G. A. Bécquer: «El Monte de las Ánimas»; análisis y propuesta didáctica

G. A. BÉCQUER: “EL MONTE DE LAS ÁNIMAS”

 

En la noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.
Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.
Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.
Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.
I
 -Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.
-¡Tan pronto!
-A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.
-¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?
-No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia.
Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.
Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:
-Ese monte que hoy llaman de las ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.
Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.
Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.
La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.
II
Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón.
Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz.
Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.
Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido monótono y triste.
-Hermosa prima -exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que se encontraban-; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán de tu lejano señorío.
Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.
-Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido -se apresuró a añadir el joven-. De un modo o de otro, presiento que no tardaré en perderte… Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía… ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar… ¿Lo quieres?
-No sé en el tuyo -contestó la hermosa-, pero en mi país una prenda recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente de manos de un deudo… que aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías.
El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:
-Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?
Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.
Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las campanas.
Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de este modo:
-Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? -dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.
-¿Por qué no? -exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro… Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió:
-¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?
-Sí.
-Pues… ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.
-¡Se ha perdido!, ¿y dónde? -preguntó Alonso incorporándose de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.
-No sé…. en el monte acaso.
-¡En el Monte de las Ánimas -murmuró palideciendo y dejándose caer sobre el sitial-; en el Monte de las Ánimas!
Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:
-Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor, hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir el peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche…. esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas… ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde.
Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas de mil colores:
-¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos!
Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver el fuego:
-Adiós Beatriz, adiós… Hasta pronto.
-¡Alonso! ¡Alonso! -dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.
A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último.
Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos.
III
Había pasado una hora, dos, tres; la media roche estaba a punto de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho.
-¡Habrá tenido miedo! -exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a los que ya no existen.
Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.
Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas; tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.
-Será el viento -dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente.
Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.
Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar: nada, silencio.
Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables.
-¡Bah! -exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho-; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de aparecidos?
Y cerrando los ojos intentó dormir…; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.
El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.
Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso.
Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror!
IV
Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las ánimas, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.

 

2. ANÁLISIS
  1. Resumen
El narrador afirma que escuchó una historia, la que él se dispone a narrar, en el mismo lugar y en la misma noche de difuntos (31 de octubre) en que ocurrieron los hechos relatados. Estos se enmarcan en un tiempo medieval. Alonso está enamorado de su prima Beatriz, que está de visita, pues vive en Francia. En una excursión al Monte de la Ánimas, en los montes cercanos a la ciudad de Soria, Alonso le cuenta a su prima la siniestra leyenda que arrastra el lugar: los cruzados se enfrentaron a muerte con la nobleza soriana por la posesión y usufructo del bosque. El choque fue sangriento y murieron muchos de ambos bandos. El rey de Castilla ordenó enterrarlos a todos juntos en la capilla de ese monte. Los lugareños afirman que en la noche de difuntos se oyen gritos horribles, los animales huyen espantados y, al día siguiente, aún se pueden ver en la nieve las huellas descalzas de los contendientes. Alonso, heredero de los condes de Alcudiel, le desvela su pasión a su prima Beatriz, heredera de los condes de Borges. Está dispuesto a hacer lo que sea para demostrar su valor. Ella, algo malévola, tal vez irresponsable y frívola, le pide a su primo que le busque la banda azul que ha perdido en su paseo por ese mal afamado lugar. Él no lo duda y, en plena noche, toma su caballo y se lanza a tan siniestro lugar. Beatriz durmió muy mal, tuvo pesadillas y creía oír gritos y lamentos horribles. Al día siguiente le informan que habían hallado el cuerpo de Alonso devorado por los lobos. Ella muere también de horror, acaso de remordimiento. El narrador cuenta que le han dicho que un cazador que pasó la noche en el Monte de las Ánimas relató, antes de morir, que en la noche de difuntos, en el momento de la oración, todos los fantasmas de los muertos salen de su tumba y persiguen a una mujer despavorida que da vueltas en torno a la tumba de Alonso.
2. Tema
El tema principal se puede enunciar así: el valor descontrolado y la frivolidad desmedida acarrean consecuencias trágicas.
Existen otros temas secundarios, que enumeramos: el odio sangriento que no cesa ni con la muerte, la posibilidad de que los fantasmas retornen al mundo de los vivos a cumplir sus venganzas, el amor apasionado finaliza en tragedia si carece de control, etc.
 3. Apartados temáticos
Bécquer quiso ser muy didáctico en la composición de este cuento, de modo que separa cada sección de contenido en partes diferenciadas y numeradas con números romanos. Por eso encontramos:
-Una primera parte introductoria donde el narrador justifica y explica cómo conoció la historia y por qué desea contarla (no está numerada en el texto, pues funciona como prólogo).
-La segunda parte (bloque I de la leyenda) se centra en el relato que Alonso le hace a su prima Beatriz sobre el origen de la siniestra fama del Monte de las Ánimas.
-La tercera parte (bloque II del texto) explica cómo Alonso le pide a su prima una prenda de recuerdo y ella lo incita a que busque la banda azul perdida en el Monte de las Ánimas. Él acepta el reto y emprende su búsqueda en plena noche.
-La cuarta parte (bloque III de la leyenda) se concentra en relatar la noche horrible, entre pesadillas y temores, de Beatriz, mientras aguarda a su primo.
-La cuarta y última parte (bloque IV de la división original) retoma otra vez la voz del narrador, que se remite a que unos lugareños le contaron que un extraviado en el lugar contó la imagen siniestra final.
Como vemos, estamos ante una división temática lógica y coherente. El lector percibe los cambios temáticos, incluso los de la voz narrativa, en cada uno de los apartados; es un modo de ordenar y facilitar la lectura.
 4. Personajes
Los protagonistas son Alonso y Beatriz, primos y unidos por una difusa relación sentimental que el narrador no aclara del todo, para aumentar la intriga. De Alonso sabemos que es un joven noble, intrépido, enérgico, muy enamorado de su prima y orgulloso de su estirpe y honra. Justamente este último rasgo será el determinante y lo llevará a una horrible muerte.
Beatriz, también noble, vive en Francia. Se la supone bella, lo que provoca el profundo enamoramiento de su primo. De modales refinados y poseedora de encantos personales, por su origen y educación, nos muestra, sin embargo, ser un tanto manipuladora y frívola. Empuja a su primo a salir en plena noche de difuntos a buscar la banda azul que había extraviado en el Monte de las Ánimas. Pagará las consecuencias, esa misma noche y en la eternidad.
El tercer personaje relevante es el propio narrador, que se nos deja ver al principio, en su insomnio. Recurre a la escritura para combatirlo, de ahí la historia que nosotros leemos. Criados y familiares de ambos rellenan las escenas colectivas, sin apenas significación.
 5. Narrador
Este punto es muy interesante porque nos permite apreciar el alto grado de elaboración narrativa. Primero tenemos a un narrador general, que dice que cuenta lo que le transmitieron los lugareños. Este mismo narrador reaparece en el último apartado, donde afirma que cuenta lo que contó un cazador –que pasó allí una noche y luego murió– a sus conocidos.
Bécquer compone con la estructura de relato marco, también conocido como técnica de mise en abyme: un relato dentro de otro relato, a modo de muñecas rusas o cajas chinas. Es una técnica perfecta para potenciar la trama, diversificar el contenido y rebajar la importancia del narrador. Muestra una gran pericia en su manejo, señal inequívoca de su aprendizaje en el maestro de la narrativa moderna: Miguel de Cervantes.
 6. Lugar y tiempo de la acción narrada
En cuanto al lugar, se insiste en él en varias ocasiones: el Monte de las Ánimas, accidente geográfico realmente existente a las afueras de Soria, camino del Moncayo. Es un lugar bastante abrupto y de aspecto inquietante. De hecho, el narrador, trasunto de Bécquer, afirma en el prólogo que “yo la oí en el mismo lugar en que acaeció”, es decir, visitó el paraje y estuvo atento a los relatos orales populares que daban cuenta de esta leyenda. Crea de este modo un lazo de complicidad con el lector y le lanza un guiño, como queriendo ser algo de narrador testigo.
El tiempo de la escritura lo podemos acotar hacia 1860 (vieron la luz en distintas publicaciones madrileñas entre 1858 y 1864). Bécquer había llegado a tierras sorianas tras su matrimonio con Casta Esteban, cuya procedencia era Noviercas, un pueblo soriano próximo al Moncayo y a la frontera con Aragón.
El tiempo de la acción narrada ofrece una cuádruple perspectiva porque se narran cuatro acciones distintas. Veámoslas de más a menos alejadas en el tiempo: el choque entre cruzados y nobles sorianos pudo ocurrir hacia el siglo XII, aproximadamente. La segunda perspectiva corresponde a Alonso contándole la historia a su prima y la noche de la muerte de ambos; tal vez han pasado siglos respecto de la anterior. La tercera perspectiva se refiere al momento en que el cazador vio a las fantasmas en la capilla del monte del narrador y se lo cuenta a sus vecinos, poco antes de morir. La cuarta y última, que corresponde al primer y último apartado del texto: el narrador, trasunto del autor, cuenta su noche de insomnio y el momento de la escritura, en la misma noche, el 31 de octubre, pero de setecientos años después, hacia 1860.
La duración de la acción también se puede contemplar desde cuatro ángulos, de más a menos extensión temporal: setecientos años es la extensión máxima: desde la pelea primigenia hasta el acto de la narración por el narrador, trasunto de Bécquer. El segundo ángulo ocupa: desde la pelea trágica entre cruzados y nobles hasta que el cazador perdido les cuenta a los paisanos del lugar la persecución entre fantasmas. El tercero va desde el enfrentamiento armado hasta la muerte de los dos jóvenes. Tal vez abarque siglos, pero no sabemos el tiempo que pasó: años, tal vez siglos. El cuarto ángulo de contemplación es el que menos dura, y se centra en la guerra mortal por la posesión y disfrute del monte entre cruzados y nobles.
 7. Análisis estilístico
Bécquer exhibe un dominio muy amplio y feliz de la lengua castellana. El léxico está sometido a una depuración constante, bajo el criterio de la propiedad, la claridad y la expresividad. En sintaxis se aprecia un dominio del periodo corto; las oraciones cortas predominan sobre las largas.
Se percibe muy bien la elaboración literaria a través de un uso feliz de los recursos estilísticos, de los que destacamos algunos ejemplos:
  • ”Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda”: podemos apreciar una metáfora muy expresiva y honda sobre la libertad errática de la imaginación desgobernada en noches de insomnio.
  • ”Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día!”: en este breve ejemplo localizamos el paralelismo, la elipsis, la hipérbole, la metáfora, la personificación o prosopografía, la exclamación retórica, el epíteto embellecedor, etc.
El cuento posee un ritmo vivo, muy rápido, gracias a que omite muchas circunstancias de la narración (por ejemplo, se suprime la terrible muerte del joven peleando contra lobos, la de Beatriz, junto con su entierro, etc.).
 8. Contextualización de la época y del autor
Gustavo Adolfo Bécquer es un autor tardo-romántico. En realidad, encarna en su vida y su obra el paradigma del artista romántico, incluyendo una vida bastante atormentada y la muerte temprana. En esta leyenda captamos muy bien los rasgos básicos del Romanticismo:
A) Preferencia por motivos y asuntos medievales: personajes, acciones y modos de vivir y sentir son los propios de una Edad Media idealizada y, por momentos, agrandada en la imaginación de los románticos.
B) Focalización en los sentimientos y emociones de los personajes, frente a las acciones o pensamiento político, social,
C) Los personajes, sobre todo los protagonistas, actúan como héroes, guiados por el honor, la valentía y la honra.
D) La naturaleza posee un valor en sí misma porque acompaña al estado de ánimo y a las acciones de los héroes y heroínas. Se puede apreciar muy bien en este cuento: noche, ruidos, monte tenebroso, etc. acompañan muy bien a sentimientos de miedo, temor, amor frustrado, etc.
E) Los finales trágicos se imponen sobre los felices: la grandeza del protagonista, incomprendido, se estrella contra la chata realidad y eso acarrea su muerte.
F) El misterio, lo desconocido, la difusa línea entre razón y locura, entre lo racional y lo irracional, son elementos constitutivos del relato romántico.
Este relato es un ejemplo maravilloso de cómo Bécquer asume los presupuestos artísticos del Romanticismo y los vuelca con elegancia y acierto en este cuento de tradición popular.
 9. Interpretación
Este texto becqueriano nos cuenta una historia de aventura, amor, misterio y tragedia. Pero al mismo tiempo, nos desliza una fotografía perfecta del autor en cuanto a sus intereses e inquietudes: soñador, idealista, embargado por la pasión amorosa, etc. Ajeno a intereses materiales o crematísticos, el autor se nos presenta como una persona atenta a las vivencias interiores y a los procesos emocionales y espirituales.
La factura literaria del cuento es impecable: terso, con una construcción narrativa perfecta, donde nada sobra ni falta, con un dominio del lenguaje y de la retórica tan acertado que la lectura se torna placentera y con gran expansión imaginativa: la recreación de las acciones y los personajes en la mente del lector es asombrosamente fácil y fluida.
Ahora bien, Bécquer nos desliza un pensamiento pesimista y cauteloso: el valor irreflexivo puede conducir a la muerte (como le ocurre a Alonso); alguna mujer, por frivolidad más que por malas intenciones, puede actuar de modo fatal para el hombre que la ama (como acontece con Beatriz), etc.
 10. Valoración
Hemos leído un magnífico texto romántico lleno de valores artísticos e ideológicos, los cuales nos permiten entender el Romanticismo en su esplendor. Bécquer es un poeta y narrador de gran calado: su escritura posee una perfección estética muy elevada, tal que la fluidez y la “recreación” textual en la mente del lector fluye con pasmosa naturalidad.
La arquitectura narrativa es perfecta, original y muy acertada: un narrador, que dice que cuenta una leyenda que escuchó de boca de los lugareños, que escucharon el desenlace a través de un cazador perdido, que a su vez Alonso le cuenta una vieja historia a su prima Beatriz… La difuminación de las fuentes de la narración es un acierto brillante y original.
Casi 150 años después de su escritura, este cuento goza de una frescura y una potencia narrativa inauditas. Hoy, como en 1860, cuando se publicó, se lee con gozo y satisfacción lectora porque logra lo que alcanza la buena literatura: trasladar al lector de su mundo cotidiano a otro muy distinto, que conoce y recrea en su imaginación gracias al manejo maestro del lenguaje y la imaginación. Por eso, indudablemente, Bécquer es uno de nuestros clásicos.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el texto.
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos.
4) Analiza los personajes principales.
5) Explica cómo funciona la figura del narrador.
6) Señala los aspectos de lugar y tiempo relativos al cuento.
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos románticos se aprecian en el texto?
2) Indica las razones de Alonso para actuar como lo hace.
3) Realiza lo mismo respecto de Beatriz.
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la ambigüedad en cuanto a la separación entre lo racional y lo irracional?
5) El misterio aparece en el relato: ¿cómo?
6) ¿Cuál crees que es la causa principal de la muerte de Beatriz? Razona plausiblemente.
7) ¿Quién llevó la cinta azul a su dormitorio? Aporta hipótesis verosímiles.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Escribe un cuento de misterio y terror como el que has leído, en una época que te guste especialmente, incluida la contemporánea.
2) Cambia el final de la leyenda de Bécquer en el sentido que consideres más idóneo.
3) Transforma parte del texto en primera persona, para comprobar cómo cambia la expresión y afecta a la estética del texto.
4) Aporta imágenes de paisajes, castillos, palacios, etc. Que pudieran ser buenos escenarios en el que ocurrieron los hechos de la leyenda becqueriana.
5) Realiza una presentación, con cartel o con medios TIC, ante la clase o la comunidad educativa sobre Bécquer y el Romanticismo.

Gustavo Adolfo Bécquer: «Yo sé un himno gigante y extraño» (Rima I); análisis y propuesta didáctica

G. A. BÉCQUER: “YO SÉ UN HIMNO GIGANTE Y EXTRAÑO” (RIMA I)
Yo sé un himno gigante y extraño                              1
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.
Yo quisiera escribirle, del hombre                            5
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar, que no hay cifra
capaz de encerrarle; y apenas, ¡oh, hermosa!,         10
si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, cantártelo a solas.
  1. ANÁLISIS
Estamos ante un texto metapoético de hondo calado y significación perteneciente a nuestro genial Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836 – Madrid, 1870). Pertenece al primer bloque temático de la división clásica de la poesía becqueriana, centrado en la reflexión sobre la naturaleza de la poesía, su origen, su manifestación verbal y las tensas relaciones entre inspiración y razón. En el fondo, Bécquer indaga sobre su oficio de poeta, sobre su vocación de escritor lírico aun en contra de la corriente literaria ya en boga en su edad adulta (el Realismo). En este sentido, Bécquer es un autor posromántico o tardo romántico, lo mismo que Rosalía de Castro.
El poema apenas consta de doce versos dodecasílabos distribuidos en tres estrofas de cuatro versos cada una. Los versos pares riman en asonante y los impares quedan libres. Estamos, pues, ante una estructura próxima al romance heroico; la separación en estrofas, con el consiguiente cambio de rima, es el toque original que Bécquer se ha permitido. Por otro lado, es típico de los poetas románticos introducir variaciones en los versos, las rimas y las estrofas clásicos. Estos autores, como por ejemplo Espronceda, innovaron y ampliaron los márgenes de las formas estróficas de un modo muy apreciable.
El poema presenta un tono elusivo y dialógico sorprendente. El poeta escamotea las palabras que deberían nombrar el asunto del poema: la esencia de la poesía, el misterio de la creación verbal, el difuso origen de la inspiración, todo ello mezclado con sensaciones (en concreto, musicales) y emociones (exactamente, las amorosas). Metaforiza este concepto a través de términos musicales (“himno”, “cadencias”, “notas”), que rápidamente mezcla con el lenguaje (“idioma”), formando un todo inseparable. En el fondo, Bécquer nos desea transmitir que la poesía es un tipo de música, de melodía, tan difícil de captar como de reproducir. La identificación de la naturaleza musical de la poesía la establece claramente en la primera estrofa, cuando enuncia que “estas páginas son de ese himno / cadencias que el aire dilata en las sombras”.
En la primera estrofa juega con el sonido y la luz y los colores. El poeta se encuentra en “la noche del alma” (v. 2), es decir, sumido en la oscuridad, metáfora de la confusión, la angustia y el malestar. Pero “estas páginas”, es decir, sus poemas, son cadencias, esto es, melodías rítmicas de ese himno “gigante y extraño”. La fuerza que se esconde en el magma poético es muy intensa y firme: equivale a una música grandiosa y desconocida que desborda lo conocido, tanto dentro como fuera de la persona. Las dos personificaciones de la primera estrofa aportan una extraordinaria viveza: el himno “anuncia”, como un heraldo, algo grandioso en la oscuridad del alma del poeta. El aire “dilata” (v. 4) en las sombras, esto es, extiende una leve luz de esperanza y optimismo en los oscuros sentimientos del yo poético.
En la segunda estrofa, sometida a unos fuertes hipérbatos y encabalgamientos (con un caso de leísmo, cosa rara en nuestro poeta), el yo poético nos aclara parte del significado elusivo de la primera: su herramienta de trabajo es el idioma; es a través del lenguaje con que crea la música. “Escribir” y “palabras” son los vocablos que nos dan la clave: el himno es verbal, no se escribe en un pentagrama, ni se interpreta con instrumentos musicales: mana de las palabras combinadas, formando el poema.
La tarea no es fácil porque el lenguaje se revela escaso “rebelde, mezquino” son los dos adjetivos aplicados a idioma: es pobre y nada sumiso, de modo que el trabajo poético resulta hercúleo. Si el yo poético pudiera manejarlo a su gusto, expresaría con las palabras, a la vez “suspiros y risas, colores y notas” (v. 8): estos cuatro sustantivos crean un concepto sinestésico, entre lo cromático, lo auditivo, lo alegre y lo triste. Todo eso deberían expresar las palabras, pero no es fácil por su rebeldía y pobreza. Las antítesis aportan una gran intensidad significativa: “suspiros y risas” nos hacen ver el magma emocional del poeta: amarguras y esperanzas se entremezclan en un continuo inextricable.
La última estrofa comienza admitiendo la derrota: no es posible domeñar al idioma, no hay clave que permita eso. Sin embargo, se abre una vía de comunicación de esa melodía a través del amor, del contacto entre los dos amantes (“teniendo en mis manos las tuyas”). El himno se puede cantar, en un acto íntimo y de comunicación privada, entre el yo poético, poseedor de esa melodía, y la mujer amada, receptora del mismo. El poema finaliza, así, en un tono de optimismo contenido, de esperanza vislumbrada: el amor proporciona las herramientas para compartir y entender ese “himno gigante y extraño”. Bécquer nos deja entrever que está compuesto de emoción, comunión amorosa y armonía entre dos almas enamoradas. Lo mismo ocurre con “noche” y “aurora” en la primera estrofa: los claroscuros nos dejan ver un alma en ebullición.
Llama mucho la atención el tono de diálogo con que se cierra el poema. Comprendemos que el yo poético habla, más o menos en un tono real, acaso imaginario, con su amada, a la que invoca con un “¡oh, hermosa!”. La expresión nos permite vislumbrar que el poeta está enamorado y ese himno nace, precisamente, de ese estado emocional. A través de él se puede expresar, y no de otra manera. Genialidad poética y sentimiento amoroso se juntan y se necesitan recíprocamente.
El poema exhibe las típicas notas románticas: mucha subjetividad (las primeras palabras del poema son “yo sé”), intimidad omnipresente, creencia en el genio poético, el amor como fuerza superior que elimina todo tipo de obstáculos y da sentido último a la existencia y, finalmente, una cierta presencia de la naturaleza que acompaña y, en última instancia, presta un marco de comprensión de los vaivenes del alma del yo poético.
La dimensión metapoética es bien evidente: el poeta reflexiona sobre qué es la poesía, su naturaleza, su modo de operar. El poema nos deja una respuesta: es una música oculta, próxima a la región de las emociones, expresada en música, sólo transmisible en un acto de confidencialidad amorosa. Estamos ante un bellísimo poema romántico lleno de emoción amorosa, de reflexión sobre la naturaleza de la poesía y de expresión del ansia de comunicación emocional-poética.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema, anota su tema y sus apartados temáticos.
2) ¿Quiénes son los protagonistas del poema?
3) Realiza un estudio de la métrica y la rima del poema y establece la estrofa utilizada.
4) Localiza media docena de recursos estilísticos y explica cómo crean significado y belleza.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Crees que el poema refleja las angustias e ilusiones del poeta? Aporta razones.
2) ¿Podemos decir que los niños muestran miedo? Aporta razones.
3) Localiza los contrastes o antítesis que aportan viveza al poema
2.3. Fomento de la creatividad
1) Trasforma el texto en un relato en prosa, acompañado de alguna anécdota, en el que aprecie la “genialidad” del artista romántico. Puedes continuar la historia según te parezca oportuno.
2) Escribe una breve pieza literaria sobre el deseo de decir algo profundo y no encontrar las palabras para ello, inspirándote más o menos en el poema de Bécquer.
3) Realiza una presentación ante la clase o la comunidad educativa, ayudándote de medios TIC, sobre la vida y la obra de Gustavo Adolfo Bécquer.
4) Intenta pasar la escena del poema: el poeta y su amada acaso tomados de la mano, a una escena plástica, de dibujo o pintura, en la que se capten detalles sugestivos e interesantes.
5) Selecciona una melodía musical que recoja aproximadamente los sentimientos que se expresan en este poema.

José de Espronceda: «Canto a Teresa»; análisis y propuesta didáctica

JOSÉ DE ESPRONCEDA: CANTO A TERESA
[1] ¿Por qué volvéis a la memoria mía,
tristes recuerdos del placer perdido,
a aumentar la ansiedad y la agonía
de este desierto corazón herido?
¡Ay, que de aquellas horas de alegría,
Le quedó al corazón solo un gemido,
y el llanto que al dolor los ojos niegan
lágrimas son de hiel que el alma anegan!
[2] ¿Dónde volaron ¡ay! aquellas horas
de juventud, de amor y de ventura,
regaladas de músicas sonoras,
adornadas de luz y de hermosura?
Imágenes de oro bullidoras,
sus alas de carmín y nieve pura
al sol de mi esperanza desplegando,
pasaban ¡ay! a mi alrededor cantando.
[11] Hay una voz secreta, un dulce canto,
que el alma solo recogida entiende,
un sentimiento misterioso y santo,
que del barro al espíritu desprende:
agreste, vago y solitario encanto,
que en inefable amor el alma enciende,
volando tras la imagen peregrina
el corazón de su ilusión divina.
[12] Yo, desterrado en extranjera playa,
con los ojos, estático seguía
la nave audaz que en argentada raya
volaba al puerto de la patria mía;
yo, cuando en Occidente el sol desmaya,
solo y perdido en la arboleda umbría,
oír pensaba el armonioso acento
de una mujer, al suspirar del Viento.
[42] ¡Oh! ¡cruel! ¡muy cruel! ¡Ay! yo entretanto
dentro del pecho mi dolor oculto,
enjugo de mis párpados el llanto
y doy al mundo el exigido culto:
yo escondo con vergüenza mi quebranto,
mi propia pena con mi risa insulto,
y me divierto en arrancar del pecho
mi mismo corazón pedazos hecho.
[43] ¡Oh! ¡cruel! ¡muy cruel! ¡martirio horrendo!
¡Espantosa expiación de tu pecado!
¡Sobre un lecho de espinas, maldiciendo,
Morir, el corazón desesperado!
Tus mismas manos de dolor mordiendo,
presente a tu conciencia lo pasado,
buscando en vano, con los ojos fijos,
y extendiendo tus brazos a tus hijos.
[44] Gozemos, sí; la cristalina esfera
gira bañada en luz: ¡bella es la vida!
¿Quién a parar alcanza la carrera
Del mundo hermoso que al placer convida?
Brilla radiante el sol, la primavera
Los campos pinta en la estación florida:
truéquese en risa mi dolor profundo…
Que haya un cadáver más ¿qué importa al mundo?
  1. ANÁLISIS
1. Resumen
El texto que comentamos ocupa el canto II de El diablo mundo (1840-1841). Estamos ante un poema filosófico y existencial, de contenido simbólico y alegórico. El hombre es un ser bueno, pero el mundo y la sociedad lo malean. Adán es el protagonista, un hombre mayor convertido en joven al que se le concede una segunda oportunidad. El canto II rompe la narración y se dedica al recuerdo dolorido de Teresa, la amada de Espronceda. En el canto III se recupera el hilo argumental y se interrumpe definitivamente en el VII y último.
En su conjunto, el «Canto a Teresa» es un poema elegíaco de hondura, autenticidad y belleza. Comienza con un lamento amargo por la muerte de la amada, casi a modo de Ubi sunt? Luego recrea el nacimiento del amor, su desarrollo, parte de él a distancia, su ocaso y, en fin, la muerte difícil y no aceptada de la mujer. Las últimas estrofas se tornan más filosóficas y conclusivas y expresan, como al principio, la amargura inconsolable por el fallecimiento del amor de su vida. También se plantea el choque entre el individuo, incomprendido en su dolor, y la sociedad, o «el mundo», que sigue adelante con sus risas y placeres. En el conjunto del canto, se observa un movimiento oscilante entre la expresión del dolor, auténtica y subjetiva, frente a una crítica del mundo, de tono sárcástico e irónico. Entre medias, las alabanzas o loas a la belleza etérea de Teresa, a sus virtudes espirituales, en un tono casi petrarquista y garcilasista, jalonan una composición elegíaca y, por tanto, dolorida.
Aquí hemos seleccionado siete octavas reales, del principio, del medio y del final; transmiten, creemos, una idea bastante completa del canto II.
2. Tema
El tema lo podemos enunciar así: expresión dolorida por la pérdida de la mujer amada, lo que sume en la desesperación dolorosa y la desolación angustiosa  al yo poético.
3. Análisis métrico y de la rima
El «Canto a Teresa» consta de 44 octavas reales (ocho versos endecasílabos de rima consonante ABABABCC) de impecable factura poética. Es una estrofa de corte clásico procedente de la poesía italiana, aclimatada a la lengua española en el siglo XVI.
4. Análisis estilístico
Comentamos a continuación sus rasgos literarios más caracterizadores.
La estrofa 1 consta de sólo dos oraciones, una interrogativa –de naturaleza retórica– y otra exclamativa. Expresan muy bien la amargura del poeta, que habla desde su intimidad herida. Los núcleos temáticos son «tristes recuerdos», en la primera oración; y, en la segunda, «gemido» y «llanto»; son los sujetos de las oraciones respectivas. El poema nos hace ver que la amada ya está muerta y que son los recuerdos los que lo atormentan hasta más allá de las palabras, el gemido y el llanto; tal es la intensidad del dolor. Una metáfora feliz y muy expresiva nos permita ver la situación del poeta: «desierto corazón herido»; nos muestra así su vulnerabilidad y su soledad estéril.
Los verbos en presente de indicativo nos recuerdan que la experiencia es de ahora, nada del pasado, dolorosamente vigente. El poeta interpela con cierta acritud a sus recuerdos, ya que le provocan dolor. Es otro modo de transmitirnos su desesperación emocional. Otro rasgo estético muy significativo son las antítesis que aparecen en ambas oraciones; en la primera, «placer perdido» contrastan vivamente con «la ansiedad y la agonía»; es un modo de enfatizar lo que fue y ya no es. En la oración exclamativa, el sintagma «horas de alegría» se opone a «gemido y llanto»; otra vez, la felicidad pasada frente a la amargura presente. El último verso, «lágrimas son de hiel que el alma anegan», nos presenta una metáfora personificada e hiperbolizada, que funciona casi a modo de epifonema, y que expresa vivamente el dolor inconmensurable del yo poético por la pérdida de la amada.
La estrofa 2 también ocupa los cuatro primeros versos en una oración interrogativa de carácter retórico –es decir, es un modo de afirmar— con una exclamación incrustada, que aumenta su efecto expresivo. El poeta lamenta la desaparición de las horas de «juventud, amor y ventura»: es un modo metonímico de expresar la edad optimista e irreflexiva donde todo iba bien porque debía ser así. Sin embargo, se fueron para siempre, como bien expresa la estructura del Ubi sunt? En la segunda estrofa, una poderosa metáfora personificada expresa la dicha del poeta con su amada: «imágenes de oro bullidoras» que pasaban a su lado transmitiendo alegría. Varias sinestesias («Alas de carmín y nieve pura») amplifican la significación poderosamente y nos permiten vislumbrar el estado de enamoramiento del yo poético. Los adjetivos epítetos abundan en todas las octavas; aquí vale la pena destacar uno especialmente hermoso y expresivo: «músicas sonoras». El efecto de una melodía se amplifica y parece que retumba en nuestros oídos.
La estrofa 11 presenta un contenido muy distinto. Trata de expresar la comunicación del sentimiento amoroso, que recorre distancias para mantener en comunión a los enamorados. Diríamos que es una explicación de un acto de habla pragmático con consecuencias felices. Esta octava se centra en los elementos auditivos: «voz» y «canto», formando evocadoras sinestesias: «voz secreta» y «dulce canto»: las ondas transportan la felicidad, captadas por el alma recogida, es decir, el amante en espera. Se trata de un «sentimiento» o «encanto» que, cuando llega a su receptor, el alma, se transforma en «amor» encendido. La consecuencia inmediata es que el corazón del amante vuela en la búsqueda de la amada, que ahora es «imagen peregrina». La combinación de elementos auditivos y visuales es proporcionada y evocadora. Esta estrofa preludia y configura muy bien la poesía simbolista, a lo Rimbaud o Machado, de medio siglo después. Espronceda está abriendo campos poéticos nuevos que fertilizarán a finales del siglo XIX y principios del XX.
La estrofa 12 es ejemplo acabado del romanticismo más subjetivo y hasta ególatra: la repetición del pronombre «yo», al principio de los versos 1 y 4 de la estrofa nos aclara muy bien el foco temático: el yo poético sumido en su melancolía, en el exilio; es un claro eco de la situación real de Espronceda en sus años de Francia. La nostalgia se ve aumentada al ver partir una nave camino de España, podemos deducir, y al sentirse solo en una naturaleza algo hostil («arboleda umbría»). Y de nuevo una percepción auditiva metonímica («armonioso acento») lo transportan a la imagen de su amada, aunque sólo era «el suspirar del Viento»; las ilusiones no tienen fundamento y se frustan, dejando un rastro de tristeza amarga; esta bella personificación metaforizada nos revela su comunicación con la naturaleza y su ansiedad por la ausencia de la amada.
Las tres últimas estrofas del canto II presentan rasgos muy distintos a las anteriores: ahora son la rabia, el sarcasmo, incluso la violencia, los elementos que predominan. Las oraciones exclamativas se multiplican. El polo de significación principal es el yo poético en su penoso subsistir sin la presencia de la amada muerta. En la estrofa 42, las tres exclamaciones del verso inicial con la repetición de «cruel», referido al fallecimiento de la mujer amada nos muestran un corazón agitado y desesperado. La repetición dos veces del pronombre «yo» y otras dos de «mi», junto con los verbos empleados en primera persona nos revela que es de él de quien quiere hablar. Y lo que nos desea revelar es su rabia por tener que esconder su dolor desesperado (nombrado como «dolor oculto», «quebranto», «pena») con dosis de rebeldía por tener que rendir tributo al mundo con una «risa» falsa. Su único entretenimiento es arrancarse el corazón hecho pedazos a la vista de todos. Se ha cansado de disimular y ofrece el espectáculo de su rabia desbordada con truculencia. El sarcasmo es evidente y chocante. Aquí podemos ver un modo de expresión muy próximo al que utilizaría Bécquer varias décadas después.
El primer verso de la estrofa 43 guarda un paralelismo casi perfecto con el primero de la anterior, lo que refuerza su carga dramática. Sin embargo, el contenido es más confuso y ambiguo. Los verbos y el determinante posesivo «tu» no sabemos si se refieren a ella, agonizando en un «lecho de espinas», o al «corazón desesperado» del poeta. Parece que la interpretación más lógica es la que alude a ella. «Tu pecado» y «tu conciencia» parecen referirse a que la mujer abandonó al yo poético, esto es, Teresa a Espronceda. Se lo recrimina y, al tiempo, se lo persona. Entre la rabia y la cólera desbordada, lamenta la ruptura y más aún la muerte de ella. La expresión es muy dramática y plástica: «tus mismas manos de dolor mordiendo» y provocan un cierto estremecimiento lector. Las imágenes remiten a un dolor desbordado, de ella y de él, aunque por diversos motivos; ella, por morir; él, por perderla.
La última octava real, la 43, es un ejemplo perfecto de ironía y sarcasmo en dosis dramáticas. Por primera vez utiliza el verbo en primera persona del plural, cuando ya sabemos que eso no es posible, pues ella ya ha muerto. Todos los elementos parecen positivos, optimistas, felices: el «mundo hermoso» es una «cristalina esfera» que gira irradiando luz y alegría. El sol y la primavera también ayudan a este aparente estado de dicha sin fin, pues nadie lo puede detener. La exclamación «¡bella es la vida!» Da la medida de esta exaltación dichosa. Pero de repente, descubrimos los verdaderos sentimientos del yo poético cuando, en el penúltimo verso, son desvela que sólo era una «risa» ficticia que tapa su «dolor profundo»; la antítesis entre ambos sustantivos es muy viva y da cuenta del dolor irreparable. La suspensión del verso deja al lector en ascuas, como preguntándose a dónde se dirige el pensamiento del poeta.
E inmediatamente, el último verso nos presenta un sarcasmo amargo, pero irónico, pues su sentido es el contrario de la interpretación literal: «Que haya un cadáver más, ¿qué importa al mundo?» Es un modo, por parte del yo poético, de expresarnos que a él sí le importa, y mucho, pues está arrasado por el dolor de la pérdida. No todo sigue igual, no sigue la fiesta «del mundo hermoso que al placer convida», porque, sencillamente, ella sólo es un cadáver. Y él, un alma dolorida e inconsolable.
5. Contextualización
José de Espronceda Delgado (Almendralejo, Badajoz, 1808 – Madrid, 1842) es un estupendo escritor romántico español que la muerte arrebató en plena madurez creativa. De su vida sólo nos interesa recordar su amor fulminante y, al fin, malogrado, por Teresa Mancha, una joven que había conocido en Lisboa, en el exilio, en 1827. Tras un romance con sus altibajos, ella se casó con otro hombre en 1830. Después del regreso del exilio francés, Teresa abandonó definitivamente a Espronceda en 1838. Poco después, en 1839, ella moriría.
La obra de Espronceda es variada. En prosa escribió: ensayo, artículos periodísticos y una novela histórica, Sancho Saldaña. En poesía nos dejó la magnífica leyenda El estudiante de Salamanca; y un variado y sugerente volumen de canciones del más puro estilo romántico, en el más noble y auténtico sentido del término. Uno de sus títulos poéticos más importantes es El diablo mundo (1840-1841, publicado por entregas), poema de largo aliento e inconcluso debido a su muerte prematura.
6. Interpretación y valoración
Espronceda viajó y vivió en el extranjero, por lo que su conocimiento de la literatura romántica europea del primer cuarto del siglo XIX es exacto, puntual y de primera mano. La crítica considera que para componer su obra se inspiró en obras del mismo tenor de Lord Byron, Goethe, Voltaire y nuestro Calderón de la Barca. Se puede observar que estos autores nos dejaron importantes obras de tono filosófico en las que se discuten los límites de la existencia, el sentido de la vida, la difícil separación entre realidad y sueño, la frustración inherente al ser humano, el amor como fuente de felicidad y amargura, la muerte como destino final (de ahí la segunda oportunidad luciferina), la cuestión de la fe religiosa en el más allá, etc. Conviene recordar que Espronceda murió con 34 años; a esa edad ya había completado un ciclo literario –más específicamente, poético– de gran calidad y envergadura.
Observando la temática anterior, deducimos que la ambición artística de Espronceda es, pues, de gran fuste. Y la obra, inconclusa como está, es admirable y estimable. Nuestra impresión es que Espronceda no ha merecido toda la atención que merece sus magníficas composiciones. Estamos ante un poeta con unos hallazgos duraderos, con un excelente dominio de la métrica, el lenguaje y la retórica, y con una originalidad acusada. Más allá de su «Canción del pirata», que de niños hemos declamado de memoria en las etapas infantiles de la escuela, existe un Espronceda hondo, sentido, auténtico y con gran sentido artístico.
Los rasgos caracterizadores de la poesía romántica se aprecian muy bien en este extracto del «Canto a Teresa», y que a continuación sintetizamos:
-Subjetividad intensa: el escritor se centra en su yo, en sus acciones y sentimientos como persona. El grupo no recibe atención; normalmente la sociedad, «el mundo», como dice Espronceda, es percibido como un enemigo, una fuerza opositora y hostil al desarrollo del poeta.
-Intimismo: el mundo interior es mucho más importante que el exterior; las acciones externas carecen de la relevancia que sí poseen las internas. La vida íntima y personal, también privada, de la persona, del poeta, es el foco literario.
-Emotividad y sentimentalismo: los sentimientos y emociones adquieren la máxima relevancia. Las acciones, muchas veces mecánicas, no adquieren la hondura de los sentimientos, verdadero reflejo de la persona.
-Amor y muerte: son los dos grandes focos temáticos de los escritores románticos. El amor es metáfora de la felicidad y de la dicha; la muerte lo es del dolor y la angustia. Cuando la muerte es la de la persona amada, como ocurre en el poema que comentamos, el dolor se multiplica y su expresión artística es honda y expansiva.
-Comunión con la naturaleza: los elementos naturales (árboles, ríos, aves, anochecer, ruinas de edificios arrumbados, etc.) entran en diálogo con el yo poético. Son como el espejo del alma del poeta, donde se reflejan sus dichas y desdichas, sus momentos de felicidad y de angustia. En este poema de Espronceda se puede percibir perfectamente este aspecto en prácticamente cada una de las estrofas que comentamos.
–Rebeldía e inconformismo: el artística romántico se siente incomprendido por el mundo. Piensa de sí que es un ser superior, dotado de un genio artístico que lo hace distinto y espiritualmente más elevado que la media de los mortales. Se rebela contra el mundo, que lo desprecia o lo margina, pero sin resultados, porque el mundo sigue sin él. De ahí que en la literatura romántica abunde la protesta más bien existencial y, al tiempo, el desprecio por el mundo, visto como vulgar y adocenado.
–Exaltación de la libertad: tanto física como espiritual. El artista romántico, con una elevada imagen de sí mismo, reivindica su derecho a vivir y sentir como estima oportuno, fuera de normas y convenciones. A nivel artístico, por ejemplo, esto se refleja en el rechazo a los cánones y usos clásicos heredados y la propensión a la experimentación y búsqueda de nuevos moldes artísticos.
Con el «Canto a Teresa», Espronceda nos ha regalado un bellísimo ejemplo de elegía poética. Se han maridado perfectamente el clasicismo de la forma elegíaca, vertida en magníficas octavas reales, y un contenido romántico muy bien moldeado: intimidad subjetiva desvelada, comunión con la naturaleza, sentimientos predominando por encima de razonamientos, etc. Este canto debe figurar, sin duda alguna, entre lo más hermoso de la poesía elegíaca de la literatura universal.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Se puede tomar una estrofa o el conjunto de ellas).
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el contenido del poema y expresa su tema en una sola oración compendiosa.
2) Establece los apartados temáticos o bloques de contenido que aprecies en el mismo.
3) Estable la estructura métrica utilizada, para lo que has de contar el número de sílabas por verso y verificar su rima.
4) Analiza los rasgos naturales y establece cómo se relacionan con los sentimientos del yo poético.
5) Localiza y explica los recursos estilísticos que aparecen en el poema y cómo contribuyen a crear significación.
6) Indica los rasgos románticos que aprecies en el poema.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Documéntate sobre la vida de José de Espronceda y relaciona el contenido del poema con la vicisitud más próxima al contenido del poema.
2) ¿Cómo apreciamos el choque entre yo / el mundo?
3) ¿Por qué el poeta utiliza el recurso de la antítesis con bastante frecuencia?
4) En este poema, ¿predominan los razonamientos o la expresión de los sentimientos?
5) ¿Qué sentimientos manifiesta el yo poético hacia la mujer amada?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Realiza un póster o presentación electrónica sobre la vida y la obra de José de Espronceda. Los medios TIC serían muy útiles, así como dibujos y fotografías alusivas al contenido.
2) Transforma en prosa el contenido del poema, bien literaria, o bien en un texto argumentativo.
3) ¿Es la naturaleza un medio adecuado para entender los sentimientos de uno mismo? Establece analogías entre aquella y estos.
4) Se puede realizar una declamación de este poema u otros del autor en la clase, acompañado de música o imágenes alusivas.

José Zorrilla: «Don Juan Tenorio»; análisis y propuesta didáctica

JOSÉ ZORRILLA: DON JUAN TENORIO
  1. ANÁLISIS
José Zorrilla (Valladolid, 1817 – Madrid, 1893) es uno de los más destacados y célebres escritores españoles del período romántico. Tocó todos los géneros literarios con gran fortuna y acierto, pues sus dotes creativas eran impresionantes. Sin embargo, ha sido en el ámbito de las leyendas históricas –en verso— y en el teatro donde dejó sus frutos más granados y populares.
Aquí analizaremos Don Juan Tenorio (1844), su obra más célebre y reconocida. Este drama en verso –por eso se le denomina también poema dramático– recrea el mito de don Juan, creado por otro insigne dramaturgo barroco, Tirso de Molina, con su obra El burlador de Sevilla y convidado de piedra (1630). Zorrilla no es original en la temática abordada, pero sí en el tono y el tratamiento del asunto principal: ¿tiene derecho a la salvación divina un crápula desvergonzado? Tirso de Molina, aplicando estricta justicia poética, piensa que no; Zorrilla, más convencional, opina que sí. De ahí la diferencia diametralmente opuesta en los desenlaces: Tirso lo manda a los infiernos; Zorrilla lo envía al cielo con doña Inés. El lector puede elegir el desenlace más razonable, aunque siempre será polémico.
El mito de don Juan es una aportación mayor y sustanciosa de la literatura española al arte universal. Atrae y fascina a creadores y público como un imán; parece como si todos quisiéramos compartir un poco de su personalidad; como si fuera una tentación irresistible abrazar una vida licenciosa, sin límites morales de ningún tipo y vociferando a los cuatro vientos sus atropellos y crímenes de toda laya. Pero la esencia del mito no es tan fácil de sustanciar y su tratamiento artístico puede caer fácilmente en la convencionalidad, la superficialidad o la intrascendencia, como ha ocurrido muchas veces, sobre todo en el teatro español de principios del S. XX. El novelista y ensayista Gonzalo Torrente Ballester (Ferrol, 1910 – Salamanca, 1999) ha dedicado certeros e iluminadores artículos a este asunto; y él mismo aborda el mito con enorme originalidad y coherencia en su novela Don Juan (Barcelona: Destino, 1963).
La ambientación de la acción es muy cautivadora: Sevilla, 1545; un lugar y un momento en plena ebullición, con el tráfico de personas y el comercio de Indias en pleno desarrollo. Don Luis Megía y don Juan Tenorio quedan en la taberna de Butarelli para hacer balance, según habían convenido un año antes, de sus tropelías contra hombres y mujeres. Don Juan es claro vencedor numérico en cuanto a hombres muertos y mujeres burladas, deshonradas o engañadas. También asisten, embozados, el padre de don Juan y de doña Inés, joven recluida en un convento y destinada a ser esposa del conquistador. Este, con engaños y trampas, seduce a la futura esposa de don Luis y luego, con la ayuda de monjas venales, le hace llegar una carta a doña Inés, declarándole su amor y su intención de raptarla y llevársela a su finca a orillas del Guadalquivir. En efecto, realiza este plan; de noche, a la orilla del río, ambos se declaran enamorados. Pero don Luis y don Gonzalo de Ulloa, el comendador, padre de doña Inés, lo siguen hasta allí con ánimo de venganza. Luchan y don Juan mata a ambos contendientes, al primero de un pistoletazo y al segundo de una estocada.  Le echa la culpa a los cielos para buscar alivio a su conciencia. Acto seguido huye a Italia para escapar de la justicia. Hasta aquí, la primera parte del drama, desplegada en cuatro actos.
La segunda parte tiene lugar en el mismo lugar, cinco años después. Don Juan ha regresado y se encuentra que su finca se ha convertido en un cementerio donde yacen a los que él mató más doña Inés, lo que lo turba profundamente. El escultor que talla las estatuas de los muertos lo explica lo que ha pasado. Don Juan invita a una cena a sus viejos amigos el capitán Centellas y Avellaneda, personajes tronados más cercanos al miles gloriosus que a hombres decentes. Las sombras y las estatuas de las tumbas cobran vida y también desean participar en ese convite. Don Juan, temerario y con público, lo acepta.
Centellas y don Juan discuten, de modo que este mata al bravucón y su amigo; son sus últimas víctimas. Todo se complica cuando el espíritu de don Gonzalo, a través de la estatua, toma a don Juan para enviarlo a los infiernos. Justo en ese instante interviene el espíritu de doña Inés, que ha implorado a la divinidad la salvación del alma del conquistador, comprometiendo ella su propio destino para garantizar el arrepentimiento de él; en efecto, así ocurre en el último momento. Esta segunda parte despliega la acción en tres actos tan trepidantes como en la primera.
La pieza, escrita en verso con una perfección más que notable, posee un ritmo sostenido y frenético. Los diálogos, sustanciosos y muy expresivos, cautivan al oyente de principio a fin. Por estas razones, su éxito inmediato se ha sostenido, con sus altibajos, hasta nuestros días.
Los personajes están dibujados con nitidez. A cambio, son planos por completo. Desde su primera intervención hasta la última, hacen lo que se supone que deben realizar, sin titubeos ni melindres; acaso se escapa un poco doña Inés de este baile preestablecido de personajes. En este sentido, todo es algo previsible, lo que le resta sorpresa al argumento.
La personalidad de don Juan es cautivadora para el público, entre lo repulsivo y lo atractivo. ¿A quién no le apetece hacer lo que le da la gana sin reparar en daños ni consecuencias de ningún tipo? ¿Que unas quedan deshonradas y engañadas? Poco importa. ¿Que otros pierden su hacienda, su reputación o su vida? Es lo mismo. Don Juan hace lo que le apetece de un modo u otro. Ciutti, su criado, le aplaude y cubre sus fechorías.
Don Juan también blasfema y vocifera que no teme a Dios, hasta el último momento, que se arrepiente e implora ayuda para salvar su alma de las llamas del infierno. Este acto de cobardía final, de inconsecuencia con sus baladronadas vociferadas a los cuatro vientos en la taberna de Butarelli, simplemente, lo descalifican. Don Juan, en fin, no es tan temerario y blasfemo como había voceado. Su actuación cobardica final lo rebaja a poco más que un bufón rico, un impostor, eso sí, guapo, con buena labia y habilidoso con la espada.
La interpretación de don Juan y el mito que encarna ha recibido decenas de interpretaciones: desde que arrastra traumas infantiles a que sus tendencias sexuales son más bien ambiguas, pasando por su carácter blasfemo y arrojado, etc. La verdad es que el personaje del seductor-embaucador, bien mirado, no es para tanto. Sin embargo, desde el punto de vista artístico el mito es fascinante e inagotable.
En el caso de Zorrilla, el manejo tan habilidoso y virtuoso del lenguaje y los procedimientos expresivos hacen de su pieza una obra tremendamente atractiva, entretenida y, por momentos, fascinante. Los personajes hablan con una honda expresividad y soltura, lo que contribuye mucho al gusto por esta pieza romántica de arriba abajo. Manejan el lenguaje con una eficacia asombrosa, tanto para declarar intenciones y pensamientos, cuanto para persuadir a su interlocutor, como hace don Juan con doña Inés, o con Brígida, etc. La construcción dramática es perfecta: el ritmo es sostenido, in crescendo, la intriga perfectamente dosificada, los espacios y el tiempo de desarrollo de la acción contribuyen a la creación de una atmósfera inquietante, y por ello mismo sugerente.
Tabernas, conventos, finca al lado del Guadalquivir, cementerio, etc., son espacios intencionadamente lúgubres y desazonadores; los momentos nocturnos, las sombras que se mueven, las estatuas que hablan y buscan venganza, etc., contribuyen a esa ambientación romántica y un poco aparatosa. No por casualidad, el romanticismo español puso sus ojos en el drama clásico barroco como fuente de inspiración: personajes heroicos y un poco desenfrenados, ambientes lúgubres e inquietantes, y una pregunta existencial y metafísica que planea sobre toda la obra –¿qué pasará con este individuo cuando muera? ¿Logrará salvar su alma?– son los rasgos compartidos por los artistas barrocos y románticos.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) ¿Sobre qué habían apostado don Luis y su contrincante don Juan? ¿Quién «vence»?
2) ¿Quiénes y por qué asisten embozados, en la taberna de Butarelli, al inquietante diálogo entre los dos conquistadores?
3) ¿Qué papel juega Brígida en el asunto del convento?
4) ¿Cómo logra seducir don Juan a doña Ana? ¿Qué consecuencias acarrea?
5) ¿Cómo reacciona doña Inés cuando se topa con don Juan cara a cara?
6) ¿Qué ocurre en la finca de don Juan al lado del Guadalquivir?
7) La antigua finca de don Juan, ¿qué es ahora? ¿Qué ha ocurrido para que pase eso?
8) Don Gonzalo, en estatua, ¿qué pretende?
9) Explica el papel del capitán Centellas en el banquete final.
10) ¿Quién salva el alma de don Juan? ¿Por qué?
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Don Juan, ¿posee principios morales? Razona
2) Explica cuáles son las víctimas directas de los atropellos del conquistador.
3) La apuesta con don Luis, ¿es lógica? ¿Cómo podemos calificar la conducta de estos dos bravucones?
4) Don Juan, ¿llega a sentir auténtico amor por alguien a lo largo de la obra?
5) ¿Cómo apreciamos el papel de la honra en los personajes del drama?
6) Analiza la psicología de doña Inés y valora su comportamiento.
7) Explica los posibles rasgos de dominio del hombre sobre la mujer en este drama.
2.3 Comentario de texto específico
(Escena X del acto IV de la 1.ª parte)
DICHOS y DON LUIS, soltando una carcajada de burla
LUIS.-Muy bien, don Juan.                             1 
JUAN.-                      ¡Vive Dios! 
GONZALO.-¿Quién es ese hombre? 
LUIS.-                   Un testigo 
de su miedo, y un amigo,
Comendador, para vos.                                         5
JUAN.-¡Don Luis! 
LUIS.-              Ya he visto bastante, 
don Juan, para conocer
cuál uso puedes hacer
de tu valor arrogante;
y quien hiere por detrás                                       10
y se humilla en la ocasión,
es tan vil como el ladrón
que roba y huye
JUAN.-              ¿Esto más?  
LUIS.-Y pues la ira soberana  
de Dios junta, como ves,                                      15
al padre de doña Inés
y al vengador de doña Ana,
mira el fin que aquí te espera
cuando a igual tiempo te alcanza,
aquí dentro su venganza                                     20
y la justicia allá fuera.
GONZALO.-¡Oh! Ahora comprendo… ¿Sois vos 
el que…?
LUIS.-               Soy don Luis Mejía, 
a quien a tiempo os envía
por vuestra venganza Dios.                                25
JUAN.-¡Basta, pues, de tal suplicio! 
Si con hacienda y honor
ni os muestro ni doy valor
a mi franco sacrificio
y la leal solicitud                                               30
con que ofrezco cuanto puedo
tomáis, ¡vive Dios!, por miedo
y os mofáis de mi virtud,
os acepto el que me dais
plazo breve y perentorio,                                   35
para mostrarme el Tenorio
de cuyo valor dudáis.
LUIS.-Sea; y cae a nuestros pies, 
digno al menos de esa fama
que por tan bravo te aclama.                              40
JUAN.-Y venza el infierno, pues. 
Ulloa, pues mi alma así
vuelves a hundir en el vicio,
cuando Dios me llame a juicio,
tú responderás por mí.                                         45
(Le da un pistoletazo.)
GONZALO.-¡Asesino! (Cae.) 
JUAN.-          Y tú, insensato, 
que me llamas vil ladrón,
di en prueba de tu razón
que cara a cara te mato.
(Riñen, y le da una estocada.)
LUIS.- ¡Jesús! (Cae.)
JUAN.-            Tarde tu fe ciega                     50 
acude al cielo, Mejía,
y no fue por culpa mía;
pero la justicia llega,
y a fe que ha de ver quién soy.
CIUTTI.- (Dentro.)
¿Don Juan?
JUAN.- (Asomando al balcón.) 
                        ¿Quién es?                                 55
CIUTTI.-                   Por aquí;
salvaos.
JUAN.-                ¿Hay paso? 
CIUTTI.- Sí;
arrojaos.
JUAN.-                  Allá voy. 
Llamé al cielo y no me oyó,
y pues sus puertas me cierra,
de mis pasos en la tierra                                60
responda el cielo, y no yo.
(Se arroja por el balcón, y se le oye caer en el agua del río, al
mismo tiempo que el ruido de los remos muestra la rapidez del
barco en que parte; se oyen golpes en las puertas de la
habitación, poco después entra la justicia, soldados, etc.)
a) Comprensión lectora
1) Resume el texto (100 palabras).
2) Analiza física y psicológicamente a los personajes.
3) Determina el lugar y el tiempo en que ocurre la acción.
4) Explica la métrica del fragmento.
5) Localiza y explica los recursos estilísticos que aparecen en la obra.
6) ¿A quién le echa la culpa don Juan de sus crímenes?
b) Interpretación
1) ¿Por qué estos personajes han llegado a esa situación?
2) ¿Cómo podemos calificar el comportamiento de don Juan?
3) ¿Qué papel juega la venganza en estos personajes?
4) Ciutti, ¿ocupa un papel relevante en este fragmento?
5) Don Juan, ¿tiene remordimientos por sus crímenes?
2.4. Fomento de la creatividad
1)  Elabora un póster o presentación con medios informáticos sobre la vida y la obra de Juan Zorrilla, o sobre las distintas versiones del Don Juan.
2) Inventa una historia de un don Juan moderno, con el desarrollo y el final que estimes justo.
3) Realizar una lectura dramatizada o poner en escena toda o parte de la obra es un excelente ejercicio creativo.
4) Si tú fueras don Juan, o doña Inés, ¿cómo reaccionarías ante la actitud del otro o la otra?
5) Analiza si en nuestro mundo actual son posibles y toleradas o tolerables actitudes como la de don Juan.
6) ¿Por qué el personaje del mito ejerce tanta fascinación entre la gente? Escribe un ensayo sobre el asunto.

Mariano José de Larra: «Artículos. La Nochebuena de 1836»; análisis y propuesta didáctica

MARIANO JOSÉ DE LARRA: ARTÍCULOS («La Nochebuena de 1836. Yo y mi diario. Delirios filosóficos«) 

El número 24 me es fatal: si tuviera que probarlo diría que en día 24 nací. Doce veces al año amanece sin embargo un día 24; soy supersticioso, porque el corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer; sin duda por esa razón creen los amantes, los casados y los pueblos a sus ídolos, a sus consortes y a sus Gobiernos, y una de mis supersticiones consiste en creer que no puede haber para mí un día 24 bueno. El día 23 es siempre en mi calendario víspera de desgracia, y a imitación de aquel jefe de policía ruso que mandaba tener prontas las bombas las vísperas de incendios, así yo desde el 23 me prevengo para el siguiente día de sufrimiento y resignación, y, en dando las doce, ni tomo vaso en mi mano por no romperle, ni apunto carta por no perderla, ni enamoro a mujer porque no me diga que sí, pues en punto a amores tengo otra superstición: imagino que la mayor desgracia que a un hombre le puede suceder es que una mujer le diga que le quiere. Si no la cree es un tormento, y si la cree… ¡Bienaventurado aquel a quien la mujer dice «no quiero», porque ése a lo menos oye la verdad!
El último día 23 del año 1836 acababa de expirar en la muestra de mi péndola, y consecuente en mis principios supersticiosos, ya estaba yo agachado esperando el aguacero y sin poder conciliar el sueño. Así pasé las horas de la noche, más largas para el triste desvelado que una guerra civil; hasta que por fin la mañana vino con paso de intervención, es decir, lentísimamente, a teñir de púrpura y rosa las cortinas de mi estancia.
El día anterior había sido hermoso, y no sé por qué me daba el corazón que el día 24 había de ser «día de agua». Fue peor todavía: amaneció nevando. Miré el termómetro y marcaba muchos grados bajo cero; como el crédito del Estado.
Resuelto a no moverme porque tuviera que hacerlo todo la suerte este mes, incliné la frente, cargada como el cielo de nubes frías, apoyé los codos en mi mesa y paré tal que cualquiera me hubiera reconocido por escritor público en tiempo de libertad de imprenta, o me hubiera tenido por miliciano nacional citado para un ejercicio. Ora vagaba mi vista sobre la multitud de artículos y folletos que yacen empezados y no acabados ha más de seis meses sobre mi mesa, y de que sólo existen los títulos, como esos nichos preparados en los cementerios que no aguardan más que el cadáver; comparación exacta, porque en cada artículo entierro una esperanza o una ilusión. Ora volvía los ojos a los cristales de mi balcón; veíalos empañados y como llorosos por dentro; los vapores condensados se deslizaban a manera de lágrimas a lo largo del diáfano cristal; así se empaña la vida, pensaba; así el frío exterior del mundo condensa las penas en el interior del hombre, así caen gota a gota las lágrimas sobre el corazón. Los que ven de fuera los cristales los ven tersos y brillantes; los que ven sólo los rostros los ven alegres y serenos…
Haré merced a mis lectores de las más de mis meditaciones; no hay periódicos bastantes en Madrid, acaso no hay lectores bastantes tampoco. ¡Dichoso el que tiene oficina! ¡Dichoso el empleado aun sin sueldo o sin cobrarlo, que es lo mismo! Al menos no está obligado a pensar, puede fumar, puede leer la Gaceta.
–¡Las cuatro! ¡La comida! –me dijo una voz de criado, una voz de entonación servil y sumisa; en el hombre que sirve hasta la voz parece pedir permiso para sonar.
Esta palabra me sacó de mi estupor, e involuntariamente iba a exclamar como don Quijote: «Come, Sancho hijo, come, tú que no eres caballero andante y que naciste para comer»; porque al fin los filósofos, es decir, los desgraciados, podemos no comer, pero ¡los criados de los filósofos! Una idea más luminosa me ocurrió: era día de Navidad. Me acordé de que en sus famosas saturnales los romanos trocaban los papeles y que los esclavos podían decir la verdad a sus amos. Costumbre humilde, digna del cristianismo. Miré a mi criado y dije para mí: «Esta noche me dirás la verdad». Saqué de mi gaveta unas monedas; tenían el busto de los monarcas de España: cualquiera diría que son retratos; sin embargo, eran artículos de periódico. Las miré con orgullo:
–Come y bebe de mis artículos –añadí con desprecio–; sólo en esa forma, sólo por medio de esa estratagema se pueden meter los artículos en el cuerpo de ciertas gentes.
Una risa estúpida se dibujó en la fisonomía de aquel ser que los naturalistas han tenido la bondad de llamar racional sólo porque lo han visto hombre. Mi criado se rió. Era aquella risa el demonio de la gula que reconocía su campo.
Tercié la capa, calé el sombrero y en la calle.
¿Qué es un aniversario? Acaso un error de fecha. Si no se hubiera compartido el año en trescientos sesenta y cinco días, ¿qué sería de nuestro aniversario? Pero al pueblo le han dicho: «Hoy es un aniversario», y el pueblo ha respondido: «Pues si es un aniversario, comamos, y comamos doble». ¿Por qué come hoy más que ayer? O ayer pasó hambre u hoy pasará indigestión. Miserable humanidad, destinada siempre a quedarse más acá o ir más allá.
Hace mil ochocientos treinta y seis años nació el Redentor del mundo; nació el que no reconoce principio y el que no reconoce fin; nació para morir. ¡Sublime misterio!
¿Hay misterio que celebrar? «Pues comamos», dice el hombre; no dice: «Reflexionemos». El vientre es el encargado de cumplir con las grandes solemnidades. El hombre tiene que recurrir a la materia para pagar las deudas del espíritu. ¡Argumento terrible en favor del alma!
Para ir desde mi casa al teatro es preciso pasar por la plaza tan indispensablemente como es preciso pasar por el dolor para ir desde la cuna al sepulcro. Montones de comestibles acumulados, risa y algazara, compra y venta, sobras por todas partes y alegría. No pudo menos de ocurrirme la idea de Bilbao: figuróseme ver de pronto que se alzaba por entre las montañas de víveres una frente altísima y extenuada; una mano seca y roída llevaba a una boca cárdena, y negra de morder cartuchos, un manojo de laurel sangriento. Y aquella boca no hablaba. Pero el rostro entero se dirigía a los bulliciosos liberales de Madrid, que traficaban. Era horrible el contraste de la fisonomía escuálida y de los rostros alegres. Era la reconvención y la culpa, aquélla agria y severa, ésta indiferente y descarada.
Todos aquellos víveres han sido aquí traídos de distintas provincias para la colación cristiana de una capital. En una cena de ayuno se come una ciudad a las demás.
¡Las cinco! Hora del teatro: el telón se levanta a la vista de un pueblo palpitante y bullicioso. Dos comedias de circunstancias, o yo estoy loco. Una representación en que los hombres son mujeres y las mujeres hombres. He aquí nuestra época y nuestras costumbres. Los hombres ya no saben sino hablar como las mujeres, en congresos y en corrillos. Y las mujeres son hombres, ellas son las únicas que conquistan. Segunda comedia: un novio que no ve el logro de su esperanza; ese novio es el pueblo español: no se casa con un solo Gobierno con quien no tenga que reñir al día siguiente. Es el matrimonio repetido al infinito.
Pero las orgías llaman a los ciudadanos. Ciérranse las puertas, ábrense las cocinas. Dos horas, tres horas, y yo rondo de calle en calle a merced de mis pensamientos. La luz que ilumina los banquetes viene a herir mis ojos por las rendijas de los balcones; el ruido de los panderos y de la bacanal que estremece los pisos y las vidrieras se abre paso hasta mis sentidos y entra en ellos como cuña a mano, rompiendo y desbaratando.
Las doce van a dar: las campanas que ha dejado la junta de enajenación en el aire, y que en estar en el aire se parecen a todas nuestras cosas, citan a los cristianos al oficio divino. ¿Qué es esto? ¿Va a expirar el 24 y no me ha ocurrido en él más contratiempo que mi mal humor de todos los días? Pero mi criado me espera en mi casa como espera la cuba al catador, llena de vino; mis artículos hechos moneda, mi moneda hecha mosto se ha apoderado del imbécil como imaginé, y el asturiano ya no es hombre; es todo verdad.
Mi criado tiene de mesa lo cuadrado y el estar en talla al alcance de la mano. Por tanto es un mueble cómodo; su color es el que indica la ausencia completa de aquello con que se piensa, es decir, que es bueno; las manos se confundirían con los pies, si no fuera por los zapatos y porque anda casualmente sobre los últimos; a imitación de la mayor parte de los hombres, tiene orejas que están a uno y otro lado de la cabeza como los floreros en una consola, de adorno, o como los balcones figurados, por donde no entra ni sale nada; también tiene dos ojos en la cara; él cree ver con ellos, ¡qué chasco se lleva! A pesar de esta pintura, todavía sería difícil reconocerle entre la multitud, porque al fin no es sino un ejemplar de la grande edición hecha por la Providencia de la humanidad, y que yo comparo de buena gana con las que suelen hacer los autores: algunos ejemplares de regalo finos y bien empastados; el surtido todo igual, ordinario y a la rústica.
Mi criado pertenece al surtido. Pero la Providencia, que se vale para humillar a los soberbios de los instrumentos más humildes, me reservaba en él mi mal rato del día 24. La verdad me esperaba en él y era preciso oírla de sus labios impuros. La verdad es como el agua filtrada, que no llega a los labios sino al través del cieno. Me abrió mi criado, y no tardé en reconocer su estado.
–Aparta, imbécil –exclamé empujando suavemente aquel cuerpo sin alma que en uno de sus columpios se venía sobre mí–. ¡Oiga! Está ebrio. ¡Pobre muchacho! ¡Da lástima!
Me entré de rondón a mi estancia; pero el cuerpo me siguió con un rumor sordo e interrumpido; una vez dentro los dos, su aliento desigual y sus movimientos violentos apagaron la luz; una bocanada de aire colada por la puerta al abrirme cerró la de mi habitación, y quedamos dentro casi a oscuras yo y mi criado, es decir, la verdad y Fígaro, aquélla en figura de hombre beodo arrimada a los pies de mi cama para no vacilar y yo a su cabecera, buscando inútilmente un fósforo que nos iluminase.
Dos ojos brillaban como dos llamas fatídicas en frente de mí; no sé por qué misterio mi criado encontró entonces, y de repente, voz y palabras, y habló y raciocinó; misterios más raros se han visto acreditados; los fabulistas hacen hablar a los animales, ¿por qué no he de hacer yo hablar a mi criado? Oradores conozco yo de quienes hace algún tiempo no hubiera hecho una pintura más favorable que de mi astur y que han roto sin embargo a hablar, y los oye el mundo y los escucha, y nadie se admira.
En fin, yo cuento un hecho; tal me ha pasado; yo no escribo para los que dudan de mi veracidad; el que no quiera creerme puede doblar la hoja, eso se ahorrará tal vez de fastidio; pero una voz salió de mi criado, y entre ella y la mía se estableció el siguiente diálogo:
–Lástima –dijo la voz, repitiendo mi piadosa exclamación–. ¿Y por qué me has de tener lástima, escritor? Yo a ti, ya lo entiendo.
–¿Tú a mí? –pregunté sobrecogido ya por un terror supersticioso; y es que la voz empezaba a decir verdad.
–Escucha: tú vienes triste como de costumbre; yo estoy más alegre que suelo. ¿Por qué ese color pálido, ese rostro deshecho, esas hondas y verdes ojeras que ilumino con mi luz al abrirte todas las noches? ¿Por qué esa distracción constante y esas palabras vagas e interrumpidas de que sorprendo todos los días fragmentos errantes sobre tus labios? ¿Por qué te vuelves y te revuelves en tu mullido lecho como un criminal, acostado con su remordimiento, en tanto que yo ronco sobre mi tosca tarima? ¿Quién debe tener lástima a quién? No pareces criminal; la justicia no te prende al menos; verdad es que la justicia no prende sino a los pequeños criminales, a los que roban con ganzúas o a los que matan con puñal; pero a los que arrebatan el sosiego de una familia seduciendo a la mujer casada o a la hija honesta, a los que roban con los naipes en la mano, a los que matan una existencia con una palabra dicha al oído, con una carta cerrada, a esos ni los llama la sociedad criminales, ni la justicia los prende, porque la víctima no arroja sangre, ni manifiesta herida, sino agoniza lentamente consumida por el veneno de la pasión que su verdugo le ha propinado. ¡Qué de tísicos han muerto asesinados por una infiel, por un ingrato, por un calumniador! Los entierran; dicen que la cura no ha alcanzado y que los médicos no la entendieron. Pero la puñalada hipócrita alcanzó e hirió el corazón. Tú acaso eres de esos criminales y hay un acusador dentro de ti, y ese frac elegante y esa media de seda, y ese chaleco de tisú de oro que yo te he visto son tus armas maldecidas.
–Silencio, hombre borracho.
–No; has de oír al vino una vez que habla. Acaso ese oro que a fuer de elegante has ganado en tu sarao y que vuelcas con indiferencia sobre tu tocador es el precio del honor de una familia. Acaso ese billete que desdoblas es un anónimo embustero que va a separar de ti para siempre la mujer que adorabas; acaso es una prueba de la ingratitud de ella o de su perfidia. Más de uno te he visto morder y despedazar con tus uñas y tus dientes en los momentos en que el buen tono cede el paso a la pasión y a la sociedad.
»Tú buscas la felicidad en el corazón humano, y para eso le destrozas, hozando en él, como quien remueve la tierra en busca de un tesoro. Yo nada busco, y el desengaño no me espera a la vuelta de la esperanza. Tú eres literato y escritor, y ¡qué tormentos no te hace pasar tu amor propio, ajado diariamente por la indiferencia de unos, por la envidia de otros, por el rencor de muchos! Preciado de gracioso, harías reír a costa de un amigo, si amigos hubiera, y no quieres tener remordimiento. Hombre de partido, haces la guerra a otro partido; a cada vencimiento es una humillación, o compras la victoria demasiado cara para gozar de ella. Ofendes y no quieres tener enemigos. ¿A mí quién me calumnia? ¿Quién me conoce? Tú me pagas un salario bastante a cubrir mis necesidades; a ti te paga el mundo como paga a los demás que le sirven. Te llamas liberal y despreocupado, y el día que te apoderes del látigo azotarás como te han azotado. Los hombres de mundo os llamáis hombres de honor y de carácter, y a cada suceso nuevo cambiáis de opinión, apostatáis de vuestros principios. Despedazado siempre por la sed de gloria, inconsecuencia rara, despreciarás acaso a aquellos para quienes escribes y reclamas con el incensario en la mano su adulación; adulas a tus lectores para ser de ellos adulado; y eres también despedazado por el temor, y no sabes si mañana irás a coger tus laureles a las Baleares o a un calabozo.
–¡Basta, basta!
–Concluyo; yo en fin no tengo necesidades; tú, a pesar de tus riquezas, acaso tendrás que someterte mañana a un usurero para un capricho innecesario, porque vosotros tragáis oro, o para un banquete de vanidad en que cada bocado es un tósigo. Tú lees día y noche buscando la verdad en los libros hoja por hoja, y sufres de no encontrarla ni escrita. Ente ridículo, bailas sin alegría; tu movimiento turbulento es el movimiento de la llama, que, sin gozar ella, quema. Cuando yo necesito de mujeres echo mano de mi salario y las encuentro, fieles por más de un cuarto de hora; tú echas mano de tu corazón, y vas y lo arrojas a los pies de la primera que pasa, y no quieres que lo pise y lo lastime, y le entregas ese depósito sin conocerla. Confías tu tesoro a cualquiera por su linda cara, y crees porque quieres; y si mañana tu tesoro desaparece, llamas ladrón al depositario, debiendo llamarte imprudente y necio a ti mismo.
–Por piedad, déjame, voz del infierno.
–Concluyo: inventas palabras y haces de ellas sentimientos, ciencias, artes, objetos de existencia. ¡Política, gloria, saber, poder, riqueza, amistad, amor! Y cuando descubres que son palabras, blasfemas y maldices. En tanto el pobre asturiano come, bebe y duerme, y nadie le engaña, y, si no es feliz, no es desgraciado, no es al menos hombre de mundo, ni ambicioso ni elegante, ni literato ni enamorado. Ten lástima ahora del pobre asturiano. Tú me mandas, pero no te mandas a ti mismo. Tenme lástima, literato. Yo estoy ebrio de vino, es verdad; pero tú lo estás de deseos y de impotencia…!
Un ronco sonido terminó el diálogo; el cuerpo, cansado del esfuerzo, había caído al suelo; el órgano de la Providencia había callado, y el asturiano roncaba. «¡Ahora te conozco –exclamé– día 24!»
Una lágrima preñada de horror y de desesperación surcaba mi mejilla, ajada ya por el dolor. A la mañana, amo y criado yacían, aquél en el lecho, éste en el suelo. El primero tenía todavía abiertos los ojos y los clavaba con delirio y con delicia en una caja amarilla donde se leía «mañana». ¿Llegará ese «mañana» fatídico? ¿Qué encerraba la caja? En tanto, la noche buena era pasada, y el mundo todo, a mis barbas, cuando hablaba de ella, la seguía llamando noche buena.
El Redactor General, n.º 42, 26 de diciembre de 1836.
Fuente: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-nochebuena-de-1836-yo-y-mi-criado-delirio-filosofico–0/html/ff797966-82b1-11df-acc7-002185ce6064_1.html

 

1. ANÁLISIS
Mariano José de Larra (Madrid, 1809 – 1837) es uno de los más sobresalientes ensayistas españoles, y no sólo del Romanticismo, período cultural en el que desarrolló su obra. Esta es, por fuerza, breve, pues apenas vivió 26 años. Su desafortunada vida sentimental –fracasó su primer matrimonio con Josefa Wertoret, con quien tuvo tres hijos, y unos años después fue abandonado por la mujer que amaba, Dolores Armijo— y su pesimismo existencial, político y social sobre el progreso de España fueron las causas principales de su suicidio a edad tan temprana. Sin duda, fue una grave pérdida para las letras españolas que no dejaremos de lamentar.
Aparte de una novela histórica (El doncel de don Enrique el doliente) y un drama también histórico sobre el mismo personaje (Macías), Larra se dedicó intensamente, desde muy joven, a la composición y divulgación en la prensa periódica –a veces, fundador él mismo de esas publicaciones– de artículos de costumbres, literarios y sociopolíticos. Aunque su pensamiento evolucionó con el tiempo, Larra mantuvo posturas liberales, progresistas y comprometidas con la construcción de una sociedad más educada, culta y equitativa.
Vamos a analizar el último artículo publicado en vida por Larra, «La Nochebuena de 1836»; adoptaremos dos puntos de vista distintos, el plano de la expresión y el del contenido:
  1. Plano de la expresión
Podríamos dividir el texto en tres partes: una introducción, donde Larra explica qué asunto va a abordar, una amplia segunda parte, en forma de diálogo (pero desequilibrado, pues casi siempre habla el ayo) entre el autor y su criado innominado; y una pequeña conclusión cerrando el coloquio. Ofrecemos unas notas sobre el lenguaje, técnica y estilo usados por Larra.
No podemos dejar de hacer una breve alusión al título, harto significativo y cargado de connotaciones aparentemente positivas, pero luego se tornan lúgubres y pesimistas. El diálogo que inventa Larra es muy ingenioso: se desdobla a sí mismo. Es un procedimiento muy eficaz para lograr una crítica o autocrítica espeluznante por su sinceridad. Habla de «delirios» filosóficos, es decir, quimeras, deseos frustrados sin perspectiva de realización.
Desde la perspectiva estilística, la primera nota sobresaliente es el de la riqueza léxica; la significación está muy matizada y, frecuentemente, poetizada: deja abiertas significaciones, vía ironía y sarcasmo, hacia una interpretación más amarga y triste de la fiesta navideña. Cuando habla el criado, la expresión es rápida y contundente, para no dejar lugar a equívocos o falsas indulgencias. Las expresiones desbordan vitalismo y pesimismo, siempre muy pasionales. La intención es transmitir al lector una idea exacta de las turbaciones de aquel espíritu romántico y bastante atormentado. Otra nota estilística es la perfecta estructuración enunciativa o coherencia expositiva que domina el discurso. El lector avanza en la lectura sabiendo qué y cómo puede interpretar el contenido.
Larra acude a la ridiculización de ideas y actitudes comunes en su tiempo para criticar implacablemente los vicios sociales (amos que dan dinero a los criados para que se emborrachen, mujeres fieles por un cuarto de hora como símbolo del amor, etc.). Aquí podemos ver el entronque cervantino de Larra, del que se citan párrafos más o menos literales. Se puede afirmar que Larra señala el camino al periodismo moderno: argumentativo, intertextual, contemporáneo, muy cuidadoso en su estilo, subjetivo y original.
  1. Plano del contenido
«En cada artículo entierro una esperanza o una ilusión». En esta cita se aprecian amarguras de su vida pública, como periodista, literato y político –fue elegido diputado en 1836, aunque nunca pudo tomar posesión de su silla–, y también de su vida más privada e íntima. ¿Y qué esperanza o ilusión muere en este artículo? Responderemos a esta cuestión a continuación.
Larra fue un gran viajero. Recorrió buena parte de Europa en su infancia y juventud; su padre, afrancesado, se estableció en Francia unos años. Larra visitó Inglaterra y otros países en un viaje de 1835. La contemplación de la vida nacional española es comparatista y perspectivista, pues otros países europeos le sirven de espejo en que mirar la realidad nacional.
Gran observador, de pluma ágil, a Larra se le considera un escritor romántico: idealista, creyente en la ensoñación de amor puro e inmarcesible, etc. Al no alcanzar estas cotas de felicidad elevada, es decir, respuestas a sus ansias de felicidad personal y armonía y progreso social, tanto en la vida pública como en la privada, opta por un fin dramático. En cuanto a su pensamiento político, de su exaltación juvenil conservadora pasa a un liberalismo maduro; cuando comprende el grado de corrupción política y el mangoneo de los poderosos desemboca en un pesimismo trágico.
Su vida privada sentimental, en la que cifraba grandes esperanzas de hombre romántico. Sus ansias de felicidad amorosa recibieron un doble revés al fracasar su matrimonio con Josefa Wertoret y su relación don Dolores Armijo, de quien estaba hondamente enamorado. Podemos apreciar, entonces, este doble desencanto irresoluble.
Larra escribe: «El corazón del hombre necesita creer en algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer». Podemos ver cómo el autor confiesa su necesidad de creer en ideas o ideales que sustenten su vida. El problema es que si estos fracasan o resultan falsos, la propia vida se tambalea porque adquiere tintes de farsa grotesca.
Algo más abajo afirma: «La mayor desgracia que a un hombre le puede suceder es que una mujer le diga que le quiere. Si no la cree es un tormento, y si la cree… ¡Bienaventurado aquel a quien la mujer dice «no quiero» porque ese a lo menos oye la verdad!». Su desencanto amoroso es muy perceptible, lacerante y destructivo. Dolores, su amor imposible, lo abandona para siempre –de hecho, ella viajará a Manila para reencontrarse con su marido–. A Larra se le frustran todas sus esperanzas y se siente víctima de un engaño.
En otro momento de su artículo, enuncia: «El vientre es el encargado de cumplir con las grandes solemnidades. El hombre tiene que recurrir a la materia para pagar las deudas del espíritu». Su pesimismo religioso y su desesperanza emocional son aquí bien visibles. El hombre se consuela transformando los ideales e ilusiones espirituales en actos materiales de satisfacción de necesidades básicas. Evidentemente, esto lo disgusta y, silenciosamente, lo empujan al rechazo de estas celebraciones, como la Nochebuena. El aislamiento social y emocional son evidentes.
El criado le espeta: «Te llamas liberal y despreocupado, y el día que te apoderes del látigo, azotarás como te han azotado». Bien podemos entender que Larra se lo reprocha a sí mismo. Es un acto de autocrítica de una tremenda y seguramente peligrosa honestidad. Larra plantea agudamente si existe realmente la libertad, incluso para esos que la reclaman vehementemente, o sólo es un pretexto para acceder al poder y perpetuar el dominio de unos hombres sobre otros.
El criado, un tanto cínico, sostiene: «Cuando yo necesito de mujeres, echo mano de mi salario y las encuentro, fieles por más de un cuarto de hora». Esta es la segunda reflexión sobre el amor en este artículo. La amargura de estas palabras no oculta que Larra creyó en el amor idealizado, romántico, eterno. pero todo eso murió de golpe con el rechazo de la mujer amada.
Una última cita nos permite apreciar la hondura de su desilusión. El criado, borracho, resume: «Concluyo: inventas palabras y haces de ellas sentimientos… ¡política, gloria, saber, poder, riqueza, amistad, amor! Y cuando descubres que son palabras, blasfemas y te maldices. Yo estoy ebrio de vino, es verdad, pero tú lo estás de deseos y de impotencias». Estas son las últimas palabras de su criado –es decir, de Larra contra sí mismo–, llenas de verdad y tragedia, de dolor y amargura ante su abrumadora realidad.
Ahora podemos responder a la cuestión que antes planteábamos sobre qué esperanza moría en este artículo. Larra entierra la esperanza de la felicidad, de la redención, de la fe en sí mismo y en la sociedad. Ahora podemos comprender, no sin dolor, que al mes y medio de escribir este artículo Larra optara por quitarse la vida. Sus fracasos sentimentales y sus desilusiones sociopolíticas lo arrastraron a una situación existencial trágica.
Este último artículo de Larra posee una gran originalidad literaria –luego, Gil de Biedma, elegiría una fórmula parecida en el poema «Contra Jaime Gil de Biedma» para criticar y burlarse de sí mismo, sus miserias y debilidades— y una enorme hondura existencial. Es el testamento de un hombre muy joven, desilusionado y amargado que no encuentra salida para sus angustias.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el contenido del texto.
2) Señala su idea principal o tema.
3) Distingue los apartados temáticos o las secciones de contenido que estructuran su desarrollo.
4) Explica los rasgos estilísticos más importantes (léxico, recursos expresivos, tipos de oración, planteamiento del tema en un diálogo-monólogo entre dos personas allegadas…).
5) Indica cómo aparecen en el texto el narrador y los personajes.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Documéntate y señala las características básicas del subgénero en prosa conocido como ensayo.
2) Indica las características románticas del texto y del autor.
3) ¿Por qué Larra se va abocado a esta situación tan triste y desesperada? Señala elementos subjetivos y objetivos, es decir, se su vida privada y de la situación española de la época.
4) ¿Cómo apreciamos en el texto la idea del amor como algo inmarcesible, ideal e imposible, llave, sin embargo, de toda felicidad?
5) El criado, en realidad, ¿a quién representa? De otro modo, lo que dice, ¿son pensamientos del propio Larra?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Escribe una carta a Larra dándole razones para que cambie de posición y aprecie los aspectos positivos de la vida.
2) Realiza una línea del tiempo con la vida de Larra donde se aprecie sus vicisitudes y se comprenda su viaje hacia el pesimismo más radical y pesimista.
3) Transforma el ensayo en una pequeña representación teatral. Se puede modificar el final si se estima adecuado y coherente.

G.A. Bécquer: «¿De dónde vengo?» (Rima LXVI); análisis y propuesta didáctica

ANÁLISIS Y PROPUESTA DIDÁCTICA SOBRE G. A. BÉCQUER: RIMA LXVI
¿De dónde vengo?… El más horrible y áspero  1
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;
los despojos de un alma hecha jirones                5
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.
¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,                                              10
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas;
en donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,                                            15
allí estará mi tumba.
  1. ANÁLISIS DEL POEMA
1. Resumen
Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836 – Madrid, 1870) es el más importante poeta del Romanticismo español. Bécquer encarna el espíritu romántico en la literatura española de una manera definitiva y clara. Se ha considerado un romántico tardío, pues, en efecto, cuando inicia y desarrolla su producción literaria, el Romanticismo ya estaba finalizando yel realismo se abría paso con fuerza en el panorama literario español.
Estamos ante uno de los poemas más bellos, estremecedores y profundos de la poesía de Bécquer. Romántico tardío, Bécquer supo dar forma literaria a emociones eternas y comunes a todos los humanos; imprime a sus poemas tal fuerza plástica que hace que “veamos” lo que nos quiere transmitir; al acabar la lectura, queda como una fotografía del contenido en nuestro cerebro, aún conmovido por la belleza verbal de estos diamantes poéticos.
Bécquer publicó separadamente sus poemas en distintos medios de comunicación, como periódicos y revistas. Cuando la muerte lo sorprendió no había logrado recogerlos todos en una edición única, aunque había iniciado esta tarea con su famoso manuscrito El libro de los gorriones. Fueron sus amigos quienes póstumamente recogieron la producción literaria del poeta hispalense en el ya famoso título de Rimas; la primera inicio se remonta a 1871.
Este poema posee un tono reflexivo, precisamente sobre la vida humana. El primer aspecto que llama la atención es el diálogo, casi monólogo, que el yo poético establece con el lector. Las dos interrogaciones, casi retóricas, que abren las dos estrofas enmarcan el tema de modo rotundo y preciso: el poeta reflexiona sobre sus doloridos origen y su destino, su pasado y su futuro; él lo expresa con dos metonimias muy visuales: “cuna” y “tumba” (ambas son la última palabra de cada estrofa, con toda su densa y destacada significación); es un modo de buscar sentido al presente, a la vida entera y al hecho de vivir. Procedemos el dolor, desde el día que nacemos; vivimos rodeados de sufrimiento, hasta el día que morimos; luego, la soledad y el olvido para la eternidad.
2. Temas del poema
Lo podemos enunciar de dos modo, según incidamos en el tono reflexivo, o en el existencial:
-Reflexión amarga sobre la vida humana, dominada por el dolor y el abandono.
-El camino vital se reduce a una trayectoria de sufrimiento que solo cesa con la muerte, coronada por la soledad eterna.
3. Apartados temáticos
El poema posee dos secciones de contenido claramente separadas, pues coinciden con las dos estrofas. Así, tenemos:
-Primer apartado (primera estrofa, vv. 1-8): el sujeto lírico piensa y evoca su origen. Se remonta a su infancia y se proyecta hacia el presente. De su pasado solo puede recordar un camino lleno de dolor, unos pies destrozados y un alma deshilachada por el sufrimiento.
-Segundo apartado (segunda, estrofa, vv. 9-16): el sujeto lírico mira hacia su futuro, intuyéndolo. Encuentra, un páramo, brumas, un valle y una piedra, que es su tumba. Aquí solo hay olvido, soledad y eternidad fría y desolada.
4. Métrica y rima
La construcción métrica y de rima se ajusta a los moldes más queridos de Bécquer: combinación de versos endecasílabos y heptasílabos con rima asonante romanceada. El esquema: 11 -, 7 a, 11 -, 7 a, 11 – , 7 a, 7 -, 7 a. La rima en u-a, con esa extraña combinación de una vocal cerrada velar con la central abierta, es decir, opuestas entre sí, evoca muy bien el contenido triste y doliente del poema. Es como una analogía del contenido negativo del poema.
5. Comentario estilístico
El poema es un diálogo reflexivo (aunque con un pie en el monólogo, pues solo habla el sujeto lírico) sobre la esencia de la trayectoria vital, centrada en el sujeto lírico. Las formas verbales del imperativo singular (“busca” (v. 2) en la primera estrofa, y “cruza” (v. 10) en la segunda) señalan muy bien ese tono dialógico como apagado que envuelve todo el poema; el interlocutor, que somos nosotros, lectores, escucha la respuesta a preguntas que él mismo se ha hecho en bastantes ocasiones. El efecto es que el lector se zambulle en el poema gracias a un difuso lazo de confidencialidad o intimidad compartida que establece con el yo poético.
La primera estrofa orbita alrededor de los campos semánticos del dolor, principalmente del alma (“hecha jirones”, nos dice de ella, es decir, despedazada); las causas, las prefiere omitir, aunque las podemos imaginar: desengaños, fracasos y reveses provocados por las “zarzas agudas” (metáfora de experiencias negativas) de la vida son sus causantes. Conociendo la vida de Bécquer, bien lo podemos entender: vida sentimental turbulenta entre infidelidades, pobreza económica y ausencia de reconocimiento de su valía artística son las marcas que “el más horrible y áspero” de los caminos (metáfora de su trayectoria vital) dejó en su vida.
La segunda estrofa se centra en la soledad, el abandono y la muerte. “Páramos”, “valle”, “piedra”, “olvido” y “tumba” son los sustantivos que aportan más significación; todos ellos transmiten desolación y muerte, olvido y abandono. La metáfora personificada del penúltimo verso transmite una poderosa imagen de extinción estremecida: “donde habite el olvido” (recordemos que otro poeta sevillano de la Generación del 27, Luis Cernuda, lo tomó como título y asunto de otro célebre poema).
La adjetivación es, sencillamente, prodigiosa. Los adjetivos imprimen un poder sensorial, especialmente visual, a los sustantivos que acompañan que hace que sobren más explicaciones. El camino es “horrible y áspero”; los pies, “ensangrentados”; la roca, “dura”; y las zarzas, “agudas”. Son los objetos (elementos naturales todos ellos) que, con sus calificativos correspondientes, transmiten sufrimiento a duras penas contenido. Se refieren a la vista, al tacto y al efecto emocional, subjetivo, del propio yo poético. En la segunda estrofa, el tono se intensifica y los adjetivos son algo más conceptuales: el páramo es “sombrío” y “triste”; las nieves y las brumas, “eternas” y “melancólicas”; la piedra, “solitaria”. Ahora, la imagen que envuelve toda la estrofa nos trasmite soledad, desolación y fin último.
La construcción del poema descansa en el acertado manejo de elementos naturales. En la primera estrofa, el lector ha de andar un “sendero” entre rocas y zarzas. En la segunda, ha de cruzar un “páramo” y un “valle” sombríos, brumosos y solitarios. El manejo de la naturaleza para expresar el estado de ánimo es propio de los creadores románticos, pero Bécquer lo hace con tal naturalidad y acierto (imposible no pensar en el imponente Moncayo, Veruela, Monte de la Ánimas, Noviercas, etc., en la provincia de Soria y algo en la fronteriza Zaragosa) que fusiona su intimidad doliente con la naturaleza, en este caso, hostil y dura.
El paralelismo entre las dos estrofas (con los correspondientes bimembraciones de adjetivos, hipérbatos y encabalgamientos) es de una asombrosa perfección. Imprimen una musicalidad casi diríamos que fúnebre.
6. Contextualización autorial
Bécquer es, sin duda, el gran poeta romántico español. Lo más paradójico y llamativo es que inicia su producción poética cuando se apagaban los últimos rescoldos románticos. Se le ha llamado poeta “tardorromántico” (junto con la insigne Rosalía de Castro), y con mucha propiedad. En un momento en que el realismo, con su observación minuciosa de la realidad, sobre todo la sórdida, y el triunfo de los valores burgueses, Bécquer presenta una poesía subjetiva, lírica y vibrante.
Acaso por eso pasó sin pena ni gloria entre sus contemporáneos. Se ha destacado como influencias destacadas en Bécquer la de la poesía popular tradicional andaluza y la romántica alemana (especialmente, la del poeta H. Heine). Ambos componentes son importantes y contribuyeron a la concentraciónexpresiva, la relativa sencillez compositiva y el sesgo intimista y dramático de sus composiciones. Resumimos brevemente los rasgos de la poesía romántica, bien verificables en este poema (se pueden encontrar más explicitados, en este mismo blog, en otros análisis de otros poemas de Bécquer):
-Subjetividad: el yo prima por encima de toda otra consideración. La contemplación del mundo y sus circunstancias gira en torno a la persona del poeta, que se interesa sobre todo por expresar su individualidad, en general, en choque con el mundo. Se aprecia muy bien en el empleo de los verbos en primera persona.
-Intimismo: frente a la exterioridad y el grupo, al poeta le interesa su interioridad y el modo de encajar su persona en una sociedad, en general, hostil.
-Sentimentalidad: el mundo de las emociones es más interesante que el de las observaciones o de las acciones. El poeta se centra principalmente en escuchar, ordenar y transmitir poéticamente sus sentimientos.
-Empleo cómplice de la naturaleza: distintos elementos naturales sirven para expresar un estado de ánimo, sea el que fuere. Aquí, hemos visto las zarzas, las brumas, un camino, los páramos, etc. sirven para expresar la desolación existencial.
-Cierta rebeldía y exaltación de la libertad: en este poema apenas se manifiesta en cuanto al fondo. En la forma, podemos apreciar cómo Bécquer combina versos y rimas de distinto ámbito, rompiendo con los moldes clásicos, para crear poemas brillantes y vibrantes.
7. Interpretación y valoración
Estamos ante un hermoso y estremecedor poema que nos permite “ver” el recorrido existencial del poeta a través de una naturaleza abrupta y desolada. La contemplación de su vida pasada y futura por parte del sujeto lírico es amarga. Solo ve dolor en su pasado y atisba abandono y olvido para su futuro. La estructura del poema es muy bella, gracias a su simplicidad, paralelismo perfecto y un extraño acompasamiento entre fondo y forma.
Como siempre en Bécquer: sencillez, transparencia y autenticidad nos regalan una joya literaria atemporal y profunda.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el contenido (sobre 100 palabras).
2) Escribe en una columna los sustantivos, en otra los adjetivos y en otra el sentimiento que evocan. Se apreciará cómo los elementos naturales sirven para resaltar el dolor y la soledad en cada una de las partes.
3) Localiza una docena de recursos estilísticos, sobre todo los de repetición, y cómo sirven para reforzar el tono existencial del poema.
4) Señala cómo se logra gramaticalmente el efecto de diálogo, indicando quiénes hablan.
5) Explica el significado de «cuna» y «tumba» en el contexto del poema.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué sentido tienen las oraciones interrogativas al principio de cada estrofa?
2) Localiza en el poema la palabra «alma» e indica a quién representa.
3) «Donde habite el olvido» (v. 15) es una personificación metaforizada muy célebre. Indica su significación más profunda.
2.3. Fomento de la creatividad
a) Busca una música y unas imágenes adecuadas (de paisaje, por ejemplo) para un recitado declamatorio, a modo de diaporama.
b) Indaga sobre la vida de Bécquer y, en concreto, su desafortunado matrimonio con Casta Esteban y establecer hasta qué punto su vida está recogida en el poema.
c) Transforma el contenido del poema en un relato o breve pieza dramática, de forma libre.
b) Su hermano Valeriano Bécquer era pintor: busca cuadros de él, o de otros pintores románticos, cuyos paisajes encajen con la naturaleza presentada en el poema.

Bécquer: Rima IV («No digáis que, agotado su tesoro,…»); análisis y propuesta didáctica

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER: “RIMA IV” (“NO DIGÁIS QUE, AGOTADO SU TESORO, …”)
[1] No digáis que, agotado su tesoro,                         1
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.
[2] Mientras las ondas de la luz al beso                  5
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,                                          10
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
[3] Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo       15
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!                                                        20
[4] Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza                      25
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
[5] Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,                                          30
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,             35
¡habrá poesía!
 1. ANÁLISIS
Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836 – Madrid, 1870) es el más importante poeta del Romanticismo español. Bécquer encarna el espíritu romántico en la literatura española de una manera definitiva y clara. Se ha considerado un romántico tardío, pues, en efecto, cuando inicia y desarrolla su producción literaria, el Romanticismo ya estaba finalizando y el realismo se abría paso con fuerza en el panorama literario español.
Bécquer publicó separadamente sus poemas en distintos medios de comunicación, como periódicos y revistas. Cuando la muerte lo sorprendió no había logrado recogerlos todos en una edición única, aunque había iniciado esta tarea con su famoso manuscrito El libro de los gorriones. Fueron sus amigos quienes póstumamente recogieron la producción literaria del poeta hispalense en el ya famoso título de Rimas; la primera inicio se remonta a 1871. Ahora nos vamos a ocupar de la rima IV (“No digáis que, agotado su tesoro,”). Pertenece a la primera sección de contenido, según la clásica división de su poemario en cuatro secciones (1.- metapoética o reflexiva sobre los fundamentos de la poesía; 2.- celebración del amor correspondido; 3.- expresión del fracaso amoroso; 4.- intuición y certeza de la muerte y la disolución final). Como apuntamos previamente, en la sección primera, se encuadran los poemas que expresan una reflexión sobre la naturaleza de la poesía, del lenguaje poético y de la inspiración del artista.
1. Resumen
Estamos ante un poema sorprendente y sugerente de nuestro magnífico poeta posromántico. Nuestro gran Bécquer reflexiona, argumenta y defiende, a la manera poética, la prevalencia y pervivencia de la poesía. Ésta es vista como un modo de entender la realidad (metonimizada en la naturaleza y la primavera), como un instrumento de comprensión del hombre, o como un procedimiento de aprehender la esencia del sentimiento amoroso. De modo que el poema no sólo expresa la fe en la poesía, sino que razona persuasivamente en pro de su permanencia eterna.
2. Temas
Los temas más importantes del poema son:
– Reivindicación de la belleza poesía como una realidad eterna, más allá de las vicisitudes temporales.
– El misterio, el amor y las contradicciones son las fuentes de la poesía; como aquellas son realidades permanentes, también así será la poesía, que es emoción en palabras.
3. Apartados temáticos
Podemos establecer las siguientes secciones temáticas:
– Introducción (primera estrofa, vv. 1-4): Afirmación rotunda de la poesía como una realidad eterna e indestructible.
– Desarrollo de carácter casi argumentativo (estrofas 2-5, vv. 5-36 y final) Aduce razones de por qué la poesía siempre permanecerá. En cada una de las estrofas aporta una razón, formando un subapartado específico:
– En la segunda nos recuerda la belleza y variedad de la naturaleza, no fácilmente entendible por los sentidos; comprime este significado en el verso «mientras haya en el mundo primavera».
– La tercera estrofa alude a los misterios y cosas naturales que muchas veces se ignoran o que la razón científica no alcanza a explicar; como en la estrofa anterior, lo resume en el penúltimo verso: «mientras haya un misterio para el hombre».
– La cuarta estrofa se refiere al comportamiento del propio hombre, a veces incomprensible para nosotros mismos, pues no sabemos por qué actuamos de un modo determinado; lo vuelve a compendiar en el penúltimo verso de la estrofa: «mientras haya esperanzas y recuerdos».
– En la quinta y última estrofa aborda, cómo no, la belleza y el amor, razón más que suficiente para que perdure la poesía, como asevera en el penúltimo verso: «mientras exista una mujer hermosa».
4. Métrica y rima
La construcción del poema, como siempre en nuestro clásico, es cuidada, delicada, aparentemente sencilla y comunicativamente eficaz: cinco estrofas de ocho versos en una combinación de endecasílabos y heptasílabos, con rima asonante en los pares (romanceada, por tanto), dejando los impares libres (11 -, 7 a, 11 -, 7 a, 11 -, 7 a, 11 – , 7 a). Queda asegurada una musicalidad suave y fluyente que lleva al lector casi sin saberlo por el razonamiento poético.
5. Comentario estilístico
Como en muchas ocasiones en Bécquer, el yo poético establece un diálogo en sordina con los propios lectores. Queda claro en el primer verso: «No digáis que agotado…», en el que apela a un vosotros, que somos nosotros, lectores y compañeros de viaje de la existencia y de la afición a la poesía. La primera estrofa posee un carácter apodíctico, casi reivindicativo. Los dos últimos versos de la estrofa nos lo recuerda: «Podrá no haber poetas; pero siempre / habrá poesía». Precisamente, el último verso funcionará como estribillo de todo el poema, cerrando cada una de las estrofas; es un modo de reivindicar la continuidad de la poesía.
La primera estrofa no funciona como las siguientes. Posee sólo cuatro versos, con la estructura métrica de las demás, pero sólo con la mitad de los versos. Posee un carácter afirmativo, asertivo: primero niega y luego afirma en un tono severo y grave (es la única estrofa donde «habrá poesía», el estribillo, no está contenida en una oración exclamativa, sino afirmativa).
Los procedimientos paralelísticos (la anáfora inicial con «Mientras» al principio del primer verso de cada estrofa y después en el verso cinco (lo que nos recuerda el célebre poema gongorino) imprimen una cadencia melodiosa. Las metonimias juegan un papel de primer orden; así, en presentación sucesiva encontramos en cada estrofa: la propia poesía («lira»), elementos de la naturaleza («sol, nubes, aire»), componentes del razonamiento («ciencia, cálculo, misterio»), reacciones emocionales inexplicables (ríen, lloran, corazón, cabeza»), e indicadores del amor («ojos, labio, alma, mujer»).
Las personificaciones, también muy típicas de Bécquer, sirven para dotar de una potente expresividad al contenido: «Mientras se sienta que se ríe el alma, / sin que los labios rían» es un buen ejemplo de ello, pero estos se podrían multiplicar. La adjetivación es moderada, pues el asunto pide contención. Sólo casos aislados como «desgarradas nubes» nos recuerdan la plasticidad con que nuestro poeta hispalense sabe manejarlos y extraerles su médula significativa.
6. Contextualización autorial
Bécquer es, sin duda, el gran poeta romántico español. Lo más paradójico y llamativo es que inicia su producción poética cuando se apagaban los últimos rescoldos románticos. Se le ha llamado poeta “tardorromántico” (junto con la insigne Rosalía de Castro), y con mucha propiedad. En un momento en que el realismo, con su observación minuciosa de la realidad, sobre todo la sórdida, y el triunfo de los valores burgueses, Bécquer presenta una poesía subjetiva, lírica y vibrante. Acaso por eso pasó sin pena ni gloria entre sus contemporáneos. Se ha destacado como influencias destacadas en Bécquer la de la poesía popular tradicional andaluza y la romántica alemana (especialmente, la del poeta H. Heine). Ambos componentes son importantes y contribuyeron a la concentración expresiva, la relativa sencillez compositiva y el sesgo intimista y dramático de sus composiciones. Resumimos brevemente los rasgos de la poesía romántica, bien verificables en este poema (se pueden encontrar más explicitados, en este mismo blog, en otros análisis de otros poemas de Bécquer):
-Subjetividad: el yo prima por encima de toda otra consideración. La contemplación del mundo y sus circunstancias gira en torno a la persona del poeta, que se interesa sobre todo por expresar su individualidad, en general, en choque con el mundo. Se aprecia muy bien en el empleo de los verbos en primera persona.
-Intimismo: frente a la exterioridad y el grupo, al poeta le interesa su interioridad y el modo de encajar su persona en una sociedad, en general, hostil.
-Sentimentalidad: el mundo de las emociones es más interesante que el de las observaciones o de las acciones. El poeta se centra principalmente en escuchar, ordenar y transmitir poéticamente sus sentimientos.
-Empleo cómplice de la naturaleza: distintos elementos naturales sirven para expresar un estado de ánimo, sea el que fuere. Aquí, hemos visto cómo un ave, la golondrina, y una planta, la madreselva, sirven para expresar la amargura del abandono amoroso.
-Cierta rebeldía y exaltación de la libertad: en este poema apenas se manifiesta en cuanto al fondo. En la forma, podemos apreciar cómo Bécquer combina versos y rimas de distinto ámbito, rompiendo con los moldes clásicos, para crear poemas brillantes y vibrantes.
6. Interpretación y valoración
En síntesis, estamos ante un poema metaliterario en el que Bécquer se reafirma y confirma, apodícticamente, la presencia eterna de la poesía. El carácter casi argumentativo del mismo se camufla muy bien en un envoltorio sugerente y, en fin, persuasivo, de modo que los lectores, sin percibirlo, comparten opinión con el yo poético, repetida y recordada en el epifonema final de cada estrofa: «¡habrá poesía!». Nunca se defendió tan gallarda y pragmáticamente la importancia y durabilidad de la poesía.
Como ya hemos visto en otros poemas comentados de nuestro Bécquer, la aparente sencillez compositiva esconde un cuidado e intenso trabajo de elaboración literaria. El poeta levanta una arquitectura verbal en la que vemos las vigas maestras, pero, al mismo, tiempo, percibimos el resto de los elementos ornamentales y el edificio completo, auténtica perla literaria.La poesía de Bécquer no ha perdido nada de actualidad, a pesar del siglo y medio transcurrido desde su escritura porque posee tres raras y, por ello, preciosas cualidades, propias de la buena literatura: la autenticidad, la transparencia y la belleza formal.
2.  PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Explica la estructura métrica del poema: medida de los versos, rima, estrofa que forman.
2) Resume el contenido del poema. Indica cuál es la palabra más repetida, en qué posición del verso, cómo se denomina ese recurso y qué sentido tiene.
3) Atendiendo al contenido, indica los apartados temáticos o secciones de contenido en que se puede dividir el poema; observa la separación en estrofas.
4) Fuera de la primera estrofa, que indica el tema del poema, las otras desarrollan un asunto determinado. Los ofrecemos desordenados; ordénalos en su estrofa y justifica la respuesta. (Amor, contradicciones , angustia inexplicable y naturaleza).
5) Bécquer es un poeta romántico: aporta cuatro razones verificables en el poema que lo justifiquen.
6) ¿A qué grupo de los cuatro en que se dividen las rimas de Bécquer se puede adscribir ésta? ¿Por qué?
2.2. Interpretación y pensamiento crítico
a) Los recursos estilísticos conforman en gran medida la estructura significativa del poema. Localiza y explica los siguientes de modo que se aprecie la belleza verbal al servicio del contenido:
-Paralelismo:
-Anáfora:
-Apóstrofe:
-Exclamación retórica:
-Metáfora:
-Comparación o símil:
-Personificación o prosopopeya:
-Epifonema:
-Sinestesia:
b) Explica, según el contenido del poema, qué significa la poesía para Bécquer.
c) Según este poema, la razón o la ciencia, ¿dan cuenta de todo lo que el hombre necesita saber y expresar? ¿Cuál es tu opinión al respecto?
d) Bécquer  escribe: “mientras haya esperanzas y recuerdos, /¡habrá poesía!”  ¿Qué se deduce de esta afirmación tan categórica? Tú, en su lugar, ¿cómo habrías reaccionado?
e) Valora (de modo oral o escrito) el valor que Bécquer concede a la poesía; ¿conecta contigo?
2.3. Fomento de la creatividad
Te presentamos una noticia reciente (del periódico ABC de Sevilla, en edición digital) a propósito de Bécquer. Léela, coméntala con tus compañeros y responde:
-¿Qué buscan o pretenden quienes realizan este tipo de actos?
-Alguien que hubiera leído a Bécquer, ¿hubiera realizado esta acción vandálica?
-Valora desde un punto de vista cívico y ético los hechos narrados.
-Escritura creativa: a) elabora un ensayo sobre el contenido de la noticia (un título puede ser: «El vandalismo en nuestra sociedad: efectos y límites»); b) escribe una carta al director expresando tu punto vista; c) redacta un diálogo entre la estatua y sus atacantes, o un cuento sobre los hechos de la noticia con un final sorprendente; etc.
«Amputan los dedos a una estatua del monumento a Bécquer»
La Policía Local abre una investigación por daños por este acto de vandalismo a la glorieta recientemente restaurada
El monumento a Béquer en el Parque María Luisa con los dedos amputados
El monumento a Béquer en el Parque María Luisa con los dedos amputados – JUAN JOSÉ ÚBEDA
J. M. abcdesevilla Sevilla05/05/2017
Poco tiempo sin sufrir un nuevo acto vandálico ha podido lucir el monumento a Bécquer tras la restauración que culminó a finales del pasado año y que se inauguró el pasado diciembre. El monumento, uno de los más visitados del Parque de María Luisa, aparecía dañado esta mañana de viernes, en concreto, una de las esculturas del conjunto, a la que le habían amputado los dedos de una mano.
Detalle de la mano amputadaDetalle de la mano amputada– J.J.U.
Ante estos hechos, la Policía Local ha abierto una investigación, tras comprobar que los dedos de la mano de una de las esculturas del conjunto monumental fueron amputados y recogidos por Protección Civil para su restauración inmediata. En cualquier caso, los daños causados no son graves para el conjunto monumental, aunque la investigación seguirá su curso para intentar localizar a los responsables de este acto vandálico.
Las obras de restauración, que se culminaron a finales del pasado año, contemplaron la restauración completa y protección del conjunto histórico así como la recuperación de su entorno con un presupuesto de 55.000 euros.
Esta inversión se enmarcó dentro del plan de actuaciones llevado a cabo este año por parte del Ayuntamiento de Sevilla con cargo a los presupuestos de 2016 que se ha cerrado con 560.000 euros.
«Llamamiento» a la ciudadanía para encontrar al culpable
El director del Centro de Coordinación Operativa (Cecop) del Ayuntamiento de Sevilla, Rafael Pérez, ha hecho este viernes un «llamamiento» a la colaboración ciudadana, para recabar información sobre el «presumible acto de vandalismo» sobre grupo escultórico de la glorieta de Bécquer.
«Se han recuperado los dos dedos y eso es importante», ha expuesto, señalando que el Ayuntamiento realiza «un llamamiento» a la ciudadanía, para que todo aquel que haya «visto algo o sepa algo» con relación a este «presumible acto de vandalismo», lo ponga en conocimiento de las autoridades.
Fuente: J. M. – abcdesevilla Sevilla05/05/2017
(Advertencia: Esta reproducción sólo tiene fines didácticos y educativos, sin ningún tipo de uso comercial).

G. A. Bécquer: «Olas gigantes que os rompéis bramando» (Rima LII); análisis y propuesta didáctica

BÉCQUER – RIMA LII
Olas gigantes que os rompéis bramando             1
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!
Ráfagas de huracán que arrebatáis                       5
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!
Nube de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las sangrientas orlas,               10
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!
Llevadme, por piedad, a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme             15
con mi dolor a solas!
1. ANÁLISIS
1) Resumen
El poema trasmite una súplica desesperada del yo poético a tres elementos naturales fuertes, bravos, indomables, para que lo arrebaten y lo lleven muy lejos donde no vuelva a aparecer. En la primera estrofa insta a las «olas gigantes» de lugares lejanos que lo envuelvan y lo arrastren para siempre. En la segunda estrofa ruega a las «ráfagas de huracán» que lo arrastren con las hojas y le haga desaparecer. En la tercera estrofa apremia a la «nube de tempestad» que lo arrebate en la oscuridad y se lo lleve. La cuarta y última estrofa tiene un carácter explicativo. Quiere que pase eso porque no desea recordar más su pasado doloroso y aborrece seguir viviendo en una soledad hiriente.
2) Temas del poema
Los temas más importantes que plantea el poema son:
–Expresión del deseo vehemente de dejar de existir para no seguir sufriendo por el abandono y por el efecto perverso de la memoria.
–Ruego a los elementos naturales más salvajes para que le ayuden a desaparecer.
3) Apartados temáticos
El poema presenta dos apartados temáticos muy marcados:
a) El primero es el constituido por las tres primeras estrofas (vv. 1-12). Contienen la solicitud desesperada a tres fenómenos naturales salvajes para que lo arrebaten y lo hagan desaparecer de sobre la faz de la tierra. Dentro de ella se pueden apreciar tres subapartados, uno para cada estrofa, según el elemento natural al que apostrofa.
b) La última estrofa (vv. 13-16) es de naturaleza explicativa. Razona que desea desaparecer por  un dolor interno (que no especifica) y por la soledad que lo atenaza.
4) Análisis métrico y de la rima
Los dieciséis versos del poema se agrupan en cuatro estrofas de cuatro versos. Los tres primeros versos de cada estrofa son endecasílabos (11 sílabas), excepto el último, que es heptasílabo (7 sílabas). En todas las estrofas riman en asonante (ó-a) los versos pares ; los impares quedan libres. Estamos, pues, ante la rima del romance. Es muy común en Bécquer este tipo de estrofa, original suya, combinando la rima del romance, propia de la poesía tradicional, popular, anónima y colectiva, con la medida de los versos (11 y 7 sílabas) propia de la poesía culta italianizante, de sello garcilasista.
5) Comentario estilístico
El poema muestra una deliciosa armonía entre la sencillez y la profundidad, entre la transparencia y la hondura significativas. La disposición paralelística y repetitiva del contenido proporciona una musicalidad impactante en el lector. Ello se ve reforzado por las exclamaciones retóricas que, en sí mismas, encierran una personificación de dramático sentido. El recurso más eficaz del poema es la invocación o apóstrofe: el yo poético se dirige a tres elementos naturales («olas gigantes», «ráfagas de huracán» y «nube de tempestad») para que lo arrebeten y lo lleven donde nunca más pueda aparecer.
Los recursos de repetición también poseen un papel muy relevante: los paralelismos son especialmente llamativos y muestran una delicada y magnífica composición. Cada oración de cada una de las tres primeras estrofas presenta exactamente la misma estructura sintáctica: un grupo nominal en el primer verso, un complemento del nombre en el segundo, un complemento del nombre (referido al yo poético, en primera persona, que está elidido) en el tercer verso y un grupo verbal, en imperativo y entre exclamaciones que ocupa el cuarto verso; aquí la repetición retórica, paralelística es muy expresiva.
Pero las repeticiones no acaban ahí. La cuarta estrofa posee una estructura muy brillante y poéticamente hermosísima. Comienza con la repetición (y es la cuarta vez) del imperativo «Llevadme». A continuación se repite la expresión «Por piedad», la segunda vez en una estructura exclamativa, índice evidente del estado de desesperación del yo poético.
El siguiente recurso en importancia es la personificación. Se atribuyen a los elementos naturales más violentos y salvajes la capacidad de actuar con voluntad propia, por eso el yo poético se dirige a ellos y les ruega que se lo lleven. Se combinan con metáforas visuales de gran impacto, una adjetivación sensorial muy rica («olas gigantes», v.1; «alto bosque», v. 6,;»niebla oscura», v. 11; etc.).
Conviene insistir en el sentimiento de desesperación vital del poeta, en perfecta sintonía con unos elementos naturales –olas, ráfagas de huracán y nube de tempestad– que expresan el furor contenido, la angustia desbocada y el ansia por desaparecer de la faz de la tierra como único medio de evitar el dolor. La desesperación del yo poético lo empujan a una especie de nihilismo y de derrota existencial, de ahí que suplique a los potentes fenómenos naturales invocados que lo arrastren. La raíz de todo ello está en «mi dolor» (v. 16), provocado seguramente por desengaños y amarguras de orden sentimental y material.
La metáfora mas significativa aparece en la cuarta estrofa: «a donde el vértigo / con la razón me arranque la memoria» (vv. 13-14).  El dolor del yo poético es tan intenso que este pide al vértigo que le arranque la memoria, es decir, que extraiga de raíz la fuente de sus penas, de origen desconocido para nosotros.
El epifonema que cierra el poema imprime aún más dramatismo desesperado y nos da la clave de lectura: el yo poético no puede soportar el dolor en soledad. Esta rima procede del bloque cuarto, según la disposición temática clásica de sus poemas: en ellas el poeta expresa su calamitoso estado emocional, invadido por el dolor y la angustia vital. El espíritu romántico se aprecia muy bien en la intensa subjetividad, en la identificación del yo poético con la naturaleza, en el predominio de los elementos emocionales sobre los demás y en una moderada libertad métrica. La subjetividad del poema se percibe, entre otros medios, a través de los pronombres y los verbos conjugados en primera persona, como se aprecia bien en la última oración del poema: ¡Tengo miedo de quedarme /  con mi dolor a solas!» (vv. 13-14). En este sentido, esta última oración del poema, entre signos de exclamación, formando así un epifonema majestuoso y dramático, da la clave interpretativa del texto: soledad y dolor, producto de un abandono, es la fuente de sufrimiento del yo poético.
como hemos podido ver, en la poesía de Bécquer se aprecia un maridaje perfecto entre la transparencia de significación, la perfección formal y la emoción subjetiva.
6. Contextualización
Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836- Madrid, 1870) es el más alto poeta romántico español y uno de los más influyentes de la literatura española. Romántico tardío, apenas fue conocido como poeta en vida, pero tras su fallecimiento su obra ha ido ganando relevancia, influencia y popularidad, aspectos que pocas veces corren juntos. Sus Rimas se publicaron en un solo volumen, póstumamente, por sus amigos, en 1871; en distintas ediciones se han ido añadiendo nuevos poemas, olvidados en publicaciones de la época de escasa tirada.
7. Interpretación y valoración
Bécquer es un excelso poeta que supo transmitir en una poesía delicada, intimista y transparente emociones y movimientos del alma de gran transcendencia. Su poesía se inspira en la popular andaluza y en la romántica alemana (especialmente, del poeta Heine). La poesía de Bécquer es muy subjetiva, como romántico que es, pero muy depurada y contenida. Las emociones pasan por un filtro de depuración para eliminar exageraciones retóricas y declaraciones grandilocuentes y altisonantes. El manejo de la naturaleza como materia poética es otro punto de especial interés: Bécquer acude a los elementos naturales para expresar sus emociones (en este caso, de dolor desesperado).
La lectura del poema no deja indiferente al lector, pues lo conmueve y provoca en él un sentimiento de empatía hacia el yo poético. Y ello gracias a so valores de la buena poesía: la autenticidad y la extraña armonía entre expresión y contenido, entre fondo y forma. Por eso es apropiado afirmar que la rima LII es un diamante poético que fulge maravillosa y secretamente gracias a su belleza inagotable.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar de modo individual o en grupo, en clase o en casa; es recomendable el uso de las TIC para una mayor eficacia pedagógica. Debemos ser cuidadosos en que el comentario no degenere en una disección fría de objetos lingüísticos, lo que provocará el lógico hastío u hostilidad del alumno. De algún modo, deberíamos propiciar un acercamiento sensible, emocional y significativo (el asunto y la forma poética revelan belleza y nos habla de algo que nos afecta).
2.1. Comprensión lectora
1)  Resumen del contenido del poema (100 palabras).
2) Cada una de las tres primeras estrofas se centra en un aspecto de la naturaleza, violento y salvaje; en la última estrofa suplica: ¿qué?, ¿a quién?, ¿por qué? ¿Podemos deducir ahora su estado de ánimo?
3) Análisis métrico completo: medida silábica de los versos, rima y su tipo; crean un ritmo musical especial, ¿cómo es?
4) ¿Deseaba el poeta utilizar una estructura compleja y dificultosa al entendimiento, o sencilla y directa para el lector?
2.2. Análisis de los aspectos formales: explicación de recursos estilísticos que sirven para dotar de significación y expresividad al poema. En concreto:
a) Existe una personificación o prosopopeya que nuclea todo el poema porque el poeta anhela una intervención humana a realidades no humanas.
b) Las repeticiones adquieren mucha densididad conceptual.
c) Se reiteran las estructuras sintácticas en los mismos versos de distintas estrofas.
d) Las oraciones exclamativas adquieren especial significación –sobre todo, en los dos versos finales; busca el significado del recurso denominado epifonema–.
e) La adjetivación dota de un sentido intenso al contenido, como en «playas desiertas», «marchitas hojas».
f) Ciertos adjetivos aplicados a sustantivos concretos aportan expresividad, pero no nueva significación, como el aplicado a «niebla»; busca otros ejemplos y ofrece una explicación.
g) Aparecen fusionados conceptos relativos a sensaciones distintas, que se denomina sinestesia.
2.3. Interpretación y pensamiento analítico
a) Explicación de las características de la literatura romántica, tanto formales como de contenido que se presentan en el poema: subjetivismo, naturaleza, emociones, melancolía desesperada, etc.
b) Valoración personal: aquilatamos la calidad estética del poema, su actualidad, su expresividad a través de un marco formal determinado. ¿Algo que nos ha llamado especialmente  la atención?
c) La desesperación lleva al hombre a situaciones delicadas. ¿Cómo podemos huir de ella? Realiza propuestas constructivas.
3. Fomento de la creatividad
a) Escribe una carta a nuestro poeta Bécquer para que le ayude a salir de su negativo estado emocional.
b) Realiza o recopila fotografías que recojan las situaciones naturales que describe Bécquer y valora, con tus compañeros, su impacto e importancia para nosotros.
c) Transforma el contenido del poema en un texto literario en prosa, o en teatro, manteniendo la esencia del contenido.
d) Realiza una exposición sobre Bécquer y su poesía, empleando medios gráficos; elaborar un cartel físico o electrónico puede ser de gran ayuda.