Antonio Machado: «Proverbios y cantares»; análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO: “PROVERBIOS Y CANTARES”

I. TEXTOS Y ANÁLISIS

Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más altos y profundos poetas en lengua española. Aborda en su poesía, casi siempre teñida de gravedad y melancolía, temas trascendentes como el hombre y su destino, el mundo de los sueños y la dicotomía entre las ilusiones y las frustraciones, tanto de orden individual como colectivo. En cuanto a la forma, Machado mantiene una preferencia por la sencillez elaborada, la musicalidad de la poesía popular y folclórica, la transparencia significativa y la eficacia comunicativa.

 Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  

Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española; ciertamente, alcanza la categoría de sublime. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 

Ahora comentamos los “Proverbios y cantares”. Entendemos por proverbio “Sentencia, adagio o refrán”. El cantar se define como “Copla o breve composición poética musicalizada o adaptable a alguno de los aires populares, como el fandango, la jota, etc.”. Forman una sección propia del magnífico poemario, Campos de Castilla (1912; se incorporaron nuevos poemas hasta 1917; se considera versión definitiva la publicada en Poesía completa, 1936). Estamos en la fase de madurez machadiana; es una poesía profunda y reflexiva. La combinación de la experiencia personal con el alcance colectivo es perfecta. Desde una perspectiva individual, se plantean asuntos de resonancia social indudable. Es uno de los grandes valores de la poesía machadiana.

El conjunto de “Proverbios y cantares” está formado por cincuenta y tres poemas de extensión moderada. Expresan un pensamiento agudo formulado de forma sorprendente e ingeniosa. Realizamos una exégesis de cada uno de los poemas, contribuyendo así a su conocimiento, comprensión y disfrute. Son piezas de altísimo valor poético, de ahí nuestro interés en su abordaje filológico. Analizaremos, separadamente, de cada poema: tema o asunto nuclear;  aspectos métricos, de rima y estróficos; y, finalmente, rasgos compositivos y estilísticos en relación a su interpretación. 

I

Nunca perseguí la gloria

ni dejar en la memoria

de los hombres mi canción;

yo amo los mundos sutiles,

ingrávidos y gentiles

como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse

de sol y grana, volar

bajo el cielo azul, temblar

súbitamente y quebrarse.

Exégesis

Tema: preferencia del yo lírico por la vida sencilla y natural, consciente de lo efímero de la vida humana.

Aspectos métricos: esta composición está compuesta por diez versos octosílabos. Los dos primeros forman un pareado. Los cuatro siguientes son una redondilla; otra redondilla está formada por los cuatro versos finales. Es como una variante de la décima, trasladando el pareado del medio al principio del poema. 

Rasgos estilísticos: estamos ante un poema subjetivo y reflexivo, teñido de una fina ironía melancólica. La presencia del sujeto lírico se percibe muy bien en los verbos conjugados en primera persona y en la presencia del pronombre “yo” al principio del verso 4. Consciente de la brevedad de la vida y la fatuidad que la acompaña, el yo lírico enuncia que no le interesa la gloria, ni el recuerdo. Todo va a estallar “como pompas de jabón”, así que es mejor que disfrutemos de ellas, pues son hermosas. Tales son los “mundos sutiles / ingrávidos y gentiles”, es decir, de naturaleza más bien imaginaria y quebradiza. Bien mirado, el poema es toda una declaración de intenciones del yo lírico sobre su programa vital: arrimo hacia la vida sencilla y natural, pues todo acabará pronto y en nada. También se percibe una suave invitación al lector para que siga sus pasos. El tono sombrío y pesimista marca el contenido.

II

¿Para qué llamar caminos

a los surcos del azar?…

Todo el que camina anda,

como Jesús, sobre el mar.

Exégesis

Tema: El discurso de la vida es inestable e impredecible, lo que conviene saber desde muy pronto.

Aspectos métricos: Estamos ante cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares; forman un romance, o también una cuarteta.

Rasgos estilísticos: La presente composición es bellísima; se abre con una interrogación retórica, seguida de una suspensión y cerrada con un símil en el que compara al hombre con Jesús. Lograr “andar” (transitar por la vida) por la vida en difícil equilibrio, sin caerse, es milagroso, pues los “surcos del azar”. Estamos ante una reflexión existencial y grave sobre las dificultades vitales que nos pueden hacer naufragar.

III

A quien nos justifica nuestra desconfianza

llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.

Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía

que dio a cascar el diente de la sabiduría.

Exégesis

Tema: La verdad puede ser dura de aceptar y echamos la culpa a quien nos la comunica.

Aspectos métricos: El poema consta de cuatro versos alejandrinos. Desde el punto de vista de la rima, forman dos pareados.

Rasgos estilísticos: Este poema está muy reconcentrado; posee un alcance generalista, visible en el pronombre “quien”. No debemos echar la culpa a los demás, porque es un recurso fácil que no soluciona los problemas. El yo lírico increpa al “necio” por su actitud rencorosa, sobre todo cuando se descubre que su “nuez” (metáfora de cabeza, o inteligencia) está “vacía”, como la “sabiduría” pone al descubierto. Los encabalgamientos e hipérbatos sucesivos crean una sensación de lectura de gravedad y moralidad. El primer pareado resulta más expositivo, frente al tono conclusivo del segundo, donde se concentran las dos metáforas.

IV

Nuestras horas son minutos

cuando esperamos saber,

y siglos cuando sabemos

lo que se puede aprender.

Exégesis

Tema: la ilusión de conocer algo nuevo nos hace impacientes y el tiempo no cunde; sin embargo, al comprender la lentitud de los procesos cognitivos, el tiempo discurre lentamente.

Aspectos métricos: el poema está formado por cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares, quedando lo impares libres; el poema forma un romance; también se puede considerar cuarteta.

Rasgos estilísticos: este proverbio manifiesta una paradoja; consiste en la distinta percepción del paso del tiempo, que puede ser rápido o lento, según las expectativas de lo que pensamos hacer. Cuando el horizonte es positivo  e ilusionante, el tiempo empleado parece que no dura gran cosa. Por el contrario, cuando comprendemos la profundidad de nuestra ignorancia y el tiempo que necesitaríamos para salir de ella, hemos de admitir que necesitaríamos “siglos”. 

El poema juega con tres unidades temporales, “hora”, “minuto” y “siglo”, y una actividad humana, “saber”. Existe una doble línea subterránea que las une: la ilusión y la comprensión. La derivación formada con “saber / sabemos” aporta intensidad significativa. Llama la atención la reconcentración semántica en torno a muy pocas palabras.

V

Ni vale nada el fruto

cogido sin sazón…

Ni aunque te elogie un bruto

ha de tener razón.

Exégesis

Tema: La precipitación no asegura el éxito, del mismo modo que la adulación estúpida es inservible para el adulado.

Aspectos métricos: los cuatro versos son heptasílabos; desde el punto de vista de la rima, forman una cuarteta.

Rasgos estilísticos: El poema advierte sobre la importancia de la paciencia, a través de una metáfora: no por tomar los frutos del árbol antes de madurar se pueden comer. Los dos últimos versos apostrofan al lector implícito, al que previene sobre la adulación procedente de personas imbéciles. En conjunto, el poema es una invitación a la paciencia y la humildad como valores estimables en la conducta humana.

VI

De lo que llaman los hombres

virtud, justicia y bondad,

una mitad es envidia,

y la otra no es caridad.

Exégesis

Tema: Las buenas palabras suelen esconder intenciones aviesas y egoístas.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante en los pares, quedando los impares libres. Forman un romance; también se puede considerar cuarteta.

Rasgos estilísticos: Este intenso poema es amargo y trata de desvelar la hipocresía que envuelve el trato social. Primero elige tres cualidades positivas, pero inmediatamente las degrada a “envidia” y a egoísmo o vanidad, como declara la lítote “no es caridad”. La mirada pesimista sobre el fondo del alma es amarga y desoladora. El hombre manipula el lenguaje para llamar con vocablos positivos lo que no es más que envidia y vanidad. La trimembración del segundo verso “virtud, justicia y bondad”, aportan una falsa solidez y optimismo que se deshace inmediatamente en los dos versos siguientes y finales.

VII

Yo he visto garras fieras en las pulidas manos;

conozco grajos mélicos y líricos marranos…

El más truhán se lleva la mano al corazón,

y el bruto más espeso se carga de razón.

Exégesis

Tema: Las apariencias engañan mucho; tras la inocente superficie, se esconden intenciones brutales e inmorales.

Aspectos métricos: forman el poema cuatro versos alejandrinos que riman en forma de pareados.

Rasgos estilísticos: El yo lírico se involucra explícitamente en el contenido. La primera palabra del poema, “yo”, así lo declara. El poema se sostiene en cinco paradojas expresivas y potentes. Todas descansan en la imagen de algo que parece bueno y correcto realiza acciones malvadas e inmorales. En los dos primeros versos aparecen tres metáforas expresivas y plásticas. La primera paradoja contiene la metáfora, “garras fieras”, es decir, un depredador escondido tras “pulidas manos”. Resulta llamativa la aliteración con quiasmo creada en “grajos mélicos y líricos marranos”. La suspensión invita al lector a ahondar en estas paradojas. Sentimientos y razones son pervertidos por los inmorales para obtener beneficio propio, como rezan los dos últimos versos. Es uno de los proverbios más intensos y amargos del conjunto.

VIII

En preguntar lo que sabes

el tiempo no has de perder…

Y a preguntas sin respuesta

¿quién te podrá responder?

Exégesis

Tema: no conviene perder el tiempo indagando en lo obvio o tratando de descubrir lo inalcanzable. Dicho de otro modo: la inteligencia de la pregunta proporciona la brillantez de la respuesta.

Aspectos métricos: el poema está compuesto por cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares, quedando los impares libres; es un romance, o también llamado cuarteta.

Rasgos estilísticos: este proverbio es una invitación al lector implícito para que concentre su esfuerzo intelectual en cuestiones beneficiosas y resolubles. Se trata de un consejo de orden intelectual, no material. El conjunto es bastante pesimista, pues admite que casi todo esfuerzo intelectivo es improductivo. La suspensión con que se cierra el segundo verso deja abierta, desalentadoramente, el pensamiento del yo lírico. La interrogación retórica final remacha la idea de que no es posible encontrar respuestas positivas. El yo lírico se dirige directamente al lector implícito, visible en los pronombres y los verbos en segunda persona, creando así un tono dialógico de complicidad.

IX

El hombre, a quien el hambre de la rapiña acucia,

de ingénita malicia y natural astucia,

formó la inteligencia y acaparó la tierra.

¡Y aun la verdad proclama! ¡Supremo ardid de guerra!

Exégesis

Tema: los más cínicos, avariciosos de por sí, vociferan poseer la verdad, por lo que debemos estar prevenidos para no dejarnos engatusar.

Aspectos métricos: el poema está formado por cuatro versos alejandrinos, formando dos pareados.

Rasgos estilísticos: este texto es una severa advertencia para los incautos e inocentes. Los astutos y avariciosos se han hecho con el poder. Pero lo peores proclaman estar en posesión de la verdad; es toda una estratagema para ganar la guerra de la codicia y la avaricia. Las dos exclamaciones retóricas del último verso poseen mucha intensidad significativa. En ellas se contienen el asombro del yo lírico ante el cinismo de esos hombres insaciables y la inteligencia malvada, lo que les permite prosperar a costa de los demás. Se percibe un cierto tinte político y antirreligioso. Existen varias metáforas muy expresivas en su interior, como “hambre de rapiña” (tendencia al robo de gente desalmada), “acaparó la tierra” (la codicia lo ha empujado a amasar la riqueza), “ardid de guerra” (estratagemas para engañar a la gente inocente). El tono amargo y admonitorio es bien visible.

X

La envidia de la virtud

hizo a Caín criminal.

¡Gloria a Caín! Hoy el vicio

es lo que se envidia más.

Exégesis

Tema: cuando se envidian valores morales buenos, es comprensible; en nuestros días, sin embargo, se envidian los vicios, lo que nos hace añorar tiempos remotos por ser más sanos.

Aspectos métricos: estamos ante cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares, quedando los impares libres. El poema es un romance, o también cuarteta.

Rasgos estilísticos: El yo lírico lamenta la extensión de la envidia como un mal general. En los primeros tiempos de la humanidad, metonimizados en la figura de Caín, se envidiaba la virtud. Sin embargo, ahora, en el presente del yo lírico, las personas envidian “el vicio”, lo que muestra la degradación de la humanidad. Es un poema pesimista que proclama “¡Gloria a Caín!” porque este personaje bíblico, al menos, envidiaba ser mejor persona. La repetición de la palabra “envidia” en el primer verso y en el último, junto con la antítesis de “virtud” frente a “vicio”, aportan una gran viveza significativa.

XI

La mano del piadoso nos quita siempre honor;

mas nunca ofende al darnos su mano el lidiador.

Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente;

escudo, espada y maza llevar bajo la frente;

porque el valor honrado de todas armas viste;

no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste.

Que la piqueta arruine, el látigo flagele;

la espada punce y hienda y el gran martillo aplaste.

Exégesis

Tema: la persona virtuosa es fuerte y valiente, defendiéndose o atacando sin miramientos según las circunstancias lo aconsejen.

Aspectos métricos: los ocho versos del poema son alejandrinos; forman pareados entre sí (con una ligera irregularidad en el último verso).

Rasgos estilísticos: este poema expresa un profundo deseo del yo poético: hay que actuar, incluso destruyendo a los enemigos, que se suelen esconder de “piadosos”. El enemigo que viene de frente no ofende porque se descubre desde el primer momento, pero hay otros falsos que deshonran a las personas. Alaba la fortaleza, la valentía y la bravura, incluso destruyendo sin compasión a los enemigos. Es un poema muy metonímico; por ejemplo, el verso 4 enumera armas de guerra que conviene tener a mano: “escudo, espada y maza”. En los últimos versos reaparecen las metonimias, algo metaforizadas, de mucha fuerza expresiva: “piqueta”, “flagele”, “espada” y “martillo”. Son armas o herramientas de construcción que sirven para destruir o derribar lo que no merece que esté en pie, o que viva. 

En el verso 3 se encierra, condensado, todo el sentido del poema: “Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente”. Nótese que cada verso encierra una oración y pensamiento completo; a veces, más de uno, como muestra el ejemplo del verso 3 aducido previamente. El yo lírico muestra un enorme deseo de acabar con lo malo y lo inútil que entorpecen algo, que no declara, pero irrita profundamente al yo lírico. Es uno de los poemas de tono más agresivo, llamando a la acción incluso destructora. El último verso recuerda precisamente al último del poema “A Francisco Giner de los Ríos”.

XII

¡Ojos que a la luz se abrieron

un día para, después,

ciegos tornar a la tierra,

hartos de mirar sin ver!

Exégesis

Tema: la vida humana es un misterio insondable; nacemos y morimos sin entender qué ha sido nuestra existencia.

Aspectos métricos: el poema está compuesto por cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares, quedando los impares libres; es un romance, o también cuarteta.

Rasgos estilísticos: el tono filosófico y existencial del poema es muy evidente y llamativo para el lector. El poema descansa en el término de “ojos”, metonimia del hombre; y en dos verbos, “mirar” y “ver” (metáforas de indagar y comprender, respectivamente). Forman una paradoja irresoluble en sí misma. El hombre intenta entender su vida y su papel en el mundo, pero no logra respuestas. Se va a la tumba con todos los misterios. El tono del poema es de enorme pesimismo existencial, con dosis de amargura y desolación internas.

XIII

Es el mejor de los buenos

quien sabe que en esta vida

todo es cuestión de medida:

un poco más, algo menos…

Exégesis

Tema: saber hallar y mantenerse en el punto medio, o aurea mediocritas, es difícil, pero propio de las mejores personas.

Aspectos métricos: el poema se compone de cuatro versos octosílabos que riman en consonante, el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto (abba); es una redondilla.

Rasgos estilísticos: este bello poema es un canto al equilibrio, al punto medio. Recuerda mucho la “Oda a la vida retirada” de fray Luis de León. La antítesis en suspensión del último verso es muy eficaz porque refuerza la significación global del poema. La expresión “el mejor de los buenos”, algo tautológica en sí misma, enfatiza muy bien que solo los “sabios” pueden acceder a ese nivel de conocimiento. El tono sentencioso, positivo y como de consejo moral hacen de este poema una pequeña maravilla expresiva.

XIV

Virtud es la alegría que alivia el corazón

más grave y desarruga el ceño de Catón.

El bueno es el que guarda, cual venta del camino,

el sediento el agua, para el borracho el vino.

Exégesis

Tema: aspirar a vivir virtuosamente aporta una firme felicidad duradera.

Aspectos métricos: el poema se compone de cuatro versos alejandrinos, formando dos pareados.

Rasgos estilísticos: también este proverbio tiene un tono positivo y de consejo moral. Estamos ante un canto a la virtud; tiene dos efectos benéficos sobre la persona: quita los pesares y alegra la vida (establece una metáfora con el censor latino Catón). Los dos últimos versos desarrollan un símil expresivo. La persona virtuosa sabe guardar agua para los días sin líquido que beber, dejando el vino para el borracho imprudente. Los sintagmas de los versos finales, elípticos y ambiguos, oscurecen algo el sentido. De cualquier modo, la virtud hace de la vida un viaje más feliz y llevadero.

XV

Cantad conmigo en coro: Saber, nada sabemos,

de arcano mar vinimos, a ignota mar iremos…

Y entre los dos misterios está el enigma grave;

tres arcas cierra una desconocida llave.

La luz nada ilumina y el sabio nada enseña.

¿Qué dice la palabra? ¿Qué el agua de la peña?

Exégesis

Tema: la vida del hombre es un misterio que no es posible desentrañar, pues ignoramos nuestro origen y nuestro destino.

Aspectos métricos: los seis versos del poema son alejandrinos. Riman de dos en dos, formando tres pareados.

Rasgos estilísticos: este profundo y hermoso poema se abre con una apóstrofe dirigida a los lectores por parte el yo poético. Nos invita a reconocer nuestra profunda ignorancia sobre el sentido de la vida humana. La suspensión del segundo verso refuerza este desconocimiento existencial. Desarrolla la metáfora de la vida como una travesía marítima, pero ignoramos el puerto de origen y el de destino. A continuación aparece otra metáfora: la vida se resume en tres “arcas” (acaso, las tres etapas de la vida), que están cerradas por una “desconocida llave”. No tenemos el control de nuestra existencia, aunque la vivimos. Dos paradojas en el penúltimo verso refuerzan la idea de nuestra ignorancia: “la luz nada ilumina y el sabio nada enseña”. 

Nótese el paralelismo interno de las dos oraciones y la repetición de la palabra “nada”, insistiendo en nuestra orfandad existencial. El último verso supone un pequeño quiebro. El yo poético se pregunta, casi retóricamente, por las respuestas que la ciencia, o la poesía, por ejemplo, han dado; también indaga en el mundo natural para obtener respuestas, pero, de momento, no las halla. Tanto “palabra” como “agua” son metonimias metaforizadas de los conceptos antes explicados. Este poema nos muestra un yo poético con graves preocupaciones existenciales que ensombrecen su vida.

XVI

El hombre es por natura la bestia paradójica,

un animal absurdo que necesita lógica.

Creó de nada un mundo y, su obra terminada,

«Ya estoy en el secreto —se dijo—, todo es nada.»

Exégesis

Tema: la vida del hombre es paradójica y tragicómica, pues todos los afanes de la vida acaban en nada.

Aspectos métricos: el poema consta de cuatro versos alejandrinos que riman formando dos pareados.

Rasgos estilísticos: el yo poético afirma que el hombre es “bestia paradójica” porque siendo “un animal absurdo”, “necesita lógica”. Esta paradoja nos permite comprobar la perplejidad que surge al reflexionar sobre la vida humana. El hombre habla en voz alta y enuncia la paradoja suprema: “todo es nada”. Es un modo de reconocer la incertidumbre, con sus dosis de malestar espiritual, que provoca la ignorancia existencial. Este último verso nos recuerda inmediatamente un soneto de José Hierro titulado “Después de todo, todo era nada”. El proverbio ofrece un tono negativo y amargo, pues no hay futuro ni esperanza.

XVII

El hombre sólo es rico en hipocresía.

En sus diez mil disfraces para engañar confía;

y con la doble llave que guarda su mansión

para la ajena hace ganzúa de ladrón.

Exégesis

Tema: la hipocresía es el mal predominante en la raza humana, junto con la avaricia.

Aspectos métricos: los cuatro versos alejandrinos del poema forman dos pareados consecutivos.

Rasgos estilísticos: este poema pesimista y sombrío denuncia la hipocresía del hombre. Adopta todo tipo de argucias para engañar a todo el mundo; la avaricia lo empuja a guardar con doble llave su casa. Tiene una tercera, que transforma en “ganzúa” para poder seguir robando a los demás. Las metáforas de los disfraces del ladrón que entra en casa ajena son expresivas sobre la falsedad y la codicia humanas.

XVIII

¡Ah, cuando yo era niño

soñaba con los héroes de la Ilíada!

Ayax era más fuerte que Diomedes,

Héctor, más fuerte que Ayax,

y Aquiles el más fuerte; porque era

el más fuerte… ¡Inocencias de la infancia!

¡Ah, cuando yo era niño

soñaba con los héroes de la Ilíada!

Exégesis

Tema: los sueños infantiles de grandeza y hazañas se deshacen al llegar la adultez.

Aspectos métricos: los versos no mantienen una medida silábica regular; oscilan del heptasílabo (v, 1) al dodecasílabo (v. 2). Riman en asonante los versos pares, quedando libres los impares; se trata de un romance, por su rima; por su métrica, es casi un poema en verso libre.

Rasgos estilísticos: este poema es intimista y subjetivo. El yo poético ahonda en sus recuerdos infantiles, cuando tenía ansias de héroes y grandes hazañas. Ese niño admiraba a los grandes personajes homéricos. Pero de adulto, admite que solo fueron quimeras, como expresa la exclamación “¡Inocencias de la infancia!”. La repetición de los dos primeros versos al final del poema imprimen una estructura circular y cerrada. Es un modo de expresar que no era posible vivir de otra manera siendo niño, como igualmente es imposible mantener esas ensoñaciones e ilusiones infantiles. Todo se borró con el prosaísmo dominante de la edad adulta.

XIX

El casca-nueces-vacías,

Colón de cien vanidades

vive de supercherías

que vende como verdades.

Exégesis

Tema: existen personas que se les dan de graves y serias, pero son farsantes integrales de los que conviene alejarse y cuidarse.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en consonante primero con tercero, y segundo con cuarto. Forman una cuarteta.

Rasgos estilísticos: El sujeto lírico denuncia al Tartufo profesional que aparenta gran seriedad, con sus aires graves; tras la fachada, se esconde un majadero charlatán vanidoso que vende humo para engañar a los demás y beneficiarse él. Las dos primeras metáforas son muy efectivas. Identifica al charlatán con un casca nueces que no es capaz de abrir una sola nuez. Vende nuevos continentes, como Colón en su día ante los Reyes Católicos, pero tras las palabras de este no hay nada, al contrario de Colón. El poema presenta un cierto tono satírico y burlesco que incrementa la acidez de la denuncia del yo poético.

XX

¡Teresa, alma de fuego,

Juan de la Cruz, espíritu de llama,

por aquí hay mucho frío, padres nuestros

corazoncitos de Jesús se apagan!

Exégesis

Tema: la fe cristiana decae y deja un resto de frialdad espiritual.

Aspectos métricos: el primer verso es heptasílabo; los tres restantes, endecasílabos. Riman en asonante formando una cuarteta (a,B,A,B).

Rasgos estilísticos: este poema es de naturaleza religiosa, o de reflexión cristiana. El yo poético constata que todos (habla en primera persona del plural) pierden la fe sin remedio. Contrasta en oxímoros el “fuego” de Teresa de Jesús y la “llama” de Juan de la Cruz (prescinde del tratamiento de santos) con el “frío” de las personas. Todo el poema desarrolla metáforas en torno a la fe cristiana, que declina. El conjunto forma una alegoría de la pérdida del ardor creyente, que el yo poético constata en sí mismo y en sus coetáneos.

XXI

Ayer soñé que veía

a Dios y que a Dios hablaba;

y soñé que Dios me oía…

Después soñé que soñaba.

Exégesis

Tema: la creencia en Dios es probable que no pase de una ensoñación o un deseo inútil.

Aspectos métricos: los cuatro versos del poema son octosílabos; riman en consonante el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto. Forman, pues, una cuarteta.

Rasgos estilísticos: este proverbio está directamente conectado con el anterior; constata las dificultades para mantener la fe en Dios ante el silencio pertinaz de este. El yo poético identifica la fe con un sueño, envuelto en otro sueño. Es decir, carece de consistencia real. Se repite tres veces la palabra “soñé”, que, unida esta repetición a la final de “soñaba” con que se cierra el poema, nos da una idea insistente de que la creencia religiosa es insostenible por absurda y quimérica. 

Se repite dos veces la palabra “Dios”, pero es irónica esta repetición, pues, después de todo, no se manifiesta. La suspensión expresa la incertidumbre del hombre que desea creer y no puede. Los tres verbos sensoriales del poema (ver, hablar y oír) contrastan vivamente, formando un oxímoron, con soñar. El tono es sombrío y pesimista, pues no hay modo de apuntalar el deseo de la fe religiosa.

XXII

Cosas de hombres y mujeres,

los amoríos de ayer,

casi los tengo olvidados,

si fueron alguna vez.

Exégesis

Tema: el amor humano, pasado el tiempo, quedan en una mera anécdota.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos estilísticos: el yo poético reflexiona sobre su pasado amoroso y no encuentra motivos para alegrarse o para darle importancia a esos episodios. Se trata de una confesión intimista (habla en primera persona a lo largo del poema) sobre el desaliento amoroso. Lo que parecía algo importante y fuerte en el momento de vivirlo, pasado el tiempo ha quedado en un mero recuerdo, carente de relevancia. Todo pasa con el tiempo, e incluso el amor no deja de ser algo efímero e insustancial. Vemos que el tono es pesimista y un tanto amargo.

XXIII

No extrañéis, dulces amigos,

que esté mi frente arrugada;

yo vivo en paz con los hombres

y en guerra con mis entrañas.

Exégesis

Tema: el combate interior del hombre para entender su existencia no se aprecia desde el exterior, pero está ahí, y lo consume.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; es un romance, o también una cuarteta.

Rasgos estilísticos: este poema posee un claro tono confesional. El yo poético interpela a sus amigos queridos (los califica sinestésicamente de “dulces”) para que entiendan por qué ofrece un aspecto de preocupación (expresado por la metonimia metaforizada “frente arrugada”). El oxímoron doble que se establece con “paz con los hombres” y “guerra en mis entrañas” es muy expresivo y vivo; declara muy bien la lucha interior del yo poético para tratar de entenderse a sí mismo; y solo él puede librar esa guerra. Es un poema de enorme subjetividad y de tono confesional, muy hermoso en su factura verbal.

XXIV

De diez cabezas, nueve

embisten y una piensa.

Nunca extrañéis que un bruto

Se descuerne luchando por la idea.

Exégesis

Tema: casi todas las personas renuncian a pensar por sí mismos, aunque luego se maten por ideas que creen realmente suyas, sin serlo.

Aspectos métricos: el poema está formado por cuatro versos octosílabos que riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también una cuarteta.

Rasgos estilísticos: este poema tiene un cierto tono de denuncia amarga. La gente no piensa por sí mismo, renuncia a elaborar sus ideas y acepta las que circulan libremente. Y luego las defiende con gran ardor, cuando se las han instalado en su cabeza sin ningún tipo de crítica. El tono amargo es bien evidente, al tratar a esta persona de “bruto” que se “descuerna” defendiendo su idea; es una clara animalización para desvalorizar su actitud. Esta animalización ya se había constatado con “embisten”, tratando a las personas acríticas de toros ciegos. El yo poético lamenta la falta de pensamiento político o filosófico personal por parte de las personas. 

XXV

Las abejas de las flores

sacan miel, y melodía

del amor, los ruiseñores;

Dante y yo —perdón, señores—

trocamos —perdón, Lucía—,

el amor en Teología.

Exégesis

Tema: es importante transformar el amor o los impulsos positivos en algo útil y práctico, sin perderse en divagaciones estériles.

Aspectos métricos: el poema está formado por seis versos octosílabos; riman en consonante: a,b,a,a,b,b. Estamos ante una sextilla (distinto de la sextina).

Rasgos estilísticos: este es un poema original, con un tono dialógico y humorístico bien visible. El yo poético se dirige a los oyentes graves, algo enfadados (los trata de “señores”) y a “Lucía”, la mujer que ama, pidiéndoles perdón por transformar el amor en elucubraciones o teologías improductivas que no conducen a nada. Se establece un vivo contraste entre las abejas y los ruiseñores, por un lado, y “Dante y yo”, por el otro. 

El yo poético introduce al gran poeta renacentista italiano para justificar el cambio del amor en filosofía religiosa. La repetición paralelística, en interpolación de los versos 4 y 5 es magnífica. Introduce humor, cierta ironía satírica y divertida; se transforma en humor; por supuesto, el yo poético se ríe de sí mismo. El conjunto de la composición es equilibrado y muy connotativo; el tono oscila entre la diversión y la reflexión, no exenta de cierta gravedad.

XXVI

Poned sobre los campos

un carbonero, un sabio y un poeta.

Veréis cómo el poeta admira y calla,

el sabio mira y piensa…

Seguramente, el carbonero busca

las moras o las setas.

Llevadlos al teatro

y sólo el carbonero no bosteza.

Quien prefiere lo vivo a lo pintado

es el hombre que piensa, canta o sueña.

El carbonero tiene

llena de fantasías la cabeza.

Exégesis

Tema: para contemplar la belleza natural hay que mantener ante ella una actitud reflexiva, silenciosa y poética.

Aspectos métricos: los doce versos alternan entre heptasílabos y endecasílabos; riman en asonante los pares, quedando los impares libres. El conjunto forma una silva romanceada.

Rasgos estilísticos: este delicioso poema funciona a través de los ejemplos, como si hubiera extraído de un “milagro” de Gonzalo de Berceo. Casi es una parábola porque ofrece un relato ejemplificador y didáctico. Cuenta una pequeña historia en dos partes; en la primera, “un carbonero, un sabio y un poeta” están en el campo; en la segunda, se hallan en el teatro. Lo importante son las reacciones de cada uno de ellos; el carbonero hace cosas, como buscar alimentos; el sabio y el poeta observan, aprenden y admiran. En el teatro, el primero se divierte porque piensa que la fantasía es verdadera, en tanto que los otros dos se aburren. El corolario no aparece al final, sino en los versos 9-10: “Quien prefiere lo vivo a lo pintado / es el hombre que piensa, canta o sueña”. 

El poema funciona como una invitación a la actitud reflexiva y contemplativa de las cosas verdaderas, para comprender su verdad y admirarla. La impostación y la farsa son divertidas, pero no esclarecen la verdad de la realidad. El poema está muy elaborado: paralelismos (como el creado con “el carbonero”), una antítesis u oxímoron (campo / teatro, oficios intelectuales / manuales, etc.) que recorre todo el poema aporta viveza contrastiva, las enumeraciones, la suspensión, las bimembraciones y las metáforas (“fantasías de la cabeza”) jalonan un texto absolutamente perfecto y de alta factura poética.

XXVII

¿Dónde está la utilidad

de nuestras utilidades?

Volvamos a la verdad:

vanidad de vanidades.

Exégesis

Tema: la vida, bien mirado, es tan fugaz como incomprensible, que finaliza con la muerte.

Aspectos métricos: el poema consta de cuatro versos octosílabos con rima consonante a,b,a,b;  forman una cuarteta.

Rasgos estilísticos: el poema es muy sintético y apretado, pues la elipsis, repetida, comprime extraordinariamente la significación. La interrogación retórica que abre el poema, y que ocupa la primera mitad, nos advierte que pensamos que todo lo que hacemos tiene una “utilidad”. Sin embargo, la cruda realidad es que la existencia es solo “vanidad de vanidades”. Todo es fugaz, fútil y transitorio, pues ante la muerte todos hemos de rendirnos. Eso implica que debemos priorizar lo importante y dejar a un lado las tonterías, diversiones, bagatelas y otras nimiedades. 

El contenido filósofico-moral del poema es muy denso y explícito. Los verbos en primera persona del plural, con una clara carga de advertencia, nos apostrofa a una vida consistente y centrada en los valores serios, aunque el yo poético no los enumera.

XXVIII

Todo hombre tiene dos

batallas que pelear:

en sueños lucha con Dios;

y despierto, con el mar.

Exégesis

Tema: la vida exige librar un permanente combate para esclarecer los auténticos valores religiosos y materiales que nos rodean.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos (con su correspondiente suma de una sílaba en cada uno de ellos, por acabar en palabra aguda) riman en consonante a,b,a,b; forman, pues, una cuarteta.

Rasgos estilísticos: este proverbio es muy metafórico. Las “batallas” son los problemas materiales y espirituales que rodean la existencia del hombre; “pelear” significa empeñarse en discernir lo verdadero de lo falso. “En sueños” indica la poca consistencia de nuestra realidad. “Dios” se refiere a los valores espirituales o religiosos. “Despierto” sugiere el momento de máxima lucidez. “Mar” señala los aspectos materiales y concretos de la existencia. El conjunto forma una bella alegoría, con un fuerte carácter admonitorio o de advertencia: no podemos escapar a nuestra condición humana, basada en la complejidad y la incertidumbre de nuestra existencia.

XXIX

Al andar se hace camino

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,

sino estelas en la mar.

Caminante, son tus huellas

el camino, y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Exégesis

Tema: la trayectoria vital de cada persona es incierta e imprevisible, pues la única certeza es lo que realmente hemos avanzado últimamente.

Aspectos métricos:  los diez versos octosílabos de este célebre poema riman en asonante los pares, quedando lo impares libres; forman un romance.

Rasgos estilísticos: Este es el proverbio más célebre del conjunto. En efecto, su realización es muy feliz porque el conjunto resulta armónico y equilibrado. Se trata de una advertencia al “caminante”, metonimia o metáfora del ser humano, para que considere que su vida consiste en completar la trayectoria de un camino confuso, incierto y evanescente, por mar o por tierra. No hay lugar para certezas, sino para incertidumbres y tentativas. Nuestra obligación es avanzar, pues así “se hace camino al andar”, como expresa el verso final. Es un poema muy alegórico (de donde procede, seguramente, parte de su popularidad). “Camino” y “senda” nse identifica con la ruta existencial de cada uno de nosotros. 

En el mismo sentido operan “estelas” y “huellas”. La repetición y derivación de “camino”, “caminante” y “caminar” refuerzan la idea del conjunto de que la vida es, bien mirado, una peregrinación a ciegas. El yo poético advierte a ese caminante para que comprenda esta realidad y se anime a continuar su andadura con perseverancia y buen ánimo, pues solo la muerte nos detendrá. También posee una dimensión optimista el texto, pues nos advierte que nada está escrito sobre nuestro destino, todo el futuro está ahí, aguardando al caminante intrépido. El conjunto conforma un formidable poema, hermoso, equilibrado en forma y fondo y muy connotativo para el lector. Su musicalidad es extrema.

XXX

El que espera desespera,

dice la voz popular.

¡Qué verdad tan verdadera!

La verdad es lo que es,

y sigue siendo verdad

aunque se piense al revés.

Exégesis

Tema: hemos de admitir la verdad de las cosas, aunque no nos guste, pues al final, se impondrán nuestras trampas o autoengaños.

Aspectos métricos: los seis versos octosílabos riman: aba, cbc; es decir, forman dos tercerillas.

Rasgos estilísticos: este cantar (el aire popular se percibe claramente) glosa un dicho popular, que el yo poético da por bueno, cual es que el que aguarda algo impacientemente, apenas puede controlar su ansiedad.  La palabra “verdad” se repite tres veces, de donde deducimos dónde se encuentra el meollo significativo del poema. Se trata de un exhorto a que convivamos con la realidad verdadera, aunque a veces resulte dura o exasperante. Es mejor aliarse con ella que tenerla como enemiga, pues todo sería falsedad. El poema tiene sus dosis de tautología, repeticiones y obviedades, pero expresadas con gran frescura y musicalidad. Es un bello y delicioso poema.

XXXI

Corazón, ayer sonoro,

¿ya no suena

tu monedilla de oro?

Tu alcancía,

antes que el tiempo la rompa,

¿se irá quedando vacía?

Confiemos

en que no será verdad

nada de lo que sabemos.

Exégesis

Tema: La ignorancia sobre el destino del hombre genera angustia, pues nuestras ilusiones se agostan y la muerte lo destruirá todo, aunque acaso nuestros augurios no se cumplan.

Aspectos métricos: los nueve versos son octosílabos o tetrasílabos; por la rima, forman tres tercetos sucesivos (aba, cdc, eff).

Rasgos compositivos: ahora estamos ante otro poema pesimista y oscuro. El yo poético se dirige al corazón y lo interroga sobre sus antiguas ilusiones y esperanzas (son las “monedillas de oro”). Los tesoros de felicidad y alegría, guardados en la hucha (“alcancía”), puede que se pierdan o se esfumen con el paso del tiempo. El yo poético desea, paradójicamente, que lo que conocemos sea todo mentira. Es decir, lo mejor que nos puede pasar es que sean falsos los negros augurios que la razón dicta sobre la extinción de la existencia con el fin de la vida. Es un modo de no caer en el pesimismo vital. Las dos interrogaciones retóricas  y la paradoja final imprimen un tono de angustia a duras penas atenuado en el terceto final.

XXXII

¡Oh fe del meditabundo!

¡Oh fe después del pensar!

Sólo si viene un corazón al mundo

rebosa el vaso humano y se hincha el mar.

Exégesis

Tema: Los sentimientos y esperanzas nos hacen seguir hacia adelante, insuflando fuerza a la fe tambaleante.

Aspectos métricos: los dos primeros versos son octosílabos; los dos últimos, endecasílabos. Riman en consonante a,b,A,B, formando una suerte de serventesio.

Rasgos compositivos: Los dos primeros versos son exclamaciones retóricas, con anáfora y paralelismo en su interior, en los que se expresa la insuficiencia de la fe para empujar al hombre a un destino apetecible. Ha de llegar la pasión y la ilusión (“corazón al mundo”) para que completen la fe (“rebosa el vaso humano”) y navegar con esperanza hacia lugares más venturosos (“se hincha el mar”). 

Estamos ante un poema muy reconcentrado, con algo de alegórico, pues se trata de una reflexión sobre el mejor modo de vivir con plenitud. No se debe obviar el sentido religioso del proverbio. La eficacia de los recursos literarios es altísima, expandiendo la significación notablemente.

XXXIII

Soñé a Dios como una fragua

de fuego, que ablanda el hierro,

como un forjador de espadas,

como un bruñidor de aceros,

que iba firmando en las hojas

de luz: Libertad. — Imperio.

Exégesis

Tema: La figura de Dios ha servido para liberar a los hombres, pero también para esclavizarlos, pues se ha utilizado para justificar el poder político.

Aspectos métricos: Los seis versos octosílabos forman una sextilla (a,b,a, b,c,b).

Rasgos compositivos: Este poema posee una fuerte carga reflexiva y crítica sobre la creencia religiosa. El poema es un sueño que ha tenido el yo lírico; su consistencia, entonces, es débil y borrosa. Realiza un símil de Dios con un herrero que forja armas, en cuyas hojas puras (“de luz”), igual pueden servir para realizar actos nobles (Libertad”), u opresivos (“Imperio”). 

La idea de Dios, que puede que no pase de mera quimera onírica empuja a actos beneficiosos, como el de obtener la liberación; o puede que empuja a la comisión de hechos perjudiciales y hasta criminales, como el sometimiento de otros pueblos para crear estructuras políticas inmensas. El poema es simbólico y deliberadamente ambiguo. Acaso el yo poético nos desea transmitir sus dudas y pesimismo sobre el uso de la religión por las personas a lo largo de la historia.

XXXIV

Yo amo a Jesús, que nos dijo:

Cielo y tierra pasarán.

Cuando cielo y tierra pasen

mi palabra quedará.

¿Cuál fue, Jesús, tu palabra?

¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?

Todas tus palabras fueron

una palabra: Velad.

Exégesis

Tema: El yo lírico elige un Jesús compasivo que invita a estar alerta y concentrarse en el final: la muerte.

Aspectos métricos: los ocho versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres. Forman un romance.

Rasgos compositivos: Este poema es muy subjetivo e intimista. El yo poético anhela creer en un Jesucristo compasivo y amoroso, además de bondadoso. Pero tiene dudas que lo atenazan. Lo angustia el hecho de que al final todo quede en un permanente estado de zozobra para el yo poético, donde parece que se le consume la vida. Existe una antítesis de significación, más que de palabras, entre la visión de un Jesucristo piadoso frente a otra de un Jesucristo más bien amenazante, acaso intimidatorio. 

El yo poético declara sus angustias religiosas más profundas, que lo acongoja. El verso 7 (“¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?”) es de una tremenda eficacia expresiva. Se reúnen elipsis y paralelismos para transmitir todo el mar de fondo oscuro que arrastra el yo poético. La repetición de “palabra” tres veces también nos comunica muy bien el sentido comunicativo de la religión cristiana y su problemática consistencia, al menos para el yo poético.

XXXV

Hay dos modos de conciencia:

una es luz, y otra, paciencia.

Una estriba en alumbrar

un poquito el hondo mar;

otra, en hacer penitencia

con caña o red, y esperar

el pez, como pescador.

Dime tú: ¿Cuál es mejor?

¿Conciencia de visionario

que mira en el hondo acuario

peces vivos,

fugitivos,

que no se pueden pescar,

o esa maldita faena

de ir arrojando a la arena,

muertos, los peces del mar?

Exégesis

Tema: Una actitud existencial pasiva y contemplativa es tan poco satisfactoria como otra activa, agresiva y depredatoria, pues ninguna aporta felicidad.

Aspectos métricos: el poema está compuesto por una tirada de versos octosílabos (excepto dos tetrasílabos). La rima, generalmente consonante, es: aa, bb,ab, cc,dd, ee,beeb; se suceden pareados y se cierra con una redondilla.

Rasgos compositivos: Estamos ante un poema de tono existencial e interpelante. El yo poético se dirige a un “tú” para que le aclare qué actitud vital es mejor, la contemplativa y pasiva (metaforizada en la “paciencia”), o la activa e industriosa (metaforizada en “luz”). Estamos ante un poema muy alegórico. 

El conjunto de las metáforas nos remiten a dos actitudes vitales ante la vida, metaforizada en el mar y los peces que en él habitan; contemplarlos o cazarlos son las dos metáforas de las dos actitudes posibles. La oración interrogativa final, que ocupa  los ocho versos de cierre, expresan esa larga angustia del yo poético sobre sus dudas existenciales, de orden filosófico y, casi, religioso. La apóstrofe dirigida al oyente, o a un interlocutor oculto, muestran la angustia del yo poético y, de algún modo, interpelan al lector para que responda a esa duda del yo poético.

XXXVI

Fe empirista. Ni somos ni seremos.

Todo nuestro vivir es emprestado.

Nada trajimos; nada llevaremos.

Exégesis

Tema: La vida carece de consistencia y hemos de aceptar que nacemos y morimos sin nada, abandonados.

Aspectos métricos: los tres versos endecasílabos del poema riman en consonante formando un terceto (ABA).

Rasgos compositivos: El poema presenta un cariz flosófico y religioso muy profundo. Plantea una paradoja inicial a través del sintagma “Fe empirista”; si es fe, malamente puede ser demostrada por hechos comprobables. Es una metáfora de la existencia humana, que luego desarrolla en los siguientes versos con cuatro oraciones muy breves (constan de sujeto y predicado, o un complemento directo en el último verso. El poema es pesimista y amargo, pues constata la falta de horizonte transcendente para el ser humano. Los verbos en primera persona del plural expresan muy bien la realidad de que lo descrito nos afecta a todos, sin excepción. La antítesis del verso final, entre traer / llevar, expresa muy bien el círculo cerrado y fatal de la vida humana. La nada se impone como horizonte mortal y último. 

XXXVII

¿Dices que nada se crea?

No te importe, con el barro

de la tierra, haz una copa

para que beba tu hermano.

Exégesis

Tema: Exhortación a abandonar el pesimismo elucubrativo y hacer o construir realidades útiles para el prójimo.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; es un romance, o también una cuarteta.

Rasgos compositivos: El poema apostrofa a un tú imaginario, acaso el propio lector, para que actúe y haga cosas, descartando el pesimismo paralizante. Comienza con una interrogación retórica y siguen dos verbos en forma imperativa. Es claro el deseo interpelante del yo poético. Llama a ese tú ficticio a hacer cosas que sean buenas para los demás. En este sentido, llama a la solidaridad y bondad entre los hombres como un buen camino para dotar de sentido a la vida. El hombre es creativo y creador, y haría bien en dirigir esa cualidad en la ayuda a los demás. 

XXXVIII

¿Dices que nada se crea?

Alfarero, a tus cacharros.

Haz tu copa y no te importe

si no puedes hacer barro.

Exégesis

Tema: exhortación a la acción, a hacer cosas, sin detenerse en elucubraciones inútiles y paralizantes.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance o cuarteta.

Rasgos compositivos: el primer verso de este poema es el mismo del anterior. El sentido del poema también es exactamente el mismo; incluso se repite la estrofa en á-o. Realiza una metonimia del ser humano como un “alfarero” que hace “cacharros”, es decir, hace cosas para el servicio de los demás, aunque parezcan humildes. Anima a no perder el tiempo en elucubraciones o quimeras imposibles. El “barro” ya viene hecho y no hay por qué perder el tiempo en tratar de elaborarlo. Tenemos que trabajar con lo que tenemos, para avanzar con certezas. El tono animoso e interpelante del poema es firme y persistente a lo largo de sus versos; los dos versos en forma imperativa refuerzan esta idea invocatoria.

XXXIX

Dicen que el ave divina,

trocada en pobre gallina,

por obra de las tijeras

de aquel sabio profesor

(fue Kant un esquilador

de las aves altaneras;

toda su filosofía,

un sport de cetrería),

dicen que quiere saltar

las tapias del corralón,

y volar

otra vez, hacia Platón.

iHurra! ¡Sea!

¡Feliz será quien lo vea!

Exégesis

Tema: aunque existen impulsos por retomar el idealismo, el materialismo prosaico inunda nuestras vidas de modo definitivo.

Aspectos métricos: el poema está formado por catorce versos octosílabos (excepto dos tetrasílabos, cerca del final). Riman: aa, bccb, dd. efef, gg; son, pues: pareado, redondilla, pareado, cuarteta y pareado.

Rasgos compositivos: este poema es irónico y humorístico; son pocos los proverbios de esta naturaleza. Kant y Platón, metonímica o antonomásicamente, son los representantes de la filosofía idealista. La presenta con la metáfora del “ave divina”, transformada en “gallina”, animal doméstico y humilde, es decir, algo vulgar y de poco valor. Ahora, la filosofía desea volver al campo de las ideas puras (la gallina “icen que quiere saltar / las tapias del corralón”), pero el yo poético lo duda, aunque le gustaría que fuera así. Cierra el poema con una exclamación que es irónica: nadie verá eso, porque es imposible. 

Existe una ironía humorística de fondo muy interesante, presentando la filosofía idealista como una simple gallina que vive en un “corralón”, que es el mundo. También se incrementa el humor presentando al filósofo Kant como un “esquilador”, pero no de ovejas, sino de ideas. Todo en el poema es festivo, pero con un fondo amargo. La interpretación es algo ambigua, pero creemos que avanza hacia el pesimismo del yo poético sobre la superación del prosaísmo omnipresente en su mundo.

XL

Sí, cada uno y todos sobre la tierra iguales:

el ómnibus que arrastran dos pencos matalones,

por el camino, a tumbos, hacia las estaciones,

el ómnibus completo de viajeros banales,

y en medio un hombre mudo, hipocondríaco, austero,

a quien se cuentan cosas y a quien se ofrece vino…

y allá, cuando se llegue, ¿descenderá un viajero

no más? ¿O habránse todos quedado en el camino?

Exégesis

Tema: la vulgaridad y la presión social hacen que todos los hombres sucumban y abandonen sus ideas e ilusiones.

Aspectos métricos: los ocho versos alejandrino del poema riman en consonante ABBA, CDCD, es decir, forman un cuarteto y un serventesio en alejandrinos.

Rasgos compositivos: El poema es simbólico y alegórico en altas dosis. Su tono es reflexivo y pesimista. Presenta la vida como un viaje en un “ómnibus que arrastran dos pencos matalones” (dos caballos flacos y con mataduras o heridas por el roce). Entre todos los viajeros hay uno que busca el sentido de ese viaje; es un hombre silencioso, miedoso y sobrio en sus costumbres. 

Los inanes acompañantes (“viajeros banales”) le hablarán y lo invitarán a ciertos placeres que pueden enviciarlo o desviarlo de sus nobles intenciones iniciales. Tras una suspensión que refleja las incertidumbres del viaje, el yo poético se pregunta si llegará al final de su trayecto con sus virtudes, o se habrá envilecido con todos los demás. “Quedar en el camino”, en el verso final, es metáfora del fracaso existencial. La respuesta queda abierta.

XLI

Bueno es saber que los vasos

nos sirven para beber;

lo malo es que no sabemos

para qué sirve la sed.

Exégesis

Tema: el hombre está dominado por la ansiedad amarga de no saber la razón última de su vida.

Aspectos métricos: los cuatro versos del poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también una cuarteta.

Rasgos compositivos: de nuevo estamos ante una composición de naturaleza existencial, con un tono sombrío. En torno a la sed y los vasos, usados metafóricamente, el yo poético lamenta nuestra ignorancia sobre la razón profunda del origen de las cosas. La antítesis bueno / malo imprime expresividad; el verbo en primera persona del plural envuelve a todas las personas en la reflexión poética, dándole un alcance universal, digamos. “Sed” es metáfora de las acciones y hechos que el hombre no puede explicar, aunque lo intente. 

XLII

¿Dices que nada se pierde?

Si esta copa de cristal

se me rompe, nunca en ella

beberé, nunca jamás.

Exégesis

Tema: hay cosas, personas o momentos que pasan y desaparecen para siempre, sin posibilidad de recuperarlo.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: el poema se abre con una interrogación retórica dirigida a un tú ausente; puede ser el propio lector. Lo interpela con énfasis. Luego utiliza la ejemplificación como medio de expresar que muchas cosas sí se pierden para siempre, sobre todo las que desaparecen con violencia, como la copa de cristal que se rompe. La repetición de la palabra “nunca” expresa muy bien la irreversibilidad de las pérdidas. 

El poema presenta un tono asertivo evidente; sin caer en el énfasis, insiste en la fatalidad de la desaparición de cosas queridas. Estamos ante un texto equilibrado y armónico; su originalidad radica en el tono dialógico, en la presencia de un tú que mantiene la interlocución parcial y en el empleo de la ejemplificación como recurso expresivo.

XLIII

Dices que nada se pierde

y acaso dices verdad,

pero todo lo perdemos

y todo nos perderá.

Exégesis

Tema: la vida es una sucesión de pérdidas, incluida la de nosotros mismos, pues estamos abocados a la muerte.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: el primer verso es el mismo que el del proverbio anterior; lo que antes era interrogativo, ahora es enunciativo; el yo poético admite que acaso ciertas cosas permanezcan con el hombre, a lo largo de su vida. Sin embargo, en el futuro, “todo lo perdemos”, nada nos acompañará. Y en un hermoso juego de palabras, con paralelismo, remacha que la propia vida, el tiempo y las circunstancias acabarán con nosotros, pues estamos destinados a la muerte. 

El verbo “perderse”, conjugado en distintas formas, se repite tres veces, señal inequívoca del centro semántico del poema: la aniquilación de todo y de nosotros mismo. El verbo en primera persona del plural dota al poema de una intención generalista en el que todos nosotros estamos involucrados, sin excepción. El tono es pesimista y melancólico.

XLIV

Todo pasa y todo queda,

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,

caminos sobre la mar.

Exégesis

Tema: la vida coincide con el recorrido de un camino incierto, peligroso y efímero.

Aspectos métricos: como ya hemos visto en muchos proverbios, la estrofa está formada por cuatro versos octosílabos, con rima asonante en los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: este bellísimo poema de carácter existencial es de tono sombrío y melancólico. En el primer verso el yo poético plantea una paradoja, formando un bello paralelismo, con anáfora: “todo pasa y todo queda”. Se deshace la paradoja en el segundo verso, en el que ya se afirma que nosotros estamos de tránsito, sin paradas. Avanzamos “haciendo caminos”, metáfora de la actividad dinámica y en progreso del hombre. Hasta aquí, todo bien. Pero el último verso, aunque algo ambiguo, sepulta cualquier esperanza: “caminos sobre la mar”, es decir, senderos efímeros, breves y pronto sepultados por la siguiente ola que desfigura y destruye lo anterior para siempre. 

Nuestras sendas son efímeras; nuestras huellas, breves; nuestro pasar, sencillamente, irrelevante para el mundo. La concatenación o anadiplosis de “pasar” en los versos 2-3 y de “caminos” entre los versos 3-4 expresa muy bien que la vida es un camino al que estamos compelidos a crear y caminar desde el mismo momento de nacer; pero recién dado un paso, así queda destruido el anterior. Como se ve, la angustia vital de la fugacidad e insustancialidad de la vida pesan enormemente en este breve y sentencioso poema, muy justamente alabado.

XLV

Morir… ¿Caer como gota

de mar en el mar inmenso?

¿O ser lo que nunca he sido:

uno, sin sombra y sin sueño,

un solitario que avanza,

sin camino y sin espejo?

Exégesis

Tema: la incertidumbre de la muerte frustra la propia vida, pues ignoramos qué hay después de la vida terrenal.

Aspectos métricos: los versos octosílabos del poema riman en asonante los versos pares, quedando los impares libres; forman un romance.

Rasgos compositivos: la construcción del poema es original y sorprendente. La primera oración está formada por un infinitivo, “morir”, seguida de una suspensión; declara muy bien la incertidumbre de su significado. El yo poético plantea dos hipótesis, a cual más siniestra, a través de dos oraciones interrogativas. En la primera, a través de un símil, compara la muerte con la disolución en la nada, “como gota / de mar en el mar inmenso”. La repetición de “mar” expresa la inmensidad e irreversibilidad de la muerte. 

La otra opción no es mucho mejor: el hombre sobrevive, pero como un zombi, alguien sin entidad ni ilusiones, lo que expresa a través de dos metáforas, “sin sombra y sin sueño”. Además, condenado a la soledad más rigurosa, sin rumbo y sin capacidad de reflexión; la terrible metáfora “sin camino y sin espejo” lo expresa trágicamente. Las dos hipótesis se plantean en sendas oraciones interrogativas, es decir, ni siquiera poseemos la certeza de ellas. El tono negro y siniestro de este proverbio nos muestra al Machado más angustiado por la muerte. 

XLVI

Anoche soñé que oía

a Dios, gritándome: ¡Alerta!

Luego era Dios quien dormía,

y yo gritaba: ¡Despierta!

Exégesis

Tema: la divinidad no responde a las llamadas urgentes del hombre para que lo acompañe en su travesía vital.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en consonante el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto (abab). Forman, pues, una cuarteta.

Rasgos compositivos: el yo poético plantea un sueño, es decir, la realidad de lo que cuenta es dudosa. Plantea la angustia religiosa de querer creer en Dios y no poder, de pedir ayuda y calor y no recibirlo, de buscar una comunicación con la divinidad y no encontrarla. El yo poético muestra su rabia y decepción por no poder contactar con Dios, a pesar de sus esfuerzos. 

El tono es áspero pues no hablan, sino que gritan, muestra del enfado angustioso, la angustia irremediable de querer encontrar a un Dios que parece sordo a sus súplicas. Estamos ante un duro y terrible poema de un Machado que quiere creer, pero apenas lo logra. El poema es alegórico y se presenta como una experiencia onírica, lo cual es signo en sí mismo de la brumosa realidad que describe y de la dudosa calidad de la experiencia.

XLVII

Cuatro cosas tiene el hombre

que no sirven en la mar:

ancla, gobernalle y remos,

y miedo de naufragar.

Exégesis

Tema: el temor al fracaso limita la persecución de los sueños e ilusiones.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; estamos ante un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: De nuevo el yo poético reflexiona sobre la trayectoria vital de los hombres; y lo hace estableciendo una analogía con el mundo marinero, que tanto gusta a Machado. Para realizar correctamente la travesía de la vida, que es como la de un marinero, hay cuatro cosas que no son necesarias: el ancla (metáfora de que la vida nunca se va a detener aunque queramos), el gobernalle (o timón, imagen de que las turbulencias y asaltos del camino nos llevarán por donde quieran, independientemente de nuestra voluntad), lo remos (por mucho que luchemos, avanzaremos por la ruta más inesperada) y el miedo a naufragar (es casi seguro que cosechemos varios fracasos, así que lo mejor es asumirlos sin temor). 

El conjunto es muy alegórico, pues todas las metáforas giran en torno al mundo marinero como reflejo de la vida real. Por otro lado, el carácter sentencioso de este proverbio es claro y firme, sin ese tono sombrío bastante frecuente.

XLVIII

Mirando mi calavera

un nuevo Hamlet dirá:

He aquí un lindo fósil de una

careta de carnaval.

Exégesis

Tema: la vida del hombre no pasa de ser una farsa más o menos amable o divertida.

Aspectos métricos: Los cuatro versos octosílabos del poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: el yo poético reflexiona sobre el aspecto carnavalesco de la existencia. Acaso no representemos más que una burda obra tragicómica, sin ser conscientes de ello. El poema posee un tono lúgubre y funesto, pues el yo poético ya se ve muerto; de él solo queda su calavera, metonimia de su paso fugaz por el mundo. De nuevo Machado incide en lo absurdo e inextricable de la vida del hombre. No sabemos de dónde venimos, a dónde vamos y qué hacemos aquí. La alusión intertextual a Hamlet dota de profundidad cultural al proverbio.

XLIX

Ya noto, al paso que me torno viejo

que en el inmenso espejo,

donde orgulloso me miraba un día,

era el azogue lo que yo ponía.

Al espejo del fondo de mi casa

una mano fatal

va rayendo el azogue, y todo pasa

por él como la luz por el cristal.

Exégesis

Tema: el paso del tiempo nos manda a la vejez, aunque en la juventud creamos, como en un espejismo, que nunca se acabará nuestra vitalidad. 

Aspectos métricos: el poema está formado por siete versos endecasílabos y uno heptasílabo (el penúltimo); lo conforman dos pareados y una cuarteta (aa, bb, cdcd).

Rasgos compositivos: el poema es muy subjetivo, aunque el cierre tiene un alcance más generalista. La palabra “yo” aparece en el cuarto verso, pero antes, los verbos conjugados en primera persona declaran la confesión intimista del yo poético. El espejo forma la metáfora central, personificada en varias ocasiones. El yo poético admite que se hace “viejo”; deduce que se vio lozano un día, pero ahora comprende que fue solo un acto de voluntarismo manipulando el “azogue” (mercurio) con que se hace el espejo. 

Ahora, en el presente poético, una “mano fatal” (metáfora del paso del tiempo, la muerte incluso) va “rayendo” ese azogue; es el destino que actúa implacable. Cuando se mira en su presente de persona mayor, ya no se ve, ni se reconoce, pues el espejo es solo un cristal transparente por el que pasa la luz como por un cristal normal y corriente. El tono existencial y angustioso del poema está muy marcado. La subjetividad también delinea todo el poema, mostrando un estado espiritual del yo poético de zozobra y angustia. 

L

Nuestro español bosteza.

¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?

Doctor, ¿tendrá el estómago vacío!

—El vacío es más en la cabeza.

Exégesis

Tema: el hombre español común se aburre de la vida porque carece de profundidad intelectual para realizar un buen proyecto vital con su vida.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en consonante el primero cuarto y el segundo con el tercero (abba); forman una redondilla.

Rasgos compositivos: este poema es de carácter cívico y social. Su composición es muy inteligente y cuidadosa. El determinante “Nuestro” nos incluye a todos nosotros como involucrados en la acción poética. La disposición dialógica también imprime un tono dinámico y sarcástico al poema. 

El yo poético pregunta a un doctor si la causa del bostezo, metonimia del abatamiento, procede del hambre, el sueño o cansancio, o el hastío o aburrimiento. La respuesta del doctor, su interlocutor, sarcástica y cruel, aclara que no se trata de ninguna de esas causas, sino que procede del “vacío”, es decir, falta de proyecto vital, del individuo medio. Es un poema pesimista y amargo; el yo poético no cree que el español medio tenga gran profundidad intelectual o existencial, por eso muestra una actitud como de aburrimiento. Aquí aparece el Machado más comprometido con la sociedad de su tiempo; muestra una actitud cívica de compromiso; señala los defectos del ciudadano común y apunta una solución: hay que pensar más y tomarse la vida con más compromiso personal.  

LI

Luz del alma, luz divina,

faro, antorcha, estrella, sol…

Un hombre a tientas camina;

lleva a la espalda un farol.

Exégesis

Tema: tendemos a creer que avanzamos por la vida iluminados por nuestras creencias o ilusiones, pero es todo engaño, pues caminamos en la oscuridad.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en consonante el primero con el tercero y el segundo con el cuarto (abab); forman una hermosa cuarteta.

Rasgos compositivos: Este poema es muy intenso, bello y, sin embargo, amargo y triste. El poema es muy sintético en su disposición verbal. Los dos primeros versos desarrollan la metáfora de que nuestras creencias y esperanzas (“luz del alma, luz divina”) arrojan suficiente claridad para avanzar por la vida con certezas. Esas convicciones funcionan como una guía infalible (lo desarrolla en cuatro metáforas: “faro, antorcha, estrella, sol”, en el segundo verso); son muy rimbombantes, pero no funcionan, como anuncia la suspensión con que se cierra ese verso. En el tercer verso se presenta una imagen de un hombre caminando en la oscuridad; no ve, aunque lleva luz. 

El último verso aclara la imagen anterior y todo el poema: “lleva a la espalda un farol”. Aunque crea que lo acompaña la claridad suficiente para avanzar, en realidad, si existe algo de luz, es como si fuera un farol colgado en nuestra espalda: no nos deja ver lo que hay delante, solo vislumbrar los peligros. El poema es muy alegórico y bellísimo en su composición. En los dos primeros versos no existe ningún verbo, lo que comprime enormemente el sentido general. E los dos versos siguientes no se explican las metáforas, sino que se ofrece otra más que, tras la lectura, dota de sentido al conjunto. No existen “luces” espirituales o religiosas que marquen nuestro camino, solo pequeñas luminosidades que solo permiten entrever algo nuestro camino “a tientas”. Esa es la vida del hombre; lo demás no pasa de un autoengaño más o menos amable.

LII

Discutiendo están dos mozos

si a la fiesta del lugar

irán por la carretera

o campo a traviesa irán.

Discutiendo y disputando

empiezan a pelear.

Ya con las trancas de pino

furiosos golpes se dan;

ya se tiran de las barbas,

que se las quieren pelar.

Ha pasado un carretero,

que va cantando un cantar:

«Romero, para ir a, Roma,

lo que importa es caminar;

a Roma por todas partes,

por todas partes se va.»

Exégesis

Tema: no es inteligente perderse en los detalles o disputas que alejan o impiden definitivamente alcanzar las metas.

Aspectos métricos: los dieciséis versos octosílabos de este poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance.

Rasgos compositivos: este poema es de intención moral y parabólica. Cuenta una historia con una intención didáctica y ética. La historia de dos jóvenes que se pelean fieramente sobre el camino a elegir para ir de fiesta desea mostrar la estulticia de ambos protagonistas. El carretero que pasa cantando una canción ofreciendo una moraleja a ambos actúa como el hombre sabio y discreto que los alecciona sobre su error, para que escarmienten en el futuro. Lo importante es llegar al destino, o alcanzar el fin; no importa tanto los caminos que llevan a él; es un asunto secundario que no debe hacer perder ni el tiempo, ni las energías. El recurso esencial del poema es la repetición, dispuesta en paralelismos, anáforas, y concatenaciones. 

La primera es la del verbo “discutir”; la segunda, “irán”; la tercera, “ya; y la quinta y última, “por todas partes”. Si se observa su contenido, imprimen dinamicidad y simultaneidad; aumentan el dramatismo de la escena planteada y su expresividad. Su aportación a la eficacia comunicativa es muy alta. “Furiosos” aplicado a “golpes”, además de su valor epíteto, o gracias a él, insisten en la idea de la violencia gratuita. El aire a romance viejo, gracias a las fórmulas de repetición tradicionales, declaran la intención de Machado (no aparece el yo poético en esta composición) de acogerse a una estructura tradicional para insistir en la necesidad del diálogo y la importancia de concentrarse en los objetivos, dejando a un lado los medios.

LIII

Ya hay un español que quiere

vivir y a vivir empieza,

entre una España que muere

y otra España que bosteza.

Españolito que vienes

al mundo, te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.

Exégesis

Tema: España es un país tan cainita que, se adopte la posición política y social que sea, será enemigo de media España, que le hará sufrir, e incluso aniquilar.

Aspectos métricos: los ocho versos octosílabos del poema riman: abab, acdc; los cuatro primeros versos forman una cuarteta; el quinto verso actúa como de vuelta; los tres últimos forman una terceta.

Rasgos compositivos: este celebérrimo poema es de naturaleza cívica. En la primera parte, el yo poético describe la situación general de España; la divide en dos bloque: la “que muere”, es decir, la arcaica, perezosa, conservadora e inmovilista; y la “que bosteza”, esto es, la indolente, vaga y aburrida de la vida, sin curiosidad ni interés por mejorar. Ambas, como se ve, son lamentables. Los paralelismos y repeticiones (“vivir”, por ejemplo) son muy eficaces comunicativamente considerado. 

En la segunda parte del poema, el yo poético se dirige directamente al nuevo ciudadano de España que se inicia en la vida; lo denomina “españolito”, entre la conmiseración y el desprecio. Lo apostrofa para que tenga suerte y reciba la ayuda de Dios porque una de las dos Españas descritas arriba lo aniquilará. “Helarte el corazón” es una expresión con enorme fuerza metafórica; no se trata solo de eliminar a alguien, sino de infligir dolor agudo. El tono es sombrío y pesimista; nos muestra a un Machado desalentado ante la situación socio cultural de España, sumida en el marasmo o la irresponsabilidad. En el fondo, se trata de una advertencia no dirigida solo al desdichado “españolito”, sino a la nación entera, para que reacciona y recupere un rumbo moral y cultural que parece perdido.

Antonio Machado: sección “Proverbios y cantares”, en Campos de Castilla (1912).

II. PROPUESTA DIDÁCTICA PARA EL CONJUNTO DE LOS “PROVERBIOS Y CANTARES”

(Estas actividades se pueden realizar en clase o en casa; de forma oral o escrita; de modo individual o en grupo. La ayuda de los herramientas TIC puede ser interesante. La plantilla de actividades se puede aplicar a un poema o a varios; el profesor puede modificar o introducir nuevas cuestiones, según el texto poético seleccionado).

2.1. Comprensión lectora

1) Resume el poema, anota su tema y sus apartados temáticos.

2) ¿Quién es el protagonista del poema, si así le podemos llamar, o a quién va dirigido?

3) ¿Qué tono presenta el poema? ¿Triste o alegre, optimista o pesimista?

4) Fíjate en el paisaje y en el marco temporal. Explica dónde se sitúa la acción poética. 

5) Realiza un estudio de la métrica y la rima del poema y establece la estrofa utilizada, en la medida de lo posible.

6) Localiza media docena de recursos estilísticos y explica cómo crean significado y belleza.

2.2. Interpretación y pensamiento analítico

1) ¿Crees que el poema refleja una experiencia real? Aporta razones.

2) ¿Podemos decir que el yo poético pretende reflexionar y lanzar un mensaje moral? En caso afirmativo, explícalo.

3) Explica si se puede discernir un sentido parabólico o alegórico en el texto.

4) ¿Qué posición adopta el yo poético ante el asunto planteado?

2.3. Fomento de la creatividad

1) Trasforma el texto en un relato en prosa, acompañado de alguna anécdota, sobre el tema del poema. Puedes continuar la historia según te parezca oportuno.

2) Realiza una presentación ante la clase o la comunidad educativa, ayudándote de medios TIC, sobre la vida y la obra de Antonio Machado.

3) Imagina una entrevista de tu clase con Antonio Machado. Plantéale cuestiones sobre su poesía; puedes imaginar alguna respuesta y discutir su verosimilitud en clase.

4) Intenta pasar el escenario y el contenido del poema a la vida de hoy; puedes hacerlo a través de la pintura o de la literatura. 

Antonio Machado: «Un loco»; análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO: “UN LOCO” (de «Campos de Castilla», 1912)
CVI
Es una tarde mustia y desabrida               1
de un otoño sin frutos, en la tierra
estéril y raída
donde la sombra de un centauro yerra.
Por un camino en la árida llanura,             5
entre álamos marchitos,
a solas con su sombra y su locura
va el loco, hablando a gritos.
Lejos se ven sombríos estepares,
colinas con malezas y cambrones,           10
y ruinas de viejos encinares,
coronando los agrios serrijones.
El loco vocifera
a solas con su sombra y su quimera.
Es horrible y grotesca su figura:                15
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,
ojos de calentura
iluminan su rostro demacrado.
Huye de la ciudad… Pobres maldades,
misérrimas virtudes y quehaceres              20
de chulos aburridos, y ruindades
de ociosos mercaderes.
Por los campos de Dios el loco avanza
tras la tierra esquelética y sequiza
—rojo de herrumbre y pardo de ceniza —    25
hay un sueño de lirio en lontananza.
Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!
— ¡carne triste y espíritu villano!—.
No fue por una trágica amargura
esta alma errante desgajada y rota;              30
purga un pecado ajeno: la cordura,
la terrible cordura del idiota.
Antonio Machado: “Un loco”, en Campos de Castilla (1912).
I. ANÁLISIS
1. Resumen
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más altos y profundos poetas en lengua española. Aborda en su poesía, casi siempre teñida de gravedad y melancolía, temas trascendentes como el hombre y su destino, el mundo de los sueños y la dicotomía entre las ilusiones y las frustraciones, tanto de orden individual como colectivo. En cuanto a la forma, Machado mantiene una preferencia por la sencillez elaborada, la musicalidad de la poesía popular y folclórica, la transparencia significativa y la eficacia comunicativa.
El poema que ahora abordamos procede de su primer poemario, Campos de Castilla (1912; se incorporaron nuevos poemas hasta 1917; se considera versión definitiva la publicada en Poesía completa, 1936  ). Estamos en la fase de madurez; es una poesía profunda y reflexiva. La combinación de la experiencia personal con el alcance colectivo es perfecta. Desde una perspectiva individual, se plantean asuntos de resonancia social indudable. Es uno de los grandes valores de la poesía machadiana.
El poema posee una dimensión expositiva-descriptiva y otra crítico-reflexiva; aparecen consecutivamente. Se abre el poema con la descripción de un paisaje castellano duro por la sequedad, la falta de vegetación, casi de vida, y la soledad extrema de ese lugar; también conocemos el momento, un tanto desolador, acompañando al triste lugar: “una tarde mustia y desabrida” (v. 1). Es una tierra estéril y gastada, sin esperanza de poder obtener algo bueno de ella. Y ahí, de repente, se divisa un ser vivo que pasa. Primero lo identifica con un “centauro”, esa criatura mitológica mitad hombre, mitad caballo. De los versos 5-8 lo acota con precisión: es un loco que avanza por un camino, dando voces. 
El yo lírico eleva su mirada y completa el marco físico desolador por el que avanza ese individuo. Es un lugar sombrío, estepario, sin apenas vegetación; solo nombra malezas, acaso alguna encina y cambrones. Vuelve la atención sobre el loco, que “vocifera” en su enajenación. Nos ofrece una prosopografía exacta del inquietante individuo: mal vestido, sucio y demacrado; su figura es “horrible y grotesca” (v. 15). El yo lírico entra en los pensamientos del loco, por eso nos explica que “huye de la ciudad” (v. 19), poblada de gente ociosa, maliciosa y egoísta. Hay una pequeña esperanza, pues exite un “sueño de lirio en lontananza” (v.26). Finalmente, el yo lírico explica que el loco se ha alejado de la ciudad no por una tragedia personal, sino porque ha de “purgar” un “pecado” ajeno: la cordura del idiota. El enunciado es ambiguo; no sabemos si es él el único cuerdo en una sociedad de locos, o si los demás se creen cuerdos, pero más bien están enajenados. 
2. Tema
El poema aborda varios temas:
-La paradoja de que la persona tenida por loca es la más cuerda de su comunidad.
-El paisaje inhóspito y árido de Castilla, poco amigable.
-La soledad y el abandono de las personas distintas por parte de una sociedad adocenada, superficial e hipócrita.
3. Apartados temáticos
El poema presenta una estructura secuencial bien visible. Así, encontramos:
-Presentación del marco físico, feo y deprimente, donde se desarrolla la acción (vv. 1-4).
-Primera aproximación a la figura del loco: anda sin parar y habla a solas, gritando (vv. 5-8).
-Segunda visión del paisaje castellano; es estepario, árido y triste (vv. 9-12).
-Segunda aproximación al loco, descrito con detalle; es una figura grotesca y hasta repelente (vv. 12-18).
-Valoración negativa de la ciudad, poblada por gente ociosa, hipócrita y cruel (vv. 19-22); al loco le sobraban razones para abandonar la urbe.
-Síntesis del cuadro antes expuesto; un loco avanza alejándose de la ciudad (vv. 23-28).
-Explicación final de la causa de la locura: el loco es el único cuerdo entre gente que ha renunciado a vivir con autenticidad y sencillez, entregándose al ocio y la hipocresía. Él, con su desequilibrio, es el único que entiende esta verdad, desagradable de admitir para los demás.
4. Métrica, rima y estrofa
El poeta sevillano ha elegido unas combinaciones estróficas muy originales. Los versos son endecasílabos y heptasílabos. Primero aparecen tres cuartetas (vv. 1-12); sigue un pareado (vv. 13-14). Continúan dos cuartetas (vv. 15-22). El resto del poema está en arte mayor; aparecen, consecutivamente, un cuarteto, un pareado y, finalmente, un serventesio. La musicalidad del poema se percibe muy bien; la melodía provocada por esta magnífica combinación de estrofas evocan el contenido: tristeza y amargura. 
5. Comentario estilístico
Estamos ante un denso y sombrío poema donde el yo lírico, a través de la selección de su tema y del modo de tratarlo nos deja ver su pensamiento, muy pesimista sobre la España de principios del siglo XX. El marco temporal y espacial es desabrido y feo, metáfora en sí mismo del personaje –un loco– que pronto aparece en escena y de la situación social y cultural de la España atrasada, pobre y deprimente. La anécdota, en sí misma, es otra metáfora que remite a una realidad sórdida y desagradable.
La tarde es “mustia y desabrida” (v. 1); esta sinestesia aplicada a la tarde expresa muy bien lo inhóspito del momento; luego se confirma que es un “otoño sin frutos”, baldío. La tierra se presenta como “estéril y raída” (v. 3). En ese lugar no hay nada benéfico ni acogedor. Las bimenbraciones de los pares de adjetivos refuerzan esa imagen de desolación. Ahí aparece, de pronto, una criatura fantástica, el centauro”, que ni siquiera tiene corporeidad, ya que solo es una “sombra” que “yerra”, es decir, anda perdido, de acá para allá. La escena es fantasmagórica, de pesadilla.
En el segundo serventesio se precisa el marco geográfico y el protagonista. Estamos en una “árida llanura” donde unos álamos “marchitos” sobreviven como pueden. En este momento se introduce la primera percepción auditiva: el loco avanza “hablando a gritos” (v. 8). La escena es escalofriante, propia de una pesadilla. Desolación y espanto son las sensaciones lectoras inevitables. 
De pronto, en el tercer serventesio, el yo lírico se fija otra vez en el paisaje (es la tercera ocasión que lo hace), pero ahora con la vista elevada, mirando a lo lejos; y lo que percibe no es menos desapacible de lo que había percibido antes. “Lejos se ven sombríos estepares” (v. 9); esta imagen de tierra llana e infértil se ve completada con las “colinas” apenas cubiertas de “malezas y cambrones”; y, al fondo, “serrijones”,  sierra montañosa de poca altura extensión, poblados por “ruinas de viejos encinares” (v. 11). Todo es desolación, abandono y muerte. Este paisaje doloroso invade nuestro interior con el adjetivo “agrios” aplicado a los “serrijones”; esta sinestesia metafórica nos fija del todo la imagen de un lugar inhóspito y como temible.
El pareado que sigue repite la única figura que se mueve: un loco que “vocifera” algo incomprensible. Y se añade un nuevo matiz, ya entrevisto: ese hombre va solo, acompañado de su “sombra y su quimera” (v. 14). Esta bimembración, de connotación metafórica, explica muy bien el abandono de este ser enajenado. El serventesio que sigue (vv. 18) presenta una prosopografía y una etopeya del loco; ambas componen un retrato grotesco, como extraído de un cuadro de Goya. Hay siete adjetivos calificativos dentro de la estrofa, aplicados a este hombre que es repulsivo para el yo lírico y, por extensión, para nosotros. Los contrastes y claroscuros son vivos e inquietantes: la luz de sus ojos contrasta con su “rostro demacrado” (v. 18). Ahora el lector ya comprende quién tiene delante: un pobre hombre dominado por la insania. 
El siguiente serventesio (vv. 19-22) nos presenta a un yo lírico ejerciendo de un narrador omnisciente, aunque él nos cuenta la historia en presente. Por eso conocemos que el loco se ha ido de la ciudad por muchos motivos, como nos expresa la suspensión. Y conocemos los agentes de su desgracia: “chulos aburridos” y “ociosos mercaderes” (vv. 21 y 22). Son prototipos urbanos de gente maligna y cruel, dispuestos a hacer “maldades” y “ruindades” para divertirse, o para obtener provecho. No entra en más detalle, pero insinúa que el loco no fue tal en tiempos pasados, sino que los demás lo hundieron con malas mañas y mucha inmoralidad. 
El cuarteto que sigue (vv. 23 -26) rompe con el contenido sombrío, pues metafóricamente se introduce cierta esperanza. En ese lugar tan hostil y agresivo, sin embargo, existe “un sueño de lirio en lontananza” (v. 26); la interpretación es muy abierta; ¿el loco imagina cosas positivas? ¿El yo lírico entrevé un final optimista en este paisaje desolado poblado por un trastornado? No lo podemos saber. El pareado siguiente (vv. 27-28) precisa las causas del deambular del loco: ha huido de la ciudad porque no ha podido soportar la villanía e inmoralidad de sus habitantes, lo que expresa metafóricamente en el paralelismo exclamativo “¡carne triste y espíritu villano!” (v. 28).
El serventesio final (vv. 29-32), es una explicación completa y profunda por parte del yo lírico sobre por qué el loco yerra por ese paisaje terrible. Primero indica lo que no fue; “una trágica amargura” (v. 29), metáfora de un revés existencial o pasional que lo trastornó. La define otra vez con una feroz metonimia: “alma errante desgajada y rota” (v. 30); indica muy bien su profunda insania. Sin embargo, cuando nos enteramos de la razón de su locura, el lector queda perplejo y confundido. El loco “purga un pecado ajeno: la cordura”. Por ser él el más lúcido de su comunidad, ha de apartarse de ella, porque lo han empujado a los márgenes. La paradoja final “la terrible cordura del idiota” (v. 32) señala muy al vivo cómo la persona inocente o, en este caso, disminuida, es la más racional y despejada del grupo social donde vive. Y eso debe pagarlo sin compasión, por cruel decisión de los chulos y los mercaderes. 
Como hemos visto, estamos ante un poema sombrío y amargo. Bajo el pretexto de una visión de un loco en el campo, el yo poético reflexiona sobre la sociedad de sus días, concretando en la vida de la ciudad. La ve como hipócrita, inmoral e interesada; el único que se opone a esa vida cínica y vacía es el “idiota”; justamente por comprender esa verdad, sufre el destierro de su lugar y ha de vagar por la tierra inhóspita, solo; llena su aislamiento hablando a voces consigo mismo. La lección del poema es dura y áspera. ¿Quién es más loco, el hipócrita habitante de la ciudad, o el idiota que, comprendiendo su ordinariez, vive errante y enajenado? El poema tiene un final abierto, inquietante y muy apelativo para el lector, que ha de tomar una posición sobre el asunto abordado. La composición poética es bellísima; la arquitectura compositiva es de una perfección asombrosa; es por eso que este poema no ha perdido un ápice de su verdad, amarga, pero cierta.
6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912), de donde procede el poema “Un loco”; es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
7. Interpretación y valoración
La interpretación sociológica de este poema es inevitable y enriquece poderosamente su significación: el raro es desterrado de la vida común, justamente por comprender la inanidad e hipocresía de la vida social urbana. El marco natural donde se desarrolla la acción de una tristeza y desolación infinitas. Pero el yo lírico no la describe con complacencia, sino con la amargura propia de quien quisiera que fuera de otra manera. La pintura del paisaje castellano es muy sombría y desalentada. Nos envía el mensaje indirecto de una tierra en agonía, yerma y abandonada a su suerte. Como si fuera el justo castigo para sus habitantes, abyectos en una buena parte.
La simpatía que el yo lírico muestra por el loco es evidente y explícita. De este modo, muestra el rechazo que le produce la vida hipócrita de la ciudad. También desliza cierta compasión hacia este personaje; al fin y al cabo, es el único que ve la realidad como es: terrible, fea y sórdida.
El poema es de una belleza intensa. La construcción, con los vaivenes de focalización, está muy lograda. La adjetivación, en concreto, es de una belleza y expresividad muy alta. 
II. PROPUESTA DIDÁCTICA
1. Comprensión lectora
1) Resume el poema, anota su tema y sus apartados temáticos.
2) ¿Quién es el protagonista del poema, si así le podemos llamar?
3) ¿Adónde se dirige el loco? ¿Por qué grita?
4) Fíjate en el paisaje y en el marco temporal. Explica dónde se sitúa la acción. 
5) Realiza un estudio de la métrica y la rima del poema y establece la estrofa utilizada, en la medida de lo posible.
6) Localiza media docena de recursos estilísticos y explica cómo crean significado y belleza.
2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Crees que el poema refleja una experiencia real? Aporta razones.
2) ¿Podemos decir que el yo lírico rechaza la vida en la ciudad? Aporta razones.
3) El retrato que se presenta del loco es muy vivaz: destaca los aspectos físicos y los psicológicos que lo caracterizan.
4) ¿Quién es el loco en esa sociedad?
5? ¿Por quién muestra simpatía el yo lírico?
3. Fomento de la creatividad
1) Trasforma el texto en un relato en prosa, acompañado de alguna anécdota, en el que aprecie la atmósfera opresiva del original. Puedes continuar la historia según te parezca oportuno.
2) Escribe una breve pieza literaria sobre la vida de una persona enajenada, inspirándote más o menos en el poema de Machado.
3) Realiza una presentación ante la clase o la comunidad educativa, ayudándote de medios TIC, sobre la vida y la obra de Antonio Machado.
4) Intenta pasar el escenario y el contenido del poema a la vida de hoy; puedes hacerlo a través de la pintura o de la literatura. 

Antonio Machado: «A don Francisco Giner de los Ríos» (poema XXXXIX de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – A don Francisco Giner de los Ríos

A DON FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS
Como se fue el maestro,                                 1
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió?… Sólo sabemos                                  5
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.                                    10
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!
Y hacia otra luz más pura                              15         
partió el hermano de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.
… ¡Oh, sí!, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,                               20
a los azules montes
del ancho Guadarrama.
Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.          
Su corazón repose                                        25
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas…
Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.           30
                                                   Baeza, 21 de febrero de 1915
1. ANÁLISIS
1.Resumen
“A don Francisco Giner de los Ríos” (poema CXXXIX de Campos de Castilla (1912), el primero de la sección “Elogios”), es un hermoso e intenso poema de Antonio Machado; posee carácter necrológico, es decir, rememora la muerte de una persona querida; en este sentido, el texto es una elegía.  El sujeto lírico comienza intuyendo la ausencia de Francisco Giner de los Ríos (Ronda, Málaga, 1839 – Madrid, 1915), a quien llama “hermano”, ´signo del repeto y amor que siente por él. Sin embargo, su muerte no es un abandono definitivo de la vida y del mundo; su presencia emocional y espiritual continúa entre las personas que lo conocieron. El sujeto lírico le cede la palabra a Giner y exhorta a sus amigos a ser buenos y a seguir trabajando con honradez y tenacidad, desde una perspectiva transcendente de las cosas. La muerte no acaba con todo, pues se sigue vivo en la memoria y el corazón de los que siguen en este mundo. La segunda estrofa caracteriza a Giner como una persona íntegra y sabia, favorecedor del trabajo, ejemplo él mismo de vida sencilla y laboriosa. El sujeto lírico wxhorta a sus amigos a que conduzcan el cadáver de Giner de los Ríos a la Sierra de Guadarrama, en el norte de Madrid, para que lo inhumen a los pies de una encina, símbolo de la permanencia. El lugar no es gratuito, pues justamente allí Giner imaginaba una España nueva, próspera y feliz.
2. Temas del poema
El poema es una elegía de Machado dirigida a Francisco Giner de los Ríos. Expresado de otro modo: homenaje sentido hacia un ser querido y admirado por su reciente fallecimiento; no ha muerto, pues sigue vivo en el recuerdo de muchas personas.
3. Apartados temáticos
En el poema se observan tres secciones de contenido, que coinciden con el número de estrofas:
-Primera parte (vv. 1-14): narra breve y reticentemente el fallecimiento de Giner de los Ríos. Pronto le cede la palabra; el fallecido alienta a sus amigos a que continúen laborando, que se rijan por la bondad, que no se aflijan por su ausencia, pues, de algún modo, sigue vivo entre ellos, en su memoria. No es momento de que tañan las campanas por el dolor, sino de que suenen los yunques por la actividad de esas personas amigas del difunto que no se dejan amilanar por la tragedia y continúan con su afán transformador.
-Segunda parte (vv. 1-28): primero se narra el viaje del fallecido hacia la esfera de la luz y de la inmortalidad. Inmediatamente el sujeto lírico apremia a sus amigos a que trasladen el cadáver de Giner de los Ríos a la Sierra del Guadarrama; allí han de enterrarlo en un lugar muy concreto; se trata de un valle tranquilo, sereno y luminoso.
-Tercera parte (vv. 29-30): Explica la razón de la elección de ese lugar. Es el mismo que utilizaba el finado para soñar en una España florecida. Es justo que allí yazga el corazón soñador de una persona que se empeñó en la reconstrucción moral, educativa y material de una España maltrecha.
4. Aspectos métricos y de la rima
El poema está compuesto por veinte versos distribuidos en tres estrofas. Los versos son heptasílabos y endecasílabos, con una distribución irregular (7,7,7,11,7,11,7,11,11,7,7,11,11,11; 7,11,7,11,7,7,7,7,7,11,7,7,11,7; 7,11). En cuanto a la rima, observamos que riman los versos pares en á-a, quedando los impares libres; corresponde a la rima del romance. En conjunto, tenemos una silva romanceada, fórmula estrófica bastante empleada por Machado, cuya fuente más directa es Bécquer.
5. Comentario estilístico
El poema se abre con una metáfora personificada: la luz (imagen de la eternidad pura) le dice al sujeto lírico que Giner de los Ríos (nombrado como “mi hermano Francisco”, donde descubrimos la afinidad espiritual que el sujeto lírico encuentra entre Giner de los Ríos y la luminosidad) que hace tres días que no se sabe nada de Giner de los Ríos. Esto se expresa a través de la metáfora “no trabaja” (v. 4), es decir, se insiste en la laboriosidad de Giner de los Ríos. Los encabalgamientos y los hipérbatos son constantes, de modo que no los vamos a comentar, por mor de la brevedad. Aportan expresividad emotiva e intensidad emocional a la significación del poema.
El sujeto lírico se interroga sobre si su amigo murió. Lo pone en duda a través de la interrogación y de la suspensión consiguiente. Lo que sí conoce es que Giner de los Ríos emprendió un camino de purificación, expresado por la metáfora “senda clara” (v. 6). A partir del verso 7 el sujeto lírico cede la voz al propio Giner de los Ríos, quien pide a sus amigos que sigan trabajando con ilusión (expresado con la metáfora y metonimias “Hacedme / un duelo de labores y esperanzas”, vv. 7-8). En esta sección es muy apostrófico, expresado a través de los verbos en imperativo. El choque conceptual de “labores” y “esperanzas” crea una paradoja intensa. Solicita a sus amigos que busquen la bondad y que inspiren a los demás con sus conducta. La repetición de “sed” en el mismo enfatiza ese deseo. Ser “alma” (v. 10) es la metáfora elegida para significar la transcendencia de las personas. 
El tercer verbo en modo imperativo dirigido a sus amigos es “vivid” (v. 11); el políptoton con “vida” indica a las claras el deseo de que los vivos continúen con su labor, pues la vida está para ser activos, no perdidos en los recuerdos. Esta certeza la expresa a través de una obviedad (“los muertos mueren”, v. 12) y una hermosa metáfora con metonimia (“las sombras pasan”). El paralelismo interno que forman las dos expresiones imprimen un tono de gravedad a la afirmación. El verso 13 es muy relevante y hermoso. Expresa dos paradojas, expresadas de modo elíptico, de gran hondura; “lleva quien deja” significa que el difunto se lleva con él el recuerdo y cariño de los vivos que lo apreciaron. “Vive el que ha vivido” alude a que la vida del fallecido continúa en la memoria de los vivos, pues les ha dejado una huella indeleble.
El último verso de esta primera estrofa se cierra con un epifonema realmente sobrecogedor. A través de dos metonimias personificadas se exhorta a que las personas sigan trabajando y que cesen los lamentos por la muerte. Hasta aquí, la intervención de Giner de los Ríos, aunque el verso 14 puede entenderse como proferido por el sujeto lírico. La exclamación retórica del verso final imprime un carácter enérgico y resolutivo a la estrofa entera.
La segunda estrofa expresa los sentimientos del sujeto lírico. Giner de los Ríos es una persona iluminada (así lo significa la metáfora “hermano de la luz del alba”, v. 16); con su muerte, ha emprendido un viaje hacia la purificación; es lo que expresa la metáfora comparativa “otra luz más pura” (v. 15). La presencia de “sol” (v. 17) inciden en la misma idea. Se recalca la llamada a la laboriosidad por parte del difunto (“talleres”, v. 17), pues es el camino del progreso. A continuación añade, en el verso 18, tres notas de carácter de Giner de los Ríos: era mayor, era de carácter risueño y llevaba una vida de santidad. Son tres rasgos positivos y encomiables, en los que apreciamos la admiración del sujeto lírico por el difunto.
A partir del verso 19, el poema adquiere un tono de apremio y apóstrofe, dirigido a los amigos del sujeto lírico. Se abre con una suspensión, signo de una meditación previa que ahora se interrumpe al retomar el discurso poético. Sigue una exclamación retórica de afirmación enfática (“¡Oh, sí!”), como urgiendo a hacer algo importante. Y eso que se debe realizar es transportar al difunto a la Sierra de Guadarrama, querida y admirada por el sujeto lírico. Alude a ella a través de metonimias metaforizadas de hondo sentimiento. La primera es  “azules montes” (v. 21); aquí se crea una sinestesia muy emotiva, pues junta cielo y tierra en una sola percepción. La segunda es “ancho Guadarrama” (v. 22) y expresa de maravilla la inmensidad de esos parajes, donde la vista se pierde en el horizonte. En la misma línea de resalte de lo agreste de ese lugar aparece “barrancos hondos” (v. 23), “pinos verdes” (v. 24) y “donde el viento canta”. Son dos accidentes geográficos (montes y barrancos), un árbol (pino) y un fenómeno atmosférico (aire), que crean un perfecto locus amoenus, un lugar ideal por su armonía y soledad. El foco se va concretando hacia un primer plano porque pronto aparecen tres nuevos elementos naturales (una encina, tomillos y mariposas), donde el cuerpo de Giner de los Ríos será sepultado. De los tres, dos están adjetivados (“encina casta”, v. 26, y “mariposas doradas” (vv. 26 y 28), en un tono muy positivo y elogioso; de la encina se destaca su virtud; de las mariposas, su belleza. Son metáforas aplicadas de modo indirecto al propio fallecido, pues poseía ambas cualidades. En ese lugar la vida es feliz, como nos indica la metáfora “donde juegan / las mariposas” (v. 29). Se cierra la estrofa con una suspensión, índice de que la enumeración podría seguir, o de que allí hay más misterios de lo que las apariencias muestran. 
La última estrofa rompe la simetría de las dos anteriores (se componen de catorce versos cada una). Es muy breve, y nada más, pero nada menos, expresa la razón de por qué Giner de los Ríos debería descansar justo en ese lugar: allí mismo el pedagogo “soñaba” con que España volvería a renacer. Idealizaba su deseo de que nuestro país remontara el vuelo moral, educativo y moral para crear una sociedad próspera y feliz. El cierre es realmente emotivo, bello y profundo. Nos dice mucho de la razón de la admiración del sujeto lírico por Giner de los Ríos y nos comunica también el pensamiento de este: ideaba el mejor modo de elevar la vida material y espiritual de sus compatriotas.
Como hemos podido comprobar, estamos ante un poema de una altísima y feliz elaboración poética. Transforma la anécdota en un sentimiento superior. Avanza un paso más allá de la elegía para entrar en el terreno de la reflexión existencial y filosófica, de naturaleza cívica. En el fondo, se trata de hacer de España un país más vivible y feliz, tarea a la que Giner entregó su vida. Bien merece, pues, el reposo “bajo una encina casta”, símbolo de eternidad y permanencia.
El poema está firmado en Baeza, donde Machado residía por entonces, enseñando francés en lo que hoy sería su instituto de educación secundaria. En efecto, Giner de los Ríos había muerto en Madrid el 18 de febrero de 1915. En tres días, Machado compuso este maravilloso y sentido poema de homenaje a una persona que lo marcó profundamente y que es uno de los grandes pedagogos y pensadores españoles de finales del siglo XIX y principios del XX. 
6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
7. Interpretación y valoración
Este excelso poema posee una belleza inigualable. Lo que parece un recuerdo a una persona se transforma en una elegía hondísima, trascendiendo rápidamente a un plano moral y emocional, junto con otro cívico. Machado emplea su increíble talento creativo a la memoria de una persona que ejerció un gran influjo sobre su persona: Francisco Giner de los Ríos, uno de los españoles más preclaros y brillantes de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.
El influjo benéfico de Giner de los Ríos no se perderá, como tampoco lo hace la encina de la Sierra de Guadarrama. Machado desliza, en su recuerdo, el programa moral e intelectual de Giner de los Ríos: trabajo, perseverancia, bondad y alegría. Al lado, el amor a la naturaleza; en este caso, a la humilde y áspera sierra que separa las dos Castillas. Nuestro poeta pone sordina a su emoción y dolor por la muerte de Giner de los Ríos, pues no desea un desbordamiento emocional. Antes bien, contiene su tristeza recordándonos a nosotros, lectores, la lección moral que ha dejado el fallecido. 
Este bellísimo poema, auténtico prodigio creativo, es de una aparente sencillez compositiva que, en su interior, esconde un diamante poético por su acierto expresivo, su sencillez y eficacia comunicativa y su asombrosa armonía entre expresión y contenido. Su lectura conmueve los cimientos del lector, atónito ante tanta belleza literaria, asombrado por la corriente afectiva que circula entre autor y lectores, yo poético y persona observada. Y, al fondo, como siempre en Machado: “palabra en el tiempo”, esencialidad de los sentimientos más auténticos perdurando más allá de nuestras vidas.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimientos  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿a quién recuerda? ¿Por qué? 
3) ¿Quién habla en el poema? ¿Qué ideas expresa? ¿Es posible, físicamente considerado ese diálogo?
4) ¿Cómo se aprecia en texto la importancia de la amistad? ¿Por qué será así?
5) La bondad, ¿dónde aparece? ¿Es un elemento importante del pensamiento del difunto? 
6) ¿Qué significación se encierra en “¡oh, sí!” (v. 19)? ¿Qué podemos deducir del estado de ánimo de la poeta? 
7) Los yunques y las campanas poseen una significación especial en este poema. Explícalo.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la muerte de un ser querido que ha influido mucho en tu vida.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4)  Realiza una exposición sobre Francisco Giner de los Ríos, su pensamiento y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
5) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Sueño infantil» (poema LXV de «Soledades, galerías y otros poemas»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – LXV (SUEÑO INFANTIL, de “Galerías”) 
Sueño infantil
[1] Una clara noche               1
de fiesta y de luna, 
noche de mis sueños, 
noche de alegría 
[2] —era luz de mi alma,       5
que hoy es bruma toda, 
no eran mis cabellos 
negros todavía—, 
[3] el hada más joven 
me llevó en sus brazos   10
a la alegre fiesta 
que en la plaza ardía. 
[4] So el chisporroteo 
de las luminarias, 
amor sus madejas          15
de danzas tejía. 
[5] Y en aquella noche 
de fiesta y de luna, 
noche de mis sueños, 
noche de alegría,           20
[6] el hada más joven 
besaba mi frente…, 
con su linda mano 
su adiós me decía… 
[7] Todos los rosales            25
daban sus aromas, 
todos los amores 
amor entreabría. 
                           Antonio Machado: Soledades, galerías y otros poemas, 1907

 

1. ANÁLISIS
1) Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. En este poema se nos presenta una ensoñación del yo poético; se ve a sí mismo siendo niño, de la mano de un hada en una noche de fiesta, con una hoguera que iluminaba la plaza. Allí el niño danzó de la mano del hada más joven, de quien también recibió sus besos al tiempo que esta desaparecía despidiéndose con la mano. El yo poético recuerda la fragancia de los rosales y el estado de felicidad porque el amor (palabra repetida tres veces, nótese su importancia) inundaba su alma; ¿perduró esa felicidad o todo se acabó con la infancia? El poema no lo aclara.
2) Tema
El poema aborda tres temas principales:
-El amor, sinónimo de felicidad, que embarga el alma infantil, para luego desaparecer.
-La ensoñación como un modo de vivir experiencias íntimas perdurables.
-El contraste entre la felicidad infantil frente a los días sombríos de la madurez.
3) Apartados temáticos
El poema cuenta una historia, recrea un episodio soñado, acaso vivido, del yo poético siendo un niño. Como todo relato, presenta tres apartados temáticos. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (tres primeras estrofas, vv. 1-12): se presenta el marco crono-espacial donde se desarrolla la acción: una noche hermosa en la plaza de una población. Aparecen los dos personajes: el yo poético niño y un hada, la más joven.Existe una interpolación en la que el yo poético advierte que era solo un niño, no como cuando recuerda, que es adulto en cuya vida existen tinieblas e infelicidad (“brumas”). 
-Segundo apartado (estrofas 4-6, vv. 13-24): en esta sección se narran los acontecimientos: hada y niño bailan, cantan y se sienten unidos por el amor, lo que llena todo de dicha. Finalmente, el hada besa y se despida del niño.
-Tercer apartado (séptima estrofa, vv. 9-11): el yo poético, ya solo, recuerda el ambiente emocional de ese momento: amor y felicidad, metaforizado en el olor a rosas que inundaban el ambiente. 
4) Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por veintiocho versos hexasílabos agrupados en siete estrofas. No existe una rima coincidente con una estrofa reconocida. Sin embargo, el último verso de cada estrofa rima entre sí en ía asegura una cadencia muy hermosa, hasta el punto que el conjunto se asemeja a un romancillo. Nótese también que los dos últimos versos de la primera estrofa (“noche de mis sueños / noche de alegría”) se repiten en la misma posición en la estrofa número cinco. 
5) Comentario estilístico
El poema evoca una ensoñación; esto nos indica que estamos en el plano de los recuerdos, de las imágenes y de las emociones soterradas, acaso vividas, acaso solo deseadas o imaginadas. La evocación, ¿es del yo poético niño, o del adulto? No lo sabemos, hasta podría ser de los dos, es decir, el yo poético adulto sueña que el niño sueña… La primera estrofa sitúa la acción en un marco temporal idílico y apacible, lo que se transmite a través de una paradoja (“clara noche”, v. 1). La repetición de la palabra “noche” tres veces en esta estrofa insiste en que es de noche, pero es como si fuera de día por la “alegría” (v. 4) que inunda al yo poético. Es una noche para soñar, pues se siente “de fiesta” (v. 2), es decir, contento y optimista. Todo lo bueno puede pasar, pues los sueños se materializan, a lo que ayuda la presencia de la luna, símbolo de luz misteriosa.
La segunda estrofa es toda ella una interpolación, como indican las rayas. Ahora comprendemos que parte de esa luz procede del “alma” (v. 5) del yo poético, pues flotaba en felicidad. Inmediatamente se contrasta con el tiempo presente del yo poético (comprendemos que todo ha sido una evocación de un tiempo pasado, lo cual ya sabíamos por los verbos en tiempo pasado). En el momento de la escritura, el sujeto lírico está dominada por la “bruma”, metáfora de negatividad y amargura. También viene reforzada esta idea por los cabellos “negros” (v. 8), metáfora –también antítesis– de tristeza y de adultez, pues de niño los cabellos son rubios o claros. 
En la tercera estrofa, cuya oración procede de la primera (hasta ahora todo ha sido un complemento circunstancial de tiempo respecto del verbo principal, “llevó”, v. 10) aparecen los sujetos actantes del “relato”: un hada que toma y lleva en brazos al sujeto lírico, y se dirige con él a la plaza donde se celebra una “alegre fiesta” (v. 11). El epíteto “alegre” expresa el ambiente de felicidad y celebración. El verbo “ardía” (v. 12) forma una metáfora del ambiente alegre y optimista.
La cuarta estrofa transmite imágenes, a través de varias metáforas que casi forman una alegoría, sobre la idea del amor intenso que anida en el corazón del sujeto lírico, también compartido por el hada. Es un “chisporroteo” (v. 13) que surge de las trenzas del hada, y que se confunde con el de la hoguera. La metonimia contenida en “danzas” (v. 16) nos comunica que bailan y se mueven al compás de la música. El amor está personificado; un sofisticado encabalgamiento con hipérbaton nos explica que es él el causante del baile y del amor creciente. Hasta aquí, toda una oración para comunicarnos de un tirón la ensoñación de ese niño arrebatado por el hada a un estado de felicidad asombrosa.
La estrofa quinta estira el estado de felicidad (la conjunción “Y”, v. 17, así lo sugiere) en “aquella noche”; la repetición del marco temporal insiste en ese momento preciso, que revela la felicidad del sujeto lírico. También se refuerza esta significación con el sintagma “de fiesta y de luna” (v. 18), que es una repetición exacta del verso 2. La anáfora formada por “noche” y el paralelismo correspondiente refuerza la idea de “sueño” cumplido y de “alegría”, palabra que forma derivación o políptoton con “alegre” (v. 11), y que hace hincapié en la felicidad exultante del yo poético. Estos dos versos (19 y 20) son los mismo que cierran la primera estrofa. Forman así una suerte de estribillo que recalca la idea de exultación plena.
La sexta estrofa vuelve a introducir al sujeto de las acciones, el “hada” (v. 21), que es la “más joven”, metáfora de inocencia y expectativas. El sentimiento amoroso llega a su culmen con el beso que el hada le da al sujeto lírico. Justo ahí una suspensión indica lo inefable: felicidad, empatía mutua, etc. Pero acto seguido, sin transición, el hada se va, sin ofrecer grandes explicaciones. La suspensión que cierra la estrofa indica muy bien el estado de incertidumbre y confusión del sujeto lírico, todavía embriagado de amor.
La séptima y última estrofa presenta una significación más ambigua, extrañamente optimista, como si fuera una premonición de algo negativo a punto de desencadenarse. Son dos oraciones en construcción paralelística que cierran el marco físico y el emocional. Es un momento perfecto y extático, lo que se transmite a través de dos metáforas, una sensitiva y exterior, cual es “Todos los rosales / daban sus aromas” (vv. 25-26); la otra es intelectual e interior: “todos los amores / amor entreabría” (vv. 27-28); aquí el hipérbaton, unido al encabalgamiento se unen para anunciar el clímax amoroso, la felicidad en su cenit. No es exactamente un cierre optimista, sino ambigua y algo inquietante. Parece querer transmitir que muy pronto se acabará todo ello, como la fragancia de las rosas.
6) Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), luego ampliado a  Soledades, galerías, otros poemas (1907), libro del que procede el poema que ahora comentamos; le sigue el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
7) Interpretación y valoración
Estamos ante un hermoso poema que expresa muchos de los sentimientos que Machado anhelaba. Y lo hace a través de un deseo entrevisto, acaso imaginado, es decir, una ensoñación en la que el anhelo se funde con la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue. Machado adulto se ve niño, descubriendo el amor puro, la belleza ideal, la vivencia de sentimientos naturales, espontáneos y dichosos. El responsable de conducir esta fiesta es un hada, un ser mitológico con poderes mágicos que actúa buscando la belleza, el amor y la pureza. Así lo vivió el niño, o el yo poético adulto quiso imaginar que el niño así lo pudo haber vivido. Por ello, el poema exhala nostalgia, cierto dolor por la infancia perdida que ya no regresará porque se fue con el hada. 
Este hermoso poema parece solo un “sueño infantil”, pero es mucho más: anhelo de amor, nostalgia por la niñez ya pasada, cierto amargor por un presente insatisfactorio, etc. De una mera anécdota se levanta un edificio literario de firmes y sencillos cimientos verbales, pues en absoluto existe artificiosidad. Muchos poemas de Machado, como este que ahora nos ocupa, resultan intuiciones conmovedoras que aspiran a rescatar lo mejor de nosotros mismos, a insuflar una ráfaga de experiencia estética convertida en idea transcendente. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimientos  nuclean el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Quiénes son los protagonistas? ¿Qué sensaciones experimentan? 
4) ¿Cómo se aprecia en texto la importancia de la alegría y el baile? ¿De qué es metáfora?
5) El tiempo, ¿discurre bajo una norma rígida e inflexible? ¿Por qué será así? 
6) La fragancia de las rosas, en la estrofa final ¿de qué es metáfora? ¿Qué podemos deducir del estado de ánimo de la poeta? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese una ensoñación sobre un deseo infantil vivido, o acaso solo imaginado. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de momentos o lugares, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

Antonio Machado: «Esta luz de Sevilla…» (de «Nuevas canciones»; soneto CLXV, IV); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – Esta luz de Sevilla… Es el palacio (CLXV Sonetos, IV) 
Esta luz de Sevilla… Es el palacio                               1
donde nací, con su rumor de fuente. 
Mi padre, en su despacho. —La alta frente, 
la breve mosca, y el bigote lacio—. 
Mi padre, aun joven. Lee, escribe, hojea              5
sus libros y medita. Se levanta; 
va hacia la puerta del jardín. Pasea, 
A veces habla solo, a veces canta. 
Sus grandes ojos de mirar inquieto 
ahora vagar parecen, sin objeto                         10
donde puedan posar, en el vacío. 
Ya escapan de su ayer a su mañana; 
ya miran en el tiempo, ¡padre mío!, 
piadosamente mi cabeza cana.  
                                                    De Nuevas canciones (1917-1930) 
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. En este poema se nos presenta una visión del padre del yo poético, que, a su vez, tiene una visión sobre su hijo cuando ya es mayor, casi anciano. El yo lírico transmite una ensoñación, acaso un recuerdo, o una imaginación. En la primera estrofa se presenta el marco general: la luz de Sevilla, el palacio de las Dueñas y el despacho; en este, el padre de Machado. Se ofrecen dos notas prosopográficas: alta frente y bigote lacio; y al tiempo, una mosca que pasa por allí. Es un modo de concretar con precisión el tiempo. En la segunda estrofa se añade una nota descriptiva sobre el padre del poeta: “aún joven”; no es, pues, un anciano. Luego se narra (a través de nueve verbos en presente de indicativo, acercando la acción al lector) lo que hace el padre del poeta: leer, meditar y cantar, esencialmente. La tercera estrofa se fija en los ojos del padre, que parecen buscar algo y fijar la vista en un objeto aún no definido. La última estrofa desvela la actividad mental del padre: recuerda su pasado, su “ayer”, y prevén su futuro, su “mañana”; está realizando un ejercicio de memoria y de previsión de sí mismo. Pero, de pronto, la vista del padre va más allá de su tiempo y vuela hacia el del yo poético, su hijo. El padre ve a su hijo ya adulto, casi anciano, lo que emociona profundamente a su hijo, unido al padre a través de un lazo indisoluble que traspasa la barrera cronológica para comunicarse espiritualmente.
2) Tema
El poema aborda dos temas principales:
-El amor indisoluble entre el padre y el yo poético, su hijo, que traspasa fronteras y se sustenta en la memoria.
-El desbordamiento de las barreras temporales para unir en una visión en espejo al padre y al hijo, el primero adulto y el segundo próximo a la ancianidad.
3) Apartados temáticos
El poema presenta cuatro apartados temáticos, de sentido ascendente. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (primera estrofa, vv. 1-4): se presenta el marco espacial donde se desarrolla la acción: Sevilla, un hogar en el palacio de las Dueñas. Se destacan dos percepciones, una visual (la “luz de Sevilla”) y otra de sonido (“rumor de fuente”). Un despacho y un personaje: el padre del yo poético, con sus papeles. 
-Segundo apartado (segunda estrofa, vv. 5-8): en esta sección se acaba de presentar al padre, que aún es joven. Realiza nueve acciones, unas físicas, que implican movimiento (levantarse, ir), otras intelectuales (leer, meditar). Nos 
-Tercer apartado (tercera estrofa, vv. 9-11): el yo poético se fija en los ojos de su padre; hay como un zoom de una cámara. Los ojos “vagan” con inquietud, como buscando algo que logran definir.
-Cuarto y último apartado (cuarta estrofa, vv. 12-14): los ojos, metonimia del padre, visitan su pasado y viajan al futuro. En él, padre e hijo, ya mayor, se reconocen en una mirada de amor fulminante. 
4) Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por catorce versos endecasílabos agrupados en cuatro estrofas. La rima es consonante y se establece así: la primera estrofa conforma un cuarteto (ABBA); la segunda, un serventesio (CDCD); la tercera es casi un terceto, pero con una estructura más libre (EEF); la cuarta corresponde a otro terceto (DFD). En conjunto, conforman un soneto, composición estrófica de larga tradición en la poesía española desde el Renacimiento. Su relativa brevedad exige una contención expresiva muy elevada; al tiempo, la extensión de los catorce versos permiten la expresión de una emoción o una idea con cierto detalle. Machado, aquí, ha logrado un equilibrio perfecto entre ambos polos.
5) Comentario estilístico
El poema presenta un movimiento de lo general a lo particular, desde el punto de vista espacial; y del presente de la composición, al pasado y al futuro del yo poético observado por su padre, desde el punto de vista temporal. Es una obra, en consecuencia, compleja, elaborada y asombrosamente original. Se abre con una elipsis intensa, “Esta luz de Sevilla…”. Falta el verbo; nosotros, lectores, debemos suplir que está ahí, ante el yo poético y ante nosotros; el demostrativo “Esta” indica que está próxima a nosotros, nos rodea y nos acompaña, a partir de ahora, hasta el final de la lectura del poema. La suspensión que la sigue deja su sentido abierto, con unas dosis de intriga. Los verbos en presente de indicativo señalan la presencialidad de los objetos y de las personas. El yo poético se introduce (“Es el palacio / donde nací”, vv. 1-2) al mismo tiempo que señala el lugar que focaliza: su hogar en el palacio (de las Dueñas, en la capital hispalense). Solo un detalle auditivo desea señalar: “su rumor de fuente” (v. 2), con connotaciones de tranquilidad y armonía. En el tercer verso introduce al padre en su despacho y lo describe físicamente con tres sustantivos (uno señala un ser vivo distinto, una  “breve mosca” (v. 4) y tres correspondientes adjetivos. Se fija en el rostro y señala dos rasgos que indican nobleza de ánimo: frente y bigote.
La segunda estrofa comienza con la repetición retórica del verso 3 (“Mi padre”); ahora ya comprendemos quién es el foco temático del poema; se repite otra elipsis y se acota el aspecto del padre: es joven. Ahí termina la descripción y comienza una narración vertiginosa. Son nueve verbos, unos señalan acción intelectual leer, escribir, hojear y meditar. Otros, los últimos, se refieren a acciones físicas: levantarse, ir, pasear, hablar y cantar. Es otro modo de completar el retrato: estamos ante un hombre templado, sereno y meditativo; sus acciones son de orden intelectual, pues leer y escribir lo denotan claramente. También introduce una nota romántica o soñadora: “A veces habla solo” (v. 8); y otra de su carácter alegre: “a veces canta”. Hasta aquí, hemos asistido a una presentación con tintes misteriosos que no nos conduce a un camino concreto. La yuxtaposición de acciones –con el correspondiente asíndeton– nos señala una nota del carácter del padre del yo poético: activo, inquieto en su ensimismamiento.
En el primer terceto el yo poético focaliza su visión en los ojos de su padre (metonimia de su persona entera). Son “de mirar inquieto” (v. 9). No es casual que el yo poético elija estos órganos, pues básicamente a través de ellos captamos cómo es el mundo. Ahora también sirven para proyectar hacia el futuro anhelos y temores, esperanzas y angustias. Los encabalgamientos abruptos de los dos primeros versos refuerzan el mensaje de una búsqueda de algo difícil de aprehender. La palabra final, “vacío” (v. 11) introducen unas dosis de dramatismo angustioso.
El último terceto por fin nos desvela qué buscan los ojos del padre. Vuelan del momento descrito, que es pasado, al futuro del yo poético. El padre contempla al hijo, ambos se cruzan una mirada, o se comunican de alguna manera, de ahí la expresión “¡padre mío!” (v. 13) que exhala el yo poético, producto de la conmoción por el encuentro con su padre. El padre contempla al yo poético, su hijo, un hombre ya casi viejo (como expresa la metonimia “mi cabeza cana”, v. 14). Y, quizá, la palabra más intensa del poema: “piadosamente”, nos permite comprender qué encierra la mirada paterna: comprensión, ternura, afecto y cierta conmiseración. Quizá el padre ve a su hijo como es él ese momento, quizá desea transmitirle un mensaje de amor y de advertencia de que el tiempo huye. La mirada “en el tiempo” ha creado una conexión milagrosa, breve, intensa y total entre padre e hijo. El juego reflejo es intenso y hermoso: el yo poético ha visto que su padre ha visto a aquel. El conjunto de de una emoción increíblemente intensa y hermosa.              
6) Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Collioure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
7) Interpretación y valoración
Este poema plantea la posibilidad de la comunicación emocional y de persistencia de la memoria más allá del espacio y del tiempo físico de nuestra vida biológica. El yo poético realiza un viaje a su infancia, visita la figura de su padre, lo contempla, lo sigue con la mirada. Después, se reencuentran en un fugaz instante, en el tiempo de la escritura del yo poético. A este lo sobrecoge la emoción de ese encuentro lleno de amor, bondad y ternura. Machado lo presenta como algo natural, sin romper casi la rutina diaria. Sin embargo, en el fondo, el poeta y nosotros sabemos que sería un prodigio que algo así ocurriera. Y con todo, el yo poético se resiste, y nosotros con él, a aceptar que todo fue una ilusión. 
El marco espacial de la vida cotidiana y los verbos en presente dotan a lo que parecía una anécdota de una atemporalidad y de una presencialidad enormes y fortísimas. Nos queda la sensación de que sí, en efecto, así ocurrió y así se puede repetir con amor y memoria, los dos ingredientes que sustentan ese pequeño milagro. El poema entero se nos antoja un homenaje a la figura de su padre, un recuerdo emocionado de cariño y respeto hacia esa figura que describe minuciosamente y observa con respeto.  
Este bellísimo poema, auténtico prodigio creativo, es de una aparente sencillez compositiva que, en su interior, esconde un diamante poético por su acierto expresivo, su sencillez expresiva y su asombrosa armonía entre expresión y contenido. Su lectura conmueve los cimientos del lector, atónito ante tanta belleza literaria, asombrado por la corriente afectiva que circula entre autor y lectores, yo poético y persona observada. Y, al fondo, como siempre en Machado: “palabra en el tiempo”, esencialidad de los sentimientos más auténticos perdurando más allá de nuestras vidas.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimientos  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Qué órgano sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en texto la importancia de la mirada? ¿De qué es metáfora?
5) El tiempo, ¿discurre bajo una norma rígida e inflexible? ¿Por qué será así? 
6) ¿Qué significación se encierra en “¡padre mío!” (v. 13)? ¿Qué podemos deducir del estado de ánimo de la poeta? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de una persona muy querida en su vida diaria.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

José Martí: «La niña de Guatemala» (poema IX de «Versos sencillos»); análisis y propuesta didáctica

La niña de Guatemala (Poema IX)
Quiero, a la sombra de un ala,     1
Contar este cuento en flor:
La niña de Guatemala,
La que se murió de amor.
Eran de lirios los ramos,               5
Y las orlas de reseda
Y de jazmín: la enterramos
En una caja de seda.  
… Ella dio al desmemoriado
Una almohadilla de olor:              10
El volvió, volvió casado:
Ella se murió de amor.  
Iban cargándola en andas
Obispos y embajadores:
Detrás iba el pueblo en tandas,   15
Todo cargado de flores.  
…Ella, por volverlo a ver,
Salió a verlo al mirador:
El volvió con su mujer:
Ella se murió de amor.                 20
Como de bronce candente
Al beso de despedida
Era su frente ¡la frente
Que más he amado en la vida!  
…Se entró de tarde en el río,      25
La sacó muerta el doctor:
Dicen que murió de frío:
Yo sé que murió de amor.  
Allí, en la bóveda helada,
La pusieron en dos bancos;       30
Besé su mano afilada,
Besé sus zapatos blancos.  
Callado, al oscurecer,
Me llamó el enterrador:
¡Nunca más he vuelto a ver       35
A la que murió de amor!
                                                                                    (De Versos sencillos)

 

  1. ANÁLISIS
1. Resumen
José Martí (La Habana, 1853 – Dos Ríos, Cuba, 1895) es uno de los más estimables poetas del pre-modernismo hispanoamericano. Poseedor de un rico mundo poético y de una asombrosa facilidad verbal y expresiva, Martí nos dejó poemas inolvidables en los que expresa sus sentimientos, pensamientos e inquietudes más íntimas desde una perspectiva intimista, transparente e inquietante.
El poema que ahora analizamos, “La niña de Guatemala”, cumple bastante estas características, como iremos explicando a lo largo de este texto. El poema posee un marcado carácter narrativo y subjetivo. El yo poético cuenta una historia, pero le afecta directamente, por lo que va intercalando sus propios sentimientos a lo largo del texto. 
  1. Tema
El tema del poema se puede enunciar así: relato de una historia de amor trágico a causa de una traición.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta una estructura realmente original y distinta a lo habitual. De este modo encontramos:
-La primera estrofa es una introducción del contenido, por parte del yo poético, que se dirige a un auditorio ficticio (compuesto por nosotros, los lectores); advierte que el relato es triste y desgraciado.
-A continuación, las estrofas pares (2, 4, 6 y 8,) describe su funeral: desde la salida del féretro a la iglesia hasta la llegada al cementerio, a la que asiste el yo poético. Se despide de ella con un frío beso, arrasado por el dolor.
-En las estrofas impares (3, 5, 7 y 9) narra la historia de amor entre la joven de Guatemala, de la que no se especifican datos concretos de ningún tipo, y el yo poético: se habían conocido y se habían enamorado; él hubo de viajar y ella le entrega como recuerdo “una almohadilla de olor”. Tras un tiempo, él regresa, pero casado con otra mujer. Ella, contrariada, incapaz de superar la situación, se suicida dejándose ahogar en un río. Cuando la sacaron, el médico solo pudo certificar su muerte.
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por treinta y seis versos agrupados en doce estrofas. Los versos son octosílabos (ocho sílabas; arte menor, por tanto; en muchas estrofas la palabra final es aguda, por lo que el conteo silábico da siete, pero sumamos uno al utilizar la correspondiente licencia poética). La rima consonante (coinciden vocales y consonantes desde la última vocal tónica de la última palabra de cada verso) queda establecida así: abab; rima el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto. Esta estrofa recibe el nombre de cuarteta, y se repite –la estructura, no la rima– en cada una de las estrofas. El conjunto conforma una sucesión de cuartetas, estrofa especialmente apta para la expresión del pensamiento y del sentimiento sintético y comprimido. Es una estrofa de larga tradición castellana, dentro de la poesía italianizante; su cultivo ha sido muy amplio desde el Renacimiento a nuestros días.
  1. Comentario estilístico
Este poema posee un entramado de imágenes de primer orden, creadas a través, sobre todo, de metáforas y símiles. Se abre el poema con un verbo en primera persona, anunciando que es el yo poético quien interviene y dirige la narración. Con la metáfora “a la sombra de un ala” (v. 1), da a entender que se halla bajo el influjo de la muchacha fallecida. La siguiente metáfora, “cuento en flor” (v. 2), alude a que los acontecimientos pasaron hace poco, todavía están frescos y el recuerdo pesa. Acaso se pueda referir también a la edad de la joven, pues estaba en la flor de la vida. Para aumentar el misterio, Martí no concreta nada de ella; la nombra como “la niña de Guatemala”. En el último verso de la primera estrofa anticipa el final: “La que se murió de amor”. La intriga se potencia y un halo de confusión triste rodea el relato.
En la segunda estrofa cambian los tiempos verbales: se pasa del presente al pasado, señal inequívoca de que comienza el relato de los acontecimientos. En concreto, describe cómo era el féretro que contenía el cuerpo de la difunta: caja de seda, ramos de lirio y orlas o adornos de reseda y jazmín. Indica su alta posición social, pues todos los objetos son símbolos de riqueza y poder. Aparece un verbo en primera persona del plural, “enterramos” (v. 7); aquí vemos que el yo poético participa en el sepelio de la joven. 
La tercera estrofa retoma los acontecimientos desde más atrás, cuando se habían conocido ambos. Comienza con una suspensión (creada a través de los puntos suspensivos), dando a entender que el lector ha de suplir lo que falta, o que el narrador prefiere omitir ciertos detalles, o que, simplemente, había pasado mucho tiempo. A la despedida, ella le entregó un símbolo de su amor: una “almohadilla de olor” (v.10), aunque ya sabemos, por el adjetivo “desmemoriado” (v. 9) aplicado al hombre, que él pronto la olvidó. Los dos últimos versos, en lo que se concentra mucho la acción, cuentan el este volvió casado y ella murió; son cuatro verbos en pretérito perfecto simple en los que se condensan los acontecimientos. La repetición de “volvió” (v. 11) aumenta la expresividad, así como la antítesis creada con “Él” (v. 11) y “Ella” (v. 12), colocadas intencionadamente al principio de los respectivos versos.
La cuarta estrofa vuelve al desarrollo del funeral. Insiste en la gran cantidad de flores, pero añade un detalle nuevo: en el funeral de la joven de Guatemala asistieron “obispos y embajadores” (v. 14), lo que confirma que la fallecida poseía un alto estatus social. Pero además era popular y conocida por la gente común, pues detrás de las autoridades “iba el pueblo en tandas” (v. 15). Fue un entierro multitudinario y solemne, podemos deducir.
La quinta estrofa nos retrotrae a los acontecimientos previos a la muerte. Cuando su amado volvió, ella se asomó a un mirador para apreciarlo mejor; sin embargo, cuando lo vio acompañado de su esposa, “Ella se murió de amor” (v. 20). Aquí no se aporta información nueva, sino que repite y profundiza algo en lo que ya sabíamos; el hecho de que ella se acerque a un mirador para verlo a él señala su impaciencia por verlo cuanto antes. Observemos otra vez el empleo de la suspensión al principio de la estrofa para crear un estado de intriga lectora.
La sexta estrofa aporta novedades interesantes. Aquí descubrimos que el amado asistió al funeral y la despidió con un beso en la frente. Pero fue un beso agridulce, como expresa el símil “Como de bronce candente” (v. 21). Es un beso apasionado, ardiente como un metal al rojo, pero, a la vez, frío y lúgubre, pues ella está muerta. El verso 24 adquiere especial relevancia porque nos permite comprobar que el yo poético es el amado, como se aprecia en el verbo conjugado en primera persona, en la oración exclamativa “¡la frente / que más he amado en la vida!” (vv. 23-24). La repetición retórica de “frente”, junto con la metonimia que forma, refiriéndose a la persona entera de la joven, aportan dramatismo lírico; lo mismo se puede decir de la exclamación retórica que recoge esa oración.
La séptima estrofa comienza otra vez con la suspensión, aumentando la densidad significativa. Relata sucintamente que la joven entró al río y se dejó ahogar; nada se pudo hacer; la versión oficial es que murió de frío, pero el yo poético sabe que murió de amor. Es una estrofa muy sintética porque con muy pocas palabras comunica la muerte voluntaria de la joven y el estrecho grado de intimidad que existía entre ellos. Estaban muy enamorados, podemos deducir.
La octava estrofa vuelve al funeral, como corresponde a las pares. Aquí, los adjetivos epítetos, de naturaleza sensitiva, adquieren especial significación. La bóveda de la iglesia donde la enterraron está “helada” (v. 29); la mano está “afilada” (v. 31); sus zapatos son “blancos” (v. 32). Los tres adjetivos son metáforas de la muerte. La repetición retórica y anáfora creadas con la reiteración de “Besé” (vv. 31 y 32) expresan con viveza la pasión amorosa que el yo poético siente por la joven muerta. El contraste o antítesis entre “mano” y “zapato”, que aluden a dos extremidades del cuerpo de ella, también potencian el amor frustrado del yo poético por esa joven malhadada.
La novena y última estrofa es más misteriosa y ambigua en su significación. El enterrador, único personaje concreto que aparece en el poema, aparte los amantes, llama al yo poético , ¿para qué? No lo sabemos, tal vez para ver a su amada por última vez, ya sepultada oficialmente esa misma tarde. Los dos últimos versos forman un epifonema: resumen sintético en una oración exclamativa. Expresan el dolor del yo poético por la muerte de la “niña de Guatemala”. Ella murió de amor, como repite el último verso pero ¿qué responsabilidad le cupo a él, con su actitud falsa y traicionera?
El poema presenta un perfecto equilibrio entre fondo y forma, entre narración y expresión de los sentimientos. De forma sintética, se dosifica la intriga y se cierra el poema muy bellamente haciéndonos saber que el yo poético era el amado y que, al parecer, también estaba enamorado de ella. Poema de factura romántica, se contienen los sentimientos bastante y se crea una estructura zigzagueante muy bien trazada y desarrollada, para contarnos una historia de amor trágica.
  1. Contextualización
Como ya afirmamos, José Martí (La Habana, 1853 – Dos Ríos, Cuba, 1895) es uno de los poetas precursores del modernismo o, simplemente, modernistas más interesantes de la poesía en lengua española en la segunda mitad del siglo XIX. Sus poemas resultan subjetivos y sentimentales, propios del tardorromanticismo, en la senda de Bécquer y Rosalía de Castro. Observamos en la poesía de Martí una preponderancia del yo poético en el contenido, el empleo de la naturaleza como un espejo del alma y la especial predilección por marcar la singularidad poética son rasgos típicos de esta poesía. Sin embargo, no se trata de una expresión torrentosa y verbalmente exagerada, propia del primer romanticismo, sino de otra caracterizada por la contención expresiva, la moderación verbal y cierta introspección existencial que intenta ser trascendente. Martí también escribió poemas de tono más cívico, es decir, aborda temas de contenido social o político. Recordemos, a este propósito, que su posicionamiento en pro de la independencia de Cuba frente al dominio español marcó su vida y su muerte temprana.
Además de poesía, Martí compuso una obra dramática y varios textos en prosa (ensayos de actualidad referidos principalmente a la independencia de Cuba y una novela), interesantes todos ellos, pero eclipsados por la calidad de su poesía. Sus poemarios son Ismaelillo (1882), Versos libres (1882), Versos sencillos (1891), Edad de oro (1878 – 1882) y Flores del destierro (1878 – 1895).
  1. Interpretación y valoración
Estamos ante un bello poema a medio camino entre lo narrativo y lo lírico; se cuenta una historia y los sentimientos que en torno a ella surgen. Esto ocurre porque el yo poético es coprotagonista de la misma. La estructura compositiva es original y sorprendente, además de muy eficaz a efectos estéticos, intercalar la parte narrativa con la lírica es un modo sugestivo de introducir al lector en una experiencia lectora sugestiva.
El poema posee un visible tono romántico. El yo poético domina la acción y la sentimentalidad y expresa con viveza sus emociones, en este caso, trágicas y negativas. La niña de Guatemala es la otra coprotagonista; no la oímos, pero la percibimos al fondo como viva y activa: ama, se esperanza, se frustra y se suicida. Es una historia trágica y triste. El yo poético elude toda responsabilidad, pero su relato nos permite apreciar su irresponsabilidad y su inconsistencia ética. Ha provocado un grave daño a otra persona por su traición, pero no hay atisbos de arrepentimiento en ningún momento. En este sentido, es un poema estrictamente romántico, sin autorreflexión ni ahondamiento por parte del yo poético, trasunto de Martí.
La “niña de Guatemala” parece que se identifica con María García Granados y Saborío (Ciudad de Guatemala, 1860 – 1878), joven con la que, al parecer, Martí mantuvo un romance frustrado que coincide, a grandes rasgos, con el relato del poema. He aquí un ejemplo de transfiguración de la vida en literatura.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema y cómo afectan al contenido. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿A quién se dirige el poeta? 
2) El poeta, ¿qué sentimientos muestra? ¿Y la “niña de Guatemala”? 
3) Localiza los dos polos de la dicotomía o antítesis que plantea el poema, referido a los protagonistas y a los sentimientos. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la fidelidad y el compromiso? 
5) Relaciona este poema con la biografía de José Martí ¿Qué importancia posee en este sentido? ¿Qué podemos deducir de su vida amorosa y su consistencia ética? 
6) Observa y recoge las acciones que realiza “la niña de Guatemala”. ¿Pensó en la mejor manera de afrontar su situación antes de actuar? ¿Su actitud, fue racional o pasional?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que cuente una historia de amor y exprese el estado interior de una persona, real o imaginaria, en torno a esas vivencias. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado José Martí.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta José Martí a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre José Martí, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar un estado sentimental o existencial, sea referido al amor o al dolor por la muerte de un ser querido; serán reflejo de  un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de José Martí.
5) Puedes crear la misma historia desde la perspectiva de la chica traicionada, insistiendo en sus sentimientos de frustración abandono.

 

José Martí: «Cuando me puse a pensar»; análisis y propuesta didáctica

JOSÉ MARTÍ: “CUANDO ME PUSE A PENSAR”
Cuando me puse a pensar                 1
La razón me dio a elegir
Entre ser quien soy, o ir
El ser ajeno a emprestar,
Mas me dije: si el copiar                  5
Fuera ley, no nacería
Hombre alguno, pues haría
Lo que antes de él se ha hecho:
Y dije, llamando al pecho,
¡Sé quien eres, alma mía!                10
                                          (De Versos libres, 1882)
1. ANÁLISIS
  1. Resumen
José Martí (La Habana, 1853 – Dos Ríos, Cuba, 1895) es uno de los más estimables poetas del pre-modernismo hispanoamericano. Poseedor de un rico mundo poético y de una asombrosa facilidad verbal y expresiva, Martí nos dejó poemas inolvidables en los que expresa sus sentimientos, pensamientos e inquietudes más íntimas desde una perspectiva intimista, transparente e inquietante.
El poema que ahora analizamos, “Cuando me puse a pensar”, cumple estas características, como iremos explicando a lo largo de este texto. El poema posee un marcado carácter reflexivo y subjetivo. El yo poético comienza recordando los momentos en que forjó su carácter y se le planteó un dilema: ser auténtico, o solo una copia de los otros; ocupa los cuatro primeros versos. Razona a continuación, en la segunda sección temática, que, justamente, la diversidad, la originalidad y el esfuerzo de cada hombre, distinto a los otros, es lo que garantiza el avance y el progreso de la humanidad. Por eso se determina, resolutivamente, a ser él mismo, con autenticidad y transparencia, sin temor a los posibles peligros.
2. Tema
El tema del poema se puede enunciar así: reflexión existencial del yo poético sobre si es mejor afrontar la vida como una copia de los demás, o como un proyecto personal y único marcado por la autenticidad; elige este último camino de la fidelidad a uno mismo.
3. Apartados temáticos
El poema presenta una estructura bimembre, según las dos estrofas. De este modo, tenemos:
-Primera parte (vv. 1-4): es una introducción o presentación del asunto abordado; el yo poético reflexiona sobre qué itinerario seguir en su vida, el de la falsedad repetitiva y copiada, o el de la verdad personal.
-Segunda parte (vv. 5-10): presenta una primera sección argumentativa; si todos copiáramos a los demás, no habría progreso, ni avance, ni siquiera personas, pues no valdría la pena la vida. La segunda sección es una reivindicación firme y exaltada de su idiosincrasia personal, que garantiza la fidelidad a uno mismo.
4. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por diez versos agrupados en una estrofa. Los versos son octosílabos (ocho sílabas; arte menor, por tanto). La rima consonante (coinciden vocales y consonantes desde la última vocal tónica de la última palabra de cada verso) queda establecida así: abbaaccddc; rima el primero con el cuarto, y el segundo con el tercero. Esta estrofa recibe el nombre de redondilla y se repite –la estructura, no la rima– en los cuatro últimos versos. Los versos quinto y sexto son la repetición del primero de cada redondilla. El conjunto conforma una décima, hermosa estrofa especialmente apta para la expresión del pensamiento y del sentimiento sintético y comprimido. Es una estrofa de larga tradición castellana, dentro de la poesía italianizante; su cultivo ha sido muy amplio desde el Renacimiento a nuestros días.
5. Comentario estilístico
Este poema posee un entramado estilítico rico y sugestivo. El carácter subjetivo se manifiesta en el primer verbo del poema, en primera persona; nos indica que el yo poético habla de sí mismo. Los verbos en presente de indicativo señalan el carácter atemporal de su contenido, su validez continua, más allá de la mera cronología compositiva o personal. La personificación de “la razón” claramente el proceso analítico que se ha seguido para dar sentido a su vida.
Sigue una antítesis, entre autenticidad y copia, expresada a través de diversas palabras procedimientos. Por ejemplo, primero aparece una repetición mezclada con derivación (“ser quien soy”, v. 3). El poeta dialoga consigo mismo (“Mas me dije…”, v. 5) y descubre que “copiar” es el camino de las personas rutinarias, falsas o vacías. Eso conduce a la extinción de uno mismo y de la propia humanidad. Por eso apostrofa a su pecho, metonimia de su ser interior o de su alma, para que despierte y opte por el camino de la autenticidad. Este pensamiento se expresa en el último verso, que encierra un hermoso epifonema, de ahí su tono exclamativo. “Sé quien eres” puede resultar tautológico a primera vista, pero no lo es tanto si pensamos en que se apela a la originalidad y verdad que el yo poético lleva dentro. Varios encabalgamientos e hipérbatos imprimen un tono cadencioso, en analogía con el carácter reflexivo del poema. 
“Pecho” y “alma”, metonimias de la persona del yo poético, complementan a la “razón” (v. 2) y así, vemos cómo la parte analítica y sentimental de la persona entran a formar parte del contenido poético. De este modo, el poema resulta ser una reivindicación de la esencia del yo poético, su idiosincrasia propia y su deseo de vivir como es, sin falsificaciones ni mentiras colectivas.         
6. Contextualización
Como ya afirmamos, José Martí (La Habana, 1853 – Dos Ríos, Cuba, 1895) es uno de los poetas precursores del modernismo o, simplemente, modernistas más interesantes de la poesía en lengua española en la segunda mitad del siglo XIX. Sus poemas resultan subjetivos y sentimentales, propios del tardorromanticismo, en la senda de Bécquer y Rosalía de Castro. Observamos en la poesía de Martí una preponderancia del yo poético en el contenido, el empleo de la naturaleza como un espejo del alma y la especial predilección por marcar la singularidad poética son rasgos típicos de esta poesía. Sin embargo, no se trata de una expresión torrentosa y verbalmente exagerada, propia del primer romanticismo, sino de otra caracterizada por la contención expresiva, la moderación verbal y cierta introspección existencial que intenta ser trascendente. Martí también escribió poemas de tono más cívico, es decir, aborda temas de contenido social o político. Recordemos, a este propósito, que su posicionamiento en pro de la independencia de Cuba frente al dominio español marcó su vida y su muerte temprana.
Además de poesía, Martí compuso una obra dramática y varios textos en prosa (ensayos de actualidad referidos principalmente a la independencia de Cuba y una novela), interesantes todos ellos, pero eclipsados por la calidad de su poesía. Sus poemarios son Ismaelillo (1882), Versos libres (1882), Versos sencillos (1891), Edad de oro (1878 – 1882) y Flores del destierro (1878 – 1895).
7. Interpretación y valoración
Este poema presenta una reflexión sobre qué debe ser una persona, cuál es el mejor camino para su vida plena: la repetición de lo ya visto, o la autenticidad personal. Martí le imprime un tono personal y subjetivo, pues se refiere a él mismo; sin embargo, el texto posee un carácter generalizante y, en cierto modo, universal, de gran importancia. Es como si el yo poético se propusiera como ejemplo reivindicativo del mejor itinerario que se puede seguir en la existencia.
Al ser una décima, el contenido está muy comprimido. Primero cuenta su reflexión y su dilema; luego razona sobre las desventajas de la repetición del camino general y acaba apostrofando a su alma para que sea original y fiel a sí misma. El epifonema final encierra una gran eficacia poética porque comprime y enfatiza la importancia de que cada persona sea como es, más allá de rutinas y presiones.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema y cómo afectan al contenido. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿A quién se dirige el poeta? 
2) El poeta, ¿qué sentimientos existenciales muestra? 
3) Localiza los dos polos de la dicotomía o antítesis que plantea el yo poético referido al camino que puede elegir en la vida. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la autenticidad? 
5) Relaciona este poema con la biografía de José Martí ¿Qué importancia posee en este sentido? ¿Anuncia su participación en la guerra de independencia de Cuba frente a España? 
6) Observa detenidamente y localiza dónde aparecen las palabras “razón”, “pecho” y “alma”. ¿Qué expresan o a qué se refieren? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese el estado interior de una persona, real o imaginaria, sobre la dicotomía que se plantea al elegir el camino de su vida.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado José Martí.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta José Martí a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre José Martí, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar un estado espiritual o existencial; serán reflejo de  un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de José Martí.

Pío Baroja: «Aurora roja» («La lucha por la vida», 3); análisis y propuesta didáctica

PÍO BAROJA: AURORA ROJA
  1. ANÁLISIS
  1. Resumen
«Aurora roja» es el tercer título de la trilogía «La lucha por la vida». La historia comienza con un prólogo dedicado a Juan, el hermano de Manuel. Es seminarista en una institución religiosa no aclarada. Al finalizar un verano, decide dejar sus estudios religiosos porque no tiene vocación. Va a casa de su tío –quien lo mantenía y cuidaba–, le dice que vuelve a los estudios, pero los abandona. Echa a caminar sin rumbo fijo; en el campo, unos cazadores lo golpean porque piensan que les ha robado la caza. En un pueblo hace algunos retratos y gana un poco de dinero, pues le cae bien al alcalde. Se encamina hacia Barcelona, donde piensa dedicarse a la pintura. Aparece como un joven enérgico y firme en sus ideas. Luego sabremos porque se lo cuenta a su hermano Manuel que se instala en Barcelona como retratista y le va bien. Va a París, donde lo pasa mal trabajando de lo que pilla. Perfecciona su arte como escultor, imitando a Rodin y otros. Luego regresa a la capital, a Madrid; pregunta y al fin da con su hermano, que lo acoge cariñosamente.
Manuel se instala con la Salvadora y su hermano, y su hermana viuda Ignacia en una casa a las afueras de Madrid. Trabaja en una imprenta de cajista. Tiene como vecinos a un padre que es barbero y a un hijo que es electricista. Forman tertulia todas las noches, a la que acude también el señor Canuto, veterinario jubilado. En un baruco no lejos de allí se reúne un grupo de anarquistas, donde Juan asiste y es respetado. Le hace un busto a la Salvadora, queda muy bien y lo vende por buen dinero. Salvadora trabaja mucho cosiendo y monta una pequeña academia de corte y confección, con muchas alumnas; le va bien, aunque está agotada. Manuel no sabe qué siente hacia ella. Esta la anima a comprar una imprenta, pero falta el dinero. Un día visita a Roberto y le propone que le preste dinero para comprar una imprenta. Roberto accede e invierte, a modo de socio capitalista, cerca de diez mil pesetas. Roberto se casa con Kate; su situación económica se ha arreglado porque el asunto de herencia ha salido bien y ahora vive desahogadamente; ya tienen un hijo.
Manuel acoge a Jesús para que le ayude en la imprenta. Este no abandona su vida de alcohol y dejación laboral. Monta un grupo de ladrones y, en el cementerio semiabandonado cerca de su casa, Canuto y él esquilman las tumbas, e incluso desentierran féretros para buscar cosas que vender. Manuel los espía una noche y los pilla en sus repugnantes tratos comerciales con objetos religiosos y de difuntos. Jesús le pide cincuenta pesetas y se va a Tánger, para siempre; abandona la escena, junto con Canuto, que habla de un modo peculiar, cortando palabras y deformando otras para ser más original.
A Alonso, el trapecista, le obligan a hacerse policía y, con Ortiz, pillan al Bizco, que vivía en un agujero, medio cueva, que había practicado a las afueras, por el Manzanares. Lo condenan a muerte. Manuel lo visita en la cárcel, por si le puede servir de algo, pero el Bizco, que había matado a una novia, solo le pide que el verdugo no le haga sufrir. Manuel visita al verdugo, con su hermano Juan; es un hombre con acento andaluz que confiesa que lo hace para ganarse la vida, aunque no le gusta el oficio y recibe el desprecio de vecinos y familiares.
“Aurora roja” es el nombre de la asociación informal de anarquistas que se reúnen en la tasca para despotricar contra todo y contra todos. Están divididos en tendencias. Manuel asiste regularmente y se siente parte de ellos, aunque le llaman burgués por poseer una imprenta. Un día llega un italiano, o eso parece ser, con una bomba en una maleta. Juan cae enfermo y se siente débil, pero sigue adelante con sus ideas anarquistas y deja la escultura. Es bueno y desprendido, pero poco práctico. Salvadora se da cuenta de la bomba del italiano, se la quitan, la destruyen, junto con un cuchillo y todos los papeles. Todo lo había organizado un tipo que montaba algazaras políticas, pero que era soplón de la policía. Tras inspeccionar la casa por la policía, se libran in extremis de ir a la cárcel. Un día aparece Roberto y habla largamente con Manuel. Le explica que el anarquismo es contradictorio y utópico. La voluntad y la determinación personal son las que pueden cambiar para mejor a la persona y al mundo. Se va para Londres, pero antes le aconseja a Manuel que se case con la Salvadora, cosa que hace inmediatamente. Roberto le perdona el préstamo y le regala su parte a Manuel. Parece que los anarquistas preparan un atentado en la fiesta de coronación de Alfonso XII, al alcanzar la mayoría de edad, pero no pasó nada. Juan empeora y, finalmente, muere. Lo entierran en presencia de su grupo de anarquistas y de su hermano, que lamenta su muerte.
Esta novela cierra temáticamente las dos anteriores. Manuel alcanza la madurez, la estabilidad económica y la tranquilidad emocional, gracias a su matrimonio. Desde el punto de vista ideológico, tras sus coqueteos con el anarquismo, se instala en un conformismo crítico con la situación política de España.
  1. Tema
Esta es la novela más ideológica de las tres de la trilogía porque el anarquismo y sus posibilidades de transformación social ocupan una parte importante del desarrollo del relato. El tema central es la maduración personal, en los aspectos ideológicos y emocionales, de Manuel y su consecuente mejora económica, ya completamente estable y acomodada al ser propietario de una imprenta.
  1. Personajes
-Manuel: ya es un adulto asentado. Muy titubeante, en un primer momento, en lo emocional y en lo ideológico, se deja influir por unos y otros, como dejándose llevar sin rumbo. Es trabajador y responsable, aunque indeciso. Roberto le da orientaciones sociales y políticas: anarquismo conservador matizado por una fuerte voluntad de superación y afán de lograr metas individuales en la vida, sean del tipo que fueren. Salvadora le aporta la estabilidad emocional que estaba buscando. Abandona el mundo de la prostitución, a pesar de verse otra vez con la Justa, ya no se deja influir y sigue su camino de decencia.
-Salvadora: es la mujer fuerte, voluntariosa y tenaz, que ordena su vida y la de su marido Manuel. Trabaja mucho y es paciente para alcanzar sus objetivos. Al fin, Manuel se le declara, cosa que ella buscaba desde hacía tiempo, y forman un hogar. Sin ser guapa, es expresiva y posee un gran fondo ético. Emerge como la fuerza estabilizadora de individuos un tanto desorientados en sus vidas.
-Ignacia: la hermana viuda de Manuel, también es una mujer juiciosa y trabajadora. Aporta estabilidad y sentido común a la casa, pues la practicidad es su línea de conducta.
-Juan: es el hermano de Manuel, que había criado un tío. Iba para cura en un seminario, pero lo abandona al descubrir su falta de vocación. Con dotes artísticas y mucha generosidad en su interior, trata de redimir al mundo de los humildes y los hambrientos a través del anarquismo, pero muere joven. Educado, sensible, respetuoso, encarna a la bondad desprendida, al utopismo anarquista y al deseo de una humanidad mejor. Su muerte prematura parece un símbolo del fracaso de esas ideas.
-El Libertario: es un hombre anarquista de buenas intenciones, palabrero y algo majadero, que viven sin dar un palo al agua de sus ideas más o menos utópicas. Como él, pululan otros muchos en la novela, como el Madrileño, el catalán, etc.
-Padre peluquero e hijo electricista (los Rebolledo): encarnan a los trabajadores y laboriosos hombres corrientes. Tienen sus ideas, pero no están ideologizados. Muestran mucha solidaridad y compasión por los demás.
  1. Lugar y tiempo
La acción se desarrolla en Madrid, en los barrios humildes y pobres del suroeste. Aparecen los depósitos de gas y las orillas del Manzanares como lugar de ocio. Calles de barro, escasa iluminación y edificios arrumbados es el día a día de un lugar un tanto duro e inhóspito para las personas humildes.
La acción se desarrolla a principios del siglo XX. Baroja firmó el final de la novela en 1904, año en que se publicó. Algunas referencias a hechos ocurridos por esa época confirman la época: el acceso al trono de Alfonso XII y la pérdida de las últimas colonias de ultramar. En cuanto a la duración de la acción, se puede calcular en un año, aproximadamente. Baroja referencia los hechos a estaciones y meses, y vemos cómo discurren con sus lógicas consecuencias: frío y lluvia en invierno y sol y calor en verano.
  1. Figura del narrador
La acción es narrada por un narrador omnisciente, en tercera persona, objetivo y externo. Este narrador heterodiegético más o menos se puede identificar con el propio Baroja, pues transmite su mentalidad de pesimismo social, escepticismo sobre el desarrollo de España, críticas despiadadas hacia los charlatanes, los vagos, los tramposos, que abundan por todos lados. La narración suele ser rápida y dinámica. Sin embargo, existen unos capítulos en la tercera parte donde se explica la ideología anarquista con cierto pormenor, se citan pensadores y políticos de esa tendencia, se reproducen diálogos sobre discusiones ideológicas, etc. Es una sección más lenta; la acción se remansa y los pensamientos y emociones pesan más que la acción.
  1. Apartados temáticos
Baroja presenta un relato de desarrollo clásico:
-Introducción o presentación de los personajes y el ambiente: ocupa el prólogo, referido a Juan y su abandono de la vida religiosa y los tres primeros capítulos de la primera parte.
-Nudo o desarrollo de la trama: abarca el resto de la primera parte, la segunda y la tercera excepto el capítulo final.
-Desenlace o resolución del conflicto: se concentra en el último capítulo de la tercera parte. Se centra en la enfermedad mortal y entierro de Juan.
  1. Análisis estilístico
El estilo barojiano se caracteriza por:
-Narraciones breves y rápidas: la acción se presenta con economía y concentración expresiva. La narración es bastante objetiva, seca y concentrada en el asunto principal.
-Descripciones detalladas, caracterizadoras de un lugar o un personaje y moderadas. Baroja huye de la morosidad y la lentitud, de modo que presenta el objeto descrito con pocas palabras y mucha contención.
-Variedad de paisajes y personajes, dentro de un ambiente urbano madrileño: la acción cambia con bastante frecuencia, lo mismo que los personajes que intervienen en ella. Son bastantes y heterogéneos.
-Lenguaje preciso y claro: Baroja utiliza un castellano rico en su léxico y variado en su uso. Tanto las descripciones precisas de enfermedades, por ejemplo, como la forma de hablar del hampa, se recoge con mucha propiedad y expresividad.
-Estilo fotográfico: el novelista presenta ambientes y personajes mirándolos de modo objetivo y aséptico. No duda en ofrecer los aspectos más feos y desagradables del objeto descrito; lo realiza con cierto distanciamiento y mirada fotográfica.
-Intención crítica de orden social y existencial: Baroja presenta una realidad bastante deprimente de la España decimonónica con una intención de crítica social. Rechaza la brutalidad ambiente, la incultura generalizada, la sordidez moral en muchos ámbitos de la sociedad, la hipocresía y el cinismo de los pudientes, el egoísmo generalizado,etc. A continuación ofrecemos un ejemplo elocuente (1.ª parte, cap. III):

 

Manuel subió las escaleras con su hermano, abrió la casa y pasaron al comedor. Manuel estaba completamente azorado; la llegada de Juan le perturbaba por completo. ¿A qué vendría?
–Tienes una bonita casa –dijo Juan contemplando el cuartito limpio, con la mesa redonda en medio y el aparador lleno de botellas.
–Sí.
–¿Y la hermana?
–Ahora vendrá. No sé qué hace. ¡Ignacia! –llamó desde la puerta.
Entró la Ignacia, que recibió a su hermano más sorprendida que satisfecha. Tenía la mujer ya su vida formada y reglamentada, y su egoísmo se sentía inquieto ante un nuevo factor que podía perturbarla.
–Y este perro, ¿de dónde ha venido? –preguntó alborotada la mujer.
–Es mío –dijo Juan.
Al entrar la Salvadora, Juan no pudo evitar un movimiento de sorpresa.
–Es una amiga que vive con nosotros como una hermana –murmuró Manuel.
Al decir esto, Manuel se turbó un poco, y la turbación se comunicó a la Salvadora; Juan saludó, y se inició entre los cuatro una conversación lánguida. De pronto entró gritando el hermano de la Salvadora en el comedor; Juan le acarició, pero no preguntó quién era; el chico se puso a jugar con el perro. La discreción de Juan, al no decir nada, les azoró aún más; las mejillas de la Salvadora enrojecieron como si fueran a echar sangre, y, balbuceando un pretexto, salió del cuarto.
 –¿Y qué has hecho?, ¿qué ha sido de tu vida? –preguntó maquinalmente Manuel.
Juan contó cómo había salido del seminario; pero el otro no le oía, preocupado por la turbación de la Salvadora.
Luego Juan habló de su vida en París, una vida de obrero, haciendo chucherías, bibelots y sortijas, mientras estudiaba en el Louvre y en el Luxemburgo, y trabajaba en su casa con entusiasmo. Mezcló en sus recuerdos sus impresiones artísticas, y habló de Rodin y de Meunier, con un fuego que contrastaba con la frialdad con que era escuchado por la Ignacia y Manuel; después expuso sus ideas artísticas; quería producir este arte nuevo, exuberante, lleno de vida, que ha modernizado la escultura en las manos de dos artistas, uno francés y el otro belga; quería emancipar el arte de la fórmula clásica, severa y majestuosa de la antigüedad; quería calentarlo con la pasión, soñaba con hacer un arte social para las masas, un arte fecundo para todos, no una cosa mezquina para pocos.
En su entusiasmo, Juan no comprendía que hablaba a sus hermanos en un lenguaje desconocido para ellos.
–¿Tienes ya casa? –le preguntó Manuel en un momento en que Juan dejó de hablar.
–Sí.
–¿No quieres cenar con nosotros?
–No, hoy no; mañana. ¿Qué hora es?
–Las seis.
–¡Ah!, entonces me tengo que marchar.
  1. Interpretación
Esta hermosa novela de Baroja nos deja una imagen vívida tras su lectura. En primer lugar, conviene destacar la fotografía realista y ferozmente crítica del Madrid de 1900. Todos los ambientes, personajes y actitudes circulan por la novela. De los vagos con ideologías políticas anarquistas, a los truhanes más violentos e inmorales, aparecen en la novela dejando una imagen terrible de un país moralmente descompuesto y de una sociedad carente de una guía moral firme y compartida.
Las personas de carácter dubitativo, como el protagonista, Manuel, reciben una mala influencia y acaban por el camino de perdición a causa de carencias educativas, familiares y sociales. Baroja no es neutral ante esta lacerante sociedad: la critica, la ridiculiza; y, en fin, satiriza tipos y situaciones moralmente rechazables. Su escepticismo sobre las posibilidades de progreso y estabilidad es patente. Desconfía de una sociedad muy podrida en su médula moral y existencial. Los que tienen ideas de progreso, como el grupo de anarquistas, son holgazanes e inconsistentes; los que no piensan en eso, se esfuerzan por salir adelante con su trabajo. Salvadora e Ignacia son ejemplos de cierta regeneración moral. Roberto, por supuesto, hombre enérgico y trabajador, emerge como modelo de ciudadano esforzado y guía para los demás
La variedad de ambientes y personajes es una característica muy llamativa de la narrativa barojiana. En sus páginas vemos la sociedad entera: niños y adultos, hombres y mujeres, ricos y pobres, desfilan por su narración dejándonos un fondo de verdad, aunque desagradable y cruda. En esta tercera parte Baroja se centra en el análisis de la ideología anarquista. Presenta a muchos de sus seguidores como ingenuos, charlatanes y holgazanes. Pero no son todos, pues Juan, anarquista convencido, es un hombre bueno y generoso.
El estilo barojiano, breve, sucinto, muy concentrado, hace que la acción avance deprisa. Esto evita todo despiste lector y aumenta la tensión narrativa notablemente. La lectura de esta novela es también documental: nos ofrece una fotografía, bien que ácida, del Madrid finisecular, lleno de sordidez y pobreza. Desde luego, conocemos mucho mejor cómo era y qué sentían las personas de esa época. También nos invita a una reflexión personal sobre nuestra sociedad y nuestro papel en ella. ¿Hemos avanzado algo? ¿La inmoralidad y el egoísmo siguen campando por sus respetos?
  1. Contextualización
Pío Baroja y Nessi (San Sebastián, 1872 – Madrid, 1956) es uno de los grandes escritores españoles, miembro de la Generación del 98, junto con Unamuno, Azorín, Maeztu, Machado y Valle-Inclán. Comparte con los miembros de su generación su preocupación por España, una crítica fuerte a los vicios sociales, búsqueda de un estilo renovado y más natural y, finalmente, una conciencia estética y ética que pretende regenerar un país, España, sumido en cierta parálisis socio-económica y cultural, sobre todo a raíz de la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, las últimas colonias del imperio.
Baroja transmite un sus obras un enorme escepticismo acerca del hombre y sus posibilidades de mejora. Su ideología, entre el anarquismo conservador y el nihilismo escéptico, se deja ver muy bien en sus novelas. Los finales más bien amargos y tristes, muchas veces trágicos, nos presentan un autor desengañado respecto de la sociedad de su tiempo.
El estilo barojiano es muy peculiar: su brevedad descriptiva, su narración rápida y directa son bien conocidos. La frase corta, la adjetivación exacta y más bien parca obligan a una lectura atenta, que fluye a buen ritmo hacia desenlaces más bien amargos. Los personajes, de cualquier clase y condición social, están bien dibujados; los conocemos más por lo que hacen y dicen que por la mediación del narrador.
  1. Valoración
Esta novela de Baroja posee un gran atractivo para el lector porque le ofrece una imagen completa de una sociedad más próxima a nosotros de lo que, seguramente, nos gustaría. El estilo terso, dinámico, preciso y enfocado en la acción rápidamente atrapa al lector y lo lleva, casi literalmente, por un recorrido de la capital de España en los primeros años del siglo XX. La creación de los personajes es verosímil y literariamente feliz porque estos ofrecen una consistencia notables.
Parece que Baroja se ensaña con la sociedad de su tiempo y su novela, en este sentido, funciona como una protesta firme y clara contra la degeneración moral y existencial de un país a la deriva. El escritor vasco, escéptico y huraño, nos ofrece un documento feroz de una ciudad terrible, Madrid, en un momento histórico de crisis. Los valores estéticos y la reflexión de fondo se maridan para crear un fuerte impacto lector. El análisis de la ideología anarquista es seria y benevolente, aunque las conclusiones que ofrece son desoladoras. La sociedad necesita personas moral e ideológicamente firmes, dada la corrupción política y la descomposición social.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en
casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren
material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume la obra en su trama principal (300 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido.
4) Analiza los personajes y establece su relevancia argumental.
5) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada.
6) Analiza la figura del narrador a lo largo de la novela.
7) Explica por qué este texto pertenece a la literatura contemporánea y a la Generación
del 98 de modo más específico.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos propios de la novela moderna aparecen en este texto?
2) ¿Se puede decir que el destino opera realmente sobre las personas, a tenor de lo que
leemos en Aurora roja? Razona la respuesta.
3) ¿Qué importancia posee el amor, en distintas variantes, en esta novela?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la pobreza?
5) Elige el personaje más siniestro o negativo; explícalo e interpreta su sentido.
6) ¿Cómo aparece el mundo del anarquismo en la novela? ¿Qué opinión tenía Baroja de é, a juzgar por los textos? Razona la respuesta con ejemplos.
7) Explica la importancia de la amistad y deduce su papel en el resto de la novela.
8) Analiza el papel de los padres y las madres ante sus hijos a lo largo de la novela.
Compara sus actitudes: ¿hacen lo que pueden para proteger y educar a su prole? En caso afirmativo, ¿alcanzan el éxito en sus desvelos? Razona tu respuesta.
2.3. Comentario de texto específico
(Capítulo VII, 3.ª parte)
Una tarde, después de comer, estaba Manuel regando las plantas de su huertecillo, cuando se presentó Roberto.
–¡Hola, chico!, ¿qué tal? ¿Estás de jardinero?
–Ya ve usted. ¿Y la señorita Kate?
–Muy bien. Allí, en Amberes, con su madre. Hemos hablado mucho de ti.
–¿Sí? ¿De veras?
–Te recuerdan con verdadero cariño.
–Son muy buenas las dos.
–Tengo ya un chico.
–¡Hombre! ¡Cuánto me alegro!
–Es un pequeño salvaje. Su madre lo está criando. ¿Y tus negocios? ¿Qué tal van?
–No tan bien como yo quisiera; no le voy a poder devolver el dinero tan pronto como yo creía.
–No importa. Cuando puedas. ¿Qué te pasa? ¿No marcha el negocio?
–Sí, va muy despacio; pero, me matan los obreros socialistas.
–¿Los socialistas?
–Sí. Está uno atado de pies y manos. Las sociedades hacen ya en todos los oficios lo que quieren, ¡con un despotismo! Uno no puede tener los obreros que se le antoje, sino los que ellos quieran. Y se ha de trabajar de esta manera, y se ha de despachar a éste, y se ha de tomar al otro. Es una tiranía horrible.
–Y con esto, tu tendencia anarquista se habrá aumentado.
–Claro que sí. Porque si hay que hacer la revolución social, que la hagan de una vez; pero, que le dejen a uno vivir… ¿Quiere usted subir un rato, don Roberto?
–Bueno.
Subieron los dos y pasaron al comedor. Roberto saludó a la Salvadora.
–¿Tomará usted café, don Roberto?, ¿eh? -le preguntó Manuel.
–Sí.
Le trajeron una taza de café.
–¿Tu hermano es también anarquista? –preguntó Roberto.
–Mucho más que yo.
–Usted debe curarles de ese anarquismo –dijo Roberto a la Salvadora.
–¿Yo? -preguntó ella ruborizándose.
–Sí, usted, que seguramente tiene más buen sentido que Manuel. Al artista no le conozco. A éste, sí, desde hace tiempo, y sé cómo es: muy buen chico; pero, sin voluntad, sin energía. Y no comprende que la energía es lo más grande; es cómo la nieve del Guadarrama, que sólo brilla en lo alto. También la bondad y la ternura son hermanas; pero son condiciones inferiores de almas humildes.
–Y si yo soy humilde, ¿qué le voy a hacer?
–¿Ve usted? –replicó Roberto dirigiéndose a la Salvadora-. Este chico no tiene soberbia. Luego es un romántico, se deja arrastrar por ideas generosas; quiere reformar la sociedad…
–No me venga usted con bromas. Yo ya sé que no puedo reformar nada.
–Eres un sentimental infecto. Luego añadió, dirigiéndose también a la Salvadora: -Yo, cuando hablo con Manuel, tengo que discutir y reñirle. Perdone usted.
–¿Por qué?
–¿No le molesta a usted que le riña?
–Si le riñe usted con razón, no.
–Y que discutamos, ¿tampoco le molesta?
–Tampoco. Antes me aburrían las discusiones, ahora ya no; me interesan muchas cosas y también soy algo avanzada.
–¿De veras?
–Sí; casi, casi, libertaria; y no es por mí, precisamente; pero me indigna que el Gobierno, el Estado o quien sea, no sirva más que para proteger a los ricos contra los pobres, a los hombres contra las mujeres, y a los hombres y a las mujeres contra los chicos.
–Sí, en eso tiene usted razón –dijo Roberto–. Es el aspecto más repugnante de nuestra sociedad ése, el que se encarnice con los débiles, con las mujeres, con los niños, y que, en cambio, respete todas las formas de la bravuconería y todas las formas del poder.
–Yo, cuando leo esos crímenes –siguió diciendo la Salvadora–, en que los hombres matan a una mujer, y luego se les perdona, porque han llorado, me da una ira…
–Sí, ¿qué quiere usted? Es el jurado sentimental, que va a la Audiencia como quien va al teatro. Así le condenan a veinte años de presidio a un falsificador y dejan libre a un asesino.
–¿Y por qué las mujeres no habían de ser jurados? –preguntó la Salvadora.
–Sería peor; se mostrarían, seguramente, más crueles para ellas mismas.
–¿Cree usted?
–Para mí es seguro.
–La pena debía ser –dijo Manuel– menor para la mujer que para el hombre; menor para el que no sabe que para el que sabe.
–A mí me parece lo mismo –añadió la Salvadora.
–Y a mí también –repuso Roberto.
–Eso es lo que debía modificarse –siguió diciendo Manuel–; las leyes, el Código. Porque eso de que haya república o monarquía o Congreso, bastante nos importa a nosotros. ;Por qué, por ejemplo, han de poner en el Registro civil si un niño es legítimo o no? Que le apunten, y nada más.
–Pues eso se va consiguiendo poco a poco –replicó Roberto–. Se van haciendo liquidaciones parciales, y las leyes cambian. En España, todavía, no; pero vendrán esas modificaciones, y vendrán mejor, ¡créelo!, si hay una voluntad fuerte, un poder audaz encargado de dominar el desconcierto de los egoísmos y de los apetitos.
–Pero, eso sería el despotismo.
–Sí; el despotismo ilustrado. Para mí, la autoridad es mejor que la ley. La ley es rígida, estable, sin matiz; la autoridad puede ser más oportuna y, en el fondo, más justa.
a) Comprensión lectora
1) Resume el texto, señala el tema e indica los apartados temáticos o secciones de
contenido.
2) Analiza brevemente los personajes que intervienen y su papel en la obra.
3) ¿Qué ha ocurrido antes de este fragmento? ¿Y después?
4) Indica el lugar y el momento donde se desarrolla la acción.
5) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos que embellecen el mensaje.
b) Interpretación
1) Analiza el carácter de Salvadora, Roberto y Manuel, según aparece en este pasaje.
2) Explica cómo aparece la situación de la mujer y de los niños. ¿Existe crítica? ¿Por qué?
3) Manuel ha pasado de empleado a empresario, lo que afecta a su mentalidad. ¿Cómo lo percibimos?
4) ¿Estamos ante una sociedad ideológicamente tranquila y serena? Justifica tu opinión.
 
2.4. Fomento de la creatividad
1) Escribe un cuento, en prosa o en verso, con un contenido más o menos inspirado en Aurora roja.
2) ¿Es común el estilo de vida que se desprende del relato? Razona tu respuesta y narra el tipo de vida de un niño o joven como tú hoy. Puedes cambiar el final del relato para hacerlo, a tu juicio, más verosímil.
3) Realiza una exposición sobre Pío Baroja, sus obras y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de la vida urbana madrileña de finales del siglo XIX (lugares, ambientes, etc.), en los que se pudo desarrollar esta novela y comenta su significación.
5) Leed algún fragmento del texto, de forma dramatizada, en grupos, ante la clase, acompañada la declamación de música e imágenes apropiadas.

Pío Baroja: «Mala hierba» («La lucha por la vida», 2); análisis y propuesta didáctica

PIO BAROJA: Mala hierba (1904)
  1. ANÁLISIS
  2. Resumen
Primera parte
Esta novela continúa con el relato de la vida de Manuel, desde los dieciocho hasta quizá los veinte años. En un ambiente madrileño, asistimos a las andanzas de este joven desorientado y holgazán, pero de buen corazón. Su hermana, casada con un bombero, le regala ropa vieja de su marido. Acude al consejo y ayuda de su antiguo amigo Roberto Hasting, ahora periodista de “El mundo” y profesor de clases particulares; sigue luchando por esclarecer su herencia de un pueblo de Álava. Lo acoge en su piso, una buhardilla compartida con un escultor fracasado, envidioso y presumido, Alejo Monzón. Le recomienda que busque un trabajo, que sea de voluntad fuerte y moral recta, pero el chico no quiere entender. 
Bernardo Santín, un escritor vago, charlatán y embaucador, se casa con una chica mona y con ahorros, Esther Volowitch. Se casa con ella y le saca los ahorros para montar un estudio de fotografía, pero su vagancia hace que acabe arruinado al poco tiempo; solo le preocupaba que su padre, ya viudo, estuviera bien, sin hacer caso a su mujer. Manuel vive con la pareja, como ayudante de fotógrafo, pero todo acaba en ruina, a pesar de la ayuda de Roberto.
Ayuda a Bonifacio Mingote, un agente de colocación, a redactar anuncios publicitarios. Lo coloca al servicio de la baronesa de Aynant, doña Paquita de Figueroa, criolla que malbarató la fortuna de su padre por Europa; se había casado con un flamenco, pero se aburrió de aquella vida y ahora disfruta de Madrid, ya durante doce años, con el poco dinero que le queda. Su marido había muerto y vuelve a Madrid con su hija, Kate, que estudia en un internado. Manuel la conoce porque había estado hospedada en casa de doña Casiana. Falsifican papeles para hacerlo pasar por hijo de esta, que vive con una criada mulata, Niña Chucha. Con la ayuda de Mingote extorsionan a un comerciante rico, Sergio Redondo (diciéndole que tenía un hijo con la baronesa, del que hacía Manuel), que le pasa una cantidad al mes. Llega Navidad; Roberto se enamora de Kate durante las vacaciones, que la chica pasa en casa de su madre. Asiste a una fiesta en casa de la Coronela, una mujer bestial, aunque bastante rica. Lulú, una de sus hijas, quiere ser artista y baila un tango de modo ridículo. Hay juego de cartas, con trampas y dinero de por medio. Horacio, primo de la condesa, también está en la fiesta. Van a un café los dos primos; Horacio defiende sus teorías de frenología (el carácter y destino de la persona se aprecia en la forma y volumen de su cráneo y cabeza) y se considera un hombre superior. A la condesa le hacen gracia estas ideas extravagantes.
Los primos flirtean, sin llegar a nada. Sigue el engaño a don Sergio, que quiere a la condesa, pero se escama por las visitas de Horacio. Chucha se va a servir a un rico. La baronesa, con Manuel, alquilan una casa en Cogolludo; es una vivienda de pueblo vieja y medio arrumbada. Manuel escribe un documento donde reconoce que no es Sergio, hijo de la baronesa  y se lo da a Mingote, que le promete una ganancia. Pasan el verano y el otoño en Cogolludo, también con Kate, que saca del colegio, pero don Sergio se entera del engaño y deja de enviar dinero. Vuelven a Madrid; la baronesa, completamente arruinada, pide ayuda a sus familiares flamencos, que le mandan dinero. Se va para Flandes con su hija y Manuel queda triste; más Roberto, al perder a Kate.
Segunda parte
Manuel entra de aprendiz en una imprenta, propiedad del cojo Sánchez, hombre malhumorado y malhablado, y se hace cajista. Sus compañeros de trabajo son Yaco, abreviatura de Jacob, sefardí casado, y Jesús, un joven avispado e inquieto, anarquista y descreído de la religión y de los usos sociales. Duerme en la imprenta, en una esquina infecta. Sánchez Gómez, el Plancheta, el impresor, publicaba nueve periódicos, de ideologías contrarias. Conoce a redactores y periodistas pobres, malhumorados y pensando que se los infravalora. Langairiños era el más célebre; nietzschiano, le llaman el Súper, porque creía en la llegada del superhombre. Manuel asciende a cajista y gana nueve reales al día. Va a vivir al parador de Santa Casilda, con Jesús. Ve cómo unos padres maltratan a los hijos gratuitamente. La Fea, hermana de Jesús, queda embarazada. Este vive con Sinforosa; le roban el sueldo a la Fea y abusan del alcohol. Varios miembros de la Congregación de San Vicente de Paul llevan ayuda a vecinos del bloque de Jesús y Manuel. Recogen a la Salvadora, que malvive con un hermano pequeño. Va a vivir con la Fea y Jesús les ayudará económicamente. Un hombre necrómano va de un funeral a otro para velar a muertos pobres.
Esther se encara con Fanny, su antigua protectora, mujer rica y prima de Roberto. Fanny le había birlado el novio, Oswald, y Esther se siente muy ofendida. Roberto tercia y hace que Fanny indemnice económicamente a Esther, que se divorcia de Santín; le declara su amor a Roberto, pero este no cede. Jesús y Manuel, una noche de invierno, van a cenar y se emborrachan; Manuel se lía con una vendedora de periódicos y prostituta, llamada Petra, aunque le decían Matilde; la seguía un perrillo. Van al baile nocturno del Frontón. Ve a su primo Vidal y se citan. Lo echan del trabajo de la imprenta y, con Jesús, se emborracha perdidamente. Se encuentra con Alonso, el hombre-boa, que los invita a comer y a cenar en una chabola a las afueras. Pasan hambre Jesús y Manuel y duermen en chamizos, cerca de golfos, mendigos y gente de malvivir. Pasan una noche en el asilo de Delicias; les dejaban dormir una noche y les daban algo de comer. Escenas de violencia entre los mendigos miserables y cínicos. Allí ven peleas y otros mendigos les cuentan su vida trashumante y sufrida. Se hacen porteadores provisionales en la estación para sacar algo de dinero. Duermen otra vez con Alonso en una casa abandonada, entre otros mendigos, todos amontonados. La Casa Negra, se llama. Hacen un fuego para espantar el frío; se va de las manos y la casa arde; huyen, por el Paseo de los Pontones, despavoridos para que no los coja la policía.
Van a dormir a la iglesia de San Sebastián, pero el sacristán los entrega a una pareja de policías. Los detienen y, en el calabozo, los vejan de palabra; entra una mujer joven pidiendo ayuda porque su madre había caído, pero los policías no le hacen caso y la mandan a la Casa de Socorro. No les dan de comer, los llevan a unos calabozos siniestros en otro edificio. Manuel sale de allí diciendo que es cajista de “El Mundo”. Se junta con un repatriado de Cuba; van a un convento cerca de Getafe, donde les dan de comer de las sobras de los frailes. Duermen en un cobertizo, a las afueras. Un joven se suicida por despecho de amor; el repatriado le roba unas sortijas y un reloj al ya cadáver. Buscan a un colega de Cuba, Marcos Calatrava, con una pata de palo, que introduce en el mercado objetos robados. Allí encuentra a su primo Vidal, que trabaja para Calatrava. Duerme en su casa. Hablan del Bizco, que había matado a Dolores la Escandalosa; le tienen miedo. Se cruzan con La Chata y la Rabanitos. En un teatro una mujer hace bailes lúbricos mientras una empleada le cuida a su hijo. Se va a vivir con su primo Vidal, que lo introduce en su modo de vida; entre otras cosas, es jugador tramposo, proxeneta, o embaucador de mujeres.
Tercera parte
Vidal, Manuel y Calatrava, el Cojo, comen en el círculo. En la planta de arriba hay un garito y un medio lupanar. Manuel entra en el negocio como soplón, jugador de cartas marcadas y otras faenas irregulares. Sobornan a las autoridades para que Manuel no entre en quintas y no vaya al servicio militar. Nos enteramos de la vida de Calatrava, un timador, estafador, embaucador, ladrón, etc. Ve a una chica que dice no creer en el amor y es anarquista, con unos hombres cenando, al lado de Manuel y Vidal, y aquel la sigue por la calle; se llamaba Flora. Al día siguiente van a un merendero, al lado del Manzanares, los primos y Calatrava, con Flora, Justa y otra amiga, Petra la Aragonesa. Eran mujeres honradas que la mala suerte, las violaciones y otros atropellos las lanzaron a la vida de la prostitución. Justa había sido engañada por el Carnicerín, que le pasó una enfermedad venérea. Luego se echa a la vida sucia. Pasan la noche juntos. Justa ejerce la prostitución y Manuel vive con ella. La Coronela prostituye a su hija y la quiere hacer vedette, con el nombre artístico de Chuchita.
Asisten a la ejecución de un soldado en los muros de la cárcel Modelo. Gran gentío expectante por la trágica escena. Van al merendero de la señora Benita Vidal y Flora, Manuel y Justa, Calatrava y la Aragonesa. El Bizco mata a Vidal en una riña en un islote del Manzanares. Los demás huyen y vuelven a Madrid. La Justa lo abandona; lo detienen por el crimen de Vidal. En su confesión ante el juez, cuenta todo lo que sabe de Calatrava, el Maestro y todos la gente de mala vida, incluido el Garro, un policía corrupto. Lo sacan de los calabozos este y Calatrava; le recriminan haberlo contado todo ante el juez. Lo dejan libre si ayuda a encontrar, con el cabo de la policía Ortiz, al Bizco. La Salvadora y la Fea le llevan comida a la salida de la cárcel. El Garro cambia la declaración de Manuel ante el juez sobornando a un escribiente. Vuelve a trabajar de cajista unos días, en tanto su amigo Jesús está en el hospital por una enfermedad. La Fea y la Salvadora lo reciben bien en su casa; ellas son costureras y viven dignamente. Indaga mucho con Ortiz por los arrabales madrileños más sórdidos y pobres, pero no encuentran al Bizco; Manuel se pelea con Calatrava, pero el Maestro los separa. Da un paseo con Jesús, ya fuera del hospital. Este es anarquista, odia la familia y no encuentra el modo de ser feliz.
  1. Tema
Esta novela aborda varios temas en diversos grados de importancia. Los más importantes son:
-La pérdida de juicio moral y existencial de una parte importante de la población.
-La situación material de miseria y pobreza de un sector importante de los españoles de la época.
-La carencia de valores éticos que rijan una sociedad podrida, cínica, tramposa y moral y socialmente resquebrajada.
-La dura situación de la mujer, muchas veces prostituida, en una sociedad muy violenta.
-La falta de atención a la infancia, abandonada y hambrienta.
  1. Apartados temáticos
Como la novela está dividida en tres partes, nos indica muy bien las secciones de contenido del conjunto. Así, tenemos:
-Introducción o presentación de las situaciones, personajes, ambientes y conflictos. Ocupa la primera parte (siete capítulos). Parece que Manuel va a enderezar su vida y organizarse conforme a criterios razonables.
-Nudo o desarrollo: Manuel vuelve a recaer miserablemente en sus vicios materiales y morales, como alcoholismo, prostitución, vagancia, etc. Ocupa la segunda parte (9 capítulos) y casi toda la tercera (siete de los ocho capítulos).
-Desenlace: último capítulo de la tercera parte. Manuel pierde el trabajo, rompe con los corruptos profesionales (Calatrava, el Maestro) y deambula por Madrid, con su amigo Jesús, soñando en una sociedad mejor.
  1. Lugar y tiempo de la acción narrativa
La acción se sitúa en Madrid, sobre todo en los barrios del sur y del este, aunque también el centro y la zona histórica tienen relevancia. En conjunto, es una ciudad sucia, pobre y destartalada. La vida nocturna de farándula y actividades turbias es abundante y bulliciosa.
La novela se publicó en 1904 (Madrid, Librería de Fernando Fé), como segunda parte de la trilogía denominada “La lucha por la vida” (los otros dos títulos son La busca y Aurora roja, publicadas también en 1904). El tiempo de la acción narrada ocupa aproximadamente los años intermedios de la década de 1890. España aún no ha perdido las últimas colonias; aparecen los conflictos armados en Cuba y la vida colonial de Filipinas.
La acción dura aproximadamente tres años, los que van de los dieciocho a los veintiuno de la vida del protagonista, Manuel Alcázar. El paso del tiempo se marca a través de las estaciones y, a veces, de celebraciones, como la Navidad.
  1. Figura del narrador
El narrador en esta novela aparece en tercera persona, externo y más o menos objetivo; es heterodiegético. Centra su mirada en los ambientes más turbios y sórdidos de Madrid; los personajes, salvo algunas excepciones, también son señalados por su ínfima calidad moral. Su mirada es, pues, crítica, a veces satírica y muchas veces irónica. Se percibe su disconformidad con una sociedad encanallada, inmoral y arruinada moral y económicamente considerado.
  1. Personajes
-Manuel Alcázar: pasa de adolescente a joven a lo largo de la novela. El narrador no lo describe, pero lo vemos por las opiniones de los demás. Es un chico de estatura media, gesto serio y aplomado. En general, es prudente y parco de palabras, pero el desarrollo de la novela nos deja ver su inconsistencia de carácter, su pusilanimidad y su flojera moral, que se traduce en vagancia. Huelga decir que es el protagonista de la novela.
-Jesús: su mejor amigo; es cajista en una imprenta. De ideas anarquistas y libertarias, oscila entre la generosidad y la irresponsabilidad. Se amanceba periódicamente y más bien odia a la familia, aunque luego ayuda a su hermana la Fea a criar a su niño y la obedece. Alcohólico por temporadas.
-Marcos Calatrava: hace honor a su apellido de tramposo, vividor, mentiroso y egoísta. Vive de engañar a la gente y dar sablazos, a hombres y mujeres indistintamente.
-Vidal: primo de Manuel, se entrega a la vida turbia e inmoral sin ningún remordimiento. A medio camino entre tahúr, proxeneta y farsante. Le va bien hasta que el Bizco lo mata de un navajazo en el cuello en un islote del Manzanares. 
-Justa: la hija del trapero fue abandonada por su novio; se echó a la vida porque en casa la rechazaron. Algo cínica y amargada, se hace prostituta para sobrevivir en un ambiente hostil y muy duro para las mujeres.
-Salvadora: es el personaje femenino más íntegro y firme. Cuida de su hermano pequeño, se gana la vida de costurera y se asocia y convive con la Fea, hermana de Jesús, que a su vez debe sacar adelante a su hijo, producto de una violación.
-Roberto Hasting: periodista y traductor, es un joven enérgico y con firmes propósitos morales y existenciales. Ayuda a Manuel y lo acoge en caso de necesidad. Le da buenos consejos, pero no los suele poner en práctica.
-Esther Volowitch: típico ejemplo de mujer educada y atractiva que se deja embaucar por un charlatán con la ayuda de su enemiga, Fanny, enamorada del mismo hombre. Su trayectoria de trabajo e ideas firmes sucumbe en parte cuando su marido, Santín, le funde los ahorros y ella descubre que no la quiere en absoluto. Declara su amor a Roberto, pero este no la corresponde porque está enamorado de Kate, la hija de la baronesa.
  1. Análisis estilístico
El estilo barojiano se caracteriza por:
-Narraciones breves y rápidas: la acción se presenta con economía y concentración expresiva. La narración es bastante objetiva, seca y concentrada en el asunto principal.
-Descripciones detalladas, caracterizadoras de un lugar o un personaje y moderadas. Baroja huye de la morosidad y la lentitud, de modo que presenta el objeto descrito con pocas palabras y mucha contención.
-Variedad de paisajes y personajes, dentro de un ambiente urbano madrileño: la acción cambia con bastante frecuencia, lo mismo que los personajes que intervienen en ella. Son bastantes y heterogéneos.
-Lenguaje preciso y claro: Baroja utiliza un castellano rico en su léxico y variado en su uso. Tanto las descripciones precisas de enfermedades, por ejemplo, como la forma de hablar del hampa, se recoge con mucha propiedad y expresividad.
-Estilo fotográfico: el novelista presenta ambientes y personajes mirándolos de modo objetivo y aséptico. No duda en ofrecer los aspectos más feos y desagradables del objeto descrito; lo realiza con cierto distanciamiento y mirada fotográfica.
-Intención crítica de orden social y existencial: Baroja presenta una realidad bastante deprimente de la España decimonónica con una intención de crítica social. Rechaza la brutalidad ambiente, la incultura generalizada, la sordidez moral en muchos ámbitos de la sociedad, la hipocresía y el cinismo de los pudientes, el egoísmo generalizado,etc. A continuación ofrecemos un ejemplo elocuente (1.ª parte, cap. II):
Bernardo [Santín] no tenía más preocupación que su padre; lo demás le era completamente indiferente; había sacado el dinero a su novia y vivía con aquel dinero y lo gastaba como si fuera suyo. Cuando llegaron la máquina y los demás artefactos de fotografía de Alemania, al principio se entretuvo en impresionar placas, que reveló Roberto; pronto se aburrió de esto y no hizo nada. 
Era torpe y bruto hasta la exageración; no hacía más que necedades: abrir la linterna cuando se estaban revelando las placas, confundir los frascos. Roberto se exasperaba al ver que no ponía ningún cuidado. Mientras tanto, adelantaban los preparativos de boda. Manuel y Bernardo fueron varias mañanas al Rastro y compraron fotografías de actrices hechas en París por Reutlinger, despegaron de la cartulina el retrato y lo volvieron a pegar en otros cartones con la firma «Bernardo Santín, fotógrafo», puesta al margen con letras doradas.
En noviembre se celebró la boda en la iglesia de Chamberí. Roberto no quiso asistir; pero el mismo Bernardo fue a buscarle a su casa, y no tuvo más remedio que tomar parte en la fiesta. Después de la ceremonia fueron a comer a un café de la glorieta de Bilbao. 
Los comensales eran: dos amigos del padre del novio, uno de ellos militar retirado; la patrona en cuya casa vivía la novia, con su hija; un primo de Bernardo, su mujer y Manuel.
Roberto comenzó a hablar con la novia y le pareció muy simpática y agradable; hablaba muy bien el inglés y cambiaron los dos algunas frases en este idioma. 
«Es una lástima que se case con este mastuerzo», pensó Roberto. En la comida, uno de los viejos comenzó a soltar una porción de indecencias, que hicieron ruborizar a la novia. Bernardo, que bebió demasiado, dio bromas a la mujer de su primo, y lo hizo con la pesadez y falta de gracia que le caracterizaba. 
La vuelta de la boda a la casa, al anochecer, fue melancólica. Bernardo se sentía valiente y quería hacer graciosidades. Esther hablaba con Roberto de su madre, que había muerto, de la soledad en que vivía. Al llegar al portal se despidieron los invitados de los novios, y al ir a marcharse Roberto, Bernardo se le acercó; con voz apagada y débil le confesó que tenía miedo de quedarse solo con su mujer. 
–Hombre, no seas idiota. Entonces, ¿para qué te has casado? 
–No sabía lo que hacía. Anda, acompáñame un momento. 
–Pues ¡vaya una gracia que le haría a tu mujer! 
–Sí, le eres muy simpático –Roberto contempló con atención a su amigo, y no le miró la frente porque no le gustaban las bromas. 
–Sí, hombre, acompáñame. Hay otra cosa, además. 
–¿Pues qué hay? 
–Que no sé aún nada de fotografía, y quisiera que vinieras una semana o dos. ¡Por favor te lo pido! 
–No puede ser; yo tengo que dar mis lecciones. 
–Ven, aunque no sea más que a la hora de comer. Comerás con nosotros. 
–Bueno. 
–Y ahora sube un instante, por favor. 
–No, ahora no subo –y Roberto dio media vuelta y se fue. 
En los días posteriores, Roberto fue a casa del recién casado y charló un rato con el matrimonio durante la comida. 
Al tercer día, entre Bernardo y Manuel retrataron a dos criadas que aparecieron por la fotografía. Roberto reveló los clisés, que por casualidad salieron bien, y siguió acudiendo a casa de su amigo. 
Bernardo continuaba haciendo la misma vida de antes de casado, dedicándose a pasear y divertirse. A los pocos días no se presentó a la hora de comer. Tenía una falta de sentido moral absoluta; habla notado que su mujer y Roberto simpatizaban, y pensó que éste, por seguir adelante y hacerle el amor a su mujer, trabajaría en su lugar. Con tal que su padre y él viviesen bien, lo demás no le importaba nada. 
Cuando lo comprendió, Roberto se indignó. 
–Pero oye, tú –le dijo–. ¿Es que tú crees que yo voy a trabajar por ti mientras tú andas golfeando? Quia, hombre. 
–Yo no sirvo para estas porquerías de reactivos –replicó Bernardo, malhumorado–; yo soy un artista. 
–Lo que tú eres es un imbécil, que no sirves para nada. 
–Bueno, mejor. 
–Es indigno. Te has casado con esa muchacha para quitarle los pocos cuartos que tenía. Da asco. 
–Si ya sé yo que tú defenderás a mi mujer. 
–No, hombre, yo no la defiendo. Ella ha sido también bastante idiota la pobre para casarse contigo. 
–¿Eso quiere decir que no quieres venir a trabajar? 
–Claro que no. 
–Pues me tiene sin cuidado. He encontrado un socio industrial. De manera que ya sabes; y a nadie le pido que venga a mi casa. 
-Está bien. Adiós.
Dejó Roberto de aparecer por la casa; a los pocos días se presentó el socio, y Bernardo despidió a Manuel
                                                                                                                Pío Baroja: «Mala hierba», Madrid, 1904

 

  1. Interpretación
Esta hermosa novela de Baroja nos deja una imagen vívida tras su lectura. En primer lugar, conviene destacar la fotografía realista y ferozmente crítica del Madrid de 1890. Todos los ambientes, personajes y actitudes circulan por la novela. De los artistas fracasados y ridículos, a los truhanes más violentos e inmorales, circulan por la novela dejando una imagen terrible de un país moralmente descompuesto y de una sociedad carente de una guía moral firme y compartida.
Las personas de carácter dubitativo, como el protagonista, Manuel, reciben una mala influencia y acaban por el camino de perdición a causa de carencias educativas, familiares y sociales. Baroja no es neutral ante esta lacerante sociedad: la critica, la ridiculiza; y, en fin, satiriza tipos y situaciones moralmente rechazables. Su escepticismo sobre las posibilidades de progreso y estabilidad es patente. Desconfía de una sociedad muy podrida en su médula moral y existencial. Los que tienen ideas de progreso, como Jesús, son holgazanes e inconsistentes; los que no piensan en eso, se esfuerzan por timar y robar, explotando a los demás sin escrúpulos.
La variedad de ambientes y personajes es una característica muy llamativa de la narrativa barojiana. En sus páginas vemos la sociedad entera: niños y adultos, hombres y mujeres, ricos y pobres, desfilan por su narración dejándonos un fondo de verdad, aunque desagradable y cruda.
El estilo barojiano, breve, sucinto, muy concentrado, hace que la acción avance deprisa. Esto evita todo despiste lector y aumenta la tensión narrativa notablemente. La lectura de esta novela es también documental: nos ofrece una fotografía, bien que ácida, del Madrid finisecular, lleno de sordidez y pobreza. Desde luego, conocemos mucho mejor cómo era y qué sentían las personas de esa época. También nos invita a una reflexión personal sobre nuestra sociedad y nuestro papel en ella. ¿Hemos avanzado algo? ¿La inmoralidad y el egoísmo siguen campando por sus respetos?
  1. Contextualización
Pío Baroja y Nessi (San Sebastián, 1872 – Madrid, 1956) es uno de los grandes escritores españoles, miembro de la Generación del 98, junto con Unamuno, Azorín, Maeztu, Machado y Vall-Inclán. Comparte con los miembros de su generación su preocupación por España, una crítica fuerte a los vicios sociales, búsqueda de un estilo renovado y más natural y, finalmente, una conciencia estética y ética que pretende regenerar un país, España, sumido en cierta parálisis socio-económica y cultural, sobre todo a raíz de la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, las últimas colonias del imperio.
Baroja transmite un sus obras un enorme escepticismo acerca del hombre y sus posibilidades de mejora. Su ideología, entre el anarquismo conservador y el nihilismo escéptico, se deja ver muy bien en sus novelas. Los finales más bien amargos y tristes, muchas veces trágicos, nos presentan un autor desengañado respecto de la sociedad de su tiempo.
El estilo barojiano es muy peculiar: su brevedad descriptiva, su narración rápida y directa son bien conocidos. La frase corta, la adjetivación exacta y más bien parca obligan a una lectura atenta, que fluye a buen ritmo hacia desenlaces más bien amargos. Los personajes, de cualquier clase y condición social, están bien dibujados; los conocemos más por lo que hacen y dicen que por la mediación del narrador.
  1. Valoración
Esta novela de Baroja posee un gran atractivo para el lector porque le ofrece una imagen completa de una sociedad más próxima a nosotros de lo que, seguramente, nos gustaría. El estilo terso, dinámico, preciso y enfocado en la acción rápidamente atrapa al lector y lo lleva, casi literalmente, por un recorrido de la capital de España en los últimos años del siglo XIX. La creación de los personajes es verosímil y literariamente feliz porque estos ofrecen una consistencia notables. Parece que Baroja se ensaña con la sociedad de su tiempo y su novela, en este sentido, funciona como una protesta firme y clara contra la degeneración moral y existencial de un país a la deriva. El escritor vasco, escéptico y huraño, nos ofrece un documento feroz de una ciudad terrible, Madrid, en un momento histórico de crisis. Los valores estéticos y la reflexión de fondo se maridan para crear un fuerte impacto lector.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en
casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren
material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume la obra en su trama principal (300 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido.
4) Analiza los personajes y establece su relevancia argumental.
5) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada.
6) Analiza la figura del narrador a lo largo de la novela.
7) Explica por qué este texto pertenece a la literatura contemporánea y a la Generación
del 98 de modo más específico.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos propios de la novela moderna aparecen en este texto?
2) ¿Se puede decir que el destino opera realmente sobre las personas, a tenor de lo que
leemos en Mala hierba? Razona la respuesta.
3) ¿Qué importancia posee el amor, en distintas variantes, en esta novela?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la pobreza?
5) En la novela aparecen dos casos de muerte violenta; explícalas e interpreta su sentido. 
6) ¿Cómo aparece el mundo del periodismo y de los artistas en la novela? ¿Qué opinión tenía Baroja de ellos, a juzgar por los textos? Razona la respuesta con ejemplos.
7) Explica la importancia de la amistad y deduce su papel en el resto de la novela.
8) Analiza el papel de los padres y las madres ante sus hijos a lo largo de la novela.
Compara sus actitudes: ¿hacen lo que pueden para proteger y educar a su prole? En caso afirmativo, ¿alcanzan el éxito en sus desvelos? Razona tu respuesta.
2.3. Comentario de texto específico
(Capítulo IV, 3.ª parte)
Lo hicieron así. A las doce salieron Manuel y la Justa, y fueron al merendero; todavía no había llegado nadie. 
Se sentaron los dos en un banco; la Justa estaba malhumorada. Compró diez céntimos de cacahuetes y se puso a comerlos. 
–¿Quieres? -le dijo a Manuel. 
–No; se me meten en las muelas. 
–Pues yo tampoco –y los tiró al suelo. 
–¿A qué los compras para tirarlos? 
–Me da la gana. 
–Bueno, haz lo que quieras. Pasaron los dos bastante tiempo esperando, sin hablarse; la Justa, impacientada, se levantó. 
–Me voy a casa -dijo. 
–Yo voy a esperar –replicó Manuel. 
–Anda y que te zurzan con hilo negro, ladrón. 
Manuel se encogió de hombros. 
–Y que te den morcilla. 
–Gracias. 
La Justa, que iba a marcharse, se detuvo al ver que llegaban Calatrava con la Aragonesa y Vidal al lado de la Flora. Calatrava traía una guitarra. 
Pasó un organillo por delante del merendero. El Cojo lo hizo parar y bailaron Vidal y la Flora, la Justa y Manuel. 
Llegaron nuevas parejas, entre ellas una mujer gorda y chata, vestida de un modo ridículo, que iba acompañada de un hombre de patillas de hacha y aspecto agitanado. La Justa, que se sentía insolente y provocativa, comenzó a reírse de la mujer gorda; la otra contestó con despreciativo retintín y recalcando la palabra: 
–Estos pericos… 
–¡La tía gamberra! -murmuró la Justa, y cantó a media voz, dirigiéndose a la chata, este tango: 
Eres más fea que un perro de presa,
y a presumida no hay quien te gane
–¡Indecente! –gruñó la gorda. 
El hombre con facha de gitano se acercó a Manuel para decirle que aquella señora (la Justa) estaba faltando a la suya, y que él no podía permitir esto. Manuel comprendía que tenía razón; pero, a pesar de esto, contestó insolentemente al hombre. Vidal se interpuso, y después de muchas explicaciones por una y otra parte, se decidió que allí no se había faltado a nadie, y se arregló la cuestión. Pero la justa estaba con humor de pelea y se trabó de palabras con uno de los organilleros, desvergonzado por razón de oficio. 
–Calla, ¡leñe! –gritó Calatrava, dirigiéndose a la Justa-, y tú calla también –dijo al organillero-, porque si no te voy a arrimar un estacazo. 
–Vamos nosotros adentro –indicó Vidal. 
Pasaron las tres parejas a un cobertizo con mesas y bancos rústicos y un barandado de palitroques que daba al Manzanares. 
En medio del río había dos islas cubiertas de un verdín brillante, y entre éstas unas cuantas tablas que servían de paso desde una orilla a otra. 
Trajeron la comida, pero la justa no quiso comer, y a las preguntas que la hicieron no contestó; y luego, sin saber por qué, empezó a llorar amargamente entre las burlas de la Flora y de la Aragonesa. Luego se tranquilizó y quedó alegre y jovial. 
Comieron allá opíparamente y salieron un momento a bailar a la carretera al son del organillo. Manuel creyó ver pasar varias veces al Bizco por delante del merendero. 
–¿Será él? ¿Qué buscará por aquí? –se preguntó. 
Al anochecer volvieron las tres parejas adentro, encendieron luz en un cuarto y mandaron traer aguardiente y café. Hablaron durante largo rato. Calatrava contó con verdadera delectación horrores de la guerra de Cuba. Había satisfecho allí sus instintos naturales de crueldad, macheteando negros, arrasando ingenios, destruyendo e incendiando todo lo que se le ponía por delante. 
Las tres mujeres, sobre todo la Aragonesa, le escuchaban con entusiasmo. De pronto, Calatrava calló, pensativo, como si algún recuerdo triste le embargara. 
Vidal tomó la guitarra y cantó el tango del Espartero con un gran sentimiento, después tarareó el de La Tempranica con mucha gracia, cortando las frases para dar más intención y poniendo la mano en la boca de la guitarra, para detener a veces el sonido. La Flora marcó unas cuantas posturas jacarandosas, mientras Vidal, echándoselas de gitano, cantaba: 
¡Ze coman los mengues 
mardita la araña 
que tie en la barriga 
pintá una guitarra! 
Bailando ze cura 
tan jondo doló… 
¡Ay! Malhaya la araña 
que a mí me picó. 
Luego fue Marcos Calatrava el que cogió la guitarra. No sabia puntear como Vidal, sino que rasgueaba suavemente, con monotonía. Marcos cantó una canción cubana, triste, lánguida, que daba la nostalgia de un país tropical. Era una larga narración que evocaba los danzones de los negros, las noches espléndidas del trópico, el sol, la patria, la sangre de los soldados muertos, la bandera, que hace saltar las lágrimas a los ojos, el recuerdo de la derrota…, algo exótico y al mismo tiempo íntimo, algo muy doloroso, algo hermosamente plebeyo y triste. 
Y Manuel sentía al oír aquellas canciones la idea grande, fiera y sanguinaria de la patria. Y se la representaba como una mujer soberbia, con los ojos brillantes y el gesto terrible, al lado de un león… 
Después, Calatrava entonó, acompañándose del rasguear monótono de la guitarra, una canción de insurrectos muy lánguida y triste. Una de las coplas, que Calatrava cantaba en cubano, decía: 
Pinté a Matansa, confusa, 
la playa de Viyamá,
y no he podio pintá 
el nido de la lechusa, 
Yo pinté por donde crusa 
un beyo ferrocarrí, 
un machete y un fusí 
y una lancha cañoera, 
y no pinté la bandera 
por la que voy a morí.
No sabía Manuel por qué, pero aquella reunión de cosas incongruentes que se citaban en el canto le produjo una tristeza enorme… 
Afuera anochecía. A lo lejos la tierra azafranada brillaba con las últimas palpitaciones del sol, oculto en nubes encendidas como dragones de fuego; alguna torre, algún árbol, alguna casucha miserable rompía la línea del horizonte, recta y monótona; el cielo hacia poniente se llenaba de llamas. 
Luego oscureció: fue ennegreciéndose el campo, el sol se puso. 
Por el puentecillo de tablas, tendido de una orilla a otra, pasaban mujeres negruzcas, con fardeles de ropa bajo el brazo. 
Manuel experimentaba una gran angustia. A lo lejos, de algún merendero, llegaba el rasguear lejano de una guitarra. 
Vidal salió del cobertizo. 
–Ahora vengo –dijo. 
Un momento… y se oyó un grito de desesperación. Todos se levantaron. 
–¿Ha sido Vidal? –preguntó la Flora. 
–No sé –dijo Calatrava, dejando la guitarra sobre la mesa. 
Rumor de voces resonó hacia el río. Se asomaron todos al balcón que daba al Manzanares. En una de las islillas verdes dos hombres luchaban a brazo partido. Uno de ellos era Vidal; se le conocía por el sombrero cordobés blanco. La Flora, al conocerlo, dio un grito de terror; poco después los dos hombres se separaron y Vidal cayó a tierra, de bruces, en silencio. El otro puso una rodilla sobre la espalda del caído y debió de asestarle diez o doce puñaladas. Luego se metió en el río, llegó a la otra orilla y desapareció. 
Calatrava y Manuel se descolgaron por el barandado del cobertizo y se acercaron por el puente de tablas hacia el islote. 
Vidal estaba tendido boca abajo y un charco de sangre había junto a él. Tenía clavada la navaja en el cuello, cerca de la nuca. Calatrava tiró del mango, pero el arma debía de estar incrustada en las vértebras. Después Marcos hizo dar al cuerpo media vuelta y le puso la mano en el pecho sobre el corazón. 
–Está muerto –dijo tranquilamente. 
Manuel miró el cadáver con horror; las últimas claridades de la tarde se reflejaban en los ojos, muy abiertos. Calatrava puso el cadáver en la misma posición que lo había encontrado. Volvieron al merendero. 
–¡Hala!, vámonos –dijo Marcos. 
–¿Y Vidal? –preguntó la Flora. 
–Ha espichado
La Flora comenzó a chillar; pero Calatrava la agarró violentamente del brazo y la hizo enmudecer. 
-Vaya…, ahuecando –dijo, y con gran seriedad pagó la cuenta, cogió la guitarra y salieron todos del merendero. 
Había oscurecido; a lo lejos, Madrid, de un pálido color de cobre, se destacaba en el cielo azul, melancólico y dulce, surcado en el poniente por grandes fajas moradas y verdosas; las estrellas comenzaban a lucir y a parpadear con languidez; el río brillaba con reflejo de plata. 
Pasaron silenciosos el puente de Toledo, cada uno entregado a sus pensamientos y a sus temores. Al final del paseo de los Ocho Hilos encontraron dos coches; Calatrava, la Aragonesa y la Flora entraron en uno; la Justa y Manuel, en otro.
                                                                                                                         Pío Baroja: «Mala hierba», Madrid, 1904
a) Comprensión lectora
1) Resume el texto, señala el tema e indica los apartados temáticos o secciones de
contenido.
2) Analiza brevemente los personajes que intervienen y su papel en la obra.
3) ¿Qué ha ocurrido antes de este fragmento? ¿Y después? 
4) Indica el lugar y el momento donde se desarrolla la acción.
5) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos que embellecen el mensaje.
b) Interpretación
1) Analiza el contraste entre la diversión y el horror, entre la la alegría y la pena según aparece en este pasaje.
2) La muerte es un trance especialmente duro y grave. Explica cómo lo encajan cada uno de los personajes que lo perciben, teniendo en cuenta que Marcos Calatrava era amigo del difunto, y Manuel, su primo.
3) Analiza y valora el ambiente social y cultural que se desprende del fragmento (canciones populares, guitarras, merendero a las afueras de la ciudad…).
4) ¿Estamos ante una sociedad pacífica y civilizada que resuelve sus problemas dialogando? Justifica tu opinión.
2.4. Fomento de la creatividad
1) Escribe un cuento, en prosa o en verso, con un contenido más o menos inspirado en Mala hierba.
2) ¿Es común el estilo de vida juvenil que se desprende del relato? Razona tu respuesta y narra el tipo de vida de un niño o joven como tú hoy. Puedes cambiar el final del relato para hacerlo, a tu juicio, más verosímil.
3) Realiza una exposición sobre Pío Baroja, sus obras y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de la vida urbana madrileña de finales del siglo XIX (lugares, ambientes, etc.), en los que se pudo desarrollar esta novela y comenta su significación.
5) Leed algún fragmento del texto, de forma dramatizada, en grupos, ante la clase, acompañada la declamación de música e imágenes apropiadas.
 

Rubén Darío: «Sonatina»; análisis y propuesta didáctica

RUBÉN DARÍO: “SONATINA” (DE PROSAS PROFANAS) 

 

Sonatina  
 
[1] La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?    1 
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,  
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.  
La princesa está pálida en su silla de oro,  
está mudo el teclado de su clave de oro;                          5 
y en un vaso olvidado se desmaya una flor.  
 
[2] El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.  
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,  
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.  
La princesa no ríe, la princesa no siente;                      10 
la princesa persigue por el cielo de Oriente     
la libélula vaga de una vaga ilusión.  
 
[3] ¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,  
o en el que ha detenido su carroza argentina  
para ver de sus ojos la dulzura de luz?                           15 
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,  
 o en el que es soberano de los claros diamantes,  
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?  
 
[4] ¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa  
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,                 20 
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,  
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,  
saludar a los lirios con los versos de mayo,  
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.  
 
[5] Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,           25 
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,  
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.  
Y están tristes las flores por la flor de la corte; 
 los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,  
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.                     30 
 
[6] ¡Pobrecita princesa de los ojos azules!  
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,  
en la jaula de mármol del palacio real,  
el palacio soberbio que vigilan los guardas,  
que custodian cien negros con sus cien alabardas,        35 
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.  
 
[7] ¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!  
(La princesa está triste. La princesa está pálida…)  
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!  
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe        40 
(La princesa está pálida. La princesa está triste…)  
más brillante que el alba, más hermoso que abril!  
 
[8] –¡Calla, calla, princesa –dice el hada madrina–,  
en caballo con alas, hacia acá se encamina,  
en el cinto la espada y en la mano el azor,                      45 
el feliz caballero que te adora sin verte,  
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,  
a encenderte los labios con su beso de amor!  
 
                       Rubén Darío: Prosas profanas (1896) 

 

  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
El poema “Sonatina” procede del libro Prosas profanas (Buenos Aires, 1896). Este libro es el segundo gran título de los poemarios de Rubén Darío. Se trata de una poesía técnicamente perfecta, temáticamente novedosa y muy atenta a los efectos musicales y cromáticos del poema, es decir, a los componentes sensoriales. Asuntos mitológicos, de la clasicidad grecolatina, de la Francia versallesca del siglo XVII y XVIII, etc., usados como texto o como pretexto para comunicar los propios sentimientos, son los predominantes. Estas características se manifiestan claramente en el poema que vamos a analizar. 
El poema cuenta una historia completa, fijándose en los aspectos subjetivos e íntimos de la protagonista, una princesa que está triste; en este sentido, estamos ante un poema narrativo, pero con un fuerte contenido emocional. La primera estrofa presenta a la protagonista, una princesa triste que ya no sonríe; ha perdido la risa, el color y el deseo de tocar su clave (instrumento musical de teclado y cuerdas pinzadas). En solidaridad con ella, una flor se marchita en un vaso, olvidada, como la propia princesa. Esta escena es interior. 
La segunda estrofa ofrece una visión exterior: un jardín por el que se pasean pavos reales. A la princesa hacen compañía una dueña habladora y un bufón malabarista que no logran sacarla de su tristeza porque tiene una ilusión difusa que no logra concretar. 
En la tercera estrofa, el yo poético –en el papel de narrador— se pregunta si la princesa piensa en un joven guapo, elegante y rico. Plantea hasta seis hipótesis sobre la persona que provoca su tristeza: el príncipe de Golconda (célebre y rica ciudad de la antigua India), el de China, el que para su carroza delante de ella, el rey de unas islas hermosas, el soberano poseedor de diamantes y, finalmente, el propietario de perlas de Ormuz. Todos ellos son ricos, poderosos y apuestos. 
La cuarta estrofa nos deja ver los anhelos más profundos del alma de la princesa: se siente como en una prisión y quiere volar lejos, como una golondrina, para ir al sol, saludar a las flores o perderse en una tormenta marítima. 
La quinta estrofa es negativa. Aclara lo que la princesa ya detesta: el lugar donde vive, un palacio, su entretenimiento, una rueca, su mascota, un halcón, su acompañante servidor, un bufón, ni la contemplación de los cisnes, todos iguales, que pueblan el lago. La tristeza de la princesa ahora la comparten las flores, los jazmines, los nelumbos (flores acuáticas perennes), las dalias y las rosas. 
La sexta estrofa tiene un tono conclusivo. Después de todo lo dicho, es fácil deducir que la princesa está triste porque se siente cautiva en su riqueza, en su belleza y en su esplendor, dentro del palacio. Allí la vigilan cien vigías, un perro lebrel y un dragón gigante, de modo que no puede huir. 
La séptima estrofa se concentra en los deseos de la princesa triste y pálida: ser una mariposa para volar al lugar donde la espera un hermoso príncipe.  
La octava y última estrofa deja paso a un nuevo personaje, el hada madrina de la princesa, que, por descontado, conoce los sentimientos y deseos de su protegida. Interviene para informarle que se dirige a su encuentro un muchacho, montado en un caballo alado, enamorado de ella, para vivir una historia de amor, aun sin conocerse de antes. En realidad, si bien se mira, el poema equivale a un cuento de hadas clásico, solo que en verso. El ambiente refinado, un tiempo vago y los protagonistas así lo confirman. 
 
2. Tema 
El tema del poema se puede enunciar así: la falta de amor y de pasión conducen a la amargura y tristeza, aunque se viva rodeado de riquezas y lujos excesivos. También se podría expresar afirmando que cuando se cree firmemente, incluso en los deseos más imposibles, estos se cumplen por caminos a veces misteriosos e inexplicables.  
 
3. Apartados temáticos 
El poema presenta tres apartados temáticos o secciones de contenido. En cada una de ellas se modula o matiza el asunto principal. Es lógica esta división si tenemos en cuenta que el poema cuenta una historia, aunque intimista. De este modo, tenemos: 
-Primer apartado (estrofas 1-2, vv. 1-12): presentación del lugar donde se desarrolla la acción y del personaje, que es su protagonista: una princesa triste y abúlica.  
-Segundo apartado (estrofas 3-7, vv. 13-42): se desarrolla la acción y se van desvelando los pormenores del estado de ánimo de la princesa: se siente prisionera en su palacio, no puede abandonarlo, le gustaría volar como un ave y conocer a un hombre para enamorarse y ser feliz, pues ahora no lo es.  
-Tercer apartado (estrofa 8, vv. 43-48): es el desenlace o resolución de la trama. Los desvelos de la princesa finalizan y sus deseos se cumplen gracias a la intervención de su hada madrina. Un joven hermoso, poderoso y triunfante se dirige hacia ella para vivir su historia de amor. 
Como vemos, el poema presenta la forma narrativa de un cuento de hadas clásico. Presentación, desarrollo y conclusión son los tres pasos que el poeta respeta. Sin embargo, el tono es intimista y subjetivo. 
 
4. Aspectos métricos, de rima y estrofa 
La estructura métrica del poema es original y, al mismo tiempo, extraña, lo que está en consonancia con la renovación formal que Darío aportó a la poesía en español. El poema está compuesto por 48 versos alejandrinos (tetradecasílabos) Las ocho estrofas poseen seis versos cada una (lo que recuerda a la sextilla). En cuanto a la rima, se repite en todas ellas. Es la siguiente: AACDCD. Es decir, un pareado más un serventesio, ambos en alejandrinos. Es un tipo de estrofa bastante frecuente en la poesía de Rubén Darío. 
Como hemos podido comprobar, el poeta nicaragüense innova felizmente combinando metros, rimas y estrofas clásicas con innovaciones originales que aportan frescura, variedad y, sobre todo, una hermosa musicalidad. 
Como siempre en la poesía de Rubén Darío, los aspectos musicales del poema son muy importantes. El ritmo melodioso, creado a base de una cuidada y meditada distribución acentual nos permite comprobar cómo el poeta ha utilizado los pies grecolatinos, adaptados al castellano, haciendo equivaler las sílabas largas o breves en tónicas y átonas. Usa de modo variado los pies binarios (yámbico o yambo –sílaba átona más sílaba tónica–; y trocaico o troqueo –sílaba tónica más sílaba átona–) y los ternarios (dactílico o dáctilo –sílaba tónica seguida de dos átonas–; anfibráquico o anfíbraco –sílaba tónica entre dos átonas–; y anapéstico o anapesto –dos sílabas átonas más una tónica–). 
El resultado, como se puede comprobar en una lectura en voz alta, es, sencillamente, maravilloso: una cadencia melodiosa y suave se extiende por todo el poema y convierte la lectura en una melodía, en una canción eufónica, expresiva, dulce y matizada, como ya hemos afirmado de otros poemas de Rubén Darío aquí analizados previamente, como “Salutación del optimista”. 
 
5. Análisis estilístico 
“Sonatina” es un poema equilibrado entre lo lírico y lo narrativo, como ocurre a menudo en la poesía de Rubén Darío. Se presenta un estado emocional y espiritual de un personaje un tanto singular: una princesa confinada al palacio real, rodeadas de lujos y caprichos, pero falta de pasión e ilusión, es decir, amor. Para transmitirnos esta historia, el poeta nicaragüense se vale de una amplia de procedimientos retóricos que lo embellecen y poetizan. Veamos los más señalados. 
La intriga se crea en el primer verso de la primera estrofa con una suspensión, una interrogación retórica y una repetición: de un golpe, el lector ya sabe quién es la protagonista, cómo es su estado y el núcleo de la intriga. Su languidez se transmite por una metonimia (“suspiros”), más dos más en paralelismo (“que ha perdido la risa, que perdido el color”); su belleza, por una hermosa metáfora (“boca de fresa”). Y a través de dos personificaciones, también metaforizadas, referidas al teclado de un clave y una flor se expresa el ambiente de tristeza que reina a su alrededor. 
En la segunda estrofa la metáfora personificada del primer verso refleja el ambiente de refinamiento en el que vive la protagonista, pues en sus jardines campan los pavos reales. Luego aparecen sus acompañantes, descritos con tintes negativos. Tres veces la repetición de “la princesa” insiste en quién es el protagonista. Un paralelismo con dos oraciones negativas refuerza la significación negativa (“La princesa no ríe, la princesa no siente”) y preparan al lector para el siguiente mensaje, ahora ya afirmativo, a través de una metáfora intensa y muy visual, pues crea una imagen muy afortunada ; la princesa quiere ser libre y además, va en pos de un deseo, una ilusión, todavía “vaga” (“la princesa persigue por el cielo de Oriente / la libélula vaga de una vaga ilusión”). Notemos también la repetición de “vaga” y la hermosa aliteración del fonema /l/ en el último verso de esta segunda estrofa; crea un efecto de volatilidad aérea, como los sentimientos de la princesa. 
La tercera estrofa posee una estructura muy singular. Toda ella la conforman tres oraciones interrogativas con varias estructuras disyuntivas dentro que expresan muy bien las divagaciones de la muchacha. La adjetivación, con bastantes epítetos, es muy expresiva: “carroza argentina” (del color de la plata, blanca; o, acaso, hecha de ese material), “rosas fragantes”, “claros diamantes” y “dueño orgulloso”. Aportan la parte de exotismo, lujo y brillantez del ambiente cortesano de la princesa. La metáfora con sinestesia contenida en “para ver de sus ojos la dulzura de luz” resulta intensa y nos permite conocer la mirada dulce y suave de la protagonista regia. 
La cuarta estrofa se abre con una exclamación que transmite el dolor y el desfallecimiento de la joven. Otra vez la metáfora de “la boca de rosa” nos recuerda su lozanía y belleza. El paralelismo y la metáfora consiguiente del siguiente verso expresa sus ansias de volar y ser libre: “quiere ser golondrina, quiere ser mariposa”. Los adjetivos de significación celeste y aérea (ligeras”, “luminosa”) hacen hincapié en la idea de libertad física. 
La quinta estrofa posee dos oraciones; en la primera, existe un paralelismo de cinco sintagmas, todos negativos, pues la anáfora de “ni” imprime una significación en ese sentido. Es como una recopilación de todo lo que ya no quiere y que había sido explicado. Lo mismo ocurre con la segunda oración, aunque ahora son afirmativas. Se enumeran cuatro tipos de flores y se repite la palabra “flor”, la segunda ocasión con significación metafórica muy expresiva: “la flor de la corte”, es decir, la princesa. También los paralelismos imprimen una cadencia musical de tristeza. 
En la sexta estrofa nos llega la compasión que siente por ella el narrador, es decir, el yo poético. Ahora se añade otro rasgo físico nuevo: “ojos azules”. Ahora se insiste en que está “presa en sus oros”, esto es, cautiva en su riqueza. La repetición de “presa” refuerza este sentido de privación de libertad. La enumeración de los guardianes de su prisión también es elocuente y muy bella, a base de paralelismos y repeticiones (“cien”). La joven es vigilada por guardas, cien negros, un lebrel y un dragón. La enumeración es abrumadora y deja claro que de ningún modo podría escapar por su cuenta. 
La construcción de la séptima estrofa es muy bella y original: aparecen tres exclamaciones, seguidas de tres enunciados entre paréntesis para explicar la causa de sus ansias de libertad y volar libre para encontrar un amor. Las oraciones exclamativas forman perfectos paralelismos entre sí, y las enunciativas de carácter explicativo se repiten al principio y al final, pero formando un quiasmo muy elocuente, al cambiar el orden de los elementos en el segundo y quinto verso (“La princesa está triste. La princesa está pálida”). La muchacha desea ser un ave para volar libre. La metáfora contenida en “¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil” nos permite comprender que sueña con un bello príncipe rodeado de lujos. La doble comparación, un tanto hiperbolizada, del verso final de esta estrofa (“más brillante que el alba, más hermoso que abril!”), referida a la hermosura del príncipe nos transmite las ansias de amor de la protagonista. 
En la última estrofa asistimos al desenlace con la irrupción de un personaje hasta ahora no mentado: el hada madrina. Toda la estrofa es una intervención en estilo directo del hada y apremia a la princesa a que no suspire más porque sus sueños se han hecho realidad. Un caballero se acerca a lomos de un pegaso y va a su encuentro. Viene armado, como es propio de su condición, con espada y halcón; este servía para practicar la cetrería, deporte de nobles en la Edad Media. El muchacho viene “feliz” incluso sin haberla visto, e invicto, pues ni la muerte ha podido derrotarlo; estamos ante el príncipe perfecto, justo lo que ella estaba esperando. La metáfora que se contiene en el verso final (“a encenderte los labios con un beso de amor”) expresa que ahí se iniciará una historia amorosa apasionada entre ambos personajes que traerá la ansiada felicidad a la princesa que estaba triste. 
Como se puede apreciar en esta pequeña muestra, no exhaustiva, naturalmente, el poema es muy rico y variado estilísticamente considerado. Rubén Darío ha empleado una muy variada cantidad de procedimientos retóricos para construir un significado lírico de tono subjetivo e intimista, pero mezclado con la narración de un cuento de hadas, sin que falten sus elementos fantásticos. El acierto en el empleo de los procedimientos retóricos lo declara estupendamente la armonía compositiva, el equilibrio entre fondo y forma en relación a la significación del poema entero. 
 
6. Contextualización 
Rubén Darío (Metapa, hoy rebautizada como Ciudad Darío en honor y recuerdo del poeta, Nicaragua, 1867 – León, Nicaragua, 1916) es el máximo representante del movimiento literario y artístico conocido como Modernismo; se desarrolló en el mundo hispano entre 1890 y 1920, aproximadamente. En concreto, la publicación de su libro Azul… (1888) en Valparaíso, Chile, se considera el nacimiento o irrupción de tal corriente en las letras españolas. Supuso una renovación interesante del lenguaje poético (métrica, léxico, modos de expresión, etc.) y una aportación importante de temas y símbolos poéticos. Recordemos que la poesía previa de 1860 y décadas posteriores, fuera de los tardorrománticos, era de corte realista, ceñida a asuntos cotidianos, digamos que vulgares, expresada con un lenguaje corriente en formas clásicas que sonaban muy repetidas; Campoamor, Núñez de Arce, etc. 
La propia poesía de Rubén Darío evolucionó desde un estilo más aparatoso y deslumbrante, a tono con temas más intrascendentes, a otro más denso y sobrio, en correspondencia con una poesía de contenido más intimista, existencial, cívico y de tono grave. Muy influido por la poesía francesa, sobre todo la simbolista encarnada en Paul Verlaine, poeta que Darío veneraba, el poeta nicaragüense impulsó los aspectos musicales de la poesía, la importancia de lo sensitivo, el cromatismo, la creación de imágenes con una correspondencia natural muchas veces oculta, etc. Estas notas se pueden advertir en su segundo gran libro Prosas profanas y otros poemas (Buenos Aires, 1896) 
Rubén Darío rescató del olvido metros y léxico antiguos que habían sido arrumbados, como el verso alejandrino y el lenguaje más sofisticado y culto de ámbito poético. La importancia que concede al ritmo, creando poemas con la distribución acentual del latín adaptada al castellano (en base al pie yámbico y trocaico), es una aportación de enorme importancia. 
El poema que estamos analizando, “Sonatina” (en Prosas profanas, Buenos Aires, 1896) es una intensa y bellísima composición del poeta nicaragüense. Posee un tono intimista entreverado de elementos fantásticos. Rubén Darío nos deja aquí un bello ejemplo de poesía a la vez ligera y transcendente. La historia puede ser tradicional y esperable, pero el contenido es intenso y denso: todos soñamos con una historia de amor arrebatado que nos cambie la vida para siempre y nos eleve a la cima de la felicidad. 
 
7. Interpretación 
“Sonatina” es un poema hermoso que sorprende cómo una materia clásica es tratada de modo que parece nueva, como si nunca se hubiera contado previamente. Ello se logra gracias a la musicalidad, a la selección de materiales narrativos y a la insistencia en los elementos emocionales e íntimos. En este sentido, el poema posee una cierta carga reflexiva y parece querer recordarnos que nosotros, lectores, también esperamos la llegada inexplicable de nuestro príncipe salvador. La solución, según el poeta nicaragüense, esperar con fe inquebrantable. 
En el marco físico de “Sonatina” aparecen una princesa, su bufón, su dama de compañía y, finalmente, su hada madrina. El ambiente cortesano, lujoso, sofisticado y algo decadente, también floral y primaveral, en poses de elegancia, languidez y belleza por parte de la dama, nos remite a un mundo mítico medieval, también próximo al francés del siglo XVIII. Exotismo y escapismo, podemos observar, son elementos constituyentes de primer orden.  
Los verbos en presente de indicativo, a lo largo de todo el poema, expresan los pensamientos atemporales del yo poético; también, que desea dar a su narración un tono no anecdótico, sino grave, actual, válido para cualquier momento. Esto es bastante común en la poesía de Rubén Darío 
El poeta nicaragüense ha empleado una variada y amplia cantidad de procedimientos retóricos para transmitir belleza poética y algo de contenido intimista camuflado en una historia de una princesa y su caballero. La tensión latente en toda la composición permite comprender la misma que Rubén Darío soportaba en su vida. Es la que provoca el conflicto entre el deseo y la realidad. 
 
8. Valoración 
“Sonatina” es una hermosa e imaginativa composición equilibrada y feliz. Partiendo de un cuento de hadas, Rubén Darío la reelabora con emoción, pasión y enorme lirismo. Podemos comprender muy bien los sentimientos de la protagonista, pues la intensidad poética nos permite sufrir y sentir a su lado. 
Los personajes actantes proceden de un mundo mítico, idealizado y de ámbito medieval. Parece que en ese marco es más fácil el milagro de la llegada del amor que transforme la vida radicalmente.   
El efecto musical del poema, unido a la audaz innovación de crear serventesios y pareados en alejandrinos, es un valor muy positivo y destacado, por su sorpresa y eufonía. Aporta una belleza fónica, por tanto, poética, que envuelve al contenido en su conjunto, imprimiéndole un aire musical. Unido a la adjetivación sensitiva, auditiva, cromática y sinestésica, hacen del poema una verdadera joya de la literatura en español. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué se habla y cómo se expresa? 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) Distingue entre yo poético, narrador y personajes. 
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) El yo poético, ¿comparte los sentimientos y anhelos de la princesa? Razona la respuesta.  
2) ¿En qué animales desea transformarse la princesa? ¿Por qué? 
3) ¿Es esencial la intervención del hada madrina? ¿Por qué? A juzgar por el final, el poema ¿tiene un final positivo o negativo?  
4) Indica los rasgos de la poesía de Rubén Darío, principal representante del Modernismo en español, perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre el poeta Rubén Darío y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. 
2) Documéntate sobre el ser del hada madrina. Explica sus características y escribe un relato donde una de ellas sea la protagonista 
3) Escribe un relato literario basado en el contenido del poema, con personajes concretos y ambientación determinada. Puedes reunir jóvenes hispanoamericanos en torno a una acción, donde manifiestan su opinión sobre el tema del poema, o pasan a la práctica algún proyecto común. 
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Rubén Darío, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva y la gran musicalidad de los poemas de nuestro poeta nicaragüense.