
En la alameda dorada
no quedan ya ruiseñores;                        525
enmudeció la cigarra.
Las últimas golondrinas,
que no emprendieron la marcha,
morirán, y las cigüeñas
de sus nidos de retamas,                         530
en torres y campanarios,
huyeron.
 Sobre la casa
de Alvargonzález, los olmos
sus hojas que el viento arranca
van dejando. Todavía                               535
las tres redondas acacias,
en el atrio de la iglesia,
conservan verdes sus ramas,
y las castañas de Indias
a intervalos se desgajan                          540
cubiertas de sus erizos;
tiene el rosal rosas grana
otra vez, y en las praderas
brilla la alegre otoñada.
En laderas y en alcores,                           545
en ribazos y cañadas,
el verde nuevo y la hierba,
aun del estío quemada,
alternan; los serrijones
pelados, las lomas calvas,                       550
se coronan de plomizas
nubes apelotonadas;
y bajo el pinar gigante,
entre las marchitas zarzas
y amarillentos helechos,                         555
corren las crecidas aguas
a engrosar el padre río
por canchales y barrancas.
Abunda en la tierra un gris
de plomo y azul de plata,                       560
con manchas de roja herrumbre,
todo envuelto en luz violada.
¡Oh tierras de Alvargonzález,
en el corazón de España,
tierras pobres, tierras tristes,                 565
tan tristes que tienen alma!
Páramo que cruza el lobo
aullando a la luna clara
de bosque a bosque, baldíos
llenos de peñas rodadas,                         570
donde roída de buitres
brilla una osamenta blanca;
pobres campos solitarios
sin caminos ni posadas,
¡oh pobres campos malditos,                   575
pobres campos de mi patria!
LA TIERRA
I
Una mañana de otoño,
cuando la tierra se labra,
Juan y el indiano aparejan
las dos yuntas de la casa.                        580
Martín se quedó en el huerto
arrancando hierbas malas.
II
Una mañana de otoño,
cuando los campos se aran,
sobre un otero, que tiene                        585
el cielo de la mañana
por fondo, la parda yunta
de Juan lentamente avanza.
Cardos, lampazos y abrojos,
avena loca y cizaña,                                590
llenan la tierra maldita,
tenaz a pico y a escarda.
Del corvo arado de roble
la hundida reja trabaja
con vano esfuerzo; parece,                     595
que al par que hiende la entraña
del campo y hace camino
se cierra otra vez la zanja.
«Cuando el asesino labre
será su labor pesada;                              600
antes que un surco en la tierra,
tendrá una arruga en su cara.»
III
Martín, que estaba en la huerta
cavando, sobre su azada
quedó apoyado un momento;                   605
frío sudor le bañaba
el rostro.
 Por el Oriente,
la luna llena, manchada,
de un arrebol purpurino,
lucía tras de la tapia                                610
del huerto.
 Martín tenía
la sangre de horror helada.
La azada que hundió en la tierra
teñida de sangre estaba.
IV
En la tierra en que ha nacido                   615
supo afincar el indiano;
por mujer a una doncella
rica y hermosa ha tomado.
La hacienda de Alvargonzález
ya es suya, que sus hermanos                  620
todo le vendieron: casa,
huerto, colmenar y campo.
LOS ASESINOS
I
Juan y Martín, los mayores
de Alvargonzález, un día
pesada marcha emprendieron                  625
con el alba, Duero arriba.
La estrella de la mañana
en el alto azul ardía.
Se iba tiñendo de rosa
la espesa y blanca neblina                       630
de los valles y barrancos,
y algunas nubes plomizas
a Urbión, donde el Duero nace,
como un turbante ponían.
Se acercaban a la fuente.                        635
El agua clara corría,
sonando cual si contara
una vieja historia, dicha
mil veces y que tuviera
mil veces que repetirla.                          640
Agua que corre en el campo
dice en su monotonía:
Yo sé el crimen, ¿no es un crimen
cerca del agua, la vida?
Al pasar los dos hermanos                        645
relataba el agua limpia:
«A la vera de la fuente
Alvargonzález dormía.»
II
—Anoche, cuando volvía
a casa —Juan a su hermano                      650
dijo—, a la luz de la luna
era la huerta un milagro.
Lejos, entre los rosales,
divisé un hombre inclinado
hacia la tierra; brillaba                           655
una hoz de plata en su mano.
Después irguióse y, volviendo
el rostro, dio algunos pasos
por el huerto, sin mirarme,
y a poco lo vi encorvado                          660
otra vez sobre la tierra.
Tenía el cabello blanco.
La luna llena brillaba,
y era la huerta un milagro.
III
Pasado habían el puerto                          665
de Santa Inés, ya mediada
la tarde, una tarde triste
de noviembre, fría y parda.
Hacia la Laguna Negra
silenciosos caminan.                                670
IV
Cuando la tarde caía,
entre las vetustas hayas
y los pinos centenarios,
un rojo sol se filtraba.
Era un paraje de bosque                          675
y peñas aborrascadas;
aquí bocas que bostezan
o monstruos de fieras garras;
allí una informe joroba,
allá una grotesca panza,                          680
torvos hocicos de fieras
y dentaduras melladas,
rocas y rocas, y troncos
y troncos, ramas y ramas.
En el hondón del barranco                       685
la noche, el miedo y el agua.
V
Un lobo surgió, sus ojos
lucían como dos ascuas.
Era la noche, una noche
húmeda, obscura y cerrada.                     690
Los dos hermanos quisieron
volver. La selva ululaba.
Cien ojos fieros ardían
en la selva, a sus espaldas.
VI
Llegaron los asesinos                               695
hasta la Laguna Negra,
agua transparente y muda
que enorme muro de piedra,
donde los buitres anidan
y el eco duerme, rodea;                          700
agua clara donde beben
las águilas de la sierra,
donde el jabalí del monte
y el ciervo y el corzo abrevan;
agua pura y silenciosa                             705
que copia cosas eternas;
agua imposible que guarda
en su seno las estrellas.
¡Padre!, gritaron; al fondo
de la laguna serena                                 710
cayeron, y el eco ¡padre!
repitió de peña en peña.
1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. “La tierra de Alvargonzález” es un poema narrativo dentro del poemario Campos de Castilla, con entidad propia. Por su extensión, su temática y su estructura formal es bastante distinto a todo lo demás.
En realidad, estamos un cuento, leyenda, o relato de extensión moderada, pero no corta. Machado publicó una versión en prosa y otra en verso. Por el cuento, publicado en 1912, sabemos que escuchó la historia de boca de un “viajero campesino” de la zona donde se desarrollan los hechos narrados (Covaleda, Salduero y otros pueblos cercanos a la Laguna Negra, a los pies del Pico Urbión, en la Cordillera Ibérica soriana, frontera con La Rioja).
La historia es sangrienta y terrible. Alvargonzález es un campesino con buen pasar en el pueblo del mismo nombre; se casa y tiene tres hijos, Juan, Martín y Miguel. El pequeño deja sus estudios y emigra. Los dos mayores se quedan en la casa de los padres, a cultivar las tierras. Se casan, pero no tienen hijos. Hay disputas entre los miembros familiares. Los dos hermanos mayores, movidos por la codicia y el egoísmo, matan al padre y lo arrojan a la Laguna Negra, para que nadie encuentre su cadáver; la viuda muere a los pocos meses, por el dolor. Años después, Miguel, el hermano pequeño, regresa de la emigración, con dinero; vive en la casa familiar. Le compra una parte de las tierras a los hermanos y las cultiva con éxito, en tanto que los dos mayores no logran buenas cosechas por su desidia y mala suerte. Miguel se casa y es feliz. Los hermanos lo envidian intensamente. En el cuento, estos matan a Miguel. En el romance en verso, se omite este pasaje. Finalmente, los hermanos, movidos por la culpa y el arrepentimiento, se dirigen a la Laguna Negra y mueren ahogados voluntariamente.   
1.2. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-El cainismo de muchos individuos, especialmente campesinos, los lleva a cometer crímenes horrendos movidos por la codicia. 
-El destino, o Dios, castiga a los malvados y premia a los bondadosos.
1.3. Apartados temáticos
El poema presenta los apartados temáticos propios de un texto narrativo. Por eso, nos encontramos:
-Primer apartado (vv. 1-60, primera sección, sin título específico, formado por cuatro subapartados numerados en romanos): el yo poético, en oficio de narrador, introduce el lugar, el tiempo, los personajes y el conflicto.  
-Segundo apartado ( vv. 61-694; está formado por nueve secciones, que son: “El sueño” (4 subapartados), “Aquella tarde” (6 subapartados), “Otros días” (6 subapartados), “Castigo” (3 subapartados), “El viajero” (5 subapartados), “El indiano” (2 subapartados), “La casa” (2 subapartados), “La tierra” (4 subapartados), “Los asesinos” (6 subapartados, pero el último no forma parte). Coincide con el desarrollo o nudo de la acción. Los dos hermanos mayores, Juan y Martín, asesinan al padre, dilapidan el capital, se hacen vagos y borrachos y matan al hermano guiados por la avaricia y el resentimiento.
-Tercer apartado (vv. 695-712, formado por el sexto y último subapartado de la novena y última sección): es el desenlace o resolución de la trama. Los hermanos, corroídos por la culpa y la desesperación, se suicidan como mataron a su padre: arrojándose a la Laguna Negra, guardiana de los más abyectos crímenes de la comarca de Salduero y Vinuesa, hacia Urbión.
1.4. Aspectos métricos y de rima
Este extenso poema narrativo está compuesto por 712 versos octosílabos, agrupados en distintas secuencias y subapartados. La rima es asonante, coincidiendo en los versos pares; los impares quedan libres. De este modo, estamos ante un romance (la rima suele cambiar en las transiciones de los subapartados). El romance es una estrofa admirada y empleada por Machado; la consideraba como la suprema expresión poética. Existen algunas excepciones en cuanto al número de sílabas, pues a veces Machado introduce algún tetrasílabo y hexasílabo.
1.5. Comentario estilístico
No podemos realizar un comentario detallado del todo el poema, dada su considerable extensión. Nos conformamos con señalar los rasgos más destacados:
-Atención al paisaje, a la naturaleza, como una parte integrante de la realidad; ejerce una notable influencia sobre las personas y sus acciones.
-Relevancia de los sueños como parte de la realidad; dejan entrever el futuro e influye sobre las personas que tienen esos sueños, como el padre con sus hijos cuando todavía son pequeños y tienen que prender un fuego que resiste.
-Presencia de símbolos que explican la realidad. El hacha, la casa grande rural, la opinión común de la gente (recogida en coplas entrecomilladas), etc. Pero aquí destaca muy poderosamente la Laguna Negra; se trata de un lugar real y verídico; es de difícil acceso, pues se halla a gran altitud y los caminos para llegar a ella no son fáciles. El paraje está habitado por temibles animales salvajes, entre los que destaca el lobo, símbolo en sí mismo de la violencia y ferocidad de la tierra por aquellos lugares.
-Personajes caracterizados con pinceladas firmes y claras. Los dos hermanos mayores, Juan y Martín, son malvados y dan muestra de ello desde la juventud. Martín, sin embargo, que es un personaje redondo, cambia de carácter, para mejor, a lo largo del texto.
-Economía narrativa o poética: el poeta-narrador es sobrio y reconcentrado; abrevia mucho la acción y se concentra en los detalles o hechos realmente relevantes para entender en toda su extensión el contenido.
-Narrador omnisciente con toques líricos, de modo que le permite saltar de la objetividad a la subjetividad, de la distancia a la cercanía, con bastante rapidez. La atención al mundo rural y al carácter de los campesinos es muy importante; son acuarelas vívidas y profundas de personas y paisajes rudos y, a veces, violentos.
-Empleo atinado y feliz de diversos recursos estilísticos; los de repetición, las metáforas, los símiles prosopopeyas son los más comunes, aunque hay muchos otros. Crean efectos expresivos poderosos hacia la evocación y las connotaciones.
-Aparición de distintos procedimientos para involucrar al lector en la lectura (apóstrofes, exclamaciones retóricas, enunciados generales de validez universal, más allá del propio relato, etc.). De este modo, el lector “vive” la lectura con intensidad, en una auténtica inmersión ficcional.
1.6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
1.7. Interpretación y valoración
Este hermoso y extenso poema da cuenta, cabal y poéticamente considerado, de una tierra, la soriana, y un tipo de habitantes, los campesinos rudos y primitivos que la pueblan. El acercamiento de Machado es muy respetuoso, cervantino y comprensivo, pero implacable en cuanto a la exposición de los vicios bien visibles en algunos de sus habitantes: avaricia y brutalidad, principalmente.
El relato es denso, lírico y perfectamente graduado en su intriga (sin que sea este un valor determinante). El lector recrea en su cerebro un mundo rural atractivo y repulsivo a partes iguales; y siempre, con autenticidad. Sin duda, estamos ante un poema narrativo de gran enjundia; entronca directamente con lo mejor del Romancero popular español. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (200 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Cuál es el tema principal del poema narrativo? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Qué vicios o pecados planean por el texto? ¿Qué consecuencias tiene en la trama narrativa? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el amor a la naturaleza?
6) ¿Cómo se aprecia en el poema el peso de la culpa? 
7) ¿Qué simboliza la Laguna Negra? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese una leyenda popular desarrollada en un lugar especial y querido.  Puedes imprimir un sentido poético, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o acciones de hechos importantes o impactantes, positivos o negativos. Haz que intervenga el amor a la tierra, la naturaleza y las personas, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Campos de Soria» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “Campos de Soria”

CXIII

CAMPOS DE SORIA
I
Es la tierra de Soria árida y fría.             1
Por las colinas y las sierras calvas,
verdes pradillos, cerros cenicientos,
la primavera pasa
dejando entre las hierbas olorosas          5
sus diminutas margaritas blancas.
La tierra no revive, el campo sueña.
Al empezar abril está nevada
la espalda del Moncayo;
el caminante lleva en su bufanda,          10
envueltos cuello y boca, y los pastores
pasan cubiertos con sus luengas capas.
I: Presentación del marco general: “tierra de Soria” en primavera. Aridez, nieve y frío. Un caminante y los pastores es la única presencia humana. Sin ser un paisaje bucólico, resulta entrañable y atractivo.
II
Las tierras labrantías,
como retazos de estameñas pardas,
el huertecillo, el abejar, los trozos          15
de verde obscuro en que el merino pasta,
entre plomizos peñascales, siembran
el sueño alegre de infantil Arcadia.
En los chopos lejanos del camino,
parecen humear las yertas ramas             20
como un glauco vapor —las nuevas hojas—
y en las quiebras de valles y barrancas
blanquean los zarzales florecidos,
y brotan las violetas perfumadas.
II: No todo el territorio es inhóspito. Existen trozos de terreno más benignos para la labranza, como huertos, prados, etc. Cerca de los riachuelos y caminos crece el chopo; en los valles las zarzas y otras plantas alegran la vista y aromatizan el ambiente.
III
Es el campo ondulado, y los caminos     25
ya ocultan los viajeros que cabalgan
en pardos borriquillos
ya al fondo de la tarde arrebolada
elevan las plebeyas figurillas,
que el lienzo de oro del ocaso manchan.  30
Mas si trepáis a un cerro y veis el campo
desde los picos donde habita el águila,
son tornasoles de carmín y acero,
llanos plomizos, lomas plateadas,
circuidos por montes de violeta,         35
con las cumbres de nieve sonrosada.
III: Visto en horizontal, la tierra llana y ondulada no deja ver bien a los viajeros montados en sus asnos. Desde un altozano, se les podría divisar mejor, como manchas blancas y marrones, en un paisaje árido y frío, rodeado de montes morados y cumbres nevadas. El yo poético se dirige a los lectores, apostrofándolos, para que miren desde distintas perspectivas.
IV
¡Las figuras del campo sobre el cielo!
Dos lentos bueyes aran
en un alcor, cuando el otoño empieza,
y entre las negras testas doblegadas        40
bajo el pesado yugo,
pende un cesto de juncos y retama,
que es la cuna de un niño;
y tras la yunta marcha
un hombre que se inclina hacia la tierra,  45
y una mujer que en las abiertas zanjas
arroja la semilla.
Bajo una nube de carmín y llama,
en el oro fluido y verdinoso
del poniente, las sombras se agigantan.   50
IV: Narración de una escena rural que denota pobreza y humildad. Un matrimonio siembra en un “alcor” (colina o collado). El hombre gobierna el arado; la mujer, detrás, deposita las semillas en los surcos abiertos. Un bebé metido en una cesta que pende del yugo de los bueyes aporta pintoresquismo trscendido y miseria.
V
La nieve. En el mesón al campo abierto
se ve el hogar donde la leña humea
y la olla al hervir borbollonea.
El cierzo corre por el campo yerto,
alborotando en blancos torbellinos           55
la nieve silenciosa.
La nieve sobre el campo y los caminos,
cayendo está como sobre una fosa.
Un viejo acurrucado tiembla y tose
cerca del fuego; su mechón de lana          60
la vieja hila, y una niña cose
verde ribete a su estameña grana.
Padres los viejos son de un arriero
que caminó sobre la blanca tierra,
y una noche perdió ruta y sendero,          65
y se enterró en las nieves de la sierra.
En torno al fuego hay un lugar vacío
y en la frente del viejo, de hosco ceño,
como un tachón sombrío
—tal el golpe de un hacha sobre un leño—.  70
La vieja mira al campo, cual si oyera
pasos sobre la nieve. Nadie pasa.
Desierta la vecina carretera,
desierto el campo en torno de la casa.
La niña piensa que en los verdes prados       75
ha de correr con otras doncellitas
en los días azules y dorados,
cuando crecen las blancas margaritas.
V: Ahora el yo poético casi elabora una estrofa narrativa y descriptiva, es decir, novelesca. La nieve lo cubre todo; es invierno y hace mucho frío. Dentro del mesón, un matrimonio mayor y una niña, la nieta, parece ser, lo habitan. El viejo se acurruca en torno a la lumbre del hogar; la mujer mira al campo, con la puerta abierta; la niña cose un vestido humilde, soñando con la primavera. Tenían un hijo (padre de la niña, podemos deducir), que era arriero. Desapareció por los caminos, en una tormenta de invierno. Dolor, tristeza y desolación son los sentimientos que circulan por la estrofa. 
VI
¡Soria fría, Soria pura,
cabeza de Extremadura,                             80
con su castillo guerrero
arruinado, sobre el Duero;
con sus murallas roídas
y sus casas denegridas!
¡Muerta ciudad de señores                           85
soldados o cazadores;
de portales con escudos
de cien linajes hidalgos,
y de famélicos galgos,
de galgos flacos y agudos,                            90
que pululan
por las sórdidas callejas,
y a la medianoche ululan,
cuando graznan las cornejas!
¡Soria fría! La campana                                95
de la Audiencia da la una.
Soria, ciudad castellana
¡tan bella! bajo la luna.
VI: el yo poético se concentra en la ciudad de Soria. Es tan triste, humilde y destartalada como los campos de su provincia. El frío y la pureza son las notas dominantes. La arquitectura es decadente y amenaza ruina. Fue una ciudad de guerreros, hoy solo de antiguos hidalgos pobres. Los galgos, perro de caza, recorren las calles solitarias, sucias y feas; aúllan por las noches, acompañando el graznar de las cornejas. Es la una de la madrugada, según señala el reloj de la Audiencia. El yo poético transmite la belleza de esa ciudad, a esa hora, bajo la luna.
VII
¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas                100
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, obscuros encinares,
ariscos pedregales, calvas sierras,
caminos blancos y álamos del río,           105
tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy siento por vosotros, en el fondo
del corazón, tristeza,
tristeza que es amor! ¡Campos de Soria
donde parece que las rocas sueñan,       110
conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!
VII: El yo poético describe los alrededores naturales de la ciudad; entr esa adustez, severidad y pobreza destaca, sin embargo, la presencia del río Duero, que casi circunvala la ciudad. Califica a la ciudad de “mística y guerrera”; es un modo de resaltar su espiritualidad natural y el haber sido cuna de muchos guerreros en épocas medievales. De pronto, el yo poético irrumpe, como si hubiera estado conteniendo su emoción; los verbos pasan a primera persona. Confiesa que siente un amor triste por la ciudad y su entorno; la lleva dentro de su corazón porque son parte inseparable de su vida, exterior e interior. Repite la exclamación con que se abría la estrofa, destacando tres accidentes geográficos propios del entorno soriano: colinas, alcores y roquedas.
VIII
He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,    115
tras las murallas viejas
de Soria —barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra—.
Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas                 120
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis            125
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,                           130
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!
VIII: esta estrofa se centra en la descripción intimista de los álamos, o chopos, de la orilla del río Duero. El yo poético se ha fijado de nuevo en ellos y alaba su belleza natural (esbeltez, color, porte), los sonidos que emiten sus hojas cuando hay viento. La parte final de la estrofa está formada por una larga exclamación retórica donde repite tres veces la palabra “álamo” en anáfora. Vuelve a expresar su íntimo amor por ellos, repitiendo la expresión personal, tan honda: “conmigo vais, mi corazón os lleva”.
 IX
¡Oh!, sí, conmigo vais, campos de Soria,
tardes tranquilas, montes de violeta,
alamedas del río, verde sueño                            135
del suelo gris y de la parda tierra,
agria melancolía
de la ciudad decrépita,
me habéis llegado al alma,
¿o acaso estabais en el fondo de ella?                 140
¡Gentes del alto llano numantino
que a Dios guardáis como cristianas viejas,
que el sol de España os llene
de alegría, de luz y de riqueza!
IX: la última estrofa es la má emotiva e intensa. Recoge todos los elementos naturales previamente descritos y admite que los ama intensamente, acaso desde antes de conocer la tierra soriana. Cierra la estrofa y el poema con un epifonema maravilloso, generoso y emotivo. Es un deseo esperanzado, valga la redundancia, para los sorianos. Quiere para ellos que “el de España” sea propicio con ellos y les aporte felicidad, progreso y luminosidad inteligente.
Este poema es de una belleza sobrecogedora. El lector se ve envuelto en una atmósfera de intensa emotividad de modo tal que se ve empujado a compartir los sentimientos de Machado (escondido tras el yo poético) por Soria y su tierra. El poema tiene un intenso movimiento, interior, magmático, como escondido a los lectores superficiales, que va de la descripción más o menos objetiva a la identificación con la tierra soriana y a la solidaridad humanitaria con sus apaleados habitantes. Existe una comunión espiritual del yo poético con la tierra soriana; es un tanto paradójica este amor por la tierra; cuanto más pobre e inhóspita es su realidad, más afecto le muestra el yo poético. ¿Por qué?, nos preguntamos. Una respuesta es por la autenticidad, pureza y verdad, que desemboca en belleza, que dimana de la contemplación de la tierra soriana.
El conjunto del poema es muy sobrio en la expresión verbal. La adjetivación es comedida, ajustada a la realidad soriana. Los distintos procedimientos expresivos (personificaciones, metáforas  y algunos recursos de repetición, sobre todo) se emplean con mesura. En sí mismo, es una metáfora general de la humildad de la tierra. Ayuda mucho al tono de emoción contenida, pero intensa; cuanto menos expansión verbal, podríamos afirmar, más intensidad emocional e intimista.
Cada una de las nueve estrofas (con distinto número de versos entre sí) forma una silva romanceada, excepto la VI, que forma casi un romance (los versos quebrados de cuatro sílabas rompen con la estrofa tradicional). El conjunto asciende a 144 versos maravillosamente rimados, con un ritmo suave y fluido que contribuye poderosamente a la significación total del poema. Belleza, pureza y verdad impactan en el corazón del yo poético; se rinde a este pasaje (natural, urbano y humano) y se enamora de él intensamente. Aunque ya no esté en él, o a punto de despedirse, como el tono general deja entrever, nunca lo podrá borrar de su mente y su corazón porque, simplemente, ya son parte ínsita de él mismo.
 Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimiento  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Qué órgano sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el amor por la tierra soriana?
6) ¿Qué accidentes geográficos concretos se mencionan? ¿Qué sentido aportan? 
7) ¿Aparecen muchas personas en el poema? ¿Por qué será así?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de un lugar especial y querido.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios en el momento de la visita. Haz que intervenga la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Domingo de Resurrección» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “Pascua de Resurrección”

      CXII

PASCUA DE RESURRECCIÓN

Mirad: el arco de la vida traza                              1

el iris sobre el campo que verdea.

Buscad vuestros amores, doncellitas,

donde brota la fuente de la piedra.

En donde el agua ríe y sueña y pasa,                    5

allí el romance del amor se cuenta.

¿No han de mirar un día, en vuestros brazos,

atónitos, el sol de primavera,

ojos que vienen a la luz cerrados,

y que al partirse de la vida ciegan?                     10

¿No beberán un día en vuestros senos

los que mañana labrarán la tierra?

¡Oh, celebrad este domingo claro,

madrecitas en flor, vuestras entrañas nuevas!

Gozad esta sonrisa de vuestra ruda madre.         15

Ya sus hermosos nidos habitan las cigüeñas,

y escriben en las torres sus blancos garabatos.

Como esmeraldas lucen los muscos de las peñas.

Entre los robles muerden

los negros toros la menuda hierba,                     20

y el pastor que apacienta los merinos

su pardo sayo en la montaña deja.

1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. Este poema es típico de Campos de Castilla. El yo poético nos presenta un paisaje más o menos castellano, inmediatamente focaliza en un grupo de personas, sobre el que medita con hondura para, finalmente, cerrar el poema completando el marco natural donde se ubica la acción observada por el yo poético. El título indica claramente un momento, solemne y especial: “Pascua de Resurrección”, fiesta religiosa cristiana de gran transcendencia que suele caer en la primavera. Un arco iris ilumina y alegra el paisaje. El yo poético se fija en las “doncellitas” que acuden a una fiesta, acaso una romería, o una procesión; no lo aclara. Puede que deseen un amor que surja, precisamente, alrededor de esa celebración. Después de todo, serán las futuras madres de niños, que se amamantarán de su senos, y que serán adultos y morirán. Es como un ciclo de la vida que se repite eternamente. Es la suerte que le aguarda a estas “madrecitas en flor”, a las que anima a gozar de su juventud mientras dure. Cierra el poema con otra descripción del marco natural, coincidente con la llegada de la primavera; ya regresaron las cigüeñas, los musgos ya crecen en las “peñas”; los toros pacen en los campos; y, finalmente, el pastor se despoja de su “pardo sayo”, pues no lo necesita por la subida de las temperaturas. 
1.2. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Expresión de la belleza por la llegada de la primavera al campo castellano.
-Meditación pesimista sobre el destino de las jóvenes que celebran la fiesta del Domingo de Resurrección, condenadas a repetir el ciclo maternal de sus madres.
1.3. Apartados temáticos
El poema presenta tres apartados temáticos. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-2): descripción de un ambiente natural y rural en los albores de la primavera, con un arco iris bello y prometedor.
-Segundo apartado ( vv. 3-15): meditación sombría sobre la vida y el destino de las chicas que acuden a la celebración. Buscan sus amores, los encontrarán, serán madres de hombres más o menos presentables y todo acabará en muerte. 
-Tercer apartado (vv. 16-22): se completa el marco natural objeto de observación del yo poético. El campo está hermoso y es agradable contemplarlo; aparecen dos animales, las cigüeñas y los toros; un elemento vegetal, el musgo; y, finalmente, los hombres, encarnados en los pastores, más ligeros de ropa por la llegada del calor.
1.4. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por veintidós versos tetradecasílabos y heptasílabos agrupados en una sola estrofa. La rima es asonante, coincidiendo en los versos pares; los impares quedan libres. De este modo, estamos ante una suerte de silva romanceada, estrofa bastante empleada por Machado. 
1.5. Comentario estilístico
El poema se abre con una apóstrofe dirigida a las “doncellitas” que se mientan dos versos más abajo. Se repite la apóstrofe en el verso 3: “Buscad”. El yo poético establece, de este modo, un diálogo trunco, con esas muchachas; después de todo, no pueden responder. El marco natural es hermoso; un arco iris, personificado, corona un campo verde. La metáfora del “arco de la vida” alude a un ciclo total y repetitivo de la naturaleza.
La segunda parte del poema comienza con un imperativo, “Buscad”; el yo poético anima a esas chicas a buscar el amor en una fuente que allí brota, metáfora de la sencillez natural y de la pureza primigenia. Estamos ante un ambiente tradicional, casi folclórico. Una larga interrogación retórica (vv. 7-12) insiste en la idea de que, al fin y al cabo, es el impulso natural que a todos nos mueve: la demanda del amor. Esas jóvenes serán las madres de los futuros hombres que también morirán (el hecho de cerrar los ojos es la metáfora que lo expresa con mucha expresividad).
Repite la fórmula de la interrogación retórica para expresar la certeza de que esas muchachas serán las madres y, por tanto, alimentarán, a los futuros labradores. Siguen dos exhortos (“celebrad” y “Gozad” son los verbos que los expresan) dirigidas a las “madrecitas en flor” (jóvenes que pronto serán madres), para que disfruten de ese día festivo y de la alegría general. “Gozad esta sonrisa de vuestra ruda madre” (v. 15) presenta una significación más oscura. ¿Quién es la ruda madre? ¿La naturaleza y sus ciclos implacables? ¿Acaso la madre biológica de cada una de ellas? ¿El destino que anunciaba el arco iris? Cualquiera de estas interpretaciones, y otras, son posibles. Todas, no obstante, son algo pesimistas, irónicas y amargas. No hay modo de escapar al destino doliente que les espera a las chicas.
El verso 16 corta radical, casi abruptamente, el pensamiento sobre las “madrecitas en flor” y vuelve al marco natural que contempla el yo poético. Recobra su tono más optimista, pues la naturaleza es bella y admirable. Las cigüeñas ya están en sus nidos y su crotoreo alegra el lugar. El musgo de las peñas brilla, lo que constituye otro rasgo de belleza. Del mismo modo actúa el hecho de los toros pazcan en los campos. Cierra el poema la presencia de otra figura humana, muy humilde (puede ser uno de los hijos de esas muchachas esperando el amor), como lo es el pastor de ovejas. Ha dejado su “pardo sayo” (su capa marrón) guardada en su choza de montaña, pues el tiempo ha mejorado y no la necesita.
El conjunto del poema transmite un mensaje ambiguo y bastante oscuro. El yo poético celebra la llegada de la primavera, pero su radical pesimismo sobre la realidad humana se impone por momentos. Observa a las jóvenes que, en un ambiente festivo, buscan el amor; solo servirá para traer hijos al mundo que serán tan desgraciados como sus padres. La naturaleza y sus ritmos biológicos nos somete a servidumbres más bien dolorosas. El esfuerzo final por volver a la contemplación de la belleza natural declara la intención del yo poético por dirigir su visión hacia lo alegre, como corresponde al día en que escribe y medita, Domingo de Resurrección, pero no lo tiene fácil. 
El poema ofrece un aspecto meditativo y pesimista, por un lado, y descriptivo y alegre, por otro. Hombre y naturaleza forman una realidad agridulce, contradictoria y algo melancólica.       
1.6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
1.7. Interpretación y valoración
Estamos ante un poema mucho más profundo de lo que se pudiera pensar en una primera aproximación. La contemplación de la hermosura natural y la meditación pesimista sobre el destino de las “doncellitas” (nótese que las dos veces que nombra a las muchachas lo hace con diminutivos) se mezclan en el poema y crean un choque lector importante. El contenido es contradictorio o antitético, con un fuerte contraste, como un cuadro en claroscuro: luces y sombras forman parte de la realidad, y hemos de aceptarlo.
La descripción de la naturaleza española es muy bella y expresiva. Son cinco pinceladas (en el sentido de la selección de los elementos que componen el cuadro: arco iris, cigüeñas, musgo, toros y pastor), pero de una fuerza connotativa muy intensa. La presencia de las muchachas introducen un tono sombrío y una reflexión pesimista sobre el presente y el futuro de ellas mismas y de la sociedad a la que pertenecen. Como podemos apreciar, el poema adquiere una densidad expresiva extraordinaria; asimismo, su capacidad incitadora de una reflexión es muy alta. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimiento  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde y cuándo ubica la acción? 
3) ¿Qué sentido adquiere el arco iris en el poema? ¿Qué sensación aporta? 
4) ¿Quién es objeto de especial reflexión en el poema?
6) ¿Qué cinco realidades naturales se mencionan? ¿Qué sentido aportan? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese una conmemoración festiva, en un marco físico concreto.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de conmemoraciones o celebraciones de festividades o hechos en un lugar específico. Imprime un sentido profundo, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Noche de verano» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “Noche de verano”
CXI
NOCHE DE VERANO
Es una hermosa noche de verano.                 1
Tienen las altas casas
abiertos los balcones
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.
En el amplio rectángulo desierto,                  5
bancos de piedra, evónimos y acacias
simétricos dibujan
sus negras sombras en la arena blanca.
En el cenit, la luna, y en la torre,
la esfera del reloj iluminada.                       10
Yo en este viejo pueblo paseando
solo, como un fantasma.

1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. Este poema es una autocontemplación: el yo poético se ve a sí mismo paseando por un pueblo, en una noche de verano. El ambiente es muy agradable; el primer verso “es una hermosa noche de verano” enmarca con optimismo el lugar de la acción poética. No faltan los componentes clásicos (casas solariegas, la luna y la torre de la iglesia con su reloj), pero de pronto irrumpe la presencia del yo poético y, de algún modo, se desequilibra el marco exterior. El elemento central es la soledad del yo poético, que camina “como un fantasma”, es decir, con dudosa realidad.
1.2. Tema
El poema aborda el tema de la soledad no deseada en un marco agradable, pero imposible de gozar. 
1.3. Apartados temáticos
El poema presenta dos apartados temáticos. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-10): el yo poético “pinta” un paisaje nocturno y rural; es agradable y reconfortante.
-Segundo apartado ( vv. 11-12): el yo poético irrumpe, casi por sorpresa, en ese lugar, para comunicarnos su aislamiento y soledad, seguramente rechazada.
1.4. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por doce versos endecasílabos y heptasílabos agrupados en una sola estrofa. La rima es asonante, coincidiendo en los versos pares; los impares quedan libres. De este modo, estamos ante una silva romanceada, estrofa bastante empleada por Machado. 
1.5. Comentario estilístico
El poeta nos presenta un marco natural rural y bastante bucólico. El primer verso marca el tono posterior: apacibilidad, armonía y serenidad son las sensaciones que se deprenden. La “noche” alude tanto al espacio, como al tiempo. Inmediatamente se fija el yo poético en los aspectos físicos: está en la plaza mayor de un pueblo, con “altas casas”, algunas acacias y evónimos y, finalmente, la torre (de la iglesia, o del ayuntamiento, no se especifica). Los dos versos finales son muy relevantes porque comprendemos que es el yo poético quien está observando (los verbos en presente de indicativo así lo comunican) los elementos que nosotros recreamos en nuestra mente. 
Estamos ante un poema muy nominalizado, pues apenas aparecen verbos. Los sutantivos y adjetivos calificativos “llenan” el poema, igual que llenan el espacio descrito. La precisión de la observación es muy alta; todos los elementos están perfectamente localizados, hasta la luna en la verticalidad del cielo. La minuciosa descripción contribuye a la sensación de realismo que desprende el poema. Existe una significación profunda solo deslizada. El lugar es hermoso y agradable, pero ¿de qué sirve si estoy solo y, en consecuencia, triste? El fuerte contraste entre el lugar y la presencia del yo poético crea una antítesis de significación total muy expresiva y chocante.
El conjunto, como muchas veces ocurre en Machado, nos permite comprobar la maestría poética de nuestro poeta. Lo que parece una mera explicación de un paisaje se revela una meditación de hondo calado. 
1.6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
1.7. Interpretación y valoración
“Noche de verano” es un bello poema cargado de delicadeza, emoción y autoconfesión. Incluso el lugar más común y humilde, como una plaza de cualquier pueblo de España, contiene una belleza auténtica y admirable. El momento y el lugar se aúnan para formar un marco inusitadamente atractivo. Y cuando comprendemos esto, irrumpe el yo poético para confesar que está solo, y que es él en ese instante quien está contemplando ese lugar. La sorpresa del lector es grande, pero, de algún modo, agradable. 
Se crea un lazo de confidencialidad entre autor y lector porque se establece una comunicación intimista y significativa. La soledad del yo poético contrasta con la belleza espontánea del pueblo en una noche de verano. Sin embargo, cierto tono de amargura del poema queda superado por la comunicación sincera entre autor y lector.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿El título está en total correspondencia con el contenido del poema? ¿Por qué?
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Es un lugar apacible y agradable? ¿Qué sensación aporta? 
4) Cuando el yo poético aparece en el poema, ¿lo hace en el mismo tono optimista que se ha visto hasta ese momento?
6) ¿Por qué tiene importancia la soledad en el poema? ¿Qué sentido aporta? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que describa un lugar hermoso y tu propia presencia en él.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios en un momento agradable, y en el momento de la visita. Haz que intervenga tu propia visión, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «En tren» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “En tren”
CX
EN TREN
Yo, para todo viaje                1
—siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera—,
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no       5
acostumbro a dormir yo,
y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren,
y, sin embargo, voy bien.        10
¡Este placer de alejarse!
Londres, Madrid, Ponferrada,
tan lindos… para marcharse.
Lo molesto es la llegada.
Luego, el tren, al caminar,        15 
siempre nos hace soñar;
y casi, lo olvidamos
el jamelgo que montamos.
¡Oh el pollino
que sabe bien el camino!          20
¿Dónde estamos?
¿Dónde todos nos bajamos?
¡Frente a mí va una monjita
tan bonita!
Tiene esa expresión serena       25
que a la pena
da una esperanza infinita.
Y yo pienso: Tú eres buena;
porque diste tus amores
a Jesús; porque no quieres        30
ser madre de pecadores.
Mas tú eres
maternal,
bendita entre las mujeres,
madrecita virginal.                   35
Algo en tu rostro es divino
bajo tus cofias de lino.
Tus mejillas
—esas rosas amarillas—
fueron rosadas, y, luego,           40
ardió en tus entrañas fuego;
y hoy, esposa de la Cruz,
ya eres luz, y sólo luz…
¡Todas las mujeres bellas
fueran, como tú, doncellas        45
en un convento a encerrarse!…
Y la niña que yo quiero,
¡ay!, preferirá casarse
con un mocito barbero.
El tren camina y camina,            50
y la máquina resuella,
y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella!
1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. En este poema, el yo poético expresa su preferencia por el tren y relata una experiencia de un viaje en ese medio de transporte. Lo entremezcla en un tono alegre y festivo, pues le encanta viajar en ferrocarril. Se desplaza en tercera clase, la más humilde, pero no le importa. No duerme en el tren porque prefiere ver el paisaje. Te permite desplazarte por las grandes ciudades, o no tanto, como Ponferrada. Y ello a pesar de tener que tomar un burro para el tramo final del trayecto, lo que no es muy cómodo ni glamuroso que digamos. Lleva como compañera de viaje “una monjita / tan bonita”. Piensa en ella, en su elección de la vida religiosa, renunciando a la maternidad y la vida mundana. Le parece bien. Teme que la chica que le gusta se vaya con otro, lo que lo apena. Y, en tanto, el tren avanza por las vías, a veces rápido, a veces lento.
1.2. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Declaración de entusiasmo por el tren como medio de locomoción.
-Reflexión fantasiosa sobre una monja que es su compañera de viaje, a la que admira.
1.3. Apartados temáticos
El poema presenta tres apartados temáticos. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-22): el yo poético afirma rotundamente su amor al tren y su placer de viajar en él; nada se le puede igualar, aunque no ignora sus incomodidades.
-Segundo apartado ( vv. 23-49): descripción fantasiosa de una monja con la que comparte viaje. Expresa su admiración por ella, ya que ha elegido una vida apartada, lejos del mundanal ruido.
-Tercer apartado (vv. 50-53): se trata de un cierre alegre y festivo. El tren avanza, a veces lentamente, a veces con inusitada rapidez.
1.4. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por cincuenta y tres versos básicamente octosílabos, aunque también aparecen tetrasílabos, imprimiendo un ritmo de rapidez y dinamismo. Todo el poema forma una sola estrofa, imagen del tren, pues es como la cola de un tren de muchos vagones. La rima es consonante; aparecen distintas estrofas, sobre todo cuartetas, pareados y redondillas. El conjunto es musical y armónico.
1.5. Comentario estilístico
Estamos ante un poema en tono festivo, alegre y optimista. El yo poético afirma con una sonrisa su preferencia por el tren para sus desplazamientos. Desvela que viaja con la clase humilde, en tercera clase, pero eso no le emborrona su felicidad, casi al contrario. Le gusta alejarse de una ciudad a otra. Enumera Londres, Madrid y Ponferrada. Es un guiño a su humildad, pues no tiene preferencias por un tipo de ciudad; están en el mismo plano las grandes y las pequeñas. 
Una de las razones de su preferencia por el tren es que este “siempre nos hace soñar” (v.16), es decir, nos da esperanzas de algo mejor que puede ocurrir. Viaja tan contento que no sabe ni dónde está, pero casi le da igual. Las exclamaciones e interrogaciones retóricas dan el tono al desenfado y el gracejo del contenido del poema.
El poema se torna más reflexivo cuando contempla a la monja con que comparte el viaje. Admira su decisión de apartarse del mundo y renunciar a la vida mundana. Es como si hubiera elegido casarse con Cristo, en vez de con un hombre. Especula qué pasaría si todas las mujeres bellas se encerraran en un convento. De pronto, se acuerda de la chica a la que ama y teme que lo abandonará por un joven barbero, seguramente más atractivo que él. 
Cesa la ensoñación y vuelve al presente. Advierte que el tren sigue avanzando, a veces despacio, a veces deprisa. Eso es justamente lo que más le gusta. El poema es sencillo y transparente en su composición. Algunas metáforas casi populares (“¡Vamos en una centella!”) y algunas antítesis imprimen un aire casi popular a la composición. Su aire festivo le imprime optimismo y desenfado. El yo poético va feliz viajando, y nos contagia esa felicidad con sus reflexiones, casi espontáneas, sobre lo que ve y siente en su viaje.
1.6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
1.7. Interpretación y valoración
Este lindo poema reivindica el tren como medio de transporte. Machado alaba al tren porque le permite ir de un lugar a otro divirtiéndose por el camino, contemplando paisajes o especulando sobre la vida de sus compañeros de compartimento. El tono alegre está en consonancia con el movimiento del tren. Hay un ritmo interno que expresa el movimiento y la fiesta que supone para el yo poético visitar distintos lugares. 
En un momento en que el coche era muy minoritario, en efecto, el tren era una experiencia de viaje satisfactoria y divertida. Y eso es justamente lo que nos transmite el poema. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué emoción nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿cómo prefiere viajar? ¿Es especial para él? 
3) ¿Con qué otros medios de desplazamiento combina el tren? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el poema la alegría por el viaje?
6) ¿Está contento de compartir su viaje con una monja? ¿Qué le recuerda su presencia en ese momento? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese una preferencia o gusto, como viajar en tren.  Puedes imprimir un sentido alegre y desenfadado, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de viajes o destinos de un viaje. Haz que intervenga la observación atenta de lo que se puede ver, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.