Antonio Machado: «Orillas del Duero» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

Claustro de profesores del instituto de Soria con Machado en el centro mirando hacia abajo.
(Antonio Machado —al fondo, de pie, en el centro, con la mirada baja— con los profesores claustrales del instituto de Soria)
ANTONIO MACHADO – Orillas del Duero
CII
ORILLAS DEL DUERO
      (1) ¡Primavera soriana, primavera                    1
humilde, como el sueño de un bendito,
de un pobre caminante que durmiera
de cansancio en un páramo infinito!
      (2) ¡Campillo amarillento,                                  5
como tosco sayal de campesina,
pradera de velludo polvoriento
donde pace la escuálida merina!
      (3) ¡Aquellos diminutos pegujales
de tierra dura y fría,                                           10
donde apuntan centenos y trigales
que el pan moreno nos darán un día!
      (4) Y otra vez roca y roca, pedregales
desnudos y pelados serrijones,
la tierra de las águilas caudales,                        15
malezas y jarales,
hierbas monteses, zarzas y cambrones.
      (5) ¡Oh tierra ingrata y fuerte, tierra mía!
¡Castilla, tus decrépitas ciudades!
¡La agria melancolía                                            20
que puebla tus sombrías soledades!
      (6) ¡Castilla varonil, adusta tierra.
Castilla del desdén contra la suerte,
Castilla del dolor y de la guerra,
tierra inmortal, Castilla de la muerte!                   25
(7) Era una tarde, cuando el campo huía
del sol, y en el asombro del planeta,
como un globo morado aparecía
la hermosa luna, amada del poeta.
(8) En el cárdeno cielo violeta                              30
alguna clara estrella fulguraba.
El aire ensombrecido
oreaba mis sienes, y acercaba
el murmullo del agua hasta mi oído.
(9) Entre cerros de plomo y de ceniza                  35
manchados de roídos encinares
y entre calvas roquedas de caliza,
iba a embestir los ocho tajamares
(10) del puente el padre río,
que surca de Castilla el yermo frío.                      40
(11) ¡Oh Duero, tu agua corre
y correrá mientras las nieves blancas
de enero el sol de mayo
haga fluir por hoces y barrancas,
(12) mientras tengan las sierras su turbante         45
de nieve y de tormenta,
y brille el olifante
del sol, tras de la nube cenicienta!…
(13) ¿Y el viejo romancero
fue el sueño de un juglar junto a tu orilla?              50
¿Acaso como tú y por siempre, Duero,
irá corriendo hacia la mar Castilla?
1. ANÁLISIS
1. Resumen
Estamos ante un poema descriptivo con un fuerte carácter emotivo. El yo poético (se nombra a sí mismo como “el poeta”) contempla la tierra castellana en un punto muy concreto, la ciudad de Soria, a orillas del Duero, en el puente que lo atraviesa camino del Moncayo. Describe la primavera en esos campos. Todo emana humildad, sencillez y pobreza. El campo está teñido de amarillo y acaso verde, casi marrón (“velludo polvoriento”). Las parcelas de cultivo son pequeñas; están cultivadas y ya se entrevén los cereales, de los que no se puede esperar mucho porque estamos en una tierra “dura y fría”. Levanta la vista el yo poético y solo ve “roca y roca” dispuestas en “serrijones” ásperos y estériles. Observa el cielo y ve águilas; se fija en la vegetación y contempla humildes hierbas. En ese momento, reacciona emocionalmente el yo poético: siente esa humilde tierra como suya, a pesar de ser “ingrata y fuerte”. Realiza un ejercicio de abstracción y recopilación; valora las ciudades castellanas como “decrépitas”, medio en ruinas, solas, malhumoradas y enfadadas consigo mismas. En un hermoso serventesio construido con paralelismos (vv. 22-25) valora el pasado glorioso castellano, el carácter firme y recio de su gente, con cierta propensión bélica, lo que también ha acarreado mucho dolor y muerte. De nuevo retoma su descripción explicando el momento de su contemplación: una tarde, cerca  del anochecer, surgiendo la luna por el cielo. Es un momento hermoso, con colores cárdenos; el yo poético se halla cómodo con la brisa que lo refresca y con el rumor del agua del río Duero discurriendo por su estrecha vega. El agua choca con  las bases del puente (“tajamares”). En ese momento, el yo poético contempla intensamente al río; le llama “padre” y lo invoca con admiración, cariño y respeto. Piensa que su agua correrá por su cauce para siempre, o al menos mientras lo alimenten las nevadas montañas. Siente estos elementos naturales como suyos, parte de su esencia espiritual. El último serventesio conecta la creación literaria popular, el romancero”, con un juglar que habitara a orillas del Duero. Asimismo, se pregunta (y desea) si Castilla estará volcada hacia el exterior, hacia un futuro incierto y acaso esplendoroso, como el agua del Duero camina hacia el mar.
  1. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Descripción intimista y emotiva de la dura y áspera tierra castellana, incluso en primavera, posicionado el yo poético al lado del Duero a su paso por Soria.
-El intenso amor que el yo poético siente por la tierra soriana, fría, inhóspita y poco fértil, pero dotada de una belleza singular, especialmente concentrada en el río Duero.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta cinco apartados temáticos, de sentido ascendente. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-17): descripción del paisaje rural a las afueras de Soria, en la estación primaveral. Todo es sencillez, pobreza, sequedad y humildad.
-Segundo apartado (vv. 18-25): El yo poético expresa su visión interiorizada de Castilla, en correspondencia con la descripción anterior. A pesar de la humildad de la tierra, la gente es valerosa, belicosa y decidida a luchar por sus ideales. Esto lo complace y lo admira. 
-Tercer apartado (vv. 26-40): el yo poético se introduce como un elemento más del poema y acota el tiempo: una tarde, al anochecer, al lado del Duero, cuya agua corre intrépida camino del mar.
-Cuarto apartado (vv.41-48): invocación sentimental en forma de apóstrofe al río Duero. De él destaca su eternidad, su permanencia, alimentado por las nieves de las montañas sorianas.
-Quinto y último apartado (vv. 49-52): el yo poético pregunta al río, y desea una respuesta afirmativa, si la poesía y el alma noble y aventurera de Castilla no habrán nacido justamente en ese lugar, a orillas del Duero. En ese caso, sobran motivos para amar y admirar a la tierra castellana. 
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por cincuenta y dos versos endecasílabos y heptasílabos; forman, pues, una silva. Sin embargo, si observamos bien la rima, descubrimos estructuras métricas clásicas; y se establece así (sin tener en cuenta el número de sílabas de cada verso): tres serventesios (ABAB) (vv. 1-12); un quinteto (vv. 13-17); tres serventesios (vv. 18-29); un quinteto (vv. 30-34); un serventesio (vv. 35-38); un pareado (vv. 39-40); y tres serventesios finales (vv. 41-52).
El ritmo creado es envolvente, sereno y armónico. El avance en el sentido se acompaña de una suave y firme musicalidad que refuerza la significación del conjunto poético.
  1. Comentario estilístico
Las tres primeras estrofas son muy similares en su estructura; forman un paralelismo extenso y musical. Todas las tres poseen una entonación exclamativa que abarca su contenido entero; y, finalmente, forman estructuras nominalizadas (como si se enunciara un sujeto y no completara la oración con un verbo). En la primera estrofa, el núcleo semántico principal es “primavera soriana”; en la segunda, “campillo amarillento” y “velludo polvoriento”; en la tercera, los “diminutos pegujales”, pequeñas parcelas de labradío. La primera ofrece un marco temporal y espacial: la primavera en Soria. En la segunda estrofa, sin embargo, el elemento principal es la tierra: pobre, humilde y medio seco, a pesar de ser primavera. 
El símil de la primera estrofa (“como el sueño de un bendito, / de un pobre caminante…”, vv. 2-3) es muy expresivo y bello; enfatiza en el hecho de la simplicidad de la naturaleza soriana. Establece un vivo contraste con la inmensidad del territorio (“páramo infinito!”, v. 4). Lo mismo ocurre con el símil de la segunda estrofa (“como tosco sayal de campesina”, v. 6). Sigue una metáfora que refuerza la humildad de la tierra castellana, al identificarla con una alfombra de poco valor (“velludo polvoriento”); allí se alimenta, sin mucho éxito, una oveja, delgada por falta de nutrientes. La tercera estrofa continúa con el tono emotivo y exaltado; se fija el yo poético en la pequeñas parcelas de cultivo (“pegujales”), no muy productivos, aunque ayudarán al alimento de esos esforzados campesinos que los laboran.
Eleva la vista y no ve nada nuevo que sea alentador. La repetición (“Y otra vez roca y roca”, v. 13) nos advierten de inhóspito paisaje. El quiasmo formado por los sustantivos que describen el paisaje es muy expresivo: “pedregales / desnudos y pelados serrijones” (v. 13-14). Luego presenta una enumeración de los vegetales que abundan por esos serrijones; son matorrales de poco valor que destacan por sobrevivir en condiciones extremas. Hasta aquí, no hay acción, solo contemplación, esencialidad desnuda.  Los adjetivos que acompañan a los sustantivos.
En las estrofas quinta y sexta apreciamos la repetición de oraciones exclamativas, indicio de un aumento de la emotividad e interiorización del paisaje captado. En efecto, esta impresión se ve confirmada con la expresión “tierra mía” (v. 19). El yo poético se identifica con Castilla, a la que nombra con este topónimo poco después. Aparece un adjetivo positivo (“fuerte”), frente a cuatro negativos (“ingrata”, “decrépitas”, “agria” y “sombrías”). Cambia ligeramente el paisaje, pues ahora rememora las ciudades, igual de inhóspitas que sus campos. La antítesis u oxímoron que se expresa en el verso inicial de esta estrofa marca el tono de la misma y de parte del poema: “¡Oh tierra ingrata y fuerte, tierra mía!” (v. 19). Son dos aseveraciones iniciales: la ingratitud y la fortaleza, contradictorias entre sí; y una valoración apasionada: el yo poético siente que Castilla es suya, forma parte de él. La implicación emocional del yo poético es total; no describe un paisaje ajeno, sino algo propio, íntimo. 
La sexta estrofa repite cuatro estructuras nominales en tono exclamativo, abiertas todas con la palabra “Castilla” (formando una viva anáfora en los tres primeros versos). Muestra el amor profundo del yo poético por esa tierra. Y no todo lo que descubre en ella es agradable, pero sí admirable. La presenta como una tierra sufrida, idealista, entregada a objetivos dolorosos y bélicos que suelen acabar catastróficamente, como manifiesta el sintagma final “Castilla de la muerte! (v. 25). 
La séptima y octava estrofas introducen una novedad respecto del tema y el tono. El yo poético explica el momento de su contemplación y rebaja la carga emocional. Por primera vez, aparece un verbo en pretérito imperfecto, describiendo un momento y un lugar: en el campo, al atardecer; el sol se va y la luna viene. Con la estrella y el satélite marca bellamente el momento del anochecer. Se permite el yo poético, en un arranque de sinceridad, comunicarnos que ama a la luna, calificada de “hermosa”. El yo poético describe con precisión efectos sensitivos visuales (“cielo cárdeno”), táctiles (“el aire… oreaba mis sienes”) y auditivos (“el murmullo del agua hasta mi oído”). Se siente, presumimos, tranquilo y sereno. Los adjetivos cromáticos aportan gran intensidad: “cárdeno”, “violeta”, “clara” y “ensombrecido”. Los ecos de la “Oda a la vida retirada”, de fray Luis de León, son evidentes.
Las estrofas nueve y diez suponen un giro en la contemplación del yo poético: el río Duero es el objeto de su mirada asombrada y amorosa. Lo denomina “padre río” (v. 39), expresión clara de su pasión por él. La fuerza del agua al chocar contra los tajamares muestra la fortaleza del cauce. El río adquiere categoría de símbolo porque recoge la idea de la energía de Castilla a lo largo de los siglos: una corriente firme caminando hacia el mar. 
Las dos estrofas siguientes (11 y 12) muestran el amor que el yo poético siente por el río Duero. Admira su permanencia a lo largo de los siglos y de la accidentada geografía. Las dos estrofas forman una sola oración exclamativa, que se cierra con una suspensión; deja abierta la expresión de su emoción positiva ante el río Duero. Las imágenes presentadas son muy bellas: aluden a la nieve de las montañas donde nace el río castellano, al sol que derretirá sus nieves y aumentará su cauce. Son fenómenos naturales rutinarios, pero se presentan como rituales, es decir, simbolizando el maravilloso ritmo natural de las nieves de invierno, el deshielo de la primavera y el consiguiente aumento del caudal del río. 
La última estrofa posee un fuerte carácter emotivo. El yo poético sospecha que justo el romancero (la colección de romances del folclore español) pudo haber nacido, exactamente a orillas del Duero. Es un modo de afirmar que el lugar contiene la poesía y el ensueño suficiente para inspirar inmediatamente. Contempla, asimismo, la posibilidad de que Castilla “irá corriendo hacia la mar” (v. 52), metáfora de la vocación épica de la tierra castellana. El mar se configura como metáfora de la aventura, la ilusión, pero también de la incertidumbre y el dolor. 
El conjunto del poema muestra una sólida estructura poética que sostiene la emoción por el río Duero y por Castilla por parte del yo poético. La cuidadosa selección léxica y el elaboradísimo empleo de los procedimientos retóricos producen un artefacto expresivo de una asombrosa belleza.
  1. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. Interpretación y valoración
Este hermoso poema, de una increíble densidad significativa, muestra el profundo amor y respeto que Machado sentía por la tierra castellana. Es un poema objetivo y subjetivo al mismo tiempo; las descripciones iniciales son duras y feroces: la pobreza, la sequedad, la esterilidad de la tierra castellana son presentadas sin contemplaciones.
Y, sin embargo, el yo poético muestra sin reparos su enorme amor por ella. Tras la superficie más elemental, indaga en el pasado castellano y encuentra un espíritu aventurero, heroico incluso, y eso lo conmueve. Hace suyo estos valores y los devuelve a Castilla en forma de amor y de deseo de un futuro mejor, más próspero y noble, como en los siglos pasados. 
El poema presenta una construcción meditada, equilibrada y armónica. La mirada general, la posición del yo poético y la contemplación del río al caer la noche son los elementos generales que hace suyos, los interioriza con amor y respeto. He aquí, pues, un hermoso poema esencialista, entre naturalista y espiritualista, tal y como nos tiene acostumbrados Machado.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimientos  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Qué órgano sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aporta? 
4) ¿Cómo se aprecia en texto la importancia de la mirada? 
5) ¿Cómo es Castilla, atractiva o lo contrario, según el yo poético?
6) ¿Cómo aparece en el texto la historia de Castilla?
67 ¿Qué significación aporta la estrofa final en el conjunto del poema? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de un paisaje especialmente emotivo. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «El Dios ibero» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – El Dios ibero
CI
EL DIOS IBERO
[1] Igual que el ballestero                                 1
tahúr de la cantiga,
tuviera una saeta el hombre ibero
para el Señor que apedreó la espiga
y malogró los frutos otoñales,                                5
y un «gloria a ti» para el Señor que grana
centenos y trigales
que el pan bendito le darán mañana.
[2] “Señor de la ruina,
adoro porque aguardo y porque temo:                  10
con mi oración se inclina
hacia la tierra un corazón blasfemo.
[3] ¡Señor, por quien arranco el pan con pena,
sé tu poder, conozco mi cadena!
¡Oh dueño de la nube del estío                             15
que la campiña arrasa,
del seco otoño, del helar tardío,
y del bochorno que la mies abrasa!
[4] ¡Señor del iris, sobre el campo verde
donde la oveja pace,                                              20
Señor del fruto que el gusano muerde
y de la choza que el turbión deshace,
[5] tu soplo el fuego del hogar aviva,
tu lumbre da sazón al rubio grano,
y cuaja el hueso de la verde oliva,                         25
la noche de San Juan, tu santa mano!
[6] ¡Oh dueño de fortuna y de pobreza,
ventura y malandanza,
que al rico das favores y pereza                     
y al pobre su fatiga y su esperanza!                      30
[7] ¡Señor, Señor: en la voltaria rueda
del año he visto mi simiente echada,
corriendo igual albur que la moneda
del jugador en el azar sembrada!
[8] ¡Señor, hoy paternal, ayer cruento,             35
con doble faz de amor y de venganza,
a ti, en un dado de tahúr al viento
va mi oración, blasfemia y alabanza!».
[9] Este que insulta a Dios en los altares,
no más atento al ceño del destino,                       40
también soñó caminos en los mares
y dijo: es Dios sobre la mar camino.
[10] ¿No es él quien puso a Dios sobre la guerra,
más allá de la suerte,
más allá de la tierra,                                              45
más allá de la mar y de la muerte?
[11] ¿No dio la encina ibera
para el fuego de Dios la buena rama,
que fue en la santa hoguera
de amor una con Dios en pura llama?                  50
[12] Mas hoy… ¡Qué importa un día!
Para los nuevos lares
estepas hay en la floresta umbría,
leña verde en los viejos encinares.
[13] Aún larga patria espera                              55
abrir el corvo arado sus besanas;
para el grano de Dios hay sementera
bajo cardos y abrojos y bardanas.
[14] ¡Qué importa un día! Está el ayer alerto
al mañana, mañana al infinito,                               60
hombre de España, ni el pasado ha muerto,
ni está el mañana —ni el ayer— escrito.
[15] ¿Quién ha visto la faz al Dios hispano?
Mi corazón aguarda
al hombre ibero de la recia mano,                          65
que tallará en el roble castellano
el Dios adusto de la tierra parda.
1. ANÁLISIS
  1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. En este poema se presenta un retrato espiritual el hombre ibero, del español corriente y moliente, en su versión campesina. En la primera estrofa se presenta al “hombre ibero”, el español típico, podemos decir. Se destaca de él su ligereza religiosa: reza agradecido a Dios (así lo escribe Machado) cuando todo le va bien y protesta airadamente contra esa deidad cuando le va mal. Sigue una especie de oración, casi un monólogo, o soliloquio, del hombre con Dios. Se extiende (estrofas 2-8) largamente en su agradecimiento al Señor y lo increpa con insultos cuando las cosas no salen como él esperaba. Se trata de una radiografía del alma del hombre español: mezquino, rencoroso, superficial y violento, contra Dios y contra todo lo vivo. Es una oración de “blasfemia y alabanza” al mismo tiempo; según los frutos, así será la oración. Este individuo no carece de ciertos valores (estrofas 9-11), como muestra la historia de sus antepasados. Ha luchado noblemente y laborado tenazmente para obtener frutos de la tierra, lo que es un valor positivo. De las estrofas 12-14 el yo poético reflexiona sobre el presente del “hombre ibero”: no todo está perdido. Con tenacidad y objetivos claros se puede alcanzar una vida plena y próspera, regidos por nobles y elevados deseos intelectuales; aquí, lo que cuenta es el presente, que puede dar lugar a un futuro mejor. La última estrofa (15) nos presenta gramaticalmente visible al yo poético. Como nada está escrito para siempre, está ilusionado con la idea de que el “hombre ibero” será capaz de crear un país mejor y, también, cultivando sus virtudes, moldear una idea más equilibrada de un Dios benigno.
  1. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-La bajeza espiritual del hombre español, con unas creencias primarias y violentas sobre un Dios más bien cruel y rencoroso.
-La esperanza de un futuro mejor para España, elevando el nivel espiritual de sus habitantes y laborando por un futuro más libre, auténtico, próspero y equilibrado.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta cinco apartados temáticos, de sentido ascendente. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (primera estrofa, vv. 1-8): se presenta el “hombre ibero” como un individuo violento, primario e individualista; alaba a Dios si su vida va bien, y lo impreca e insulta si va mal.
-Segundo apartado (estrofas 2-8, vv. 9-38): en esta sección aparece una oración contradictoria (está entrecomillada), primaria y violenta del español dirigida a su Dios. El yo poético realiza un soliloquio del hombre de España, que resulta ser una oración. Alaba y ensalza a Dios si su vida material va bien; lo vitupera y rechaza si va mal. 
-Tercer apartado (estrofas 9-11, vv. 39-50): el yo poético reacciona ante tanto pesimismo y derrotismo, que él mismo ha pintado; también este hombre español ha sido capaz de hacer cosas valiosas en su pasado (“soñó caminos”); la tierra ha producido buenos frutos y se puede esperar de ambos objetivos nobles.
-Cuarto apartado (estrofas 12-14, vv. 51-62): el yo poético se fija en el momento presente. Anima al español a que reaccione, se levante de su postración y luche por enderezar el buen rumbo de las cosas. Con ilusión y tenacidad se puede enderezar el destino alcanzar objetivos nobles desde cualquier punto de vista.
-Quinto apartado (estrofa 15, vv. 63-67): el yo poético se introduce explícitamente en el poema (“Mi corazón aguarda”). Anima al español a que no pierda la fe en su futuro esplendoroso; entonces podrá moldear la figura de un Dios más benevolente y comprensivo con la vida humana. La idea de Dios depende de cómo nos la forjemos en nuestro interior; si somos nobles y buenos, así será nuestro Dios; si somos violentos y malvados, así resultará nuestra deidad. 
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por sesenta y siete versos endecasílabos y heptasílabos, agrupados en quince estrofas nada regulares, aunque predomina la de cuatro versos formando serventesios. En este sentido, el poema es una silva. Pero la rima consonante depara sorpresas muy agradables. Encontramos una sucesión de tres serventesios (ABAB) (vv. 1-12). Los versos 13-14 forman un pareado. Y desde ahí, se suceden  doce serventesios ; el verso 63 queda libre (aunque rima con el segundo y tercero de la siguiente estrofa); se cierra el poema con un cuarteto ( (vv. 64-67).
El conjunto es maravillosamente musical, armonioso y con perfecta correspondencia entre fondo y forma. El contenido es severo, reflexivo y, al mismo tiempo, esperanzado; pues esas mismas cualidades transmiten la sucesión de estrofas descritas previamente.
  1. Comentario estilístico
El poema se abre con una presentación nada complaciente del “hombre ibero”; él es el foco del texto, a pesar del título. Toda la estrofa es un expresivo símil sobre la actitud de este individuo, que podemos nombrarlo como el español común. Se destaca su extremosidad y su iracundia respecto a su percepción de Dios: igual lo quiere matar que lo ensalza desmedidamente, según se vean colmados sus deseos terrenales. El ballestero objeto de la comparación es, probablemente, una alusión al que aparece en el “Romance del Prisionero”. En esta primera estrofa, las hipérboles y metáforas aportan gran expresidvidad: “apedreó la espiga” (v. 4), “el pan bendito le darán mañana” (v. 8), etc. La antítesis u oxímoron de fondo que recorre la estrofa insiste en la falta de templanza del español en los aspectos religiosos; o desprecia Dios, o lo ensalza a las alturas.
En la segunda estrofa comienza la oración del “hombre ibero”. Se trata de una confesión de sus miedos más íntimos, pero también de sus esperanzas e ilusiones. Lo califica como “Señor de la ruina” (v. 9), es decir, malo, violento y vengativo. Confiesa que reza por una mezcla de esperanza y de temor ante el futuro, aunque se sabe “blasfemo” (v. 12). Podemos ver que abre su corazón hasta los rincones más tenebrosos.
La tercera estrofa presenta aspectos negativos de la vida del campesino. Ahora el labriego culpa a Dios de las malas cosechas. Las dos exclamaciones retóricas enfatizan la rabia interna del español. No son nuevas en el poema, pero los paralelismos introducen una expresividad llamativa. (“sé tu poder, conozco mi cadena”, v. 14). También la apóstrofe recuerda machaconamente que estamos ante un rezo, aunque bastante impío. El yo poético recoge tareas agrícolas del campesino, malogradas por la climatología adversa en distintas estaciones del año.
En la cuarta estrofa continúa la oración con sus tintes negativos, aunque la aparicion del arco iris, al principio, suaviza algo el contenido. Ahora aparece la fruta podrida y la humilde casa del campesino deshecha por una tormenta. Son metonimias, o directamente, ejemplos, de la cólera de un Dios violento y nada compasivo.
En la quinta estrofa aparece, por fin, los aspectos benevolentes de este Dios caprichoso e irascible. Ayuda a una vida más cómoda con el calor que proporciona a los hombres en sus hogares, en la noche de San Juan (obsérvese en enorme hipérbaton, que abarca la estrofa entera) en los campos, ayudando a la maduración de los frutos (“grano” y “oliva”), que serán el sustento de las personas. La oración exclamativa que se había abierto en la cuarta estrofa se cierra ahora. Su considerable extensión es una muestra de la tensión espiritual que arrastra el “hombre ibero”. Los colores son interesantes (“rubio grano”, “verde oliva”, “santa mano”) porque añaden un matiz de suavidad y bienestar.
La sexta estrofa es una exclamación retórica toda ella. Las bimembraciones son muy expresivas (“de fortuna y de pobreza”, por ejemplo, en el v. 26) y enfatizan el contraste en el comportamiento de esa deidad, en relación al “rico” y al “pobre”; aquel vive en “favores”; este, en “fatiga”. Este español protesta por las exageradas diferencias antitéticas entre los dos polos sociales. 
La séptima estrofa repite, al comienzo, la invocación, “Señor”, enfatizando su sentido apostrófico. Sin embargo, el campesino vuelve por sus fueron de protesta y agravio. Se siente maltratado, como un mero tahúr tabernario jugando sus monedas, solo que él, con la cosecha, se juega su manutención. Acusa a Dios, por tanto, de caprichoso e injusto. La metáfora continuada (casi alegoría) del jugador y sus monedas fijan el sentido con precisión.
La octava estrofa, la última de la oración, o confesión, o monólogo interior, del campesino da la clave del comportamiento de este: hace lo mismo que Dios. Es, al mismo tiempo, bueno y malo, justo e injusto, amoroso y vengativo. Tiene “doble faz de amor y de venganza” (v. 36), como el propio Dios. Juegan, digamos, con las mismas cartas, por eso se entienden tan bien. El resentimiento del campesino no le impide ver que, después de todo, imita a su deidad; casi es una sutil venganza por no sentirse escuchado por Dios. De nuevo las antítesis aportan viveza expresiva, como “hoy paternal, ayer cruento” (v. 35).
El yo poético toma la palabra en la estrofa 9, para recortar la descripción del “hombre ibero”. Pero cambia totalmente de registro respecto de la primera estrofa. Nos informa que este sujeto también tuvo sueños nobles, lo que expresa con la metáfora “también soñó caminos en los mares” (v. 41). El mar, como metáfora de la apertura a una vida más expansiva, ocupa una buena parte del sentido de la estrofa y más allá. El español también ha sabido forjarse un “camino”, metáfora de recorrido existencial, más pleno y benevolente.
La décima estrofa resulta una interrogación retórica muy bella y profunda. Ensalza del español su capacidad para realizar gestas imposibles, colocando a Dios como estandarte; así, llegó a grandes metas. Existe un corolario implícito: si lo hizo una vez, puede volver a repetirlo. La estructura paralelística de los versos 44-46 es de extraordinaria belleza y expresividad. El yo poético no ha perdido del todo la esperanza, pues los resultados pasados fueron muy señeros.
La undécima estrofa avanza en la misma dirección que la anterior. La interrogación retórica afirma enfáticamente que en España, lugar de la “encina ibera”, se alcanzaron grandes logros espirituales. Parece que alude a la literatura religiosa (ascética y mística) de los Siglos de Oro. Existe esperanza, pues, de un nuevo renacer.
La duodécima estrofa introduce un quiebro importante en la perspectiva analítica. Ya no se habla del pasado. El yo poético se instala en el “hoy”; desea olvidarse del pasado y pensar en el futuro. Se fundarán nuevos hogares en una situación más benigna. Ahora se describe un paisaje ameno, como delatan los sustantivos (“estepas”, “floresta”, leña” y “encinares”). Los adjetivos también son benignos y de connotación positiva y esperanzada, digamos.
La décimo tercera continúa con el dibujo de una España más próspera y fértil. Debajo de la áspera superficie, a lo que se alude metonímicamente a través de plantas feas e improductivas (“cardos y abrojos y bardanas”). Establece un futuro de esperanza para el español: la tierra se volverá a cultivar y sembrar el “grano de Dios”, que daran una buena sementera. El yo poético presiente un futuro algo mejor.
Se confirma esta sensación de optimismo con la repetición de la expresión “¡Qué importa un día!”, con que se abre la décimo cuarta estrofa. Ahora el yo poético apostrofa al “hombre de España” (v. 61) y le pide que el “mañana”, pues tras él viene “el infinito” (v. 60). La metáfora del futuro como la página de un libro no escrita explica muy bien las expectativas del futuro. La concatenación de esta estrofa (ayer, mañana, infinito) es muy hermosa e impulsa la significación optimista y vigorosa. Ahora comprendemos que el “hombre ibero” es el “hombre de España”, a quien invoca el poeta para que reaccione y luche por una vida mas armoniosa y feliz, pues ni el pasado (“el ayer”, v. 62) nos debe atar, ni el futuro está preestablecido.
 La décimo quinta y última estrofa posee un claro carácter sintético. Se abre con una interrogación retorica en la que afirma que, después de todo, no conocemos el verdadero rostro del “Dios hispano” (v. 63). Acaso no sea tan cruel como lo imaginamos. El yo poético se involucra totalmente en la significación del poema al introducirse como un personaje más del contenido. “Mi corazón aguarda” (v. 64) es la expresión que nos advierte de cómo el poema no es un texto aséptico y ajeno al yo poético. Por el contario, le afecta muy directamente. Él, como español, también desea un futuro mejor. Los tres versos finales desarrollan una metáfora bellísima y vigorosa. Dios será como los habitantes quieran que sea. Lo tallarán conforme a sus fuerzas y su talento. Y lo harán con el vigor y la entereza moral que los españoles han mostrado en el pasado. El “Dios adusto” será más bondadoso y equitativo con el “hombre ibero” de lo que lo ha sido en el pasado. La “tierra parda”, metáfora de España, albergará un pueblo algo más feliz y fecundo de lo que se ha visto hasta entonces.
Se cierra el poema con un deseo muy hondo del yo poético sobre el futuro de España y sus habitantes. Desea una vida más desahogada y más elevada para esos hombres que ahora llevan una existencia arrastrada. El pasado fue glorioso; hay que retomar parte de él para tomar impulso para el futuro más luminoso. La tarea no es fácil, sin duda; sin embargo, es factible para “el hombre ibero de la recia mano” (v. 65). El poema, en conjunto, es hermoso, hondo y estremecedor. Solo Machado podía alcanzar esta sublime belleza literaria.
  1. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. Interpretación y valoración
Este denso y profundo poema interpela al lector incisivamente. Machado plantea una reflexión muy profunda sobre los ritos y creencias religiosas del “hombre ibero”, más o menos sinónimo del español, o el castellano, en su versión de campesino. El planteamiento inicial es duro y áspero. Estamos ante un individuo extremoso, rencoroso, envidioso y, algunas veces, agradecido. Su vida es dura, pobre y áspera, lo que justifica, al menos en parte, su modo de orar a un Dios que no es más que la quintaesencia del mismo individuo: justiciero, vengativo y cruel, además de despiadado. El labriego ha creado a ese Dios, ¿o acaso es lo contrario?
Este campesino rudo y primario reza –a veces, imprecando; a veces, maldiciendo– según le ha ido en sus asuntos materiales. Como vemos, el egoísmo y la pobreza lo inundan todo. Sin embargo, Machado echa la vista atrás y encuentra un pasado glorioso en el corazón de Castilla. Fue capaz de montar un imperio y también de crear grandes logros espirituales, como la poesía mística del Renacimiento y el Barroco. Algo debería permanecer de ese hombro que fue animoso y enérgico.
Echa la vista al presente y, en efecto, aunque la situación es lastimosa, piensa que todavía hay tiempo para reaccionar y enderezar el rumbo (entendemos que material y espiritual) de un país a la deriva. En la expresión ¡”Qué importa un día!” se encierra el espíritu luchador y el ánimo decidido del yo poético, trasunto de Machado, a crear un país más culto, equilibrado, próspero y feliz. El poeta está mucho más involucrado de lo que aparenta en la acción poética. La expresión “mi corazón aguarda” no transmite el compromiso de Machado con el presente y el futuro de España. Espera un renacer de su patria, tanto en los aspectos materiales, como en los culturales y espirituales; un futuro más próspero y feliz que le permita “tallar” un Dios más bondadoso y tranquilo, como será el español del porvenir.
El poema es tremendamente conmovedor y bello. Lo que parece una crítica airada a los ritos religiosos del español común se convierte en una honda reflexión y un deseo para el futuro para el conjunto de la patria: cierta prosperidad, generosidad, grandeza de miras y una reacción enérgica para enfrentar los problemas, inevitables, y solventarlos con rectitud moral y espíritu elevado. Y, al fondo, como siempre en Machado poesía como “palabra en el tiempo”, esencialidad de los sentimientos más auténticos perdurando más allá de nuestras vidas.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Quién protagoniza el poema, teniendo en cuenta que uno ora y otro es alabado? 
2) El poeta, ¿qué valoración muestra del “hombre ibero”? ¿Este último, a quién representa? 
3) ¿Qué tono posee el poema, pesimista, optimista o neutral? ¿Es la tierra ibérica benevolente con sus pobladores? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la mirada al pasado y luego al presente? ¿?
5)¿Qué comunica la expresión “¡Qué importa un día!”? ¿Por qué será así? 
6) ¿Qué significación se encierra en “mi corazón aguarda” (v. 64)? ¿Qué podemos deducir del estado de ánimo de la poeta? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese el análisis de algunas creencias religiosas y su efecto sobre las personas.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de actitudes espirituales, ritos o costumbres actuales que manifiesten el modo de ser de las personas. Puedes sugerir una solución, si la situación es negativa, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «El hospicio» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – El hospicio
C
EL HOSPICIO
Es el hospicio, el viejo hospicio provinciano,            1
el caserón ruinoso de ennegrecidas tejas
en donde los vencejos anidan en verano
y graznan en las noches de invierno las cornejas.
Con su frontón al Norte, entre los dos torreones       5
de antigua fortaleza, el sórdido edificio
de grietados muros y sucios paredones,
es un rincón de sombra eterna. ¡El viejo hospicio!
Mientras el sol de enero su débil luz envía,                
su triste luz velada sobre los campos yermos,         10
a un ventanuco asoman, al declinar el día,
algunos rostros pálidos, atónitos y enfermos,
a contemplar los montes azules de la sierra;
o, de los cielos blancos, como sobre una fosa,
caer la blanca nieve sobre la fría tierra,                  15
sobre la tierra fría la nieve silenciosa!…

I. ANÁLISIS

  1. Resumen

Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. Este poema es una descripción intimista de un edificio, un hospicio provinciano. El yo poético lo contempla desde el exterior, pero, al mismo tiempo, nos ofrece el impacto emocional que recibe con esa mirada serena, triste y melancólica. Aplica una perspectiva de lo general y más amplio, a lo particular y más pequeño. En la primera estrofa nos presenta un perfil general a través de la expresión “caserón ruinoso” utilizado como nido por los vencejos y las cornejas; solo sirve para eso. ¿Estará abandonado?, se pregunta el lector. En la segunda estrofa describe con cierto detalle el conjunto del edificio: su fachada principal da al norte; sus muros y paredones están “grietados” y “sucios”. La tercera estrofa indica el momento de la contemplación: un mes de enero, tan frío y mortecino como todos los demás. Ahora advertimos que está habitado, porque “algunos rostros pálidos, atónitos y enfermos” sacan la cabeza por un ventanuco para contemplar el blanco paisaje de fondo con unos montes solo entrevistos. En efecto, está nevando en esa población.

  1. Tema

El poema aborda dos temas principales:

-La dura vida del hospiciano, recogido en un ambiente de pobreza y desolación en un edificio desvencijado.

-El estado de ruina del edificio del hospicio en un lugar de duro clima donde todo es frío y abandono.

  1. Apartados temáticos

El poema presenta dos apartados temáticos, con una dinámica que va de lo general a lo particular y luego otra vez a lo más amplio; primero ve el yo poético; luego, los hospicianos. De este modo, tenemos:

-Primer apartado (dos primeras estrofas, vv. 1-8): descripción del edificio del hospicio, con una perspectiva dinámica de lo grande a lo pequeño. 

-Segundo apartado (tercera y cuarta estrofas, vv. 9-16): en esta sección aparecen unas personas que contemplan cómo nieva en ese lugar, con unos montes de fondo y un cielo blanco, a tono con la fría tierra.

  1. Aspectos métricos y de rima

Este poema está compuesto por dieciséis versos alejandrinos agrupados en cuatro estrofas. La rima es consonante; los versos riman en consonante: ABAB, cambiando la rima en cada una de las estrofas. Se trata, pues, de una sucesión de serventesios. En este verso amplio, pero con solo cuatro estrofas, Machado desarrolla una idea completa y nos transmite un estado emocional preciso y análogo al paisaje y el edificio contemplado. 

  1. Comentario estilístico

En el primer verso se repite dos veces la palabra “hospicio”, de modo que ya conocemos dónde está el foco temático del poema; lo denomina también como “caserón” (v. 2). Los adjetivos que le aplica son de significación negativa: “viejo”, “provinciano”, “ruinoso”, “ennegrecidas (tejas)” habitado por vencejo en verano y cornejas en invierno. Son aves de fama dudosa y valoración más bien negativa. La antítesis establecida entre el verano y el invierno es muy interesante porque da una idea de quién puebla el exterior del hospicio durante todo el año. Parece que poco bueno puede venir de ese ambiente casi ruinoso.

En la segunda estrofa, el yo poético continúa con la descripción del edificio; explica que su fachada principal posee dos torreones “de antigua fortaleza” (v. 6), como si se hubiera reconvertido de un establecimiento militar a otro social. Los muros están “agrietados”, los paredones son “sucios”. En fin, todo él es “un rincón de sombra eterna” (v. 8). El dibujo es sombrio, casi siniestro, pues la adjetivación connota fealdad, frío y tristeza. La expresión “sórdido edificio” (v. 6) añade una paletada de desolación y descomposición. La exclamación que cierra el segundo serventesio “¡El viejo hospicio!” (v. 8) completa esta visión ahora interiorizada, ya dentro del yo poético, que siente pena y dolor por ese lugar.  

La tercera estrofa presenta una concreción en el ángulo visual. Dentro hay vida, allí viven personas. Se refiere a ellos el yo poético a través de una metonimia: “rostros pálidos, atónitos y enfermos” (v. 12). No sabemos si son niños o adultos, ni su sexo, ni el modo de vestir. Sí nos comunica el yo poético, sin embargo, cómo son sus caras: tristes, doloridas y hambrientas. No entra en las causas, pero las podemos imaginar: abandono, pobreza absoluta y amargura infinita. También sabemos que estamos en enero, en un día frío, con un paisaje “yermo”, es decir, infértil, seco y abandonado a su suerte. Este tercer serventesio solo es una parte de la oración que continuará en el cuarto. Los hospicianos asoman a un “ventanuco”.

En la cuarta estrofa comprendemos qué ha llamado la atención de los hospicianos: está nevando. Todo está blanco, excepto “los montes azules” (v. 13). Se repite el adjetivo “blanco” dos veces, aplicado a “cielos” y a “nieve”. La carga del adjetivo, funcionando de epíteto en las dos ocasiones, es muy intensa. Allí no hay vida, solo desolación. Este mensaje nos lo comunica el símil “como sobre una fosa” (v. 14); en efecto, la muerte, la tristeza lo ocupan todo, el edificio, en interior, sus habitantes, y, finalmente, el exterior, el paisaje. La repetición en quiasmo de “la fría tierra” en los versos finales, casi concatenados, insisten extraordinariamente en la sensación de frialdad y falta de vida. La “nieve silenciosa”, expresión que cierra el poema, insiste en esta idea. 

El poema se cierra con un epifonema en suspensión. Es un final maravilloso y muy expansivo en su significación. No podemos esperar mucho de ese lugar, frio, solitario y pardo, y sus misteriosos y dolientes habitantes, pero acaso haya algo de esperanza. El yo poético, a lo largo del poema, muestra compasión por la tierra y el paisaje, por su desolación absoluta, que le duele, y mucho.

  1. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. Interpretación y valoración

Este poema es una contemplación interiorizada de un edificio singular, un hospicio; no es un lugar cualquiera, pues en él se recogen los niños huérfanos y expósitos. El edificio muestra su decrepitud galopante a los ojos del poeta y de los lectores; no provoca rechazo, sino pena. La segunda parte del poema se centra en los misteriosos habitantes, a los que no se describe con exactitud; los tres adjetivos que les dedica el poeta, “pálidos, atónitos y enfermos” nos muestran unas personas medio abandonadas, malviviendo en una situación penosa. Existe como una correspondencia entre el edificio y sus habitantes, pues ambos se tambalean en sus existencias dudosas y dolientes. La nieve y el frío son dos sensaciones más bien desagradables que contribuyen al dibujo general de un lugar casi fantasmagórico.

La corriente interior de simpatía que el poeta muestra por el edificio y sus sufridos pobladores es intensa y persistente. Esa era la España real en las dos primeras décadas del siglo XX: pobreza y abandono, sufrida por los elementos más débiles de la población. Su lectura incide emocionalmente al lector, que se sobrecoge por la sobria y conmovida descripción del hospicio; al tiempo, pide una reacción de la sociedad para enmendar errores del pasado. Y, al fondo, como siempre en Machado: “palabra en el tiempo”, esencialidad de los sentimientos más auténticos perdurando más allá de nuestras vidas.

  1. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 

5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos descritos, y cómo impactan en el poeta. 

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Qué sentimientos  nuclea el contenido del poema? 

2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 

3) ¿Qué percepción sensitiva domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 

4) ¿Cómo se aprecia en texto la decrepitud del edificio? ¿De qué es metáfora?

5) El tiempo, ¿discurre bajo una norma rígida e inflexible? ¿Por qué será así? 

6) ¿Qué significación se encierra en la nieve (junto con la tierra fría y el color blanco)? ¿Qué podemos deducir del estado de ánimo de la poeta? 

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de un edificio y sus posibles habitantes. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la contemplación serena y emocional, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Por tierras de España» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – Por tierras de España (XCIX)
POR TIERRAS DE ESPAÑA
El hombre de estos campos que incendia los pinares    1
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.
Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;           5    
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos            10
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.
Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto                15
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.
Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.                         20
Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su presa y libra la que el vecino alcanza;
ni para su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren y acongojan fortuna y malandanza.
El numen de estos campos es sanguinario y fiero;       25
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,
veréis agigantarse la forma de un arquero,
la forma de un inmenso centauro flechador.
Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta                
—no fue por estos campos el bíblico jardín—;              30
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. El poema que ahora comentamos es una sombría y negativa reflexión sobre la tierra y los habitantes de España. No existe un solo topónimo, así que no podemos concretar si piensa en Castilla, lo que sería lógico, dado que estamos ante un poema de Campos de Castilla. En el primer verso se afirma “El hombre de estos campos…”, pero no hay detalles ulteriores que nos permitan identificarlo. El sujeto lírico realiza un retrato (con sus partes de prosopografía y de etopeya) del español. Lo presenta como asilvestrado y depredador de los recursos naturales hasta esquilmar la tierra, de ahí que sus hijos tengan que abandonarla. Es un hombre viajero y trashumante por necesidades económicas (ha de llevar sus rebaños a zonas de pastos). Del verso 13 al 16 se presenta una prosopografía inquietante: es un individuo pequeño y su rostro es poco agradable; los “pómulos salientes”, las cejas “muy pobladas” y el “semblante enjuto” pintan un retrato de un tipo torvo y agresivo. Continúa acto seguido una etopeya tan inquietante como la prosopografía: es un hombre “malo” y vicioso, además de envidioso y amargado. En esta “tierra de España” existe un “numen” (“Deidad dotada de un poder misterioso y fascinador”, según el DLE) “sanguinario y feo” que, mirando el horizonte al atardecer, se le puede distinguir entre las nubes; se trata de una figura siniestra, parecida a la de un centauro. Bien mirado, podemos distinguir en su figura la envidia y el crimen que arrastramos desde Caín, según el relato bíblico.
2) Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Descripción de la tierra española, en concreto la castellana, como árida, estéril y desapacible.
-Descripción del español, en concreto del castellano, física y moralmente considerado; es un ser feo y siniestro, además de vicioso, envidioso y criminal, acaso por designio divino.
3) Apartados temáticos
El poema presenta tres apartados temáticos, de sentido ascendente. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-8): se presenta el marco espacial donde se desarrolla la acción: “estos campos”, es decir, España, probablemente Castilla. Conocemos la geografía donde vive: lugar pobre, despoblado e inhóspito, en parte debido a la codicia de su poblador, avaro y medio estúpido.
-Segundo apartado (vv. 9-24): en esta sección se realiza un retrato físico y moral del hombre español; sus rasgos principales son su fealdad (pequeño, de cara siniestra, etc.) y su avaricia envidiosa. 
 -Tercer apartado (vv. 25-32): el yo poético advierte al lector que la dura realidad presentada anteriormente se deba al influjo de una deidad malvada y criminal; se la puede ver, al atardecer, atravesar el horizonte, entre las nubes, en forma de “un centauro flechador”, con la marca del crimen en su figura, pues es envidioso y malvado. 
4) Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por treinta y dos versos alejandrinos agrupados en ocho estrofas. La rima es consonante y se establece así: ABAB, para cada estrofa, cambiando la rima, lógicamente. El poema es una sucesión de ocho serventesios; se trata de una estrofa que permite cierta expansión verbal, pero, a la vez, contenida en el marco de los cuatro versos.
5) Comentario estilístico
En la primera estrofa el yo poético presenta al “hombre de estos campos”. Lo presenta como un depredador irresponsable porque ha acabado con la vegetación y la riqueza de la tierra; de hecho, lo considera pirómano. Ya en el verso 2 destaca su codicia: “Y su despojo aguarda como botín de guerra”. Advierte el yo poético que la pobreza actual procede de las malas artes pasadas; llueve sobre mojado. Toda la estrofa funciona como sujeto del predicado que ocupará la segunda estrofa.
La vida del campesino castellano es dura y áspera. La pobreza es tal que los hijos abandonan sus hogares; por otro lado, las tormentas arrastran la capa fértil de la tierra y los ríos, auténticos caminos existenciales, se llevan la fertilidad hacia los “anchos mares”, metáfora de la lejanía y la incertidumbre. La consecuencia es que ese español “trabaja, sufre y yerra” (v. 8); esta enumeración expresa con énfasis la vida esforzada y pobre del “hombre de estos campos”; todo el esfuerzo invertido en esa tierra esquilmada no provoca sino sufrimiento.
 La tercera estrofa presenta una suerte de genealogía del campesino castellano. Sus antecesores son “rudos caminantes”, “pastores” trashumantes entre Castilla y Extremadura, tierra, esta sí, “fértil”. No podemos hacernos muchas ilusiones con estos labriegos de orígenes andariegos. El rebaño de ovejas avanzando por los campos ofrece una imagen positiva y benevolente. El avance del campesino se presenta con una imagen desoladora: es un hombre envuelto en polvo y dorado por el sol. Parece que los elementos naturales se ensañan contra él, pues “mancha el polvo y dora el sol de los caminos” (v. 12); el hipérbaton de las dos oraciones, paralelas en sí mismas, insiste en la violencia de la acción.
La cuarta estrofa es una prosopografía del campesino castellano. Aparecen once adjetivos calificativos aplicados a partes de su cuerpo o cualidades generales de su persona. Todos son de significación negativa; muchos se refieren a aspectos externos (“Pequeño, hundidos, salientes, pobladas”, etc.), pero otros aluden al aspecto más interior (“sufrido, astuto, recelosos, movibles”, etc.). El conjunto presenta una imagen un tanto inquietante y siniestra del hombre español; sobresale la desconfianza, la dureza de su perfil y la ligereza de cuerpo. Nótese que no aparece ni un solo verbo; en realidad, no hay una oración propiamente. Toda la estrofa es una enumeración que comienza por el perfil entero y termina con las cejas, es decir, muy centrada en el rostro.
La quinta estrofa es una etopeya. El yo poético se centra en los rasgos éticos del hombre español rural. Es “malo” (v. 17), vicioso, criminal, repugnante y, en fin, un crisol de los “siete pecados capitales” (v. 21). Nótese que el yo poético no los engloba a todos, sino una parte, y, en concreto, el rural,pues afirma que “Abunda el hombre malo del y de la aldea” (v. 17). Incluso estéticamente no hay modo de salvarlo porque tiene “un alma fea” (v. 19).
La sexta estrofa tiene un carácter sintético y compendioso. La “envidia” y la “tristeza” (v. 21) le provocan amargura y marcan una conducta bastante abyecta. Es codicioso y resentido, de modo que no es capaz de gozar de lo bueno, ni de detener las dinámicas negativas. “Le hieren y acongojan fortuna y malandanza” (v. 24) es un verso que sintetiza la paradoja destructiva de la mentalidad del campesino castellano. Los ojos es una metonimia perfecta del cúmulo de vicios y aspectos negativos de este hombre. Los paralelismos abundan en esta estrofa; poseen un efecto acumulativo de las cualidades negativas.
La séptima estrofa cambia el foco. Ahora aparece el “numen” (“Deidad dotada de un poder misterioso y fascinador”, DLE). Ahí radica, según el yo poético, la raíz del carácter y el comportamiento del campesino castellano. También se introduce otra novedad importante: se imprime un carácter invocatorio al mensaje. El yo poético apostrofa a los lectores (“veréis”, vv. 27 y 29) para que se fijen bien en esos campos. Vuelve, por tanto, a la contemplación general, no ya del hombre, sino del paisaje.
El dios de “estos campos es sanguinario y fiero” (v. 25). Esta afirmación tan dura expresa con toda crudeza el pesimismo del yo poético sobre la posibilidad de redención de esta tierra. El dios que la rige es cruel y violento. Nos invita a nosotros, lectores, a contemplar su imagen  como de “un inmenso centauro flechador” (v. 28) que se hace más grande contra el atardecer. El lector queda sobrecogido por esta expresión tan amarga de la causa de que los hombres rurales castellanos sean tan irredentos. 
La última estrofa casi es apocalíptica. Presenta un lugar siniestro  “llanuras bélicas y páramos de asceta”  (v. 29), en los que todo es inhóspito y duro; solo las águilas pueden sobrevivir ahí. También podemos ver cómo “cruza errante la sombra de Caín” (v. 32). Esta sobrecogedora y hermosísima imagen tiene un poder connotativo extraordinario. El mensaje que transmite es pesimista, derrotista y amargo. El numen citado es la transfiguración del criminal que mató a su hermano por envidia. El lector queda anonadado ante la contundencia de la imagen cainita. Parece que, definitivamente, no hay remedio ni esperanza de redención para el hombre feo y malvado, pues no es más que el trasunto de un dios todavía más cruel y violento que él mismo. Estamos condenados para siempre. El mensaje negativo y derrotista, desgraciadamente, es aplastante y conmovedor.
6) Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorado, a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
7) Interpretación y valoración
Este bellísimo y amargo poema posee una fuerza expresiva extraordinaria. El lector termina la lectura sobrecogido y con el alma encogida por la dureza del contenido y la tremenda eficacia expresiva que contiene el poema. Se trata de una reflexión de Machado sobre la tierra castellana y sus habitantes rurales. Ciertamente, no hace concesiones en su meditación. 
Estamos en una tierra árida, estéril, fea e inhóspita. Sus habitantes, de pueblos y aldeas, en correspondencia, son crueles, envidiosos y malos; se percibe en sus físicos menudos, turbios e igual de feos que su alma. Indagando en las causas del malditismo de esta tierra, la haya en el numen que las rige: la viva encarnación de la maldad y la violencia. No hay remedio, pues. 
La perfección formal del poema es asombrosa. Los serventesios son perfectos; el ajuste entre la forma y el fondo es delicado y pleno. El lector recibe una hondísima impresión de lectura, que se traduce inmediatamente en una reflexión personal: ¿de verdad somos tan malvados y habitamos una tierra maldita por mandato divino? 
Machado lo afirma, pero con ánimo de que reaccionemos enérgicamente para doblegar ese destino tan amargo y cruel y seamos capaces de construir una nación próspera, armónica y bella. La tarea no es fácil, pero no tiene por qué triunfar “el numen de estos campos”. En nuestra mano está. 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimientos  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Quién es “este hombre” (v.1)? ¿Cómo lo caracteriza el poeta? 
4) ¿Es una tierra agradable para vivir? ¿Por qué?
5) Explica qué es un numen y la importancia que tiene el que señorea la tierra descrita 
6) ¿Qué importancia tiene la figura bíblica de Caín en este poema? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de un paisaje y un paisanaje.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares y personas especialmente relevantes para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «A orillas del Duero» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – A Orillas del Duero
XCVIII
A ORILLAS DEL DUERO
Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.              1
Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,
buscando los recodos de sombra, lentamente.
A trechos me paraba para enjugar mi frente
y dar algún respiro al pecho jadeante;                          5
o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante
y hacia la mano diestra vencido y apoyado
en un bastón, a guisa de pastoril cayado,
trepaba por los cerros que habitan las rapaces
aves de altura, hollando las hierbas montaraces         10
de fuerte olor —romero, tomillo, salvia, espliego—.
Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.
Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
cruzaba solitario el puro azul del cielo.
Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo,                  15
y una redonda loma cual recamado escudo,
y cárdenos alcores sobre la parda tierra
—harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra—,
las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero
para formar la corva ballesta de un arquero               20
en torno a Soria. —Soria es una barbacana,
hacia Aragón, que tiene la torre castellana—.
Veía el horizonte cerrado por colinas
obscuras, coronadas de robles y de encinas;
desnudos peñascales, algún humilde prado               25
donde el merino pace y el toro, arrodillado
sobre la hierba, rumia; las márgenes del río
lucir sus verdes álamos al claro sol de estío,
y, silenciosamente, lejanos pasajeros,
¡tan diminutos! —carros, jinetes y arrieros,                30
cruzar el largo puente, y bajo las arcadas
de piedra ensombrecerse las aguas plateadas
del Duero.
El Duero cruza el corazón de roble
de Iberia y de Castilla.                                               
  ¡Oh tierra triste y noble,
la de los altos llanos y yermos y roquedas,                 35
de campos sin arados, regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades, caminos sin mesones,
y atónitos palurdos sin danzas ni canciones            
que aun van, abandonando el mortecino hogar,
como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!                 40
Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.
¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada    
recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;                45
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
¿Pasó? Sobre sus campos aun el fantasma yerra
de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra.         
La madre en otro tiempo fecunda en capitanes,
madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.       50
Castilla no es aquella tan generosa un día,
cuando Mio Cid Rodrigo el de Vivar volvía,
ufano de su nueva fortuna, y su opulencia,                
a regalar a Alfonso los huertos de Valencia;
o que, tras la aventura que acreditó sus bríos,              55
pedía la conquista de los inmensos ríos
indianos a la corte, la madre de soldados,
guerreros y adalides que han de tornar, cargados    
de plata y oro, a España, en regios galeones,
para la presa cuervos, para la lid leones.                        60
Filósofos nutridos de sopa de convento
contemplan impasibles el amplio firmamento;
y se les llega en sueños, como un rumor distante,   
clamor de mercaderes de muelles de Levante,
no acudirán siquiera a preguntar: ¿qué pasa?                 65
Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa.
Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora. 
El sol va declinando. De la ciudad lejana
me llega un armonioso tañido de campana                       70
—ya irán a su rosario las enlutadas viejas—.
De entre las peñas salen dos lindas comadrejas;
me miran y se alejan, huyendo, y aparecen            
de nuevo, ¡tan curiosas!… Los campos se obscurecen.
Hacia el camino blanco está el mesón abierto                   75
al campo ensombrecido y al pedregal desierto.
De Campos de Castilla (1912-1915)
I. ANÁLISIS
1) Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. El poema que ahora comentamos oscila entre lo narrativo, lo descriptivo y lo intimista. Se trata de una interiorización del paisaje soriano. La acción se desarrolla en julio, en “un hermoso día” (v. 1). El yo poético realiza una excursión a las afueras de la ciudad de Soria; sube los peñascales y riscos a orillas del río Duero, que circunda la ciudad por su lado este. Observa, en su fatigante ascenso por la inclinación del terreno, hierbas salvajes y un buitre planeando en el cielo azul; hace mucho calor. En el verso 15 comienza una nueva fase contemplativa; divisa el yo poético “un monte algo y agudo” y una “redondeada loma”; es el típico paisaje castellano, descrito con precisión: “alcor”, “serrezuelas” y “colinas”, “peñascales” y “prado”, ya cerca del Duero. Introduce una reflexión histórica sobre la ciudad: es una “barbacana” (muro exterior) de Castilla hacia Aragón. Contempla animales (bueyes paciendo) y personas (arrieros, jinetes), cruzando el puente sobre el Duero, entrando o saliendo de la ciudad. El lugar es humilde, pobre y medio ruinoso, a juzgar por los adjetivos calificativos. 
En el verso 32 comienza una reflexión intimista sobre la tierra castellana. Comienza por el río y sigue por los paisajes desolados, ásperos, secos y bastante inhóspitos. Los habitantes están a tono con la tierra; son “palurdos” que caminan hacia el mar, dejando atrás el lugar que los ha visto nacer. Establece una primera conclusión, que luego se repetirá: “Castilla miserable, ayer dominadora, / envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora” (vv. 41-42). El yo poético reflexiona sobre el pasado de Castilla, glorioso y conquistador, pero hoy solo es una tierra hambrienta. No sabe si lo que ve es realidad o solo un ensueño. Hoy Castilla solo produce “ganapanes”, pero un tiempo ha sido tierra de conquistadores, guerreros esforzados y codiciosos que luchaban con ímpetu, ejemplo de los cuales es el Cid Campeador (vv. 47-60). Los pensadores de Castilla (“filósofos nutridos de sopa de convento”, v. 61) siguen la misma pauta: ensimismados entre la adusta tierra y el amplio cielo, desprecian la vida comercial y el movimiento del mundo, como si no existiera. Repite los versos 41-42 en los versos 67-68, como un estribillo, que resume muy bien el pensamiento del yo poético: Castilla es tierra pobre, aunque un día levantó un imperio; hoy, como un animal herido, mira para otro lado y desprecia los avances de la civilización. 
En el verso 69 comienza el cierre de la escena y, por tanto del poema. Cae la tarde, la oscuridad avanza. El yo poético escucha las campanas de la ciudad e imagina las viejas camino del rosario. Aparecen a su vista, por dos veces, una pareja de comadrejas. Observa el camino blanco, a cuyo lado observa un mesón abierto; la noche cae y solo quedan sombras y silencio.  
2) Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Castilla es una tierra pobre y humilde, en contraste con su pasado glorioso, sin esperanzas de futuro.
-Pena y dolor del poeta por la tierra castellana, a la que ama, a pesar de sus abundantes miserias materiales y espirituales. 
3) Apartados temáticos
El poema presenta cuatro apartados temáticos, de sentido circular. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-14): el yo poético se nos presenta haciendo una excursión por los alrededores de la ciudad de Soria. Su lento ascenso por las colinas y riscos que rodean a Soria, contemplando cielo y tierra, es el asunto principal. 
-Segundo apartado (vv. 15-32): contemplación e interiorización del paisaje soriano, en sus aspectos naturales y humanos (accidentes geográficos, animales y personas); se concentra la visión al lado del puente del río Duero, a la salida de Soria, camino de Aragón. 
-Tercer apartado (vv. 33-68): el yo poético reflexiona sobre el pasado de Castilla; la pobreza y miseria actual contrasta con las gestas pasadas, desde el Cid hasta el levantamiento de un imperio. Hoy, solo se puede ver gente humilde y derrotada que parece abandonar la tierra en busca de un futuro mejor. Los cortos pensadores, los intelectuales, tienen parte de la culpa de estos males, pues han dado la espalda al mundo y viven concentrados en sus quimeras.
-Cuarto y último apartado (vv.69-76): el yo poético finaliza su reflexión y vuelve sus ojos al entorno. Cae la noche, las sombras lo envuelven todo y es el momento de regresar. Observa una pareja de graciosas comadrejas y un mesón entre la oscuridad y el silencio.
4) Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por setenta y seis versos tetradecasílabos o alejandrinos. Nótese la partición de los versos. La rima general es la de pareados, con algunas excepciones. Los versos 11-14 son monorrimos; forman una cuaderna vía. Algunas se repiten, como é-o. Adviértase que los vv. 33-34 están divididos en dos líneas cada uno de ellos. Esta solo aparentemente sencilla rima aporta una poderosa musicalidad y un tono grave, firme y sostenido.     
5) Comentario estilístico
   El título del poema, “A orillas del Duero”, nos informa del lugar donde se sitúa la acción poética: cerca de la ciudad de Soria, con el río Duero a la vista. El esqueleto argumental del poema es sencillo: ascensión del yo poético a un risco elevado cerca de la ciudad de Soria, contemplación del paisaje desde allí arriba, reflexión intimista sobre Soria, Castilla y España y, con el oscurecer, se intuye la vuelta al hogar. El tono general del poema es sombrio y amargo. El yo poético no encuentra motivos, ni en la contemplación, ni en la reflexión, para ser optimistas.
La madurez estilística de este poema es asombrosa y admirable. La primera oración sitúa la acción en el tiempo: en pleno verano, “un hermoso dia” (v. 1); vemos que, en principio el optimismo reina. Ya en el segundo verso se presenta el yo poético; sube en solitario a una loma. Pero pronto vemos que el paisaje es adusto: las “quiebras del pedregal” no anuncian un lugar fértil o acogedor. El desnivel es acusado y el yo poético, nuestro caminante, ha de parar para tomar aire, o ha de apoyarse en su bastón que facilite el ascenso. 
Lo que el yo poético va salvando en sus ascensos son “cerros” habitados por rapaces / aves de altura” (vv. 8-9) y “hierbas montaraces” (v. 10), que son enumeradas con detalle de botánico. “Caía un sol de fuego” (v. 11) advierte con viveza el excesivo calor que hace en el ambiente. Aparece el primer ser vivo en movimiento: “un buitre de anchas alas”, haciendo vivo contraste con el “puro azul del cielo” (v. 14). Hasta ahora, el cuadro natural es neutral, ligeramente sombrío. 
De nuevo el yo poético se manifiesta explícitamente contemplando el paisaje. Lo que el poeta divisa es un monte, una loma, alcores, serrezuelas y el Duero haciendo curva en torno a Soria. Son accidentes geográficos humildes; esta impresión de sencillez la refuerza enormemente los adjetivos, casi todos de significación negativa. Los colores son oscuros y (“cárdenos”, “parda”) y las formas disformes e incluso desasosegantes, como la tierra cerca de Soria, metaforizada en “harapos” de un arnés guerrero. No hay aparente belleza. Realiza una anotación histórica, al recordar que Soria es como una avanzadilla o muro defensivo (“barbacana”) de Castilla en Aragón.
El yo poético sigue con su contemplación, cada vez más matizada, como declara muy bien el verso 23: “Veía el horizonte…”. Y lo que ve son “colinas obscuras” (v. 23-24) pobladas de robles y encinas, “desnudos peñascales, algún humilde prado”. Son lugares pobres, como desangelados. Aparecen animales de granja: un merino, un toro rumiando, en los prados próximos al río, rodeados de álamos. También aparecen ahora los primeros hombres, “jinetes y arrieros”, atravesando el puente del Duero. Hasta el verso 33, todo es una descripción, cada vez más contemplativa e intimista, del paisaje soriano. Destaca los colores apagados y marrones y la pobreza natural de esos lugares.
El yo poético ensalza el río Duero, a quien admira, por atravesar la adusta tierra castellana y española (“corazón de roble”, v. 33). En el verso 34 se abre una larga exclamación retórica (acaba en el verso 40), junto con una apóstrofe, dirigida a Castilla. Esta región es vista como “tierra triste y noble”, pero pobre y deshabitada, abandonada y en estado de descomposición. El yo poético se duele de esa situación, lamentando la pobreza castellana. Aparecen los primeros hombres: “atónitos palurdos sin danzas ni canciones” (v. 38). La descripción es terrible por su dureza y fiereza; los habitantes son rústicos e ignorantes, además de tristes. Abandonan sus tierras infértiles y se dirigen al “mar”, metáfora de la emigración a lugares más benignos. 
Los versos 41-42 son una síntesis de las reflexiones del yo poético. Sintetizan la visión amarga y desolada de Castilla. Lo que fue una tierra de valientes guerreros e intrépidos exploradores, no es hoy más que pura miseria. Y lo peor, esa tierra “desprecia cuanto ignora”, porque está retraída del mundo, como humillada y derrotada. Se pregunta el yo poético qué hace Castilla: “¿Espera, duerme o sueña?” (v. 43). Parece querer decirnos que las tres acciones se mezclan. Avisa el yo poético de que nada se detiene, “Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira” (v. 45). No es bueno quedar quieto y pensar que nada cambiará; eso es el principio de la derrota y del fin. Cambia el mundo y cambia el modo de mirarlo, por lo que entregarse a la nostalgia es tiempo perdido. 
¿Pasó el momento de gloria de Castilla? El yo poético afirma, algo indirectamente que, en efecto, así es. Castilla fue madre, hoy, solo madrastra; dio capitanes, ahora solo “ganapanes”, gente sin valía. Son metáforas y metonimias que advierten sobre el declive de la tierra castellana.
El yo poético contempla el pasado de Castilla. Recuerda la figura del valiente Cid, cuando la tierra era “generosa”. También recuerda el pasado imperial español, donde había riqueza y creencias, lo que producían personas valerosas, soberbias y ricas. El yo poético parece lamentar el fin de esos días gloriosos, pues solo queda ruina. En el verso 61 entra en las causas del declive castellano: los pensadores e intelectuales (“filósofos nutridos de sopa de convento”, v. 61), muy influidos por la Iglesia, no han sabido organizar un pensamiento nacional firme, vital e intrépido, que sirva de sustento a los ideales de las personas. Esos meditadores se han retraído en sus celdas y han dejado de comprender el mundo, al que desprecian, sobre todo en su desarrollo comercial (“clamor de mercaderes de muelles de Levante”, v. 64). Para agravar las cosas, la guerra ha llegado a Castilla, con la consiguiente destrucción.
Repite los dos versos que funcionan de estribillo (vv. 67-68), insistiendo en la ruina moral y física del solar castellano. En el verso 79,  y ya hasta el final, el yo poético vuelve a contemplar el paisaje, saliendo de su ensimismamiento. Comienza a oscurecer, el sol se pone y las campanas de Soria llaman al rosario. El yo poético observa “dos lindas comadrejas”, en vivo contraste con la oscuridad triste que se va imponiendo. Vuelve a mirar el campo a lo lejos, en los que queda poca claridad. En un “camino blanco” divisa un “mesón abierto” (v. 75), pero hacia un paisaje desolador: un “campo ensombrecido” y un “pedregal desierto”. Oscuridad y silencio cierran el poema. La visión castellana del yo poético es, de este modo, amarga, desolada y dolorosa. 
Trata de buscar elementos positivos para creer que hay futuro en Castilla, que no todo está perdido, pero no halla nada en que apoyarse. Estamos ante un poema melancólico, triste y como apesadumbrado. El yo poético es un contemplativo que ama profundamente a Castilla, lo que le provoca dolor inmenso, pues es una tierra desolada, pobre y destartalada. Al final, parece esbozar una pequeña solución: sacudirse la modorra de siglos, abandonar el pensamiento estático de pensadores encerrados en sí mismo y mirar al futuro de frente. Pero no es fácil, parece intuir. Como viene la noche, así parece que la pobreza castellana y su ruina están ahí para quedarse. 
     
6) Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Como ya expusimos en la presentación, Machado se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados, a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
7) Interpretación y valoración
Este poema presenta una contemplación interiorizada y amarga de Soria, metonimia de Castilla. Aparentemente, el texto resume una excursión solitaria del yo poético, trasunto de Machado, a las afueras de la ciudad, al lado del Duero, en las altas colinas que lo rodean por oriente, hacia Aragón. Sin embargo, se trata de una reflexión histórica, diacrónica podríamos afirmar, sobre el pasado y el presente de Castilla.
El poeta nos expone una doliente realidad material y, diríamos, geográfica. Castilla es una tierra pobre, seca e inhóspita. Solo la presencia del río Duero permite que existan algunos campos y choperas que alivian la torridez general. Las personas no son mucho mejores que el terreno. Es gente miserable material y espiritualmente considerados; han perdido la energía de sus antepasados y se limitan a sobrevivir en condiciones de pobreza extrema. Muchos emigran a otros lugares en busca de mejor fortuna.
Sin embargo, Machado no presenta esta situación alegre o victoriosamente. Al contrario, le duele íntimamente este estado de postración. Interioriza el paisaje, lo hace suyo, es parte de su propio ser, pues, simplemente, lo ama. Acepta a Castilla como es, pobre y humilde; le gustaría que fuera de otra manera, pero no lo es. Mira hacia atrás y encuentra un pasado esplendoroso de Castilla y de España; piensa que, siguiendo el ejemplo de los antepasados, se podría recuperar el brillo antiguo y superar la postración actual. Señala un culpable: los filósofos que han perfilado una cultura sumisa, ensimismada y aislada. Tampoco hace leña del árbol caído. Se conforma y recupera el ánimo contemplando una pareja de comadrejas. Cae la noche, casi como metáfora del estado físico y económico de Castilla, acaso también del propio poeta. Machado acaba ahí su poema. El sentido final queda abierto, acaso algo esperanzado.
Este bellísimo poema muestra a un Machado embebido de la tierra castellana (recordemos su infancia sevillana, bastante distinta de la adusta Soria). Muestra un profundo amor dolorido por Castilla: comprende muy bien cómo es geográfica y humanamente; le gustaría que fuera de otra manera, pero no es posible; finalmente, lo acepta y deja entrever que acaso haya una solución para el secarral castellano. No es una descripción objetiva, ni una exposición de problemas socioeconómicos, sino una contemplación intimista y dolorida del impacto emocional de Castilla en el alma de una persona preocupada por el agotado corazón de España. Y, al fondo, como siempre en Machado: “palabra en el tiempo”, esencialidad de los sentimientos más auténticos perdurando más allá de nuestras vidas.
II. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Externamente, qué refiere el poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Qué colores predominan en el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el poema la sequedad y la pobreza del terreno? ¿De qué es metáfora?
5) ¿Qué seres vivos aparecen en el poema? Analiza los hombres que hacen acto de presencia. ¿Son hombres virtuosos? 
6) ¿Qué significación se encierra en “Castilla miserable, ayer dominadora, / envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora”. (vv. 67-68)?
7) ¿Cuál es el estado de ánimo de la poeta: alegre, optimista, o preocupado y pesimista?
 3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese una excursión y la contemplación de un paisaje.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Un loco»; análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO: “UN LOCO” (de «Campos de Castilla», 1912)
CVI
Es una tarde mustia y desabrida               1
de un otoño sin frutos, en la tierra
estéril y raída
donde la sombra de un centauro yerra.
Por un camino en la árida llanura,             5
entre álamos marchitos,
a solas con su sombra y su locura
va el loco, hablando a gritos.
Lejos se ven sombríos estepares,
colinas con malezas y cambrones,           10
y ruinas de viejos encinares,
coronando los agrios serrijones.
El loco vocifera
a solas con su sombra y su quimera.
Es horrible y grotesca su figura:                15
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,
ojos de calentura
iluminan su rostro demacrado.
Huye de la ciudad… Pobres maldades,
misérrimas virtudes y quehaceres              20
de chulos aburridos, y ruindades
de ociosos mercaderes.
Por los campos de Dios el loco avanza
tras la tierra esquelética y sequiza
—rojo de herrumbre y pardo de ceniza —    25
hay un sueño de lirio en lontananza.
Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!
— ¡carne triste y espíritu villano!—.
No fue por una trágica amargura
esta alma errante desgajada y rota;              30
purga un pecado ajeno: la cordura,
la terrible cordura del idiota.
Antonio Machado: “Un loco”, en Campos de Castilla (1912).
I. ANÁLISIS
1. Resumen
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más altos y profundos poetas en lengua española. Aborda en su poesía, casi siempre teñida de gravedad y melancolía, temas trascendentes como el hombre y su destino, el mundo de los sueños y la dicotomía entre las ilusiones y las frustraciones, tanto de orden individual como colectivo. En cuanto a la forma, Machado mantiene una preferencia por la sencillez elaborada, la musicalidad de la poesía popular y folclórica, la transparencia significativa y la eficacia comunicativa.
El poema que ahora abordamos procede de su primer poemario, Campos de Castilla (1912; se incorporaron nuevos poemas hasta 1917; se considera versión definitiva la publicada en Poesía completa, 1936  ). Estamos en la fase de madurez; es una poesía profunda y reflexiva. La combinación de la experiencia personal con el alcance colectivo es perfecta. Desde una perspectiva individual, se plantean asuntos de resonancia social indudable. Es uno de los grandes valores de la poesía machadiana.
El poema posee una dimensión expositiva-descriptiva y otra crítico-reflexiva; aparecen consecutivamente. Se abre el poema con la descripción de un paisaje castellano duro por la sequedad, la falta de vegetación, casi de vida, y la soledad extrema de ese lugar; también conocemos el momento, un tanto desolador, acompañando al triste lugar: “una tarde mustia y desabrida” (v. 1). Es una tierra estéril y gastada, sin esperanza de poder obtener algo bueno de ella. Y ahí, de repente, se divisa un ser vivo que pasa. Primero lo identifica con un “centauro”, esa criatura mitológica mitad hombre, mitad caballo. De los versos 5-8 lo acota con precisión: es un loco que avanza por un camino, dando voces. 
El yo lírico eleva su mirada y completa el marco físico desolador por el que avanza ese individuo. Es un lugar sombrío, estepario, sin apenas vegetación; solo nombra malezas, acaso alguna encina y cambrones. Vuelve la atención sobre el loco, que “vocifera” en su enajenación. Nos ofrece una prosopografía exacta del inquietante individuo: mal vestido, sucio y demacrado; su figura es “horrible y grotesca” (v. 15). El yo lírico entra en los pensamientos del loco, por eso nos explica que “huye de la ciudad” (v. 19), poblada de gente ociosa, maliciosa y egoísta. Hay una pequeña esperanza, pues exite un “sueño de lirio en lontananza” (v.26). Finalmente, el yo lírico explica que el loco se ha alejado de la ciudad no por una tragedia personal, sino porque ha de “purgar” un “pecado” ajeno: la cordura del idiota. El enunciado es ambiguo; no sabemos si es él el único cuerdo en una sociedad de locos, o si los demás se creen cuerdos, pero más bien están enajenados. 
2. Tema
El poema aborda varios temas:
-La paradoja de que la persona tenida por loca es la más cuerda de su comunidad.
-El paisaje inhóspito y árido de Castilla, poco amigable.
-La soledad y el abandono de las personas distintas por parte de una sociedad adocenada, superficial e hipócrita.
3. Apartados temáticos
El poema presenta una estructura secuencial bien visible. Así, encontramos:
-Presentación del marco físico, feo y deprimente, donde se desarrolla la acción (vv. 1-4).
-Primera aproximación a la figura del loco: anda sin parar y habla a solas, gritando (vv. 5-8).
-Segunda visión del paisaje castellano; es estepario, árido y triste (vv. 9-12).
-Segunda aproximación al loco, descrito con detalle; es una figura grotesca y hasta repelente (vv. 12-18).
-Valoración negativa de la ciudad, poblada por gente ociosa, hipócrita y cruel (vv. 19-22); al loco le sobraban razones para abandonar la urbe.
-Síntesis del cuadro antes expuesto; un loco avanza alejándose de la ciudad (vv. 23-28).
-Explicación final de la causa de la locura: el loco es el único cuerdo entre gente que ha renunciado a vivir con autenticidad y sencillez, entregándose al ocio y la hipocresía. Él, con su desequilibrio, es el único que entiende esta verdad, desagradable de admitir para los demás.
4. Métrica, rima y estrofa
El poeta sevillano ha elegido unas combinaciones estróficas muy originales. Los versos son endecasílabos y heptasílabos. Primero aparecen tres cuartetas (vv. 1-12); sigue un pareado (vv. 13-14). Continúan dos cuartetas (vv. 15-22). El resto del poema está en arte mayor; aparecen, consecutivamente, un cuarteto, un pareado y, finalmente, un serventesio. La musicalidad del poema se percibe muy bien; la melodía provocada por esta magnífica combinación de estrofas evocan el contenido: tristeza y amargura. 
5. Comentario estilístico
Estamos ante un denso y sombrío poema donde el yo lírico, a través de la selección de su tema y del modo de tratarlo nos deja ver su pensamiento, muy pesimista sobre la España de principios del siglo XX. El marco temporal y espacial es desabrido y feo, metáfora en sí mismo del personaje –un loco– que pronto aparece en escena y de la situación social y cultural de la España atrasada, pobre y deprimente. La anécdota, en sí misma, es otra metáfora que remite a una realidad sórdida y desagradable.
La tarde es “mustia y desabrida” (v. 1); esta sinestesia aplicada a la tarde expresa muy bien lo inhóspito del momento; luego se confirma que es un “otoño sin frutos”, baldío. La tierra se presenta como “estéril y raída” (v. 3). En ese lugar no hay nada benéfico ni acogedor. Las bimenbraciones de los pares de adjetivos refuerzan esa imagen de desolación. Ahí aparece, de pronto, una criatura fantástica, el centauro”, que ni siquiera tiene corporeidad, ya que solo es una “sombra” que “yerra”, es decir, anda perdido, de acá para allá. La escena es fantasmagórica, de pesadilla.
En el segundo serventesio se precisa el marco geográfico y el protagonista. Estamos en una “árida llanura” donde unos álamos “marchitos” sobreviven como pueden. En este momento se introduce la primera percepción auditiva: el loco avanza “hablando a gritos” (v. 8). La escena es escalofriante, propia de una pesadilla. Desolación y espanto son las sensaciones lectoras inevitables. 
De pronto, en el tercer serventesio, el yo lírico se fija otra vez en el paisaje (es la tercera ocasión que lo hace), pero ahora con la vista elevada, mirando a lo lejos; y lo que percibe no es menos desapacible de lo que había percibido antes. “Lejos se ven sombríos estepares” (v. 9); esta imagen de tierra llana e infértil se ve completada con las “colinas” apenas cubiertas de “malezas y cambrones”; y, al fondo, “serrijones”,  sierra montañosa de poca altura extensión, poblados por “ruinas de viejos encinares” (v. 11). Todo es desolación, abandono y muerte. Este paisaje doloroso invade nuestro interior con el adjetivo “agrios” aplicado a los “serrijones”; esta sinestesia metafórica nos fija del todo la imagen de un lugar inhóspito y como temible.
El pareado que sigue repite la única figura que se mueve: un loco que “vocifera” algo incomprensible. Y se añade un nuevo matiz, ya entrevisto: ese hombre va solo, acompañado de su “sombra y su quimera” (v. 14). Esta bimembración, de connotación metafórica, explica muy bien el abandono de este ser enajenado. El serventesio que sigue (vv. 18) presenta una prosopografía y una etopeya del loco; ambas componen un retrato grotesco, como extraído de un cuadro de Goya. Hay siete adjetivos calificativos dentro de la estrofa, aplicados a este hombre que es repulsivo para el yo lírico y, por extensión, para nosotros. Los contrastes y claroscuros son vivos e inquietantes: la luz de sus ojos contrasta con su “rostro demacrado” (v. 18). Ahora el lector ya comprende quién tiene delante: un pobre hombre dominado por la insania. 
El siguiente serventesio (vv. 19-22) nos presenta a un yo lírico ejerciendo de un narrador omnisciente, aunque él nos cuenta la historia en presente. Por eso conocemos que el loco se ha ido de la ciudad por muchos motivos, como nos expresa la suspensión. Y conocemos los agentes de su desgracia: “chulos aburridos” y “ociosos mercaderes” (vv. 21 y 22). Son prototipos urbanos de gente maligna y cruel, dispuestos a hacer “maldades” y “ruindades” para divertirse, o para obtener provecho. No entra en más detalle, pero insinúa que el loco no fue tal en tiempos pasados, sino que los demás lo hundieron con malas mañas y mucha inmoralidad. 
El cuarteto que sigue (vv. 23 -26) rompe con el contenido sombrío, pues metafóricamente se introduce cierta esperanza. En ese lugar tan hostil y agresivo, sin embargo, existe “un sueño de lirio en lontananza” (v. 26); la interpretación es muy abierta; ¿el loco imagina cosas positivas? ¿El yo lírico entrevé un final optimista en este paisaje desolado poblado por un trastornado? No lo podemos saber. El pareado siguiente (vv. 27-28) precisa las causas del deambular del loco: ha huido de la ciudad porque no ha podido soportar la villanía e inmoralidad de sus habitantes, lo que expresa metafóricamente en el paralelismo exclamativo “¡carne triste y espíritu villano!” (v. 28).
El serventesio final (vv. 29-32), es una explicación completa y profunda por parte del yo lírico sobre por qué el loco yerra por ese paisaje terrible. Primero indica lo que no fue; “una trágica amargura” (v. 29), metáfora de un revés existencial o pasional que lo trastornó. La define otra vez con una feroz metonimia: “alma errante desgajada y rota” (v. 30); indica muy bien su profunda insania. Sin embargo, cuando nos enteramos de la razón de su locura, el lector queda perplejo y confundido. El loco “purga un pecado ajeno: la cordura”. Por ser él el más lúcido de su comunidad, ha de apartarse de ella, porque lo han empujado a los márgenes. La paradoja final “la terrible cordura del idiota” (v. 32) señala muy al vivo cómo la persona inocente o, en este caso, disminuida, es la más racional y despejada del grupo social donde vive. Y eso debe pagarlo sin compasión, por cruel decisión de los chulos y los mercaderes. 
Como hemos visto, estamos ante un poema sombrío y amargo. Bajo el pretexto de una visión de un loco en el campo, el yo poético reflexiona sobre la sociedad de sus días, concretando en la vida de la ciudad. La ve como hipócrita, inmoral e interesada; el único que se opone a esa vida cínica y vacía es el “idiota”; justamente por comprender esa verdad, sufre el destierro de su lugar y ha de vagar por la tierra inhóspita, solo; llena su aislamiento hablando a voces consigo mismo. La lección del poema es dura y áspera. ¿Quién es más loco, el hipócrita habitante de la ciudad, o el idiota que, comprendiendo su ordinariez, vive errante y enajenado? El poema tiene un final abierto, inquietante y muy apelativo para el lector, que ha de tomar una posición sobre el asunto abordado. La composición poética es bellísima; la arquitectura compositiva es de una perfección asombrosa; es por eso que este poema no ha perdido un ápice de su verdad, amarga, pero cierta.
6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912), de donde procede el poema “Un loco”; es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
7. Interpretación y valoración
La interpretación sociológica de este poema es inevitable y enriquece poderosamente su significación: el raro es desterrado de la vida común, justamente por comprender la inanidad e hipocresía de la vida social urbana. El marco natural donde se desarrolla la acción de una tristeza y desolación infinitas. Pero el yo lírico no la describe con complacencia, sino con la amargura propia de quien quisiera que fuera de otra manera. La pintura del paisaje castellano es muy sombría y desalentada. Nos envía el mensaje indirecto de una tierra en agonía, yerma y abandonada a su suerte. Como si fuera el justo castigo para sus habitantes, abyectos en una buena parte.
La simpatía que el yo lírico muestra por el loco es evidente y explícita. De este modo, muestra el rechazo que le produce la vida hipócrita de la ciudad. También desliza cierta compasión hacia este personaje; al fin y al cabo, es el único que ve la realidad como es: terrible, fea y sórdida.
El poema es de una belleza intensa. La construcción, con los vaivenes de focalización, está muy lograda. La adjetivación, en concreto, es de una belleza y expresividad muy alta. 
II. PROPUESTA DIDÁCTICA
1. Comprensión lectora
1) Resume el poema, anota su tema y sus apartados temáticos.
2) ¿Quién es el protagonista del poema, si así le podemos llamar?
3) ¿Adónde se dirige el loco? ¿Por qué grita?
4) Fíjate en el paisaje y en el marco temporal. Explica dónde se sitúa la acción. 
5) Realiza un estudio de la métrica y la rima del poema y establece la estrofa utilizada, en la medida de lo posible.
6) Localiza media docena de recursos estilísticos y explica cómo crean significado y belleza.
2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Crees que el poema refleja una experiencia real? Aporta razones.
2) ¿Podemos decir que el yo lírico rechaza la vida en la ciudad? Aporta razones.
3) El retrato que se presenta del loco es muy vivaz: destaca los aspectos físicos y los psicológicos que lo caracterizan.
4) ¿Quién es el loco en esa sociedad?
5? ¿Por quién muestra simpatía el yo lírico?
3. Fomento de la creatividad
1) Trasforma el texto en un relato en prosa, acompañado de alguna anécdota, en el que aprecie la atmósfera opresiva del original. Puedes continuar la historia según te parezca oportuno.
2) Escribe una breve pieza literaria sobre la vida de una persona enajenada, inspirándote más o menos en el poema de Machado.
3) Realiza una presentación ante la clase o la comunidad educativa, ayudándote de medios TIC, sobre la vida y la obra de Antonio Machado.
4) Intenta pasar el escenario y el contenido del poema a la vida de hoy; puedes hacerlo a través de la pintura o de la literatura. 

Elena Fortún: «Celia, lo que dice»; análisis y propuesta didáctica

ELENA FORTÚN – CELIA, LO QUE DICE (1929)
I. ANÁLISIS
1. Resumen
Introducción del narrador, en cursiva
Celia ha cumplido siete años, la edad en la que comienzan a razonar los niños. Es rubia, ojos claros y boca grande. Piensa que los mayores no entienden nada del mundo de los niños, lo que piensan y hacen. Los mayores son hipócritas y mandones con los niños. Celia los encuentra presumidos y hacen lo que quieren. Celia, con sus siete años, siente la necesidad de contarlo todo. Los niños de su edad la entenderán; los mayores, acaso comprendan algo; estos son intolerantes e injustos casi siempre.
Noche de Reyes
En la Noche de Reyes, Celia, la niña, sueña, o imagina, una conversación con el Rey Negro. Este le pide que comparta sus juguetes con Solita, la hija del portero. Cuando amanece, ve todos sus juguetes en el balcón, que son muchos. Ve a Solita en la calle, barriendo. La llama y le dice que espere. Hace una cuerda larga con las de empaquetar las cajas y le baja una cabra, unos libros y una cocina. El padre la sorprende y la riñe. Le dice que son sus juguetes, y que son caros. Teme que su madre se enfade. El portero, Pedro, sube los juguetes, pero el padre le dice que se quede con ellos.
El día de San Antón
Sale a la calle con su gata “Pirracas”, envuelta en su capa. Miss Nelly lo descubre, la gata salta y se escapa. Ponen un anuncio por si alguien la encuentra y ofrecen una recompensa. Aparecen cuatro gatas, pero no es “Pirracas”. Unos días después, los padres se niegan a tener tantos gatos en casa. Un día por la mañana, Celia oye pisadas y algo de ruidos. Se levanta y las gatas ya no están. Se las han llevado, aunque Juana, la criada, dice que no ha visto nada. Celia piensa que eran cuatro princesas encantadas que el hada madrina se ha llevado. El padre le sigue la corriente; la niña piensa que su padre lo sabe todo, pero habla con ironía.
Miss Nelly
El “Teddy Bear” es como Miss Nelly. Celia habla con él. El oso le dice que Julieta, la muñeca de Celia, es mala y desobediente, además de caprichosa. Celia la defiende; dice que Julieta es buena, pero le gusta jugar, comer lo que le apetece, no ir por una calle donde ladra un perro temible. El oso le dice que debe obedecer y ser sumisa. Celia la trata de tonta e imbécil. Llega Miss Nelly de verdad, la coge y la lleva ante la madre. Le cuenta cosas en inglés, mientras llora. Había escuchado la conversación; la madre la castiga poniéndola de rodillas mirando a la pared. Le quitaron el osito.
Mamá se va
La madre se arregla para salir para ir de compras, tomar el té, etc. Celia le pide que vuelva antes del anochecer, porque tiene miedo. Y su padre, Juana y la cocinera también tienen miedo. Quieren estar con la madre, que ya no sabe si salir o no.
La cenicienta
A Celia no le gusta su disfraz, que le llama Incroyable, se entiende de Carnaval. Habla por el balcón con Sole, la hija del portero Pedro. Esta le cuenta que va disfrazada de chulapa, con zapatos de cristal; pasean por el paseo de Rosales y comerán chuletas en un merendero. Juana, la criada, la mete dentro de casa, para que no se enfríe. Celia dice que quiere disfrazarse y comer como Sole. Juana la riñe y la trata de insensata. Desea que la madrastra de Sole la trate mejor, pues la niña está abandonada, sin educación ni cuidados. Anda como una Cenicienta. Celia cree que Sole tiene una madrina que le ha regalado todo eso.
Promesas sin cumplir
La madre se hace las uñas un sábado a la tarde. A Celia no le entra la lección porque no entiende palabras como “tirano”, “límite”, “fluvial”. La madre le dice que debe estudiar, sin reparar en que antes debe aprender el léxico. Celia llora. La madre le promete que, si es buena, el próximo sábado la llevará al cine. Pero hace unos sábados le hizo la misma promesa y no la cumple. Le pide a su madre que no le haga promesas que no piensa realizar.
En casa de María Teresa
Celia pasa la tarde con su amiga María Teresa; es mayor que ella y dice que se aburre con Celia. Juegan a las cocinitas. Teresa manda y Celia hace de cocinera, trabajando sin parar. Viene la cocinera auténtica y les ayuda a hacer unos pasteles. Cuando enfrían, los comen con un primo de Teresa, que es soldado. Luego juegan a que Celia es un león y Teresa lo caza. Hacen alboroto. La madre las llama y las sienta a su lado con un libro. Celia se duerme y se cae de la silla; sueña que caminaba por un palacio. El golpe acaba con su ensueño.
La carabela “Santa María”
La madre le dice a Celia que compra una carabela, un barco como los que llevó Colón a América. Están de moda. Le confirma que es muy grande. Celia, en el colegio, fantasea con Finita sobre su barco. Ella cree que es de tamaño real y estará en medio del salón. Meterá a su gata y a su muñeco y navegará por todo el mundo; se enfrentará a piratas, verá sirenas, un fraile solitario en una isla, etc. Finita se asusta, pero ella le insufla valor. Cuando regresa a casa y comprueba que el barco es pequeño y está encima de una mesilla, se decepciona y llora.
El museo del negro
Su madre no quiere que Finita vuelva a casa a jugar porque rompe muchas cosas. Para disuadirla, Celia le cuenta que en la planta principal vive un negro muy grande que secuestra niños, los mata, los diseca y los cuelga del techo, como en los museos de Historia Natural. Finita ya no quiere ir. En casa, su madre y Juana tienen la gripe. Ha de bajar a la portería para avisar a Pedro, que traiga al médico. Al bajar, con mucho miedo por su historia inventada, ve unos ojos negros por la rendija de la puerta. Sube y baja tres veces. Le sale un negro y le pregunta. Celia grita desesperada. Baja su padre. El negro es el criado de la casa. El padre le dice que eso del museo de niños es una tontería.
En busca de la madrina
Se escapa de casa con Solita para visitar la madrina de esta. Van a las afueras de Madrid; la madrina, Estrella, no está. Se ha ido a oriente. De vuelta, paran al lado de la plaza de toros; no sabe lo que es; piensa que es el castillo del ogro; por una rendija ve al animal muerto y a los caballos; la retiran a empujones. Un señor mayor la recoge cuando está llorando, perdida y sola, pues Solita ha desaparecido. La lleva a casa, en la calle Serranos. Los padres están muy alarmados, pero aliviados de que hayan aparecido.
El modelo de París
La madre le obliga a ponerse un vestido comprado el año pasado en París, y era caro. Le queda muy corto e incómodo. La niña, a solas, se lo quita y se lo pone a su muñeca Julieta y le recorta los brazos y la falda; destruye el vestido. La madre la riñe y Celia acusa a Juana del desaguisado. Juana lo niega, llora y amenaza con marchar. Al fin, Celia le confiesa la verdad a su padre. Pasa unas horas castigada en el cuarto de los baúles. Cuando la sacan, todavía quiere hablar del tema, pero la madre se lo prohíbe.
¿Es pecado mentir?
A Celia le duele un diente que está medio suelto. La madre le dice que si se deja arrancarlo y lo entierra en la tierras, las hadas le traerán un regalo. Celia no sabe si creerlo; su madre le dice que nunca le mentiría. Pero la niña le recuerda varias mentiras que la madre ha dicho a los adultos. La madre se defiende diciendo que, entre adultos, a veces hay que mentir para evitar males mayores, pero que a ella nunca le mentiría; la niña, entre recelos, la cree.
Corte de pelo
El peluquero le corta el pelo a Celia; según su madre, para que esté más fresca en verano y más guapa. Celia se lo corta a “Pirracas”, que queda muy fea, y a sus muñecos. La gata se esconde debajo del armario. Juana piensa que es el diablo. Al día siguiente confiesa que ha sido ella, para que la gata quede fresca. La madre la riñe porque es un gato de Angora, no un vulgar gato, como el de Solita, “Machaquito”. El padre le da la razón.
El aeroplano pequeñito
 Un amigo de su padre dice que es piloto de aviación. Le promete que le construirá unas alas a medida, para que pueda volar. Le advierte que puede matarse si se cae. Al principio le hace gracia; luego le da miedo, sobre todo cuando llega el señor a casa. Se esconde en el armario de la ropa de su madre. Al fin, tras el susto inicial, Juana la encuentra. La niña dice que huye de ese hombre malo. El padre la comprende.
Los planes de Antoñito
Antoñito es un chico algo mayor que Celia, comilón y petulante. La chica va al circo con dos amigas y la miss. Antoñito está solo, abajo. Come bocadillos sin parar. La gente se ríe de él. El acomodador lo lleva donde Celia; el chico no admite haber sido burlado. Se pone malo y la miss lo manda a casa en un coche. A los pocos días lo encuentra y Celia le pregunta cómo está; el chico sigue con su aire de superioridad. Celia lo desprecia por soberbio y petulante.
El milagro
Celia quiere un frasco cuentagotas, como el de su madre de las medicinas. Se lo pide a la Virgen. Ve uno encima de una cómoda del pasillo y piensa que se ha producido el milagro. Se lo apropia y juega con él, manchándose, con su amiga M. Teresa. Miss Kelly y Juana discuten por un cuentagotas que la primera dice que dio a la segunda y esta dice que no lo recibió. Al final, descubren la verdad. La niña defiende que fue un milagro; todas se enfadan con ella.
¡Mamá es un hada!
La madre visita a Celia cuando se despierta. La calma con caricias y palabras suaves. Celia piensa que su madre es un hada. Un día, de paseo, casi las pilla un coche. Celia lo cree imposible, porque su madre es hada. La madre le confirma que no lo es y le llama “novelera”.
“Dalila”
Es una perra que tienen en la casa de campo de la sierra. Celia se empeña y la llevan a la ciudad; la perra va algo acobardada. A la salida de la estación ve a un negro y le ladra furiosa, metiendo en un compromiso a la familia. Al día siguiente la pasean por el campo, no puede beber de las fuentes y ladra enfadada. Ve un guardia y le ladra mucho. Este la amenaza. El padre grita. Al pasar por una pastelería, trata de comer pasteles del escaparate. Rompe el cristal. Sale el dueño. Riña, detención para el padre y multa. Al día siguiente la lleva de vuelta a la casa de la sierra. Celia comprende que no puede vivir en la ciudad su perra cariñosa.
La perfecta Florita
En el retiro, da de comer a un pájaro, que va y viene con comida. Se encuentra con una niña muy presumida y soberbia, Florita. Es hija de un general; su padre es el que más manda en el mundo. Celia exagera diciendo que su padre manda más, y tiene más dinero. Las niñas acaban peleándose; cada una insulta a la madre de la otra y Celia le dice que su madre es un hada. Llega la madre y las separa. La madre llama a Celia embustera, aunque ella no lo ve así. 
¡Ha llegado el niño!
Celia tiene un hermano. Todos le mienten sobre su origen, o callan. Ella no logra entender de dónde viene. Se lo enseña el padre, dicéndole que es guapo como un ángel. Pero ella lo ve feo.
El centro de la tierra
El Sardinero, Santander; miss Nelly está en Inglaterra. Un ama cuida a Baby, el hermano pequeño de Celia, y a esta. Habla con otras; una dice que la cocinera fue a Islandia. Celia les cuenta que es una isla lejana y que por allí se entra al centro de la tierra; hace algo de resumen de Julio Verne “Viaje al centro de la tierra”. Al contener tantas fantasías, la tratan de embustera. La niña se enfada, les pega y llora. Luego la madre la riñe a ella, por fantasiosa.
El baño y el bañero
Celia no quiere bañarse. Le da miedo el mar; le asustan las algas y los cangrejos. Lo mete el bañero, el señor que la cuida para que no se ahogue, pero ella se agarra a él y salta para arriba. Le promete a su padre que se bañará en la orilla.
Doña Benita
Doña Benita es una señora mayor que cuida de Celia y el bebé mientras los padres van a París. Le cuenta a la niña qué es Dios para ella, la luna, el sol, etc. Los duendes son ángeles que se cayeron del suelo por casualidad. No son malos, pero sí traviesos. La niña se propone jugar con ellos. La madre le pide a doña Benita que no le dé cuerda a la niña.
Una tarde en la visita
Visitan a don Tomás y María Rosa, dos hermanos mayores, solteros, ricos, que odian a los niños. Celia le rompe las gafas a don Tomás y recibe una regañina; la sacan al jardín. Le dan de merendar a ella sola; con la hija del guarda, Teófila, se come todos los bizcochos. Vienen a merendar los mayores y no hay bizcochos, que es lo único que puede tomar don Tomás; este se enfada. La madre regaña duramente a la hija camino de casa. Celia dice que de mayor merendará ella sola, para que no la molesten.
Los cachorros de “Dalila”
Celia está en la sierra. Los padres se han ido a París. Dalila ha parido siete cachorros; el guarda los quiere ahogar en el río, pero Celia se opone; al fin, los dejan vivir a todos. A los pocos días, al salir a pasear, la perra ha ido e caza y Celia mete a cada cachorro en un calcetín tendido en la lía. Le falta un calcetín y lo mete en una bolsa de doña Benita; con el pis, arruinan la ropa. Ahora Celia cose una bolsa para doña Benita.
La noche en el jardín
Celia se duerme en el jardín por error, con su muñeca. Sueña con el cisne y una cigüeña. Se asoma al muro y ve pasar un porquero con su cuerno. El chico le dice que por San Miguel se quiere ir a Madrid, a trabajar en una tienda. Celia no lo entiende, piensa que desea ir a comer, o entrar y salir. Al fin, grita y le abren Juana y doña Benita, que discuten entre ellas por el error de no haber acostado a la niña.
El abuelo de Carlotica
Don Luis es un actor jubilado; es anciano. Vive con su nieta Carlotica, amiga de Celia. Pasan la tarde juntas, en casa de don Luis. Revuelven baúles con los trajes de actor, pero Celia piensa que son de verdad. Las riñen por el estropicio que han hecho. El abuelo les cuenta la obra “Reinar después de morir”. Todos lloran. Luego Celia cuenta otro cuento alegre y todos ríen.
La compra de la ermita
Llega a oídos de Celia y Carlotica que un indiano quiere comprar la ermita del pueblo y construir un palacete. A don Luis, que fue bautizado y se casó en ella, le apena tanto que se pone enfermo. Las niñas cogen sus ahorros y objetos de valor, que son naderías, y se presentan en la casa del cura para comprarlo todo. El cura les sigue la corriente. Vuelven a casa de don Luis y el cura y este charlan. Le aclara al viejo actor que los andamios son para arreglar la ermita para la fiesta. Las niñas se sienten algo frustradas.
El duende
Un niño alemán, de veraneo con su familia, vestido de rojo y pelo rubio, con sombrero en punta, caza mariposas. Celia y Carlotica lo confunden con un duende. Le dan dulces y lo encierran en el gallinero. Tratan de hablar con él, pero no lo entienden. Lo quieren encerrar en el sótano del gallinero, momento en que el padre y Tomás, el guarda, comprenden que es el niño alemán. Le abren la puerta y sale a escape. Sus padres lo habían buscado toda la mañana. Celia queda fastidiada.
Me pongo a servir
Los padres se quejan, de su vuelta del viaje por Europa, que han gastado mucho dinero. Celia se ofrece a trabajar para ganar cinco pesetas de criada al mes, según le dice su padre que ganan. Se pone ropa humilde de Josefa, la hija de María, la guardesa. Echa a caminar y va al pueblo de al lado. La coge una señora que es una campesina algo más rica. Le manda ir a buscar una cabra al campo. Allí la encuentra la Guardia Civil con Tomás, el guardés. La llevan de vuelta a casa. Ella piensa en las tres pesetas que ha ganado porque ha sido un verano de mucho gasto.
Encerrados
Su padre el había dicho que Baby era para ella, pero no se lo dejan nunca. Se queja a su padre y le da largas. Toma al niño y decide bañarlo, cosa que logra. Luego lo intenta vestir, como puede. Oye gritos. Al fin descubren que ella está en el baño con el pestillo echado, junto con el niño. No puede descorrer el pestillo. Al fin, lo logra. La riñen; su madre le da una azotaina; su padre la defiende. 
El pobre “Domingo”
Juan es el chófer de la familia. Vive con su mujer, sin hijos; se hacen con un perro, “Domingo”, buen cazador de ratas. Discuten el padre de Celia y Juan y este se despide. Se va con sus cosas y abandona al perro; este se hace de la familia; le curan una pata rota. Celia está feliz con él. Un día viene Juan a buscarlo porque es suyo y le hace falta en su nueva casa porque hay muchos ratones. Celia sufre porque le llevan al perro.
En casa de la tía Julia
Visitan a la tía Julia, hermana de su madre, y su primo Gerardo, que es médico. Viven en una casa grande y con jardín, cerca del mar. Tienen muchos gatos. Llegan unos vecinos americanos, con una criada negra. Traen una cacatúa y peces en una pecera. Los gatos se comen los peces y el chocolate de la comida de la cacatúa. La criada negra se queja a Celia de que un gato la ha arañado. La niña le dice que lo arañe ella la próxima vez que se peleen.
El colegio francés
De vuelta a la ciudad, comienza el colegio. La llevan a uno de monjas francesas. El primer día es infernal. Solo hablan en francés y no entiende nada. Dice que Madrid es la capital de Francia y España; afirma que la luna es un farol con una boca muy grande. Se confunde de clase, baja sola al patio; luego vienen las otras niñas; se pelea con una. Llega una monja y se sienta con ella en un banco. Ya está más tranquila. Al día siguiente tendrá que volver porque no ha aprendido mucho el primer día.
El hada en el sotabanco
 En la buhardilla vive doña Cándida, la viuda del portero. Es mayor y pobre. Celia se disfraza de hada y le lleva golosinas. La vieja cae enferma. Le pide a la niña un médico, leche y algo de dinero. Baja Celia a su casa y llama al médico; con el lechero hace lo mismo. Coge sus ahorros y se los da. El médico y el lechero cumplen con la visita. El padre comprende que es Celia, que está feliz haciendo de hada. El padre le pide a Juana y doña Benita que vigilen más a la niña.
El cuento chino
Un chino amigo de sus padres, que no tiene narices, come con la familia. Le cuenta un cuento a Celia; es un emperador que tiene un ruiseñor que le salvó la vida en una enfermedad. Al final, se mete en un horno de porcelana porque quiere uno igual; se transforma en uno, pintado en el jarrón. A Celia le encanta el cuento y quiere que doña Benita o alguien hiciera lo mismo. Los padres temen que Celia pierda la cabeza.
En el teatro
La madre la lleva la teatro, con Carlotica, la nieta del actor. No entienden nada de la obra. En el descanso del primer acto, ven en un palco a la made de Antoñito. Van a buscarla, pero se pierden. Acaban en el gallinero. Llaman a voces a su madre en plena representación y las mandan callar. Al final de la obra se reencuentran con su madre. La señora, que le hablan al salir, no es la madre de Antoñito. La madre la llama tonta y le dice que no la llevará más al teatro; tampoco le importa.
El día de mi santo
Para su santo pide un perro blanco. Todos le dicen que no puede ser, excepto su padre, que prepara la compra. Llega el día y les traen de la tienda nueve perritos blancos. Todos los regalos eran el mismo; le dicen que no, pero luego lo compran en secreto. Celia está encantada y los padres, abrumados.
Maimón, el morito
El tío Rodrigo, hermano de su padre, vive en África. Ha venido una temporada. Se hace servir de un negrito llamado Maimón. Celia hace buenas migas con él. Le dice que quiere rezar en la habitación de doña Benita. Mientras, Celia entretiene a la vieja cuidadora. Al día siguiente, doña Benita está encamada por enfermedad. De pronto, la cama comienza a elevarse, con doña Benita en ella; se acerca a la ventana; la cama vuelca y se cae. Vienen unos albañiles, que estaban de obras en el patio, y descubren unas cuerdas atadas de la cama a los cables de la garrucha. Maimón lo ha hecho, simulando que rezaba. El tío Rodirgo le ha tirado tanto de las orejas que le han crecido una cuarta.
El peso del Baby
El niño llora mucho; se cae de la cuna y culpan a Celia. Los padres quieren saber lo que pesa el niño. Compran una báscula en la farmacia. Llega la tía Rosario de Vizcaya con el primo Ricardo. Pesan una gallina que han traído, para comerla después. Pesan al baby y da once kilos y medio. El primo le hace preguntas tontas y absurdas, como si van a comer al baby, como a la gallina, lo que enfada a Celia.
Alfredo, el pájaro bueno
Celia piensa que sus padres ya no la quieren; han cambiado su habitación al fondo de la casa. El ama le llama “inclusera” y ella se lo cree; está preocupada. Su amiga María Teresa le deja un pájaro de madera que utiliza de amuleto, para que le pasen cosas buenas. En efecto, deja de gritar, fantasear, hacer ruido, comía educadamente, no preguntaba. Su padre se preocupa y la interroga, pero ella dice que es buena, sin más. El padre le compra regalos, Celia devuelve el pájaro, llamado Alfredito, a su dueña. Ahora ya vuelve a trastear como antes.
El borriquillo
Salen al retiro doña Benita y ella. Se pierden y hace frío. Compran un borriquillo que unos chicos llevan al matadero, por diez pesetas. Lo llevan a casa y le dan leche. Brinca y hace ruido, molestando a los vecinos. Vienen los padres del teatro y se enfadan mucho, aunque el padre no tanto. Al día siguiente, el burro se va a la sierra.
Los tres regalos
Visita a su tío Rodrigo con sus primas María-Rosa y Lolita. A la que mejor se porte, le regalará al final del día un collar de lapislázuli y marfil. Maimón rompe un jarrón, pero Celia dice que fue ella. Al final del día, Maimón dice la verdad del jarrón y el tío le regala el mejor collar.
¡¡Adiós!!
Baby ya sabe andar un poco; ella le ayuda y le cuenta fantasías; una alfombra es una isla, etc. Lo mete en la bañera, como si fuera un coche. Abre la ducha y casi se ahogan; los padres se asustan. A ella la llevan a un internado hasta que crezca más y no sea un peligro para su hermano. Le pide a sus “amigas”, los lectores, que no se olviden de ella. Seguirá contando sus diabluras.
2. Temas del relato
Este texto aborda los siguientes temas:
-La incomprensión que padecen los niños por parte de los mayores. No participan de sus intereses, ni curiosidades,ni preocupaciones. 
-La falta de sintonía entre el mundo infantil y el adulto provoca malentendidos, situaciones desagradables y sufrimiento, sobre todo para los niños.
-La lógica infantil choca a menudo con la de los adultos. El corolario inmediato es la decepción de los niños y el enfado de los padres.
3. Apartados temáticos
La novela que analizamos exhibe una estructura particular. Cada uno de los cuarenta y cuatro relatos o capítulos, sin numerar, pero titulados, constituye una historia completa en sí misma. Son autónomas unas de otras. Funcionan de modo autónomo, narratológicamente entendido, porque son autosuficientes en sí mismas. Cada una de ellas ofrece una disposición clásica, basada en el respeto al orden cronológico y lógico de los hechos narrados. De este modo, encontramos:
-Introducción o presentación de los personajes y el conflicto: es un apartado muy pequeño; se ventila en las primeras líneas del texto.
-Desarrollo o nudo: es la parte más extensa y abarca todo el cuerpo central del relato.
-Desenlace o resolución de la tensión narrativa; ocupa la sección final, a veces un solo párrafo de unas líneas. 
4. Figura del narrador
El narrador se manifiesta en primera persona a lo largo de todo el relato. Celia habla de sí misma, es decir, es protagonista de la acción que narra. Podemos afirmar, entonces, que estamos ante una autobiografía, pues ella, la niña de siete años recién cumplidos, nos cuenta su vida detalladamente. 
5. Personajes
Como el texto es una autobiografía, como antes hemos afirmado, el personaje principal es Celia; ocupa el papel de protagonista. Acapara la acción, ciertamente, pues sus vivencias, en choque y paradoja con las de los adultos, es la línea de fuerza narrativa principal. Los personajes son, en su gran mayoría, planos (previsibles, desempeñando siempre el mismo papel), como es de esperar por la naturaleza del narrador, una niña de siete años. Es curiosa, “preguntona”, suelen llamarle sus padres, entremetida y muy habladora; a veces, para los adultos, sobre todo, sus padres, se hace insufrible. Sin embargo, tiene una virtud importante: es franca y honesta. Dice lo que piensa y hace con total naturalidad, sin reparar en las consecuencias. Se hace muy agradable al lector porque adquiere cierto perfil fresco y contestatario ante los demás, adultos (y, a veces, niños) previsibles, acomodados y conformistas. Celia es muy curiosa y desea comprender el porqué de las cosas, de ahí que pregunta tanto. También es fantasiosa, cosa que le malinterpretan, tildándola de “loca” cada dos por tres.
-Sus padres: de los que no sabemos el nombre, pero conocemos se elevada posición social. Son ricos, viven en la calle Serranos de Madrid y tienen una buena casa en la sierra, a la que se desplazan los fines de semana. Veranean en San Sebastián y Santander; también por Europa. Aman a su hija, pero se cansan de sus fantasías y sus preguntas. Sin embargo, su padre la entiende mucho mejor y tiene un lazo de confidencialidad que no posee con su madre. Baby, el hermano pequeño, apenas juega un papel narrativo importante porque aún no puede interactuar con Celia. La excepción es el último capítulo y el resultado es catastrófico para la niña: la internan.
-Las personas de la servidumbre juegan un papel importante porque es una fuente de conocimiento para Celia. Ahí sobresale doña Benita, la cuidadora, mujer mayor; Juana, la doncella, el ama y la cocinera. Llevan las tareas del hogar y arreglan a la niña. También se muestran condescendientes con ella y, a veces, hartas de sus travesuras. Miss Nelly, institutriz inglesa que la cuida y le enseña inglés se muestra severa, seria y aburrida. A Celia no le gusta, pero ha de soportarla.
6. Lugar y tiempo de la acción narrada
Madrid es el lugar donde se desarrollan la gran mayoría de los capítulos (hay que exceptuar dos o tres en Santander y otros cuatro o cinco en la casa de la sierra). Es una novela urbana, pues la mayoría de los textos ocurren en el ámbito madrileño. Más en concreto, la casa familiar es el marco espacial más repetido. En este sentido, estamos ante un texto de interior, hogareño, digamos.
El tiempo de la escritura sabemos que gira en torno a 1929, cuando la autora, Elena Fortún, publicó semanalmente los capítulos en la revista Blanco y Negro. El tiempo de la acción narrada es contemporáneo al de la escritura: la década de 1920. 
La duración de la acción, por lo dicho, se puede deducir que es aproximadamente de un año, aunque no existe una cronología exacta. Estamos en el final de un curso, el verano y el comienzo del siguiente. La narradora hace calas en su vida, destacando momentos especialmente significativos. 
7. Rasgos estilísticos
Celia, lo que dice es una magnífica novela, muy bien concebida y mejor escrita. Las notas estilísticas más importantes son:
-Visión del mundo de la infancia visto desde el propio niño. Celia, la niña, impone su cosmovisión. Escribe desde su perspectiva infantil, sin concesiones al mundo adulto. Fortún cede la focalización totalmente a la niña curiosa, traviesa y deseosa de conocer el mundo. Por eso choca a menudo con la perspectiva de los adultos, principalmente la de sus padres, una familia burguesa, acomodada y de vida regalada. Por el contrario, halla mayor sintonía con el mundo de las criadas, sobre todo de doña Benita. En la simpleza y la lógica elemental, lejos de hipocresías, criadas y niña encuentran un campo común de pensamiento y sentimientos.
-Magnífico dominio del lenguaje. Con un estilo aparentemente sencillo, pues, después de todo, habla una niña, Fortún nos muestra un texto claro y muy expresivo. La niña habla como tal, así como sus amigos, y los adultos hacen lo propio. Los diálogos son incisivos, frescos y muy significativos en la caracterización de los personajes.
-El narrador juega un papel importante porque nos muestra cómo es la propia Celia: curiosa, despierta, atrevida. Escribe con desparpajo y libertad. Dosifica muy bien la materia narrativa, reservando un desenlace sorprendente y divertido, aunque con una lección casi siempre amarga: los mayores son hipócritas y mienten a menudo. 
-El dominio estilístico de la lengua española por parte de Fortún es muy alto. Nuestra escritora maneja diversos procedimientos narrativos y poéticos con gran eficacia expresiva. Emplea con acierto recursos retóricos (metáfora, símil, personificación, ironía, hipérbole, etc.), dotando al texto de una profunda y bella subjetividad. He aquí un ejemplo extraído del segundo capítulo, “El día de San Antón”, centrado en la pérdida de “Pirracas” (es el nombre de la gata de casa):
El jueves fue el santo de Pirracas. 
¡Muchas felicidades! 
La gata se restregó contra mí maullando, y yo decidí celebrar su fiesta. 
-–Miss, ¿la llevamos a la calle de Hortaleza? 
-–No diga tonterías. 
-–Mamá, ¿me dejas llevar de paseo a la gata? 
-–¡Jesús qué criatura! ¿Serías capaz?… 
-–¡Anda, ya lo creo! 
Y salimos a pasear. Yo llevaba a Pirracas debajo de la capa. Ella se estaba quietecita; pero como se aburría empezó a maullar para decírmelo. 
-–Celia, ¿qué es eso que suena? 
-–¡Nada! –Sí, sí, suena un gato. 
-–¡Bueno, pues que suene! 
–Y está debajo de su capa… 
-–¡Claro! ¡Voy a tener yo un gato en el cuerpo! 
 Pero como la miss es testaruda como la pata de un mulo (lo dice Juana), y le gusta meter las narices en todo, quiso ver lo que sonaba. Yo me defendí; la gata saltó al suelo y ¡se escapó! 
Pirracas era de la abuelita, que la quería más que a las niñas de sus ojos. (Eso también lo dice Juana.) 
Y como la abuelita se ha muerto, ahora es mamá la que quiere a la gata más que a esas niñas.
8. Contextualización
María de la Encarnación Gertrudis Jacoba Aragoneses y de Urquijo (Encarnación Aragoneses, abreviado) nació el 17 de noviembre de 1886 en Madrid. Era la hija única de un militar segoviano y una mujer vasca con cierta nobleza. La crio un ama; no completó estudios oficiales. La muerte de su padre en 1904 tuvo consecuencias negativas en la economía familiar, que pasó a ser más estrecha. 
Se casó a los dieciocho años de edad, en 1908, con un primo segundo, Eusebio de Gorbea y Lemmi, militar y también escritor, con quien tuvo dos hijos; Luis (1908) y Manuel (1909), muerto en 1920. En 1919 la familia se instaló en Madrid, en la calle Ponzano; como vecino tuvieron a Santiago Regidor, catedrático de dibujo y colaborador en Blanco y Negro. Gracias a las tertulias en su casa Fortún conoció a personajes importantes de la vida cultural e intelectual española. Entre otras conoció a María Lejárraga, de quien aprendió a escribir literariamente y recibió el impulso creador y literario que poseía, pero todavía dormido. En 1922 su marido fue destinado a Tenerife y la familia le acompañó durante los dos años de estancia. Allí entabló una gran amistad que perduró hasta su muerte con Mercedes Hernández, esposa de Eduardo Díez del Corral, compañero de su marido. Esta familia inspiró a los personajes de Fortún. Allí publicó sus primeros artículos en el periódico La Prensa.
Volvió a Madrid en 1924; se introdujo en la vida cultural madrileña en pasos sucesivos, pero firmes. Fue nombrada secretaria de la asociación Mujeres Amigas de los Ciegos. Se afilió a la Sociedad Teosófica de Madrid.​ En la Residencia de Señoritas, dirigida por María de Maeztu, estudió Biblioteconomía. Se abonó a la Asociación Libros, que publicó una revista con el mismo nombre en la que colaboró Fortún junto a las escritoras Carmen Conde, Ernestina de Champourcín y Enriqueta Martín entre otras.​ Se asoció al Lyceum Club Femenino (dirigido por la influyente María de Maeztu), ya con cuarenta años, lugar de encuentro de las intelectuales en Madrid. Poseía una clara idea feminista y reivindicaba el papel de la mujer en la sociedad.  
Los primeros trabajos firmados por Elena Fortún aparecen como colaboraciones periodísticas, con artículos variados, en la revista La Moda Práctica. Tomó el seudónimo de un personaje femenino de la novela de su marido Los mil años de Elena Fortún (1922). María de la O Lejárraga le animó a publicar sus relatos en lugar de vender aspiradoras Electrolux ya que aspiraba a independizarse económicamente de su esposo. Con esa intención le presentó a Torcuato Luca de Tena, director de ABC, donde comenzó a publicar en Gente Menuda, suplemento infantil del dominical Blanco y Negro.​ La primera colaboración fue el 24 de junio de 1928. Pronto adquiere prestigio y fama, eclipsando a su marido, con ciertas aspiraciones literarias, sobre todo teatrales. La Editorial Aguilar adquirió los derechos de publicación y fue publicando los diferentes títulos bajo el nombre de Celia y su mundo.
La guerra civil trastornó su vida. Su marido, militar, se desplazó a Barcelona para dirigir la Escuela de Automovilismo de Aviación de Barcelona.​ Ella se quedó en Madrid; publicaba en la prensa periódica, lamentando los estragos de la guerra.  La editorial Aguilar siguió publicando los libros de Celia. Estando en 1939 en Madrid ultimando la publicación de su libro Celia madrecita, las tropas de Franco tomaron la capital. Fortún se fue al exilio; no pudo reencontrarse con su marido hasta meses después de su abandono de España. Al fin, se asentaron en Buenos Aires. Ella trabajaba en la  instalaron en Buenos Aires. Gracias a las amistades madrileñas, pudo vivir de publicaciones en la prensa periódica. Siguió componiendo nuevas entregas de Celia 
En 1948 decidió regresar a España e instalarse en Madrid. Mientras estaba gestionando la vuelta del matrimonio, su marido Eusebio  Gorbea se suicidó en Buenos Aires en diciembre de 1948. Regresó a Argentina para arreglar la situación legal de su marido. Vivió en Nueva York con su hijo Luis, pero el experimento no funcionó y regresó a España, tomando casa en Barcelona. En los primeros cincuenta conoció a Carmen Laforet, con la que le unió una buena amistad. También se relacionó epistolarmente con Carmen Conde y Esther Tusquets. Siguió escribiendo y en 1950 publicó Los cuentos que Celia cuenta a las niñas y Los cuentos que Celia cuenta a los niños. Su último libro publicado en ese año, Patita y Mila, estudiantes fue un rotundo éxito.​ Reinstalada en Madrid, falleció en mayo de 1952, a los 68 años.
Compuso veintiún libros de la serie protagonizada por Celia; publicó ocho obras más de tema infantil-juvenil (una de ellas, de teatro) con otros personajes y situaciones. Su aportación a la literatura infantil y juvenil española es de primer orden. La calidad, originalidad y frescura de sus obras son intensas y originales. Por eso se leyeron en el momento de su publicación y lo seguimos haciendo hoy. La actualidad de sus novelas es plena.
9. Interpretación y valoración 
Celia, lo que dice es una magnífica novela plena de aciertos. El primero es el acercamiento al universo infantil desde la mentalidad del niño. No se trata de ver cómo es un infante, sino de permitir que éste piense y se exprese a su manera. Fortún maneja con gran habilidad el universo infantil. Comprende perfectamente cómo piensa, siente y se expresa un niño; y permite que se exprese a sus anchas a lo largo de la novela. 
La perspectiva femenina y feminista es bien visible. Sin estridencias, pero con mucha firmeza e inteligencia, Fortún cede la palabra a una niña que escribe a otras niñas. Reivindica el papel de la niña en el entorno familiar, educativo y social. Si tenemos en cuenta que estamos en la España de los años veinte y treinta, hay que reconocer que su novedad y empuje intelectual es de primer orden.
La construcción del personaje es muy hábil. La niña queda retratada desde el primer momento; Celia es curiosa, imaginativa, preguntona y enérgica. Hace lo que cree que debe hacer, sin reparar en las consecuencias. Le llaman mala muy a menudo, pero no lo es. Solo actúa conforme a la lógica del niño que cree lo que le cuentan. No es una heroína (llora bastante a menudo, por el miedo, la angustia, el dolor, etc.), sino una niña que quiere ser como es, sin traicionarse a sí misma. 
Celia, lo que dice es, bajo estas consideraciones, es una novela muy original, densa, significativa y rica. Su composición resulta original, equilibrada y feliz: el fondo y la forma se alían para crear un relato de aparente ambiente infantil, pero con un trasfondo social y cultural muy interesante.
II. PROPUESTA DIDÁCTICA
1. Comprensión lectora de toda la obra
  1. Resume la novela (200-250 palabras).
  2. ¿Cómo reaccionan los adultos ante las ocurrencias y los hechos de Celial? 
  3. ¿Podemos decir que Celia actúa por egoísmo o narcisismo?
  4. ¿A qué se dedican los padres? ¿Prestan suficiente atención a la niña?
  5. ¿Cómo son las relaciones entre Miss Nelly y Celia? ¿Qué podemos colegir de su carácter?
  6. ¿Podemos afirmar que doña Benita tiene mucha importancia en la educación de la joven Celia? ¿Por qué? 
  7. ¿Hay algún adulto que se entiende especialmente bien con Celia? 
  8. ¿Qué relación mantiene Celia con los animales? Razona tu respuesta.
  9. ¿Es consciente Celia de las diferencias sociales y las injusticias correspondientes?
  10. ¿Qué sentimientos muestra Celia hacia su hermanito Baby?
  11. ¿Va contenta al internado a estudiar el próximo curso? Razona tu respuesta.
2. Interpretación y pensamiento analítico 
  1. ¿Podemos decir que Celia es una niña feliz?
  2. ¿Son exactamente iguales las relaciones que Celia guarda con su padre y su madre?
  3. Analiza la figura del narrador: ¿qué repercusiones tiene en el relato?
  4. Analiza el comportamiento de los mayores respecto de Celia. ¿Es lógico y razonable?
  5. Celia, ¿padece necesidades materiales? ¿Y afectivas?
  6. Comentario de texto específico
Noche de Reyes (relato n.º 1)
Me desperté asustada, y oí como si un gato estuviera arañando las maderas del balcón. ¡Los Reyes Magos! Entraba la luna por las rendijas, y entraba el frío también…
De buena gana me hubiera levantado a ver lo que ocurría, pero ¡me daba un miedo!… Me tapé la cabeza y empecé a rezar.
«Jesusito de mi vida,
tú eres niño como yo…»
De repente, ¡pum!, ¡pum!, ¡pum!, un ruido terrible de cosas que caen sobre el balcón…, y me encuentro en camisa, delante de un señor negro con corona, que está sentado en la barandilla.
–-¡Dios te salve, Celia! -–me dice.
–-Que Dios te salve a ti, Rey Negro, porque si no, te caerás a la calle.
-–Yo no me puedo caer, porque no peso.
–-¡Qué bien! Entonces podrás volar.
–-¡Ya lo creo! Mira.
Y cogiendo las puntas de la capa blanca que llevaba, se marchó volando por la calle arriba.
-–¡Eh! ¡Eh! ¡Rey Negro! ¡No te vayas!
–-Ya estoy aquí. ¿Qué quieres, Celia?
–-Que no te marches sin dejarme los juguetes que te he pedido en mi carta.
-–¿No los ves?
¡Qué tonta! Estaba el balcón lleno de cajas, y yo no había visto nada entonces.
-–¿Me has traído la cocina?
–-Sí, dos cocinas.
-–¿Y el borrego?
-–Un borrego y una cabra.
–-¿Y el Teddy Bear?
–-También.
–-¿Y la vajilla?
–-La vajilla, y un reloj, y cazolitas, y libros, y rompecabezas, y una raqueta…
–-¡Huy, qué bueno eres! Y ahora que me fijo en ti…, ¡cuánto te pareces al lacayo de tita Julia!
-–¡Como que es mi hermano!
–-Anda, si lo sé antes le doy a él la carta para que te la llevase, y así me hubieras traído más cosas aún…
–-¿Te parecen pocas?
-–No, no; no son pocas. Pero te hubiera dicho que no
te olvidaras de Solita, la niña del portero.
–-No me olvido nunca.
–-Pues hijo, el año pasado no le trajiste nada.
–-Sí, le traje; pero te quedaste tú con ellos…
–-¡Jesús, qué mentiroso!
–-¡Niña! ¿Cómo hablas así a un santo?
–-¡Ay, Rey Negro! Perdóname; pero no sé cómo decirte que no dices la verdad…
–-Sí, digo la verdad. ¿No crees que es demasiado para ti todo lo que te he traído por orden de Dios?
–-No sé…
–-Sólo dejo juguetes en los balcones de los niños ricos; pero es para que ellos los repartan con los niños pobres. Si tuviera que ir a casa de todos los niños no acabaría en toda la noche…
–-Sí, sí, ya comprendo. ¿Entonces debo repartir con Solita lo que me has dejado?
-–Eso es. Yo no puedo detenerme más. Está amaneciendo y aún me queda mucho que hacer.
No sé por dónde se fue ni cuándo me metí en la cama, porque me quedé dormida y no desperté hasta que entró la luz del día en mi cuarto. Me volví a levantar (entonces sí que hacía frío), me abrigué con la colcha y salí al balcón.
–¡Solita, Solita! –-grité, porque ya estaba Solita barriendo la puerta-–. ¡Mira lo que nos han traído los Reyes!
Desaté todos los paquetes, y con las cuerdas hice
una muy larga que llegaba a la calle.
-–Espera, que te voy a echar una cabrita -–y se la mandé bien atada en la punta de la cuerda…
-–Y ahora unos libros… –-y se cayeron; pero todos llegaron al suelo.
–-Y una caja con una cocina.
¡Cómo bailaba Solita!
Detrás de mí, dijo papá:
-–¡Pero qué estás haciendo, niña!
–-Repartiendo los juguetes.
-–¡Entra dentro, criatura, que hace un frío horroroso! ¡Milagro será que no hayas cogido una pulmonía! ¡A la cama!
¡Qué voces daba!
-–¡Pero papá, si me ha mandado el Rey Negro que le dé a Solita juguetes, porque son también para ella!
-–Veremos lo que dice tu madre de eso. ¡Abrígate bien!
-–Mira, papá, el Rey Negro me lo ha explicado todo…
–-¡No digas más tonterías! Todo eso lo has soñado o lo has leído en alguna parte.
-–¡Que no, papá, que no! Mira, yo te diré…
–-¡Nada, no me digas nada! ¿Qué es lo que le has dado a Solita?
–Una cabra…
–¡Válgame Dios! ¡Un juguete carísimo!… ¿Entras en calor?
–Sí, sí; ya no tengo frío… Verás, papá, yo te contaré…
–¿Te quieres callar? Las niñas no mienten ni creen que es verdad lo que sueñan…
De pronto apareció Juana haciendo aspavientos.
-–Señor, aquí está Pedro, el portero, con unos juguetes que dice que…
-–Bueno, bueno –-interrumpió papá-–; dígale usted que son para su hija,
que se los dé…
-–¡Ay, papá, qué bueno eres! ¡Ya lo sabía yo!
–Lo que no sabes es la que nos va a armar tu madre en cuanto aparezca.
¡Y ya se oían los pasos de mamá!…
Fuente: https://www.alianzaeditorial.es/primer_capitulo/celia-lo-que-dice.pdf
EXÉGESIS TEXTUAL
a) Comprensión lectora
  1. ¿Cree Celia en los Reyes Magos?
  2. ¿Es egoísta la niña? ¿Cómo lo deducimos?
  3. ¿Quién es Solita?
  4. ¿Quién es el rey Negro? ¿Cómo habla a Solita?
  5. ¿Reacciona el padre bien ante la acción de Celia de compartir sus juguetes con su vecina?
  6. Localiza en el texto media docena de recursos estilísticos que sirven para hacer más expresivo y bello el relato.
b) Interpretación y pensamiento analítico
  1. ¿Cómo apreciamos el amor, la ingenuidad y el modo de razonar infantil?
  2. ¿Por qué Celia? ¿Es razonable?
  3. ¿Se aprecia cierta crítica social en este relato? ¿Por qué Fortún lo ha hecho así?
4. Fomento de la creatividad
1) ¿Puede un niño de hoy portarse como Celia? Explica y razona con detalle.
2) Transforma uno de los relatos según la mentalidad actual.
3) Realiza una exposición con un panel o con medios TIC sobre la vida y la obra de Elena Fortún. Puede ir acompañado de música, proyecciones de imágenes de la época, cuadros de pintores del momento, etc.
4) Reescribe un relato más o menos inspirado en las aventuras de Celia, pasándolo a poesía o teatro, pero ambientado en nuestros días, abordando los mismos temas.

Benito Pérez Galdós: «El equipaje del rey José» (1875); análisis y propuesta didáctica

BENITO PÉREZ GALDÓS- EL EQUIPAJE DEL REY JOSÉ (“EPISODIO NACIONAL», 2.ª SERIE, VOLUMEN 1) (1875)
I. ANÁLISIS
1. Resumen
I
Es el 17 de marzo de 1813. Un grupo variopinto de hombres ociosos y chismorreadores  en Madrid charlan sobre la posible caída de José Bonaparte, rey francés de España. Ven salir del Palacio Real un buen número de carrozas con el rey, hermano de Napoleón Bonaparte, a bordo. Plantean hipótesis sobre su destino, pero sin fundamento. Casi todos desean que se vaya de España cuanto antes, pues les parece una ofensa ser reinados por un francés; vienen a robar y saquear el país. Un militar, Salvador Monsalud, chico joven, les informa que se dirige a Valladolid a ponerse al frente de las tropas contra los rebeldes españoles y la ayuda inglesa de lord Wellington.
II
Salvador Monsalud es un joven soldado, ya sargento, de veintiún años, procedente de Puebla de Arganzón. Es pobre, ha ido a Madrid a ganarse la vida y entró en un regimiento de José Bonaparte, llamados los jurados, odiados por el pueblo. No es afrancesado, ni nada; lo hace para sobrevivir. Lo protege su tío Andrés. Tiene un amigo de su pueblo, Juan Bragas, algo menos pobre que él. Es “covachuelista”, trabaja de oficinista en una oficina. Pasean por El Retiro contándose sus ilusiones. Monsalud está enamorado de una chica de su pueblo, Generosa, más rica que él; el abuelo de ella le dijo que nunca se casaría con su nieta. Monsalud es soñador, idealista; no tiene ideas políticas. Bragas es materialista, no quiere oír hablar de amor, solo de dinero y de cosas concretas. Se ven cuando pueden y hablan de su vida en el pueblo y de sus ilusiones de futuro. José le informa a Monsalud que Generosa se va a casar con Carlos Garrote, el hijo de Fernando Garrote, un hombre rico y poderoso de su pueblo. Monsalud no lo cree.
III
De vuelta a la ciudad, todo son corrillos de gente intercambiándose noticias. Por entonces no había periódicos, y la gente se enteraba de las noticias importantes por el boca a boca. Llega a los oídos de los dos jóvenes que al día siguiente los franceses abandonan Madrid, a escape. Wellington se ha enterado y, con la ayuda de otros generales españoles del norte peninsular, se dirigen a Vitoria y Burgos para cortar la fuga de José Bonaparte. Charlatanes, curas, nobles, covachuelistas, gente de todo tipo opinan, a cual más disparatado, sobre la noticia. La van deformando hasta acabar en una deformación grotesca e irreal.
IV
Los amigos quedan intranquilos. Monsalud seguirá al ejército francés en su retirada, pues no le gusta cambiar de opinión y juró lealtad a Bonaparte. Lo admite serenamente y no se arrepiente. Su amigo José Bragas niega haber sido bonapartista, aunque su amigo sabe que tiene su oficio gracias al conde de Cabarrús, partidario de los franceses. Ambos han sobrevivido gracias al gobierno francés. José Bonaparte ya está en Vitoria. Es 27 de mayo de 1813. Monsalud y Bragas se dirigen a casa de su tío, que vive cerca de la Cava Baja. Los ven un grupo de chicos y revoltosos; al ver el uniforme jurado de Monsalud, los insultan y les tiran bolas de barro. Los rodean; el militar saca su espada y reparte puñadas. Una madre se le encara por perseguir a su mocoso. Se acerca más gente y se repiten los insultos y las bolas de inmundicia. Bragas dice que él es patriota y que no conoce al uniformado. De pronto, aparece su tío Monsalud. Lo mete en el portal y lo encierra en casa. El sale y arenga a la gente, vendiéndose como gran patriota, cosa falsa, pues es un gran afrancesado. En Salamanca los franceses le golpearon por robar secretos para Wellington; la gente queda convencida y la trifulca acaba ahí.
V
Andrés, hombre desarreglado y tramposo, y Serafina, mujer de ínfulas y fatua, son los tíos de Salvador Monsalud. Tras la tragedia de Babilafuente, se instalaron en Madrid. Un caballero francés intervino para que le dieran un puesto en Visita de Propios. Desde entonces se pavonean como si fueran ricos de veras. No tienen hijos, tras trece años de matrimonio. Se han separado y vuelto a juntar varias veces. Han tenido altercados violentos en el matrimonio. Hacen tertulia todas las noches en casa del matrimonio Ambrosia de Linos y sus dos hijas; la mayor, Dominguita, ya casada; la pequeña, Serafinita, es linda. También acuden Mauro Requejo y Gil Carrascosa. Andrés Monsalud se las de de españolista rabioso, junto con los demás, aunque en voz baja admiten que tienen trabajo gracias a los franceses. Le recomiendan a Salvador que se quite el uniforme y se esconda en esa casa o en la de algún vecino, por si los franceses o los patriotas, llamados los empecinados, vienen a buscarlo. Se niega a ser traidor, se lo llama a su tío y a los otros y se va de la casa. La hija joven de doña Ambrosia, Serafinita, llora, porque lo ama. Le afean a Bragas que no salga a defenderlo.
VI
Al día siguiente, sale el general francés Hugo de Madrid, con los últimos franceses y afrancesados. Antes, habían empaquetado y almacenado en cuatro iglesias todo lo que pudieron robar los franceses en dineros, joyas, estatuas, muebles, cuadros, documentos de Simancas, Toledo, Valladolid, El Escorial, etc. Vajillas, cuberterías, colecciones mineralógicas fueron llevados. Confiscaron todos los carros, galeras y coches de Madrid y salieron con todo. Fueron a Segovia, Valladolid, Burgos, Miranda y Vitoria. Pero cruzaron el Ebro las tropas de Wellington y las de Bonaparte al mismo tiempo y casi fueron a encontrarse en Puebla de Arganzón el 19 de junio, con la inmensa caravana de carruajes. Los poderosos y famosos escriben la historia, pero también los humildes, hasta el más bajo, tiene su historia, y es tan digna como las otras.
VII
Monsalud llega a su pueblo. Algunos vecinos lo reconocen y critican que sea jurado, soldado al servicio del rey francés, pero él, medio escondido, se dirige a la humilde casa de su madre. Entra sin llamar y sorprende a su madre, Fermina, con las labores domésticas, acompañado de un perro. Sabemos que Monsalud es hijo de soltera, lo que la gente bien del pueblo, como el boticario, critica. Cuando la madre lo ve, se funde en un abrazo con él. Le llama “francés” y cae desmayada.
VIII
La madre, Fermina, vuelve en sí y le reprocha amargamente a su hijo Monsalud que sirva a los franceses. Hay una vieja que también se lo reprocha; tiene aire solemne y grave; es alta y delgada; ya tiene cien años; es doña Perpetua, medio beata, contadora de historias, herborista, consejera en el pueblo; la gente la respeta. Entra de la calle un hombre fuerte y enérgico, con sotana. Es el párroco de Puebla, don Aparicio Respaldiza. Anima al chico a que deje a los franceses y se haga patriota. La madre le implora vivamente que no traicione a su patria. Doña Perpetua lo presiona en esa dirección. El cura le anuncia que están formando una partida, dirigida por Fernando Garrote, para hostigar a los franceses; le anima a que se una. Monsalud titubea; no quiere ser traidor, pero desea mantener la lealtad, por honor, a los franceses, que le dieron de comer en Madrid cuando lo necesitaba. El chico nace en una aldea próxima llamada Pipaón. 
IX
Su madre era de Pipaón. Años antes, un hermano de la madre funde el dinero en Madrid y ella cae en la deshonra por quedar embarazada. Por eso se ha ido a vivir a la villa. Monsalud deambula por Puebla, confuso y aturdido. Por la tarde va al campamento y no hay novedades. A la noche va a la tapia del huerto de la casa de Generosa, su medio novia; vive ella con el abuelo y una madrastra. Ella, morena y jovial, baja y, a través de una empalizada de tablas, hablan por una rendija y se declaran su amor, que es ardiente y potente. Ella le advierte que si es soldado de los franceses, dejará de quererlo. Él la miente y no le dice la verdad, lo que a ella le entusiasma. Dice que lo quiere más ahora, sabiendo que es patriota y defiende España. Quiere estar con él a toda costa en ese momento, amenazando con romper la empalizada, o ir a buscar la llave de la puerta del huerto, pero él lo impide porque está con su uniforme francés, de color verde, y ella vería que la ha mentido.
X
Al fin, la contiene, entre promesas de amor. A tal tiempo, un hombre se acerca en la oscuridad y escucha a lo lejos. Ella le confiesa que le agrada Carlos Navarro, que ha peleado bravamente contra los franceses. Monsalud se corroe de celos y da un golpe a la empalizada, que cruje; se acerca Navarro por el crujido de la empalizada; es Carlos Navarro, el hijo de Fernando Garrote; destacado guerrillero contra los franceses. Se amenazan y se tratan de traidores y miserables. Carlos lo alumbra con una linterna; Monsalud saca el sable. Generosa rompe la empalizada y sale; se interpone entre ellos; al ver a Monsalud con el traje francés queda estupefacta; entra corriendo a su huerto y le pide a Carlos que mate a Monsalud por traidor y mentiroso.
XI
La chica, Generosa, o Genara, pide a gritos desde la puerta de su casa a Carlos que lo mate por traidor y embustero. Carlos, sereno, se niega a un duelo a muerte. Le pide a Salvador Monsalud que se vaya, pero este no lo hace. Llega un grupo de gente dispuesto a matarlo por afrancesado, pero Carlos, con palabras y mamporros, los calma. Salen fuera de la villa. En las callejuelas finales, Carlos le advierte que, como vuelva a acercarse a Generosa, le cortará las orejas. De pronto, ambos tiran de navaja y se van a matar por Genara. Aparece un grupo de soldados franceses borrachos, camino de la taberna. Hay tirantez y, al fin, Carlos se va y se conjura a un duelo con el otro la próxima vez que se vean.
XII
Monsalud va a la taberna, se emborracha. A las once de la noche se dirige a casa de su madre. La mesa está puesta y lo esperan la beata doña Perpetua y el cura don Aparicio. Monsalud grita a cada poco “Guerrillero él, yo francés”. No piensa bien. Su madre trata de calmarlo. El cura y la vieja le recriminan su traición. Come algo groseramente. Se oye un clarín. El joven amenaza al cura y a la vieja y se va dando tumbos, se entiende que al campamento francés.
XIII
El narrador decide contar la vida de don Fernando Navarro, conocido como Garrote. Viene de una familia algo noble, hombres grandes y fieros, amigos de la pelea y el abuso a los débiles. De ahí el apodo, que le cae muy bien. Fue un don Juan en su juventud. Doña Perpetua habla con él, en su casa de la Puebla, y le pide que, antes de ir a la guerra, aunque tiene sesenta años pasados, debe arreglar su conciencia, en concreto por el asunto de Fermina, la hija de Pablo el Riojano, la madre de Salvador. La vieja sabe que es hijo de don Fernando; este no le da más importancia al asunto. Se sulfura cuando le cuenta la vieja que Salvador es afrancesado. Carlos, que había sido un joven tranquilo, en 1812 se unió a los guerrilleros, ganando fama de valiente y astuto. Su padre decide meterse por algo de envidia contra su hijo.
XIV
Llega su hijo y no puede decir nada. Luego el cura. Hablan sobre la importancia de aniquilar franceses y restaurar la religión y al rey legítimo. Son muy cristianos católicos. Don Fernando, entre bravuconerías y gritos de odio a los franceses, los afrancesados y los liberales de las Cortes de Cádiz, reconoce pecadillos, pero el cura Respaldiza le asegura que con una confesión todo se arregla. Parten camino de Treviño, por los montes, a la guerrilla, para unirse al general Morillo, hacia Miranda.
XV
En el atardecer, por el camino de Uralde, don Fernando trata de confesarse con el cura don Aparicio Respaldiza. Pero el cura va más atento a localizar franceses que a las confidencias del viejo, que se arrepiente de su pasado pecaminoso en cuanto a mujeres. Divisan un francés. Respaldiza le dispara y lo hiere. Llega un destacamento francés, pelean algo, pero los detienen y se los llevan prisioneros. Toda la heroicidad del cura y el bravucón acaban en esto. Se han perdido del grupo principal. Carlos había dado la vuelta para buscarlos, pero es tarde.
XVI
Los encierran en el patio de una casa donde funcionaba una fragua, en el pueblo de Aríñez. Están bajo el mando del general Gazán. Don Fernando piensa en el suicidio, pero no se decide a arrojarse al pozo que allí había. Les obligan a tirar de un fuelle; don Fernando se niega, pero el cura Respaldiza lo hace, muerto de miedo, tratando cariñosamente a los franceses. Ven pasar, por encima de la albarda, muchos carruajes de todo tipo camino de Francia. Los llevan a una casa de labranza y los encierran en una habitación, separados. Los vigila Monsalud; dice quién es a don Fernando, que queda preocupado. El chico les anuncia que al día siguiente los fusilarán.
XVII
Es un monólogo interior de don Fernando. Reconoce a su hijo, Salvador. Se arrepiente de todas sus fechorías. Se considera un gran pecador, indigno de salvación. Ha sido un gran calavera, lo admite. Y hasta lo podría fusilar su propio hijo, sin que este lo supiera. Se atormenta. A tal tiempo entra Salvador y le trae una botella de vino. Viene algo borracho, lo que le afea el viejo.
XVIII
Monsalud conversa largamente con don Fernando. Este no bebe, el joven sí, y se emborracha. El viejo le dice que abandone a los franceses porque son malvados y ateos. Monsalud le replica con lo contrario. Ataca a los curas, a los conservadores, y se muestra muy avanzado en ideas políticas. Don Fernando le insinúa lejanamente que es su hijo y quiere ayudarlo, pero el joven, borracho, no entiende nada. Lo deja en la habitación, gritando y gruñendo cosas que no entiende. Se va a sus cosas
XIX
Capítulo grotesco y tragicómico. Don Fernando, a través del tabique medio roto, habla con el cura Respaldiza. Este está muerto de miedo. El otro quiere confesarse y hace una especie de arrepentimiento, pero el cura solo atiende a salvar su vida; tiene mucho miedo. Don Fernando lamenta su pasado de abusos. Le dice al cura que Salvador es su hijo, que él ha engañado a su madre Fermina, sin mirar nunca para ella. El cura no le aconseja que desvele a Salvador que él es su padre. Entra una turba de soldados franceses y le cortan las orejas al cura Respaldiza. Don Fernando se muere de miedo. Ambos son cobardes y se envuelven en retórica conservadora de religión y patria para justificar su conducta.
XX
Jean-Jean, el sargento francés, le dice a Salvador que se van con el convoy grande a Vitoria. Se oye un tiro de cañon. El 22 de junio de 1813 habrá una gran batalla, pronostica un soldado francés llamado Plobertin. La mayoría de la tropa francesa está borracha y quieren ejecutar a los dos prisioneros. Salvador se interpone. No puede evitar que el cura Respaldiza, con las orejas cortadas, muera ahorcado en un árbol. Entra en la sala de don Fernando. Este le confiesa llanamente que es su padre; Salvador no lo cree. Le deja una pistola para que se suicide y no lo humillen. En efecto, el joven se va y don Fernando se da un tiro. 
XXI
El narrador lamenta la pulsión fraticida de los españoles; se matan entre ellos, sin reparar. Son estúpidos, ignorantes y fanáticos de su religión y sus creencias. Los sargentos Monsalud y Jean-Jean van en la retaguardia del gran convoy, camino de Vitoria. Doña Pepita, una mujer rica, aparatosa y creída, acompañada de su marido el barón, de mucha más edad, llama por la ventana a Monsalud; lo lisonjea y le pide información. Este la calma y le dice que el camino está expedito. Rompe el día del todo; se oyen cañonazos; todos piensan que ha comenzado una gran batalla entre Wellington y los franceses. Jean-Jean habla contra la guerra, la farsa que supone; la muerte terrible de miles de anónimos soldados; los generales se llevan la gloria y el dinero. El convoy se detiene; el camino es malo, siguiendo el curso del río Zadorra. Doña Pepita le pide a Monsalud que le hable de cualquier cosa para no pensar en la batalla que se desarrolla. Tiene miedo.
XXII
El día 21 hay refriegas de ambos ejércitos; los aliados, ingleses, portugueses y españoles guerrilleros, toman puntos altos, alrededor de Treviño y Puebla. El general Graham y el guerrillero Longa cortan el camino de Vitoria a Francia. La comitiva, con el rey José en la cabeza, toma el camino de Pamplona. Este escapa, pero el grueso del convoy, con artillería e impedimenta, queda atrapado, en una ratonera. El botín que los franceses llevaban expoliado de España era enorme. Avanza penosamente, pero a pocos kilómetros de Vitoria ya no pudo seguir. Allí se detuvo para siempre. Desde el convoy se veían los cañones y los ejércitos moverse y escupir fuego. Mandan bajar de los carros y dejarlo todo, joyas y alhajas, y seguir a pie. Doña Pepita le suplica ayuda a Monsalud; su marido, el oidor Urbano, gordo y flojo, se pierde entre la gente. Doña Pepita adula a Monsalud para que la proteja; el joven la calma. Ella teme morir. Hay gran alboroto, ruido y desbandada.
XXIII
Doña Pepita es de la familia de los Sanahúja. Caminan doña Pepa y Monsalud abriéndose paso entre el gentío, buscando a Urbano, que no aparece. Comienza a llegar en tropel los soldados en retirada, la artillería y la infantería. Muchos soldados heridos reciben auxilio; amputan extremidades sin anestesia de ningún tipo. Gritos y confusión. El camino de Salvatierra, hacia Pamplona, también es cortado con zanjas y obstáculos por los guerrilleros de Mina y Longa. Siete carruajes de lujo pasan Vitoria, pero han de dar la vuelta porque Graham y Longa les cortan el paso. Ahí va el rey José. A las tres de la tarde, la masa de soldados en retirada es enorme, al lado de Vitoria. Los soldados en retirada asaltan los víveres del ejército y de los particulares y se esparcen por el campo, huyendo del Zadorra, río mortal allí. Veinte o treinta grandes piezas de artillería avanzan a gran paso, arrastradas por caballos, en retirada, para que los enemigos no las cojan. Pasan por encima de todo lo que pillan para no detenerse. Un pequeño destacamento a caballo abre eun pasillo al grito de “¡Paso al Rey!”; reparten sablazos y golpes sin piedad. Es José Bonaparte, demudado, sin sombrero,seguido del general Jourdan y otros, que huyen a caballo desesperadamente. Por una colina bajan los ingleses y los guerrilleros; la gente huye como puede, dejándolo todo atrás. Doña Pepita y Monsalud encuentran a Urbano. El joven se quita su uniforme de jurado, con la ayuda de Pepita y se pone ropa de civil tomada de un baúl.
XXIV
Los soldados ingleses se entregan al atropello y al botín sin vergüenza alguna. Roban todo lo que pueden. Dinero, alhajas, cuadros, ropas, papeles, etc. Después, los guerrilleros hacen lo propio. El populacho de Vitoria y las aldeas cercanas se entrega al pillaje. Roban y matan e inducen a matar a los jurados y a los afrancesados. Muchas mujeres, por afrenta, que han perdido a sus hijos guerrilleros, piden venganza. También abusan de mujeres. Doña Pepa se presenta ante un grupo de mujeres e implora agua. Dice que lleva a Francia un mensaje para Fernando VII; su marido es el secretario del virrey del Perú y su hermano (Monsalud, en realidad) el veedor de Zaragoza; las mujeres se apiadan y le dan agua y alimentos. Todo esto, ya de noche. Muchas familias de La Rioja y Vitoria se han hecho ricas con el pillaje de esa noche, pues es mucho lo robado; son bienes fabulosos.
XXV
Al día siguiente, mucha gente de Vitoria acude al campo de batalla por curiosidad. Cogen águilas imperiales y botones de los jurados, como recuerdos. Entierran a cuatro mil soldados muertos, de ambos bandos. Más de diez mil heridos. Algunos carruajes con cuadros logran salir, pero vuelven tres años después a España. Un viejo, llamado Miguel de Baraona, acude con su nieta, Generosa, a contemplar el espectáculo, que es terrible. Muestran una ideología muy conservadora y fervientes cristianos. Saludan a Carlos Navarro, o Garrote y le dan el pésame por la muerte de su padre en trágicas circunstancias. El joven llora. El viejo le insinúa que se case con Genara, pero el joven replica que ella no lo quiere; la joven calla. Van a merendar juntos, con familiares del viejo, gente importante de Vitoria, con cargos relevantes. Ven cómo hacen una fosa común de afrancesados. Genara mira con aflicción.
XXVI
Comen abundantemente a la sombra de unos árboles. Baraona hace un discurso exaltado de defensa de Dios y la Patria; los demás, un canónigo, un capellán de monjas y el secretario de la Inquisición, junto con Generosa y Carlos, escuchan atentamente y asienten. Son tradicionalistas y viven bien. Carlos cuenta refriegas y la batalla del día anterior. Todos escuchan atentamente. Duermen la siesta a la sombra, excepto Carlos y Genara, o Generosa, que hablan sin parar como dos enamorados. Se acerca una señora de mediana edad vestida estrafalariamente. Dice que es es esposa del alcalde de Bailén y está con su esposo y su hermano, seminarista, guerrillero de la partida del Fraile. Les pide algo de beber y comer y se lo dan. Genara y Carlos la acompañan de vuelta a su rancho, entre carrozas destrozadas.
XXVII
Le llevan comida a la señora “alcaldesa” (falso, es doña Pepita) a su rancho. De camino, Carlos le pide la mano de esposa a Generosa, y esto lo abraza. Al llegar, ven a Monsalud, el “seminarista”. Tienen una agria disputa los dos jóvenes hermanastros, aunque no saben que lo son. Los sigue Monsalud hasta la carroza imponente de Baraona. Montan todos para volver a Vitoria, excepto Carlos. La noche cae.
XXVIII
Monsalud y Carlos Navarro se alejan solos. Se van a batir, pero el renegado está muy débil y apenas puede caminar. Lo lleva a su campamento Carlos; le dan de comer y beber y se entona. Carlos le llama Soldevilla, originario de Nájera, para que nadie lo reconozca. Hablan indirectamente, retándose, delante de otros soldados. Al fin, salen del campamento, a la noche, con un sable cada uno. Salvador le pide a Carlos esperar al día siguiente, pero este lo rechazo. Chocan los sables. De pronto, Carlos cae, herido, y aparentemente muere. Unos hombres se acercan. Salvador está estupefacto.
Madrid, junio-julio de 1875.
2. Temas de la novela
Este “Episodio Nacional” aborda los siguientes temas:
-La derrota final de los franceses en la invasión española, tras cinco años de reinado de José Bonaparte, tras una dura y sangrienta guerra que finaliza en junio de 1813.
-La pulsión española de enfrentamiento fratricida es tan profunda que resulta muy difícil erradicarla o, cuando menos, controlarla.
-La guerra conlleva miseria, dolor, muerte y empobrecimiento material y moral, como se vio en la Independencia de España.
-El destino vital de cada persona es impredecible y, muchas veces, irónico. Más parece un castigo por los excesos cometidos que un premio por los buenos actos realizados.
3. Apartados temáticos
La novela que analizamos exhibe una estructura clásica, basada en el respeto al orden cronológico y lógico de los hechos narrados. De este modo, encontramos:
-Introducción o presentación de los personajes y el conflicto: ocupa los cinco primeros capítulos. Conocemos a Monsalud, el sargento “jurado” del ejército de José Bonaparte, sus penosas circunstancias familiares y personales, etc. También aquí se presenta la huida hacia el norte, camino de Francia, de José Bonaparte, rey de España por la voluntad de su hermano Napoleón.
-Desarrollo o nudo: es la parte más extensa y abarca desde el capítulo VI hasta el XXVII (penúltimo). El general Hugo abandona Madrid, últimos restos del poder francés en la capital. Camino de la frontera francesa, el ejército y la corona de Bonaparte, con cientos de carretas, galeras, etc. confiscadas huyen con un enorme botín expoliado en Madrid y otras partes de España. La acción se centra en Salvador Monsalud; vuelve a su pueblo, Puebla de Arganzón. Sus antiguos amores con Generosa ocupan una parte importante de las vicisitudes, así como la situación de su madre, arrastrando una penosa vida. La batalla de Vitoria ocupa un lugar principal, pero visto desde la retaguardia.
-Desenlace o resolución de la tensión narrativa; ocupa solo el capítulo XXVIII y final. Se centra en el conflicto amoroso de Generosa, que juega a dos bandas. Los hermanastros se enfrentan por ella y Salvador Monsalud, aparentemente, mata a Carlos Navarro.
  1. Figura del narrador
El narrador se manifiesta en tercera persona en la mayoría del relato. Sin embargo, de vez en cuando se deja ver, opinando sobre la organización narrativa, los hechos históricos que novela, etc. Se trata de un narrador parcialmente omnisciente, externo al relato, pero bastante subjetivo, en el sentido de que critica duramente al ejército invasor francés, lamenta que muchos se hayan hecho afrancesados y, sobre todo, irónicamente, ofrece una estampa desoladora de los conservadores sublevados. La estampa de los curas, los nobles y los ricos es ferozmente satírica. Son gente santurrona agarrada a principios antiguos, inmovilistas y violentos, pero que en  el fondo protege sus intereses materiales y su cómoda vida. 
En  varios capítulos (por ejemplo, el XXI), el narrador reflexiona sobre la estupidez humana, las dificultades de los españoles para organizar la convivencia, la enorme hipocresía que guarda la gente en su interior, la pobreza moral e intelectual de muchos personajes que por su posición social deberían ser más sólidos, etc. No es un narrador objetivo y distante, sino que, de algún modo, sufre con lo que cuenta.
  1. Personajes
Galdós alterna entre personajes redondos (complejos, cambiantes, que evolucionan en sus pensamientos, sentimientos y valoraciones), como Monsalud, con otros planos (previsibles, desempeñando siempre el mismo papel), como Baraona.  Las prosopografías y etopeyas (al fin, retratos) que realiza el novelista son exactos, expresivos y plásticos. Pronto el lector se hace una idea de ellos y los asume como elementos clave de la narración. Analicemos los personajes principales:
-Salvador Monsalud: es un joven de veintiún años natural de Pipaón, en Álava. Es noble y de buen corazón, pero su pobreza e ingenuidad lo empujan a circunstancias terribles. Al hacerse soldado al servicio de José Bonaparte, queda marcado para siempre. Quiere ser patriota y no ser traidor al ejército, lo que lo coloca en una difícil tesitura. Está enamorado de Generosa, que le corresponde a medias, pues coquetea con Carlos. Esto le provoca mucho sufrimiento al joven; su madre, Fermina, no está casada; el chico lleva el estigma de la bastardía. Algo impetuoso, se muestra, sin embargo, firme en ciertos principios morales.
-Carlos Navarro o Garrote: es el hijo noble de don Fernando Garrote, el rico de Puebla de Arganzón. Es un chico noble; se hace guerrillero antifrancés, lo que le da templanza y valentía. Está enamorado de Generosa, aunque esta no le corresponde del todo. Acepta el duelo a muerte con su hermanastro (sin saber la relación familiar que lo une) por el sentido del honor; ello le cuesta la vida. 
-Generosa, o Genara: es una joven guapa, impulsiva y calculadora. Maneja muy bien sus circunstancias amorosas, jugando con los dos chicos según las circunstancias. Tiene poco protagonismo, pero mucha relevancia en cuanto a la explicación del sangriento desenlace de la novela.
-El cura Respaldiza: es el ejemplo del clero ultraconservador y trabucaire. De ideas muy retrógradas, influye grandemente en todos los personajes de su alrededor para que los afrancesados sean aniquilados. Él mismo coge el fusil y mata a un soldado francés. Su triste final es uno de los episodios más horripilantes de la novela. Es cobarde, farsante y muy hipócrita en cuanto a sus aptitudes éticas.
-Fernando Navarro, o Garrote: es un hombre ya mayor; antiguo señor de la tierra, rico y poderoso, se aprovecha de las chicas y comete todo tipo de atropellos sin consecuencias para él. Ultraconservador, no repara en su vida inicua hasta que se ve con la soga al cuello. Pero al fin, comprende todo el mal que ha hecho y, a su manera, se arrepiente. Su suicio es un acto incluso noble, algo reparador de todo el mal que ha esparcido por la comarca.
-Fermina, madre de Monsalud: representa muy bien esa parte doliente y sufrida de la población que sufre las iniquidades de los demás. Al haber quedado embarazada y el padre del niño, Fernando Navarro, no admitir su paternidad, ella queda totalmente desprotegida. Lleva una vida miserable y doliente. El cura y la beatilla del lugar le han inculcado una ideología conservadora e inmovilista. Rechaza a su hijo por hacerse afrancesado.
-Miguel de Baraona, abuelo de Genara: otro representante de la ideología ultramontana e inmovilista. Defiende su estatus con ímpetu y odia a los enemigos de la religión católica y de la Monarquía española.  
  1. Lugar y tiempo de la acción narrada
Madrid es el lugar donde se desarrollan los primeros cinco capítulos de la acción narrada. Galdós la pinta como una ciudad bastante destartalada, poco agraciada, más bien inhóspita (barro, suciedad, frío, lluvia helada, etc.). Al mismo tiempo, resulta un lugar familiar, heterogéneo y, a pesar de su suciedad, benevolente con sus habitantes. El resto de la acción ocurre en Puebla de Arganzón y en las cercanías de Vitoria. Es una novela, pues, eminentemente rural.
El tiempo de la escritura lo declara la última línea del texto: 1875, coincidiendo con la madurez artística de Galdós. El tiempo de la acción narrada es muy preciso: primavera-verano de 1813. Se trata de la huida definitiva de España de José Bonaparte, Pepe Botella, camino de Francia. La acción se nuclea en torno a la batalla de Vitoria, ocurrida el 21 de junio de 1813.
La duración de la acción, por lo dicho, se puede deducir que es aproximadamente de tres meses, de marzo a junio. Sin embargo, la acción principal se reconcentra en los tres días antes y uno después de la batalla. 
  1. Rasgos estilísticos
El equipaje del rey José es una magnífica novela, muy bien concebida y mejor escrita. Las notas estilísticas más importantes son:
-Rapidez y viveza en la narración. El ritmo narrativo avanza con firmeza; la acción no se detiene, ni se demora más de lo debido, sino que se progresa con armonía y cierta rapildez.
-Combinación de datos históricos con otros de ficción para transmitir una idea exacta de los acontecimientos históricos. La mezcla es muy feliz; todos los personajes, reales o inventados, son sólidos y creíbles, de modo que aumentan notablemente la verosimilitud textual.
-El narrador juega un pape importante porque aporta actualidad y un punto de vista subjetivo, pero razonable. Actúa como un contrapunto a la objetividad general.
-El dominio estilístico de la lengua española es muy alto. Galdós maneja diversos procedimientos narrativos y poéticos con gran eficacia. Emplea con acierto recursos retóricos (metáfora, símil, personificación, ironía, hipérbole, etc.), dotando al texto de una profunda y bella subjetividad.
8. Contextualización
Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843 – Madrid, 1920) constituye un auténtico regalo imperecedero para las letras españolas. Y no sólo por su estupenda literatura, sino por su compromiso con ideales y valores de progreso, liberalismo, justicia social, atención a las clases abandonadas de la sociedad, etc. en un momento de graves turbulencias políticas en  España. Y lo hubo de pagar muy caro, por ejemplo, sufriendo boicot desde España como candidato más que probable para recibir el Premio Nobel. 
Pérez Galdós pasó por varias etapas literarias dentro de su amplio recorrido:
-Primero asistimos a una etapa inicial de aprendizaje y de novelas de tesis, desde una posición progresista y liberal (1870-1878); Doña Perfecta es la mejor novela de este período de tanteos y aproximaciones bajo una intención política liberal más o menos clara. 
-La segunda etapa se denomina “novelas españolas contemporáneas; ciclo de la materia” (1880-1879); de esta época data su mejor novela, Fortunata y Jacinta; otro título muy relevantes es Miau. Aquí Galdós alcanza un gran nivel narrativo en forma y fondo, en expresión y contenido.
-La tercera etapa es la de  “novelas españolas contemporáneas; ciclo espirituralista” (1890-1905); deja novelas de gran fuste y narrativamente perfectas; algunos títulos son Tristana y Misericordia. 
-La última fase creativa se ha dado en llamar “etapa mitológica” (1909-1915); un título representativo de este período es La razón de la sinrazón
Dentro de su descomunal proyecto  de los Episodios nacionales, Galdós se propuso novelar con sentido y sensibilidad la historia de España del siglo XIX, en cinco series de diez capítulos cada una (escribió y publicó 46; desgraciadamente, no le alcanzó la vida para completarlos todos, aunque dejó borradores y bocetos de los inconclusos). El equipaje del rey José (1875) es el primer volumen de la segunda serie. Estamos ante uno de los títulos más perfectos de una sustanciosa colección; Galdós aborda unos acontecimientos tristes y violentos que muestran los infinitos problemas de los españoles para vivir en paz y concordia. Como siempre, funde ficción y realidad con gran maestría; introduce la reflexión sobre la historia y crea una ficción de hondo significado, dentro de un marco literario impecable.
Galdós es, junto con Clarín y Pardo Bazán, el máximo novelista del realismo español. El realismo, que se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX, se basa en los siguientes postulados:
-Observación minuciosa de la realidad social y cotidiana. Se intenta una reproducción fiel, como una fotografía, de la misma.
-Atención a todo tipo de personajes: hombres y mujeres, niños, adultos y ancianos, ricos y pobres, tontos y listos, etc., circulan por las novelas realistas.
-Carga reflexiva (y reformista) importante sobre las miserables condiciones de vida de un porcentaje muy amplio de la población.
-El burgués y su ideología burguesa es el foco principal del relato realista.
  1. Interpretación y valoración 
El equipaje del rey José es uno de los “Episodios Nacionales” galdosianos de más feliz realización y contenido; se trata del primer título de la segunda serie. Galdós nos presenta una España desguazada en lo material, lo intelectual y lo moral. La polarización ideológica y cultural es extrema; ambos bandos justifican la violencia para imponer su estilo de vida; afecta, sobre todo, a la religión, a la forma de gobierno y a las costumbres. La denuncia del expolio del patrimonio artístico y cultural llevado a cabo por José Bonaparte y sus secuaces es un elemento central de esta novela. La rapiña y codicia de los franceses llega a unos límites insultantes y feroces, en parte consentido por los españoles, así que la crítica se reparte entre ambos elementos.
Aparece una población un tanto inculta y conformista. Son inmovilistas y conservadores por rutina y por una religiosidad acaso mal entendida. En la segunda parte y el final de la novela, la guerra lo invade todo, incluso a pesar de personajes serenos, como el propio Monsalud. La gente de edad son los que más jalean e incitan a la guerra, aunque ellos no van. Los dos únicos que lo hacen, mueren patéticamente en ella, sin gloria alguna.
Apenas hay personajes que encarnen cierta templanza y serenidad. Todos son del bando conservador, que desean el restablecimiento de la monarquía borbona porque es como volver a las viejas costumbres. Monsalud es indeciso, dentro de su marco moral de lealtad, de ahí que choque con todos los demás, de un modo u otro.
El papel del narrador es otro punto de gran interés. Aquí se percibe inmediatamente la influencia cervantina en Galdós. Comenta cómo ha compuesto su obra, su apego a la verosimilitud esencial; lamenta también la incuria de los españoles y el fanatismo entre los conservadores; en general, es un modo de esconder su avaricia y su defensa de su desahogada posición económica y social. En varias ocasiones, con sus declaraciones, se muestra escéptico sobre las posibilidades de mejorar la patria, pues la clase dirigente está llena de mequetrefes. 
El equipaje del rey José es una estupenda novela, densa, significativa y rica. Su composición resulta equilibrada y feliz: el fondo y la forma se alían para crear un relato de ambiente histórico que nos ayuda a comprender la terrible historia de España en el momento decisivo de la derrota y huida de los franceses en 1813. No pudieron rematar el expolio, pero muchos objetos y obras de arte cayeron en manos privadas y su rastro se evaporó.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
1. Comprensión lectora
1) Resume la novela (200-250 palabras).
2) ¿Cómo reaccionan los madrileños ante el aparente movimiento de carrozas que salen del Palacio Real? 
3) ¿Podemos decir que a Monsalud le interesa la lealtad a las personas e instituciones?
4) ¿Por qué Monsalud se cita con Generosa? ¿Se corresponden?
5) ¿Por qué tienen tanta rivalidad Monsalud y Carlos Navarro? ¿Qué podemos colegir de su carácter?
6) Generosa, chica hábil y decidida, muestra un comportamiento ante los jóvenes un tanto equívoco: explícalo y justifícalo.
7) ¿Todos los soldados franceses son perversos y malvados? ¿Cómo podemos valorar su actuación?
8) ¿De qué se preocupaban las personas de las carrozas cuando comprenden que la batalla está perdida para ellos? Razona tu respuesta.
9) ¿Qué mueve a doña Pepita a adular a Monsalud? ¿Qué busca con esta actitud?
10) Fíjate en don Fernando Garrote y el cura Respaldiza, ¿qué ideología y estilo de vida representan?
11) ¿Por qué se enfrentan a muerte Monsalud y Carlos? ¿Lo mueve su ideología y su religión –como él dice– u otros motivos?
2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Por qué los franceses y afrancesados huyen precipitadamente de España? ¿Es lógico y moral la formación del “equipaje” con el robo de miles de obras de arte, joyas, etc.?
2) Analiza la figura del narrador: ¿por quién toma partido?
3) La bondad y justicia parece un bien escaso en el mundo novelesco de este relato: ¿por qué Galdós ha tomado una posición tan pesimista?
4) Observa los nombres de los personajes: ¿están en correspondencia con su carácter?
5) Fíjate en las muertes de la novela (el cura Respaldiza y don Fernando Garrote: ¿cuáles son las causas? ¿Parece lógico este argumento?
  1. Comentario de texto específico
Capítulo  XXVII 
Indudablemente el guerrillero y Genara deseaban pretexto cualquiera para alejarse un trechito y perder de vista por breve momento al abuelo y compañeros de mesa. Disimulando su gozo marcharon tras la desconocida; pero como no tenían prisa de llegar a donde ella iba, la dejaron ir delante y que se alejase todo lo que quisiera. Principiaba a oscurecer. Viéndose solos, reanudaron su coloquio con mayor vehemencia al pie de los olmos, siendo Genara la que con más calor se expresaba. Tomándose las manos, dejáronse ir vagabundos, abandonados a la dulce corriente que de sus mismas palabras y de sus propios movimientos se derivaba.
–Genara de mi vida –decía el guerrillero cuando ya llevaban algunos minutos de paseo, de conversación, de miradas tiernas y de apretones de manos– si es cierto lo que me dices, te perdono, y seré para ti lo que siempre he sido, un esclavo. Día de luto es este para mí, pero si algún consuelo debo recibir, consistirá en palabras de tu boca, Genara de mi corazón; mi vida y mi persona te pertenecen. Te adoro desde que te conocí y te idolatraré hasta la muerte.
–Carlos –repuso la joven con ardor–, si no me crees lo que te he dicho, me enojaré, me pondré enferma, me consumiré de tristeza, me moriré de pesadumbre. Carlos, no lo dudes ni un momento. Si bajé aquella noche a la empalizada de la huerta, fue porque confundí a Salvador contigo… hizo la misma señal… No había dicho dos palabras el traidor, cuando llegaste tú… ¿Lo crees, Carlos? Dime que lo crees, dime que no queda en tu alma una chispa de recelo, y seré la mujer más feliz de la tierra.
–Bien, Genara –dijo Navarro–. Aunque no fuera verdad, debería creerlo. ¿Oíste lo que dijo tu abuelo cuando nos encontramos hace poco? Su deseo era el mismo de mi desgraciado padre, y también el mismo que ha sido por mucho tiempo y es hoy la más cara, la más dulce, la más risueña ilusión de mi vida. Dime una palabra y nuestro destino quedará fijado para siempre, y la noble pasión de mi alma satisfecha, y la elección suprema de la vida santificada por un leal juramento, ante las miradas de Dios que desde el cielo nos está mirando y nos bendice. ¿Genara, quieres ser mi mujer?
Genara contestó arrojándose en los brazos del guerrillero, que la estrechó en ellos amorosamente. Casi en el mismo instante, ambos jóvenes hicieron un movimiento de sorpresa y temor. Alguien les miraba; frente a ellos y a distancia como de cuatro varas estaba una figura delgada y sombría, un hombre completamente vestido de negro, con la cabeza descubierta. Después de dar algunos pasos, se detuvo. Tras él veíase una especie de choza formada por cajas vacías, y en el angosto recinto, de tal manera formado, clareaba la llama de un hogar y se oían algunas voces.
–Aquí es –dijo Navarro viendo la barraca–. Entra y da a esas pobres gentes lo que les traes.
Genara después de dar algunos pasos, lanzó un grito de espanto.
–Navarro, Navarro, defiéndeme –exclamó con angustiosa voz, corriendo a arrojarse en los brazos del guerrillero y dejando caer en el suelo las viandas que llevaba.
–¿Quién es, quién va? –dijo Navarro con turbación en el breve momento que tardó  en conocer a la sombría figura que tenía delante.
–Defiéndeme –gritó Genara dando diente con diente-; ese hombre me quiere matar.
El aparecido no había hecho movimiento alguno. Llegose a él Navarro, dejando atrás y a regular trecho a la atemorizada joven y le observó con calma.
–¡Ah!… es Monsalud… poca cosa, poca cosa… No temas, Genara… Esto ni pincha ni corta… A fe que no esperaba verte, Salvador. Creí que habías muerto.
–Hubiera hecho muy mal en morirme –dijo Monsalud– sin cobrar una deuda que tengo contigo.
–¿Conmigo?… ¡ah, ya! –añadió Navarro flemáticamente–. Cuando quieras… ¿Era para ti para quien pedía esa mujer, llamándote seminarista y guerrillero del Fraile?
–¿Qué dices? –preguntó Monsalud, ajeno a las jerarquías inventadas por doña Pepita.
–¡Que eres un farsante, un embustero! –exclamó Navarro perdiendo la serenidad.
–Sí, un embustero, un farsante –repitió Genara alejándose más.
–Pero observo aquí la mano de Dios –añadió Carlos con petulancia–. Con tu disfraz y tu cambio de nombre te has ocultado de todo el ejército, pero no te has ocultado de mí.
–Es verdad –dijo Monsalud con enérgica ira–. Pues aquí me tienes. Puedes delatarme, denunciarme, llevarme arrastrado por los cabellos a donde tus salvajes jefes están haciendo cuentas por ver si algún jurado se escapó de la carnicería de anoche. Yo me salvé; pero ahora te proporciono ocasión de ganar un elogio, quizás un grado… Anda, llévame; di que me has descubierto, que me has cogido, y quizás te den un cigarro.
–Si yo fuera tú, te delataría… –dijo Navarro dando un paso hacia adelante–. Puedes vivir y engañar hasta dentro de un rato… Pero me olvidaba de que te hemos traído de comer.
Navarro, recogiendo del suelo lo que había caído, lo arrojó a los pies de Monsalud, que no hizo ademán alguno, dando a entender que no recibía limosna.
–¿Hasta dentro de un rato? –dijo Salvador–. ¿Por qué no ahora mismo?
Doña Pepita atraída por las voces, presenciaba la singular escena sin comprender una palabra; mas no se le ocultaba que allí había peligro para Monsalud, y llegándose al otro, le dijo con amargura:
–Señor militar, no delate Vd. a mi pobre hermano… No, ¿para qué mentir? no es mi hermano, es mi amigo… Es un muchacho honrado y leal. Ya que escapó, déjele Vd. vivir.
Una figura macilenta y oscura se arrastraba a cuatro pies por el suelo, semejándose por la oscuridad de la noche a un gran perro de Terranova. Era el oidor que recogía los restos de la comida.
–¡Yo delatar! –exclamó Navarro–. Señora, esté Vd. tranquila. No haremos ningún daño a su…
–A su amigo –murmuró Genara acercándose al grupo y clavando sus ojos con ansiedad profunda en el semblante de la desconocida señora.
–No le haremos ningún daño –añadió con ironía Navarro, tomando la mano de Genara, como para retirarse con ella–, pero el amiguito se muere de hambre y de miedo: cuídele Vd.
Volvieron la espalda Navarro y Genara. Después de una breve disputa con doña Pepita, Salvador se separó de esta para seguir a los prometidos esposos.
–Detengámonos –dijo Navarro a su presunta consorte–. Viene detrás, y puede herirnos por la espalda.
–¡Pero aquella mujer, aquella mujer! –exclamó Genara apretando los puños y temblando de ira–. ¿La viste? ¿Has oído insolencia igual? ¿Pues no dijo que era su?…
–Su cortejo… Salvador es muchacho de muy malas costumbres.
–¡Cuando tal dijo…! –añadió Genara con la exaltación propia de su carácter en determinadas ocasiones–. ¡Oh! Navarro, no tienes alma… ¿por qué no abofeteaste a esa infame mujer?
Baraona y los tres amigos, viendo la tardanza de los dos jóvenes, se adelantaban a su encuentro.
–Vamos, que es muy tarde. Aprisa, niños… ¿qué habláis ahí?… Hombre, ¡como si no tuvieran tiempo de charlar hasta que se les seque la lengua!…
–Aprisita, aprisita –dijo el capellán, arropándose con su manteo–. La noche está fresca.
–Ya se ve… Como ellos están en la flor de su edad y conservan todo el calor de la vida –murmuró el canónigo con cierta expresión envidiosa.
Genara y Navarro llegaron al fin.
–¿Qué tienes, hijita? –dijo Baraona advirtiendo mucha palidez y trastorno en el semblante de su nieta.
–No es nada –replicó Carlos–. Hemos visto escenas muy lastimosas en la barraca. ¡Cuánta desgracia y miseria en este triste campo, señor Baraona!
–Sí, lo comprendo; pero la guerra es guerra.
–La guerra tiene que ser guerra, es claro –repitió el capellán.
–Pues claro: ¿qué ha de ser la guerra sino guerra? –murmuró el canónigo.
–Evidentemente la guerra es y será siempre guerra –añadió el secretario de la Inquisición.
–Al coche, pronto al coche.
Un vehículo, del cual no se podía decir fijamente si era coche o catedral, se acercó al sitio donde estaban los amigos.
–Carlos, supongo que no podrás venir con nosotros –indicó Baraona, subiendo penosamente con el auxilio de un criado.
–Me es imposible.
–¡Ah! no había visto a esa persona que te acompaña, buenas noches, Sr… –dijo D. Miguel saludando a Monsalud, el cual siguiendo a Carlos, había quedado a cierta distancia.
–Es un amigo a quien casualmente acabo de encontrar.
–¡Ah! muy señor mío… –dijo Baraona.
–Por muchos años… –gruñó el capellán.
–¡En marcha, en marcha! –exclamó el canónigo.
–Hasta mañana –dijo Navarro a Genara  cuando subía y se internaba dentro de la máquina–. Hasta mañana.
Genara miraba hacia fuera con estupor.
–¿No me contestas? Te he dicho que hasta mañana –añadió Navarro ofendido de la profunda abstracción de su futura esposa.
–¡Si Dios quiere! –repuso al fin Genara.
Y el monumental coche partió arrastrado por poderosas mulas.
Fuente: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-equipaje-del-rey-jose–0/html/ff35502e-82b1-11df-acc7-002185ce6064_6.html#I_33_
EXÉGESIS TEXTUAL
1. Comprensión lectora
1) ¿Cómo es el lugar donde se desarrolla la acción? ¿Qué efecto provoca en el lector y en Genara?
2) ¿Qué le pide Carlos a Genara? ¿Cómo reacciona esta?
3) ¿Cómo reacciona Genara cuando ve a Monsalud en la tienda?
4) ¿Cómo reaccionan los jóvenes cuando se reconocen? ¿Por qué?
5) ¿Baraona, por qué está exultante?
6) Localiza en el texto media docena de recursos estilísticos que sirven para hacer más expresivo y bello el relato.
2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Cómo apreciamos el amor, el honor y la venganza en este relato?
2) ¿Por qué los jóvenes desean estar a solas? ¿Es razonable?
3) ¿Cómo actúan los eclesiásticos en este capítulo? ¿Por qué el narrador los ha creado así?
3. Fomento de la creatividad
1) ¿Qué harías tú si hubieras sido Monsalud o Genara? Explica y razona con detalle.
2) Transforma el final de la novela, de modo que te parezca más justo o razonable.
3) Realiza una exposición con un panel o con medios TIC sobre la vida y la obra de Pérez
Galdós. Puede ir acompañado de música, proyecciones de imágenes de la época, cuadros de pintores del momento, etc.
4) Escribe un relato más o menos inspirado en la batalla de Vitoria, que hemos conocido, pero ambientado en nuestros días, abordando los mismos temas.

Félix Lope de Vega: «La dama boba» (1613); análisis y propuesta didáctica

LOPE DE VEGA: «LA DAMA BOBA»; ANÁLISIS Y PROPUESTA DIDÁCTICA

 

I. ANÁLISIS
  1. Resumen
La dama boba es una pieza dramática de impecable factura y feliz composición tanto desde el punto de vista de la expresión como del contenido y el equilibrio entre ambos. Lope de Vega la compuso en 1613. Resumamos su contenido:
Acto 1
Liseo, caballero, llega a Ilescas, Toledo, acompañado de su criado Turín. No paran a comer, aunque el criado lleva tocino en fiambre, porque Liseo desea llegar cuanto antes a ver a su prometida Finea, con quien se desposará. Hará un regalo a su hermana Nise. Liseo recibirá cuarenta mil ducados de dote, cantidad muy alta. En la posada, Liseo habla con un estudiante madrileño que ha salido de la corte por una mala experiencia. Sin saber quién es Liseo, valora a Lise como inteligente y discreta; a Finea, como boba, indigna e imperfecta. Liseo se alarma. Sigue informando que tiene pretendientes, pero van por la dote. Ve insufrible un matrimonio con Finea.
Un tío de Finea le regala la descomunal y tentadora, dote para que se pudiera casar, y, a ser posible, con alguien de su condición elevada social. No lo merece, pero por el dinero, algún noble se animará. Lise, por el contrario, es lista y discreta, insiste el estudiante. A Liseo se le quitan las ganas de comer. Se va el estudiante. Ya no sabe con quién debería casarse de las dos hermanas.
Octavio, padre de Lise y Finea, habla con su criado Miseno sobre el casamiento de sus hijas. Admite que tiene pretendientes para Finea porque buscan el dinero de la dote. Lise, tan lista y sabia, no tiene ninguno. Personalmente, prefiere una buena esposa tonta, con tal de que sepa cuidar de sus hijos y mantener la honra debidamente. De las “bachilleras” no quiere ni oír hablar. Miseno le sigue la corriente. Nise recibe un libro del poeta griego Heliodoro; alaba su prosa poética ante Celia, su criada. Le explica que la historia emplea un estilo liso y se atiene a la verdad. La poesía, un estilo oscuro y maneja la invención.
Rufino, el maestro, trata de enseñarle las letras a Finea. La k, la v, la rr, etc. pero Finea no las reconoce. Confunde todo; piensa que “bestia” es el nombre de una letra. Confunde “vengo” y “vamos” en el deletreo y piensa que tiene significado semántico El maestro, desesperado, le da un golpe en la mano con una palmeta para despertar su inteligencia. Finea se propone vengarse, pero llega Lise y pone paz; le explica a su hermana que pequeños castigos físicos son buenos para despertar la memoria.
Llega Clara, una criada bien querida por Finea. Le cuenta que la gata llamada Romana ha parido seis gatitos en el aposento. Humorística e irónicamente, relata el asunto. Se reunieron todos los gatos de la contornada para felicitarla y traerle regalos. Finea está encantada con la historia de su criada, que por fin ha entendido. Nise y Celia, la criada, lo han escuchado todo; están asombradas de la bobería de Finea y de la bellaquería de Clara.
Llegan tres amigos, Duardo, Fenisio y Laurencio, caballeros, a hablar de literatura con Nise. Duardo lee un soneto muy oscuro, sobre tres mundos y tres fuegos; uno quema, el otro, vivifica; el tercero, ama. Nise no entiende nada y se lo dice a sus amigos. Alaba la claridad en la escritura y el hablar como una gran cualidad. Nise hace que tropieza y se cae para darle un papel a Laurencio; este le declara su amor indirectamente. Nise los despide. Duardo y Fenisio reconocen que Nise prefiere a Laurencio, aunque este no está seguro. Laurencio reconoce que es pobre y Nise es buen partido, pero no quiere admitirlo.
Laurencio le confiesa a Pedro, su criado, que Nise es inteligente y bella, acaso demasiado para él. Sin embargo, Finea, tonta, con los cuarenta mil ducados de dote, sería un buen partido para él, así que lo intentará. Finea es como la hora de las doce, descanso y comida; Nise es como la una, solitaria y trabajosa. Laurencio se confirma en su idea, y piensa utilizar a Clara, la criada, para acceder a Finea. Pedro hará que se enamora de la criada Clara.
Laurencio y Pedro hablan finamente del amor y sus efectos, a través de metáforas, a Finea y Clara, respectivamente. Las chicas no entienden nada, pues lo entienden todo literalmente. Finea no comprende que ha nacido del matrimonio de sus padres; Laurencio se desespera un poco y piensa que se volverá loco. Se van amo y criado.
Finea ve que lo de casarse es complicado. Le cuenta a su criada que ha venido a cortejarla dos veces un indiano, acaso de Sevilla o Toledo, no lo sabe. Le entrega un retrato, que ella piensa que es un naipe de la baraja. El retrato es de cintura arriba. Finea y Clara piensan que le faltan los pies y no puede caminar.
Liseo llega a la casa de las chicas y hablan Octavio, el padre, y las dos hijas, junto con las criadas. Finea se alegra de verlo entero, a Liseo, con piernas y todo. Luego le limpia la cara tras beber y le arranca media barba. Lo invita a dormir con ella en su cama. Su padre y su hermana están avergonzadas. A solas, Liseo renuncia a casarse con la “dama boba”, pues sería un suicidio. Si fuera Nise la elegida.
Acto 2
Nise ha estado enferma un mes. Duardo, Fenisio y Laurencio no saben qué pensar. Este último hace una loa del amor; es la fuerza que mueve el mundo; anima a las personas y a las sociedades. Nise recibe las ofrendas de amor de los tres amigos; se queda a solas con Laurencio; le echa en cara que ha sabido que Laurencio pretende a su hermana Finea y su criado Pedro a Clara. Le llama traidor y lo despide; no le deja explicarse. Nise no quiere romper un papel con unos versos de cierta dama. Liseo y Laurencio quedan para dar un paseo esa tarde, por Recoletos, a solas, para hablar de asuntos graves; en realidad, es un duelo a muerte.
Un maestro de danza trata de enseñar, en vano, a Fiena, a bailar. Le pide que traiga un tambor y cascabeles para la siguiente clase; es lo que le gusta a ella. Se llama a sí misma “mentecata” porque piensa que significa mujer noble y educada, pues así se o dice el maestro de danza. Clara, la criada, le da un papel de Laurencio a Fiena, medio quemado, donde le declara su amor. Le da el papel al padre, para que lo lea; son solo tres versos; parece que la ama. Le dice a su padre que Laurencio la abrazó; el padre le explica que eso es malo y no lo vuelva a hacer; le llama “mentecato”, pensando que es algo bueno; de nuevo el padre la desengaña. Turín y Octavio, el padre, van al Prado de Recoletos para que no se maten Liseo y Laurencio. Estos hablan y se confiesan que Liseo ama a Nise y Laurencio a Fiena, aunque sea necia, pues es rica. Acaban como amigos y con promesa de ayudarse. Llegan Octavio y Turín; quedan confudidos. Nise y Finea hablan a solas; aquella le dice que ama a Laurencio y le pide a esta que lo deje en paz, que no lo pretenda. Finea acepta. Todos afirman que Finea razona más, tiene más memoria y es más discreta. Finea le pide a Laurencio, literalmente, que lo quite de sus pensamientos, que no tenga ojos para él y que la “desabrace”. Este finge que lo hace y se alarma por la simpleza de Finea. Llega Nise y Finea le cuenta lo realizado. Se va al jardín con Laurencio.
Finea siente celos; su padre le enseña la palabra; se abate por la ignorancia de su hija, pero va aprendiendo poco a poco. Laurencio le dice a Finea que los celos se curan casándose con él. Finea lo dice así, en voz alta, delante de Pedro, Duardo y Feniso; en realidad, ella no sabe lo que ha dicho. Finea se lo dice a su padre y su hermana; esta no lo cree, piensa que son clases que le dan. Nise ama a Laurencio, pero este le da largas. Liseo le declara su amor y ella no rechaza.
Acto 3
Finea agradece al Amor haberla despertado de su ignorancia salvaje. Octavio le pide a Niseno que anime a Duardo a cortejar a Nise, a ver si se enamora, porque a Liseo no le hace caso. El padre le encuentra muchos libros; cita al propio Lope, Cervantes, Garcilaso, Herrera, etc. Teme que Nise acabe siendo una don Quijote por sus locuras. Liseo se le declara vivamente a Nise, pero esta lo rechaza porque ama a Laurencio. Salen unos músicos y cantan una canción popular con el estribillo en los pares “Viene de Panamá” y “Que yo me las varearé”. Liseo cambia de opinión y le dice a su criado Turín que ya que Finea es mucho más discreta e inteligente que antes, va a intentar casarse con ella, como al principio. Turín confiesa que ama a la criada Celia, pero desconfía de ser correspondido.
Finea le declara a Laurencio su amor, pues es como si hubiera espejos en todas las paredes y lo viera a él. Laurencio le comunica que Liseo vuelve a tratar de conquistarla; él se siente perdido. Ella lo tranquiliza diciéndole que se hará la tonta y la aborrecerá. Escondido Laurencio, hablan sin coherencia Liseo y Finea; esta habla de lunas, de qué es el alma, su comida, es decir, incoherencias. Liseo decide decirle a Octavio que su hija está loca y que desea casarse con Nise, aunque su dote sea de diez mil escudos. 
Finea y Laurencio hablan cuerdamente de su amor, con Pedro y Celia. Los escucha Nise y Clara en secreto. La descubren y va a hacerse la tonta; Laurencio se va. Nise le reprocha a su hermana que le ha quitado a su alma, Laurencio. Finea habla desatinadamente para que la tomen por loca. Nise le dice a su padre que con echar de casa a Laurencio todo se soluciona. El padre lo hace así, pero Laurencio dice que tiene el sí de Finea, dado hace un mes, para casarse con él. Octavio va a la justicia. Finea esconde en un desván a Laurencio y Pedro, con la ayuda de Clara. Octavio se arrepiente y no va a la justicia; le pide a su hija que se esconda de los hombres; esta va, con Clara, al desván, donde está Laurencio. Finea y Clara reflexionan, con humor e ironía fina, quién se esconde en el desván: los fatuos, tontos y soberbios. Octavio se confunde porque Finea solo quiere ir al desván al aparecer hombres, como Fineo y Miseno. Liseo y Nise se reconcilian y se apalabran, pero él tiene reticencias. Celia ha descubierto que Finea está en el desván con dos hombres; ha subido buena comida. Octavio manda revisar la casa, pues su honra está en peligro.
En el desván, Laurencio y Finea se justifican, con gracia. Octavio consiente el matrimonio. También el de Nise con Liseo. Celia se casa con Turín; Pedro, con Clara, con permiso de las amas, las hermanas. Se cierra con un chiste, pues Feniso y Duardo se dan la mano, y así acaba la “comedia boba”.
2. Personajes
Los personajes son consistentes y verosímiles, ricos y matizados. En concreto, los femeninos nos resultan sorprendentemente modernos. Son mujeres con ideas claras, frescas, determinadas, una punta de rebeldía y otra de protesta por el encorsetamiento social al que se veían sometidas; aceptan el terrible peso de la honra, pero no dejan de sufrir y lamentar su tiranía ritual y social, con la correspondiente obsesión por las relaciones amorosas fuera del manual del matrimonio. 
Nise es una mujer de letras, entregada a la literatura, tanto en su exégesis, como en su creación. Es una chica lista, culta y con las ideas muy claras; se sabe inteligente y no permite que ningún hombre la menosprecie. Sin embargo, la soberbia la puede, de ahí que trate con cierta displicencia a Laurencio, enamorado de ella, y rechace sin paliativos a Liseo, aunque finalmente lo acepta como mal menor, pues amaba a Laurencio, aunque este opta por desposarse con Finea. Lope castiga en ella la soberbia y la destemplenza.
Finea, la “dama boba”, es un personaje cautivador y simpático para el lector actual. Al principio, realmente es una persona ignorante y, literalmente, tonta. Sin embargo, a medida que avanza la comedia, va espabilando a marchas forzadas. Comienza a comprender las reglas del juego del amor cortesano, el galanteo y la boda; finalmente, manipula a su padre para forzar el matrimonio con Laurencio. Protagoniza escenas divertidas y tremendamente cómicas, como cuando habla de la gata que ha parido seis gatitos; o aprende a deletrear, en el primer acto; o no acierta con los pasos del baile, en el segundo; o alaba las ventajas de vivir en el desván, en el tercer acto. Son momentos de extraordinaria comicidad muy bien creada y extendida ante el espectador durante varios minutos. Su matrimonio final con Laurencio es un premio a su ingenuidad, su verdad moral y su perseverancia.
Laurencio es el principal personaje masculino. Está dibujado con mucha solidez porque Lope le permite monologar en varios momentos en los que expresa sus pensamientos y sentimientos más profundos. Reconoce su poca moralidad y su mucho oportunismo cuando decide dejar a Nise y casarse con su hermana la tonta; cuarenta mil ducados lo justifican todo, pues él era pobre. Su codicia y cinismo quedan al descubierto, no solo ante los demás personajes, sino ante los espectadores. Todos lo comprenden, al menos en parte, pues la pobreza es mala de llevar. 
Liseo es un caballero noble y adinerado –es indiano–. Su falta de criterio y cierto atolondramiento lo paga casándose con Nise, aun sabiendo que es una mujer algo soberbia justamente por su mucha inteligencia y poca humildad. Lo asume con un deje de resignación, pero peor sería quedar soltero.
Octavio, el padre, desarrolla su papel a las mil maravillas. Celoso de su honra, cuida de la vida intachable de sus hijas. Aguanta con paciencia tanto las ínfulas intelectuales de Nise como la escasa inteligencia de Finea. En confianza, admite que lo importante es casarlas bien y que, puestos a elegir, prefiere a la tonta que a la lista, pues esta se puede hacer insufrible.
Pedro, el criado de Laurencio, desarrolla un papel bastante importante. Hace gracias llenas de verdades hirientes e ironías sobre la sociedad. También busca un matrimonio acomodado, y lo logra con Clara. Es el pago a su fidelidad a Laurencio, que no siempre la merece. El resto de los personajes desarrollan papeles secundarios sin gran relevancia en la obra.
3. Temas de la comedia
Los temas más importantes que desarrolla Lope en esta hermosa comedia son:
– La inteligencia no es tan importante para ser una persona cuerda y moralmente recta, cuando se actúa de buena fe.
– La soberbia es un defecto insufrible y destructor, incluso para la misma persona, pues la condena al resentimiento y al aislamiento de los demás, pues pierden la paciencia y la esquivan.
– El amor es ambiguo y sinuoso. Por interés, puede nacer, como en Laurencio, aunque solo sea afecto; por simpleza, puede crecer pujante, como en Finea. Otros se han de conformar con un amor menos apasionado, pero socialmente armónico, como Nise y Liseo.
– La risa y el humor son parte de la vida. Surgen incluso en los momentos más inesperados, o graves. No es malo reírse aun dentro de la desdicha, pues alivia las penas y aligera el corazón.
4. Rasgos compositivos y estilísticos
Esta posee todas las características de las mejores salidas de la pluma de Lope, que resumimos:
-La acción es intensa y vivaz. El espectador no tiene tiempo para reordenar en su cabeza los acontecimientos porque estos fluyen de continuo en un hábil engarzamiento. El ritmo es, pues, rápido e intrigante.
-Los caracteres están diestramente dibujados, dentro del rol esperado según su condición social. Poseen perfil propio; la gran variedad entre ellos aseguran el entretenimiento y la intriga. Los dos femeninos, Finea y Nise, están dibujados con mano maestra. Resultan convincentes, mucho más profundos de lo que aparentan y significativos de la situación social de la época.
-La recreación de la vida urbana y cortesana es plausible, completa y veraz. Aparece desde discusiones literarias sobre el amor y las esferas del firmamento, hasta conversaciones cotidianas y triviales, por ejemplo, sobre los gatitos recién nacidos y la asamblea de gatos que felicitan a la madre.
-La presencia de elementos líricos (por ejemplo, canción de los músicos) introduce variedad, lirismo y verosimilitud ambiental.
-En contra de lo habitual en Lope de Vega, solo se desarrolla una acción dramática, aunque la vida de Fiena, por un lado, y la de Nise, por otro, casi corren en paralelo y nos permitirían ver dos acciones dramáticas. 
-Los elementos ideológicos son presentes y bien visibles: vivencia intensa de la religión católica, aceptación de la guerra constante contra los árabes como algo ineludible, defensa de la monarquía, en concreto exaltación de la figura del rey, como la forma natural de gobierno, etc. Son los elementos más visibles.
-La polimetría es usada por Lope de Vega con gran destreza y acierto. En cualquier edición se señalan en tabla todas las estrofas usadas y no es necesario insistir en ello, además de las recetas del propio Lope sobre su uso en el Arte nuevo de hacer comedias.
-En esta pieza, el elemento cómico posee una especial relevancia; existen dos figuras del donaire, Pedro y Turín. Los diálogos de Finea tratando de aprender a leer o a bailar son de gran fuerza cómica.
-La honra, como no podía ser menos, juega un papel fundamental, aunque sea una comedia. Se revela como el factor esencial de la vida pública y verdadera llave de la reputación de las personas. Y, más en concreto, el comportamiento sexual de las mujeres era la piedra angular del edificio de la honra para todos los que la rodeaban. 
Lope de Vega maneja la lengua como si fuera plastilina. La moldea para significar de un modo original, único y muy expresivo. Los personajes hablan con un español propio, rico y variado. Lejos de los retoricismos y conceptismos barrocos, el lenguaje es increíblemente transparente. Veamos un delicioso ejemplo tomado del acto III, donde Finea hace un elogio, lleno de equívocos, del desván, ese lugar tan humilde y tan importante en esta pieza:

 

FINEA: Hasta agora, bien nos va.
CLARA: No hayas miedo que se entienda.
FINEA: ¡Oh, cuánto a mi amada prenda          2935 
deben mis sentidos ya!
CLARA: ¡Con la humildad que se pone
 en el desván…!
FINEA: No te espantes; 
 que es propia casa de amantes,
 aunque Laurencio perdone.                          2940 
CLARA: ¡Y quién no vive en desván,
 de cuanto hoy han nacido…!
FINEA: Algún humilde que ha sido
 de los que en lo bajo están.
CLARA: ¡En el desván vive el hombre              2945 
que se tiene por más sabio
 que Platón!
FINEA: Hácele agravio;
 que fue divino su nombre.
CLARA: ¡En el desván, el que anima
 a grandezas su desprecio!                              2950 
¡En el desván más de un necio
 que por discreto se estima…!
FINEA: ¿Quieres que te diga yo
 cómo es falta natural
 de necios, no pensar mal                               2955 
de sí mismos?
CLARA: ¿Cómo no?
FINEA: La confïanza secreta
 tanto el sentido les roba,
 que, cuando era yo muy boba,
 me tuve por muy discreta;                              2960 
y como es tan semejante
 el saber con la humildad,
 ya que tengo habilidad,
 me tengo por ignorante.
CLARA: ¡En el desván vive bien                        2965 
un matador criminal,
 cuya muerte natural
 ninguno o pocos la ven!
 ¡En el desván, de mil modos,
 y sujeto a mil desgracias,                                2970 
aquél que, diciendo gracias,
 es desgraciado con todos!
 ¡En el desván, una dama
 que, creyendo a quien la inquieta,
 por una hora de discreta                                  2975 
pierde mil años de fama!
 ¡En el desván, un preciado
 de lindo, y es un caimán,
 pero tiénele el desván,
 como el espejo, engañado!                               2980 
¡En el desván, el que canta
 con voz de carro de bueyes, 
 y el que viene de Muleyes
 y a los godos se levanta!
 ¡En el desván, el que escribe                                2985 
versos legos y donados,
 y el que, por vanos cuidados,
 sujeto a peligros vive!
 Finalmente…
FINEA: Espera un poco;
 que viene mi padre aquí.


5. Contextualización
Lope de Vega Carpio (Madrid, 1562 — 1635​) es uno de los poetas y dramaturgos más importantes del Barroco, el segundo Siglo de Oro español, y de la Literatura española. La cantidad y calidad de sus obras lo convierten en uno de los autores señeros de la literatura universal.
El llamado “Fénix de los ingenios” y “Monstruo de Naturaleza” (según lo adjetivó laudatoriamente Miguel de Cervantes, nada sospechoso de actuar por amistad) revolucionó el teatro español. Creó una fórmula nueva, compendiada en su Arte nuevo de hacer comedias (por descontado, escrito en verso). Llenaba los teatros con sus comedias y tragedias con temas interesantes y atractivos, fueran relativos a la historia de España, a leyendas populares, a asuntos de actualidad, a la fórmula de “capa y espada”, etc. Introdujo el teatro en verso, estructuración en tres actos, ruptura de las tres unidades, varias líneas argumentales, amplio abanico de personajes, contrapunto cómico en los momentos dramáticos y aprovechamiento argumental y dramático de la tradición lírica española.
Su producción narrativa y poética no son menores en absoluto. Era un hombre dotado de un genio y un talento, simplemente, inauditos; él le llamaba tener “natural”, es decir, talento innato. Escribió novelas bajo el formato de los subgéneros de moda en su siglo (novela bizantina, épica, pastoril, etc.). Fue también uno de los grandes líricos de la lengua castellana, pues había asimilado toda la tradición clásica, renacentista y petrarquista con asombrosa profundidad y originalidad. 
El conjunto de las obras literarias compuestas por Lope de Vega raya lo increíble: se le atribuyen unos 3000 sonetos, tres novelas, cuatro novelas cortas, nueve epopeyas, tres poemas didácticos y varios centenares de comedias (1800, según Juan Pérez de Montalbán, su amigo y primer biógrafo). Amigo de Francisco de Quevedo y de Juan Ruiz de Alarcón, enemistado con Luis de Góngora y en larga y soterrada rivalidad con Cervantes, su vida fue tan extrema como su obra; baste decir que raptó amantes, fue cura una temporada y actuaba de secretario de algunos nobles (duque de Sessa), facilitándoles sus correrías amorosas. También fue desterrado de la corte y del reino por líos de faldas. Y todo lo contaba puntual y detalladamente en sus obras.
6. Construcción dramática
En lo demás, la comedia cumple sobradamente los criterios más estrictos de la fórmula lopesca: polimetría, presencia de la música popular y folclórica, discurrir de dos o más acciones, mezcla de elementos cómicos y trágicos, etc. El conjunto forma una de las obras teatrales más auténticas y significativas del teatro lopesco y, en consecuencia, español barroco, en su vertiente de comedia.
7. Interpretación y valoración
La dama boba es una de las piezas más hermosas del teatro español (y, seguramente, del universal). La construcción es perfecta: los personajes, los temas, el lenguaje y el ritmo son perfectos y están perfectamente armonizados entre sí.
Estamos ante una comedia; como tal, presenta un tono risueño, pero subliminalmente, nos induce a una reflexión muy seria sobre los usos sociales del tiempo barroco. El matrimonio, el sutil juego del galanteo, la vida diaria con sus pequeñas miserias, la obsesión por la honra, la codicia, las tribulaciones de los padres y, finalmente, el papel de la literatura entre los letrados son asuntos importantes sobre los que Lope de Vega reflexiona con agudeza y gracia.
El ritmo es vivo y muy rápido. Los quiebros argumentales abundan, dentro de una continuidad muy cuidada. La lectura de La dama boba no defrauda en absoluto. los temas que aborda poseen una total actualidad y vigencia, por lo que la invitación a la reflexión sobre los usos sociales, con su hipocresía y su doblez, envuelto en risa y tono amable, están esperando al lector. Igual que al espectador del corral de comedias del siglo XVII. Esta pieza es, sin duda, una obra maestra. 
 
II. PROPUESTA DIDÁCTICA
1. Comprensión lectora
a) Resumir la obra (400 palabras aproximadamente) fijándose en la evolución de la trama principal y los hechos que la intensifican.
b) Analizar los personajes desde la óptica de su aportación a la trama, cómo cambian a lo largo de la obra por causas ajenas a su voluntad.
c) Comprender el rol de los grupos sociales es importante: enumerar su presencia y su relevancia en la pieza.
d) Expresar los cuatro temas más relevantes de la comedia.
e) Indicar los rasgos más importantes de la comedia en relación a la fórmula dramática lopesca del Arte nuevo de hacer comedias.
2. Aspectos analíticos e interpretativos
a) Explicar la importancia de la honra en la pieza, cómo Octavio lo considera factor imprescindible de su vida, combinado con la religión y la posición social.
b)  Las dos hermanas, Finea y Nise, tienen rasgos naturales muy diferentes: preséntalos. ¿También son distintas en los aspectos morales? 
c) La situación económica influye poderosamente  en la posición de cada uno en la sociedad en la sociedad. Explicar el caso de Laurencio y sus cavilaciones, junto con las réplicas de su criado Pedro.
d) Nadie está condenado a un tipo de vida por sus aparentes aptitudes naturales iniciales. ¿Cómo se aprecia esta afirmación en la comedia?
e) Los estereotipos aplicados a los personajes aparecen claramente (tontos/listos, ricos/pobres, hombres/mujeres, cultos/incultos, etc.): explicar y valorar su relevancia en el drama.
3. Sugerencias de ABP y fomento de la creatividad 
a) La lectura dramatizada del texto, o su representación, será siempre una tarea de primera calidad y rendimiento pedagógico.
b) Imaginar una entrevista con Lope de Vega con la clase. ¿Qué le podemos preguntar?
c) Explicar con carteles o infografías conceptos claves de la obra y la cultura barroca: el amor, la honra, la estratificación social, la guerra, el papel de la mujer, etc.
d) Realizar una exposición sobre la vida y la obra de Lope de Vega.
e) Transformar en prosa u otro género literario parte o toda la comedia leída.
 
III. COMENTARIO DE TEXTO
Se propone un texto del acto I, como objeto de comentario:
 
Salen FINEA, dama con unas cartillas, y RUFINO, maestro 
FINEA: ¡Ni en todo el año 
saldré con esa lección! 
CELIA: Tu hermana con su maestro.           310 
NISE: ¿Conoce las letras ya? 
CELIA: En los principios está. 
RUFINO: (Paciencia, y no letras, muestro! )
   Qué es ésta?
FINEA:   Letra será. 
RUFINO: ¿Letra? 
FINEA: Pues, ¿es otra cosa?                          315 
RUFINO: (No, sino el Alba. 
¡Qué hermosa   Aparte 
bestia!) 
FINEA: Bien, bien. Sí, ya, ya; 
el alba debe de ser, 
cuando andaba entre las coles.
RUFINO: Ésta es “k”. Los españoles           320 
no la solemos poner 
en nuestra lengua jamás. 
Úsanla mucho alemanes 
y flamencos. 
FINEA: ¡Qué galanes 
van todos éstos detrás!                          325 
RUFINO: Éstas son letras también. 
FINEA: ¿Tantas hay? 
RUFINO: Veintitrés son. 
FINEA: Ahora vaya de lición; 
que yo la diré muy bien. 
RUFINO: ¿Qué es ésta? 
FINEA: Aquésta no sé.                              330 
RUFINO: ¿Y ésta? 
FINEA: No sé qué responda. 
RUFINO: ¿Y ésta? 
FINEA: ¿Cuál? )Ésta, redonda? 
¡Letra! 
RUFINO: ¡Bien! 
FINEA: ¿Luego, acerté? 
RUFINO: ¡Linda bestia! 
FINEA: ¡Así, así! 
Bestia, ¡por Dios!, se llamaba;            335 
pero no se me acordaba. 
RUFINO: Ésta es erre, y ésta es i. 
FINEA: Pues, ¿si tú lo traes errado…? 
NISE: (¡Con qué pesadumbre están!) Aparte 
RUFINO: Di aquí: b, a, n; ban.              340 
FINEA: ¿Dónde vas? 
RUFINO: ¡Gentil cuidado! 
FINEA: ¿Que se van, no me decías? 
RUFINO: Letras son. ¡Míralas bien! 
FINEA: Ya miro. 
RUFINO: B, e, n; ven. 
FINEA: ¿Adónde? 
RUFINO: ¡Adónde en mis días                     345 
no te vuelva más a ver! 
FINEA: ¿Ven, no dices? Pues ya voy.
 RUFINO: ¡Perdiendo el jüicio estoy! 
Es imposible aprender! 
¡Vive Dios, que te he de dar                      350 
una palmeta! 
(Saca una palmeta) 
FINEA: ¿Tú, a mí? 
RUFINO: ¡Muestra la mano! 
FINEA: Hela aquí. 
RUFINO: ¡Aprende a deletrear! 
FINEA: ¡Ay, perro! ¿Aquesto es palmeta? 
RUFINO: Pues, ¿qué pensabas? 
FINEA: ¡Aguarda!…                                        355
 NISE: ¡Ella le mata!
 CELIA: Ya tarda tu favor, Nise discreta. 
RUFINO: ¡Ay, que me mata! 
NISE: ¿Qué es esto? ¿A tu maestro…? 
FINEA: Hame dado 
causa. 
NISE: ¿Cómo? 
FINEA: Hame engañado.                        360
RUFINO: ¿Yo, engañado? 
NISE: ¡Dila presto! 
FINEA: Estaba aprendiendo aquí 
la letra bestia y la k… 
NISE: La primera sabes ya. 
INEA: Es verdad, ya la aprendí.            365 
Sacó un zoquete de palo 
y al cabo una media bola; 
pidióme la mano sola 
–¡mira que lindo regalo!–
y apenas me la tomó,                              370
cuando, ¡zas! la bola asienta, 
que pica como pimienta, 
y la mano me quebró. 
NISE: Cuando el discípulo ignora, 
tiene el maestro licencia                        375 
de castigar. 
FINEA: ¡Linda ciencia! 
RUFINO: Aunque me diese, señora, 
vuestro padre cuanto tiene,
no he de darle otra lección. 
(Vase RUFINO.)
CELIA: ¡Fuése! 
NISE: No tienes razón.                           380 
Sufrir y aprender conviene. 
FINEA: Pues, ¿las letras que allí están, 
yo no las aprendo bien? 
Vengo cuando dicen ven, 
y voy cuando dicen van.                       385 
¿Qué quiere, Nise, el maestro,
 quebrándome la cabeza 
con ban, bin, bon? 
CELIA: ¡Ella es pieza           (Aparte.)
de rey! 
NISE: Quiere el padre nuestro 
que aprendamos. 
FINEA: Yo ya sé                                         390 
el Padrenuestro. 
NISE: No digo sino el maestro; 
y el castigo por darte memoria fue. 
FINEA: Póngame un hilo en el dedo 
y no aquel palo en la palma.                 395 
CELIA: Mas que se te sale el alma, 
si lo sabe. 
FINEA: ¡Muerta quedo! 
¡Oh, Celia!
 No se lo digas, 
y verás qué te daré. 
Advertencia: téngase en cuenta que muchos versos no ocupan el número de sílabas requeridos en el verso; se debe tener en cuenta el anterior y el posterior. Es fácil acotarlos si tenemos en cuenta que están numerados, de cinco en cinco.
Sobre este texto, se puede trabajar los siguientes aspectos: un breve resumen, temas abordados, análisis de los personajes, ubicación en el conjunto de la obra, justificación de su importancia, análisis métrico, análisis retórico (localización de una docena de recursos estilísticos, explicando cómo crean expresividad o sentidos nuevos), interpretación y valoración personal.

Gutierre de Cetina: «Ojos claros, serenos»; análisis y propuesta didáctica

GUTIERRE DE CETINA – Ojos claros, serenos (madrigal)

Ojos claros, serenos,                                   1
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos
más bellos parecéis a aquel que os mira,   5
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!,
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.  10
Gutierre de Cetina (Sevilla, 1520 – Puebla de los Ángeles, México, 1557)
  1. ANÁLISIS
1) Resumen
Gutierre de Cetina es un estimable poeta renacentista. Es autor de un notable corpus de poemas amorosos, bajo el modelo garcilasiano y petrarquista. Aquí comentamos una de sus composiciones más célebres, “Ojos claros, serenos”. El yo poético se dirige a los ojos de una rigurosa y desdeñosa mujer amada. Les pide que lo miren a él con comprensión y afecto, ya que sería la justa correspondencia con su mirada amorosa. El yo poético observa y se duele del desdén y la ira que le devuelve la mirada de ella. Sufre por ello, pues se siente frustrado y celoso. Finalmente, resignado, acepta esa mirada violenta y furiosa. Mejor es eso que el desprecio absoluto de no ser mirado por esa dama altiva.
2) Tema
Los temas del poema son:
– Súplica a la dama amada por parte del yo lírico para que corresponda su amor.
– Aceptación resignada del desdén de la amada, a la espera de tiempos mejores.
– Manifestación del contraste entre la mirada amorosa de él y la airosa de ella.  
.3) Apartados temáticos
Se distinguen muy bien dos secciones de contenido:
– Los ocho primeros versos forman la presentación y exposición gradual y ascendente de una situación, de desaire amoroso. La mirada amorosa de él encuentra desaire e ira en la de ella. El verso 8 es una exclamación en la que el sujeto lírico manifiesta su frustración y, acaso, sus celos. Se trata de un puente o transición entre las dos secciones señaladas.
– Los dos últimos versos (9 y 10) conforman la segunda sección temática; el yo lírico se muestra conforme con esa mirada de odio, pues peor sería ni siquiera tener eso.
4) Análisis métrico y de la rima
El poema es un madrigal (poema compuesto de versos siete y once sílabas, con rima a voluntad del poeta).. Está compuesto por diez versos heptasílabos y endecasílabos, con rima 7a,11B,11B,7c,11D,7d,11e,7e,7a,11A. La rima imprime al poema una estructura circular (el primer verso y los dos últimos comparten la rima), añadiendo una musicalidad marcada y cohesionada, reforzada por los cuatro pareados que se hallan dentro del madrigal.
5) Comentario estilístico
El poema es una interpelación del yo lírico a una dama que no interviene; solo escucha, o ni siquiera eso. Está representada metonímicamente a través de “ojos claros, serenos”; expresa la elevada belleza de esa dama y su imagen serena, comedida y discreta. El primer verso del poema nos ofrece, pues, un retrato de la dama. Nótese que apela a una cualidad física, “claros”, y otra psicológica, “serenos”; ambas juntas, casi sinestésicas, forman un formidable retrato. E inmediatamente le siguen antítesis o contrastes (formas del oxímoron) que concluyen en una idea: el yo lírico la contempla con amor, pero ella le devuelve una mirada de odio (representado por “airados” (v. 3) e “ira” (v. 6).
El tercer verso es una interrogación, casi retórica, pues se trata de una queja del yo lírico por el desdén y enfado de ella al mirarlo. La repetición de “miráis” en ese mismo verso incide en la importancia de la mirada, metonimia de la relación, frustrada y estéril, entre el yo poético y la dama.
Sigue un razonamiento en favor de la mirada piadosa, pues aumenta la belleza de esos ojos, es decir la dama misma. Dentro del razonamiento encontramos una súplica, “no me miréis con ira” (v. 6), aunque solo sea un deseo desesperado. El verso 8 contiene una exclamación retórica que expresa el estado de ánimo del yo lírico: desesperación y rabia por su frustración y, acaso, celos. Cierra el poema con la metonimia con que lo abrió: “Ojos claros, serenos”, metonimia de la amada. Ahora ya solo suplica una mirada, aunque sea de odio.
El contenido del poema está muy bien graduado y sabiamente dispuesto. El yo lírico comienza pidiendo explicaciones, pero termina suplicando una mirada de ella, la que fuere. En medio, confiesa el fastidio de la dama ante tanta insistencia y la desesperación del yo lírico. La claridad del sentido impacta vivamente en el lector, pronto cautivado por el contenido. La mirada es en sí misma una metáfora de los sentimientos, de amor, por parte de él; de desdén e ira, por parte de ella.
6) Contextualización
Gutierre de Cetina (Sevilla, 1520 – Puebla de los Ángeles, México, 1557) es un poeta español renacentista dotado de mucho talento. Su padre, Beltrán de Cetina y Alcocer, procedía de una familia noble de Alcalá de Henares; su madre, Francisca del Castillo y Zanabria, era sevillana y acaso de origen morisco. 
Siguiendo la estela del gran poeta Garcilaso de la Vega, perteneciente a la generación previa, Gutierre fue soldado en los ejércitos de Carlos I; por eso participó, en 1541, en la Jornada de Argel. Vivió en Italia varios años; allí, como otros muchos artistas españoles, se empapó del floreciente arte italiano. Sus influencias más importantes son las de Francesco Petrarca,  Ausiàs March y en la del toledano Garcilaso de la Vega, verdadero maestro literario de los poetas españoles renacentistas, pues es el adaptador de la poesía italiana a la lengua española.
Cetina residió durante años en la corte del príncipe de Ascoli. Compuso un cancionero petrarquista compuesto, principalmente, por sonetos de amor de tono dolorido, dirigido poéticamente a una dama bella llamada Laura Gonzaga. A tal dama está dedicado el famoso madrigal que ahora comentamos.
Hacia 1554 Cetina visitó Nueva España, la actual México, entre 1546 y 1548. Volvió definitivamente hacia 1554, al arrimo de su tío Gonzalo López, quien ejercía un puesto público relevante, contador general. Allí se enamoró de una mujer casada, Leonor de Osma, residente en Puebla de los Ángeles. Murió en un lance de cortejo a las puertas de la casa de la mujer, a causa de las heridas que un rival celoso, Hernando de Nava, le propinó.
7) Interpretación y valoración
El poema “Ojos claros, serenos” es una magnífica composición renacentista en la que el equilibrio entre el fondo y la forma está muy logrado. La inspiración petrarquista es evidente: asunto amoroso, desarrollo de un sentimiento de amor no correspondido, dolor emocional intenso del yo lírico, introspección psicológica y analítica, casi silogística, y formas métricas transparentes. De hecho, el madrigal se crea con dos versos propios de la poesía italianizante: el heptasílabo y el endecasílabo.
El contenido goza de una transparencia elevada. El yo lírico oscila entre el reproche y la súplica, de modo que desvela su dolor amoroso por la falta de correspondencia. El oxímoron que recorre todo el poema (mirada dulce de él, frente a la airada de ella), junto con la metonimia que contiene la belleza cautivadora de la amada dotan de una gran eficacia expresiva al conjunto del poema. 
Un solo gesto, la mirada, expresa todo un mundo interior de sentimientos amorosos del yo lírico, frustrado por el desprecio de la amada. La frustración, muy contenida, se trasluce aquí y allá; pero todo acaba en una súplica: que se repita la mirada.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden realizar en clase, o en casa; de forma oral, o escrita; como trabajo individual o en grupo; la ayuda de medios TIC puede ser útil).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (sobre cien palabras).
2) Expresa sus temas principales y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Cetina.
4) Explica los recursos estilísticos más relevantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante explicar la metonimia y la antítesis que vertebran el poema. 
5) Interpreta la significación de la interrogación retórica del verso 3 y la exclamación retórica del verso 8.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la poesía petrarquista visibles en el poema.
2) ¿Qué realidad sensitiva se emplea como expresión de los sentimientos? 
3) ¿Cómo sabemos que el yo lírico se dirige a la amada, como si estuviera hablando con ella? Fíjate en las formas verbales y pronominales.
4) El poema, ¿es un reflejo auténtico del alma del poeta, o solo una pose literaria? Aporta razones.
5) ¿Muestra Cetina arrepentimiento por sus sentimientos?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre el desencuentro que ocurre cuando dos personas no sintonizan en sus sentimientos recíprocos.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Gutierre de Cetina. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá como personajes, el yo lírico y la joven. Puedes introducir otros, como el tiempo, o la belleza, etc. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Gutierre de Cetina y su tiempo renacentista.