Antonio Machado: «Campos de Soria» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “Campos de Soria”

CXIII

CAMPOS DE SORIA
I
Es la tierra de Soria árida y fría.             1
Por las colinas y las sierras calvas,
verdes pradillos, cerros cenicientos,
la primavera pasa
dejando entre las hierbas olorosas          5
sus diminutas margaritas blancas.
La tierra no revive, el campo sueña.
Al empezar abril está nevada
la espalda del Moncayo;
el caminante lleva en su bufanda,          10
envueltos cuello y boca, y los pastores
pasan cubiertos con sus luengas capas.
I: Presentación del marco general: “tierra de Soria” en primavera. Aridez, nieve y frío. Un caminante y los pastores es la única presencia humana. Sin ser un paisaje bucólico, resulta entrañable y atractivo.
II
Las tierras labrantías,
como retazos de estameñas pardas,
el huertecillo, el abejar, los trozos          15
de verde obscuro en que el merino pasta,
entre plomizos peñascales, siembran
el sueño alegre de infantil Arcadia.
En los chopos lejanos del camino,
parecen humear las yertas ramas             20
como un glauco vapor —las nuevas hojas—
y en las quiebras de valles y barrancas
blanquean los zarzales florecidos,
y brotan las violetas perfumadas.
II: No todo el territorio es inhóspito. Existen trozos de terreno más benignos para la labranza, como huertos, prados, etc. Cerca de los riachuelos y caminos crece el chopo; en los valles las zarzas y otras plantas alegran la vista y aromatizan el ambiente.
III
Es el campo ondulado, y los caminos     25
ya ocultan los viajeros que cabalgan
en pardos borriquillos
ya al fondo de la tarde arrebolada
elevan las plebeyas figurillas,
que el lienzo de oro del ocaso manchan.  30
Mas si trepáis a un cerro y veis el campo
desde los picos donde habita el águila,
son tornasoles de carmín y acero,
llanos plomizos, lomas plateadas,
circuidos por montes de violeta,         35
con las cumbres de nieve sonrosada.
III: Visto en horizontal, la tierra llana y ondulada no deja ver bien a los viajeros montados en sus asnos. Desde un altozano, se les podría divisar mejor, como manchas blancas y marrones, en un paisaje árido y frío, rodeado de montes morados y cumbres nevadas. El yo poético se dirige a los lectores, apostrofándolos, para que miren desde distintas perspectivas.
IV
¡Las figuras del campo sobre el cielo!
Dos lentos bueyes aran
en un alcor, cuando el otoño empieza,
y entre las negras testas doblegadas        40
bajo el pesado yugo,
pende un cesto de juncos y retama,
que es la cuna de un niño;
y tras la yunta marcha
un hombre que se inclina hacia la tierra,  45
y una mujer que en las abiertas zanjas
arroja la semilla.
Bajo una nube de carmín y llama,
en el oro fluido y verdinoso
del poniente, las sombras se agigantan.   50
IV: Narración de una escena rural que denota pobreza y humildad. Un matrimonio siembra en un “alcor” (colina o collado). El hombre gobierna el arado; la mujer, detrás, deposita las semillas en los surcos abiertos. Un bebé metido en una cesta que pende del yugo de los bueyes aporta pintoresquismo trscendido y miseria.
V
La nieve. En el mesón al campo abierto
se ve el hogar donde la leña humea
y la olla al hervir borbollonea.
El cierzo corre por el campo yerto,
alborotando en blancos torbellinos           55
la nieve silenciosa.
La nieve sobre el campo y los caminos,
cayendo está como sobre una fosa.
Un viejo acurrucado tiembla y tose
cerca del fuego; su mechón de lana          60
la vieja hila, y una niña cose
verde ribete a su estameña grana.
Padres los viejos son de un arriero
que caminó sobre la blanca tierra,
y una noche perdió ruta y sendero,          65
y se enterró en las nieves de la sierra.
En torno al fuego hay un lugar vacío
y en la frente del viejo, de hosco ceño,
como un tachón sombrío
—tal el golpe de un hacha sobre un leño—.  70
La vieja mira al campo, cual si oyera
pasos sobre la nieve. Nadie pasa.
Desierta la vecina carretera,
desierto el campo en torno de la casa.
La niña piensa que en los verdes prados       75
ha de correr con otras doncellitas
en los días azules y dorados,
cuando crecen las blancas margaritas.
V: Ahora el yo poético casi elabora una estrofa narrativa y descriptiva, es decir, novelesca. La nieve lo cubre todo; es invierno y hace mucho frío. Dentro del mesón, un matrimonio mayor y una niña, la nieta, parece ser, lo habitan. El viejo se acurruca en torno a la lumbre del hogar; la mujer mira al campo, con la puerta abierta; la niña cose un vestido humilde, soñando con la primavera. Tenían un hijo (padre de la niña, podemos deducir), que era arriero. Desapareció por los caminos, en una tormenta de invierno. Dolor, tristeza y desolación son los sentimientos que circulan por la estrofa. 
VI
¡Soria fría, Soria pura,
cabeza de Extremadura,                             80
con su castillo guerrero
arruinado, sobre el Duero;
con sus murallas roídas
y sus casas denegridas!
¡Muerta ciudad de señores                           85
soldados o cazadores;
de portales con escudos
de cien linajes hidalgos,
y de famélicos galgos,
de galgos flacos y agudos,                            90
que pululan
por las sórdidas callejas,
y a la medianoche ululan,
cuando graznan las cornejas!
¡Soria fría! La campana                                95
de la Audiencia da la una.
Soria, ciudad castellana
¡tan bella! bajo la luna.
VI: el yo poético se concentra en la ciudad de Soria. Es tan triste, humilde y destartalada como los campos de su provincia. El frío y la pureza son las notas dominantes. La arquitectura es decadente y amenaza ruina. Fue una ciudad de guerreros, hoy solo de antiguos hidalgos pobres. Los galgos, perro de caza, recorren las calles solitarias, sucias y feas; aúllan por las noches, acompañando el graznar de las cornejas. Es la una de la madrugada, según señala el reloj de la Audiencia. El yo poético transmite la belleza de esa ciudad, a esa hora, bajo la luna.
VII
¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas                100
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, obscuros encinares,
ariscos pedregales, calvas sierras,
caminos blancos y álamos del río,           105
tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy siento por vosotros, en el fondo
del corazón, tristeza,
tristeza que es amor! ¡Campos de Soria
donde parece que las rocas sueñan,       110
conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!
VII: El yo poético describe los alrededores naturales de la ciudad; entr esa adustez, severidad y pobreza destaca, sin embargo, la presencia del río Duero, que casi circunvala la ciudad. Califica a la ciudad de “mística y guerrera”; es un modo de resaltar su espiritualidad natural y el haber sido cuna de muchos guerreros en épocas medievales. De pronto, el yo poético irrumpe, como si hubiera estado conteniendo su emoción; los verbos pasan a primera persona. Confiesa que siente un amor triste por la ciudad y su entorno; la lleva dentro de su corazón porque son parte inseparable de su vida, exterior e interior. Repite la exclamación con que se abría la estrofa, destacando tres accidentes geográficos propios del entorno soriano: colinas, alcores y roquedas.
VIII
He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,    115
tras las murallas viejas
de Soria —barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra—.
Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas                 120
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis            125
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,                           130
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!
VIII: esta estrofa se centra en la descripción intimista de los álamos, o chopos, de la orilla del río Duero. El yo poético se ha fijado de nuevo en ellos y alaba su belleza natural (esbeltez, color, porte), los sonidos que emiten sus hojas cuando hay viento. La parte final de la estrofa está formada por una larga exclamación retórica donde repite tres veces la palabra “álamo” en anáfora. Vuelve a expresar su íntimo amor por ellos, repitiendo la expresión personal, tan honda: “conmigo vais, mi corazón os lleva”.
 IX
¡Oh!, sí, conmigo vais, campos de Soria,
tardes tranquilas, montes de violeta,
alamedas del río, verde sueño                            135
del suelo gris y de la parda tierra,
agria melancolía
de la ciudad decrépita,
me habéis llegado al alma,
¿o acaso estabais en el fondo de ella?                 140
¡Gentes del alto llano numantino
que a Dios guardáis como cristianas viejas,
que el sol de España os llene
de alegría, de luz y de riqueza!
IX: la última estrofa es la má emotiva e intensa. Recoge todos los elementos naturales previamente descritos y admite que los ama intensamente, acaso desde antes de conocer la tierra soriana. Cierra la estrofa y el poema con un epifonema maravilloso, generoso y emotivo. Es un deseo esperanzado, valga la redundancia, para los sorianos. Quiere para ellos que “el de España” sea propicio con ellos y les aporte felicidad, progreso y luminosidad inteligente.
Este poema es de una belleza sobrecogedora. El lector se ve envuelto en una atmósfera de intensa emotividad de modo tal que se ve empujado a compartir los sentimientos de Machado (escondido tras el yo poético) por Soria y su tierra. El poema tiene un intenso movimiento, interior, magmático, como escondido a los lectores superficiales, que va de la descripción más o menos objetiva a la identificación con la tierra soriana y a la solidaridad humanitaria con sus apaleados habitantes. Existe una comunión espiritual del yo poético con la tierra soriana; es un tanto paradójica este amor por la tierra; cuanto más pobre e inhóspita es su realidad, más afecto le muestra el yo poético. ¿Por qué?, nos preguntamos. Una respuesta es por la autenticidad, pureza y verdad, que desemboca en belleza, que dimana de la contemplación de la tierra soriana.
El conjunto del poema es muy sobrio en la expresión verbal. La adjetivación es comedida, ajustada a la realidad soriana. Los distintos procedimientos expresivos (personificaciones, metáforas  y algunos recursos de repetición, sobre todo) se emplean con mesura. En sí mismo, es una metáfora general de la humildad de la tierra. Ayuda mucho al tono de emoción contenida, pero intensa; cuanto menos expansión verbal, podríamos afirmar, más intensidad emocional e intimista.
Cada una de las nueve estrofas (con distinto número de versos entre sí) forma una silva romanceada, excepto la VI, que forma casi un romance (los versos quebrados de cuatro sílabas rompen con la estrofa tradicional). El conjunto asciende a 144 versos maravillosamente rimados, con un ritmo suave y fluido que contribuye poderosamente a la significación total del poema. Belleza, pureza y verdad impactan en el corazón del yo poético; se rinde a este pasaje (natural, urbano y humano) y se enamora de él intensamente. Aunque ya no esté en él, o a punto de despedirse, como el tono general deja entrever, nunca lo podrá borrar de su mente y su corazón porque, simplemente, ya son parte ínsita de él mismo.
 Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimiento  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Qué órgano sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el amor por la tierra soriana?
6) ¿Qué accidentes geográficos concretos se mencionan? ¿Qué sentido aportan? 
7) ¿Aparecen muchas personas en el poema? ¿Por qué será así?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de un lugar especial y querido.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios en el momento de la visita. Haz que intervenga la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Un criminal» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “Un criminal”

CVIII

UN CRIMINAL

El acusado es pálido y lampiño.                1

Arde en sus ojos una fosca lumbre,

que repugna a su máscara de niño

y ademán de piadosa mansedumbre.

Conserva del obscuro seminario               5

el talante modesto y la costumbre

de mirar a la tierra o al breviario.

Devoto de María,

madre de pecadores,

por Burgos bachiller en teología,             10

presto a tomar las órdenes menores.

Fue su crimen atroz. Hartóse un día

de los textos profanos y divinos,

sintió pesar del tiempo que perdía

enderezando hipérbatons latinos.           15

Enamoróse de una hermosa niña,

subiósele el amor a la cabeza

como el zumo dorado de la viña,

y despertó su natural fiereza.

En sueños vio a sus padres —labradores  20

de mediano caudal— iluminados

del hogar por los rojos resplandores,

los campesinos rostros atezados.

Quiso heredar. ¡Oh guindos y nogales

del huerto familiar, verde y sombrío,     25

y doradas espigas candeales,

que colmarán las trojes del estío!

Y se acordó del hacha que pendía

en el muro luciente y afilada,

el hacha fuerte que la leña hacía          30

de la rama de roble cercenada.

………………………………………………..

Frente al reo, los jueces con sus viejos

ropones enlutados;

y, una hilera de obscuros entrecejos

y de plebeyos rostros: los jurados.        35

El abogado defensor perora,

golpeando el pupitre con la mano;

emborrona papel un escribano,

mientras oye el fiscal, indiferente,

el alegato enfático y sonoro,                40

y repasa los autos judiciales

o, entre sus dedos, de las gafas de oro

acaricia los límpidos cristales.

Dice un ujier: «Va sin remedio al palo.»

El joven cuervo la clemencia espera.    45

Un pueblo, carne de horca, la severa

justicia aguarda que castiga al malo.

1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. Ahora estamos ante un poema narrativo con un fondo reflexivo y lírico de naturaleza amarga y pesimista. El yo poético cuenta la historia de “un criminal”, como reza en el título. Se trata de un exseminarista, próximo a finalizar sus estudios de teología en Burgos. Se cansa de sus estudios, se enamora de una chica y pierde la cabeza. Se le despierta su codicia natural; como no tiene dinero, decide acaparar el patrimonio familiar. Para ello, ha de acabar con sus padres, campesinos de mediano pasar; los mata con un hacha. En el verso 31 cambia la perspectiva y el tiempo de la narración. El yo poético, en oficio de narrador, nos presenta la escena del juicio con un tono sarcástico e irónico. Todo es formalidad, pero se esconde una implacable sentencia: la horca. El populacho lo espera también así y un ujier lo ratifica. 
1.2. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Narración de un crimen horrendo, del juicio que le sigue y del final que se espera.
-Visión amarga y desolada de España, en sus distintos estamentos sociales, en sus individuos y en sus acciones más profundas.
1.3. Apartados temáticos
El poema presenta tres apartados temáticos. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-4): el yo poético presenta al protagonista, un joven exseminarista con pulsiones turbias y criminales. 
-Segundo apartado ( vv. 5-31): el yo poético relata el pasado del protagonista, su trayectoria y su crimen nefando. Narra en tiempo pasado.
-Tercer apartado (vv. 32-47): vuelve al tiempo presente y nos expone el desarrollo del juicio; describe a los presentes en la sala y nos podemos hacer una idea, por las palabras del ujier, que la condena a muerte, en la horca, es inevitable.
1.4. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por ocho versos endecasílabos y heptasílabos agrupados en una sola estrofa. La rima varía, pero se sujeta a distintas estrofas (aunque sin tener en cuenta el número de sílabas de cada verso): serventesio, terceto y, a continuación, una sucesión de serventesios.
1.5. Comentario estilístico
Este poema narrativo, pero con grandes dosis de lirismo, cuenta una historia sangrienta y el castigo, igual de sangriento, del culpable por parte del sistema judicial. El yo poético se presenta como un observador visual del juicio donde se juzga a un joven acusado de matar a sus padres por codicia y maldad. La primera parte es descriptiva; presenta un retrato del juzgado: joven, de aspecto aniñado, ademanes seminaristas y de apariencia humilde. El retrato es sobrio y esencialista; el yo poético se fija en los rasgos más importantes para que el lector se haga una idea completa del tipo que tiene delante.
“Fue su crimen atroz. Hartóse un día” (v. 12) marca el comienzo de la segunda parte, que es narrativa; el yo poético, en hábito de narrador, refiere cómo el seminarista se cansa de su vida religiosa, se enamora de una chica y siente la necesidad de dinero para vivir despreocupadamente. Para ello, ajusticia a sus padres y así poder quedarse con todo su patrimonio, que ya le correspondía por herencia. El relato se ciñe a las acciones y motivos más esenciales, de modo que avanza ligera, a base de connotaciones y metáforas de entendimiento directo. La elipisis ocupa un lugar importante porque el yo poético omite la acción criminal en sí; la da por supuesta, en la línea de puntos suspensivos que separa la segunda de la tercera parte.
El yo poético, en la tercera parte, describe con amargura y sarcasmo, la celebración del juicio. Presenta a los jueces, los jurados, el abogado defensor, el escribano, el fiscal y un ujier, que es el único que habla en estilo directo. Todos ellos son patéticos, ridículos y como ineptos. Toda la descripción deja entrever un cierto dolor del yo poético por la estampa que pergeña; no le resulta agradable reconocer escenas de este tipo. Aunque todavía hay más: el pueblo también aparece como personaje. Espera la sentencia más sangrienta porque es un modo de restablecer el equilibrio y la justicia elemental e implacable “que castiga al malo”, como expresa el último sintagma que cierra el poema.        
1.6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
1.7. Interpretación y valoración
Este poema es sombrío, trágico y amargo. El yo poético se transmuta en narrador y cuenta una historia muy sangrienta. Un hijo mata a sus padres por codicia y atolondramiento; solo una justicia indiferente e implacable puede restablecer el equilibrio natural. El relato exuda el pesimismo del yo poético sobre sus compatriotas; hay gente cruel y bruta que mata a los padres por avaricia; existe un sistema judicial brutal que no entra en distingos y manda a la horca con total frialdad al culpable. En el fondo, el pueblo lo desea, pues se aplica la justicia de “quien la hace, que la pague”. 
El yo poético desliza mensajes de desesperanza y dolor. Como si le gustaría que las personas fueran mejores, más nobles y moralmente rectas, pero no hay nada que hacer. La esencialidad del relato, la concentración en el asunto principal absorben al lector, que lee el poema en poco tiempo, pero necesita mucho más para asimilar su amargo contenido.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Es un poema intimista y lírico, o narrativo? ¿Por qué? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es testigo de algo? 
3) ¿Qué tono tiene el poema: alegre y optimista, o triste y pesimista? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la desesperanza del poeta sobre el presente de su patria?
6) ¿Quién habla en el poema? ¿Qué sentido aportan sus palabras? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que relate un acontecimiento extraordinario, pero que no te guste demasiado. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de un acontecimiento desgraciado con un sentido trascendente, es decir, que afecte a todos nosotros y exprese cómo somos. Juega con las perspectivas temporales, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Fantasía iconográfica» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “Fantasía iconográfica”
CVII
FANTASÍA ICONOGRÁFICA
La calva prematura                                    1
brilla sobre la frente amplia y severa;
bajo la piel de pálida tersura
se trasluce la fina calavera.
Mentón agudo y pómulos marcados             5
por trazos de un punzón adamantino;
y de insólita púrpura manchados
los labios que soñara un florentino.
Mientras la boca sonreír parece,
los ojos perspicaces,                                 10
que un ceño pensativo empequeñece,
miran y ven, profundos y tenaces.
Tiene sobre la mesa un libro viejo
donde posa la mano distraída.
Al fondo de la cuadra, en el espejo,           15
una tarde dorada está dormida.
Montañas de violeta
y grisientos breñales,
la tierra que ama el santo y el poeta,
los buitres y las águilas caudales.              20  
Del abierto balcón al blanco muro
va una franja de sol anaranjada
que inflama el aire, en el ambiente obscuro
que envuelve la armadura arrinconada.
1. ANÁLISIS
1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanzan cotas muy altas. En este poema, el yo poético describe líricamente un cuadro, casi en forma de retrato. En una primera parte (vv. 1-12), representa el rostro de la persona objeto del grabado, fijándose en la calva, calavera, mentón, pómulos, labios, boca, ojos y ceño. Pertenecen a una persona de mediana edad, inteligente y astuta. La segunda parte del poema (vv. 13-24) se presentan los objetos en los que se halla el individuo representado: una mesa con un libro, un espejo en el que se refleja un paisaje más bien hostil y abrupto. Por una ventana abierta se aprecia un muro en el que se proyecta una luz “anaranjada”, contrastando con el ambiente sombrío y oscuro de la habitación donde está la persona retratada; en ella todavía se puede apreciar una armadura colocada en un rincón.  
  1. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Descripción lírica de un cuadro, o de un grabado, de aspecto tétrico.
-Sensaciones inquietantes que nacen en el yo poético ante la contemplación de un retrato.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta dos apartados temáticos. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-12): la mirada del yo poético se concentra en el rostro de la persona representada, anotando cuidadosamente cada elemento compositivo y las sensaciones más bien negativas que provocan en el yo poético. 
-Segundo apartado (vv. 13-24): enumeración poética del resto de los elementos que se aprecian en el retrato: una mesa con un libro, una ventana con paisaje, un espejo y una armadura arrinconada. 
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por veinticuatro versos endecasílabos y heptasílabos agrupados en una sola estrofa. La rima es consonante. Se trata de una sucesión de serventesios, o cuartetas (ABAB, en arte mayor), pero sin respetar el verso endecasílabo, pues de vez en cuando aparece un heptasílabo. 
  1. Comentario estilístico
El primer asunto estilístico de relevancia es el título del poema: “Fantasía iconográfica”. Advierte que estamos ante un cuadro, o un retrato grabado, no lo sabemos a ciencia cierta.  La fantasía puede aludir a la obra contemplada o a la acción contemplativa del yo poético; existe una ambigüedad irresoluble sobre este asunto.
La descripción es muy visual, como es de esperar ante la contemplación de una obra artística. El elemento central del cuadro es la figura de un hombre exhaustivamente representado. Colores, formas y perfiles de los distintos elementos descritos (partes del rostro que se representan minuciosamente; a un sustantivo le sigue un adjetivo o equivalente para apurar tanto el elemento contemplado como el efecto de la contemplación. 
El yo poético enumera y explica diez rasgos del rostro de la persona representada: calva, frente, piel, calavera, mentón, pómulos, labios, boca, ojos y ceño; más adelante se añade la mano. La precisa y evocadora adjetivación (“calavera prematura”, v. 1, por ejemplo) nos transmiten la imagen de un hombre inquietante y misterioso, como desconfiable. Parece que guarda un misterio, o secreto, que ni el mismo yo poético acaba de conocer.
La segunda parte del poema se concentra en las partes exteriores del cuadro. Primero aparece una mesa con un libro, un espejo en el que se refleja una tarde apacible y una ventana abierta en un balcón por la que se ve un rayo de luz, en contraste con el ambiente oscuro del interior, donde apenas se puede distinguir una armadura esquinada al fondo. El conjunto de los elementos exteriores nos hace llegar una sensación de cierto desasosiego porque el conjunto de los elementos pintados son desasosegantes e inquietantes. 
En general, las oraciones son bastante largas; cada una de ellas se dedica a la presentación de un elemento del conjunto del cuadro. Esto provoca una sensación lectora de profundidad y extensión de la obra pictórica. El yo poético se guarda de decirnos cuál es su reacción directa ante esa imagen, pero deja entrever en su adjetivación lóbrega y algo siniestras que a él mismo le produce inquietud y como desazón. 
  1. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. Interpretación y valoración
Este poema está en justa correspondencia o analogía con su contenido, centrado en la descripción lírica de un cuadro en el que aparece un inquietante individuo en un ambiente misterioso y poco amigable. El poema se concentra minuciosamente en la descripción detallada de cada objeto o elemento de los objetos (referido al rostro del personaje pintado) y su impacto en el yo poético, que es quien describe para nosotros. 
Nuestra percepción del cuadro está mediatizada por el yo poético, así que hemos de compartir con él sus sensaciones negativas. La contemplación parece que le genera desconfianza por la oscuridad de la obra y la presencia de elementos inquietantes, como que no guardan coherencia con el resto de los elementos de la pintura. 
En realidad, Machado ha realizado un ejercicio de écfrasis poética de gran calado y significación. Cuando leemos el poema, “vemos” el cuadro en nuestra mente; tal es el grado de detallismo y precisión descriptiva. 
Por otro lado, estamos obligados a compartir con el yo poético cierto rechazo a esa pintura porque posee zonas de sombra que resultan inquietantes y misteriosas. El conjunto del poema presenta una honda expresividad porque el lector participa de las sensaciones del yo poético y, asimismo, porque el acierto en la descripción nos hace “ver” el cuadro en nuestra cabeza.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimiento  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿ante qué está? ¿Qué sensación le produce la visión del cuadro? 
3) ¿Qué órgano sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia el carácter de la persona retratada?
6) ¿Qué partes del rostro se mencionan? ¿Qué sentido aportan? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de una obra artística; esta actividad descriptiva se denomina écfrasis.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes o textos descriptivos de imágenes de personas, animales o cosas que destaquen por su misterio, su peligro o su incertidumbre en el momento de la contemplación. Haz que resulten atractivos para el lector, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Las encinas» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – Las encinas
 
CIII
 
LAS ENCINAS
 
A los Sres. de Masriera, en recuerdo de una expedición a El Pardo
 
(1) ¡Encinares castellanos           1 
en laderas y altozanos,
serrijones y colinas
llenos de obscura maleza
encinas, pardas encinas;        5
humildad y fortaleza!
 
(2) Mientras que llenándoos va
el hacha de calvijares,
¿nadie cantaros sabrá,
encinares?                              10
 
(3) El roble es la guerra, el roble
dice el valor y el coraje,
rabia inmoble
en su torcido ramaje;
y es más rudo                         15
que la encina, más nervudo,
más altivo y más señor.
 
(4) El alto roble parece
que recalca y enmudece
su robustez como atleta           20
que, erguido, afinca en el suelo.
 
(5) El pino es el mar y el cielo
y la montaña: el planeta.
La palmera es el desierto,
el sol y la lejanía:                      25
la sed; una fuente fría
soñada en el campo yerto.
 
(6) Las hayas son la leyenda.
Alguien, en las viejas hayas,
leía una historia horrenda         30
de crímenes y batallas.
 
(7) ¿Quién ha visto sin temblar
un hayedo en un pinar?
Los chopos son la ribera,
liras de la primavera,                35
Cerca del agua que fluye,
pasa y huye,
viva o lenta,
que se emboca turbulenta
o en remanso se dilata.           40
En su eterno escalofrío
copian del agua del río
las vivas ondas de plata.
 
(8) De los parques las olmedas
son las buenas arboledas       45
que nos han visto jugar,
cuando eran nuestros cabellos
rubios y, con nieve en ellos,
nos han de ver meditar.             
 
(9) Tiene el manzano el olor          50
de su poma,
el eucalipto el aroma
de sus hojas, de su flor
el naranjo la fragancia;
y es del huerto                          55
la elegancia
el ciprés obscuro y yerto.
 
(10) ¿Qué tienes tú, negra encina
campesina,
con tus ramas sin color             60
en el campo sin verdor;
con tu tronco ceniciento
sin esbeltez ni altiveza,
con tu vigor sin tormento,
y tu humildad que es firmeza?  65
 
(11) En tu copa ancha y redonda
nada brilla,
ni tu verdiobscura fronda
ni tu flor verdiamarilla.
 
 (12) Nada es lindo ni arrogante         70
en tu porte, ni guerrero,
nada fiero
que aderece su talante.
Brotas derecha o torcida             75       
con esa humildad que cede
sólo a la ley de la vida,
que es vivir como se puede.
 
(13) El campo mismo se hizo
árbol en ti, parda encina.             80
Ya bajo el sol que calcina,
ya contra el hielo invernizo,
el bochorno y la borrasca,
el agosto y el enero,
los copos de la nevasca,             85
los hilos del aguacero,
siempre firme, siempre igual,
impasible, casta y buena,
¡oh tú, robusta y serena,
eterna encina rural                   90
de los negros encinares
de la raya aragonesa
y las crestas militares
de la tierra pamplonesa;
encinas de Extremadura,         95
de Castilla, que hizo a España,
encinas de la llanura,
del cerro y de la montaña;
encinas del alto llano
que el joven Duero rodea,        100
y del Tajo que serpea
por el suelo toledano;
encinas de junto al mar
—en Santander—, encinar
que pones tu nota arisca,          105
como un castellano ceño,
en Córdoba la morisca,
y tú, encinar madrileño,
bajo Guadarrama frío,
tan hermoso, tan sombrío,         110
con tu adustez castellana
Corrigiendo,
la vanidad y el atuendo
y la hetiquez cortesana!…
Ya sé, encinas                             115
campesinas
que os pintaron, con lebreles
elegantes y corceles,
los más egregios pinceles,
y os cantaron los poetas              120
augustales,
que os asordan escopetas
de cazadores reales;
mas sois el campo y el lar
y la sombra tutelar                      125
de los buenos aldeanos
que visten parda estameña,
y que cortan vuestra leña
con sus manos.
 
1. ANÁLISIS
1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. El poema que ahora analizamos es un elogio, loa u oda a uno de los árboles más comunes de Castilla y de España: la encina. El yo poética la observa, la admira y nos transmite su admiración profunda, interiorizada en su persona.
La primera estrofa constituye toda ella una oración exclamativa; está nominalizada, pues no existe ningún verbo en ella; de este modo, se adensa la significación en una síntesis del pensamiento del yo poético sobre este árbol. Destaca un rasgo cromático: el color “pardo” de las encinas. Y, al lado, lo oscuro de la maleza. No es un rasgo negativo, sino que es imagen de su “humildad y fortaleza”. La palabra “encina” se repite tres veces en la estrofa; esta preponderancia semántica también es reflejo de la relevancia en el significado global del poema.
En la segunda estrofa el yo poético alaba la belleza esencial de la encina. Dialoga con ella y lamenta su desaparición del campo, donde solo quedan “calvijares”. Las considera dignas de ser admiradas y cantadas; es un modo indirecto de justificar su poema.
En la tercera estrofa comienza una enumeración de los árboles comunes en las tierras españolas. Comienza con el roble, árbol señorial y de fuerte presencia. Admite que es un árbol más “rudo”, “nervudo”, “altivo” y “señor” que la encina. En la cuarta estrofa continúa su descripción positiva del roble; es alto y robusto, lo que le hace parecer a un atleta.
La quinta estrofa se dedica al pino y a la palmera; son árboles benéficos y agradables para contemplar en ambientes áridos. Consigna varias metáforas y metonimias laudatorias sobre estos dos árboles. 
La sexta estrofa se centra en el haya, árbol legendario, portador o partícipe en historias mágicas o legendarias, muchas de ellas sangrientas.
La séptima estrofa es un canto al chopo, árbol de “ribera”, alegre y vivaz. Se identifica con el agua, pues parece que corre y se mueve como las ondas del agua.
La novena estrofa se consagra al olmo, habitante de plazas y calles de ciudades. Al yo poético le recuerda su infancia, lo que le provoca cierta nostalgia.
La novena estrofa enumera positivamente al manzano, el eucalipto, el naranjo y el ciprés. Destaca alguna característica positiva de cada uno de ellos.
La décima estrofa es un diálogo frustrado del yo poético con la encina. Reconoce que lo atrae, aunque no comprende por qué. Ni su color oscuro y apagado es atractivo, ni su perfil es esbelto, ni su humildad. En el último verso de la estrofa, revela la clave: “tu humildad que es firmeza” (v. 65). El yo poético alaba su resistencia frente a las adversidades.
Comienza en la estrofa undécima una descripción por vía negativa; las oraciones niegan una cualidad, para asombro del poeta, pues sigue admirando a este árbol. Se reconoce que ni sus hojas, ni su flor brillan con fuerza.
Y lo mismo ocurre en la duodécima. Reconoce el yo poético que la encina carece de hermosura, o de arrogancia, pues todo en ella es heterogéneo y como improvisado. ¿Por qué? Porque la ley que cumple la encina es la de “vivir como se puede” (v. 78); sin complicaciones, ni dramas, este árbol se atiene a la más estricta esencialidad.
La última y décimo tercera estrofa es la más extensa. Posee un carácter recapitulativo. El yo poético ensalza los valores de la encina. La califica de “firme”, “igual”, “casta” y “buena”. Repite el adverbio “siempre”, insistiendo en la permanencia  impertérrita de este admriable árbol. No finalizan ahí los adjetivos laudatorios. Califica al árbol de “robusta” y “serena”. La invoca emocionadamente y señala su presencia por todo el territorio español: Aragón, Navarra, Extremadura y Castilla. Prospera al lado del río Duero y del Tajo también.
También vive cerca del mar, como en Santander, en Andalucía y, finalmente, en Madrid. Aquí se cierra (v. 114) la exclamación que se había abierto en verso 89. Lo importante es la esencialidad frugal de la encina, su honradez rural y su sencillez radical. El yo poético dialoga con ellas en un tono afectivo y de complicidad. Conoce su pasado “cultural”, pues aparecen en pinturas y poemas de tono elevado, señorial, pues así las han tratado “egregios pinceles” y “poetas augustales”. Sin embargo, reafirma que las encinas son parte esencial de la vida campesina, pues aportan calor, ardiendo en el fuego, y facilitan sus vidas. En realidad, funcionan como una deidad tutelar de los hogares labriegos.
  1. Tema
El poema aborda un único tema: loa, alabanza o encomio de la encina como árbol benéfico en las tierras de España.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta cuatro apartados temáticos, de sentido ascendente. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (dos primeras estrofas, vv. 1-10): se introduce el asunto, se presenta a las encinas y la intención del yo poético de proceder con su poema de alabanza de este árbol.
-Segundo apartado (estrofas 3-9, vv. 11-57): descripción lírica de un conjunto de árboles, en comparación, más o menos explícita, con la encina.
-Tercer apartado (estrofas 10-13, vv. 58-129): el yo poético describe poéticamente la encina; se fija emocionadamente en los detalles más nimios, pero significativos, y la considera árbol tutelar de los hogares campesinos. Encomia la resistencia y humildad de la encina y, en cierto modo, agradece su presencia en los campos españoles.
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por ciento veintinueve versos octosílabos y, a veces, tetrasílabos. Se agrupan en trece estrofas, con un número variable de versos, siguiendo un criterio temático. La rima suele ser consonante; Machado utiliza distintas formas estróficas, que van alternando sin orden preestablecido. Así, encontramos cuartetas, pareados, tercetas y, de vez en cuando, algún verso libre.  El conjunto es muy musical, sobrio y cadencioso. Como el poema se sintetiza en un canto a la encina, se aprecia una analogía de fondo entre la expresión (referido a la métrica y la rima) y el contenido. Machado, aquí, ha logrado un equilibrio perfecto entre ambos polos.
  1. Comentario estilístico
El poema es un ejemplo perfecto de la sobria y contenida poesía machadiana. El yo poético elogia a la encina con emoción refrenada y alegría admirativa. La adjetivación, no tan abundante, incide en los aspectos cromáticos; su uso crea sinestesias con relativa frecuencia; son muy expresivas en cuanto a la expresión de las dos cualidades del árbol alabado: humildad, resistencia y sencillez. Los colores grises, opacos, apagados y negruzcos son los más abundantes. El eje estilístico central del poema es el del símil implícito entre la encina y una serie de árboles propios de los campos españoles. Todos ellos son bonitos y poseen alguna característica singular, pero la encina es superior a todos ellos.
Los paralelismos y otros recursos de repetición (anáforas, epanadiplosis, anadiplosis, aliteraciones, etc.) son frecuentes. En sí mismos, son una metáfora de la abundancia de la encina en los campos castellanos. Crean un efecto de esparcimiento anárquico, pero delicado, del árbol en cuestión. 
  1. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. Interpretación y valoración
El poema está dedicado al matrimonio Masriera. Víctor Masriera (1875-1938) fue artista y profesor de dibujo en varias instituciones educativas. Masriera se desplazó en 1896  a París para estudiar en la Escuela Nacional de Artes Decorativas. Ese mismo año obtiene su primer premio en Francia. Los años siguientes vive entre París y su Barcelona natal. En 1899 se matricula en la Escuela Oficial de Bellas Artes y Oficios de Barcelona. Al año siguiente expone en la Exposición Universal de París varias obras, resultando premiado. En 1902 se casa con Ramona Vidiella. Vuelve a París durante un año para continuar formándose en dos academias francesas. Manual para la pedagogía del dibujo, publicado en 1917, es una de sus publicaciones más apreciadas.
El poema es un canto a la encina, uno de los árboles más frecuentes de los campos españoles. Destaca su humildad, su fortaleza, su discreta elegancia y su generosidad para con el campesino, pues le aporta leña, frutos y madera para poder subsistir. El poeta realiza un esfuerzo de contención expresiva, pues se detecta su trabajo por mantener dentro de una línea de sencillez y cierta sobriedad la admiración que le provoca la encina. 
Llama la atención el profundo conocimiento de la geografía española por parte de Machado. La enumeración poética que realiza de nueve árboles distintos (aparte la encina, claro está) demuestra las dotes de observación atenta y sensitiva del poeta. El poema logra, y de qué modo, llamar la atención del lector sobre este humilde y bello árbol. De algún modo, reconcilia al lector con la naturaleza castellana y lo predispone a una percepción benevolente y cariñosa hacia unos paisajes muchas veces hostiles. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimientos nuclean el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿en qué árbol se fija? ¿Por qué? 
3) ¿Qué órgano sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Qué otros árboles se citan en el poema? ¿Con qué sentido?
5) El campesino, ¿aparece en el poema? ¿Por qué será así? 
6) ¿Qué significación se encierra en “¡oh tú, robusta y serena, / eterna encina rural  / de los negros encinares” (vv. 89-91)? ¿Qué apreciación se deduce por parte del yo poético hacia la encina? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación admirativa hacia un ser vegetal.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de un ser vegetal, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «El Dios ibero» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – El Dios ibero
CI
EL DIOS IBERO
[1] Igual que el ballestero                                 1
tahúr de la cantiga,
tuviera una saeta el hombre ibero
para el Señor que apedreó la espiga
y malogró los frutos otoñales,                                5
y un «gloria a ti» para el Señor que grana
centenos y trigales
que el pan bendito le darán mañana.
[2] “Señor de la ruina,
adoro porque aguardo y porque temo:                  10
con mi oración se inclina
hacia la tierra un corazón blasfemo.
[3] ¡Señor, por quien arranco el pan con pena,
sé tu poder, conozco mi cadena!
¡Oh dueño de la nube del estío                             15
que la campiña arrasa,
del seco otoño, del helar tardío,
y del bochorno que la mies abrasa!
[4] ¡Señor del iris, sobre el campo verde
donde la oveja pace,                                              20
Señor del fruto que el gusano muerde
y de la choza que el turbión deshace,
[5] tu soplo el fuego del hogar aviva,
tu lumbre da sazón al rubio grano,
y cuaja el hueso de la verde oliva,                         25
la noche de San Juan, tu santa mano!
[6] ¡Oh dueño de fortuna y de pobreza,
ventura y malandanza,
que al rico das favores y pereza                     
y al pobre su fatiga y su esperanza!                      30
[7] ¡Señor, Señor: en la voltaria rueda
del año he visto mi simiente echada,
corriendo igual albur que la moneda
del jugador en el azar sembrada!
[8] ¡Señor, hoy paternal, ayer cruento,             35
con doble faz de amor y de venganza,
a ti, en un dado de tahúr al viento
va mi oración, blasfemia y alabanza!».
[9] Este que insulta a Dios en los altares,
no más atento al ceño del destino,                       40
también soñó caminos en los mares
y dijo: es Dios sobre la mar camino.
[10] ¿No es él quien puso a Dios sobre la guerra,
más allá de la suerte,
más allá de la tierra,                                              45
más allá de la mar y de la muerte?
[11] ¿No dio la encina ibera
para el fuego de Dios la buena rama,
que fue en la santa hoguera
de amor una con Dios en pura llama?                  50
[12] Mas hoy… ¡Qué importa un día!
Para los nuevos lares
estepas hay en la floresta umbría,
leña verde en los viejos encinares.
[13] Aún larga patria espera                              55
abrir el corvo arado sus besanas;
para el grano de Dios hay sementera
bajo cardos y abrojos y bardanas.
[14] ¡Qué importa un día! Está el ayer alerto
al mañana, mañana al infinito,                               60
hombre de España, ni el pasado ha muerto,
ni está el mañana —ni el ayer— escrito.
[15] ¿Quién ha visto la faz al Dios hispano?
Mi corazón aguarda
al hombre ibero de la recia mano,                          65
que tallará en el roble castellano
el Dios adusto de la tierra parda.
1. ANÁLISIS
  1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. En este poema se presenta un retrato espiritual el hombre ibero, del español corriente y moliente, en su versión campesina. En la primera estrofa se presenta al “hombre ibero”, el español típico, podemos decir. Se destaca de él su ligereza religiosa: reza agradecido a Dios (así lo escribe Machado) cuando todo le va bien y protesta airadamente contra esa deidad cuando le va mal. Sigue una especie de oración, casi un monólogo, o soliloquio, del hombre con Dios. Se extiende (estrofas 2-8) largamente en su agradecimiento al Señor y lo increpa con insultos cuando las cosas no salen como él esperaba. Se trata de una radiografía del alma del hombre español: mezquino, rencoroso, superficial y violento, contra Dios y contra todo lo vivo. Es una oración de “blasfemia y alabanza” al mismo tiempo; según los frutos, así será la oración. Este individuo no carece de ciertos valores (estrofas 9-11), como muestra la historia de sus antepasados. Ha luchado noblemente y laborado tenazmente para obtener frutos de la tierra, lo que es un valor positivo. De las estrofas 12-14 el yo poético reflexiona sobre el presente del “hombre ibero”: no todo está perdido. Con tenacidad y objetivos claros se puede alcanzar una vida plena y próspera, regidos por nobles y elevados deseos intelectuales; aquí, lo que cuenta es el presente, que puede dar lugar a un futuro mejor. La última estrofa (15) nos presenta gramaticalmente visible al yo poético. Como nada está escrito para siempre, está ilusionado con la idea de que el “hombre ibero” será capaz de crear un país mejor y, también, cultivando sus virtudes, moldear una idea más equilibrada de un Dios benigno.
  1. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-La bajeza espiritual del hombre español, con unas creencias primarias y violentas sobre un Dios más bien cruel y rencoroso.
-La esperanza de un futuro mejor para España, elevando el nivel espiritual de sus habitantes y laborando por un futuro más libre, auténtico, próspero y equilibrado.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta cinco apartados temáticos, de sentido ascendente. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (primera estrofa, vv. 1-8): se presenta el “hombre ibero” como un individuo violento, primario e individualista; alaba a Dios si su vida va bien, y lo impreca e insulta si va mal.
-Segundo apartado (estrofas 2-8, vv. 9-38): en esta sección aparece una oración contradictoria (está entrecomillada), primaria y violenta del español dirigida a su Dios. El yo poético realiza un soliloquio del hombre de España, que resulta ser una oración. Alaba y ensalza a Dios si su vida material va bien; lo vitupera y rechaza si va mal. 
-Tercer apartado (estrofas 9-11, vv. 39-50): el yo poético reacciona ante tanto pesimismo y derrotismo, que él mismo ha pintado; también este hombre español ha sido capaz de hacer cosas valiosas en su pasado (“soñó caminos”); la tierra ha producido buenos frutos y se puede esperar de ambos objetivos nobles.
-Cuarto apartado (estrofas 12-14, vv. 51-62): el yo poético se fija en el momento presente. Anima al español a que reaccione, se levante de su postración y luche por enderezar el buen rumbo de las cosas. Con ilusión y tenacidad se puede enderezar el destino alcanzar objetivos nobles desde cualquier punto de vista.
-Quinto apartado (estrofa 15, vv. 63-67): el yo poético se introduce explícitamente en el poema (“Mi corazón aguarda”). Anima al español a que no pierda la fe en su futuro esplendoroso; entonces podrá moldear la figura de un Dios más benevolente y comprensivo con la vida humana. La idea de Dios depende de cómo nos la forjemos en nuestro interior; si somos nobles y buenos, así será nuestro Dios; si somos violentos y malvados, así resultará nuestra deidad. 
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por sesenta y siete versos endecasílabos y heptasílabos, agrupados en quince estrofas nada regulares, aunque predomina la de cuatro versos formando serventesios. En este sentido, el poema es una silva. Pero la rima consonante depara sorpresas muy agradables. Encontramos una sucesión de tres serventesios (ABAB) (vv. 1-12). Los versos 13-14 forman un pareado. Y desde ahí, se suceden  doce serventesios ; el verso 63 queda libre (aunque rima con el segundo y tercero de la siguiente estrofa); se cierra el poema con un cuarteto ( (vv. 64-67).
El conjunto es maravillosamente musical, armonioso y con perfecta correspondencia entre fondo y forma. El contenido es severo, reflexivo y, al mismo tiempo, esperanzado; pues esas mismas cualidades transmiten la sucesión de estrofas descritas previamente.
  1. Comentario estilístico
El poema se abre con una presentación nada complaciente del “hombre ibero”; él es el foco del texto, a pesar del título. Toda la estrofa es un expresivo símil sobre la actitud de este individuo, que podemos nombrarlo como el español común. Se destaca su extremosidad y su iracundia respecto a su percepción de Dios: igual lo quiere matar que lo ensalza desmedidamente, según se vean colmados sus deseos terrenales. El ballestero objeto de la comparación es, probablemente, una alusión al que aparece en el “Romance del Prisionero”. En esta primera estrofa, las hipérboles y metáforas aportan gran expresidvidad: “apedreó la espiga” (v. 4), “el pan bendito le darán mañana” (v. 8), etc. La antítesis u oxímoron de fondo que recorre la estrofa insiste en la falta de templanza del español en los aspectos religiosos; o desprecia Dios, o lo ensalza a las alturas.
En la segunda estrofa comienza la oración del “hombre ibero”. Se trata de una confesión de sus miedos más íntimos, pero también de sus esperanzas e ilusiones. Lo califica como “Señor de la ruina” (v. 9), es decir, malo, violento y vengativo. Confiesa que reza por una mezcla de esperanza y de temor ante el futuro, aunque se sabe “blasfemo” (v. 12). Podemos ver que abre su corazón hasta los rincones más tenebrosos.
La tercera estrofa presenta aspectos negativos de la vida del campesino. Ahora el labriego culpa a Dios de las malas cosechas. Las dos exclamaciones retóricas enfatizan la rabia interna del español. No son nuevas en el poema, pero los paralelismos introducen una expresividad llamativa. (“sé tu poder, conozco mi cadena”, v. 14). También la apóstrofe recuerda machaconamente que estamos ante un rezo, aunque bastante impío. El yo poético recoge tareas agrícolas del campesino, malogradas por la climatología adversa en distintas estaciones del año.
En la cuarta estrofa continúa la oración con sus tintes negativos, aunque la aparicion del arco iris, al principio, suaviza algo el contenido. Ahora aparece la fruta podrida y la humilde casa del campesino deshecha por una tormenta. Son metonimias, o directamente, ejemplos, de la cólera de un Dios violento y nada compasivo.
En la quinta estrofa aparece, por fin, los aspectos benevolentes de este Dios caprichoso e irascible. Ayuda a una vida más cómoda con el calor que proporciona a los hombres en sus hogares, en la noche de San Juan (obsérvese en enorme hipérbaton, que abarca la estrofa entera) en los campos, ayudando a la maduración de los frutos (“grano” y “oliva”), que serán el sustento de las personas. La oración exclamativa que se había abierto en la cuarta estrofa se cierra ahora. Su considerable extensión es una muestra de la tensión espiritual que arrastra el “hombre ibero”. Los colores son interesantes (“rubio grano”, “verde oliva”, “santa mano”) porque añaden un matiz de suavidad y bienestar.
La sexta estrofa es una exclamación retórica toda ella. Las bimembraciones son muy expresivas (“de fortuna y de pobreza”, por ejemplo, en el v. 26) y enfatizan el contraste en el comportamiento de esa deidad, en relación al “rico” y al “pobre”; aquel vive en “favores”; este, en “fatiga”. Este español protesta por las exageradas diferencias antitéticas entre los dos polos sociales. 
La séptima estrofa repite, al comienzo, la invocación, “Señor”, enfatizando su sentido apostrófico. Sin embargo, el campesino vuelve por sus fueron de protesta y agravio. Se siente maltratado, como un mero tahúr tabernario jugando sus monedas, solo que él, con la cosecha, se juega su manutención. Acusa a Dios, por tanto, de caprichoso e injusto. La metáfora continuada (casi alegoría) del jugador y sus monedas fijan el sentido con precisión.
La octava estrofa, la última de la oración, o confesión, o monólogo interior, del campesino da la clave del comportamiento de este: hace lo mismo que Dios. Es, al mismo tiempo, bueno y malo, justo e injusto, amoroso y vengativo. Tiene “doble faz de amor y de venganza” (v. 36), como el propio Dios. Juegan, digamos, con las mismas cartas, por eso se entienden tan bien. El resentimiento del campesino no le impide ver que, después de todo, imita a su deidad; casi es una sutil venganza por no sentirse escuchado por Dios. De nuevo las antítesis aportan viveza expresiva, como “hoy paternal, ayer cruento” (v. 35).
El yo poético toma la palabra en la estrofa 9, para recortar la descripción del “hombre ibero”. Pero cambia totalmente de registro respecto de la primera estrofa. Nos informa que este sujeto también tuvo sueños nobles, lo que expresa con la metáfora “también soñó caminos en los mares” (v. 41). El mar, como metáfora de la apertura a una vida más expansiva, ocupa una buena parte del sentido de la estrofa y más allá. El español también ha sabido forjarse un “camino”, metáfora de recorrido existencial, más pleno y benevolente.
La décima estrofa resulta una interrogación retórica muy bella y profunda. Ensalza del español su capacidad para realizar gestas imposibles, colocando a Dios como estandarte; así, llegó a grandes metas. Existe un corolario implícito: si lo hizo una vez, puede volver a repetirlo. La estructura paralelística de los versos 44-46 es de extraordinaria belleza y expresividad. El yo poético no ha perdido del todo la esperanza, pues los resultados pasados fueron muy señeros.
La undécima estrofa avanza en la misma dirección que la anterior. La interrogación retórica afirma enfáticamente que en España, lugar de la “encina ibera”, se alcanzaron grandes logros espirituales. Parece que alude a la literatura religiosa (ascética y mística) de los Siglos de Oro. Existe esperanza, pues, de un nuevo renacer.
La duodécima estrofa introduce un quiebro importante en la perspectiva analítica. Ya no se habla del pasado. El yo poético se instala en el “hoy”; desea olvidarse del pasado y pensar en el futuro. Se fundarán nuevos hogares en una situación más benigna. Ahora se describe un paisaje ameno, como delatan los sustantivos (“estepas”, “floresta”, leña” y “encinares”). Los adjetivos también son benignos y de connotación positiva y esperanzada, digamos.
La décimo tercera continúa con el dibujo de una España más próspera y fértil. Debajo de la áspera superficie, a lo que se alude metonímicamente a través de plantas feas e improductivas (“cardos y abrojos y bardanas”). Establece un futuro de esperanza para el español: la tierra se volverá a cultivar y sembrar el “grano de Dios”, que daran una buena sementera. El yo poético presiente un futuro algo mejor.
Se confirma esta sensación de optimismo con la repetición de la expresión “¡Qué importa un día!”, con que se abre la décimo cuarta estrofa. Ahora el yo poético apostrofa al “hombre de España” (v. 61) y le pide que el “mañana”, pues tras él viene “el infinito” (v. 60). La metáfora del futuro como la página de un libro no escrita explica muy bien las expectativas del futuro. La concatenación de esta estrofa (ayer, mañana, infinito) es muy hermosa e impulsa la significación optimista y vigorosa. Ahora comprendemos que el “hombre ibero” es el “hombre de España”, a quien invoca el poeta para que reaccione y luche por una vida mas armoniosa y feliz, pues ni el pasado (“el ayer”, v. 62) nos debe atar, ni el futuro está preestablecido.
 La décimo quinta y última estrofa posee un claro carácter sintético. Se abre con una interrogación retorica en la que afirma que, después de todo, no conocemos el verdadero rostro del “Dios hispano” (v. 63). Acaso no sea tan cruel como lo imaginamos. El yo poético se involucra totalmente en la significación del poema al introducirse como un personaje más del contenido. “Mi corazón aguarda” (v. 64) es la expresión que nos advierte de cómo el poema no es un texto aséptico y ajeno al yo poético. Por el contario, le afecta muy directamente. Él, como español, también desea un futuro mejor. Los tres versos finales desarrollan una metáfora bellísima y vigorosa. Dios será como los habitantes quieran que sea. Lo tallarán conforme a sus fuerzas y su talento. Y lo harán con el vigor y la entereza moral que los españoles han mostrado en el pasado. El “Dios adusto” será más bondadoso y equitativo con el “hombre ibero” de lo que lo ha sido en el pasado. La “tierra parda”, metáfora de España, albergará un pueblo algo más feliz y fecundo de lo que se ha visto hasta entonces.
Se cierra el poema con un deseo muy hondo del yo poético sobre el futuro de España y sus habitantes. Desea una vida más desahogada y más elevada para esos hombres que ahora llevan una existencia arrastrada. El pasado fue glorioso; hay que retomar parte de él para tomar impulso para el futuro más luminoso. La tarea no es fácil, sin duda; sin embargo, es factible para “el hombre ibero de la recia mano” (v. 65). El poema, en conjunto, es hermoso, hondo y estremecedor. Solo Machado podía alcanzar esta sublime belleza literaria.
  1. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. Interpretación y valoración
Este denso y profundo poema interpela al lector incisivamente. Machado plantea una reflexión muy profunda sobre los ritos y creencias religiosas del “hombre ibero”, más o menos sinónimo del español, o el castellano, en su versión de campesino. El planteamiento inicial es duro y áspero. Estamos ante un individuo extremoso, rencoroso, envidioso y, algunas veces, agradecido. Su vida es dura, pobre y áspera, lo que justifica, al menos en parte, su modo de orar a un Dios que no es más que la quintaesencia del mismo individuo: justiciero, vengativo y cruel, además de despiadado. El labriego ha creado a ese Dios, ¿o acaso es lo contrario?
Este campesino rudo y primario reza –a veces, imprecando; a veces, maldiciendo– según le ha ido en sus asuntos materiales. Como vemos, el egoísmo y la pobreza lo inundan todo. Sin embargo, Machado echa la vista atrás y encuentra un pasado glorioso en el corazón de Castilla. Fue capaz de montar un imperio y también de crear grandes logros espirituales, como la poesía mística del Renacimiento y el Barroco. Algo debería permanecer de ese hombro que fue animoso y enérgico.
Echa la vista al presente y, en efecto, aunque la situación es lastimosa, piensa que todavía hay tiempo para reaccionar y enderezar el rumbo (entendemos que material y espiritual) de un país a la deriva. En la expresión ¡”Qué importa un día!” se encierra el espíritu luchador y el ánimo decidido del yo poético, trasunto de Machado, a crear un país más culto, equilibrado, próspero y feliz. El poeta está mucho más involucrado de lo que aparenta en la acción poética. La expresión “mi corazón aguarda” no transmite el compromiso de Machado con el presente y el futuro de España. Espera un renacer de su patria, tanto en los aspectos materiales, como en los culturales y espirituales; un futuro más próspero y feliz que le permita “tallar” un Dios más bondadoso y tranquilo, como será el español del porvenir.
El poema es tremendamente conmovedor y bello. Lo que parece una crítica airada a los ritos religiosos del español común se convierte en una honda reflexión y un deseo para el futuro para el conjunto de la patria: cierta prosperidad, generosidad, grandeza de miras y una reacción enérgica para enfrentar los problemas, inevitables, y solventarlos con rectitud moral y espíritu elevado. Y, al fondo, como siempre en Machado poesía como “palabra en el tiempo”, esencialidad de los sentimientos más auténticos perdurando más allá de nuestras vidas.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Quién protagoniza el poema, teniendo en cuenta que uno ora y otro es alabado? 
2) El poeta, ¿qué valoración muestra del “hombre ibero”? ¿Este último, a quién representa? 
3) ¿Qué tono posee el poema, pesimista, optimista o neutral? ¿Es la tierra ibérica benevolente con sus pobladores? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la mirada al pasado y luego al presente? ¿?
5)¿Qué comunica la expresión “¡Qué importa un día!”? ¿Por qué será así? 
6) ¿Qué significación se encierra en “mi corazón aguarda” (v. 64)? ¿Qué podemos deducir del estado de ánimo de la poeta? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese el análisis de algunas creencias religiosas y su efecto sobre las personas.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de actitudes espirituales, ritos o costumbres actuales que manifiesten el modo de ser de las personas. Puedes sugerir una solución, si la situación es negativa, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Jacinto Benavente: «La malquerida»; análisis y propuesta didáctica

JACINTO BENAVENTE: “La malquerida” (1913)
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Acto primero
Escena 1
La señora Raimunda está casada en segundas nupcias con Esteban. Vive en una casa de labrador rico, en Castilla. Su segundo marido es noble y mira por la hacienda. Tiene una hija de su primer matrimonio, Acacia; antes se le habían muerto tres hijos. Las mujeres del pueblo se muestran comprensiva con ella. Acacia sale un tiempo con su primo Norberto, pero rompen. Luego sale y se compromete con Faustino, un joven de un pueblo cercano, de familia con tierras de labor. 
Escena 2
Es el día de la pedida. Faustino y su padre Eusebio ya se despiden y vuelven a su casa, en El Encinar. Todos están cansados. Acacia se sincera con su amiga Milagros. Insinúa que su padrastro le gusta. Corta con Norberto, su primo, porque no se porta bien. Ahora se compromete con Faustino, pero sin gran ilusión; hubiera preferido quedar soltera en casa, con su madre, si no se hubiera casado en segundas nupcias. Juliana, la criada, limpia. Mienta a una hija que se ha muerto hace años. Se oye un tiro a lo lejos. De pronto, se enteran que Norberto ha matado a Faustino de un escopetazo. Abatimiento y miedo general.
Acto segundo
Escena 1
La familia de Raimunda está en una casa de El Soto, alejados del pueblo, para calmarse. La justicia ha soltado a Norberto porque no hay pruebas de que haya sido él es asesino. Ni siquiera Esteban lo vio, pues iba liando un cigarrillo con el tío Eusebio, el padre del novio. Están nerviosos y asustadizos. Eusebio acude a la casa.
Escena 2
Tenso diálogo entre Raimunda y Eusebio. Este aplaca a sus hijos para que no se venguen por la muerte de su hijo Faustino. Él cree, aunque no lo dice en voz alta, que fue Norberto, por venganza. O lo mandó hacer. Está desazonado porque el juzgado lo soltó por falta de pruebas. Raimunda está nerviosa y suplica a su marido Esteban que la proteja, a ella y a su hija.
Escena 3
El Rubio, criado de la casa, se presenta borracho y desvaría. Esteban anuncia que el domingo regresan del Soto al pueblo, cuando ya hayan amainado las habladurías. Acacia prefiere no ser vista por Eusebio, que les pide que le ayuden a aplacar a sus hijos, que claman por venganza. La mujer de Eusebio está maluca desde tiempo atrás.
Escena 4
Bernabé, un criado, le cuenta a Raimunda que el Rubio y Esteban tuvieron palabras mayores en la taberna porque aquel estaba bebido. Le ha traído a Norberto, para hablar con él. Esteban no está en casa.
Escena 5
Norberto le cuenta a su tía Raimunda que el Rubio mató a Faustino y alguien le dio una fuerte suma de dinero. Él mismo lo decía en la taberna, borracho. A Norberto en el pueblo lo protegen porque lo creen inocente. Le sacan una copla a Acacia, ofensiva. El chico confiesa que lo amenazaron si no dejaba de salir con la prima Acacia. Lo hace haciendo que sale con otra. El origen del apodo es popular:
 
RAIMUNDA: Y Esteban fue a sacarle de allí pa que no hablara… 
NORBERTO: Pa que no le comprometiera. 
RAIMUNDA: ¡Eh! ¡Pa que no le comprometiera!… Porque el Rubio estaba diciendo que él… NORBERTO: Que él era el amo de esta casa. 
RAIMUNDA: ¡El amo de esta casa! Porque el Rubio ha sío… 
NORBERTO: Sí, señora. 
RAIMUNDA: El que ha matao a Faustino… 
NORBERTO: Eso mismo. 
RAIMUNDA: ¡El Rubio! Ya lo sabía yo… ¿Y lo saben todos en el pueblo? 
NORBERTO: Si él mismo se va descubriendo; si ande llega principia a enseñar dinero, hasta billetes… Y esta mañana, cuando le cantaron la copla en su cara, se volvió contra todos y fue cuando avisaron a tío Esteban y le sacó a empellones de la taberna… 
RAIMUNDA: ¿La copla? Una copla que han sacao… Una copla que dice… ¿Cómo dice la copla? NORBERTO: “El que quiera a la del Soto, 
tié pena de la vida. 
Por quererla quien la quiere 
le dicen la Malquerida.” 
RAIMUNDA: Los del Soto somos nosotros, así nos dicen, en esta casa… Y la del Soto no pué ser otra que la Acacia…, ¡mi hija! Y esa copla… es la que cantan todos… Le dicen la Malquerida… ¿No dice así? Y ¿quién la quiere mal? ¿Quién pué quererle mal a mi hija? La querías tú y la quería Faustino… Pero ¿quién otro pué quererla y por qué la dicen Malquerida?… Ven acá… ¿Por qué dejaste tú de hablar con ella, si la querías? ¿Por qué? Vas a decírmelo tóo… Mira que peor de lo que ya sé no vas a decirme nada… 
NORBERTO: No quiera usted perderme y perdernos a todos. Nada se ha sabío por mí; ni cuando me vi preso quise decir náa… Se ha sabío, yo no sé cómo, por el Rubio, por mi padre, que es la única persona con quien lo tengo comunicao… Mi padre sí quería hablarle a la justicia, y yo no le he dejao, porque le matarían a él y me matarían a mí. 
RAIMUNDA: No me digas náa; calla la boca… Si lo estoy viendo todo, lo estoy oyendo todo. ¡La Malquerida, la Malquerida! Escucha aquí. Dímelo a mí todo…Yo te juro que pa matarte a ti, tendrán que matarme a mí antes. Pero ya ves que tié que hacerse justicia, que mientras no se haga justicia el tío Eusebio y sus hijos van a perseguirte y de ésos sí que no podrás escapar. A Faustino lo han matao pa que no se casara con la Acacia, y tú dejaste de hablar con ella pa que no hicieran lo mismo contigo. ¿Verdad? Dímelo todo. 
NORBERTO: A mí se me dijo que dejara de hablar con ella, porque había el compromiso de casarla con Faustino, que era cosa tratada de antiguo con el tío Eusebio, y que si no me avenía a las buenas, sería por las malas, y que si decía algo de todo esto… pues que… 
RAIMUNDA: Te matarían. ¿No es eso? Y tú… 
NORBERTO: Yo me creí de todo, y la verdad, tomé miedo, y pa que la Acacia se enfadara conmigo, pues prencipié [de] cortejar a otra moza, que náa me importaba… Pero como luego supe que náa era verdad, que ni el tío Eusebio ni Faustino tenían tratao cosa ninguna con tío Esteban… Y cuando mataron a Faustino… pues ya sabía yo por qué lo habían matao; porque al pretender él a la Acacia, ya no había razones que darle como a mí; porque al tío Eusebio no se le podía negar la boda de su hijo, y como no se le podía negar se hizo como que se consentía a todo, hasta que hicieron lo que hicieron, que aquí estaba yo pa achacarme la muerte. ¿Qué otro podía ser? El novio de la Acacia por celos… Bien urdío sí estaba. ¡Valga Dios que algún santo veló por mí aquel día! Y que el delito pesa tanto que él mismo viene a descubrirse. 
RAIMUNDA: ¡Quié decir que todo ello es verdad! ¡Que no sirve querer estar ciegos pa no verlo!… Pero ¿qué venda tenía yo elante los ojos?… Y ahora todo como la luz de claro… Pero ¡quién pudiea seguir tan ciega! 
NORBERTO: ¿Ande va usted? 
RAIMUNDA: ¿Lo sé yo? Voy sin sentío… Si es tan grande lo que me pasa, que paece que no me pasa nada. Mira tú, de tóo ello, sólo [se] me ha quedao la copla, esa copla de la Malquerida… Tiés que enseñarme el son pa cantarla… ¡Y a ese son vamos a bailar tóos hasta que nos muramos! ¡Acacia, Acacia, hija!… Ven acá. 
NORBERTO: ¡No la llame usted! ¡No se ponga usted así que ella no tié culpa!
 
Escena 6
Los hijos de Eusebio esperan en el campo a Norberto para matarlo, según afirma Bernabé, que viene de fuera. Acacia le desvela a su madre que su padrastro Esteban la acosa, pero Raimunda ha estado ciega por él y no lo ha visto. Raimunda a acusa a Esteban de haber urdido el crimen de Faustino, junto con el Rubio, para que no se casara con Acacia.
Acto tercero
Escena 1
Raimunda y su criada Juliana hablan sobre el caso. Están escandalizadas por que Esteban esté enamorado de Acacia. La chica siempre fue desabrida con él, para defenderse, no por mala educación. Raimunda piensa que Esteban preparó el crimen de Faustino. Esperan a Bernabé, el criado, y acaso a Esteban.
Escena 2
Bernabé cuenta que los hermanos de Faustino acuchillaron a Norberto, pero no es cosa de muerte. Dice que Esteban se interpuso, con la escopeta apuntando. Eusebio y el padre de Norberto riñen de palabra, azuzándose sobre la responsabilidad de la muerte de Faustino. Esteban pasa la noche fuera de casa y duerme en un pajar, con el Rubio. Se habla mal de él en El Encinar. A los hermanos de Faustino los lleva preso la justicia.
Escena 3
Norberto despierta y convalece. Le dan las medicinas que trajo Esteban del pueblo.
Escena 4
Juliana y Acacia platican sobre Esteban. Aquella dice que lo odia, y que estuvo por matarlo con un cuchillo una noche. Lo acusa de haberle quitado el amor de su madre y a su madre. Juliana le hace ver que esos odios vienen de un posible amor apasionado. Acacia se escandaliza, pero no lo niega del todo.
Escena 5
Juliana y Acacia ven venir a Esteban, como “rendido”. Se retiran para que no las vea.
Escena 6
Esteban entra y pregunta por Norberto. Bernabé le informa que mejora. El Rubio lo acompaña.
Escena 7
Diálogo trascendental entre el Rubio y Esteban. Aquel cuenta que mata a Faustino por encargo de este, que no resiste más la pasión descontrolada por Acacia. El Rubio está dispuesto a asumir toda la culpa. Y luego, cuando salga de la cárcel, seguirán como hermanos. Jura lealtad a Esteban.
Escena 8
El Rubio confiesa toda la verdad ante Raimunda y Esteban. Al fin, considera que ha sido bueno, como una cura, pues acabó con el mal. Es el asesino y jura lealtad a Esteban. Este está acoquinado y ni habla.
Escena 9
Esteban reconoce su pasión descontrolada por Acacia. Ha llorado de rabia, porque no lo entendía. Raimunda lo entiende y dice que ha sido un buen marido; como que lo perdona. Piensa mandar a Acacia con las monjas del Encinar unos días, y luego a casa de una hermana, conde encontrará novio. Llega gente y le dice a él que se cambie, pues parece un forajido. Viene la justicia a casa, ya en el Encinar.
Escena 10
Acacia escucha la conversación y le reprocha a su madre que los responsables, como Esteban, quedan en casa, y ella, inocente, ha de abandonarla. Raimunda le dice que disparata, pero reconoce que ya casi ha perdonado a Esteban por lo que ha hecho. Y medio acusa a su hija de responsable de no haber querido a Esteban como padre. Acacia desea que este la mate.
Escena 11
Raimunda obliga a Acacia a abrazar a Esteban y llamarle padre. Se abrazan y se besan, pero no le llama padre. Raimunda comprende que se aman locamente. Grita para que los prendan. Llegan los criados. Esteban dispara a Raimunda para huir al monte con Acacia. Raimunda muere, pero satisfecha de dejar limpia la sangre de su familia, pues Esteban irá a la cárcel.
2) Temas de la comedia
Los temas que plantea esta comedia son:
– El amor ilícito arrastra a las personas a cierto tipo de enajenación y violencia.
– La presión social sobre los individuos es muy fuerte y determina el comportamiento de estos.
– El amor y la muerte están más juntos de lo que parece, incluso entre personas aparentemente de relación imposible.
– El qué dirán influye poderosamente sobre las personas, que tratan de preservar su imagen social, su hora.
3) Apartados temáticos
Esta comedia presenta una estructura muy clásica:
-Una introducción donde se presentan los personajes y el conflicto. Ocupa el primer acto. Raimunda, su marido Esteban y Acacia forman el trío protagonista. Bajo un marco festivo, por la pedida de la novia por Faustino, se ocultan tensiones y frustraciones ocultas.
-Un nudo o desarrollo que ocupa el acto II y el acto III, hasta la escena 8, inclusive. Crece la tensión dramática y se complica la trama al descubrirse pasiones ilícitas y deseos de venganza que pueden arrastrar a muchas personas. 
-Un desenlace condensado en las escenas 9, 10 y 11 del acto III, que es el final. La tensión dramática alcanza una solución inesperada, al desvelarse un amor correspondido entre Acacia y su padrastro Esteban. Raimunda muere, lo que deja un final sangriento, aunque no del todo satisfactorio.
4) Personajes
Raimunda es la protagonista, aunque de modo pasivo. Recibe las consecuencias del comportamiento de los demás, sobre todo de su segundo marido, Esteban, y de su hija, con el primer marido, del que no se da el nombre. Es una mujer madura, simple en sus razonamientos, elemental en su escala de valores y muy preocupada por su imagen en la sociedad rural donde vive. Su posición de propietaria rural rica la elevan, al menos económicamente, por encima de muchos personajes, que son sus criados. Sus últimas palabras en vida muestran su preocupación por la honra y el honor de su familia y de su hija. A pesar de haberla traicionado, perdona su desliz. No aparecen elementos religiosos en su comportamiento, solo aspectos sociales, como el miedo al qué dirán y el afán por preservar su imagen de honra en su pueblo, La Encina.
Esteban, su segunda marido, no está dibujado del todo. Es un hombre de mediana edad, campesino y, aparentemente, hogareño. Al final, se descubre su amor desbocado e ingobernable por su hijastra Acacia; lo arrastra a la violencia y al crimen, al matar a su esposa. Taimado, sabe disimular su pasión, aunque el Rubio la conoce bien. Sus lloriqueos finales lo dibujan como endeble e inconsecuente con sus sentimientos y sus actos. Al matar a su mujer, declara su inestabilidad mental y el descontrol de sus pasiones amorosas.
Acacia es la tercera protagonista. En los dos primeros actos tiene pocas intervenciones, pero su importancia va creciendo. Trata de disimular ante las criadas su pasión por su padrastro, pero al final estalla todo. No tiene problemas en asumir, ante su madre, que ama a su padrastro, y se funde en un beso y abrazo con él. Seguramente, es la mayor hipócrita de todas, en un mundo muy falso y agobiante.
Los demás personajes son secundarios. Faustino (el prometido asesinado) y Norberto (el primo ex pretendiente) son jóvenes convencionales. Sinceros y trabajadores, desean formar una familia y vivir según el modelo rural tradicional, pero todo acaba mal para ellos por culpa de Esteban y Acacia. Eusebio, el padre de Faustino, tiene un papel bastante relevante; es quien lleva las negociaciones del matrimonio; también trata de refrenar a sus hijos para que no corra más sangre. Se rige por el código cristiano rural de contención, pero exigiendo justicia. 
Los dos criados de la casa de Raimunda, Bernabé y Juliana, tienen cierta importancia porque desvelan verdades y ayudan a clarificar el embrollo. El Rubio, otro criado, pero a las órdenes de Esteban, es muy importante porque es el homicida de Faustino. Muestra una lealtad perruna a Esteban, que no le corresponde exactamente con la misma sinceridad.
Todos ellos se caracterizan por un registro coloquial avulgarado, plagado de anacolutos de toda condición, llegando a provocar el cansancio del lector. Es una parte poco auténtica de la obra. 
5) Lugar y tiempo de la acción dramática
La acción ocurre en un contexto rural; aunque en la acotación se habla de “Castilla”, por el modo de hablar, más bien se sitúa en La Mancha o Andalucía. La pronunciación relajada, aplicada a todo tipo de palabras y contextos, denotan un avulgaramiento expresivo muy acusado. Parte de la acción discurre en una casona de labrador rico en un pueblo que se llama La Encina; la otra parte se sitúa en una casa algo apartada, como de recreo, en un lugar denominado El Soto.
La malquerida se estrenó en diciembre de 1913; la obra se escribió ese mismo año o en los inmediatos anteriores. La acción es contemporánea a la escritura: principios del siglo XX en España; lo cierto es que no existen datos para una concreción cronológica más precisa; puede ser anterior a ese momento. La acción dura unos días, acaso algunas pocas semanas. Está muy concentrada en su desarrollo. Sin embargo, los personajes aluden a los hechos anteriores; realizan bastantes analepsis, recordando situaciones y palabras que determinan el presente.
6) Comentario estilístico
El rasgos estilístico más importante es el registro coloquial, más vulgar que otra cosa, que Benavente le asigna a todos sus personajes, sin excepción. Emplean un español muy mal pronunciado, con las oraciones malamente compuestas. ¿Todos, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, ricos y pobres, hablaban así? La respuesta es negativa. Entonces, parece un abuso estilístico poco justificado. El lector acaba por fatigarse seriamente por leer, o escuchar, a un personaje tras otro empleando un español zarrapastroso.
Con todo, la intención estilística de recrear el lenguaje rural y popular español es bastante interesante, aunque no es muy feliz el resultado. La trama, sin embargo, está muy bien construida. El avance de la intriga es sostenido y progresa con firmeza.
Transcribimos un ejemplo de la escena 2.ª del segundo acto como muestra de este modo de expresión avulgarado, sin nobleza ninguna (pues la podría tener):
 
ESCENA II
DICHAS, la ACACIA, MILAGROS, ESTEBAN, el TÍO EUSEBIO y FAUSTINO.
 
ESTEBAN: Raimunda: aquí, el tío Eusebio y Faustino que se despiden.
EUSEBIO: Ya es hora de volvernos pa casa; antes que se haga noche, que con las aguas de estos
días pasados, están esos caminos que es una perdición.
ESTEBAN: Sí que hay ranchos muy malos.
DOÑA ISABEL: ¿Qué dice el novio? Ya no se acuerda de mí. Verdad que bien irá para cinco años que no le había visto.
EUSEBIO: ¿No conoces a doña Isabel?
FAUSTINO: Sí, señor; pa servirla. Creí que no se recordaba de mí.
DOÑA ISABEL: Sí, hombre; cuando mi marido era alcalde; va para cinco años. ¡Buen susto nos diste por
San Roque, cuando saliste al toro y creímos todos que te había matado!
ENGRACIA: El mismo año que dejó tan mal herido a Julián, el de la Eudosia.
FAUSTINO: Bien me recuerdo, sí, señora.
EUSEBIO: Aunque no fuera más que por los lapos que llevó luego en casa… muy merecíos…
FAUSTINO: ¡La mocedad!
DOÑA ISABEL: Pues no te digo nada, que te llevas la mejor moza del pueblo; y que ella no se lleva mal
mozo tampoco. Y nos vamos, que ustedes aún tendrán que tratar de sus cosas.
ESTEBAN: Todo está tratao.
DOÑA ISABEL: Anda, Milagros… ¿Qué te pasa?
ACACIA: Que la digo que se quede a cenar con nosotros y no se atreve a pedirle a usted permiso.
Déjela usted, doña Isabel.
RAIMUNDA: Sí que la dejará. Luego la acompañan de aquí Bernabé y la Juliana y si es caso también
irá Esteban.
DOÑA ISABEL: No, ya mandaremos de casa a buscarla. Quédate, si es gusto de la Acacia.
RAIMUNDA: Claro está, que tendrán ellas que hablar de mil cosas.
DOÑA ISABEL: Pues con Dios todos, [con Dios] tío Eusebio, Esteban.
EUSEBIO: Vaya usted con Dios, doña Isabel… Muchas expresiones a su esposo.
DOÑA ISABEL: De su parte.
ENGRACIA: Con Dios; que lleven buen viaje…
FIDELA: Queden con Dios… (Salen todas las mujeres.)
EUSEBIO: ¡Qué nueva está doña Isabel! Y a la cuenta debe de andarse por mis años. Pero bien
dicen: quien tuvo, retuvo y guardó para la vejez; porque doña Isabel ha estao una buena
moza ande las haya habío.
ESTEBAN: Pero siéntese usted un poco, tío Eusebio. ¿Qué prisa le ha entrao?
EUSEBIO: Déjame estar, que es buena hora de volvernos, que viene muy oscuro. Pero tú no nos
acompañes; ya vienen los criados con nosotros.
ESTEBAN: Hasta el arroyo siquiera; es un paseo.
(Entran la RAIMUNDA, la ACACIA y la MILAGROS.)
EUSEBIO: Y vosotros, deciros tóo lo que tengáis que deciros.
ACACIA: Ya lo tenemos todo hablao.
EUSEBIO: ¡Eso te creerás tú!
RAIMUNDA: Vamos, tío Eusebio; no sofoque usted a la muchacha.
ACACIA: Muchas gracias de todo.
EUSEBIO: ¡Anda ésta! ¡Qué gracias!
ACACIA: Es muy precioso el aderezo.
EUSEBIO: Es lo más aparente que se ha encontrao.
RAIMUNDA: Demasiado para una labradora.
EUSEBIO. ¡Qué demasiado! Dejarse estar. Con más piedras que la custodia de Toledo lo hubiera yo querido. Abraza a tu suegra.
RAIMUNDA: Ven acá, hombre; que mucho tengo que quererte pa perdonarte lo que te me llevas. ¡La
hija de mis entrañas!
ESTEBAN: ¡Vaya! Vamos a jipar ahora… Mira la chica… Ya está hecha una Madalena.
MILAGROS: ¡Mujer!… ¡Acacia! (Rompe también a llorar.)
ESTEBAN: ¡Anda la otra! ¡Vaya, vaya!
EUSEBIO: No ser así… Los llantos por los difuntos. Pero una boda como ésta, tan a gusto de tóos…
Ea, alegrarse… y hasta muy pronto.
RAIMUNDA: Con Dios, tío Eusebio. Y a la Julia que la perdono que no haya venido un día como hoy.
EUSEBIO: Si ya sabes cómo anda de la vista. Había que haber puesto el carro y está esa subida de
los Berrocales pa matarse el ganao.
RAIMUNDA: Pues déle usted muchas expresiones y que se mejore.
EUSEBIO: De tu parte.
RAIMUNDA: Y andarse ya, andarse ya, que se hace noche. (A ESTEBAN.) ¿Tardarás mucho?
EUSEBIO: Ya le he dicho que no venga…
ESTEBAN: ¡No faltaba otra cosa! Iré hasta el arroyo. No esperarme a cenar.
RAIMUNDA: Sí que te esperamos. No es cosa de cenar solas un día como hoy. Y a la Milagros le da lo
mismo cenar un poco más tarde.
MILAGROS: Sí, señora; lo mismo.
EUSEBIO: ¡Con Dios!
RAIMUNDA: Bajamos a despedirles.
FAUSTINO: Yo tenía que decir una cosa a la Acacia…
EUSEBIO: Pues haberlo dejao pa mañana. ¡Como no habéis platicao tóo el día!
FAUSTINO: Si es que… unas veces que no me he acordao… y otras con el bullicio de la gente…
EUSEBIO: A ver po ande sales…
FAUSTINO: Si no es nada… Madre, que al venir, como cosa suya, me dio este escapulario pa la
Acacia; de las monjas de allá.
ACACIA: ¡Es muy precioso!
MILAGROS: ¡Bordao de lentejuela! ¡Y de la Virgen Santísima del Carmen!
RAIMUNDA: ¡Poca devoción que ella le tiene! Da las gracias a tu madre.
FAUSTINO: Está bendecío…
EUSEBIO: Bueno; ya hiciste el encargo. Capaz eras y de haberte vuelto con él y ¡hubiera tenido que
oír tu madre! Pero ¡qué corto eres, hijo! No sé yo a quién hayas salío… (Salen todos. La
escena queda sola un instante. Ha ido oscureciendo. Vuelven la RAIMUNDA, la ACACIA y la
MILAGROS.)
RAIMUNDA: Mucho se han entretenido; salen de noche… ¿Qué dices, hija? ¿Estás contenta?
ACACIA: Ya lo ve usted.
RAIMUNDA: ¡Ya lo ve usted! Pues eso quisiera yo: verlo… ¡Cualquiera sabe contigo!
ACACIA: Lo que estoy es cansada.
RAIMUNDA: ¡Es que hemos llevao un día! Desde las cinco y que estamos en pie en esta casa.
MILAGROS: Y que no habrá faltao nadie a darte el parabién.
RAIMUNDA: Pues todo el pueblo, puede decirse; principiando por el señor cura, que fue de los
primeritos. Ya le he dao pa que diga una misa y diez panes pa los más pobrecitos, que
de todos hay que acordarse un día así. ¡Bendito sea Dios, que nada nos falta! ¿Están ahí
las cerillas?
ACACIA: Aquí están, madre.
RAIMUNDA: Pues enciende esa luz, hija: que da tristeza esta oscuridad. (Llamando.) ¡Juliana, Juliana!
¿Ande andará ésa?
JULIANA: (Dentro y como desde abajo.) ¿Qué?
RAIMUNDA: Súbete pa acá una escoba y el cogedor.
JULIANA: (Idem.) De seguida subo.
RAIMUNDA: Voy a echarme otra falda; que ya no ha de venir nadie.
ACACIA: ¿Quiere usted que yo también me desnude?
RAIMUNDA: Tú déjate estar, que no tienes que trajinar en nada y un día es un día… (Entra la
JULIANA.)
JULIANA: ¿Barro aquí?
RAIMUNDA: No; deja ahí esa escoba. Recoge todo eso; lo friegas muy bien fregao, y lo pones en el
chinero: y cuidado con esas copas que es cristal fino.
JULIANA: ¿Me puedo comer un bizcocho?
RAIMUNDA: Sí, mujer, sí. ¡Que eres de golosona!
JULIANA: Pues sí que la hija de mi madre ha disfrutan de nada. En sacar vino y hojuelas pa todos
se me ha ido el día, con el sinfín de gente que aquí ha habío… Hoy, hoy se ha visto lo que
es esta casa pa todos; y tamién la del tío Eusebio, sin despreciar. Y ya se verá el día de la
boda. Yo sé quien va a bailartelo una onza de oro y quien va a bailarte una colcha
bordada de sedas, con unas flores que las ves tan preciosas de propias que te dan ganas
de cogerlas mismamente. Día grande ha de ser. ¡Bendito sea Dios!, de mucha alegría y
de muchos llantos también; yo la primera, que, no diré yo como tu madre, porque con
una madre no hay comparación de nada, pero quitao tu madre… Y que a más de lo que
es pa mí esta casa, el pensar en la moza que se me murió, ¡hija de mi vida!, que era así y
como eres tú ahora…
RAIMUNDA: ¡Vaya, Juliana!; arrea con todo eso y no nos encojas el corazón tú también, que ya
tenemos bastante ca uno con lo nuestro.
JULIANA: No permita Dios de afligir yo a nadie… Pero estos días así, no sé qué tienen que todo se
agolpa, bueno y malo, y quiere una alegrarse y se pone más entristecía… Y no digas, que
no he querío mentar a su padre de ella, esté en gloria. ¡Válganos Dios! ¡Si la hubiera
visto este día! Esta hija, que era pa él la gloria del mundo.
RAIMUNDA: ¿No callarás la boca?
JULIANA: ¡No me riñas, Raimunda! Que es como si castigaras a un perro fiel, que ya sabes que eso
he sido yo siempre pa esta casa y pa ti y pa tu hija; como un perro leal, con la ley de Dios
al pan que he comido siempre de esta casa, con la honra del mundo como todos lo
saben… (Sale.)
RAIMUNDA: ¡Qué Juliana!… Y dice bien; que ha sido siempre como un perro de leal y de fiel pa esta
casa. (Se pone a barrer.)
ACACIA: Madre…
RAIMUNDA: ¿Qué quieres, hija?
ACACIA: ¿Me da usted la llave de esta cómoda que quiero enseñarle a la Milagros unas cosillas?
RAIMUNDA: Ahí la tienes. Y ahí os quedáis, que voy a dar una vuelta a la cena.
(Sale. La ACACIA y la MILAGROS se sientan en el suelo y abren el cajón de abajo de la cómoda.)
ACACIA: Mira estos pendientes; me los ha regalao… Bueno, Esteban…, ahora no está mi madre; mi
madre quiere que le llame padre siempre.
MILAGROS: Y él bien te quiere.
ACACIA: Eso sí; pero padre y madre no hay más que unos… Estos pañuelos también me los trajo
él de Toledo; las letras las han bordao las monjas… Estas son tarjetas postales; mira qué
preciosas.
MILAGROS: ¡Qué señoras tan guapetonas!
ACACIA: Son cómicas de Madrid y de París de Francia… Mira estos niños qué ricos… Esta caja me
la trajo él también llena de dulces.
MILAGROS: Luego dirás…
ACACIA: Si no digo nada. Si yo bien veo que me quiere; pero yo hubiera querido mejor y estar yo
sola con mi madre.
MILAGROS: Tu madre no te ha querido menos por eso.
ACACIA: ¡Qué sé yo! Está muy ciega por él. No sé yo si tuviera que elegir entre mí y ese hombre…
MILAGROS: ¡Qué cosas dices! Ya ves, tú ahora te casas, y si tu madre hubiera seguido viuda bien sola
la dejabas.
ACACIA: Pero ¿tú crees y que yo me hubiera casao si me hubiera estao sola con mi madre?
MILAGROS: ¡Anda! ¿No te habías de haber casao? Lo mismo que ahora.
ACACIA: No lo creas. ¿Ande iba yo haber estao más ricamente que con mi madre en esta casa?
MILAGROS: Pues no tienes razón. Todos dicen que tu padrastro ha sido muy bueno para ti y con tu
madre. Si no hubiera sido así, ya tú ves, con lo que se habla en los pueblos…
ACACIA: Sí ha sido bueno; no diré yo otra cosa. Pero no me hubiera casao si mi madre no vuelve a
casarse.
MILAGROS: ¿Sabes lo que te digo?
ACACIA: ¿Qué?
MILAGROS: Que no van descaminados los que dicen y que tú no quieres a Faustino, que al que tú
quieres es a Norberto.
ACACIA: No es verdad. ¡Qué voy a quererle! Después de la acción que me hizo.
MILAGROS: Pero si todos dicen que fuiste tú quien le dejó.
ACACIA: ¡Que fui yo, que fui yo! Si él no hubiera dao motivo… En fin, no quiero hablar de esto…
Pero no dicen bien; quiero más a Faustino que le he querido a él.
MILAGROS: Así debe de ser. De otro modo mal harías en casarte. ¿Te han dicho que Norberto y se
fue del pueblo esta mañana? A la cuenta no ha querido estar aquí el día de hoy.
ACACIA: ¿Qué más tiene pa él este día que cualquiera otro? Mira, ésta es la última carta que me
escribió, después que concluimos… Como yo no he consentío volverle a ver… no sé pa
qué la guardo… Ahora mismito voy a hacerla pedazos. (La rompe.) ¡Ea!
MILAGROS: ¡Mujer, con qué rabia!…
ACACIA: Pa lo que dice…, y quemo los pedazos…
MILAGROS: ¡Mujer, no se inflame la lámpara!
ACACIA: (Abre la ventana.) Y ahora a la calle, al viento. ¡Acabao y bien acabao está todo!… ¡Qué
oscuridad de noche!
MILAGROS: (Asomándose también a la ventana.) Sí que está miedoso; sin luna y sin estrellas…
ACACIA: ¿Has oído?
MILAGROS: Habrá sido una puerta que habrán cerrao de golpe.
ACACIA: Ha sonao como un tiro.
MILAGROS: ¡Qué mujer! ¿Un tiro a estas horas? Si no es que avisan de algún fuego, y no se ve
resplandor de ninguna parte.
ACACIA: ¿Querrás creerme que estoy asustada?
MILAGROS: ¡Qué mujer!
ACACIA: (Corriendo de pronto hacia la puerta.) ¡Madre, madre!
RAIMUNDA: (Desde abajo.) ¡Hija!
ACACIA: ¿No ha oído usted nada?
RAIMUNDA: (Idem.) Sí, hija; ya he mandao a la Juliana a enterarse… No tengas susto.
ACACIA: ¡Ay, madre!
RAIMUNDA: (Idem.) ¡Calla, hija! Ya subo.
ACACIA: Ha sido un tiro lo que ha sonao, ha sido un tiro.
MILAGROS: Aunque así sea; nada malo habrá pasao.
ACACIA: ¡Dios lo haga! (Entra RAIMUNDA.)
RAIMUNDA: ¿Te has asustao, hija? No habrá sido nada.
ACACIA: También usted está asustada, madre…
RAIMUNDA: De verte a ti… Al pronto, pues como está tu padre fuera de casa, sí me he sobresaltao…
Pero no hay razón para ello. Nada malo puede haber pasao… ¡Calla! ¡Escucha! ¿Quién
habla abajo? ¡Ay, Virgen!
ACACIA: ¡Ay, madre, madre!
MILAGROS: ¿Qué dicen, qué dicen?
RAIMUNDA: No bajes tú, que ya voy yo.
ACACIA: No baje usted, madre.
RAIMUNDA: Si no sé qué he entendido… ¡Ay Esteban de mi vida y que no le haya pasao nada malo!
(Sale.)
MILAGROS: Abajo hay mucha gente…, pero desde aquí no les entiendo lo que hablan.
ACACIA: Algo malo ha sido, algo malo ha sido. ¡Ay, lo que estoy pensando!
MILAGROS: También yo, pero no quiero decírtelo.
ACACIA: ¿Qué crees tú que ha sido?
MILAGROS: No quiero decírtelo, no quiero decírtelo.
RAIMUNDA: (Desde abajo.) ¡Ay, Virgen Santísima del Carmen! ¡Ay, qué desgracia! ¡Ay, esa pobre
madre cuando lo sepa y que han matao a su hijo! ¡Ay, no quiero pensarlo! ¡Ay, qué
desgracia, qué desgracia pa todos!
ACACIA: ¿Has entendío?… Mi madre… ¡Madre…, madre!…
RAIMUNDA: ¡Hija, hija, no bajes! ¡Ya voy, ya voy!
(Entran la RAIMUNDA, la FIDELA, la ENGRACIA y algunas mujeres.)
ACACIA: Pero ¿qué ha pasao, qué ha pasao? Ha habido una muerte, ¿verdad?, ha habido una
muerte.
RAIMUNDA: ¡Hija de mi vida! ¡Faustino, Faustino!…
ACACIA: ¿Qué?
RAIMUNDA: Que lo han matao, que lo han matao de un tiro a la salida del pueblo.
ACACIA: ¡Ay madre! ¿Y quien ha sido, quién ha sido?
RAIMUNDA: No se sabe…, no han visto a nadie… Pero todos dicen y que ha sido Norberto; pa que sea
mayor la desgracia que nos ha venido a todos.
ENGRACIA: No puede haber sido otro.
MUJERES: ¡Norberto!… ¡Norberto!
FIDELA: Ya han acudío los de justicia.
ENGRACIA: Lo traerán preso.
RAIMUNDA: Aquí está tu padre. (Entra ESTEBAN.) ¡Esteban de mi vida! ¿Cómo ha sido? ¿Qué sabes
tú?
ESTEBAN: ¡Qué tengo de saber! Lo que todos… Vosotras no me salgáis de aquí, no tenéis que hacer
nada por el pueblo.
RAIMUNDA: ¡Y ese padre, cómo estará! ¡Y aquella madre, cuando le lleven a su hijo, que salió esta
mañana de casa lleno de vida y lleno de ilusiones y vea que se lo traen muerto de tan
mala muerte, asesinao de esa manera!
ENGRACIA: Con la horca no paga y el que haiga sío.
FIDELA: Aquí, aquí mismo habían de matarlo.
RAIMUNDA: Yo quisiera verlo, Esteban; que no se lo lleven sin verlo… Y esta hija también; al fin iba a ser su marido.
ESTEBAN: No acelerarse; lugar habrá para todo. Esta noche no os mováis de aquí, ya lo he dicho.
Ahora no tiene que hacer allí nadie más que la justicia; ni el médico ni el cura han
podido hacer nada. Yo me vuelvo pa allá, que a todos han de tomarnos declaración.
(Sale ESTEBAN.)
RAIMUNDA: Tiene razón tu padre. ¿Qué podemos va hacer por él? Encomendarle su alma a Dios…
Y a esa pobre madre que no se me quita del pensamiento… No estés así, hija, que me
asustas más que si te viera llorar y gritar. ¡Ay, quién nos hubiera dicho esta mañana lo
que tenía que sucedernos tan pronto!
ENGRACIA: El corazón y dicen que le ha partío.
FIDELA: Redondo cayó del caballo.
RAIMUNDA: ¡Qué borrón y qué deshonra pa este pueblo y que de aquí haya salido el asesino con tan
mala entraña! ¡Y que sea de nuestra familia pa mayor vergüenza!
GASPARA: Eso es lo que aún no sabemos nadie.
RAIMUNDA: ¿Y quién otro puede haber sido? Si lo dicen todos…
ENGRACIA: Todos lo dicen. Norberto ha sido.
FIDELA: Norberto, no puede haber sido otro.
RAIMUNDA: Milagros, hija, enciende esas luces a la Virgen y vamos a rezarle un rosario ya que no
podamos hacer otra cosa más que rezarle por su alma.
GASPARA: ¡El Señor le haiga perdonao!
ENGRACIA: Que ha muerto sin confesión.
FIDELA: Y estará su alma en pena. ¡Dios nos libre!
RAIMUNDA: (A MILAGROS.) Lleva tú el rosario; yo ni puedo rezar. ¡Esa madre, esa madre! (Empiezan a rezar el rosario. Telón.)
  • Contextualización
Jacinto Benavente (Madrid, 1866 – 1954) es uno de los más importantes dramaturgos modernos del teatro español. Dominó las tablas en el primer tercio del siglo XX con su teatro naturalista y convencional, dirigido a un público burgués. Sus obras iniciales eran más críticas, pero a medida que pasan los años, se hace más convencional; trata de satisfacer el gusto del espectador burgués, que llena los teatros y de quien él vive.
Se ha reconocido un alto dominio de la “carpintería teatral” y de la lengua castellana, lo que es indudable. Se le ha criticado su escamoteo de los momentos fuertes, su tendencia a la narración de las acciones decisivas (en vez de representarlas) y en quedarse en un planteamiento ramplón de infidelidades de marido burgués, finalmente perdonado.
Sus dos mejores obras son Los intereses creados, y La malquerida (1913), que ahora analizamos; La noche del sábado (1903) es otra pieza original y sorprendente obra. Durante la guerra civil española, Benavente estuvo (acaso involuntariamente) del lado republicano. Su fuerte adhesión al franquismo, tras la guerra civil, le ha costado severas críticas y cierto menosprecio de la crítica, acaso no del todo merecido desde el punto de vista literario. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1922, signo de la aceptación y repercusión de su teatro en ese momento.
6) Interpretación y valoración
La malquerida es una pieza dramática muy interesante por el tema que aborda: los amores ilícitos de un padrastro con su hijastra. El enfoque que le imprime también es original: ambos tratan de reprimir sus impulsos, pero, al final, se desbordan trágicamente. El ambiente rural, un tanto rudo y asilvestrado, recuerda algunos dramas de Lope de Vega. El hecho de que todos piensen y hablen muy ramplonamente rebaja bastante la fuerza dramática.
El desarrollo es muy acertado. La tensión dramática crece de un modo sostenido y convincente, aunque el último acto quizá se alarga más de la cuenta. Siempre se ha reconocido el dominio de la “carpintería teatral” por parte de Benavente, lo cual es bien cierto. Los cambios de acción, de lugar y de tiempo resultan muy interesantes. La caracterización de los personajes es verosímil, aunque queda como incompleta. Nos gustaría saber algo más sobre la auténtica personalidad de Esteban, de Acacia, etc. 
El conjunto de la pieza es estimable por el tema que aborda y su desarrollo. El final, sin embargo, parece algo forzado. Muere la madre y su marido y su hija siguen vivos. ¿Qué pasará después? No se indica, pero gozarán de un amor y una situación inmerecida.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el contenido de la pieza dramática (aproximadamente, 150 palabras).
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿cómo se expresa el tema principal?
3) Caracteriza a los personajes, física y psicológicamente. Forma un retrato de cada.
4) Indica el lugar y el tiempo en que se desarrolla la acción dramática. Explícalos y establece su relevancia para el sentido de la obra.
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética.
6) ¿Cómo hablan los personajes? ¿Cuáles son las razones de su modo de expresión?
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Explica el título de la obra. ¿Por qué Acacia es “malquerida”?
2) ¿Quién es el personaje que lleva el peso de la acción? ¿Qué interés tiene en que se sepa la verdad sobre la muerte de Faustino? 
3) ¿Qué papel desempeñan las mujeres en el drama? ¿Se mueven en el mismo plano social, económico y cultural que los hombres? Razona tu respuesta.  
4) La pasión amorosa descontrolada, ¿es algo humano e inevitable,o solo aparece en algunas personas?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Documéntate sobre el dramaturgo Jacinto Benavente realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc.
2) Muchas personas se ven arrastradas por un impulso amoroso ilícito e inaceptado por la sociedad. Ello provoca un fuerte conflicto personal y colectivo (de la persona con la sociedad en la que vive), como vemos en esta pieza. Reflexiona sobre esta cuestión y expón tus ideas al respecto. Puedes hacerlo en papel, por imagen –-dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez.
3) Escribe un relato de ficción o una pieza dramática basado en la reflexión sobre la importancia de la pasión amorosa en nuestra vida.
4) Se puede realizar una pequeña dramatización, o lectura dramatizada (con el apoyo del texto) de parte o de toda la obra. Se puede acompañar de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la gracia y significación de la obra de nuestro dramaturgo.
2.4. Comentario de texto específico
Se ofrece el final de la comedia, para realizar una exégesis textual. Se acompaña una plantilla de cuestiones para conducir su realización.
ACTO TERCERO. ESCENA XI
DICHAS y ESTEBAN.
RAIMUNDA: ¡Esteban!
ESTEBAN: ¡Tié razón, tié razón! ¡No es ella la que tié que salir de esta casa! Pero yo no quieo que
sea ella quien me entregue a la Justicia. Me entregaré yo mismo. ¡Descuida! ¡Y antes de
que puean entrar aquí, les saldré yo al encuentro! ¡Déjame tú, Raimunda! Te queda tu
hija. Ya sé que tú me hubieas perdonao. ¡Ella no! ¡Ella me ha aborrecío siempre!
RAIMUNDA: No, Esteban. ¡Esteban de mi alma!
ESTEBAN: ¡Déjame, déjame, o llamo al padre de Norberto y se lo confieso tóo aquí mismo!
RAIMUNDA: Hija, ya lo ves. Y ha sío por ti. ¡Esteban, Esteban!
ACACIA: ¡No le deje usted salir, madre!
RAIMUNDA: ¡Ah!
ESTEBAN: ¿Quiés ser tú quien me delate? ¿Por qué me has odiao tanto? ¡Si yo te hubiea oído tan
siquiera una vez llamarme padre! ¡Si tú pudieas saber cómo te he querío yo siempre!
ACACIA: ¡Madre, madre!
ESTEBAN: Malquerida habrás sío sin yo quererlo. Pero antes, ¡cómo te había yo querío!
RAIMUNDA: ¿No le llamarás nunca padre, hija?
ESTEBAN: No me perdonará nunca.
RAIMUNDA: Sí, hija, abrázale. Que te oiga llamarle padre. ¡Y hasta los muertos han de perdonarnos       y han de alegrarse con nosotros!
ESTEBAN: ¡Hija!
ACACIA: ¡Esteban! ¡Dios mío, Esteban!
ESTEBAN: ¡Ah!
RAIMUNDA: ¿Aún no le dices padre? Qué, ¿ha perdío el sentío? ¡Ah!, ¿boca con boca y tú abrazao con
ella? ¡Quita, aparta, que ahora veo por qué no querías llamarle padre! ¡Que ahora veo
que has sío tú quien ha tenío la culpa de tóo, maldecía!
ACACIA: Sí, sí. ¡Máteme usted! Es verdad, es la verdad. ¡Ha sío el único hombre a quien he querío!
ESTEBAN: ¡Ah!
RAIMUNDA: ¿Qué dice, qué dice? ¡Te mato! ¡Maldecía!
ESTEBAN: ¡No te acerques!
ACACIA: ¡Defiéndame usted!
ESTEBAN: ¡No te acerques, te digo!
RAIMUNDA: ¡Ah! ¡Así! ¡Ya estáis descubiertos! ¡Más vale así! ¡Ya no podrá pesar sobre mí una
muerte! ¡Que vengan tóos! ¡Aquí, acudir toa la gente! ¡Prender al asesino! ¡Y a esa mala
mujer, que no es hija mía!
ACACIA: ¡Huya usted, huya usted!
ESTEBAN: ¡Contigo! ¡Junto a ti siempre! ¡Hasta el infierno! ¡Si he de condenarme por haberte
querío! ¡Vamos los dos! ¡Que nos den caza si puén entre esos riscos! ¡Pa quererte y pa
guardarte seré como las fieras, que no conocen padres ni hermanos!
RAIMUNDA: ¡Aquí, aquí! ¡Ahí está el asesino! ¡Prenderle! ¡El asesino! (Han llegado por diferentes puertas el RUBIO, BERNABÉ y la JULIANA, y gente del pueblo.)
ESTEBAN: ¡Abrir paso, que no miraré náa!
RAIMUNDA: ¡No saldrás! ¡Al asesino!
ESTEBAN: ¡Abrir paso, digo!
RAIMUNDA: ¡Cuando me haigas matao!
ESTEBAN: ¡Pues así! (Dispara la escopeta y hiere a RAIMUNDA)
RAIMUNDA: ¡Ah!
JULIANA: ¡Jesús! ¡Raimunda! ¡Hija!
RUBIO: ¿Qué ha hecho usted, qué ha hecho usted?
UNO: ¡Matarle!
ESTEBAN: ¡Matarme si queréis, no me defiendo!
BERNABÉ: ¡No; entregarle vivo a la Justicia! 
JULIANA: ¡Ese hombre ha sío, ese mal hombre! ¡Raimunda! ¡La ha matao! ¡Raimunda! ¿No me
oyes?
RAIMUNDA: ¡Sí, Juliana, sí! ¡No quisiera morir sin confesión! ¡Y me muero! ¡Mía cuánta sangre! Pero
¡no importa! ¡Ha sío por mi hija! ¡Mi hija!
JULIANA: ¡Acacia! ¿Ande estás?
ACACIA: ¡Madre, madre!
RAIMUNDA: ¡Ah! ¡Menos mal, que creí que aún fuea por él por quien llorases!
ACACIA: ¡No, madre, no! ¡Usted es mi madre!
JULIANA: ¡Se muere, se muere! ¡Raimunda, hija!
ACACIA: ¡Madre, madre mía!
RAIMUNDA: ¡Ese hombre ya no podrá náa contra ti! ¡Estás salva! ¡Bendita esta sangre que salva, como la sangre de Nuestro Señor!
 
SUGERENCIAS PARA COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
A continuación se propone una plantilla de trabajo para cada uno de los poemas. El docente puede ampliarla, reducirla, conforme a sus circunstancias.
Comprensión lectora
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (120 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas).
2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos.
3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido.
4) Analiza los personajes conforme a sus intervenciones.
Interpretación y pensamiento analítico
5) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (doce, aproximadamente).
6) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal del autor.
7) Interpreta y discierne la intención (¿para qué me quiere hablar de estos asuntos) y el sentido  (¿por qué y cómo me desea transmitir este tema?) del poema.
8) Valora personalmente tu apreciación lectora: pondera la actualidad y el atractivo del tema, de la disposición formal, de la originalidad creativa, etc.
Fomento de la creatividad
9) Transforma el diálogo imprimiendo un nuevo sentido al final de la obra.
 

Jacinto Benavente: «Los intereses creados»; análisis y propuesta didáctica

JACINTO BENAVENTE: “Los intereses creados”
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Acto primero. Cuadro I
Escena 1
La acción se desenvuelve en el siglo XVIII, en una ciudad innominada. Leandro y Crispín llegan a ella por primera vez y lo ignoran todo. Son muy pobres, lo que es un grave inconveniente; no saben cómo encarar su futuro con cierta solvencia. Crispín, criado, le propone a Leandro, su señor, pasar por ricos y poderosos. Le recomienda que crea en su papel, pues es la única manera de prosperar. Llaman impetuosamente a la puerta de una hostería u hospedería (de más categoría que una posada) con apremio y aires de grandeza.
Escena 2
Leandro hace de gran señor, en misión secreta. Crispín, de criado. Leandro lo golpea con la espada por hablar de más, desvelando sus planes secretos de gran importancia. Al hostelero también le caen cuatro espadazos. El hostelero pregunta quién es y a dónde va, siguiendo las ordenanzas, pero Leandro y Crispín dan largas.
Escena 3
Un Capitán que viene derrotado de la guerra, dirigida por gente corrupta y venal, y un Arlequín que se las da de poeta llegan a la posada. Son pobres y aceptan resignadamente su destino.
Escena 4
Les preparan un buen banquete, con vino de calidad. Arlequín pasa a ser el mejor poeta del mundo. El Capitán el arduo y valiente soldado con que tomaron Peñas Rojas, en los Campos Negros. Tono de zumba de Crispín relatando la batalla. Le exige al hostelero entregarle sesenta escudos a Arlequín y el Capitán, que reconocen que están sin blanca. Leandro contrata a todo con tono grave “Cierto”.
Cuadro II
Escena 1
Sirena, ya mayor, vive con Colombina, que no llega a los veinte; está enamorada de Arlequín; viven en pobreza; el sastre y los demás oficios ya no le fía. Esta noche organiza una fiesta en su casa. Acude Polichinela y su mujer, junto con su hija, ya casadera. Sirena trata de mediar en el matrimonio de la joven con cualquier rico, para obtener beneficio. Van a organizar una farsa de fiesta con la ayuda de Arlequín.
Escena 2
Crispín aparece ante Colombina, cuando esta pensaba que era Arlequín. Crispín ya conoce la situación de la fiesta-farsa. Le pide que le ayude a que su señor, soberbio, rico, noble y poderoso, se enamore de Silvia, la hija de Polichinela. Crispín hace una comparación contrastiva entre la honra y lealtad de su señor, del que no da el nombre, y él mismo, que es bajo ruin.
Escena 3
Crispín le entrega un papel a Sirena, donde Leandro, el “gran señor”, le entrega 100.000 escudos ahora y otros tantos la muerte de Polichinela, si logra que su hija Silvia se case con él. Sirena se hace la enojada y ofendida, pero ya suena la música. Le pide que se mantenga la farsa: 
CRISPÍN.-Doña Sirena, ¡excusad la indignación! No hay nadie presente que pueda importaros. Guardad ese papel junto con otros, y no se hable más del asunto. Mi señor no os propone nada indecoroso, ni vos consentiríais en ello. . . Cuanto aquí sucede será obra de la casualidad y del amor. Fui yo, el criado, el único que tramó estas cosas indignas. Vos sois siempre la noble dama, mi amo el noble señor, que al encontraros esta noche en la fiesta, hablaréis de mil cosas galantes y delicadas, mientras vuestros convidados pasean y conversan a vuestro alrededor, con admiraciones a la hermosura de las damas,  al arte de sus galas, a la esplendidez del agasajo, a la dulzura de la música y a la gracia de los bailarines… ¿Y quién se atreverá a decir que no es esto todo? ¿No es así la vida, una fiesta en que la música sirve para disimular palabras y las palabras para disimular pensamientos? Que la música suene incesante, que la conversación se anime con alegres risas, que la cena esté bien servida, es todo lo que importa a los convidados. Y ved aquí a mi señor, que llega a saludaros con toda gentileza.
Escena 4
Se conciertan los seis: Leandro, Crispín; Capitán y Arlequín; Sirena y Colombina. Con reticencias de esta última, piensan seguir con la farsa, a ver qué pasa. Les interesa porque están arruinados.
Escena 5
Laura y Risela, dos damas de la ciudad, acuden a la fiesta. Se intercambian saludos hipócritas. Hablan del noble caballero que acudirá a la fiesta. Se dice por la ciudad que es embajador de Venecia, o Francia, o que busca esposa para el Gran Turco. Que es guapo… 
Escena 6
Polichinela, su mujer y Silvia entran en la fiesta. Él es avaro y materialista; la mujer, ostentosa; Silvia, chica normal, según el padre muy dada a novelera. Sirena le anuncia que le presentará a un noble de grandes cualidades.
Escena 7
Crispín se hace el encontradizo con Polichinela. Se presenta como antiguo compañero conmilitón de la guerra y de servicio a amos. Le insinúa que sabe que mató a su primer señor en Nápoles, primera mujer en Bolonia y primer mercader judío en Venecia. Conoce su pasado criminal. Polichinela cede y dice que le ayudará. Crispín le pide que su hija no escuche a su señor, que es muy apuesto y palabrero.
Escena 8
Polichinela separa a su hija del noble caballero, Leandro, y la reprende. La mujer del rico confiesa a las otras que, a veces, le ha pegado y luego lo arregla con un regalo.
Escena 9
Crispín le confiesa a Leandro que conoce a Polichinela de atrás y lo engaña con la lealtad, pues con trampas no puede. Leandro se ha enamorado de verdad de Silvia.
Escena 10
Leandro y Silvia se declaran su amor. Él tiene reparos por la farsa que representa. Ella canta una canción.
Acto segundo. Cuadro III
Escena 1
Crispín cuenta al Capitán y a Arlequín que unos hombres armados atacaron a su señor, Leandro, cuando platicaba con Silvia por el muro del jardín. Uno de los atacantes confesó que fue obra de Polichinela. Crispín hace saber su turbio pasado, para que se propague por la ciudad. El Capitán jura matarlo, pero el criado lo calma.
Escena 2
Silvia está escondida en casa de Sirena y no piensa salir de allí hasta que su padre le conceda el matrimonio con Leandro. Crispín hace correr la fama de la nobleza de su señor, de su coraje con las armas y de su enamoramiento tremendo con Silvia.
Escena 3
Los “amigos” se disponen a encender los ánimos en la ciudad contra Polichinela, que quiso asesinar a un caballero para que no saliera con su hija. Crispín los dirige a todos con astucia. Colombina también colabora.
Escena 4
Crispín reconoce que los matones los contrató él para fingir el asalto; le dice a Leandro que ame de verdad y ya está. Leandro quiere huir, pues le parece indigno engañar a Silvia con su pasado. Aquel le recuerda que es tarde, que deben actuar con astucia. Deben mucho dinero a todos los que los han acogido a crédito. Vienen huyendo de Bolonia y otras ciudades italianas por los pufos cometidos.
Escena 5
Sirena conoce la verdad y se la dice a Leandro y a Crispín. Exige su trato porque está necesitada. Ha traído a Silvia con ella. Polichinela descubrió la ciudad y han llegado de Bolonia unos alguaciles y un juez para prenderlo. Leandro se hace el herido porque lo visitará Silvia. No quiere pero los otros le obligan.
Escena 6
Leandro le confiesa a Silvia la verdad, pero ella no lo cree. Odia a su padre.
Escena 7
Llega la justicia a casa de Leandro. Esconden a Silvia en un camerín. Leandro huye por la ventana. Crispín los espera a todos, con aire grave.
Escena 8
Esta escena es larga. Pantalón, prestamista de Leandro, exige su dinero; y el hostelero; el capitán, reparar su honra; Arlequín, su prestigio de poeta. El doctor en leyes, que es el juez, exige cobrar sus estipendios. Pero Polichinela se opone al matrimonio ferozmente. Crispín los convence a todos: nada cobrarán, pues son pícaros y pobres, si los condenan. Es mejor el matrimonio. Dice que ya está consumado. Descorre un telón y aparecen Leandro, Silvia, Sirena, Colombina y la señora de Polichinela.
Escena 9
El secretario recibe una cadena de oro. Todos presionan exclamando al unísono que se caen Leandro y Silvia. El padre, Polichinela, al fin, cede, pero piensa desheredarla. Interviene su mujer y le obliga a rectificar. Crispín deja de servir a Leandro, amistosamente. Los intereses atan a las personas, advierte Crispín. Silvia, en una intervención final, lo admite. El mundo es como un teatro, los títeres se mueven por su egoísmo, pero hay algo sutil y hermoso que también es parte del hombre: el amor; lo contrario de los intereses.
2) Temas de la comedia
Los temas que plantea esta comedia son:
– El beneficio económico mueve a las personas a actuar inmoral y cínicamente.
– La hipocresía abunda en las relaciones humanas. Muchos disimulan lo que son y esconden sus verdaderas intenciones por provecho personal.
– El egoísmo es muy abundante; muchas personas, independientemente de su clase social, actúan movidos por el afán de lucro y la avaricia.
– Solo el amor verdadero salva a las personas de caer en vicios horrendos y en traiciones con severas consecuencias.
3) Apartados temáticos
Esta comedia presenta una estructura muy clásica:
-Una introducción donde se presentan los personajes y el conflicto. Es breve; ocupa el primer cuadro, con sus cuatro escenas. Ahí conocemos a Crispín, Leandro, el Capitán y Arlequín, con sus penosas circunstancias económicas y sus dificultades para sobrevivir.
-Un nudo o desarrollo que ocupa el resto del acto II, hasta la escena octava, incluida, del segundo acto. El enredo se complica, el embrollo se adensa y más personas se ven atrapadas en la dinámica de mentiras de Crispín.
-Un desenlace condensado en la novena y última escena del acto III, que es el final. La tensión dramática alcanza una solución razonable, bondadosa y feliz para todos.
4) Personajes
Los personajes corresponden a la “comedia del Arte” italiana. Son tipos fijos con un papel previsible (casi como los de la comedia nacional española fundada por Lope de Vega).
Crispín es el personaje principal, casi protagonista. Posee todas las características del pícaro; atrevido, astuto y buen conocedor de la naturaleza humana. Manipula a todos para poder alcanzar su éxito. En su intervención final observamos más nobleza en su fondo de la que cabía suponer. Busca la satisfacción de las necesidades materiales de Leandro, su amigo y señor, jugando con las circunstancias y forzando la situación al límite. Incluso cambia la opinión pública de la ciudad, volviéndola en contra de Polichinela, para favorecer sus intereses. Gran manipulador, no duda en extorsionar a Polichinela para obligarle a aceptar sus condiciones.
Leandro, supuesto señor de Crispín, es el segundo personaje en importancia. Muestra una nobleza de fondo, despertada por el amor verdadero que siente por Silvia. Habla poco, porque lo exige su papel de hombre noble y grave, poco propenso a intervenir si no es por necesidad. Al final, al descubrirle su farsa a Silvia, muestra nobleza de corazón, que se ve recompensado por el amor de ella.
Silvia, la joven dama guapa y rica, cumple su papel esperable. Sin embargo, perdona el engaño de Leandro y está dispuesta a apechugar con las consecuencias de sus actos amorosos.
Polichinela, el viejo padre, avaro, tramposo, y con un pasado muy turbio, con asesinatos incluidos, es astuto y firme en sus planes. No cede así por las buenas y, de hecho, hasta el último momento no cede. Egoísta y mandón, ejerce su autoridad sin miramientos y con abusos.
El abogado, o juez, es tan venal como cabía esperar. Los enreda a todos con sus silogismos y sus tecnicismos. Ante la perspectiva de perder sus abundantes honorarios, cede en todo su galimatías mental y se apunta al carro de los practicistas. Su opinión es determinante para que Polichinela ceda.
Sirena y Colombina son dos mujeres solteras que mantienen una farsa social a duras penas. Quieren pasar por ricas y de amplia vida social, pero están atenazadas por la pobreza. Pronto comprenden que lo mejor es aliarse con Crispín, para asegurar la ganancia.
El Capitán y Arlequín son más nobles que la media. Caen en el engaño porque los manipulan; quieren salir en un primer momento, y aún después. Se muestran más firmes y honrados que la media. Al fin, se ven recompensados, como todos los demás.
5) Lugar y tiempo de la acción dramática
La acción se desarrolla en una ciudad innominada. Podemos deducir, por el contexto, que es italiana; se cita Bolonia, Venecia, Nápoles, etc. Apenas se dan unos apuntes. Los espacios escénicos son tres: la hospedería, la casa de Colombina y Sirena y la casa alquilada por Leandro y Crispín, por este orden. 
El tiempo de la escritura y del estreno corresponde a 1907. La acción dramática, como se apunta al principio, es el siglo XVIII, sin mayores precisiones. La duración no está determinada, pero se puede deducir por el desarrollo que apenas son unas semanas; menos de un mes, seguramente, pues todo pasa rápido.
6) Comentario estilístico
Los personajes hablan con naturalidad y cierta sencillez expresiva. Rehúyen, por tanto, del lenguaje barroco o retoricista. Lógicamente, aparecen algunos arcaísmos y el empleo de los tiempos verbales como se supone que se hablaba en español clásico (por ejemplo, el empleo de “vos” por “tú”).
Benavente aplica a rajatabla el principio de llaneza expresiva. Las intervenciones no son muy largas, ni los circunloquios abundan. Todos se expresan directa y claramente, con más o menos énfasis, conforme a la situación escénica. Transcribimos un ejemplo de la escena 8.ª del segundo acto:
CRISPÍN.-Ya escribiréis cuando sea preciso. Dejadme ahora hablar aparte con estos honrados señores.
DOCTOR.-Si os conviene sacar testimonio de cuanto aquí les digáis…
CRISPÍN.-Por ningún modo. No se escriba una letra, o no hablaré palabra.
CAPITÁN.-Deje hablar al mozo.
CRISPÍN.- ¿Y qué he de deciros? ¿De qué os quejáis? ¿De haber perdido vuestro dinero? ¿Qué pretendéis? ¿Recobrarlo?
PANTALÓN.- ¡Eso, eso! ¡Mi dinero!
HOSTELEROS…-¡Nuestro dinero!
CRISPÍN.-Pues escuchadme… ¿De dónde habéis de cobrarlo si así quitáis crédito a mi señor y así hacéis imposible su boda con la hija del señor Polichinela? ¡Voto a. . ., que siempre pedí tratar con pícaros mejor que con necios! Ved lo que hicisteis y cómo se compondrá ahora con la Justicia de por medio. ¿Qué lograréis ahora si dan con nosotros en galeras o en sitio peor? ¿Será buena moneda para cobraros las túrdigas de nuestro pellejo? ¿Seréis más ricos, más nobles o más grandes cuando nosotros estemos perdidos? En cambio, si no nos hubierais estorbado a tan mal tiempo, hoy, hoy mismo tendríais vuestro dinero, con todos sus intereses…, que ellos solos bastarían a llevaros a la horca, si la Justicia no estuviera en esas manos y en esas plumas. . . Ahora haced lo que os plazca, que ya os dije lo que os convenía…
DOCTOR.-Quedaron suspensos…
CAPITÁN.-Yo aún no puedo creer que ellos sean tales bellacos.
POLICHINELA.-Este Crispín… capaz será de convencerlos.
PANTALÓN.-(Al Hostelero.) ¿Qué decís a esto? Bien mirado. . .
HOSTELERO.- ¿Qué decís vos?
PANTALÓN.-Dices que hoy mismo se hubiera casado tu amo con la hija del señor Polichinela. ¿Y si él no da su consentimiento?. . .
7) Contextualización
Jacinto Benavente (Madrid, 1866 – 1954) es uno de los más importantes dramaturgos modernos del teatro español. Dominó las tablas en el primer tercio del siglo XX con su teatro naturalista y convencional, dirigido a un público burgués. Sus obras iniciales eran más críticas, pero a medida que pasan los años, se hace más convencional; trata de satisfacer el gusto del espectador burgués, que llena los teatros y de quien él vive.
Se ha reconocido un alto dominio de la “carpintería teatral” y de la lengua castellana, lo que es indudable. Se le ha criticado su escamoteo de los momentos fuertes, su tendencia a la narración de las acciones decisivas (en vez de representarlas) y en quedarse en un planteamiento ramplón de infidelidades de marido burgués, finalmente perdonado.
Sus dos mejores obras son Los intereses creados, que ahora analizamos, y La malquerida (1913); La noche del sábado (1903) es otra original y sorprendente obra. Durante la guerra civil española, Benavente estuvo (acaso involuntariamente) del lado republicano. Su fuerte adhesión al franquismo, tras la guerra civil, le ha costado severas críticas y cierto menosprecio de la crítica, acaso no del todo merecido. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1922, signo de la aceptación y repercusión de su teatro en ese momento.
8) Interpretación y valoración
Los intereses creados es una pieza dramática que aborda un asunto universal y de permanente vigencia: por nuestros intereses, principalmente económicos, dejamos a un lado los principios morales. Ello supone una renuncia a nuestros valores éticos y a una pauta de conducta ajustada a la decencia personal. Benavente sitúa esta acción en un ambiente italiano, en el siglo XVIII. 
El desarrollo argumental es muy sólido y está muy bien apuntalado: detalles, personajes y acciones resultan verosímiles y familiares para el lector/espectador. Todo es como bien conocido, es decir, la vigencia del asunto y el modo de acercarlo a nosotros es verosímil y consistente.
Los personajes benaventianos resultan verosímiles y consistentes. Los “vemos” moviéndose en la vida cotidiana, con sus preocupaciones e ilusiones. Una de las reflexiones que se desprenden de la pieza es que la perseverancia y la fe en los proyectos u objetivos vitales es una pieza clave para alcanzar el éxito. Benavente tiende a los finales satisfactorios en los que los conflictos se resuelven amablemente. 
Los diálogos son frescos y relevantes para conocer la personalidad de los personajes. Es uno de los aspectos más interesantes de esta pieza. Los diálogos son naturales y verosímiles, lo que aumenta el interés y la consistencia significativa.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el contenido de la pieza dramática (aproximadamente, 150 palabras).
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿cómo se expresa el tema principal?
3) Caracteriza a los personajes, física y psicológicamente. Forma un retrato de cada.
4) Indica el lugar y el tiempo en que se desarrolla la acción dramática. Explícalos y establece su relevancia para el sentido de la obra.
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Explica el título de la obra. ¿Qué son los “intereses” y a qué se refiere con “creados”?
2) ¿Quién es el personaje que lleva el peso de la acción? ¿Qué interés tiene en que se llegue a un final satisfactorio? 
3) ¿Qué papel desempeñan las mujeres en el drama? ¿Se mueven en el mismo plano social, económico y cultural que los hombres? Razona tu respuesta.  
4) El deseo de acumular riqueza, ¿es algo humano e inevitable,o solo aparece en algunas personas?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Documéntate sobre el dramaturgo Jacinto Benavente realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc.
2) Muchas personas desean acumular riqueza para llevar una vida mejor, como vemos en esta pieza. Reflexiona sobre esta cuestión y expón tus ideas al respecto. Puedes hacerlo en papel, por imagen –-dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez.
3) Escribe un relato de ficción o una pieza dramática basado en la reflexión sobre la importancia de los intereses individuales (acumulación de riqueza, o de poder, o de influencia…) en nuestra vida.
4) Se puede realizar una pequeña dramatización, o lectura dramatizada (con el apoyo del texto) de parte o de toda la obra. Se puede acompañar de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la gracia y significación de la obra de nuestro dramaturgo.
2.4. Comentario de texto específico
Se ofrece el final de la comedia, para realizar una exégesis textual. Se acompaña una plantilla de cuestiones para conducir su realización.
CRISPÍN.-Y ahora, Doctor, ese proceso, ¿habrá tierra bastante en la tierra para echarle encima?
DOCTOR.-Mi previsión se anticipa a todo. Bastará con puntuar debidamente algún concepto. . . Ved aquí: donde dice. . . “Y resultando que si no declaró. . . “, basta una coma, y dice: “Y resultando que si, no declaró. . . ” Y aquí: “Y resultando que no debe condenársele”, fuera la coma, y dice: ‘“Y resultando que no debe condenársele…”
CRISPÍN.- ¡Oh, admirable coma! ¡Maravillosa coma! ¡Genio de la Justicia! ¡Oráculo de la Ley! ¡Monstruo de la Jurisprudencia!
DOCTOR.-Ahora confío en la grandeza de tu señor.
CRISPÍN.-Descuidad. Nadie mejor que vos sabe cómo el dinero puede cambiar a un hombre.
SECRETARIO -Yo fui el que puso y quitó esas comas. . .
CRISPÍN.-En espera de algo mejor… Tomad esta cadena. Es de oro.
SECRETARIO.- ¿De ley?
CRISPÍN.-Vos lo sabréis, que entendéis de leyes.
POLICHINELA.-Sólo impondré una condición: que este pícaro deje para siempre de estar a tu servicio.
CRISPÍN.- No necesitáis pedirlo, señor Polichinela. ¿Pensáis que soy tan pobre de ambiciones como mi señor?
LEANDRO.- ¿Quieres dejarme Crispín? No será sin tristeza de mi parte.
CRISPÍN.-No la tengáis, que ya de nada puedo serviros y conmigo dejáis la piel del hombre viejo. . . ¿Qué os dije, señor? Que entre todos habían de salvarnos. . . Creedlo. Para salir adelante con todo, mejor que crear afectos es crear intereses…
LEANDRO.-Te engañas, que sin el amor de Sihia nunca me hubiera salvado.
CRISPÍN.- ¿Y es poco interés ese amor? Yo di siempre su parte al ideal y conté con él siempre. Y ahora acabó la farsa.
SILVIA.-(Al público.)Y en ella visteis, como en las farsas de la vida, que a estos muñecos, como a los humanos, muévenlos cordelillos groseros, que son los intereses, las pasioncillas, los engaños y todas las miserias de su condición: tiran unos de sus pies y los llevan a tristes andanzas; tiran otros de sus manos, que trabajan con pena, luchan con rabia, hurtan con astucia, 
matan con violencia. Pero entre todos ellos, desciende a veces del cielo al corazón un hilo sutil, como tejido con luz del sol y con luz de luna: el hilo del amor, que a los humanos, como a esos muñecos que semejan humanos, les hace parecer divinos, y trae a nuestra frente resplandores de aurora, y pone alas en nuestro corazón y nos dice que no todo es farsa en la farsa, que hay algo divino en nuestra vida que es verdad y es eterno, y no puede acabar cuando la farsa acaba. (Telón).
FIN DE LA COMEDIA
SUGERENCIAS PARA COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
A continuación se propone una plantilla de trabajo para cada uno de los poemas. El docente puede ampliarla, reducirla, conforme a sus circunstancias.
Comprensión lectora
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (120 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas).
2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos.
3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido.
4) Analiza los personajes conforme a sus intervenciones.
Interpretación y pensamiento analítico
5) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (doce, aproximadamente).
6) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal del autor.
7) Interpreta y discierne la intención (¿para qué me quiere hablar de estos asuntos) y el sentido  (¿por qué y cómo me desea transmitir este tema?) del poema.
8) Valora personalmente tu apreciación lectora: pondera la actualidad y el atractivo del tema, de la disposición formal, de la originalidad creativa, etc.
Fomento de la creatividad
9) Transforma el diálogo imprimiendo un nuevo sentido al final de la obra.

Juan Ramón Jiménez: «El viaje definitivo»; análisis y propuesta didáctica

Juan Ramón Jiménez – El viaje definitivo
… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros                     1
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;                5
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,  10
mi espíritu errará nostáljico…
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.                            15
                     Publicado en «Corazón en el viento», en Poemas agrestes (1910-1911)
1. ANÁLISIS
1. Resumen
Este hermoso poema es una evocación dolorida, por parte del yo lírico, del lugar donde vive. Se trata de una premonición de su muerte. Imagina cómo quedará su pueblo y su casa tras su desaparición. Para ello, se fija en una serie de elementos que le resultan especialmente queridos: los pájaros, el huerto con su árbol y su pozo, las tardes serenas, el campanario. Extiende después su mirada a las personas, para descubrir que sus seres queridos también morirán; el pueblo entero se renovará cada año. Imagina su espíritu vagando por su huerto, lleno de nostalgia, que es la que ahora siente el yo lírico. En otro nuevo sesgo a su discurso, reconoce que se quedará sin esos elementos amados: hogar, árbol, pozo y cielo. El hilo de continuidad lo establecen los pájaros cantando; ahí siguen.
2. Temas
El asunto central del poema es la evocación de su propio espíritu y del lugar donde vive tras su futura muerte. Se trata de una premonición dolorosa de su futuro, en soledad, frente a su casa y su pueblo, que ahí seguirán, como si nada hubiera pasado, aunque la renovación de los seres vivos es silenciosa, pero permanente.
3. Apartados temáticos
El poema presenta tres secciones de contenido, las cuales coinciden con las estrofas que lo componen. 
En la primera sección  (vv. 1-7) enuncia el asunto poético y describe minuciosamente el marco natural donde ha vivido hasta ahora; en el futuro, seguirá igual. 
En la segunda sección (vv. 8-11) el yo lírico centra su visión premonitoria en los seres queridos y en su propio espíritu, vagando en soledad por su huerto.
En la tercera y última sección (vv. 12-15) se recogen los elementos temáticos antes expuestos. Posee un afán conclusivo y recopilatorio. La repetición de la conjunción “Y” (vv. 12 y 15) expresa muy bien la desazón final, teñida de impotencia, de un yo lírico que comprueba que su muerte será dolorosa, pero la vida seguirá.
4. Aspectos métricos, de rima y estróficos
El poema consta de quince versos agrupados en una única estrofa, lo que dota de un sentido unitario al texto. La medida de los versos es variada; predomina el dodecasílabo, en arte mayor, que son la gran mayoría; en arte menor, el verso más común es el heptasílabo 
 La rima en á-o es asonante y solo en los pares. Estamos, pues, ante una rima romanceada. Podemos decir que estamos ante un poema en verso libre, aunque la rima es la del romance.
5. Análisis estilístico
Este poema es nostálgico, melancólico y reflexivamente pesimista. El yo lírico anuncia su muerte, nombrada eufemísticamente con la expresión “Y yo me iré” (vv. 1 y 12). La suspensión (recurso expresado a través de los puntos suspensivos) inicial es importante porque indica que el pensamiento viene de más atrás y que forma un conjunto, la propia vida del yo lírico, abierto, incierto y accidentado.
El hecho de abandonar el mundo le provoca dolor, porque aquel es hermoso; esta belleza se expresa a través de una metáfora: “Y se quedarán los pájaros cantando” (vv. 2 y 15). Esta realidad, de naturaleza más estética, se ve complementada por otras concretas y cotidianas: el huerto, el árbol y el pozo, metáforas de los objetos y la realidad concreta, entrañable y próxima. Es el contexto en el que vive el yo lírico y su alejamiento forzoso, por la muerte, es doloroso. Los adjetivos cromáticos añaden belleza y entrañabilidad a esos objetos: el árbol es “verde” y el pozo es “blanco” (vv. 3 y 4). Son colores cálidos y agradables.
En el quinto verso, el yo lírico eleva su vista y enumera otras realidades: la tarde, el cielo “azul y plácido” (v. 5) y el tañido de las campanas. Son tres sensaciones (visuales y auditiva, la última) placenteras y hermosas. De nuevo, son metáforas de la propia vida feliz del yo lírico. La pérdida de estos tres elementos incrementan el dolor. El octavo verso imprime una novedad, pues ahora el objeto recreado son las personas amadas; aquí se alcanza la cima de la tristeza prevista para después de la muerte.
Inmediatamente comienza en el verso 9 una oposición complementaria. El pueblo permanece, aunque cada año “se hará nuevo” (v. 9), merced a la repetición de las estaciones, creemos poder deducir. Acto seguido, se introduce el único ente que vivirá eternamente: “el espíritu” (v. 11), que vagabundeará cargado de melancolía en su huerto (expresado por el adjetivo metaforizado “nostáljico” (v. 11), escrito con jota, siguiendo los peculiares criterios personales de Juan Ramón Jiménez en lo que atañe a la ortografía. Vemos que este espacio físico es metonimia de la felicidad y la dicha de vivir.
En el verso 12 comienza una repetición de los elementos que enmarcan la vida del yo lírico. La repetición de todos ellos, precedidos de la preposición “sin” expresan la ausencia dolorosa. Crea estructuras paralelísticas de refuerzo de la significación; unidas al polisíndeton aumentan la impresión de pérdida irreparable. Las dos suspensiones (vv. 11 y 14) aumentan la incertidumbre del futuro y el dolor de la pérdida entrevista. Aquí se produce un fenómeno de diseminación-recolección de los elementos semánticos del poema; y todo bajo una estructura más o menos paralelística.
El conjunto del poema presenta una enorme emotividad contenida; el sentimiento de pena, nostalgia del futuro después de la muerte y la sensación de pérdida irreparable recorren el poema. Otro ingrediente importante es el de la soledad. Aunque el espíritu del yo lírico vuelva, estará solo; incluso los objetos que lo acompañaron en vida, ya no serán igual. Como vemos, estamos ante un poema pesimista y doloroso a causa de la certeza de la muerte. Los “pájaros cantando” es una bella metáfora del presente jubiloso, pero por eso más triste todavía, pues el yo lírico ya no los podrá escuchar post mortem.
6. Contextualización autorial y socio-cultural
Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881 – San Juan, Puerto Rico, 1958), premio Nobel de Literatura en 1956, es uno de los más intensos y significativos poetas españoles del siglo XX. Como miembro de la Generación del 14, aspira a una depuración verbal y conceptual de la poesía para que adquiera una transcendencia y transparencia que, a su juicio, se había perdido en las décadas anteriores, sobre todo a partir de ciertos excesos románticos y modernistas.
Su producción poética se divide en una etapa sensitiva (1898 – 1916), justamente bajo los efectos del tardorromanticismo y del modernismo simbolista, sentimental, sensitiva y simbolista; una etapa intelectual (1916 – 1936), dominada por una poesía más esencialista, reconcentrada e intelectualizada; y, finalmente, una etapa “suficiente o verdadera” (1936 – 1958), bajo el signo de una poesía metafísica, autorreferencial e integradora de todos los aspectos humanos, incluyendo la vida y la muerte. 
El poema que hemos comentado se puede situar en la etapa sensitiva porque presenta una concepción abierta y sensorial de la naturaleza. El conjunto presenta un vago tono posromántico, simbolista y alegórico. El conjunto de la realidad se pone al servicio del yo lírico; la admira y la echa de menos, al mismo tiempo, pues se centra en la idea que la muerte lo arrebata todo.
7. Interpretación
Este hermoso poema posee unas resonancias existenciales muy visibles. El yo lírico reconoce que la muerte se lo llevará. Ante esa dura realidad, piensa cuál sería su reacción de ultratumba. Pues bien, la respuesta es la nostalgia, referida al entorno natural, en los elementos más nimios, y a las personas que ha amado. Todo lo perderá, lo que traerá nostalgia y soledad.
Estos dos elementos le provocan dolor, a duras penas contenido. Es muy interesante destacar la importancia de las suspensiones: el poema se abre con una y casi se cierra con otra (en el penúltimo verso). Todo es incertidumbre e interrogantes sobre nuestro pasado y nuestro futuro. Y ante todo esto, la certeza de la belleza natural, muy bien representada en los “pájaros cantando”. El mundo es un lugar hermoso, lleno de detalles placenteros y cautivadores: el tañir de las campanas, un huerto, un árbol, un pozo: la enumeración de estos elementos representa la conexión simbólica profunda entre el yo lírico y el mundo.
El poema mantiene en todo momento un hermoso equilibrio entre expresión y contenido. El empleo de la lengua aparenta sencillez, pero se deja entrever una concienzuda selección léxica y una ponderada construcción morfosintáctica. El conjunto resulta muy convincente para el lector, que, sin notarlo, entre en la espiral reflexiva y nostálgica del yo lírico.
8. Valoración
Como suele ocurrir con la lectura de la buena poesía, el texto expande su significación inicial para ofrecer al lector un itinerario conceptual y estético nuevo y fascinante en sí mismo. Abordar la situación emocional para la persona tras su muerte casi parece un ejercicio de ciencia ficción. Sin embargo, es un modo de reafirmar la belleza del mundo y la gran suerte de estar vivos, disfrutando de él, en las cosas más sencillas.
Juan Ramón Jiménez es un poeta muy laborioso y exigente. Depura sus textos hasta límites casi intolerables para la lengua. Bajo una capa de sencillez, se oculta una búsqueda minuciosa de la palabra precisa para expresar emociones compartidas por todos nosotros. El resultado es un artefacto verbal que parece que se abre en la mente del lector como una fruta madura. El acto de lectura conlleva una exploración no solo estética, sino existencial y verbal. He aquí el milagro de la poesía lograda, esperando ser degustada por un lector atento.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras).
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué y cómo se expresa el tema principal?
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada.
4) Existen tres sentidos que conforman el cuadro conceptual del poema. Explícalos y establece su relevancia.
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué colores predominan en el poema? ¿A qué objetos o realidades se atribuyen? Entonces, ¿qué efecto lector crean? 
2) El adjetivo “nostáljico” (escrito así) tiene mucha importancia para la significación del poema. ¿Por qué es así?
3) ¿Qué desea expresar aquí la expresión “Se morirán aquellos que me amaron” (v. 8)? Entonces, la soledad ¿es algo temido por el poeta después de su muerte?
4) Indica los rasgos de la poesía de Juan Ramón Jiménez, miembro de la Generación del 14, perceptibles en este poema.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Documéntate sobre el poeta Juan Ramón Jiménez y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc.
2) La naturaleza despierta admiración y un intenso grado de comunicación por parte del poeta. Expresa las emociones que despierta en ti la contemplación de un paisaje o un elemento natural (un árbol, un momento del día, etc.). Puedes hacerlo en papel, por imagen –dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez.
3) Escribe un relato basado en la reflexión sobre un sentimiento(amor, odio, alegría, pena, nostalgia, euforia, felicidad…; asócialo a un lugar, real o imaginario, común o raro, solo o en compañía. Trata de expresar las emociones que te sugiere.
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Juan Ramón Jiménez, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva de los poemas de nuestro poeta.

Federico García Lorca: «La zapatera prodigiosa»; análisis y propuesta didáctica

F. GARCÍA LORCA – La zapatera prodigiosa (Farsa violenta en dos actos) (1930)
1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Estamos en un pueblo español, en las primeras décadas del siglo XX, aunque no hay acotaciones que precisen estos extremos. En el escenario, el taller y el hogar de un zapatero. El Zapatero del lugar, 53 años, es un hombre tranquilo y juicioso. Se ha casado unos meses antes con una chica joven y guapa, de 18 años de edad. Se llevan mal. Ambos lamentan su matrimonio porque están descontentos y les gustaría volver a su vida pasada; ella echa la culpa a un tal Manuel por sus consejos; él culpa a su hermana, difunta en el momento del drama, que lo ha empujado a este matrimonio. Ella se llama tonta muchas veces, por haberse casado; él se califica de desgraciado por lo mismo.
La Zapatera solo tiene un amigo, el Niño, que la consuela y le lleva noticias. La Madre del Niño trata de aprovecharse de la buena voluntad del Zapatero en el arreglo de unos zapatos de charol.
La Zapatera flirtea con Mirlo, un señor mayor, el Alcalde (que ha enviudado cuatro veces y le aconseja al Zapatero mano dura y empleo de la fusta, con la que él se pasea como signo de autoridad) y un mozo arrogante de sombrero de ala ancha y plana, caído sobre la cara. La requiebran, ella escucha, pero no cede. Las vecinas son fisgonas, entremetidas y despiadadas. Se burlan de la blandura de carácter del Zapatero y de la vida alegre e infiel de la Zapatera. Se distinguen por el color de sus ropajes; tenemos: Vecina Amarilla, Roja, Verde, Negra y Morada. Al final del acto I el Zapatero hace un hatillo y se va de casa porque no aguanta más la presión social y las pullas de su mujer, que le llama pobreto, viejo y apocado. El niño y la Zapatera tratan de capturar una mariposa, pero huye; es el símbolo del Zapatero.
En el acto II aparece la Zapatera reconvertida en tabernera. Al desaparecer su marido, ha montado la taberna para sobrevivir. Los hombres que ya conocemos van allí a requebrar, pero ella no cede a sus pretensiones. El Niño le informa a la Zapatera que los mozos y otros han sacado coplas donde cantan la huida del marido y la infidelidad y vida desordenada de la Zapatera. El Niño ha recibido una pedrada por defenderla. Ella pretende comprar un revólver para matar a los maldicientes. El Alcalde trata de conquistarla ofreciéndole una casa lujosa para ella sola. En el acto V llega el Zapatero disfrazado de titiritero. En la taberna, recita un romance de un talabartero de Córdoba que le pasa lo mismo que a él con su mujer: ingratitud y amenaza de infidelidad. Relata que un pretendiente va a matar al talabartero. Se oye ruido fuera, riña de mozos. Corre la sangre; se pelean por ver quién se queda con la tabernera. Quedan a solas Zapatero y Zapatera. Él reconoce que tiene una mujer que adora; ella, lo mismo respecto de su marido. Al final, él se descubre como quien es, y se abrazan, pues se quieren. La Zapatera juega con su desgracia de que lo quiere, o no lo quiere, en plan broma, en el cierre.
1.2. Temas de la pieza
Esta obra presenta los siguientes temas:
-La necesidad de la comunicación sincera y clara mantener una relación sólida, máxime cuando están en juego relaciones amorosas.
-En las relaciones humanas, la valoración de los elementos positivos ha de prevalecer sobre los negativos.
-La presión de la opinión ajena (el malhadado “qué dirán”) lleva a las personas a tomar decisiones equivocadas y contraproducentes.
-El amor es una fuente inagotable de felicidad, por lo que conviene cuidarlo con perseverancia.
1.3. Apartados temáticos
La obra se organiza en dos actos y catorce escenas en el primer acto y once en el segundo. La disposición de la materia es casi clásica (aunque dos actos y tantas escenas rompe el ritmo clásico; aquí avanza en forma de uve invertida; el vértice se sitúa en el cambio de acto. Observamos, entonces:
– Un prólogo a cargo del autor, que es una captatio benevolentiae al público, es decir, una solicitud de atención y cierta comprensión con la representación (o lectura) que se disponen a realizar. Es original porque una personaje, la Zapatera, reclama con insistencia que comience la representación, pues ella desea actuar.
– Introducción o presentación de los personajes, su contexto y su conflicto (once primeras escenas): el Zapatero quiere a su esposa, pero está se muestra descontentadiza porque su marido es mayor, es apocado y no tiene tantas riquezas como ella deseara y ve que sí ostentan algunos pretendientes que la cortejan desvergonzadamente (como se aprecia en la undécima escena, donde el mozo de sombrero de ala baja la requiebra).
-Nudo: el Zapatero abandona su casa y nadie sabe dónde ha ido a parar. Vuelve disfrazado de titiritero. La Zapatera se ha hecho tabernera para poder sobrevivir; los hombres la requiebran cada vez con más impertinencia. Abarca desde la duodécima escena del primer acto hata la décima del segundo.
-Desenlace (undécima escena y final del segundo acto): reconciliación del matrimonio, al reconocer que se quieren y que han tomado decisiones equivocadas por falta de reflexión o por haber sido débiles a la presión social.
1.4. Personajes
-Zapatera: chica joven y atractiva, de dieciocho años. Es muy impulsiva y tornadiza (en una palabra, intemperante) en sus opiniones, pero mantiene una línea coherente de conducta sentimental, no tanto la social. A pesar de las muchas presiones recibidas, se mantiene fiel a sí misma, hasta reconocer y valorar el amor que siente por su marido.
-Zapatero: es un hombre juicioso, tranquilo, trabajador y responsable. Su matrimonio, al que fue influido por su hermana, ya difunta cuando comienza la obra, es una fuente de insatisfacción y amargura. Es paciente, pero las continuas destemplanzas de su mujer lo desesperan: lo califica de pobre, apocado y viejo; las dos primeras acusaciones no son verdaderas; la tercera sí, pero ella sabía con quién se casaba. Abandona el pueblo y se hace titiritero para poder soportar su amargura. En su actuación principal con este oficio, en realidad cuenta su propia historia.
-El Niño: posee mucha importancia porque simboliza la amistad franca y la generosidad transparente. También lo paga caro, pues su madre lo riñe y la gente lo agrede físicamente por su lealtad para con la Zapatera, pues la defiende de los bulos malintencionados entre la gente, que la trata de ligera de cascos.
-Los pretendientes de ella son tres: Mirlo, el Alcalde y el Joven de sombrero de ala baja. Los tres ofrecen a la Zapatera una vida regalada, con tal de que acceda a sus pretensiones más o menos amorosas. Obviamente, representan al sector de hombres embrutecidos y un tanto agresivos que fuerzan a los demás para cumplir sus deseos. Por ello, no se hacen muy agradables al lector.
-Las vecinas (cinco, cada una distinguida por el color de su ropaje: roja, morada, negra, verde y amarilla): personifican el “qué dirán”, la opinión social, la chismorrería colectiva; en general, malsina y dañina. Casi funciona como de antagonista respecto del matrimonio.
1.5. Lugar y tiempo de la acción dramática  
El lugar más concreto es una zapatería, con su taller y su expositor, donde el Zapatero desarrolla su trabajo; desde allí, se accede a otras dependencias. En sentido amplio, estamos en un pueblo español, seguramente andaluz. Aparenta una atmósfera rural, conservadora e inmovilista en usos y costumbres.
El tiempo de la escritura se remonta a 1930 (año del estreno) y años previos. El tiempo de la acción dramática es contemporáneo al de la escritura. Existe, en este sentido, una sincronía evidente entre ambos tiempos: las dos primeras décadas del siglo XX español.
La duración de la acción dramática es de varios meses, pero con un desarrollo muy especial. Cada acto dura apenas unas horas, pero entre uno y otro pasan meses, que son los que median entre el abandono del Zapatero de su hogar y negocio y su vuelta a modo de titiritero.
1.6. Comentario estilístico
Como no podía ser de otro modo, el manejo del lenguaje por Lorca es admirable y delicado. Los personajes son rurales y poco instruidos y aparentan hablar como tal. Sin embargo, bien mirado, Lorca poetiza el uso lingüístico muy intensamente. Todos los personajes hablan con una enorme expresividad y propiedad significativa. Dicen lo que quieren decir en un aparente nivel coloquial, con frases cortas, muchas exclamativas, elípticas, como es de esperar. Pero bien mirado, el uso intenso de los recursos retóricos más variados –metáforas, símiles, hipérboles y personificaciones son los más recurrentes, creemos– son los responsables de un nivel de significación más profundo y sutil; aportan belleza, pero también trascendencia significativa.
Lorca es un dramaturgo y poeta muy simbólico. Gusta de tomar objetos, animales o percepciones –-colores, olores, etc.-– y asignarles una significación superior: el Niño, la mariposa que no atrapan, el modo de vestir y los colores del ropaje de los personajes, etc. Por ejemplo, fijémonos en la ropa del Zapatero, expresado en una acotación muy intencionada (acto I, escena III): “Aparece por la izquierda el Zapatero. Viste traje de terciopelo con botones de plata, pantalón corto y corbata roja. Se dirige al banquillo”.
El planteamiento argumental es muy original y novedoso. Un ámbito rural, al estilo de la tragedia clásica española de Lope de Vega, dos personajes humildes han de enfrentarse a sus carencias y a la presión social (al fondo, el deseo de vivir felices y el mantenimiento de la honra es un hilo conductor firme; la tensión entre ambos polos es evidente).
La viveza y la chispa de los diálogos es bien visible. Los personajes hablan como si no actuaran; es decir, la naturalidad y llaneza expresivas, pero intensa y disimuladamente poetizada, crea un efecto estético muy interesante.
1.7. Contextualización
Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, Granada, 1898 – Granada, 1936) es considerado como uno de los más excelsos poetas y dramaturgos de la literatura española del siglo XX. Su originalidad y perfección estilística han sido justamente celebradas por público y crítica. Su trágica muerte, en circunstancias muy violentas, en el entorno de la guerra civil, ha contribuido a la mitificación de su vida y su obra.
La casa de Bernarda Alba (compuesta en 1936, estrenada en 1945) es una de los tres “dramas rurales”, junto con Bodas de sangre y Yerma. Pero antes había compuesto otras piezas de gran valor y mérito, como Mariana Pineda y la que ahora nos ocupa, La zapatera prodigiosa (1930).
La faceta poética de su producción también es de gran relevancia. Aquí solo recordaremos tres composiciones: Romancero gitano (1928), de corte costumbrista y tradicionalista, Poeta en Nueva York (compuesto entre 1929 y 1930, publicado póstumamente en 1940), poemario elaborado bajo los supuestos de las vanguardias, especialmente del surrealismo y, finalmente, Sonetos del amor oscuro, una serie de composiciones intimistas y desgarradas donde Lorca vuelca sus sentimientos de amor. Seis poemas galegos es un título importante en el que podemos apreciar la increíble adaptabilidad y talento de Lorca: tras una breve temporada en Galicia, escribe en gallego con delicadeza, autenticidad y belleza.
1.8. Interpretación
Esta “farsa violenta en dos actos” ofrece una tragicómica fotografía muy precisa de la sociedad rural española de principios del siglo XX: un zapatero vive dignamente de su oficio, se casa medio por amor, medio empujado; a ella, pobre y bella, le pasa otro tanto. Los hombres la acosa y la gente critica sin más pruebas que barruntos inducidos por la envidia y el resentimiento. El subtítulo recoge muy bien la naturaleza de la obra: una “farsa” (obra tragicómica, breve, popular y humorística), pero “violenta”, advirtiendo que la risa pronto se transmuta en llanto.
La estratificación social es clara y estática; don Mirlo y el alcalde, junto con el cura, arriba; los demás, en una zona más o menos inferior. Es muy interesante la figura del Niño; representa la inocencia y la verdad, mancilladas ambas por los adultos con frecuencia. La Zapatera simboliza el deseo de vivir y experimentar por su cuenta, pero aquí la presión social y la complejidad de la vida misma la someten a una dura prueba, cual es el abandono del hogar por parte de su marido. No hay buenos y malos en el matrimonio (pero sí en el pueblo); ambos cónyuges tienen una parte de la responsabilidad en el fracaso de su matrimonio.
La trabazón y desarrollo argumental es de una perfección asombrosa: Lorca imagina y plantea pequeñas escenas de la vida cotidiana doméstica que, rápidamente, adquieren un sentido mucho más amplio a la luz de las tensiones que recorren a las personas. El zapatero vuelve al pueblo representando en guiñol o cantando como un ciego su propia realidad, más o menos disfrazada. Es el único modo de aliviar su dolor (y reconocer sus propios errores, al ser pusilánime aguantando la presión social) y de que la Zapatera comprenda que ha actuado con ligereza y atolondramiento.
1.9. Valoración
Un acierto estético de primer orden, en La zapatera prodigiosa, es que la farsa aborda las dificultades de vivir con autenticidad (libertad y plenitud) la propia vida en un medio social cerrado, hostil, envidioso y áspero. Incluso los personajes más humildes (como un zapatero y su esposa) no hallan acomodo en este medio social tan atosigante.
La zapatera prodigiosa es una tragicomedia moderna de una perfección estimable. Lorca aborda temas de hondo calado, desde una visión pesimista, crítica y más bien negativa (las posibilidades de mejora son escasas o nulas, aunque no imposibles). Partiendo de una mera situación cotidiana de un matrimonio normal y corriente, nos permite comprender la necesidad de amor, fuerza y templanza para alcanzar algo parecido a la plenitud de vida. El acoso de algunos poderosos, o impulsivos, no debería romper los lazos de amor, como los que une a esta pareja que necesitan una farsa para comprender que, simplemente, se quieren, con sus defectos y anomalías (el marido casi triplica en edad a la esposa). 
En resumen, estamos ante una pieza dramática interesante, lograda y plena de interés para conocer una sociedad poco halagüeña.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) ¿Dónde y cuándo se desarrolla la acción dramática?
2) ¿Qué le reprocha la Zapatera a su marido el Zapatero? 
3) ¿Quién requiebra a la Zapatera? ¿Cómo lo apreciamos?
4) ¿De qué lado está el Niño, de la Zapatera, o de las Vecinas?
5) ¿Quién influye en ambos cónyuges en tomar la decisión de casarse, que luego lamentan? 
6) ¿Qué animal tratan de capturar la Zapatera y el Niño? ¿Qué simboliza? 
7) ¿Por qué el Zapatero abandona a su mujer y al pueblo?
8) ¿Qué historia ficticia recita el Zapatero, como titiritero? ¿Qué intención tiene?
9) ¿Qué hacen los hombres entre sí mientras el Zapatero se reconcilia con la Zapatera?
10) ¿Cómo podemos entender la intervención final de la Zapatera? 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Influye mucho el “qué dirán” en el desarrollo de la obra?
2) ¿Por qué las Vecinas se entrometen en la vida de la Zapatera y su marido?
3) ¿Qué pretenden los hombres que se acercan a la Zapatera?
4) ¿Por qué introduce la captura de la mariposa en una escena?
5)  ¿Es fácil la reconciliación entre los cónyuges?
6) Explica el sentido moral de la pieza. 
2.3. Comentario de texto específico
ESCENA IV 
Zapatero, Vecina Roja y Niño. 
ZAPATERO.- (Mirándose en un espejo y contándose las arrugas.) Una, dos, tres, cuatro… y mil. (Guarda el espejo.) Pero me está muy bien empleado, sí señor. Porque vamos a ver: ¿por qué me habré casado? Yo debí haber comprendido, después de leer tantas novelas, que las mujeres les gustan a todos los hombres, pero todos los hombres no les gustan a todas las mujeres. ¡Con lo bien que yo estaba! Mi hermana, mi hermana tiene la culpa, mi hermana que se empeñó: ¡«que si te vas a quedar solo», que si qué sé yo! Y esto es mi ruina. ¡Mal rayo parta a mi hermana, que en paz descanse! (Fuera se oyen voces.) ¿Qué será? 
VECINA ROJA.- (En la ventana y con gran brío. La acompañan sus Hijas vestidas del mismo color.) Buenas tardes. 
ZAPATERO.- (Rascándose la cabeza.) Buenas tardes. 
VECINA.- Dile a tu mujer que salga. Niñas, ¿queréis no llorar más? ¡Qué salga, a ver si por delante de mí casca tanto como por detrás! 
ZAPATERO.- ¡Ay, vecina de mi alma, no me dé usted escándalos, por los clavitos de Nuestro Señor! ¿Qué quiere usted que yo le haga? Pero comprenda mi situación: toda la vida temiendo casarme… porque casarse es una cosa muy seria, y, a última hora, ya lo está usted viendo. 
VECINA.- ¡Qué lástima de hombre! ¡Cuánto mejor le hubiera ido a usted casado con gente de su clase!… estas niñas, pongo por caso, a otras del pueblo… 
ZAPATERO.- Y mi casa no es casa. ¡Es un guirigay! 
VECINA.- ¡Se arranca el alma! Tan buenísima sombra como ha tenido usted toda su vida. 
ZAPATERO. (Mira por si viene su Mujer.) Anteayer… despedazó el jamón que teníamos guardado para estas Pascuas y nos lo comimos entero. Ayer estuvimos todo el día con unas sopas de huevo y perejil: bueno, pues porque protesté de esto, me hizo beber tres vasos seguidos de leche sin hervir.
VECINA. ¡Qué fiera! 
ZAPATERO.- Así es, vecinita de mi corazón, que le agradecería en el alma que se retirase. 
VECINA.- ¡Ay, si viviera su hermana! Aquélla sí que era… 
ZAPATERO. Ya ves… y de camino llévate tus zapatos que están arreglados. (Por la puerta de la izquierda asoma la Zapatera, que detrás de la cortina espía la escena sin ser vista.) 
VECINA. (Mimosa.) ¿Cuánto me vas a llevar por ellos?… Los tiempos van cada vez peor. 
ZAPATERO. Lo que tú quieras… Ni que tire por allí ni que tire por aquí… 
VECINA.- (Dando en el codo a sus Hijas.) ¿Están bien en dos pesetas? 
ZAPATERO.- ¡Tú dirás! 
VECINA. Vaya… te daré una… 
ZAPATERA.- (Saliendo furiosa.) ¡Ladrona! (Las Mujeres chillan y se asustan.) ¿Tienes valor de robar a este hombre de esa manera? (A su Marido.) Y tú, ¿dejarte robar? Vengan los zapatos. Mientras no des por ellos diez pesetas, aquí se quedan. 
VECINA.- ¡Lagarta, lagarta! 
ZAPATERA.- ¡Mucho cuidado con lo que estás diciendo! NIÑAS. ¡Ay, vámonos, vámonos, por Dios! VECINA. Bien despachado vas de mujer, ¡que te aproveche! (Se van rápidamente. El Zapatero cierra la ventana y la puerta.) 
ESCENA V 
Zapatero y Zapatera. 
ZAPATERO.- Escúchame un momento… 
ZAPATERA.- (Recordando.) Lagarta… lagarta… qué, qué, qué… ¿qué me vas a decir? 
ZAPATERO.- Mira, hija mía. Toda mi vida ha sido en mí una verdadera preocupación evitar el escándalo. (El Zapatero traga constantemente saliva.) 
ZAPATERA.- ¿Pero tienes el valor de llamarme escandalosa, cuando he salido a defender tu dinero?
ZAPATERO.- Yo no te digo más, que he huido de los escándalos, como las salamanquesas del agua fría. 
ZAPATERA.- (Rápida.) ¡Salamanquesas! ¡Huy, qué asco! 
ZAPATERO.- (Armado de paciencia.) Me han provocado, me han, a veces, hasta insultado, y no teniendo ni tanto así de cobarde he quedado con mi alma en mi almario, por el miedo de verme rodeado de gentes y llevado y traído por comadres y desocupados. De modo que ya lo sabes. ¿He hablado bien? Ésta es mi última palabra. 
ZAPATERA.- Pero vamos a ver: ¿a mí qué me importa todo eso? Me casé contigo, ¿no tienes la casa limpia? ¿No comes? ¿No te pones cuellos y puños que en tu vida te los habías puesto? ¿No llevas tu reloj, tan hermoso, con cadena de plata y venturinas, al que doy cuerda toda las noches? ¿Qué más quieres? Porque, yo, todo; menos esclava. Quiero hacer siempre mi santa voluntad. 
ZAPATERO.- No me digas… tres meses llevamos casados, yo, queriéndote… y tú, poniéndome verde. ¿No ves que ya no estoy para bromas? 
ZAPATERA.- (Seria y como soñando.) Queriéndome, queriéndome… Pero (Brusca.) ¿qué es eso de queriéndome? ¿Qué es queriéndome? 
ZAPATERO.- Tú te creerás que yo no tengo vista y tengo. Sé lo que haces y lo que no haces, y ya estoy colmado, ¡hasta aquí! 
ZAPATERA.- (Fiera.) Pues lo mismo se me da a mí que estés colmado como que no estés, porque tú me importas tres pitos, ¡ya lo sabes! (Llora.)
 ZAPATERO.- ¿No puedes hablarme un poquito más bajo? 
ZAPATERA.- Merecías, por tonto, que colgara la calle a gritos. 
ZAPATERO.- Afortunadamente creo que esto se acabará pronto; porque yo no sé cómo tengo paciencia. 
ZAPATERA.- Hoy no comemos… de manera que ya te puedes buscar la comida por otro sitio. (La Zapatera sale rápidamente hecha una furia.) 
ZAPATERO.- Mañana (Sonriendo.) quizá la tengas que buscar tú también. (Se va al banquillo.) 
ESCENA VI 
Por la puerta central aparece el Alcalde. Viste de azul oscuro, gran capa y larga vara de mando rematada con cabos de plata. Habla despacio y con gran sorna. 
ALCALDE.- ¿En el trabajo? 
ZAPATERO.- En el trabajo, señor Alcalde. 
ALCALDE.- ¿Mucho dinero? 
ZAPATERO.- El suficiente. (El Zapatero sigue trabajando. El Alcalde mira curiosamente a todos lados.) 
ALCALDE.- Tú no estás bueno. 
ZAPATERO.- (Sin levantar la vista.) No. 
ALCALDE.- ¿La mujer? 
ZAPATERO.- (Asintiendo.) ¡La mujer! 
ALCALDE.- (Sentándose.) Eso tiene casarse a tu edad… A tu edad se debe ya estar viudo… de una, como mínimum… Yo estoy de cuatro: Rosa, Manuela, Visitación y Enriqueta Gómez, que ha sido la última: buenas mozas todas, aficionadas al baile y al agua limpia. Todas, sin excepción, han probado esta vara repetidas veces. En mi casa… en mi casa, coser y cantar. 
ZAPATERO.- Pues ya está usted viendo qué vida la mía. Mi mujer… no me quiere. Habla por la ventana con todos. Hasta con don Mirlo, y a mí se me está encendiendo la sangre. 
ALCALDE. (Riendo.) Es que ella es una chiquilla alegre, eso es natural. 
ZAPATERO.- ¡Ca! Estoy convencido… yo creo que esto lo hace por atormentarme; porque, estoy seguro…, ella me odia. Al principio creí que la dominaría con mi carácter dulzón y mis regalillos: collares de coral, cintillos, peinetas de concha… ¡hasta unas ligas! Pero ella… ¡es siempre ella!
ALCALDE.- Y tú, siempre tú; ¡qué demonio! Vamos, lo estoy viendo y me parece mentira cómo un hombre, lo que se dice un hombre, no puede meter en cintura, no una, sino ochenta hembras. Si tu mujer habla por la ventana con todos, si tu mujer se pone agria contigo, es porque tú quieres, porque tú no tienes arranque. A las mujeres, buenos apretones en la cintura, pisadas fuertes y la voz siempre en alto, y si con esto se atreven a hacer quiquiriquí, la vara, no hay otro remedio. Rosa, Manuela, Visitación y Enriqueta Gómez, que ha sido la última, te lo pueden decir desde la otra vida, si es que por casualidad están allí. 
ZAPATERO.- Pero si el caso es que no me atrevo a decirle una cosa. (Mira con recelo.) 
ALCALDE.- (Autoritario.) Dímela. 
ZAPATERO.- Comprendo que es una barbaridad …. pero yo no estoy enamorado de mi mujer.
ALCALDE.- ¡Demonio! 
ZAPATERO.- Sí, señor, ¡demonio! 
ALCALDE.- Entonces, grandísimo tunante, ¿por qué te has casado? 
ZAPATERO.- Ahí lo tiene usted. Yo no me to explico tampoco. Mi hermana, mi hermana tiene la culpa. Que si te vas a quedar solo, que si qué sé yo, que si qué sé yo cuánto… Yo tenía dinerillos, salud, y dije: ¡allá voy! Pero, benditísima soledad antigua. ¡Mal rayo parta a mi hermana, que en paz descanse! 
ALCALDE.- ¡Pues te has lucido! 
ZAPATERO.- Sí, señor, me he lucido… Ahora, que yo no aguanto más. Yo no sabía lo que era una mujer. Digo, ¡usted, cuatro! Yo no tengo edad para resistir este jaleo. 
ZAPATERA.- (Cantando dentro, fuerte.)
 ¡Ay, jaleo, jaleo, 
ya se acabó el alboroto
 y vamos al tiroteo! 
ZAPATERO. Ya lo está usted oyendo. 
ALCALDE. ¿Y qué piensas hacer? 
ZAPATERO.- Cuca silvana. (Hace el ademán.) 
ALCALDE.- ¿Se te ha vuelto el juicio? 
ZAPATERO.- (Excitado.) El zapatero a tus zapatos se acabó para mí. Yo soy un hombre pacífico. Yo no estoy acostumbrado a estos voceríos y a estar en lenguas de todos. 
ALCALDE.- (Riéndose.) Recapacita lo que has dicho que vas a hacer; que tú eres capaz de hacerlo, y no seas tonto. Es una lástima que un hombre como tú no tenga el carácter que debías tener. (Por la puerta de la izquierda aparece la Zapatera echándose polvos con una polvera rosa y limpiándose las cejas.) 
ESCENA VII 
Dichos y Zapatera, 
ZAPATERA-. Buenas tardes. 
ALCALDE.- Muy buenas. (Al Zapatero.) ¡Como guapa, es guapísima! 
ZAPATERO.- ¿Usted cree? 
ALCALDE.- ¡Qué rosas tan bien puestas lleva usted en el pelo y qué bien huelen! 
ZAPATERA. Muchas que tiene usted en los balcones de su casa. 
ALCALDE.- Efectivamente. ¿Le gustan a usted las flores? 
ZAPATERA.- ¿A mí…? ¡Ay, me encantan! Hasta en el tejado tendría yo macetas, en la puerta, por las paredes. Pero a éste… a ése… no le gustan. Claro, toda la vida haciendo botas, ¡qué quiere usted! (Se sienta en la ventana.) Y buenas tardes. (Mira a la calle y coquetea.) 
ZAPATERO.- ¿Lo ve usted? 
ALCALDE.- Un poco brusca… pero es una mujer guapísima. ¡Qué cintura tan ideal! 
ZAPATERO.- No la conoce usted. 
ALCALDE.- ¡Psch! (Saliendo majestuosamente.) ¡Hasta mañana! Y a ver si se despeja esa cabeza. ¡A descansar, niña! ¡Qué lástima de talle! (Vase mirando a la Zapatera.) ¡Porque, vamos! ¡Y hay que ver qué ondas en el pelo! (Sale.) 
ESCENA VIII 
Zapatero y Zapatera. 
ZAPATERA.- (Cantando.) 
Si tu madre tiene un rey, 
la baraja tiene cuatro:
 rey de oros, rey de copas, 
rey de espadas, rey de bastos.
 (La Zapatera coge una silla y sentada en la ventana empieza a darle vueltas.) 
ZAPATERO.- (Cogiendo otra silla y dándole vueltas en sentido contrario.) Si sabes que tengo esa superstición, y para mí esto es como si me dieras un tiro, ¿por qué lo haces? Z
ZAPATERA.- (Soltando la silla.) ¿Qué he hecho yo? ¿No te digo que no me dejas ni moverme? ZAPATERO. Ya estoy harto de explicarte… pero es inútil. (Va a hacer mutis, pero la Zapatera empieza otra vez y el Zapatero viene corriendo desde la puerta y da vueltas a su silla.) ¿Por qué no me dejas marchar, mujer? 
ZAPATERA.- ¡Jesús!, pero si lo que yo estoy deseando es que te vayas. 
ZAPATERO.- ¡Pues déjame! 
ZAPATERA.- (Enfurecida.) ¡Pues vete! (Fuera se oye una flauta acompañada de guitarra que toca una polquita antigua con el ritmo cómicamente acusado. La Zapatera empieza a llevar el compás con la cabeza y el Zapatero huye por la izquierda.) 
ESCENA IX 
Zapatera. 
ZAPATERA.- (Cantando.) Larán… larán… A mí, es que la flauta me ha gustado siempre mucho… Yo siempre he tenido delirio por ella… Casi se me saltan las lágrimas… ¡Qué primor! Larán, larán… Oye… Me gustaría que él la oyera… (Se levanta y se pone a bailar como si lo hiciera con novios imaginarios.) ¡Ay, Emiliano! Qué cintillos tan preciosos llevas… No, no… me da vergüencilla… Pero, José María, ¿no ves que nos están viendo? Coge un pañuelo, que no quiero que me manches el vestido. A ti te quiero, a ti… ¡Ah, sí!… mañana que traigas la jaca blanca, la que a mí me gusta. (Ríe. Cesa la música.) ¡Qué mala sombra! Esto es dejar a una con la miel en los labios… Qué… 
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del poema; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).
2.4. Fomento de la creatividad
1) Realizar una lectura dramatizada o una representación de La zapatera prodigiosa es el mayor ejercicio de creatividad.
2) Crea un cartel, físico o con ayuda de las TIC, sobre la vida y la obra de García Lorca.
3) Escribe un relato o cuento más o menos inspirado en el tema lorquiano, pero contextualizado en nuestros días.
4) Si es posible, dibujar o pintar el ambiente rural donde se desarrolla el drama, o los objetos simbólicos, o los retratos de las protagonistas.

F. García Lorca: «Romance sonámbulo»; análisis y propuesta didáctica

FEDERICO GARCÍA LORCA – Romance sonámbulo
[1] Verde que te quiero verde.     1
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura        5
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,                   10
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.
*
[2] Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra     15
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.                 20
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde…?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
*
[3] Compadre, quiero cambiar  25
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los montes de Cabra.     30
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir          35
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?  40
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,              45
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
dejadme subir, dejadme,
hasta las verdes barandas.      50
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
*
[4] Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.   55
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.              60
*
[5] Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto             65
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,         70
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
*
[6] Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,              75
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.           80
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.                85
Y el caballo en la montaña.
                        Federico García Lorca, Romancero gitano (1928)

 

  1. ANÁLISIS
1)Resumen
Este poema es de naturaleza narrativa (mas relatado a la manera lírica, es decir, incidiendo en los sentimientos y no tanto en los hechos): cuenta una historia, protagonizada por unos personajes situados en un marco espacio-temporal concreto, sometidos a una situación de tensión máxima por un enfrentamiento mortal. Nadie aparece con su antropónimo, así que hemos de referirnos a ellos de modo algo impreciso. Una mujer gitana, novia, espera a su novio en la terraza de su casa; como no viene, o piensa que no vendrá, o acaso cree que ya no vive, acaba con su vida, acaso dejándose caer en el aljibe lleno de agua. El novio llega a la casa, contra la madrugada, herido gravemente. Habla con el padre de la novia y le pide que le ayude, pues se siente morir. Le pregunta por la novia y el padre le informa que esta ha muerto; todavía su cuerpo yace en el aljibe (depósito de agua en la terraza o techo). En ese momento, las fuerzas del orden llegan, ebrios, a la puerta de la casa. Podemos intuir un final trágico para el novio.
2) Tema
Los temas que aborda el poema se pueden enunciar así:
-La muerte trágica de una pareja de novios perseguidos por el infortunio, visible a través de la fuerza del orden.
-Amor apasionado y frustrado de una joven pareja, destinada al sacrificio o inmolación a causa de las adversidades.
3) Apartados temáticos
Como el poema posee una naturaleza narrativa bien clara, podemos fijar sus secciones de contenido como si fuera un relato en prosa. Tenemos:
-Las dos primeras estrofas (vv. 1-20) presentan los personajes, su contextualización y el conflicto.
-Las tres siguientes (vv. 21-72) equivalen a un desarrollo argumental y explicativo de por qué se ha llegado a esa situación.
-La última estrofa (vv. 73-86) es el cierre o conclusión de la trama: la novia está muerta, como se supone que constata con sus ojos el novio, que tampoco está mucho mejor.
4) Personajes
Por orden de aparición, nos encontramos:
La novia, chica joven, que podemos suponer bella y apasionada. Su final trágico marca el desarrollo argumental. Con todo, su papel en el poema está eludido, escamoteado, pues en la primera aparición ya está muerta. El novio posee un rol muy activo; se acerca a la casa de la novia a galope, en la noche, herido. Pregunta por ella, pues es lo único que le importa; cuando recibe la respuesta, se cierra el relato; de ahí podemos suponer su inmediato fin. El padre de la novia posee un papel menos relevante; actúa como de comparsa. Los tres son de etnia gitana, como se aclara en la expresión (“Bajo la luna gitana”, v. 10). Los dos guardias civiles, retratados muy negativamente, aparecen al final con una función de antagonistas poco relevante. En general, Lorca se atiene al tópico de tipos sociales reconocibles por cualquier lector; tiene sus peligros, pero aumenta la comprensión lectora.
5) Rima y métrica
En esta primera madurez literaria, Lorca utiliza fórmulas estróficas clásicas. En este caso, se trata de un romance, fórmula estrófica tradicional española de cultivo muy intenso, popular, oral, colectivo y de transmisión oral desde el siglo XV. Se trata de una tirada o serie de versos octosílabos con rima asonante en los pares (2, 4, 6…), quedando libres los impares. La rima en á-a se mantiene igual en todas las estrofas.
6) Análisis estilístico
Lorca imita la lírica popular y toma los recursos típicos de esta, como son los de repetición. De ahí que los paralelismos, las anáforas, los quiasmos, las aliteraciones, etc. aparezca con bastante frecuencia. Los combina con las metáforas y los símbolos, propios de su genio creador. La combinación es asombrosamente hermosa y estéticamente eficaz.
Los dos primeros versos se repiten, enteros o por separado, cuatro veces a lo largo de la composición. En la poesía lorquiana, el color verde simboliza la muerte, lo mismo que la luna y que el color de la plata, o el mismo metal, frío, blanco y siniestro; ambos elementos auguran la desaparición (casi siempre, violenta) de un personaje. Lorca personifica elementos naturales para aumentar el dramatismo. Es lo que ocurre en el verso 2 (“Verde viento. Verdes ramas”), dando a entender que todo está ocupado por una atmósfera lúgubre y mortal.
Las elipsis son muy frecuentes; es un modo de concentración de la significación, pues las palabras omitidas transfieren su significación a las que se mantienen; se puede apreciar muy bien en ese mismo verso 2, donde aparecen dos oraciones sin verbo. La epanadiplosis del primer verso (repetición del mismo vocablo al principio y final del mismo verso) también aporta expresividad y dramatismo. Se introduce un marco geográfico general (mar y montaña, ocupado por elementos obvios: un barco y un caballo; este segundo tendrá luego importancia, porque en él cabalga el novio).  Del verso 5 al 11 se presenta a la novia; a través de algunos circunloquios y varias metáforas se da a entender que está muerta; de ella solo queda una “sombra” (v. 5), no su cuerpo. La novia “sueña” (v. 6); es un término ambiguo; luego veremos que, en realidad, está muerta, como declaran las metonimias, en forma de enumeración, referidas a partes de su cuerpo (carne, pelo, ojos), todos ellos fríos, verdes o blancos, colores de muerte. Solo aparece una acción, mirar; y ahí se repite la personificación (“las cosas la están mirando”, v. 11) y una antítesis (“pero ella no puede mirarlas”, v. 12). Es un circunloquio para expresar que la novia está muerta. Lorca emplea frecuentemente la alusión. No se dice quién es “ella” (v. 6), ni su nombre, ni sus circunstancias; solo sabemos que está recién fallecida. Esta presentación es dramática e impactante.
La segunda estrofa comienza con la repetición del primer verso de la primera; es un modo de reforzar la atmósfera lúgubre, a través del color verde. La acción se desplaza de la azotea de la casa de ella al campo, por donde alguien que primero vino en un barco, ahora se acerca a caballo. El sujeto lírico declara que no sabe quién se acerca (lo que es un mero recurso para aumentar la intriga, pues en el fondo sí lo conoce). Es de noche, las frías estrellas (“de escarcha”, v. 14) cobijan un “pez de sombra” (v. 15), metáfora de la oscuridad y lo tétrico. En el monte todo es hostil, el ruido del viento, las ramas de la higuera y las pitas. Es una enumeración cuyos miembros metaforizan el miedo y la muerte.
Las dos interrogaciones retóricas del verso 21 (la segunda, con suspensión incluida) nos dejan ver al narrador, reservándose la información sobre la persona que se acerca en este ambiente lúgubre. Contrasta con el estatismo frío y mortal de ella, elemento con el que se cierra la estrofa.
La tercera estrofa posee carácter dialogado. El novio ha regresado a casa y expresa su deseo de abandonar su vida errante, acaso de furtivo; tres metonimias en construcción paralelística (vv. 26-28) sirven para manifestar su estilo de vida; deja el caballo, la montura y el cuchillo, por la casa, el espejo y la manta: de la vida a salto de mata a otra más hogareña. Los dos interlocutores se conocen de atrás, pues se tratan de “compadre” palabra que establece una anáfora (vv. 25 y 29) que aporta cierta familiaridad entre los hablantes. El padre de la chica le responde que eso no es posible, tratándolo de “mocito” (v. v. 31), porque la joven está muerta y él, en consecuencia, tiene su vida destrozada. El joven le responde (vv. 31 y ss.) que se está muriendo y desea fallecer en paz, pues se desangra por una enorme herida; lo expresa a través de una interrogación retórica y una hipérbole, “¿No ves la herida que tengo / desde el pecho a la garganta?” (vv. 39-40). El padre le replica que todo eso no es posible (vv. 41-46), manifestando su admiración dolorida por él, pues puede ver “trescientas rosas morenas / lleva tu pechera blanca” (vv. 41-42); pero su muerte es manifiesta, pues su sangre “rezuma y huele” (v. 43); es una sinestesia en forma de bimembración que declara la inminencia trágica. El joven le pide que, al menos, lo deje subir hasta donde está ella, en la azotea; lo expresa a través de varias repeticiones retóricas que aportan dramatismo (“dejadme” y “barandas” se repiten tres veces cada una).
La cuarta estrofa presenta a ambos protagonistas subiendo a las “altas barandas” (v. 54); tras ellos, queda dolor y muerte, expresado por dos metonimias de “sangre” y “lágrimas”, respectivamente. A lo lejos, alguien se acerca, pues se oyen “mil panderos de cristal” (v. 59), identificable con el galope de caballos, justo cuando está amaneciendo. En esta estrofa la acción adquiere más dramatismo a través de los tiempos verbales, que pasan del pasado al presente en su primera parte. No hay diálogo en ella.
En la quinta estrofa se recupera el diálogo. El “mocito” pregunta por ella, temiéndose lo peor, pues la adjetiva de “niña amarga” (v. 68). La exclamación y las dos interrogaciones inciden en el dramatismo de la escena. La réplica del padre, con dos exclamaciones y la repetición del verbo “esperar” conjugado indican la fatalidad del momento; ella fue fiel, pero no pudo más y la muerte la alcanzó. Dos metonimias realzan la belleza pretérita de la joven, formando un quiasmo muy hermoso: “cara fresca, negro pelo” (v. 71). El adjetivo “verde” se repite cinco veces en esta estrofa; además de en los dos versos iniciales del poema, que ahora se repiten para abrir la estrofa, también aparece en el último verso, aplicado a “baranda” (v. 72). Es un modo de recordar que la muerte ha triunfado.
La sexta y última estrofa aclara las ambigüedades previas. Ahora sabemos que la chica es una gitana; que, en efecto, su cuerpo yerto flota en el aljibe y que la luna, la misma muerte, se la ha llevado con ella. La atmósfera es de recogimiento sobrecogido, para los protagonistas y para el lector; se expresa con la personificación de la noche: “La noche se puso íntima / como una pequeña plaza” (vv. 79-80). Este ambiente se rompe abruptamente con la llegada de “guardias civiles borrachos” (v. 81), metáfora de la arbitrariedad violenta, más o menos. Se cierra el poema con los cuatro versos que lo habían abierto. Se cierra el sentido en un círculo de muerte y desolación.
7) Contextualización
García Lorca (Fuente Vaqueros, Granada, 1898 – ¿Víznar?, Granada, 1936) es uno de los grandes poetas y dramaturgos en lengua española del siglo XX. Dotado de un gran talento literario, supo captar lo mejor de la poesía tradicional española sometiéndola a una fresca y sugerente renovación. Tras una etapa de aprendizaje, pronto accedió a una madurez creativa original y personal; el poema que hemos comentado, procedente de su Romancero gitano (1928) procede de esta época. Luego accederá a la poesía surrealista (Poeta en Nueva York, escrito entre 1929 y 1930, pero no publicado, póstumamente, hasta 1940) y a una depuración de las formas clásicas de carácter intimista y doloroso (Sonetos del amor oscuro).
Su faceta dramatúrgica es tan importante o más que la de poeta. Aparte de piezas de carácter infantil, compuso obras de gran calidad como La zapatera prodigiosa, Mariana Pineda, El público y la celebérrima trilogía rural andaluza Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba. Adapta los molde clásicos a las tendencias modernas, actualizando de modo perfecto viejos temas y pasiones al tiempo que le tocó vivir; su maestría compositiva es, ciertamente, suprema.
Su prematura y terrible muerte al comienzo de la guerra civil española cortó una trayectoria literaria asombrosa e hizo de una Lorca una imagen de santo laico. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que Lorca domina las formas literarias con enorme maestría, expresa todo tipo de sentimiento, sobre todo los trágicos, con una honda expresividad y capacidad conmovedora y, finalmente, crea obras dramáticas o poemas llenos de vida y belleza. Equilibrio compositivo, aparente sencillez que esconde un serio trabajo verbal, poetización del lenguaje y creación de imágenes impactantes y originales son algunas de las características de sus obras literarias.
8) Interpretación y valoración
El título de “Romance sonámbulo” expresa apropiadamente el contenido del poema: una situación dolorosa, mortal y agónica protagonizada por un hombre próximo a su muerte. Todo junto es como una pesadilla que lo envuelve y acaba de mala manera. Lorca cuenta una historia, pero desde una óptica lírica. Mezcla elementos narrativos con otros propios de la poesía más subjetiva; el resultado es un poema extraño, lleno de encanto, por sus constantes expansiones de significado, pero sin perder el hilo de relato clásico.
El exotismo es un rasgo bien visible. Personajes, circunstancias, enfrentamientos y, sobre todo, la presencia inevitable de la muerte crean una atmósfera extraña, lejana y, en cierto modo, cercana. El relato más sencillo de una trama no tan lejana se entreveran a la perfección con el manejo atinado de recursos estilísticos embellecedores. El resultado es una lectura sorprendente, original y armónica.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.
5) ¿Qué tono tiene el poema: festivo, narrativo, ligero o denso?
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a
cómo la poesía se asentó en el yo poético.
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Quiénes protagonizan el poema?
2) ¿Qué sentido tiene el título del mismo?
3) Explica el sentido del color verde, la luna y el agua en el poema.
4) ¿Quiénes hablan en estilo directo? ¿Se conocen previamente? ¿Cómo lo sabemos?
5) Explica el sentido del movimiento que posee el poema. ¿Qué efecto produce?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que cuente una historia o un hecho, real o ficticio, de un modo lírico. Puedes utilizar símbolos, como ha realizado García Lorca.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta García Lorca a propósito de su poema y de su vida.
3) Realiza una exposición sobre Federico García Lorca, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de paisajes, situaciones, etc. que cuenten una historia de modo poético, siguiendo el ejemplo de García Lorca.