Tomás de Iriarte: «Los dos conejos»; análisis y propuesta didáctica

Tomás de Iriarte – Los dos conejos

Los dos conejos
No debemos detenernos en cuestiones frívolas, olvidando el asunto principal
Por entre unas matas,         1
seguido de perros
-no diré corría-
volaba un conejo.
   De su madriguera                   5
salió un compañero,
y le dijo: «Tente,
amigo, ¿qué es esto?»
   «¿Qué ha de ser? -responde-;
sin aliento llego…                   10
Dos pícaros galgos
me vienen siguiendo».
   «Sí -replica el otro-,
por allí los veo…
Pero no son galgos».       15
«¿Pues qué son?» «Podencos».
   «¿Qué? ¿Podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo».       20
   «Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso».
«Son galgos, te digo».
«Digo que podencos».
   En esta disputa                   25
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.
   Los que por cuestiones
de poco momento                   30
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
El poeta presenta una situación concreta. Un conejo huye a toda velocidad, perseguido por dos perros. Se encuentra con un compañero, que le pregunta por qué corre tan velozmente. Le explica que lo persiguen dos galgos. Sin embargo, el compañero lo contradice y afirma que son podencos. Se enredan en una pequeña discusión sobre si los perros perseguidores son galgos o podencos. Tanto tiempo perdieron que, finalmente, ambos son capturados por los perros.
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: no conviene perder el tiempo en minucias, sino concentrarse en lo importante y ser resolutivos. El propio autor, Iriarte, lo enuncia en el título:  “No debemos detenernos en cuestiones frívolas, olvidando el asunto principal”.
3) Apartados temáticos
El poema presenta una estructura cuatripartita bien reconocible. Tenemos:
-La primera parte (vv. 1-4) presenta a los personajes en su contexto y el conflicto que han de resolver. Dos conejos se encuentran cuando uno huye porque es perseguido por dos perros.
-La segunda parte (vv. 5-24) se centra en la discusión de los conejos sobre la raza de los perros perseguidores. 
-La tercera parte (vv. 23-28) es el desenlace. Tanto tiempo perdieron que ambos son cazados por los perros, de los que, por cierto, no sabemos si son galgos o podencos. 
-La cuarta y última parte (vv. 29-32) ya no está en el orden de la ficción previo. El yo lírico habla directamente y se dirige a su auditorio. Se aplica la analogía de los animales a la conducta humana y, de nuevo, advierte que no hay que perder el tiempo en cuestiones secundarias, pues resolver las cosas a tiempo puede ser decisivo. 
4) Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por treinta y dos versos La medida de los versos y la rima se mantiene en ambos apartados. Los versos son hexasílabos (seis sílabas; arte menor, por tanto). La rima es asonante en é-o, en los versos pares; los impares quedan libres. Se trata, pues de un romancillo, dispuesto en ocho estrofas de cuatro versos; el romance es una estrofa tradicional castellana, de pervivencia oral, anónima y colectiva; el romancillo es su variante en arte menor.
5) Comentario estilístico
El poema es de una elaboración cuidada, pero orientada a la claridad y la sencillez. No vamos a encontrar grandes conceptos desarrollados, ni sutiles aplicaciones retóricas. La intención educativa no es compatible con esas manifestaciones. La personificación o prosopopeya sistemática de los animales es el recurso clave. De vez en cuando aparecen rasgos de humor, como en el arranque del poema: “–no diré corría–, / volaba un conejo” (vv. 3-4). La hipérbole, mezclada con la reticencia, crea un efecto cómico inmediato.
Es un poema dialogado, pues los dos conejos charlan tranquilamente, a pesar del peligro que los acecha. Conversan en un tono coloquial, distendido: “Sí, como mi abuelo. / Galgos y muy galgos” (vv. 17-18). La repetición del verbo “decir” en cuatro ocasiones insiste en la pérdida de tiempo, a pesar del apremio. El tono coloquial crea gracia y humor, pues el contraste con la situación apurada en la que se hallan es alto.
El yo lírico aparece en la sección final de la fábula. En cierto modo, repite lo dicho en el título. Se trata de poner en verso la moraleja de la fábula. El sujeto lírico se dirige a cierto tipo de lectores (los que se parecen a los conejos): “llévense este ejemplo” (v. 32). 
Vemos, pues, que se trata de una historia protagonizada por animales en las que se contiene una enseñanza moral. Esta, en concreto, personifica en dos conejos lo importante que es distinguir lo importante de lo accesorio para no sufrir consecuencias negativas.
 6) Contextualización
Tomás de Iriarte (Tenerife, 1750 – Madrid, 1791) es, junto con Samaniego, el más importante fabulista neoclásico español. No limitó su talento a la poesía didáctica, sino que compuso varias obras teatrales de mérito, como Hacer que hacemos (1770), El señorito malcriado (1788), etc. Tradujo atinadamente el Arte poética de Horacio y compuso piezas musicales, pues su talento musical era elevado. Su poema didáctico La música (1779), en cinco cantos compuestos por silvas, obtuvo gran resonancia en España y fuera de ella. 
Como fabulista, Iriarte se consagró con la importante obra Fábulas literarias (1782). Se atiene al gusto de la época de recoger la tradición grecolatina, seguir sus postulados y realizar una literatura didáctica, clara, sencilla y que sirviera para la mejora de la educación ciudadana. 
7) Interpretación y valoración
Esta fábula es una de las más conocidas de Iriarte, y con justicia. Su planteamiento y desarrollo es acertado. La extensión es moderada, los protagonistas son simpáticos y la moraleja extraída resulta pertinente, ayer como hoy.
Esta historia de “Los dos conejos” está compuesta bajo las mismas pautas del resto de las moralejas: antropomorfización de los animales, moraleja final, un poco de humor, algo de sátira y un tono amable. La facilidad expresiva es muy elevada. El dominio del verso y la capacidad para crear una historia sencilla, muy bien contextualizada en el mundo animal hacen de la lectura una experiencia agradable, como ya lo fue hace más de doscientos años, cuando se compusieron. En efecto, las fábulas de Iriarte han resistido muy bien el paso del tiempo. Bajo una aparente sencillez, que esconde una cuidadosa elaboración, Iriarte nos ha dejado una poesía, bajo la fórmula de la fábula, de primer orden.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a las percepciones sensoriales, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Tiene mucha importancia conocer si los perros perseguidores son galgos o podencos?
2) El poeta, ¿desea solo divertir a sus lectores? 
3) Localiza cuatro rasgos del registro coloquial que se aprecian en el diálogo entre los conejos. ¿Qué efecto crean? 
4) ¿Con qué tipo de hombre podemos identificar a los conejos? ¿De qué son imagen, entonces?
5) ¿Se dirige Iriarte en algún momento a los lectores? ¿Podemos decir que es un texto persuasivo? 
6) ¿Dónde aparece la moraleja? A juzgar por su claridad, ¿se puede afirmar que el poema posee intención didáctica? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese una situación social similar a la de la moraleja: la pérdida de tiempo y energía en cuestiones banales. Utiliza animales antropomorfizados u otra fórmula de tu creación, para dotarlo de un sentido didáctico. Puedes imprimir un tono aleccionador y algo humorístico, como ha realizado Tomás de Iriarte.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Tomás de Iriarte a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Tomás de Iriarte, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar una situación social en la que las personas pierden el tiempo en asuntos triviales. La ironía suele ser muy expresiva para mostrar con humor este tipo de situaciones, siguiendo el ejemplo de Tomás de Iriarte.

Tomás de Iriarte: «El elefante y otros animales»; análisis y propuesta didáctica

Tomás de Iriarte – El elefante y otros animales

Prólogo: El elefante y otros animales
Ningún particular debe ofenderse de lo que se dice en común
Allá, en tiempo de entonces     1
y en tierras muy remotas,
cuando hablaban los brutos
su cierta jerigonza,
notó el sabio elefante                 5
que entre ellos era moda
incurrir en abusos
dignos de gran reforma.
Afeárselos quiere
y a este fin los convoca.               10
Hace una reverencia
a todos con la trompa
y empieza a persuadirlos
en una arenga docta
que para aquel intento               15
estudió de memoria.
Abominando estuvo,
por más de un cuarto de hora,
mil ridículas faltas,
mil costumbres viciosas:               20
la nociva pereza,
la afectada bambolla,
la arrogante ignorancia,
la envidia maliciosa.
   Gustosos en extremo               25
y abriendo tanta boca,
sus consejos oían
muchos de aquella tropa:
el cordero inocente,
la siempre fiel paloma,               30
el leal perdiguero,
la abeja artificiosa,
el caballo obediente,
la hormiga afanadora,
el hábil jilguerillo,                           35
la simple mariposa.
   Pero del auditorio
otra porción no corta,
ofendida, no pudo
sufrir tanta parola.                           40
El tigre, el rapaz lobo
contra el censor se enojan.
¡Qué de injurias vomita
la sierpe venenosa!
Murmuran por lo bajo,               45
zumbando en voces roncas,
el zángano, la avispa,
el tábano y la mosca.
Sálense del concurso,
por no escuchar sus glorias,               50
el cigarrón dañino,
la oruga y la langosta.
La garduña se encoge,
disimula la zorra,
y el insolente mono                           55
hace de todo mofa.
   Estaba el elefante
viéndolo con pachorra,
y su razonamiento
concluyó en esta forma:               60
«A todos y a ninguno
mis advertencias tocan:
quien las siente, se culpa;
el que no, que las oiga».
   Quien mis fábulas lea,               65
sepa también que todas
hablan a mil naciones,
no sólo a la española.
Ni de estos tiempos hablan,
porque defectos notan             70
que hubo en el mundo siempre,
como los hay ahora.
Y, pues no vituperan
señaladas personas,
quien haga aplicaciones,             75
con su pan se lo coma.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
El poeta presenta una situación concreta. Un grupo de animales se reúne en asamblea para tratar de corregir “abusos” que se observan en el comportamiento. El elefante, como personaje noble, ecuánime y sereno. Critica ásperamente la pereza, la bambolla (fatuidad), la ignorancia y la envidia. Los animales más nobles (cordero, paloma, perdiguero, abeja, caballo, hormiga, jilguerillo y mariposa)  no se sienten aludidos, pues por su recto y leal proceder no tienen nada de qué arrepentirse o por qué molestarse. Por otro lado, existe un grupo de animales que se sienten aludidos y molestos (son el tigre, lobo, sierpe, zángano, avispa, tábano y mosca; cigarrón, oruga y langosta; garduña, zorra y mono) que reaccionan abandonando la reunión, mofándose –como el mono– o sintiéndose molestos. El elefante observa pacientemente esta situación. Les comunica que habla genéricamente, sin concretar; quien se sienta aludido, advierte, acaso es porque realmente no lo está haciendo bien. Una línea en blanco señala que finaliza la fábula y comienza la moraleja de boca del yo lírico, o del poeta, pues ya no hay ficción lírica. Es una explicación de la fábula: aclara que se habla genéricamente, para todo tipo de público, en cualquier época. Nadie en particular tiene por qué darse por aludido, aunque si eso ocurre, será porque tiene defectos o vicios que debería corregir.
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: advertencia a los lectores para que no se den personalmente por aludidos en cuanto al contenido de las fábulas. Desliza también el pensamiento de que si alguien se siente insultado o aludido por sus textos, será porque hay razones para ello; es decir, en román paladino, “quien se pica, ajos come”. Recomienda espíritu deportivo y buen talante para no perder los papeles. Por otro lado, obsérvese el título que Iriarte le asigna, pues también es el tema: “Ningún particular debe ofenderse de lo que se dice en común”. La intención didáctico-moral es evidente; es lo esperable en este tipo de literatura, las fábulas.
3) Apartados temáticos
El poema presenta una estructura tripartita bien reconocible. Tenemos:
-La primera parte (vv. 1-24) presenta a los personajes en su contexto y el conflicto que han de resolver. 
-La segunda parte (vv. 25-36) se centra en la reacción de los animales más nobles y “buenos” a las críticas del elefante sobre el mal comportamiento de algunos. 
-La tercera parte (vv. 37-56) focaliza la reacción de los animales “malos” o dañinos, o muy egoístas. Protestan, abandonan la reunión o ridiculizan al elefante. 
-La cuarta parte (vv. 57-64) se centra en la reacción del elefante ponente. Con paciencia y tranquilidad, advierte a los asistentes que no él no individualiza, sino que se dirige a todos. Quien se sienta aludido, por algo será, desliza.
-La quinta y última parte (vv. 65-76) ya no está en el orden de la ficción previo. El yo lírico habla directamente y se dirige a su auditorio, no al del elefante. Se aplica la analogía de los animales a la conducta humana y, de nuevo, advierte que él no critica a nadie en concreto, pues habla genéricamente; ahora bien, quien se dé por aludido, será mejor que se pregunte por qué.
4) Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por setenta y seis versos agrupados en dos secciones, separadas por un espacio en blanco. La medida de los versos y la rima se mantiene en ambos apartados. Los versos son octosílabos (ocho sílabas; arte menor, por tanto). La rima es asonante en ó-a, en los versos pares; los impares quedan libres. Se trata, pues de un romance; es una estrofa tradicional castellana, de pervivencia oral, anónima y colectiva.
5) Comentario estilístico
El poema es de una elaboración cuidada, pero orientada a la claridad y la sencillez. No vamos a encontrar grandes conceptos desarrollados, ni sutiles aplicaciones retóricas. La intención educativa no es compatible con esas manifestaciones. La personificación o prosopopeya sistemática de los animales es el recurso clave. De vez en cuando aparecen rasgos de humor, como en el arranque del poema: “Allá, en tiempo de entonces” (v. 1) y los versos sucesivos. Se trata de generar distensión, esto es, la creación de un tono amable y distendido; por tanto, agradable para el lector. La adjetivación es muy intencionada, expresiva y ligeramente irónica. La arenga del elefante es “docta” (v. 14); es un claro sarcasmo. Las palabras “mil( VV. 19 y 20) y “la” (vv. 21-24) crean una anáfora intencionada, recalcando los vicios de algunos animales; en este sentido opera el paralelismo de los mismos versos señalados.
Del verso 29 al verso 36 se sucede una magnífica enumeración de los animales nobles  leales que escuchan la arenga; todos con su correspondiente adjetivo (casi siempre, epíteto)y formando paralelismos cadenciosos. La supresión del sintagma verbal de cada elemento enumerado (cada animal) crea un inmediato efecto de acumulación. Es como si los viéramos apretujados en su asamblea.
Los animales que se muestran contrarios a las enseñanzas del elefante aparecen enumerados, pero dentro de oraciones completas. El tigre y el lobo “contra el censor se enojan” (v. 42).La “sierpe venenosa” (v. 44) no hace compañía con nadie y va sola. Sin embargo, los insectos sí aparecen enumerados: zángano, avispa, tábano y mosca, que “Murmuran por lo bajo (v. 44). El efecto lector es magnífico; está muy próximo a la aliteración.
La ironía aparece otra vez en las “glorias” (v. 50) –en realidad, sus fealdades– que no quieren escuchar ciertos animales: cigarrón, oruga y langosta. Los versos aplicados a la garduña y a la zorra (vv. 53-54) forman un perfecto quiasmo; aporta frescura y variedad. El cierre del discurso del elefante es algo humorístico y sentencioso. Comienza con una paradoja: “A todos y a ninguno / mis advertencias toca” (vv. 61-62). El paralelismo final, con sus elipsis y sus antítesis, refuerzan (vv. 63-63) el tono epigramático y sentencioso del conjunto, además de su componente didáctico. 
El yo lírico aparece en la sección final de la fábula. En cierto modo, repite lo dicho por elefante, solo que amplificado: no se habla a nadie en concreto, ni siquiera a la nación “española” (v. 68), sino a un público general. Siempre hubo defectos y se deben corregir. Si alguien se ofende, “con su pan se lo coma” (v. 76); este cierre con una expresión coloquial muestra muy bien el tono como familiar entre el yo lírico y sus lectores.
Vemos, pues, que se trata de una historia protagonizada por animales en las que se contiene una enseñanza moral. Esta, en concreto, funciona como prólogo al conjunto de las fábulas de Iriarte; también como advertencia de personalizar la lectura; el poeta y el yo lírico se desentienden de las consecuencias que alguien pueda sufrir por ser mala persona.     
6) Contextualización
Tomás de Iriarte (Tenerife, 1750 – Madrid, 1791) es, junto con Samaniego, el más importante fabulista neoclásico español. No limitó su talento a la poesía didáctica, sino que compuso varias obras teatrales de mérito, como Hacer que hacemos (1770), El señorito malcriado (1788), etc. Tradujo atinadamente el Arte poética de Horacio y compuso piezas musicales, pues su talento musical era elevado. Su poema didáctico La música (1779), en cinco cantos compuestos por silvas, obtuvo gran resonancia en España y fuera de ella. 
Como fabulista, Iriarte se consagró con la importante obra Fábulas literarias (1782). Se atiene al gusto de la época de recoger la tradición grecolatina, seguir sus postulados y realizar una literatura didáctica, clara, sencilla y que sirviera para la mejora de la educación ciudadana. 
7) Interpretación y valoración
Este poema inicial, a modo de prólogo, que antecede a las fábulas, tiene una gran importancia porque es una declaración de intenciones del autor. Iriarte explicita su propósito reformador; es cierto que sin molestar a nadie en concreto, pues él se dirige al público general. Y si alguien se molesta, será porque tiene motivos para ello.
El prólogo está compuesto bajo las mismas pautas del resto de los animales: antropomorfización de los animales, moraleja final, un poco de humor, algo de sátira y un tono amable. La facilidad expresiva es muy elevada. El dominio del verso y la capacidad para crear una historia sencilla, muy bien contextualizada en el mundo animal hacen de la lectura una experiencia agradable, como ya lo fue hace más de doscientos años, cuando se compusieron. En efecto, las fábulas de Iriarte han resistido muy bien el paso del tiempo. Bajo una aparente sencillez, que esconde una cuidadosa elaboración, Iriarte nos ha dejado una poesía, bajo la fórmula de la fábula, de primer orden.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a las percepciones sensoriales, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) Haz un recuento de los animales que aparecen. ¿Conocía bien el mundo animal el fabulista Iriarte? 
2) El poeta, ¿desea solo divertir a sus lectores? 
3) Localiza los adjetivos que se asignan a los animales. ¿Son epítetos? 
4) ¿Con qué tipo de hombre podemos identificar al elefante? ¿De qué es imagen, entonces?
5) ¿Tiene miedo Iriarte de las posibles críticas? ¿Podemos decir que intenta “aplicar la venda antes de la herida”? 
6) ¿Dónde aparece la moraleja? A juzgar por su claridad, ¿se puede afirmar que el poema posee intención didáctica? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese una situación social criticable. Utiliza animales antropomorfizados u otra fórmula de tu creación, para dotarlo de un sentido didáctico. Puedes imprimir un tono aleccionador y algo humorístico, como ha realizado Tomás de Iriarte.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Tomás de Iriarte a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Tomás de Iriarte, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar una situación social rechazable porque uno o varios vicios estén muy extendidos. La ironía suele ser muy expresiva para mostrar con humor este tipo de situaciones, siguiendo el ejemplo de Tomás de Iriarte.

Manuel José Quintana: «[Poema] A la expedición española para propagar la vacuna en América bajo la dirección de don Francisco Balmis»; análisis y propuesta didáctica

MANUEL JOSÉ QUINTANA – A la expedición española para propagar la vacuna en América bajo la dirección de don Francisco Balmis (diciembre de 1806)

[1] ¡Virgen del mundo, América inocente!        1

Tú, que el preciado seno

al cielo ostentas de abundancia lleno,

y de apacible juventud la frente;

tú, que a fuer de más tierna y más hermosa    5

entre las zonas de la madre tierra,

debiste ser del hado,

ya contra ti tan inclemente y fiero,

delicia dulce y el amor primero,

óyeme: si hubo vez en que mis ojos,              10

los fastos de tu historia recorriendo,

no se hinchesen de lágrimas; si pudo

mi corazón sin compasión, sin ira

tus lástimas oír, ¡ah!, que negado

eternamente a la virtud me vea,                      15

y bárbaro y malvado,

cual los que así te destrozaron, sea.

[2] Con sangre están escritos

en el eterno libro de la vida

esos dolientes gritos                                       20

que tu labio afligido al cielo envía.

Claman allí contra la patria mía,

y vedan estampar gloria y ventura

en el campo fatal donde hay delitos.

¿No cesarán jamás? ¿No son bastantes         25

tres siglos infelices

de amarga expiación? Ya en estos días

no somos, no, los que a la faz del mundo

las alas de la audacia se vistieron

y por el ponto Atlántico volaron;                       30

aquéllos que al silencio en que yacías,

sangrienta, encadenada, te arrancaron.

[3] «Los mismos ya no sois; pero ¿mi llanto

por eso ha de cesar? Yo olvidaría

el rigor de mis duros vencedores:                   35

su atroz codicia, su inclemente saña

crimen fueron del tiempo, y no de España.

Mas ¿cuándo ¡ay Dios! los dolorosos males

podré olvidar que aun mísera me ahogan?

Y entre ellos… ¡Ah!, venid a contemplarme,   40

si el horror no os lo veda, emponzoñada

con la peste fatal que a desolarme

de sus funestas naves fue lanzada.

Como en árida mies hierro enemigo,

como sierpe que infesta y que devora,            45

tal su ala abrasadora

desde aquel tiempo se ensañó conmigo.

Miradla abravecerse, y cuál sepulta

allá en la estancia oculta

de la muerte mis hijos, mis amores.                50

Tened, ¡ay!, compasión de mi agonía,

los que os llamáis de América señores;

ved que no basta a su furor insano

una generación; ciento se traga;

y yo, expirante, yerma, a tanta plaga               55

demando auxilio, y le demando en vano».

[4] Con tales quejas el Olimpo hería,

cuando en los campos de Albión natura

de la viruela hidrópica al estrago

el venturoso antídoto oponía.                           60

La esposa dócil del celoso toro

de este precioso don fue enriquecida,

y en las copiosas fuentes le guardaba

donde su leche cándida a raudales

dispensa a tantos alimento y vida.                   65

Jenner lo revelaba a los mortales;

las madres desde entonces

sus hijos a su seno

sin susto de perderlos estrecharon, 

y desde entonces la doncella hermosa           70

no tembló que estragase este veneno

su tez de nieve y su color de rosa.

A tan inmenso don agradecida

la Europa toda en ecos de alabanza

con el nombre de Jenner se recrea;                75

y ya en su exaltación eleva altares

donde, a par de sus genios tutelares,

siglos y siglos adorar le vea.

[5] De tanta gloria a la radiante lumbre,

en noble emulación llenando el pecho,            80

alzó la frente un español: «No sea»,

clamó, «que su magnánima costumbre

en tan grande ocasión mi patria olvide.

El don de la invención es de Fortuna,

gócele allá un inglés; España ostente            85

su corazón espléndido y sublime,

y dé a su majestad mayor decoro,

llevando este tesoro

donde con más violencia el mal oprime.

Yo volaré; que un Numen me lo manda,          90

yo volaré: del férvido Oceano

arrostraré la furia embravecida,

y en medio de la América infestada

sabré plantar el árbol de la vida».

[6] Dijo; y apenas de su labio ardiente              95

estos ecos benéficos salieron,

cuando, tendiendo al aire el blando lino,

ya en el puerto la nave se agitaba

por dar principio a tan feliz camino.        

Lánzase el argonauta a su destino.                  100

Ondas del mar, en plácida bonanza

llevad ese depósito sagrado

por vuestro campo líquido y sereno;

de mil generaciones la esperanza

va allí, no la aneguéis, guardad el trueno,        105

guardad el rayo y la fatal tormenta

al tiempo en que, dejando

aquellas playas fértiles, remotas,

de vicios y oro y maldición preñadas,

vengan triunfando las soberbias flotas.             110

[7] A Balmis respetad. ¡Oh heroico pecho,

que en tan bello afanar tu aliento empleas!

Ve impávido a tu fin. La horrenda saña

de un ponto siempre ronco y borrascoso,

del vértigo espantoso                                       115

la devorante boca,

la negra faz de cavernosa roca

donde el viento quebranta los bajeles,

de los rudos peligros que te aguardan

los más grandes no son ni más crueles.          120

Espéralos del hombre: el hombre impío,

encallado en error, ciego, envidioso,

será quien sople el huracán violento

que combata bramando el noble intento.

Mas sigue, insiste en él firme y seguro;           125

y cuando llegue de la lucha el día,

ten fijo en la memoria

que nadie sin tesón y ardua porfía

pudo arrancar las palmas de la gloria.

[8] Llegas en fin. La América saluda                 130

a su gran bienhechor, y al punto siente

purificar sus venas

el destinado bálsamo: tú entonces

de ardor más generoso el pecho llenas;

y obedeciendo al Numen que te guía,              135

mandas volver la resonante prora

a los reinos del Ganges y a la Aurora.

El mar del Mediodía

te vio asombrado sus inmensos senos

incansable surcar; Luzón te admira,                 140

siempre sembrando el bien en tu camino,

y al acercarte al industrioso chino,

es fama que en su tumba respetada

por verte alzó la venerable frente

Confucio, y que exclamaba en su sorpresa:     145

«¡Digna de mi virtud era esta empresa».

[9] ¡Digna, hombre grande, era de ti! ¡Bien digna

de aquella luz altísima y divina,

que en días más felices

la razón, la virtud aquí encendieron!                 150

Luz que se extingue ya: Balmis, no tornes;

no crece ya en Europa

el sagrado laurel con que te adornes.

Quédate allá, donde sagrado asilo

tendrán la paz, la independencia hermosa;       155

quédate allá, donde por fin recibas

el premio augusto de tu acción gloriosa.

Un pueblo, por ti inmenso, en dulces himnos,

con fervoroso celo

levantará tu nombre al alto cielo;                       160

y aunque en los sordos senos

tú ya durmiendo de la tumba fría

no los oirás, escúchalos al menos

en los acentos de la musa mía.

  1. ANÁLISIS
  2. Resumen

Manuel José Quintana (Madrid, 1772 – 1857) es un importantísimo escritor y divulgador del final del Neoclasicismo y del Prerromanticismo español. Su labor política, a favor de la educación general, su incansable actividad como periodista y abogado defendiendo justas y nobles causas es una parte fundamental de la historia de España en el turbulento siglo XIX. Afortunadamente, sus compatriotas supieron reconocer y valorar sus desvelos por el progreso de la patria, como se testifica en el coronamiento como poeta nacional en 1855, por parte de Isabel II.

El poema que ahora analizamos, titulado “A la expedición española para propagar la vacuna en América bajo la dirección de don Francisco Balmis”, compuesto en 1806, justo al finalizar la empresa médica, es de gran aliento, contenido grave y tono exaltatorio y de celebración hacia España.

En la primera estrofa se dirige o apostrofa a América, se entiende que a la América española. La describe como una tierra feraz y generosa, pero con mala suerte histórica, pues su “hado” ha sido “inclemente y fiero”. Se refiere a las conquistas y violencias que han sufrido sus gentes y pueblos. El sujeto lírico confiesa que se emociona leyendo o reflexionando sobre la historia americana; ha reaccionado con compasión o con enfado al oír las “lástimas” de América.

En la segunda estrofa asevera que el dolor de los habitantes americanos primigenios son imborrables. Los gritos se oyen hasta en los cielos, especialmente los dirigidos contra los primeros conquistadores; las atrocidades superaron a las hazañas. Se pregunta el sujeto lírico si no acabarán nunca. Para que cesen, presenta dos argumentos de peso: ya van tres siglos de “amarga expiación” de los pecados de la conquista; por otro lado, los españoles de hoy poco tienen que ver con los que llevaron a cabo la colonización americana, acabando con el aislamiento del nuevo continente.

En la tercera estrofa se cede la voz a América. Es una intervención en estilo directo. En ella reconoce que los españoles de hoy no son los de entonces, pero eso no es razón para detener su llanto. Disculpa el “rigor” y “la atroz codicia” de los “duros vencedores” por los tiempos en que ocurrió, no por culpa de España. Los males la asedian. En concreto, lamenta la “peste fatal” que recorre todo el continente, con origen en Europa; América contempla cómo los niños mueren a raudales, generación tras generación, sin poder remediarlo. Solicita ayuda para acabar con esa calamidad, pero nadie reacciona.

La cuarta estrofa se abre con la advertencia de que los lamentos de América subían hasta los cielos, pero no había respuesta. De pronto, en Inglaterra, un médico nombrado Jenner, descubre que el tratamiento (“venturoso antídoto”) para la peste (la viruela) está en las vacas. Su leche alimenta generosamente a muchas personas; ahora, además, se une el tratamiento contra la viruela; una mujer se “estraga”, o se frota, con el veneno de las vacas, y ahí está la cura. Las madres pueden criar a sus hijos con salud y seguridad, sabiendo que no morirán en tierna edad. Toda Europa está muy agradecida a Jenner, de ahí que le levanten monumentos; su nombre será recordado laudatoriamente durante muchos siglos venideros.

La quinta estrofa refiere que un español (no se da su nombre todavía) decide tomar el descubrimiento del inglés y llevarlo a América, donde más estragos hacía la enfermedad. Actuando con generosidad y valentía, arrostrando peligros, decide tratar de erradicar la enfermedad en la América española.

En la sexta estrofa se narra que se pasa de las palabras a los hechos inmediatamente. Una nave con la medicina zarpa de España a América. El sujeto lírico pide a los americanos que le ayuden en su camino, con sus buenos deseos, pues lleva “ese depósito sagrado”, la cura, en sus bodegas. Desea que las tormentas y los accidentes marítimos no malogren la travesía y espera ver ll nave de regreso a España tras haber completado con éxito su misión.

La séptima estrofa se abre desvelando el nombre del español que comanda esta noble misión médica y humanitaria: Balmis. Pide respeto para él, lo trata de héroe. Le advierte que las tormentas marítimas no son el peligro mayor que le espera, sino de otros hombres envidiosos, estúpidos y crueles, que querrán hacerse con su gloria. Le pide a Balmis que persevere con ahínco en su empeño y que recuerde que la gloria se gana con mucho tesón y sufrimientos. 

La expedición llega a América y se empieza a distribuir la cura, con gran eficacia y alivio de las personas. Pero Balmis no para ahí. Se dirige a Oriente, a las Islas Filipinas (parte del Imperio español) y a China, guiado por los buenos guiones y su generosidad. Allí donde llega, cura a los niños y es admirado. Una leyenda dice que Confucio, el pensador chino, se levantó de su tumba y alabó el altruismo virtuoso de Balmis y sus acompañantes.

La novena y última estrofa es una alabanza a Balmis, a quien se considera un hombre virtuoso, grande y digno de alabanza. Le pide que no regrese (tal vez de América, tal vez del otro mundo, pues parece que está muerto), para que su “acción gloriosa” sea celebrada por todos los siglos, en una época de paz y de independencia. Aunque él ya no pueda oírlo, pues yacerá en su tumba, al menos le llegará el eco de este poema, escrito en su alabanza.  

2. Tema

El tema del poema es la celebración del éxito de la expedición española para llevar la vacuna de la viruela a América y a Asia. También se desarrollan otros subtemas, como son: la generosidad virtuosa del médico jefe, Francisco Balmis; y, finalmente la resolución y virtud de España, que ha llevado la cura a la viruela a todo el mundo.

3. Apartados temáticos

El poema presenta una estructura tripartita bien reconocible. Tenemos:

-La primera estrofa (vv. 1-17) forma un primer apartado. Posee un tono introductorio y de apelación al continente americano. Es una introducción subjetiva a la historia de América y a su accidentada historia. 

-Las estrofas 2-8 (vv. 18-146) constituye el segundo apartado temático. Se narra la proeza de la expedición española liderada por el doctor Balmis. Funciona como el núcleo narrativo y explicativo de la gran hazaña médica española.

– La novena estrofa (vv. 147-164) conforma el último apartado. Posee un claro tono conclusivo. Reitera las alabanzas a Balmis y su expedición, insiste en su generosidad y virtud y asegura que su nombre nunca será olvidado, incluso después de su muerte.

4. Aspectos métricos y de rima

Este poema está compuesto por ciento sesenta y cuatro versos agrupados en nueve estrofas; cada una de ellas tiene un número variable de versos; la primera está conformada por diecisiete versos; la cuarta, por veintidós; etc. En general, cada estrofa contiene alrededor de veinte versos. Los versos son heptasílabos (siete sílabas; arte menor, por tanto) y endecasílabos. No existe una rima como tal, aunque en cada estrofa se distinguen perfectamente pareados, tercetos, serventesios y cuartetos (a veces, por ser versos heptasílabos, corresponde a la misma estrofa en arte menor: tercetas, cuartetas y redondillas). En conjunto, se puede afirmar que estamos ante una silva, composición poética en la que alternan libremente heptasílabos y endecasílabos.

5. Comentario estilístico

El poema posee un tono de alabanza y loa de primer orden. En este sentido, estamos ante una oda, poema que celebra y alaba un hecho memorable; algún toque de poema épico también se percibe, pues la acción del equipo de Balmis es una verdadera hazaña digna de memoria. Quintana emplea un estilo elevado, solemne y un poco retórico o excesivamente adornado. Por mor de la brevedad, analizaremos solo la primera estrofa para evidenciar estas características; con las demás se podría hacer lo mismo.

La primera estrofa se abre con una apóstrofe doble dirigida a América; en su interior contiene una metáfora (“Virgen del mundo”), una personificación metaforizada (“América inocente”) y un paralelismo; ocupa el primer verso del poema. Sigue una metáfora para significar la feracidad y generosidad de América, junto con la corta edad de sus habitantes. La invocación sigue en el verso 2, a través del pronombre “Tú”, que se repetirá anafóricamente en el verso 5. Los encabalgamientos y los hipérbatos, bastantes violentos, jalonan el discurrir de los versos. La adjetivación es muy rica, a veces se trata de epítetos, pero otras veces no. Así se ve en “América inocente”, “preciado seno”, “apacible juventud”, etc. Da una impresión de cierta ampulosidad verbal.

Las bimembraciones (con adjetivos, sustantivos, sintagmas completos, etc.) abundan: “más tierna y más hermosa” (v. 5), “inclemente y fiero” (v. 8), “delicia dulce y amor primero” (v. 9); en este último ejemplo apreciamos el paralelismo, relativamente frecuente. El circunloquio también es muy frecuente; en general, está metaforizado, como ocurre en “debiste ser del hado, / ya contra tan inclemente y fiero, / delicia dulce y amor primero” (vv. 7-9); desea significar que América es una tierra afortunada por su feracidad y desgraciada por su destino histórico. 

La apóstrofe se hace evidente en el verso 10, donde aparece el verbo “óyeme” (el sujeto es el “tú” del verso 2. Esa forma imperativa reclama la atención de América por parte del sujeto lírico. Este habla de sí mismo y, a través de un largo circunloquio, le confiesa a América que siempre se ha condolido de su mala fortuna, de sus padecimientos y desgracias históricas de todo tipo. Los ojos del sujeto lírico se han henchido “de lágrimas” (v. 12) por los padecimientos americanos. El paralelismo de las dos construcciones condicionales (“si hubo vez…”, “si pudo / mi corazón…”) alargan el desenlace, aumentan la tensión poética y el dramatismo. Este, precisamente, se ve acentuado con la interjección “¡ah!” (v. 14). Emplea ocho versos para afirmar que siempre se ha emocionado recorriendo la historia de América y que merecería un fin desastrado si mintiese afirmando eso; podemos ver el circunloquio en toda su plenitud. Los símiles (“cual los que así te destrozaron”, v. 17) y otra vez los paralelismos y las bimembraciones van poblando el poema.

Como se puede apreciar fácilmente, estamos ante un poema con un léxico culto; unido al uso intenso de los recursos sintácticos (hipérbatos y encabalgamientos, principalmente), crean una sensación de cierto recargamiento retórico. Este se ve atenuado por la carga emocional subjetiva, relativa al sujeto lírico, que se transparenta llanamente. Habla de lo que de verdad lo conmueve, sin grandes disimulos (de hecho, en la última estrofa, existe una clara alusión a la opinión favorable a la independencia respecto de España).

6. Contextualización

Como afirmamos al comienzo, Manuel José Quintana (Madrid, 1772 – 1857) es un importantísimo literato y filólogo del final del Neoclasicismo y del Prerromanticismo español. Su enorme talento y dedicación fructificó en grandes y memorables trabajos literarios y filológicos con repercusión hasta mediados del siglo XX, uno después de su muerte. Hoy, sin embargo, su vigencia ha disminuido sensiblemente, seguramente con injusticia.

Su obra más conocida es, seguramente, la tragedia Pelayo (1805). Su poesía se recogió en varios volúmenes en vida, como Poesías (con sucesivas ediciones desde 1788), Poesías patrióticas (1808), etc. En prosa ensayística, nos dejó Vida de españoles célebres (3 vols., de 1807 en adelante). Como filólogo y compilador se leyó mucho su Poesías selectas castellanas (3 vols., 1830-1833); se ha alabado invariablemente su buen gusto, su tino filológico y su ponderación valorativa.

Quintana gozó de una sólida formación neoclásica. Su producción comenzó bajo el canon neoclásico e ilustrado, pero fue evolucionando hacia postulados románticos más o menos exteriorizados, como se percibe en la poesía que hemos comentado, a un paso del estilo y tono de un Espronceda, sin ir más lejos. Subjetivismo, atención a la naturaleza, tono algo grandilocuente, cierto retoricismo, tendencia al verso libre, etc. son algunas de las características comunes. 

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (su nombre oficial), o la expedición de Balmis (1803-1806), como se conoce popularmente, constituye una de las grandes aportaciones españoles al humanismo internacional. Se tomaron 22 niños expósitos españoles (madrileños y gallegos); se iban “contagiando” uno a uno, introduciendo unas gotas de líquido de las pústulas del niño afectado escalonadamente, cada diez días aproximadamente, para que se mantuviera vivo el virus de la viruela a lo largo de la travesía. Estamos ante el inicio de la vacuna como procedimiento curativo. La increíble hazaña de Francisco José Balmis (Alicante, 1753 – Madrid, 1819), Isabel Zendal (Ordes, La Coruña, 1771 – Puebla, México, s.f., la enfermera coruñesa que cuidaba de los niños) y los dos médicos auxiliares del propio Balmis es una gran proeza médica con sello español. América, Filipinas y China (fuera del territorio del Imperio) recibieron los beneficios de esta gran empresa sanitaria, guiada por el altruismo y la generosidad, acompañados por unas dosis de intrepidez y aventura. El resultado final, a la vista está, fue un éxito increíble, acaso injustamente olvidado. Motivos no le faltaban a Quintana para componer su poema.

7. Interpretación y valoración

Este hermoso y ejemplar poema se dedica a la loa de una de las grandes hazañas humanistas de España: la propagación de la vacuna de la viruela entre la infancia de América y Asia, de influencia española. Lo hace con un sentimiento de orgullo porque la acción fue positiva y benefactora para millones de niños; también porque España lo hizo a su costa y sin que existieran precedentes que sirvieran de modelo.

Quintana distribuye la materia poética en una introducción, un desarrollo y una conclusión intimista y sintética. El orden de la disposición de la materia contribuye a una lectura clara y comprensiva. Su amor a América y su mala conciencia por los episodios más sangrientos y tristes de la época de la conquista y la colonización son expresados con claridad y sentimiento. Más allá de la razón que le pueda acompañar, es destacable su franqueza de ánimo y su limpieza de corazón, lo que son virtudes no menores.

El poema es bastante transparente, equilibrado y proporcionado. El fondo y la forma sintonizan a la perfección, pues se trata de celebrar en una oda en forma de silva un gran triunfo médico. Este tipo de poesía se denomina cívica o patriótica, pues se crea para celebrar las proezas de una nación o cantar sus bondades naturales.

2. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada; con ejemplificar con la primera estrofa es suficiente. 

5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a las percepciones sensoriales de la primavera, y cómo impactan en el poeta y, después, en el lector. 

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado, ciñendo a la primera estrofa. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Qué opinión tiene el sujeto lírico de América? 

2) El poeta, ¿qué sentimientos muestra respecto de la expedición Balmis? 

3) Localiza las imágenes naturales con las que se explica la generosidad de América y su mala suerte histórica, según el poeta.

4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de los amigos? ¿Ejerce una influencia positiva o negativa?

5) ¿Qué movió a Balmis a organizar la expedición?

6) Los niños, ¿adquieren una importancia especial en el poema? ¿Por qué?

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese un hecho destacable o importante realizado por alguien o por tu comunidad (pueblo, región, o nación) que sea digno de ser recordado. Puedes imprimir un sentido de loa y admiración, como ha realizado Quintana.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Manuel José Quintana a propósito de su poema y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre Manuel José Quintana, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar una gran hazaña, hecho heroico o aventurero, que haya redundado en beneficio de los demás (filantrópico), sin esperar beneficios económicos por ello. Pueden ser reflejo de una acción admirable con intención humanitaria.

José Iglesias: «Letrilla satírica»; análisis y propuesta didáctica

JOSÉ IGLESIAS DE LA CASA – Letrilla satírica

LETRILLA SATÍRICA
[1] ¿Ves aquel señor graduado,        1
roja borla, blanco guante,
que nemine discrepante
fue en Salamanca aprobado?
Pues con su borla, su grado,      5
cátedra, renta y dinero,
es un grande majadero.
[2] ¿Ves servido un señorón
de pajes en real carroza,
que un rico título goza,             10
porque acertó a ser varón?
Pues con su casa, blasón,
título, coche y cochero,
es un grande majadero.
[3] ¿Ves al jefe blasonando            15
que tiene el cuero cosido
de heridas que ha recibido
allá en Flandes batallando?
Pues con su escuadrón, su mando,
su honor, heridas y acero,         20
es un grande majadero.
[4] ¿Ves aquel paternidad,
tan grave y tan reverendo,
que en prior le está eligiendo
toda su comunidad?                  25
Pues con su gran dignidad,
tan serio, ancho y tan entero,
es un grande majadero.
[5] ¿Ves al juez con fiera cara
en su tribunal sentado,             30
condenando al desdichado
reo que en sus manos para?
Pues con sus ministros, vara,
audiencia y juicio severo,
es un grande majadero.            35
[6] ¿Ves al que esta satirilla
escribe con tal denuedo,
que no cede ni a Quevedo
ni a otro ninguno en Castilla?
Pues con su vena, letrilla,      40
pluma, papel y tintero,
es mucho más majadero.

  1. ANÁLISIS

1.1. Resumen

José Iglesias de la Casa (Salamanca, 1748 – Carbajosa de la Sagrada, Salamanca, 1791) es un excelente poeta de la España neoclásica, miembro de la Escuela de Salamanca. Sus poemas tocan varios registros, del bucólico y el romance, a la égloga y el didactismo. Sin embargo, sus mejores poemas se inscriben en la tradición satírico burlesca, heredada del Barroco y más atrás.

El poema que ahora comentamos, como se expresa en su título, es una letrilla satírica. El DLE define la letrilla como “Composición poética, amorosa, festiva o satírica, que se divide en estrofas, al fin de cada una de las cuales se repite ordinariamente como estribillo el pensamiento o concepto general de la composición, expresado con brevedad”. He aquí, pues, una letrilla en estado puro. El poeta Iglesias ridiculiza las pretensiones e ínfulas que se dan circo personajes: el graduado universitario, el noble terrateniente, el militar de alta graduación, el clérigo con una alta dignidad de cargo y el juez encopetado y severo en el gesto y en las sentencias. A todos ellos los tilda, en el estribillo de “majaderos”. Cierra su poema con una estrofa breve en la que él mismo se adjetiva como “mucho más majadero” que todos los demás. “Majadero” significa “necio y porfiado”, es decir, perseverante en su tontuna, ignorancia o falta de luces.

El poema rebaja por la vía de la riduculización las ínfulas y el relumbrón que se dan estos cinco personajes que han alcanzado el éxito económico y social. No da razones, solo los desenmascara, riéndose de ellos, tildándolos de estúpidos. 

1.2. Tema

El tema del poema es la censura y ridiculización de cinco tipos sociales encumbrados que tienen en común la soberbia y la arrogancia. El humor viene por la vía de la inclusión del sujeto lírico en el mismo grupo, siendo solo un discreto poeta.

1.3. Apartados temáticos

El poema presenta una estructura de seis apartados temáticos bien reconocibles. En cada estrofa satiriza un grupo social, a través de un individuo. Así, tenemos:

-Primera estrofa y primer apartado (vv. 1-7): satiriza el graduado por Salamanca, con buenos cargos académicos, catedrático incluido. Presume con sus ropajes estrafalarios (borla roja y guantes blancos). 

-Segunda estrofa y segundo apartado (vv. 8-14): ridiculiza al noble ricachón, con palacio blasonado, carroza y muchos criados. 

– Tercera estrofa y tercer apartado (vv. 15-21): hace mofa del militar de alta graduación, con citratices en el rostro y bien armado.

-Cuarta estrofa y cuarto apartado (vv. 22-28): somete a befa al hombre eclesiático de las altas jerarquías, con gesto grave y serio.

-Quinta estrofa y quinto apartado (vv. 29-35): ridiculiza al juez de alto rango, con su cara agresiva y desafiante que manda a la cárcel al pobre desgraciado.

-Sexta estrofa y sexto apartado (vv. 36-43): el sujeto lírico se mira a sí mismo; dice ser más satírico que el propio Quevedo, y es tan majadero como los cinco restantes. El rasgo de humor ácido es innegable. 

1.4. Aspectos métricos y de rima

Este poema está compuesto por cuarenta y dos versos agrupados en seis estrofas de siete versos cada una. Los versos son octosílabos (ocho sílabas; arte menor, por tanto). La rima consonante es: abbaacc; como vemos, se trata de una redondilla, más un verso de vuelta y un pareado. La rima cambia en cada redondilla de cada estrofa, pero el pareado se mantiene en ero. La musicalidad alegre, rápida y viva destaca inmediatamente.

1.5. Comentario estilístico

El poema presenta un tono dialógico muy visible. El sujeto lírico establece un diálogo con el lector implícito. El verbo en segunda persona “ves”, que abre cada estrofa, fija una conversación más o menos viable y explícita con el lector. Ese tono coloquial se refuerza con las primeras palabras del verso cinco de cada estrofa, al finalizar la interrogación retórica: “pues con su…”; es una expresión de sabor popular y sirve para desmitificar la figura del poderoso ante descrita.

La interrogación retórica es el recurso principal del poema; ya sabemos que se trata de un modo de afirmar. La enumeración es el segundo recurso más significativo; dentro de él, cada sustantivo (son cinco en cada estrofa, excepto en la cuarta y quinta, que son cuatro), referido al sujeto que ridiculiza, suelen funcionar como metonimias de aquellos. Representan su poder, su autoridad, su soberbia, etc. El estribillo “es un grande majadero”, repetido en cada una de las seis estrofas, crea un sonsonete que refuerza la burla contra los poderosos.

La descripción que realiza de cada personaje satirizado es aguda y mordaz; se logra a base de sustantivos metonímicos, a veces acompañados adjetivos epítetos que muestran el engolamiento de estos individuos. Por ejemplo, al “señor graduado”, nos lo pinta con una “roja borla” (v. 2) y un “blanco guante”; queda fijado en nuestra retina con su ridícula vestimenta. Otra veces los muestra en movimiento, realizando alguna acción, como al “juez de fiera cara” (v. 29) que está sentenciando a un “desdichado reo”.

El poema le baja las ínfulas a gente poderosa que, ensoberbecidos, piensan que son realmente importantes en el mundo. No más que el propio poeta, como expresa irónica y festivamente en la última estrofa. Al fin y al cabo, nos viene a decir, todos somos algo majaderos a poco que la oportunidad nos sea propicia. Vemos que el poema va más allá de la mera sátira social, para reflexionar con amargura melancólica sobre la triste condición humana.

El poema es agudo y mordaz, y pone el dedo en la llaga de un defecto muy común: la soberbia; el deseo de sentirse superior sin causas reales es algo tan común como repugnante, nos indica el poeta, a vueltas de sus descripciones ridiculizadoras.

1.6. Contextualización

Como ya afirmamos, José Iglesias de la Casa (Salamanca, 1748 – Carbajosa de la Sagrada, Salamanca, 1791) es un excelente poeta de la España neoclásica, miembro de la Escuela de Salamanca. Estudió en la universidad de su ciudad y accedió al orden sacerdotal a los treinta y cinco años, lo que le aseguró un sustento razonable. 

Escribió bastante poesía satírica, bucólica, elegíaca y didáctica, como La niñez laureada. Sus Poesías (1795) recoge póstumamente su producción en verso. 

1.7. Interpretación y valoración

Este poema satírico, o letrilla, posee una enorme vigencia y actualidad. Critica con gracia y picardía la soberbia de ciertos tipos sociales que comparten la riqueza, el poder, la influencia y la soberbia ostentosa. Iglesias los rebaja a meros imbéciles con suerte o habilidad para llegar a lo más alto. El poema imprime un quiebro final muy interesante; ahí, el sujeto lírico se trata a sí mismo como uno más de esos tipos “majaderos”. Todo es una broma, con un fondo de verdad, nos viene a decir; así que nos sugiere tener cuidado con tomar sus palabras en serio, puesto que su propia palabra no es muy fiable.

  1. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 

5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a las percepciones sensoriales de la primavera, y cómo impactan en el poeta y, después, en el lector. 

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Qué significa “majadero” en el contexto del poema? 

2) De los seis tipos sociales ridiculizados, ¿cuál te parece más cercano a nuestro tiempo? 

3) Localiza los sustantivos claves para entender la petulancia de los poderosos. . ¿Qué sensación aportan? 

4) ¿Cómo se aprecia en el texto el humor? ¿Ejerce una influencia positiva o negativa?

5) ¿Cómo comprendemos la sátira y la ironía presentes en el poema?

6) El poema, ¿trata por igual a los individuos de un grupo determinado? ¿Eso es justo o injusto? 

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un poema o texto en prosa que satirice a tipos sociales con graves defectos personales. Puedes imprimir un sentido humorístico y ridiculizador, como ha realizado el poeta José Iglesias.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta José Iglesias a propósito de su poema y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre José Iglesias de la Casa, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar una crítica satírica, humorística e irónica, donde tú mismo te incluyas como satirizado; serán reflejo de  un grupo social censurable desde tu punto de vista, siguiendo el ejemplo de José Iglesias.

Juan Meléndez Valdés: «De la primavera»; análisis y propuesta didáctica

JUAN MELÉNDEZ VALDÉS – “De la primavera”

De la primavera

[1] La blanda primavera          1

derramando aparece

sus tesoros y galas

por prados y vergeles.

[2] Despejado ya el cielo        5

de nubes inclementes,

con luz cándida y pura

ríe a la tierra alegre.

[3] El alba de azucenas

y de rosa las sienes               10

se presenta ceñidas,

sin que el cierzo las hiele.

[4] De esplendores más rico

descuella por oriente

en triunfo el sol y a darle        15

la vida al mundo vuelve.

[5] Medrosos de sus rayos

los vientos enmudecen,

y el vago cefirillo

bullendo les sucede,              20

[6] el céfiro, de aromas

empapado, que mueven

en la nariz y el seno

mil llamas y deleites.             

[7] Con su aliento en la sierra 25

derretidas las nieves,

en sonoros arroyos

salpicando descienden.

[8] De hoja el árbol se viste,   

las laderas de verde,              30

y en las vegas de flores

ves un rico tapete.          

[9] Revolantes las aves

por el aura enloquecen,         

regalando el oído                    35

con sus dulces motetes;

[10] y en los tiros sabrosos

con que el Ciego las hiere

suspirando delicias,               

por el bosque se pierden,       40

[11] mientras que en la pradera

dóciles a sus leyes

pastores y zagalas

festivas danzas tejen         

[12] y los tiernos cantares 45   

y requiebros ardientes

y miradas y juegos

más y más los encienden.

[13] Y nosotros, amigos,    

cuando todos los seres      50

de tan rígido invierno

desquitarse parecen,

[14] ¿en silencio y en ocio

dejaremos perderse          

estos días que el tiempo     55 

liberal nos concede?

[15] Una vez que en sus alas

el fugaz se los lleve,

¿podrá nadie arrancarlos    

de la nada en que mueren?  60

[16] Un instante, una sombra

que al mirar desaparece,

nuestra mísera vida

para el júbilo tiene.              

[17] Ea, pues, a las copas,  65

y en un grato banquete

celebremos la vuelta

del abril floreciente.

  1. ANÁLISIS
  2. Resumen

Juan Meléndez Valdés, conocido también por el seudónimo de Batilo, (Ribera del Fresno, Badajoz, 1755 – Montpellier, Francia, 1817) es un un excelente poeta de la España neoclásica. Sus poemas, de corte anacreóntico, describen una naturaleza atractiva y armoniosa y anima al discreto goce de los placeres naturales.

El poema que ahora nos disponemos a analizar. En la primera estrofa, la primavera, personificada, aparece regalando bienestar y placer. La segunda estrofa describe el cielo azul y limpio, agradable de ver. La tercera estrofa se fija en las flores, las azucenas y las rosas, hermosas de ver, sin miedo a que el viento frío del norte las hiele. La cuarta estrofa describe el sol y los días largos, alegrando a las personas. La quinta estrofa insiste en que el frío viento se retira y, a cambio, una suave brisa lo reemplaza. En la sexta estrofa se presenta el céfiro (viento suave del sur, o del oeste) como portador de aromas placenteros y agradables. Los arroyos, cargados de agua por el deshielo, descienden alegres por las laderas, pinta en en séptima estrofa. En la octava se fija el sujeto lírico en los colores del campo: el verde predomina, por el color de las hojas y de las hierbas. La novena estrofa se fija en el canto de las aves, alegre y risueño, llenándolo todo. La décima estrofa parece referirse a los cantos de amor (Ciego parece aludir a Cupido, el ser mitológico que propicia el amor; se representa con los ojos vendados). En la undécima estrofa aparecen los humanos por primera vez; los pastores se divierten con cantos y bailes, festejando la llegada del buen tiempo. La duodécima estrofa narra el nacimiento y crecimiento de pasiones amorosas entre los pastores. Las estrofas número trece y catorce forman una sola unidad sintáctica y semántica; apela a sus amigos, para que aprovechen y celebren la llegada de la primavera. La décimo quinta estrofa advierte que lo que el tiempo se lleva, nunca volverá, pues todo está destinado a perecer. La décimo sexta estrofa advierte que la vida es breve, y conviene celebrar, aunque sea efímero, el momento de la alegría. La décimo séptima y última estrofa apostrofa a sus amigos para que celebren con un banquete la llegada de la primavera.

2. Tema

El tema del poema es la celebración de la llegada de la primavera. También se desarrollan otros subtemas, como son: el buen tiempo aumenta la alegría y la felicidad; y, finalmente el exhorto a los amigos del sujeto lírico para que celebren con regocijo la llegada de la primavera.

3. Apartados temáticos

El poema presenta una estructura tripartita bien reconocible. Tenemos:

-Las doce primeras estrofas (vv. 1-48) forman un primer apartado. Posee un tono descriptivo; pinta con palabras los distintos aspectos y sensaciones placenteros que trae la naturaleza (cromáticas, táctiles, olfativas y auditivas).

-Las estrofas 13-16 (vv. 49-64) constituye el segundo apartado temático. Exhorta a los amigos a celebrar placenteramente la llegada de la primavera porque se irá, como se va todo, y finalizará, como sus mismas vidas, en la muerte. 

– La décimo séptima estrofa (vv. 65-68) conforma el último apartado. Posee un claro tono conclusivo. Reitera la invitación a los amigos para celebrar con un banquete, y lo que implica de fiesta y regocijo, la llegada de la primavera.

4. Aspectos métricos y de rima

Este poema está compuesto por sesenta y ocho versos agrupados en diecisiete estrofas de cuatro versos cada una. Los versos son heptasílabos (siete sílabas; arte menor, por tanto). La rima asonante en é-e entre los versos pares (coinciden solo las vocales desde la última vocal tónica de la última palabra de cada verso) queda establecida así: -a-a. Meléndez Valdés ha empleado el romancillo como estrofa de su composición. Se trata de una variante del romance (en este, los versos son octosílabos y se agrupan en tiradas o series de extensión indeterminada, a voluntad del poeta). Es una estrofa popular, propia de la poesía folclórica, de origen anónimo, colectivo y oral, cuyo origen se hunde en el final de la Edad Media. Meléndez Valdés agrupa los versos en estrofas de cuatro versos (recordando levemente a la redondilla o a la cuarteta), lo que sirve para crear una cadencia suave y melodiosa.

5. Comentario estilístico

El poema posee un tono descriptivo y exhortativo muy importante. El yo lírico pinta con palabras cómo es la llegada de la primavera. Todo es positivo, alegre, placentero a los sentidos. El poema se abre con una sinestesia que anuncia esas sensaciones: “blanda primavera” (v. 1); inmediatamente se personifica esa estación a través del verbo “derramando aparece” (v. 2); las dos bimembraciones y el paralelismo consiguiente en los versos 3 y 4 refuerzan la idea de bienestar: “tesoros y galas”, “prados y vergeles”. El sujeto lírico crea un marco físico y otro mental donde se desarrolla su percepción de la naturaleza. Los hipérbaton y encabalgamientos, constantes en todo el poema, contribuyen poderosamente a la creación de una melodía de fondo que recorre el poema; como una música suave y cadenciosa que se crea en la propia lectura.

En la segunda estrofa se destaca la percepción visual: la primavera trae luz y el cielo está “despejado” (v. 5). En esta estrofa los adjetivos, epítetos en su mayor parte, crean una sensación de bienestar. La luz es “cándida y pura” (v. 7), la tierra es “alegre” (v. 8), frente a las nubes “inclementes” (v. 6); se crea así una antítesis que realza el bienestar primaveral.

La tercera estrofa es de naturaleza cromática y floral. Las “azucenas” y la “rosa” imponen su presencia alegre, sin peligro de que el viento frío del norte las hiele, pues este ha desaparecido. El amanecer primaveral es tan hermoso como el de una persona con su cabeza ceñida por una corona de flores.

La cuarta estrofa se dedica al sol. Se narra su llegada como algo positivo. Su venida es un “triunfo” (v. 15), metáfora de la victoria primaveral. El astro revivifica al mundo, como si fuera un dios lleno de “esplendores” (v. 13), metáfora de lo vivificante. Obsérvese la metonimia por la que la primavera entera se identifica con un amanecer de un solo día.

La quinta estrofa describe las percepciones acústicas y táctiles del viento. Personificado (“los vientos enmudecen”), el viento frío se retira y, a cambio, un “cefirillo”, el viento cálido del sur, lo sustituye. También se personifica este a través del gerundio “bullendo” (v. 20), significando que traen vida.

La sexta estrofa, toda ella formada por una oración, se dedica a ese viento benéfico. Trae aromas suaves y remueve los deseos y pasiones de las personas (aludidos metafóricamente a través de “llamas y deleites”). Otra vez las bimembraciones y el paralelismo (“nariz y seno”, “llamas y deleites”, vv. 23 y 24) aportan una musicalidad suave y agradable. Notemos que ahora han surgido reacciones humanas; hasta ahora solo eran descripciones del mundo natural.

En la séptima estrofa se vuelve al marco natural: se describen los “sonoros arroyos” (v. 27), cargados de agua por el deshielo. Tenemos una percepción auditiva y otra visual, formando un efecto sinestésico de una sensación agradable. Las personificaciones de “sierra” y “arroyos” potencian la significación de armonía natural.

En la octava estrofa predominan las percepciones cromáticas, en concreto el color “verde” (v. 30), aplicado a tres elementos naturales: los árboles, las laderas y las vegas cubiertas de flores. El marco natural, ahora, visto en un plano más vertical, es placentero y bello. Nótese como el sujeto lírico se dirige a un lector implícito, a través del verbo es segunda persona “ves” (v. 32); este se ve incluido en la percepción de la naturaleza y, de algún modo, participa de su belleza. Ese color verde se potencia con la metáfora “rico tapete” (v. 32) referido a la capa vegetal de la tierra. 

La novena estrofa se concentra en las percepciones auditivas, todas alegres, pues estas son los cantos de las aves; entonan verdaderas canciones sentimentales y espirituales, a las que se alude a través de la metáfora personificada “dulces motetes” (v. 36); un motete es una breve composición musical de carácter religioso en torno a alguna palabra de la Eucaristía. El efecto benéfico se expresa con el verbo “regalando” (v. 35); la persona se calma escuchando esta música. Nótese también la abundancia de verbos y perífrasis verbales, en esta primera sección del poema, en gerundio; crean una sensación de alargamiento de la acción, como si se estirara en el tiempo. La sinestesia generada en “dulces motetes” incrementa la atmósfera de felicidad.

La décima estrofa advierte de la presencia del amor; se alude a él a través del “Ciego” (creemos que se refiere al dios Cupido), que lanza “tiros sabrosos” (v. 37) con su arco para herir de amor a las aves del campo. La paradoja de la expresión anterior potencia la significación de la alegría indescriptible traída por la primavera.

La undécima estrofa es continuación de la anterior (sintácticamente, forman una única oración, junto con la duodécima). Ahora aparecen personajes humanos: “pastores y zagalas” (v. 43) celebran con “danzas” (v. 44) la llegada de la primavera. El sujeto lírico se ha fijado en individuos sencillos y de vida campestre, metáfora de la simplicidad natural. “Dóciles a sus leyes” (v. 42) advierte que la reacción festiva de los pastores es algo inevitable, pues la primavera lo exige así.

La duodécima estrofa alude al nacimiento del amor y de las pasiones, que crecen como un fuego (al que se alude a través de la metáfora “los encienden”, v. 48) en las personas. Es muy llamativo el polisíndeton de esta estrofa (se repite cinco veces la conjunción “y), al menos una vez cada verso. Refuerza la significación de lo impetuoso e imparable del efecto sentimental que trae la primavera. La repetición “más y más” (v. 48) no hace sino insistir en ese tema; lo mismo que ocurre con las sinestesia “tiernos cantares” (v. 45) referida a la música que incrementa el amor.

En la décimo tercera estrofa el sujeto lírico se dirige a sus amigos, en un tono conversacional, intimista y amistoso (justo lo que hicieron los poetas de la Generación del 50, en España, tras la guerra civil; Meléndez Valdés se adelantó un siglo y medio; en las artes, no hay nada nuevo bajo el sol). La estrofa entera es la primera parte de la oración que llama a celebrar con regocijo la llegada de la primavera, que nos libra del “rígido invierno” (v. 51). La antítesis intensifica el valor de aquella frente a este.

La décimo cuarta estrofa, segunda parte de la oración, se resuelve en una interrogación retórica interpelando a los amigos para que ellos también celebren el advenimiento primaveral, pues, de lo contrario, esos días se perderán. Nótese la personificación de los días y el tono reflexivo y existencial que ahora se añade al poema.

La elipsis de “días” en la décimo quinta estrofa ya advierte de que pronto desaparecerán. El tiempo vuela (se expresa a través de la metáfora “en sus alas / el fugaz se los lleve”, vv. 56-57) y no hay modo de volver atrás. La terrible metáfora, muy sombría, “la nada en que mueren”, referidos a los días, advierte que la muerte es el destino final de todo y de todos. La interrogación retórica de los dos últimos versos es una afirmación enfática del siniestro panorama.

La décimo sexta estrofa intensifica este mensaje. Es una oración enunciativa de sentido metafísico. La “mísera vida” (v. 63) del hombre ha de entretenerse con estos instantes muy breves y fugaces, como advierte la metáfora de “sombra” (v. 61) aplicada a esos momentos. Se trata de un razonamiento que refuerza la idea de la brevedad de la vida.

La décimo séptima y última estrofa muestra una naturaleza exhortativa, casi imperativa. Se abre con una interjección, “Ea” (v. 65), para animar a los amigos a la conmemoración, todos juntos, como expresa el verbo en primera persona del plural (“celebremos”, v. 67). La metonimia de “a las copas” significa que es el momento de entregarse al placer y al gusto más sensorial, para compensar el invierno y la muerte. El “abril floreciente”, verso final del poema, es metáfora y metonimia en sí mismo de la alegría, la felicidad y la esperanza; ha venido, será breve, pero alegrémonos con él, pues todo es demasiado breve en esta vida.

Como hemos podido ver, el poema posee un tono exaltatorio de la primavera, pero también contiene una reflexión sobre la vida humana, de tintes sombríos y lúgubres. Precisamente porque la vida es breve, gocemos de los breves ratos de felicidad y alegría entregándonos a los discretos placeres a nuestro alcance. El poema posee un tono de contención y sencillez, como queriendo acompasar la expresión al contenido. Sin embargo, en el fondo, bien visto, descubrimos un ejercicio poético de sencillez elaboradísima que busca transmitir un exhorto en un sentimiento de melancolía, celebrando la amistad y la primavera.

6. Contextualización

Como ya afirmamos, Juan Meléndez Valdés, conocido también por el seudónimo de Batilo, (Ribera del Fresno, Badajoz, 1755 – Montpellier, Francia, 1817) es un un excelente poeta de la España neoclásica. Su formación humanista y jurídica en la Universidad de Salamanca (donde formó tertulia amistosa y literaria con Cadalso, Quintana e Iglesias, todos ellos preclaros escritores neoclásicos) le permitió ocupar puestos de juez y otras instancias políticas y dedicarse a la poesía, su verdadera vocación, para la que poseía un enorme talento.

Alcanzó gran prestigio en vida, sobre todo a raíz de la publicación de Batilo y de sus Poesías por el prestigioso e influyente impresor madrileño Joaquín de Ibarra, en 1785. Sus ideas de progreso, justicia y racionalidad lo llevaron a colaborar con el gobierno francés de José Bonaparte. Cuando este cayó en 1813 y hubo de huir a su país de origen precipitadamente, Francia, tratando de robar un inmenso patrimonio artístico español, Meléndez Valdés y otros muchos “afrancesados” también abandonaron España. De ahí su muerte en Francia, aunque sus restos volvieron a España con posterioridad. Sus Discursos forenses (1821) alcanzaron notoriedad. Sin embargo, su Oda a José Bonaparte (1810-1811) no hizo sino propagar su imagen de “afrancesado” y traidor a la patria, lo que no es del todo justo.

7. Interpretación y valoración

Este hermoso y equilibrado poema transmite asuntos aparentemente sencillos, pero bien hondos si los examinamos con cierto detenimiento. Parece que todo se resuelve en una loa a la primavera, pero lo que descubrimos es una reflexión melancólica sobre la vida humana, un canto a la amistad y una invitación a vivir los momentos felices con la mayor intensidad posible, pues todo es breve y efímero.

La belleza de la primavera es captada con muchos matices sensitivos, pues el sujeto lírico aplica una mirada intensa y atenta. Descubre armonía en la naturaleza, belleza en sus componentes naturales (un arroyo, los árboles, las aves, el suave viento, algún aroma, etc.) y una llamada al disfrute de la existencia, pues todo es demasiado breve. En este sentido, el poema es una alegoría de los instantes de felicidad, que debemos disfrutar; la primavera son esos pequeños instantes que no debemos dejar escapar.

El poema es transparente, equilibrado y proporcionado. El fondo y la forma sintonizan a la perfección. Esta composición es anacreóntica, pues canta a la alegría y al hedonismo, al disfrute de la vida, que no siempre es fácil.

2. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 

5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a las percepciones sensoriales de la primavera, y cómo impactan en el poeta y, después, en el lector. 

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Qué significa la primavera para el sujeto lírico? 

2) El poeta, ¿qué sentimientos existenciales y espirituales muestra? 

3) Localiza las imágenes naturales con las que se explica la belleza primaveral. ¿Qué sensación aportan? 

4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de los amigos? ¿Ejerce una influencia positiva o negativa?

5) ¿Cuáles son los componentes del mundo natural reseñados en el poema? ¿Es una imagen realista y objetiva? 

6) Observa detenidamente la última estrofa. ¿Qué palabra incita a la celebración hedonista? “Copa” y “abril floreciente, a qué se refieren? ¿Se puede decir que sintetizan el sentido del poema? 

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese el estado interior de una persona, real o imaginaria a través de la contemplación de un paisaje, un fenómeno atmosférico o elemento natural concreto. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Meléndez Valdés.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Juan Meléndez Valdés a propósito de su poema y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre Juan Meléndez Valdés, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar un estado espiritual, anímico o existencial a través de una contemplación (por ejemplo: el mar, un árbol, un paisaje, el sol, etc.); serán reflejo de  un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de Meléndez Valdés.

Leandro Fernández del Moratín: «El sí de las niñas»; análisis y propuesta didáctica

LEANDRO FERNÁNDEZ DEL MORATÍN: El sí de las niñas

  1. ANÁLISIS
  1. Resumen

Acto I

Escena I

Don Diego, señor de cincuenta y nueve años, de buena posición social, ha concertado un matrimonio con la joven y agraciada Paquita (doña Francisca), dieciséis años. Está interna en un convento de Guadalajara. Viene camino de Alcalá, donde la espera el futuro marido, acompañado de su criado, Simón. Don Diego muestra sus temores al qué dirán. Simón pensaba que la chica se iba a casar con don Carlos, sobrino de don Diego, teniente coronel del ejército español. Don Diego lleva dos días sin salir de la posada por no encontrarse con gente conocida y tener que dar explicaciones. Simón creía que Paquita se casaría con el sobrino.

Escena II

Primer encuentro de la madre, doña Irene, y la hija, doña Francisca, con don Diego, en la posada. Han llegado cansadas del viaje y traen baratijas religiosas del convento.

Escena III

Doña Irene presume de familia noble y afamada, con religiosos de renombre. Doña Francisca se despide a la francesa, con mucha ceremonia, tras insistir.

Escena IV

Doña Irene está viuda y se ha casado tres veces. Ha tenido veintidós partos, pero solo doña Francisca está viva. Defiende la gran diferencia de edad entre marido y mujer, no es mayor obstáculo.

Escena V

Convienen salir de Alcalá al día siguiente, a las seis de la mañana.

Escena VI

Rita es la criada de doña Irene; alimenta a un tordo que llevan con ellas. 

Escena VII

Monólogo breve de Calamocha, el cochero. Dice estar muy cansado.

Escena VIII

Calamocha es el criado de don Carlos. Cuando se entera de que Paquita se iba a Alcalá, saliea toda prisa de Zaragoza, y ya ha llegado. Se lo cuenta a Rita; esta le narra cómo Paquita está disgustada por el matrimonio que le arregla su madre, pero lo acepta. Han parado en Alcalá a visitar a una tía monja. Tienen habitación reservada en la misma posada. Los diálogos se han desarrollado en el salón común. Rita y Paquita comparten una habitación. Calamocha se va a avisar a don Carlos de la situación.

Escena IX

Rita habla con Paquita. Le dice que el tan don Felix, que la había cortejado en Guadalajara, está en Alcalá. Es un hombre recto y educado, y la quiere. Ella insinúa que también siente algo por él. La criada le indica que le señalará cuando entren en la posada, con una tosecilla fingida.

Acto II

Escena I

Doña Paquita, a oscuras, lamenta las desdichas de amor. 

Escena II

Llega su madre y le reprocha el estar a oscuras y no ser más diligente con don Diego, su futuro marido. Trata de convencerla que es un matrimonio muy ventajoso para ella.

Escena III

Rita trata de ayudar a Paquita, que está impaciente por la llegada de don Carlos. Es de noche, hace calor. La criada ha de llevar una carta al correo y hacer una sopa de cena para madre e hija.

Escena IV

Vuelve la madre a alabar la riqueza y buena casa de don Diego. Malentendido entre ambas porque doña Irene cree que su hija quería ser monja, que eso hace que esté distraída, pero al fin se deshace la situación, para alivio de Paquita.

Escena V

Don Diego le dice a Paquita que si no siente nada por él, no tiene por qué casarse. Doña Irene interrumpe constantemente, protestando de la virtud y obediencia de su hija; dice que la molería a palos si no fuera una joven virtuosa y obediente. Se van los tres medio llorando, pero Rita detiene a Paquita.

Escena VI

Rita le advierte que don Carlos ya ha llegado. Lo ve entrar en la posada, disimuladamente. Tiene miedo. Rita le aconseja juicio y valor.

Escena VII

Don Carlos y Paquita se reafirman en su amor. Ella le dice que su madre quiere casarla en Madrid al día siguiente. Él le dice que no lo consentirá.

Escena VIII

Rita le insta a Paquita a que se recoja. Al día siguiente verán al prometido viejo, con peluquín.

Escena IX

Se disponen a cenar. Carlos y Calamocha ven a Simón y se sienten en un aprieto. Piensan mentir.

Escena X

Carlos, Simón y Calamocha charlan, pero no descubren la verdad de por qué están todos en Alcalá. Se dan largas.

Escena XI

Tío y sobrino se ven. Don Diego reacciona airadamente, por la ligereza de su sobrino, al venir a Madrid sin avisarlo. El sobrino se disculpa. Don Diego les ordena ir a dormir a otra posada inmediatamente y salir de madrugada para Zaragoza.

Escena XII

Don Diego le advierte a don Carlos que ha de marcharse de allí inmediatamente, pero no da razones. Le advierte que conoce un viaje furtivo que hizo a Guadalajara. Se despiden sentidamente.

Escena XIII

Breve monólogo de don Diego; está contento del arreglo de la situación. Quiere a su sobrino.

Escena XIV

Rita y Paquita lamentan la situación de esta, pues su amor por don Félix no fructifica del todo. Hace calor. Doña Irene ya duerme.

Escena XV

Simón le cuenta a Paquita que un oficial militar vino de Zaragoza, pero que no sabe dónde está ahora. Le preocupa su cena, pues tiene hambre.

Escena XVI

Rita y Paquita comprenden que su don Félix ya no está en la posada, que se ha ido por el camino de Zaragoza. Se siente traicionada y desdichada, pues él la ha engañado.

Acto III

Escena I

Simón y su señor don Diego se despiertan; son las tres de la mañana. Don Diego justifica la expulsión de su sobrino de Alcalá, aunque le queda un resquemor. Oyen música de enamorados en la calle. También tres palmadas, que es la señal convenida entre Paquita y don Diego.

Escena II

Don Carlos le lanza una carta a la habitación de Paquita, pero esta no la ve, por la oscuridad; le dice que ahí da toda la explicación de por qué ha de marchar arrebatadamente, pero que la quiere; ella le corresponde. Simón pasa, tropieza con la jaula del tordo. Paquita y Rita se retiran a su habitación.

Escena III

Don Diego, que ha escuchado la conversación sospecha que es Paquita la que anda en amores. Encuentran la carta; buscan luz.

Escena IV

Monólogo de don Diego; muestra su pesar y sus celos. No acierta a buscar culpables de su situación. Abatido, no sabe qué hacer.

Escena V

Rita y Paquita buscan la carta, pero no la encuentran. Rita se cruza con don Diego y Simón. Se excusa por el ruido y dice que fue la jaula del tordo, que acaso un gato atacó. Muchos sobreentendidos entre ellos, pues sospechan unos de otros.

Escena VI

Paquita está atribulada. Piensa que su “don Félix” la ha abandonado, que todo, la carta incluida, es una gran mentira. Se decide a enfrentarse a don Diego, que se acerca.

Escena VII

Don Diego manda a Simón salir a escape con el caballo Moro para hacerles volver (no se dice, pero se entiende que a don Carlos y Calamocha). Se topa con Paquita y se saludan.

Escena VIII

Conversación a solas de don Diego y Paquita. Esta le confiesa que lo quiere bien, pero no lo ama, y no se casaría con él si no tuviera que obedecer a su madre. Él le pide confianza.

Escena IX

Simón regresa con don Carlos, que está temoroso, esperando que lo llame don Diego.

Escena X

La carta que tiene don Diego descubre a Don Carlos. Este le cuenta cómo ha conocido a Paquita en Guadalajara, pasando una noche en casa de un intendente; en una fiesta de cumpleaños conoce a Paquita; se enamoran, se cartean, aunque ella está en el convento; se medio ven a hurtadillas. El intendente hizo correr la voz que don Carlos era don Félix (como se llaman muchos personajes amantes de Calderón). Quiere marchar para no importunar a su tío, pero este le manda esconderse en un cuarto, pues se acercan Paquita y su madre doña Irene.

Escena XI

Don Diego le enseña la carta a doña Irene, que no puede creer su contenido. Esta interrumpe y dice boberías sobre sus antiguos maridos. Defiende la honra de su hija.

Escena XII

Don Diego lee la carta ante doña Irene y Paquita. La madre amenaza con matarla, la hija pide perdón.

Escena XIII

Don Carlos irrumpe porque teme que doña Irene haga algún dislate con Paquita. Proclaman su amor. Don Carlos ya no teme a la soledad de la vejez, pues tendrá sobrina y nietos que alegrarán sus días. Doña Irene está loca de contenta. Final feliz.

  1. Temas 

Los temas tratados en esta pieza dramática son:

  • Crítica a los matrimonios por conveniencia con una fuerte diferencia de edad entre el hombre y la mujer.
  • Crítica de la hipocresía social, que admite como bueno lo que solo es un arreglo económico.
  • Rechazo a la manipulación de los jóvenes para que acepten situaciones familiares absurdas.
  1. Apartados temáticos

Fernández del Moratín divide la materia dramática en tres actos, según el modelo clásico. El primero se dedica a la presentación de los personajes y del conflicto. El segundo acto lo desarrolla hasta llevarlo al punto máximo de tensión, el clímax dramático. El tercero alarga la intriga, que solo encuentra una solución en la escena final.

  1. Personajes del drama

Don Diego: hombre casi sesentón, sensato y amable. Su deseo de casarse con una chica joven para que le haga compañía y lo cuide en la ya próxima vejez le complican la vida. Actúa con cautela (no se deja ver en Alcalá, donde espera ver a la novia) y sentido común. Al comprender la situación de la novia, enamorada de su sobrino, pliega velas y propicia el matrimonio de los jóvenes.

Doña Francisca: es la joven de dieciséis años, graciosa y agraciada. Es obediente a su madre, doña Irene, pero la fuerza del amor y el ímpetu juvenil la empujan a una situación imposible, cual es la de aceptar un matrimonio descompensado para satisfacer a su madre y asegurar su infelicidad para el resto de sus días.

Doña Irene: es la madre de la novia. Resulta estrafalaria, obsesionada con la honra, parlanchina de más y un tanto hipócrita. Lo que de verdad le preocupa es su situación económica para la vejez, de ahí que fuerce el matrimonio de su hija, aun en contra de la voluntad de esta.

Don Carlos: es el novio. Militar de profesión, no duda en engañar a su tío para avanzar en su relación con Paquita. Cuando se ve pillado, pliega velas y se muestra obediente, aunque disconforme.

Rita y Simón: son los criados de Paquita y de don Diego. Aparecen como personas razonables; tratan de ayudar a que el amor de los jóvenes triunfe sobre los amaños de los viejos.

  1. Lugar y tiempo de la acción dramática

La acción se desarrolla en una posada de Alcalá de Henares; más en concreto, en su sala de estar, que funciona como de distribuidor de las distintas habitaciones de esa planta. Es un lugar bastante incómodo y pobreto, con mucho ruido que sube de la calle, de día y de noche.

El tiempo de la escritura se remite a los años previos a 1906, fecha del estreno. La acción es contemporánea al de la escritura: principios del siglo XIX. La duración de la acción está muy concentrada: unas doce horas, más bien escasas, desde el atardecer hasta el amanecer del día siguiente.

  1. Comentario estilístico

Fernández del Moratín es un autor neoclásico, imbuido de las ideas estéticas de la Ilustración. Las notas caracterizadoras, aplicadas a la literatura teatral, son:

– Abordaje de temas y problemas de la sociedad contemporánea, con una intención crítica y moralizadora. El teatro, después de todo, es una escuela de aprendizaje social y ético.

– Vigencia del principio de la verosimilitud y la moderación: los personajes, los temas y el modo de actuar entran dentro de un comportamiento normal y creíble en individuos de esa época y condición.

– Racionalismo cívico, es decir, la obra de teatro ha de inculcar a los espectadores un sentido de la existencia humana guiada por la razón, la lógica y la naturalidad.

– Lenguaje natural, llano y coloquial, sin caer en el alambicamiento ni en la vulgaridad. Se imita el modo de hablar y actuar de las personas de bien. El léxico cuidado, exacto y apropiado alterna con expresiones de gusto popular y modismos de la época.

-Respeto a las tres unidades clásicas de lugar, tiempo y acción. Un solo hilo argumental se desarrolla en un solo lugar, en una unidad de tiempo delimitada; en este caso, un día, y escaso.

  1. Contextualización

Leandro Fernández del Moratín (Madrid, 1760 – París, 1828) es un estupendo escritor y, en concreto, dramaturgo del Neoclasicismo español. Dotado de una robusta educación y de un buen ingenio literario, contribuyó a las letras españolas con obras elaboradas bajo los parámetros de la ilustración: elegancia, armonía, claridad, intención didáctica y pretensiones reformistas. Sus obras teatrales alcanzaron ya en vida mucha resonancia. Fernández del Moratín era afrancesado, es decir, apoyó el gobierno de José Bonaparte tras la invasión francesa. Pensaba que la influencia francesa era positiva porque aportaba racionalidad, modernidad y una rebaja del poder de los estamentos tradicionalmente poderosos: la Iglesia y la nobleza. Eso explica que, tras la expulsión de José Bonaparte del trono de España, emprendiera el camino del exilio y muriera en Francia.

Además de la ahora analizada, son célebres La comedia nueva, La mojigata, etc. Alcanzó prestigio con La derrota de los pedantes; se trata de un texto en prosa en el que, imitando a Cervantes en El viaje del Parnaso, critica a los autores retoricistas, barrocos, disparatados y palabreros en exceso. Lamenta las exageraciones argumentales y el mal gusto, y aboga por un estilo natural, templado y con intención didáctica, como buen neoclásico. Escribió libros de viaje de no poco talento, como Apuntaciones sueltas de Inglaterra. Su poesía es fielmente neoclasicista; se recuerdan sus Odas y su Sátira contra los vicios (1782); es una crítica a la poesía exagerada y, para él, corrupta de los barrocos y sus epígonos.

  1. Interpretación y valoración

El sí de las niñas es una pieza dramática muy equilibrada en todos sus componentes. Nada resulta estridente ni exagerado, tanto en la expresión como en el contenido. En ese sentido, la lectura es fácil, amena y ligera; el lector vuela por el texto con gran facilidad y total comprensión. No dejan de aparecer ciertos rasgos de humor, como la charlatanería inacabable de doña Irene y la presencia de un tordo enjaulado que reza oraciones de noche, impidiendo el descanso de los próximos a su jaula.

Fernández del Moratín aborda un tema muy actual en su época, cual era el de los matrimonios por conveniencia entre un hombre mayor y una mujer joven. Él ganaba en cuidados, ella protegía su seguridad económica para el presente y el futuro. Aunque estos tratos resultan un tanto chocantes e incluso repugnantes, Moratín nos presenta a la madre como la principal valedora de este arreglo. Lógicamente, va en contra de los sentimientos de la joven, pero a favor del interés económico presente y futuro de la madre y de ella. La imposibilidad de elegir marido es un serio recorte a la libertad individual, y esto es lo que critica Moratín.

La obra es muy equilibrada en la disposición del contenido y la intriga argumental está muy bien dosificada. Va in crescendo de un modo suave, pero constante. Moratín se sujeta a las normas aristotélicas de composición dramática (las famosas tres unidades), pero se aleja de la tajante separación entre comedia y tragedia, pues vemos que aparecen ciertos rasgos cómicos entremezclados con el asunto serio, que marca el hilo conductor del drama.

Esta pieza es muy actual y relevante porque toca el tema de la libertad individual en un asunto muy sensible y trascendente, cual es el de elegir cónyuge. La leemos hoy con la curiosidad y complacencia con que se leyó en su día, hace doscientos años; es el mayor signo de su calidad imperecedera.

2. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo oral o escrito, en clase o en casa, individualmente o en grupo. La ayuda de las herramientas TIC complementan muy bien su realización).

2.1. Comprensión lectora

  1. ¿Por qué don Diego no quiere salir de la posada?
  2. ¿Quién habla más, la madre, doña Irene, o la hija, doña Francisca? ¿Por qué será así?
  3. Los futuros cónyuges, ¿muestran el mismo grado de felicidad ante el inminente matrimonio?
  4. ¿Qué animal, como mascota, acompaña a doña Irene y qué papel juega en la obra?
  5. Doña Francisca, Paquita, ¿siempre ha conocido a don Carlos por su verdadero nombre? ¿Por qué?
  6. ¿Qué le hace sospechar a don Diego que su sobrino don Carlos lo engaña?
  7. Los criados, ¿son razonables y fieles en su comportamiento y en sus palabras?
  8. ¿Qué ocurre a consecuencia de que don Diego encuentre la carta de su sobrino?
  9. Doña Francisca, ¿dice siempre la verdad cuando le preguntan por sus sentimientos amorosos?
  10. Al principio de la obra, ¿cómo justifica don Diego su matrimonio, sabedor de la enorme diferencia de edad con su futura esposa?

2.2. Interpretación y pensamiento analítico

  1. ¿Quién disimula más sus sentimientos, el novio, la novia, o la madre de esta?
  2. ¿Cúal es la experiencia matrimonial de doña Irene? ¿Afecta a su opinión y actitud ante el matrimonio de su hija?
  3. Rita, la criada, ¿de qué lado se pone en el conflicto sentimental de doña Francisca? ¿Por qué lo hace así?
  4. ¿Por qué don Diego cambia de opinión sobre su matrimonio?
  5. ¿Cómo se aprecia en la obra el sentido de la obediencia?
  6. ¿Qué le da seguridad a don Diego, pensando en su futura ancianidad, a pesar de no casarse?

2.3. Fomento de la creatividad

  1. Transforma el contenido de El sí de las niñas en un relato corto o en un poema, manteniendo cierta fidelidad al original.
  2. Imagina una entrevista de tu clase con Fernández del Moratín. ¿Qué preguntas le harías?
  3. Realiza una presentación ante la clase o la comunidad educativa sobre Fernández del Moratín, su vida, sus obras y su tiempo. La imagen y el texto combinados proporcionará excelentes resultados, además de la música, si es posible.
  4. Toma un problema social de nuestra sociedad, al estilo de Fernández del Moratín, y elabora una pequeña obra, dramática o de otro género, donde se aborde en su toda su realidad y se proponga una solución.
  5. La lectura dramatizada de toda la pieza o parte de ella es una experiencia muy enriquecedora y potenciadora de la correcta expresión oral.

2.4. Comentario de texto específico

A continuación se ofrece una escena de El sí de las niñas. Realiza un comentario de texto o exégesis textual, tocando los siguientes puntos:

1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico); 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del poema; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Acto III, Escena VIII

DON DIEGO, DOÑA FRANCISCA.

DON DIEGO.-   ¿Usted no habrá dormido bien esta noche?

DOÑA FRANCISCA.-   No, señor. ¿Y usted?

DON DIEGO.-   Tampoco.

DOÑA FRANCISCA.-   Ha hecho demasiado calor. 

DON DIEGO.-   ¿Está usted desazonada? 

DOÑA FRANCISCA.-   Alguna cosa. 

DON DIEGO.-   ¿Qué siente usted?  (Siéntase junto a DOÑA FRANCISCA.)  

DOÑA FRANCISCA.-   No es nada… Así un poco de… Nada… no tengo nada. 

DON DIEGO.-   Algo será, porque la veo a usted muy abatida, llorosa, inquieta… ¿Qué tiene usted, Paquita? ¿No sabe usted que la quiero tanto? 

DOÑA FRANCISCA.-   Sí, señor. 

DON DIEGO.-   Pues ¿por qué no hace usted más confianza de mí? ¿Piensa usted que no tendré yo mucho gusto en hallar ocasiones de complacerla? 

DOÑA FRANCISCA.-   Ya lo sé. 

DON DIEGO.-   ¿Pues cómo, sabiendo que tiene usted un amigo, no desahoga con él su corazón? 

DOÑA FRANCISCA.-   Porque eso mismo me obliga a callar. 

DON DIEGO.-   Eso quiere decir que tal vez soy yo la causa de su pesadumbre de usted. 

DOÑA FRANCISCA.-   No, señor; usted en nada me ha ofendido… No es de usted de quien yo me debo quejar.

DON DIEGO.-   Pues ¿de quién, hija mía?… Venga usted acá…  (Acércase más.)  Hablemos siquiera una vez sin rodeos ni disimulación… Dígame usted: ¿no es cierto que usted mira con algo de repugnancia este casamiento que se la propone? ¿Cuánto va que si la dejasen a usted entera libertad para la elección no se casaría conmigo? 

DOÑA FRANCISCA.-   Ni con otro.

DON DIEGO.-   ¿Será posible que usted no conozca otro más amable que yo, que la quiera bien, y que la corresponda como usted merece? 

DOÑA FRANCISCA.-   No, señor; no, señor. 

DON DIEGO.-   Mírelo usted bien. 

DOÑA FRANCISCA.-   ¿No le digo a usted que no? 

DON DIEGO.-   ¿Y he de creer, por dicha, que conserve usted tal inclinación al retiro en que se ha criado, que prefiera la austeridad del convento a una vida más…? 

DOÑA FRANCISCA.-   Tampoco; no señor… Nunca he pensado así. 

DON DIEGO.-   No tengo empeño de saber más… Pero de todo lo que acabo de oír resulta una gravísima contradicción. Usted no se halla inclinada al estado religioso, según parece. Usted me asegura que no tiene queja ninguna de mí, que está persuadida de lo mucho que la estimo, que no piensa casarse con otro, ni debo recelar que nadie dispute su mano… Pues ¿qué llanto es ése? ¿De dónde nace esa tristeza profunda, que en tan poco tiempo ha alterado su semblante de usted, en términos que apenas le reconozco? ¿Son éstas las señales de quererme exclusivamente a mí, de casarse gustosa conmigo dentro de pocos días? ¿Se anuncian así la alegría y el amor?  (Vase iluminando lentamente la escena, suponiendo que viene la luz del día.)  

DOÑA FRANCISCA.-   Y ¿qué motivos le he dado a usted para tales desconfianzas? 

DON DIEGO.-   ¿Pues qué? Si yo prescindo de estas consideraciones, si apresuro las diligencias de nuestra unión, si su madre de usted sigue aprobándola y llega el caso de… 

DOÑA FRANCISCA.-   Haré lo que mi madre me manda, y me casaré con usted. 

DON DIEGO.-   ¿Y después, Paquita? 

DOÑA FRANCISCA.-   Después… y mientras me dure la vida, seré mujer de bien. 

DON DIEGO.-   Eso no lo puedo yo dudar… Pero si usted me considera como el que ha de ser hasta la muerte su compañero y su amigo, dígame usted: estos títulos ¿no me dan algún derecho para merecer de usted mayor confianza? ¿No he de lograr que usted me diga la causa de su dolor? Y no para satisfacer una impertinente curiosidad, sino para emplearme todo en su consuelo, en mejorar su suerte, en hacerla dichosa, si mi conato y mis diligencias pudiesen tanto. 

DOÑA FRANCISCA.-   ¡Dichas para mí!… Ya se acabaron. 

DON DIEGO.-   ¿Por qué? 

DOÑA FRANCISCA.-   Nunca diré por qué. 

DON DIEGO.-   Pero ¡qué obstinado, qué imprudente silencio!… Cuando usted misma debe presumir que no estoy ignorante de lo que hay. 

DOÑA FRANCISCA.-   Si usted lo ignora, señor Don Diego, por Dios no finja que lo sabe; y si en efecto lo sabe usted, no me lo pregunte. 

DON DIEGO.-   Bien está. Una vez que no hay nada que decir, que esa aflicción y esas lágrimas son voluntarias, hoy llegaremos a Madrid, y dentro de ocho días será usted mi mujer. 

DOÑA FRANCISCA.-   Y daré gusto a mi madre. 

DON DIEGO.-   Y vivirá usted infeliz.

DOÑA FRANCISCA.-   Ya lo sé. 

DON DIEGO.-   Ve aquí los frutos de la educación. Esto es lo que se llama criar bien a una niña: enseñarla a que desmienta y oculte las pasiones más inocentes con una pérfida disimulación. Las juzgan honestas luego que las ven instruidas en el arte de callar y mentir. Se obstinan en que el temperamento, la edad ni el genio no han de tener influencia alguna en sus inclinaciones, o en que su voluntad ha de torcerse al capricho de quien las gobierna. Todo se las permite, menos la sinceridad. Con tal que no digan lo que sienten, con tal que finjan aborrecer lo que más desean, con tal que se presten a pronunciar, cuando se lo mandan, un sí perjuro, sacrílego, origen de tantos escándalos, ya están bien criadas, y se llama excelente educación la que inspira en ellas el temor, la astucia y el silencio de un esclavo.

DOÑA FRANCISCA.-   Es verdad… Todo eso es cierto… Eso exigen de nosotras, eso aprendemos en la escuela que se nos da… Pero el motivo de mi aflicción es mucho más grande.

DON DIEGO.-   Sea cual fuere, hija mía, es menester que usted se anime… Si la ve a usted su madre de esa manera, ¿qué ha de decir?… Mire usted que ya parece que se ha levantado. 

DOÑA FRANCISCA.-   ¡Dios mío! 

DON DIEGO.-   Sí, Paquita; conviene mucho que usted vuelva un poco sobre sí… No abandonarse tanto… Confianza en Dios… Vamos, que no siempre nuestras desgracias son tan grandes como la imaginación las pinta… ¡Mire usted qué desorden éste! ¡Qué agitación! ¡Qué lágrimas! Vaya, ¿me da usted palabra de presentarse así…, con cierta serenidad y…? ¿Eh? 

DOÑA FRANCISCA.-   Y usted, señor… Bien sabe usted el genio de mi madre. Si usted no me defiende, ¿a quién he de volver los ojos? ¿Quién tendrá compasión de esta desdichada?

DON DIEGO.- Su buen amigo de usted… Yo… ¿Cómo es posible que yo la abandonase… ¡criatura!…, en la situación dolorosa en que la veo?  (Asiéndola de las manos.)  

DOÑA FRANCISCA.-   ¿De veras? 

DON DIEGO.-   Mal conoce usted mi corazón.

DOÑA FRANCISCA.-   Bien le conozco.  (Quiere arrodillarse; DON DIEGO se lo estorba, y ambos se levantan.)  

DON DIEGO.-   ¿Qué hace usted, niña?

DOÑA FRANCISCA.-   Yo no sé… ¡Qué poco merece toda esa bondad una mujer tan ingrata para con usted!… No, ingrata no; infeliz… ¡Ay, qué infeliz soy, señor Don Diego! 

DON DIEGO.-   Yo bien sé que usted agradece como puede el amor que la tengo… Lo demás todo ha sido… ¿qué sé yo?…, una equivocación mía, y no otra cosa… Pero usted, ¡inocente! usted no ha tenido la culpa. 

DOÑA FRANCISCA.-   Vamos… ¿No viene usted? 

DON DIEGO.-   Ahora no, Paquita. Dentro de un rato iré por allá. 

DOÑA FRANCISCA.-   Vaya usted presto.  (Encaminándose al cuarto de DOÑA IRENE, vuelve y se despide de DON DIEGO besándole las manos.)  

DON DIEGO.-   Sí, presto iré.

Juan Pablo Forner: «Oración apologética por la España y su mérito literario»; análisis y propuesta didáctica

JUAN PABLO FORNER – Oración apologética por la España y su mérito literario

[1] España ha sido docta en todas edades. ¿Y qué, habrá dejado de serlo en alguna porque con los nombres de sus naturales no puede aumentarse el catálogo de los célebres soñadores? No hemos tenido en los efectos un Cartesio, no un Newton: démoslo de barato: pero hemos tenido justísimos legisladores y excelentes filósofos prácticos, que han preferido el inefable gusto de trabajar en beneficio de la humanidad a la ociosa ocupación de edificar mundos imaginarios en la soledad y silencio de un gabinete. 

 [2] No ha salido de nuestra Península el optimismo, no la armonía preestablecida, no la ciega e invencible fatalidad, no ninguno de aquellos ruidosos sistemas ya morales, ya metafísicos, con que ingenios más audaces que sólidos han querido convertir en sofistas, porque ellos lo son, todos los hombres, y trocar en otro el semblante del universo; pero han salido varones de un juicio suficiente para conocer y destruir la vanidad de las opiniones arbitrarias, suministrando en su lugar a las gentes las doctrinas útiles, y señalando las sendas rectas del saber según las necesidades de la flaca y débil mortalidad. 

[3] Si el mérito de las ciencias se ha de medir por la posesión de mayor número de fábulas, España opondrá sin gran dificultad duplicado número de novelas urbanas a todas las filosóficas de que hacen ostentación Grecia, Francia e Inglaterra. Y no se atribuya a donaire o jovialidad este que parecerá extraño y poco regular parangón. Las ficciones que van fundadas en la verosimilitud, sin otra norma, objeto o fin que el de pintar al mundo o al hombre en ciertas situaciones y circunstancias, que aun cuando no se hayan verificado pudieran bien verificarse, no se autorizan por la materia. Para mí entre el Quijote de Cervantes, y el Mundo de Descartes, o el Optimismo de Leibniz no hay más diferencia, que la de reconocer en la novela del español infinitamente mayor mérito que en las fábulas filosóficas del francés y del alemán. 

[4] Porque siendo todas ficciones diversas sólo por la materia, la cual no constituye el mérito en las fábulas, en el Quijote logró el mundo el desengaño de muchas preocupaciones que mantenía con perjuicio suyo; pero las fábulas filosóficas han sido siempre el escándalo de la razón. Acrecientan y añaden peso al número de los engaños; el capricho coherente y bien enlazado toma en ellas la máscara de la verdad, y hace pasar por dogmas de la experiencia las que son conjeturas de la fantasía-, tal vez pervierten las ideas más comunes y recibidas, y por la ambición de aparecer con singularidad desnudan al hombre de su mismo ser, trasladándole a regiones, imperios y estados imaginarios, dignos sólo de habitarse por quien los funda; suscitan parcialidades, cuyos partidarios, sacrificando al vergonzoso ministerio de propugnar ficciones ajenas aquel talento émulo de la divinidad que se les concedió para levantarse por sí al descubrimiento y contemplación de las verdades más santas y más augustas, le envilecen y hacen esclavo de la vanidad con injuria de la dignidad eminente de su naturaleza. 

[5] En suma los sistemas de la filosofía, fábulas tan dañosas a los adelantamientos de las ciencias como las antiguas sibaríticas a la pureza de las costumbres, ninguna otra utilidad dan de sí sino la de admirar la extraordinaria habilidad de algunos hombres para ordenar naturalezas y universos inútiles, y aquellas apariencias admirables con que hacen pasar por interpretaciones de las obras de Dios las que son en el fondo adivinaciones tan poco seguras como las de los Arúspices o Agoreros.

[6] Estemos pues en la confianza de que las acriminaciones con que nos maltrata la precipitada malignidad de algunas plumas extranjeras, no proceden de nuestra ignorancia, sino de la suya; no de la escasez de nuestros progresos científicos, sino de las ideas poco fieles, o más bien falsas, que tiene de las ciencias el vulgo de los que las tratan, y en especial los que sin tratarlas hablan de ellas con magisterio. Señal es, cuando acertamos a defendernos, que no ignoramos la sustancia de los capítulos sobre que nos condenan. La Lógica no es entre nosotros un cúmulo de observaciones vulgares entretejidas con retazos de todas las artes, y por eso gritan que lo ignoramos. No entendemos por Física el arte de sujetar la naturaleza al capricho, en vez del raciocinio a la naturaleza, y por eso claman que no la conocemos. Razonamos, no fingimos, en la Metafísica, y califican por ignorancia lo que es con propiedad no dar entrada al error. La Moral, la divina ciencia del hombre, la doctrina de su orden, de su fin, de su felicidad, la que une a la más noble de las criaturas con su próvido y liberal Criador, no ha sido entre nosotros todavía contaminada con aquellas legislaciones absurdas que hacen al hombre o brutal, o impío, o ridículo, y atribuyen a barbarie la prudencia de no querer hacernos bestiales, impíos o ridículos. En vano proponemos los nombres de nuestros grandes teólogos; la ciencia de la religión no es de este siglo, y precisamente ha de pasar por bárbara aquella nación en que se ha consumido más tiempo, más atención, y más papel en hablar de Dios y de sus inefables fines. 

[7] Hemos tenido grandes juristas, sapientísimos legisladores, eminentes intérpretes de la razón civil, pero entre ellos ninguno ha escrito el espíritu de las leyes en epigramas, ni ha destruido en las penas el apoyo de la seguridad pública, ni se ha resuelto a perder el tiempo y el trabajo en fundar repúblicas impracticables; se han contentado con mejorar los establecimientos de aquella en que vivían: consiguientemente todos deben pasar por bárbaros y rudos. Nuestros médicos, curando sin el mecanismo, sin la fibra motriz, sin aquellas suposiciones vanas que adivinan, no deducen las ocasiones y causas de las dolencias, y ateniéndose sólo a la experiencia -y observación, ¿cómo han de satisfacer la severidad infalible de nuestros jueces? Ni según son sus juicios se debe esperar mayor benignidad en las artes. Nuestra lengua no permite versos en prosa, ni nuestros poetas saben helarlos con una afectación filosófica, fría e insípida, incompatible con las agitaciones del ímpetu divino: y ved aquí que, con nuevo e inaudito modo de juzgar, no son buenos nuestros poetas porque lo son realmente. Llamarían desaliño en nuestros historiadores a lo que es sencilla y escrupulosa atención a la verdad. Hinchazón apellidan la majestuosa sonoridad de nuestro idioma, imperceptible a los extranjeros que no la hablan como hablaba Cicerón la de Atenas… ¿Para qué me canso? Dan nombre de ignorancia a la juiciosa precaución de no acomodarnos a las ideas poco justas que ellos tienen del saber: y porque en nuestra Península se hace poco aprecio de la arrogante ostentación, y se desestima la peligrosa libertad de escudriñar los arcanos del Hacedor más de lo que es debido, y de hablar de todo insolentemente, debemos sin remisión sufrir la nota de poco cultos.

[7] Y he aquí uno de los principales fundamentos en que apoyan sus acusaciones los que después del extravagante Voltaire no saben pensar sino lo que él escribió. En España no se piensa: la libertad de pensar es desconocida en aquella Península: el español para leer y pensar necesita la licencia de un fraile… Pero, ¿qué es lo que no se piensa en España, sofistas malignos, ignorantes de los mismos principios de la filosofía que tanto os jactáis profesar? Es verdad: los españoles no pensamos en muchas cosas; pero señaladlas, nombradlas específicamente, y daréis con ellas un ejemplo de nuestra solidez y vuestra ligereza. No se piensa en España: así es: no se piensa en derribar las aras que la humana necesidad, guiada por una infalible revelación, ha levantado al Arbitro del universo: no se piensa en conturbar el sosiego de la paz pública, combatiendo con sofismas indecorosos las creencias en cuya esperanza y verdad sobrellevan los hombres las miserias de esta calamitosa vida: no se piensa en arrancar del corazón humano los naturales sentimientos de la virtud, ni en apagar las secretas acusaciones que despedazan el interior de los delincuentes; no se piensa en elogiar las culpables inclinaciones de que ya por sí se deja llevar voluntariamente la fragilidad de nuestra naturaleza. En nada de esto se piensa en España; ni los que la habitan tienen por ocupación digna de sus reflexiones investigar defensivos al vicio, a la impiedad y a la sedición. ¿Y querrán decir todavía nuestros acusadores que es bárbara la constitución de nuestro Gobierno porque nos asegura de los tropiezos que trae consigo la licenciosa y desenfrenada libertad de pervertir los establecimientos más autorizados, y las ideas que ha aprobado por verdaderas el general consentimiento de todas las gentes? Si en la república civil se prohíben santísimamente las acciones que desbaratan el nudo de la seguridad pública, en cuya base se afirma y mantiene la sociedad, menos desordenada que si los hombres viviesen rey cada uno y soberano de si mismo, -¿por qué en la república literaria no se prohibirán con igual calificación las doctrinasen que mezclada la avilantez con el sacrilegio, y con el magisterio vano la ambición de pervertirlo todo, se atropellan los principios más sagrados de la religión y de la sociedad? Será delito en el homicida despojar de la vida a su semejante; ¿y no será delincuente el sofista por enseñar que en la acción del homicidio no hay maldad por naturaleza? Subirá al cadalso el sacrílego que usurpó al templo los vasos consagrados al ministerio del culto; ¿y le será lícito al falso filósofo declamar contra la santidad de los ritos, y erigirse en acusador de la religión que establece la paz y la virtud en la tierra? Será condenado a la rueda el rebelde, el comunero, el que se levanta contra la Autoridad suprema; ¿y se permitirá pacíficamente al insolente literato que esparza las semillas de la rebelión, trate de tiranos a los depositarios de la justicia, y acuerde a los súbditos los miserables derechos de aquella libertad, que si permaneciese convertiría el mundo en un teatro horrible de violencias, de guerras, de usurpaciones y de maldades, que harían gemir a la naturaleza misma? ¿Qué privilegios dan las letras al hombre para que pueda persuadir y enseñar en los libros aquellas acciones que ejecutadas se castigan con el dogal o con la cuchilla? Cedamos, cedamos en buena hora a nuestros acriminadores el infame mérito de esta libertad misera e inicua, en que el abuso de la racionalidad, convertido a la adulación de la malicia, da autoridad al vicio, y se hace defensor de las abominaciones. Pensemos siempre en la verdad y virtud, y trátennos en hora buena de rudos los que prefieren a la verdad el sofisma, y a la virtud los medios de justificar las acciones viciosas. Seamos bárbaros como Sócrates, y dejémosles la gloria de emular la sabiduría de los jactanciosos sofistas que le desacreditaban. Menos importa nuestro descrédito para con ellos que nuestra corrupción: vale más ser sabios con sobriedad que caer por demasiada sabiduría en errores de que se avergonzaría la misma insensatez.

  1. ANÁLISIS

1. Resumen

Juan Pablo Forner (Mérida, 1756 – Madrid, 1797) es uno de los principales ensayistas españoles de la Ilustración. Fue una persona culta, leída y con un buen talento literario, empleado en ensayos de diversa naturaleza. Aquí comentamos un texto extraído de la Oración apologética por la España y su mérito literario (1786).

En el primer párrafo asienta la tesis de que España ha sido un país docto y cultivado a lo largo del tiempo, desde una perspectiva práctica y sensata. En el segundo párrafo señala que España ha producido pensadores que han creado filosofías útiles y moralmente beneficiosas a nivel individual y colectivo. En el tercer párrafo confirma que España ha producido más y mejores “fábulas” (textos de ficción) que los demás países; en concreto, Cervantes supera con creces a Descartes y a Leibniz. En el cuarto párrafo defiende las fábulas literarias, como el Quijote, y critica y rechaza las fábulas filosóficas por dañinas a la razón y a la moral. El quinto párrafo confirma que los sistemas filosóficos de algunos autores extranjeros son supercherías sin fundamento que no conviene considerar. Añade que en Lógica, Metafísica, Moral, Artes y Jurisprudencia España ha producido eminentes personas, pero no se han entregado a frivolidades ni imaginaciones que perjudican el orden social y la salud moral de las personas. En el sexto párrafo señala que los ignorantes son los extranjeros, no los españoles; por ejemplo, los teólogos españoles han sido muy brillantes, pero no es una ciencia que interese en ese momento. En el séptimo y último parágrafo ataca a Voltaire por sus doctrinas libertinas y por su afirmación de que los españoles no sabemos pensar con libertad. Sí podemos, pero no queremos porque hay que preservar la tranquilidad social, el orden moral y las creencias religiosas cristianas, pilares de una sociedad pacífica. Es fácil ser sofistas, pero es mejor mantener la verdad.

2. Tema

El tema de este texto se puede enunciar así: reivindicación de España como un país culto y fértil en inteligencias sublimes, ateniéndose en su pensamiento al criterio de paz social y orden moral bajo el paraguas del cristianismo; complementariamente, critica a los extranjeros por sofistas, fantasiosos y poco prácticos.

3. Apartados temáticos

Este ensayo se ordena en los tre apartados de contenido clásico: 

-Una presentación o introducción, un tanto abrupta, que ocupa el primer parágrafo; anuncia el hilo conductor de su texto: defensa de la producción intelectual y científica de España, equiparable al resto de los países europeos.

– Un desarrollo o nudo argumentativo, con ejemplos y argumentos (párrafos 2-6); defiende a pensadores y escritores de distintos ámbitos, destacando Cervantes y el Quijote  como obra suprema.

– Un desenlace o conclusión (séptimo y último párrafo) en el que refuerza su tesis de que en España ha habido y hay grandes pensadores, pero de orden práctico y sereno; saben pensar por sí mismos, pero no desean romper la paz social..

Se trata de un despliegue lógico para un texto expositivo-argumentativo; el pensamiento está secuenciado con bastante orden y claridad, en aras de la persuasión.

4. Características formales

Este texto es de naturaleza ensayística, es decir, no presenta rasgos propios de los escritos de ficción o narrativos (lugar, tiempo, narrador, etc.). El autor vierte su pensamiento ordenado con una intención persuasiva. La cohesión, coherencia y adecuación textual al público lector determinan la disposición formal. 

5. Comentario estilístico

El estilo de Forner posee amplias similitudes con el de Cadalso, Jovellanos y fray Jerónimo Feijoo; ello no es de extrañar, pues comparten temas, intenciones, género y época cultural. Por eso podemos aplicar las características que ya explicamos de esos a aquel. En síntesis, tenemos:

– Naturaleza textual instructiva o persuasiva: el autor escribe para convencer al lector sobre la validez o bondad de las ideas u opiniones expuestas. En este caso, Forner alecciona a sus lectores sobre la importancia de los frutos intelectuales que se han producido en España, equiparables a los de cualquier país europeo.

– Tono conversacional, de diálogo implícito, entre autor y lector. Aquel se dirige a este para apelar a su experiencia lectora y asumir sus postulados. Forner crea una atmósfera de cierta cordialidad entre él, emisor, y el lector, receptor. No se distancia exhibiendo saberes inalcanzables o una abrumadora experiencia, sino que se acerca al lector con un tono coloquializante y conversacional, como si ambos estuvieran presentes en la interlocución. Con todo, destaca la reacción airada, de enfado a duras penas reprimido, contra los que acusan a España de falta de libertad de pensamiento.

– Naturaleza subjetiva de las opiniones vertidas. El autor no se oculta; vemos a Forner en su escrito; está detrás de las opiniones vertidas; el carácter personal e individual del texto no se disimula, casi al contrario, se deja ver con bastante ruido verbal.

– Empleo de argumentos de todo tipo para aumentar la capacidad de convicción de las ideas expuestas: de experiencia (podemos apreciar la calidad de la producción intelectual española), de mayoría (el conjunto de escritores y creadores españoles es superior al europeo), de evidencia (el Quijote es muy superior al resto de las ficciones europeas), de analogía (la producción de los intelectuales españoles está en correspondencia con los designios divinos de armonía y paz), etc. El procedimiento inferencial es constante, variando de las deducciones a las inducciones según la materia tratada.

– Equilibrio dinámico entre la subjetividad y la objetividad como método persuasivo. Forner alterna entre la exposición objetiva y distante y la subjetiva, personal y cercana; cada una de ellas colabora eficazmente para aumentar la persuasión textual.

– Estilo cuidado, elegante y altamente elaborado. La selección léxica es muy acertada; Cadalso emplea vocablos claros, apropiados y precisos, entendible por cualquier lector de instrucción media; se percibe también su variedad, evitando repeticiones enojosas. Las oraciones son de extensión moderada; como corresponde a este tipo de escrito, las oraciones compuestas, coordinadas y subordinadas, y, dentro de estas, las causales, condicionales, consecutivas y comparativas son bastante frecuentes. La longitud de las cláusulas es la adecuada para asegurar una exposición precisa y una comprensión lectora exacta. Los conectores aseguran una construcción argumentativa exacta y convincente; alternan los textuales y los argumentales con un empleo eficaz y apropiado. El nivel lingüístico es medio, estándar o de la lengua común, con cierta tendencia al culto; el registro, por tanto, es formal. En este sentido, conviene destacar la importancia de la interrogación retórica como recurso clave; es una forma distinta de afirmar; los paralelismos, las metáforas y las enumeraciones son frecuentes. Con todo, a causa de un tono exaltado, a veces al borde del atropellamiento verbal, el estilo no alcanza la fluidez y elegancia expresiva de un Jovellanos, o la persuasión de un Cadalso o Feijoo.

– Disposición textual sometida a un orden claro y una estructura precisa que facilite el entendimiento lector. La estructura general se somete a una ordenación de presentación (primer párrafo), desarrollo (del segundo al quinto párrafo, ambos inclusive) y conclusión (sexto apartado). Forner emplea una estructura argumentativa paralela y mixta. Enuncia y desarrolla sucesivamente; extrae conclusiones parciales según la necesidad argumentativa; etc.

6. Contextualización

Como ya expresamos, Juan Pablo Forner (Mérida, 1756 – Madrid, 1797) es uno de los más importantes pensadores, políticos y escritores de la España del siglo XVIII. Su contribución al pensamiento (sobre todo, al histórico y al filológico) y a las letras españolas es bastante significativa.

Tras completar sus estudios universitarios en Derecho en la Universidad de Salamanca, ejerció de fiscal y juez en varias ciudades españolas, gracias a la protección de Manuel Godoy, valido de Carlos IV. Fue un temible polemista, célebre por la fiereza con que se enfrentaba a sus contrarios, entre los que destacaba el fabulista canario Tomás de Iriarte, mucho más célebre que él, lo que no llevaba de buen grado. 

Forner se sentía profundamente español, de ahí que defendiera apasionadamente la cultura española (sus frutos literarios y artísticos, su concepción de la vida, etc.) sin titubeos. Ello se aprecia muy bien en su respuesta a la valoración negativa de Masson de Morvilliers en la Enciclopédie Méthodique (1782): «¿Qué se debe a España?». El francés, volteriano, opina que en España apenas existe libertad de pensamiento y expresión, dado el control de estos aspectos por el estamento eclesiástico. Recuerda también que las obras españolas estimables en el campo de las ciencias sociales, científicas, etc. es escaso, por no decir nulo. Forner contesta con su Oración apologética por la España y su mérito literario (1786); la escribió a instancias del Conde de Floridablanca, quien financió su publicación. Son muy interesantes y valiosas otras obras salidas de su pluma. La palabra “oración” en el título no es arbitraria, pero sí aparatosa; en su cuarta acepción, “oración” significa “Obra de elocuencia, razonamiento pronunciado en público a fin de persuadir a los oyentes o mover su ánimo” (DLE). Y “apologética” tampoco, puesto que, derivada de “apología” significa “Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo”.

En Discurso sobre el modo de escribir y mejorar la historia de España reflexiona en profundidad sobre la historia nacional y el mejor modo de estudiarla y comprenderla con criterios científicos modernos. En Exequias de la lengua castellana realiza un perspicaz recorrido por la historia de la literatura española y reflexiona sobre la lengua y su uso por los literatos de su tiempo, a los que critica duramente; utiiza la fórmula del sueño quevediano o del viaje al Parnaso, según el modelo cervantino. El título, un tanto estrambótico, utiliza la palabra “exequias” (no tiene singular), que se define como las honras fúnebres ofrecidas a un difunto. Forner expresa así su idea de que la lengua castellana estaba muriendo a manos de galicistas y latinistas bárbaros.

7. Interpretación y valoración

Forner defiende con fuerza y pasión la cultura española. Realiza una comparación explícita, a veces concreta, a veces generalista, de los frutos literarios y científicos españoles frente al resto de los europeos. 

Su tono algo altisonante no oculta cierta debilidad o miedo a no estar a la altura o a no convencer al lector de la plausibilidad de su apología. Ciertamente, el empeño que se propone es peligroso y temerario, pero lo hizo. Abraza abiertamente planteamientos muy conservadores en cuanto al pensamiento social, cultural y religioso; es el mejor modo de defender la cultura española, piensa él. Leído hoy, produce cierta melancolía y nos deja un sabor agridulce. A Forner le duele España, qué duda cabe; como a nosotros nos sigue lastimando, entendemos muy bien su esfuerzo, acaso no baldío.

El ilustrado emeritense emplea un estilo directo y vivo, reforzando su argumentación a través de ejemplos y analogías y empleando la interrogación retórica como recurso repetido para aportar elegancia y convicción. Su tendencia a la enumeración, a las comparaciones casi hiperbólicas y a los efectos de repetición aportan frescura e ímpetu a su texto.

El léxico empleado es variado y expresivo, lo que contribuye a una lectura amena y entretenida. 

Como suele ocurrir con los escritores perspicaces, su reflexión no ha perdido totalmente su actualidad, a lo que contribuye un estilo vivo y como de torrente. Nos preguntamos si cabe hacernos hoy su pregunta (¿Qué se debe a España?) y si podemos defender con dignidad su respuesta y sus argumentos.

2. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el texto (100 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los aspectos propios del género literario al que pertenece, teniendo en cuenta que aparece una carta y que se trata de exponer persuasivamente un tema de actualidad. 

5) ¿Qué tono tiene el texto de Forner: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) ¿Qué tipo de argumento es el más empleado? 

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Por qué afirma Forner que “España ha sido docta en todas las edades” ? 

2) ¿A quién tacha de sofistas? ¿Por qué?

3) En un momento dado, afirma Forner: “Pensemos siempre en la verdad y virtud, y trátennos en hora buena de rudos los que prefieren a la verdad el sofisma, y a la virtud los medios de justificar las acciones viciosas”. Explica su sentido más profundo.

4) ¿Cómo introduce Cervantes y el Quijote en su razonamiento de defensa de la cultura española?

5) Afirma Forner de los doctos españoles: “Ni se ha resuelto [el ilustrado español] a perder el tiempo y el trabajo en fundar repúblicas impracticables”. ¿Concibe España como un país dinámico y utópico? ¿Es bueno o mano para un país el idealismo avanzado? 

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un poema o texto en prosa de ficción, o  ensayística que exprese una cuestión cultural como la planteada por Forner; puedes sugerir soluciones. Puedes hacerlo imitando el tono discursivo, como Jovellanos. 

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el escritor Juan Pablo Forner a propósito de su obra y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre Juan Pablo Forner, su literatura y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar las aportaciones de la cultura española a la universal. Arguméntalo con ejemplos y otras razones convincentes, siguiendo el ejemplo de Juan Pablo Forner.

Gaspar Melchor de Jovellanos: «Memoria sobre la educación pública»; análisis y propuesta didáctica

GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS – Memoria sobre la educación pública (1802)

Primera cuestión

¿Es la instrucción pública el primer origen de la prosperidad social? Sin duda. Esta es una verdad no bien reconocida todavía, o por lo menos no bien apreciada; pero es una verdad. La razón y la experiencia hablan en su apoyo.

Las fuentes de la prosperidad social son muchas, pero todas nacen de un mismo origen, y este origen es la instrucción pública. Ella es la que las descubrió y a ella todas están subordinadas. La instrucción dirige sus raudales para que corran por varios rumbos a su término; la instrucción remueve los obstáculos que pueden obstruirlos o extraviar sus aguas. Ella es la matriz, el primer manantial que abastece estas fuentes. Abrir todos sus senos, aumentarle, conservarle es el primer objeto de la solicitud de un buen gobierno, es el mejor camino para llegar a la prosperidad. Con la instrucción todo se mejora y florece; sin ella todo decae y se arruina en un Estado.

¿No es la instrucción la que desenvuelve las facultades intelectuales y la que aumenta las fuerzas físicas del hombre? Su razón sin ella es una antorcha apagada; con ella alumbra todos los reinos de la Naturaleza y descubre sus más ocultos senos y la somete a su albedrío. El cálculo de la fuerza oscura e inexperta del hombre produce un escasísimo resultado, pero con el auxilio de la Naturaleza, ¿qué medios no puede emplear?, ¿qué obstáculos no puede remover?, ¿qué prodigios no puede producir? Así es cómo la instrucción mejora el ser humano, el único que puede ser perfeccionado por ella, el único dotado de perfectibilidad. Este es el mayor don que recibió de la mano de su inefable Criador. Ella le descubre, ella le facilita todos los medios de su bienestar, ella, en fin, es el primer origen de la felicidad individual.

Luego lo será también de la prosperidad pública. ¿Puede entenderse por este nombre otra cosa que la suma o resultado de las felicidades de los individuos del cuerpo social? Defínase como se quiera, la conclusión será siempre la misma. Con todo, yo desenvolveré esta idea para acomodarme a la que se tiene de ordinario acerca de la prosperidad pública.

Sin duda que son varias las causas o fuentes de que se deriva esta prosperidad: pero todas tienen en origen y están subordinadas a él; todas lo están a la instrucción. ¿No lo está la agricultura, primera fuente de la riqueza pública y que abastece todas las demás?  ¿No lo está la industria, que aumenta y avalora esta riqueza, y el comercio, que la recibe de entrambas, para expenderla y ponerla en circulación, y la navegación, que la difunde por todos los ángulos de la tierra? ¡Y que! ¿No es la instrucción la que ha criado estas preciosas artes, la que las ha mejorado y las hace florecer?  ¿No es ella la que ha inventado sus instrumentos, la que ha multiplicado sus máquinas, la que ha descubierto e ilustrado sus métodos?  ¿Y se podrá dudar que a ella sola está reservado llevar a su última perfección estas fuentes fecundísimas de la riqueza de los individuos y del poder del Estado?

Se cree de ordinario que esta opulencia y este poder pueden derivarse de la prudencia y de la vigilancia de los gobiernos; pero ¿acaso pueden buscarlos por otro medio que el de promover y fomentar esta instrucción, a que deben su origen todas las fuentes de la riqueza individual y pública? Todo otro medio es dudoso, es ineficaz; este solo es directo, seguro a infalible.

¿Y acaso la sabiduría de los gobiernos puede tener otro origen? ¿No es la instrucción la que los ilumina, la que les dicta las buenas leyes y la que establece en ellas las buenas máximas?  ¿No es la que aconseja a la política, la que ilustra a la magistratura, la que alumbra y dirige a todas las clases y profesiones de un estado? Recórranse todas las sociedades del globo, desde la más bárbara a la más culta, y se verá que donde no hay instrucción, todo falta, que donde la hay, todo abunda, y que en todo, la instrucción es la medida común de la propiedad,

Pero ¿acaso la prosperidad está cifrada en la riqueza? ¿No se estimarán en nada las calidades morales en una Sociedad? ¿No tendrán influjo en la felicidad de los individuos y en la fuerza de los Estados? Pudiera creerse que no, en medio del afán con que se busca la riqueza y la indiferencia con que se mira la virtud. Con todo, la virtud y el valor deben contarse entre los elementos de la prosperidad social. Sin ella toda riqueza es escasa, todo poder es débil, Sin actividad ni laboriosidad, sin frugalidad y parsimonia, sin lealtad y buena fe, sin probidad personal y amor público; en una palabra: sin virtud ni costumbres, ningún estado puede prosperar, ninguno subsistir. Sin ellas el poder más colosal se vendrá a tierra, la gloria más brillante se disipará como el humo.

Y bien: esta otra fuente de prosperidad, ¿no tendrá su origen en la instrucción? ¿Quién podrá dudarlo? ¿No es la ignorancia el más fecundo origen del vicio, el más cierto principio de la corrupción? ¿No es la instrucción la que enseña al hombre sus deberes y la que lo inclina a cumplirlos? La virtud consiste en la conformidad de nuestras acciones con ellos, y solo quien los conoce puede desempeñarlos. Es verdad que no basta conocerlos, y que también es un oficio de la virtud abrazarlos; pero en esto mismo tiene mucho influjo la instrucción, porque apenas hay mala acción que no provenga de algún artículo de ignorancia, de algún error o de algún falso cálculo en su determinación. Si bien es de suyo apetecible: conocerle es el primer paso para amarle. Salva, pues, siempre la libertad de nuestro albedrío, y salvo el influjo de la divina gracia en la determinación de las acciones humanas, ¿puede dudarse que aquel hombre tendrá más aptitud, más disposición, más medios de dirigirlas al bien, que mejor conozca este bien, esto es, que tenga más instrucción?

1. ANÁLISIS

1. Resumen

Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744 – Puerto de Vega, Navia, Asturias, 1811) es uno de los más importantes pensadores, políticos y escritores de la España del siglo XVIII. Su contribución al pensamiento y a las letras españolas es de primer orden.

En esta ocasión analizamos un texto extraído de una de sus obras más importantes, Memoria sobre la educación pública (1802). Jovellanos defiende que la base de la “prosperidad social” es una buena educación pública. La instrucción es el primer manantial del que se nutre el cuerpo social. Y ello es así porque la educación potencia las facultades intelectuales y físicas de los hombres, ayudándole a resolver problemas de todo tipo. Eso incrementa la felicidad individual y colectiva. La agricultura, la industria y el comercio se desarrollan y crecen deprisa cuando los ciudadanos están bien instruidos. Los buenos gobiernos son los que favorecen la instrucción de los ciudadanos, pues los dotan de herramientas para prosperar. Tanto la riqueza como la calidad moral de las personas procede y depende de la instrucción recibida; cuanta más fuerte sea este, más abundan las otras dos. La educación conduce al hombre a la virtud, porque, al conocer el mal y el error, los evitará. Muchos de los vicios proceden de la ignorancia; si evitamos esta, habrá menos de aquellos.

2. Tema

El tema de este texto es la defensa de la educación generalizada de la población porque es el mejor camino de la prosperidad, de la felicidad, la riqueza y la rectitud moral. 

Otro tema que se toma, relacionado con el anterior, es que el primer deber de todo gobierno es el fomento de la instrucción entre sus ciudadanos, con el objeto de favorecer la prosperidad general. 

3. Apartados temáticos

Este ensayo se ordena en cuatro apartados de contenido bien discernibles: 

– Una presentación, que ocupa el primer párrafo, con la exposición general de sus tesis: la educación avala la prosperidad;

– Un primer desarrollo o nudo argumentativo, con ejemplos y argumentos (párrafos 2-5); defiende la idea de la educación como fuente de la prosperidad;

– Un segundo desarrollo argumentativo (párrafos 6-9) sobre los efectos positivos intelectuales y morales de la educación sobre las personas; y

– Un desenlace o conclusión (último párrafo) en el que refuerza la idea de los beneficios morales de la educación.

Se trata de un despliegue lógico para un texto expositivo-argumentativo; el pensamiento está secuenciado con orden y claridad, en aras de la persuasión.

4. Características formales

Este texto es de naturaleza ensayística, es decir, no presenta rasgos propios de los escritos de ficción o narrativos (lugar, tiempo, narrador, etc.). El autor vierte su pensamiento ordenado con una intención persuasiva. La cohesión, coherencia y adecuación textual al público lector determinan la disposición formal. 

5. Comentario estilístico

El estilo de Jovellanos, posee amplias similitudes con el de Cadalso y el de fray Jerónimo Feijoo; ello no es de extrañar, pues comparten temas, intenciones, género y época cultural. Por eso podemos aplicar las características que ya explicamos de esos a aquel. En síntesis, tenemos:Naturaleza instructiva o persuasiva: el autor escribe para convencer al lector sobre la validez o bondad de las ideas u opiniones expuestas. En este caso, Jovellano alecciona a sus lectores sobre la importancia de la educación pública para aumentar la prosperidad y el avance de una sociedad o nación.

1) Tono conversacional, de diálogo implícito, entre autor y lector. Aquel se dirige a este para apelar a su experiencia lectora y asumir sus postulados. Jovellanos crea una atmósfera de cordialidad entre él, emisor, y el lector, receptor. No se distancia exhibiendo saberes inalcanzables o una abrumadora experiencia, sino que se acerca al lector con un tono coloquializante y conversacional, como si ambos estuvieran presentes en la interlocución.

2) Naturaleza subjetiva de las opiniones vertidas. El autor no se oculta; vemos a Jovellanos en su escrito; está detrás de las opiniones vertidas; el carácter personal e individual del texto no se disimula, aunque es comedido, casi con un poco de timidez.

3) Empleo de argumentos de todo tipo para aumentar la capacidad de convicción de las ideas expuestas: de experiencia (las naciones educadas son más prósperas y están más cohesionadas), de mayoría (los individuos educados yerran menos), de evidencia (la educación aporta bienestar material a sus poseedores) y de analogía (la educación es como una fuente nutricia), etc. El procedimiento inferencial es constante, variando de las deducciones a las inducciones según la materia tratada.

4) Equilibrio dinámico entre la subjetividad y la objetividad como método persuasivo. Jovellanos alterna entre la exposición objetiva y distante y la subjetiva, personal y cercana; cada una de ellas colabora eficazmente para aumentar la persuasión textual.

5) Estilo cuidado, elegante y altamente elaborado. La selección léxica es muy acertada; Cadalso emplea vocablos claros, apropiados y precisos, entendible por cualquier lector de instrucción media; se percibe también su variedad, evitando repeticiones enojosas. Las oraciones son de extensión moderada; como corresponde a este tipo de escrito, las oraciones compuestas, coordinadas y subordinadas, y, dentro de estas, las causales, condicionales, consecutivas y comparativas son bastante frecuentes. La longitud de las cláusulas es la adecuada para asegurar una exposición precisa y una comprensión lectora exacta. Los conectores aseguran una construcción argumentativa exacta y convincente; alternan los textuales y los argumentales con un empleo eficaz y apropiado. El nivel lingüístico es medio, estándar o de la lengua común, con cierta tendencia al culto; el registro, por tanto, es formal. En este sentido, conviene destacar la importancia de la interrogación retórica como recurso clave; es una forma distinta de afirmar; los paralelismos, las metáforas y las enumeraciones son frecuentes.

6) Disposición textual sometida a un orden claro y una estructura precisa que facilite el entendimiento lector. La estructura general se somete a una ordenación de presentación (primer párrafo), desarrollo (del segundo al quinto párrafo, ambos inclusive) y conclusión (sexto apartado). Cadalso emplea una estructura argumentativa paralela, con tendencia a lo sintetizante, en la exposición textual: comienza y termina afirmando su tesis general, con más carga expresiva en el final, de ahí lo sintético. 

6. Contextualización

Como ya expresamos, Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744 – Puerto de Vega, Navia, Asturias, 1811) es uno de los más importantes pensadores, políticos y escritores de la España del siglo XVIII. Su contribución al pensamiento y a las letras españolas es muy significativa.

Tras completar sus estudios universitarios en Derecho, ejerció de juez en varias ciudades españolas. Ocupó cargos políticos en los distintos gobiernos de la Corona de España; la cima fue el ministerio de Gracia y Justicia (que ejerció durante casi un año, en 1791). Sus tiras y aflojas con el poderoso Godoy lo llevaron al destierro en la isla de Mallorca (primero en la cartuja de Valldemosa y luego en el castillo de Bellver). Formó parte de la Junta Central (órgano de gobierno legítimo durante la ocupación napoleónica).

Jovellanos compuso muchas obras, todas de gran calidad. En ficción, se recuerda su drama El delincuente honrado (1774). Pero es en el campo del ensayo donde desplegó su agudo pensamiento en un estilo apacible, elegante y preciso. Elogio de Carlos III (1788) es una loa a las dotes reformistas del rey ilustrado. Memoria sobre la educación pública (1802), obra de la que procede el texto que ahora comentamos, es un argumentario a favor del fomento de la educación extendida a toda la juventud del país. Informe sobre el expediente de la Ley Agraria (1794) es un alegato a favor de las reformas necesarias en la agricultura y ganadería para impulsar su crecimiento. En Memoria para el arreglo de la política de espectáculos (1796) defiende la cultura popular, sana y limpia de vulgaridades y excesos, pues sirve para el esparcimiento y educación de la gente; aquí se manifiesta en contra de las corridas de toros por sangrientas y violentas. Memoria del Castillo de Bellver (1805) es una descripción artística e histórica del castillo mallorquín donde estuvo prisionero; ahí muestra una gran sensibilidad artística y un agudo sentido de la observación. Compuso muchas obras de carácter jurídico, influyentes en su momento. 

7. Interpretación y valoración

Jovellanos defiende con fuerza y convicción la importancia de la educación generalizada a todos los niños y jóvenes españoles. Comprende muy bien las enormes ventajas que aporta la educación, desde el punto de vista económico, social y cultural. Más allá de la estrechez de miras de muchas personas de su época, supo elevar la mirada y comprender que la prosperidad y la felicidad de los individuos se ligaban directamente a su grado de instrucción. Jovellanos defiende plausiblemente en este texto las ventajas de una sociedad educada.

El ilustrado gijonés emplea un estilo directo y claro, reforzando su argumentación a través de ejemplos y analogías y empleando la interrogación retórica como recurso clave para aportar elegancia y convicción. Su tendencia a la enumeración y a los efectos de repetición aportan frescura y elegancia a su texto.

El léxico empleado es variado y expresivo, lo que contribuye a una lectura amena y entretenida. Acaso lo más importante sea la preocupación del autor por la falta de una educación pública que aporte prosperidad y decencia al cuerpo social. Aquí podemos apreciar muy bien cómo Jovellanos es adelantado de su tiempo; supo ver muy bien la importancia nuclear de la instrucción para el fomento de la cohesión social y el cultivo de los talentos individuales. Esto tardaría casi un siglo en ser comprendido y aceptado en Europa. 

Como suele ocurrir con los escritores perspicaces, su reflexión no ha perdido un ápice de actualidad, a lo que contribuye un estilo fluido y fresco. Sus argumentos casi se pueden emplear hoy con la misma eficacia, pues el poder de la instrucción pública y su capacidad transformadora es muy elevado. 

2. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el texto (100 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los aspectos propios del género literario al que pertenece, teniendo en cuenta que aparece una carta y que se trata de exponer persuasivamente un tema de actualidad. 

5) ¿Qué tono tiene el texto de Jovellanos: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) ¿Qué tipo de argumento es el más empleado? Recuerda la metáfora de los primeros párrafos.

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Por qué afirma que la educación pública es eficaz para vivir mejor? 

2) ¿Qué relación establece entre la educación y la rectitud moral? ¿Por qué?

3) En un momento dado, afirma Jovellanos que “donde no hay instrucción, todo falta”. Explica su sentido más profundo.

4) ¿Cómo divide la actividad económica? ¿Favorece por igual la educación a los tres sectores?

5) ¿Contribuye la ignorancia a la generalización de los vicios? ¿Qué se deduce de aquí? 

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un poema o texto en prosa de ficción, o  ensayística que exprese una situación social negativa como la planteada por Jovellanos; puedes sugerir soluciones. Puedes hacerlo imitando el tono discursivo, como Jovellanos. 

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el escritor Gaspar Melchor de Jovellanos a propósito de su obra y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre Gaspar Melchor de Jovellanos, su literatura y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar la importancia de la educación, o de otro elemento social (equidad, sanidad, cortesía, etc.). Arguméntalo con ejemplos y otras razones convincentes, siguiendo el ejemplo de Gaspar Melchor de Jovellanos.

José Cadalso: «Cartas marruecas» (carta LXXXIII); análisis y propuesta didáctica

JOSÉ CADALSO – Cartas marruecas (1789)

Carta LXXXIII

Del mismo [Gazel] al mismo [Ben Beley]

Si yo creyese en los delirios de la astrología judiciaria, no emplearía la vida en cosa alguna con tanto gusto y curiosidad como indagar el signo que preside el nacimiento de los hombres literatos en España. En todas partes es, sin duda, desgracia, y muy grande, la de nacer con un grado más de talento que el común de los mortales; pero en esa península, dice Nuño, es uno de los mayores infortunios que puede contraer el hombre al nacer. A la verdad, prosigue mi amigo, si yo fuese casado y mi mujer se hallase próxima a dar sucesión a mi casa, la diría con frecuencia: desea con mucha vehemencia tener un hijo tonto; verás qué vejez tan descansada y honorífica nos da. Heredará a todos sus tíos y abuelos, y tendrá robusta salud. Hará boda ventajosa y una fortuna brillante. Será reverenciado en el pueblo y favorecido de los poderosos; y moriremos llenos de conveniencias. Pero si el hijo que ahora tienes en tus entrañas saliese con talento, ¿cuánta pesadumbre ha de prepararnos? Me estremezco al pensarlo, y me guardaré muy bien de decírtelo por miedo de hacerte malparir de susto. Sea cual sea el fruto de nuestro matrimonio, yo te aseguro, a fe de buen padre de familia, que no le he de enseñar a leer ni a escribir, ni ha de tratar con más gente que el lacayo de casa.

Dejemos la chanza de Nuño y volvamos, Ben-Beley, a lo dicho. Apenas ha producido esta península hombre superior a los otros, cuando han llovido miserias sobre él hasta ahogarle. Prescindo de aquéllos que por su soberbia se atraen la justa indignación del gobierno, pues éstos en todas partes están expuestos a lo mismo. Hablo sólo de las desgracias que han experimentado en España los sabios inocentes de cosas que los hagan merecedores de tal castigo, y que sólo se le han adquirido en fuerza de la constelación que acabo de referirte, y forma el objeto de mi presente especulación.

Cuando veo que Miguel de Cervantes ha sido tan desconocido después de muerto como fue infeliz cuando vivía, pues hasta ahora poco no se ha sabido dónde nació, y que este ingenio, autor de una de las pocas obras originales que hay en el mundo, pasó su vida parte en el hospital, parte en la cárcel, y parte en las filas de una compañía como soldado raso, digo que Nuño tiene razón en no querer que sus hijos aprendan a leer.

Cuando veo que don Francisco de Quevedo, uno de los mayores talentos que Dios ha criado, habiendo nacido con buen patrimonio y comodidades, se vio reducido a una cárcel en que se le acangrenaban las llagas que le hacían los grillos, me da gana de quemar cuanto libro veo.

Cuando veo que Luis de León, no obstante su carácter en la religión y en la universidad, estuvo muchos años en la mayor miseria de una cárcel algo más temible para los cristianos que el mismo patíbulo, me estremezco.

Es tan cierto este daño, tan seguras sus consecuencias y tan espantoso su aspecto, que el español que publica sus obras hoy las escribe con increíble cuidado, y tiembla cuando llega el caso de imprimirlas. Aunque le conste la bondad de su intención, la sinceridad de sus expresiones, la justificación del magistrado, la benevolencia del público, siempre teme los influjos de la estrella; así como el que navega cuando truena, aunque el navío sea de buena calidad, el mar poco peligroso, su tripulación robusta y su piloto muy práctico, siempre se teme que caiga un rayo y le abrase los palos o las jarcias, o tal vez se comunique a la pólvora en la Santa Bárbara.

De aquí nace que muchos hombres, cuyas composiciones serían útiles a ellos mismos y honoríficas a la patria, las ocultan; y los extranjeros, al ver las obras que salen a luz en España, tienen a los españoles en un concepto que no se merecen. Pero aunque el juicio es fatuo, no es temerario, pues quedan escondidas las obras que merecían aplausos. Yo trato poca gente; pero aun entre mis conocidos me atrevo a asegurar que se pudieran sacar manuscritos muy apreciables sobre toda especie de erudición, que naturalmente yacen como si fuese en el polvo del sepulcro, cuando apenas han salido de la cuna. Y de otros puedo afirmar también que, por un pliego que han publicado, han guardado noventa y nueve.

Fuente: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/cartas-marruecas–0/html/p0000003.htm#I_85_

  1. ANÁLISIS

1. Resumen

José Cadalso Vázquez (Cádiz, 1741 – Gibraltar, 1782) es uno de los más importantes escritores de la Ilustración española dieciochesca. Hemos tomado la carta LXXXIII de su novela epistolar Cartas marruecas (1789) para disfrutar de su buen hacer literario. En ella, Gazel, joven marroquí de viaje por España, acompañado de su amigo español Nuño, le escribe a su maestro y mentor en Marruecos, Ben Beley, comentando aspectos sociales, culturales y políticos de la vida española de las últimas décadas del siglo XVIII.

En esta carta aborda el tema de la crítica o la persecución desmesurada sobre los hombres rectos y dotados de talento. Lo aprecia con un mal muy propio de España, hasta el punto de recomendaría  a su mujer encinta, si estuvierse casado, que dé a luz un niño tonto, pues tendrá asegurado un brillante porvenir en lo social y en lo económico. Cuanto más ignorante, más feliz y vida próspera tendrá.  Un recuento de casos permite ver que muchas personas con un talento natural elevado han sufrido las iras de los críticos, los envidiosos o los poderosos. Lo ejemplifica con tres escritores: Quevedo, Cervantes y fray Luis de León. Sufrieron grandes penalidades por sobresalir en las letras y el pensamiento. Ello provoca que muchas personas apliquen mucha cautela en sus escritos públicos, para no ser perseguidos; y nadie les garantiza que así sea. Algunos extranjeros ridiculizan la baja calidad de muchas publicaciones españolas. Otra consecuencia es que personas con una inteligencia superior no publiquen más que una pequeña parte, o nada, de lo que podrían hacer, por miedo a los efectos perversos por parte de envidiosos y poderosos.  

2. Tema

El tema de la carta es la crítica a una sociedad, la española del siglo XVIII, que persigue a las personas con un don natural y se atreven a comunicarlo en sus escritos. La gente no tolera que sabios o eruditos publiquen sus hallazgos y pensamientos; los escritores pronto recibirán críticas, castigos y otros efectos negativos por haber publicado.

Otro tema que se toma, relacionado con el anterior, es la falta de fomento de la inteligencia y de la circulación de publicaciones que podrían favorecer el desarrollo social.

3. Apartados temáticos

Este ensayo se ordena en tres apartados de contenido bien discernibles:

-Una presentación, que ocupa el primer párrafo, con un chiste hiperbólico incluido;

– Un desarrollo o nudo argumentativo, con ejemplos y argumentos (párrafos 2-5); y 

– Un desenlace o conclusión (último párrafo) en el que expone las consecuencias negativas de los hechos explicados previamente.

Se trata de un despliegue lógico para un texto expositivo-argumentativo; el pensamiento está secuenciado con orden y claridad, en aras de la persuasión.

4. Personajes, lugar, tiempo y figura del narrador

Este texto posee unas características muy especiales en cuanto a su naturaleza. En parte es una novela, pues posee un narrador, Gazel, y unos personajes, –el propio Gazel es el protagonista–,  Nuño, Ben Beley, etc. Se enmarca también en unas circunstancias espaciales (España) y temporales (siglo XVIII, contemporáneo al momento de la escritura), que nos permiten adscribir el texto al género novelístico. 

Por otro lado, podemos hablar de una novela epistolar, puesto que el texto está compuesto por noventa cartas intercambiadas entre Gazel y Ben Beley. Y todavía más: las cartas poseen una clara naturaleza ensayística, es decir, son textos expositivo-argumentativos en los que se reflexiona sobre la situación cultural, moral, económica y política de España en la segunda mitad del siglo XVIII. Como ensayos, poseen una clara intencionalidad persuasiva, es decir, intentan influir en el lector acerca de los temas expuestos.

5. Comentario estilístico

El estilo de Cadalso posee amplias similitudes con el de fray Jerónimo Feijoo; ello no es de extrañar, pues comparten temas, intensiones, género y época cultural. Por eso podemos aplicar las características que ya explicamos de aquel a este. En síntesis, tenemos:Naturaleza instructiva o persuasiva: el autor escribe para convencer al lector sobre la validez o bondad de las ideas u opiniones expuestas. En este caso, Cadalso alecciona a sus lectores sobre la importancia de promocionar la inteligencia y las publicaciones de los sabios para fomentar el desarrollo social.

– Tono conversacional, de diálogo implícito, entre autor y lector. Aquel se dirige a este para apelar a su experiencia lectora y asumir sus postulados. Cadalso crea una atmósfera de cordialidad entre él, emisor, y el lector, receptor. No se distancia exhibiendo saberes inalcanzables o una abrumadora experiencia, sino que se acerca al lector con un tono coloquializante y conversacional, como si ambos estuvieran presentes en la interlocución.

– Naturaleza subjetiva de las opiniones vertidas. El autor no se oculta; vemos a Cadalso en su escrito; está detrás de las opiniones vertidas; el carácter personal e individual del texto no se disimula, antes bien, se explicita de vez en cuando, aunque a través del alter ego de Gazel. La primera persona en los verbos, los pronombres personales de primera persona y ciertos adjetivos y adverbios muy marcados lo revelan con frecuencia.

– Empleo de argumentos de todo tipo para aumentar la capacidad de convicción de las ideas expuestas: de experiencia, de mayoría, de causa-consecuencia (en el último párrafo), de ejemplo (el de los tres escritores clásicos españoles) de analogía (la comparación con el marino que apresta su barco frente a las tormentas), etc. El procedimiento inferencial es constante, variando de las deducciones a las inducciones según la materia tratada.

– Equilibrio dinámico entre la subjetividad y la objetividad como método persuasivo. Cadalso alterna entre la exposición objetiva y distante y la subjetiva, personal y cercana; cada una de ellas colabora eficazmente para aumentar la persuasión textual.

– Estilo cuidado, elegante y altamente elaborado. La selección léxica es muy acertada; Cadalso emplea vocablos claros, apropiados y precisos, entendible por cualquier lector de instrucción media; se percibe también su variedad, evitando repeticiones enojosas. Las oraciones son de extensión moderada; como corresponde a este tipo de escrito, las oraciones compuestas, coordinadas y subordinadas, y, dentro de estas, las causales, condicionales, consecutivas y comparativas son bastante frecuentes. La longitud de las cláusulas es la adecuada para asegurar una exposición precisa y una comprensión lectora exacta. Los conectores aseguran una construcción argumentativa exacta y convincente; alternan los textuales y los argumentales con un empleo eficaz y apropiado. El nivel lingüístico es medio, estándar o de la lengua común, con cierta tendencia al culto; el registro, por tanto, es formal.

– Disposición textual sometida a un orden claro y una estructura precisa que facilite el entendimiento lector. La estructura general se somete a una ordenación de presentación (primer párrafo), desarrollo (del segundo al quinto párrafo, ambos inclusive) y conclusión (sexto apartado). Cadalso emplea una estructura argumentativa paralela, con tendencia a lo sintetizante, en la exposición textual: comienza y termina afirmando su tesis general, con más carga expresiva en el final, de ahí lo sintético. 

6. Contextualización

Como ya afirmamos, José Cadalso Vázquez (Cádiz, 1741 – Gibraltar, 1782) es uno de los más preclaros escritores españoles del siglo XVIII. Beneficiado de una educación superior, aperturista y europea,  empleó su pluma en explicar y buscar soluciones a los problemas de España, que eran bastantes. Se ganó la vida como militar, oficio en el que encontró una muerte muy temprana en uno de los intentos de recuperar Gibraltar por el gobierno de España.

Cultivó todos los géneros literarios, aunque no siempre con éxito. En poesía nos dejó Ocios de mi juventud, al estilo contenido y recatado de la poesía del Siglo de las Luces. En teatro nos dejó dos tragedias, Solaya y los circasianos (1770) y Don Sancho García; son piezas de estilo neoclásico, en prosa, con un mensaje moral bien claro.

En prosa su producción es más abundante. En Los eruditos a la violeta (1772) critica a un determinado sector de jóvenes que ostentan una gran cultura y son unos pobres ignorantes. Cartas marruecas (1789), la obra de la que procede el texto que comentamos, es su producción más granada. Se trata de una colección de ensayos, bajo el formato de carta, sobre la situación social, económica, política y cultural de España; critica los defectos y vicios e insinúa soluciones. Noches lúgubres (1789) es una novela autobiográfica, en parte, y también dialogada, en la que Tediato se propone desenterrar el cadáver de su amada muerta y luego suicidarse en su casa provocando un incendio; de por medio, quedan escenas macabras y lúgubres, incluida la muerte de un hombre y las terribles condiciones de vida del sepulturero Lorenzo y su familia. Acaba de modo abrupto; es una obra prerromántica, con bastante exaltación de los sentimientos, amorosos, luctuosos, etc.

7. Interpretación y valoración

La carta XXXXIII es una reflexión válida para el siglo XVIII y para nuestros días. La presión social y el miedo a la crítica negativa y destructiva provoca que muchas personas talentosas no se embarquen en empresas innovadoras que podrían aportar un claro avance para la comunidad o sociedad. 

Cadalso emplea un estilo directo y claro, reforzando su argumentación a través de ejemplos y analogías. El léxico es variado y expresivo, lo que contribuye a una lectura amena y entretenida. Acaso lo más importante sea la preocupación del autor por el estado de postración intelectual de la España dieciochesca. Se duele de las dificultades que encuentran por doquier las personas talentosas para desarrollar su potencialidad. Es típico de una sociedad mezquina que no comprende que el desarrollo de la inteligencia personal redunda en beneficio de todos.

Su reflexión no ha perdido un ápice de actualidad, a lo que contribuye un estilo fluido y fresco. 

2. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el texto (100 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los aspectos propios del género literario al que pertenece, teniendo en cuenta que aparece una carta y que se trata de exponer persuasivamente un tema de actualidad. 

5) ¿Qué tono tiene el texto: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) ¿Qué tipo de argumento es el más empleado? Recuerda que se cita a Quevedo, Cervantes y fray Luis de León, tres grandes literatos españoles de épocas pasadas. 

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Por qué afirma que desearía tener un hijo tonto, si fuera padre? 

2) ¿Qué opinan los extranjeros de lo publicado en España? ¿Por qué?

3) Localiza la imágen de un marinero que prepara su barco para una travesía y explica cómo se debe entender. 

4) ¿A qué tienen miedo las personas talentosas? ¿Por qué?

5) ¿Se publica todo lo que se escribe? ¿Qué importancia posee? 

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un poema o texto en prosa ensayística que exprese una situación social negativa como la planteada por Cadalso; puedes sugerir soluciones. Puedes hacerlo en forma epistolar, como Cadalso. 

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el escritor José Cadalso a propósito de su obra y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre José Cadalso, su literatura y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar una situación social, económica o política negativa. Arguméntalo con ejemplos y otras razones convincentes, siguiendo el ejemplo de José Cadalso.

Fray Benito Jerónimo Feijoo: «Teatro crítico universal»; análisis y propuesta didáctica (vol. I, discurso sexto: «Régimen para conservar la salud»); análisis y propuesta didáctica

Discurso sexto. Régimen para conservar la salud

I. Los Médicos saben poco de la curación de los enfermos; pero nada saben, ni aun pueden saber en particular del régimen de los sanos, por lo menos en cuanto a comida, y bebida. Esta proposición, que a Médicos, y no Médicos parecerá escandalosa, se prueba con evidencia de la variedad de los temperamentos, a quienes precisamente se conmensura la variedad de los manjares, tanto en la cantidad, cuanto en la calidad. El alimento, que para uno es provechoso, para otro es nocivo. La cantidad, que para uno es larga, para otro es corta. Esta proporción de la cantidad, y calidad del alimento con el temperamento de cada individuo, sólo se puede saber por experiencia. La experiencia cada uno la tiene en sí mismo; ni al Médico le puede constar, sino por la relación que se le hace. ¿Pues qué, he menester yo acudir al Médico a que me diga qué, y cuánto he de comer, y beber, si él no puede saber lo que me conviene sin que yo primero le participe qué es lo que me incomoda, qué es lo que me asienta bien en el estómago, qué es lo que digiero bien? Etc.

Tiberio se reía de los que en llegando a la edad de treinta años, consultaban los Médicos; porque decía, que en esa edad cada uno podía saber por experiencia cómo debía regirse. De hecho parece que a él le fue bien con esta máxima, pues sin embargo de ser muy destemplado, así en el lecho, como en la mesa, vivió setenta y ocho años (…).

Ningún manjar se puede decir absolutamente que es nocivo (…).

Es muy grande la [diversidad] que hay entre los individuos de la especie humana. En las Observaciones de Schenchio se refiere de un hombre, que comiendo una onza de escamonea, no se purgaba poco, ni mucho; y en otros Autores Médicos se lee de algunos, que se purgaban sólo con el olor de las rosas. ¿No es esta discrepancia notable de temperamentos?

Es verdad que en lo común no hay tanta disimilitud entre los temperamentos de los hombres; pero siempre hay alguna, y bastante. Así como no se halla una cara perfectamente parecida a otra, tampoco un temperamento a otro. En cuantos accidentes están expuestos a nuestros sentidos, observamos alguna desemejanza en todos los hombres. ¿Qué cosa más simple que el sonido de la voz? Con todo, no hay hombre que en el metal de la voz se parezca perfectamente a otro. (…).

II. No sólo la variedad de los temperamentos de los hombres imposibilita saber qué alimento es proporcionado a cada uno; mas también la variedad que hay en los manjares dentro de la misma especie. Todo vino de uvas, pongo por ejemplo, es de una especie. Con todo, un vino es dulce, otro acedo, otro acerbo (…). 

 Añádese a esto (y es también de mucha consideración), que un mismo alimento, sin distinción, o desemejanza alguna, puede ser, respecto del mismo individuo, provechoso en un tiempo, nocivo en otro, ya por la diferente estación del año, ya por la diferente temperie del ambiente, ya por la diversa región que habita, ya por la diversidad de edad (…).

Si se hace la reflexión debida sobre este lugar de Hipócrates, y sobre lo que llevamos dicho, se hallará ser harto dudosa, por no decir falsa, aquella máxima tan establecida, de que para la conservación de la salud conviene usar siempre de una especie de alimento. El gran Bacon [153] está por la opinión contraria diciendo que se deben variar, así los medicamentos, como los alimentos: Tam medicamenti, quam alimenti mutatio conducit: neque perseverandum in frequentato utriusque usu (Hist. natur. centur. 1. num. 69.). La razón persuade lo mismo: porque si el cuerpo no está siempre del mismo modo, no convendrá alimentarle siempre del mismo modo (…). 

III. Aun cuando un alimento mismo pudiese ser conveniente a todos los hombres, y en todos tiempos, no podríamos averiguar por las instrucciones que dan los Médicos, en orden a dieta, cuál será éste; porque están encontrados en los preceptos. Dase comúnmente la preferencia a las carnes sobre los peces, yerbas, y frutos de las  plantas. Con todo no faltan graves Autores, que no contentándose conque sea la carne enemigo de la alma, la declaran también enemigo del cuerpo. Plutarco, en el libro de Sanitate tuenda, dice que la comida de carnes engendra grandes crudezas, y deja en el cuerpo malignas reliquias, por lo cual sería mejor hacerse a no comer carne alguna (…).

Mas esto no quita la probabilidad que le dan a esta sentencia sus Autores: y juntos éstos con los demás que alegamos, dejan bastantemente dudoso qué género de alimento sea mejor por lo común (…).

Estamos tan lejos de tener alguna doctrina recibida de todos en esta materia, que aquellos mismos alimentos, que comúnmente están reputados por los más insalubres, no faltan Autores graves que los canonicen por los más saludables (…).

El mayor error que en esta parte padecen los Médicos, y más común, es el de prescribir a los que los consultan aquellos alimentos de que los mismos Médicos gustan, o con que se hallan bien; como si el temperamento del Médico fuese regla de todos los demás (…). 

¿Qué partido hemos de tomar en tanta oposición de opiniones? No seguir ninguna, y atenerse cada uno a su propia experiencia. Esta regla es segura, y no hay otra. Observar con cuidado qué es lo que abraza bien el estómago: qué es lo que digiere sin embarazo, en que también se ha de atender a que no sea muy precipitada la digestión; porque ésta sólo en aquellos alimentos, que por su simbolización con el chilo son fácilmente reducibles, puede dejar de fundar sospecha de corrupción. Obsérvese que no induzcan alguna alteración molesta en el cuerpo hacia cualquiera de las cualidades sensibles.

IV. Fuera del conocimiento que la experiencia da por los efectos, el gusto, y el olfato son por lo común fieles exploradores de la conveniencia, o desconveniencia de los alimentos: Noxii enim cibi, innoxiique exploratores sunt odoratus, et gustus, dice Francisco Bayle en su Curso Filosófico. Muy rara vez engañaron estos dos porteros del domicilio de la alma en el informe que hacen, de si es amigo, o enemigo el huésped que llama a la puerta (…). 

No obstante, no aprobaré esta regla, dada con tanta generalidad, sin algunas excepciones. Lo primero, si el apetito nace de causa morbosa, podrá digerirse fácilmente el manjar, y con todo ser nocivo: porque por el mismo caso que el fermento, que le solicita, es preternatural, el alimento, que es connatural a él, ha de ser precisamente preternatural al cuerpo. Lo segundo, deben tenerse siempre por sospechosos, hasta tanto que la experiencia los justifique bastantemente, todos los alimentos de gusto muy alto, como los muy picantes, los muy agrios, los muy austeros, los muy dulces, etc. Asimismo, los que exceden mucho en las dos cualidades elementales de frío, y calor (…).

Modificada la regla en esta forma, juzgo se puede, y debe seguir la ley del apetito en la elección de comida, y bebida. Ya porque es cierto, que la naturaleza puso en armonía, en cuanto a la temperie, el paladar, y el estómago; y así, es conforme a éste, lo que a aquél es grato. Ya porque Dios nos dio los sentidos como atalayas, para descubrir los objetos que pueden conducir, o dañar a nuestra conservación: y el sentido del gusto sólo puede servir a este efecto, discerniendo el alimento provechoso del nocivo. Ya porque la experiencia muestra que jamás el estómago abraza con cariño lo que el paladar recibe con tedio (…).

 En todo caso, ni en el estado de salud, ni en el de enfermedad se forcejee jamás por introducir en el estómago lo que el paladar mira con positivo tedio. En esto delinquen mucho algunos Médicos, y casi todos los asistentes, especialmente si son mujeres, cuyo genio piadoso las hace porfiadas en esta materia, juzgando le hacen un gran bien al doliente metiéndole dentro del cuerpo un huésped desabrido (…).

V. En cuanto a mudar, o no mudar de comida, y bebida, no apruebo uno, ni otro extremo, que entrambos tienen sus defensores. La regla de Celso, que es acostumbrarse a comer de todo lo que el pueblo comúnmente come: Nullum cibi genus fugere, quo populus utatur ( Lib. 1. cap. 1.), me parece muy buena para todos aquellos que no tienen ya muy radicado el hábito opuesto. Es una parte substancial de la buena educación (…).

No tiene mucho inconveniente, y acaso ninguno, en temperamentos de alguna resistencia, el usar una, u otra vez de comida, o bebida de calidades sobresalientes, o gusto alto, como luego, o poco después se corrija este extremo con el opuesto: pongo por caso, comer, o beber cosas muy calientes, como en el pasto inmediato se use de cosas frescas, o al contrario. La misma naturaleza pedirá hacerlo así con la voz del apetito: como sucede en el que se calienta alguna vez demasiado con el vino de parte de noche, que apetece agua fría por la mañana: y el que fuera de su costumbre se llena de frutas, u ensaladas crudas, no pasan muchas horas, que apetece vino generoso, y cosas calientes.

VI. Hemos tratado hasta ahora del régimen en cuanto a la calidad. Tratemos ahora de la cantidad. En esta materia hallo introducido un error comunísimo; y es, que apenas se puede pecar por defecto. Doctos, e indoctos casi están de acuerdo, en que tanto mejor para la salud, cuanto más dentro de los términos de lo posible se estrechare la cantidad de comida, y bebida: de modo que muchos apenas entienden por esta voz dieta otra cosa, que comer, y beber lo menos que se pueda (…).

Hipócrates, bien lejos de aprobar por útil la dieta muy estrecha, la reprueba por nociva. En el Libro de Veteri Medicina dice, que no menos daña en esta parte el defecto, que el exceso (…).

Que sea nocivo el defecto, como el exceso en la cantidad del alimento, lo convence la razón que el mismo Hipócrates da en otra parte: Ni la saciedad (dice), ni la hambre, ni otra cualquiera cosa, que exceda el modo de la naturaleza, puede ser bueno ( Sect. 2. Aphorism. 4). Es claro que todo lo violento es enemigo de la naturaleza: y es claro asimismo que la hambre es violenta, como también la sed (…). 

VII. ¿Pero qué? ¿Decimos por eso que se haya de comer, y beber cuanto dictare el apetito? No por cierto. La regla de Galeno, que es levantarse siempre de la tabla con algo de apetencia, es muy ajustada a la razón (…).

Celso está más indulgente, porque prescribe exceder algunas veces de lo justo; y no sólo eso, mas también comer siempre cuanto pueda cocer el estómago. La regla de comer cuanto pueda cocerse es sospechosa. Las fuerzas de la facultad, si se apuran, se debilitan. El estómago, que cada día hace cuanto puede, cada día podrá menos (…). Si fuéramos tan felices que se hubiese continuado hasta nosotros el estado de la inocencia; sería, así para la calidad, como para la cantidad de la refección, regla sin excepción el apetito, porque entonces nunca saldría del imperio de la razón. Las cosas ahora están de otro modo; y así es menester que señale algunas limitaciones la prudencia.

El consejo de exceder una, u otra vez me parece razonable, por no ligar el cuerpo a un método indefectible, como en los pastos siguientes se cercene lo que se había excedido: y en todo caso no se proceda a nueva refección sin tener el estómago enteramente aliviado, y excitado bastantemente el apetito. Cuando se espera algún ejercicio inmoderado, o se teme que falte después a la hora regular el alimento preciso, como acaece algunas veces [164] en los caminos, puede prevenirse el estómago con refección más copiosa de la acostumbrada. Téngase siempre cuenta del ejercicio, o trabajo corporal, el cual cuanto sea mayor, pedirá más alimento, por lo mucho que disipa (…).

En cuanto a la división de los manjares entre comida, y cena, hay división también entre los Médicos. Unos pretenden que sea más larga la comida, que la cena: otros al contrario. Unos, y otros alegan sus razones. La primera opinión está más válida en el uso común. Lo que tengo por más seguro es, que cada uno observe cómo le va mejor, y siga ese método. En fin, recomendamos siempre como capital, y principalísima, así para la calidad, como para la cantidad de comida, y bebida, la regla de la experiencia, la cual nunca se ha de perder de vista.

VIII. Lo que hemos dicho en cuanto a comida, y bebida, se debe entender de todas las demás cosas, que componen el régimen de vida, sueño, ejercicio, habitación, etc. En todo es error obedecer el dictamen del Médico contra la experiencia propia. El ejercicio debe ser moderado, pero esta moderación ha de ser respectiva a las fuerzas, y al alimento. Cuando se exceda en la comida, a proporción se ha de exceder en el ejercicio (…). 

En el sueño apenas cabe error por exceso. Entregada la naturaleza al descanso, por sí sola prescribe el tiempo, o la cantidad proporcionada al temperamento de cada uno. Contra el sueño meridiano están declarados muchos Médicos, considerándole gran fomentador de catarros, y fluxiones; pero yo he visto muchísimos hallarse muy bien durmiendo una hora, o más, poco después de la comida. Esta es la práctica común de los Religiosos; y no por eso son más incomodados que los Seglares. Varias veces que he viajado por el Estío, siempre he madrugado mucho, con el motivo de huir de los calores; conque me era preciso alargar hasta dos, y tres horas el sueño meridiano, para suplir la falta del nocturno, y no por eso sentí daño alguno. Opondránme acaso muchos la experiencia que tienen, de que cuando duermen demasiado la siesta, sienten después la cabeza muy gravada. Respondo, que en el juicio que se hace de esta experiencia (asimismo como en el de otras muchas) se comete el error de tomar por causa lo que es efecto, y por efecto lo que es causa. No nace entonces la pesadez de la cabeza del sueño prolijo: antes el sueño prolijo nace de la pesadez de la cabeza. La mucha carga de vapores influye un sueño tenaz; y después del sueño continúa la pesadez, de que la cabeza se va desembarazando poco a poco, mediante la fluxión. Ser esto así se prueba, lo primero, porque cuando se duerme mucho la siesta, para suplir el defecto de sueño de la noche antecedente, no se siente después esa pesadez: y si el sueño por razón de la hora ocasionara esa incomodidad, también en este caso se padeciera. Lo [166] segundo, porque siempre que hay gran inclinación a dormir largamente la siesta, aunque no se condescienda con ella, se padece del mismo modo pesadez de cabeza todo el resto del día, como yo mil veces he experimentado: luego no es el sueño quien causa la pesadez; antes la pesadez es la que causa el sueño.

IX. El ambiente que respiramos, o País en que vivimos, tiene gran influjo en la conservación, o detrimento de la salud. También en esta parte se debe el conocimiento a la experiencia; porque las reglas físicas, que ordinariamente se dan, son muy falibles. Casi todos condenan por insalubres los Países húmedos; pero se engañan. Todo el Principado de Asturias es muy húmedo. Con todo, no sólo en las montañas de él, mas también en los valles, vive más la gente que en Castilla (…).

De aquí se colige que ni la sequedad del País, ni la aparente pureza del ambiente, puede darnos total seguridad de ser bueno el clima. El temple de Madrid es muy aplaudido en toda España, por razón de la pureza del ambiente, calificada con la pronta disipación de todos los malos olores, aun de los propios cadáveres: pues los de los perros, y gatos, dejados en las calles, se desecan, sin molestar a nadie con el hedor. Sin embargo, Francisco Bayle en su Curso Filosófico (Tom. 1. fol. mihi, 502) infiere de esa misma experiencia que el temple de Madrid es malo, atribuyendo el efecto a los muchos sales volátiles, acres, o alcalinos, de que está impregnado aquel ambiente, y de donde dice que nacen las muchas enfermedades que hay en la Corte: Unde originem ducunt morbi, qui saepe Madriti grassantur a nimia sanguinis tenuitate, et solutione, quam infert aer salibus turgidus. Añade, que la práctica de dejar los cadáveres de los animales domésticos insepultos por los barrios, y campos vecinos, aunque algunos Físicos de por acá juzgan ser útil para templar con la crasicie de sus vapores la nimia tenuidad del aire, en realidad es muy nociva; porque con las expiraciones de los cadáveres se aumentan al ambiente los sales acres. Como quiera que se filosofe (que esto de filosofar lo hace cada uno como quiere), el hecho es, que en Madrid no vive tanto la gente, como en algunos Países de aire más grueso, y nebuloso. Es cierto que la población de Madrid es poco menos numerosa que la de todo el Principado de Asturias. Con todo aseguro que se hallarán en Asturias más que duplicado número de octogenarios, nonagenarios, y centenarios, que en Madrid.

Estoy ya en la persuasión de que no percibirse en Madrid el mal olor de los cadáveres, no pende ni del principio que vulgarmente se imagina, ni del que discurre Francisco Bayle. La prueba clara es, porque si pendiese de alguno de aquellos principios, como ambos son comunes, no sólo al recinto de la población, mas a todo el territorio vecino; no sólo en Madrid, mas ni en todo el territorio vecino se percibiría ese mal olor, lo que es falso, como he experimentado algunas veces. A cincuenta, o sesenta pasos del Pueblo apesta del mismo modo un perro muerto, que en otro cualquier País. La causa verdadera, a lo que entiendo, de este fenómeno, es la gran hediondez de los excrementos vertidos en las calles, la cual sufoca, entrapa, o embebe los hálitos que exhalan los cadáveres.

Es fijo, pues, que la aparente pureza del ambiente no prueba la sanidad del clima. Y digo la pureza aparente, que consiste en la carencia de vapores, o exhalaciones sensibles; porque puede el aire ser impuro por la mezcla de otros corpúsculos insensibles, sin embargo de descubrirse el Cielo serenísimo por medio de la diafanidad de ese elemento. En las constituciones epidémicas, que dependen sin duda de la infección del aire, se ve esto muchas veces (…).

De aquí se infiere, que sólo la experiencia puede manifestar qué País es saludable, y cuál enfermizo. Y es de advertir, que en los climas sucede lo mismo que en los manjares; esto es, que ninguno hay que para todos los individuos sea bueno: ni apenas hay alguno tan malo, que sea malo para todos. De los sitios, o habitaciones dentro del mismo País, o cuartos de la misma casa, digo lo mismo; aunque no por eso niego, que por lo común los sitios donde hay aguas estancadas, o donde están embebidas en la tierra humedades permanentes, son muy nocivos (…).

 La niebla es cierto que no en todos los Países grava las cabezas. Y adonde hace este daño, estoy persuadido a que no le hace la misma substancia, o cuerpo sensible de la niebla, sino algunos corpúsculos sutilísimos malignos, que se le mezclan. La razón para mí es clara: porque cerradas puertas, y ventanas bien ajustadas, de modo que no entre humedad sensible de la niebla en el aposento, se padece el mismo daño, y en el mismo grado, que estando fuera de techo; lo que muchas veces he experimentado (…).

X. Concluiremos este capítulo con algunas advertencias, que miran a borrar ciertas erradas observaciones populares, en materia de régimen, tan introducidas, que justamente podremos llamarlas errores comunes.

Algunos toman por regla de su régimen a este, o a aquel individuo, que portándose de tal, o tal modo, vivió mucho tiempo con salud constante. Es error (…). 

La práctica de colocar la alcoba donde se duerme en la parte más retirada del edificio, a fin de defenderla de las injurias del ambiente externo, es errada, si no se toma la precaución de modo que pueda ventilarse a menudo. El ambiente estancado es nocivo, como la agua estancada (…).

El cubrir prontamente la ropa del lecho, luego que se sale de él por la mañana, se tiene por aseo; siendo en realidad porquería, y porquería dañosa. Antes se deben exponer luego las sábanas al ambiente, para que expiren los hálitos del cuerpo, que embebieron toda la noche, antes que enfriándose se condensen, impidiéndose de ese modo la evaporación.

Todo el mundo está ya persuadido a lo mucho que importa la limpieza en la ropa, especialmente en la que está inmediata al cuerpo, habiéndose ya desterrado la bárbara práctica, ordenada comúnmente por los vulgares Médicos, de mantener los enfermos con la misma camisa en todo el discurso de la dolencia (…). 

Algunos siguen la máxima de usar en todas las estaciones del año la misma cantidad de ropa, así en el lecho, como en el vestido. No debe ser así, sino quitar, o añadir a proporción del frío, y calor. La cantidad de ropa que en el Invierno es menester para abrigo, en el Estío sobra para ahogo (…). 

Dejar la ventana del aposento abierta en las noches ardientes del Estío, se tiene por arriesgado. Yo lo ejecuté muchas veces, y ví algunos otros que lo ejecutaban cuando el calor era muy excesivo, sin experimentar jamás algún daño. 

La elección de agua para beber es uno de los puntos considerables en materia de régimen. Las señas comunes, y probables de la buena, son carecer de todo sabor, ser cristalina, ligera, calentarse, o enfriarse prontamente, cocerse presto en ella las legumbres. Pero la de nacer la fuente al Oriente la he visto falsificada mil veces. 

Muchos Autores, tanto antiguos, como modernos, prefieren a todas las demás la agua llovediza, calificándola por mejor que la de fuentes, y ríos. Considerando que la agua llovediza se forma de los vapores que se elevan de las aguas terrestres, y que lo que se eleva en vapores, es lo más sutil, y tenue del cuerpo que los exhala; dedujeron, que la agua llovediza es la más pura, tenue, y sutil de todas. Pero la falacia de este discurso está descubierta por la experiencia. 

Puede ser que el dictamen de que la agua de lluvia es mejor que la de fuentes, y ríos, venga de la observación hecha en otras naciones, donde el agua de las fuentes sea de inferior calidad a la de las fuentes de España. Muéveme a esta sospecha haber leído en el Diccionario de Trevoux, V. Eau, la siguiente cláusula: La agua de España es excelente: ella no se corrompe jamás.}

La experiencia de pesar las aguas, para conocer la bondad de ellas, es engañosa. Puede la agua, que es más pesada que otra, ser para el estómago más ligera, a razón de la mayor flexibilidad, o mayor disolubilidad de la textura de sus partículas, por la cual se acomoda mejor, y penetra más fácilmente las vías. 

Otro error comunísimo, que he hallado en cuanto a la agua, y otra cualquiera bebida, es condenar por perniciosa la que habiéndose enfriado con nieve, perdió aquella frialdad intensa. Dicen que está pasada; y no sé lo que [176] quieren significar con esto. Si por pasada entienden corrompida, se engañan; porque la corrupción de cualquiera licor se manifiesta en sus cualidades sensibles; y en ninguna de éstas se inmuta la agua por enfriarse; o si alguna vez se inmuta, es porque la vasija, en que se enfrió, le comunicó algún sabor, u olor extraño: pero lo mismo sucedería estando en ella sin enfriarse.

Omito otras advertencias en orden al régimen: porque para decirlo todo, sería menester hacer libro entero de este asunto. Y repito, que en todas las cosas, de que se compone el régimen, cada uno se gobierne por su experiencia, estando advertido de entenderla bien; porque muchas veces se yerra enormemente en las conclusiones que se deducen de la observación, o tomando por efecto lo que es causa, como demostré arriba, tratando del sueño meridiano; o tomando por causa lo que ni es causa, ni efecto, sino cosa puramente concomitante; y éste es el yerro más común. 

Versión abreviada.

(Benito Jerónimo Feijoo, Teatro crítico universal, tomo primero (1726). Texto tomado de la edición de Madrid 1778 (por D. Joaquín Ibarra, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo primero (nueva impresión, en la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares), páginas 149-178.)

http://www.filosofia.org/bjf/bjft106.htm

I. ANÁLISIS

1. Resumen

El padre Jerónimo Feijoo (Pazo de Casdemiro, Santa María de Melias, Pereiro de Aguiar, Orense, 1676 – Oviedo, 1764) es uno de los más preclaros escritores españoles dieciochescos. Su contribución a la difusión de los principios ilustrados y racionalistas es de primer orden, tanto desde el punto de vista social, como del cultural o literario. 

El texto que vamos a analizar procede del primer volumen de su importantísima obra ensayística Teatro crítico universal (compuesta por 118 discursos; publicados en ocho volúmenes a partir de 1726). El título ya nos da una idea de su contenido instructivo y práctico: “Régimen para conservar la salud”. Se trata de una serie de consejos para que cada persona pueda apartarse de la enfermedad y adoptar hábitos que favorezcan su buena salud. Comienza recordando que los médicos no pueden decirnos todo lo que nos conviene, de modo individual, para estar sano, puesto que carecen de la experiencia y conocimiento directo que cada uno posee de sí mismo. Todos los alimentos pueden ser buenos o malos, dependiendo de cada uno, pues la variedad entre los hombres es muy grande; lo que a uno le sienta bien, a otro le cae mal. El mismo alimento puede ser bueno en una ocasión y malo en la otra; tampoco hay que seguir lo que digan los médicos, pues actúan su propia experiencia, y eso es muy limitado. Lo mejor es atenerse a la experiencia individual, pues nadie se conoce mejor que uno mismo; el gusto y el olfato ya indican si nos gustará y sentará bien un alimento determinado. No hay que empeñarse en obligar al enfermo en comer un determinado alimento en cantidades abundantes, si lo rechaza. En cuanto a la cantidad, la moderación es la mejor regla, pues el exceso acarrea enfermedades. Unos piensan que es mejor hacer la comida principal en la comida, otros en la cena; el autor piensa que no importa. En cuanto al sueño, se aconseja dormir lo necesario, lo que se logra por vía natural. Unos están a favor de la siesta corta, otros de la larga; cada uno se atendrá a la que mejor le siente. El ambiente que respiramos afecta directamente a nuestra salud. El ambiente de Madrid es alabado, poniendo como prueba que los animales muertos por las calles no hieden; eso es falso; huele tan mal siempre que los habitantes ya no perciben olores hediondos. Algunos rechazan los países con nieblas o húmedos, pero no son peores que los secos. Conviene para la salud ventilar el dormitorio donde dormimos, refrescar la ropa de cama y cambiarse con frecuencia. Se puede dormir con la ventana abierta en verano porque refresca. No tenemos por qué poner la misma cantidad de ropa todo el año, pues la temperatura aconseja usar más o menos. En cuanto al agua que bebemos, no hay una que sea claramente mejor; la de lluvia, la de río o la de fuente es igual de buena. El agua que ha sido antes enfriada por nieve es igual de buena que todas las demás.

2. Temas abordados en el ensayo

Feijoo aborda los siguientes asuntos en este texto:

-En lo tocante a la salud, cada uno debe atenerse a su propia experiencia, pues la variedad natural es tan grande que lo que a uno le conviene, a otro lo importuna.

-Los médicos se equivocan si prescriben siempre lo mismo a todos los pacientes, pues las circunstancias y complexiones aconsejan cambiar.

-La experiencia individual, o colectiva, en casos como el ambiente de un lugar, el agua, etc. es la que dicta la conveniencia o no de usos y costumbres. Lo mejor siempre será analizarse a uno mismo y optar por lo más prudente y experimentado.

3. Apartados temáticos

En este texto hemos abreviado mucho para que la lectura sea más ligera y concentrada. En el original, Feijoo distingue perfectamente secciones, numeradas convenientemente. Divide su ensayo en diez secciones numeradas en romanos, que nosotros, hemos respetado; esas son, justamente, los apartados temáticos de este texto.

4. Comentario estilístico

Este texto es de naturaleza ensayística, de modo que su adscripción a este subgénero literario explica y, a la vez, exige el uso de ciertas convenciones:

-Naturaleza instructiva o persuasiva: el autor escribe para convencer al lector sobre la validez o bondad de las ideas u opiniones expuestas. En este caso, Feijoo alecciona a sus lectores sobre la importancia de los buenos hábitos para gozar de salud y de una vida larga. Toca diez aspectos distintos y variados en los que, en general, aconseja sentido común, atención a la experiencia individual y cierta desconfianza hacia los médicos, pues prescriben de modo generalista y según su propia experiencia individual.

-Tono conversacional, de diálogo implícito, entre autor y lector. Aquel se dirige a este para apelar a su experiencia lectora y asumir sus postulados. Feijoo crea una atmósfera de cordialidad entre él, emisor, y el lector, receptor. No se distancia exhibiendo saberes inalcanzables o una abrumadora experiencia, sino que se acerca al lector con un tono coloquializante y conversacional, como si ambos estuvieran presentes en la interlocución.

-Naturaleza subjetiva de las opiniones vertidas. El autor no se oculta; vemos a Feijoo en su escrito; está detrás de las opiniones vertidas; el carácter personal e individual del texto no se disimula, antes bien, se explicita de vez en cuando. La primera persona en los verbos, los pronombres personales de primera persona y ciertos adjetivos y adverbios muy marcados lo revelan con frecuencia.

-Empleo de argumentos de todo tipo para aumentar la capacidad de convicción de las ideas expuestas: de autoridad (donde Feijoo muestra unos saberes enciclopédicos y actuales para su tiempo), de experiencia, de mayoría, de causa-consecuencia, de analogía, etc. El procedimiento inferencial es constante, variando de las deducciones a las inducciones según la materia tratada.

-Equilibrio dinámico entre la subjetividad y la objetividad como método persuasivo. Feijoo alterna entre la exposición objetiva y distante y la subjetiva, personal y cercana; cada una de ellas colabora eficazmente para aumentar la persuasión textual.

-Estilo cuidado, elegante y altamente elaborado. La selección léxica es muy acertada; emplea vocablos claros, apropiados y precisos, entendible por cualquier lector de instrucción media; se percibe también su variedad, evitando repeticiones enojosas. Las oraciones son de extensión moderada; como corresponde a este tipo de escrito, las oraciones compuestas, coordinadas y subordinadas, y, dentro de estas, las causales, condicionales, consecutivas y comparativas son bastante frecuentes. La longitud de las cláusulas es la adecuada para asegurar una exposición precisa y una comprensión lectora exacta. Los conectores aseguran una construcción argumentativa exacta y convincente; alternan los textuales y los argumentales con un empleo eficaz y apropiado. El nivel lingüístico es medio, estándar o de la lengua común, con cierta tendencia al culto; el registro, por tanto, es formal.

-Disposición textual sometida a un orden claro y una estructura precisa que facilite el entendimiento lector. La estructura general se somete a una ordenación de presentación (primer apartado), desarrollo (del segundo al noveno apartados, ambos inclusive) y conclusión (décimo apartado). Luego vemos que los subtemas o argumentos se separan en párrafos numerados (en el original; en nuestra adaptación hemos suprimido la numeración por mor de la ligereza y la facilidad visual). Feijoo emplea una estructura argumentativa paralela, con tendencia a lo sintetizante, en la exposición textual: comienza y termina afirmando su tesis general, con más carga expresiva en el final, de ahí lo sintético. 

5. Contextualización

El padre Jerónimo Feijoo y Montenegro (Pazo de Casdemiro, Santa María de Melias, Pereiro de Aguiar, Orense, 1676 – Oviedo, 1764) es, seguramente, el mejor ensayista español del siglo XVIII. En sus escritos se aúnan y armonizan maravillosamente su vocación literaria y su tendencia instructiva, en el sentido de desear aumentar los conocimientos objetivos y científicos de sus lectores y de contribuir a la construcción de una sociedad más sana, coherente, culta y próspera. Sin duda ninguna, lo logró en muchos de sus aspectos, pues la influencia que ejercieron sus escritos fue enorme a lo largo del siglo XVIII y siguiente, como mínimo.

A la vez que ejercía su cátedra de teología en la universidad de Oviedo, en donde residió desde 1709 hasta el final de sus días, se entregó al cultivo de las letras con una producción abrumadora. Ya hemos citado su Teatro crítico universal (compuesta por 118 extensos y densos discursos; publicados en ocho volúmenes de 1726 a 1740). Su segunda obra en importancia, también de naturaleza ensayística se titula Cartas eruditas y curiosas (estamos ante 163 cartas, publicadas en cinco volúmenes, entre 1742 y 1760). También cultivó el género lírico; sus poesías quedaron inéditas en su tiempo; expresa ideas y emociones con acierto y elegancia. 

Feijoo señala en el prólogo a su Teatro… que pretende desterrar “errores”; esta palabra es clave para entender sus escritos: trata de instruir al público general para que destierre creencias absurdas, supersticiones ridículas y ritos infundados y, muchas veces, aberrantes, en cualquier orden de la vida, sea la cotidiana, sea la espiritual o religiosa. Feijoo tuvo muchos detractores en vida, señal inequívoca de sus aciertos tanto en opiniones como en el ámbito literario.

Su prosa clara, precisa, apropiada y limpia de toda exageración barroca o recargamiento retórico absurdo hacen de él un excelente ejemplo de un empleo preciso y eficaz de la lengua española.

6. Interpretación y valoración

El texto que estamos comentando incide en un asunto importante e intemporal: cómo llevar una vida larga y saludable. Feijoo aborda el asunto desde el sentido común y desde sus amplísimos conocimientos eruditos; conocía muchas fuentes, clásicas y modernas, y las cita con tino y oportunidad.

Su tesis es totalmente plausible y convincente, desde la perspectiva actual, señal inequívoca de sus posiciones racionales, realistas y duraderas. Su capacidad argumentativa es elevada en todo momento; al adoptar posiciones templadas y sensatas se asegura una atemporalidad estimativa muy importante para sus escritos. En todos los ejemplos y argumentos que utiliza, vemos a un hombre de su tiempo con los ojos bien abiertos y el sentido crítico afilado. No acepta de buenas a primeras opiniones que no sean totalmente convincentes. 

Su coloquialismo y acercamiento al lector son notables. Lo leemos hoy sin que haya perdido nada de frescura o validez, fuera, obviamente, donde los avances científicos y técnicos han introducido nuevas maneras de vivir y pensar. Su estilo es ameno y fluido, lo que contribuye a una lectura gustosa.

II. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Estas actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo, en la clase o en casa, de manera oral o escrita; el uso de los medios TIC pueden favorecer su realización).

1. Comprensión lectora

1) Resume el texto con tus propias palabras.

2) Señala sus temas principales con varias frases comprensivas.

3) Indica los apartados temáticos.

4) Señala los rasgos estilísticos más llamativos o repetidos en su ensayo.

2. Interpretación y pensamiento analítico

1) Feijoo, ¿es objetivo o subjetivo presentando sus argumentos?

2) ¿Por qué crees que compone su texto? Es decir, ¿qué finalidad persigue?

3) Explica los tipos de argumentos que utiliza Feijoo.

4) ¿Cómo logra convencer al lector de la validez de sus opiniones?

5) Feijoo, ¿qué opinión tiene de los médicos?

3. Fomento de la creatividad

1) Transforma este texto, manteniendo cierta fidelidad al original, en otro, empleando otro género literario: un cuento, un poema, una pequeña obra de teatro, etc.

2) Imagina una entrevista de Feijoo con tu clase. ¿Qué preguntas le harías?

3) Realiza una exposición, valiéndote de texto, imagen y sonido, con medios TIC, si es posible, sobre la vida y la obra de fray Jerónimo Feijoo.

4) Escribe un ensayo sobre un tema de actualidad, más o menos inspirado en el de Feijoo, en que que expreses de modo persuasivo tu opinión de manera argumentada, amena y elegante.