Antonio Machado: «En abril, las aguas mil» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – En abril, las aguas mil
CV
EN ABRIL, LAS AGUAS MIL
 
Son de abril las aguas mil.          1
Sopla el viento achubascado,
y entre nublado y nublado
hay trozos de cielo añil.
 
Agua y sol. El iris brilla.               5
En una nube lejana,
zigzaguea
una centella amarilla.
 
La lluvia da en la ventana
y el cristal repiquetea.                10
 
A través de la neblina
que forma la lluvia fina,
se divisa un prado verde
y un encinar se esfumina,
y una sierra gris se pierde.         15
 
Los hilos del aguacero
sesgan las nacientes frondas,
y agitan las turbias ondas
en el remanso del Duero.
 
Lloviendo está en los habares    20
y en las pardas sementeras;
hay sol en los encinares,
charcos por las carreteras.
 
Lluvia y sol. Ya se obscurece
el campo, ya se ilumina;            25
allí un cerro desaparece,
allá surge una colina.
 
Ya son claros, ya sombríos
los dispersos caseríos,
los lejanos torreones.                  30
 
Hacia la sierra plomiza
van rodando en pelotones
nubes de guata y ceniza.
1. ANÁLISIS
1.Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. Este poema desarrolla el refrán que le da título: “En abril, las aguas mil”. Estamos ante un texto descriptivo, producto de una atenta observación del paisaje en un momento muy determinado: el anochecer. Recoge distintos fenómenos naturales que contempla desde su ventana: viento, nublados, cielo azul oscuro, una centella y lluvia. La mirada del yo poético, desde su ventana, se desplaza a un prado, un encinar y una sierra. Se detiene la vista en las “frondas” y en las aguas algo agitadas del Duero. Se fija después en los terrenos de labradío: habares (lugar sembrado de habas) y sementeras. Continúa con los encinares y las carreteras, donde alterna el sol y el agua. Un cerro y una colina aparecen entre sol y sombra, alternando. Continúa con los caseríos y los torreones, también vistos en claroscuro. La contemplación final es elevada y general: la “sierra plomiza”, hacia la que se dirigen amenazantes nubes cargadas de agua.
  1. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Descripción detallada y sensible de una tarde primaveral cerca del Duero.
-Visión detenida y algo intimista del paisaje soriano en una tarde lluviosa de primavera.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta una fuerte cohesión temática: estamos ante una descripción personal de una tarde primaveral. Todo el poema forma un único bloque de contenido. Se pueden apreciar subapartados, según los elementos descritos o si la mirada es concreta y cercana, o lejana y general. Estas subsecciones son:
-Primer subapartado (vv. 1-8): primero se presenta el marco general, a través del refrán “En abril, las aguas mil”. Luego el yo poético eleva su mirada y observa: viento, agua y sol, y nubes. Mira al horizonte, a lo lejos.
-Segundo subapartado (vv. 9-19): el yo poético se fija en la lluvia y los aguaceros y sus efectos sobre el campo, cambiando su color y aspecto; también se fija en el agua del Duero. 
-Tercer subapartado (vv. 20-23): el yo poético extiende su contemplación a lo lejos; observa encinares y carreteras a lo lejos; cambian sus colores y aspectos según la lluvia o el sol llegue a ellos.
-Cuarto y último subapartado (vv.23-33): repite los dos elementos centrales responsables de los cambios en el paisaje: “lluvia y sol”. Introduce el momento del día en que contempla, el anochecer. La mirada es larga; de ahí que describa caseríos y una sierra lejana hacia la que avanzan las nubes. Las sensaciones cromáticas son las más importantes.
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por treinta y tres versos octosílabos (excepto el v. 7, que es tetrasílabo) agrupados en nueve estrofas con distinto número de versos. Se aprecian las siguientes estrofas: redondillas (1-4 y 5-8), tres versos libres como versos de enlace (9-11), cuarteta (12-15), redondillas (16-19 y 20-23), cuarteta (24-27), pareado (28-29) y cuarteta (30-33).
  1. Comentario estilístico
     El primer verso anuncia el tema y presenta el contenido general. “Son de abril las aguas mil” nos prepara para comprender el tema poético: la primavera y sus cambios bruscos de clima. Estamos ante un poema muy sensorial y sinestésico. El yo poético se fija con detalle en todo lo que ve y nos lo transmite con viveza. La personificación de los elementos meteorológicos y del campo es constante. Los sintagmas clave son “Agua y sol” (vv. 5) y “Lluvia y sol (v. 24); son dos los elementos naturales que determinan todo lo que pasa y percibe el yo poético. 
En la primera estrofa introduce dos fenómenos meteorológicos, el viento y el nublado, y otro natural, el cielo. El v. 5 se abre con los dos sustantivos nucleares: “Agua y sol”, como ya dijimos. Sigue un iris (arco iris), una nube y una centella; presenta con exactitud lo que puede ver. 
Los vv. 9-10 nos informa el lugar desde el que observa el yo poético: una ventana, se entiende que de una sala, en una casa. E inmediatamente siguen los fenómenos meteorológicos y sus efectos sobre el paisaje: la neblina y lluvia fina inundan un prado, un encinar y una sierra, apenas entrevistos.
Los vv. 16-19, que forman una redondilla y una estrofa propia, es más informativa. El aguacero permite entrever como entre rayas la fronda y las tranquilas aguas del Duero. Desplaza después la mirada hacia campos cultivados (“habares” y “sementeras”) y los caminos que llevan a ellos. 
“Lluvia y sol” (v. 24), el sintagma que abre la estrofa antepenúltima, de nuevo nos recuerda los dos elementos centrales del poema, de los que dependen todo lo demás. Ahora introduce el momento del día del acto de la contemplación: “Ya se obscurece” (v. 24). Desde ese momento, las percepciones visuales de los juegos de luces y sombras ocupan todo el poema, creando sensaciones de visiones inestables, apareciendo y ocultándose los objetos con rapidez. De nuevo la mirada extendida percibe un cerro, una colina, caseríos, torreones y una sierra “plomiza” a la que se dirigen las nubes. 
Las percepciones principales son las principales, por no decir las únicas. Colores, visiones y observaciones, bien de elementos naturales estáticos, bien dinámicos, ocupan todo el poema. Se trata de una visión serena, contemplativa y minuciosa de un momento y un lugar: Soria en primavera, en un día de lluvia y algo de tormenta. 
  1. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). 
Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. Interpretación y valoración
Este delicioso poema describe con cierto intimismo un momento y un lugar queridos por Machado: Soria, en una tarde primaveral de tiempo revuelto. Las estrofas de arte menor y cambiantes imprimen viveza y dinamismo. Forman una íntima analogía con el tema del poema y su desarrollo: el y sol y la lluvia se suceden en los campos sorianos.
La riqueza de la visión y la precisión de la expresión son, a nuestro entender, sus dos hallazgos principales. La lectura deja una vívida imagen de la primavera soriana. Machado logra aprisionar con palabras paisajes o aspectos meteorológicos cambiantes y fugaces. Como si fuera realizando fotografías, o una panorámica, de lo que ve. En este este sentido, el poema es feliz y estimable, aunque no está a la altura de otros donde se interioriza la visión del campo soriano.
 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué tipo de paisaje dibuja el poema? 
2) El poeta, ¿dónde se  ubica para contemplar lo que ve? 
3) ¿Qué percepción sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cuáles son los dos elementos naturales que nuclean el poema? 
5) Hay un refrán que señala el marco descriptivo. Localízalo y explica su sentido. 
6) El paisaje, ¿es rural, o urbano? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de un paisaje bajo unos fenómenos meteorológicos concretos y llamativos.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de paisajes que, bajo algún determinado fenómeno meteorológico, sea especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo…?» (de «Campos de Castilla»)

ANTONIO MACHADO – “¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo”
CIV
¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo,       1
la sierra gris y blanca,
la sierra de mis tardes madrileñas
que yo veía en el azul pintada?
Por tus barrancos hondos                       5
y por tus cumbres agrias,
mil Guadarramas y mil soles vienen,
cabalgando conmigo, a tus entrañas.
                                  (Camino de Balsaín, 1911)
1. ANÁLISIS
1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. En este poema, el yo poético dialoga con la sierra del Guadarrama. La invoca para que se haga presente y le anuncia que dentro de su ser está traspasado de “mil Guadarramas y mil soles”, que circulan del yo poético a la sierra, y viceversa.
  1. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Declaración de amor entrañable del yo poético por la sierra de Guadarrama.
-Expresión de la intensa comunicación espiritual entre el yo poético y la sierra de Guadarrama.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta dos apartados temáticos. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-4): el yo poético convoca a la sierra de Guadarrama para que acuda a su recuerdo (de su infancia), a su visión y a su corazón. 
-Segundo apartado ( vv. 5-8): afirmación asertiva del amor que siente por la sierra. La lleva en su interior y, a medida que se acerca a ella físicamente, percibe una comunicación emocional con el Guadarrama.
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por ocho versos endecasílabos y heptasílabos agrupados en una sola estrofa. La rima es asonante, coincidiendo en los versos pares; los impares quedan libres. De este modo, estamos ante una silva romanceada, estrofa bastante empleada por Machado. 
  1. Comentario estilístico
La primera mitad del poema se resuelve en una interrogación retórica de bella factura. Personifica a la sierra inmediatamente, pues el yo poético la apostrofa (tratándola de “viejo amigo”). El yo poético se retrotrae a su infancia, pues la conoce desde entonces; es un signo de la importancia que ha tenido en su vida. La anáfora y el paralelismo de los versos 2-3 enfatiza en la naturaleza geográfica del Guadarrama: “la sierra”. Dos notas de color destacan de esos ontes: “gris y blanca”; se refiere, probablemente, al color de las rocas y a la nieve, en invierno. Todavía otro color, “azul”, metonimia del cielo, aparece en la primera parte. El conjunto connota inmensidad y belleza natural.
En la segunda parte, el yo poético se fija en dos accidentes geográficos de la sierra: “barrancos hondos” y cumbres agrias” (vv. 5 y 6). Los efectos del paralelismo sintáctico son incisivos y hermosos, pues recalcan la grandeza de esa orografía. Por otro lado, la sinestesia de “cumbres agrias” alude a las dificultades para recorrer esa geografía. La hipérbole de “mil Guadarramas y mil soles vienen” enfatizan la grandeza del lugar y la intensa comunicación emocional entre ese y el yo poético. El poema se cierra con una paradoja sutil y expresiva. Los accidentes geográficos “vienen, / cabalgando conmigo, a tus entrañas”. Se intenta expresar, creemos, la íntima unidad del caminante, el yo poético, con la sierra. El avanzar de de este significa un adentramiento en la intimidad de la sierra, en sus “entrañas”. Expresa un movimiento de pliegue de la sierra sobre sí misma, envolviendo al yo poético . Se expresa así, nos parece, la íntima comunicación entre el yo poético y el paisaje de la sierra de Guadarrama. Por otro lado, el yo poético expresa su dicha por estar en ese lugar y sentir una intensa comunicación emocional, casi espiritual, con la sierra de Guadarrama.
Nuestra explicación del poema se basa, en buena parte, en la nota del cierre del poema: “Camino de Balsaín”. Machado está caminando hacia Valsaín (Segovia), en plena sierra de Guadarrama. Existe, pues, un movimiento físico y otro espiritual que confluyen en el mismo punto: la sierra, ese “viejo amigo” que conmueve las entrañas del yo poético.
  1. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. Interpretación y valoración
Este breve poema es muy emotivo porque refleja la comunión y comunicación espiritual entre el yo poético y la sierra de Guadarrama. Existe un encuentro emocional entre ambos; son viejos amigos, su amistad viene de muy atrás. Y ahora, una vez más, se van a encontrar para celebrar su íntima comunicación. El yo poético, desde luego, se halla feliz y emocionado por ese encuentro.
Se trata de un hermoso poema de sentido intimista, con un movimiento de fuera adentro. La comunicación y complicidad es intensa. Machado expresa con emoción contenida su emoción por estar en un lugar querido por él: la sierra de Guadarrama.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimiento  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Qué órgano sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la infancia del poeta?
6) ¿Qué dos accidentes geográficos concretos se mencionan? ¿Qué sentido aportan? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la llegada a un lugar especial y querido.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios en el momento de la visita. Haz que intervenga la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Orillas del Duero» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

Claustro de profesores del instituto de Soria con Machado en el centro mirando hacia abajo.
(Antonio Machado —al fondo, de pie, en el centro, con la mirada baja— con los profesores claustrales del instituto de Soria)
ANTONIO MACHADO – Orillas del Duero
CII
ORILLAS DEL DUERO
      (1) ¡Primavera soriana, primavera                    1
humilde, como el sueño de un bendito,
de un pobre caminante que durmiera
de cansancio en un páramo infinito!
      (2) ¡Campillo amarillento,                                  5
como tosco sayal de campesina,
pradera de velludo polvoriento
donde pace la escuálida merina!
      (3) ¡Aquellos diminutos pegujales
de tierra dura y fría,                                           10
donde apuntan centenos y trigales
que el pan moreno nos darán un día!
      (4) Y otra vez roca y roca, pedregales
desnudos y pelados serrijones,
la tierra de las águilas caudales,                        15
malezas y jarales,
hierbas monteses, zarzas y cambrones.
      (5) ¡Oh tierra ingrata y fuerte, tierra mía!
¡Castilla, tus decrépitas ciudades!
¡La agria melancolía                                            20
que puebla tus sombrías soledades!
      (6) ¡Castilla varonil, adusta tierra.
Castilla del desdén contra la suerte,
Castilla del dolor y de la guerra,
tierra inmortal, Castilla de la muerte!                   25
(7) Era una tarde, cuando el campo huía
del sol, y en el asombro del planeta,
como un globo morado aparecía
la hermosa luna, amada del poeta.
(8) En el cárdeno cielo violeta                              30
alguna clara estrella fulguraba.
El aire ensombrecido
oreaba mis sienes, y acercaba
el murmullo del agua hasta mi oído.
(9) Entre cerros de plomo y de ceniza                  35
manchados de roídos encinares
y entre calvas roquedas de caliza,
iba a embestir los ocho tajamares
(10) del puente el padre río,
que surca de Castilla el yermo frío.                      40
(11) ¡Oh Duero, tu agua corre
y correrá mientras las nieves blancas
de enero el sol de mayo
haga fluir por hoces y barrancas,
(12) mientras tengan las sierras su turbante         45
de nieve y de tormenta,
y brille el olifante
del sol, tras de la nube cenicienta!…
(13) ¿Y el viejo romancero
fue el sueño de un juglar junto a tu orilla?              50
¿Acaso como tú y por siempre, Duero,
irá corriendo hacia la mar Castilla?
1. ANÁLISIS
1. Resumen
Estamos ante un poema descriptivo con un fuerte carácter emotivo. El yo poético (se nombra a sí mismo como “el poeta”) contempla la tierra castellana en un punto muy concreto, la ciudad de Soria, a orillas del Duero, en el puente que lo atraviesa camino del Moncayo. Describe la primavera en esos campos. Todo emana humildad, sencillez y pobreza. El campo está teñido de amarillo y acaso verde, casi marrón (“velludo polvoriento”). Las parcelas de cultivo son pequeñas; están cultivadas y ya se entrevén los cereales, de los que no se puede esperar mucho porque estamos en una tierra “dura y fría”. Levanta la vista el yo poético y solo ve “roca y roca” dispuestas en “serrijones” ásperos y estériles. Observa el cielo y ve águilas; se fija en la vegetación y contempla humildes hierbas. En ese momento, reacciona emocionalmente el yo poético: siente esa humilde tierra como suya, a pesar de ser “ingrata y fuerte”. Realiza un ejercicio de abstracción y recopilación; valora las ciudades castellanas como “decrépitas”, medio en ruinas, solas, malhumoradas y enfadadas consigo mismas. En un hermoso serventesio construido con paralelismos (vv. 22-25) valora el pasado glorioso castellano, el carácter firme y recio de su gente, con cierta propensión bélica, lo que también ha acarreado mucho dolor y muerte. De nuevo retoma su descripción explicando el momento de su contemplación: una tarde, cerca  del anochecer, surgiendo la luna por el cielo. Es un momento hermoso, con colores cárdenos; el yo poético se halla cómodo con la brisa que lo refresca y con el rumor del agua del río Duero discurriendo por su estrecha vega. El agua choca con  las bases del puente (“tajamares”). En ese momento, el yo poético contempla intensamente al río; le llama “padre” y lo invoca con admiración, cariño y respeto. Piensa que su agua correrá por su cauce para siempre, o al menos mientras lo alimenten las nevadas montañas. Siente estos elementos naturales como suyos, parte de su esencia espiritual. El último serventesio conecta la creación literaria popular, el romancero”, con un juglar que habitara a orillas del Duero. Asimismo, se pregunta (y desea) si Castilla estará volcada hacia el exterior, hacia un futuro incierto y acaso esplendoroso, como el agua del Duero camina hacia el mar.
  1. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Descripción intimista y emotiva de la dura y áspera tierra castellana, incluso en primavera, posicionado el yo poético al lado del Duero a su paso por Soria.
-El intenso amor que el yo poético siente por la tierra soriana, fría, inhóspita y poco fértil, pero dotada de una belleza singular, especialmente concentrada en el río Duero.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta cinco apartados temáticos, de sentido ascendente. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-17): descripción del paisaje rural a las afueras de Soria, en la estación primaveral. Todo es sencillez, pobreza, sequedad y humildad.
-Segundo apartado (vv. 18-25): El yo poético expresa su visión interiorizada de Castilla, en correspondencia con la descripción anterior. A pesar de la humildad de la tierra, la gente es valerosa, belicosa y decidida a luchar por sus ideales. Esto lo complace y lo admira. 
-Tercer apartado (vv. 26-40): el yo poético se introduce como un elemento más del poema y acota el tiempo: una tarde, al anochecer, al lado del Duero, cuya agua corre intrépida camino del mar.
-Cuarto apartado (vv.41-48): invocación sentimental en forma de apóstrofe al río Duero. De él destaca su eternidad, su permanencia, alimentado por las nieves de las montañas sorianas.
-Quinto y último apartado (vv. 49-52): el yo poético pregunta al río, y desea una respuesta afirmativa, si la poesía y el alma noble y aventurera de Castilla no habrán nacido justamente en ese lugar, a orillas del Duero. En ese caso, sobran motivos para amar y admirar a la tierra castellana. 
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por cincuenta y dos versos endecasílabos y heptasílabos; forman, pues, una silva. Sin embargo, si observamos bien la rima, descubrimos estructuras métricas clásicas; y se establece así (sin tener en cuenta el número de sílabas de cada verso): tres serventesios (ABAB) (vv. 1-12); un quinteto (vv. 13-17); tres serventesios (vv. 18-29); un quinteto (vv. 30-34); un serventesio (vv. 35-38); un pareado (vv. 39-40); y tres serventesios finales (vv. 41-52).
El ritmo creado es envolvente, sereno y armónico. El avance en el sentido se acompaña de una suave y firme musicalidad que refuerza la significación del conjunto poético.
  1. Comentario estilístico
Las tres primeras estrofas son muy similares en su estructura; forman un paralelismo extenso y musical. Todas las tres poseen una entonación exclamativa que abarca su contenido entero; y, finalmente, forman estructuras nominalizadas (como si se enunciara un sujeto y no completara la oración con un verbo). En la primera estrofa, el núcleo semántico principal es “primavera soriana”; en la segunda, “campillo amarillento” y “velludo polvoriento”; en la tercera, los “diminutos pegujales”, pequeñas parcelas de labradío. La primera ofrece un marco temporal y espacial: la primavera en Soria. En la segunda estrofa, sin embargo, el elemento principal es la tierra: pobre, humilde y medio seco, a pesar de ser primavera. 
El símil de la primera estrofa (“como el sueño de un bendito, / de un pobre caminante…”, vv. 2-3) es muy expresivo y bello; enfatiza en el hecho de la simplicidad de la naturaleza soriana. Establece un vivo contraste con la inmensidad del territorio (“páramo infinito!”, v. 4). Lo mismo ocurre con el símil de la segunda estrofa (“como tosco sayal de campesina”, v. 6). Sigue una metáfora que refuerza la humildad de la tierra castellana, al identificarla con una alfombra de poco valor (“velludo polvoriento”); allí se alimenta, sin mucho éxito, una oveja, delgada por falta de nutrientes. La tercera estrofa continúa con el tono emotivo y exaltado; se fija el yo poético en la pequeñas parcelas de cultivo (“pegujales”), no muy productivos, aunque ayudarán al alimento de esos esforzados campesinos que los laboran.
Eleva la vista y no ve nada nuevo que sea alentador. La repetición (“Y otra vez roca y roca”, v. 13) nos advierten de inhóspito paisaje. El quiasmo formado por los sustantivos que describen el paisaje es muy expresivo: “pedregales / desnudos y pelados serrijones” (v. 13-14). Luego presenta una enumeración de los vegetales que abundan por esos serrijones; son matorrales de poco valor que destacan por sobrevivir en condiciones extremas. Hasta aquí, no hay acción, solo contemplación, esencialidad desnuda.  Los adjetivos que acompañan a los sustantivos.
En las estrofas quinta y sexta apreciamos la repetición de oraciones exclamativas, indicio de un aumento de la emotividad e interiorización del paisaje captado. En efecto, esta impresión se ve confirmada con la expresión “tierra mía” (v. 19). El yo poético se identifica con Castilla, a la que nombra con este topónimo poco después. Aparece un adjetivo positivo (“fuerte”), frente a cuatro negativos (“ingrata”, “decrépitas”, “agria” y “sombrías”). Cambia ligeramente el paisaje, pues ahora rememora las ciudades, igual de inhóspitas que sus campos. La antítesis u oxímoron que se expresa en el verso inicial de esta estrofa marca el tono de la misma y de parte del poema: “¡Oh tierra ingrata y fuerte, tierra mía!” (v. 19). Son dos aseveraciones iniciales: la ingratitud y la fortaleza, contradictorias entre sí; y una valoración apasionada: el yo poético siente que Castilla es suya, forma parte de él. La implicación emocional del yo poético es total; no describe un paisaje ajeno, sino algo propio, íntimo. 
La sexta estrofa repite cuatro estructuras nominales en tono exclamativo, abiertas todas con la palabra “Castilla” (formando una viva anáfora en los tres primeros versos). Muestra el amor profundo del yo poético por esa tierra. Y no todo lo que descubre en ella es agradable, pero sí admirable. La presenta como una tierra sufrida, idealista, entregada a objetivos dolorosos y bélicos que suelen acabar catastróficamente, como manifiesta el sintagma final “Castilla de la muerte! (v. 25). 
La séptima y octava estrofas introducen una novedad respecto del tema y el tono. El yo poético explica el momento de su contemplación y rebaja la carga emocional. Por primera vez, aparece un verbo en pretérito imperfecto, describiendo un momento y un lugar: en el campo, al atardecer; el sol se va y la luna viene. Con la estrella y el satélite marca bellamente el momento del anochecer. Se permite el yo poético, en un arranque de sinceridad, comunicarnos que ama a la luna, calificada de “hermosa”. El yo poético describe con precisión efectos sensitivos visuales (“cielo cárdeno”), táctiles (“el aire… oreaba mis sienes”) y auditivos (“el murmullo del agua hasta mi oído”). Se siente, presumimos, tranquilo y sereno. Los adjetivos cromáticos aportan gran intensidad: “cárdeno”, “violeta”, “clara” y “ensombrecido”. Los ecos de la “Oda a la vida retirada”, de fray Luis de León, son evidentes.
Las estrofas nueve y diez suponen un giro en la contemplación del yo poético: el río Duero es el objeto de su mirada asombrada y amorosa. Lo denomina “padre río” (v. 39), expresión clara de su pasión por él. La fuerza del agua al chocar contra los tajamares muestra la fortaleza del cauce. El río adquiere categoría de símbolo porque recoge la idea de la energía de Castilla a lo largo de los siglos: una corriente firme caminando hacia el mar. 
Las dos estrofas siguientes (11 y 12) muestran el amor que el yo poético siente por el río Duero. Admira su permanencia a lo largo de los siglos y de la accidentada geografía. Las dos estrofas forman una sola oración exclamativa, que se cierra con una suspensión; deja abierta la expresión de su emoción positiva ante el río Duero. Las imágenes presentadas son muy bellas: aluden a la nieve de las montañas donde nace el río castellano, al sol que derretirá sus nieves y aumentará su cauce. Son fenómenos naturales rutinarios, pero se presentan como rituales, es decir, simbolizando el maravilloso ritmo natural de las nieves de invierno, el deshielo de la primavera y el consiguiente aumento del caudal del río. 
La última estrofa posee un fuerte carácter emotivo. El yo poético sospecha que justo el romancero (la colección de romances del folclore español) pudo haber nacido, exactamente a orillas del Duero. Es un modo de afirmar que el lugar contiene la poesía y el ensueño suficiente para inspirar inmediatamente. Contempla, asimismo, la posibilidad de que Castilla “irá corriendo hacia la mar” (v. 52), metáfora de la vocación épica de la tierra castellana. El mar se configura como metáfora de la aventura, la ilusión, pero también de la incertidumbre y el dolor. 
El conjunto del poema muestra una sólida estructura poética que sostiene la emoción por el río Duero y por Castilla por parte del yo poético. La cuidadosa selección léxica y el elaboradísimo empleo de los procedimientos retóricos producen un artefacto expresivo de una asombrosa belleza.
  1. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. Interpretación y valoración
Este hermoso poema, de una increíble densidad significativa, muestra el profundo amor y respeto que Machado sentía por la tierra castellana. Es un poema objetivo y subjetivo al mismo tiempo; las descripciones iniciales son duras y feroces: la pobreza, la sequedad, la esterilidad de la tierra castellana son presentadas sin contemplaciones.
Y, sin embargo, el yo poético muestra sin reparos su enorme amor por ella. Tras la superficie más elemental, indaga en el pasado castellano y encuentra un espíritu aventurero, heroico incluso, y eso lo conmueve. Hace suyo estos valores y los devuelve a Castilla en forma de amor y de deseo de un futuro mejor, más próspero y noble, como en los siglos pasados. 
El poema presenta una construcción meditada, equilibrada y armónica. La mirada general, la posición del yo poético y la contemplación del río al caer la noche son los elementos generales que hace suyos, los interioriza con amor y respeto. He aquí, pues, un hermoso poema esencialista, entre naturalista y espiritualista, tal y como nos tiene acostumbrados Machado.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimientos  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Qué órgano sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aporta? 
4) ¿Cómo se aprecia en texto la importancia de la mirada? 
5) ¿Cómo es Castilla, atractiva o lo contrario, según el yo poético?
6) ¿Cómo aparece en el texto la historia de Castilla?
67 ¿Qué significación aporta la estrofa final en el conjunto del poema? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de un paisaje especialmente emotivo. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «El hospicio» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – El hospicio
C
EL HOSPICIO
Es el hospicio, el viejo hospicio provinciano,            1
el caserón ruinoso de ennegrecidas tejas
en donde los vencejos anidan en verano
y graznan en las noches de invierno las cornejas.
Con su frontón al Norte, entre los dos torreones       5
de antigua fortaleza, el sórdido edificio
de grietados muros y sucios paredones,
es un rincón de sombra eterna. ¡El viejo hospicio!
Mientras el sol de enero su débil luz envía,                
su triste luz velada sobre los campos yermos,         10
a un ventanuco asoman, al declinar el día,
algunos rostros pálidos, atónitos y enfermos,
a contemplar los montes azules de la sierra;
o, de los cielos blancos, como sobre una fosa,
caer la blanca nieve sobre la fría tierra,                  15
sobre la tierra fría la nieve silenciosa!…

I. ANÁLISIS

  1. Resumen

Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. Este poema es una descripción intimista de un edificio, un hospicio provinciano. El yo poético lo contempla desde el exterior, pero, al mismo tiempo, nos ofrece el impacto emocional que recibe con esa mirada serena, triste y melancólica. Aplica una perspectiva de lo general y más amplio, a lo particular y más pequeño. En la primera estrofa nos presenta un perfil general a través de la expresión “caserón ruinoso” utilizado como nido por los vencejos y las cornejas; solo sirve para eso. ¿Estará abandonado?, se pregunta el lector. En la segunda estrofa describe con cierto detalle el conjunto del edificio: su fachada principal da al norte; sus muros y paredones están “grietados” y “sucios”. La tercera estrofa indica el momento de la contemplación: un mes de enero, tan frío y mortecino como todos los demás. Ahora advertimos que está habitado, porque “algunos rostros pálidos, atónitos y enfermos” sacan la cabeza por un ventanuco para contemplar el blanco paisaje de fondo con unos montes solo entrevistos. En efecto, está nevando en esa población.

  1. Tema

El poema aborda dos temas principales:

-La dura vida del hospiciano, recogido en un ambiente de pobreza y desolación en un edificio desvencijado.

-El estado de ruina del edificio del hospicio en un lugar de duro clima donde todo es frío y abandono.

  1. Apartados temáticos

El poema presenta dos apartados temáticos, con una dinámica que va de lo general a lo particular y luego otra vez a lo más amplio; primero ve el yo poético; luego, los hospicianos. De este modo, tenemos:

-Primer apartado (dos primeras estrofas, vv. 1-8): descripción del edificio del hospicio, con una perspectiva dinámica de lo grande a lo pequeño. 

-Segundo apartado (tercera y cuarta estrofas, vv. 9-16): en esta sección aparecen unas personas que contemplan cómo nieva en ese lugar, con unos montes de fondo y un cielo blanco, a tono con la fría tierra.

  1. Aspectos métricos y de rima

Este poema está compuesto por dieciséis versos alejandrinos agrupados en cuatro estrofas. La rima es consonante; los versos riman en consonante: ABAB, cambiando la rima en cada una de las estrofas. Se trata, pues, de una sucesión de serventesios. En este verso amplio, pero con solo cuatro estrofas, Machado desarrolla una idea completa y nos transmite un estado emocional preciso y análogo al paisaje y el edificio contemplado. 

  1. Comentario estilístico

En el primer verso se repite dos veces la palabra “hospicio”, de modo que ya conocemos dónde está el foco temático del poema; lo denomina también como “caserón” (v. 2). Los adjetivos que le aplica son de significación negativa: “viejo”, “provinciano”, “ruinoso”, “ennegrecidas (tejas)” habitado por vencejo en verano y cornejas en invierno. Son aves de fama dudosa y valoración más bien negativa. La antítesis establecida entre el verano y el invierno es muy interesante porque da una idea de quién puebla el exterior del hospicio durante todo el año. Parece que poco bueno puede venir de ese ambiente casi ruinoso.

En la segunda estrofa, el yo poético continúa con la descripción del edificio; explica que su fachada principal posee dos torreones “de antigua fortaleza” (v. 6), como si se hubiera reconvertido de un establecimiento militar a otro social. Los muros están “agrietados”, los paredones son “sucios”. En fin, todo él es “un rincón de sombra eterna” (v. 8). El dibujo es sombrio, casi siniestro, pues la adjetivación connota fealdad, frío y tristeza. La expresión “sórdido edificio” (v. 6) añade una paletada de desolación y descomposición. La exclamación que cierra el segundo serventesio “¡El viejo hospicio!” (v. 8) completa esta visión ahora interiorizada, ya dentro del yo poético, que siente pena y dolor por ese lugar.  

La tercera estrofa presenta una concreción en el ángulo visual. Dentro hay vida, allí viven personas. Se refiere a ellos el yo poético a través de una metonimia: “rostros pálidos, atónitos y enfermos” (v. 12). No sabemos si son niños o adultos, ni su sexo, ni el modo de vestir. Sí nos comunica el yo poético, sin embargo, cómo son sus caras: tristes, doloridas y hambrientas. No entra en las causas, pero las podemos imaginar: abandono, pobreza absoluta y amargura infinita. También sabemos que estamos en enero, en un día frío, con un paisaje “yermo”, es decir, infértil, seco y abandonado a su suerte. Este tercer serventesio solo es una parte de la oración que continuará en el cuarto. Los hospicianos asoman a un “ventanuco”.

En la cuarta estrofa comprendemos qué ha llamado la atención de los hospicianos: está nevando. Todo está blanco, excepto “los montes azules” (v. 13). Se repite el adjetivo “blanco” dos veces, aplicado a “cielos” y a “nieve”. La carga del adjetivo, funcionando de epíteto en las dos ocasiones, es muy intensa. Allí no hay vida, solo desolación. Este mensaje nos lo comunica el símil “como sobre una fosa” (v. 14); en efecto, la muerte, la tristeza lo ocupan todo, el edificio, en interior, sus habitantes, y, finalmente, el exterior, el paisaje. La repetición en quiasmo de “la fría tierra” en los versos finales, casi concatenados, insisten extraordinariamente en la sensación de frialdad y falta de vida. La “nieve silenciosa”, expresión que cierra el poema, insiste en esta idea. 

El poema se cierra con un epifonema en suspensión. Es un final maravilloso y muy expansivo en su significación. No podemos esperar mucho de ese lugar, frio, solitario y pardo, y sus misteriosos y dolientes habitantes, pero acaso haya algo de esperanza. El yo poético, a lo largo del poema, muestra compasión por la tierra y el paisaje, por su desolación absoluta, que le duele, y mucho.

  1. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. Interpretación y valoración

Este poema es una contemplación interiorizada de un edificio singular, un hospicio; no es un lugar cualquiera, pues en él se recogen los niños huérfanos y expósitos. El edificio muestra su decrepitud galopante a los ojos del poeta y de los lectores; no provoca rechazo, sino pena. La segunda parte del poema se centra en los misteriosos habitantes, a los que no se describe con exactitud; los tres adjetivos que les dedica el poeta, “pálidos, atónitos y enfermos” nos muestran unas personas medio abandonadas, malviviendo en una situación penosa. Existe como una correspondencia entre el edificio y sus habitantes, pues ambos se tambalean en sus existencias dudosas y dolientes. La nieve y el frío son dos sensaciones más bien desagradables que contribuyen al dibujo general de un lugar casi fantasmagórico.

La corriente interior de simpatía que el poeta muestra por el edificio y sus sufridos pobladores es intensa y persistente. Esa era la España real en las dos primeras décadas del siglo XX: pobreza y abandono, sufrida por los elementos más débiles de la población. Su lectura incide emocionalmente al lector, que se sobrecoge por la sobria y conmovida descripción del hospicio; al tiempo, pide una reacción de la sociedad para enmendar errores del pasado. Y, al fondo, como siempre en Machado: “palabra en el tiempo”, esencialidad de los sentimientos más auténticos perdurando más allá de nuestras vidas.

  1. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 

5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos descritos, y cómo impactan en el poeta. 

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Qué sentimientos  nuclea el contenido del poema? 

2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 

3) ¿Qué percepción sensitiva domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 

4) ¿Cómo se aprecia en texto la decrepitud del edificio? ¿De qué es metáfora?

5) El tiempo, ¿discurre bajo una norma rígida e inflexible? ¿Por qué será así? 

6) ¿Qué significación se encierra en la nieve (junto con la tierra fría y el color blanco)? ¿Qué podemos deducir del estado de ánimo de la poeta? 

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de un edificio y sus posibles habitantes. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la contemplación serena y emocional, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Por tierras de España» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – Por tierras de España (XCIX)
POR TIERRAS DE ESPAÑA
El hombre de estos campos que incendia los pinares    1
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.
Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;           5    
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos            10
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.
Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto                15
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.
Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.                         20
Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su presa y libra la que el vecino alcanza;
ni para su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren y acongojan fortuna y malandanza.
El numen de estos campos es sanguinario y fiero;       25
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,
veréis agigantarse la forma de un arquero,
la forma de un inmenso centauro flechador.
Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta                
—no fue por estos campos el bíblico jardín—;              30
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. El poema que ahora comentamos es una sombría y negativa reflexión sobre la tierra y los habitantes de España. No existe un solo topónimo, así que no podemos concretar si piensa en Castilla, lo que sería lógico, dado que estamos ante un poema de Campos de Castilla. En el primer verso se afirma “El hombre de estos campos…”, pero no hay detalles ulteriores que nos permitan identificarlo. El sujeto lírico realiza un retrato (con sus partes de prosopografía y de etopeya) del español. Lo presenta como asilvestrado y depredador de los recursos naturales hasta esquilmar la tierra, de ahí que sus hijos tengan que abandonarla. Es un hombre viajero y trashumante por necesidades económicas (ha de llevar sus rebaños a zonas de pastos). Del verso 13 al 16 se presenta una prosopografía inquietante: es un individuo pequeño y su rostro es poco agradable; los “pómulos salientes”, las cejas “muy pobladas” y el “semblante enjuto” pintan un retrato de un tipo torvo y agresivo. Continúa acto seguido una etopeya tan inquietante como la prosopografía: es un hombre “malo” y vicioso, además de envidioso y amargado. En esta “tierra de España” existe un “numen” (“Deidad dotada de un poder misterioso y fascinador”, según el DLE) “sanguinario y feo” que, mirando el horizonte al atardecer, se le puede distinguir entre las nubes; se trata de una figura siniestra, parecida a la de un centauro. Bien mirado, podemos distinguir en su figura la envidia y el crimen que arrastramos desde Caín, según el relato bíblico.
2) Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Descripción de la tierra española, en concreto la castellana, como árida, estéril y desapacible.
-Descripción del español, en concreto del castellano, física y moralmente considerado; es un ser feo y siniestro, además de vicioso, envidioso y criminal, acaso por designio divino.
3) Apartados temáticos
El poema presenta tres apartados temáticos, de sentido ascendente. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-8): se presenta el marco espacial donde se desarrolla la acción: “estos campos”, es decir, España, probablemente Castilla. Conocemos la geografía donde vive: lugar pobre, despoblado e inhóspito, en parte debido a la codicia de su poblador, avaro y medio estúpido.
-Segundo apartado (vv. 9-24): en esta sección se realiza un retrato físico y moral del hombre español; sus rasgos principales son su fealdad (pequeño, de cara siniestra, etc.) y su avaricia envidiosa. 
 -Tercer apartado (vv. 25-32): el yo poético advierte al lector que la dura realidad presentada anteriormente se deba al influjo de una deidad malvada y criminal; se la puede ver, al atardecer, atravesar el horizonte, entre las nubes, en forma de “un centauro flechador”, con la marca del crimen en su figura, pues es envidioso y malvado. 
4) Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por treinta y dos versos alejandrinos agrupados en ocho estrofas. La rima es consonante y se establece así: ABAB, para cada estrofa, cambiando la rima, lógicamente. El poema es una sucesión de ocho serventesios; se trata de una estrofa que permite cierta expansión verbal, pero, a la vez, contenida en el marco de los cuatro versos.
5) Comentario estilístico
En la primera estrofa el yo poético presenta al “hombre de estos campos”. Lo presenta como un depredador irresponsable porque ha acabado con la vegetación y la riqueza de la tierra; de hecho, lo considera pirómano. Ya en el verso 2 destaca su codicia: “Y su despojo aguarda como botín de guerra”. Advierte el yo poético que la pobreza actual procede de las malas artes pasadas; llueve sobre mojado. Toda la estrofa funciona como sujeto del predicado que ocupará la segunda estrofa.
La vida del campesino castellano es dura y áspera. La pobreza es tal que los hijos abandonan sus hogares; por otro lado, las tormentas arrastran la capa fértil de la tierra y los ríos, auténticos caminos existenciales, se llevan la fertilidad hacia los “anchos mares”, metáfora de la lejanía y la incertidumbre. La consecuencia es que ese español “trabaja, sufre y yerra” (v. 8); esta enumeración expresa con énfasis la vida esforzada y pobre del “hombre de estos campos”; todo el esfuerzo invertido en esa tierra esquilmada no provoca sino sufrimiento.
 La tercera estrofa presenta una suerte de genealogía del campesino castellano. Sus antecesores son “rudos caminantes”, “pastores” trashumantes entre Castilla y Extremadura, tierra, esta sí, “fértil”. No podemos hacernos muchas ilusiones con estos labriegos de orígenes andariegos. El rebaño de ovejas avanzando por los campos ofrece una imagen positiva y benevolente. El avance del campesino se presenta con una imagen desoladora: es un hombre envuelto en polvo y dorado por el sol. Parece que los elementos naturales se ensañan contra él, pues “mancha el polvo y dora el sol de los caminos” (v. 12); el hipérbaton de las dos oraciones, paralelas en sí mismas, insiste en la violencia de la acción.
La cuarta estrofa es una prosopografía del campesino castellano. Aparecen once adjetivos calificativos aplicados a partes de su cuerpo o cualidades generales de su persona. Todos son de significación negativa; muchos se refieren a aspectos externos (“Pequeño, hundidos, salientes, pobladas”, etc.), pero otros aluden al aspecto más interior (“sufrido, astuto, recelosos, movibles”, etc.). El conjunto presenta una imagen un tanto inquietante y siniestra del hombre español; sobresale la desconfianza, la dureza de su perfil y la ligereza de cuerpo. Nótese que no aparece ni un solo verbo; en realidad, no hay una oración propiamente. Toda la estrofa es una enumeración que comienza por el perfil entero y termina con las cejas, es decir, muy centrada en el rostro.
La quinta estrofa es una etopeya. El yo poético se centra en los rasgos éticos del hombre español rural. Es “malo” (v. 17), vicioso, criminal, repugnante y, en fin, un crisol de los “siete pecados capitales” (v. 21). Nótese que el yo poético no los engloba a todos, sino una parte, y, en concreto, el rural,pues afirma que “Abunda el hombre malo del y de la aldea” (v. 17). Incluso estéticamente no hay modo de salvarlo porque tiene “un alma fea” (v. 19).
La sexta estrofa tiene un carácter sintético y compendioso. La “envidia” y la “tristeza” (v. 21) le provocan amargura y marcan una conducta bastante abyecta. Es codicioso y resentido, de modo que no es capaz de gozar de lo bueno, ni de detener las dinámicas negativas. “Le hieren y acongojan fortuna y malandanza” (v. 24) es un verso que sintetiza la paradoja destructiva de la mentalidad del campesino castellano. Los ojos es una metonimia perfecta del cúmulo de vicios y aspectos negativos de este hombre. Los paralelismos abundan en esta estrofa; poseen un efecto acumulativo de las cualidades negativas.
La séptima estrofa cambia el foco. Ahora aparece el “numen” (“Deidad dotada de un poder misterioso y fascinador”, DLE). Ahí radica, según el yo poético, la raíz del carácter y el comportamiento del campesino castellano. También se introduce otra novedad importante: se imprime un carácter invocatorio al mensaje. El yo poético apostrofa a los lectores (“veréis”, vv. 27 y 29) para que se fijen bien en esos campos. Vuelve, por tanto, a la contemplación general, no ya del hombre, sino del paisaje.
El dios de “estos campos es sanguinario y fiero” (v. 25). Esta afirmación tan dura expresa con toda crudeza el pesimismo del yo poético sobre la posibilidad de redención de esta tierra. El dios que la rige es cruel y violento. Nos invita a nosotros, lectores, a contemplar su imagen  como de “un inmenso centauro flechador” (v. 28) que se hace más grande contra el atardecer. El lector queda sobrecogido por esta expresión tan amarga de la causa de que los hombres rurales castellanos sean tan irredentos. 
La última estrofa casi es apocalíptica. Presenta un lugar siniestro  “llanuras bélicas y páramos de asceta”  (v. 29), en los que todo es inhóspito y duro; solo las águilas pueden sobrevivir ahí. También podemos ver cómo “cruza errante la sombra de Caín” (v. 32). Esta sobrecogedora y hermosísima imagen tiene un poder connotativo extraordinario. El mensaje que transmite es pesimista, derrotista y amargo. El numen citado es la transfiguración del criminal que mató a su hermano por envidia. El lector queda anonadado ante la contundencia de la imagen cainita. Parece que, definitivamente, no hay remedio ni esperanza de redención para el hombre feo y malvado, pues no es más que el trasunto de un dios todavía más cruel y violento que él mismo. Estamos condenados para siempre. El mensaje negativo y derrotista, desgraciadamente, es aplastante y conmovedor.
6) Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorado, a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
7) Interpretación y valoración
Este bellísimo y amargo poema posee una fuerza expresiva extraordinaria. El lector termina la lectura sobrecogido y con el alma encogida por la dureza del contenido y la tremenda eficacia expresiva que contiene el poema. Se trata de una reflexión de Machado sobre la tierra castellana y sus habitantes rurales. Ciertamente, no hace concesiones en su meditación. 
Estamos en una tierra árida, estéril, fea e inhóspita. Sus habitantes, de pueblos y aldeas, en correspondencia, son crueles, envidiosos y malos; se percibe en sus físicos menudos, turbios e igual de feos que su alma. Indagando en las causas del malditismo de esta tierra, la haya en el numen que las rige: la viva encarnación de la maldad y la violencia. No hay remedio, pues. 
La perfección formal del poema es asombrosa. Los serventesios son perfectos; el ajuste entre la forma y el fondo es delicado y pleno. El lector recibe una hondísima impresión de lectura, que se traduce inmediatamente en una reflexión personal: ¿de verdad somos tan malvados y habitamos una tierra maldita por mandato divino? 
Machado lo afirma, pero con ánimo de que reaccionemos enérgicamente para doblegar ese destino tan amargo y cruel y seamos capaces de construir una nación próspera, armónica y bella. La tarea no es fácil, pero no tiene por qué triunfar “el numen de estos campos”. En nuestra mano está. 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimientos  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Quién es “este hombre” (v.1)? ¿Cómo lo caracteriza el poeta? 
4) ¿Es una tierra agradable para vivir? ¿Por qué?
5) Explica qué es un numen y la importancia que tiene el que señorea la tierra descrita 
6) ¿Qué importancia tiene la figura bíblica de Caín en este poema? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de un paisaje y un paisanaje.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares y personas especialmente relevantes para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «A orillas del Duero» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – A Orillas del Duero
XCVIII
A ORILLAS DEL DUERO
Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.              1
Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,
buscando los recodos de sombra, lentamente.
A trechos me paraba para enjugar mi frente
y dar algún respiro al pecho jadeante;                          5
o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante
y hacia la mano diestra vencido y apoyado
en un bastón, a guisa de pastoril cayado,
trepaba por los cerros que habitan las rapaces
aves de altura, hollando las hierbas montaraces         10
de fuerte olor —romero, tomillo, salvia, espliego—.
Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.
Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
cruzaba solitario el puro azul del cielo.
Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo,                  15
y una redonda loma cual recamado escudo,
y cárdenos alcores sobre la parda tierra
—harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra—,
las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero
para formar la corva ballesta de un arquero               20
en torno a Soria. —Soria es una barbacana,
hacia Aragón, que tiene la torre castellana—.
Veía el horizonte cerrado por colinas
obscuras, coronadas de robles y de encinas;
desnudos peñascales, algún humilde prado               25
donde el merino pace y el toro, arrodillado
sobre la hierba, rumia; las márgenes del río
lucir sus verdes álamos al claro sol de estío,
y, silenciosamente, lejanos pasajeros,
¡tan diminutos! —carros, jinetes y arrieros,                30
cruzar el largo puente, y bajo las arcadas
de piedra ensombrecerse las aguas plateadas
del Duero.
El Duero cruza el corazón de roble
de Iberia y de Castilla.                                               
  ¡Oh tierra triste y noble,
la de los altos llanos y yermos y roquedas,                 35
de campos sin arados, regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades, caminos sin mesones,
y atónitos palurdos sin danzas ni canciones            
que aun van, abandonando el mortecino hogar,
como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!                 40
Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.
¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada    
recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;                45
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
¿Pasó? Sobre sus campos aun el fantasma yerra
de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra.         
La madre en otro tiempo fecunda en capitanes,
madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.       50
Castilla no es aquella tan generosa un día,
cuando Mio Cid Rodrigo el de Vivar volvía,
ufano de su nueva fortuna, y su opulencia,                
a regalar a Alfonso los huertos de Valencia;
o que, tras la aventura que acreditó sus bríos,              55
pedía la conquista de los inmensos ríos
indianos a la corte, la madre de soldados,
guerreros y adalides que han de tornar, cargados    
de plata y oro, a España, en regios galeones,
para la presa cuervos, para la lid leones.                        60
Filósofos nutridos de sopa de convento
contemplan impasibles el amplio firmamento;
y se les llega en sueños, como un rumor distante,   
clamor de mercaderes de muelles de Levante,
no acudirán siquiera a preguntar: ¿qué pasa?                 65
Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa.
Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora. 
El sol va declinando. De la ciudad lejana
me llega un armonioso tañido de campana                       70
—ya irán a su rosario las enlutadas viejas—.
De entre las peñas salen dos lindas comadrejas;
me miran y se alejan, huyendo, y aparecen            
de nuevo, ¡tan curiosas!… Los campos se obscurecen.
Hacia el camino blanco está el mesón abierto                   75
al campo ensombrecido y al pedregal desierto.
De Campos de Castilla (1912-1915)
I. ANÁLISIS
1) Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. El poema que ahora comentamos oscila entre lo narrativo, lo descriptivo y lo intimista. Se trata de una interiorización del paisaje soriano. La acción se desarrolla en julio, en “un hermoso día” (v. 1). El yo poético realiza una excursión a las afueras de la ciudad de Soria; sube los peñascales y riscos a orillas del río Duero, que circunda la ciudad por su lado este. Observa, en su fatigante ascenso por la inclinación del terreno, hierbas salvajes y un buitre planeando en el cielo azul; hace mucho calor. En el verso 15 comienza una nueva fase contemplativa; divisa el yo poético “un monte algo y agudo” y una “redondeada loma”; es el típico paisaje castellano, descrito con precisión: “alcor”, “serrezuelas” y “colinas”, “peñascales” y “prado”, ya cerca del Duero. Introduce una reflexión histórica sobre la ciudad: es una “barbacana” (muro exterior) de Castilla hacia Aragón. Contempla animales (bueyes paciendo) y personas (arrieros, jinetes), cruzando el puente sobre el Duero, entrando o saliendo de la ciudad. El lugar es humilde, pobre y medio ruinoso, a juzgar por los adjetivos calificativos. 
En el verso 32 comienza una reflexión intimista sobre la tierra castellana. Comienza por el río y sigue por los paisajes desolados, ásperos, secos y bastante inhóspitos. Los habitantes están a tono con la tierra; son “palurdos” que caminan hacia el mar, dejando atrás el lugar que los ha visto nacer. Establece una primera conclusión, que luego se repetirá: “Castilla miserable, ayer dominadora, / envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora” (vv. 41-42). El yo poético reflexiona sobre el pasado de Castilla, glorioso y conquistador, pero hoy solo es una tierra hambrienta. No sabe si lo que ve es realidad o solo un ensueño. Hoy Castilla solo produce “ganapanes”, pero un tiempo ha sido tierra de conquistadores, guerreros esforzados y codiciosos que luchaban con ímpetu, ejemplo de los cuales es el Cid Campeador (vv. 47-60). Los pensadores de Castilla (“filósofos nutridos de sopa de convento”, v. 61) siguen la misma pauta: ensimismados entre la adusta tierra y el amplio cielo, desprecian la vida comercial y el movimiento del mundo, como si no existiera. Repite los versos 41-42 en los versos 67-68, como un estribillo, que resume muy bien el pensamiento del yo poético: Castilla es tierra pobre, aunque un día levantó un imperio; hoy, como un animal herido, mira para otro lado y desprecia los avances de la civilización. 
En el verso 69 comienza el cierre de la escena y, por tanto del poema. Cae la tarde, la oscuridad avanza. El yo poético escucha las campanas de la ciudad e imagina las viejas camino del rosario. Aparecen a su vista, por dos veces, una pareja de comadrejas. Observa el camino blanco, a cuyo lado observa un mesón abierto; la noche cae y solo quedan sombras y silencio.  
2) Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Castilla es una tierra pobre y humilde, en contraste con su pasado glorioso, sin esperanzas de futuro.
-Pena y dolor del poeta por la tierra castellana, a la que ama, a pesar de sus abundantes miserias materiales y espirituales. 
3) Apartados temáticos
El poema presenta cuatro apartados temáticos, de sentido circular. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-14): el yo poético se nos presenta haciendo una excursión por los alrededores de la ciudad de Soria. Su lento ascenso por las colinas y riscos que rodean a Soria, contemplando cielo y tierra, es el asunto principal. 
-Segundo apartado (vv. 15-32): contemplación e interiorización del paisaje soriano, en sus aspectos naturales y humanos (accidentes geográficos, animales y personas); se concentra la visión al lado del puente del río Duero, a la salida de Soria, camino de Aragón. 
-Tercer apartado (vv. 33-68): el yo poético reflexiona sobre el pasado de Castilla; la pobreza y miseria actual contrasta con las gestas pasadas, desde el Cid hasta el levantamiento de un imperio. Hoy, solo se puede ver gente humilde y derrotada que parece abandonar la tierra en busca de un futuro mejor. Los cortos pensadores, los intelectuales, tienen parte de la culpa de estos males, pues han dado la espalda al mundo y viven concentrados en sus quimeras.
-Cuarto y último apartado (vv.69-76): el yo poético finaliza su reflexión y vuelve sus ojos al entorno. Cae la noche, las sombras lo envuelven todo y es el momento de regresar. Observa una pareja de graciosas comadrejas y un mesón entre la oscuridad y el silencio.
4) Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por setenta y seis versos tetradecasílabos o alejandrinos. Nótese la partición de los versos. La rima general es la de pareados, con algunas excepciones. Los versos 11-14 son monorrimos; forman una cuaderna vía. Algunas se repiten, como é-o. Adviértase que los vv. 33-34 están divididos en dos líneas cada uno de ellos. Esta solo aparentemente sencilla rima aporta una poderosa musicalidad y un tono grave, firme y sostenido.     
5) Comentario estilístico
   El título del poema, “A orillas del Duero”, nos informa del lugar donde se sitúa la acción poética: cerca de la ciudad de Soria, con el río Duero a la vista. El esqueleto argumental del poema es sencillo: ascensión del yo poético a un risco elevado cerca de la ciudad de Soria, contemplación del paisaje desde allí arriba, reflexión intimista sobre Soria, Castilla y España y, con el oscurecer, se intuye la vuelta al hogar. El tono general del poema es sombrio y amargo. El yo poético no encuentra motivos, ni en la contemplación, ni en la reflexión, para ser optimistas.
La madurez estilística de este poema es asombrosa y admirable. La primera oración sitúa la acción en el tiempo: en pleno verano, “un hermoso dia” (v. 1); vemos que, en principio el optimismo reina. Ya en el segundo verso se presenta el yo poético; sube en solitario a una loma. Pero pronto vemos que el paisaje es adusto: las “quiebras del pedregal” no anuncian un lugar fértil o acogedor. El desnivel es acusado y el yo poético, nuestro caminante, ha de parar para tomar aire, o ha de apoyarse en su bastón que facilite el ascenso. 
Lo que el yo poético va salvando en sus ascensos son “cerros” habitados por rapaces / aves de altura” (vv. 8-9) y “hierbas montaraces” (v. 10), que son enumeradas con detalle de botánico. “Caía un sol de fuego” (v. 11) advierte con viveza el excesivo calor que hace en el ambiente. Aparece el primer ser vivo en movimiento: “un buitre de anchas alas”, haciendo vivo contraste con el “puro azul del cielo” (v. 14). Hasta ahora, el cuadro natural es neutral, ligeramente sombrío. 
De nuevo el yo poético se manifiesta explícitamente contemplando el paisaje. Lo que el poeta divisa es un monte, una loma, alcores, serrezuelas y el Duero haciendo curva en torno a Soria. Son accidentes geográficos humildes; esta impresión de sencillez la refuerza enormemente los adjetivos, casi todos de significación negativa. Los colores son oscuros y (“cárdenos”, “parda”) y las formas disformes e incluso desasosegantes, como la tierra cerca de Soria, metaforizada en “harapos” de un arnés guerrero. No hay aparente belleza. Realiza una anotación histórica, al recordar que Soria es como una avanzadilla o muro defensivo (“barbacana”) de Castilla en Aragón.
El yo poético sigue con su contemplación, cada vez más matizada, como declara muy bien el verso 23: “Veía el horizonte…”. Y lo que ve son “colinas obscuras” (v. 23-24) pobladas de robles y encinas, “desnudos peñascales, algún humilde prado”. Son lugares pobres, como desangelados. Aparecen animales de granja: un merino, un toro rumiando, en los prados próximos al río, rodeados de álamos. También aparecen ahora los primeros hombres, “jinetes y arrieros”, atravesando el puente del Duero. Hasta el verso 33, todo es una descripción, cada vez más contemplativa e intimista, del paisaje soriano. Destaca los colores apagados y marrones y la pobreza natural de esos lugares.
El yo poético ensalza el río Duero, a quien admira, por atravesar la adusta tierra castellana y española (“corazón de roble”, v. 33). En el verso 34 se abre una larga exclamación retórica (acaba en el verso 40), junto con una apóstrofe, dirigida a Castilla. Esta región es vista como “tierra triste y noble”, pero pobre y deshabitada, abandonada y en estado de descomposición. El yo poético se duele de esa situación, lamentando la pobreza castellana. Aparecen los primeros hombres: “atónitos palurdos sin danzas ni canciones” (v. 38). La descripción es terrible por su dureza y fiereza; los habitantes son rústicos e ignorantes, además de tristes. Abandonan sus tierras infértiles y se dirigen al “mar”, metáfora de la emigración a lugares más benignos. 
Los versos 41-42 son una síntesis de las reflexiones del yo poético. Sintetizan la visión amarga y desolada de Castilla. Lo que fue una tierra de valientes guerreros e intrépidos exploradores, no es hoy más que pura miseria. Y lo peor, esa tierra “desprecia cuanto ignora”, porque está retraída del mundo, como humillada y derrotada. Se pregunta el yo poético qué hace Castilla: “¿Espera, duerme o sueña?” (v. 43). Parece querer decirnos que las tres acciones se mezclan. Avisa el yo poético de que nada se detiene, “Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira” (v. 45). No es bueno quedar quieto y pensar que nada cambiará; eso es el principio de la derrota y del fin. Cambia el mundo y cambia el modo de mirarlo, por lo que entregarse a la nostalgia es tiempo perdido. 
¿Pasó el momento de gloria de Castilla? El yo poético afirma, algo indirectamente que, en efecto, así es. Castilla fue madre, hoy, solo madrastra; dio capitanes, ahora solo “ganapanes”, gente sin valía. Son metáforas y metonimias que advierten sobre el declive de la tierra castellana.
El yo poético contempla el pasado de Castilla. Recuerda la figura del valiente Cid, cuando la tierra era “generosa”. También recuerda el pasado imperial español, donde había riqueza y creencias, lo que producían personas valerosas, soberbias y ricas. El yo poético parece lamentar el fin de esos días gloriosos, pues solo queda ruina. En el verso 61 entra en las causas del declive castellano: los pensadores e intelectuales (“filósofos nutridos de sopa de convento”, v. 61), muy influidos por la Iglesia, no han sabido organizar un pensamiento nacional firme, vital e intrépido, que sirva de sustento a los ideales de las personas. Esos meditadores se han retraído en sus celdas y han dejado de comprender el mundo, al que desprecian, sobre todo en su desarrollo comercial (“clamor de mercaderes de muelles de Levante”, v. 64). Para agravar las cosas, la guerra ha llegado a Castilla, con la consiguiente destrucción.
Repite los dos versos que funcionan de estribillo (vv. 67-68), insistiendo en la ruina moral y física del solar castellano. En el verso 79,  y ya hasta el final, el yo poético vuelve a contemplar el paisaje, saliendo de su ensimismamiento. Comienza a oscurecer, el sol se pone y las campanas de Soria llaman al rosario. El yo poético observa “dos lindas comadrejas”, en vivo contraste con la oscuridad triste que se va imponiendo. Vuelve a mirar el campo a lo lejos, en los que queda poca claridad. En un “camino blanco” divisa un “mesón abierto” (v. 75), pero hacia un paisaje desolador: un “campo ensombrecido” y un “pedregal desierto”. Oscuridad y silencio cierran el poema. La visión castellana del yo poético es, de este modo, amarga, desolada y dolorosa. 
Trata de buscar elementos positivos para creer que hay futuro en Castilla, que no todo está perdido, pero no halla nada en que apoyarse. Estamos ante un poema melancólico, triste y como apesadumbrado. El yo poético es un contemplativo que ama profundamente a Castilla, lo que le provoca dolor inmenso, pues es una tierra desolada, pobre y destartalada. Al final, parece esbozar una pequeña solución: sacudirse la modorra de siglos, abandonar el pensamiento estático de pensadores encerrados en sí mismo y mirar al futuro de frente. Pero no es fácil, parece intuir. Como viene la noche, así parece que la pobreza castellana y su ruina están ahí para quedarse. 
     
6) Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Como ya expusimos en la presentación, Machado se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados, a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
7) Interpretación y valoración
Este poema presenta una contemplación interiorizada y amarga de Soria, metonimia de Castilla. Aparentemente, el texto resume una excursión solitaria del yo poético, trasunto de Machado, a las afueras de la ciudad, al lado del Duero, en las altas colinas que lo rodean por oriente, hacia Aragón. Sin embargo, se trata de una reflexión histórica, diacrónica podríamos afirmar, sobre el pasado y el presente de Castilla.
El poeta nos expone una doliente realidad material y, diríamos, geográfica. Castilla es una tierra pobre, seca e inhóspita. Solo la presencia del río Duero permite que existan algunos campos y choperas que alivian la torridez general. Las personas no son mucho mejores que el terreno. Es gente miserable material y espiritualmente considerados; han perdido la energía de sus antepasados y se limitan a sobrevivir en condiciones de pobreza extrema. Muchos emigran a otros lugares en busca de mejor fortuna.
Sin embargo, Machado no presenta esta situación alegre o victoriosamente. Al contrario, le duele íntimamente este estado de postración. Interioriza el paisaje, lo hace suyo, es parte de su propio ser, pues, simplemente, lo ama. Acepta a Castilla como es, pobre y humilde; le gustaría que fuera de otra manera, pero no lo es. Mira hacia atrás y encuentra un pasado esplendoroso de Castilla y de España; piensa que, siguiendo el ejemplo de los antepasados, se podría recuperar el brillo antiguo y superar la postración actual. Señala un culpable: los filósofos que han perfilado una cultura sumisa, ensimismada y aislada. Tampoco hace leña del árbol caído. Se conforma y recupera el ánimo contemplando una pareja de comadrejas. Cae la noche, casi como metáfora del estado físico y económico de Castilla, acaso también del propio poeta. Machado acaba ahí su poema. El sentido final queda abierto, acaso algo esperanzado.
Este bellísimo poema muestra a un Machado embebido de la tierra castellana (recordemos su infancia sevillana, bastante distinta de la adusta Soria). Muestra un profundo amor dolorido por Castilla: comprende muy bien cómo es geográfica y humanamente; le gustaría que fuera de otra manera, pero no es posible; finalmente, lo acepta y deja entrever que acaso haya una solución para el secarral castellano. No es una descripción objetiva, ni una exposición de problemas socioeconómicos, sino una contemplación intimista y dolorida del impacto emocional de Castilla en el alma de una persona preocupada por el agotado corazón de España. Y, al fondo, como siempre en Machado: “palabra en el tiempo”, esencialidad de los sentimientos más auténticos perdurando más allá de nuestras vidas.
II. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Externamente, qué refiere el poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Qué colores predominan en el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el poema la sequedad y la pobreza del terreno? ¿De qué es metáfora?
5) ¿Qué seres vivos aparecen en el poema? Analiza los hombres que hacen acto de presencia. ¿Son hombres virtuosos? 
6) ¿Qué significación se encierra en “Castilla miserable, ayer dominadora, / envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora”. (vv. 67-68)?
7) ¿Cuál es el estado de ánimo de la poeta: alegre, optimista, o preocupado y pesimista?
 3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese una excursión y la contemplación de un paisaje.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Parábolas y elogios» (sección de veintitrés poemas de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica­

ANTONIO MACHADO: “PARÁBOLAS Y ELOGIOS”

CXXXVI

Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más altos y profundos poetas en lengua española. Aborda en su poesía, casi siempre teñida de gravedad y melancolía, temas trascendentes como el hombre y su destino, el mundo de los sueños y la dicotomía entre las ilusiones y las frustraciones, tanto de orden individual como colectivo. En cuanto a la forma, Machado mantiene una preferencia por la sencillez elaborada, la musicalidad de la poesía popular y folclórica, la transparencia significativa y la eficacia comunicativa.

 Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados; ella aportó estabilidad y sentido existencial a la vida del poeta, como manifestó en varias ocasiones. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  

Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española; ciertamente, alcanza la categoría de sublime. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912; se incorporaron nuevos poemas hasta 1917; se considera versión definitiva la publicada en Poesía completa, 1936); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 

Ahora comentamos la sección “Parábolas y elogios”. Estamos ante veintitrés poemas que forman una sección propia del magnífico poemario, Campos de Castilla (1912-1917). Estamos en la fase de madurez machadiana; es una poesía profunda y reflexiva. La combinación de la experiencia personal con el alcance colectivo es perfecta. Desde una perspectiva individual, se plantean asuntos de resonancia social indudable. Es uno de los grandes valores de la poesía machadiana.

Ahora vamos a analizar la sección de “Parábolas y elogios” está formado por veintitrés poemas de extensión moderada, con alguna excepción. La parábola se define como “Narración de un suceso fingido de que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral” (DLE). El homenaje elogio es un reconocimiento estimativo de la calidad de una persona, lugar, etc. Realizamos una exégesis de cada uno de los poemas, contribuyendo así a su conocimiento, comprensión y disfrute. Son piezas de altísimo valor poético, de ahí nuestro interés en su abordaje filológico. Analizaremos, separadamente, de cada poema: tema o asunto nuclear;  aspectos métricos, de rima y estróficos; y, finalmente, rasgos compositivos y estilísticos en relación a su interpretación. 

CXXVII
PARÁBOLAS
I
Era un niño que soñaba         1
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco           5
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía…
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.               10
Tenia el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.               15
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?         20
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.
Y cuando vino la muerte,        25
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
iQuién sabe si despertó!

Exégesis

Tema: es probable que la vida entera no pase de un sueño, pues es imposible verificar su consistencia o verdad.

Aspectos métricos: estamos ante una tirada de veintiocho versos octosílabos de rima asonante en los pares, quedando los impares libres; forman un romance.

Rasgos estilísticos: este emotivo poema cuenta la vida de una persona, acaso la del propio Machado más o menos modificada. Adopta la fórmula del cuento folclórico y popular (“Éra un niño que soñaba…”). Se fija en tres momentos de la vida, con tres experiencias fundamentales; la primera se refiere a la niñez; el niño sueña con un caballo y no logra saber si es verdad; en la segunda, en la mocedad, el niño le pregunta a la mujer amada si es verdadera o irreral; en la tercera, en la vejez,  el viejo le pregunta a su corazón “¿Tú eres sueño?” el yo poético ignora si el protagonista (representado metonímicamente por el corazón), despertó de ese sueño. 

El poema advierte al lector que acaso la vida no pase de un sueño, como siglos antes Calderón de la Barca plantea en su inmortal drama. “Todo es soñar”, se dice a sí mismo el protagonista, lo soñado y lo que aparenta realidad. El poema tiene un ritmo vivo y rápido; el tono es narrativo, aparentemente objetivo, pero con una clara intención didáctica y moral. El hombre ha de tratar de discernir lo verdadero de lo falso, lo real de lo soñado. En ello le va la felicidad y el sentido de su existencia.

Las exclamaciones retóricas imprimen un ritmo emotivo. Es muy llamativa la que ocupa el verso final, pues expresa la duda, o la imposibilidad, de distinguir la realidad de la ficción. El poema es ligero en su lectura y profundo en su sentido. El romance se adapta perfectamente a la intención narrativa-reflexiva de Machado sobre uno de sus temas más recurrentes: encontrar el sentido último y auténtico de la vida humana.

II
A D. Vicente Ciurana
Sobre la limpia arena, en el tartesio llano                  1
por donde acaba España y sigue el mar,
hay dos hombres que apoyan la cabeza en la mano;
uno duerme, y el otro parece meditar.
El uno, en la mañana de tibia primavera,                   5
junto a la mar tranquila,
ha puesto entre sus ojos y el mar que reverbera,
los párpados, que borran el mar en la pupila.
Y se ha dormido, y sueña con el pastor Proteo,
que sabe los rebaños del marino guardar;                  10
y sueña que le llaman las hijas de Nereo,
y ha oído a los caballos de Poseidón hablar.
El otro mira al agua. Su pensamiento flota;
hijo del mar, navega —o se pone a volar.
Su pensamiento tiene un vuelo de gaviota,                15
que ha visto un pez de plata en el agua saltar.
Y piensa: «Es esta vida una ilusión marina
de un pescador que un día ya no puede pescar.»
El soñador ha visto que el mar se le ilumina,
y sueña que es la muerte una ilusión del mar.            20

Exégesis

Tema: tanto la actitud contemplativa, como la activa, nos llevan a la conclusión de que la vida y la muerte son solo una ilusión.

Aspectos métricos: todos los versos son alejandrinos, excepto, el sexto, que es heptasílabo. La rima está constituida por cinco serventesios (ABAB), donde los versos pares riman en todo el poema (á). Poseen una especial musicalidad y dotan de un ritmo grave y sereno al conjunto.

Rasgos estilísticos: el poema cuenta una historia (propio de la parábola) situada en un lugar concreto: en el sur andaluz, “donde acaba España y sigue el mar” (v. 2). Alude a las costas de Huelva, entendemos. La historia es protagonizada por dos hombres de algún modo relacionados, de los que no sabemos sus nombres, pero sí lo que hacen: el primero “duerme”, es decir, no está en vigilia; el segundo parece meditar. Nos relata el sueño del primero, con los dioses mitológicos Proteo, Nereo y Poseidón, junto con sus acompañantes. El sueño es agradable y reconfortante, al parecer. El segundo, que ha sido marinero, piensa que la vida es una “ilusión marina / de un pescador que un día ya no puede pescar” (vv. 17-18). Es decir, todo termina en frustración, producida por un engaño. El “soñador”, el primer personaje, ve un mar iluminado y “sueña que es la muerte una ilusión del mar”, es decir, algo intangible e incomprensible. La vida y la muerte son solo espejismos, imágenes inmateriales de imposible correlato real. 

La parábola es pesimista y negativa. Indica que, hagamos lo que hagamos, todo acabará en el fracaso existencial más riguroso. Cualquier tentativa de comprender y acometer la vida y sus circunstancias está condenado a la derrota. El mar aparece como una metáfora de lo insondable e incomprensible; del mismo modo, los dos hombres relacionados con el mar son metáfora de dos actitudes ante la vida: o pensarla tras la experiencia meditativa, o soñarla. Existe una contraposición que alimenta cierta intriga temática; esta tensión antitética procede del doble protagonismo. Entre el soñador y el pensador, ¿qué existe, enfrentamiento, distanciamiento? El lector avanza expectante ante esa intriga. El final, sin embargo, es pesimista y frustrante. El término de las dos líneas vitales, representadas por los protagonistas, es la disolución de toda esperanza.

III
Erase de un marinero
que hizo un jardín junto al mar,
y se metió a jardinero.
Estaba el jardín en flor,
y el jardinero se fue
por esos mares de Dios.

Exégesis

Tema: la insatisfacción o la ilusión de alcanzar nuevas metas nos hace abandonar algo cuando está a punto de alcanzar su madurez.

Aspectos métricos: los seis versos octosílabos riman en asonante el primero con el tercero; el cuarto con el sexto; el segundo y el quinto quedan libres. Cada tres versos forman una tercerilla o terceto, si los consideramos como de arte mayor.

Rasgos estilísticos: de nuevo el mar y el marinero como marco y personajes de la parábola. Muestra una breve pero sorprendente historia. Un marinero cultiva un huerto cerca del mar; cuando el jardín alcanza su apogeo de belleza y pujanza, el marinero vuelve al mar. La interpretación es bastante abierta; puede que aluda a que, al final, cada uno seguirá su destino; tal vez esté recomendando ser pacientes para lograr los frutos de nuestros esfuerzos; acaso se refiera a que debemos aprender a saber escucharnos para trazar nuestra trayectoria vital satisfactoriamente, pues el mar es amplio y todas las posibilidades son  factibles. 

Esta parábola es distinta a las demás porque se muestra muy sintética, apenas está esbozada. Un personaje, un paisaje y una pasión (como diría Delibes) nos ejemplifican la importancia de ser fieles a nosotros mismos para no errar el rumbo.

IV
CONSEJOS
Sabe esperar, aguarda que la marea fluya                           1
— así en la costa, un barco— sin que el partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.
Y si la vida es corta                                                            5
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa.

Exégesis

Tema: la paciencia para esperar el momento oportuno en el que realizar algo es una gran virtud que aporta muchos beneficios.

Aspectos métricos: la medida de los versos oscila del heptasílabo (v. 5) a los alejandrinos (vv. 1-4), pasando por el endecasílabo (vv. 6-8). Los primeros cuatro versos riman formando un serventesio; los cuatro últimos, forman un cuarteto (sin tener en cuenta la medida de los versos).

Rasgos estilísticos: el título del poema expresa muy bien el contenido; es un “consejo”, es decir, una sugerencia o indicación dirigida al lector implícito, casi en diálogo con el yo poético, para que actúe de un modo inteligente. La esencia de la recomendación es cultivar la paciencia porque siempre dará buenos frutos. Identifica al lector implícito con el barco que “aguarda” el momento idóneo para zarpar. La razón principal de los beneficios de la espera se expresan en el verso 4: “porque la vida es larga y el arte es un juguete”; hay tiempo suficiente para actuar con sensatez y cosas que parecen importantes no lo son tanto, como el arte, que no es más que un “juguete”, es decir, un pasatiempo. El apoyo argumental que ofrece es que la vida es larga y el arte, corto.

En la segunda parte del poema le da la vuelta al razonamiento, planteando la hipótesis contraria: la vida es corta, pero el arte es largo. En este caso, conviene también esperar tiempos propicios porque, después de todo, nada importa. El poema posee un tono pesimista y, en su parte final, escéptico y amargo. La importancia de la paciencia para emprender acciones importantes es el asunto central, aunque deriva hacia un nihilismo existencial. El poema entero tiene un sentido alegórico muy firme. La metáfora de la vida como un barco que ha de realizar una travesía se repite en las dos secciones del poema (esta imagen aparece en muchos poemas de Machado). El tono dialógico del poema es muy interesante; se establece un diálogo soterrado entre el yo poético y el lector implícito en un marco entrañable, sereno, como de nostalgia compartida. El poema es delicioso, evocador y muy sugerente.

V
PROFESIÓN DE FE
Dios no es el mar, está en el mar, riela           1
como luna en el agua, o aparece
como una blanca vela;
en el mar se despierta o se adormece.
Creó la mar, y nace                                        5
de la mar cual la nube y la tormenta;
es el Criador y la criatura lo hace;
su aliento es alma, y por el alma alienta.
Yo he de hacerte, mi Dios, cual tú me hiciste,
y para darte el alma que me diste                 10
en mí te he de crear. Que el puro río
de caridad que fluye eternamente,
fluya en mi corazón. ¡Seca, Dios mío,
de una fe sin amor la turbia fuente!

Exégesis       

Tema: La presencia de Dios nos ha de lanzar a una vida creadora basada en la caridad y en el amor.

Aspectos métricos: los versos son endecasílabos, excepto el 3 y el 5, que son heptasílabos. En cuanto a la rima, los cuatro primeros versos forman un serventesio; sigue otro de los versos 5 a 8; continúa con un pareado (vv. 9-10); se cierra el poema con otro serventesio. Como se ve, la rima es muy cuidada y tremendamente eficaz a efectos expresivos. 

Rasgos estilísticos: como en el poema anterior, el título, “Profesión de fe”, nos da la clave interpretativa; se trata de una exposición sentenciosa sobre la creencia religiosa del yo poético. Los ocho primeros versos definen a Dios, exponen la idea de Dios que posee el yo poético. Lo concibe, o identifica, con el propio mar; vive en él, se manifiesta a través de él. Lo que más le interesa al yo poético es la capacidad creativa de Dios, a quien llama “Criador” (v. 7); es el único apelativo, como nombre propio, que le asigna. Si nos fijamos en las cualidades del mar, comprendemos qué es Dios: creador, inmenso, recreativo en sí mismo, benéfico y capaz de hacer que los seres creados sean también creadores. Esta idea se expresa muy bien en el verso 9: “Es el Criador y la criatura lo hace”.

En el verso 9 comienza la segunda parte del poema. Comienza con “Yo…”, índice claro que ahora el yo poético habla de él, en concreto de su capacidad creadora, imagen o trasunto de la de Dios. Por eso le da “el alma que me diste” (v. 10), para que exista una armonía o comunión perfecta entre ellos. Se cierra el poema con una petición a Dios: que “fluya” (se repite el verbo dos veces) la caridad y que no permita Dios que exista una fe sin amor, pues sería algo espúreo y negativo. ¿Habla de su fe, en concreto? No lo sabemos. De este modo, el título, “Profesión de fe”, adquiere un sentido algo ambiguo y difuso; no se puede deducir claramente, por ejemplo, si Machado era creyente o no.

VI
El Dios que todos llevamos,     1
el Dios que todos hacemos,
el Dios que todos buscamos
y que nunca encontraremos.
Tres dioses o tres personas      5
del solo Dios verdadero.

Exégesis

Tema: la búsqueda de Dios es ardua y, probablemente, inútil.

Aspectos métricos: los seis versos octosílabos riman en consonante los cuatro primeros, formando una cuarteta; el quinto queda libre y el sexto y último rima en asonante con el cuarto, formando casi un terceto.

Rasgos temáticos: de nuevo nos encontramos con un poema reflexivo de temática religiosa. El yo poético busca a Dios, pero infructuosamente. Los tres verbos finales de los tres primeros versos nos dan la clave de la vida religiosa del yo poético: “llevamos”, “hacemos” y “buscamos”. La idea de Dios es innata al hombre, la moldeamos a nuestra manera y tratamos de ver su reflejo en el mundo, tanto en el material, como en el ideal. Pero no podemos hacernos ilusiones: pues “nunca encontraremos” a ese Dios. No aclara por qué, pero podemos temernos lo peor. Los dos versos finales son irónicos, pues juegan con la ortodoxia cristiana católica de que Dios se manifiesta en “tres personas distintas”; aquí equivale a decir “tres intentos frustrados de encontrar a Dios”. El verbo en tiempo futuro del verso 4 (“encontraremos”) contrasta con el presente de los tres primeros versos y con la ausencia de esa clase de palabra en los dos versos finales. El final resulta negativo y frustrante.

El poema es muy elíptico, pues se sobreentienden ideas y pensamientos que quedan solo aludidos; ayuda a condensar mucho la significación. La anáfora y el paralelismo de los tres primeros versos imprimen un ritmo repetitivo y sugestivo; se rompe en los dos versos finales, creando un efecto de sorpresa. Podemos atisbar la seria lucha interior de Machado por encontrar a Dios en un mundo inextricable. El resultado, ligeramente ambiguo, parece cerrar la puerta a la creencia en Dios.

 

VII
Dice la razón: Busquemos        1
la verdad.
Y el corazón: Vanidad.
La verdad ya la tenemos.
La razón: ¡Ay, quién alcanza    5
la verdad!
El corazón: Vanidad.
La verdad es la esperanza.
Dice la razón: Tú mientes,
Y contesta el corazón:            10
Quien miente eres tú, razón,
que dices lo que no sientes.
La razón: Jamás podremos
entendernos, corazón.
El corazón: Lo veremos.         15

Exégesis

Tema: la lucha entre la razón y el sentimiento nunca cesará, pues no pueden entenderse.

Aspectos métricos: los versos son octosílabos, excepto el segundo y sexto, que son tetrasílabos, rompiendo el ritmo del poema. La rima se presenta: redondilla (abba), redondilla (abba), redondilla (cddc) y tercerilla (ede) (el verso intermedio rima con el central de la última redondilla. Posee una musicalidad marcada, abrupta, para marcar el diálogo de sordos entre la razón y el sentimiento o corazón. Es un poema de quince versos, número impar, lo que es muy poco frecuente en la poesía de Machado.

Rasgos temáticos: la característica principal de este poema es su tono dialógico. La razón y el corazón (metonimia, y también metáfora) del sentimiento dialogan de manera áspera y firme sobre su modo de enfrentarse al mundo. En el fondo, son metáfora de la lucha dentro del yo poético entre las intuiciones y emociones frente al análisis cerebral.

El poema nos muestra la introspección del yo poético, que brega dentro de sí mismo entre estas dos fuerzas o tendencias, sin que ninguna de ellas se imponga, pero tampoco se dé por vencida. “La verdad es la esperanza” (v. 8) encierra el núcle semántico central del poema. El hombre avanza con ilusión en su vida mientras mantiene la esperanza, el deseo de un futuro más luminoso. La razón le niega esa posibilidad, pero el corazón se reafirma en su idea y no cierra la posibilidad de que ambos se entiendan en el futuro. El poema está muy bellamente construido, a base de elipsis, algunas repeticiones y ciertos efectos de viveza expresiva a base de apóstrofes (entre los interlocutores) y exclamaciones retóricas. 

El tono es vivo, un poco áspero, pues el choque entre ambos interlocutores es directo y sin circunloquios. Muestran muy vivamente las dos fuerzas que operan en el hombre a la hora de construir su proyecto vital. Ambas son importantes, luchan entre sí, lo que consume mucha energía, y no sabemos si habrá un armisticio o solución; lo más probable es que no, lo que extiende cierto pesimismo existencial sobre todo el poema. Su belleza está a la vista, gracias a su expresividad, concisión y universalidad.

VIII
Cabeza meditadora,                   1
¡qué lejos se oye el zumbido
de la abeja libadora!
Echaste un velo de sombra
sobre el bello mundo y vas         5
creyendo ver, porque mides
la sombra con un compás.
Mientras la abeja fabrica,
melifica,
con jugo de campo y sol,           10
yo voy echando verdades
que nada son, vanidades
al fondo de mi crisol.
De la mar al percepto,        
del percepto al concepto,         15
del concepto a la idea
— ¡oh, la linda tarea!—,
de la idea a la mar.
¡Y otra vez a empezar!     

Exégesis

Tema: es más importante la tarea de hacer y construir que la de especular y pensar, pues resulta estéril e improductiva. 

Aspectos métricos: los diecinueve versos del poema son octosílabos, excepto el noveno, que quiebra la medida y el ritmo, al ser solo tetrasílabo. La rima se aproxima al verso libre, pero se pueden apreciar estrofas: tercerilla (1-3), el verso 4 rima en asonante con el tercero, tercerilla (5-7), pareado (8-9), redondilla (10-13), tres pareados consecutivos finales (14-15, 16-17 y 18-19). Predomina la rima consonante. Como se ve, crea una suave musicalidad, típica de Machado, armónica y equilibrada.

Rasgos temáticos: el poeta se dirige a su cabeza, metonimia de su razón y de sí mismo. La “abeja libadora” (v. 3) es metáfora del ser activo y laborioso que actúa sobre el mundo para mejorarlo. Le reprocha a su cabeza divagadora alejarse o no poder percibir el extraordinario trabajo de la abeja, metáfora de la tarea bien hecha y transformadora; también le recrimina, bien que suavemente, haber velado la realidad con su propia visión enturbiada (“Echaste un velo de sombra / sobre el bello mundo” (vv. 4-5). Su tarea es vana, casi absurda, pues “mides / las sombras con un compás” (vv. 6-7); es decir, se entrega a una quimera sin fundamento. 

En el verso 8 se observa un cambio de ritmo y de tono. Ahora el yo poético habla de sí mismo, como recriminándose su forma de ser, soñadora, especuladora y nada productiva. Se crea un vivo contraste en el verso 8, formado por “melifica”; es el verso quebrado que expresa con viveza la actividad transformadora y benéfica de la abeja. Confiesa que sus verdades especuladas solo son “vanidades” que arroja al depósito de su fundición de ideas, el “crisol”, tratando de rehacerlas, pero sin mucho éxito.

En los versos 14-16 aparece una concatenación (también denominada anadiplosis) muy hermosa (con las palabras “percepto” (que significa el objeto tal y como lo percibe el sujeto), “concepto” e “idea”); expresa la inanidad del trabajo intelectual del yo poético, que no logra elaborar nada práctico o benéfico. De ahí que exclame irónicamente “”¡oh, la linda tarea” (v. 17), pues todo su esfuerzo mental resulta inane. La idea acaba en el “mar” (v. 18), metáfora de la vida tumultuosa, el mundo en su agitación y movimiento inextricable. El verso final, “Y otra vez a empezar” (v. 19) expresa, entre la ironía, el humor negro y la amargura, la incapacidad del yo poético de escapar de ese círculo vicioso que lo tiene atrapado, meditando mucho, pero haciendo nada. Todo el poema gira en torno a la antítesis conceptual establecida entre la especulación y la acción, la actividad redundante y estéril y la producción benéfica, como la abeja con su miel.

Estamos ante un bello poema de tono reflexivo, traspasado por la ironía, el contraste y unas gotas de humor negro. Parece que el yo poético lamenta no saber o no poder producir algo que sirva para los demás benéficamente. Toda su actividad especulativa se encierra en un círculo cerrado y repetitivo del que no puede salir. Las imágenes son expresivas, vivas y convincentes.

CXXXVII
MI BUFÓN
El demonio de mis sueños     1
ríe con sus labios rojos,
sus negros y vivos ojos,
sus dientes finos, pequeños.
Y jovial y picaresco               5
se lanza a un baile grotesco,
luciendo el cuerpo deforme
y su enorme
joroba. Es feo y barbudo,
y chiquitín y panzudo.          10
Yo no sé por qué razón,
de mi tragedia, bufón,
te ríes… Mas tú eres vivo
por tu danzar sin motivo.

Exégesis

Tema: llevamos dentro un ser burlón y cruel que se ríe de nosotros, ridiculizándonos a cada paso.

Aspectos métricos: los versos son octosílabos (excepto el octavo, que es tetrasílabo), formando, por la rima: una redondilla (1-4) u una serie de cinco pareados (5-6, 7-8, 9-10, 11-12 y 13-14). 

Rasgos estilísticos: el título, “Mi bufón”, declara muy bien el contenido; el yo poético lleva dentro un ser malévolo y repulsivo que se dedica a reírse de la “tragedia” del yo poético, es decir, de su lucha interna por alcanzar una existencia coherente, plena y con sentido. Define expresivamente al bufón en el verso 1 como “el demonio de mis sueños”, que ridiculiza al sujeto lírico reiteradamente. La primera parte del poema (vv. 1-10) es una prosopografía del bufón interior del yo poético. Este lo pinta con trazo grueso: feo y repulsivo desde cualquier punto de vista. Los lavios son “rojos”; los ojos, “negros”; y los dientes, “finos, pequeños”. Como se aprecia, es grotesco, deforme y repulsivo. A continuación refiere lo que hace: bailar de modo exagerado y estrafalario, luciendo “el cuerpo deforme / y su enorme / joroba”. El retrato que surge es goyesco y expresivo hasta resultar repulsivo.

La segunda parte es casi dialógica, pues el yo poético se dirige, casi increpa, a su bufón para recriminarle su risa sin motivo y ridiculizante para él. Sin embargo, en un arranque de sinceridad, el yo poético confiesa que su bufón, al menos, está vivo, porque baila incluso sin motivo. El mensaje implícito es que él se siente muerto o inservible para la vida.

El tono del poema es amargo y pesimista. El yo poético lamenta su inacción y expresa su irritación por ese demonio interior que se ríe de cada uno constantemente. En el fondo, se trata de una confesión de las imperfecciones que llevamos dentro y de la lucha interior entre el deseo y la realidad, entre la idea bella y la incapacidad absoluta para realizarla. Sin duda, es duro de admitir, pero el yo poético lo hace en un acto poético bello, sincero y algo amargo.

ELOGIOS
CXXXIX
A DON FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS
Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió?… Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan,
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad: enmudeced, campanas!
Y hacia otra luz más pura
partió el hermano de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.
…¡Oh, sí, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama!
Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas…
Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.
Baeza, 21 de febrero de 1915

A este bellísimo y hondo poema le hemos dedicado una exégesis específica y más completa en este blog, con su correspondiente entrada; ahí se puede consultar nuestro análisis.

CXL

AL JOVEN MEDITADOR JOSÉ ORTEGA Y GASSET

A ti laurel y hiedra                              1

corónente, dilecto

de Sofía, arquitecto.

Cincel, martillo y piedra

y masones te sirvan; las montañas        5

de Guadarrama frío

te brinden el azul de sus entrañas,

meditador de otro Escorial sombrío.

Y que Felipe austero,

al borde de su regia sepultura,             10

asome a ver la nueva arquitectura,

y bendiga la prole de Lutero.

Exégesis

Tema: elogio a Ortega y Gasset.

Aspectos métricos: los doce versos del poema son heptasílabos y endecasílabos. Los cuatro primeros, por la rima, forman una redondilla; del 4 al 8 constituyen una cuarteta; los cuatro últimos conforman otra redondilla (se podría haber enunciado según los nombres de la estrofas en arte mayor; en realidad, al ser una mezcla por el número de sílabas, no es, estrictamente, salvo la primera, ni una estrofa, ni la otra).

Rasgos estilísticos: estamos ante una sentida alabanza de Machado dirigida a José Ortega y Gasset (Madrid, 1883 – 1955), a quien, lógicamente, admiraba. A pesar de ser más joven que él y, por tanto, incorporarse a la vida intelectual española más tarde, Machado le profesa una gran admiración y amistad. Solicita que lo coronen como el preferido de la diosa de la sabiduría, Sofía, por sus cualidades. Lo califica de “arquitecto” (v. 3), no de edificios, sino de la inteligencia, la cultura y el pensamiento español. Vemos que la construcción (en sentido literal y metafórico tiene relevancia en este poema).

 Solicita que le ayuden a su tarea las profesiones manuales (aludidos, metonímicamente, por los instrumentos de trabajo y el material: “cincel, martillo y piedra” (v. 4). Sin embargo, aquí se desvela otra significación mucho más comprometedora: los “masones”, nombrados directamente. El yo poético les pide que “te sirvan” (v. 5), pues Ortega los necesita para su proyecto de construcción intelectual. También le pide lo mismo a “las montañas / del Guadarrama frío” (vv. 5-6). Una aparente paradoja hallamos en “el azul de sus entrañas” (v. 7); es una manera metafórica de unir tierra y cielo en un solo concepto; todos se unen para ayudar al “meditador”. Y piensa este en otro “Escorial sombrío” (v. 8), metáfora de un nuevo imperio o nación no tan grandilocuente como el histórico español.

Los cuatro últimos versos forman una sección propia. Desea que salga de su tumba el rey Felipe II, creador del Escorial, salga de su tumba para contemplar la creación de una nueva nación española; asimismo, para que el antiguo monarca “bendiga la prole de Lutero”, como aceptando la superioridad de la España renovada. La  expresión “la prole de Lutero” posee un hondo significado. Alude al fracaso secular del cristianismo católico, mediterráneo en su configuración histórica, encarnado en España principalmente. Como relato, admite, contento, el triunfo del cristianismo protestante del norte de Europa. Machado ofrece una visión negativa y crítica de la Iglesia católica española y un pensamiento optimista sobre la futura influencia del protestantismo en la renovación de España.

Estamos ante un poema que, bajo un homenaje a Ortega y Gasset, aparece una visión crítica de la historia de España, centrada en un asunto: el rechazo a la Iglesia católica y la defensa o admiración del protestantismo como expresión religiosa e ideológica de naciones prósperas y civilizadas. La carga ideológica es bastante densa y explícita. Por otro lado, no es la primera vez que ocurre esto en la poesía de Machado, y está en sintonía con su ideario político.

CXLI

A XAVIER VALCARCE

«… En el intermedio de la primavera»

Valcarce, dulce amigo, si tuviera                            1

la voz que tuve antaño, cantaría

el intermedio de tu primavera

—porque aprendiz he sido de ruiseñor un día—,

y el rumor de tu huerto —entre las flores                5

el agua oculta corre, pasa y suena

por acequias, regatos y atanores—,

y el inquieto bullir de tu colmena,

y esa doliente juventud que tiene

ardores de faunalias,                                             10

y que pisando viene

la huella a mis sandalias.

Mas hoy… ¿será porque el enigma grave

me tentó en la desierta galería,

y abrí con una diminuta llave                                 15

el ventanal del fondo que da a la mar sombría?

¿Será porque se ha ido

quien asentó mis pasos en la tierra,

y en este nuevo ejido

sin rubia mies, la soledad me aterra?                      20

No sé, Valcarce, mas cantar no puedo;

se ha dormido la voz en mi garganta,

y tiene el corazón un salmo quedo.

Ya sólo reza el corazón, no canta.

Mas hoy, Valcarce, como un fraile viejo                   25

puedo hacer confesión, que es dar consejo.

En este día claro, en que descansa

tu carne de quimeras y amoríos

—así en amplio silencio se remansa

el agua bullidora de los ríos—,                                30

no guardes en tu cofre la galana

veste dominical, el limpio traje,

para llenar de lágrimas mañana

la mustia seda y el marchito encaje,

sino viste, Valcarce, dulce amigo,                           35

gala de fiesta para andar contigo.

Y cíñete la espada rutilante,

y lleva tu armadura,

el peto de diamante

debajo de la blanca vestidura.                                40

¡Quién sabe! Acaso tu domingo sea

la jornada guerrera y laboriosa,

el día del Señor, que no reposa,

el claro día que el Señor pelea.

Exégesis

Tema: salutación de Machado a su amigo Xavier Valcarce para que se mantenga firme en su pulso vital y confesión personal de agotamiento espiritual y artístico.

Aspectos métricos: los versos de este poema son endecasílabos y heptasílabos. Hasta el verso 24 aparecen, en cuanto a la rima, seis serventesios (ABAB); los versos 25 y 26 forman un pareado. Siguen otros dos serventesios (vv. 27-34); los versos 35 y 36 forman un pareado; los ocho versos finales forman dos serventesios. Como se ve, una cuidada distribución de medida y rimas, resultando un ritmo tranquilo, sereno y grave, extrañamente musical.

Rasgos estilísticos: los doce primeros versos son una oración; el yo poético reconoce que ya no tiene la “voz” que tuvo antaño; es decir, carece de la inspiración y la energía suficiente para escribir. Lo paradójico es que, al decir, eso, está componiendo con mucha convicción y fuerza; en concreto, describe la primavera y un huerto idílico. Alude también a los “ardores” o pasiones sensuales propios de la juventud (“faunalias”). La importancia y consideración del destinatario para el yo poético se refleja en que su nombre se repite cuatro veces; y el sinestésico apelativo “dulce amigo”, tres veces.

En el verso 13 se cambia de modulación temática. El yo poético habla desde un “hoy” en el que desea comunicarse y entregarse al arte poético. Se pregunta por qué ha ocurrido eso; plantea dos hipótesis, a través de dos interrogaciones retóricas: ha pensado que se dejado tentar por “el enigma grave” (acaso, la muerte) que se ha introducido en su “galería” y su “mar” (metáforas de su interioridad y su mundo turbulento, sombrío y desagradable). En los versos 17-20 plantea la segunda hipótesis: la muerte de Leonor, a quien se refiere perifrásticamente con la expresión “a quien asentó mis pasos en la tierra” (v. 18), lo ha dejado sumido en la soledad y la parálisis. Nótese cómo habla con devoción y dolor de su esposa difunta, a quien le reconoce su aportación positiva para encauzar su vida. No se decide por ninguna de las opciones, pero reconoce palmariamente que “No sé, Valcarce, mas cantar no puedo” (v. 21); admite que su corazón no canta, solo reza un “salmo”, debido a la profundidad de la herida emocional, y también el cansancio, que arrastra. 

En el verso 25 se abre la tercera sección temática del poema. Se advierte bien porque se repite la expresión “Mas hoy”, enlazando con lo anterior. Le aconseja a su “dulce amigo” que se vista con sus mejores galas (“veste dominical”) y se pertreche con sus armas (espada, armadura y peto). Puede que el domingo, en vez de ser “el día del Señor”, en la tradición católica, se convierta en un día activo y productivo, “la jornada guerrera y laboriosa” (v. 42). Establece una alegoría en torno a la idea de actuar, hacer vivir y producir, sin descansar, aunque sea domingo. Los términos guerreros invitan a pensar en una guerra que su amigo Valcarce ha de librar, pero no desarrolla la metáfora. Tampoco aclara por qué opone tan violentamente al “Señor” con el hombre laborioso. El cierre resulta, pues, intrigante y deliberadamente ambiguo.

El poema es muy hermoso y significativo en cuanto al estado anímico y espiritual de Machado unos años después de la muerte de Leonor. Se confiesa agotado y artísticamente seco, lo cual no es del todo cierto, como demuestra el poema bellísimo que ha compuesto. Por lo demás, el cultivo de la amistad y la comunicación espiritual de Machado con sus amigos es uno de los asuntos principales de su poesía. El tono confesional es esclarecedor y aporta un aire coloquial, de apertura interior contenida, pero no ocultada.

CXLII

MARIPOSA DE LA SIERRA

A Juan Ramón Jiménez,

por su libro Platero y yo

¿No eres tú, mariposa,                       1

el alma de estas sierras solitarias,

de sus barrancos, hondos,

y de sus cumbres agrias?

Para que tú nacieras,                         5

con su varita mágica

a las tormentas de la piedra, un día,

mandó callar un hada,

y encadenó los montes,

para que tú volaras.                        10

Anaranjada y negra,

morenita y dorada,

mariposa montés, sobre el romero

plegadas las alillas, o, voltarias,

jugando con el sol, o sobre un rayo   15

de sol crucificadas.

¡Mariposa montés y campesina,

mariposa serrana,

nadie ha pintado tu color; tú vives

tu color y tus alas                             20

en el aire, en el sol, sobre el romero,

tan libre, tan salada!…

Que Juan Ramón Jiménez

pulse por ti su lira franciscana.

Sierra de Cazorla, 28 mayo 1915

Exégesis

Tema: admiración por la mariposa y deseo de que el poeta Juan Ramón Jiménez escriba creando tanta belleza como contiene la mariposa.

Aspectos métricos: en los veinticuatro versos del poema se alternan los versos heptasílabos con los endecasílabos. Riman los versos pares en asonante (á-a) quedando los impares libres.

Rasgos estilísticos: el poema es un monodiálogo del yo poético con la mariposa “montés y campesina” v. 17); este reconoce y admira su belleza sencilla y sin afectaciones. La reconoce como “el alma de estas sierras solitarias” (v. 2), donde apreciamos bien su admiración por el lepidóptero. Estos cuatro primeros versos, resueltos en una interrogación retórica, constituyen la primera sección del poema.

La segunda parte (vv. 5-10) desarrolla una alegoría legendaria: un hada amansó a las piedras y encadenó los montes “para que tú volaras” (v. 10). Es un modo de expresar la delicadeza del animal, pues logra amansar las tormentas más fuertes. 

La tercera sección de contenido (vv. 11-22) se resuelve en una descripción emocional de la mariposa, bien posada en cualquier humilde planta o flor, bien en vuelo, buscando nuevos lugares pues es “voltaria” en su carácter, es decir, inconstante. La describe con sus colores, con sus acciones y, finalmente, admite que nadie la ha podido pintar con exactitud y verdad. La llama “mariposa montés”, “campesina” y “serrana”, insistiendo así en su vida natural y auténtica. La exclamación retórica de los versos 17 al 22 muestra muy bien la exaltación y emoción que siente el yo poético al contemplarla. Y no lo ha dicho todo, como se aprecia en la suspensión del verso 22.

Cierra el poema una petición, acaso súplica, o deseo: que el poeta Juan Ramón Jiménez, que ya ha demostrado muy bien cuán buen observador y amante de la naturaleza es, a través de su libro Platero y yo “pulse por ti su lira franciscana” (v. 22), es decir, que cante con delicadeza y verdad toda la belleza que este humilde lepidóptero lleva consigo, casi sin ser consciente de ello.

Estamos ante otro poema bellísimo, de impecable factura. La descripción interiorizada que realiza de la mariposa “serrana” es muy sentida y convincente. El yo poético aprecia la belleza natural, la verdad auténtica de un humilde animal que aporta armonía y luz al mundo. Solo desea que un gran poeta como Juan Ramón Jiménez sepa pasar a poesía toda esa belleza natural que se contiene en el lepidóptero.

CXLIII

DESDE MI RINCÓN

ELOGIOS

Al libro Castilla, del maestro “Azorín”,

con motivos del mismo.

Con este libro de melancolía                         1

toda Castilla a mi rincón me llega;

Castilla la gentil y la bravía

la parda y la manchega.

¡Castilla, España de los largos ríos                5

que el mar no ha visto y corre hacia los mares;

Castilla de los páramos sombríos,

Castilla de los negros encinares!

Labriegos transmarinos y pastores

trashumantes —arados y merinos—,             10

labriegos con talante de señores,

pastores de color de los caminos.

Castilla de grisientos peñascales,

pelados serrijones,

barbechos y trigales,                                  15

malezas y cambrones.

Castilla azafranada y polvorienta,

sin montes, de arreboles purpurinos.

Castilla visionaria y soñolienta

de llanuras, viñedos y molinos.                   20

Castilla —hidalgos de semblante enjuto,

rudos jaques y orondos bodegueros—,

Castilla —trajinantes y arrieros

de ojos inquietos, de mirar astuto—,

mendigos rezadores,                                  25

y frailes pordioseros,

boteros, tejedores,

arcadores, perailes, chicarreros,

lechuzos y rufianes,

fulleros y truhanes,                                    30

caciques y tahúres y logreros.

¡Oh venta de los montes! — Fuencebada,

Fonfría, Oncala, Manzanal, Robledo—.

¡Mesón de los caminos y posada

de Esquivias, Salas, Almazán, Olmedo!       35

La ciudad diminuta y la campana

de las monjas que tañe, cristalina…

¡Oh, dueña doñeguil tan de mañana

y amor de Juan Ruiz a doña Endrina!

Las comadres —Gerarda y Celestina—.        40

Los amantes —Fernando y Dorotea—.

¡Oh casa, oh huerto, oh sala silenciosa!

¡Oh divino vasar en donde posa

sus dulces ojos verdes Melibea!

¡Oh jardín de cipreses y rosales,                 45

donde Calisto ensimismado piensa,

que tornan con las nubes inmortales

las mismas olas de la mar inmensa!

¡Y este hoy que mira a ayer; y este mañana

que nacerá tan viejo!                                     50

¡Y esta esperanza vana

de romper el encanto del espejo!

¡Y esta agua amarga de la fuente ignota!

¡Y este filtrar la gran hipocondría

de España siglo a siglo y gota a gota!               55   

¡Y esta alma de Azorín… y esta alma mía

que está viendo pasar, bajo la frente,

de una España la inmensa galería,

cual pasa del ahogado en la agonía

todo su ayer, vertiginosamente!                      60

Basta, Azorín, yo creo

en el alma sutil de tu Castilla,

y en esa maravilla

de tu hombre triste del balcón, que veo

siempre añorar, la mano en la mejilla.            65

¡Contra el gesto del persa, que azotaba

la mar con su cadena;

contra la flecha que el tahúr tiraba

al cielo, creo en la palabra buena.

Desde un pueblo que ayuna y se divierte,         70

ora y eructa, desde un pueblo impío

que juega al mus, de espaldas a la muerte,

creo en la libertad y en la esperanza,

y en una fe que nace

cuando se busca a Dios y no se alcanza,           75

y en el Dios que se lleva y que se hace.

ENVÍO

¡Oh tú, Azorín, que de la mar de Ulises

viniste al ancho llano

en donde el gran Quijote, el buen Quijano,

soñó con Esplandianes y Amadises;                  80

buen Azorín, por adopción manchego,

que guardas tu alma ibera,

tu corazón de fuego

bajo el recio almidón de tu pechera

—un poco libertario                                         85

de cara a la doctrina,

¡admirable Azorín, el reaccionario

por asco de la greña jacobina!—;

pero tranquilo, varonil —la espada

ceñida a la cintura                                          90

y con santo rencor acicalada—,

sereno en el umbral de tu aventura!

¡Oh, tú, Azorín, escucha: España quiere

surgir, brotar, toda una España empieza!

¿Y ha de helarse en la España que se muere?    95

¿Ha de ahogarse en la España que bosteza?

¡Para salvar la nueva epifanía

hay que acudir, ya es hora,

con el hacha y el fuego al nuevo día.

Oye cantar los gallos de la aurora.             100

Baeza, 1915

Exégesis

Tema: recreación emocional de Castilla, admirada y desdeña a partes iguales, para la que se desea un futuro esplendoroso de renovación e impulso hacia el futuro. 

Aspectos métricos: los cien versos de este poema son endecasílabos (la mayoría) o heptasílabos. Como si fueran de arte mayor todos los versos, cosa falsa, podemos establecer la siguiente rima: cinco serventesios (1-20); un cuarteto (21-24); serventesio (25-28); cuarteto (32-35); serventesio (36-39); verso de enlace (40); cuarteto (41-44); tres serventesios (45-56); dos cuartetos (57-64); verso de enlace (65); un serventesio (66-69); un terceto (70-72); un serventesio (73-76); un cuarteto (77-80); y, finalmente, cinco serventesios (81-100). Como se puede apreciar, la perfección formal es casi increíble. La facilidad versificadora resulta admirable. El conjunto posee una cadencia grave, sostenida y seria. El ritmo es constante y no desfallece en ningún momento. 

Rasgos estilísticos: este largo y sostenido poema es una descripción emocional de Castilla. El yo poético recrea sentimentalmente la tierra castellana cuando ya está lejos de ella. Veamos las secciones de contenido:

La primera está constituida por los dos primeros versos. Explica que el motivo de que, de golpe, venga melancólicamente a su mente y corazón Castilla es la lectura del libro Castilla, de Azorín.

La segunda sección está conformada por los versos 3-20. El yo poético describe físicamente Castilla la Vieja y Castilla la Nueva. Se fija en los largos ríos, las llanuras pardas interminables, solo recorridas por los pastores y labriegos. Se fija en los colores de la tierra y selecciona ciertos elementos geográficos o vegetales: peñascales, serrijones, barbechos, trigales, malezas y cambrones (vv. 13-16). La exclamación retórica de los veros 4-7 muestran la emoción que el yo poético aplica a su visión, honda e intimista. Los versos que cierran esta parte es más interpretativa: “Castilla visionaria y soñolienta / de llanuras, viñedos y molinos”. Nótese los rasgos espirituales que aporta el poeta; se trata de una metonimia al adjudicar a la tierra los rasgos de sus habitantes. Se percibe muy bien el aprecio del poeta por la tierra castellana.

La tercera sección la forman los versos 21-31. Se trata de una larga enumeración de los oficios más comunes de la tierra castellana; nombra diecinueve oficios, a veces tipos sociales, o formas de estar en el mundo. Casi todos son negativos porque se trata de gente apicarada, tramposa y arrufinada. Aquí no hay exclamaciones, solo una enumeración que parece una letanía; empieza bastante bien (“hidalgos de semblante enjuto”, v. 21) y acaba mal (“caciques y tahúres y logreros”, v. 31). El polisíndeton da la sensación de amontonar oficios o tipos que ya saturan toda la tierra. 

La cuarta sección abarca de los versos 32 a 48. Consiste en la imbricación de ciertos lugares (ventas, mesones y ciudades pequeñas) con las gentes que las habitan, pero vistas a través de un prisma literario. Primero aparecen lugares, con su correspondiente topónimo, de Castilla la Vieja, como de la Nueva. Recrea personajes del Libro de buen amor, de Juan Ruiz, arcipreste de Hita; sigue con La Celestina, de Fernando de Rojas; también hay una alusión al Quijote, a través de Fernando y Dorotea. No nombra la obras o los autores, sino a los personajes, sorprendidos en su quehacer cotidiano, tal y como aparecen en las obras. Las seis exclamaciones retóricas ocupan toda la sección. Todas comienzan por “¡Oh…”, formando anáforas y paralelismos de extraordinaria expresividad.   

En la quinta sección (49-60) el yo poético se coloca en un presente inmediato (“este hoy”). Ya no se deja llevar por la ensoñación, sino que analiza el presente castellano, alcanzando resultados negativos. Castilla dormita envuelta en su pobreza y miseria, tanto material como espiritual, incapaz de reaccionar y levantarse de prostración. Ve pasar por su mente esta España (metonimia de Castilla, o al revés, tanto da; el poeta las utiliza de los dos modos) miserable y le duele en el alma, como le ocurre a Azorín. Las oraciones exclamativas que comienzan anafóricamente con “¡Y este…” dan un sentido trágico, como de desesperación. Lo que ve no le gusta, pero no lo puede cambiar. El sufrimiento interno es fuerte, pero todo está como paralizado, condenado a ser como es, sin posibilidad de redención. Los versos “¡Y este hoy que mira a ayer; y este mañana / que nacerá tan viejo! (49-50) resumen a la perfección la angustia del yo poético por una tierra que levanta cabeza.

La sexta sección (vv. 61-76) adquiere un tono dialógico entre el yo poético y Azorín. Aquel ha llenado su alma y su mente de todos los elementos negativos que ha apreciado en la tierra castellana, o española, podríamos decir a estas alturas del poema. Le pide a su amigo escritor una reacción conjunta ante la vulgaridad, la desidia y la abulia irresponsable de la gente castellana. El yo poético habla por primera vez en primera persona: “creo en la libertad y la esperanza” (v. 73). Reivindica la necesidad de la ilusión, la fe y la esperanza de levantar a Castilla de su prostración a base de trabajo y laboriosidad. Frente a la vulgaridad abúlica colectiva, el yo poético se propone reaccionar con energía y fe en un Dios que está al lado de los trabajadores y activos, poseedores de nobles ilusiones. 

La última sección temática está constituida por el “Envío” (vv. 77-100); es la parte donde se consigna el destinatario y la naturaleza del escrito. El yo poético realiza una etopeya sentida y laudatoria de Azorín, que ha adoptado La Mancha de don Quijote dejando atrás el Mediterráneo. Lo dibuja como un hombre sereno, apasionado y reaccionario. Le solicita que lo escuche; le desea comunicar que una nueva España está a punto de nacer, brillante, activa e ilusionada. Le pide a su amigo que acuda con él al nacimiento de esa nueva patria, pertrechados con “el hacha y el fuego”, es decir, un instrumento o arma (para trabajar o para eliminar inconvenientes) y luz para calentarse e iluminar el nuevo camino que se intuye feliz y dichoso. Ya está ahí, es inevitable el amanecer de esta nueva nación española, como se expresa en el verso final: “Oye cantar los gallos de la aurora” (v. 100).

Estamos ante un bellísimo poema, denso y muy incisivo. Presenta una parte de descripción subjetiva y emocionalmente comprometida; y ello referido al paisaje y al paisanaje. Pero pronto se torna en una reflexión sobre la tierra castellana, valga decir, española. Transita hacia la valoración personal, de tono muy negativo. Pero el poema no es destructivo, sino constructivo. Machado adivina un mañana mejor para España; está forjado en el trabajo, la actividad bien dirigida y la fe en un destino no tan negro como el presente castellano que describe. El compromiso cívico de Machado con su país es total e intenso. En esa dinámica, invita a su amigo Azorín a colaborar con él en la construcción de esa nueva España. Lo que parecía un mero elogio a un amigo, se torna en una descripción intimista y sentida, pues Machado ama a España. E inmediatamente se transforma en una llamada a la acción para levantar un país mejor, en lo material y en lo espiritual.

CXLIV

UNA ESPAÑA JOVEN

… Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda,   1

la malherida España, de Carnaval vestida

nos la pusieron, pobre y escuálida y beoda,

para que no acertara la mano con la herida.

Fue ayer; éramos casi adolescentes; era                              5 

con tiempo malo, encinta de lúgubres presagios,

cuando montar quisimos en pelo una quimera,

mientras la mar dormía ahíta de naufragios.

Dejamos en el puerto la sórdida galera,

y en una nave de oro nos plugo navegar                              10

hacia los altos mares, sin aguardar ribera,

lanzando velas y anclas y gobernalle al mar.

Ya entonces, por el fondo de nuestro sueño —herencia

de un siglo que vencido sin gloria se alejaba—

una alba entrar quería; con nuestra turbulencia                 15

la luz de las divinas ideas batallaba.

Mas cada cual el rumbo siguió de su locura;

agilitó su brazo, acreditó su brío;

dejó como un espejo bruñida su armadura

y dijo: «El hoy es malo, pero el mañana… es mío.»       20

Y es hoy aquel mañana de ayer… Y España toda,

con sucios oropeles de Carnaval vestida

aun la tenemos: pobre y escuálida y beoda;

mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida.

Tú juventud más joven, si de más alta cumbre             25

la voluntad te llega, irás a tu ventura

despierta y transparente a la divina lumbre,

como el diamante clara, como el diamante pura.

Exégesis

Tema: apelación o invocación a la juventud española para que tome el rumbo del país para construir un país más próspero, feliz y dichoso.

Aspectos métricos: los veintiocho versos del poema son alejandrinos (tetradecasílabos). Riman formando serventesios (ABAB), pero cambiando la rima en cada uno de ellos. La musicalidad es poderosa y grave, además de solemne.

Rasgos estilísticos: estamos ante otro poema de corte cívico y patriótico. Machado siempre tuvo una enorme preocupación por el presente y el futuro de España. Este poema es como una lección de historia para los jóvenes. A través de ella pueden comprender la envergadura de la misión patriótica que les aguarda. El poema comienza con una suspensión, indicando que todo viene de mucho más atrás, pero en algún momento ha de empezar. No precisa el tiempo histórico en el arranca su “relato”. Acaso en el siglo XIX, con Fernando VII (1808); acaso más adelante, a partir de la restauración con Alfonso XII (1874). Presenta una España borracha, violenta, pobre y desnortada. Lo hicieron sus enemigos intencionadamente, para que la gente no pudiera pensar ni reaccionar. “Fue ayer” (v. 5) indica que se refiere a un pasado reciente. Acaso alude a la Primera República (“cuando montar quisimos en pelo una quimera”, v. 7). Fue una tarea imposible.

Y explica el fracaso (vv. 9-20). La población se lanzó a una gran aventura, pero sin precaución. Todo parecía que iba bien, como navegando en “una nave de oro”. Pero los marineros arrojaron al mar el timón, velas y anclas. La nave avanzaba sin rumbo, desnortada. La gente siguió sus “locuras” (codicia, vanidad, etc.; no lo sabemos exactamente). Muchos trataron, con optimismo, de enderezar el rumbo, soñando con un futuro mejor. 

En el verso 21 comienza el último apartado temático del poema, claramente separado de lo anterior. Los verbos pasan a tiempo presente. ¿Cuál es el presente del yo poético, desde el que escribe? Pues nada halagüeño. España sigue borracha, sucia, desnutrida y repelente. El vino que provocó la beodez es “la sangre de su herida” (v. 24), es decir, sus guerras civiles por la incapacidad de los españoles de vivir en paz. 

En el verso 25 comienza una invocación o apóstrofe a la juventud para que reacciones y tome el mando de la situación, buscando enderezar el rumbo de esa nave perdida en un mar turbulento. La juventud ha de ver la luz pura y transparente que guíe sus actos para construir una España mejor. El último verso es muy emotivo. La lumbre que ilumine el camino de la nación ha de ser “como el diamente clara, como el diamante pura” (v. 28). El yo poético cree en un futuro luminoso y glorioso, pero guiado ya por las nuevas generaciones. Es necesario despertar de la modorra y de la enajenación alcohólica y ponerse a trabajar por la construcción de un país mejor, más noble, hacendoso y puro. 

El tono del poema es vivo y fuerte. La parte narrativa inicial, más pausada, da paso a un final invocativo, para que la juventud reaccione y cree una España mejor. Estamos ante un bello poema de tono cívico, con un fondo amargo, pero esperanzado. El ritmo grave y solemne invita a la reflexión y, finalmente, a la acción, para ganar un futuro colectivo mejor.

CXLV

ESPAÑA EN PAZ

En mi rincón moruno, mientras repiquetea                    1

el agua de la siembra bendita en los cristales,

yo pienso en la lejana Europa que pelea,

el fiero Norte, envuelto en lluvias otoñales.

Donde combaten galos, ingleses y teutones,                  5

allá, en la vieja Flandes y en una tarde fría,

sobre jinetes, carros, infantes y cañones

pondrá la lluvia el velo de su melancolía.

Envolverá la niebla el rojo expolario

—sordina gris al férreo claror del campamento—,          10

las brumas de la mancha caerán como un sudario

de la flamenca duna sobre el fangal sangriento.

Un César ha ordenado las tropas de Germania

contra el francés avaro y el triste moscovita,

y osó hostigar la rubia pantera de Britania.                     15

Medio planeta en armas contra el teutón milita.

¡Señor! La guerra es mala y bárbara; la guerra,

odiada por las madres, las almas entigrece;

mientras la guerra pasa, ¿quién sembrará la tierra?

¿Quién segará la espiga que junio amarillece?                  20

Albión acecha y caza las quillas en los mares;

Germania arruina templos, moradas y talleres;

la guerra pone un soplo de hielo en los hogares,

y el hambre en los caminos, y el llanto en las mujeres.

Es bárbara la guerra y torpe y regresiva;                          25

¿Por qué otra vez a Europa esta sangrienta racha

que siega el alma y esta locura acometiva?

¿Por qué otra vez el hombre de sangre se emborracha?

La guerra nos devuelve las podres y las pestes

del Ultramar cristiano; el vértigo de horrores                    30

que trajo Atila a Europa con sus feroces huestes;

las hordas mercenarias, los púnicos rencores;

la guerra nos devuelve los muertos milenarios

de cíclopes, centauros, Heracles y Téseos;

la guerra resucita los sueños cavernarios                           35

del hombre con peludos mammuthes giganteos.

¿Y bien? El mundo en guerra y en paz España sola.

¡Salud, oh buen Quijano! Por si este gesto es tuyo,

yo te saludo. ¡Salve! Salud, paz española,

si no eres paz cobarde, sino desdén y orgullo.                   40

Si eres desdén y orgullo, valor de ti, si bruñes

en esa paz, valiente, la enmohecida espada,

para tenerla limpia, sin tacha, cuando empuñes

el arma de tu vieja panoplia arrinconada;

si pules y acicalas tus hierros para, un día,                       45

vestir de luz, y erguida: heme aquí, pues, España,

en alma y cuerpo, toda, para una guerra mía,

heme aquí pues, vestida para la propia hazaña,

decir, para que diga quien oiga: es voz, no es eco,

el buen manchego habla palabras de cordura;                  50

parece que el hidalgo amojamado y seco

entró en razón, y tiene espada a la cintura;

entonces, paz de España, yo te saludo.

 Si eres 

vergüenza humana de esos rencores cabezudos                

con que se matan miles de avaros mercaderes,                55

sobre la madre tierra que los parió desnudos;

si sabes como Europa entera se anegaba

en una paz sin alma, en un afán sin vida,

y que una calentura cruel la aniquilaba,                          

que es hoy la fiebre de esta pelea fratricida;                    60

si sabes que esos pueblos arrojan sus riquezas

al mar y al fuego —todos— para sentirse hermanos

un día ante el divino altar de la pobreza,

gabachos y tudescos, latinos y britanos,                           

entonces, paz de España, también yo te saludo,               65

y a ti, la España fuerte, si, en esta paz bendita,                 

en tu desdeño esculpes como sobre un escudo,

dos ojos que avizoran y un ceño que medita.

                                      Baeza, 10 de noviembre de 1914

Exégesis

Tema: lamento por la Primera Guerra Mundial y loa de la paz de España, que puede servir para restaurar la cordura en Europa.

Aspectos métricos: los versos alejandrinos forman serventesios (por su rima: ABBA). El verso 54 es anómalo y rompe totalmente el ritmo; es un bisílabo que remarca la significación especial de la oración condicional que arranca con él. La distribución por estrofas, irregular en cuanto a la cantidad de versos de cada una, obedece más bien a un criterio sintáctico: se cambia de estrofa donde hay un punto (seguido, o y aparte, según como lo queramos entender) al final del verso.

Rasgos estilísticos: el poema es largo y denso, pues se trata de una reflexión negativa sobre la guerra. Se pueden apreciar varias secciones temáticas bien claras:

-Los versos 1-16 forman una primer apartado en el que pinta y narra los horrores de la Primera Guerra Mundial. El yo poético nos dice dónde está: “en mi rincón moruno”, es decir, en Baeza, donde vive Machado. Explica y enmarca la Gran Guerra: alemanes (“teutones”) contra galos, ingleses y otros aliados; indica los tipos de armamentos y de soldados, el tiempo desapacible en el que se desarrollan los combates. El verso 16 (“Medio planeta en armas contra el teutón milita.”) resume este apartado perfectamente; todos contra los alemanes, en definitiva. Califica muy negativamente a todos los contendientes, adjudicándoles vicios que, en cierto modo justifican la guerra. Los franceses son avaros; los rusos, tristes; los ingleses son identificados con la “rubia pantera”, es decir, sigilosos, rápidos y traidores.

-Los versos 17- 36 forman una segunda sección. Se trata de una reflexión, a veces teórica, a veces más práctica, sobre los horrores de las guerras. Los calificativos negativos se acumulan, expresión del rechazo a la guerra del yo poético. Trae sufrimiento, muerte, hambre, destrucción de las casas y caminos y, en fin, miseria para todos. El verso 25 la resume muy bien:  “Es bárbara la guerra y torpe y regresiva”. Se pregunta, a través de dos interrogaciones retóricas, las causas de esta guerra, pero no encuentra respuestas. Continúa con los efectos bélicos, vistos desde una perspectiva histórica. La expansión del cristianismo (creemos que es una alusión al Imperio español) trajo sufrimientos. Cita a Atila, a personajes mitológicos (Heracles y Teseo), e incluso se remonta a la prehistoria más antigua, cuando el hombre vivía en las cavernas y luchaba contra “peludos mammuthes giganteos” (v. 36). El yo poético, pues, constata que la guerra siempre ha existido, con sus consecuencias de dolor y destrucción. La desaprueba y la critica.

-Los versos 37-53 constituyen una tercera sección temática. El yo poético saluda a España y su paz. Le pone como condición que su neutralidad política sea auténtica y valiente, no fingida ni producto de la cobardía. Menominiza a España en la figura de don Quijote “”buen Quijano”). Establece una larga condición para admirar y compartir la paz española, su neutralidad política y no beligerancia: que sea por convicción, no por oportunismo, y que sirva para contribuir a la paz, aunque preparados para la guerra (“espada a la cintura”). Repite las palabras “Salud”, “Salve” y “yo te saludo”, en esta sección. Es un indicio claro del recibimiento positivo y hasta exaltatorio de la paz española.

 -Los versos 54-68 conforman el cuarto y último bloque temático. El comienzo es muy significativo. El yo poético recalca la condición, a través de la expresión “Si eres”, que forma un verso por sí mismo, rompiendo el ritmo anterior y posterior del poema. Establece un expresivo contraste entre la guerra, producto de “esos rencores cabezudos” (v. 54) con la “paz bendita” (v. 66) que impera en España. Hurga todavía en los causantes de la guerra: los “avaros mercaderes” (v. 55) que buscan el lucro por encima de todo. El yo poético afirma que si España sabe que su paz puede ser un ejemplo para los contendientes, para que se sientan “hermanos” (v. 62).  Desea, finalmente, el yo poético que la paz española sea producto de la atención a la realidad y la reflexión, es decir, una reacción meditada sobre el mundo. Lo expresa a través de una hermosa metáfora, que ocupa los dos últimos versos: “en tu desdeño esculpes como sobre un escudo, / dos ojos que avizoran y un ceño que medita”.

Todo el poema posee un tono imprecatorio muy intenso. Se dirige a las naciones en guerra, a los causantes, a los perjudicados; pero, principalmente, invoca a España, abrazando su paz noble, firme y benéfica para todos; solo con que sirva de ejemplo para los países contendientes, ya es bastante modelo a imitar. La apóstrofe es el recurso principal del poema, pues la invocación repetida a España, con sus largas condiciones (expresadas pro paralelismos, anáforas y derivaciones bastante frecuentes) predominan e imprimen el tono general del poema. 

La composición está logradísima. Mantiene un nivel invocativo alto y enérgico del principio al fin. Se mezcla con descripciones y reflexiones sobre los males de la guerra. Y, siempre al lado, el rechazo a la guerra como modo de resolver conflictos. No solo no los soluciona, sino que trae más, con grandes dosis de dolor y destrucción.

CXLVI

Flor de santidad.-Novela milenaria,

por D. Ramón del Valle-Inclán.

Esta leyenda en sabio romance campesino,            1

ni arcaico ni moderno, por Valle-Inclán escrita,

revela en los halagos de un viento vespertino,

la santa flor de alma que nunca se marchita.

Es la leyenda campo y campo. Un peregrino           5

que vuelve solitario de la sagrada tierra

donde Jesús morara, camina sin camino,

entre los agrios montes de la galaica sierra.

Hilando, silenciosa, la rueca a la cintura,              

Adega, en cuyos ojos la llama azul fulgura             10

de la piedad humilde, en el romero ha visto

al declinar la tarde, la pálida figura,

la frente gloriosa de luz y la amargura

de amor que tuvo un día el SALVADOR DOM. CRISTO.  

Exégesis

Tema: recreación emocional y admirativa del contenido de la novela Flor de santidad, de Valle-Inclán.

Aspectos métricos: el poema de catorce versos alejandrinos presenta la siguiente rima: los ocho primeros versos forman dos serventesios (ABAB). Luego aparece un pareado (vv. 9-10). Los cuatro últimos versos constituyen un cuarteto.

Rasgos estilísticos: el yo poético alaba el contenido de la obra de Valle-Inclán: es una “leyenda”, es decir, enraizada en el folclore más popular; y se ha transmitido de un modo auténtico: el “romance”, la forma más perfecta de la literatura, según Machado expresó en varias ocasiones. 

Ensalza también el ambiente rural de la obra (“campo y campo”), donde radica el núcleo de los pueblos. Alude a los dos personajes centrales, un peregrino y Adega. Esta tiene una visión, mientras hila: ve acercarse al peregrino y lo confunde con el mismo Jesucristo. Presenta una breve prosopografía e, inmediatamente, una sugestiva etopeya reconcentrada en la metáfora paradójica “la amargura / de amor” (vv. 14-14). Esforzarse por lo noble hace sufrir; el amor va acompañado del dolor y, acaso, la decepción. El marco geográfico donde se desarrolla la acción es descrito magistralmente: “los agrios montes de la galaica sierra” (v. 8). No es un lugar muy apacible, más bien inquietante y duro.

El cierre del poema, con la oración las letras mayúsculas que suelen acompañar a las figuras de Jesucristo, “SALVADOR DOM. CRISTO”, imprimen un carácter severo, visual y un poco alucinatorio al conjunto. Las figuras que se crean en nuestra cabeza coinciden, al menos parcialmente, con las de Adega: la realidad es confusa y milagrosa, o milagrera. Este texto poético es bello porque comprime en muy pocas imágenes la novela de Valle-Inclán, concentrándose en su esencia un tanto mágica.

CXLVII

AL MAESTRO RUBÉN DARÍO

Este noble poeta, que ha escuchado         1

los ecos de la tarde y los violines

del otoño en Verlaine, y que ha cortado

las rosas de Ronsard en los jardines

de Francia, hoy, peregrino                        5

de un Ultramar de Sol, nos trae el oro

de su verbo divino.

¡Salterios del loor vibran en coro!

La nave bien guarnida,

con fuerte casco y acerada proa,              10

de viento y luz la blanca vela henchida

surca, pronta a arribar, la mar sonora.

Y yo le grito: ¡Salve! a la bandera

flamígera que tiene

esta hermosa galera                                 15

que de una nueva España a España viene.

Exégesis

Tema: salutación entusiasta y admirativa hacia el poeta nicaragüense Rubén Darío, con motivo de su llegada a España.

Aspectos métricos: entre los dieciséis versos del poema, alternan los versos endecasílabos con los heptasílabos. En la rima observamos: cuatro serventesios o, desde otra óptica, cuartetas (ABAB),

Rasgos estilísticos: Machado sentía una honda admiración por Rubén Darío; en el título lo califica de “maestro”, y en el primer verso, de “noble poeta”. Los unía además una firme amistad. Machado realiza una oda, o loa, reconociendo el talento poético del nicaragüense. Traza un perfil completo de este: su afición por la literatura francesa, en especial por Verlaine y Ronsard. Destaca la querencia por los ambientes dieciochescos, de refinamiento y lujo.

Pero pronto el yo poético se sitúa en su presente. Informa que Darío va rumbo a América, a su patria, nombrado metafóricamente como “Ultramar del Sol” (v. 6). La poesía de este poeta es valiosa y rica, equiparable al “oro / de su verbo divino” (vv. 6 – 7). Los coros cantan su excelencia poética, según imagina el yo poético; también lo “ve” surcando los mares en una recia nave, camino de España.

En el verso 13, el yo poético irrumpe en primera persona. Saluda al barco que trae al poeta a España. La “bandera flamígera” es una metáfora de la poesía rotunda y renovada de Darío. La repetición de “España”, haciendo un juego de palabras, casi dilogía, es hermoso y expresa la hermandad entre América y España y los lazos profundos que nos unen.

En conjunto, el poema es optimista y laudatorio. Existe una contención expresiva importante, pues Machado no se desparrama por los ditirambos empalagosos, sino que mide los elogios y, finalmente, destaca los lazos de unión entre ambas orillas del Atlántico.

CXLVIII

A LA MUERTE DE RUBÉN DARÍO

Si era toda en su verso la armonía del mundo,        1

¿dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?

Jardinero de Hesperia, ruiseñor de los mares,

corazón asombrado de la música astral,

¿te ha llevado Dionysos de su mano al infierno        5

y con las nuevas rosas triunfantes volverás?

¿Te han herido buscando la soñada Florida,

la fuente de la eterna juventud, capitán?

Que en esta lengua madre la clara historia quede;

corazones de todas las Españas, llorad.                  10

Rubén Darío ha muerto en sus tierras de Oro,

esta nueva nos vino atravesando el mar.

Pongamos, españoles, en un severo mármol,

su nombre, flauta y lira, y una inscripción no más:

Nadie esta lira pulse, si no es el mismo Apolo,         15

nadie esta flauta suene, si no es el mismo Pan.

                                                            

                                                         (1916)

Exégesis

Tema: alabanza póstuma al poeta Rubén Darío, o, dicho de otro modo, epitafio o panegírico fúnebre.

Aspectos métricos: los dieciséis versos del poema son alejandrinos. Riman los ocho primeros versos formando dos serventesios (ABAB). El verso 9 funciona de enlace; los versos 10-12 forman un terceto; los cuatro versos finales (13-16) conforman otro serventesio. La cadencia formada por esta hermosa combinación estrófica es bellísima. Se logra una musicalidad y un ritmo lento, grave, casi fúnebre, en correspondencia con el triste contenido del poema.

Rasgos estilísticos: el yo poético lamenta la muerte del poeta Rubén Darío. Como su poesía está llena de “armonía”, no debería haber ido a buscarla, con su muerte, a ningún otro lado. Es un modo de afirmar que no existía motivo para morir tan joven. Califica metafóricamente a Darío de excelente poeta, a través de las expresiones “Jardinero de Hesperia” (alude al Jardín de las Hespérides, un lugar mítico y paradisíaco, más o menos identificable con la Península Ibérica) y “ruiseñor de los mares” (v. 3). Aquí evoca el alma viajera de Darío, siempre trasladándose de un país a otro, tanto de Europa, como de América. La metáfora del verso 4 (“corazón asombrado de la música astral”) desea significar la intención de Darío de indagar en otras esferas de la existencia y en buscar trascendencia a la realidad material.

Se pregunta el yo poético si lo llevó el dios Dionisio, el dios de la fiesta y el vino, al infierno. No duda el yo poético de que volverá de tan lúgubre lugar “triunfante”, con su bella poesía resplandeciente. También se pregunta si fue herido buscando en la Florida la fuente de la eterna juventud, es decir, sueños y quimeras imposibles; es un tributo al afán de Darío por indagar sobre la belleza y el misterio.

En el verso 9 se verifica un cambio de tono. El yo poético pide que, en español, la lengua europea y americana, se establezca la verdadera historia de Dario, para que las personas lamenten su pérdida. Constata, al fin, que “Rubén Darío ha muerto en sus tierras de Oro, / esta nueva nos vino atravesando el mar” (vv. 11-12). Es como un reconocimiento de que la muerte es verdadera y la realidad, dura y áspera. El último serventesio, bellísimo en su factura, es una petición dirigida por el yo poético a los españoles: hemos de levantar una lápida con el nombre de Rubén Darío, junto con su flauta y lira, metonimias de la poesía y la música, es decir la belleza verdadera. La inscripción acompañante debe expresar que nadie toque la lira si no es Apolo (dios de la Belleza y la poesía), ni la flauta si no es Pan (dios de la música). Es un modo de expresar que la poesía de Darío es, simplemente, divina. El paralelismo de los dos últimos versos aportan solemnidad y emoción contenida. 

El poema es hermoso, dolorido y melancólico. Una pieza de extraordinaria belleza, sin duda, en la que se refleja muy bien el dolor de Machado por la muerte de su admirado Rubén Darío.

CXLIX

A NARCISO ALONSO CORTÉS,

POETA DE CASTILLA

«Jam senior, sed creada deo viridisque senectu”.

VIRGILIO (Eneida)

Tus versos me han llegado a este rincón manchego,    1

regio presente en arcas de rica taracea,

que guardan, entre ramos de castellano espliego,

narciso de Citeres y lirios de Judea,

En tu árbol viejo anida un canto adolescente,             5

del ruiseñor de antaño la dulce melodía.

Poeta, que declaras arrugas en tu frente,

tu musa es la más noble: se llama Todavía.

Al corazón del hombre con red sutil envuelve

el tiempo, como niebla de río una arboleda,              10

¡No mires: todo pasa; olvida: nada vuelve!

Y el corazón del hombre se angustia… ¡Nada queda!

El tiempo rompe el hierro y gasta los marfiles.

Con limas y barrenas, buriles y tenazas,

el tiempo lanza obreros a trabajar febriles,                 15

enanos con punzones y cíclopes con mazas.

El tiempo lame y roe y pule y mancha y muerde;

socava el alto muro, la piedra agujerea;

apaga la mejilla y abrasa la hoja verde:

sobre las frentes cava los surcos de la idea.                 20

Pero el poeta afronta el tiempo inexorable,

como David al fiero gigante filisteo;

de su armadura busca la pieza vulnerable,

y quiere obrar la hazaña a que no osó Teseo.

Vencer al tiempo quiere. ¡Al tiempo! ¿Hay un seguro    25

donde afincar la lucha? ¿Quién lanzará el venablo

que cace esa alimaña? ¿Se sabe de un conjuro

que ahuyente ese enemigo, como la cruz al diablo?

El alma. El alma vence — ¡la pobre cenicienta,

que en este siglo vano, cruel, empedernido,                30

por esos mundos vaga escuálida y hambrienta!—

el ángel de la muerte y al agua del olvido.

Su fortaleza opone al tiempo, como el puente

al ímpetu del río sus pétreos tajamares;

bajo ella el tiempo lleva bramando su torrente,            35

sus aguas cenagosas huyendo hacia los mares.

Poeta, el alma sólo es ancla en la ribera,

dardo cruel y doble escudo adamantino;

y en el diciembre helado, rosal de primavera;

y sol del caminante y sombra del camino.                      40

Poeta, que declaras arrugas en tu frente,

tu noble verso sea más joven cada día;

que en tu árbol viejo suene el canto adolescente,

del ruiseñor eterno la dulce melodía.

Venta de Cárdenas, 24 de octubre.

Exégesis

Tema: loa al poeta y profesor Narciso Alonso Cortés, que ha sabido, con su poesía y obras, luchar contra el tiempo y ensalzar los valores eternos del alma.

Aspectos métricos: los cuarenta y cuatro versos de este poema son alejandrinos. Riman formando serventesios (ABAB). Crean un ritmo firme y sereno, junto con una melodia fluyente y tranquila.

Rasgos estilísticos: el poema presenta cuatro secciones bastante bien delimitadas:

-La primera (vv. 1-8) sirve de presentación del poeta homenajeado y le dedica una loa por su literatura exquisita. Pero primero se presenta el yo poético, que afirma estar en un “rincón manchego” (luego sabremos que es Venta de Cárdenas, en Ciudad Real, frontero a Despeñaperros). Reconoce como valores fundamentales de la literatura de Alonso Cortés la autenticidad, la incorporación de la tradición y la nobleza. Esto es joven, en contra de lo que pudiera pensarse.

-La segunda sección temática (vv. 9-20) es una larga y dolorosa reflexión sobre los estragos del tiempo. El paso de los días y años acaba con todo proyecto, destruye toda vida, idea o ilusiones. Lo presenta como un ejército destructor al que nada se le resiste. Apostrofa al hombre varias veces, aconsejándole que no se enfrente al tiempo, pues siempre perderá esa confrontación. El verso 17 resume muy bien la aplastante y destructora realidad del tiempo: “El tiempo lame y roe y pule y mancha y muerde”. Cada verbo es una metáfora de la dolorosa condición humana, temporal y efímera. 

-El tercer bloque de contenido (vv. 21-28) introduce cierto optimismo. Nos advierte que alguien lucha contra el monstruo del tiempo; es el poeta, un David contra un Goliat. A través de dos interrogaciones retóricos y otras dos exclamaciones, el yo poético se muestra incrédulo acerca de las posibilidades de vencer al tiempo por parte del poeta. Pero no todo está perdido, si hubiera algo que supiera luchar contra el tiempo.

-El cuarto bloque de contenido (vv. 29-36) explica cuál es el “conjuro” que puede vencer al tiempo: es el alma, esa “pobre cenicienta” vilipendiada y preterida, pero fuerte y serena en su diamantino fulgor. Señala que su fortaleza se opone exitosamente al tiempo y logra sostener sus embates. Realiza una bella analogía del alma con los tajamares de los puentes, que se oponen con firmeza a las corrientes impetuosas del agua. El “alma vence” (v. 29), afirma rotundamente; hay, pues un modo de vencer al tiempo, aunque no fácil, más en el siglo “vano, cruel, empedernido” de los días del yo poético.

-El quinto y último bloque de contenido (vv. 37-44) son dos apóstrofes al poeta celebrado, Alonso Cortés. En cada serventesio aborda dos facetas del éxito del alma sobre el tiempo. En el primero, afirma rotundo que el alma, en efecto, preserva la belleza y revitaliza, alimentando, al hombre. Una serie de metáforas del mundo natural (“rosal de primavera”, “sol del caminante y sombra del camino”, vv. 39 y 40) alaban las virtudes del alma y su capacidad para vencer al tiempo. En el último serventesio anima a Alonso Cortés, autor de poesía grave, como antigua, a seguir el camino de la fortaleza literaria, para que su “noble verso sea más joven cada día” (v. 42), es decir, que aporte una lección de vida a los lectores. Frente al “árbol viejo” del poeta, le pide que en él no falte el “canto adolescente” y la “dulce melodía” poética que ha sabido fabricar. Este cierre es algo ambiguo. No se refiere tanto a la edad del poeta Alonso Cortés (Valladolid, 1875 – 1972), coetáneo de Machado, cuanto a su tipo de poesía, de corte tradicional y rural. El yo poético lo anima a mantener la frescura y lozanía poética en sus obras.

Como hemos podido ver, este hermoso poema es una loa a Alonso Cortés, bastante comedida; pero se constituye, sobre todo, en una reflexión sobre el tiempo, sus estragos y las bondades del alma como una fuerza que lo puede resistir. Y es el poeta el llamado a recordar a los lectores y público en general estas verdades importantes, pero olvidadas. La musicalidad y armonía del poema son extremas, muy bien acompasadas con el contenido grave, serio y transcendental. 

CL

MIS POETAS

El primero es Gonzalo de Berceo llamado,           1

Gonzalo de Berceo, poeta y peregrino,

que yendo en romería acaeció en un prado,

y a quien los sabios pintan copiando un pergamino.

Trovó a Santo Domingo, trovó a Santa María,        5

y a San Millán, y a San Lorenzo y Santa Oría,

y dijo: Mi dictado non es de juglaría:

escrito lo tenemos; es verdadera historia.

Su verso es dulce y grave; monótonas hileras

de chopos invernales en donde nada brilla;          10

renglones como surcos en pardas sementeras,

y lejos, las montañas azules de Castilla.

El nos cuenta el repaire del romero cansado;

leyendo en santorales y libros de oración,

copiando historias viejas, nos dice su dictado,     15

mientras le sale afuera la luz del corazón.

Exégesis

Tema: alabanza a la excelencia literaria de Gonzalo de Berceo.

Aspectos métricos: los dieciséis versos alejandrinos riman formando cuatro serventesios (ABAB). Forman una cadencia suave, un ritmo lento, pero seguro en su avance y muy musical.

Rasgos estilísticos: Machado elige al poeta medieval Gonzalo de Berceo para dedicarle un “elogio” abierto y laudatorio. Lo hace protagonista del prólogo de los Milagros de Nuestra Señora (un peregrino que llega a un prado y allí comprende la gloria de Dios y la Virgen). Recuerda también las obras que compuso (además de los milagros de la Virgen, cuatro hagiografías). Parafrasea dos versos de Berceo (“Mi dictado non es de juglaría: / escrito lo tenemos”. Machado, a través del yo poético, realiza un pequeño ejercicio de crítica literaria. Le gustan las obras de Berceo porque “Su verso es dulce y grave” (v. 9); esta sinestesia encierra la alta valoración de Machado por el mester de juglaría de Berceo. Identifica la literatura de Berceo con dos bellas imágenes: las “hileras de chopos invernales” y los surcos de un sembrado castellano. Transmiten muy bien la sensación de avance, aparentemente monótono, pero expresivo y vivo, de la poesía de Berceo. Se cierra el poema con otra bellísima imagen: “mientras le sale afuera la luz del corazón” (v. 16). Afirma, de este modo, la autenticidad y honestidad de la literatura de Berceo. No trata de engañar a nadie, sino de reconfortar y alimentar el corazón del lector, o del oyente, que se acerca a su texto.

Vemos que Machado valora, por encima de de todo, la sencillez de Berceo, su cálido discurrir, severo y grave, pero popular; y, finalmente, la intención artística y espiritual de la poesía de Berceo. Eso es lo que que Machado expresa con la hermosa metáfora de “la luz del corazón”. Podemos afirmar que Machado imita, o se inspira, en el propio Berceo para componer su poema: sencillez elaborada, enraizamiento popular en la expresión y la expresión de la intuición, o certeza, de que la poesía debe transmitir “luz del corazón”, esto es, autenticidad y belleza.

CLI

A DON MIGUEL DE UNAMUNO

Por su libro Vida de Don Quijote y Sancho (1905)

Este donquijotesco                                       1

don Miguel de Unamuno, fuerte vasco,

lleva el arnés grotesco

y el irrisorio casco

del buen manchego. Don Miguel camina,        5

jinete de quimérica montura,

metiendo espuela de oro a su locura,

sin miedo de la lengua que malsina.

A un pueblo de arrieros,

lechuzos y tahúres y logreros                         10

dicta lecciones de Caballería.

Y el alma desalmada de su raza,

que bajo el golpe de su férrea maza

aun duerme, puede que despierte un día.

Quiere enseñar el ceño de la duda,               15

antes de que cabalgue, al caballero;

cual nuevo Hamlet, a mirar desnuda

cerca del corazón la hoja de acero.

Tiene el aliento de una estirpe fuerte

que sonó más allá de sus hogares,                 20

y que el oro buscó tras de los mares.

El señala la gloria tras la muerte.

Quiere ser fundador, y dice: Creo;

Dios y adelante el ánima española…

Y es tan bueno y mejor que fue Loyola:          25

sabe a Jesús y escupe al fariseo.

Exégesis

Tema: alabanza a Unamuno, concretada en su libro “Vida de don Quijote y Sancho”, destacando su enérgica actitud y su creencia en Dios y en el porvenir de España.

Aspectos métricos: en los veintiséis versos del poema alternan los endecasílabos con los heptasílabos. Podemos distinguir, en cuanto a la rima: dos serventesios (4-8), un pareado (9-10), un cuarteto (11-14), un serventesio (15-18) y dos cuartetos (19-26). El ritmo es firme, suave, melodioso y fluido. Imprime al poema una musicalidad llamativa y agradable.

Rasgos estilísticos: el yo poético opera de un modo original. Veamos cómo procede:

-Primero presenta una prosopografía de Unamuno (vv. 5-8): es vasco y cervantino, pues está imbuido de los ideales de don Quijote. De hecho, Unamuno viste como el hidalgo manchego. También camina aquel en una montura similar a la de este buscando los ideales y despreciando a los criticones y malsines.

-Una segunda sección (vv. 9-18) desvela el ideal unamuniano, que no es otro que enseñar a pensar y a vivir con nobleza y energía a los españoles; sobre estos, el yo poético trasmite una pésima impresión, pues los juzga de “arrieros, / lechuzos y tahúres y logreros” (vv. 9-10). Mal asunto desasnar a gente tan miserable y malvada, pero Unamuno es tenaz y ardiente, por lo que no cae en el desánimo. Desea Unamuno inculcar a estos turbios conciudadanos el efecto positivo de la duda, el significado del valor y de la muerte (lo hace utilizando, por antonomasia, las figuras de don Quijote y de Hamlet).   

-La tercera sección del poema vuelve a Unamuno y nos ofrece una etopeya intimista(vv.19-26). Lo presenta como un hombre enérgico y firme en sus principios e ilusiones, como hicieron muchos vascos en la época de la colonización de América, buscando el oro. Persigue una vida ultraterrena al lado de Dios, lo que lo ennoblece. Asimismo, insiste en su patriotismo sano y recio, basado en un cristianismo sereno y firme. La suspensión del verso 24 señala que podría seguir glosando las virtudes de tan insigne personajes. Lo compara con Ignacio de Loyola, superándolo Unamuno. El verso final insiste en su cristianismo intimista (“sabe a Jesús”) y su ardor buscando la verdad (“escupe al fariseo”).

El conjunto ofrece una imagen elogiosa y admirativa de Unamuno (sabemos que Machado y el vasco fueron amigos muy estrechos; su relación epistolar fue constante y rica). Machado señala muy bien dos notas de la personalidad de Unamuno: su ardor espiritual e intelectual y su espíritu cervantino, y también quijotesco, sin duda, para luchar por ideales nobles y espirituales que eleven el alma española, pero no es fácil, dado el escaso nivel cultural de la nación. El poema es hermoso y auténtico en su rara armonía entre el fondo y la forma.

CLII

A JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Por su libro Arias tristes (1903)

Era una noche del mes             1

de mayo, azul y serena.

Sobre el agudo ciprés

brillaba la luna llena,

iluminando la fuente                5

en donde el agua surtía

sollozando intermitente.

Sólo la fuente se oía.

Después, se escuchó el acento

de un oculto ruiseñor.               10

Quebró una racha de viento

la curva del surtidor.

Y una dulce melodía

vagó por todo el jardín:

entre los mirtos tañía               15

un músico su violín.

Era un acorde lamento

de juventud y de amor

para la luna y el viento,

el agua y el ruiseñor.                20

«El jardín tiene una fuente

y la fuente una quimera…»

Cantaba una voz doliente,

alma de la primavera.

Calló la voz y el violín             25

apagó su melodía.

Quedó la melancolía

vagando por el jardín.

Sólo la fuente se oía.

Exégesis

Tema: elogio intimista de Machado a Juan Ramón Jiménez, destacando la sensibilidad y belleza de su poesía.

Aspectos métricos: el poema está compuesto por veintinueve versos octosílabos. Según la rima, el poema está compuesto por seis cuartetas (1-24 y una quintilla (25-29). El poema posee una musicalidad ligera, como elevada y un poco vaporosa; el uso de las dos estrofas citadas contribuyen a ello.

Rasgos estilísticos: como ya hemos visto en los homenajes anteriores, Machado adopta el tono y las formas de la obra o del autor homenajeado. En este caso, adopta el fluir musical, vivo y ligero de Juan Ramón Jiménez en su obra Arias tristes. Se trata de un ambiente natural, un tanto etéreo, dominado por la melancolía, Se oye una música en un jardín en el que se levanta una fuente. Como se ve, el marco modernista, o mejor, postmodernista, es muy importante. Conviene recordar que, cuando Machado compuso esta obra, hacia 1904, todavía no había alcanzado la madurez poética que mostrará en Campos de Castilla; este poema fue incluido posteriormente; el estilo muestra a un Machado también postmodernista, muy influido por el simbolismo francés.

El poema presenta las siguientes secciones de contenido:

-Una primera (vv. 1-12) presenta un marco natural y primaveral. Corresponde la pintura a un jardín, con ciprés, surtidor, un ruiseñor que canta y, allá arriba, la luna llena en un cielo sereno.

-Una segunda (vv. 13-24) presenta a un personaje, un músico que toca una suave y hermosa melodía con su violín, acompañada de una letra triste y amarga. La acción la inicia una “racha de viento”, preludio de que algo va a suceder; en efecto, es el momento en que se escucha la canción. El músico identifica el jardín y la fuente con la tristeza, o acaso melancolía, que lleva en su interior, parece que amargo. Los dos versos entrecomillados (vv. 21-22) proceden de un poema de Juan Ramón Jiménez del libro reseñado por Machado. Nos enteramos, entonces, que se trata de la expresión de un amor desgraciado:  “Era un acorde lamento / de juventud y de amor (vv. 17-18).

-Una tercera (vv. 25-29) cierra la escena: el musico cesa en su canción. Solo queda flotando la “melancolía” entre el rumor de la fuente. Como se ve, casi es una escena novelesca, correspondiendo muy bien con las tres secciones del poema. El contenido es sentimental, intimista, vago, pero, después de todo, bastante narrativo en su marco general.

El conjunto del poema recuerda mucho al Machado de Soledades: simbolismo, naturaleza misteriosa como expresión de una vaga sensación de malestar, amargura, tristeza… El poema es bello por su subjetividad intimista y su musicalidad, muy cadenciosa y armónica.

Antonio Machado: sección “Proverbios y cantares”, en Campos de Castilla (1912-1917).

  • PROPUESTA DIDÁCTICA PARA EL CONJUNTO DE LOS “PARÁBOLAS Y ELOGIOS”

(Estas actividades se pueden realizar en clase o en casa; de forma oral o escrita; de modo individual o en grupo. La ayuda de las herramientas TIC puede ser interesante. La plantilla de actividades se puede aplicar a un poema o a varios; el profesor puede modificar o introducir nuevas cuestiones, según el texto poético seleccionado).

2.1. Comprensión lectora

1) Resume el poema, anota su tema y sus apartados temáticos.

2) ¿Quién es el protagonista del poema, si así le podemos llamar, o a quién va dirigido?

3) ¿Qué tono presenta el poema? ¿Triste o alegre, optimista o pesimista?

4) Fíjate en el paisaje y en el marco temporal. Explica dónde se sitúa la acción poética. 

5) Realiza un estudio de la métrica y la rima del poema y establece la estrofa utilizada, en la medida de lo posible.

6) Localiza media docena de recursos estilísticos y explica cómo crean significado y belleza.

2.2. Interpretación y pensamiento analítico

1) ¿Crees que el poema refleja una experiencia real? Aporta razones.

2) ¿Podemos decir que el yo poético pretende reflexionar y lanzar un mensaje moral? En caso afirmativo, explícalo.

3) Explica si se puede discernir un sentido parabólico o alegórico en el texto.

4) ¿Qué posición adopta el yo poético ante el asunto planteado?

2.3. Fomento de la creatividad

1) Transforma el texto en un relato en prosa, acompañado de alguna anécdota, sobre el tema del poema. Puedes continuar la historia según te parezca oportuno.

2) Realiza una presentación ante la clase o la comunidad educativa, ayudándote de medios TIC, sobre la vida y la obra de Antonio Machado.

3) Imagina una entrevista de tu clase con Antonio Machado. Plantéale cuestiones sobre su poesía; puedes imaginar alguna respuesta y discutir su verosimilitud en clase.

4) Intenta pasar el escenario y el contenido del poema a la vida de hoy; puedes hacerlo a través de la pintura o de la literatura. 

Antonio Machado: «Proverbios y cantares» (53 poemas de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO: “PROVERBIOS Y CANTARES”

I. TEXTOS Y ANÁLISIS

Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más altos y profundos poetas en lengua española. Aborda en su poesía, casi siempre teñida de gravedad y melancolía, temas trascendentes como el hombre y su destino, el mundo de los sueños y la dicotomía entre las ilusiones y las frustraciones, tanto de orden individual como colectivo. En cuanto a la forma, Machado mantiene una preferencia por la sencillez elaborada, la musicalidad de la poesía popular y folclórica, la transparencia significativa y la eficacia comunicativa.

 Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  

Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española; ciertamente, alcanza la categoría de sublime. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 

Ahora comentamos los “Proverbios y cantares”. Entendemos por proverbio “Sentencia, adagio o refrán”. El cantar se define como “Copla o breve composición poética musicalizada o adaptable a alguno de los aires populares, como el fandango, la jota, etc.”. Forman una sección propia del magnífico poemario, Campos de Castilla (1912; se incorporaron nuevos poemas hasta 1917; se considera versión definitiva la publicada en Poesía completa, 1936). Estamos en la fase de madurez machadiana; es una poesía profunda y reflexiva. La combinación de la experiencia personal con el alcance colectivo es perfecta. Desde una perspectiva individual, se plantean asuntos de resonancia social indudable. Es uno de los grandes valores de la poesía machadiana.

El conjunto de “Proverbios y cantares” está formado por cincuenta y tres poemas de extensión moderada. Expresan un pensamiento agudo formulado de forma sorprendente e ingeniosa. Realizamos una exégesis de cada uno de los poemas, contribuyendo así a su conocimiento, comprensión y disfrute. Son piezas de altísimo valor poético, de ahí nuestro interés en su abordaje filológico. Analizaremos, separadamente, de cada poema: tema o asunto nuclear;  aspectos métricos, de rima y estróficos; y, finalmente, rasgos compositivos y estilísticos en relación a su interpretación. 

I

Nunca perseguí la gloria

ni dejar en la memoria

de los hombres mi canción;

yo amo los mundos sutiles,

ingrávidos y gentiles

como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse

de sol y grana, volar

bajo el cielo azul, temblar

súbitamente y quebrarse.

Exégesis

Tema: preferencia del yo lírico por la vida sencilla y natural, consciente de lo efímero de la vida humana.

Aspectos métricos: esta composición está compuesta por diez versos octosílabos. Los dos primeros forman un pareado. Los cuatro siguientes son una redondilla; otra redondilla está formada por los cuatro versos finales. Es como una variante de la décima, trasladando el pareado del medio al principio del poema. 

Rasgos estilísticos: estamos ante un poema subjetivo y reflexivo, teñido de una fina ironía melancólica. La presencia del sujeto lírico se percibe muy bien en los verbos conjugados en primera persona y en la presencia del pronombre “yo” al principio del verso 4. Consciente de la brevedad de la vida y la fatuidad que la acompaña, el yo lírico enuncia que no le interesa la gloria, ni el recuerdo. Todo va a estallar “como pompas de jabón”, así que es mejor que disfrutemos de ellas, pues son hermosas. Tales son los “mundos sutiles / ingrávidos y gentiles”, es decir, de naturaleza más bien imaginaria y quebradiza. Bien mirado, el poema es toda una declaración de intenciones del yo lírico sobre su programa vital: arrimo hacia la vida sencilla y natural, pues todo acabará pronto y en nada. También se percibe una suave invitación al lector para que siga sus pasos. El tono sombrío y pesimista marca el contenido.

II

¿Para qué llamar caminos

a los surcos del azar?…

Todo el que camina anda,

como Jesús, sobre el mar.

Exégesis

Tema: El discurso de la vida es inestable e impredecible, lo que conviene saber desde muy pronto.

Aspectos métricos: Estamos ante cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares; forman un romance, o también una cuarteta.

Rasgos estilísticos: La presente composición es bellísima; se abre con una interrogación retórica, seguida de una suspensión y cerrada con un símil en el que compara al hombre con Jesús. Lograr “andar” (transitar por la vida) por la vida en difícil equilibrio, sin caerse, es milagroso, pues los “surcos del azar”. Estamos ante una reflexión existencial y grave sobre las dificultades vitales que nos pueden hacer naufragar.

III

A quien nos justifica nuestra desconfianza

llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.

Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía

que dio a cascar el diente de la sabiduría.

Exégesis

Tema: La verdad puede ser dura de aceptar y echamos la culpa a quien nos la comunica.

Aspectos métricos: El poema consta de cuatro versos alejandrinos. Desde el punto de vista de la rima, forman dos pareados.

Rasgos estilísticos: Este poema está muy reconcentrado; posee un alcance generalista, visible en el pronombre “quien”. No debemos echar la culpa a los demás, porque es un recurso fácil que no soluciona los problemas. El yo lírico increpa al “necio” por su actitud rencorosa, sobre todo cuando se descubre que su “nuez” (metáfora de cabeza, o inteligencia) está “vacía”, como la “sabiduría” pone al descubierto. Los encabalgamientos e hipérbatos sucesivos crean una sensación de lectura de gravedad y moralidad. El primer pareado resulta más expositivo, frente al tono conclusivo del segundo, donde se concentran las dos metáforas.

IV

Nuestras horas son minutos

cuando esperamos saber,

y siglos cuando sabemos

lo que se puede aprender.

Exégesis

Tema: la ilusión de conocer algo nuevo nos hace impacientes y el tiempo no cunde; sin embargo, al comprender la lentitud de los procesos cognitivos, el tiempo discurre lentamente.

Aspectos métricos: el poema está formado por cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares, quedando lo impares libres; el poema forma un romance; también se puede considerar cuarteta.

Rasgos estilísticos: este proverbio manifiesta una paradoja; consiste en la distinta percepción del paso del tiempo, que puede ser rápido o lento, según las expectativas de lo que pensamos hacer. Cuando el horizonte es positivo  e ilusionante, el tiempo empleado parece que no dura gran cosa. Por el contrario, cuando comprendemos la profundidad de nuestra ignorancia y el tiempo que necesitaríamos para salir de ella, hemos de admitir que necesitaríamos “siglos”. 

El poema juega con tres unidades temporales, “hora”, “minuto” y “siglo”, y una actividad humana, “saber”. Existe una doble línea subterránea que las une: la ilusión y la comprensión. La derivación formada con “saber / sabemos” aporta intensidad significativa. Llama la atención la reconcentración semántica en torno a muy pocas palabras.

V

Ni vale nada el fruto

cogido sin sazón…

Ni aunque te elogie un bruto

ha de tener razón.

Exégesis

Tema: La precipitación no asegura el éxito, del mismo modo que la adulación estúpida es inservible para el adulado.

Aspectos métricos: los cuatro versos son heptasílabos; desde el punto de vista de la rima, forman una cuarteta.

Rasgos estilísticos: El poema advierte sobre la importancia de la paciencia, a través de una metáfora: no por tomar los frutos del árbol antes de madurar se pueden comer. Los dos últimos versos apostrofan al lector implícito, al que previene sobre la adulación procedente de personas imbéciles. En conjunto, el poema es una invitación a la paciencia y la humildad como valores estimables en la conducta humana.

VI

De lo que llaman los hombres

virtud, justicia y bondad,

una mitad es envidia,

y la otra no es caridad.

Exégesis

Tema: Las buenas palabras suelen esconder intenciones aviesas y egoístas.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante en los pares, quedando los impares libres. Forman un romance; también se puede considerar cuarteta.

Rasgos estilísticos: Este intenso poema es amargo y trata de desvelar la hipocresía que envuelve el trato social. Primero elige tres cualidades positivas, pero inmediatamente las degrada a “envidia” y a egoísmo o vanidad, como declara la lítote “no es caridad”. La mirada pesimista sobre el fondo del alma es amarga y desoladora. El hombre manipula el lenguaje para llamar con vocablos positivos lo que no es más que envidia y vanidad. La trimembración del segundo verso “virtud, justicia y bondad”, aportan una falsa solidez y optimismo que se deshace inmediatamente en los dos versos siguientes y finales.

VII

Yo he visto garras fieras en las pulidas manos;

conozco grajos mélicos y líricos marranos…

El más truhán se lleva la mano al corazón,

y el bruto más espeso se carga de razón.

Exégesis

Tema: Las apariencias engañan mucho; tras la inocente superficie, se esconden intenciones brutales e inmorales.

Aspectos métricos: forman el poema cuatro versos alejandrinos que riman en forma de pareados.

Rasgos estilísticos: El yo lírico se involucra explícitamente en el contenido. La primera palabra del poema, “yo”, así lo declara. El poema se sostiene en cinco paradojas expresivas y potentes. Todas descansan en la imagen de algo que parece bueno y correcto realiza acciones malvadas e inmorales. En los dos primeros versos aparecen tres metáforas expresivas y plásticas. La primera paradoja contiene la metáfora, “garras fieras”, es decir, un depredador escondido tras “pulidas manos”. Resulta llamativa la aliteración con quiasmo creada en “grajos mélicos y líricos marranos”. La suspensión invita al lector a ahondar en estas paradojas. Sentimientos y razones son pervertidos por los inmorales para obtener beneficio propio, como rezan los dos últimos versos. Es uno de los proverbios más intensos y amargos del conjunto.

VIII

En preguntar lo que sabes

el tiempo no has de perder…

Y a preguntas sin respuesta

¿quién te podrá responder?

Exégesis

Tema: no conviene perder el tiempo indagando en lo obvio o tratando de descubrir lo inalcanzable. Dicho de otro modo: la inteligencia de la pregunta proporciona la brillantez de la respuesta.

Aspectos métricos: el poema está compuesto por cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares, quedando los impares libres; es un romance, o también llamado cuarteta.

Rasgos estilísticos: este proverbio es una invitación al lector implícito para que concentre su esfuerzo intelectual en cuestiones beneficiosas y resolubles. Se trata de un consejo de orden intelectual, no material. El conjunto es bastante pesimista, pues admite que casi todo esfuerzo intelectivo es improductivo. La suspensión con que se cierra el segundo verso deja abierta, desalentadoramente, el pensamiento del yo lírico. La interrogación retórica final remacha la idea de que no es posible encontrar respuestas positivas. El yo lírico se dirige directamente al lector implícito, visible en los pronombres y los verbos en segunda persona, creando así un tono dialógico de complicidad.

IX

El hombre, a quien el hambre de la rapiña acucia,

de ingénita malicia y natural astucia,

formó la inteligencia y acaparó la tierra.

¡Y aun la verdad proclama! ¡Supremo ardid de guerra!

Exégesis

Tema: los más cínicos, avariciosos de por sí, vociferan poseer la verdad, por lo que debemos estar prevenidos para no dejarnos engatusar.

Aspectos métricos: el poema está formado por cuatro versos alejandrinos, formando dos pareados.

Rasgos estilísticos: este texto es una severa advertencia para los incautos e inocentes. Los astutos y avariciosos se han hecho con el poder. Pero lo peores proclaman estar en posesión de la verdad; es toda una estratagema para ganar la guerra de la codicia y la avaricia. Las dos exclamaciones retóricas del último verso poseen mucha intensidad significativa. En ellas se contienen el asombro del yo lírico ante el cinismo de esos hombres insaciables y la inteligencia malvada, lo que les permite prosperar a costa de los demás. Se percibe un cierto tinte político y antirreligioso. Existen varias metáforas muy expresivas en su interior, como “hambre de rapiña” (tendencia al robo de gente desalmada), “acaparó la tierra” (la codicia lo ha empujado a amasar la riqueza), “ardid de guerra” (estratagemas para engañar a la gente inocente). El tono amargo y admonitorio es bien visible.

X

La envidia de la virtud

hizo a Caín criminal.

¡Gloria a Caín! Hoy el vicio

es lo que se envidia más.

Exégesis

Tema: cuando se envidian valores morales buenos, es comprensible; en nuestros días, sin embargo, se envidian los vicios, lo que nos hace añorar tiempos remotos por ser más sanos.

Aspectos métricos: estamos ante cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares, quedando los impares libres. El poema es un romance, o también cuarteta.

Rasgos estilísticos: El yo lírico lamenta la extensión de la envidia como un mal general. En los primeros tiempos de la humanidad, metonimizados en la figura de Caín, se envidiaba la virtud. Sin embargo, ahora, en el presente del yo lírico, las personas envidian “el vicio”, lo que muestra la degradación de la humanidad. Es un poema pesimista que proclama “¡Gloria a Caín!” porque este personaje bíblico, al menos, envidiaba ser mejor persona. La repetición de la palabra “envidia” en el primer verso y en el último, junto con la antítesis de “virtud” frente a “vicio”, aportan una gran viveza significativa.

XI

La mano del piadoso nos quita siempre honor;

mas nunca ofende al darnos su mano el lidiador.

Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente;

escudo, espada y maza llevar bajo la frente;

porque el valor honrado de todas armas viste;

no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste.

Que la piqueta arruine, el látigo flagele;

la espada punce y hienda y el gran martillo aplaste.

Exégesis

Tema: la persona virtuosa es fuerte y valiente, defendiéndose o atacando sin miramientos según las circunstancias lo aconsejen.

Aspectos métricos: los ocho versos del poema son alejandrinos; forman pareados entre sí (con una ligera irregularidad en el último verso).

Rasgos estilísticos: este poema expresa un profundo deseo del yo poético: hay que actuar, incluso destruyendo a los enemigos, que se suelen esconder de “piadosos”. El enemigo que viene de frente no ofende porque se descubre desde el primer momento, pero hay otros falsos que deshonran a las personas. Alaba la fortaleza, la valentía y la bravura, incluso destruyendo sin compasión a los enemigos. Es un poema muy metonímico; por ejemplo, el verso 4 enumera armas de guerra que conviene tener a mano: “escudo, espada y maza”. En los últimos versos reaparecen las metonimias, algo metaforizadas, de mucha fuerza expresiva: “piqueta”, “flagele”, “espada” y “martillo”. Son armas o herramientas de construcción que sirven para destruir o derribar lo que no merece que esté en pie, o que viva. 

En el verso 3 se encierra, condensado, todo el sentido del poema: “Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente”. Nótese que cada verso encierra una oración y pensamiento completo; a veces, más de uno, como muestra el ejemplo del verso 3 aducido previamente. El yo lírico muestra un enorme deseo de acabar con lo malo y lo inútil que entorpecen algo, que no declara, pero irrita profundamente al yo lírico. Es uno de los poemas de tono más agresivo, llamando a la acción incluso destructora. El último verso recuerda precisamente al último del poema “A Francisco Giner de los Ríos”.

XII

¡Ojos que a la luz se abrieron

un día para, después,

ciegos tornar a la tierra,

hartos de mirar sin ver!

Exégesis

Tema: la vida humana es un misterio insondable; nacemos y morimos sin entender qué ha sido nuestra existencia.

Aspectos métricos: el poema está compuesto por cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares, quedando los impares libres; es un romance, o también cuarteta.

Rasgos estilísticos: el tono filosófico y existencial del poema es muy evidente y llamativo para el lector. El poema descansa en el término de “ojos”, metonimia del hombre; y en dos verbos, “mirar” y “ver” (metáforas de indagar y comprender, respectivamente). Forman una paradoja irresoluble en sí misma. El hombre intenta entender su vida y su papel en el mundo, pero no logra respuestas. Se va a la tumba con todos los misterios. El tono del poema es de enorme pesimismo existencial, con dosis de amargura y desolación internas.

XIII

Es el mejor de los buenos

quien sabe que en esta vida

todo es cuestión de medida:

un poco más, algo menos…

Exégesis

Tema: saber hallar y mantenerse en el punto medio, o aurea mediocritas, es difícil, pero propio de las mejores personas.

Aspectos métricos: el poema se compone de cuatro versos octosílabos que riman en consonante, el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto (abba); es una redondilla.

Rasgos estilísticos: este bello poema es un canto al equilibrio, al punto medio. Recuerda mucho la “Oda a la vida retirada” de fray Luis de León. La antítesis en suspensión del último verso es muy eficaz porque refuerza la significación global del poema. La expresión “el mejor de los buenos”, algo tautológica en sí misma, enfatiza muy bien que solo los “sabios” pueden acceder a ese nivel de conocimiento. El tono sentencioso, positivo y como de consejo moral hacen de este poema una pequeña maravilla expresiva.

XIV

Virtud es la alegría que alivia el corazón

más grave y desarruga el ceño de Catón.

El bueno es el que guarda, cual venta del camino,

el sediento el agua, para el borracho el vino.

Exégesis

Tema: aspirar a vivir virtuosamente aporta una firme felicidad duradera.

Aspectos métricos: el poema se compone de cuatro versos alejandrinos, formando dos pareados.

Rasgos estilísticos: también este proverbio tiene un tono positivo y de consejo moral. Estamos ante un canto a la virtud; tiene dos efectos benéficos sobre la persona: quita los pesares y alegra la vida (establece una metáfora con el censor latino Catón). Los dos últimos versos desarrollan un símil expresivo. La persona virtuosa sabe guardar agua para los días sin líquido que beber, dejando el vino para el borracho imprudente. Los sintagmas de los versos finales, elípticos y ambiguos, oscurecen algo el sentido. De cualquier modo, la virtud hace de la vida un viaje más feliz y llevadero.

XV

Cantad conmigo en coro: Saber, nada sabemos,

de arcano mar vinimos, a ignota mar iremos…

Y entre los dos misterios está el enigma grave;

tres arcas cierra una desconocida llave.

La luz nada ilumina y el sabio nada enseña.

¿Qué dice la palabra? ¿Qué el agua de la peña?

Exégesis

Tema: la vida del hombre es un misterio que no es posible desentrañar, pues ignoramos nuestro origen y nuestro destino.

Aspectos métricos: los seis versos del poema son alejandrinos. Riman de dos en dos, formando tres pareados.

Rasgos estilísticos: este profundo y hermoso poema se abre con una apóstrofe dirigida a los lectores por parte el yo poético. Nos invita a reconocer nuestra profunda ignorancia sobre el sentido de la vida humana. La suspensión del segundo verso refuerza este desconocimiento existencial. Desarrolla la metáfora de la vida como una travesía marítima, pero ignoramos el puerto de origen y el de destino. A continuación aparece otra metáfora: la vida se resume en tres “arcas” (acaso, las tres etapas de la vida), que están cerradas por una “desconocida llave”. No tenemos el control de nuestra existencia, aunque la vivimos. Dos paradojas en el penúltimo verso refuerzan la idea de nuestra ignorancia: “la luz nada ilumina y el sabio nada enseña”. 

Nótese el paralelismo interno de las dos oraciones y la repetición de la palabra “nada”, insistiendo en nuestra orfandad existencial. El último verso supone un pequeño quiebro. El yo poético se pregunta, casi retóricamente, por las respuestas que la ciencia, o la poesía, por ejemplo, han dado; también indaga en el mundo natural para obtener respuestas, pero, de momento, no las halla. Tanto “palabra” como “agua” son metonimias metaforizadas de los conceptos antes explicados. Este poema nos muestra un yo poético con graves preocupaciones existenciales que ensombrecen su vida.

XVI

El hombre es por natura la bestia paradójica,

un animal absurdo que necesita lógica.

Creó de nada un mundo y, su obra terminada,

«Ya estoy en el secreto —se dijo—, todo es nada.»

Exégesis

Tema: la vida del hombre es paradójica y tragicómica, pues todos los afanes de la vida acaban en nada.

Aspectos métricos: el poema consta de cuatro versos alejandrinos que riman formando dos pareados.

Rasgos estilísticos: el yo poético afirma que el hombre es “bestia paradójica” porque siendo “un animal absurdo”, “necesita lógica”. Esta paradoja nos permite comprobar la perplejidad que surge al reflexionar sobre la vida humana. El hombre habla en voz alta y enuncia la paradoja suprema: “todo es nada”. Es un modo de reconocer la incertidumbre, con sus dosis de malestar espiritual, que provoca la ignorancia existencial. Este último verso nos recuerda inmediatamente un soneto de José Hierro titulado “Después de todo, todo era nada”. El proverbio ofrece un tono negativo y amargo, pues no hay futuro ni esperanza.

XVII

El hombre sólo es rico en hipocresía.

En sus diez mil disfraces para engañar confía;

y con la doble llave que guarda su mansión

para la ajena hace ganzúa de ladrón.

Exégesis

Tema: la hipocresía es el mal predominante en la raza humana, junto con la avaricia.

Aspectos métricos: los cuatro versos alejandrinos del poema forman dos pareados consecutivos.

Rasgos estilísticos: este poema pesimista y sombrío denuncia la hipocresía del hombre. Adopta todo tipo de argucias para engañar a todo el mundo; la avaricia lo empuja a guardar con doble llave su casa. Tiene una tercera, que transforma en “ganzúa” para poder seguir robando a los demás. Las metáforas de los disfraces del ladrón que entra en casa ajena son expresivas sobre la falsedad y la codicia humanas.

XVIII

¡Ah, cuando yo era niño

soñaba con los héroes de la Ilíada!

Ayax era más fuerte que Diomedes,

Héctor, más fuerte que Ayax,

y Aquiles el más fuerte; porque era

el más fuerte… ¡Inocencias de la infancia!

¡Ah, cuando yo era niño

soñaba con los héroes de la Ilíada!

Exégesis

Tema: los sueños infantiles de grandeza y hazañas se deshacen al llegar la adultez.

Aspectos métricos: los versos no mantienen una medida silábica regular; oscilan del heptasílabo (v, 1) al dodecasílabo (v. 2). Riman en asonante los versos pares, quedando libres los impares; se trata de un romance, por su rima; por su métrica, es casi un poema en verso libre.

Rasgos estilísticos: este poema es intimista y subjetivo. El yo poético ahonda en sus recuerdos infantiles, cuando tenía ansias de héroes y grandes hazañas. Ese niño admiraba a los grandes personajes homéricos. Pero de adulto, admite que solo fueron quimeras, como expresa la exclamación “¡Inocencias de la infancia!”. La repetición de los dos primeros versos al final del poema imprimen una estructura circular y cerrada. Es un modo de expresar que no era posible vivir de otra manera siendo niño, como igualmente es imposible mantener esas ensoñaciones e ilusiones infantiles. Todo se borró con el prosaísmo dominante de la edad adulta.

XIX

El casca-nueces-vacías,

Colón de cien vanidades

vive de supercherías

que vende como verdades.

Exégesis

Tema: existen personas que se les dan de graves y serias, pero son farsantes integrales de los que conviene alejarse y cuidarse.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en consonante primero con tercero, y segundo con cuarto. Forman una cuarteta.

Rasgos estilísticos: El sujeto lírico denuncia al Tartufo profesional que aparenta gran seriedad, con sus aires graves; tras la fachada, se esconde un majadero charlatán vanidoso que vende humo para engañar a los demás y beneficiarse él. Las dos primeras metáforas son muy efectivas. Identifica al charlatán con un casca nueces que no es capaz de abrir una sola nuez. Vende nuevos continentes, como Colón en su día ante los Reyes Católicos, pero tras las palabras de este no hay nada, al contrario de Colón. El poema presenta un cierto tono satírico y burlesco que incrementa la acidez de la denuncia del yo poético.

XX

¡Teresa, alma de fuego,

Juan de la Cruz, espíritu de llama,

por aquí hay mucho frío, padres nuestros

corazoncitos de Jesús se apagan!

Exégesis

Tema: la fe cristiana decae y deja un resto de frialdad espiritual.

Aspectos métricos: el primer verso es heptasílabo; los tres restantes, endecasílabos. Riman en asonante formando una cuarteta (a,B,A,B).

Rasgos estilísticos: este poema es de naturaleza religiosa, o de reflexión cristiana. El yo poético constata que todos (habla en primera persona del plural) pierden la fe sin remedio. Contrasta en oxímoros el “fuego” de Teresa de Jesús y la “llama” de Juan de la Cruz (prescinde del tratamiento de santos) con el “frío” de las personas. Todo el poema desarrolla metáforas en torno a la fe cristiana, que declina. El conjunto forma una alegoría de la pérdida del ardor creyente, que el yo poético constata en sí mismo y en sus coetáneos.

XXI

Ayer soñé que veía

a Dios y que a Dios hablaba;

y soñé que Dios me oía…

Después soñé que soñaba.

Exégesis

Tema: la creencia en Dios es probable que no pase de una ensoñación o un deseo inútil.

Aspectos métricos: los cuatro versos del poema son octosílabos; riman en consonante el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto. Forman, pues, una cuarteta.

Rasgos estilísticos: este proverbio está directamente conectado con el anterior; constata las dificultades para mantener la fe en Dios ante el silencio pertinaz de este. El yo poético identifica la fe con un sueño, envuelto en otro sueño. Es decir, carece de consistencia real. Se repite tres veces la palabra “soñé”, que, unida esta repetición a la final de “soñaba” con que se cierra el poema, nos da una idea insistente de que la creencia religiosa es insostenible por absurda y quimérica. 

Se repite dos veces la palabra “Dios”, pero es irónica esta repetición, pues, después de todo, no se manifiesta. La suspensión expresa la incertidumbre del hombre que desea creer y no puede. Los tres verbos sensoriales del poema (ver, hablar y oír) contrastan vivamente, formando un oxímoron, con soñar. El tono es sombrío y pesimista, pues no hay modo de apuntalar el deseo de la fe religiosa.

XXII

Cosas de hombres y mujeres,

los amoríos de ayer,

casi los tengo olvidados,

si fueron alguna vez.

Exégesis

Tema: el amor humano, pasado el tiempo, quedan en una mera anécdota.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos estilísticos: el yo poético reflexiona sobre su pasado amoroso y no encuentra motivos para alegrarse o para darle importancia a esos episodios. Se trata de una confesión intimista (habla en primera persona a lo largo del poema) sobre el desaliento amoroso. Lo que parecía algo importante y fuerte en el momento de vivirlo, pasado el tiempo ha quedado en un mero recuerdo, carente de relevancia. Todo pasa con el tiempo, e incluso el amor no deja de ser algo efímero e insustancial. Vemos que el tono es pesimista y un tanto amargo.

XXIII

No extrañéis, dulces amigos,

que esté mi frente arrugada;

yo vivo en paz con los hombres

y en guerra con mis entrañas.

Exégesis

Tema: el combate interior del hombre para entender su existencia no se aprecia desde el exterior, pero está ahí, y lo consume.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; es un romance, o también una cuarteta.

Rasgos estilísticos: este poema posee un claro tono confesional. El yo poético interpela a sus amigos queridos (los califica sinestésicamente de “dulces”) para que entiendan por qué ofrece un aspecto de preocupación (expresado por la metonimia metaforizada “frente arrugada”). El oxímoron doble que se establece con “paz con los hombres” y “guerra en mis entrañas” es muy expresivo y vivo; declara muy bien la lucha interior del yo poético para tratar de entenderse a sí mismo; y solo él puede librar esa guerra. Es un poema de enorme subjetividad y de tono confesional, muy hermoso en su factura verbal.

XXIV

De diez cabezas, nueve

embisten y una piensa.

Nunca extrañéis que un bruto

Se descuerne luchando por la idea.

Exégesis

Tema: casi todas las personas renuncian a pensar por sí mismos, aunque luego se maten por ideas que creen realmente suyas, sin serlo.

Aspectos métricos: el poema está formado por cuatro versos octosílabos que riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también una cuarteta.

Rasgos estilísticos: este poema tiene un cierto tono de denuncia amarga. La gente no piensa por sí mismo, renuncia a elaborar sus ideas y acepta las que circulan libremente. Y luego las defiende con gran ardor, cuando se las han instalado en su cabeza sin ningún tipo de crítica. El tono amargo es bien evidente, al tratar a esta persona de “bruto” que se “descuerna” defendiendo su idea; es una clara animalización para desvalorizar su actitud. Esta animalización ya se había constatado con “embisten”, tratando a las personas acríticas de toros ciegos. El yo poético lamenta la falta de pensamiento político o filosófico personal por parte de las personas. 

XXV

Las abejas de las flores

sacan miel, y melodía

del amor, los ruiseñores;

Dante y yo —perdón, señores—

trocamos —perdón, Lucía—,

el amor en Teología.

Exégesis

Tema: es importante transformar el amor o los impulsos positivos en algo útil y práctico, sin perderse en divagaciones estériles.

Aspectos métricos: el poema está formado por seis versos octosílabos; riman en consonante: a,b,a,a,b,b. Estamos ante una sextilla (distinto de la sextina).

Rasgos estilísticos: este es un poema original, con un tono dialógico y humorístico bien visible. El yo poético se dirige a los oyentes graves, algo enfadados (los trata de “señores”) y a “Lucía”, la mujer que ama, pidiéndoles perdón por transformar el amor en elucubraciones o teologías improductivas que no conducen a nada. Se establece un vivo contraste entre las abejas y los ruiseñores, por un lado, y “Dante y yo”, por el otro. 

El yo poético introduce al gran poeta renacentista italiano para justificar el cambio del amor en filosofía religiosa. La repetición paralelística, en interpolación de los versos 4 y 5 es magnífica. Introduce humor, cierta ironía satírica y divertida; se transforma en humor; por supuesto, el yo poético se ríe de sí mismo. El conjunto de la composición es equilibrado y muy connotativo; el tono oscila entre la diversión y la reflexión, no exenta de cierta gravedad.

XXVI

Poned sobre los campos

un carbonero, un sabio y un poeta.

Veréis cómo el poeta admira y calla,

el sabio mira y piensa…

Seguramente, el carbonero busca

las moras o las setas.

Llevadlos al teatro

y sólo el carbonero no bosteza.

Quien prefiere lo vivo a lo pintado

es el hombre que piensa, canta o sueña.

El carbonero tiene

llena de fantasías la cabeza.

Exégesis

Tema: para contemplar la belleza natural hay que mantener ante ella una actitud reflexiva, silenciosa y poética.

Aspectos métricos: los doce versos alternan entre heptasílabos y endecasílabos; riman en asonante los pares, quedando los impares libres. El conjunto forma una silva romanceada.

Rasgos estilísticos: este delicioso poema funciona a través de los ejemplos, como si hubiera extraído de un “milagro” de Gonzalo de Berceo. Casi es una parábola porque ofrece un relato ejemplificador y didáctico. Cuenta una pequeña historia en dos partes; en la primera, “un carbonero, un sabio y un poeta” están en el campo; en la segunda, se hallan en el teatro. Lo importante son las reacciones de cada uno de ellos; el carbonero hace cosas, como buscar alimentos; el sabio y el poeta observan, aprenden y admiran. En el teatro, el primero se divierte porque piensa que la fantasía es verdadera, en tanto que los otros dos se aburren. El corolario no aparece al final, sino en los versos 9-10: “Quien prefiere lo vivo a lo pintado / es el hombre que piensa, canta o sueña”. 

El poema funciona como una invitación a la actitud reflexiva y contemplativa de las cosas verdaderas, para comprender su verdad y admirarla. La impostación y la farsa son divertidas, pero no esclarecen la verdad de la realidad. El poema está muy elaborado: paralelismos (como el creado con “el carbonero”), una antítesis u oxímoron (campo / teatro, oficios intelectuales / manuales, etc.) que recorre todo el poema aporta viveza contrastiva, las enumeraciones, la suspensión, las bimembraciones y las metáforas (“fantasías de la cabeza”) jalonan un texto absolutamente perfecto y de alta factura poética.

XXVII

¿Dónde está la utilidad

de nuestras utilidades?

Volvamos a la verdad:

vanidad de vanidades.

Exégesis

Tema: la vida, bien mirado, es tan fugaz como incomprensible, que finaliza con la muerte.

Aspectos métricos: el poema consta de cuatro versos octosílabos con rima consonante a,b,a,b;  forman una cuarteta.

Rasgos estilísticos: el poema es muy sintético y apretado, pues la elipsis, repetida, comprime extraordinariamente la significación. La interrogación retórica que abre el poema, y que ocupa la primera mitad, nos advierte que pensamos que todo lo que hacemos tiene una “utilidad”. Sin embargo, la cruda realidad es que la existencia es solo “vanidad de vanidades”. Todo es fugaz, fútil y transitorio, pues ante la muerte todos hemos de rendirnos. Eso implica que debemos priorizar lo importante y dejar a un lado las tonterías, diversiones, bagatelas y otras nimiedades. 

El contenido filósofico-moral del poema es muy denso y explícito. Los verbos en primera persona del plural, con una clara carga de advertencia, nos apostrofa a una vida consistente y centrada en los valores serios, aunque el yo poético no los enumera.

XXVIII

Todo hombre tiene dos

batallas que pelear:

en sueños lucha con Dios;

y despierto, con el mar.

Exégesis

Tema: la vida exige librar un permanente combate para esclarecer los auténticos valores religiosos y materiales que nos rodean.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos (con su correspondiente suma de una sílaba en cada uno de ellos, por acabar en palabra aguda) riman en consonante a,b,a,b; forman, pues, una cuarteta.

Rasgos estilísticos: este proverbio es muy metafórico. Las “batallas” son los problemas materiales y espirituales que rodean la existencia del hombre; “pelear” significa empeñarse en discernir lo verdadero de lo falso. “En sueños” indica la poca consistencia de nuestra realidad. “Dios” se refiere a los valores espirituales o religiosos. “Despierto” sugiere el momento de máxima lucidez. “Mar” señala los aspectos materiales y concretos de la existencia. El conjunto forma una bella alegoría, con un fuerte carácter admonitorio o de advertencia: no podemos escapar a nuestra condición humana, basada en la complejidad y la incertidumbre de nuestra existencia.

XXIX

Al andar se hace camino

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,

sino estelas en la mar.

Caminante, son tus huellas

el camino, y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Exégesis

Tema: la trayectoria vital de cada persona es incierta e imprevisible, pues la única certeza es lo que realmente hemos avanzado últimamente.

Aspectos métricos:  los diez versos octosílabos de este célebre poema riman en asonante los pares, quedando lo impares libres; forman un romance.

Rasgos estilísticos: Este es el proverbio más célebre del conjunto. En efecto, su realización es muy feliz porque el conjunto resulta armónico y equilibrado. Se trata de una advertencia al “caminante”, metonimia o metáfora del ser humano, para que considere que su vida consiste en completar la trayectoria de un camino confuso, incierto y evanescente, por mar o por tierra. No hay lugar para certezas, sino para incertidumbres y tentativas. Nuestra obligación es avanzar, pues así “se hace camino al andar”, como expresa el verso final. Es un poema muy alegórico (de donde procede, seguramente, parte de su popularidad). “Camino” y “senda” nse identifica con la ruta existencial de cada uno de nosotros. 

En el mismo sentido operan “estelas” y “huellas”. La repetición y derivación de “camino”, “caminante” y “caminar” refuerzan la idea del conjunto de que la vida es, bien mirado, una peregrinación a ciegas. El yo poético advierte a ese caminante para que comprenda esta realidad y se anime a continuar su andadura con perseverancia y buen ánimo, pues solo la muerte nos detendrá. También posee una dimensión optimista el texto, pues nos advierte que nada está escrito sobre nuestro destino, todo el futuro está ahí, aguardando al caminante intrépido. El conjunto conforma un formidable poema, hermoso, equilibrado en forma y fondo y muy connotativo para el lector. Su musicalidad es extrema.

XXX

El que espera desespera,

dice la voz popular.

¡Qué verdad tan verdadera!

La verdad es lo que es,

y sigue siendo verdad

aunque se piense al revés.

Exégesis

Tema: hemos de admitir la verdad de las cosas, aunque no nos guste, pues al final, se impondrán nuestras trampas o autoengaños.

Aspectos métricos: los seis versos octosílabos riman: aba, cbc; es decir, forman dos tercerillas.

Rasgos estilísticos: este cantar (el aire popular se percibe claramente) glosa un dicho popular, que el yo poético da por bueno, cual es que el que aguarda algo impacientemente, apenas puede controlar su ansiedad.  La palabra “verdad” se repite tres veces, de donde deducimos dónde se encuentra el meollo significativo del poema. Se trata de un exhorto a que convivamos con la realidad verdadera, aunque a veces resulte dura o exasperante. Es mejor aliarse con ella que tenerla como enemiga, pues todo sería falsedad. El poema tiene sus dosis de tautología, repeticiones y obviedades, pero expresadas con gran frescura y musicalidad. Es un bello y delicioso poema.

XXXI

Corazón, ayer sonoro,

¿ya no suena

tu monedilla de oro?

Tu alcancía,

antes que el tiempo la rompa,

¿se irá quedando vacía?

Confiemos

en que no será verdad

nada de lo que sabemos.

Exégesis

Tema: La ignorancia sobre el destino del hombre genera angustia, pues nuestras ilusiones se agostan y la muerte lo destruirá todo, aunque acaso nuestros augurios no se cumplan.

Aspectos métricos: los nueve versos son octosílabos o tetrasílabos; por la rima, forman tres tercetos sucesivos (aba, cdc, eff).

Rasgos compositivos: ahora estamos ante otro poema pesimista y oscuro. El yo poético se dirige al corazón y lo interroga sobre sus antiguas ilusiones y esperanzas (son las “monedillas de oro”). Los tesoros de felicidad y alegría, guardados en la hucha (“alcancía”), puede que se pierdan o se esfumen con el paso del tiempo. El yo poético desea, paradójicamente, que lo que conocemos sea todo mentira. Es decir, lo mejor que nos puede pasar es que sean falsos los negros augurios que la razón dicta sobre la extinción de la existencia con el fin de la vida. Es un modo de no caer en el pesimismo vital. Las dos interrogaciones retóricas  y la paradoja final imprimen un tono de angustia a duras penas atenuado en el terceto final.

XXXII

¡Oh fe del meditabundo!

¡Oh fe después del pensar!

Sólo si viene un corazón al mundo

rebosa el vaso humano y se hincha el mar.

Exégesis

Tema: Los sentimientos y esperanzas nos hacen seguir hacia adelante, insuflando fuerza a la fe tambaleante.

Aspectos métricos: los dos primeros versos son octosílabos; los dos últimos, endecasílabos. Riman en consonante a,b,A,B, formando una suerte de serventesio.

Rasgos compositivos: Los dos primeros versos son exclamaciones retóricas, con anáfora y paralelismo en su interior, en los que se expresa la insuficiencia de la fe para empujar al hombre a un destino apetecible. Ha de llegar la pasión y la ilusión (“corazón al mundo”) para que completen la fe (“rebosa el vaso humano”) y navegar con esperanza hacia lugares más venturosos (“se hincha el mar”). 

Estamos ante un poema muy reconcentrado, con algo de alegórico, pues se trata de una reflexión sobre el mejor modo de vivir con plenitud. No se debe obviar el sentido religioso del proverbio. La eficacia de los recursos literarios es altísima, expandiendo la significación notablemente.

XXXIII

Soñé a Dios como una fragua

de fuego, que ablanda el hierro,

como un forjador de espadas,

como un bruñidor de aceros,

que iba firmando en las hojas

de luz: Libertad. — Imperio.

Exégesis

Tema: La figura de Dios ha servido para liberar a los hombres, pero también para esclavizarlos, pues se ha utilizado para justificar el poder político.

Aspectos métricos: Los seis versos octosílabos forman una sextilla (a,b,a, b,c,b).

Rasgos compositivos: Este poema posee una fuerte carga reflexiva y crítica sobre la creencia religiosa. El poema es un sueño que ha tenido el yo lírico; su consistencia, entonces, es débil y borrosa. Realiza un símil de Dios con un herrero que forja armas, en cuyas hojas puras (“de luz”), igual pueden servir para realizar actos nobles (Libertad”), u opresivos (“Imperio”). 

La idea de Dios, que puede que no pase de mera quimera onírica empuja a actos beneficiosos, como el de obtener la liberación; o puede que empuja a la comisión de hechos perjudiciales y hasta criminales, como el sometimiento de otros pueblos para crear estructuras políticas inmensas. El poema es simbólico y deliberadamente ambiguo. Acaso el yo poético nos desea transmitir sus dudas y pesimismo sobre el uso de la religión por las personas a lo largo de la historia.

XXXIV

Yo amo a Jesús, que nos dijo:

Cielo y tierra pasarán.

Cuando cielo y tierra pasen

mi palabra quedará.

¿Cuál fue, Jesús, tu palabra?

¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?

Todas tus palabras fueron

una palabra: Velad.

Exégesis

Tema: El yo lírico elige un Jesús compasivo que invita a estar alerta y concentrarse en el final: la muerte.

Aspectos métricos: los ocho versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres. Forman un romance.

Rasgos compositivos: Este poema es muy subjetivo e intimista. El yo poético anhela creer en un Jesucristo compasivo y amoroso, además de bondadoso. Pero tiene dudas que lo atenazan. Lo angustia el hecho de que al final todo quede en un permanente estado de zozobra para el yo poético, donde parece que se le consume la vida. Existe una antítesis de significación, más que de palabras, entre la visión de un Jesucristo piadoso frente a otra de un Jesucristo más bien amenazante, acaso intimidatorio. 

El yo poético declara sus angustias religiosas más profundas, que lo acongoja. El verso 7 (“¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?”) es de una tremenda eficacia expresiva. Se reúnen elipsis y paralelismos para transmitir todo el mar de fondo oscuro que arrastra el yo poético. La repetición de “palabra” tres veces también nos comunica muy bien el sentido comunicativo de la religión cristiana y su problemática consistencia, al menos para el yo poético.

XXXV

Hay dos modos de conciencia:

una es luz, y otra, paciencia.

Una estriba en alumbrar

un poquito el hondo mar;

otra, en hacer penitencia

con caña o red, y esperar

el pez, como pescador.

Dime tú: ¿Cuál es mejor?

¿Conciencia de visionario

que mira en el hondo acuario

peces vivos,

fugitivos,

que no se pueden pescar,

o esa maldita faena

de ir arrojando a la arena,

muertos, los peces del mar?

Exégesis

Tema: Una actitud existencial pasiva y contemplativa es tan poco satisfactoria como otra activa, agresiva y depredatoria, pues ninguna aporta felicidad.

Aspectos métricos: el poema está compuesto por una tirada de versos octosílabos (excepto dos tetrasílabos). La rima, generalmente consonante, es: aa, bb,ab, cc,dd, ee,beeb; se suceden pareados y se cierra con una redondilla.

Rasgos compositivos: Estamos ante un poema de tono existencial e interpelante. El yo poético se dirige a un “tú” para que le aclare qué actitud vital es mejor, la contemplativa y pasiva (metaforizada en la “paciencia”), o la activa e industriosa (metaforizada en “luz”). Estamos ante un poema muy alegórico. 

El conjunto de las metáforas nos remiten a dos actitudes vitales ante la vida, metaforizada en el mar y los peces que en él habitan; contemplarlos o cazarlos son las dos metáforas de las dos actitudes posibles. La oración interrogativa final, que ocupa  los ocho versos de cierre, expresan esa larga angustia del yo poético sobre sus dudas existenciales, de orden filosófico y, casi, religioso. La apóstrofe dirigida al oyente, o a un interlocutor oculto, muestran la angustia del yo poético y, de algún modo, interpelan al lector para que responda a esa duda del yo poético.

XXXVI

Fe empirista. Ni somos ni seremos.

Todo nuestro vivir es emprestado.

Nada trajimos; nada llevaremos.

Exégesis

Tema: La vida carece de consistencia y hemos de aceptar que nacemos y morimos sin nada, abandonados.

Aspectos métricos: los tres versos endecasílabos del poema riman en consonante formando un terceto (ABA).

Rasgos compositivos: El poema presenta un cariz flosófico y religioso muy profundo. Plantea una paradoja inicial a través del sintagma “Fe empirista”; si es fe, malamente puede ser demostrada por hechos comprobables. Es una metáfora de la existencia humana, que luego desarrolla en los siguientes versos con cuatro oraciones muy breves (constan de sujeto y predicado, o un complemento directo en el último verso. El poema es pesimista y amargo, pues constata la falta de horizonte transcendente para el ser humano. Los verbos en primera persona del plural expresan muy bien la realidad de que lo descrito nos afecta a todos, sin excepción. La antítesis del verso final, entre traer / llevar, expresa muy bien el círculo cerrado y fatal de la vida humana. La nada se impone como horizonte mortal y último. 

XXXVII

¿Dices que nada se crea?

No te importe, con el barro

de la tierra, haz una copa

para que beba tu hermano.

Exégesis

Tema: Exhortación a abandonar el pesimismo elucubrativo y hacer o construir realidades útiles para el prójimo.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; es un romance, o también una cuarteta.

Rasgos compositivos: El poema apostrofa a un tú imaginario, acaso el propio lector, para que actúe y haga cosas, descartando el pesimismo paralizante. Comienza con una interrogación retórica y siguen dos verbos en forma imperativa. Es claro el deseo interpelante del yo poético. Llama a ese tú ficticio a hacer cosas que sean buenas para los demás. En este sentido, llama a la solidaridad y bondad entre los hombres como un buen camino para dotar de sentido a la vida. El hombre es creativo y creador, y haría bien en dirigir esa cualidad en la ayuda a los demás. 

XXXVIII

¿Dices que nada se crea?

Alfarero, a tus cacharros.

Haz tu copa y no te importe

si no puedes hacer barro.

Exégesis

Tema: exhortación a la acción, a hacer cosas, sin detenerse en elucubraciones inútiles y paralizantes.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance o cuarteta.

Rasgos compositivos: el primer verso de este poema es el mismo del anterior. El sentido del poema también es exactamente el mismo; incluso se repite la estrofa en á-o. Realiza una metonimia del ser humano como un “alfarero” que hace “cacharros”, es decir, hace cosas para el servicio de los demás, aunque parezcan humildes. Anima a no perder el tiempo en elucubraciones o quimeras imposibles. El “barro” ya viene hecho y no hay por qué perder el tiempo en tratar de elaborarlo. Tenemos que trabajar con lo que tenemos, para avanzar con certezas. El tono animoso e interpelante del poema es firme y persistente a lo largo de sus versos; los dos versos en forma imperativa refuerzan esta idea invocatoria.

XXXIX

Dicen que el ave divina,

trocada en pobre gallina,

por obra de las tijeras

de aquel sabio profesor

(fue Kant un esquilador

de las aves altaneras;

toda su filosofía,

un sport de cetrería),

dicen que quiere saltar

las tapias del corralón,

y volar

otra vez, hacia Platón.

iHurra! ¡Sea!

¡Feliz será quien lo vea!

Exégesis

Tema: aunque existen impulsos por retomar el idealismo, el materialismo prosaico inunda nuestras vidas de modo definitivo.

Aspectos métricos: el poema está formado por catorce versos octosílabos (excepto dos tetrasílabos, cerca del final). Riman: aa, bccb, dd. efef, gg; son, pues: pareado, redondilla, pareado, cuarteta y pareado.

Rasgos compositivos: este poema es irónico y humorístico; son pocos los proverbios de esta naturaleza. Kant y Platón, metonímica o antonomásicamente, son los representantes de la filosofía idealista. La presenta con la metáfora del “ave divina”, transformada en “gallina”, animal doméstico y humilde, es decir, algo vulgar y de poco valor. Ahora, la filosofía desea volver al campo de las ideas puras (la gallina “icen que quiere saltar / las tapias del corralón”), pero el yo poético lo duda, aunque le gustaría que fuera así. Cierra el poema con una exclamación que es irónica: nadie verá eso, porque es imposible. 

Existe una ironía humorística de fondo muy interesante, presentando la filosofía idealista como una simple gallina que vive en un “corralón”, que es el mundo. También se incrementa el humor presentando al filósofo Kant como un “esquilador”, pero no de ovejas, sino de ideas. Todo en el poema es festivo, pero con un fondo amargo. La interpretación es algo ambigua, pero creemos que avanza hacia el pesimismo del yo poético sobre la superación del prosaísmo omnipresente en su mundo.

XL

Sí, cada uno y todos sobre la tierra iguales:

el ómnibus que arrastran dos pencos matalones,

por el camino, a tumbos, hacia las estaciones,

el ómnibus completo de viajeros banales,

y en medio un hombre mudo, hipocondríaco, austero,

a quien se cuentan cosas y a quien se ofrece vino…

y allá, cuando se llegue, ¿descenderá un viajero

no más? ¿O habránse todos quedado en el camino?

Exégesis

Tema: la vulgaridad y la presión social hacen que todos los hombres sucumban y abandonen sus ideas e ilusiones.

Aspectos métricos: los ocho versos alejandrino del poema riman en consonante ABBA, CDCD, es decir, forman un cuarteto y un serventesio en alejandrinos.

Rasgos compositivos: El poema es simbólico y alegórico en altas dosis. Su tono es reflexivo y pesimista. Presenta la vida como un viaje en un “ómnibus que arrastran dos pencos matalones” (dos caballos flacos y con mataduras o heridas por el roce). Entre todos los viajeros hay uno que busca el sentido de ese viaje; es un hombre silencioso, miedoso y sobrio en sus costumbres. 

Los inanes acompañantes (“viajeros banales”) le hablarán y lo invitarán a ciertos placeres que pueden enviciarlo o desviarlo de sus nobles intenciones iniciales. Tras una suspensión que refleja las incertidumbres del viaje, el yo poético se pregunta si llegará al final de su trayecto con sus virtudes, o se habrá envilecido con todos los demás. “Quedar en el camino”, en el verso final, es metáfora del fracaso existencial. La respuesta queda abierta.

XLI

Bueno es saber que los vasos

nos sirven para beber;

lo malo es que no sabemos

para qué sirve la sed.

Exégesis

Tema: el hombre está dominado por la ansiedad amarga de no saber la razón última de su vida.

Aspectos métricos: los cuatro versos del poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también una cuarteta.

Rasgos compositivos: de nuevo estamos ante una composición de naturaleza existencial, con un tono sombrío. En torno a la sed y los vasos, usados metafóricamente, el yo poético lamenta nuestra ignorancia sobre la razón profunda del origen de las cosas. La antítesis bueno / malo imprime expresividad; el verbo en primera persona del plural envuelve a todas las personas en la reflexión poética, dándole un alcance universal, digamos. “Sed” es metáfora de las acciones y hechos que el hombre no puede explicar, aunque lo intente. 

XLII

¿Dices que nada se pierde?

Si esta copa de cristal

se me rompe, nunca en ella

beberé, nunca jamás.

Exégesis

Tema: hay cosas, personas o momentos que pasan y desaparecen para siempre, sin posibilidad de recuperarlo.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: el poema se abre con una interrogación retórica dirigida a un tú ausente; puede ser el propio lector. Lo interpela con énfasis. Luego utiliza la ejemplificación como medio de expresar que muchas cosas sí se pierden para siempre, sobre todo las que desaparecen con violencia, como la copa de cristal que se rompe. La repetición de la palabra “nunca” expresa muy bien la irreversibilidad de las pérdidas. 

El poema presenta un tono asertivo evidente; sin caer en el énfasis, insiste en la fatalidad de la desaparición de cosas queridas. Estamos ante un texto equilibrado y armónico; su originalidad radica en el tono dialógico, en la presencia de un tú que mantiene la interlocución parcial y en el empleo de la ejemplificación como recurso expresivo.

XLIII

Dices que nada se pierde

y acaso dices verdad,

pero todo lo perdemos

y todo nos perderá.

Exégesis

Tema: la vida es una sucesión de pérdidas, incluida la de nosotros mismos, pues estamos abocados a la muerte.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: el primer verso es el mismo que el del proverbio anterior; lo que antes era interrogativo, ahora es enunciativo; el yo poético admite que acaso ciertas cosas permanezcan con el hombre, a lo largo de su vida. Sin embargo, en el futuro, “todo lo perdemos”, nada nos acompañará. Y en un hermoso juego de palabras, con paralelismo, remacha que la propia vida, el tiempo y las circunstancias acabarán con nosotros, pues estamos destinados a la muerte. 

El verbo “perderse”, conjugado en distintas formas, se repite tres veces, señal inequívoca del centro semántico del poema: la aniquilación de todo y de nosotros mismo. El verbo en primera persona del plural dota al poema de una intención generalista en el que todos nosotros estamos involucrados, sin excepción. El tono es pesimista y melancólico.

XLIV

Todo pasa y todo queda,

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,

caminos sobre la mar.

Exégesis

Tema: la vida coincide con el recorrido de un camino incierto, peligroso y efímero.

Aspectos métricos: como ya hemos visto en muchos proverbios, la estrofa está formada por cuatro versos octosílabos, con rima asonante en los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: este bellísimo poema de carácter existencial es de tono sombrío y melancólico. En el primer verso el yo poético plantea una paradoja, formando un bello paralelismo, con anáfora: “todo pasa y todo queda”. Se deshace la paradoja en el segundo verso, en el que ya se afirma que nosotros estamos de tránsito, sin paradas. Avanzamos “haciendo caminos”, metáfora de la actividad dinámica y en progreso del hombre. Hasta aquí, todo bien. Pero el último verso, aunque algo ambiguo, sepulta cualquier esperanza: “caminos sobre la mar”, es decir, senderos efímeros, breves y pronto sepultados por la siguiente ola que desfigura y destruye lo anterior para siempre. 

Nuestras sendas son efímeras; nuestras huellas, breves; nuestro pasar, sencillamente, irrelevante para el mundo. La concatenación o anadiplosis de “pasar” en los versos 2-3 y de “caminos” entre los versos 3-4 expresa muy bien que la vida es un camino al que estamos compelidos a crear y caminar desde el mismo momento de nacer; pero recién dado un paso, así queda destruido el anterior. Como se ve, la angustia vital de la fugacidad e insustancialidad de la vida pesan enormemente en este breve y sentencioso poema, muy justamente alabado.

XLV

Morir… ¿Caer como gota

de mar en el mar inmenso?

¿O ser lo que nunca he sido:

uno, sin sombra y sin sueño,

un solitario que avanza,

sin camino y sin espejo?

Exégesis

Tema: la incertidumbre de la muerte frustra la propia vida, pues ignoramos qué hay después de la vida terrenal.

Aspectos métricos: los versos octosílabos del poema riman en asonante los versos pares, quedando los impares libres; forman un romance.

Rasgos compositivos: la construcción del poema es original y sorprendente. La primera oración está formada por un infinitivo, “morir”, seguida de una suspensión; declara muy bien la incertidumbre de su significado. El yo poético plantea dos hipótesis, a cual más siniestra, a través de dos oraciones interrogativas. En la primera, a través de un símil, compara la muerte con la disolución en la nada, “como gota / de mar en el mar inmenso”. La repetición de “mar” expresa la inmensidad e irreversibilidad de la muerte. 

La otra opción no es mucho mejor: el hombre sobrevive, pero como un zombi, alguien sin entidad ni ilusiones, lo que expresa a través de dos metáforas, “sin sombra y sin sueño”. Además, condenado a la soledad más rigurosa, sin rumbo y sin capacidad de reflexión; la terrible metáfora “sin camino y sin espejo” lo expresa trágicamente. Las dos hipótesis se plantean en sendas oraciones interrogativas, es decir, ni siquiera poseemos la certeza de ellas. El tono negro y siniestro de este proverbio nos muestra al Machado más angustiado por la muerte. 

XLVI

Anoche soñé que oía

a Dios, gritándome: ¡Alerta!

Luego era Dios quien dormía,

y yo gritaba: ¡Despierta!

Exégesis

Tema: la divinidad no responde a las llamadas urgentes del hombre para que lo acompañe en su travesía vital.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en consonante el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto (abab). Forman, pues, una cuarteta.

Rasgos compositivos: el yo poético plantea un sueño, es decir, la realidad de lo que cuenta es dudosa. Plantea la angustia religiosa de querer creer en Dios y no poder, de pedir ayuda y calor y no recibirlo, de buscar una comunicación con la divinidad y no encontrarla. El yo poético muestra su rabia y decepción por no poder contactar con Dios, a pesar de sus esfuerzos. 

El tono es áspero pues no hablan, sino que gritan, muestra del enfado angustioso, la angustia irremediable de querer encontrar a un Dios que parece sordo a sus súplicas. Estamos ante un duro y terrible poema de un Machado que quiere creer, pero apenas lo logra. El poema es alegórico y se presenta como una experiencia onírica, lo cual es signo en sí mismo de la brumosa realidad que describe y de la dudosa calidad de la experiencia.

XLVII

Cuatro cosas tiene el hombre

que no sirven en la mar:

ancla, gobernalle y remos,

y miedo de naufragar.

Exégesis

Tema: el temor al fracaso limita la persecución de los sueños e ilusiones.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; estamos ante un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: De nuevo el yo poético reflexiona sobre la trayectoria vital de los hombres; y lo hace estableciendo una analogía con el mundo marinero, que tanto gusta a Machado. Para realizar correctamente la travesía de la vida, que es como la de un marinero, hay cuatro cosas que no son necesarias: el ancla (metáfora de que la vida nunca se va a detener aunque queramos), el gobernalle (o timón, imagen de que las turbulencias y asaltos del camino nos llevarán por donde quieran, independientemente de nuestra voluntad), lo remos (por mucho que luchemos, avanzaremos por la ruta más inesperada) y el miedo a naufragar (es casi seguro que cosechemos varios fracasos, así que lo mejor es asumirlos sin temor). 

El conjunto es muy alegórico, pues todas las metáforas giran en torno al mundo marinero como reflejo de la vida real. Por otro lado, el carácter sentencioso de este proverbio es claro y firme, sin ese tono sombrío bastante frecuente.

XLVIII

Mirando mi calavera

un nuevo Hamlet dirá:

He aquí un lindo fósil de una

careta de carnaval.

Exégesis

Tema: la vida del hombre no pasa de ser una farsa más o menos amable o divertida.

Aspectos métricos: Los cuatro versos octosílabos del poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: el yo poético reflexiona sobre el aspecto carnavalesco de la existencia. Acaso no representemos más que una burda obra tragicómica, sin ser conscientes de ello. El poema posee un tono lúgubre y funesto, pues el yo poético ya se ve muerto; de él solo queda su calavera, metonimia de su paso fugaz por el mundo. De nuevo Machado incide en lo absurdo e inextricable de la vida del hombre. No sabemos de dónde venimos, a dónde vamos y qué hacemos aquí. La alusión intertextual a Hamlet dota de profundidad cultural al proverbio.

XLIX

Ya noto, al paso que me torno viejo

que en el inmenso espejo,

donde orgulloso me miraba un día,

era el azogue lo que yo ponía.

Al espejo del fondo de mi casa

una mano fatal

va rayendo el azogue, y todo pasa

por él como la luz por el cristal.

Exégesis

Tema: el paso del tiempo nos manda a la vejez, aunque en la juventud creamos, como en un espejismo, que nunca se acabará nuestra vitalidad. 

Aspectos métricos: el poema está formado por siete versos endecasílabos y uno heptasílabo (el penúltimo); lo conforman dos pareados y una cuarteta (aa, bb, cdcd).

Rasgos compositivos: el poema es muy subjetivo, aunque el cierre tiene un alcance más generalista. La palabra “yo” aparece en el cuarto verso, pero antes, los verbos conjugados en primera persona declaran la confesión intimista del yo poético. El espejo forma la metáfora central, personificada en varias ocasiones. El yo poético admite que se hace “viejo”; deduce que se vio lozano un día, pero ahora comprende que fue solo un acto de voluntarismo manipulando el “azogue” (mercurio) con que se hace el espejo. 

Ahora, en el presente poético, una “mano fatal” (metáfora del paso del tiempo, la muerte incluso) va “rayendo” ese azogue; es el destino que actúa implacable. Cuando se mira en su presente de persona mayor, ya no se ve, ni se reconoce, pues el espejo es solo un cristal transparente por el que pasa la luz como por un cristal normal y corriente. El tono existencial y angustioso del poema está muy marcado. La subjetividad también delinea todo el poema, mostrando un estado espiritual del yo poético de zozobra y angustia. 

L

Nuestro español bosteza.

¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?

Doctor, ¿tendrá el estómago vacío!

—El vacío es más en la cabeza.

Exégesis

Tema: el hombre español común se aburre de la vida porque carece de profundidad intelectual para realizar un buen proyecto vital con su vida.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en consonante el primero cuarto y el segundo con el tercero (abba); forman una redondilla.

Rasgos compositivos: este poema es de carácter cívico y social. Su composición es muy inteligente y cuidadosa. El determinante “Nuestro” nos incluye a todos nosotros como involucrados en la acción poética. La disposición dialógica también imprime un tono dinámico y sarcástico al poema. 

El yo poético pregunta a un doctor si la causa del bostezo, metonimia del abatamiento, procede del hambre, el sueño o cansancio, o el hastío o aburrimiento. La respuesta del doctor, su interlocutor, sarcástica y cruel, aclara que no se trata de ninguna de esas causas, sino que procede del “vacío”, es decir, falta de proyecto vital, del individuo medio. Es un poema pesimista y amargo; el yo poético no cree que el español medio tenga gran profundidad intelectual o existencial, por eso muestra una actitud como de aburrimiento. Aquí aparece el Machado más comprometido con la sociedad de su tiempo; muestra una actitud cívica de compromiso; señala los defectos del ciudadano común y apunta una solución: hay que pensar más y tomarse la vida con más compromiso personal.  

LI

Luz del alma, luz divina,

faro, antorcha, estrella, sol…

Un hombre a tientas camina;

lleva a la espalda un farol.

Exégesis

Tema: tendemos a creer que avanzamos por la vida iluminados por nuestras creencias o ilusiones, pero es todo engaño, pues caminamos en la oscuridad.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en consonante el primero con el tercero y el segundo con el cuarto (abab); forman una hermosa cuarteta.

Rasgos compositivos: Este poema es muy intenso, bello y, sin embargo, amargo y triste. El poema es muy sintético en su disposición verbal. Los dos primeros versos desarrollan la metáfora de que nuestras creencias y esperanzas (“luz del alma, luz divina”) arrojan suficiente claridad para avanzar por la vida con certezas. Esas convicciones funcionan como una guía infalible (lo desarrolla en cuatro metáforas: “faro, antorcha, estrella, sol”, en el segundo verso); son muy rimbombantes, pero no funcionan, como anuncia la suspensión con que se cierra ese verso. En el tercer verso se presenta una imagen de un hombre caminando en la oscuridad; no ve, aunque lleva luz. 

El último verso aclara la imagen anterior y todo el poema: “lleva a la espalda un farol”. Aunque crea que lo acompaña la claridad suficiente para avanzar, en realidad, si existe algo de luz, es como si fuera un farol colgado en nuestra espalda: no nos deja ver lo que hay delante, solo vislumbrar los peligros. El poema es muy alegórico y bellísimo en su composición. En los dos primeros versos no existe ningún verbo, lo que comprime enormemente el sentido general. E los dos versos siguientes no se explican las metáforas, sino que se ofrece otra más que, tras la lectura, dota de sentido al conjunto. No existen “luces” espirituales o religiosas que marquen nuestro camino, solo pequeñas luminosidades que solo permiten entrever algo nuestro camino “a tientas”. Esa es la vida del hombre; lo demás no pasa de un autoengaño más o menos amable.

LII

Discutiendo están dos mozos

si a la fiesta del lugar

irán por la carretera

o campo a traviesa irán.

Discutiendo y disputando

empiezan a pelear.

Ya con las trancas de pino

furiosos golpes se dan;

ya se tiran de las barbas,

que se las quieren pelar.

Ha pasado un carretero,

que va cantando un cantar:

«Romero, para ir a, Roma,

lo que importa es caminar;

a Roma por todas partes,

por todas partes se va.»

Exégesis

Tema: no es inteligente perderse en los detalles o disputas que alejan o impiden definitivamente alcanzar las metas.

Aspectos métricos: los dieciséis versos octosílabos de este poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance.

Rasgos compositivos: este poema es de intención moral y parabólica. Cuenta una historia con una intención didáctica y ética. La historia de dos jóvenes que se pelean fieramente sobre el camino a elegir para ir de fiesta desea mostrar la estulticia de ambos protagonistas. El carretero que pasa cantando una canción ofreciendo una moraleja a ambos actúa como el hombre sabio y discreto que los alecciona sobre su error, para que escarmienten en el futuro. Lo importante es llegar al destino, o alcanzar el fin; no importa tanto los caminos que llevan a él; es un asunto secundario que no debe hacer perder ni el tiempo, ni las energías. El recurso esencial del poema es la repetición, dispuesta en paralelismos, anáforas, y concatenaciones. 

La primera es la del verbo “discutir”; la segunda, “irán”; la tercera, “ya; y la quinta y última, “por todas partes”. Si se observa su contenido, imprimen dinamicidad y simultaneidad; aumentan el dramatismo de la escena planteada y su expresividad. Su aportación a la eficacia comunicativa es muy alta. “Furiosos” aplicado a “golpes”, además de su valor epíteto, o gracias a él, insisten en la idea de la violencia gratuita. El aire a romance viejo, gracias a las fórmulas de repetición tradicionales, declaran la intención de Machado (no aparece el yo poético en esta composición) de acogerse a una estructura tradicional para insistir en la necesidad del diálogo y la importancia de concentrarse en los objetivos, dejando a un lado los medios.

LIII

Ya hay un español que quiere

vivir y a vivir empieza,

entre una España que muere

y otra España que bosteza.

Españolito que vienes

al mundo, te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.

Exégesis

Tema: España es un país tan cainita que, se adopte la posición política y social que sea, será enemigo de media España, que le hará sufrir, e incluso aniquilar.

Aspectos métricos: los ocho versos octosílabos del poema riman: abab, acdc; los cuatro primeros versos forman una cuarteta; el quinto verso actúa como de vuelta; los tres últimos forman una terceta.

Rasgos compositivos: este celebérrimo poema es de naturaleza cívica. En la primera parte, el yo poético describe la situación general de España; la divide en dos bloque: la “que muere”, es decir, la arcaica, perezosa, conservadora e inmovilista; y la “que bosteza”, esto es, la indolente, vaga y aburrida de la vida, sin curiosidad ni interés por mejorar. Ambas, como se ve, son lamentables. Los paralelismos y repeticiones (“vivir”, por ejemplo) son muy eficaces comunicativamente considerado. 

En la segunda parte del poema, el yo poético se dirige directamente al nuevo ciudadano de España que se inicia en la vida; lo denomina “españolito”, entre la conmiseración y el desprecio. Lo apostrofa para que tenga suerte y reciba la ayuda de Dios porque una de las dos Españas descritas arriba lo aniquilará. “Helarte el corazón” es una expresión con enorme fuerza metafórica; no se trata solo de eliminar a alguien, sino de infligir dolor agudo. El tono es sombrío y pesimista; nos muestra a un Machado desalentado ante la situación socio cultural de España, sumida en el marasmo o la irresponsabilidad. En el fondo, se trata de una advertencia no dirigida solo al desdichado “españolito”, sino a la nación entera, para que reacciona y recupere un rumbo moral y cultural que parece perdido.

Antonio Machado: sección “Proverbios y cantares”, en Campos de Castilla (1912).

II. PROPUESTA DIDÁCTICA PARA EL CONJUNTO DE LOS “PROVERBIOS Y CANTARES”

(Estas actividades se pueden realizar en clase o en casa; de forma oral o escrita; de modo individual o en grupo. La ayuda de los herramientas TIC puede ser interesante. La plantilla de actividades se puede aplicar a un poema o a varios; el profesor puede modificar o introducir nuevas cuestiones, según el texto poético seleccionado).

2.1. Comprensión lectora

1) Resume el poema, anota su tema y sus apartados temáticos.

2) ¿Quién es el protagonista del poema, si así le podemos llamar, o a quién va dirigido?

3) ¿Qué tono presenta el poema? ¿Triste o alegre, optimista o pesimista?

4) Fíjate en el paisaje y en el marco temporal. Explica dónde se sitúa la acción poética. 

5) Realiza un estudio de la métrica y la rima del poema y establece la estrofa utilizada, en la medida de lo posible.

6) Localiza media docena de recursos estilísticos y explica cómo crean significado y belleza.

2.2. Interpretación y pensamiento analítico

1) ¿Crees que el poema refleja una experiencia real? Aporta razones.

2) ¿Podemos decir que el yo poético pretende reflexionar y lanzar un mensaje moral? En caso afirmativo, explícalo.

3) Explica si se puede discernir un sentido parabólico o alegórico en el texto.

4) ¿Qué posición adopta el yo poético ante el asunto planteado?

2.3. Fomento de la creatividad

1) Trasforma el texto en un relato en prosa, acompañado de alguna anécdota, sobre el tema del poema. Puedes continuar la historia según te parezca oportuno.

2) Realiza una presentación ante la clase o la comunidad educativa, ayudándote de medios TIC, sobre la vida y la obra de Antonio Machado.

3) Imagina una entrevista de tu clase con Antonio Machado. Plantéale cuestiones sobre su poesía; puedes imaginar alguna respuesta y discutir su verosimilitud en clase.

4) Intenta pasar el escenario y el contenido del poema a la vida de hoy; puedes hacerlo a través de la pintura o de la literatura. 

Antonio Machado: «Un loco»; análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO: “UN LOCO” (de «Campos de Castilla», 1912)
CVI
Es una tarde mustia y desabrida               1
de un otoño sin frutos, en la tierra
estéril y raída
donde la sombra de un centauro yerra.
Por un camino en la árida llanura,             5
entre álamos marchitos,
a solas con su sombra y su locura
va el loco, hablando a gritos.
Lejos se ven sombríos estepares,
colinas con malezas y cambrones,           10
y ruinas de viejos encinares,
coronando los agrios serrijones.
El loco vocifera
a solas con su sombra y su quimera.
Es horrible y grotesca su figura:                15
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,
ojos de calentura
iluminan su rostro demacrado.
Huye de la ciudad… Pobres maldades,
misérrimas virtudes y quehaceres              20
de chulos aburridos, y ruindades
de ociosos mercaderes.
Por los campos de Dios el loco avanza
tras la tierra esquelética y sequiza
—rojo de herrumbre y pardo de ceniza —    25
hay un sueño de lirio en lontananza.
Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!
— ¡carne triste y espíritu villano!—.
No fue por una trágica amargura
esta alma errante desgajada y rota;              30
purga un pecado ajeno: la cordura,
la terrible cordura del idiota.
Antonio Machado: “Un loco”, en Campos de Castilla (1912).
I. ANÁLISIS
1. Resumen
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más altos y profundos poetas en lengua española. Aborda en su poesía, casi siempre teñida de gravedad y melancolía, temas trascendentes como el hombre y su destino, el mundo de los sueños y la dicotomía entre las ilusiones y las frustraciones, tanto de orden individual como colectivo. En cuanto a la forma, Machado mantiene una preferencia por la sencillez elaborada, la musicalidad de la poesía popular y folclórica, la transparencia significativa y la eficacia comunicativa.
El poema que ahora abordamos procede de su primer poemario, Campos de Castilla (1912; se incorporaron nuevos poemas hasta 1917; se considera versión definitiva la publicada en Poesía completa, 1936  ). Estamos en la fase de madurez; es una poesía profunda y reflexiva. La combinación de la experiencia personal con el alcance colectivo es perfecta. Desde una perspectiva individual, se plantean asuntos de resonancia social indudable. Es uno de los grandes valores de la poesía machadiana.
El poema posee una dimensión expositiva-descriptiva y otra crítico-reflexiva; aparecen consecutivamente. Se abre el poema con la descripción de un paisaje castellano duro por la sequedad, la falta de vegetación, casi de vida, y la soledad extrema de ese lugar; también conocemos el momento, un tanto desolador, acompañando al triste lugar: “una tarde mustia y desabrida” (v. 1). Es una tierra estéril y gastada, sin esperanza de poder obtener algo bueno de ella. Y ahí, de repente, se divisa un ser vivo que pasa. Primero lo identifica con un “centauro”, esa criatura mitológica mitad hombre, mitad caballo. De los versos 5-8 lo acota con precisión: es un loco que avanza por un camino, dando voces. 
El yo lírico eleva su mirada y completa el marco físico desolador por el que avanza ese individuo. Es un lugar sombrío, estepario, sin apenas vegetación; solo nombra malezas, acaso alguna encina y cambrones. Vuelve la atención sobre el loco, que “vocifera” en su enajenación. Nos ofrece una prosopografía exacta del inquietante individuo: mal vestido, sucio y demacrado; su figura es “horrible y grotesca” (v. 15). El yo lírico entra en los pensamientos del loco, por eso nos explica que “huye de la ciudad” (v. 19), poblada de gente ociosa, maliciosa y egoísta. Hay una pequeña esperanza, pues exite un “sueño de lirio en lontananza” (v.26). Finalmente, el yo lírico explica que el loco se ha alejado de la ciudad no por una tragedia personal, sino porque ha de “purgar” un “pecado” ajeno: la cordura del idiota. El enunciado es ambiguo; no sabemos si es él el único cuerdo en una sociedad de locos, o si los demás se creen cuerdos, pero más bien están enajenados. 
2. Tema
El poema aborda varios temas:
-La paradoja de que la persona tenida por loca es la más cuerda de su comunidad.
-El paisaje inhóspito y árido de Castilla, poco amigable.
-La soledad y el abandono de las personas distintas por parte de una sociedad adocenada, superficial e hipócrita.
3. Apartados temáticos
El poema presenta una estructura secuencial bien visible. Así, encontramos:
-Presentación del marco físico, feo y deprimente, donde se desarrolla la acción (vv. 1-4).
-Primera aproximación a la figura del loco: anda sin parar y habla a solas, gritando (vv. 5-8).
-Segunda visión del paisaje castellano; es estepario, árido y triste (vv. 9-12).
-Segunda aproximación al loco, descrito con detalle; es una figura grotesca y hasta repelente (vv. 12-18).
-Valoración negativa de la ciudad, poblada por gente ociosa, hipócrita y cruel (vv. 19-22); al loco le sobraban razones para abandonar la urbe.
-Síntesis del cuadro antes expuesto; un loco avanza alejándose de la ciudad (vv. 23-28).
-Explicación final de la causa de la locura: el loco es el único cuerdo entre gente que ha renunciado a vivir con autenticidad y sencillez, entregándose al ocio y la hipocresía. Él, con su desequilibrio, es el único que entiende esta verdad, desagradable de admitir para los demás.
4. Métrica, rima y estrofa
El poeta sevillano ha elegido unas combinaciones estróficas muy originales. Los versos son endecasílabos y heptasílabos. Primero aparecen tres cuartetas (vv. 1-12); sigue un pareado (vv. 13-14). Continúan dos cuartetas (vv. 15-22). El resto del poema está en arte mayor; aparecen, consecutivamente, un cuarteto, un pareado y, finalmente, un serventesio. La musicalidad del poema se percibe muy bien; la melodía provocada por esta magnífica combinación de estrofas evocan el contenido: tristeza y amargura. 
5. Comentario estilístico
Estamos ante un denso y sombrío poema donde el yo lírico, a través de la selección de su tema y del modo de tratarlo nos deja ver su pensamiento, muy pesimista sobre la España de principios del siglo XX. El marco temporal y espacial es desabrido y feo, metáfora en sí mismo del personaje –un loco– que pronto aparece en escena y de la situación social y cultural de la España atrasada, pobre y deprimente. La anécdota, en sí misma, es otra metáfora que remite a una realidad sórdida y desagradable.
La tarde es “mustia y desabrida” (v. 1); esta sinestesia aplicada a la tarde expresa muy bien lo inhóspito del momento; luego se confirma que es un “otoño sin frutos”, baldío. La tierra se presenta como “estéril y raída” (v. 3). En ese lugar no hay nada benéfico ni acogedor. Las bimenbraciones de los pares de adjetivos refuerzan esa imagen de desolación. Ahí aparece, de pronto, una criatura fantástica, el centauro”, que ni siquiera tiene corporeidad, ya que solo es una “sombra” que “yerra”, es decir, anda perdido, de acá para allá. La escena es fantasmagórica, de pesadilla.
En el segundo serventesio se precisa el marco geográfico y el protagonista. Estamos en una “árida llanura” donde unos álamos “marchitos” sobreviven como pueden. En este momento se introduce la primera percepción auditiva: el loco avanza “hablando a gritos” (v. 8). La escena es escalofriante, propia de una pesadilla. Desolación y espanto son las sensaciones lectoras inevitables. 
De pronto, en el tercer serventesio, el yo lírico se fija otra vez en el paisaje (es la tercera ocasión que lo hace), pero ahora con la vista elevada, mirando a lo lejos; y lo que percibe no es menos desapacible de lo que había percibido antes. “Lejos se ven sombríos estepares” (v. 9); esta imagen de tierra llana e infértil se ve completada con las “colinas” apenas cubiertas de “malezas y cambrones”; y, al fondo, “serrijones”,  sierra montañosa de poca altura extensión, poblados por “ruinas de viejos encinares” (v. 11). Todo es desolación, abandono y muerte. Este paisaje doloroso invade nuestro interior con el adjetivo “agrios” aplicado a los “serrijones”; esta sinestesia metafórica nos fija del todo la imagen de un lugar inhóspito y como temible.
El pareado que sigue repite la única figura que se mueve: un loco que “vocifera” algo incomprensible. Y se añade un nuevo matiz, ya entrevisto: ese hombre va solo, acompañado de su “sombra y su quimera” (v. 14). Esta bimembración, de connotación metafórica, explica muy bien el abandono de este ser enajenado. El serventesio que sigue (vv. 18) presenta una prosopografía y una etopeya del loco; ambas componen un retrato grotesco, como extraído de un cuadro de Goya. Hay siete adjetivos calificativos dentro de la estrofa, aplicados a este hombre que es repulsivo para el yo lírico y, por extensión, para nosotros. Los contrastes y claroscuros son vivos e inquietantes: la luz de sus ojos contrasta con su “rostro demacrado” (v. 18). Ahora el lector ya comprende quién tiene delante: un pobre hombre dominado por la insania. 
El siguiente serventesio (vv. 19-22) nos presenta a un yo lírico ejerciendo de un narrador omnisciente, aunque él nos cuenta la historia en presente. Por eso conocemos que el loco se ha ido de la ciudad por muchos motivos, como nos expresa la suspensión. Y conocemos los agentes de su desgracia: “chulos aburridos” y “ociosos mercaderes” (vv. 21 y 22). Son prototipos urbanos de gente maligna y cruel, dispuestos a hacer “maldades” y “ruindades” para divertirse, o para obtener provecho. No entra en más detalle, pero insinúa que el loco no fue tal en tiempos pasados, sino que los demás lo hundieron con malas mañas y mucha inmoralidad. 
El cuarteto que sigue (vv. 23 -26) rompe con el contenido sombrío, pues metafóricamente se introduce cierta esperanza. En ese lugar tan hostil y agresivo, sin embargo, existe “un sueño de lirio en lontananza” (v. 26); la interpretación es muy abierta; ¿el loco imagina cosas positivas? ¿El yo lírico entrevé un final optimista en este paisaje desolado poblado por un trastornado? No lo podemos saber. El pareado siguiente (vv. 27-28) precisa las causas del deambular del loco: ha huido de la ciudad porque no ha podido soportar la villanía e inmoralidad de sus habitantes, lo que expresa metafóricamente en el paralelismo exclamativo “¡carne triste y espíritu villano!” (v. 28).
El serventesio final (vv. 29-32), es una explicación completa y profunda por parte del yo lírico sobre por qué el loco yerra por ese paisaje terrible. Primero indica lo que no fue; “una trágica amargura” (v. 29), metáfora de un revés existencial o pasional que lo trastornó. La define otra vez con una feroz metonimia: “alma errante desgajada y rota” (v. 30); indica muy bien su profunda insania. Sin embargo, cuando nos enteramos de la razón de su locura, el lector queda perplejo y confundido. El loco “purga un pecado ajeno: la cordura”. Por ser él el más lúcido de su comunidad, ha de apartarse de ella, porque lo han empujado a los márgenes. La paradoja final “la terrible cordura del idiota” (v. 32) señala muy al vivo cómo la persona inocente o, en este caso, disminuida, es la más racional y despejada del grupo social donde vive. Y eso debe pagarlo sin compasión, por cruel decisión de los chulos y los mercaderes. 
Como hemos visto, estamos ante un poema sombrío y amargo. Bajo el pretexto de una visión de un loco en el campo, el yo poético reflexiona sobre la sociedad de sus días, concretando en la vida de la ciudad. La ve como hipócrita, inmoral e interesada; el único que se opone a esa vida cínica y vacía es el “idiota”; justamente por comprender esa verdad, sufre el destierro de su lugar y ha de vagar por la tierra inhóspita, solo; llena su aislamiento hablando a voces consigo mismo. La lección del poema es dura y áspera. ¿Quién es más loco, el hipócrita habitante de la ciudad, o el idiota que, comprendiendo su ordinariez, vive errante y enajenado? El poema tiene un final abierto, inquietante y muy apelativo para el lector, que ha de tomar una posición sobre el asunto abordado. La composición poética es bellísima; la arquitectura compositiva es de una perfección asombrosa; es por eso que este poema no ha perdido un ápice de su verdad, amarga, pero cierta.
6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912), de donde procede el poema “Un loco”; es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
7. Interpretación y valoración
La interpretación sociológica de este poema es inevitable y enriquece poderosamente su significación: el raro es desterrado de la vida común, justamente por comprender la inanidad e hipocresía de la vida social urbana. El marco natural donde se desarrolla la acción de una tristeza y desolación infinitas. Pero el yo lírico no la describe con complacencia, sino con la amargura propia de quien quisiera que fuera de otra manera. La pintura del paisaje castellano es muy sombría y desalentada. Nos envía el mensaje indirecto de una tierra en agonía, yerma y abandonada a su suerte. Como si fuera el justo castigo para sus habitantes, abyectos en una buena parte.
La simpatía que el yo lírico muestra por el loco es evidente y explícita. De este modo, muestra el rechazo que le produce la vida hipócrita de la ciudad. También desliza cierta compasión hacia este personaje; al fin y al cabo, es el único que ve la realidad como es: terrible, fea y sórdida.
El poema es de una belleza intensa. La construcción, con los vaivenes de focalización, está muy lograda. La adjetivación, en concreto, es de una belleza y expresividad muy alta. 
II. PROPUESTA DIDÁCTICA
1. Comprensión lectora
1) Resume el poema, anota su tema y sus apartados temáticos.
2) ¿Quién es el protagonista del poema, si así le podemos llamar?
3) ¿Adónde se dirige el loco? ¿Por qué grita?
4) Fíjate en el paisaje y en el marco temporal. Explica dónde se sitúa la acción. 
5) Realiza un estudio de la métrica y la rima del poema y establece la estrofa utilizada, en la medida de lo posible.
6) Localiza media docena de recursos estilísticos y explica cómo crean significado y belleza.
2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Crees que el poema refleja una experiencia real? Aporta razones.
2) ¿Podemos decir que el yo lírico rechaza la vida en la ciudad? Aporta razones.
3) El retrato que se presenta del loco es muy vivaz: destaca los aspectos físicos y los psicológicos que lo caracterizan.
4) ¿Quién es el loco en esa sociedad?
5? ¿Por quién muestra simpatía el yo lírico?
3. Fomento de la creatividad
1) Trasforma el texto en un relato en prosa, acompañado de alguna anécdota, en el que aprecie la atmósfera opresiva del original. Puedes continuar la historia según te parezca oportuno.
2) Escribe una breve pieza literaria sobre la vida de una persona enajenada, inspirándote más o menos en el poema de Machado.
3) Realiza una presentación ante la clase o la comunidad educativa, ayudándote de medios TIC, sobre la vida y la obra de Antonio Machado.
4) Intenta pasar el escenario y el contenido del poema a la vida de hoy; puedes hacerlo a través de la pintura o de la literatura. 

Antonio Machado: «A don Francisco Giner de los Ríos» (poema XXXXIX de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – A don Francisco Giner de los Ríos

A DON FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS
Como se fue el maestro,                                 1
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió?… Sólo sabemos                                  5
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.                                    10
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!
Y hacia otra luz más pura                              15         
partió el hermano de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.
… ¡Oh, sí!, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,                               20
a los azules montes
del ancho Guadarrama.
Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.          
Su corazón repose                                        25
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas…
Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.           30
                                                   Baeza, 21 de febrero de 1915
1. ANÁLISIS
1.Resumen
“A don Francisco Giner de los Ríos” (poema CXXXIX de Campos de Castilla (1912), el primero de la sección “Elogios”), es un hermoso e intenso poema de Antonio Machado; posee carácter necrológico, es decir, rememora la muerte de una persona querida; en este sentido, el texto es una elegía.  El sujeto lírico comienza intuyendo la ausencia de Francisco Giner de los Ríos (Ronda, Málaga, 1839 – Madrid, 1915), a quien llama “hermano”, ´signo del repeto y amor que siente por él. Sin embargo, su muerte no es un abandono definitivo de la vida y del mundo; su presencia emocional y espiritual continúa entre las personas que lo conocieron. El sujeto lírico le cede la palabra a Giner y exhorta a sus amigos a ser buenos y a seguir trabajando con honradez y tenacidad, desde una perspectiva transcendente de las cosas. La muerte no acaba con todo, pues se sigue vivo en la memoria y el corazón de los que siguen en este mundo. La segunda estrofa caracteriza a Giner como una persona íntegra y sabia, favorecedor del trabajo, ejemplo él mismo de vida sencilla y laboriosa. El sujeto lírico wxhorta a sus amigos a que conduzcan el cadáver de Giner de los Ríos a la Sierra de Guadarrama, en el norte de Madrid, para que lo inhumen a los pies de una encina, símbolo de la permanencia. El lugar no es gratuito, pues justamente allí Giner imaginaba una España nueva, próspera y feliz.
2. Temas del poema
El poema es una elegía de Machado dirigida a Francisco Giner de los Ríos. Expresado de otro modo: homenaje sentido hacia un ser querido y admirado por su reciente fallecimiento; no ha muerto, pues sigue vivo en el recuerdo de muchas personas.
3. Apartados temáticos
En el poema se observan tres secciones de contenido, que coinciden con el número de estrofas:
-Primera parte (vv. 1-14): narra breve y reticentemente el fallecimiento de Giner de los Ríos. Pronto le cede la palabra; el fallecido alienta a sus amigos a que continúen laborando, que se rijan por la bondad, que no se aflijan por su ausencia, pues, de algún modo, sigue vivo entre ellos, en su memoria. No es momento de que tañan las campanas por el dolor, sino de que suenen los yunques por la actividad de esas personas amigas del difunto que no se dejan amilanar por la tragedia y continúan con su afán transformador.
-Segunda parte (vv. 1-28): primero se narra el viaje del fallecido hacia la esfera de la luz y de la inmortalidad. Inmediatamente el sujeto lírico apremia a sus amigos a que trasladen el cadáver de Giner de los Ríos a la Sierra del Guadarrama; allí han de enterrarlo en un lugar muy concreto; se trata de un valle tranquilo, sereno y luminoso.
-Tercera parte (vv. 29-30): Explica la razón de la elección de ese lugar. Es el mismo que utilizaba el finado para soñar en una España florecida. Es justo que allí yazga el corazón soñador de una persona que se empeñó en la reconstrucción moral, educativa y material de una España maltrecha.
4. Aspectos métricos y de la rima
El poema está compuesto por veinte versos distribuidos en tres estrofas. Los versos son heptasílabos y endecasílabos, con una distribución irregular (7,7,7,11,7,11,7,11,11,7,7,11,11,11; 7,11,7,11,7,7,7,7,7,11,7,7,11,7; 7,11). En cuanto a la rima, observamos que riman los versos pares en á-a, quedando los impares libres; corresponde a la rima del romance. En conjunto, tenemos una silva romanceada, fórmula estrófica bastante empleada por Machado, cuya fuente más directa es Bécquer.
5. Comentario estilístico
El poema se abre con una metáfora personificada: la luz (imagen de la eternidad pura) le dice al sujeto lírico que Giner de los Ríos (nombrado como “mi hermano Francisco”, donde descubrimos la afinidad espiritual que el sujeto lírico encuentra entre Giner de los Ríos y la luminosidad) que hace tres días que no se sabe nada de Giner de los Ríos. Esto se expresa a través de la metáfora “no trabaja” (v. 4), es decir, se insiste en la laboriosidad de Giner de los Ríos. Los encabalgamientos y los hipérbatos son constantes, de modo que no los vamos a comentar, por mor de la brevedad. Aportan expresividad emotiva e intensidad emocional a la significación del poema.
El sujeto lírico se interroga sobre si su amigo murió. Lo pone en duda a través de la interrogación y de la suspensión consiguiente. Lo que sí conoce es que Giner de los Ríos emprendió un camino de purificación, expresado por la metáfora “senda clara” (v. 6). A partir del verso 7 el sujeto lírico cede la voz al propio Giner de los Ríos, quien pide a sus amigos que sigan trabajando con ilusión (expresado con la metáfora y metonimias “Hacedme / un duelo de labores y esperanzas”, vv. 7-8). En esta sección es muy apostrófico, expresado a través de los verbos en imperativo. El choque conceptual de “labores” y “esperanzas” crea una paradoja intensa. Solicita a sus amigos que busquen la bondad y que inspiren a los demás con sus conducta. La repetición de “sed” en el mismo enfatiza ese deseo. Ser “alma” (v. 10) es la metáfora elegida para significar la transcendencia de las personas. 
El tercer verbo en modo imperativo dirigido a sus amigos es “vivid” (v. 11); el políptoton con “vida” indica a las claras el deseo de que los vivos continúen con su labor, pues la vida está para ser activos, no perdidos en los recuerdos. Esta certeza la expresa a través de una obviedad (“los muertos mueren”, v. 12) y una hermosa metáfora con metonimia (“las sombras pasan”). El paralelismo interno que forman las dos expresiones imprimen un tono de gravedad a la afirmación. El verso 13 es muy relevante y hermoso. Expresa dos paradojas, expresadas de modo elíptico, de gran hondura; “lleva quien deja” significa que el difunto se lleva con él el recuerdo y cariño de los vivos que lo apreciaron. “Vive el que ha vivido” alude a que la vida del fallecido continúa en la memoria de los vivos, pues les ha dejado una huella indeleble.
El último verso de esta primera estrofa se cierra con un epifonema realmente sobrecogedor. A través de dos metonimias personificadas se exhorta a que las personas sigan trabajando y que cesen los lamentos por la muerte. Hasta aquí, la intervención de Giner de los Ríos, aunque el verso 14 puede entenderse como proferido por el sujeto lírico. La exclamación retórica del verso final imprime un carácter enérgico y resolutivo a la estrofa entera.
La segunda estrofa expresa los sentimientos del sujeto lírico. Giner de los Ríos es una persona iluminada (así lo significa la metáfora “hermano de la luz del alba”, v. 16); con su muerte, ha emprendido un viaje hacia la purificación; es lo que expresa la metáfora comparativa “otra luz más pura” (v. 15). La presencia de “sol” (v. 17) inciden en la misma idea. Se recalca la llamada a la laboriosidad por parte del difunto (“talleres”, v. 17), pues es el camino del progreso. A continuación añade, en el verso 18, tres notas de carácter de Giner de los Ríos: era mayor, era de carácter risueño y llevaba una vida de santidad. Son tres rasgos positivos y encomiables, en los que apreciamos la admiración del sujeto lírico por el difunto.
A partir del verso 19, el poema adquiere un tono de apremio y apóstrofe, dirigido a los amigos del sujeto lírico. Se abre con una suspensión, signo de una meditación previa que ahora se interrumpe al retomar el discurso poético. Sigue una exclamación retórica de afirmación enfática (“¡Oh, sí!”), como urgiendo a hacer algo importante. Y eso que se debe realizar es transportar al difunto a la Sierra de Guadarrama, querida y admirada por el sujeto lírico. Alude a ella a través de metonimias metaforizadas de hondo sentimiento. La primera es  “azules montes” (v. 21); aquí se crea una sinestesia muy emotiva, pues junta cielo y tierra en una sola percepción. La segunda es “ancho Guadarrama” (v. 22) y expresa de maravilla la inmensidad de esos parajes, donde la vista se pierde en el horizonte. En la misma línea de resalte de lo agreste de ese lugar aparece “barrancos hondos” (v. 23), “pinos verdes” (v. 24) y “donde el viento canta”. Son dos accidentes geográficos (montes y barrancos), un árbol (pino) y un fenómeno atmosférico (aire), que crean un perfecto locus amoenus, un lugar ideal por su armonía y soledad. El foco se va concretando hacia un primer plano porque pronto aparecen tres nuevos elementos naturales (una encina, tomillos y mariposas), donde el cuerpo de Giner de los Ríos será sepultado. De los tres, dos están adjetivados (“encina casta”, v. 26, y “mariposas doradas” (vv. 26 y 28), en un tono muy positivo y elogioso; de la encina se destaca su virtud; de las mariposas, su belleza. Son metáforas aplicadas de modo indirecto al propio fallecido, pues poseía ambas cualidades. En ese lugar la vida es feliz, como nos indica la metáfora “donde juegan / las mariposas” (v. 29). Se cierra la estrofa con una suspensión, índice de que la enumeración podría seguir, o de que allí hay más misterios de lo que las apariencias muestran. 
La última estrofa rompe la simetría de las dos anteriores (se componen de catorce versos cada una). Es muy breve, y nada más, pero nada menos, expresa la razón de por qué Giner de los Ríos debería descansar justo en ese lugar: allí mismo el pedagogo “soñaba” con que España volvería a renacer. Idealizaba su deseo de que nuestro país remontara el vuelo moral, educativo y moral para crear una sociedad próspera y feliz. El cierre es realmente emotivo, bello y profundo. Nos dice mucho de la razón de la admiración del sujeto lírico por Giner de los Ríos y nos comunica también el pensamiento de este: ideaba el mejor modo de elevar la vida material y espiritual de sus compatriotas.
Como hemos podido comprobar, estamos ante un poema de una altísima y feliz elaboración poética. Transforma la anécdota en un sentimiento superior. Avanza un paso más allá de la elegía para entrar en el terreno de la reflexión existencial y filosófica, de naturaleza cívica. En el fondo, se trata de hacer de España un país más vivible y feliz, tarea a la que Giner entregó su vida. Bien merece, pues, el reposo “bajo una encina casta”, símbolo de eternidad y permanencia.
El poema está firmado en Baeza, donde Machado residía por entonces, enseñando francés en lo que hoy sería su instituto de educación secundaria. En efecto, Giner de los Ríos había muerto en Madrid el 18 de febrero de 1915. En tres días, Machado compuso este maravilloso y sentido poema de homenaje a una persona que lo marcó profundamente y que es uno de los grandes pedagogos y pensadores españoles de finales del siglo XIX y principios del XX. 
6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
7. Interpretación y valoración
Este excelso poema posee una belleza inigualable. Lo que parece un recuerdo a una persona se transforma en una elegía hondísima, trascendiendo rápidamente a un plano moral y emocional, junto con otro cívico. Machado emplea su increíble talento creativo a la memoria de una persona que ejerció un gran influjo sobre su persona: Francisco Giner de los Ríos, uno de los españoles más preclaros y brillantes de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.
El influjo benéfico de Giner de los Ríos no se perderá, como tampoco lo hace la encina de la Sierra de Guadarrama. Machado desliza, en su recuerdo, el programa moral e intelectual de Giner de los Ríos: trabajo, perseverancia, bondad y alegría. Al lado, el amor a la naturaleza; en este caso, a la humilde y áspera sierra que separa las dos Castillas. Nuestro poeta pone sordina a su emoción y dolor por la muerte de Giner de los Ríos, pues no desea un desbordamiento emocional. Antes bien, contiene su tristeza recordándonos a nosotros, lectores, la lección moral que ha dejado el fallecido. 
Este bellísimo poema, auténtico prodigio creativo, es de una aparente sencillez compositiva que, en su interior, esconde un diamante poético por su acierto expresivo, su sencillez y eficacia comunicativa y su asombrosa armonía entre expresión y contenido. Su lectura conmueve los cimientos del lector, atónito ante tanta belleza literaria, asombrado por la corriente afectiva que circula entre autor y lectores, yo poético y persona observada. Y, al fondo, como siempre en Machado: “palabra en el tiempo”, esencialidad de los sentimientos más auténticos perdurando más allá de nuestras vidas.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimientos  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿a quién recuerda? ¿Por qué? 
3) ¿Quién habla en el poema? ¿Qué ideas expresa? ¿Es posible, físicamente considerado ese diálogo?
4) ¿Cómo se aprecia en texto la importancia de la amistad? ¿Por qué será así?
5) La bondad, ¿dónde aparece? ¿Es un elemento importante del pensamiento del difunto? 
6) ¿Qué significación se encierra en “¡oh, sí!” (v. 19)? ¿Qué podemos deducir del estado de ánimo de la poeta? 
7) Los yunques y las campanas poseen una significación especial en este poema. Explícalo.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la muerte de un ser querido que ha influido mucho en tu vida.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4)  Realiza una exposición sobre Francisco Giner de los Ríos, su pensamiento y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
5) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.