H. C. Andersen: «Las cigüeñas»; análisis y propuesta didáctica

H. C. ANDERSEN: “Las cigüeñas”
Sobre el tejado de la casa más apartada de una aldea había un nido de cigüeñas. La cigüeña madre estaba posada en él, junto a sus cuatro polluelos, que asomaban las cabezas con sus piquitos negros, pues no se habían teñido aún de rojo. A poca distancia, sobre el vértice del tejado, permanecía el padre, erguido y tieso; tenía una pata recogida, para que no pudieran decir que el montar la guardia no resultaba fatigoso. Se hubiera dicho que era de palo, tal era su inmovilidad. «Da un gran tono el que mi mujer tenga una centinela junto al nido -pensaba-. Nadie puede saber que soy su marido. Seguramente pensará todo el mundo que me han puesto aquí de vigilante. Eso da mucha distinción». Y siguió de pie sobre una pata.
Abajo, en la calle, jugaba un grupo de chiquillos, y he aquí que, al darse cuenta de la presencia de las cigüeñas, el más atrevido rompió a cantar, acompañado luego por toda la tropa:
Cigüeña, cigüeña, vuélvete a tu tierra
más allá del valle y de la alta sierra.
Tu mujer se está quieta en el nido,
y todos sus polluelos se han dormido.
El primero morirá colgado,
el segundo chamuscado;
al tercero lo derribará el cazador
y el cuarto irá a parar al asador.
–¡Escucha lo que cantan los niños! –exclamaron los polluelos–. Cantan que nos van a colgar y a chamuscar.
–No os preocupéis –los tranquilizó la madre–. No les hagáis caso, dejadlos que canten.
Y los rapaces siguieron cantando a coro, mientras con los dedos señalaban a las cigüeñas burlándose; sólo uno de los muchachos, que se llamaba Perico, dijo que no estaba bien burlarse de aquellos animales, y se negó a tomar parte en el juego. Entretanto, la cigüeña madre seguía tranquilizando a sus pequeños:
–No os apuréis –les decía–, mirad qué tranquilo está vuestro padre, sosteniéndose sobre una pata.
–¡Oh, qué miedo tenemos! –exclamaron los pequeños escondiendo la cabecita en el nido.
Al día siguiente los chiquillos acudieron nuevamente a jugar, y, al ver las cigüeñas, se pusieron a cantar otra vez.
El primero morirá colgado,
el segundo chamuscado.
–¿De veras van a colgarnos y chamuscamos? –preguntaron los polluelos.
–¡No, claro que no! –dijo la madre–. Aprenderéis a volar, pues yo os enseñaré; luego nos iremos al prado, a visitar a las ranas. Veréis como se inclinan ante nosotras en el agua cantando: «¡coax, coax!»; y nos las zamparemos. ¡Qué bien vamos a pasarlo!
–¿Y después? –preguntaron los pequeños.
–Después nos reuniremos todas las cigüeñas de estos contornos y comenzarán los ejercicios de otoño. Hay que saber volar muy bien para entonces; la cosa tiene gran importancia, pues el que no sepa hacerlo como Dios manda, será muerto a picotazos por el general. Así que es cuestión de aplicaros, en cuanto la instrucción empiece.
–Pero después nos van a ensartar, como decían los chiquillos. Escucha, ya vuelven a cantarlo.
–¡Es a mí a quien debéis atender y no a ellos! –regañoles la madre cigüeña–. Cuando se hayan terminado los grandes ejercicios de otoño, emprenderemos el vuelo hacia tierras cálidas, lejos, muy lejos de aquí, cruzando valles y bosques. Iremos a Egipto, donde hay casas triangulares de piedra terminadas en punta, que se alzan hasta las nubes; se llaman pirámides, y son mucho más viejas de lo que una cigüeña puede imaginar. También hay un río, que se sale del cauce y convierte todo el país en un cenagal. Entonces, bajaremos al fango y nos hartaremos de ranas.
–¡Ajá! –exclamaron los polluelos.
–¡Sí, es magnífico! En todo el día no hace uno sino comer; y mientras nos damos allí tan buena vida, en estas tierras no hay una sola hoja en los árboles, y hace tanto frío que hasta las nubes se hielan, se resquebrajan y caen al suelo en pedacitos blancos. Se refería a la nieve, pero no sabía explicarse mejor.
–¿Y también esos chiquillos malos se hielan y rompen a pedazos? –Preguntaron los polluelos.
–No, no llegan a romperse, pero poco les falta, y tienen que estarse quietos en el cuarto oscuro; vosotros, en cambio, volaréis por aquellas tierras, donde crecen las flores y el sol lo inunda todo.
Transcurrió algún tiempo. Los polluelos habían crecido lo suficiente para poder incorporarse en el nido y dominar con la mirada un buen espacio a su alrededor. Y el padre acudía todas las mañanas provisto de sabrosas ranas, culebrillas y otras golosinas que encontraba. ¡Eran de ver las exhibiciones con que los obsequiaba! Inclinaba la cabeza hacia atrás, hasta la cola, castañeteaba con el pico cual si fuese una carraca y luego les contaba historias, todas acerca del cenagal.
–Bueno, ha llegado el momento de aprender a volar –dijo un buen día la madre, y los cuatro pollitos hubieron de salir al remate del tejado. ¡Cómo se tambaleaban, cómo se esforzaban en mantener el equilibrio con las alas, y cuán a punto estaban de caerse!–. ¡Fijaos en mí! –dijo la madre–. Debéis poner la cabeza así, y los pies así: ¡Un, dos, Un, dos! Así es como tenéis que comportaros en el mundo–. Y se lanzó a un breve vuelo, mientras los pequeños pegaban un saltito, con bastante torpeza, y ¡bum!, se cayeron, pues les pesaba mucho el cuerpo.
–¡No quiero volar! –protestó uno de los pequeños, encaramándose de nuevo al nido–. ¡Me es igual no ir a las tierras cálidas!
–¿Prefieres helarte aquí cuando llegue el invierno? ¿Estás conforme con que te cojan esos muchachotes y te cuelguen, te chamusquen y te asen? Bien, pues voy a llamarlos.
–¡Oh, no! –suplicó el polluelo, saltando otra vez al tejado, con los demás.
Al tercer día ya volaban un poquitín, con mucha destreza, y, creyéndose capaces de cernerse en el aire y mantenerse en él con las alas inmóviles, se lanzaron al espacio; pero ¡sí, sí…! ¡Pum! empezaron a dar volteretas, y fue cosa de darse prisa a poner de nuevo las alas en movimiento. Y he aquí que otra vez se presentaron los chiquillos en la calle, y otra vez entonaron su canción:
¡Cigüeña, cigüeña, vuélvete a tu tierra!
–¡Bajemos de una volada y saquémosles los ojos! –exclamaron los pollos. 
–¡No, dejadlos! –replicó la madre–. Fijaos en mí, esto es lo importante: ¡Uno, dos, tres! Un vuelo hacia la derecha. ¡Uno, dos, tres! Ahora hacia la izquierda, en torno a la chimenea. Muy bien, ya vais aprendiendo; el último aleteo, ha salido tan limpio y preciso, que mañana os permitiré acompañarme al pantano. Allí conoceréis varias familias de cigüeñas con sus hijos, todas muy simpáticas; me gustaría que mis pequeños fuesen los más lindos de toda la concurrencia; quisiera poder sentirme orgullosa de vosotros. Eso hace buen efecto y da un gran prestigio.
–¿Y no nos vengaremos de esos rapaces endemoniados? –preguntaron los hijos.
–Dejadlos gritar cuanto quieran. Vosotros os remontaréis hasta las nubes y estaréis en el país de las pirámides, mientras ellos pasan frío y no tienen ni una hoja verde, ni una manzana.
–Sí, nos vengaremos –se cuchichearon unos a otros; y reanudaron sus ejercicios de vuelo.
De todos los muchachuelos de la calle, el más empeñado en cantar la canción de burla, y el que había empezado con ella, era precisamente un rapaz muy pequeño, que no contaría más allá de 6 años. Los cigoñinos, empero, creían que tenía lo menos cien, pues era mucho más corpulento que su madre y su padre. ¡Qué sabían ellas de la edad de los niños y de las personas mayores! Este fue el niño que ellas eligieron como objeto de su venganza, por ser el iniciador de la ofensiva burla y llevar siempre la voz cantante. Las jóvenes cigüeñas estaban realmente indignadas, y cuanto más crecían, menos dispuestas se sentían a sufrirlo. Al fin su madre hubo de prometerles que las dejaría vengarse, pero a condición de que fuese el último día de su permanencia en el país.
–Antes hemos de ver qué tal os portáis en las grandes maniobras; si lo hacéis mal y el general os traspasa el pecho de un picotazo, entonces los chiquillos habrán tenido razón, en parte al menos. Hemos de verlo, pues.
–¡Si, ya verás! –dijeron las crías, redoblando su aplicación. Se ejercitaban todos los días, y volaban con tal ligereza y primor, que daba gusto.
Y llegó el otoño. Todas las cigüeñas empezaron a reunirse para emprender juntas el vuelo a las tierras cálidas, mientras en la nuestra reina el invierno. ¡Qué de impresionantes maniobras! Había que volar por encima de bosques y pueblos, para comprobar la capacidad de vuelo, pues era muy largo el viaje que les esperaba. Los pequeños se portaron tan bien, que obtuvieron un «sobresaliente con rana y culebra». Era la nota mejor, y la rana y la culebra podían comérselas; fue un buen bocado.
–¡Ahora, la venganza! –dijeron.
–¡Sí, desde luego! –asintió la madre cigüeña–. Ya he estado yo pensando en la más apropiada. Sé dónde se halla el estanque en que yacen todos los niños chiquitines, hasta que las cigüeñas vamos a buscarlos para llevarlos a los padres. Los lindos pequeñuelos duermen allí, soñando cosas tan bellas como nunca más volverán a soñarlas. Todos los padres suspiran por tener uno de ellos, y todos los niños desean un hermanito o una hermanita. Pues bien, volaremos al estanque y traeremos uno para cada uno de los chiquillos que no cantaron la canción y se portaron bien con las cigüeñas.
–Pero, ¿y el que empezó con la canción, aquel mocoso delgaducho y feo –gritaron los pollos–, qué hacemos con él?
–En el estanque yace un niñito muerto, que murió mientras soñaba. Pues lo llevaremos para él. Tendrá que llorar porque le habremos traído un hermanito muerto; en cambio, a aquel otro muchachito bueno –no lo habréis olvidado, el que dijo que era pecado burlarse de los animales–, a aquél le llevaremos un hermanito y una hermanita, y como el muchacho se llamaba Pedro, todos vosotros os llamaréis también Pedro.
Y fue tal como dijo, y todas las crías de las cigüeñas se llamaron Pedro, y todavía siguen llamándose así.
1. ANÁLISIS
El danés Hans Christian Andersen (Odense, 1805 – Copenhague, 1875) es un escritor fundamental de la literatura internacional. Aunque sus textos se suelen etiquetar como cuentos de hadas para niños, en realidad estamos ante textos literarios de mucha profundidad, dirigidos, leídos y degustados por cualquier lector, sea infantil o adulto. Sus aportaciones son de máxima calidad por su originalidad, su densidad narrativa y significativa y su bello estilo.
Si echamos una ojeada a sus cuentos, encontramos rasgos comunes en todos ellos: presencia de lo fantástico y mágico; recreación de una realidad dura y áspera, conviviendo con otra más amable; atención a los valores espirituales como sustento de la vida; cierto tono de tristeza y melancolía que parece ser invencible; tensión o combate entre el bien, o las fuerzas del bien, y el mal, las pulsiones malignas, con resultado indeciso; y, finalmente, una visión elevada que busca en el cielo, el más allá, la otra vida, la región de los espíritus, o como queramos llamarle, el consuelo, las respuestas a las angustias y el sufrimiento y el amor que en la vida humana terrenal no parecen tener cabida satisfactoriamente. 
Andersen invita al lector a trascender la vida diaria, sórdida y mezquina, para fijarse en la espiritual o religiosa, donde sí hay puerto seguro a las zozobras humanas. Sin embargo, siempre deja una sombra de titubeo, de duda, un sí es no es sobre si nuestra lucha vale la pena, sobre si la rectitud moral y la entrega tienen realmente recompensa en algún lugar y momento…
1) Resumen
Una familia de cigüeñas vive tranquilamente en su nido, situado en una casa apartada de un pueblo innominado. El padre vigila, preocupado por apariencia, la madre cuida a los cuatro cigoñinos. Un grupo de niños, excepto uno de ellos, llamado Perico, les cantan una canción amenazante y agresiva; los increpan para que se marchen; de lo contrario, les anuncia que acabarán muertos en la tartera de una cocina. Las crías tienen miedo y quieren marchar, pero aún no saben volar. Otro polluelo se resiste a aprender porque tiene miedo. Para animarlos a aprender, venciendo sus miedos, la madre les describe Egipto, su belleza y su abundante comida. Sin embargo, un polluelo se sigue resistiendo; su madre lo amenaza con abandonarlo a los niños, o con que el general lo atraviese con su pico. En ese momento, el cigoñino cede. Todos aprenden a volar, poco a poco, bajo el paciente y eficaz magisterio de la madre. Los polluelos piden venganza contra los niños. La madre da largas y les explica que eso no es tan importante. Al fin, encuentra una solución inteligente. Como ellas traen a los niños, a Pedro, el niño bueno que no las amenazó (a las cigüeñas, le trae dos hermanos; al más agresivo, un hermano muerto. Y también para Pedro, como homenaje, todos los polluelos de cigüeña se llamarán Pedro, para siempre.
2) Tema
Los temas abordados en este cuento son:
-La violencia gratuita, ejercida por los niños, amenaza la vida de las cigüeñas, pues las quieren expulsar o comer. Se rompe el equilibrio natural y la convivencia pacífica por el odio injustificado de un componente, el menos esperado: los niños del pueblo.
-Las dotes de muy buena educadora de la cigüeña madre, combinando paciencia amorosa, con exigencia y dedicación, logra los objetivos propuestos: salvar la vida de los polluelos. 
-Las personas buenas reciben un premio del modo más inesperado, como Pedro; los malos, un castigo duradero, como el niño más amenazador. 
-El aprendizaje exige esfuerzo, dedicación y una firme determinación o creencia en uno mismo, manifestable en el compromiso.
3) Apartados temáticos
“Las cigüeñas” es un relato breve. Todo el contenido está comprimido y como a presión. Este se dispone en las tres secciones clásicas:
-Introducción o presentación: aparecen ante el lector unos personajes, un lugar, un tiempo y una acción o acontecimiento generador de un conflicto, una intriga. Ocupa los tres primeros párrafos. Llega hasta el párrafo que comienza “Al día siguiente los chiquillos…”, excluido.
-Nudo o desarrollo: es el más largo. Los polluelos tienen miedo a los niños; unido a la necesidad de aprender a volar, la situación es tensa y preocupada. Abarca desde el párrafo que comienza “Al día siguiente los chiquillos…” hasta el que termina con “qué hacemos con él?”, ambos inclusive. 
-Desenlace o final: coincide con los dos últimos párrafos: la cigüeña madre encuentra una asombrosa solución justa y razonable para los deseos de venganza de sus hijos que, en realidad, consiste en premiar a los buenos y castigar a los malos implacablemente.
4) Personajes
Como ocurre en muchos cuentos de Andersen, las cosas no son lo que parecen. Los destinados a ser protagonistas no vuelven a aparecer; y viceversa, alguien que irrumpe en el texto al final adquiere mucho relieve. Todos ellos dotan de un sentido superior al relato, en el cual no existe un protagonista como tal. El sentido final es el auténtico protagonista, como luego veremos. Hemos de tener en cuenta que los personajes están antropomorfizados; son animales con los atributos de las personas. Por orden de aparición, tenemos los siguientes personajes:
-La cigüeña madre: es un ser inteligente, paciente y bondadoso. Ha de lidiar con un marido vanidoso, con unas crías miedosas y con unos niños crueles. Solventa todas las complicaciones con inteligencia práctica. Es una gran educadora y sabe mezclar la promesa de premios y la amenaza de castigos a sus cigoñinos para estimular su aprendizaje. Es la protagonista, pero de un modo difuminado, como disimulado.
-La cigüeña padre: aparece solo una vez y conocemos su pensamiento, un tanto atrabiliario y ridículo. No quiere ser reconocida como padre, sino como guardiana del nido. Su vanidad es evidente. No participa en la educación de las crías, lo que delata su irresponsabilidad.
-Los polluelos o cigoñinos: actúan como un personaje colectivo; no tienen nombre propio y actúan casi igual. Hay uno más miedoso, pero la madre lo reconduce inteligentemente. Poco sabemos de ellos; muestran temor al aprendizaje y al enfrentamiento a los retos de la vida. Tienen sus dosis de impulsos negativos, pues piden venganza contra los niños repetidamente.
-El grupo de niños del pueblo actúan, en parte, como antagonistas. Son violentos, excluyentes y cerriles. Quieren expulsar a las cigüeñas de su pueblo, pero no aportan ni una sola razón para actuar así.  
-Pedro, o Pedrito: es un niño tranquilo y apartado que no participa de la violencia de sus compinches. Al final, recibe un premio por su ánimo pacífico y conciliador.
5) Lugar y tiempo en los que se desenvuelven la acción
Como ocurre en los cuentos de hadas, también en los de Andersen, los aspectos cronoespaciales están muy difuminados y carecen de interés. La acción discurre en un lugar desconocido; se trata de un pueblo cualquiera en un país cualquiera. Ahí hace mucho frío, el invierno es largo y la vida es dura. Más o menos los podemos identificar con los pueblos del norte de Europa; seguramente Andersen pensaba en cualquier pueblo danés que él conocía muy bien. El nido es el lugar donde se desarrolla casi toda la acción. Se alude a Egipto como un lugar tranquilo, agradable y apetecible para vivir, en contraste con el pueblo donde viven las cigüeñas en verano.  
El tiempo tampoco ofrece una concreción exacta. Parece que Andersen nos quiere decir que no importa cuándo ocurrieron las cosas. El tiempo de la escritura es, aproximadamente, de mediados del siglo XIX. El tiempo de la acción narrada también es difuso; se puede considerar contemporáneo de la acción narrada. 
La duración de la acción se puede establecer en algunos meses de un verano, pocos, desde que los polluelos apenas han echado plumaje hasta que pueden volar. La acción está, pues, bastante reconcentrada, aunque sin llegar a límites extremos. En realidad, todo se concentra en dos momentos: las amenazas de los niños y la exigencia de venganza de los polluelos; entre ambos puntos, pasan unos meses. Y son esenciales: es cuando la cigüeña madre enseña a sus hijos a volar y a ser justos y ecuánimes. 
6) Narrador
El relato es contado por un narrador en tercera persona, omnisciente y externo, bastante objetivo y aparentemente distante. Sin embargo, bien analizado, vemos que desliza un claro mensaje de justicia implacable: el que hace el bien recibe un premio, incluso doble (dos hermanos para Pedro). Quien hace el mal, recibe un terrible presente (un hermano muerto). El narrador participa de esta lección moral, visible sobre todo en el último párrafo del cuento, donde recuerda que las crías de cigüeña se llaman Pedro como homenaje al niño bueno. No se deja ver en ninguna ocasión explícitamente, pero lo podemos reconocer en el relato. “Ve” a través de la cigüeña madre, la inteligente protagonista.
7) Procedimientos retóricos y recursos estilísticos
Andersen emplea los tres recursos narrativos disponibles. Con la descripción el narrador explica cómo son las cosas y los seres; con los personajes nos trasmite qué y cómo pasan las acciones; con el diálogo los personajes opinan, valoran, declaran, preguntan, etc., es decir, nos hacen ver sus sentimientos, emociones, motivaciones, etc., aunque muy moderadamente. Los ejemplificamos brevemente para comprender que, sin ellos, no hay cuento:
-Descripción, muy visible en el primer párrafo del texto: “Sobre el tejado de la casa más apartada de una aldea había un nido de cigüeñas. La cigüeña madre estaba posada en él, junto a sus cuatro polluelos, que asomaban las cabezas con sus piquitos negros, pues no se habían teñido aún de rojo”. Esta deliciosa descripción es la que abre el relato.
-Narración: hay muy pocos ejemplos. Uno hermoso es: “Y llegó el otoño. Todas las cigüeñas empezaron a reunirse para emprender juntas el vuelo a las tierras cálidas, mientras en la nuestra reina el invierno”. 
-Diálogo: “–¿Y no nos vengaremos de esos rapaces endemoniados? –preguntaron los hijos.
–Dejadlos gritar cuanto quieran. Vosotros os remontaréis hasta las nubes y estaréis en el país de las pirámides, mientras ellos pasan frío y no tienen ni una hoja verde, ni una manzana”. Existen muchos ejemplos como este. Se deduce claramente que las secciones descriptivas y dialogadas predominan en el cuento.
Los recursos estilísticos son muy abundantes. No podía ser de otro modo, pues el texto está sometido a una fuerte comprensión del significado y a una poetización también importante. La personificación es sistemática, pues al basarse el cuento en una antropomorfización de los animales, resulta necesario en su construcción. Las cigüeñas aparecen revestidas de los atributos humanos. Recogemos los más importantes, por orden de aparición; muchos de ellos se repiten varias veces, pero nosotros no los mencionaremos sino una vez, para comprobar el efecto literario e imaginativo que producen:
1) Repetición retórica (junto con anáfora y epanadiplosis): “¡No, claro que no!”. Estos recursos de repetición expresan con viveza una idea o pensamiento.
3) Epíteto y adjetivo embellecedor: “sus piquitos negros, pues no se habían teñido aún de rojo”. Es un modo de aportar plasticidad y visibilidad a los objetos descritos.
4) Símil o comparación: “Se hubiera dicho que era de palo, tal era su inmovilidad”; en este caso se crea una sensación visual agradable y cómica, identificable con la elegancia de la cigüeña.
5) Símbolo: como es de esperar en Andersen, los símbolos adquieren gran importancia. El grupo de niños irresponsables son imagen de la violencia caprichosa y egoísta. La cigüeña madre simboliza la educación, la templanza y la inteligencia práctica. La cigüeña padre encarna la fatuidad absurda, etc.
6) Perífrasis o circunloquio: se observa bien cuando se refiere a Egipto como “el país de las pirámides”. Funciona de forma antonomástica.
7) Bimembración (de adjetivos, verbos, sustantivos, etc.): “erguido y tieso”, referido a la cigüeña padre; expresa muy bien su hieratismo vanidoso.
Existen otros muchos recursos literarios que, para no fatigar al lector, omitimos. La maestría literaria de Andersen es bien visible. Con breves pinceladas crea ambientes misteriosos, enigmáticos, simbólicos, que sirven para incitar a una reflexión superior. El acierto en el empleo de las herramientas retóricas ayuda mucho a “revivir” el cuento en nuestra mente. Parece que todo cobra vida en nuestra mente, que todo lo sobrenatural es parte de la natural de manera sencilla y, valga la paradoja, lógica.
8) Contextualización
Hans Christian Andersen es un escritor romántico de formación. Cuando él desarrolla su carrera, el Romanticismo está en plena expansión; es, por tanto, hijo del tiempo romántico, movimiento artístico de hondas y duraderas huellas en el arte occidental. Andersen tuvo una infancia y una juventud duras y poco felices. Pasó hambre, fue marginado, fracasó como actor y músico… Sólo gracias a la protección de gente poderosa de su tiempo pudo completar sus estudios. Su biografía, en alemán, recoge muchos de sus sinsabores y su andar errático por Copenhague siendo un jovenzuelo sin oficio ni beneficio. Seguramente ni él mismo era consciente de su potencia creativa literaria. Cuando esta estalló, probablemente él fue el primer sorprendido, pero luego comprendió muy bien cómo desarrollar sus habilidades artísticas y por eso nos dejó unas de las obras más importantes y completas de la literatura romántica europea.
Recordamos esquemáticamente cómo se manifiestan en este cuento los rasgos románticos:
-Gusto por lo misterioso, lo sobrenatural y lo inexplicable, como se aprecia muy bien en “La última perla” a través de las hadas y los ángeles custodios.
-Presencia de una naturaleza sintonizada con los sentimientos de los personajes. Compárese la que aparece al principio con la de la casa de la madre difunta y vemos el vivo contraste que se crea.
-Gusto por el claro-oscuro, por los contrastes agudos e irreconciliables. Se puede ver en la actitud del ángel protector con la del custodio, o en la significación de las perlas, excepto la última, la Aflicción.
-El destino juega un papel importante en la vida de las personas. Más allá de la voluntad personal, ciertas fuerzas más o menos identificables con el fatum están presentes en la vida de las personas. Y las desgracias acechan constantemente, sea uno rico o pobre.
-Los sentimientos y emociones forman parte muy relevante de la vida y el carácter de las personas. Más allá de otras consideraciones –físicas, de carácter, etc.–, la alegría y la pena, la dicha y el dolor, son vectores de la vida que marcan y dirigen a las personas en su peregrinar humano.
-La muerte y lo trágico están presentes como parte inherente de la vida. Eso, unido a una ambientación medieval, antigua, devienen en relatos misteriosos, intrigantes, donde existen más cosas de las que vemos, donde vivir es un reto de comprensión de fuerzas secretas y subterráneas que no se ven, pero están y operan.
Sin embargo, hay que advertir que Andersen camina por su propia senda, aparte de la del romanticismo y la del realismo. Su literatura es más simbólica y reflexiva que la usual o esperable en su momento. Por otro lado, la depuración estilística es muy elevada. Los relatos tienden a la economía expresiva, para concentrarse en varios puntos capitales que el autor desea destacar.
9) Interpretación
Este magnífico relato de Andersen es mucho más que un cuento fantástico para niños. Posee una densidad significativa realmente asombrosa, como a continuación explicaremos. Con apenas unas pinceladas, Andersen nos desliza mensajes de suma gravedad: existe la violencia gratuita, a la par que el deseo de venganza. Es muy difícil luchar contra estas tendencias destructoras, aunque hay un rayo de luz.
Los seres realmente inteligentes (aquí, la cigüeña madre) imponen cierta racionalidad y bondad en el mundo, pero no es lo normal. El comportamiento de la cigüeña madre es ejemplar de principio a fin. Sabe educar de un modo inteligente y práctico, sin excluir cierta dureza, prometiendo grandes frutos (la vida en Egipto) y amenazando tétricamente (los niños malos asarán a los cigoñinos, el general de las cigüeñas atravesará el pecho del polluelo vago con su pico). Sabe dilatar la venganza hasta que los ánimos de sus crías están más calmados. Y cuando aparentemente la aplica, se trata de un sistema de distribución de premios y castigos perfectamente lógico y cuidadosamente proporcional.
La reflexión de lectura es mucho más profunda de lo que parece. Este cuento no es tan pesimista y amargo como tantos otros del gran escritor danés, sino que desliza la posibilidad de que la justicia reine en el mundo y la bondad se abra camino. Sin embargo, la tarea no es fácil y el sufrimiento no desaparecerá.
10) Valoración
“Las cigüeñas” es un maravilloso cuento, muy bien escrito e ideado. Andersen establece un simbolismo perfecto entre el ave migratoria y la vida humana. La violencia y el abuso están arraigados, pero se pueden aminorar con educación y justicia proporcionada.  Y la violencia surge de donde menos se espera: los niños y los cigoñinos. Las apariencias engañan, qué duda cabe. Por eso hay que estar alerta para neutralizar los bajos impulsos venga de donde vinieren. Sin embargo, Pedro, es un rayo de esperanza: no todos los niños son malos.
Andersen es un magnífico escritor de cuentos fantásticos que nos transmiten las ilusiones y miedos del hombre en su peregrinar humano. Es cierto que son infantiles, pero el lector adulto lo disfruta con la misma fruición, si no más, que un niño. Con sencillez, claridad y suma belleza literaria, la lectura nos interroga sobre nuestros anhelos y miedos más oscuros, pero acechantes. En este caso, nos permite soñar con la buena educación, el fin de la violencia y la impartición de una justicia adecuada al comportamiento de cada cual.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el cuento (cien palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Analiza la figura del narrador.
4) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido. 
5) Analiza los personajes y establece su relevancia. 
6) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada. 
7) Explica por qué este texto es un cuento de hadas. 
8) Localiza y explica algunos recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué rasgos propios de los cuentos fantásticos aparecen en este texto? 
2) ¿Se puede decir que hay posibilidades de neutralizar la violencia y el abuso? Razona la respuesta. 
3) ¿Qué importancia posee la educación en el destino de las personas? 
4) ¿Cómo se aprecia que la educación no siempre es eficaz con métodos suaves? 
5) En el cuento aparece un grupo de niños. Pedro es distinto. Sobre ellos, ¿qué podemos deducir de la fuerza del grupo y del coraje necesario para sustraerse a su influjo? 
6) ¿Qué simbolizan cada uno de los personajes en este cuento? 
7) En el último párrafo, vemos que la cigüeña madre reparte los premios y castigos. ¿Es justa en sus decisiones? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Escribe un cuento fantástico con un contenido más o menos inspirado en el cuento de “Las cigüeñas”.
2) Imagina una charla de tu clase con H. C. Andersen. ¿Qué le preguntarías? 
3) Realiza una exposición sobre Hans Christian Andersen, sus cuentos y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de situaciones de injusticia corregidas con educación, siguiendo el ejemplo de Andersen. ¿Se puede decir que existe la justicia en el mundo?

Gustavo Adolfo Bécquer: «Del salón en el ángulo oscuro» (rima VII); análisis y propuesta didáctica

Gustavo Adolfo Bécquer – (Rima VII): Del salón en el ángulo oscuro
Del salón en el ángulo oscuro,                 1
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,        5
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay! –pensé–. ¡Cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,             10
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: «Levántate y anda!».
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Estamos ante un poema emotivo y de contenido metapoético, principalmente. El sujeto lírico describe un arpa; está abandonada en un lugar poco frecuentado. En la segunda nota el sujeto lírico se introduce en el asunto y lamenta que esa arpa no sirva para lo que fue hecha: crear música y deleitar a los posibles oyentes. Espera que una persona con la sensibilidad y destreza suficientes arranque de ella las mejores melodías. Ahora está como un ave dormida en una rama: no canta. En la tercera estrofa identifica el arpa con el genio creador (posiblemente, el de él mismo, pero también el de otros). Duerme en lo más profundo del ser, sin crear belleza ni desarrollarse. Espera un pequeño milagro, como el que Jesús hizo con Lázaro, que lo revivió tras su muerte, que lo despierte y comience a vivir con plenitud. 
2) Temas del poema
Los temas más importantes que plantea el poema son:
–Expresión del lamento porque la genialidad individual no despierta nunca y el individuo no puede desarrollar sus mejores cualidades.
–Deseo que el genio creador de la persona (y de él mismo también) despierte y desarrolle su plenitud creadora.
3) Apartados temáticos
El poema presenta tres apartados temáticos muy marcados, pues coinciden con las estrofas:
a) El primero es el constituido por la primera estrofa (vv. 1-4). Contiene una descripción de un instrumento musical, el arpa. Está olvidada y perdida en un lugar remoto poco frecuentado. 
b) El segundo apartado lo conforma la segunda estrofa (vv. 5-8). Expresa el lamento porque un instrumento tan noble y bello no sea empleado por una mano diestra para crear música, es decir, belleza y placer estético.
c) El tercer apartado es la última estrofa (vv. 9-12). El sujeto lírico identifica esa arpa con el genio creador de una persona; yace dormido en el fondo del alma, por lo que es necesario un pequeño milagro para que despierte y se desarrolle.
4) Análisis métrico y de la rima
Los doce versos del poema se agrupan en tres estrofas de cuatro versos. Los tres primeros versos de cada estrofa son endecasílabos (11 sílabas); el último es heptasílabo (7 sílabas), excepto en la última estrofa; ese también es endecasílabo. En todas las estrofas riman en asonante (á-a) los versos pares ; los impares quedan libres. Estamos, pues, ante una silva romanceada Es muy común en Bécquer este tipo de estrofa; pocos casos hay de uso anterior a él en la poesía castellana. Al combinar la rima del romance, propia de la poesía tradicional, popular, anónima y colectiva, con la medida de los versos (11 y 7 sílabas) propia de la poesía culta italianizante, de sello garcilasista, surge un bellísimo poema; es cadencioso, musical, con un ritmo suave y perfecto.
5) Comentario estilístico
El poema muestra una deliciosa armonía entre la sencillez y la profundidad, entre la transparencia y la hondura significativas. Comienza con una descripción de un instrumento musical, que resulta ser metáfora del genio creativo que muchas personas llevan dentro. El sujeto lírico expresa su deseo, a través de vivas exclamaciones retóricas, para que se despierte y viva con plenitud.
En la primera estrofa llama la atención el profundo hipérbaton, que abarca toda la estrofa. La palabra clave, “arpa”, está al final de la estrofa. Los adjetivos, a veces personificados, como “silenciosa” (v. 3), aportan fuerza expresiva. El abandono del arpa se expresa bellamente con la expresión “de su dueño tal vez olvidada”. Como si hubiera dejado de ser útil, ya nadie la recuerda.
En la segunda estrofa el sujeto lírico toma la palabra: toda la estrofa es una exclamación; expresa el disgusto y lamento por parte de aquel de que nadie utilice esa arpa para crear bellas melodías. Está ahí, olvidada, como un árbol dormido en la rama de un árbol; este símil expresa vivamente la absurda situación, que nadie corrige. La metáfora “mano de nieve” (v. 7) es una metáfora que expresa que solo una persona sensible y talentosa podrá arrancar una melodía al arpa.
En la última estrofa el sujeto lírico se deja ver en la exclamación retórica que la abre y en el verbo en primera persona. Ahora se identifica el término imaginario de la metáfora: el genio, es decir, el talento artístico. Este muchas veces “así duerme en el fondo del alma” (v. 10), es decir, olvidado, moribundo, inerme. Está esperando la llamada de la persona, metonimizada en “una voz”, que la despierte y la incite a vivir. El símil de “como Lázaro”, muy elíptico, se refiere al pasaje bíblico en el que Jesucristo resucita a un muerto. Es decir, hace falta un pequeño milagro para que la genialidad despierte y viva. 
El epifonema que cierra el poema imprime aún más dramatismo y nos da la clave de lectura: todos llevamos algo genial dentro, pero solo adquirirá vida lo despertamos y obramos con él un pequeño milagro. 
Esta rima procede del bloque primero, según la disposición temática clásica de sus poemas: en ellos el poeta reflexiona sobre la naturaleza de la poesía, cómo surge y de qué modo se desarrolla, sus exigencias formales, etc. 
El espíritu romántico se aprecia muy bien en la subjetividad, en el empleo de elementos de la naturaleza para expresar su contenido (el pájaro dormido en la rama, por ejemplo), en el predominio de los elementos emocionales sobre los demás y en una moderada libertad métrica. La subjetividad del poema se percibe, entre otros medios, a través de los pronombres y los verbos conjugados en primera persona, como se aprecia bien en la última oración del poema: “¡Ay! –pensé– ¡Cuántas veces el genio…!” (vv. 9 y ss.). En este sentido, esta última oración del poema, entre signos de exclamación, formando así un epifonema majestuoso y dramático, da la clave interpretativa del texto: el genio creador existe en el interior de nosotros, pero hay que despertarlo para que viva y sea productivo.
Como hemos podido apreciar, en la poesía de Bécquer se aprecia un maridaje perfecto entre la transparencia de significación, la perfección formal y la emoción subjetiva.
6) Contextualización
Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836- Madrid, 1870) es el más alto poeta romántico español y uno de los más influyentes de la literatura española. Romántico tardío, apenas fue conocido como poeta en vida, pero tras su fallecimiento su obra ha ido ganando relevancia, influencia y popularidad, aspectos que pocas veces corren juntos. Sus Rimas se publicaron en un solo volumen, póstumamente, por sus amigos, en 1871; en distintas ediciones se han ido añadiendo nuevos poemas, olvidados en publicaciones de la época de escasa tirada. La actividad de prosista de Bécquer es de gran calidad y relevancia. Sus Leyendas recogen textos en prosa, de extensión moderada, en los que la intriga, el misterio, la aventura y los sobrenatural se combinan para ofrecer maravillosos cuentos de ambiente medieval, en la mayoría de los casos.
7) Interpretación y valoración
Bécquer es un excelso poeta que supo transmitir en una poesía delicada, intimista y transparente emociones y movimientos del alma de gran transcendencia. Su poesía se inspira en la popular andaluza y en la romántica alemana (especialmente, del poeta Heine). La poesía de Bécquer es muy subjetiva, como romántico que es, pero muy depurada y contenida. Las emociones pasan por un filtro de selección para eliminar exageraciones retóricas y declaraciones grandilocuentes y altisonantes. El manejo de la naturaleza como materia poética es otro punto de especial interés: Bécquer acude a los elementos naturales para expresar sus emociones (en este caso, de la existencia de la genialidad creativa dentro de muchos hombres).
La lectura del poema no deja indiferente al lector, pues lo conmueve y provoca en él un sentimiento de empatía hacia el asunto tratado. Es una lástima que el talento creador de una persona no reciba el soplo de vida suficiente para que se desarrolle adecuadamente. La naturaleza metapoética del texto incluye una honda reflexión sobre la naturaleza del arte y su desarrollo. Asimismo, hemos apreciado los valores de la buena poesía: la autenticidad y la extraña armonía entre expresión y contenido, entre fondo y forma. Por eso es apropiado afirmar que la rima VII es un estupendo ejercicio metapoético que asombra por su sencillez y su profundidad.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar de modo individual o en grupo, en clase o en casa; es recomendable el uso de las TIC para una mayor eficacia pedagógica. Debemos ser cuidadosos en que el comentario no degenere en una disección fría de objetos lingüísticos, lo que provocará el lógico hastío u hostilidad del alumno. De algún modo, deberíamos propiciar un acercamiento sensible, emocional y significativo (el asunto y la forma poética revelan belleza y nos habla de algo que nos afecta).
2.1. Comprensión lectora
1)  Resumen del contenido del poema (100 palabras).
2) Señala su tema y los apartados temáticos que se aprecian.
3) Análisis métrico completo: medida silábica de los versos, rima y su tipo; crean un ritmo musical especial, ¿cómo es?
4) ¿Deseaba el poeta utilizar una estructura compleja y dificultosa al entendimiento, o sencilla y directa para el lector?
2.2. Análisis de los aspectos formales: explicación de recursos estilísticos que sirven para dotar de significación y expresividad al poema. En concreto:
a) Existe una metáfora central para explicar el genio artístico que algunas personas poseen. ¿Cuál es? 
b) ¿Cuál es la referencia bíblica del poema? ¿Cómo debemos interpretarla?
c) Se reiteran las estructuras sintácticas en los mismos versos de distintas estrofas.
d) Las oraciones exclamativas adquieren especial significación –-sobre todo, en los dos versos finales–. Busca el significado del recurso denominado epifonema.
e) Explica la expresión “mano de nieve” (v. 7).
2.3. Interpretación y pensamiento analítico
a) Explica las características de la literatura romántica, tanto formales como de contenido que se presentan en el poema: subjetivismo, naturaleza, emociones, melancolía desesperada, etc.
b) Valoración personal: aquilata la calidad estética del poema, su actualidad y su expresividad a través de un marco formal determinado. ¿Hay algo que te ha llamado especialmente  la atención?
2.4. Fomento de la creatividad
a) Escribe una carta a nuestro poeta Bécquer para que le ayude a explicar el concepto de genialidad artística.
b) Realiza o recopila fotografías que recojan las situaciones naturales que describe Bécquer y valora, con tus compañeros, su impacto e importancia para nosotros.
c) Transforma el contenido del poema en un texto literario en prosa, o en teatro, manteniendo la esencia del contenido.
d) Elabora una exposición sobre Bécquer y su poesía, empleando medios gráficos; elaborar un cartel físico o electrónico puede ser de gran ayuda.

Gustavo Adolfo Bécquer: «Los invisibles átomos del aire» (Rima X); análisis y propuesta didáctica

Gustavo Adolfo Bécquer: “Los invisibles átomos del aire” (Rima X)
Rima X
Los invisibles átomos del aire                        1
en derredor palpitan y se inflaman;
el cielo se deshace en rayos de oro;
la tierra se estremece alborozada;
oigo flotando en olas de armonía                  5
rumor de besos y batir de alas; 
mis párpados se cierran… ¿Qué sucede? 
¡Es el amor que pasa!
  1. ANÁLISIS
 Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836 – Madrid, 1870) es el más importante poeta del Romanticismo español. Bécquer encarna el espíritu romántico en la literatura española de una manera definitiva y clara. Se ha considerado un romántico tardío, pues, en efecto, cuando inicia y desarrolla su producción literaria, el Romanticismo ya estaba finalizando y el realismo se abría paso con fuerza en el panorama literario español.
Bécquer publicó separadamente sus poemas en distintos medios de comunicación, como periódicos y revistas. Cuando la muerte lo sorprendió, a los 34 años, no había logrado recogerlos todos en una edición única, aunque había iniciado esta tarea con su famoso manuscrito El libro de los gorriones. Fueron sus amigos quienes póstumamente agruparon la producción literaria del poeta hispalense en el ya famoso título de Rimas; la primera edición se remonta a 1871. Ahora nos vamos a ocupar de la rima X (“Los invisibles átomos del aire”). Pertenece al primer bloque de contenido, según la clásica división de su poemario en cuatro secciones (1.- metapoética o reflexiva sobre los fundamentos de la poesía; 2.- celebración del amor correspondido; 3.- expresión del fracaso amoroso; 4.- intuición y certeza de la muerte y la disolución final). Como apuntamos previamente, en la sección segunda, se encuadran los poemas que expresan la llegada, exaltación y vivencia feliz del amor. El sentimiento de pasión amorosa inunda la personalidad del yo poético; la vida adquiere una significación superior gracias al amor compartido.
  1. Resumen
El poema aborda, desde una perspectiva subjetiva, la descripción del amor, qué es, en qué consiste. La presencia del amor estremece al mundo: primero, conmueve a las pequeñas partículas que flotan en el ambiente, “los invisibles átomos del aire”. El cielo y la tierra se llenan de una rara belleza armónica. El sujeto lírico oye algo casi inaudible, el eco de los besos (“rumor de besos”) y la felicidad que encarnan, expresada por el aleteo de unas alas invisibles. El sujeto lírico cierra los ojos para captar mejor su entorno. Se pregunta, entonces, por lo que está aconteciendo y lo entiende en un fogonazo de inteligencia: el amor pasa por allí.
  1. Tema
El tema del poema es la expresión de la fuerza arrolladora e invisible del amor, que conmueve al mundo entero, hasta en sus más mínimos detalles, allí por donde pasa. El sujeto lírico lo ha captado y nos lo transmite en un tono confidencial y exaltatorio, al mismo tiempo.
  1. Apartados temáticos
El poema se estructura en tres apartados temáticos; las modulaciones de contenido son distintas en cada una de ellas. Así, tenemos:
-Primera parte (vv. 1-4): posee un tono descriptivo. Se citan tres elementos naturales que se conmueven por algo incomprensible que está ocurriendo. De lo más pequeño (los átomos), hasta lo más grande (el cielo y la tierra) pasan por una leve conmoción positiva y feliz. -Segunda parte (vv. 5-8): posee una naturaleza subjetiva; el yo poético también capta algo, ya más definido, un sonido que recuerda a los besos y un aleteo armónico y dichoso. Se pregunta qué será, sin encontrar una respuesta inmediata. 
-Tercera parte (v. 8): a través de una exclamación, se desvela el misterio y todo adquiere un sentido pleno: el amor atraviesa el espacio y devuelve dicha y armonía a la realidad entera. En un ambiente de intimidad recogida, se aprecia un aire conclusivo y rotundo ante la presencia benéfica del amor.
  1. Análisis métrico y de la rima
El poema está formado por una sola estrofa que consta de ocho versos endecasílabos, excepto el último, que es heptasílabo. cada una de ellas (para ajustar la medida de los versos es importante emplear las cuatro licencias poéticas: sinéresis, diéresis, sinalefa y palabra final del verso según sea aguda (+1 sílaba), llana o esdrújula (-1 sílaba). Se observa que riman en asonante (solo las vocales) los versos pares, quedando los impares libres. La rima, por tanto, corresponde a la del romance; como los versos son de arte mayor, se denomina romance heroico (aunque este emplea, normalmente, el dodecasílabo).
  1. Comentario estilístico
Como ocurre en la buena poesía, la expresión es transparente y el contenido denso y sugestivo. Tres elementos naturales están personificados; son los átomos, el cielo y la tierra; los tres forman metonimias del mundo entero, de la realidad total conocida. La palabra “átomos” está acompañada del epíteto “invisibles” (v. 1), expresión que enfatiza que se está hablando de realidades apenas conocidas o perceptibles. La bimembración “palpitan y se inflaman” (v. 2), referidas ambas acciones verbales a los átomos, nos recuerda cómo se altera intensa y ávidamente esa parte de la realidad. 
En el tercer verso apreciamos una antítesis (la formada por “cielo” frente a “átomos”, elementos opuestos) seguida de una personificación y una metáfora. Los “rayos de oro” (v. 3) alude a la excelsitud y belleza indescriptible. El cuarto verso forma un perfecto paralelismo con el tercero, y de nuevo aparece la personificación y la metáfora en “alborozada”; la alegría inunda la faz de la tierra.
En el cuarto verso se introduce el sujeto lírico. Oye, algo, que hay que descubrir en el siguiente verso, pues el encabalgamiento y el hipérbaton dejan el completo directo para el final: “rumor de besos y batir de alas” (v. 6). El paralelismo sinestésico es muy bello e intensifica la percepción sensorial. Lo etéreo de la realidad que flota y apenas se percibe se expresa bellamente en la personificación metafórica “flotando en olas de armonía” (v. 5); indica el equilibrio y perfección del mundo entero en ese preciso instante. El sujeto lírico reacciona cerrando sus ojos, pues se ve como transportado en arrobamiento por esa nueva realidad apenas perceptible. La suspensión que sigue obligan al lector a establecer su hipótesis y alargan la intriga sobre la naturaleza ignota de esa realidad que ha irrumpido y ha modificado al mundo entero. La interrogación retórica añade más perplejidad.
El último verso da un sentido a todo el poema. Su misma medida (es heptasílabo) señala su singularidad. Todo el verso es un epifonema (frase exclamativa que ocupa el último verso y da sentido a todo el poema) magnífico. Esa realidad es el amor, en tránsito; no está parado, sino en movimiento. Al desplazarse, remueve los cimientos del mundo, levemente, pero inevitablemente. Es un verso metafórico en sí mismo: la sola presencia del amor trastorna el ritmo natural y conmueve a todo elemento contenido entre el cielo y la tierra. El sujeto lírico, atento a esa realidad, dotado de una sensibilidad especial, la capta y nos la transmite. Allá al fondo, nos está haciendo llegar el mensaje de que el amor es la fuerza más estremecedora de la realidad, así que lo hace deseable y temido al mismo tiempo.
Las percepciones sinestésicas dotan de un significado más intenso al propio poema. El amor apenas se percibe. Leves sensaciones auditivas y visuales lo hacen perceptible para quien posea la suficiente sensibilidad, como el yo poético.
  1. Contextualización autorial
Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836 – Madrid, 1870) es, sin duda, el gran poeta romántico español. Lo más paradójico y llamativo es que inicia su producción poética cuando se apagaban los últimos rescoldos románticos. Se le ha llamado poeta “tardorromántico” (junto con la insigne Rosalía de Castro), y con mucha propiedad. En un momento en que el realismo, con su observación minuciosa de la realidad, sobre todo la sórdida, y el triunfo de los valores burgueses, Bécquer presenta una poesía subjetiva, lírica y vibrante. Acaso por eso pasó sin pena ni gloria entre sus contemporáneos. 
Se ha destacado como influencias destacadas en Bécquer la de la poesía popular tradicional andaluza y la romántica alemana (especialmente, la del poeta H. Heine). Ambos componentes son importantes y contribuyeron a la concentración expresiva, la relativa sencillez compositiva y el sesgo intimista y dramático de sus composiciones. Resumimos brevemente los rasgos de la poesía romántica, bien verificables en este poema (se pueden encontrar más explicitados, en este mismo blog, en otros análisis de otros poemas de Bécquer):
-Subjetividad: el yo prima por encima de toda otra consideración. La contemplación del mundo y sus circunstancias gira en torno a la persona del poeta, que se interesa sobre todo por expresar su individualidad, en general, en choque con el mundo. Se aprecia muy bien en el empleo de los verbos en primera persona.
-Intimismo: frente a la exterioridad y el grupo, al poeta le interesa su interioridad y el modo de encajar su persona en una sociedad, en general, hostil.
-Sentimentalidad: el mundo de las emociones es más interesante que el de las observaciones o de las acciones. El poeta se centra principalmente en escuchar, ordenar y transmitir poéticamente sus sentimientos.
-Empleo cómplice de la naturaleza: distintos elementos naturales sirven para expresar un estado de ánimo, sea el que fuere. Aquí, hemos visto cómo un ave, la golondrina, y una planta, la madreselva, sirven para expresar la amargura del abandono amoroso.
-Cierta rebeldía y exaltación de la libertad: en este poema apenas se manifiesta en cuanto al fondo. En la forma, podemos apreciar cómo Bécquer combina versos y rimas de distinto ámbito, rompiendo con los moldes clásicos, para crear poemas brillantes y vibrantes.
Su desgraciada vida personal, llena de sinsabores amorosos y golpes emocionales inesperados, explican una poesía cargada de emoción contenida y de una contemplación amarga de la existencia.
La faceta prosística de Bécquer no se debe olvidar. Sus Leyendas forman un conjunto de relatos cortos de impecable factura literaria. El manejo de la prosa castellana es feliz y acertadísimo. Misterio, intriga, pasiones, secretos inconfesables, etc. conforman unos cuentos de alta calidad.
  1. Interpretación y valoración
El poema “Los invisibles átomos del aire” es un preclaro ejemplo de excelente poesía romántica: intimismo, subjetividad y sentimentalidad al servicio de la belleza poética en grado sublime. El yo poético percibe algo distinto, sutil pero poderoso: el paso del amor. Bécquer desea transmitir la fuerza del amor, que todo lo trastorna, pero de un modo sencillo y muy intimista. No es mirando hacia fuera, sino hacia dentro, como se percibe el amor.
Bécquer transmite sus anhelos y frustraciones (está deseando que el paso del amor le toque a él) a través de muy bellas imágenes naturales que se representan en la mente lectora con viveza y expresividad. Cielo y tierra se conmueven ante el paso del amor. Allá al fondo, se percibe un cierto tono dialogal: el sujeto lírico se dirige a los lectores, para que estén atentos y perciban lo que él ya comprende: la intensidad del amor.
Como ya hemos visto en otros poemas comentados de nuestro sublime Bécquer, la aparente sencillez compositiva esconde un cuidado e intenso trabajo de elaboración literaria. El poeta levanta una arquitectura verbal en la que vemos las vigas maestras, pero, al mismo, tiempo, percibimos el resto de los elementos ornamentales y el edificio completo, auténtica perla literaria. La poesía de Bécquer no ha perdido nada de actualidad, a pesar del siglo y medio transcurrido desde su escritura porque posee tres raras y, por ello, preciosas cualidades, propias de la buena literatura: la autenticidad, la transparencia y la belleza formal.
 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden realizar de modo oral o escrito, de forma individual o en grupo, en la clase o en casa, de modo tradicional o con ayuda de los medios TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el contenido del poema, señala el tema y los apartados temáticos.
2) Explica dónde apreciamos la subjetividad del poema, propio de la poesía romántica. Una reflexión sobre el verso cinco te puede ayudar mucho.
3) El poema, ¿es optimista o pesimista en su intento por describir la fuerza del amor? Aporta razones que sustenten tu opinión.
4) ¿Qué tres elementos naturales reaccionan al paso del amor? 
5) El poeta, ¿llega a hablar a alguien? ¿Dónde se percibe? 
6) Señala el efecto en el significado del poema de algunos recursos retóricos especialmente significativos y referidos a la repetición (paralelismos y bimembraciones, por ejemplo).
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) En el poema aparecen algunas antítesis, como lo pequeño y lo grande. Localiza su expresión e interpreta su sentido.
2) El poeta, ¿se siente un ser superior, propio del arte romántico, que entiende y siente el mundo y la vida de otra manera distinta a la del común de los mortales?
3) En el poema solo aparece una exclamación retórica. Identifícala, indica a quién se dirige y qué sentido tiene en la significación del poema.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Busca una música y unas imágenes adecuadas (de paisaje, por ejemplo) para un recitado declamatorio de este poema, a modo de diaporama.
2)Transforma en relato o en texto teatral el contenido del poema, de forma libre.
3) Indaga sobre la vida de Bécquer y, en concreto, sus desafortunados amoríos con Julia Espín y establece hasta qué punto su vida está recogida en el poema.
4) Su hermano Valeriano era pintor: busca cuadros de él, o de otros pintores románticos, cuyos paisajes encajen con la naturaleza presentada en el poema. También aportaciones musicales de la época pueden ser interesantes.
5) Elabora un texto, literario o no, en el que se perciban los efectos de la percepción de una realidad abstracta.

G. A. Bécquer: «Los suspiros son aire y van al aire» (rima XXVIII); análisis y propuesta didáctica

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER – “LOS SUSPIROS SON AIRE Y VAN AL AIRE” (RIMA XXVIII)
Los suspiros son aire y van al aire.         1
Las lágrimas son agua y van al mar.
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
¿sabes tú adónde va?

 

  1. ANÁLISIS
1. Resumen
 Este breve poema, sentencioso y dolorido, expresa el desengaño amoroso por la falta de un amor correspondido. El yo poético lamenta que la amada lo ha olvidado; el amor que existía antes, simplemente, ha desaparecido.
2. Tema
Lamento y reproche del yo poético a la mujer amada porque esta ya no le corresponde.
3. Apartados temáticos
Un poema tan breve no es susceptible de ser dividido en apartados. Forma una unidad de pensamiento y de dicción o expresión. Se trata de una breve argumentación con dos analogías y de la correspondiente conclusión.
4. Análisis métrico y de la rima
Los tres primeros versos son endecasílabos; el cuarto y último es heptasílabo; es una combinación muy frecuente en la poesía becqueriana. Crean una cadencia suave y musical. Riman los versos pares (en á) y los impares quedan libres; estamos, pues, ante una rima romanceada.
5. Comentario estilistico
Estamos ante un poema muy reflexivo. Los verbos en presente de indicativo indican el carácter atemporal y nada circunstancial del contenido. El poema presenta dos enunciados afirmativos que devienen en dos analogías respecto del tercer elemento, el más importante, el amor. El aire y las lágrimas finalizan su vida en el propio aire y en el mar. El yo poético inquiere sobre el destino del amor. La repetición retórica de “aire” en el primer verso ya advierte de lo fugitivo e inasible de lo que vendrá después, el amor, anticipado a través de algunos de sus efectos negativos.
Le pregunta retóricamente a una mujer, bien concreta, por cierto, por el destino que sufrirá el amor que él le profesa. La respuesta implícita es clara: al vacío, a la extinción definitiva e irrecuperable. El paralelismo perfecto de los dos primeros versos imprimen más firmeza al pensamiento expresado. La apóstrofe del verso 3 (“dime, mujer”) delata el estado de agitación y amargura del yo poético. La interrogación retórica que cierra el poema, donde el verbo en segunda persona, seguido del pronombre “tú” insisten en el apremio del poeta por escuchar unas palabras de ella, cierran una certeza dolorosa: el amor se extingue y se va sin retorno.
El poema contiene un tono dialógico evidente; el yo poético trata de dialogar, casi implorando, con la mujer, pero esta se mantiene en silencio. Es el lector quien ha de completar el sentido que el sujeto lírico dejó suspendido: el amor muerto no vuelve. Estamos, pues, ante un diálogo frustrado porque una de las partes no sabemos si escucha y sí sabemos que no desea responder.
Crea una antítesis muy hermosa el choque conceptual de los dos elementos naturales (“suspiros” y “lágrimas”, a su vez, metáforas o metonimias, pues ambas coinciden aquí, del fin del amor) con el sustantivo abstracto “amor”. El yo poético presenta primero los efectos del desamor; luego nos presenta indirectamente el desgraciado destino del amor perdido: su extinción.
6. Contextualización
Bécquer es, sin duda, el gran poeta romántico español. Lo más paradójico y llamativo es que inicia su producción poética cuando se apagaban los últimos rescoldos románticos. Se le ha llamado poeta “tardorromántico” (junto con la insigne Rosalía de Castro), y con mucha propiedad. En un momento en que el realismo, con su observación minuciosa de la realidad, sobre todo la sórdida, y el triunfo de los valores burgueses, Bécquer presenta una poesía subjetiva, lírica y vibrante. Acaso por eso pasó sin pena ni gloria entre sus contemporáneos. Se ha destacado como influencias destacadas en Bécquer la de la poesía popular tradicional andaluza y la romántica alemana (especialmente, la del poeta H. Heine). Ambos componentes son importantes y contribuyeron a la concentración expresiva, la relativa sencillez compositiva y el sesgo intimista y dramático de sus composiciones. Resumimos brevemente los rasgos de la poesía romántica, bien verificables en este poema (se pueden encontrar más explicitados, en este mismo blog, en otros análisis de otros poemas de Bécquer):
-Subjetividad: el yo prima por encima de toda otra consideración. La contemplación del mundo y sus circunstancias gira en torno a la persona del poeta, que se interesa sobre todo por expresar su individualidad, en general, en choque con el mundo. Se aprecia muy bien en el empleo de los verbos en primera persona.
-Intimismo: frente a la exterioridad y el grupo, al poeta le interesa su interioridad y el modo de encajar su persona en una sociedad, en general, hostil.
-Sentimentalidad: el mundo de las emociones es más interesante que el de las observaciones o de las acciones. El poeta se centra principalmente en escuchar, ordenar y transmitir poéticamente sus sentimientos.
-Empleo cómplice de la naturaleza: distintos elementos naturales sirven para expresar un estado de ánimo, sea el que fuere. Aquí, hemos visto cómo un ave, la golondrina, y una planta, la madreselva, sirven para expresar la amargura del abandono amoroso.
-Cierta rebeldía y exaltación de la libertad: en este poema apenas se manifiesta en cuanto al fondo. En la forma, podemos apreciar cómo Bécquer combina versos y rimas de distinto ámbito, rompiendo con los moldes clásicos, para crear poemas brillantes y vibrantes.
7. Interpretación y valoración
El poema “Los suspiros son aire y van al aire” es un preclaro ejemplo de excelente poesía romántica: intimismo, subjetividad y sentimentalidad al servicio de la belleza poética en grado sublime. El yo poético muestra su amargura por el fracaso sentimental, y lo hace a través de muy bellas imágenes naturales que se representan en la mente lectora con viveza y expresividad. El diálogo frustrado y las analogías imprimen una originalidad expresiva muy llamativas. En el mismo sentido trabaja la antítesis de los elementos naturales respecto del abstracto amor.
La aparente sencillez compositiva esconde un cuidado e intenso trabajo de elaboración literaria. El poeta levanta una arquitectura verbal en la que vemos las vigas maestras, pero, al mismo, tiempo, percibimos el resto de los elementos ornamentales y el edificio completo, auténtica perla literaria.
La poesía de Bécquer no ha perdido nada de actualidad, a pesar del siglo y medio transcurrido desde su escritura porque posee tres raras y, por ello, preciosas cualidades, propias de la buena literatura: la autenticidad, la transparencia y la belleza formal.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden realizar de modo oral o escrito, de forma individual o en grupo, en la clase o en casa, de modo tradicional o con ayuda de los medios TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el contenido del poema, señala el tema y los apartados temáticos.
2) Explica el sentido del último verso. Aunque es una oración interrogativa, esconde otro sentido.
3) El poema, ¿es optimista o pesimista en el tratamiento del asunto amoroso? Aporta razones.
4) ¿Cómo y por qué el poema posee un tono de diálogo, como conversacional? Para ello, has de Localizar las marcas gramaticales donde vemos al “yo” y al “tú”.
5) Señala el efecto en el significado del poema de algunos recursos retóricos especialmente significativos y referidos a la repetición.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Localiza los dos elementos naturales que anticipan, vía metafórica, el fracaso amoroso que hace sufrir al yo poético. 
2) El poeta, ¿se mueve por el rencor, el despecho, la amargura, o todo a la vez, cuando pregunta a la dama sobre el destino del amor?
3) ¿Conoce el yo poético la respuesta que la mujer daría a la pregunta que aquel le hace? Entonces, ¿por qué insiste en su cuestión?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Buscar una música y unas imágenes adecuadas (de paisaje, por ejemplo) para un recitado declamatorio, a modo de diaporama, ante el resto de la clase o de la comunidad educativa.
2)Transformar en narración o en texto teatral el contenido del poema, de forma libre.
3) Indagar sobre la vida de Bécquer y, en concreto, sus desafortunados amoríos con Julia Espín y Casta Esteban y establecer hasta qué punto su vida está recogida en el poema.
4) Su hermano Valeriano Bécquer fue un estimado pintor: buscar cuadros de él, o de otros pintores románticos, cuyos paisajes encajen con la naturaleza presentada en el poema.

G. A. Bécquer: «Volverán las oscuras golondrinas» (rima LIII); análisis y propuesta didáctica

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER -RIMA LIII (“VOLVERÁN LAS OSCURAS GOLONDRINAS”)
LIII
Volverán las oscuras golondrinas                                1
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban                       5
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
ésas… ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,                              10
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…                                15
ésas… ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.                                                  20
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…, desengáñate,
nadie así te amará.
1. ANÁLISIS
Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836 – Madrid, 1870) es el más importante poeta del Romanticismo español. Bécquer encarna el espíritu romántico en la literatura española de una manera definitiva y clara. Se ha considerado un escritor romántico tardío, pues, en efecto, cuando inicia y desarrolla su producción literaria, el Romanticismo ya estaba finalizando y el Realismo se abría paso con fuerza en el panorama literario español.
Bécquer publicó separadamente sus poemas en distintos medios de comunicación, a lo largo de su vida, como periódicos y revistas. Cuando la muerte lo sorprendió no había logrado recogerlos todos en una edición única, aunque había iniciado esta tarea con su famoso manuscrito El libro de los gorriones. Fueron sus amigos quienes póstumamente recogieron la producción literaria del poeta hispalense en el ya famoso título de Rimas; la primera edición se remonta a 1871.
Ahora nos vamos a ocupar de la rima 53 (“Volverán las oscuras golondrinas”). Pertenece a la tercera sección de contenido, según la clásica división de su poemario en cuatro secciones (1.- metapoética o reflexiva sobre los fundamentos de la poesía; 2.- celebración del amor correspondido; 3.- expresión del fracaso amoroso; 4.- intuición y certeza de la muerte y la disolución final). Como apuntamos previamente, en la sección tercera, se encuadran los poemas que expresa el fracaso amoroso, la decepción sentimental y una suave amargura que llena de melancolía estos poemas.
1. Resumen del contenido
El poeta se dirige a la mujer amada, que ya no le corresponde en sus sentimientos amorosos, para advertirle que nadie podrá amarla como él lo ha hecho. El contenido se estructura en tres estrofas exactamente iguales en cuanto a su disposición formal. En cada una de ellas se comienza con la expresión afirmativa de una realidad natural; pero inmediatamente en la segunda parte de la estrofa el contenido se ve matizado o directamente negado. En la primera estrofa explica el regreso de las golondrinas en primavera; sin embargo, aquellas golondrinas concretas, casi personalizadas, testigos de la dicha de los amantes, esas no volverán; es un modo de expresar que no es posible repetir la felicidad pasada. En la segunda estrofa se recuerda que las madreselvas volverán a trepar por las paredes de la casa que los acogió; sin embargo, no podrán volver a contemplar juntos las flores de la madreselva cuajadas de gotas de rocío. Finalmente, en la tercera y última estrofa se apunta a que la dama volverá a escuchar palabras de amor conmovedoras, procedentes de alguien que la ame; sin embargo, le advierte, con notable contundencia dolorosa, que nadie volverá a amarla como él lo ha hecho, pues ha adorado a su dama como si fuera una diosa. Como se puede apreciar, la significación va creciendo en intensidad y dramatismo.
2. Tema
El poema expresa, podríamos decir que paradójicamente, la advertencia a la mujer amada sobre la certeza de su fracaso amoroso futuro. En otras palabras, el asunto principal del poema es la constatación de la derrota de una pasión amorosa irrepetible, aunque las apariencias indiquen lo contrario.
3. Apartados temáticos
Este poema se estructura en tres apartados temáticos, que se corresponden con las tres estrofas. En cada una de ellos podemos apreciar dos bloques de contenido bien diferenciados. Los cuatro primeros versos de cada estrofa expresan afirmativamente una realidad y en el segundo bloque, que coincide con los cuatro últimos versos, se matiza o se niega que pueda repetirse la experiencia original del yo poético con su amada. Este segundo bloque siempre comienza con la conjunción “pero”, indicando de este modo que existe una contrariedad o dificultad que impide que se realice la acción previamente presentada.
 De este modo, tenemos:
– En el l primer apartado, identificable con la primera estrofa (vv. 1-8), se aprecian las dos secciones explicadas. El poeta expresa la certeza de que volverán las golondrinas al lugar dónde los amantes encontrado; sin embargo, añade después, ya no serán las mismas.
-La segunda estrofa (vv. 9-18) forma el segundo apartado. El yo poético también transmite la certeza de que en este caso la planta madreselva volverá a trepar por las tapias de la casa que los acogían, y también a florecer; pero justamente aquellas flores que observaron cómo temblaban por una gota de rocío, que ayudaron a establecer una relación de complicidad en la pareja, ya no volverán aparecer del mismo modo.
-La tercera y última estrofa (vv. 17-24) forman la tercera sección de contenido. El poeta admite que la dama escuchará palabras de amor, más o menos conmovedoras, pero no podrán transmitir la pasión y la intensidad de amor que él sentía por ella antes de la ruptura.
4. Análisis métrico y de la rima
Cada una de las estrofas del poema está compuesta por 8 versos; son endecasílabos (11 sílabas), excepto el cuarto y el octavo de cada estrofa, que son heptasílabos (7 heptasílabos). Esta combinación versal de arte mayor y menor es típica de Bécquer y se repite en muchos de sus poemas.
En cuanto a la rima, observamos que los versos pares (2, 4, 6, etc.) riman en asonante (en á), en tanto que los versos impares (1, 3, 5, etc.) quedan libres. Esta rima romanceada también es típica de la poesía becqueriana. La combinación crea una original musicalidad y aporta un ritmo y una cadencia suaves, melodiosos y agradables.
5. Acercamiento estilístico
La aparente sencillez del poema encierra una sutil y hermosa elaboración en torno a la metáfora y a los recursos de repetición (aliteración, anáfora, paralelismo, bimembración y el ritmo que proporciona la distribución acentual). Veamos los casos más llamativos:
El poema se abre con un encabalgamiento e hipérbaton que ocupa los dos primeros versos. Dentro de él descubrimos un epíteto (“oscuras”, atribuido a “golondrinas”) y una metáfora, pues las golondrinas se refieren a los momentos de felicidad compartida. La significación de “jugando llamarán” incide en el campo semántico de esa metáfora (vv. 3-4). Notemos que el significado se crea en torno al ave de la golondrina, que ayuda a crear una imagen fresca y cercana para el lector.
Esta significación se ve contrastada, en antítesis introducida por la conjunción adversativa “pero” (v. 5). Las golondrinas se personifican inmediatamente, pues “refrenan” su vuelo al contemplar la “hermosura” de ella y la “dicha” de él (vv. 5-8). La repetición de “aquellas” (vv. 5 y 7), en dos sintagmas que forman un paralelismo muy llamativo, que a su vez forman una anáfora, advierten que algo negativo sucede. También contribuyen a esa sensación negativa las dos suspensiones (creada con los puntos suspensivos) y la exclamación retórica “¡no volverán!” (v. 8); este verso se repite exactamente igual en el v. 16, enfatizando la idea de que aquello se acabó y no se repetirá.
La segunda estrofa está construida en forma paralelística respecto de la primera (y lo mismo volveremos a comprobar en la tercera). Ahora el elemento natural es “las tupidas madreselvas” (v. 9). También la planta se personifica, pues “trepa” por los muros hasta alcanzar las ventanas de la casa. El foco de la significación se centra en su flor, como antes habían sido las alas de la golondrina. De nuevo aparecen el paralelismo de “aquellas”, la doble suspensión y la exclamación retórica. Se ve intensificada la significación alusiva a belleza, naturalidad y frescura con el símil “como lágrimas del día” (v. 15), referida a las gotas de agua del rocío que conserva la flor.
La tercera estrofa presenta la misma estructura formal, pero el contenido varía notablemente. Ahora, el “amor” (v. 17) ocupa una posición principal, reforzada esta idea con la metáfora y sinestesia que encierra la expresión “palabras ardientes” (v. 18). Otra metáfora del mismo campo de significación, “corazón” (v. 19), contribuyen a focalizar el asunto nuclear del poema: la pérdida del amor y su irrepetibilidad. Los últimos cuatro versos continúan con la estructura sintáctica previa y bien conocida, con la conjunción “pero” abriendo todo el enunciado. Sin embargo, un polisíndeton que encierra tres metáforas, (“mudo y absorto y de rodillas”, v. 21), ofrece una imagen ya completamente centrada en el yo poético: confiesa su amor hacia ella en términos divinos o religiosos. Esta expresión del amor humano como si fuera divino la aclara muy bien el símil “como se adora a Dios ante su altar” (v. 22). El poeta revela sus sentimientos apasionados hacia la dama utilizando el verbo en primera persona, aunque en un tiempo pasado, “como yo te he querido…” (v. 23). Y se dirige a la antigua amada con un imperativo lleno de amargura, “desengáñate” (v. 23). Aquí descubrimos que ha sido ella quien lo ha abandonado, lo que ha provocado las cuitas del yo poético. La sinonimia establecida con los verbos “querer” y “amar” (vv. 23 y 24) insisten en la idea del amor intenso y firme que él ha sentido por ella. En estos momentos, el poema adquiere un tono dialógico, pues aparenta una conversación entre ambos, próxima a la confesión desesperada y llena de reproches de él.
Es ahora cuando comprendemos que las golondrinas, las madreselvas y las palabras (los tres sustantivos que abren las tres estrofas) son metáforas del amor irrepetible, por intenso y auténtico, que el yo poético le ha profesado a su dama. Ahora adquiere pleno sentido el verso final: “nadie así te amará”; ella, pues, habrá de sufrir la frustración de no encontrar un amor semejante al del yo poético.
Un elemento muy interesante en la creación de la significación del poema es el empleo de los tiempos verbales. Vemos que el futuro simple es el tiempo más empleado (sobre todo, en la segunda parte de cada estrofa). Alterna con el pretérito imperfecto en los versos descriptivos de cada poema, para pintar el cuadro idílico cuando ambos se amaban en el jardín de la casa donde todo contribuía a crear una atmósfera de complicidad y felicidad.
Este análisis nos ha permitido desvelar una cuidadosa estructura poemática sustentada en el uso de recursos de repetición de palabras y sintagmas, junto con la de versos (vv. 8 y 16). El poema pinta un cuadro amatorio hermoso e intenso, pero es como el contraste para expresar la amargura de la constatación de un amor perdido, junto con el consiguiente abandono, por parte del yo poético. Este se erige casi en adivino, al pronosticar a la dama futuros fracasos amorosos, pues su amor es irrepetible y superior.
6. Contextualización autorial
Bécquer es, sin duda, el gran poeta romántico español. Lo más paradójico y llamativo es que inicia su producción poética cuando se apagaban los últimos rescoldos románticos. Se le ha llamado poeta “tardorromántico” (junto con la insigne Rosalía de Castro), y con mucha propiedad. En un momento en que el realismo, con su observación minuciosa de la realidad, sobre todo la sórdida, y el triunfo de los valores burgueses, Bécquer presenta una poesía subjetiva, lírica y vibrante. Acaso por eso pasó sin pena ni gloria entre sus contemporáneos. Se ha destacado como influencias principales en Bécquer la de la poesía popular tradicional andaluza y la romántica alemana (especialmente, la del poeta H. Heine). Ambos componentes son importantes y contribuyen a la concentración expresiva, la relativa sencillez compositiva y el sesgo intimista y dramático de sus composiciones. Resumimos brevemente los rasgos de la poesía romántica, bien verificables en este poema (se pueden encontrar más explicitados, en este mismo blog, en otros análisis de otros poemas de Bécquer):
-Subjetividad: el yo prima por encima de toda otra consideración. La contemplación del mundo y sus circunstancias gira en torno a la persona del poeta, que se interesa sobre todo por expresar su individualidad, en general, en choque con el mundo. Se aprecia muy bien en el empleo de los verbos en primera persona.
-Intimismo: frente a la exterioridad y el grupo, al poeta le interesa su interioridad y el modo de encajar su persona en una sociedad, en general, hostil.
-Sentimentalidad: el mundo de las emociones es más interesante que el de las observaciones o de las acciones. El poeta se centra principalmente en escuchar, ordenar y transmitir poéticamente sus sentimientos.
-Empleo cómplice de la naturaleza: distintos elementos naturales sirven para expresar un estado de ánimo, sea el que fuere. Aquí, hemos visto cómo un ave, la golondrina, y una planta, la madreselva, sirven para expresar la amargura del abandono amoroso.
-Cierta rebeldía y exaltación de la libertad: en este poema apenas se manifiesta en cuanto al fondo. En la forma, podemos apreciar cómo Bécquer combina versos y rimas de distinto ámbito, rompiendo con los moldes clásicos, para crear poemas brillantes y vibrantes.
7. Interpretación y valoración
El poema “Volverán las oscuras golondrinas” es un preclaro ejemplo de excelente poesía romántica: intimismo, subjetividad y sentimentalidad al servicio de la belleza poética en grado sublime. El yo poético muestra su amargura por el fracaso sentimental, y lo hace a través de muy bellas imágenes naturales que se representan en la mente lectora con viveza y expresividad.
La aparente sencillez compositiva esconde un cuidado e intenso trabajo de elaboración literaria. El poeta levanta una arquitectura verbal en la que vemos las vigas maestras, pero, al mismo, tiempo, percibimos el resto de los elementos ornamentales y el edificio completo, auténtica perla literaria.
La poesía de Bécquer no ha perdido nada de actualidad, a pesar del siglo y medio transcurrido desde su escritura porque posee tres raras y, por ello, preciosas cualidades, propias de la buena literatura: la autenticidad, la transparencia y la belleza formal.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden realizar de modo oral o escrito, de forma individual o en grupo, en la clase o en casa, de modo tradicional o con ayuda de los medios TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el contenido del poema, señala el tema y los apartados temáticos.
2) Explica la causa de la afirmación tan contundente del yo poético dirigido a la dama: “nadie te amará”.
3) El poema, ¿es optimista o pesimista en el tratamiento del asunto amoroso? Aporta razones.
4) ¿Cómo y por qué el poema posee un tono de diálogo, como conversacional? Para ello, has de Localizar las marcas gramaticales donde vemos al “yo” y al “tú”.
5) Señala el efecto en el significado del poema de algunos recursos retóricos especialmente significativos y referidos a la repetición.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Localiza los dos elementos naturales que participaban, de algún modo, en la dicha amorosa del poeta y su amada. Fíjate en los adjetivos que acompañan a esos sustantivos para delimitar el tono risueño o sombrío en cada sección de cada estrofa.
2) El poeta, ¿se mueve por el rencor, el despecho, la amargura, o todo a la vez, cuando advierte a la dama que nadie la amará como él lo ha hecho?
3) ¿Qué sentido tiene la expresión “tu corazón de su profundo sueño / tal vez despertará” (vv. 19-20)? Interpreta las dos metáforas que están dentro de ella.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Buscar una música y unas imágenes adecuadas (de paisaje, por ejemplo) para un recitado declamatorio, a modo de diaporama.
2)Transformar en relato o en texto teatral el contenido del poema, de forma libre.
3) Indagar sobre la vida de Bécquer y, en concreto, sus desafortunados amoríos con Julia Espín y establecer hasta qué punto su vida está recogida en el poema.
4) Su hermano Valeriano era pintor: buscar cuadros de él, o de otros pintores románticos, cuyos paisajes encajen con la naturaleza presentada en el poema.

Rosalía de Castro: «Era apacible el día» (de «En las orillas del Sar»); análisis y propuesta didáctica

ROSALÍA DE CASTRO: “Era apacible el día” (de “En las orillas del Sar”, 1884)

 

Era apacible el día                                                                1
Y templado el ambiente,
Y llovía, llovía
Callada y mansamente;
Y mientras silenciosa                                                           5
Lloraba y yo gemía,
Mi niño, tierna rosa
Durmiendo se moría.
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía!             10
Tierra sobre el cadáver insepulto
Antes que empiece a corromperse… ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
Bien pronto en los terrones removidos
Verde y pujante crecerá la yerba.                                    15
¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
Torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!…
Jamás el que descansa en el sepulcro
Ha de tornar a amaros ni a ofenderos                          20
¡Jamás! ¿Es verdad que todo
Para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad.
Tú te fuiste por siempre; mas mi alma                         25
Te espera aún con amoroso afán,
Y vendrá o iré yo, bien de mi vida,
Allí donde nos hemos de encontrar.
Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
Que no morirá jamás,                                                       30
Y que Dios, porque es justo y porque es bueno,
A desunir ya nunca volverá.
En el cielo, en la tierra, en lo insondable
Yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,                         35
Ni puede tener fin la inmensidad.
Mas… es verdad, ha partido
Para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
De un día en este mundo terrenal,                               40
En donde nace, vive y al fin muere
Cual todo nace, vive y muere acá.
                                                                                                   En las orillas del Sar (1884)
  1. ANÁLISIS
  1. Resumen
Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837 – Padrón, La Coruña, 1885) es una excelente y brillante poeta del Romanticismo español. Junto con Bécquer, aportaron originalidad, autenticidad y belleza intimista a una poesía en principio bastante altisonante.
En el poema que nos disponemos a analizar, el yo poético, trasunto de Rosalía de Castro, cuenta una historia, la muerte de uno de sus hijos, transmite su estado anímico de desolación y tristeza, apela a Dios para que un día vuelvan a estar juntos; el poema se cierra con una reflexión sobre la dura ley de vida: todo lo que nace ha de morir.
El texto se abre con un marco temporal concreto: un día “apacible” y lluvioso, en el que se desarrolla una terrible circunstancia: un niño, hijo de la poeta, se está muriendo. Ello provoca un contraste hiriente entre el sosiego del moribundo y la crispación en la del yo poético, que lo contempla. En la segunda estrofa, el yo poético pide la inhumación del cadáver, suplica calma tal vez a los presentes y les recuerda que la normalidad pronto volverá. En la tercera estrofa interpela a los que buscan respuestas alrededor de las tumbas; acaso se refiera a las personas, en general, acaso es un plural mayestático donde ella misma está incluida. Advierte que los muertos ya no inquietarán a los vivos. Se pregunta si con la muerte todo finaliza y la respuesta es tajante: no, no todo lo destruye el final; lo eterno y lo inmenso perdurarán para siempre. La cuarta estrofa establece un diálogo frustrado del yo poético con el niño fallecido. Le recuerda que algún día se juntarán con “amoroso afán”. La quinta estrofa es continuación de ese diálogo o monólogo unidireccional del yo poético al hijo. Le informa con asertividad que algún día se unirán porque hay algo de él en ella, porque Dios, justo y bueno, así lo hará. Recuerda de nuevo que lo eterno y lo inmenso no desaparecen con la muerte terrenal. La última estrofa introduce una reflexión de carácter adversativo. El yo poético cede a la evidencia de que su hijo ha partido “para nunca más tornar”. La ley natural establece que el hombre solo es un invitado en el mundo; aquí nace, vive y muere, como todo lo demás.
2. Tema
El asunto principal de este poema es la expresión del dolor por la muerte de un ser querido, donde chocan el deseo de un reencuentro definitivo futuro y la dura certeza de la ley natural de que todo lo terrenal muere y desaparece para siempre. En otras palabras, el poema es una manifestación del dolor inmenso por la muerte de un hijo, entre la esperanza de algún tipo de resurrección y la certeza de que la vida terrenal es efímera e irreversible. Estamos, por tanto, ante una elegía íntima, sentida y expresiva.
3. Apartados temáticos
En este poema se advierten los siguientes apartados temáticos:
-Una primera sección está formada por las dos primeras estrofas (vv. 1-15). Es una presentación de la acción en su marco temporal.
-Una segunda sección la conforma la estrofa tercera (vv. 16-24). Se dirige a un vosotros que no acota exactamente; tal vez los que la acompañan, acaso el resto del mundo, posiblemente los vivos, incluida ella misma. Advierte que los muertos ya no molestan, pero también asevera que lo eterno e inmenso no tiene fin ni es alcanzado por la muerte.
-Las estrofas cuarta y quinta (vv. 25-36) constituyen un diálogo unidireccional de la madre al niño. Le recuerda que el amor los unirá para siempre y que la reunión entre ambos ocurrirá, en un lugar y tiempo desconocido.
-La última estrofa (vv. 37-42) reconoce que la muerte es irreversible, que el hombre está de prestado en el mundo y que está sujeto a la ley biológica del nacimiento, vida y muerte, pues “nada hay eterno para el hombre”.
4. Análisis métrico, de la rima y de la estrofa
El poema está formado por 42 versos distribuidos en seis estrofas con diferente número de versos (10, 5, 9, 4, 8 y 6, respectivamente). La medida de los versos varía; oscila del heptasílabo (predominante en la primera estrofa) al alejandrino (más común en el resto de las estrofas. La rima también presenta una gran variedad. En la primera estrofa se aprecia dos cuartetas y dos versos finales que repiten la rima de los versos 2 y 1, respectivamente. La segunda y tercera estrofas se resuelven en verso libre, con una vaga tendencia a la asonancia romanceada. Las tres estrofas finales presentan una rima romanceada, por tanto, en los versos pares, quedando los impares libres, en á. Estamos en el Romanticismo y la tendencia a la experimentación con las formas clásicas y una querencia por el verso libre se imponen sin paliativos.
Este tipo de disposición formal –medida de los versos novedosa y no clásica, rima asonantada, estrofas de distinta extensión– es muy frecuente en el Romanticismo español (Espronceda y Bécquer la practicaron asiduamente). Los poetas románticos caminan hacia el verso libre; en este poema, Rosalía se ubica a mitad de ese recorrido.
Conviene destacar la intensa y persistente musicalidad del poema. La distribución acentual es muy cuidada; esta es la responsable de una cadencia suave y fluida que dotan al conjunto de un tono melódico agradable y penetrante.
5. Análisis estilístico
El poema teje una densa red de significación gracias al uso profuso y acertadísimo de distintos recursos estilísticos. Ofrecemos una localización de los mismos en el poema, entre corchetes [], con el único objetivo de comprobar el asombroso despliegue estilístico y la intensa elaboración verbal del poema:
Era apacible el día  [hipérbaton y encabalgamiento suave; una ironía y antitésis adelantada se puede apreciar después, al conocer el contenido]
Y templado el ambiente, [elipsis]
Y llovía, llovía [repetición]
Callada y mansamente; [bimembración, sinestesia, personificación]
Y mientras silenciosa [paradoja
Lloraba y yo gemía, [hipérbaton y bimembración]
Mi niño, tierna rosa [metáfora]
Durmiendo se moría. [paradoja]
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente! [exclamación retórica]
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía! [anáfora, paralelismo, antítesis y exclamación retórica]
Tierra sobre el cadáver insepulto [metonimias]
Antes que empiece a corromperse… ¡tierra! [suspensión, repetición, exclamación]
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos, [apóstrofe]
Bien pronto en los terrones removidos
Verde [epíteto] y pujante [personificación, sinestesia] crecerá la yerba. [ironía, sarcasmo]
¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
Torvo el mirar, nublado el pensamiento? [interrogación retórica, paralelismo, metáforas]
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!… [exclamación retórica y suspensión]
Jamás el que descansa en el sepulcro [perífrasis]
Ha de tornar a amaros ni a ofenderos [hipérbaton, paralelismo]
¡Jamás! [anáfora, exclamación] ¿Es verdad que todo
Para siempre acabó ya? [interrogación retórica, hipérbaton]
No, no puede acabar lo que es eterno, [repetición, tautología, obviedad]
Ni puede tener fin la inmensidad. [paralelismo, anáfora, tautología, obviedad]
Tú te fuiste por siempre; mas mi alma [apóstrofe o invocación, antítesis]
Te espera aún con amoroso afán, [metáfora, sinestesia]
Y vendrá o iré yo, bien de mi vida, [disyunción, metáfora]
Allí donde nos hemos de encontrar.
Algo ha quedado tuyo en mis entrañas [metonimia, perífrasis]
Que no morirá jamás,
Y que Dios, porque es justo y porque es bueno, [paralelismo, polisíndeton]
A desunir ya nunca volverá. [hipérbatón]
En el cielo, en la tierra, en lo insondable [paralelismo, enumeración]
Yo te hallaré y me hallarás. [derivación, antítesis, polisíndeton]
No, no puede acabar lo que es eterno,  [repetición, perífrasis, obviedad]
Ni puede tener fin la inmensidad.
Mas… es verdad, ha partido [suspensión, elipsis]
Para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped [metáfora, hipérbole, encabalgamiento]
De un día en este mundo terrenal,[metonimia, metáfora]
En donde nace, vive y al fin muere [enumeración, graduación]
Cual todo nace, vive y muere acá. [repetición, enumeración]
Todos los recursos señalados –a más de uno por verso; su cantidad es asombrosa; y no se han anotado todos por mor de la brevedad– aportan una significación connotativa de dolor desgarrado, expresión en imágenes de una pérdida insustituible, efectos líricos de angustia por un cierto pesimismo existencial. Las imágenes inciden vivamente en la imaginación lectora para ofrecer un perfil del yo poético dominado por el dolor y la desesperanza.
El poema, en sí mismo, es una elegía (composición clásica en la que se lamenta la pérdida de un ser querido), plagada de malos augurios y entreverada de reproches hacia los demás. En esencia, ofrece dos ejes temáticos contrapuestos: la esperanza de una vida de ultratumba que dé satisfacción a los deseos del yo poético de reencontrarse con su hijo muerto; por otro lado, la amargura de comprender que eso no es posible porque “todo” acaba con la muerte. Estamos ante una aporía ontológica que desgarra al yo poético sin solución posible. La tensión poética es, pues, enorme y desgarradora; es un reflejo de la existencial que el yo poético arrastra en su interior.
Desde otra perspectiva, es bien perceptible una relación poco amistosa entre el sujeto poético y los otros, los demás, que el emisor lírico no quiere especificar, expresada en la tercera estrofa. Los impreca, les pide calma porque el muerto ya no molestará más, ni para bien, ni para mal (“Jamás el que descansa en el sepulcro / ha de tornar a amaros ni a ofenderos”).
La repetición, casi a modo de estribillo, de los versos 35-36 es una afirmación rotunda de querer creer en una vida ultraterrena que permita el reencuentro con las almas de los que ya se fueron:
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad.
El conjunto del poema nos permite apreciar un magnífico dominio de la lengua poética por parte de nuestra poeta. El equilibrio entre el contenido, denso y triste, siempre amargo, y la expresión, cuidada, significativa y muy reconcentrada, es total. De ahí que su lectura resulte impactante, sorprendente y apelativa.
6. Contextualización
Rosalía de Castro es una de las más excelsas poetas en lengua castellana. Sus tres libros de poesía, los dos primeros en gallego y el último en español, marcan un hito en el Romanticismo español. Se trata de una expresión literaria romántica ya algo tardía, pues cuando ella publica sus poemarios, entre 1863 y 1884 –precisamente, el año en que Clarín publicó su gran obra realista, La Regenta–, la literatura realista irrumpe con fuerza en España. Precisamente por eso, su romanticismo es más depurado, contenido e intimista que el anterior de la primera mitad del siglo XIX.
Rosalía reivindica en su poesía el papel de las emociones, la importancia de la lengua y la cultura gallega y el papel de la mujer en la sociedad del momento. Reclama atención a esos tres componentes sin grandes alharacas, pero con claridad y contundencia. Lamenta su papel secundario y apela al respeto de todos ellos. En concreto, su reivindicación del gallego como lengua literaria es de fundamental importancia, pues su poesía es un puente entre la muy importante tradición de la poesía lírica galaico-portuguesa de la Edad Media y la época que le tocó vivir.
Por lo demás, en Rosalía se aprecia una expresión honda y contenida de los avatares de un alma traqueteada por los sinsabores de la vida. La muerte de los seres queridos más cercanos, por ejemplo, es un motivo de especial sufrimiento. Se puede afirmar que la poesía rosaliana oscila entre la confesión íntima, la búsqueda de la expresividad estética y el lenitivo del alma que alivie los dolores de la vida.
7. Interpretación
El poema que estamos comentando es un ejemplo perfecto de la mejor poesía romántica española. Resumimos sus elementos compositivos básicos:
-Subjetivismo: ya la expresión “lloraba yo y gemía” del verso 6 nos advierte que el poema se centra y habla del yo poético, más o menos trasunto de Rosalía de Castro, en una especie de diálogo trunco con su niño muerto. Hay más personas, pero solo se oye la voz del poeta que reclama toda la atención.
-Sentimentalismo: el poema se enfoca rápidamente en las emociones del yo poético. Lo exterior, en este caso la muerte de un hijo de corta edad, sirve para indagar en lo interior. El estado del alma es lo que interesa mostrar; rabia respecto de los demás, amargura por la pérdida respecto de su niño; y, en fin, aceptación del final sin retorno: “Mas… es verdad, ha partido / para nunca más tornar”.
-Intimismo: la dinámica del poema es interna, personal y refleja. Todo gira en torno a la expresión del desgarro interior por la muerte de su niño. Las emociones de rabia, esperanza y resignación se suceden, en un camino sinuoso, que desembocan en la desesperanza.
-La naturaleza y las otras personas son componentes complementarios, en una relación dialéctica tensa y poco amable. El hecho de que el yo poético no les permita replicar ni intervenir muestra bien que no está dispuesto a cederles nada de protagonismo, como que ya se supiera lo que pudieran decir.  Aquí no asistimos a una naturaleza cómplice, sino más bien a otra dura, distante y poco amistosa con la voz poética, como se puede apreciar en los versos 14-15:
Bien pronto en los terrones removidos
Verde y pujante crecerá la yerba.
-Formalmente, Rosalía crea un artefacto poético ajustado a la elegía, pero con elementos innovadores desde el punto de vista del contenido, del tratamiento del asunto y de la forma poética (estrofas, métrica y rima muy experimentales e innovadores). El conjunto resulta muy hermoso por su hondura y delicado equilibrio entre expresión y contenido. La sensación lectora es de una gran densidad significativa.
8. Valoración 
El poema que comentamos es un estupendo ejemplo de la mejor poesía romántica española. La transparencia significativa es tan alta que el lector pronto comprende y comparte el dolor inmenso que inunda al yo poético. La pérdida de un hijo pequeño lleva a Rosalía a expresar casi con rabia y bastante desesperación su abatimiento emocional.
En este poema Rosalía de Castro vuelca su dolor por la muerte de un hijo pequeñito. Manifiesta su rabia y su enfado contra todo y contra todos. Nos permite seguir sus movimientos emocionales de angustia, ira contra los demás, fe en una vida futura y, al fin, descreencia en esa misma vida.
En este sentido, es un poema duro, terrible e incluso descarnado. No hay solución para la muerte, ni para la vida, pues todo está sujeto a la ley biológica de la extinción. El lector se ve sobrecogido por unas reflexiones cargadas de hiel porque la muerte traicionera ha arrebatado al yo poético parte de lo que más quería.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras).
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Fíjate en qué persona y tiempo están conjugados los verbos para delimitar de quién y cómo se habla (tono optimista o pesimista, esperanzado o amargo, etc.).
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada.
4) Existen muchas imágenes que aluden al dolor por la muerte de un ser muy querido y conforman una elegía. Explícalas y dales sentido en el contexto de la forma poética de la elegía.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Por qué el yo poético afirma que “Lloraba y yo gemía”? ¿Está en consonancia con el tiempo y el clima descrito?
2) “Sosiego” y “borrasca” (vv. 7 y 9) son dos términos que se contraponen ¿Qué tipo de emociones desea transmitir? ¿A quién corresponden?
3) Establece una relación de oposición entre la esperanza y la desesperanza tal y como se manifiestan en el poema.
4) Indica los rasgos de la poesía romántica perceptibles en este poema.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Documéntate sobre la poeta Rosalía de Castro y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc.
2) La naturaleza despierta admiración y un intenso grado de comunicación por parte de la poeta. Expresa las emociones que despierta en ti la contemplación de un paisaje o un elemento natural (aves, fuente, etc.). Puedes hacerlo en papel, por imagen –dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez.
3) Escribe un relato basado en la contemplación de un lugar, real o imaginario, común o raro, solo o en compañía. Trata de expresar las emociones que te sugiere.
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Rosalía de Castro, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva de los poemas de nuestra poeta.

Rosalía de Castro: «¿Quen non xime?» (de «Follas novas»); análisis y propuesta didáctica

¿QUEN NON XIME? (De la sección 2ª, “¡Do íntimo!”, de Follas novas, 1880) 

 

[1] Luz e progreso en todas partes… pero  
As dudas n’os corazós,  
E vagoas qu’un non sabe por que corren,  
E dores qu’un non sabe por que son.  
—  
[2] Outro cantar din cansados  
D’este estribilo os que chegando van,  
Nun-ha nova fornada, e qu’andan cegos  
Buscando o qu’inda non hay.  
 
[3] ¡Reprobos!… sempre ô oculto perguntando  
Que mudo nada vos di.  
Buscade á fé, que se perdeu n’a duda  
E deixade de xemir.  
—  
[4] Mais eles tamen perdidos  
Por un-ha y outra senda van e vên 
 Sin que sepan ¡coitados! por ond’andan,  
Sin paz, sin rumbo e sin fé.  
 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  
[5] Trist’é o cantar que cantamos  
¿Mais que facer s’outro mellor non hay?  
Moita luz deslumbra os ollos,  
Causa inquietude ó moito desear.  
Cand’un-ha peste arrebata  
Homes tras homes, n’hay mais  
Qu’enterrar de presa os mortos,  
Baixá-la frente, e esperar  
Que pasen as correntes apestadas…  
¡Que pasen!… qu’outras vendrán. 
 * * *  
[6] Ladraban contra min que camiñaba  
Casi-que sin alento,  
Sin poder c’o meu fondo pensamento 
Y á pezoña mortal qu’en min levaba.  
Y á xente que topaba  
Ollandome á mantenta  
D’o meu dor sin igual y á miña afrenta  
Traidora se mofaba.  
Y eso que nada mais qu’á adiviñaba.  
Si á souperan ¡Dios mio!  
Pensei tembrando, contra min volvera  
A corrente d’o rio. 
 —  
[7] Buscand’ó abrigo d’os mais altos muros,  
N’os camiños desertos,  
Ensangrentando ôs pés nos seixos duros,  
Fun chegando ô lugar d’os meus cariños  
Maxinando espantada:—os meus meniños  
¿Estarán a despertos?   
¡Ay qu’ô verme chegar tan maltratada  
Chorosa, sin alento e ensangrentada,  
Darán en s’afrixir… mal pocadiños!  
Por sua nay mal fadada.  
 
 [8] Pouco á pouco fun indo  
Y as escaleiras con temor subindo,  
C’o triste corazon sobresaltado:  
¡Escoitei!… nin as moscas rebullian  
No berce ind’os meus anxeles dormian  
C’a vir en ô seu lado.  
* * *  
[9] ¿Porqué, miña almiña,  
Porqu’ora non queres  
O qu’antes querias?  
—  
[10] ¿Porqué, pensamento,  
Porqu’ora non vives  
D’amantes deseyos?  
—  
[11] ¿Porqué, meu esprito,  
Porqu’ora te humildas,  
Cand’eras altivo?  
—  
[12] ¿Porqué, corazon,  
Porqu’ora non falas  
Falares d’amor?  
—  
[13] ¿Porqué a non bates  
Co doce batido  
Que calma os pesares?  
—  
[14] ¿Porqué, en fin, Dios meu  
A un tempo me faltan  
A terra y o ceu?  
—  
[15] ¡Ou ti! roxa estrela  
Que din que comigo  
Naciche, poideras  
—  
[16] Por sempre apagarte,  
Xa que non pudeche  
Por sempre alumarme…!  

 

  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen y análisis métrico y estilístico 
Estamos ante una sucesión de poemas unidos temática y estilísticamente. Cada poema está separado por una raya o una semilínea de astericos. Todos ellos se agrupan bajo el título de “¿Quen non xime?”, lo que asegura su unidad de intención y sentido. Es probable que todos los textos puedan considerarse modulaciones o estrofas del mismo poema. Sea de ello lo que fuere, las estrofas 9-16 conforman una unidad temática y formal muy clara: comparten la forma y el contenido, como a continuación expondremos. El resumen lo realizaremos de cada modulación separadamente, con el fin de ganar en claridad expositiva; en este mismo lugar anotaremos los elementos de rima y estrofa, junto con los recursos estilísticos empleados por Rosalía de Castro. 
[1] Se establece un vivo contraste el exterior, representado por el progreso y la luz, que lo ocupan todo, frente a las “dudas en los corazones”. En el interior de las personas (los verbos y sustantivos están en plural) aparecen lágrimas y dolores de los que ignoramos la causa. Alegría ruidosa por fuera, tristeza y sufrimiento por dentro. Esta estrofa está formada por versos dodecasílabos (excepto el segundo, que es octosílabo). La rima es romanceada, en aguda (ó), en los versos pares. Sobresale el paralelismo y la anáfora de los dos últimos versos, que aportan significación connotativa a “vagoas” y “dores”. El enunciado es generalizante, como se aprecia en el sujeto del verbo “sabe”, “un”. El yo poético se sume en una colectividad que entiende que comparte un estado de tristeza, frente a un mundo de luz y progreso. 
[2] Los individuos que se allegan al poema, es decir, a la reflexión subjetiva, no muestran gran interés por esa incitación. El yo poético los percibe como ciegos inquiriendo por lo que no existe. Es una crítica áspera a los impacientes y desnortados que no escuchan su interior. En este caso la rima y medida de los versos es: 8-, 12 A, 12-, 8A; la rima es asonante en aguda á. En este poema destaca la forma dialogada, aunque breve, señalada en cursiva y la propia introducción metonímica del poema, a través de “estribilo”. El poema se revela como un ámbito de reflexión, un paréntesis en el ruido del mundo. 
[3] La imprecación inicial a los amigos de la duda y la razón es muy incisiva. La exclamación seguida de la suspensión expresa el enfado del yo poético porque esas personas preguntan a lo oculto, que se mantiene callado. Por el contrario, los apostrofa para que busquen la fe (aunque no explica si es de naturaleza religiosa, metafísica, existencial, etc.) como fuente de luz y lenitivo para su gemido de dolor del alma. Aquí la combinación estrófica es: 12-, 8 A, 12-, 8 A; la rimá es en í. Son variaciones sobre el mismo pie y rima asonantada que aparece en las estrofas previas.  
[4] En la cuarta estrofa califica de “coitados” a esas personas que buscan sin encontrar, y que niegan la importancia de los sentimientos y de otros aspectos interiores del alma, como la fe. Siente cierta conmiseración ante ellos, pobrecillos engañados. Los percibe como errantes “sin paz, sin rumbo e sin fé”. Caminan perdidos por sendas que no los conduce a ningún lado. La estrofa en este caso es: 8-, 12 A, 8-, 12 A, con rima en aguda, é. 
[5] El quinto poema es metapoético porque indaga sobre sí mismo, de qué y cómo habla. El yo poético admite que su “cantar” es triste y desesperanzador. La existencia oscila entre la mucha luz y el mucho desear y la peste que mata a los hombres. Toda esperanza es vana, porque tras una peste mortífera, vendrán otras. Una interrogación retórica, una exclamación y dos suspensiones expresan muy bien el estado de desesperanza angustiosa del yo poético. La metáfora central es la peste, el mal que se lleva a “homes tras homes”: no se sabe muy bien cómo y por qué se produce, pero sus efectos son devastadores. Y para toda esa desolación no se atisba solución. Esta estrofa está formada por diez versos, octosílabos en su mayoría, los cuales riman en en á los pares, quedando libres los impares; la rima resulta, pues, romanceada. 
[6] El siguiente poema adquiere un matiz nuevo porque el yo poético asume el protagonismo. La separación por tres asteriscos entre el poema anterior y el actual parecen anunciar este cambio de tono y de contenido. Se presenta como caminante doliente, desfondado y con un veneno interior que le produce dolor. La gente se ríe y hace burla de su sufrimiento, sin conocer más que la punta del iceberg de su auténtico malestar. Ello es un alivio, porque si conocieran su verdadero pesar, todo iría contra él. El poema está formado por dos redondillas y una cuarteta, aunque de medida distinta a la habitual; son doce versos en conjunto. La estructura es la siguiente: 11A, 7b, 11B, 11A; 7a, 7c, 11C, 7a; 11A, 7d, 11A (con cierta irregularidad), 7d. La gente aparece animalizada: “ladraban”, como perros rabiosos, contra el yo poético, que avanza penosamente. 
[7] Esta estrofa resulta de especial significación porque se nos aclara la naturaleza exacta del yo poético: es una madre que, agotada, ensangrentada, se dirige a su hogar. Llega con aprensión porque no sabe cómo estarán sus hijos y cómo la recibirán. Su estado físico y anímico es deplorable: llorosa, maltratada, piensa que a alarmará a los “meniños” cuando la contemplen tan estropeada. Esta estrofa nos permite también identificar a ese yo poético con nuestra poeta, Rosalía de Castro, madre de cinco niños más dos fallecidos en el nacimiento. La estrofa está compuesta de diez versos endecasílabos y heptasílabos (el 2, 6 y 10) con rima libre, aunque se percibe un terceto inicial, seguido de un pareado; se suceden otros pareados y un terceto final. Las imágenes que transmite el poema aluden al dolor, al agotamiento y al deterioro físico y mental. Una antítesis de fondo recorre el poema: el sufrimiento del yo poético frente a la inocencia y felicidad de los niños. Una interrogación y una exclamación retóricas enfatizan la viveza de los sentimientos dolorosos del yo poético, junto con una adjetivación plástica y cromática (“espantada, maltratada, ensangrentada, mal fadada”). 
[8] La siguiente secuencia poética es una perfecta unidad temática con la anterior. La poeta llega a su casa y se dirige al cuarto de sus hijos, que duermen en silencio y en paz, con la virgen (sic) a su lado. Métricamente, observamos que se combinan versos heptasílabos (primero y último) con endecasílabos; la rima nos ofrece un pareado y un cuarteto, en este orden. El tono general lo expresa muy bien el verso “C´o triste corazon sobresaltado”: dos adjetivos, de significación negativa, para ofrecer una imagen del estado emocional del yo poético: tristeza y angustia a partes iguales. 
[9-16] Estas ocho estrofas o secuencias poéticas poseen una unidad formal y temática muy fuerte. Las seis primeras comparten la misma estructura sintáctica: cada una forma una oración interrogativa dirigida a una parte de su cuerpo (alma, pensamiento, espíritu, corazón y Dios, respectivamente). La interrogación retórica, el apóstrofe, la anáfora y el paralelismo son los recursos que planean por sobre las cinco estrofas iniciales. El yo poético se dirige a cada uno de ellos y lamenta que no le ofrezcan el consuelo, la paz, el amor, etc., que necesita urgentemente; todas las oraciones son negativas y expresan ausencia de elementos emocionales esenciales. La sexta estrofa se dirige a Dios y le pide una explicación para entender su situación de angustia y carencia, a través de una paradoja (“A un tempo me faltan / A terra y o ceu”).  Las dos últimas estrofas, de carácter exclamativo, es una apóstrofe a la “roxa estrela”, acaso símbolo del ángel de la guarda, o de la suerte, o del destino; le solicita que, en vistas de que no puede iluminar su camino, se apague para siempre. Es un modo de expresar su cansancio, su colapso emocional, su rendición ante los pesares; parece que desea la muerte para acabar con todos esos males que la abruman. El contenido grave, amargo y pesimista se impone sin paliativos. Las exclamaciones y la suspensión final inciden en esta expresión de abatimiento desesperanzado. Todas ellas forman tercerillas en versos hexasílabos, con rima distinta en cada una de las estrofas. Las metáforas y una escasa feliz adjetivación (“doce batido”) inciden en la contraposición de fondo entre la felicidad pasada y la angustia presente, entre la alegría ida y la amargura actual. 
El conjunto de esta composición estrófica es de gran emoción plástica. El yo poético aparece presa de una enorme abatimiento, soledad y amargura. Nadie lo entiende en la sociedad en la que vive; solo le queda el consuelo de sus hijos, pero ni siquiera su contemplación levantan su ánimo. Las ocho estrofas finales expresan un desaliento sin fin y un deseo de acabar de una vez con la amargura que todo lo cubre. 
Métricamente, las estrofas son variadas, pero de composición cuidadísima y equilibrada. Rosalía innova sobre formas métricas clásicas. Nunca pierde la rima asonantada, próxima a modelos estróficos familiares. Las imágenes poseen un gran impacto lector; suelen implicar a alguno de los sentidos (sobre todo, el visual) y expresan con viveza casi dolorosa un alma triste, abatida, abandonada y próxima a la rendición definitiva. 
 
2. Contextualización  
Rosalía de Castro es una de las más excelsas poetas en lengua castellana. Sus tres libros de poesía, los dos primeros en gallego y el último en español, marcan un hito en el Romanticismo español. Se trata de una expresión literaria romántica ya algo tardía, pues cuando ella publica sus poemarios, entre 1863 y 1884 –precisamente, el año en que Clarín publicó su gran obra realista, La Regenta–, la literatura realista irrumpe con fuerza en España. Precisamente por eso, su romanticismo es más depurado, contenido e intimista que el anterior de la primera mitad del siglo XIX. 
Rosalía reivindica en su poesía el papel de las emociones, la importancia de la lengua y la cultura gallega y el papel de la mujer en la sociedad del momento. Reclama atención a esos tres componentes sin grandes alharacas, pero con claridad y contundencia. Lamenta su papel secundario y apela al respeto de todos ellos. En concreto, su reivindicación del gallego como lengua literaria es de fundamental importancia, pues su poesía es un puente entre la muy importante tradición de la poesía lírica galaico-portuguesa de la Edad Media y la época que le tocó vivir. 
Por lo demás, en Rosalía se aprecia una maravillosa comunión espiritual del hombre con la naturaleza. El nivel de complicidad profunda, de naturaleza emocional, dialogante y dinámica, entre la poeta y la naturaleza alcanza asombrosos grados de expresión poética y de belleza quintaesenciada. 
La poesía de Rosalía de Castro expresa una fuerte desazón existencial y espiritual. Un mal, un dolor, recorre su poesía. Es difuso, pero constante y angustioso. Nunca acaba de desvelar su causa originaria, aunque sí sus consecuencias: cierta inclinación a acabar con todo, aunque el miedo a la muerte también sobrevuela parte de su poesía. 
 
3. Interpretación 
El poema que estamos comentando es un ejemplo perfecto de la mejor poesía romántica española. Resumimos sus elementos compositivos básicos: 
-Subjetividad: ya el pronombre “yo” y el verbo conjugado en primera persona, junto con los correspondientes posesivos, nos advierte que el poema se centra y habla del yo poético, más o menos trasunto de Rosalía de Castro. Hay más personas, percibidos más bien como ajenos o incluso enemigos despiadados. La voz del poeta reclama toda la atención, sobre todo en las ocho estrofas finales, que poseen un tono angustioso y desesperado. 
-Sentimentalismo: el poema se enfoca rápidamente en las emociones del yo poético. Lo exterior sirve para indagar en lo interior, que se presenta como un magma doliente y humillado. El estado del alma es lo que interesa; su preocupación por sus hijos hace que el yo poético emprenda un camino a casa vivido como un calvario. 
-Intimismo: la dinámica del poema es interna, personal y refleja. Todo gira en torno a qué emociones y sentimientos posee el yo poético, enfrentados a los de la gente necia. Su estado de frustración lleva a la poeta a interpelar con dureza primero a la gente estupidizada, después a su propio yo, a través de distintas metonimias; continúa con Dios y finaliza con su estrella roja, su ángel custodio y protector; le recrimina su incomunicación, acaso su fracaso; por eso le ruega que acabe con todo ello. 
-La naturaleza suele ser un componente principal en la poesía rosaliana; aquí, sin embargo, cede su papel al progreso, al mundo exterior, percibido como antagonista, ruidoso y cercenante. Acaso los niños toman un protagonismo especial, pues son la imagen del anhelo y la felicidad de la poeta, que no acaba de encontrar estos elementos ni en el mundo de fuera, del progreso, ni en el de dentro, en su corazón. 
-Formalmente, Rosalía crea un artefacto poético nuevo, casi experimental, y muy hermoso. Opta por una composición en sí algo difusa: son dieciséis estrofas agrupadas por el tema y el tipo de verso, y también, aunque menos, el tipo de rima. La sensación lectora es de una gran densidad significativa. La naturaleza y la poeta hablan casi argumentando, razonando con toda la seriedad del mundo. Late de fondo una estructura dialógica entre el exterior y el interior, entre el mundo y la poeta, entre la frustración (partes de su ser, Dios y su estrella roja) y la esperanza (sus hijos y sus anhelos de felicidad). Queda claro, así, que ella necesita la naturaleza como fuente de ensoñación, es decir, de vida, ilusión y esperanza. 
 
4. Valoración  
El poema que comentamos es un estupendo ejemplo de la mejor poesía romántica española. La transparencia significativa es tan alta que el lector pronto comprende la relación, necesaria pero tensa, entre el mundo exterior, hostil y cruel, y el yo poético. 
En este poema sorprende cómo la poeta abre su corazón en canal: nos permite comprobar sus angustias, temores y anhelos con toda naturalidad. Teme el mundo exterior y sus engaños tramposos. Busca algo distinto, que parece encontrar en sus hijos, pero tras visitarlos, continúa su malestar.   
La disyuntiva final que la poeta le plantea a su su destino es terminante: si no le pudo proporcionar la felicidad, al menos que la deje en paz y acabar sus días cuanto antes. El poema posee un tono confesional, honesto y desgarrado que sorprende y asalta al lector.  
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
Dada la extensión de esta composición estrófica, se puede tomar una sola estrofa o varias, para trabajar con ella de modo más concentrado y accesible para los alumnos. 
 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Fíjate en qué persona están conjugados los verbos para delimitar de quién se habla. 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) Existen muchas imágenes que aluden al choque entre el mundo exterior, del progreso, y el interior del yo poético: señala las más expresivas e indica su sentido. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué busca el yo poético? ¿Dónde? ¿Por qué? ¿Lo tiene fácil? 
2) ¿Qué tipo de emociones se despiertan en el interior del poeta cuando observa el mundo exterior y el interior? ¿Por qué? 
3) Establece una relación de oposición, con términos extraídos del poema, entre vosotros/yo, amargura/felicidad, desilusión/esperanza. 
4) Indica los rasgos de la poesía romántica perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre la poeta Rosalía de Castro y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. sobre su vida y su obra. 
2) La poeta se dirige a varios elementos internos pidiendo ayuda. Realiza un ejercicio similar, real o simulado, de modo que exprese un estado de ánimo concreto. 
3) Pasa a dibujo o pintura el itinerario que sigue el yo poético en su búsqueda de la felicidad. Puedes hacerlo en papel, por imagen –dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez. 
4) Escribe un relato basado en una colisión, ideológica, emocional o física, entre el mundo y un individuo, real o imaginario. Trata de expresar las emociones que te sugiere. 
5) Se puede realizar un pequeño festival declamatorio en el centro escolar, o en el ámbito de la clase, acompañado de música e imagen, con poesías de Rosalía de Castro.

Rosalía de Castro: «Eu ben vin estar o moucho» (poema 16 de «Cantares gallegos»); análisis y propuesta didáctica

ROSALÍA DE CASTRO: “EU BEN VIN ESTAR Ó MOUCHO”, CANTARES GALLEGOS (1863) 
(16)     
 Eu ben vin estar ó moucho
Enriba d’ aquel penedo:
¡Non che teño medo moucho,
Moucho non che teño medo!

                     -I-

Un-ha noite, noite negra,     1
Com’ os pesares qu’ eu teño,
Noite filla das sombrisas
Alas que estenden os medos;
Hora en que cantan os galos,      5
Hora en que xemen os ventos,
En qu’ as meigas bailan, bailan,
Xuntas có demo pirmeiro,
Arrincando verdes robres,
Portas e tellas fendendo,            10
Todas de branco vestidas
Tendidolos brancos pelos
Contra quen os cans oubean
Agoirando triste enterro;
Cando relumbrar se miran          15
Antr’ os toxales espesos,
Cal encendidas candeas
Ollos de lobo famento,
E os ramallaxes dos montes
Antre sí murmuxan quedos,         20
E as follas secas qu’ espallan
Os aires da noite inquietos,
En remuiños se xuntan
Con longo estremecemento;
Indo camiño da Igrexa,                25
Soya cós meus pensamentos
Cabo da fonte da Virxe
Pretiño dó cimeterio,
Dempois de sentir un sopro
Que me deixou sin alento,            30
Eu ben vin estar ó moucho
Enriba d’ aquel penedo.

-II-

Arrepuïñadas todas
As carnes se me puñeron
E os cabelos no curuto                  35
Fórons’ erguendo direitos:
Gotas de sudor corrian
Afio pó lo meu peito,
E trembaba como tremban
As auguas cando fay vento,           40
Ná pia da fonte nova
Que sempre está revertendo.
Aquel moucho ali fincado,
Cal si fose ó mesmo demo,
Fito á fito me miraba                     45
Có seus ollos rapiñeiros,
Que coidei que me roubaban
Non mais que de lonxe velos,
De lume me paresian
E que me queimaron penso,           50
Penso qu’ eran tizós roxos
Da fogueira dos infernos
Que pó las niñas me entraron
Hastr’ ó corazon direitos
En el remorsos habia                     55
D’ amoriños pecadentos…
¡Ay! quen ten d’ eses amores
Non pod’ achar bon sosiego!

Chovia, si Dios ten augua,
Ventaba en tódolos ventos,            60
E ensarrapicada toda
A camiñar non m’ atrevo
Qu’ ó moucho fita que fita
M’ aspera na quel penedo.
Mais acordeime da Virxe                65
Que sempre conmigo levo,
Resoll’ un Ave-Maria
E cobrando novo alento,
Com’ os páxaros do mare,
Nadando, paso ó regueiro,             70
Corro á enriba dó valado,
Brinco en baixo dó portelo,
E den’ ali, berro estonces
Con cantas forzas eu teño:
 

Non che teño medo moucho,
Moucho non che teño medo. 

 

  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
Este delicioso poema cuenta una historia y nos deja entrever el carácter y el estado de ánimo de su protagonista femenina. Una joven camina, en medio de la lluvia, de noche, por los campos, camino de la iglesia. De pronto, observa un búho en un peñascal y eso le provoca mucho miedo por su aspecto diablesco, mirándola fijamente con sus ojos blancos brillantes. Remueve sus sentimientos más profundos, como los amores furtivos que mantiene. Mojada y temerosa, echa a correr, salta el vallado que da acceso al recinto sagrado, reza un ave María y se encamina a la iglesia. Sintiéndose a salvo le grita al búho que no le tiene miedo. 
 
2. Tema  
Podemos enunciar el tema del siguiente modo: superación del miedo ante al búho gracias al coraje y la fe. También se podría presentar afirmando que es la expresión del temor paralizante combatido con valentía y arrojo. 
 
3. Apartados temáticos o secciones de contenido 
Los poemas de Cantares gallegos poseen una estructura fija y repetitiva: son glosas o variaciones personales a estribillos o coplas populares gallegas. El caso que nos ocupa no es distinto: sobre una estrofa popular que narra el encuentro de una persona con el búho, animal de connotaciones siniestras, aquella se reivindica e increpa al ave proclamando que no lo teme. Los apartados temáticos se pueden establecer del siguiente modo: 
-Cantar popular: constituido por una cuarteta; es el motivo principal y se enuncia en letra cursiva, para distinguirlo de la explicación en sí. 
-Primera glosa: marcada con –I-; el yo poético habla en primera persona. Se presenta a él mismo y la situación: una noche lluviosa paseando por el campo se topa con un búho, lo que le causa mucho temor; remueve sus sentimientos y temores angustiosos, sin aparente solución. Se cierra con los dos primeros versos del estribillo o cantar. 
-Segunda glosa: marcada con –II-; sobrepuesto el yo poético al susto inicial, corre hacia la iglesia, reza bajo la lluvia, salta el vallado y, sintiéndose a salvo, le grita al ave que no le tiene miedo. 
-Cierre del poema: se basa en la repetición de los dos últimos versos del cantar popular. Se insiste, pues, en la idea del yo poético de que ya perdió todo temor al ave siniestra. 
 
4. Aspectos métricos, de la rima y de la estrofa empleada 
El cantar o copla popular inicial forma una cuarteta (cuatro versos octosílabos de rima consonante a, b, a, b). La glosa o explicación, en sus dos partes, se desarrollan en romance (serie de versos octosílabos con rima asonante en los pares, quedando los impares libres); la rima en é-o es la misma en ambos apartados de la glosa. 
 
5. Análisis estilístico 
Como el poema tiene una base popular, los recursos estilísticos son los propios de la poesía folclórica, anónima, de transmisión oral y colectiva de Galicia. No repetimos los ejemplos para no ser embarazosos; de cada recurso se aporta un ejemplo o dos, si es el caso. Los recursos que sustentan la riquísima tejido poético son los siguientes (muchos de ellos basados en el fenómeno de la repetición): 
-Repetición retórica de palabras o sintagmas: en el cantar, la palabra “moucho” se repite cuatro veces; “medo”, dos veces. Luego se repite con frecuencia, por ejemplo en el verso 1: “Un-ha noite, noite negra”, “fita que fita” (v. 73), etc. Aportan expresividad e insisten en los campos semánticos fundamentales del poema. 
-Anáfora: especialmente significativa es la formada con la palabra “hora” (vv. 5-6); se crea un efecto dramático muy potente sobre el momento aciago e infeliz en que se desarrolla la acción.  
-Hipérbaton y encabalgamiento, que suelen aparecer juntos, aportan variedad y sabor poético, como se puede apreciar en los versos 33-36: 
 
Arrepuïñadas todas
As carnes se me puñeron
E os cabelos no curuto
Fórons’ erguendo direitos. 
 
-Paralelismo, que provoca un efecto de viveza narrartiva, como en los versos 71 y 72: “Corro á enriba dó valado, / Brinco en baixo dó portelo”. 
-La comparación o símil se usa con asiduidad para generar efectos plásticos e imágenes de poder evocador: “Com’ os páxaros do mare” (v. 69). 
-La derivación o políptoton, como en el caso anterior, también crea efectos de plasticidad significativa muy interesantes: “Ventaba en tódolos ventos” (v. 60). 
-Muy interesante resulta la personificación o prosopografía, con el objeto de aportar variedad, matiz y expresividad significativa. Un buen ejemplo lo hallamos en los versos 19-24; hemos subrayado los verbos y adjetivos que aportan un matiz prosopográfico de dramatismo y fuerza plástica:  
 
E os ramallaxes dos montes
Antre sí murmuxan quedos,
E as follas secas qu’ espallan
Os aires da noite inquietos,
En remuiños se xuntan
Con longo estremecemento. 
 
Ramallaxes”, “follas”, “aires” conspiran, animados, para crear una atmósfera temerosa y desapacible. Por otro lado, el “moucho” aparece constantemente personificado, incluso más, identificado, a ojos del yo poético, con el diablo; sus ojos echan fuego (“de lume me paresían” (v. 49). 
-La metáfora también juega un papel relevante en el poema. La más hermosa y de significación expansiva en la que aparece en el verso 56: “D´amoriños pecadentos…”. La suspensión amplifica e intensifica el misterio sobre esos amores prohibidos que embargan a la muchacha. Otra palabra metafórica, misteriosa y enigmática es “pesares” (v. 2), que siente en su alma el yo poético. Aporta un matiz de misterio e intriga, lo que enriquece notablemente la significación del poema. 
-El adjetivo embellecedor, casi siempre epíteto por su significación redundante o tautológica, aporta matices sensoriales de gran fuerza plástica. Véase, por ejemplo, los versos 9 –16; hemos subrayado esos adjetivos intensificadores: 
Arrincando verdes robres,
Portas e tellas fendendo,
Todas de branco vestidas
Tendidolos brancos pelos
Contra quen os cans oubean
Agoirando triste enterro;
Cando relumbrar se miran
Antr’ os toxales espesos,
 
-La hipérbole o exageración literaria aparece con bastante frecuencia, añadiendo connotaciones de miedo, temor, angustia, ante el encuentro del yo poético con el búho terrible. El yo poético siente un soplo que lo deja sin aliento (vv. 29-30), nada a toda prisa para pasar el reguero (v. 70), la mirada del búho es tan feroz y penetrante que el yo poético piensa que lo quema por dentro (vv. 45-50), etc. Acaso la identificación del “moucho” con el diablo es la imagen más impactante, visual y significativa del poema. El ave la miraba, desde el peñascal, “cal si fose ó mismo demo” (v.44). 
Este breve recorrido nos ha permitido comprobar la riqueza retórica del poema rosaliano. Tras una sencilla estructura poética de aparente simplicidad, se esconde una intensa elaboración que aporta belleza y significación al texto poético. 
 
6. Contextualización autorial y cultural 
Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837 – Padrón, La Coruña, 1875) es una de las más altas poetas en lengua castellana y gallega (cuya reivindicación literaria y socio-histórica es uno de los leit motiv de su obra). De profundo espíritu romántico, imprimió en sus poemarios el sello de la subjetividad frustrada, el ansia de otra cosa, acaso solo entrevista en la naturaleza, que le aporte la felicidad que el día a día le negaba. 
Su vida personal está llena de momentos trágicos indelebles. Su mismo nacimiento, espurio para la época, la muerte prematura de dos de sus siete hijos y un vago penar triste e íntimo contribuyeron a la expresión poética rosaliana un tanto amarga, pesimista y melancólica. Es un motivo de misterio y ha dado lugar a hipótesis variadas sobre la causa de la amargura y desazón emocional de esta escritora tan original y brillante, así como su decisión, en los años finales de su vida, de emplear solo el español como lengua literaria. 
Resulta llamativo el papel que juega la naturaleza en la poesía romántica y que se aprecia muy bien en los textos rosalianos. No es un adorno, sino un elemento esencial de expresión lírica de los sentimientos. No es de extrañar que la naturaleza, en sus aspectos más variados, aparezca como cómplice del sentir literario. Parece que los distintos elementos naturales dialogan con los protagonistas, en prosa o en verso, para sentir con ellos las más diversas pasiones, casi siempre de frustración, desencanto y pesimismo existencial. 
Junto con Bécquer, Rosalía lleva el Romanticismo español a cotas de pureza, originalidad y autenticidad no conocidas anteriormente. La contención expresiva, la transparencia de significado y un oído muy atento a la música de la poesía popular galaica dan como resultado una poesía intensa y bella, reconcentrada y profunda. 
 
7. Interpretación 
El poema 16 de Cantares gallegos (“Eu ben vin estar ó moucho”) es un ejemplo delicioso de la poesía de Rosalía de Castro: fresca, auténtica, de significación intensa y expresión popular. Tras la glosa de un cantar anónimo folclórico, Rosalía esconde y, al tiempo, presenta todo un mundo emocional de un yo poético sugestivo y original: el miedo al búho de una chica (queda claro en el verso 26: “soya cós meus pensamentos”) que pasea por lugares apartados de noche. Su encuentro con el búho le da miedo, pero, a la vez, aprovecha para confesarnos sus enigmáticos amores prohibidos, su devoción a la Virgen y su determinación valiente de no sucumbir al miedo. Cuando se siente a salvo, increpa al búho y le grita que no le tiene miedo, aunque su actitud anterior más bien muestra lo contrario. Un cierto tono de humor contenido, chispeante y paradójico se deja ver aquí y allá. 
¿Qué hacía en ese lugar tan apartado a esa hora intempestiva? El yo poético no desea confesarlo, lo que aumenta la tensión poética y la intriga lectora. El poema combina a la perfección los aspectos narrativos y descriptivos de una historia, con los intimistas y subjetivos de un poema lírico. El delicado equilibrio entre lo externo y lo interno, la anécdota y los secretos del corazón es uno de los aspectos más admirables de este poema. Su frescura, espontaneidad e intensa belleza expresiva se manifiestan a cada paso. El lector se ve así recompensado con esta joya literaria paradójica en sí misma: un cantar popular contiene una historia intimista de un yo poético escurridizo y cautivador. 
 
8. Valoración 
El poema 16 de Cantares gallegos es un hermoso texto literario lleno de vida y expresividad. Un cantar popular sirve de pretexto para contarnos una historia y presentarnos a una mujer intrépida y miedosa, atrevida y milagrera, enamorada y preocupada, todo al mismo tiempo. Ahí radica parte de la gracia y el misterio de este poema que bascula entre lo narrativo y lo lírico, entre lo externo y lo interno. 
La sencillez formal no anula ni oscurece en absoluto un altísimo grado de elaboración poética que tiende a la transparencia, la autenticidad y la armonía formal y de contenido. 
 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Fíjate en qué persona están conjugados los verbos para delimitar quién habla y de qué se habla. 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) Existen muchas imágenes que expresan el miedo del y poético al búho: señala las más expresivas e indica su sentido. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Por qué la naturaleza parece que se alía con el búho, para desgracia de la muchacha? 
2) ¿Qué aspectos de su vida nos deja conocer el yo poético? ¿Qué podemos deducir sobre su personalidad? 
3) ¿Cómo logra salvarse el yo poético de la “persecución” del ave? Razona sobre el grado de verosimilitud de la historia. 
4) Indica los rasgos de la poesía romántica perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre la poeta Rosalía de Castro y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. 
2) La naturaleza despierta admiración y un intenso grado de comunicación por parte de la poeta. Expresa las emociones que despierta en ti la contemplación de un paisaje o un elemento natural (aves, fuente, etc.). Puedes hacerlo en papel, por imagen –dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez. 
3) El búho y la lechuza son aves de intensas y antiguas resonancias literarias. Documéntate y realiza una exposición ante tus compañeros sobre la importancia litería de estas aves. 
4) Escribe un relato basado en un encuentro nocturno con un animal siniestro que te inspira gran temor. Inventa una historia bajo este pretexto, tratando de expresar las emociones que te sugiere.

Rosalía de Castro: «Dicen que no hablan las plantas…» («En las orillas del Sar»); análisis y propuesta didáctica

ROSALÍA DE CASTRO: EN LAS ORILLAS DEL SAR (1884) 

 

Dicen que no hablan las plantas… 
 
Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,  1
ni la onda con sus rumores, ni con su brillo los astros:
lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso
de mí murmuran y exclaman:
-Ahí va la loca, soñando                                                                           5
con la eterna primavera de la vida y de los campos,
y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha;
mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,                10
con la eterna primavera de la vida que se apaga
y la perenne frescura de los campos y las almas,
aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños;
sin ellos, ¿cómo admiraros, ni cómo vivir sin ellos?                       15
 
                                                                                                       En las orillas del Sar (1884) 

 

  1. ANÁLISIS
1. Resumen 
Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837 – Padrón, La Coruña, 1885) es una excelente y brillante poeta del Romanticismo español. Junto con Bécquer, aportaron originalidad, autenticidad y belleza intimista a una poesía en principio bastante altisonante.  
En el poema que nos disponemos a analizar, el yo poético, trasunto de Rosalía de Castro, dialoga con elementos naturales y reflexiona sobre su belleza aparentemente perenne, frente a la caducidad de su propia vida humana. La llaman “loca” porque va soñando por los caminos con sus anhelos y sus sueños, opuestos a la dura realidad del paso del tiempo, que trae caducidad, vejez y cierta intuición de la muerte. El yo poético pide a los elementos naturales (astros, fuentes, flores, pájaros, ondas del viento) que no la critiquen por sus ensoñaciones, pues las necesita para vivir con una sonrisa. 
 
2. Tema 
El asunto principal de este poema es la expresión de la comunión espiritual que se establece entre el yo poético y la naturaleza. En otras palabras, la admiración por la belleza natural, aparentemente eterna, frente al paso del tiempo del yo poético. 
 
3. Apartados temáticos 
Estamos ante un poema de una fuerte trabazón interna. La temática es única, sin modulaciones especialmente significativas. El texto deviene en un diálogo entre la naturaleza y la poeta. Aquellos la adjetivan de loca y le anuncian su próxima vejez. Esta se defiende afirmando que precisamente a ellos los necesita para seguir soñando, aunque también comprende su naturaleza efímera. El poema, entonces, se puede considerar constituido por un bloque temático único. Sin embargo, afinando mucho, se podría distinguir entre una breve introducción (los cuatro primeros versos), la intervención de los elementos naturales, que formaría una segunda sección, y la respuesta de la poeta, que conformaría el último apartado. Ambos enfoques poseen un sustento argumental aceptable; depende de la aproximación que el lector realice al poema. 
 
4. Análisis métrico, de la rima y de la estrofa 
El poema está formado por catorce versos distribuidos en tres estrofas con diferente número de versos (7, 5 y 2, respectivamente). Los versos son hexadecasílabos (16 sílabas), de arte mayor; se puede apreciar la cesura a mitad del verso; esa pausa suele coincidir con el signo ortográfico de la coma, visibilizando esa breve interrupción en la melodía versal. 
Cada una de las estrofas es monorrima (á-o, á-a y é-o, respectivamente) en asonante. El verso 10 presente una leve irregularidad, al introducirse una vocal silábica intermedia entre las dos que forman la rima regular. Las estrofas no forman una estructura estrófica reconocible respecto del repertorio clásico. Este tipo de disposición formal –medida de los versos novedosa y no clásica, rima asonantada, estrofas de distinta extensión– es muy frecuente en el Romanticismo español (Espronceda y Bécquer la practicaron asiduamente). Los poetas románticos caminan hacia el verso libre; en este poema, Rosalía se ubica a mitad de ese recorrido. 
Conviene destacar la intensa y persistente musicalidad del poema. La distribución acentual es muy cuidada; esta es la responsable de una cadencia suave y fluida que dotan al conjunto de un tono melódico agradable y penetrante. 
 
5. Análisis estilístico 
El poema se sustenta en el uso una personificación o prosopografía persistente: los elementos naturales dialogan con la poeta, justamente para resaltar que esta, acaso desequilibrada, sueña con la “eterna primavera de la vida y de los campos” (v. 6), sin comprender que ella misma avanza hacia una vejez más que próxima. La otra figura literaria que soporta la armazón del poema es la antítesis: existe una persistente contraposición entre el yo poético, pequeño y anciano, frente a la naturaleza, muy extensa, persistente y lozana. 
Sobre esta imagen central, se establece una reflexión del yo poético sobre su propia existencia. Veamos los procedimientos retóricos más destacados: 
-La enumeración del verso 1 (“las plantas, fuentes, pájaros, ondas, astros”) nos proporciona, vía metonímica, la concepción de la naturaleza rosaliana: elementos vegetales, acuáticos, animales y celestes. 
-El quiasmo del verso 2 (“ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros”), muy elíptico, al suprimir el verbo previsible, aporta una imagen de extensión total, pues afecta a todo el mundo sensorial (oído y vista, en este caso), el cual a veces pasa desapercibido. Conviene recordar que la palabra “onda” sólo existe en femenino; aquí Rosalía se permitió una licencia poética bastante extrema. 
-El verbo “dicen” forma una metonimia en los versos 1 y 3. Es un modo de insistir en la persistencia del rumor contra el yo poético, identificado como “yo” (v. 3); he aquí un rasgo propio de la literatura romántica. 
-Existe una metáfora en el verso 5 de especial significación. La naturaleza –como un narrador omnisciente en novela- sabe con qué sueña el yo poético: “con la eterna primavera de la vida y de los campos”. El lector comprende que el sujeto poético sufre por el paso del tiempo y la próxima llegada de la vejez. 
–La repetición retórica de “bien pronto” (v. 6) insiste en la inminencia de la vejez. Se comprende también que es un asunto de preocupación, casi angustia, para el yo poético. 
-La apóstrofe del verso 7 (“y ve temblando, aterida”) connotan cierta piedad y conmiseración de los elementos naturales por esa mujer “aterida” –metáfora de su desvalimiento– que cruza los prados helados, metáfora significativa y expansiva del frío ambiente. La frialdad es la sensación dominante en la primera estrofa y se extiende después a todo el poema. 
-La segunda estrofa es la réplica del yo poético al comentario de la naturaleza. Presenta una continuidad muy firme desde el punto de vista léxico (se repiten las palabras clave “canas, escarcha, eterna primavera, prados”). Sin embargo, desde el punto de vista significativo, se establece una reticencia, casi contradicción, con la estrofa anterior, bien visible con la oración adversativa que comienza en el verso 9. El sintagma “Mas yo prosigo soñando” expresa con claridad la determinación del yo poético de reincidir en su actitud soñadora. 
-En el verso 8 aparece otro quiasmo muy del gusto rosaliano (“Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha”). Por otro lado, en su interior se hallan dos hermosas metonimias sobre la llegada de la vejez y el frío mortecino de los campos.
-La sucesión enumerativa de adjetivos que el yo poético se aplica a sí mismo en el verso 8 (“pobre, incurable, sonámbula”) expresa con viveza punzante el estado espiritual de cierto abatimiento y pesimismo, incluso insinuando un estado mental perturbador. 
-En los versos 10-12 se expone la antítesis central del poema, ya vista en otras ocasiones: la eternidad y la frescura, frente a lo efímero y lo marchito. La contraposición de adjetivos, sustantivos y verbos es muy viva: la “eterna primavera” y “perenne frescura” “se apagan” inexorablemente. El paralelismo del verso 12 enfatiza el fin de la belleza con dos verbos muy explícitos: “se agostan” y “se abrasan”. Los verbos en tiempo presente dotan de atemporalidad, de permanencia y validez al discurso poético. No se trata de una anécdota, sino de unas conclusiones de superior alcance. 
-En la última estrofa sigue hablando el yo poético. Le pide, vía apóstrofe, a la naturaleza (representada metonímicamente a través de “astros y fuentes y flores”, v. 13) que no murmuren de sus sueños, es decir, sus ideales y anhelos más profundos. Los necesita para seguir admirando la naturaleza y para poder seguir viviendo. La interrogación retórica final, en una efectiva anadiplosis (“ellos”), afirma con rotundidad su necesidad de admirar la naturaleza, en su estado aparentemente más vital y pujante, para poder vivir. Para el yo poético, soñar es vivir. 
El conjunto del poema nos permite apreciar un magnífico dominio de la lengua poética por parte de nuestra poeta. El equilibrio entre el contenido, denso y triste, casi amargo, y la expresión, cuidada, significativa y muy reconcentrada, es total. De ahí que su lectura resulte impactante, sorprendente y apelativa.  
 
6. Contextualización  
Rosalía de Castro es una de las más excelsas poetas en lengua castellana. Sus tres libros de poesía, los dos primeros en gallego y el último en español, marcan un hito en el Romanticismo español. Se trata de una expresión literaria romántica ya algo tardía, pues cuando ella publica sus poemarios, entre 1863 y 1884 –precisamente, el año en que Clarín publicó su gran obra realista, La Regenta–, la literatura realista irrumpe con fuerza en España. Precisamente por eso, su romanticismo es más depurado, contenido e intimista que el anterior de la primera mitad del siglo XIX. 
Rosalía reivindica en su poesía el papel de las emociones, la importancia de la lengua y la cultura gallega y el papel de la mujer en la sociedad del momento. Reclama atención a esos tres componentes sin grandes alharacas, pero con claridad y contundencia. Lamenta su papel secundario y apela al respeto de todos ellos. En concreto, su reivindicación del gallego como lengua literaria es de fundamental importancia, pues su poesía es un puente entre la muy importante tradición de la poesía lírica galaico-portuguesa de la Edad Media y la época que le tocó vivir. 
Por lo demás, en Rosalía se aprecia una maravillosa comunión espiritual del hombre con la naturaleza. El nivel de complicidad profunda, de naturaleza emocional, dialogante y dinámica, entre la poeta y la naturaleza alcanza asombrosos grados de expresión poética y de belleza quintaesenciada. 
 
7. Interpretación 
El poema que estamos comentando es un ejemplo perfecto de la mejor poesía romántica española. Resumimos sus elementos compositivos básicos: 
-Subjetividad: ya el pronombre “yo” del verso 3 nos advierte que el poema se centra y habla del yo poético, más o menos trasunto de Rosalía de Castro. No hay más personas, solo la voz del poeta que reclama toda la atención. 
-Sentimentalismo: el poema se enfoca rápidamente en las emociones del yo poético. Lo exterior sirve para indagar en lo interior. El estado del alma es lo que interesa; incluso la naturaleza lo advierte claramente y así se lo echa en cara al yo poético. 
-Intimismo: la dinámica del poema es interna, personal y refleja. Todo gira en torno a qué emociones y sentimientos posee el yo poético, cómo son percibidos por la naturaleza y las explicaciones de aquel para que sean, si no aceptados, al menos comprendidos. 
-La naturaleza como componente principal: en este poema esta dialoga con el yo poético, y no en un tono amable precisamente. La poeta muestra su admiración y cariño por lo natural, confesando que lo necesita para vivir, para seguir soñando y soportar el paso del tiempo con paciencia y cierta ilusión. Aquí no asistimos a una naturaleza cómplice, sino más bien a otra dura, distante y poco amistosa con la voz poética. 
-Formalmente, Rosalía crea un artefacto poético nuevo, casi experimental, y muy hermoso. Opta por el verso de dieciséis sílabas y estrofas monorrimas. La sensación lectora es de una gran densidad significativa. La naturaleza y la poeta hablan casi argumentando, razonando con toda la seriedad del mundo. La estructura dialógica contribuye a ello definitivamente. Queda claro, así, que ella necesita la naturaleza como fuente de ensoñación, es decir, de vida, ilusión y esperanza. 
 
8. Valoración  
El poema que comentamos es un estupendo ejemplo de la mejor poesía romántica española. La transparencia significativa es tan alta que el lector pronto comprende la relación, necesaria pero tensa, entre la naturaleza y el yo poético. 
En este poema sorprende cómo la poeta abre su corazón en canal: nos permite comprobar sus angustias, temores y anhelos con toda naturalidad. Teme el paso del tiempo, le gustaría ser como la naturaleza, siempre bella y vital, pero entiende que no es posible. No tiene reparo en escuchar el comentario, casi despectivo, de “Ahí va la loca”, y trasmitirlo impasiblemente.  
La paradoja final, del último verso, es una íntima confesión de la poeta de que necesita a la naturaleza, a la que admira, pues es parte de su vida y conforma sus sueños más queridos; sin ellos no podría vivir. El grado de comunión espiritual entre ambos elementos es muy alto, esperable en una poeta sensible, atenta al exterior y con una intensa actividad afectiva. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Fíjate en qué persona están conjugados los verbos para delimitar de quién se habla. 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) Existen muchas imágenes que aluden a la comunicación del yo poético con la naturaleza: señala las más expresivas e indica su sentido. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Por qué la naturaleza llama “loca” al yo poético? 
2) ¿Qué tipo de emociones se despiertan en el interior del poeta cuando observa la naturaleza? ¿Por qué? 
3) Establece una relación de oposición entre la naturaleza y el yo poético: lozana/caduca, por ejemplo. 
4) Indica los rasgos de la poesía romántica perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre la poeta Rosalía de Castro y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. 
2) La naturaleza despierta admiración y un intenso grado de comunicación por parte de la poeta. Expresa las emociones que despierta en ti la contemplación de un paisaje o un elemento natural (aves, fuente, etc.). Puedes hacerlo en papel, por imagen –dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez. 
3) Escribe un relato basado en la contemplación de un lugar, real o imaginario, común o raro, solo o en compañía. Trata de expresar las emociones que te sugiere.
4) Se puede realizar un recital poético con este y otros poemas de Rosalía de Castro, acompañado de imágenes y música adecuada, para una parte o toda la comunidad educativa. 

 

 

 

 

José Zorrilla: «A buen juez, mejor testigo»; análisis y propuesta didáctica

José Zorrilla (1817-1893): “A buen juez, mejor testigo”
– I –
  Entre pardos nubarrones            1
pasando la blanca luna,
con resplandor fugitivo,
la baja tierra no alumbra.
La brisa con frescas alas                5
juguetona no murmura,
y las veletas no giran
entre la cruz y la cúpula.
Tal vez un pálido rayo
la opaca atmósfera cruza,            10
y unas en otras las sombras
confundidas se dibujan.
Las almenas de las torres
un momento se columbran,
como lanzas de soldados             15
apostados en la altura.
Reverberan los cristales
la trémula llama turbia,
y un instante entre las rocas
riela la fuente oculta.                 20
Los álamos de la vega
parecen en la espesura
de fantasmas apiñados
medrosa y gigante turba;
y alguna vez desprendida            25
gotea pesada lluvia,
que no despierta a quien duerme,
ni a quien medita importuna.
Yace Toledo en el sueño
entre las sombras confusas.        30
y el Tajo a sus pies pasando
con pardas ondas lo arrulla.
El monótono murmullo
sonar perdido se escucha,
cual si por las hondas calles        35
hirviera del mar la espuma.
¡Qué dulce es dormir en calma
cuando a lo lejos susurran
los álamos que se mecen,
las aguas que se derrumban!      40
Se sueñan bellos fantasmas
que el sueño del triste endulzan,
y en tanto que sueña el triste,
no le aqueja su amargura.
Tan en calma y tan sombría        45
como la noche que enluta
la esquina en que desemboca
una callejuela oculta,
se ve de un hombre que aguarda
la vigilante figura,                     50
y tan a la sombra vela
que entre las sombras se ofusca.
Frente por frente a sus ojos
un balcón a poca altura
deja escapar por los vidrios        55
la luz que dentro le alumbra;
mas ni en el claro aposento,
ni en la callejuela oscura,
el silencio de la noche
rumor sospechoso turba.            60
Pasó así tan largo tiempo,
que pudiera haberse duda
de si es hombre, o solamente
mentida ilusión nocturna;
pero es hombre, y bien se ve,    65
porque con planta segura
ganando el centro a la calle
resuelto y audaz pregunta:
-¿Quién va? -y a corta distancia
el igual compás se escucha         70
de un caballo que sacude
las sonoras herraduras.
-¿Quién va? -repite, y cercana
otra voz menos robusta
responde: -Un hidalgo, ¡calle!   75
-y el paso el bulto apresura.
-Téngase el hidalgo -el hombre
replica, y la espada empuña.
-Ved más bien si me haréis calle
(repitieron con mesura)              80
que hasta hoy a nadie se tuvo
Ibán de Vargas y Acuña.
-Pase el Acuña y perdone
-dijo el mozo en faz de fuga,
pues teniéndose el embozo        85
sopla un silbato, y se oculta.
Paró el jinete a una puerta,
y con precaución difusa
salió una niña al balcón
que llama interior alumbra.        90
-¡Mi padre! -clamó en voz baja.
Y el viejo en la cerradura
metió la llave pidiendo
a sus gentes que le acudan.
Un negro por ambas bridas        95
tomó la cabalgadura,
cerróse detrás la puerta
y quedó la calle muda.
En esto desde el balcón,
como quien tal acostumbra,      100
un mancebo por las rejas
de la calle se asegura.
Asió el brazo al que apostado
hizo cara a Ibán de Acuña,
y huyeron, en el embozo            105
velando la catadura.
– II –
   Clara, apacible y serena
pasa la siguiente tarde,
y el sol tocando su ocaso
apaga su luz gigante:                110
se ve la imperial Toledo
dorada por los remates,
como una ciudad de grana
coronada de cristales.
El Tajo por entre rocas               115
sus anchos cimientos lame,
dibujando en las arenas
las ondas con que las bate.
Y la ciudad se retrata
en las ondas desiguales,              120
como en prenda de que el río
tan afanoso la bañe.
A la lejos en la vega
tiende galán por sus márgenes,
de sus álamos y huertos              125
el pintoresco ropaje,
y porque su altiva gala
más a los ojos halague,
la salpica con escombros
de castillos y de alcázares.         130
Un recuerdo es cada piedra
que toda una historia vale,
cada colina un secreto
de príncipes o galanes.
Aquí se bañó la hermosa             135
por quien dejó un rey culpable
amor, fama, reino y vida
en manos de musulmanes.
Allí recibió Galiana
a su receloso amante                 140
en esa cuesta que entonces
era un plantel de azahares.
Allá por aquella torre,
que hicieron puerta los árabes,
subió el Cid sobre Babieca          145
con su gente y su estandarte.
Más lejos se ve el castillo
de San Servando o Cervantes,
donde nada se hizo nunca
y nada al presente se hace.        150
A este lado está la almena
por do sacó vigilante
el conde don Peranzules
al rey, que supo una tarde
fingir tan tenaz modorra,            155
que político y constante,
tuvo siempre el brazo quedo
las palmas al horadarle.
Allí está el circo romano,
gran cifra de un pueblo grande,    160
y aquí, la antigua basílica
de bizantinos pilares,
que oyó en el primer concilio
las palabras de los padres
que velaron por la Iglesia            165
perseguida o vacilante.
La sombra en este momento
tiende sus turbios cendales
por todas esas memorias
de las pasadas edades,               170
y del Cambrón y Visagra
los caminos desiguales,
camino a los toledanos
hacia las murallas abren.
Los labradores se acercan           175
al fuego de sus hogares,
cargados con sus aperos,
cansados de sus afanes.
Los ricos y sedentarios
se tornan con paso grave,           180
calado el ancho sombrero,
abrochados los gabanes,
y los clérigos y monjes
y los prelados y abades
sacudiendo el leve polvo             185
de capelos y sayales.
Quédase sólo un mancebo
de impetuosos ademanes,
que se pasea ocultando
entre la capa el semblante.        190
Los que pasan le contemplan
con decisión de evitarle,
y él contempla a los que pasan
como si a alguien aguardase.
Los tímidos aceleran                    195
los pasos al divisarle,
cual temiendo de seguro
que les proponga un combate;
y los valientes le miran
cual si sintieran dejarle               200
sin que libres sus estoques,
en riña sonora dancen.
Una mujer también sola
se viene el llano adelante,
la luz del rostro escondida          205
en tocas y tafetanes.
Mas en lo leve del paso
y en lo flexible del talle
puede, a través de los velos
una hermosa adivinarse.             210
Vase derecha al que aguarda
y él al encuentro le sale,
diciendo… cuanto se dicen
en las citas los amantes.
Mas ella, galanterías                   215
dejando severa aparte,
así al mancebo interrumpe,
en voz decisiva y grave:
-Abreviemos de razones,
Diego Martínez; mi padre,          220
que un hombre ha entrado en su ausencia,
dentro mi aposento sabe;
y así, quien mancha mi honra
con la suya me la lave;
o dadme mano de esposo,           225
o libre de vos dejadme.
Miróla Diego Martínez
atentamente un instante,
y echando a un lado el embozo,
repuso palabras tales:                  230
-Dentro de un mes, Inés mía,
parto a la guerra de Flandes;
al año estaré de vuelta
y contigo en los altares.
Honra que yo te desluzca,          235
con honra mía se lave,
que por honra vuelven honra
hidalgos que en honra nacen.
-Júralo -exclamó la niña.
-Más que mi palabra vale            240
no te valdrá un juramento.
-Diego, la palabra es aire.
-¡Vive Dios que estás tenaz!
Dalo por jurado y baste.
-No me basta, que olvidar          245
puedes la palabra en Flandes.
-¡Voto a Dios!, ¿qué más pretendes?
-Que a los pies de aquella imagen
lo jures como cristiano
del santo Cristo delante.             250
Vaciló un poco Martínez;
mas, porfiando que jurase,
llevóle Inés hacia el templo
que en medio la vega yace.
Enclavado en un madero,           255
en duro y postrero trance,
ceñida la sien de espinas,
decolorido el semblante,
velase allí un crucifijo
teñido de negra sangre,              260
a quien Toledo, devota,
acude hoy en sus azares.
Ante sus plantas divinas
llegaron ambos amantes,
y haciendo Inés que Martínez     265
los sagrados pies tocase,
preguntóle: -Diego, ¿juras
a tu vuelta desposarme?
Contestó el mozo: -¡Sí, juro!
Y ambos del templo se salen.    270
– III –
   Pasó un día y otro día,
un mes y otro mes pasó,
y un año pasado había;
mas de Flandes no volvía
Diego, que a Flandes partió.      275
   Lloraba la bella Inés
su vuelta aguardando en vano;
oraba un mes y otro mes
del crucifijo a los pies
do puso el galán su mano.          280
   Todas las tardes venía
después de traspuesto el sol,
y a Dios llorando pedía
la vuelta del español,
y el español no volvía.                285
   Y siempre al anochecer,
sin dueña y sin escudero,
en un manto una mujer
el campo salía a ver
al alto del Miradero.                    290
   ¡Ay del triste que consume
su existencia en esperar!
¡Ay del triste que presume
que el duelo con que él se abrume
al ausente ha de pesar!               295
   La esperanza es de los cielos
precioso y funesto don,
pues los amantes desvelos
cambian la esperanza en celos,
que abrasan el corazón.                300
   Si es cierto lo que se espera,
es un consuelo en verdad;
pero siendo una quimera,
en tan frágil realidad
quien espera desespera.               305
   Así Inés desesperaba
sin acabar de esperar,
y su tez se marchitaba,
y su llanto se secaba
para volver a brotar.                     310
   En vano a su confesor
pidió remedio o consejo
para aliviar su dolor;
que mal se cura el amor
con las palabras de un viejo.        315
   En vano a Ibán acudía,
llorosa y desconsolada;
el padre no respondía,
que la lengua le tenía
su propia deshonra atada.            320
   Y ambos maldicen su estrella,
callando el padre severo
y suspirando la bella,
porque nació mujer ella,
y el viejo nació altanero.              325
   Dos años al fin pasaron
en esperar y gemir,
y las guerras acabaron,
y los de Flandes tornaron
a sus tierras a vivir.                      330
   Pasó un día y otro día,
un mes y otro mes pasó,
y el tercer año corría;
Diego a Flandes se partió,
mas de Flandes no volvía.            335
   Era una tarde serena;
doraba el sol de Occidente
del Tajo la vega amena,
y apoyada en una almena
miraba Inés la corriente.              340
   Iban las tranquilas olas
las riberas azotando
bajo las murallas solas,
musgo, espigas y amapolas
ligeramente doblando.                  345
   Algún olmo que escondido
creció entre la yerba blanda,
sobre las aguas tendido
se reflejaba perdido
en su cristalina banda.                  350
   Y algún ruiseñor colgado
entre su fresca espesura
daba al aire embalsamado
su cántico regalado
desde la enramada oscura.          355
   Y algún pez con cien colores,
tornasolada la escama,
saltaba a besar las flores
que exhalan gratos olores
a las puntas de una rama.           360
   Y allá en el trémulo fondo
el torreón se dibuja
como el contorno redondo
del hueco sombrío y hondo
que habita nocturna bruja.          365
   Así la niña lloraba
el rigor de su fortuna,
y así la tarde pasaba
y al horizonte trepaba
la consoladora luna.                    370
   A lo lejos, por el llano,
en confuso remolino,
vio de hombres tropel lejano
que en pardo polvo liviano
dejan envuelto el camino.          375
   Bajó Inés del torreón,
y, llegando recelosa
a las puertas del Cambrón,
sintió latir, zozobrosa,
más inquieto el corazón.             380
   Tan galán como altanero,
dejó ver la escala luz
por bajo el arco primero
un hidalgo caballero
en un caballo andaluz.               385
   Jubón negro acuchillado,
banda azul, lazo en la hombrera,
y sin pluma al diestro lado
el sombrero derribado
tocando con la gorguera.             390
   Bombacho gris guarnecido,
bota de ante, espuela de oro,
hierro al cinto suspendido,
y a una cadena, prendido,
agudo cuchillo moro.                    395
   Vienen tras este jinete,
sobre potros jerezanos,
de lanceros hasta siete,
y en la adarga y coselete
diez peones castellanos.              400
   Asióse a su estribo Inés,
gritando: -¿Diego, eres tú?
Y él, viéndola de través,
dijo: -¡Voto a Belcebú,
que no me acuerdo quién es!     405
   Dio la triste un alarido
tal respuesta al escuchar,
y a poco perdió el sentido,
sin que más voz ni gemido
volviera en tierra a exhalar.         410
   Frunciendo ambas a dos cejas,
encomendóla a su gente
diciendo: -¡Malditas viejas
que a las mozas malamente
enloquecen con consejas!            415
   Y aplicando el capitán
a su potro las espuelas,
el rostro a Toledo dan,
y a trote cruzando van
las oscuras callejuelas.                   420
– IV –
   Así por sus altos fines
dispone y permite el cielo
que puedan mudar al hombre
fortuna, poder y tiempo.
A Flandes partió Martínez           425
de soldado aventurero,
y por su suerte y hazañas
allí capitán le hicieron.
Según alzaba en honores,
alzábase en pensamientos,        430
y tanto ayudó en la guerra
con su valor y altos hechos,
que el mismo rey a su vuelta
le armó en Madrid caballero,
tomándole a su servicio              435
por capitán de lanceros.
Y otro no fue que Martínez,
quien a poco entró en Toledo,
tan orgulloso y ufano
cual salió humilde y pequeño,   440
ni es otro a quien se dirige,
cobrado el conocimiento,
la amorosa Inés de Vargas,
que vive por él muriendo.
Mas él, que, olvidando todo,     445
olvidó su nombre mesmo,
puesto que Diego Martínez
es el capitán don Diego,
ni se ablanda a sus caricias,
ni cura de sus lamentos;             450
diciendo que son locuras
de gente de poco seso;
que ni él prometió casarse
ni pensó jamás en ello.
¡Tanto mudan a los hombres     455
fortuna, poder y tiempo!
En vano porfiaba Inés
con amenazas y ruegos;
cuanto más ella importuna,
está Martínez severo.               460
Abrazada a sus rodillas,
enmarañado el cabello,
la hermosa niña lloraba
prosternada por el suelo.
Mas todo empeño es inútil,        465
porque el capitán don Diego
no ha de ser Diego Martínez,
como lo era en otro tiempo.
Y así llamando a su gente,
de amor y piedad ajeno,             470
mandóles que a Inés llevaran
de grado o de valimiento.
Mas ella, antes que la asieran,
cesando un punto en su duelo,
así habló, el rostro lloroso           475
hacia Martínez volviendo:
-Contigo se fue mi honra,
conmigo tu juramento;
pues buenas prendas son ambas,
en buen fiel las pesaremos.         480
Y la faz descolorida
en la mantilla envolviendo,
a pasos desatentados
salióse del aposento.
– V –
   Era entonces de Toledo            485
por el rey gobernador
el justiciero y valiente
don Pedro Ruiz de Alarcón.
Muchos años por su patria
el buen viejo peleó;                     490
cercenado tiene un brazo,
mas entero el corazón.
La mesa tiene delante,
los jueces en derredor,
los corchetes a la puerta              495
y en la derecha el bastón.
Está, como presidente
del tribunal superior,
entre un dosel y una alfombra,
reclinado en un sillón,                 500
escuchando con paciencia
la casi asmática voz
con que un tétrico escribano
solfea una apelación.
Los asistentes bostezan               505
al murmullo arrullador;
los jueces, medio dormidos,
hacen pliegues al ropón;
los escribanos repasan
sus pergaminos al sol;                 510
los corchetes a una moza
guiñan en un corredor,
y abajo, en Zocodover,
gritan en discorde son
los que en el mercado venden       515
lo vendido y el valor.
   Una mujer en tal punto,
en faz de gran aflicción,
rojos de llorar los ojos,
ronca de gemir la voz,                520
suelto el cabello y el manto,
tomó plaza en el salón
diciendo a gritos: -Justicia,
jueces; justicia, señor!
Y a los pies se arroja, humilde,  525
de don Pedro de Alarcón,
en tanto que los curiosos
se agitan al derredor.
Alzóla cortés don Pedro
calmando la confusión                530
y el tumultuoso murmullo
que esta escena ocasionó,
diciendo:
-Mujer, ¿qué quieres?
-Quiero justicia, señor.
-¿De qué?
-De una prenda hurtada.          535
-¿Qué prenda?
-Mi corazón.
-¿Tú le diste?
-Le presté.
-¿Y no te le han vuelto?
-No.
-Tienes testigos?
-Ninguno.
-¿Y promesa?
-¡Sí, por Dios!                               540
Que al partirse de Toledo
un juramento empeñó.
-¿Quién es él?
-Diego Martínez.
-¿Noble?
-Y capitán, señor.
-Presentadme al capitán,            545
que cumplirá si juró.
Quedó en silencio la sala,
y a poco en el corredor
se oyó de botas y espuelas
el acompasado son.                    550
Un portero, levantando
el tapiz, en alta voz
dijo: -El capitán don Diego.
Y entró luego en el salón
Diego Martínez, los ojos              555
llenos de orgullo y furor.
-¿Sois el capitán don Diego
-díjole don Pedro- vos?
Contestó, altivo y sereno,
Diego Martínez:
-Yo soy.                                    560
-¿Conocéis a esa muchacha?
-Ha tres años, salvo error.
-¿Hicisteisla juramento
de ser su marido?
-No.
-¿Juráis no haberlo jurado?        565
-Sí juro.
-Pues id con Dios.
-¡Miente! -clamó Inés, llorando
de despecho y de rubor.
-Mujer, ¡piensa lo que dices!
-Digo que miente: juró.               570
-¿Tienes testigos?
-Ninguno.
-Capitán, idos con Dios,
y dispensad que, acusado,
dudara de vuestro honor.
Tornó Martínez la espalda          575
con brusca satisfacción,
e Inés, que le vio partirse,
resuelta y firme gritó:
-Llamadle, tengo un testigo.
Llamadle otra vez, señor.            580
Volvió el capitán don Diego,
sentóse Ruiz de Alarcón,
la multitud aquietóse
y la de Vargas siguió:
-Tengo un testigo a quien nunca    585
faltó verdad ni razón.
-¿Quién?
-Un hombre que de lejos
nuestras palabras oyó,
mirándonos desde arriba.
-¿Estaba en algún balcón?          590
-No, que estaba en un suplicio
donde ha tiempo que expiró.
-¿Luego es muerto?
-No, que vive.
-Estáis loca, ¡vive Dios!
¿Quién fue?
-El Cristo de la Vega                  595
a cuya faz perjuró.
   Pusiéronse en pie los jueces
al nombre del Redentor,
escuchando con asombro
tan excelsa apelación.              600
Reinó un profundo silencio
de sorpresa y de pavor,
y Diego bajó los ojos
de vergüenza y confusión.
Un instante con los jueces          605
don Pedro en secreto habló,
y levantóse diciendo
con respetuosa voz:
-La ley es ley para todos;
tu testigo es el mejor;                610
mas para tales testigos
no hay más tribunal que Dios.
Haremos… lo que sepamos;
escribano: al caer el sol,
al Cristo que está en la vega       615
tomaréis declaración.
– VI –
   Es una tarde serena,
cuya luz tornasolada
del purpurino horizonte
blandamente se derrama.           620
Plácido aroma las flores,
sus hojas plegando exhalan,
y el céfiro entre perfumes
mece las trémulas alas.
Brillan abajo en el valle             625
con suave rumor las aguas,
y las aves, en la orilla,
despidiendo al día cantan.
   Allá por el Miradero,
por el Cambrón y Visagra,           630
confuso tropel de gente
del Tajo a la vega baja.
Vienen delante don Pedro
de Alarcón, lbán de Vargas,
su hija Inés, los escribanos,        635
los corchetes y los guardias;
y detrás monjes, hidalgos,
mozas, chicos y canalla.
Otra turba de curiosos
en la vega les aguarda,               640
cada cual comentariando
el caso según le cuadra.
Entre ellos está Martínez
en apostura bizarra,
calzadas espuelas de oro,           645
valona de encaje blanca.
bigote a la borgoñesa,
melena desmelenada,
el sombrero guarnecido
con cuatro lazos de plata,            650
un pie delante del otro,
y el puño en el de la espada.
Los plebeyos de reojo
le miran de entre las capas:
los chicos, al uniforme,               655
y las mozas, a la cara.
Llegado el gobernador
y gente que le acompaña,
entraron todos al claustro
que iglesia y patio separa.           660
Encendieron ante el Cristo
cuatro cirios y una lámpara,
y de hinojos un momento
le rezaron en voz baja.
   Está el Cristo de la Vega            665
la cruz en tierra posada,
los pies alzados del suelo
poco menos de una vara;
hacia la severa imagen
un notario se adelanta,                670
de modo que con el rostro
al pecho santo llegaba.
A un lado tiene a Martínez;
a otro lado, a Inés de Vargas;
detrás, el gobernador                   675
con sus jueces y sus guardias.
Después de leer dos veces
la acusación entablada,
el notario a Jesucristo
así demandó en voz alta:             680
-Jesús, Hijo de María,
ante nos esta mañana
citado como testigo
por boca de Inés de Vargas,
¿juráis ser cierto que un día       685
a vuestras divinas plantas
juró a Inés Diego Martínez
por su mujer desposarla?
   Asida a un brazo desnudo
una mano atarazada                    690
vino a posar en los autos
la seca y hendida palma,
y allá en los aires «¡Sí juro!»,
clamó una voz más que humana.
Alzó la turba medrosa                  695
la vista a la imagen santa…
Los labios tenla abiertos
y una mano desclavada.
Conclusión
   Las vanidades del mundo
renunció allí mismo Inés,             700
y espantado de sí propio,
Diego Martínez también.
Los escribanos, temblando,
dieron de esta escena fe,
firmando como testigos                705
cuantos hubieron poder.
Fundóse un aniversario
y una capilla con él,
y don Pedro de Alarcón
el altar ordenó hacer,                   710
donde hasta el tiempo que corre,
y en cada año una vez,
con la mano desclavada
el crucifijo se ve.
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/a-buen-juez-mejor-testigo–0/html/fedf3cca-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html
  1. ANÁLISIS
1. Resumen
La acción se desarrolla en la ciudad de Toledo, en el siglo XVI, en el Renacimiento. Diego Martínez, joven de poca fortuna, es novio de Inés de Vargas, muchacha de buena posición social, hija del noble Ibán de Vargas, padre celoso de los posibles amoríos de su hija por lo que toca a su honra. Diego se enrola de soldado camino de Flandes entre promesas de que cuando regrese desposará a Inés, realizadas ante el Cristo de la Vega, de la capilla del mismo nombre, a las afueras de la ciudad imperial. Pasan los meses y los años y el joven no retorna, para desesperación de la novia, que espera ansiosa a su amante para casarse. Al fin, un buen día aparece Martínez con grado de capitán, ensoberbecido y orgulloso de su posición social. Inés le reclama atención, pero él hace que la desconoce. La chica, desesperada, lo denuncia ante el gobernador de Toledo, don Pedro Ruiz de Alarcón. Este hombre, escéptico, organiza un juicio para sustanciar el agravio que Inés ha recibido, pero esta no tiene pruebas ni testigos que ratifiquen la promesa de matrimonio de Martínez, por lo que descarta su reclamación. Ella, de pronto, tiene una inspiración. Reclama que se realice un acto de confirmación ante el Cristo de la capilla de la Vega. Allá se dirigen todos los oficiales de justicia concernidos y el populacho, deseoso de acudir a tan peregrina acción. El notario le pregunta al Cristo si es cierto que Martínez le había prometido matrimonio a Inés tras su vuelta de Flandes. El Cristo posa su mano sobre la Biblia y se oye una voz “más que humana” que confirma que esa promesa sí se realizó (“Sí, juro”). Todos quedaron atónitos y espantados por el acontecimiento sobrenatural que habían presenciado. Los novios se retiraron del mundo y abrazaron la vida religiosa. Allí mismo se erigió una nueva capilla. Desde entonces, se puede contemplar el crucifijo con la mano desclavada en el aniversario de tal portento.
2. Tema
El tema o asunto principal de este poema narrativo es: contra la traición de algunas personas, Cristo interviene milagrosamente para restaurar la justicia y la verdad.
3. Apartados temáticos
El texto presenta una disposición de la materia narrativa clásica, ateniéndose, por tanto, a un desarrollo cronológico y lógico de los hechos. Así, encontramos:
-Introducción de la acción; presentación de los personajes, del marco espacial y temporal y de un conflicto. Ocupa los versos 1-270, es decir, los dos primeros apartados del texto, marcados con romanos.
-Nudo o desarrollo: es la sección más extensa. Diego Martínez se va a la guerra, Inés espera entre temores y presagios la vuelta de su amante. Regresa, pero la ignora y se retracta de su promesa. Ella reclama vía judicial, sin éxito. Se le ocurre poner como testigo al Cristo de la capilla de la Vega. Va del verso 271 al 616, que corresponde con las partes III, IV y V.
-Desenlace o resolución del clímax: ocupa la parte VI, de los versos 617 al 658. Se produce el milagro y queda claro que el capitán Martínez mentía y doña Inés tenía razón.
-La “Conclusión” que cierra el poema (vv. 699 – 714) es un epílogo del narrador en el que establece las consecuencias del milagro: los protagonistas abrazan la vida religiosa y el gobernador manda erigir una capilla, donde una vez al año se puede ver la mano desclavada del Cristo. Se abstiene de ofrecer una lección moral explícita, pero el lector la infiere fácilmente.
4. Lugar y tiempo de la acción narrada
La acción discurre en la ciudad de Toledo, en diferentes enclaves –principalmente, la casa de deña Inés, el palacio del gobernador y la capilla del Cristo de la Vega–. Se ofrece una visión optimista y alegre de la ciudad: alegre, bulliciosa, con sus oficios, sus ocios y sus negocios. Se citan los edificios y lugares más célebres de la ciudad (Zocodover, Cambrón, Visagra, etc.), e incluso se rememoran algunos episodios históricos más o menos reales de lo que pudo ocurrir en esos lugares, como el Cid ante Alfonso VI reclamando su honra. El río Tajo, con su vega, ocupa un lugar especial en este ambiente: se presenta a modo de locus amoenus, lleno de vida, colorido, cantos de aves y vegetación amena (al fondo, el magisterio de Garcilaso resuena en los oídos del autor y del lector).
El tiempo de la escritura se ajusta a los años previos a 1838, pues la obra vio la luz por primera vez en el volumen de José Zorrilla titulado Poesías, en 1838. El tiempo de la acción narrada se remonta casi trescientos años antes, es decir, la época imperial de España, con Felipe II en el trono. La duración de la acción, sin estar delimitada, pues el autor sólo ofrece una cronología vaga, puede ser de dos o tres años, el tiempo en que Martínez estuvo en la guerra de Flandes y alcanzó honores y títulos militares.
5. Personajes
Los personajes protagonistas son Inés y Diego; ella, de posición social elevada; él, de extracto humilde, supe encumbrarse por el valor de su brazo en el campo de batalla. Son en sí mismos antagónicos, aunque los une el amor y un extraño destino, al abrazar la vida religiosa.
Conviene resaltar que los personajes los conocemos no por sus pensamientos, sino por sus actuaciones. Jóvenes alegres, consuman su amor sin reparar en las consecuencias, sobre todo para ella, pues la deshonra sobre la familia sólo se lavaba con la sangre de la mujer causadora de la mancha social. Diego Martínez aparece como mentiroso y traidor, pues, a pesar de haberle jurado amor y matrimonio a Inés, lo niega todo y la condena a ella al ostracismo. Inés, más precavida, pero no menos apasionado, se le entrega, pero le hace jurar que se desposarán debidamente. Ella es quien sufre día a día la ausencia de su novio y la amargura posterior de que él negara el compromiso de boda. Sin embargo, los une un destino sorprendente: abandonan las veleidades mundanas y abrazan la vida religiosa.
El resto de los personajes, como el padre de ella, Ibán de Vargas, el gobernador de la ciudad, Ruiz de Alarcón, etc., no llegan a adquirir relieve propio porque su papel es secundario. Son más bien planos y hacen y dicen lo que se espera de ellos.
6. Figura del narrador
No nos debe engañar el hecho de que esta pieza esté escrita en verso. A todos los efectos, el texto es una leyenda, es decir, un relato fantástico con cierta base real que recrea un momento o una anécdota especial y significativa por sí misma. El narrador está en tercera persona; es objetivo, externo y omnisciente. En términos narratológicos, se trata de un narrador extradiegético. La sección final del texto, la “Conclusión” es donde más podemos adivinarlo. Resalta las consecuencias y realiza un ejercicio de prolepsis, pues se desplaza del siglo XVI al acto de la escritura, esto es, hacia 1836. Gramaticalmente no lo percibimos, pero la manipulación de la materia narrativa y el destaque de unos hechos sobre otros nos lo dejan entrever.
7. Análisis métrico, de la rima y de la estrofa utilizada
El poeta vallisoletano utiliza el romance (así lo hace en muchas de sus leyendas) como forma estrófica para componer su poema. La tirada de versos octosílabos con rima asonante en los versos pares, quedando los impares libres (8-, 8a, 8-, 8a…) es un molde estrófico muy adecuado para sus necesidades: contar una historia, una leyenda, con sus ingredientes ambientales, emocionales y de aventura; para ello necesita cierta expansión, sin excesivos constreñimientos en cuanto al despliegue argumental. De hecho, la longitud de esta leyenda es considerable (714 versos). Zorrilla la relata con todo lujo de detalles, descriptivos y narrativos, sobre el ambiente y los personajes; de este modo, el romance se adapta muy bien a su intención literaria. La rima cambia en cada uno de los apartados o secciones de contenido; a veces afecta a dos vocales, a veces a uno, pues la última palabra es aguda (así ocurre en el canto V, con rima en ó).
8. Recursos estilísticos, figuras retóricas o herramientas literarias
Zorrilla es un excelente conocedor de la lengua castellana y un hábil versificador. Domina perfectamente todo tipo de recurso expresivo para engalanar el contenido y aumentar su seducción lectora. En principio, conviene recordar que, al tratarse de una leyenda, recurre a los tres procedimientos narrativos: descripción (por ejemplo, vv. 1-44, realizada en presente histórico, para darle más viveza al cuadro local, la ciudad de Toledo, donde se desarrollarán los hechos narrados). La narración aparece con frecuencia (v. Gr. 326 –335); son los tramos del romance donde la acción, la rapidez, la dinamicidad de los hechos que acontecen se elevan sobre el marco espacio-temporal). Finalmente, el diálogo también hace acto de presencia; son las ocasiones –pocas–, en las que los personajes intervienen en estilo directo; por ejemplo, en los versos 575-595, Inés de Vargas le pide al gobernador Ruiz de Alarcón, con palabras muy emotivas, que declare el testigo especial del juramento de su falso novio.
El abanico de recursos estilísticos empleados por Zorrilla es muy amplio. Aquí solo vamos a comentar los más llamativos, dentro del apartado I, a modo de muestra, para que se considere la riqueza estilística de la pieza que analizamos. Los exponemos según van surgiendo en la lectura. No los repetimos, sino que solo los mencionamos una sola vez, para aligerar la lectura:
-Epíteto: “pardos nubarrones” (v. 1), “blanca luna” (v.2). Estos adjetivos no aportan significación complementaria al sustantivo, sino solo colorido, ornamento vistoso. Ambos se refieren a aspectos cromáticos, creando un ambiente de claroscuros.
-Metáfora: “resplandor fugitivo” (v. 3), “brisa con frescas alas” (v. 5). Estas y otras muchas del mismo tenor contribuyen a la creación de una atmósfera misteriosa y enigmática.
-Polisíndeton: “y las veletas no giran / entre la cruz y la cúpula” (vv. 7-8). Estamos ante el típico recurso de repetición que crean una sensación de acumulación de elementos, más o menos agobiantes.
-Personificación o prosopopeya: “tal vez un pálido rayo / la opaca atmósfera cruza” (vv. 9-10). En este caso contribuyen a la creación de un ambiente inquietante, peligroso y poco amigable. Como si los elementos naturales se pusieran de acuerdo para generar incertidumbre y temor.
-Símil o comparación: “Las almenas de las torres / un momento se columbran, / como lanzas de soldados / apostados en la altura” (vv. 13-16). Esta correspondencia de elementos bélicos enfatiza la inquietante atmósfera desapacible.
-Adjetivación: “la trémula llama turbia” (v. 18). Zorrilla utiliza bastante la doble adjetivación para crear efectos sinestésicos y dar profundidad a la escena.
-Bimembración: “miedosa y gigante turba” (v. 24).  Esta figura es bastante recurrente; su efecto acumulativo y de redondeo de la significación de un concepto variado en sí mismo es muy impactante para el lector.
-Quiasmo: “que no despierta a quien duerme, / ni a quien medita importunan” (vv. 27-28). Este cruce de elementos oracionales proporciona riqueza significativa y jugosa musicalidad; lo conceptual y lo puramente gramatical se aúnan para enriquecer las significaciones connotativas de ambas oraciones.
-Aliteración: “el monótono murmullo” (v. 33). Este recurso de orden fónico aporta significación sensorial y contribuye a la formación de una imagen sugerente y sugestiva en la mente lectora.
-Hipérbaton: “cual si por las hondas calles / hirviera del mar la espuma (vv. 35-36)”. La alteración de los elementos constituyentes de la oración crea una sensación de violencia contenida, de tensión dramática que puede estallar en cualquier momento.
-Exclamación retórica: “¡Qué dulce es dormir en calma (…) / las aguas se derrumban!” (vv.37-40). Sus obvios efectos de exaltación de emociones o conceptos afectan inmediatamente a las imágenes que el lector va construyendo en su cabeza.
-Derivación o políptoton: “Se sueñan bellos fantasmas / que el sueño del triste endulzan, / y en tanto que sueña el triste” (vv.41-43). Este recurso es muy fértil en la potenciación de sensaciones e imágenes en torno a un concepto, o una actividad; en este caso, el sueño es como una fuente de la que surgen distintos y sorprendentes cauces.
-Antítesis: “claro aposento…” / “callejuela oscura” (vv. 57-58). El efecto de contraste crea una imagen rica, viva, chocante y fértil en la lectura.
-Paralelismo: “ni en el claro aposento, / ni en la callejuela oscura” (vv. 57-58). Los mismos versos que en el caso anterior nos sirven ahora para comprender el efecto de repetición de una estructura sintáctica; crea una sensación de acumulación ordenada, aunque frágil y provisional.
-Sinestesia: “sonoras herraduras” (v. 72), “trémula llama turbia” (v. 18).  La mezcla de percepciones sensitivas en un solo concepto genera una imagen enriquecida, sugestiva y sorprendente de la realidad representada, sea una herradura de una caballería, sea una llama.
-Encabalgamiento: “y huyeron, con el embozo / velando la catadura” (105-106). Llevar una oración más allá de un verso rompe el fluir normal de la cadencia versal. Este recurso implica estirar los límites versales y oraciones para, de algún modo, indicar continuidad y ruptura de una imagen o un concepto.
En absoluto hemos agotado todos los recursos; esta es una muestra, creemos que suficiente, para apreciar la riqueza retórica y el diestro manejo de los procedimientos literarios por parte de nuestro poeta para recrear una hermosa leyenda toledana con siglos de antigüedad. Como siempre en literatura, la fuerza poética no radica tanto en la originalidad temática, cuanto en la feliz conjunción armónica y sugestiva de fondo y forma, expresión y contenido.
Zorrilla emplea todos estos recursos para realizar una descripción nocturna de una callejuela de Toledo, la llegada de un hombre poderoso a su casa y la huida del novio de su hija por el balcón del dormitorio que da a la calle. Misterio, oscuridad, miedo, cierto terror, es el ambiente creado. Para ello, ha empleado sabiamente las figuras retóricas que imprimen originalidad, sorpresa y elegancia, es decir, belleza poética.
9. Contextualización autorial y sociocultural
José Zorrilla y Moral (Valladolid, 1817 – Madrid, 1893) es uno de nuestros máximos escritores románticos. Su dominio de la lengua y de la retórica es proverbial. Y lo demostró sobradamente tanto en teatro –su Don Juan Tenorio ha alcanzado fama universal– como en poesía narrativa. Del conjunto de sus poemas novelescos, hemos elegido “A buen juez, mejor testigo” porque reúne en su justa medida una extensión razonable, un tema interesante, una intriga original y un final sorprendente.
Zorrilla está imbuido de la mentalidad romántica, como se puede apreciar en este texto. Sus notas románticas esenciales son:
-Querencia por temas y asuntos medievales, aunque en este caso es renacentista: ambientación misteriosa, caballeros y damas movidos por intensas pasiones, etc.
-Lugares legendarios y sugestivos: Toledo es una ciudad de una muy larga tradición novelesca e histórica. Resulta un marco muy adecuado y de mucho potencial imaginativo para enmarcar la acción.
-Naturaleza indómita, misteriosa y amenazante: el marco natural es un asunto muy cuidado por los poetas románticos. En este caso, el ambiente nocturno entre callejuelas toledanas crea un ambiente intrigante y peligroso.
-Personajes apasionados movidos por emociones fuertes y nucleares. En este caso, el amor y la honra son dos sentimientos que empuja a los personajes –Diego e Inés– a acciones temerarias.
-Preponderancia de la subjetivad y el intimismo sobre la objetividad y lo exterior. De los personajes interesan sus emociones y el modo de integrarlas en sus vidas, no su mera vida cotidiana, sin interés para el lector romántico.
10. Interpretación
Esta hermosa leyenda toledana de origen antiquísimo recibe un tratamiento romántico y renovado por parte de Zorrilla. Manteniendo total fidelidad al tema y al argumento, Zorrilla le imprime un giro romántico, que lo refresca y actualiza: emociones emergentes y decisivas para el destino de las personas, arrogancia casi chulesca en los caracteres, sobre todo en los masculinos, muy prestos a cuidar y defender su honor e imagen con la espada en la mano, etc.
El poeta vallisoletano crea un relato plástico, sensorial (sobre todo, cromático –más bien habría que decir blanquinegro, lleno de contrastes— y también auditivo y táctil). Dosifica muy bien la intriga, de modo que el interés nunca decae. Las partes descriptivas se complementan perfectamente con las narrativas. El narrador se deja ver con algunos comentarios u observaciones que aportan cierto subjetivismo de enfoque, alejándose así de una objetividad externa y fría.
Vale la pena reseñar que las descripciones, detalladas, concretas, precisas, aportan incluso color local: ofrecen un panorama social del Toledo renacentista variado y matizado. Oficios, actividades, modos de vida, salen a relucir y enriquecen la lectura de esta leyenda.
El elemento sobrenatural aporta un plus de originalidad y sorpresa. El Cristo actúa para mantener la verdad y la justicia en un mundo donde estas fallan más de la cuenta. La mujer agraviada actúa con decisión y rabia, movida por la desesperación, para recuperar su imagen social. La intervención divina impacta tan profundamente en los protagonistas que se retiran de la vida secular y abrazan la religiosa. Sí, se ha producido un milagro, con efectos profundos: las veleidades del mundo son una auténtica quimera y conviene centrarse en la esencia de la naturaleza humana: Dios interviene y conviene escuchar sus dictados para conducirnos en la vida terrenal con justicia y sentido transcendente.
11. Valoración
Zorrilla ha creado un hermoso texto partiendo de una leyenda toledana muy antigua. Como el tema ya es bien sabido, nuestro poeta se centra en la forma para contarnos una historia llena de frescura, tensión dramática y final sorprendente. Su lectura es chocante y sorprendente porque nos presenta una narración con una intriga muy bien dosificada y una ambientación detallada, casi perceptible por los sentidos; es decir, verídica –además de verosímil– y creíble.
Sin embargo, el choque con el final es total. En este ambiente toledano que casi podemos oler y ver, un milagro religioso rompe con esta atmósfera cotidiana y nos desplaza al campo espiritual: Cristo ha de intervenir para reparar una injusticia escandalosa, una mentira alevosa y una traición descomunal. La gente creía en ello, era parte del juego de la vida. Nosotros, en realidad ¿creemos en ese milagro? ¿En qué creemos, después de todo? Acaso el lector haya de visitar la ciudad imperial, entrar en la ermita del Cristo de la Vega, al lado del Tajo, y contemplar la talla esperando el milagro.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora
1) Resume la leyenda (100 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido.
4) Analiza los personajes y establece su relevancia argumental.
5) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada.
6) Explica por qué este texto es una leyenda.
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos propios de las leyendas aparecen en este texto?
2) ¿Se puede decir que el amor aporta felicidad a los enamorados siempre? Razona la respuesta.
3) ¿Qué importancia posee la honra en esta leyenda?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el valor de la fidelidad y de la promesa?
5) En el cuento aparece Cristo como un personaje, obrando un milagro. ¿Te parece verosímil desde el punto de vista racional y literario? Razona la respuesta.
6) ¿Qué importancia posee la fe cristiana en esta leyenda?
7) En la conclusión se dice que “Las vanidades del mundo / renunció allí mismo Inés / y espantado de sí propio, / Diego Martínez también”. Explica minuciosamente las causas y consecuencias de esta reacción de los protagonistas.
8) Compara el modo de relacionarse de los jóvenes en el Renacimiento y hoy; señala similitudes y diferencias y ventajas e inconvenientes de cada uno de ellos.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Escribe una leyenda con un contenido más o menos inspirado en “A buen juez, mejor testigo”.
2) ¿Es razonable creer en milagros e intervenciones divinas? Razona tu respuesta e imagina cómo pueden afectar a las personas.
3) Realiza una exposición sobre José Zorrilla, sus obras y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de Toledo, en los que se pudo desarrollar esta leyenda.
5) Recita el poema, de forma dramatizada, en grupos, ante la clase, acompañada la declamación de música e imágenes apropiadas.