Edgar Allan Poe: «El retrato oval»; análisis y propuesta didáctica

Ourense (XI-2020) © SVM
EDGAR ALLAN POE: “EL RETRATO OVAL” (1842)
“EL RETRATO OVAL” 
El castillo en el cual mi criado se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme, malhadadamente herido como estaba, de pasar una noche al ras, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo levantaron sus altivas frentes en medio de los apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe. Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. 
Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con numerosos trofeos heráldicos de toda clase, y de ellos pendían un número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo, encerradas en sendos marcos dorados, de gusto arabesco. Me produjeron profundo interés, y quizá mi incipiente delirio fue la causa, aquellos cuadros colgados no solamente en las paredes principales, sino también en una porción de rincones que la arquitectura caprichosa del castillo hacia inevitable; hice a Pedro cerrar los pesados postigos del salón, pues ya era hora avanzada, encender un gran candelabro de muchos brazos colocado al lado de mi cabecera, y abrir completamente las cortinas de negro terciopelo, guarnecidas de festones, que rodeaban el lecho. 
Quíselo así para poder, al menos, si no reconciliaba el sueño, distraerme alternativamente entre la contemplación de estas pinturas y la lectura de un pequeño volumen que había encontrado sobre la almohada y que trataba de su crítica y su análisis. Leí largo tiempo; contemplé las pinturas religiosas devotamente; las horas huyeron, rápidas y silenciosas, y llegó la media noche. La posición del candelabro me molestaba, y extendiendo la mano con dificultad para no turbar el sueño de mi criado, lo coloqué de modo que arrojase la luz de lleno sobre el libro. Pero este movimiento produjo un efecto completamente inesperado. La luz de sus numerosas bujías dio de pleno en un nicho del salón que una de las columnas del lecho había hasta entonces cubierto con una sombra profunda. Vi envuelto en viva luz un cuadro que hasta entonces no advirtiera. 
Era el retrato de una joven ya formada, casi mujer. Lo contemplé rápidamente y cerré los ojos. ¿Por qué? no me lo expliqué al principio; pero, en tanto que mis ojos permanecieron cerrados, analicé rápidamente el motivo que me los hacía cerrar. Era un movimiento involuntario para ganar tiempo y recapacitar, para asegurarme de que mi vista no me había engañado, para calmar y preparar mi espíritu a una contemplación más fría y más serena. Al cabo de algunos momentos, miré de nuevo el lienzo fijamente. No era posible dudar, aun cuando lo hubiese querido; porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo, había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida. 
El cuadro representaba, como ya he dicho, a una joven. se trataba sencillamente de un retrato de medio cuerpo , todo en este estilo, que se llama, en lenguaje técnico, estilo de viñeta; había en él mucho de la manera de pintar de Sully en sus cabezas favoritas. Los brazos, el seno y las puntas de sus radiantes cabellos, pendíanse en la sombra vaga, pero profunda, que servía de fondo a la imagen. El marco era oval, magníficamente dorado, y de un bello estilo morisco. Tal vez no fuese ni la ejecución de la obra, ni la excepcional belleza de su fisonomía lo que me impresionó tan repentina y profundamente. No podía creer que mi imaginación, al salir de su delirio, hubiese tomado la cabeza por la de una persona viva. Empero, los detalles del dibujo, el estilo de viñeta y el aspecto del marco, no me permitieron dudar ni un solo instante. 
Abismado en estas reflexiones, permanecí una hora entera con los ojos fijos en el retrato. Aquella inexplicable expresión de realidad y vida que al principio me hiciera estremecer, acabó por subyugarme. Lleno de terror respeto, volví el candelabro a su primera posición, y habiendo así apartado de mi vista la causa de mi profunda agitación, me apoderé ansiosamente del volumen que contenía la historia y descripción de los cuadros. 
Busqué inmediatamente el número correspondiente al que marcaba el retrato oval, y leí la extraña y singular historia siguiente: “Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mal hora amó al pintor y, se desposó con él. “Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, todo luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado. 
Terrible impresión causó a la dama oír al pintor hablar del deseo de retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentóse pacientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso. «El artista cifraba su gloria en su obra, que avanzaba de hora en hora, de día en día. «Y era un hombre vehemente, extraño, pensativo y que se perdía en mil ensueños; tanto que no veía que la luz que penetraba tan lúgubremente en esta torre aislada secaba la salud y los encantos de su mujer, que se consumía para todos excepto para él. 
«Ella no obstante, sonreía más y más, porque veía que el pintor, que disfrutaba de gran fama, experimentaba un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en día tornábase más débil y desanimada. Y, en verdad, los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor que su modelo le inspiraba. Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su término, no se permitió a nadie entrar en la torre; Porque el pintor había llegado a enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado. 
Y cuando muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que una cosa muy pequeña, sólo dar un toque sobre la boca y otro sobre los ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara que está próxima a extinguirse. y entonces el pintor dio los toques, y durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había ejecutado; pero un minuto después, estremeciéndose, palideció intensamente herido por el terror, y gritando con voz terrible: “—¡En verdad esta es la vida misma!”— Se volvió bruscamente para mirar a su bien amada,… ¡Estaba muerta!”.
1. ANÁLISIS
1. Resumen
Un hombre, en un viaje en algún lugar de los Apeninos (cadena montañosa de 1400 km de longitud que recorre Italia de norte a sur), acompañado de su criado, hacen noche en un castillo deshabitado. Muchos y bellos cuadros cuelgan de sus paredes. Cansado, se acuesta en una cama; encuentra un libro que describe y explica cada uno de los cautivadores cuadros que adornan las paredes. Gira su candelabro para leer mejor y descubre un retrato, en forma oval, que hasta entonces había estado en las sombras. Representa a una bella y joven mujer que absorbe y extasía al hombre. Busca y lee en el libro la historia del cuadro que lo tiene perturbado; la reproduce para nosotros, lectores. Una joven dama, bella y alegre, se enamora de un pintor afamado. Él la quiere pintar, pero ella no lo desea. Al fin, cede a las pretensiones de su ya marido. La composición del cuadro avanza muy lentamente, pero la mujer, sin perder la sonrisa, aguanta en su posición de pose con paciencia. El pintor cada vez mira menos a su esposa y más al cuadro. Al fin, remata unos detalles del retrato en los ojos y en la boca. Queda muy satisfecho de su cuadro porque es como la vida misma; cuando se lo comunica a ella, repara en que está muerta.
2. Tema
El tema de este cuento se puede enunciar así: el deseo de exaltar la vida conduce a la muerte. Como se ve, es paradójico el mensaje. Otros temas secundarios son: el amor que debería traer la felicidad conduce a la desgracia; la pasión por el arte fulmina a la pasión amorosa.
3. Apartados temáticos
El cuento presenta una estructura clásica; sigue, por tanto, un orden lógico y cronológico. Posee tres apartados:
– Introducción o presentación: ocupa solo el primer párrafo. El narrador se instala con su criado en un castillo deshabitado.
– Nudo o desarrollo: abarca desde el segundo párrafo hasta el penúltimo, ambos inclusive. El narrador descubre el cuadro, lo admira y se dispone a leer la explicación que sobre el mismo ofrece el libro que ha hallado bajo la almohada.
– Desenlace o resolución de la trama: muy rápida, se concentra en el último párrafo.
4. Narrador
El narrador principal, del relato marco, que habla al principio, apenas es conocido para el lector. Entendemos que es un hombre adulto, de buena posición social, pues es acompañado por un criado, y entendido en arte, ya que admira con detenimiento los cuadros del castillo. Podemos también vislumbrar su hipersensibilidad ante las manifestaciones artísticas. Este escribe en primera persona, casi a modo de autobiografía.
Existe un segundo narrador, que es quien escribe la historia del pintor y su bella esposa. De este no sabemos nada. Escribe en tercera persona, omnisciente, objetivo y externo.
5. Personajes
Como estamos ante un cuento, los personajes son trazados con pluma rápida y pinceladas certeras. De este modo, tenemos:
El narrador principal: no sabemos ni su nombre, ni su condición social (aunque es de un grupo social elevado, pues se hace acompañar de un criado), ni apenas circunstancias de su vida. Sensible al arte, admira las pinturas del castillo.
El pintor: solo nos llega de él su obsesión por atrapar la vida en el lienzo. Todo lo supedita a esta ambición artística, hasta el punto que contribuye a la muerte de su esposa, sin apenas percibirlo.
La bella y joven esposa: no es mucho lo que sabemos de ella; atractiva y risueña, dotada de una paciencia infinita, muere por complacer el gusto de su marido.
6. Lugar y tiempo de la acción narrada
La acción se desarrolla en Italia, en algún lugar de los Apeninos; al ser una cadena montañosa tan larga, prácticamente equivale a decir que el castillo se puede hallar en cualquier punto montuoso italiano.
El tiempo de la escritura es el año 1842, pues se conoce la fecha en que Poe redactó su cuento.  El tiempo de la acción narrada es muy indeterminado; puede ser contemporáneo al de la escritura, pero se puede retrotraer en el tiempo hasta siglos atrás; no existen datos para precisar más. La duración de la acción se debe contemplar desde dos perspectivas: desde la del narrador principal, todo dura unas horas, al principio de la noche; desde el punto de vista del narrador del libro, la duración se extiende durante semanas, probablemente meses; es el tiempo que necesita el marido pintor para retratar a su esposa.
7. Comentario estilístico
Poe maneja los procedimientos retóricos con gran maestría. Utiliza la narración, la descripción y el diálogo con equilibrio e intención artística. Por ejemplo, en el cuento que ahora comentamos, el diálogo apenas existe porque lo que tienen que decir los personajes poco añade a lo que los narradores han aportado ya. 
A efectos de ejemplificación, hemos tomado un breve extracto de unas líneas, que corresponden al inicio del texto encontrado en el libro: 
Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, todo luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado.
Primero observamos la adjetivación expresiva. Tres adjetivos, casi epítetos, formando una trimembración muy significativa: “apasionado, estudioso y austero”, referido al carácter del pintor. Le sigue una metáfora que funciona como una prolepsis: el amor auténtico del pintor es el arte, no los amores humanos. La antítesis que subyace entre el carácter de él y de ella es muy incisiva y crea una rica expansión de la significación; existe otra establecida entre “amar” y “odiar” que sirve para enfatizar el carácter franco y transparente de la joven. La metáfora “con la alegría de un cervatillo” indica perfectamente la belleza jovial y desenfadada de la mujer. Las elipsis abundan a lo largo de todo el texto. Aquí, por ejemplo, se percibe muy bien la ausencia de verbos en las dos oraciones de que se compone el texto. 
Por otro lado, existe un cierto laconismo expresivo, como reservando las palabras que podrían desvelar más de lo debido el secreto que se guarda. La sorpresa final, referida al desenlace, de este modo, es mucho mayor. La contención verbal ayuda eficazmente a crear una atmósfera de suspense, misterio e inquietud.
8. Contextualización
Edgar Allan Poe (Boston, 1809 – Baltimore, 1849) es uno de los más influyentes autores de cuentos de la Edad Moderna. Vivió del periodismo, en medio de grandes estrecheces; publicó varios libros de poemas y una novela, pero su prestigio posterior procederá de su veintena de cuentos bajo el denominador común del misterio, el terror, lo tenebroso y lo gótico. Su cuentos son de gran calidad porque fija una estructura muy precisa de su estructura, basada en la concisión, la expresividad, el uso depurado del lenguaje, muchas poético, y el final sorprendente y, en general, siniestro y sangriento.
Su única novela, La narración de Arthur Gondon Pym (1938) es de ambiente marítimo. Recrea aventuras y anécdotas del protagonista con un sentido simbolista y metafórico no del todo claro. El final es inquietante y ambiguo. Los crímenes de la calle Morgue se ha considerado como el origen de la novela policiaca; otros relatos breves inciden en el misterio; otros son de tono satírico e irónico sobre la sociedad de su tiempo.
9. Interpretación y valoración
El cuento “El retrato oval” es un perfecto ejemplo de la maestría literaria de Poe. Con apenas una anécdota, suscita una reflexión de amplio calado sobre las paradojas de la existencia, el fino hilo que separa la vida de la muerte, el amor del odio, la pasión y la destrucción, etc.
El estilo de Poe, conciso, evocador y muy expresivo crean una atmósfera de lectura donde lo inquietante, lo misterioso y lo desconocido ocupan un lugar importante.
2. ACTIVIDADES
2.1. Lectura comprensiva
1) Realiza un resumen (5-6 líneas, 80-90 palabras) del fragmento objeto de comentario.
2) ¿Cuál es el tema del mismo? ¿Coincide con el del relato? Justifica tu respuesta.
3) Señala y justifica los apartados temáticos o secciones de contenido del mismo, según se vaya modulando el asunto de que se habla.
4) Analiza la figura del narrador y el foco de la narración (¿quién habla? ¿desde dónde se ve la acción narrada?)
5) Explica el lugar (del espacio más amplio, al más reducido) y el tiempo (señalando tiempo de la escritura, tiempo de la acción narrada y su duración), en relación a su sentido estético dentro de la obra.
6) Localiza, presenta y explica los recursos estilísticos más notables del framento (indicando entrecomilladamente y la/s línea/s donde se ubica). Se espera entre media y una docena no repetidos. En general, los recursos retóricos embellecen, dotan de expresividad, matizan el sentido, crean efectos estéticos inesperados o sorprendentes, etc. Para ayudarte, te presentamos algunos recursos que puedes encontrar en este texto (no enumerados por niveles lingüísticos): anticipación, símil, metáfora, epíteto, enumeración, suspensión, personificación, bimembración, paradoja, paralelismo, alusión, etc.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Quién es responsable de la muerte de la joven bella, su marido, o ella misma, guiada por un amor fuerte y firme?
2) El amor a un arte o a una actividad, como la de la pintura, se impone al humano. ¿Es positiva o negativa esta actitud?
3) ¿Por qué la joven esposa no se rebela contra su marido, en vistas de su grave deterioro físico?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Transforma el cuento en una pequeña pieza dramática, un poema, un artículo periodístico, etc., manteniendo su esencia narrativa. 
2) Imagina una charla de tu clase con Poe. ¿Qué preguntas le harías?
3) Realiza una presentación de Edgar Allan Poe ante la clase, explicando su vida y su obra. La imagen puede acompañar y complementar el texto escrito, para aportar profundidad.
4) Escribe un cuento, al estilo de Poe, donde una pasión desenfrenada pueda acarrear consecuencias negativas. 
 

Roald Dahl: «Matilda»; analisis y propuesta didáctica

Roald Dahl: “Matilda” (1988)
  1. Resumen
“Matilda” es una inteligente y cáustica novela corta más o menos adscribible al ámbito LIJ, compuesta por el escritor galés Roald Dahl y publicada en 1988, dos años antes de fallecer su autor. Narra la historia de la protagonista, que da nombre a la novela, Matilda, una niña de cinco años extraordinariamente inteligente.
La lectora de libros
Matilda vive en una familia que no la aprecia demasiado; de hecho, la insultan y minusvaloran con frecuencia. Su padre, Su madre, la señora Wormwood se pasa las tardes en el bingo y su preocupación es aparentar una belleza que no posee. Mike, su hermano, mayor que ella, admira a su padre y le obedece ciegamente. Ninguno de los tres aprecia a Matilda ni muestran el más mínimo interés en su persona. La niña acude todas las tardes a la biblioteca del pueblo, y allí pasa horas leyendo, con la ayuda y asesoramiento de la señora Phelps, la bibliotecaria. La niña muestra mucha precocidad y enorme inteligencia; ella lo da por supuesto y lo lleva con naturalidad.
El señor Wormwood, experto vendedor de coches
El señor Wormwood  es un orgulloso propietario de un taller de coches y de negocio de compraventa de los mismos. Falsifica el cuentakilómetros y truca los motores para obtener grandes ganancias en sus ventas. Por eso está muy orgulloso y le explica a su hijo cómo actuar para tener éxito en ese negocio, aunque de modo fraudulento. El hijo está entusiasmado, pero Matilda le reprocha sus trampas y el padre la reprende severamente, con insultos incluidos. La niña decide vengarse de la petulancia y la soberbia de su padre.
El sombrero y el pegamento
Le echa pegamento por el borde interior del sombrero de su padre. Cuando se lo pone, ya no lo puede quitar. Le han de destrozar el sombrero y el pelo para podérselo desprender; queda ridículo y la lección le sirve dos semanas, en las que está humilde y tranquilo. Luego vuelve a su petulancia.
El fantasma
Un día, Matilda lee en casa un libro de la biblioteca, “El pony rojo”, de John Steinbeck. Cuando su padre la ve, le arranca las hojas y lo destroza; dice que ese libro y todos son “porquería”. Matilda ha de pagarlo con su paga, pues es de la biblioteca. Para vengarse, toma prestado el loro de su amigo Fred. Lo lleva a casa y lo mete en la chimenea, apagada en ese tiempo. El loro comienza a hablar, repitiendo ¡Hola, hola! Todo el rato, y todos creen que es un fantasma. El padre tiembla de miedo y queda como cobarde y ridículo ante la familia. Eso le baja los humos unas semanas.
Aritmética
Su padre alardea de hacer cálculos mentales muy rápidos. Le hace una demostración a su hijo, pero Matilda está al lado y le demuestra que sabe calcular más y mejor que su padre, que confiesa que había necesitado papel y lápiz; este no admite la derrota e insulta a la niña, llamándole “tramposa y embustera”.
El hombre rubio platino
A Matilda no le queda más remedio que volver a castigar a su padre. Echa en su bote de tónico capilar teñidor de pelo de su madre, en dosis bien altas. Cuando su padre se lo echa, el pelo toma un color blancuzco grisáceo tirando a rubio, muy desagradable y feo. En casa se arma un pequeño jaleo. El padre ha de acudir inmediatamente a la peluquería. Otras semanas con los humos bajados y tranquilidad en casa. Matilda está así más tranquila.
La señorita Honey
Matilda asiste a la escuela, se llama Escuela Crunchem. Su maestra es una joven delgadita y humilde llamada señorita Honey, de nombre Jennifer. Trata a los niños con cariño y afecto y se esfuerza por que aprendan. Ya el primer día, Matilda da muestras de su profunda inteligencia al saber leer y dominar la aritmética con mucha soltura. Compuso una quintilla de repente ante los compañeros y la maestra y todos quedaron admirados de sus conocimientos. La señorita Honey se lo dice a la directora, una mujer alta, autoritaria, ridículamente vestida a lo militar, llamada señorita Trunchbull.
La Trunchbull
La directora maltrata de palabra y gesto a Honey cuando le comunica que Matilda es muy inteligente y debe acceder a un curso superior. Trunchbull ridiculiza a Matilda, lo mismo que sus padres y no le hace caso a Honey, a quien menosprecia constantemente. Le aconseja que no se deje impresionar y que trate a los niños con mano dura, como hace ella. Odia a los niños, los considera insoportables y repugnantes.
Los padres
Honey permite que Matilda en su clase lea y aprenda en otros libros, pues lo que ella enseña ella ya lo sabe perfectamente. Se entrevista con los padres de Matilda, que la reciben de mala gana. No se creen nada de la inteligencia superior de su hija y hablan mal de ella. Están furiosos porque no les deja ver un programa de televisión, lo que parece una telecomedia. Ni siquiera aprenden su nombre. No piensan que Matilda vaya a la universidad, no lo necesita.
Lanzamiento de martillo
Matilda se hace amiga de una niña esmirriada y espabilada, llamada Lavender. Hortensia, una niña veterana, les cuenta que le ha jugado dos malas pasadas a Trunchbull: le puso algo viscoso en su asiento y se pringó por completo; otra vez le echó polvos irritantes en los calzones de gimnasia a la Trunchbull; hizo el ridículo delante de todos rascándose el trasero con furia. La castigó un día entero en La Ratonera, un armario con los laterales llenos de pinchos, donde no había para sentarse y estaba a oscuras. Hortensia lo considera una hazaña. También les cuenta que arrojó a un niño por la ventana. En el patio, delante de todos, Trunchbull coge de las coletas a Amanda Thripp, una alumna pequeña, la gira y la lanza, como si fuera un martillo, a bastantes metros. Todo porque tenía el pelo largo y llevaba coleta.
Bruce Bogtrotter y la tarta
El niño de este nombre había robado un trozo de tarta de la directora. Delante de todos, en el salón de actos de la escuela, le hace comer una enorme tarta para castigarlo y ridiculizarlo, con la idea de provocarle una congestión. El niño la logra comer sin grandes daños y los compañeros lo aplauden con entusiasmo. Trunchbull le estampa en la cabeza la bandeja donde aún quedaban restos de tarta, pero de algún modo había sido derrotada.
Lavender
Trunchbull se hacía cargo de cada clase un día a la semana para comprobar cómo iban avanzando los niños. Un jueves a las dos le tocaba a la clase de Matilda. Lavender, la niña amiga de Matilda y algo aventurera, captura una salamandra y la arroja en la jarra de agua que le ponen a Truchbull en la mesa.
El examen semanal
Castigó a Nigel por tener las manos y una mancha en la ropa contra la pared, sobre una pierna, además de insultarlo. A Rupert lo alza en el aire cogido por su cabello rubio y algo largo por no saber multiplicar dos por siete. Al niño Erik lo levanta en el aire, cogido por las orejas, por no saber deletrear la palabra “que”. Se encara con Matilda y no cree que haya leído “Nicholas Nickleby”, de Dickens. Le llama timador a su padre por venderle un coche ruinoso.
El primer milagro
Cae la salamandra al agua y Trunchbull grita y queda demudada; piensa que es un cocodrilo. Le echa la culpa a Matilda, pero esta se defiende. Matilda mueve mentalmente el vaso, y este se desparrama por la mesa, mojando a Trunchbull. Esta monta en cólera y está muerta de miedo. Acusa a Matilda, pero no tiene pruebas; los compañeros de clase la defienden. Al fin, se va de la clase con ira y vergüenza entremezcladas.
El segundo milagro
Le cuenta a su maestra Honey que ella es quien hizo volcar el vaso. Le hace una demostración a la maestra y esta queda atónita. Piensa que Matilda tiene poderes especiales. Le dice que no lo cuente a nadie.
La casa de la señorita Honey
La maestra Honey invita a Matilda a tomar té en su casa, tras las clases. Es una casa diminuta, muy pobre y humilde, sin agua corriente ni luz. Vive en la más extrema pobreza y ofrece a Matilda lo poco que tiene.
La historia de la señorita Honey
Le cuenta su vida. Sus padres murieron muy jóvenes. Su padre era médico y, al parecer se suicidó. La crio una tía, que es justamente la señorita Trunchbull, de forma tiránica y cruel. La esclaviza, haciendo las tareas del hogar para ella. Así y todo, pudo estudiar para maestra, por eso ejerce. Sospecha que Trunchbull tuvo que ver con la muerte de su padre. Nunca apareció el testamento y está en la pobreza. En la casa de su padre vive Trunchbull. Tiene que entregar casi todo su sueldo a Trunchbull para resarcirla de los gastos generados. Pasa hambre porque no tiene dinero para comprar la comida básica, solo lo que come en la escuela.
La práctica
Se trata de trazar un plan para ayudar a la señorita Honey, pues su lamentable estado no puede continuar. Está sola en casa porque su padre no ha vuelto del taller de autos y su madre del bingo. Comienza a practicar con un puro. Al fin, hace que se suspenda en el aire y se dirija a donde ella quiere. Se siente feliz.
El tercer milagro
La señora Trunchbull acude a la clase para comprobar cómo han aprendido la tabla del tres. Aterroriza a los niños, en concreto a uno que se llama Wilfred. En pleno interrogatorio, la tiza empieza a escribir sola, en el encerado, el nombre de la directora. Cuando ella se percata, piensa que es Magnus, el padre de Honey. Se desmaya. Nigel, uno de los chicos de clase, le arroja la jarra de agua en su cara. Se despierta; viene la enfermera y un grupo de profesores y la sacan de clase como pueden, dada su corpulencia y peso. Sospecha de Matilda, pero no puede demostrar nada, pues esta se mantiene impasible e inexpresiva.
Un nuevo hogar
La señora Trunchbull estuvo varios días ausente. El director accidental, el señor Trilby, se acerca a la Casa Roja, la antigua de Honey, para ver como está. No hay nadie y la puerta está abierta. Había marchado sin decir nada. Honey recibe una carta del notario diciendo que ha aparecido el testamento de su padre; la Casa Roja es suya, junto con el dinero que había dejado en el banco. Se muda y vuelve a la casa de su infancia. Matilda pierde sus poderes inexplicablemente, de lo que ella se alegra. El padre de Matilda van a ser detenido por numerosos delitos (cambiar matrículas, falsificar motores, trampas económicas, etc.). Hacen las maletas y se van en avión a España. Matilda no quiere ir. Habla con Honey y le proponen a sus padres que se quede a vivir con esta. Los padres lo aceptan. Arrancan el coche y se dirigen al aeropuerto a toda mecha. Matilda y Honey ven cómo se aleja calle adelante y toma la primera bocacalle.
2. Temas de la novela
La novela es muy rica en los asuntos esenciales que aborda:
-La incomprensión y aislamiento de los niños en hogares vulgares y adocenados.
-La violencia en el ámbito escolar como método pedagógico.
-El odio y la avaricia como uno de los motores de la conducta humana.
-Las apariencias de éxito y valor esconden individuos cobardes, ruines y tramposos.
-La inteligencia como arma para defenderse de la hostilidad de familiares, profesores, etc. llenos de resentimiento y envidia.
3. Apartados temáticos
Esta novela posee una estructura clásica en cuanto a la disposición de la materia narrativa; se sigue un orden temporal y lógico, excepto en la ocasión en que la señorita Honey le cuenta su vida a Matilda. Es un caso de analepsis llamativo. De este modo, tenemos:
-Introducción o planteamiento de un conflicto: ocupa los tres primeros capítulos. Matilda, inteligente, paciente y bondadosa, vive con la familia Wormwood como mejor puede. Se esfuerza por leer, aprender y ser feliz, aunque no se lo ponen fácil. Sus padres más bien la odian y ella aprende a ridiculizar a su padre.
-Nudo o desarrollo: estamos ante la parte central; ocupa desde el cuarto capítulo (“El fantasma”), hasta el penúltimo (“El tercer milagro”). La acción se centra en la escuela, en la que los niños sobreviven como pueden a la violencia y odio de la señora Trunchbull. Matilda descubre sus nuevos poderes mentales y alcanza un buen dominio sobre ellos.
-Desenlace: se concentra en el último capítulo (“Un nuevo hogar”). La acción se precipita y el desamor de Matilda y Honey encuentran una solución positiva con la convivencia entre maestra y alumna. Los malos, literalmente, desaparecen, con lo que se alcanza un equilibrio razonable para todos.
4. Narrador
Un narrador en tercera persona cuenta la historia. Pero no es objetivo, ni totalmente externo, ni omnisiciencia total. Valora de vez en cuando, sobre todo a través de adjetivos muy incisivos, la actitud, el carácter y las acciones de los personajes, sobre todo de los más deplorables o negativos. Lógicamente, toma partido por Matilda, por la que muestra simpatía y solidaridad por su situación en casa y en el colegio. Por el contrario, valora negativamente y ridiculiza sin paliativos a la familia Wormwood y a Trunchbull.
5. Lugar y tiempo de la acción narrativa
La acción se desenvuelve en un pueblo o ciudad pequeña de contexto inglés. La gente lleva una vida tranquila y sin sobresaltos, en una atmósfera semi rural. La Escuela Crunchem, donde ocurre la mayoría de las acciones es un lugar desagradable y siniestro por los duros castigos corporales de su directora y su régimen de terror. La crítica implícita a una educación basada en el miedo y el abuso es evidente.
El tiempo de la escritura lo conocemos bien, pues la primera edición de este texto es de 1988; la narración se compuso en los años previos, es decir, penúltima década del siglo XX. La duración de la acción también está bien delimitada, por la edad de Matilda: comienza el relato con algo menos de cinco años y, al acabar, tiene cinco y medio. El conjunto, pues, se extiende a lo largo de un año, que coincide con la escolarización de Matilda en su primer curso escolar.
6. Personajes
El elenco de personajes de la novela es variado y sugestivo para el lector. Analizaremos los más importantes según su protagonismo:
-Matilda: es una niña de aspecto normal, con cerca de cinco años al comenzar el relato. Posee una extraordinaria inteligencia y una gran afición a la lectura. Por otro lado, comprende la estupidez y la fanfarronería de muchas personas, lo que la pone enferma. A esas personas las castiga con travesuras hirientes y pesadas. Sin embargo, busca la amistad y el amor en su ámbito familiar, pero no lo encuentra. Lo hallará posteriormente en la figura de su maestra Honey. Es obvio afirmar que es la protagonista.
-Honey: joven maestra, dulce (como indica su nombre en inglés, “Miel”), tranquila, cariñosa y sufrida. Ha sufrido mucho en la vida a causa de las tropelías de su tía Trunchbull, pero lo ha sabido llevar con dignidad y entereza. Su vocación docente hacen de ella un personaje simpático con el que el lector pronto empatiza.
-Señorita Trunchbull: Es la antagonista en este texto. Mujer de facciones grandes y groseras, con vestimenta y andares ridículos, odia a los niños. Su inquina al mundo infantil, paradójico si tenemos en cuenta que es la directora de la escuela, se manifiesta en insultos constantes, vejaciones violentas y dolorosas a los alumnos y actos sádicos de especial inquina, como arrojar a los niños como si fueran un martillo del juego atlético del lanzamiento de martillo. Finalmente, se descubre su cobardía y su maldad, quedando en ridículo.
-Matrimonio Wormwood: son los padres de Matilda. Él es un mecánico tramposo y vendedor de coches fraudulento. Engaña a los clientes sin parar para lucrarse desvergonzadamente. Carente de ética y de estética, se vanagloria ante su mujer y sus hijos de sus “hazañas” mercantiles. Hombre vulgar e inculto, posee el atrevimiento del zafio que engaña a los demás con facilidad.
-Los niños compañeros de Matilda en la escuela (Nigel, Lavender, Erik, etc.): son infantes totalmente normales, con los rasgos propios de la infancia. Apuntan ciertos caracteres de comportamiento, pero el miedo a Trunchbull los acoca a todos.
7. Comentario estilístico
Dahl es un narrador muy consciente de la importancia de la forma y el estilo para componer un texto eficaz y agradable. La narración, la descripción y el diálogo se alternan a lo largo del texto para dar urdimbre a un texto sugerente y original. Algunas notas compositivas son:
-Brevedad narrativa: el conjunto del texto posee una duración limitada. La acción está comprimida, sin digresiones de ningún tipo. El hilo narrativo se mantiene con firmeza y no existen digresiones, sino que todo conduce al progreso de la acción principal.
-Ironía y sarcasmo: aplicados, lógicamente, a los personajes negativos y deplorables, como la señora Trunchbull. Sus ropas ridículas, casi a modo de dictador, y sus palabras agresivas e insultantes la caracterizan como zafia, vulgar, envidiosa y amargada.
-La hipérbole o exageración es una nota muy llamativa, sobre todo cuando se caracterizan los personajes deshonestos. Cuando este tipo de personaje  habla, suele hiperbolizar mucho, en forma de insulto descalificatorio.
-El símil o comparación es una figura literaria muy empleada: aporta expresividad y plasticidad y el lector puede imaginar mucho mejor la lectura. Se emplea tanto con un matiz positivo como negativo.
-La metáfora y la metonimia también hacen acto de presencia. La identificación de Trunchbull con un animal salvaje se repite en varias ocasiones.
-La interrogación y la exclamación retórica: son dos de los recursos preferidos por nuestro novelista. Aportan frescura, variedad y expresividad.
-Los diálogos, breves e incisivos, sirven para caracterizar a los personajes y para transmitir pensamientos y sentimientos. Aportan frescura y naturalidad.
A continuación se aporta un texto donde se pueden apreciar muchas de las características señaladas:
“Matilda anhelaba que sus padres fueran buenos, cariñosos, comprensivos, honrados e inteligentes, pero tenía que apechugar con el hecho de que no lo eran. No le resultaba fácil. Sin embargo, el juego que se había ingeniado, consistente en castigar a uno o a ambos cada vez que se comportaban repugnante y arbitrariamente con ella, hacía su vida más o menos soportable.
Al ser muy pequeña y muy joven, el único poder que tenía Matilda sobre cualquiera de su familia era el del cerebro. Los superaba en ingenio. Pero seguía inalterable el hecho de que en cualquier familia, una niña de cinco años se veía obligada siempre a hacer lo que decían, por estúpido que fuera. Por eso, siempre tenía que tomar una de esas cenas que anuncian en televisión, frente a la espantosa caja. Entre semana se pasaba todas las tardes sola, y cuando le decían que se callara tenía que callarse.
Su válvula de escape, lo único que impedía que se volviera loca, era el placer de maquinar e infligir aquellos magníficos castigos, y lo curioso era que parecían surtir efecto durante algún tiempo. El padre especialmente se volvía menos fanfarrón e intratable durante algunos días, después de recibir una dosis de la medicina mágica de Matilda”.

 

8. Contextualización
Roald Dahl (Llandaff, Cardiff, 1916 – Oxford, 1990) es uno de los más importantes escritores de LIJ en el ámbito internacional en el siglo XX. Sus obras, de temática infantil-juvenil, no son nada complacientes, pues presentan personas, familias y sociedades con graves defectos morales y de convivencia. Su primera publicación es el cuento “Pan comido”, de 1942; como se ve, Dahl comenzó a escribir muy pronto, y alternaba literatura de adultos con la infantil. Aborda problemas en los que la infelicidad de los niños a causa del maltrato de los mayores y el triunfo de la honestidad y la autenticidad son dos notas repetidas y constantes en sus obras. Aparte de la novela que ahora comentamos, son bien conocidas (sobre todo, desde que se hicieron adaptaciones cinematográficas) Charlie y la fábrica de chocolate, El gran gigante bonachón y Las brujas
9. Interpretación y valoración
La novela Matilda guarda hallazgos muy interesantes para el lector, independientemente de su edad. A continuación los enumeramos para aligerar la lectura:
-Abordamiento de temas actuales, contemporáneos, propios de nuestras sociedades: trampas, engaños, codicia desatada, vanagloria descontrolada, etc. son algunos de los rasgos sociales y personales que aparecen con frecuencia en la novela. Dahl no idealiza la sociedad ni a las personas: las presenta como son, plagadas de imperfecciones y lagunas morales.
-Tensión entre las personas honestas y éticas frente a las deshonestas y tramposas: en esta obra, y en otras del mismo estilo, se observa un pulso soterrado, un enfrentamiento silencioso, pero bien real, entre los individuos más éticos y bondadosos, frente a los malvados, generalmente movidos por la codicia, la fatuidad y la soberbia.
-Indagación en las capas profundas del hombre, sea niño o adulto: nuestro autor no se conforma con una presentación superficial de los personajes; al contrario, ahonda en ellos y nos los muestra con sus virtudes y defectos. Sus personajes protagonistas suelen ser indagadores, analíticos, consecuentes y comprometidos con ellos mismos, es decir, muy coherentes con su propia naturaleza, como en este caso Matilda.
-Crítica a la educación basada en el abuso y el miedo contra los niños: la contraposición entre Honey, bondadosa y comprensiva con los niños, frente a Trunchbull es una de las líneas de fuerza de la novela. Con violencia y terror se vence, pero no se convence a nadie, parece querer transmitir la novela.
-Cierto optimismo antropológico: en el choque entre la gente tramposa y zafia y los honestos y éticos, estos últimos suelen ganar, no sin plantear una batalla importante. Los buenos, en efecto, vencen sobre los malos, que han de huir, como en este caso, o mueren, como ocurre en otras novelas.
-Elemento fantástico que complementa la realidad cotidiana: en los textos de Dahl se aprecia la presencia de la fantasía, o la magia. Aquí, lo apreciamos en los poderes mentales de Matilda, capaz de mover objetos por telepatía. Este rasgo de una fuerza superior es típico en los personajes más humildes y castigados; es como una compensación a las carencias materiales y afectivas que suelen padecer, como Matilda o Charlie en Charlie y la fábrica de chocolate.
La valoración de esta novela es positiva por la valentía con que aborda el abuso escolar, por la denuncia de la soledad de muchos niños en la escuela y en la familia y por el alegato en favor de la honestidad y el cariño en el trato entre las personas. Estilísticamente, la novela es atractiva porque ofrece una concentración de la acción y los temas que invitan a una lectura seguida e inmersiva. Por otro lado, el dominio de las técnicas narrativas y estilísticas por parte de Dahl es tan alto que la lectura es divertida, fresca y, al mismo tiempo, reflexiva.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden realizar en clase o en casa. Pueden hacerse de forma individual o en grupo. También puede elegirse la expresión oral o la escrita, o ambas, combinándolas. La ayuda de medios TIC es recomendable en algunas de ellas).
2.1. Comprensión lectora
  1. ¿Dónde ha de leer libros Matilda? ¿Por qué?
  2. ¿Qué tipo de libros lee Matilda? ¿Son los propios de su edad? ¿Qué se deduce de ese hecho?
  3. ¿Por qué el sombrero se pega en la cabeza del señor Wormwood?
  4. ¿Qué hace el padre con el libro de John Steinbeck que está leyendo Matilda?
  5. ¿Por qué se transforma de color el pelo del señor Wormwood ?
  6. ¿Qué deporte practica la señora Trunchbull con los niños? ¿Por qué?
  7. ¿Cómo muestra su sagacidad la niña Lavender?
  8. ¿Qué tipo de habilidad increíble posee Matilda? ¿Para qué la emplea?
  9. La señorita Honey, ¿ha tenido suerte en su vida?
  10. ¿Quiénes huyen de la ciudad finalmente? ¿Por qué?
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
  1. ¿Por qué Matilda es poco feliz con su vida?
  2. Analiza el grado de honestidad de los padres de Matilda según emplean su tiempo.
  3. ¿Por qué le gasta bromas pesadas Matilda a su padre?
  4. Expón tres ejemplos de humillación de los alumnos por parte de la directora de la Escuela Crunchem.
  5. ¿Por qué Trunchbull maltrata a Honey?
  6. ¿Cómo apreciamos la honestidad en los personajes de la novela?
  7. La huida de las dos personas más tóxicas de la vida de Matilda, ¿es una oportunidad para ella?
2.3. Comentario de texto específico
Cuando se hubo comido la mitad de la enorme tarta, Bruce Bogtrotter se detuvo un par de segundos e hizo varias inspiraciones profundas. La Trunchbull permanecía en pie, con las manos en las caderas, mirándole airadamente. 
—¡Sigue! —gritó—. ¡Acábatela! 
De repente, el chico dejó escapar un tremendo eructo que resonó en el salón de actos como un trueno. Muchos de los espectadores se rieron. 
—¡Silencio! —gritó la Trunchbull. 
El chico cortó otro grueso trozo y comenzó a comérselo rápidamente. Aún no mostraba signos de decaimiento o de querer abandonar. Realmente no parecía que estuviera a punto de detenerse y gritar: «¡No puedo, no puedo comer más! ¡Me voy a poner enfermo!». Aún seguía en combate. 
Se estaba produciendo un sutil cambio en los doscientos cincuenta niños que presenciaban la escena. Hasta entonces habían previsto un inevitable desastre. Se habían preparado para una escena desagradable, en la que el desdichado chico, atiborrado de tarta de chocolate, tendría que rendirse y suplicar perdón y, entonces, verían a la triunfante Trunchbull obligando al jadeante muchacho a engullir más trozos de tarta. 
Nada de eso. Bruce Bogtrotter se había tomado ya tres cuartas partes y aún seguía bien. Podría pensarse que casi estaba empezando a disfrutar. Tenía que escalar una montaña y estaba decidido a alcanzar la cima o a morir en el empeño. Es más, se había dado cuenta de los espectadores y de que, silenciosamente, todos estaban de su parte. Aquello era nada menos que una batalla entre él y la todopoderosa Trunchbull. 
De pronto, alguien gritó: 
—¡Vamos, Brucie! ¡Lo puedes conseguir! 
La Trunchbull se volvió y rugió: 
—¡Silencio! El auditorio observaba atentamente. Estaba cautivado por la contienda. Deseaban empezar a animar, pero no se atrevían. 
—Creo que lo va a conseguir —susurró Matilda. 
—Yo también lo creo —respondió en voz baja Lavender—. Nunca hubiera creído que alguien pudiera comerse una tarta de ese tamaño. 
—La Trunchbull tampoco se lo cree —susurró Matilda—. Mírala. Se está volviendo cada vez más roja. Si vence él, lo va a matar. 
El chico iba más despacio ahora. No había duda de ello. Pero seguía comiendo tarta, con la tenaz perseverancia del corredor de fondo que ha avistado la meta y sabe que tiene que seguir corriendo. Cuando engulló el último bocado, estalló un tremendo clamor en el auditorio y los niños empezaron a dar saltos de alegría y a vitorear, aplaudir y gritar: 
—¡Bien hecho, Brucie! ¡Muy bien, Brucie! ¡Has ganado una medalla de oro, Brucie! 
La Trunchbull permanecía totalmente inmóvil en el estrado. Su rostro de caballo había adquirido el color de la lava fundida y sus ojos fulguraban de rabia. Miró a Bruce Bogtrotter, que seguía sentado en su silla como un enorme gusano ahíto, repleto, comatoso, incapaz de moverse o de hablar. Una delgada capa de sudor adornaba su frente, pero en su rostro se reflejaba una sonrisa de triunfo. 
De repente, la Trunchbull se acercó y cogió la fuente de porcelana vacía que había contenido la tarta. La levantó todo lo que pudo y la dejó caer de golpe en todo lo alto de la cabeza del desdichado. Bruce Bogtrotter y sus trozos se desparramaron por el suelo del estrado. 
El chico estaba tan atiborrado de tarta, que era casi como un saco de cemento húmedo y no le hubiera hecho daño ni un mazo de hierro. Se limitó a mover la cabeza unas cuantas veces y siguió sonriendo. 
—¡Vete al diablo! —dijo airadamente la Trunchbull, y se marchó del estrado, seguida de cerca por la cocinera.
(Del capítulo BRUCE BOGTROTTER Y LA TARTA)

 

2.4. Fomento de la creatividad
  1. Transforma el argumento de la novela en un poema o una breve obra teatral introduciendo las novedades literarias que consideres oportunas.
  2. Escribe un ensayo comparando y contrastando la vida en la Escuela Crunchem con tu propio colegio.
  3. Imagina un diálogo con Roald Dahl. Pregúntale sobre aspectos de la novela que no te hayan quedado claros o indagando en la razón de algún aspecto del argumento, de los personajes, etc.
  4. Realiza una presentación o exposición en clase, con apoyo de imágenes, música, textos, etc., sobre la vida y la obra de Roald Dahl.

Sófocles: «Electra»; análisis y propuesta didáctica

SÓFOCLES – ELECTRA
  1. ANÁLISIS
  1. Resumen
Electra es una de las tragedias de más calidad y perfección del dramaturgo griego clásico Sófocles (Atenas, 497 a. C.- 406 a. C.). La obra se ambienta en el ciclo troyano (es decir, la guerra de Troya, su destrucción y la vuelta a casa de los aqueos, vencedores; estos hechos los narró por primera vez Homero en el siglo VIII a. C.; acaso tuvieron lugar varias centurias previas). La pieza dramática es una continuación de ciertos hechos y personajes. Se estima que la pieza fue estrenada en Atenas entre el 420 y el 410 a. C; Sófocles la compuso en los años finales de su vida; siendo anciano, el dramaturgo mantuvo un pulso creativo asombroso y fructífero. Dos mil quinientos años después, seguimos disfrutando de la hondura y calidad de sus obras, llenas de vida, verdad y belleza.
El contexto en el que se desenvuelve la obra es el siguiente: tras el final de la guerra de Troya, los protagonistas regresan a sus hogares. Agamenón, rey de Micenas y comandante de las tropas griegas, regresa a su trono y hogar. Su esposa, Clitemnestra, con la ayuda de su amante, Egisto, lo asesina traidoramente. Se hace con el trono y vive con su nuevo compañero. Era un modo de vengar que Agamenón, sobre diez años antes, hubiera sacrificado a la hija de ambos, Ifigenia, a los dioses para tener vientos propicios y poder llegar a Troya. Con la madre viven sus dos hijas, Electra, despreciada por su madre, y vive “como una vil esclava”, según ella afirma, y Crisótemis, chica tranquila y resignada a su vida sin horizonte, pues “es preciso que obedezca a quien tiene la omnipotencia”. Orestes, el otro hijo, había sido salvado de la ira de la madre gracias a que Electra lo había alejado de aquella.
La obra comienza con la llegada de Orestes a Micenas decidido a vengar la muerte de su padre; desea ejecutar una sentencia del oráculo de Delfos sobre este asunto, emitido por Lojias. Lo acompañan un antiguo y fiel maestro, Pedagogo, y Pílades, su fiel servidor. Los tres preparan una farsa para engañar a su madre y poder vengarse. Crisótemis y Electra mantienen un duro y desgarrado diálogo en el que esta le propone vengar la muerte de su padre, pero aquella lo rechaza por insensato. 
Al mismo tiempo, Clitemnestra ha tenido pesadillas, “un terror nocturno”, con la muerte de Agamenón. Este había vuelto a la vida, le había arrebatado la corona a Egisto, la había enterrado y allí había surgido un árbol tan grande que daba sombra a toda Micenas. Es una mujer fría, resolutiva y autoritaria, aunque ahora el miedo le hace mella. Envía inmediatamente a su hija a Crisótemis a realizar ceremonias fúnebres para asegurar la tranquilidad de vivos y muertos. Electra le da sus cabellos y su cinturón para que los deposite en la tumba, como ofrenda. El Corifeo anuncia que es una buena señal y pronto “la Justicia anunciada vendrá”.
Ahí percibimos las tensas relaciones entre madre e hija y el profundo resentimiento, casi odio, que Electra siente por su madre. Clitemnestra le afea que “no me respetas”, lo cual es verdad; la tilda de “insolente bestia”. Su hija le anuncia que si pudiera, haría que Orestes la matara por venganza. También se siente sola y desamparada, física y emocionalmente, en un entorno hostil y violento, “anegada en lágrimas y sufriendo las penas sin fin de mis males”. Los coros la consuelan y comprenden su tristeza. Clitemnestra odia a su hija y le desea lo peor. El Pedagogo se presenta en el palacio real y anuncia a Clitemnestra que su hijo Orestes ha muerto compitiendo en una carrera de carros. La madre reacciona con gran alegría, a duras penas contenida. Le anuncia a su hija que, “En lo sucesivo, ni Orestes ni tú destruiréis esta felicidad”, en tanto que Electra, “desdichada” y “consumida por el dolor”, se siente totalmente desamparada con esta noticia. 
Crisótemis le  anuncia a su hermana que ha encontrado muchas ofrendas y cabello en la tumba de Agamenón, lo que le recuerda a Orestes. Electra no lo cree porque el Pedagogo había anunciado ante ella misma y su madre la muerte de Orestes. Le propone a su hermana vengarse inmediatamente de su madre y de su padrastro, aunque le cueste la vida. Le dice a su hermana “libérate a ti misma pensando cuán vergonzoso es a los que son bien nacidos vivir en el oprobio”. Su hermana, prudente y cobarde, rehúsa participar, al tiempo que le recuerda que “tú eres una mujer, no un hombre, y tienes muchas menos fuerzas que tus enemigos”. Orestes se presenta en el palacio disfrazado, acompañado de Pílades. Porta una urna con los supuestos restos de Orestes, es decir, de él mismo, que ha de entregar a Egisto. Electra, al escuchar esto, pide retener en sus manos la urna un momento y, desgarrada de dolor, realiza una elegía dirigida a su hermano, también a su padre y a sí misma, pues ya solo desea “compartir tu tumba”.
Electra y Orestes mantienen un vivo diálogo en el que este se cerciora de los sentimientos de su hermana y, al fin, le desvela que es su hermano, lo que a ella llena de “alegría”; y que procederá con la venganza inmediatamente, pero ha de disimular su excitación. Aunque no se ve en escena, liquidan a Clitemnestra. El coro anuncia: “Las imprecaciones se han cumplido: viven aquellos a quienes la tierra recubre. Los que han sido muertos vierten al fin a su vez la sangre de sus matadores. Pero heles aquí, todos cubiertos de sangre de la víctima sacrificada a Ares, y no tengo nada que decir”. Llega a palacio a Egisto, pero su contento se torna en amargura al reconocer a Orestes. Lo conducen a la misma sala donde él había matado a Agamenón para recibir su castigo final. Quiere hablar, pero Electra apura a su hermano: “¡Mátalo!”. Orestes le anuncia: “Ciertamente, no morirás como pretendes, sino como me conviene, para que tu muerte no carezca ni siquiera de esta amargura. Este castigo debería ser el de todos aquellos que quieren ser más poderosos que las leyes, es decir, la muerte. De este modo, los malvados serían menos numerosos”. 
El coro cierra la obra con palabras aleccionadoras: “¡Oh raza de Atreo, qué innumerables calamidades has sufrido antes de liberarte por este último esfuerzo!”.
  1. Personajes
Sófocles crea un elenco de personajes muy sólidos, perfectamente delimitados, coherentes y consecuentes con su modo de sentir y pensar. A continuación analizamos los más destacados:
-Electra: muchacha de familia real (hija de Agamenón y Clitemnestra, reyes de Micenas, rico reino del centro-este de la Península del Peloponeso) aparece llena de sentimientos de venganza. Resolutiva y firme en sus ideas, está dispuesta a vengarse por su mano si no cuenta con más ayuda. Recrimina a su hermana su apocamiento, amenaza a su madre con liquidarla a la primera oportunidad y urge a su hermano a la venganza. Cuando esta llega, se siente feliz. No es ni buena ni mala, solo se mueve por la necesidad de restaurar su orden moral, destruido por la conducta despreciable de su madre. Es consciente de su clase social y varias ocasiones así lo manifiesta, siendo sensible, por ejemplo, a un código de conducta propio de la nobleza o realeza.
-Clitemnestra: dolorida porque su marido Agamenón había sacrificado a los dioses a su hija Ifigenia para tener vientos favorables que los llevara a Troya, se venga de este a través de la mano de su amante y nuevo rey, Egisto. Tenía sus motivos, pero su nueva situación es insuperable para sus hijos. Ahora reina en paz y felicidad, sin remordimientos, pensando que su vida tiene un sentido pleno. Los viejos temores de venganza de su hija Electra y la falta de noticias sobre Orestes la preocupan, de ahí que actúe muy tajante y despóticamente sobre este asunto.
-Orestes: hermano de Electra, es la mano ejecutora de la venganza. También piensa por su cuenta, de ahí que ofrezca unas honras fúnebres ante la tumba de su padre y luego trace un artero plan para entrar en el palacio de Micenas y eliminar a quienes habían matado a su padre.
-Crisótemis: hermana de Electra y Orestes, aparece como una mujer juiciosa, serena y un tanto apocada. Teme las reacciones de su madre y la obedece con sumisión casi excesiva. No le gusta su vida ni el estado de cosas, pero los acepta como mal menor porque no tiene medios para cambiarlo.
-Egisto: estamos ante el nuevo rey de Micenas. Apenas interviene, pero ha tenido mucho peso en el desarrollo de la acción. Él había matado a Agamenón y es el nuevo marido de la reina, así que ha recibido beneficios materiales y sociales muy importantes. En tanto que el resto de los personajes se mueven por sentimientos, sobre todo el de venganza, este tiene su interés en los beneficios prácticos de su alianza con Clitemnestra.
-Pedagogo y Pílades: fieles servidores de Orestes, lo protegen y le ayudan a perpetrar su venganza. El primero había sido maestro de los hijos de Agamenón; el segundo es un militar y hombre de acción leal a su señor.
  1. Lugar y tiempo de la acción dramática
La acción discurre en el palacio real de Micenas, capital del reino heleno de su mismo nombre. A veces cambian de espacio físico: entrada y recibidor del mismo, dependencias privadas y, al final, aquella en la que Egisto mató a Agamenón y él mismo muere ahora.
La acción ocupa un día nada más. Los acontecimientos pasan muy rápido y, por las intervenciones de los personajes, sabemos que habían ocurrido graves sucesos de sangre en el pasado que, ahora, se precipitan en una tensión insoportable que exige una solución drástica. Se alude a hechos de diez o más años atrás, como cuando Agamenón sacrificó a Ifigenia, pero ahora todo se adensa y adquiere un sentido dramático del que nadie puede escapar. El tiempo de la escritura, como ya se dijo al principio, oscila entre el 420 y 410 a. C.
  1. Análisis estilístico
Esta pieza posee una calidad literaria asombrosa, sobre todo si pensamos en la época en la que se escribió. Exponemos brevemente sus hallazgos estilísticos más importantes:
-Lenguaje preciso y exacto: todos los personajes hablan con enorme propiedad lingüística y conceptual. Expresan exactamente lo que desean con exactitud conceptual y léxica. Piensan con una lógica coherente y entendible para el espectador/lector. Aclaran con toda nitidez sus pensamientos, emociones, filias y fobias.
-Empleo feliz de figuras retóricas: comparaciones, metáforas, personificaciones, repeticiones,antítesis, etc. son recursos comunes que embellecen el discurso de un modo permanente y comedido al mismo tiempo. No hay lugar a florituras, sino a una expresión exacta y bella de todo tipo de ideas en boca de cualquier personaje.
-Armonía expresiva acompasada al estado de ánimo: en momentos de excitación y agitación emocional, los personajes se manifiestan con gran viveza (exclamaciones, imprecaciones, interrogaciones retóricas, apóstrofes, etc.). En los intervalos de reflexión y cierto apaciguamiento, los caracteres se expresan con más serenidad verbal. Aquí las oraciones son algo más extensas y exornadas.
-Diálogos vivos y sustanciosos: los personajes no hablan al buen tuntún ni se entregan a la verborrea Antes bien, interlocucionan con gran tensión dialéctica y de intriga, pues vamos descubriendo cosas del pasado que condicionan el presente y el futuro. Como todos tratan de convencer a su interlocutor de la bondad de sus argumentos, la fuerza dialéctica de sus intervenciones es muy alta.
Veamos un ejemplo aclaratorio en el primer encuentro entre Electra y su hermana Crisótemis:
CORIFEO: No hables más, porque veo salir de la morada a tu hermana, nacida del mismo padre y de la misma madre, Crisótemis, que lleva ofrendas, tales como se acostumbra hacer a los muertos. CRISÓTEMIS: ¡Oh, hermana! ¿Por qué vienes de nuevo a lanzar clamores ante este vestíbulo? ¿No puedes aprender, después de tanto tiempo, a no entregarte a una vana cólera? Ciertamente, yo misma, sé también que el estado de las cosas es cruel, y, si tuviera fuerzas para tanto, mostraría lo que siento por ellos en el corazón; pero, rodeada de males, me es preciso para navegar plegar mis velas, y creo que me está vedado proceder contra los que no puedo alcanzar. Quisiera que tú hicieses lo mismo. Sin embargo, no es justo que obres como te aconsejo y no como juzgues acertado; pero yo, para vivir libre, es preciso que obedezca a quienes tienen la omnipotencia. 
ELECTRA: ¡Es indigno de ti, nacida de tal padre, olvidar de quién eres hija para no inquietarte más que de tu madre! Porque las palabras que me has dicho, y con las cuales me censuras, te han sido sugeridas por ella. No las dices por tu propio impulso. Por eso, elige: o eres una insensata o, si has hablado con uso de razón, abandonas a tus amigos. Decías que, si tuvieras fuerzas para tanto, mostrarías el odio que sientes por ellos, ¡y te niegas a ayudarme cuando quiero vengar a mi padre, y me exhortas a no hacer nada! ¿No agrega todo esto la cobardía a todos nuestros otros males? Enséñame o indícame qué provecho obtendría con dar fin a mis gemidos. ¿Es que no vivo? Mal, en verdad, ya lo sé, pero eso me basta. Ahora bien; soy importuna para éstos, y rindo así honor a mi padre muerto, si alguna cosa agrada a los muertos. Pero tú, que dices odiar, no odias más que con palabras, y haces en realidad causa común con los matadores de tu padre. Si las ventajas que te son otorgadas, y de que gozas, me fuesen ofrecidas, no me sometería. A ti la rica mesa y el alimento abundante; para mí es bastante alimento no ocultar mi dolor. No deseo en modo alguno compartir tus honores. No los desearías tú misma, si fueses discreta. Ahora, cuando podías llamarte hija del más ilustre de los padres, te llamas hija de tu madre. Así es que serás reputada inicua por el mayor número, tú que haces traición a tus amigos ya tu padre muerto. 
CORIFEO: ¡No demasiada cólera, por los Dioses! Vuestras palabras, para ambas, producirán sus frutos, si tú aprendes de ella a hablar bien, y ella de ti. 
CRISÓTEMIS: Hace mucho tiempo, ¡oh, mujeres!, estoy acostumbrada a tales palabras de ella, y no me acordaría siquiera, si no hubiera sabido que la amenaza un gran infortunio que hará callar sus continuos lamentos. 
ELECTRA: Habla, pues, di qué grande infortunio es ése, porque si tienes que enseñarme alguna cosa peor que mis males, no volveré a replicar. 
CRISÓTEMIS: Siendo así, te diré todo lo que sé de ello. Han resuelto, si no cesas en tus lamentaciones, enviarte a un lugar donde no volverás a ver el resplandor de Helios. Viva, en el fondo de un antro negro prorrumpirás en gemidos lejos de esta tierra. Por eso, medítalo, y no me acuses cuando esa desgracia haya llegado. Ahora es tiempo de tomar una prudente resolución. 
ELECTRA: ¿Eso es lo que han decidido hacer conmigo? 
CRISÓTEMIS: Ciertamente, en cuanto Egisto haya vuelto a la morada. 
ELECTRA: ¡Plegue a los Dioses que vuelva con gran prontitud para ello! 
CRISÓTEMIS: ¡Oh, desgraciada! ¿Por qué esa imprecación contra ti misma? 
ELECTRA: ¡Por que venga, si piensa hacer eso! 
CRISÓTEMIS: ¿Qué mal quieres sufrir? ¿Eres insensata? 
ELECTRA: Es con el fin de huir muy lejos de vosotros. 
CRISÓTEMIS: ¿No te cuidas de tu vida? 
ELECTRA: Ciertamente, mi vida es bella y admirable. 
CRISÓTEMIS: Bella sería, si fueses prudente. 
ELECTRA: No me enseñes a hacer traición a mis amigos. 
CRISÓTEMIS: No te enseño eso, sino a someterte a los más fuertes. 
ELECTRA: Halágales con tus palabras; lo que dices no está en tu carácter. 
CRISÓTEMIS: Sin embargo, es bueno no sucumbir por imprudencia. 
ELECTRA: Sucumbiremos, si es preciso, habiendo vengado a nuestro padre. 
CRISÓTEMIS: Nuestro padre mismo, lo sé, me perdona esto. 
ELECTRA: Sólo a los cobardes pertenece aprobar esas palabras. 
CRISÓTEMIS: ¿No cederás? ¿No serás persuadida por mí? 
ELECTRA: No, por cierto. No soy insensata hasta ese punto. 
CRISÓTEMIS: Iré, pues, allí donde debo ir. 
ELECTRA: ¿Adónde vas? ¿A quién llevas esas ofrendas sagradas? 
CRISÓTEMIS: Mi madre me envía a hacer libaciones a la tumba de mi padre. 
ELECTRA: ¿Qué dices? ¿Al más detestado de los mortales? 
CRISÓTEMIS: Que ella misma mató. Eso es lo que quieres decir. 
ELECTRA: ¿Qué amigo la ha aconsejado? ¿A qué se debe que le haya placido eso? 
CRISÓTEMIS: A un terror nocturno, según me ha parecido. Lugar subterráneo, idéntico al ocupado por Antígona en la tragedia de igual nombre, por castigo de Creonte, donde había de morir de inanición. ELECTRA: ¡Oh, Dioses paternos, venid! ¡Venid ahora! 
CRISÓTEMIS: ¿Te trae, pues, alguna confianza ese terror? 
ELECTRA: Si me refieres su sueño, te lo diré. 
CRISÓTEMIS: No podré decir de él sino poca cosa. 
ELECTRA: Di al menos eso. Unas pocas palabras han elevado o derribado con frecuencia a los hombres.
CRISÓTEMIS: Se dice que ha visto a tu padre y el mío, vuelto de nuevo a la luz; después, habiendo aparecido en la morada, apoderarse del cetro que llevaba en otro tiempo y que lleva ahora Egisto y hundirlo en tierra, y que entonces un elevado ramo germinó y salió de él, y que toda la tierra de Micenas fue cubierta por su sombra. He oído decir estas cosas a alguien que estaba presente cuando ella refería su sueño a Helios. No sé más, si no es que me ha enviado a causa del terror que le ha causado ese ensueño. Te suplico, pues, por los Dioses de la patria, que me escuches y no te pierdas por imprudencia; Porque si, ahora, me rechazas, me llamarás cuando seas víctima de la desdicha.
ELECTRA: ¡Oh, querida! No lleves nada a la tumba de lo que tienes en las manos, porque no te es lícito y no es piadoso llevar a nuestro padre esas ofrendas de una mujer odiosa y derramar esas libaciones. ¡Arrójalas a los vientos o escóndelas en la tierra profundamente excavada, a fin de que nada se acerque jamás a la tumba de nuestro padre: antes bien, hasta que ella muera, que ese tesoro le esté reservado bajo tierra! En efecto, si esa mujer no hubiera nacido la más audaz de todas, jamás habría destinado esas libaciones detestables a la tumba de aquel a quien mató ella misma. Pregúntale, en efecto, si el muerto encerrado en esa tumba ha de aceptar de buen grado esas ofrendas de aquella por quien fue indignamente degollado, que le cortó la extremidad de los miembros como a un enemigo y que enjugó sobre su cabeza las manchas del asesinato. ¿Crees que esa muerte puede ser expiada con libaciones? No, jamás, eso no es posible. Por eso, no hagas nada. Corta la extremidad de tus trenzas. ¡He aquí las mías, las de esta desgraciada! Es poca cosa, pero no tengo más que esto. Presenta estos cabellos no cuidados y mi cinturón sin ningún adorno. Dobla las rodillas, suplicante, para que venga a nosotras, propicio, de debajo de tierra, para que nos ayude contra nuestros enemigos, y que, vivo, su hijo Orestes les derribe con mano victoriosa y les pisotee, y para que adornemos después su tumba con más ricos dones y con nuestras propias manos. Creo, en efecto, que ha resuelto algún designio enviándole ese sueño espantoso. Así, pues, ¡oh, hermana!, haz lo que te mando, lo cual servirá para tu venganza y la mía, así como al más querido de los mortales, a nuestro padre, que está ahora bajo tierra. 
CORIFEO: Ha hablado piadosamente. Si eres prudente, ¡oh, querida!, la obedecerás. 
CRISÓTEMIS: Lo haré como lo ordena; porque, tratándose de una cosa justa, es preciso no querellarse, sino apresurarse a hacerla. Mientras voy a obrar, os suplico, por los Dioses, ¡oh, amigos!, guardad silencio, porque si mi madre sabe esto, creo que no sería sin un gran peligro como me habría atrevido a ello. 

 

  1. Contextualización
Electra es una de las siete piezas dramáticas completas que se conservan de Sófocles. Su tema gira en torno al ciclo troyano, es decir, la guerra de Troya y sus consecuencias. El primer elemento compositivo propio de la época clásica es el choque entre el hombre y el destino marcado por los dioses y revelado por los oráculos. Los esfuerzos de los humanos, simples muñecos, son inútiles ante la inapelabilidad de las divinidades, por otro lado, tan caprichosas e incoherentes como los propios hombres.
El poder de los sentimientos es enorme. En esta tragedia, el principal es el de la venganza. Clitemnestra mató a su marido Agamenón para vengar el sacrificio que éste hizo de su hija Ifigenia para favorecer la voluntad de los dioses. Electra y Orestes matan a Clitemnestra y Egisto para vengar la muerte de Agamenón. Es casi como un suma y sigue difícil de detener porque los hombres de ideas claras y sentimientos firmes no ceden ante la violencia o el temor. 
Estamos ante una tragedia griega, lo que implica: presencia de personajes nobles esforzándose por sus objetivos (muchas veces, generosos y altruistas), pero en abierto choque con el destino o voluntad de los dioses; acción dramática densa, grave y sangrienta, con un final mortal (la del hombre que más luchó por sus objetivos); estilo literario elevado, solemne y dialécticamente eficaz; y, finalmente, la concentración de la sustancia dramática en un lugar, un día y una acción determinada. Asimismo, significa que la catarsis es un efecto importante que la obra debe provocar en el espectador. Este, asombrado o sobrecogido ante el espectáculo sangriento que ve en escena, debe analizar, reflexionar y purificar sus sentimientos y pensamientos. En una palabra, debe salir del teatro humanamente más avisado y moralmente más completo e íntegro a como entró.
La maestría y habilidad teatrales de Sófocles es tal que enhebra la acción sin descanso, con una lógica y un ritmo siempre sostenidos y crecientes. El lector se ve atrapado en este torbellino de pasiones fuertes y ya no puede abandonarlo. El final es amargo y sangriento, con unas dosis de melancolía y tristeza bien evidentes. Para este final, ¿era necesario tanto enfrentamiento, lucha y sangre? Como siempre en la tragedia clásica, el autor hace una llamada a la reflexión, a la prudencia y a la necesidad de sopesar nuestras intenciones antes de actuar.
  1. Valoración
Electra es una intensa y bella pieza teatral de una perfección absoluta. El desarrollo sostenido, los diálogos sustanciosos y el tremendo choque entre el hombre y su destino atrapan al lector y lo mantienen en vilo hasta el final.
El lenguaje literario es bello y expresivo. El empleo acertado y comedido de los recursos retóricos redundan en unos diálogos jugosos, intensos y muy atractivos, a pesar de los milenios discurridos. Cambia el estilo, permanecen los sentimientos, por eso nos identificamos fácilmente con los personajes del drama.
Nada es postizo o artificioso. Todo resulta natural y necesario: las emociones de cada uno de los hijos de Clitemnestra son perfectamente entendibles, aunque no tanto compartibles. Los personajes actúan con la convicción moral que hacen lo que deben hacer, pues la razón está de su parte. Puede que sí, pero los designios divinos a veces son crueles y caprichosos. Bien se puede afirmar que la catarsis como reacción ante la contemplación de la tragedia la seguimos experimentando los lectores de hoy, señal inequívoca de que la obra no tiene nada de postizo, pues todo en ella es autenticidad y verdad, expresada con un gusto poético asombroso.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden realizar dentro o fuera del aula; de modo individual o en grupo; en clase o en casa. El empleo de recursos adicionales como las TIC es aconsejable).
2.1.Comprensión lectora
1) ¿Por qué Electra desea vengarse de su madre y su amante?
¿2) Por qué Clitemnestra envía a Crisótemis a la tumba de Agamenón? ¿Qué significación tendrá en el desarrollo de la obra?
3) ¿Qué es lo primero que hace Orestes al llegar a Micenas? ¿Qué sentido tiene?
4) Explica la trampa que han preparado Orestes y el Pedagogo para entrar en el palacio.
5) El diálogo de Electra y su hermana Crisotemis es muy tenso. ¿A qué es debido? Explica los caracteres de ambas.
6) Cuando Electra habla con su madre, ¿de qué aspectos de la acción se entera el espectador sobre las razones de Clitemnestra de actuar como lo hizo?
7) ¿Los coros y el corifeo, de parte de quién se ponen, en general, a lo largo de la obra?
8) ¿Qué significación tiene la urna que el Pedagogo introduce en el palacio?
9) ¿Cómo reacciona Electra al comprender que el viajero es su hermano Orestes?
10) ¿Cómo acaban sus días Clitemnestra y su amante?
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Es feliz Electra con su vida en el palacio de Micenas? Aporta varias razones que lo demuestren
2) ¿Por qué Orestes acudió a Micenas como razón más inmediata?
3) Electra habla con su hermana Crisótemis y chocan en su visión de la vida. ¿Quién tiene razón? 
4) Analiza la situación de la mujer en el drama y contrasta su situación con la actual.
5) ¿Es importante en la pieza el papel de la religión y de la política? Argumenta y ejemplifica sobre ello.
6) El amor aparece de un modo no tan claro en la pieza: muestra cómo es y se desarrolla este
sentimiento.
7) Valora el sentimiento de la venganza en esta tragedia.
2.3. Comentario de texto específico
CLITEMNESTRA: Parece que vagabundeas de nuevo, y libremente. En efecto, no está aquí Egisto, él que suele retenerte, para que no vayas afuera a difamar a tus parientes. Ahora que ha salido, no me respetas. Y, ciertamente, has dicho con frecuencia y a muchos que yo estaba colérica, mandando contra todo derecho y justicia y llenándoos de ultrajes a ti ya los tuyos. Pero yo no tengo costumbre de ultrajar; si te hablo injuriosamente, es que tú me injurias con más frecuencia todavía. Tu padre, y no tienes otro pretexto de querella, fue muerto por mí, por mí misma, bien lo sé, y no hay ninguna razón para que lo niegue. Porque, no yo sola, sino la Justicia también le hirió; y convenía que tú vinieses en mi ayuda, si hubieras sido prudente, puesto que tu padre, por el que no cesas de gemir, el único de los helenos, se atrevió a sacrificar a tu hermana a los Dioses, bien que no hubo sufrido tanto para engendrarla como yo para parirla. Pero, ¡sea!, dime por qué la degolló. ¿Fue en favor de los argivos? Pues no tenían ningún derecho a matar a mi hija. Si, como creo, la mató por su hermano Menelao, ¿no debía por ello ser castigado por mí? ¿No tenía ese mismo Menelao dos hijos que era más justo hacer morir, nacidos como eran de un padre y de una madre por quienes aquella expedición se emprendía? ¿Deseaba el Hades devorar a mis hijos más bien que a los suyos? ¿Se había extinguido el amor de aquel execrable padre hacia los hijos que yo había concebido, y sentía uno más grande hacia los de Menelao? ¿No son propias estas cosas de un padre malvado e insensato? Yo pienso así, aunque tú piensas lo contrario, y mi hija muerta diría como yo, si pudiese hablar. Por eso no me arrepiento de lo que hice; y tú, si te parece que obré mal, censura también a los otros como es justo. 
ELECTRA: Ahora no dirás que me interpretas así, habiendo sido provocada por mis palabras amargas. Pero, si me lo permites, te responderé, como conviene, por mi padre muerto y por mi hermana. El hacha de doble filo, propia de los sacrificios igual que del trabajo normal. Porque los pecados de Pélope son el origen de todos los males. Pélope consiguió la mano de Hipodamia, hija de Enomao, comprando la confianza del cochero de Enomao, Mírtilo. Pero luego Mírtilo pretendió abusar de Hipodamia y por ello fue arrojado por Pélope al mar, y en su caída lanzó maldiciones contra Pélope y sus descendientes que dieron buen fruto. 
CLITEMNESTRA: ¡Anda! Lo permito. Si siempre me hubieses dirigido palabras tales, jamás hubiera sido ofendida por mis respuestas. 
ELECTRA: Te hablo, pues. Dices que mataste a mi padre. ¿Qué se puede decir más afrentoso, tuviera él razón o sinrazón? Pero te diré que le mataste sin derecho alguno. El hombre inicuo con quien vives te persuadió e impulsó. Interroga a la cazadora Artemis, y sabe lo que castigaba cuando retenía todos los vientos en Aulis; o más bien yo te lo diré, porque no es posible saberlo por ella. Mi padre, en otro tiempo, como he sabido, habiéndose complacido en perseguir, en un bosque sagrado de la Diosa, un hermoso ciervo manchado y de alta cornamenta, dejó escapar, después de haberlo muerto, no sé qué palabra orgullosa. Entonces, la virgen Latoida, irritada, retuvo a los aqueos hasta que mi padre hubo degollado a su propia hija por causa de aquella bestia fiera que había matado. Así es como fue degollada, porque el ejército no podía, por ningún otro medio, partir para llión o volver a sus moradas. Por eso mi padre, constreñido por la fuerza y después de haberse resistido a ello, la sacrificó con dolor, pero no en favor de Menelao. Pero aunque yo dijese como tú que hizo aquello en interés de su hermano, ¿era preciso, pues, que fuese muerto por ti? ¿En nombre de qué ley? Piensa a qué dolor ya qué arrepentimiento te entregarías si hicieses semejante ley estable entre los hombres. En efecto, si matamos a uno por haber matado a otro, debes morir tú misma para sufrir la pena merecida. Pero reconoce que alegas un falso pretexto. Dime, en efecto, si puedes, por qué cometes la acción tan vergonzosa de vivir con ese hombre abominable con ayuda del cual mataste tiempo ha a mi padre, y por qué has concebido hijos de él, y por qué rechazas a los hijos legítimos nacidos de legítimas nupcias. ¿Cómo puedo yo aprobar tales cosas? ¿Dirás que vengas así la muerte de tu hija? Si lo dijeras, ciertamente, ello sería vergonzoso. No es honesto que una mujer se despose con sus enemigos por causa de su hija. Pero no me es lícito afirmarlo sin que me acuses por todas partes con gritos de que ultrajo a mi madre. Ahora bien; veo que procedes respecto a nosotros menos como madre que como dueña, yo que llevo una vida miserable en medio de los males continuos con que nos abrumáis tú y tu amante. Pero ese otro, que se ha escapado a duras penas de tus manos, el mísero, Orestes, arrastra una vida desgraciada, él a quien me has acusado con frecuencia de criar para ser tu matador. Y, si pudiese, lo haría, ciertamente, sábelo con seguridad. En lo sucesivo, declara a todos que soy malvada, injuriosa, o, si lo prefieres, llena de impudencia. Si soy culpable de todos esos vicios, no he degenerado de ti y no te causo deshonor. 

 

a) Actividades de comprensión lectora
1) Resume el contenido. Trata de ubicarlo en el conjunto de la obra.
2) Analiza los personajes que intervienen. Explica el contraste entre las ideas y los sentimientos de ambos.
3) Destaca media docena de recursos estilísticos que crean belleza literaria.
4) ¿Por qué Clitemnestra llama a su marido “malvado e insensato”?
5) ¿Respecto de Orestes, de qué acusa la madre a la hija?
b) Actividades de interpretación
1) Analiza la importancia del amor filial y paternal en ambas mujeres. ¿Cómo afrontan su destrucción? ¿Se parecen en carácter madre e hija, como insinúa Electra al final de su última intervención?
2) La divinidad Latoida, ¿qué ejemplifica en este texto?
3) ¿Podemos considerar a Egisto “hombre abominable”, como afirma Electra de él? Razona la respuesta.
2.4. Fomento de la creatividad
1) La realización de una lectura dramatizada (con el texto de las intervenciones de cada personaje al lado) es una actividad placentera y de gran potencial didáctico. Se puede realizar con una sección de la obra.
2) Transformar el texto dramático en otro narrativo, manteniendo su esencia.
3) Imagina una situación de deseo de venganza de unas personas y cómo influye su ánimo en encontrar la mejor solución o adaptación a las circunstancias. Escribe un texto literario sobre ello.
4) Se puede pasar a ilustración el contenido de todo o parte de la obra o de un fragmento significativo; lógicamente, habrá que modificar muchos aspectos.
5) Ejercicio de écfrasis: tómese el cuadro “Electra ante la tumba de Agamenón”, de Frederic Leighton (1869) y descríbase en detalle su contenido; se puede interpretar también la personalidad de los representados.

Paul Auster: «La trilogía de Nueva York»; análisis y propuesta didáctica

PAUL AUSTER: LA TRILOGÍA DE NUEVA YORK
1. ANÁLISIS
1. Resumen
La trilogía de Nueva York (Barcelona, Ed. Anagrama, 1996; traducción de Maribel de Juan) se publicó en su versión original en inglés en 1985 la primera parte, y en 1986 la segunda y la tercera, formando cada una de ellas un libro independiente (Sun and Moon Press, Los Ángeles, EEUU). Ofrecemos un resumen de cada una de las partes:
1) “Ciudad de cristal”
Nueva York, hacia los años 1940-1950, se deduce por el contexto, pues no hay fechas explícitas. Quinn es un escritor peculiar, a sus treinta y cinco años. Tras la muerte de su esposa y un hijo, cinco años antes, publica novelas de misterio bajo el seudónimo de William Wilson, una cada año. El protagonista de sus libros es un investigador privado que se llama Max Work. Quinn Vive discretamente en Nueva York, ciudad por la que pasea mucho, va al cine, ve partidos de béisbol en la televisión y asiste a la ópera. Lleva una vida muy opaca y apenas se relaciona con el mundo. Un día recibe una llamada preguntando por Paul Auster, de la agencia de detectives del mismo nombre. Quinn trata de disuadir a su interlocutor que es un error, que él no es esa persona. Tras una segunda llamada, accede a una entrevista. Una mujer joven y bella, Virginia Stillman, casada con Peter Stillman, hombre que ha perdido el juicio porque su padre lo tuvo encerrado durante años en una habitación, a modo de experimento científico, le encarga que vigile al padre de su marido, Stillman, pues va a salir de la cárcel y cree que desea matar a su hijo como venganza. Quinn acepta el encargo, por quinientos dólares a la semana, y comienza a vigilar, pero no recoge frutos. Indaga en bibliotecas y descubre la tesis doctoral de Stillman, El jardín y la torre, acerca de la naturaleza de los indígenas del Nuevo Mundo y de las posibilidades de construir el paraíso terrenal en América, puesto que en Europa no era posible por su corrupción; también se discute sobre el origen de la Torre de Babel. Le influye El paraíso perdido, de Milton, y La nueva Babel, un libro de un tal Henry Dark, algo apocalíptico. Quinn lo apunta todo en un cuaderno rojo recién comprado.
En la estación de Grand Central espía hasta que encuentra a dos individuos que se parecen a Stillman; elige a uno y lo sigue. Este Stillman viejo pasea mucho por la ciudad y observa todo lo que ve. Recoge objetos y los lleva a su habitación de hotel. Quinn traza figuras de las calles por donde pasea y no concluye nada;  al fin habla con él; Stillman le cuenta su teoría sobre el conocimiento y el futuro, también apocalíptica. No revela todo lo que sabe porque tiene miedo que le roben sus ideas. Un buen día desaparece y ya no hay modo de dar con él. Quinn contacta con Auster y hablan sobre el caso de Stillman; quedan en verse otro día. Quinn entra en una espiral peligrosa de obsesión por el caso. Abandona su apartamento y se instala en un callejón desde donde espía el piso de los Stilmann; piensa que algo raro pasa y tiene que proteger a Peter y Virginia. Allí no entra ni sale nadie. Aprende a comer poco, regular estrictamente sus necesidades y vivir sin dinero, como al final ocurre. Contacta por teléfono con Auster y este le informa que el cheque del dinero semanal, a nombre de este, era falso. Stillman el viejo se suicidó, le informa, tirándose en el puente Brooklyn. Vuelve a su apartamento y lo encuentra ocupado por una mujer, con un nuevo contrato. Sale a la calle y va al viso de los Stillman, está abierto y entra. No hay muebles, se instala en una habitación pequeña y oscura; desnudo, alguien le lleva comida. Completa su cuaderno rojo y desaparece. Al final, habla el narrador, amigo de Auster. Ambos van al piso de los Stillman y encuentran el cuaderno rojo, que lo recoge, y que es la base de esta novela. El narrador dice que no sabe dónde podría estar Quinn, pero le desea lo mejor.
2) “Fantasmas”
La acción ocurre en 1948. Blanco contrata a Azul para que se instale en un apartamento y vigile constantemente a Negro. No le da más razones; ha de enviarle un informe escrito semanal con sus descubrimientos. Recibe una paga interesante y acepta el trabajo, pues Azul es detective privado. Al principio, Azul está contento con su trabajo. Negro parece escritor y lo único que hace, y que ve por la ventana Azul, es leer y escribir. Azul sigue por las calles de Nueva York a Negro, que no hace sino pasear. Azul, que es quien focaliza la historia, como protagonista, con un narrador en tercera persona, se cansa y sale a la calle por su cuenta. Un día, en la calle, ve que su novia va con otro hombre, así que su relación queda rota. Otro día, en la oficina de correos, donde va a depositar su informe en un apartado postal, entra alguien con una máscara y se dirige a ese apartado postal. Azul trata de retenerlo, pero el de la máscara huye. Luego recibe un escrito avisándole de que no haga trampas y cumpla su parte del trato. Sigue vigilando sin que pase nada. Se disfraza de viejo lunático y charla con Negro, Jimmy Rosa; charlan un buen rato en la calle, Azul, así disfrazado, y Negro. No descubre nada nuevo. Luego, ya sin disfraz, comen juntos en un restaurante, sin que Negro, que dice que es detective privado, aparente saber quién es Azul. Mantienen una charla cordial. Recibe otro aviso escrito para que respete el contrato de espionaje sobre Negro.
Otro día entra en el apartamento de Negro simulando ser un vendedor de cepillos y vuelven a charlar. Negro ahora es escritor y dice que está metido en la composición de un gran libro. Días después, Azul entra de incógnito en el apartamento de Negro y le coge un fajo de papeles de su mesa. Vuelve a su apartamento de enfrente y lee. Queda aturdido al comprobar que son sus informes. Vuelve al apartamento de Negro y tienen una tensa conversación, pues Azul descubre que Blanco es Negro. Azul le propina una fuerte paliza y lo deja medio muerto, o muerto del todo. Coge el manuscrito de Azul, vuelve a su apartamento y lo lee de un tirón. Parece que contiene su propia historia, lo que él ha hecho hasta ese momento como espía, como sugiere la enigmática frase: “Negro tenía razón, se dice. Yo lo sabía todo de memoria”. El narrador interviene al final, afirmando que no sabe hacia dónde se fue Azul ni qué hizo con su vida. Pero todo sigue su curso. Esto había pasado en la infancia del narrador, lo que corrobora que la acción se desarrolla en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, cuando todo era posible, afirma.
3) “La habitación cerrada”
Estamos otra vez en Nueva York. Cuenta la historia un narrador protagonista, o coprotagonista, pues la separación es difusa. Este es crítico literario y escritor más bien frustrado; está en la treintena. Década de 1970, con frecuentes analepsis a la década anterior. Fue muy amigo de infancia de Fanshawe, un chico muy inteligente, también con vocación de escritor y de vida incierta. Recibe una llamada de Sophie, una mujer que no conoce y conciertan una cita. Esta lo pone al día sobre Fanshawe: son pareja y tienen un hijo de meses, Ben. Aquel había escrito mucho, pero sin publicar nada. Un buen día desaparece. Le aconseja a su mujer que, si desaparece, lo de por muerto y contacte con el narrador y, si este lo estima oportuno, puede publicar sus manuscritos. En efecto, los escritos son buenos y se publican con éxito. Ganan bastante dinero. Una carta anónima le advierte que no puede indagar más en la vida del viejo amigo y que lo dé por muerto. El narrador y Sophie se enamoran seriamente; se casan y viven felices. El narrador firma un contrato con la editorial para escribir una biografía sobre Fanshawe, aunque pronto se arrepiente. Visita a Jane, la madre de Fanshawe, y acaban por acostarse.
Su matrimonio entra en crisis. Viaja a Francia para reconstruir la vida de Fanshawe; conoce muchos detalles de la vida de su antiguo amigo. Entra en crisis, por París se emborracha y se pelea con un hombre a la salida de un bar. No distingue la realidad de la fantasía por sus miedos. Vuelve a Nueva York. Sophie y él viven un año separados; luego se juntan y deciden olvidar para siempre a Fanshawe, desprendiéndose de todas las viejas posesiones de este. Tienen un hijo juntos, Paul, hacia 1980. Un buen día recibe una carta citándolo en una dirección de Boston; sospecha que es Fanshawe y, en efecto, es él. El narrador acude a la cita; se encuentra con una casa vieja y destartalada, con la puerta abierta. No se pueden ver la cara porque una doble puerta los separa, pero pueden hablarse. El narrador quiere tumbar la puerta abajo, pero Fanshawe lo amenaza con una pistola. Este le cuenta las razones de sus decisiones en la vida, de sus escritos, y le anuncia que morirá en horas porque ha ingerido un veneno. El narrador comprende que no puede hacer nada. Da la vuelta, se dirige a la estación del tren y saca un billete a Nueva York, de vuelta a casa. Ahí acaba su manuscrito, y esto es en 1984.
  1. Tema
Esta novela es densa y profunda, por lo que presenta varios temas, variando su grado de relevancia en cada uno de los tres relatos:
-La identidad de las personas, su sustancia, los cambios que se producen, el papel del azar en ello y la increíble facilidad con que se pierde la propia identidad.
-El delicado equilibrio entre la felicidad y la desgracia, la fortuna y la catástrofe. Cada personaje se esfuerza por adquirir unos valores que doten de sentido moral y existencial a su vida. A veces lo logran, a veces fracasan.
-La paradoja de la existencia del hombre, donde se enfrentan elementos opuestos como el paso del tiempo y el ansia de permanencia, la felicidad y la amargura, el papel de la fortuna en el destino personal frente a la voluntad de reafirmación del individuo, etc.
-La ciudad de Nueva York también es un asunto principal. Se la describe y asistimos al proceso de asimilación y vivencia de la ciudad por parte de los personajes.
-La esencia de la ficción narrativa, el papel de la metaficción y la difusa frontera que separa lo real de lo imaginario, lo vivido de lo ansiado, o de lo soñado. 
  1. Apartados temáticos
Cada una de las tres partes forman unidades narrativas independientes (de hecho, se publicaron como títulos distintos). Existen trasvases de personajes (como Quinn y Henri Dark) y los une un hilo temático y estilístico comunes. Sin embargo, el núcleo narrativo cambia sustancialmente de un apartado a otro, de ahí que se considere cada título una parte distinta de la novela. El título también indica que estamos ante tres novelas distintas unidas por la ciudad de Nueva York. También se enlazan por el tono y los temas tratados.
Dentro de cada título o apartado de la novela se observa una sólida unidad discursiva. A pesar de que las analepsis frecuentes y algunas prolepsis rompen el discurso temporal, los tres relatos ofrecen, en su desarrollo, un esquema de presentación, desarrollo y conclusión bastante evidentes. 
  1. Personajes
Las novelas de Auster ofrecen personajes densos, intensos y profundos. Aparece un protagonista que focaliza el relato y determina su desarrollo argumental, pues es un elemento de primer orden. Veamos los de más relieve:
Quinn (“La ciudad de cristal”): escritor voluntariamente anónimo porque se refugia tras el seudónimo de William Wilson. Hombre bastante derrotado por la vida tras la muerte de su esposa y su hijo. Lucha por mantener un equilibrio existencial delicado y frágil. Su afán de ayudar y de ser útil a los demás lo conducen a una situación existencial de colapso y desintegración de la propia personalidad. No existen antagonistas propiamente dichos, pues los personajes que lo rodean más bien necesitan su ayuda, o lo apoyan en sus intentos por esclarecer la verdad. Los Stillman, aparentes opuestos, se sumen en un confuso y ambiguo papel medio de víctimas, medio de verdugos.
Azul (“Fantasmas”): hombre joven que se dedica a la investigación privada. Comienza seguro de sí mismo y feliz por su vida, pero acaba en un proceso de desintegración personal al comprender que el espía es el espiado, que el controlador es controlado, que la libertad es una ficción. También acaba confundiendo su personalidad con la de Negro, que resulta que es Blanco. Este nombre es simbólico, como todos los del relato. Alude a un color, más o menos asociado a cosas positivas y buenas. Pero la fusión de colores al final sugieren la imposibilidad de la personalidad individual y la mezcla de todo en una sustancia cromática ininteligible. Su vida se vuelve del revés y las certezas se transforman en dudas.
Fanshawe (“La habitación cerrada”): ahora estamos ante un protagonista escurridizo y medio fantasmal. Obliga al narrador a ser coprotagonista, pues es este quien ha de descubrir la vida de Fanshawe desconocida para él desde la juventud. El asunto central es la propia identidad, tanto del protagonista como del narrador (del que ignoramos el nombre). Este trata de averiguar quién es el protagonista, del que había sido amigo de infancia, pero lo que logra es acercarse a su propio abismo, al diluirse, por identificación, con Fanshawe. El suicidio de este aporta un final amargo, e indican que no pudo encontrar su razón de ser en el mundo, a pesar de ser un hombre inteligente y recto, sin titubeos morales.
En los tres casos observamos protagonistas caracterizados por su sentido de la bondad, la verdad y la honestidad. Luchar por estos valores les cuesta muy caro a los tres. Son hombres que buscan su lugar en el mundo y el sentido de sus acciones, pero no es fácil encontrarlo y el precio a pagar es su propia vida, según se sugiere en los finales algo oscuros, pero ambiguos, como dejando una puerta a la esperanza.
  1. Lugar y tiempo de la acción narrada
La acción discurre, principalmente, en los tres relatos, en la ciudad de Nueva York; esta adquiere casi la categoría de personaje. Se describen decenas de calles y callejones, de edificios, puentes, monumentos, instituciones, etc. La ciudad se muestra neutral: no es buena ni mala, agresiva o pacífica. Vive o se manifiesta como un gran ser vivo donde microorganismos (los hombres) pululan en sus afanes diarios.
Ya se reseñó que las tres novelas se publicaron entre 1985 y 1986. El tiempo de la escritura se identifica con los años previos a esas fechas. El tiempo de la acción narrada ocupa toda la segunda mitad del siglo XX; es decir, desde la Segunda Guerra Mundial hasta 1984, última fecha citada en el tercer relato. En general, la infancia de los personajes transcurre entre 1940 y 1950. La madurez ocupa desde 1960 en adelante.
Sin embargo, conviene tener en cuenta las frecuentes analepsis, sobre todo en el primer relato. Se remontan a décadas o siglos atrás, cuando se trata de personajes históricos y sus obras (T. Milton, por ejemplo). Es frecuente también que los personajes se presenten en un principio como adultos, pero rápidamente la acción se retrotrae a décadas previas coincidiendo con la infancia de esos protagonistas.
  1. Figura del narrador
Auster es un escritor muy cervantino. Ha tomado de él el tratamiento de la figura del narrador de un modo ambiguo y polivalente. Se deja ver aquí y allá, a veces busca la complicidad con el lector, o desliza pistas difusas sobre su papel en el relato. Aparece como mero recopilador de textos (cuaderno rojo en el primer relato), u observador (en el segundo relato, recogiendo lo escrito por Negro, que es la historia de Azul), o editor de textos ajenos y protagonista al contar cómo ha editado, como en el último relato.
En el primer texto, estamos ante un narrador omnisciente en tercera persona, externo, objetivo y no tan distante, pues su implicación con Quinn es muy alta. Al final, al presentarse como editor del cuaderno rojo, que se entiende que es lo que nosotros leemos, comprendemos su afición y respeto por el personaje.
En el segundo texto también es un narrador omnisciente en tercera persona, omnisciente y externo; en general, no pierde su objetividad. Al cerrar el relato apela al lector y habla en primera persona del plural, incluyendo a los lectores en sus reflexiones y acciones.
El tercer texto aparece en primera persona, pues el narrador es homodiegético y coprotagonista junto con Fashawe. La historia de uno y otro se entremezclan, se confunden y fusionan. El proceso de hallazgo y publicación de lo escrito es parte sustancial del relato, de modo que el narrador adquiere protagonismo casi a su pesar.
Estamos ante una novela muy cervantina en cuanto al juego del narrador y sus omisiones sugerencias sobre quién escribe de qué.
  1. Procedimientos narrativos y recursos estilísticos
Auster es un escritor muy original y sorprendente. Esta obra representa muy bien su modo de narrar, que se puede resumir en varias notas:
-Ritmo demorado, parsimonioso, producto de descripciones muy minuciosas y de narraciones detalladas de lo que hacen los personajes.
-Variedad estilística y textual: en un mismo relato se incluyen citas de otros textos, a veces reales, a veces inventados, monólogo interior, estilo indirecto libre, narración objetiva fotográfica, corriente de conciencia, diálogos convencionales o no tanto, sin emplear marcas de su caracterización (comillas, raya inicial de párrafo), etc.
-Cierta fragmentación de la trama: la acción va, vuelve, se mueve en círculo, aparecen saltos temporales, etc. En conjunto, se evita la narración cronológicamente ordenada, aunque con un hilo subterráneo presente.
-Digresiones reflexivas sobre asuntos filosóficos, espirituales y, a veces, metafísicos. En este sentido, recuerda mucho a nuestro Baroja de El árbol de la ciencia, por ejemplo.
-Precisión descriptiva y minuciosidad narrativa: las acciones y las formas son presentadas de modo detallado y exacto. Las reflexiones del narrador o de los personajes se recogen con acuciosidad, como si todo fuera muy importante para comprender el texto.
Veamos un ejemplo de cada una de las narraciones, presentadas por orden:
(I, 3) El discurso había terminado. Quinn no sabía cuánto había durado. Porque sólo entonces, después de que las palabras cesaran, se dio cuenta de que estaban sentados en la oscuridad. Al parecer había transcurrido todo un día. En algún momento durante el monólogo de Stillman el sol se había puesto en la habitación, pero Quinn no había sido consciente de ello. Entonces notó la oscuridad y el silencio, y la cabeza le zumbaba a causa de ellos. Pasaron varios minutos. Quinn pensó que ahora era él quien tenía que decir algo, pero no estaba seguro. Oía a Peter Stillman respirar pesadamente en su sitio al otro lado de la habitación. Aparte de eso, no había ningún sonido. Quinn no lograba decidir qué debía hacer. Pensó en varias posibilidades, pero a continuación las desechó una por una. Se quedó allí sentado, esperando a que sucediera algo.
(II) Negro aprovecha el buen tiempo para vagabundear más lejos que otras veces, y Azul le sigue. Se siente aliviado al estar de nuevo movimiento, y mientras Negro sigue su camino, Azul espera que el paseo no termine antes de que él haya tenido la oportunidad de descubrir algo. Como es de suponer, siempre ha sido un paseante entusiasta, y estirar las piernas en el aire de la mañana le llena de felicidad. Mientras avanzan por las estrechas calles de Brooklyn Heights, a Azul le anima ver que Negro sigue aumentando la distancia que le separa de su casa.. Pero luego se humor se ensombrece de repente. Negro empieza a subir las escaleras que suben al puente de Brooklyn y a Azul se le mete en la cabeza que está pensando tirarse. Esas cosas pasan, se dice. Un hombre se sube a un puente, lanza una última mirada al mundo a través del viento y las nubes y luego salta al agua, sus huesos se quiebran por el impacto, su cuerpo se rompe. La imagen le provoca náuseas, se dice que debe estar alerta. Si algo empieza a pasar, decide, él se saldrá de su papel de espectador neutral e intervendrá. Porque no quiere a Negro muerto, por lo menos, todavía no.
(III, 6) En junio de ese año (1978) Sophie, Ben y yo fuimos a Nueva Jersey para ver a la madre Fanshawe. Mis padres ya no vivían en la casa de al lado (se habían retirado a Florida) y o no había vuelto desde hacía años. Puesto que era la abuela de Ben, la señora Fanshawe se había mantenido en contacto con nosotros, pero las relaciones eran algo difíciles. Parecía haber en ella una corriente oculta de hostilidad hacia Sophie, como si secretamente la culpara por la desaparición de Fanshawe, y este resentimiento salía a la superficie de vez en cuando con algún comentario casual. Sophie y yo la invitábamos a comer a intervalos razonables, pero ella raras veces aceptaba, y cuando lo hacía, se sentaba con nosotros nerviosa y sonriente, parloteando a su manera irritable, fingiendo admirar al niño, haciéndole a Sophie cumplidos inapropiados y diciéndole que era una chica muy afortunada, y luego se marchaba temprano, siempre levantándose en mitad de una conversación y soltando que había olvidado que tenía otra cita. Sin embargo, era difícil tenérselo en cuenta. Nada le había salido muy bien en la vida, y a aquellas alturas ya había dejado de esperar que fuese de otra manera.

 

  1. Contextualización de época y autorial
Paul Auster (Nueva Jersey, EEUU, 1947) es uno de los novelistas más reputados de la literatura norteamericana actual. Es un autor original y sorprendente porque aúna perfectamente tradición y modernidad, temas y enfoques antiguos con otros modernos. Por ejemplo, es sorprendente el influjo de fondo cervantino con temas de total actualidad (novela de misterio y más o menos policiaca). La combinación de literatura reflexiva, íntima, casi filosófica, con la acción propia del género policiaco crea un choque enriquecedor y agradable para el lector. Su estilo, elegante y fluido, íntimo y profundo, contribuyen poderosamente para alcanzar una lectura significativa y reflexiva.

 

  1. Interpretación
Estos tres textos de Auster poseen una gran densidad temática y significación polisémica. A continuación indicamos algunos de los asuntos interpretativos más llamativos, lógicamente desde nuestra personal lectura:
-Reflexión sostenida sobre la esencia del hombre y su sentido en el mundo. En este sentido, es una novela existencialista y metafísica.
-Honda reflexión sobre valores morales: convivencia, solidaridad, amor, compañía, etc. son asuntos que flotan constantemente en los textos.
-Metaliteratura como modo de creación narrativa: unos textos remiten a otros, un autor lleva a otro, unas ideas se remontan a libros de siglos pasados, etc. Es uno de los aspectos más bonitos y enriquecedores de la novela.
-Juego narrativo: la figura del narrador es ambigua y cambiante. Uno nunca está seguro de qué papel ocupa en la narración. Se crea una tensión narrativa muy interesante que no hace sino aumentar el interés lector; aquí, la influencia cervantina es clara y beneficiosa.
  1. Valoración
La trilogía de Nueva York es una hermosa y reflexiva novela que introduce al lector en un mundo nuevo, atractivo y repulsivo a partes iguales. La novela induce a la lectura reflexiva en un contexto aparentemente anodino o trivial. El estilo elegante, preciso y variado contribuyen al placer lector. La novela encierra paradojas interesantes: tras un hombre corriente se esconde una vida con toda complejidad; la felicidad diaria depende de delicados equilibrios de aspectos ocultos; la lucha interna entre la autenticidad y la falsedad, y la verdad y la mentira se mantiene como un vector principal de la vida del hombre; y, finalmente, la frontera entre realidad y ficción es delgada y difusa, de modo que su delimitación compete al narrador, pero también al lector. Todas estas aporías contribuyen a la construcción de un texto denso y profundo. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en
casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren
material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume la obra en su trama principal (300 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido.
4) Analiza los personajes y establece su relevancia argumental.
5) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada.
6) Describe la figura del narrador a lo largo de la novela.
7) Explica por qué este texto pertenece a la literatura contemporánea.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos propios de la novela moderna aparecen en este texto?
2) ¿Se puede decir que el destino opera realmente sobre las personas, a tenor de lo que
leemos en La trilogía de Nueva York? Razona la respuesta.
3) ¿Qué importancia posee el amor, en distintas variantes, en esta novela?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la relevancia de la verdad?
5) En la novela aparece una evidente tensión entre la verdad y la mentira. Explica cómo se percibe en cuanto a personajes y acciones.
6) ¿Se idealiza el mundo de la ciudad –en este caso, Nueva York–en este texto? Razona la respuesta con ejemplos.
7) Explica la importancia de la amistad y deduce su papel en el resto de la novela.
8) Analiza el papel los libros y la literatura en este texto. Unos personajes leen lo que otros escriben; el narrador recoge lo escrito por algún personaje lo que parece ser la base del relato, etc. Razona tu respuesta.
2.3. Comentario de texto específico
(III, 7)
A lo que se reducía aquello era, creo yo, a una cuestión de método. En cierto sentido, yo ya sabía todo lo que había que saber acerca de Fanshawe. Las cosas que descubrí no me enseñaban nada importante, no contradecían lo que yo ya sabía. O, por decirlo de otra manera, el Fanshawe que yo había conocido no era el mismo Fanshawe al que estaba buscando. Había habido una ruptura en alguna parte, una súbita e incomprensible ruptura, y las cosas que me decían las distintas personas a las que interrogué no explicaban eso. En última instancia, sus declaraciones sólo confirmaban que lo sucedido no era posible. Que Fanshawe era amable, que Fanshawe era cruel, esto era una vieja historia, y yo me la sabía de memoria. Lo que yo buscaba era algo diferente, algo que ni siquiera podía imaginar: un acto puramente irracional, algo totalmente atípico, una contradicción de todo lo que Fanshawe había sido hasta el momento en que desapareció. Intentaba una y otra vez saltar a lo desconocido, pero cada vez que aterrizaba, me encontraba en territorio conocido, rodeado de lo que me resultaba más familiar.
Cuanto más avanzaba, más se estrechaban las posibilidades. Quizá eso era una buena cosa, no lo sé. Aunque fuese sólo eso, sabía que cada vez que fracasaba, había un sitio menos donde buscar. Pasaron los meses, más meses de los que me gustaría reconocer. En febrero y marzo pasé la mayor parte de mi tiempo buscando a Quinn, el detective privado que había trabajado para Sophie. Curiosamente, no encontré ni rastro de él. Al parecer ya no se dedicaba a esto, ni en Nueva York ni en ninguna parte. Durante un tiempo investigué informes de cadáveres que nadie había reclamado, interrogué a personas que trabajaban en el depósito municipal, traté de localizar a su familia, pero no conseguí nada. Como último recurso, considere la posibilidad de contratar a otro detective privado para que le buscase, pero luego decidí no hacerlo. Me pareció que un desaparecido era suficiente y luego, poco a poco, agoté las posibilidades que tenía. A mediados de abril sólo me quedaba una. Esperé unos días, confiando en tener suerte, pero no pasó nada. La mañana del veintiuno finalmente entré en una agencia de viajes y reservé plaza para un vuelo a París.

 

a) Comprensión lectora
1) Resume el texto, señala el tema e indica los apartados temáticos o secciones de contenido.
2) Analiza brevemente los personajes que intervienen y su papel en la obra.
3) ¿Qué ha ocurrido antes de este fragmento? ¿Y después?
4) Indica el lugar y el momento donde se desarrolla la acción.
5) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos que embellecen el mensaje.
b) Interpretación
1) Analiza la relación del narrador con Fanshawe.
2) La búsqueda de cosas o hechos que ni siquiera conocemos provoca ansiedad. Explica cómo lo apreciamos en este fragmento.
3) Quinn es un personaje bien conocido para el lector de la novela. ¿Por qué?
4) ¿A qué se refiere el narrador cuando afirma que “intentaba una y otra vez saltar a lo desconocido”?
2.4. Fomento de la creatividad
1) Escribe un cuento, en prosa o en verso, con un contenido más o menos inspirado en La trilogía de Nueva York.
2) ¿Es común y normal la búsqueda que realiza el narrador? Razona tu respuesta y narra una indagación sobre algo o alguien, real o ficticio. Puedes cambiar el final.
3) Realiza una exposición sobre Paul Auster, sus obras y su entorno, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de la vida urbana neoyorquina de mediados del siglo XIX (lugares,
ambientes, etc.), en los que se pudo desarrollar esta novela y comenta su significación.
5) Leed algún fragmento del texto, de forma dramatizada, en grupos, ante la clase, acompañada la declamación de música e imágenes apropiadas.

Hans Christian Andersen: «La última perla»; análisis y propuesta didáctica

 H. C. ANDERSEN: «LA ÚLTIMA PERLA»
Era una casa rica, una casa feliz; todos, señores, criados e incluso los amigos eran dichosos y alegres, pues acababa de nacer un heredero, un hijo, y tanto la madre como el niño estaban perfectamente. Se había velado la luz de la lámpara que iluminaba el recogido dormitorio, ante cuyas ventanas colgaban pesadas cortinas de preciosas sedas. La alfombra era gruesa y mullida como musgo; todo invitaba al sueño, al reposo, y a esta tentación cedió también la enfermera, y se quedó dormida; bien podía hacerlo, pues todo andaba bien y felizmente.
El espíritu protector de la casa estaba a la cabecera de la cama; diríase que sobre el niño, reclinado en el pecho de la madre, se extendía una red de rutilantes estrellas, cada una de las cuales era una perla de la felicidad. Todas las hadas buenas de la vida habían aportado sus dones al recién nacido; brillaban allí la salud, la riqueza, la dicha y el amor; en suma, todo cuanto el hombre puede desear en la Tierra.
–Todo lo han traído –dijo el espíritu protector.
–¡No! –oyóse una voz cercana, la del ángel custodio del niño–. Hay un hada que no ha traído aún su don, pero vendrá, lo traerá algún día, aunque sea de aquí a muchos años. Falta aún la última perla.
–¿Falta? Aquí no puede faltar nada, y si fuese así hay que ir en busca del hada poderosa. ¡Vamos a buscarla!
–¡Vendrá, vendrá! Hace falta su perla para completar la corona.
–¿Dónde vive? ¿Dónde está su morada? Dímelo, iré a buscar la perla.
–Tú lo quieres –dijo el ángel bueno del niño–, yo te guiaré dondequiera que sea. No tiene residencia fija, lo mismo va al palacio del Emperador como a la cabaña del más pobre campesino; no pasa junto a nadie sin dejar huella; a todos les aporta su dádiva, a unos un mundo, a otros un juguete. Habrá de venir también para este niño. ¿Piensas tú que no todos los momentos son iguales? Pues bien, iremos a buscar la perla, la última de este tesoro.
Y, cogidos de la mano, se echaron a volar hacia el lugar donde a la sazón residía el hada. Era una casa muy grande, con oscuros corredores, cuartos vacíos y singularmente silenciosa; una serie de ventanas abiertas dejaban entrar el aire frío, cuya corriente hacía ondear las largas cortinas blancas. En el centro de la habitación se veía un ataúd abierto, con el cadáver de una mujer joven aún. Lo rodeaban gran cantidad de preciosas y frescas rosas, de tal modo que sólo quedaban visibles las finas manos enlazadas y el rostro transfigurado por la muerte, en el que se expresaba la noble y sublime gravedad de la entrega a Dios.
Junto al féretro estaban, de pie, el marido y los niños, en gran número; el más pequeño, en brazos del padre. Era el último adiós a la madre; el esposo le besó la mano, seca ahora como hoja caída, aquella mano que hasta poco antes había estado laborando con diligencia y amor. Gruesas y amargas lágrimas caían al suelo, pero nadie pronunciaba una palabra; el silencio encerraba allí todo un mundo de dolor. Callados y sollozando, salieron de la habitación. Ardía un cirio, la llama vacilaba al viento, envolviendo el rojo y alto pabilo.
Entraron hombres extraños, que colocaron la tapa del féretro y la sujetaron con clavos; los martillazos resonaron por las habitaciones y pasillos de la casa, y más fuertemente aún en los corazones sangrantes.
–¿Adónde me llevas? –preguntó el espíritu protector–. Aquí no mora ningún hada cuyas perlas formen parte de los dones mejores de la vida.
–Pues aquí es donde está, ahora, en este momento solemne– replicó el ángel custodio, señalando un rincón del aposento; y allí, en el lugar donde en vida la madre se sentara entre flores y estampas, desde el cual, como hada bienhechora del hogar había acogido amorosa al marido, a los hijos y a los amigos, y desde donde, cual un rayo de sol, había esparcido la alegría por toda la casa, como el eje y el corazón de la familia, en aquel rincón había ahora una mujer extraña, vestida con un largo y amplio ropaje: era la Aflicción, señora y madre ahora en el puesto de la muerta.
Una lágrima ardiente rodó por su seno y se transformó en una perla, que brillaba con todos los colores del arco iris. Recogióla el ángel, y entonces, adquirió el brillo de una estrella de siete matices.
–La perla de la aflicción, la última, que no puede faltar. Realza el brillo y el poder de las otras. ¿Ves el resplandor del arco iris, que une la tierra con el cielo? Con cada una de las personas queridas que nos preceden en la muerte, tenemos en el cielo un amigo más con quien deseamos reunirnos. A través de la noche terrena miramos las estrellas, la última perfección. Contémplala, la perla de la aflicción; en ella están las alas de Psique, que nos levantarán de aquí.
  1. ANÁLISIS
El danés Hans Christian Andersen (Odense, 1805 – Copenhague, 1875) es un escritor fundamental de la literatura internacional. Aunque sus textos se suelen etiquetar como cuentos de hadas para niños, en realidad estamos ante textos literarios de mucha profundidad, dirigidos, leídos y degustados por cualquier lector, sea infantil o adulto. Sus aportaciones son de máxima calidad por su originalidad, su densidad narrativa y significativa y su bello estilo.
Si echamos una ojeada a sus cuentos, encontramos rasgos comunes en todos ellos: presencia de lo fantástico y mágico; recreación de una realidad dura y áspera, conviviendo con otra más amable; atención a los valores espirituales como sustento de la vida; cierto tono de tristeza y melancolía que parece ser invencible; tensión o combate entre el bien, o las fuerzas del bien, y el mal, las pulsiones malignas, con resultado indeciso; y, finalmente, una visión elevada que busca en el cielo, el más allá, la otra vida, la región de los espíritus, o como queramos llamarle, el consuelo, las respuestas a las angustias y el sufrimiento y el amor que en la vida humana terrenal no parecen tener cabida satisfactoriamente.
Andersen invita al lector a transcender la vida diaria, sórdida y mezquina, para fijarse en la espiritual o religiosa, donde sí hay puerto seguro a las zozobras humanas. Sin embargo, siempre deja una sombra de titubeo, de duda, un sí es no es sobre si nuestra lucha vale la pena, sobre si la rectitud moral y la entrega tienen realmente recompensa en algún lugar y momento…
1. Resumen
Nace un niño en un ámbito de opulencia y bienestar donde nada falta. Las hadas madrinas, el ángel protector, que está muy satisfecho con que el niño lo tenga todo para ser feliz. Sin embargo, el ángel custodio le hace notar que falta una perla, un don, un elemento para que el niño lo tenga todo. Todos lo apremian para que los lleve donde se halla la última hada, que no es otra que Aflicción, que asiste a un funeral de una mujer joven llorada por sus hijos y su marido. Su lágrima se transforma en perla, que recoge el ángel custodio. Le explica a los demás que, con los colores del arco iris, esa perla junta el cielo con la tierra y el suelo con las estrellas. Así comprendemos que existe una conexión entre esta vida y la venidera, tras nuestra muerte, donde los seres queridos nos esperan.
2. Tema
La existencia del hombre, independientemente de su estado, está compuesta de alegría y pena, de dicha y dolor, de vida y muerte, inseparables, siempre unidas, hasta el fin.
3. Apartados temáticos
“La última perla” es un relato breve. Todo el contenido está comprimido y a presión. Este se dispone en las tres secciones clásicas:
-Introducción o presentación: aparecen ante el lector unos personajes, un lugar, un tiempo y una acción o acontecimiento generador de un conflicto, una intriga.
-Nudo o desarrollo: abarca desde la primera intervención del espíritu protector hasta la última intervención, excluida, del ángel custodio.
-Desenlace o final: coincide con la intervención final del ángel custodio. Explica a los demás el sentido y finalidad de lo que han visto y vivido.
4. Personajes
Como ocurre en muchos cuentos de Andersen, las cosas no son lo que parecen. Los destinados a ser protagonistas no vuelven a aparecer; y viceversa, alguien que irrumpe en el texto al final adquiere mucho relieve. Todos ellos dotan de un sentido superior al relato, en el cual no existe un protagonista como tal. El sentido final es el auténtico protagonista, como luego veremos. Por orden de aparición, tenemos los siguientes personajes:
-El niño, hijo de una familia rica y poderosa. Nace colmado con todos los bienes, materiales y espirituales, excepto uno, pues el hada que debe llevarlo no ha aparecido. Parecería que el niño protagonizará el relato; sin embargo, no vuelve a aparecer; es solo un personaje pasivo y al que le aguarda un futuro desconocido.
-Espíritu protector y hadas: seres fantásticos responsables de colmar de felicidad al niño y, de paso, a la madre, que allí está con él. Se esfuerzan porque todos gocen de alegría y dicha.
-Ángel custodio: dotado de serenidad y una visión superior de la existencia humana (paradójicamente, no siendo él hombre), explica el sentido de la vida y sus contradicciones. Hace de contraparte del espíritu protector.
-El hada Aflicción: se había ausentado porque estaba velando el cadáver de una joven madre, que deja hijos y maridos dolientes y llorosos. También un espíritu protector debe asistir a los hombres en sus momentos más amargos y penosos, cual es la muerte de un ser querido de un modo terrible y absurdo.
5. Lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción
Como ocurre en los cuentos de hadas, también en los de Andersen, los aspectos cronoespaciales están muy difuminados y carecen de interés. La acción discurre en un lugar desconocido, en una casa noble y rica, eso es todo. Pero la segunda parte de la acción se desarrolla en un lugar siniestro: “una casa muy grande” dotada de “oscuros corredores” y todo sumido en “silencio”. Ahí, la muerte ha llamado a la puerta y los hombres lloran la defunción del ser más puro y superior que la habita: la madre de los niños y esposa del hombre que la llora.
El tiempo tampoco ofrece una concreción exacta. Parece que Andersen nos quiere decir que no importa cuándo ocurrieron las cosas. Sin embargo, la duración temporal es muy original: todo dura acaso unos minutos nada más. Los seres espirituales se desplazan de una casa a otra parece que instantáneamente. Sin embargo, la explicación final del ángel custodio abarca toda la vida del hombre, incluso toda la eternidad: la vida de las personas se entrelaza con otras vidas a través del amor, del recuerdo y de la fidelidad. Ese lazo es eterno, desborda la vida del hombre, quien, tras su muerte, se reúne espiritualmente con los muertos que lo esperaban. Entre la vida y la muerte hay un tiempo instantáneo e inacabable que se comunican a través de los colores de la última perla, que son los del arco iris: siempre ahí, bellos y misteriosos, inmutables pero efímeros.
6. Narrador
El relato es contado por un narrador en tercera persona, omnisciente y externo, objetivo y distante. No opina, no valora, sólo deja que los hechos discurran por su cauce natural. Las explicaciones las dará el ángel custodio. Parece que el narrador prefiere ocultarse y dejar que el ser sobre natural dote de sentido las extrañas cosas que suceden.
7. Procedimientos retóricos y recursos estilísticos
Andersen emplea los tres recursos narrativos disponibles. Con la descripción el narrador explica cómo son las cosas y los seres; con los personajes nos trasmite qué y cómo pasan las acciones; con el diálogo los personajes opinan, valoran, declaran, preguntan, etc., es decir, nos hacen ver sus sentimientos, emociones, motivaciones, etc. Los ejemplificamos brevemente para comprender que, sin ellos, no hay cuento:
-Descripción: “Era una casa rica, una casa feliz; todos, señores, criados e incluso los amigos eran dichosos y alegres”.
-Narración: “Y, cogidos de la mano, se echaron a volar donde a la sazón residía el hada”.
-Diálogo: “–Todo lo han traído –dijo el espíritu protector”.
Los recursos estilísticos son muy abundantes. No podía ser de otro modo, pues el texto está sometido a una fuerte comprensión del significado y a una poetización también importante. Recogemos los más importantes, por orden de aparición; muchos de ellos se repiten varias veces, pero nosotros no los mencionaremos sino una vez, para comprobar el efecto literario e imaginativo que producen:
1) Repetición retórica (junto con anáfora y paralelismo): “Era una casa rica, era una casa feliz”. Insiste en los puntos clave que deben atraer la atención del lector; en este caso, la existencia de una casa opulenta y dichosa.
2) Enumeración (junto con bimembración): “Todos, señores, criados e incluso los amigos eran dichosos y alegres”. Estos recursos de repetición son muy eficaces para crear sensaciones en el lector de acumulación o carencia, o de opresión y felicidad, según el caso. En estos ejemplos, se potencia la significación de un ambiente feliz.
3) Epíteto y adjetivo embellecedor: “recogido dormitorio (…) pesadas cortinas de preciosas telas”. Es un modo de aportar plasticidad y visibilidad a los objetos descritos.
4) Símil o comparación: “la alfombra era gruesa y mullida como musgo”; en este caso se crea una sensación táctil agradable identificable con el bienestar y confort.
5) Metáfora entreverada de aliteración: “una red de rutilantes estrellas, cada una de las cuales era una perla de la felicidad”. Captamos muy bien la gracia que se extiende sobre el recién nacido, pues recibe la protección de las hadas y de los ángeles.
6) Interrogación y exclamación retóricas: “–¡No!; –¿Falta?; –¡Vendrá, vendrá!”. Son modos de enunciación que aportan variedad y viveza. También imprimen cierta dinamicidad y naturalidad a los diálogos.
7) Antítesis: “al palacio del emperador como a la cabaña del más pobre campesino”; los contrastes de términos en una misma oración crean colorido significado e incentivan la imaginación lectora.
8) Sinestesia y personificación: “gruesas y amargas lágrimas caían al suelo”; son estos recursos muy apropiados para crear sensaciones lectoras muy intensas y para introducir al lector en la trama, como si lo estuviera viviendo.
9) Símbolo: la perla, que contiene en su interior los colores del arco iris, funciona como símbolo de la unión de la vida terrena y la celestial, de la vida y de la muerte, de lo efímero con lo eterno. Este símbolo lo explica muy bien el ángel custodio al espíritu protector y a las hadas, de modo que nosotros también recibimos esa aclaración como si fuésemos testigos de ese acontecimiento.
La maestría literaria de Andersen es bien visible. Con breves pinceladas crea ambientes misteriosos, enigmáticos, simbólicos, que sirven para incitar a una reflexión superior. El acierto en el empleo de las herramientas retóricas ayuda mucho a “revivir” el cuento en nuestra mente. Parece que todo cobra vida en nuestra mente, que todo lo sobrenatural es parte de la natural de manera sencilla y, valga la paradoja, lógica.
8. Contextualización
Hans Christian Andersen es un escritor romántico de formación. Cuando él desarrolla su carrera, el Romanticismo está en plena expansión; es, por tanto, hijo del tiempo romántico, movimiento artístico de hondas y duraderas huellas en el arte occidental. Andersen tuvo una infancia y una juventud duras y poco felices. Pasó hambre, fue marginado, fracasó como actor y músico… Sólo gracias a la protección de gente poderosa de su tiempo pudo completar sus estudios. Su biografía, en alemán, recoge muchos de sus sinsabores y su andar errático por Copenhague siendo un jovenzuelo sin oficio ni beneficio. Seguramente ni él mismo era consciente de su potencia creativa literaria. Cuando esta estalló, probablemente él fue el primer sorprendido, pero luego comprendió muy bien cómo desarrollar sus habilidades artísticas y por eso nos dejó unas de las obras más importantes y completas de la literatura romántica europea.
Recordamos esquemáticamente cómo se manifiestan en este cuento los rasgos románticos:
-Gusto por lo misterioso, lo sobrenatural y lo inexplicable, como se aprecia muy bien en “La última perla” a través de las hadas y los ángeles custodios.
-Presencia de una naturaleza sintonizada con los sentimientos de los personajes. Compárese la que aparece al principio con la de la casa de la madre difunta y vemos el vivo contraste que se crea.
-Gusto por el claro-oscuro, por los contrastes agudos e irreconciliables. Se puede ver en la actitud del ángel protector con la del custodio, o en la significación de las perlas, excepto la última, la Aflicción.
-El destino juega un papel importante en la vida de las personas. Más allá de la voluntad personal, ciertas fuerzas más o menos identificables con el fatum están presentes en la vida de las personas. Y las desgracias acechan constantemente, sea uno rico o pobre.
-Los sentimientos y emociones forman parte muy relevante de la vida y el carácter de las personas. Más allá de otras consideraciones –físicas, de carácter, etc.–, la alegría y la pena, la dicha y el dolor, son vectores de la vida que marcan y dirigen a las personas en su peregrinar humano.
-La muerte y lo trágico están presentes como parte inherente de la vida. Eso, unido a una ambientación medieval, antigua, devienen en relatos misteriosos, intrigantes, donde existen más cosas de las que vemos, donde vivir es un reto de comprensión de fuerzas secretas y subterráneas que no se ven, pero están y operan.
9. Interpretación
Este magnífico relato de Andersen es mucho más que un cuento de hadas para niños. Posee una densidad significativa realmente asombrosa, como a continuación explicaremos. Con apenas unas pinceladas, Andersen nos desliza mensajes de suma gravedad: alegría y dolor son partes necesarias y complementarias de la vida del hombre, independientemente de su origen y condición social. Entre las perlas que nuestras hadas nos proporcionan también está la de la pena y la amargura; y no nos podemos librar de ellas; de algún modo, las necesitamos y son parte de nuestro itinerario.
Por otro lado, no es malo que así sea. La última perla, la del desconsuelo, también posee su belleza y su importancia; en ella están los colores del arco iris, los que unen la tierra con el cielo, el día con la noche, la muerte con la resurrección, la pérdida de la vida con la reunión eterna con las personas que amamos y no olvidamos.
La sabiduría consiste en comprender que, más allá del poder y la riqueza que el azar nos ha proporcionado en nuestro nacimiento, llevamos un collar de perlas donde la felicidad y el dolor siempre estarán ahí, acompañándonos. Depende de cómo giré el collar, así brillará más una u otra en cada ocasión, pero todas las perlas tendrán su momento estelar. Asimismo, ni lo bueno es siempre bueno en sí, ni lo malo, como el dolor, es tan nefasto. Todo sirve para recorrer un camino vital que, de algún modo, es la construcción de un puente que nos unirá, tras la muerte, con los seres amados y nunca olvidados.
Como podemos apreciar, la hondura interpretativa de este breve cuento es enorme y asombrosa. Tras un amable relato de hadas cariñosas y comprensivas, se esconde una seria y grave reflexión sobre la vida del hombre. La vida celestial, tras la muerte terrena, es una realidad operante que conviene no olvidar. En ella sí podremos encontrar toda la felicidad que aquí, en la tierra, nunca se acaba de alcanzar, por nuestra condición humana. Nosotros, nuestro destino, nuestras hadas y ángeles protectores y custodios trabajan en la misma dirección: facilitar la sabiduría para que el hombre comprenda lo que de verdad es eterno y dichoso: la unión con los seres queridos y nunca olvidados. Llegaremos a ellos a través de las alas de Psique, el alma, “que nos levantarán de aquí”. La belleza de este cuento es escalofriante, conmovedora, duramente reflexiva, entre la esperanza y la agonía.
10. Valoración
“La última perla” es un maravilloso cuento muy bien escrito e ideado. Andersen establece un simbolismo perfecto entre la realidad material y la espiritual, entre los hombres y las hadas y ángeles, entre las alegrías y las penas, la plenitud y la desgracia. Es muy impactante el vivo contraste entre la risa y el llanto y, sobre todo, comprender que ambos son consustanciales a la vida del hombre. El ámbito material del hombre se complementa con el espiritual; ambos juntos jalonan un itinerario vital que finaliza en la muerte, que es la vida y el viaje hacia la plenitud. Es un misterio lo que esconden las estrellas, pero allí están los seres que queremos, y con ellos nos juntaremos tras nuestra muerte. Este tremendo mensaje se esconde en una anécdota casi irrelevante: la perla que falta en el collar del niño recién nacido; su búsqueda depara una tremenda sorpresa, de lo que no es fácil restablecerse.
Andersen es un magnífico escritor de cuentos de hadas que nos transmiten las ilusiones y miedos del hombre en su peregrinar humano. Con sencillez, claridad y suma belleza literaria, la lectura nos interroga sobre nuestros anhelos y miedos más oscuros, pero acechantes.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el cuento (100 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido.
4) Analiza los personajes y establece su relevancia.
5) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada.
6) Explica por qué este texto es un cuento de hadas.
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos propios de los cuentos de hadas aparecen en este texto?
2) ¿Se puede decir que la alegría y la pena son partes inseparables del hombre? Razona la respuesta.
3) ¿Qué importancia posee nacer en una familia rica o pobre para ser feliz y evitar el dolor?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el valor de la amistad?
5) En el cuento aparecen dos mujeres. Sobre ellas, ¿qué podemos deducir del protagonismo y de la presencia de la muerte?
6) ¿Qué simbolizan las perlas en este cuento?
7) En la última intervención se habla de la perla de la Aflicción. El ángel custodio explica que “no puede faltar. Realza el brillo y el poder de las otras”. ¿Qué quiere decir con ello?
8) Compara una existencia con magia y fantasía, frente a otra sin ellas; señala ventajas e inconvenientes de cada una y analiza si la vida de hoy posee fantasía y magia.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Escribe un cuento de hadas con un contenido más o menos inspirado en el cuento de “La última perla”.
2) ¿Es bueno creer en hadas, ángeles custodios y protectores? Razona tu respuesta e imagina cómo pueden intervenir.
3) Realiza una exposición sobre Hans Christian Andersen, sus cuentos y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de paisajes idóneos para actividades humanas, siguiendo el ejemplo de Andersen: una casa alegre, con cantos, para ambientar el nacimiento; otra triste, fría y silenciosa, para ambientar la muerte.

«El jorobado y su increíble muerte» (de «Las mil y una noches»); adaptación, análisis y propuesta didáctica

LAS MIL Y UNA NOCHES: “HISTORIA DEL JOROBADO Y SU INCREIBLE MUERTE” (ANÓNIMO)

Entonces Sherezade dijo al rey Shariar, su marido:
—He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que en la antigüedad del tiempo y en lo pasado de las edades y de los siglos, hubo en una ciudad de la China un hombre que era sastre y estaba muy satisfecho de su condición. Amaba las distracciones apacibles y tranquilas y de cuando en cuando acostumbraba a salir con su mujer, para pasearse y recrear la vista con el espectáculo de las calles y los jardines. Pero cierto día que ambos habían pasado fuera de casa, al regresar a ella, al anochecer, encontraron en el camino a un jorobado de tan grotesca facha, que era antídoto de toda melancolía y haría, reír al hombre más triste, disipando toda pesar y toda aflicción.
Inmediatamente se le acercaron el sastre y su mujer, divirtiéndose tanto con sus chanzas, que le convidaron a pasar la noche en su compañía. El giboso hubo de responder a esta oferta como era debido; uniéndose a ellos, llegaron juntos a la casa. Entonces el sastre se apartó un momento para ir al zoco antes de que los comerciantes cerrasen sus tiendas, pues quería comprar provisiones con que obsequiar al huésped. Compró pescado frito, pan fresco, limones, y un gran pedazo de tarta para postre. Después volvió, puso todas estas cosas delante del jorobado, y todos se sentaron a comer.
Mientras comían alegremente, la mujer del sastre tomó con los dedos un gran trozo de pescado y lo metió por broma todo entero en la boca del corcovado, tapándosela con la mano para que no escupiera el pedazo, y exclamó:
—¡Tienes que tragarte ese bocado de una vez sin remedio, o si no, no te suelto!
Entonces, el jorobado, tras muchos esfuerzos, acabó por tragarse el pedazo entero. Pero desgraciadamente para él, había decretado el Destino que en aquel bocado hubiese una enorme espina. Y esta espina se le atravesó en la garganta ocasionándole en el acto la muerte.
Cuando el sastre vio morir de aquella manera al jorobado, exclamó:
—¡Sólo Alá él Altísimo y Omnipotente posee la fuerza y el poder! ¡Qué desdicha que este pobre hombre haya venido a morir precisamente entre nuestras manos!
Pero la mujer replicó:
—¿Y qué piensas hacer ahora?
Su marido respondió:
—No sé, en verdad, qué hacer.
Pero su mujer ordenó:
—Levántate, que entre los dos lo llevaremos, tapándole con una colcha de seda, y lo sacaremos ahora mismo de, aquí, yendo tú detrás y yo delante. Y por todo el camino irás diciendo en alta voz: “¡Es mi hijo, y ésta es su madre! Vamos buscando a un médico que lo cure. ¿En dónde hay un médico?”
Al oír el sastre estas palabras, se levantó, cogió al corcovado en brazos, y salió de la casa en seguimiento de su esposa. Y la mujer empezó a clamar:
—¡Oh mi pobre hijo! ¿Podremos verte sano y salvo? ¡Dime! ¿Sufres mucho? ¡Oh maldita viruela! ¿En qué parte del cuerpo te ha brotado la erupción?
Y al oírlos, decían los transeúntes: “Son un padre y una madre que llevan a un niño enfermo de viruelas.” Y se apresuraban a alejarse.
Y así siguieron andando el sastre y su mujer, preguntando por la casa de un médico, hasta que los llevaron a la de un médico judío. Llamaron entonces, y en seguida bajó una criada, abrió la puerta, y vio a aquel hombre que llevaba un niño en brazos, y a la madre que lo acompañaba. Y ésta le dijo:
—Traemos un niño para que lo vea el médico. Toma esta moneda de plata y dásela por adelantado a tu amo, rogándole que baje a ver al niño, porque está muy enfermo.
Volvió a subir entonces la criada, y en seguida la mujer del sastre traspuso el umbral de la casa, hizo entrar a su marido, y le dijo:
—Deja en seguida ahí el cadáver del giboso. Y vámonos a escape.
 El sastre soltó el cadáver del jorobado, dejándolo arrimado al muro, sobre un peldaño de la escalera, y se apresuró a marcharse, seguido por su mujer.
En cuanto a la criada, entró en casa de su amo el médico judío, y le dijo:
—Ahí abajo queda un enfermo, acompañado de un hombre y una mujer, que me han dado para ti esta moneda de plata para que recetes algo que le alivie.
Cuando el médico judío vio la moneda, se alegró mucho y se apresuró a levantarse; pero con la prisa no se acordó de coger una luz para bajar. Y por esto tropezó con el jorobado, derribándole. Y muy asustado, al ver rodar a un hombre, le examinó en seguida. Al comprobar que estaba muerto, se creyó causante de su muerte. Y gritó entonces:
—¡Oh Señor! Por las diez palabras santas! He aquí que acabo de tropezar con este enfermo, y le he tirado rodando por la escalera. Pero ¿cómo salgo yo ahora de casa con un cadáver?
De todos modos, acabó por cogerlo y llevarlo desde el patio a su habitación, donde lo mostró a su mujer, contando todo lo ocurrido. Y ella exclamó aterrorizada:
—¡No, aquí no lo podemos tener! ¡Sácalo de casa cuanto antes! Como continúe con nosotros hasta la salida del sol, estamos perdidos sin remedio. Vamos a llevarlo entre los dos a la azotea y desde allí lo echaremos a la casa de nuestro vecino el musulmán. Ya sabes que es el proveedor de la cocina del rey, y su casa está infestada de ratas, perros y gatos, que bajan por la azotea para comerse las provisiones de aceite, manteca y harina. Por tanto, esos bichos no dejarán de comerse este cadáver hasta no quedar nada de él.
El médico judío y su mujer cogieron al corcovado y lo llevaron a la azotea, y desde allí lo hicieron descender pausadamente hasta la casa del proveedor, dejándolo de pie contra la pared de la cocina. Después se alejaron tranquilamente camino de su casa.
Al poco de que el giboso se hallara arrimado contra la pared, el proveedor, que estaba ausente, regresó a su casa, abrió la puerta, encendió una vela, y entró. Y encontró a un hombre de pie en un rincón, junto a la pared de la cocina. Sorprendidísimo, exclamó:
—¿Qué es eso? He aquí, que el ladrón que acostumbraba a robar mis provisiones no era un bicho, sino un ser humano. Este es el que me roba la carne y la manteca, a pesar de que las guardo cuidadosamente por temor a los gatos y a los perros. Bien inútil habría sido matar a todos los perros y gatos del barrio, como pensé hacer puesto que este individuo es el que bajaba por la azotea.
Y en seguida agarró el proveedor una enorme estaca, yéndose para el hombre; le dio de garrotazos y, aunque le vio caer, le siguió apaleando. Pero como el hombre no se movía, el intendente advirtió que estaba muerto, y entonces dijo desolado:
—¡Malditas sean la manteca y la carne, y maldita esta noche! Se necesita tener toda la mala suerte que yo tengo para haber matado así a este hombre. Y no sé qué hacer con él.
Después lo miró con mayor atención, comprobando que era giboso. Y lo recriminó:
—¿No te basta con ser corcovado? ¿Querías también ser ladrón y robarme la carne y la manteca de mis provisiones? ¡Oh Dios protector, ampárame con el velo de tu poder!
Y como la noche se acababa, el proveedor se echó a cuestas al jorobado, salió de su casa y anduvo cargado con él hasta que llegó a la entrada del zoco. Se paró, colocó de pie al giboso junto a una tienda, en la esquina de una bocacalle y se fue.
Y al poco tiempo de estar allí el cadáver del jorobado, acertó a pasar un cristiano copto que era comerciante. Aquella noche estaba beodo; en tal estado, iba a los baños a asearse. Su borrachera le incitaba a las cosas más curiosas, y se decía: “¡Vamos, que eres casi como el Mesías!” Marchaba haciendo eses y tambaleándose; acabó por llegar adonde estaba el jorobado.
De pronto vio al jorobado delante de él, apoyado contra la pared. Al encontrarse con aquel hombre, que seguía inmóvil, se le figuró que era un ladrón y que acaso fuese quien le había robado el turbante, pues iba sin nada en la cabeza. Entonces se abalanzó contra aquel hombre, y le dio un golpe tan violento en la nuca que lo hizo caer al suelo. En seguida empezó a dar gritos llamando al guarda del zoco. Con la excitación de su embriaguez, siguió golpeando al corcovado y quiso estrangularlo, apretándole la garganta con ambas manos. En este momento llegó el guarda del zoco y vio al copto encima del giboso, dándole golpes y a punto de ahogarlo. Y el guarda dijo:
—¡Deja a ese hombre y levántate!
El comerciante copto se levantó. El guarda del zoco se acercó al jorobado, que se hallaba tendido en el suelo, lo examinó y vio que estaba muerto. Y gritó:
—¿Cuándo se ha visto que un copto tenga la audacia de golpear a un musulmán y matarlo? Y el guarda se apoderó de él, le ató las manos a la espalda y le llevó a casa del walí. El copto se lamentaba y decía:
—¡Oh Mesías, oh Virgen! ¿Cómo habré podido matar a ese hombre? ¡Y qué pronto ha muerto, sólo de un puñetazo! Se me pasó la borrachera, y ahora viene la reflexión.
Llegados a casa del walí, el comerciante y el cadáver del corcovado quedaron encerrados toda la noche, hasta que el walí se despertó por la mañana; interrogó al comerciante copto, que no pudo negar los hechos referirlos por el guarda, del zoco. Y el walí no pudo hacer otra cosa que condenarlo a muerte. Ordenó pregonar por toda la ciudad la sentencia de muerte del copto. Luego mandó que levantasen la horca y se llevasen a ella al sentenciado.
Entonces se acercó el verdugo, preparó la cuerda, hizo el nudo corredizo y se lo pasó por el cuello. Ya iba a tirar de él, cuando, de pronto, el proveedor del sultán hendió la muchedumbre y abriéndose camino hasta el copto, que estaba de pie junto a la horca, dijo al verdugo:
—¡Detente! ¡Yo soy quien ha matado a ese hombre!
El walí le preguntó:
—¿Y por qué le mataste?
El proveedor respondió:
—Vas a saberlo. Esta noche, al entrar en mi casa, advertí que se había metido en ella descolgándose por la terraza, para robarme las provisiones. Y le di un golpe en el pecho con un palo, y en seguida le vi caer muerto. Entonces le cogí a cuestas y le traje al zoco, dejándole de pie arrimado contra una tienda. Y he aquí que ahora, con mi silencio iba a ser causa de que matasen a este comerciante copto, después de haber sido yo quien mató a un musulmán. ¡A mí, pues, hay que ahorcarme!
Cuando el walí hubo oído las palabras del proveedor, dispuso que soltasen al copto. Ordenó al verdugo:
—Ahora mismo ahorcarás a este hombre, que acaba de confesar su delito.
Entonces el verdugo tomó la cuerda que había pasado por el cuello del copto y rodeó con ella el del proveedor y lo llevó juntó al patíbulo. Cuando lo iba a levantar en el aire, de pronto el médico judío atravesó la muchedumbre, y dijo a voces al verdugo:
—¡Aguarda! ¡El único culpable soy yo! —Luego contó así la cosa—: sabed todos que este hombre me vino a buscar para consultarme, a fin de que lo curara. Y cuando yo bajaba la escalera para verle, como era de noche, tropecé, con él y rodó hasta lo último de la escalera, convirtiéndose en un cuerpo sin alma. De modo que no deben matar al proveedor, sino a mí solamente.
Así las cosas, el walí dispuso la muerte del médico judío. El verdugo quitó la cuerda del cuello del proveedor y la echó al del médico judío. De pronto, se vio llegar al sastre, que, atropellando a todo el mundo, dijo:
—¡Detente! Yo soy quien lo maté. Y he aquí lo que ocurrió. Salí ayer de paseo y regresaba a mi casa al anochecer. En el camino encontré a este giboso, que estaba borracho y muy divertido, pues llevaba en la mano una pandereta y se acompañaba con ella cantando graciosamente. Me detuve para contemplarle y divertirme, y tanto me regocijó, que lo convidé a comer en mi casa. Y compré pescado entre otras cosas. Cuando estábamos comiendo, tomó mi mujer un trozo de pescado, que colocó en otro de pan, y se lo metió todo en la boca a este hombre y el bocado le ahogó, muriendo en el acto. Entonces lo cogimos entre mi mujer y yo y lo llevamos a casa del médico judío. Bajó a abrimos una criada, y yo le dije una mentira. Después le di una moneda de plata para su amo. Y mientras ella subía, agarré en seguida al jorobado y lo puse de pie contra el muro de la escalera. Yo y mi mujer nos fuimos a escape. Entretanto, bajó el médico judío para ver al enfermo; pero tropezó con el jorobado, que cayó en tierra, y el judío creyó que lo había matado él.
Y en este momento, el sastre se volvió hacia el médico judío y le preguntó:
—¿No fue así?
El médico repuso:
—¡Esa es la verdad!
Entonces, el sastre, dirigiéndose al walí, exclamó:
—¡Hay, pues, que soltar al judío y ahorcarme a mí!
El walí, prodigiosamente asombrado, afirmó:
—En verdad que esta historia merece escribirse en los anales y en los libros—. Después mandó al verdugo que soltase al judío y ahorcase al sastre, que se había declarado culpable. Entonces el verdugo llevó al sastre junto a la horca, le echó la soga al cuello, y dijo:
—¡Esta vez va de veras! ¡Ya no habrá ningún otro cambio! –-y tomó la cuerda.
El corcovado, no era otro que el bufón del sultán, del que ni una hora podía separarse de él. Se había emborrachado aquella noche y se había escapado de palacio, permaneciendo ausente toda la noche.
Al otro día, cuando el sultán preguntó por él, le contaron la muerte del jorobado y el lío con los asesinos. El sultán, sin querer escuchar más, llamó a un secretario y le dijo:
—Baja en seguida en busca, del walí y ordénale que traiga a toda esa gente que está junto a la horca.
El secretario bajó, y llegó junto al patíbulo, precisamente cuando el verdugo iba a ejecutar al sastre. El secretario, horrorizado, gritó:
—¡Detente!
En seguida le contó al walí que esta historia del jorobado había llegado a oídos del rey. Se llevó ante el sultán al walí, al sastre, al médico judío, al proveedor de palacio y al comerciante copto, mandando transportar también el cuerpo del jorobado.
Cuando el walí se presentó ante el rey, se inclinó, besó la tierra y refirió toda la historia. El sultán, al oír tal historia, se maravilló mucho. Después mandó a los escribas de palacio que escribieran esta historia con aguja de oro. Y luego preguntó a todos los presentes:
—¿Habéis oído alguna vez historia semejante a la del jorobado?
 El comerciante copto avanzó un paso, besó la tierra entre las manos del rey, y dijo:
—¡Oh rey! Sé una historia mucho más asombrosa que nuestra aventura con el giboso. La referiré, con tu venia, porque es más sorprendente, más extraña y más deliciosa que la del jorobado.
Y replicó el rey:
—¡Ciertamente! Desembucha lo que hayas de decir para que lo oigamos.
Entonces, el comerciante copto contó la historia de un joven de Bagdag al que le cortaron la mano derecha en El Cairo, de donde él era, por robar, tras haberse arruinado por el amor de una mujer; la mujer había ahorrado el dinero de los regalos del joven, ahora manco; se casaron, pero ella murió de pena unos meses después; el viudo le cedió parte de sus ganancias al comerciante copto y regresó a El Cairo.
Al rey no le agradó mucho la historia y mandó que los ahorcaran a todos por haber asesinado al bufón. El proveedor, muerto de miedo, solicitó contar una historia más maravillosa que la del copto. El sultán le dio permiso y prometió liberarlos si era tan inaudita como decía.
El proveedor relató la historia de un hombre de Bagdag que se enamoró de una joven muy bella. Pero en la noche de bodas comió un plato de arroz con fuerte sabor a ajo. La mujer lo rechazó y le mandó cortar los dedos índices de ambas manos, y aun de los pies. Luego lo perdonó y vivieron felices, pero ella murió al año.
Al rey no le agradó mucho la historia y mandó que los ahorcaran de todos modos. El médico judío, muerto de miedo, solicitó contar una historia más maravillosa que la del proveedor. El sultán le dio permiso y prometió liberarlos si era tan inaudita como decía.
El médico contó la historia de un muchacho que le habían cortado la mano derecha por haber robado un collar de perlas, según una falsa acusación. Sin saberlo, se había enamorado de la hija mayor del gobernador de Damasco; está mató a su hermana por celos. Al fin, se casó con la tercera hermana, sin el brazo derecho.
Al rey no le agradó mucho la historia y mandó que los ahorcaran de inmediato. El sastre, muerto de miedo, solicitó contar una historia más maravillosa que la del judío. El sultán le dio permiso y prometió liberarlos si tan asombrosa era.
El sastre contó la historia de un joven de Bagdag que perdió una pierna huyendo del palacio del gobernador de la ciudad. Estaba allí porque era enamorado de su hija, pero un barbero muy charlatán y presuntuoso lo seguía y descubrió su escondite. Huyendo del palacio, perdió la pierna. Luego el joven se encontró con el barbero en un convite donde estaba el sastre, y relató su historia, pero se quería ir por no coincidir con el causador de su cojera.
En ese convite, el barbero afirmó que era persona juiciosa y contó una historia para demostrarlo. Tras librarse de ser decapitado por su tontería, cuenta la historia de sus seis hermanos: Babuk, el sastre cojo, castigado públicamente por intentar seducir a una mujer casada. El-Haddar, sin oficio, necio, fue ridiculizado por unas mujeres que lo maquillaron como a fémina y lo pasearon en un burro, montado al revés, por Bagdag. Bacbac, el tercer hermano, ciego, era pordiosero, castigado por avaricioso y algo estúpido. El-Kuz, tuerto, carnicero y zapatero, castigado por el engaño inducido por una bruja. El-Aschar, el desorejado y desnarigado por unos ladrones, muy gordo, al que engañó una vieja y le robó todo. Schakalik, el pobre, con los labios cortados; se los mutilaron en una peregrinación a La Meca y fue seducido por la mujer de su amo, que lo expulsó de su casa.
El sastre y los otros invitados encerraron al barbero en una habitación oscura entre ratas. El rey, al oír esta historia, mandó llevar a su presencial al barbero, lo que rápidamente se hizo, siguiendo las indicaciones del sastre.
El barbero era un hombre mayor y de pelo canoso. Agradeció al rey su liberación. Al ver el cadáver del giboso, afirmó:
—Este hombre aún tiene el alma en el cuerpo.
—Pues demuéstralo o pagarás tu majadería por afirmar eso –replicó el rey, irritado.
Ante el asombro de todos, sacó de su zurrón unas largas tenazas de hierro, las introdujo en el garguero del giboso, manipuló en varios sentidos, y las sacó al fin, llevando en ellas el pedazo de pescado y la espina, causa de su ahogamiento. Éste estornudó estrepitosamente, abrió los ojos, volvió en sí, se palpó la cara con las manos, dio un brinco, se puso en pie y exclamó:
—¡Mohamed es el Enviado de Alá!
Y todos los circunstantes quedaron estupefactos y llenos de admiración hacia el barbero. Tras reponerse de su emoción, empezaron a reír a carcajadas al ver la cara del jorobeta. El rey exclamó:
—¡Qué ventura tan prodigiosa! ¡En mi vida he visto nada más sorprendente y extraordinario! —y añadió—: ¡Oh vosotros, aquí presentes! ¿Habéis visto alguno que así se muera un hombre para resucitar después? Si no hubiese estado aquí este barbero el día de hoy habría sido el último de la vida del corcovado. Y sólo por la ciencia y el mérito de este barbero admirable y lleno de capacidad hemos podido salvar su vida –todos los presentes asintieron.
El rey, lleno de júbilo, mandó que inmediatamente se escribieran con letras de oro la historia del jorobado y la del barbero, y que se conservasen en los archivos del reino. Así se ejecutó puntualmente. En seguida regaló un magnífico traje de honor a cada uno de los acusados, al médico judío, al comerciante copto, el proveedor y al sastre, y los agregó al servicio de su persona y del palacio, y les mandó hacer las paces con el jorobeta. A éste le hizo maravillosos regalos, le colmó de riquezas, le nombró para altas cargos y lo eligió como compañero de mesa y bebida. Al barbero le hizo vestir un suntuoso traje de honor y lo nombró barbero y peluquero de su persona y del reino.
Siguieron viviendo la vida más próspera y más dichosa, hasta que puso término a su felicidad la Arrebatadora de todo goce, la Dislocadora de toda intimidad, la Separadora de los amigos.
Al terminar su relato, la discretísima Sherezade dijo al rey:
—No creas, ¡oh rey! que esta historia sea tan notable y sorprendente como la de Ghanem ben-Ayub y su hermana Fetnah.

 

 

  1. ANÁLISIS
El jorobado y su increíble muerte” es uno de los cuentos más interesantes de Las mil y una noches. Este es un libro de origen tradicional oriental; entró en Occidente a través de la literatura española, primero; después, a través de traducciones en francés y otras lenguas a principios del siglo XVIII y centurias siguientes. Este texto recoge una enorme corriente fabuladora de literatura cuentística oral y popular, a través de muchos siglos, en distintos países y culturas. El conjunto abarca doscientos cuentos aproximadamente, lo que nos da una idea de su abrumadora riqueza y variedad. Las lenguas originarias de creación fueron el hindi, el persa, el árabe y el turco, y acaso algunas más. Aquí hemos adaptado libremente uno de los cuentos, con el fin de proporcionar una extensión, variedad y fluidez conforme a los estándares de escritura creativa de hoy.
  1.  Resumen
Sherezade, joven noble y bella, ha contraído matrimonio recientemente con el rey Shariar. Para que no la ejecute, cada noche le relata un cuento con tan buena maña, dosificando la intriga e interrumpiendo el texto en el clímax narrativo, que deja en ascuas al rey, quien pospone su decisión hasta el día siguiente. En este caso, Sherezade le relata la historia del jorobado, un bufón de una corte oriental. Un sastre lo invita a cenar a su casa, pero en una broma el giboso se atraganta y muere. Se deshacen del cadáver en casa del proveedor del gobernador, que piensa que lo ha matado él a golpes. Se deshace del cuerpo en casa de un médico judío, que piensa que lo aniquilado en un tropiezo desgraciado. Abandona el cuerpo en la calle y un comerciante copto lo apalea pensando que le había robado el turbante. La autoridad se dispone a ahorcar a este último, pero aparece el anterior “asesino” y confiesa su culpa, y así los cuatro. Al fin, se entera el rey y manda que los lleven a todos a su presencia. Pronto el rey decide ajusticiarlos a todos por haber liquidado a su bufón preferido. Pero los “asesinos” le piden por gracia contar una historia muy interesante. Entre ellas sobresale la del sastre, que había conocido ese mismo día a un barbero lenguaraz e imaginativo, quien había contado la historia de sus seis hermanos. Un manco también cuenta la suya, harto interesante porque considera al barbero el causante de sus desgracias. El rey pide ahora que busquen al barbero, que había quedado encerrado en una cámara lúgubre. Ante su presencia, aplica un ungüento al cuello del corcovado; tras una hora, le extrae con unas grandes tenazas el pescado atragantado y vuelve a la vida. El rey, agradecido por el milagro, premia a todos dadivosamente. Sherezade anuncia una nueva historia aún más intrigante.
2. Tema
El tema principal se puede enunciar así: el miedo y la valentía, junto con el azar, dan grandes vuelcos a la vida, siempre imprevisible y sometida a la voluntad de los dioses.
Existen otros temas secundarios, que enumeramos: la habilidad para contar historias puede salvar la vida, la codicia acarrea grandes males, la lujuria es parte de la vida y conduce al hombre al abismo, la honestidad suele tener premio para las personas y, finalmente, el milagro y la magia obra consecuencias inesperadas, etc.
3. Apartados temáticos
Este cuento, de autor anónimo y tradición popular, posee una estructura clásica. Por eso encontramos tres partes. Pero como estamos ante un cuento introducido en otro, posee un apartado final donde se anuncia el siguiente relato:
-Una primera parte introductoria donde Sherezade presenta a los personajes e introduce la trama. Este breve apartado ocupa hasta el fin de la primera intervención de Sherezade.
-La segunda parte es muy amplia. Abarca desde el tercer párrafo hasta los cuatro párrafos finales, que quedan excluidos. Aquí hay muchos subapartados, que operan por concatenación. De un personaje con sus acciones o su historia se pasa al siguiente, que surge del anterior. Es una anadiplosis narrativa muy amplia y muy bien trabada.
-La tercera parte vuelve a ser muy breve. Estamos ante el desenlace o conclusión, donde todos los hilos narrativos confluyen.
-La cuarta parte está constituida por la breve intervención de Sherezade, donde anuncia “la notable y sorprendente como la de Ghanem ben-Ayub y su hermana Fetnah”. Es un modo de captar la atención de su marido el iracundo rey Shariar.
Como vemos, estamos ante una división temática lógica y coherente. El lector percibe los cambios de cuento en cuento, perfectamente concatenados. Aunque aquí se ha suprimido en aras a la brevedad, en el original se marcan los cambios de noche y las intervenciones de fin y cierre de narración de cada noche por parte de Sherezade. La voz narrativa está ahí e imprime coherencia al conjunto de cuentos; es un modo eficaz de ordenar y facilitar la lectura.
4. Personajes
Los protagonistas son los cuatro “asesinos” del jorobado: el sastre musulmán, el proveedor también musulmán, el médico judío y el comerciante copto. Nótese la variedad de oficios y religiones. Todos ellos son cobardes y miedosos, pero honestos y valientes a su debido tiempo.
El corcovado ocupa un papel pasivo; no habla en toda la obra, ni apenas actúa: sólo morirse y resucitar. A su mismo nivel está el rey de China, que es quien decide si las historias tienen la suficiente calidad como para salvar la vida de los cuatro “homicidas”. Se muestra bastante colérico, impaciente y severo, pues amenaza con la muerte a los implicados si no aplacan sus ansias literarias –escuchar una buena historia– de modo inmediato y satisfactorio.
También el barbero adquiere una gran relevancia. Es un personaje secundario, pues aparece más tarde y no está involucrado en el “homicidio” inicial del giboso, pero es quien obra el milagro con un aceite y unas buenas tenazas: “resucita” al bufón cuando todos lo daban por muerto. Su carácter es literariamente rico porque oscila entre lo enfadoso y lo gracioso, entre lo repugnante y estúpido, y lo admirable por su inteligencia.
Un personaje significativo, aunque está como entre bambalinas, es la propia narradora, Sherezade. No actúa, solo habla, pero de manera inteligente, dosificada y cautivadora para sus oyentes y para nosotros. Secretamente, vamos admirando su habilidad contadora y su ingeniosa elocuencia, lo que le permite salvar su vida noche a noche.
5. Narrador
Sherezade es la narradora principal, del relato marco. Pero luego muchos personajes cuentan una historia, o varias, como el locuaz barbero. Aquí podemos apreciar el alto grado de elaboración narrativa. Primero tenemos a una narradora general, que dice que desea contar una historia a su marido real, pues es el modo de salvar su vida un día más. Esta misma narradora reaparece en el último apartado, donde anuncia una nueva historia. En el texto original asoma al final de cada noche y al principio de la siguiente.
Los autores anónimos componen con la estructura de relato marco, también conocido como técnica de mise en abyme: un relato dentro de otro relato, y así sucesivamente, a modo de muñecas rusas o cajas chinas. Es una técnica perfecta para potenciar la trama y diversificar el contenido.
6. Lugar y tiempo de la acción narrada
En cuanto al lugar, genéricamente estamos en Oriente. Aparecen ciudades clásicas (El Cairo, Bagdag, Alepo, Mosul, etc.) y el reino de China, el más oriental. Los cuentos nacieron justamente en esas tierras, así que es lógico que la acción narrativa discurra allí. Para el lector occidental, posee un ingrediente de exotismo, misterio, fascinación… pues las diferencias culturales y la lejanía –al menos, en los siglos pasados– abonan la imaginación y la fantasía lectora.
El tiempo de la escritura no se puede determinar con precisión. Estamos ante un libro que ha cristalizado por decantación a lo largo de los siglos, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Muchos cuentos de diversas procedencias y culturas, con modificaciones frecuentes, dieron como resultado este hermoso libro dado a conocer en Occidente, como bloque unitario, en los primeros años del siglo XVIII, gracias a la labor de Jean Antoine Galland.
El tiempo de la acción narrada también ofrece una perspectiva difusa. Estamos en una época primitiva, más o menos antigua, acaso medieval: caravanas de comerciantes, vida urbana en las grandes ciudades orientales y oficios cotidianos propios de lo que en Europa identificamos con la Edad Media, pero bien podían ser anteriores. Aunque dentro de un cuento marco se insertan una docena de cuentos, guardan una evidente unidad cronológica porque muchos cuentos son narrados por personajes del cuento previo; y en muchos casos recrea su vida anterior o la de otros personajes que conoce, presentándose como narrador testigo, o coprotagonista.
La duración de la acción es multiforme y muy rica. El relato marco de Sherezade dura varios días –cuatro o cinco–, en relación al hecho de contar en voz alta para su marido. Inmediatamente surge la extensión temporal del relato principal: la muerte y “resurrección” del corcovado, que dura un día. A continuación, vienen los relatos de muchos personajes, que suelen durar años. Por ejemplo, las biografías de los hermanos del barbero se extienden por treinta o cuarenta años cada una, la edad de sus protagonistas. Observamos así una gran variedad, lo que enriquece la amenidad lectora.
7. Análisis estilístico
Como estamos ante una literatura colectiva, oral y popular, el estilo es sencillo, económico y claro. No podemos hablar de una voluntad de estilo o de una elaboración formal intencionadamente compleja, pues va en contra del origen y naturaleza de estos cuentos. La economía narrativa se percibe muy bien en el ritmo narrativo vivo y ligero. También en la presentación ligera y precisa de los personajes, por lo que tienden al estereotipo. No se profundiza en ellos, el narrador deja que vayan cristalizando con sus acciones y palabras.
El manejo de los recursos estilísticos también es primario: comparaciones, hipérboles, exclamaciones retóricas y muchas elipsis son las herramientas embellecedoras más comunes. El léxico es sencillo y popular; carece de florituras, pero con el sabor de la realidad cotidiana. Evita exabruptos y disfemismos, recurriendo a eufemismos y alusiones, sobre todo en asuntos sexuales y escatológicos, como se aprecia muy bien en el final del cuento. No se mienta la muerte, sino que, a base de circunloquios, se la trae a colación, con todo el temor que provoca. En cuanto a la sintaxis, se aprecia un dominio del periodo corto; las oraciones cortas predominan sobre las largas. También es bien perceptible una cierta tendencia a la concatenación de palabras y períodos, lo cual es lógico porque aportan coherencia y trabazón lógica.
El cuento posee un ritmo bastante vivo. No puede ser de otro modo, si tenemos en cuenta que dentro del cuento marco se incrustan otra docena de ellos. No ha lugar a digresiones o descripciones pormenorizadas. Podríamos decir que el esquema narrativo es: presentación del personaje principal: realiza una acción debido a una causa e inmediatamente sucede una consecuencia, fatal o no. Los golpes de fortuna tienen su importancia (el protagonista gana o pierde una fortuna, se enamora o desenamora, viaja o queda confinado, enferma o sana rápidamente, etc.) e introducen aventura y variedad.
8. Contextualización de la época y del autor
“El jorobado y su increíble muerte” es uno de los centenares de cuentos de Las mil y una noches, libro de tradición oriental, producto de una fértil y poderosa tradición literaria oral, popular y colectiva. En este cuento captamos muy bien los rasgos básicos de esta literatura cuentística popular:
A) Preferencia por motivos y asuntoscontemporáneos: personajes, acciones y modos de vivir y sentir son los propios de civilizaciones orientales en épocas pretéritas. Se presenta la vida en su cotidiano vivir: comer, dormir, amar, odiar, viajar, trabajar en diversos oficios, etc., son las acciones de los personajes. La lectura nos deja una vívida imagen de la vida diaria, real y concreta, con sus miserias y grandezas.
B) Focalización en las peripeciasde la vida cotidiana, mayormente provocados por el deseo de riqueza, de poder, de amor o de diversión. Los impulsos contrarios también aparecen y tienensu importancia.
C) Los personajes, sobre todo los protagonistas, actúan comopersonas delcumún, guiados por el amor en muchas de sus variantes –muchas veces no pasa de un impulso erótico superficial y momentáneo–, la codicia, el poder honor, la valentía y la honra.
D) El marco urbano de ciudades orientales importantes es el preferido en la narración: El Cairo,Bagdag, Alepo, Damasco, etc. son las ciudades que se citan. Conviene tener en cuenta que el relato marco se desenvuelve en China, de la que, sin embargo, no se alude a ninguna ciudad.
E) El final feliz se impone. Tras muchas peripecias, el ejercicio y cultivo de ciertas virtudes (honestidad, pues los cuatro “homicidas” confiesan su “crimen” aun a sabiendas de que pueden ser ejecutados; locuacidad, pues cuentan buenas historias al rey de China, lo que les salva de morir ejecutados, etc.). Algunos finales de los cuentos insertados son tragicómicos, como los que relatan la vida de los hermanos del barbero.
F) El sentimiento religioso posee un peso específico. Los personajes pueden ser miserables, pero todos son temerosos de la ley de Dios. Análogamente, el acatamiento de la autoridad política esindudable: todos obedecen y acatan las leyes civiles sin mayor contratiempo.
G) El misterio, lo desconocidoy los golpes de fortunason elementos constitutivos del relato. Es un modo de potenciar la intriga y la suspensión, para deleite del lector.
H) Si se observa con atención, vemos que los personajes representan a las tres grandes religiones monoteístas y a distintas culturas orientales. Conviven conforme a sus creencias sin mayor contratiempo, aunque con roces. De cualquier modo, todos ellos se emborrachan, muestran lujuria y codicia, temor y cobardía, junto con valentía y honradez a partes iguales.
Este cuento es un ejemplo maravilloso de cómo la literatura universal forma un gran río alimentado de muchos afluentes y fuentes. También de cómo la literatura popular y folclórica se ha cultivado y expandido a lo largo de los siglos. La comunicación entre culturas, pueblos y lenguas asume aquí un sentido estético y de intercambio, favorecedor de la tolerancia, que se constituye en ejemplo de convivencia entre gentes, pueblos y religiones distintos y, a veces, distantes.
9. Interpretación
Este cuento nos relata una historia de aventura, amor, muerte y resurrección. Pero al mismo tiempo, nos desliza un cuadro amplio de la vida cotidiana en ciudades orientales en épocas pretéritas: el mercado, los oficios, los afanes de cada día, los miedos y esperanzas de personas que se esfuerzan por alcanzar o mantener una posición social destacada.
La viveza y expresividad del relato permite que el lector recree un modo de vida, una sociedad heterogénea y bullente. El lector imagina con facilidad otras vidas y otras culturas que, sin duda, enriquecen su visión del mundo.
La factura literaria del cuento es notable: ritmo rápido, aventuras sin fin, relatos que nacen de otros relatos, perfectamente engarzados, proporcionan una intensa satisfacción lectora y estética. La economía narrativa y la predilección por la acción favorecen una lectura vivaz y fluida.
El pensamiento político y religioso es netamente conservador. Todo es tolerable con tal de que se respeten las buenas costumbres, la autoridad con mando (todas son monarquías) y las formas sociales exteriores. De puertas adentro, ya es otro cantar…
10. Valoración
Hemos leído un magnífico cuento de la tradición literaria oriental, lleno de valores artísticos e ideológicos, los cuales nos permiten entender otras culturas y civilizaciones. Los autores anónimos supieron imprimir variedad temática, diversidad anecdótica y una clara preferencia por el suspense, la intriga y lo extraordinario –un muerto resucita— en un marco de vida cotidiana normal y corriente. La lectura es amena y enriquecedora para el lector, que se ve transportado a otros lugares. Al compartir con los protagonistas sus cuitas cotidianas, esas sí, iguales en todo el planeta, se crea una corriente de simpatía y complicidad lectora.
La arquitectura narrativa está muy lograda. El relato marco muestra una alta elaboración y una reflexión narrativa nada desdeñable. Aquí se percibe muy bien el gusto por contar algo divertido, distinto y original, a la par que moralizante. La difuminación de las fuentes de la narración y la variedad de protagonistas y peripecias es un imán para el lector de cualquier tiempo.
Cientos de años después de su escritura, acaso un milenio, este cuento goza de una frescura y una originalidad narrativa inauditas. Hoy, como ayer, cuando surgió del ingenio popular, se lee con gozo y satisfacción lectora porque logra lo que alcanza la buena literatura: trasladar al lector de su mundo cotidiano a otro muy distinto, que conoce y recrea en su imaginación gracias al manejo maestro del lenguaje y la imaginación. Por eso Las mil y una noches forman parte de nuestros clásicos.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el texto.
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos.
4) Analiza los personajes principales.
5) Explica cómo funciona la figura de Sherezade.
6) Señala los aspectos de lugar y tiempo relativos al cuento.
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos orientales se aprecian en el texto?
2) Indica la razón de los cuatro “homicidas” para actuar como lo hacen.
3) Realiza lo mismo respecto del barbero y de Sherezade.
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la convivencia entre culturas y religiones distintas?
5) Lo maravilloso aparece en el relato: ¿cómo?
6) ¿Qué pensar de la actitud del rey Shariar, esposo de Sherezade? Razona plausiblemente.
7) ¿Cómo podemos juzgar la actitud del rey, amenazando primero y premiando después a los contadores de cuentos? Aporta hipótesis verosímiles.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Escribe un cuento de misterio y aventura como el que has leído, en una época que te guste especialmente, incluida la contemporánea.
2) Cambia el final del cuento en el sentido que consideres más idóneo.
3) Transforma parte del texto en una obra dramática para ser representada ente la clase o la comunidad escolar, lo que se puede llevar a cabo si las circunstancias lo permiten.
4) Aporta imágenes de paisajes, palacios, ciudades, etc. que pudieran ser buenos escenarios en el que ocurrieron los hechos del cuento oriental.
5) Realiza una presentación o exposición, con cartel o con medios TIC, ante la clase o la comunidad educativa sobre Las mil y una noches.

Sófocles: «Antígona»; análisis y propuesta didáctica

  1. ANÁLISIS DE LA OBRA Y DEL FRAGMENTO (INTERVENCIÓN DE TIRESIAS)
Sófocles (Colono, entorno de Atenas, 496 a. C. –- Atenas, 406 a. C.) es uno de los genios literarios más influyentes de la literatura universal. Se ubica en el entorno de los magistrales dramaturgos de la Grecia clásica, junto con Eurípides y Esquilo, casi contemporáneos suyos, fundadores del teatro clásico, en concreto del subgénero de la tragedia, Aristófanes realizó lo propio con la comedia. Autor de gran capacidad creativa, fue aclamado en su tiempo como un dramaturgo excelso (ganó importantes premios que al efecto se convocaban en Atenas) y legó a la posteridad sobre una decena de obras cuya influencia en la literatura occidental ha sido indeleble y de primer orden. Otras piezas que se sabe que compuso se perdieron.
Antígona (estrenada en el 442 a. C.) es uno de los dramas más logrados. Se encuadra en el ambiente mitológico, alrededor del ciclo de Tebas, la convulsa ciudad griega donde parece que se concentraban, en tiempos pasados ya míticos o legendarios, peligrosamente pasiones humanas y tensiones políticas. Antígona, joven noble y hermosa, es una de las hijas del antiguo rey de Tebas, Edipo, autodesterrado tras cometer, más o menos involuntariamente, terribles crímenes y delitos. Creonte, hermano de Yocasta, esposa de Edipo y, por tanto, tío de Antígona y su hermana Ismene, además de los ya fallecidos Polinices y Eteocles, es el nuevo rey de la ciudad. De su matrimonio con Eurídice nació Hemón, joven enamorado de su prima Antígona, quien le corresponde.
Creonte decreta no enterrar a Polinices con los honores y ritos funerarios que salvaguardarían su alma al otro mundo; había sido traidor a la ciudad y dejar su cuerpo inerte a merced de las alimañas era el castigo que las leyes preveían para los rebeldes. Antígona se rebela ante esta decisión y entierra a su hermano con las honras necesarias. Cuando Creonte se entera manda encerrarla inmediatamente en una cueva para que perezca. Las consecuencias serán terribles porque la joven prefiere suicidarse; cuando Hemón se entera sigue el mismo camino, exactamente el mismo que su madre, Eurídice. Creonte se siente muy seguro y satisfecho de sus decisiones, sin conocer todavía el desencadenamiento de fatales consecuencias para sus seres más queridos.
Los conflictos de la tragedia son claros y muestran su riqueza significativa: la ley divina, simbolizada en Antígona, se enfrenta a la humana o ciudadana, representada en Creonte; la juventud y generosidad de la chica se opone a la vejez resabiada de su tío Creonte; el amor de Antígona y Hemón choca con los resentimientos envidiosos de Creonte; la mujer se contrapone al hombre en sus posibilidades de actividad social, política, etc. La ley divina que asegura una muerte de tránsito hacia una vida eterna colisiona con la ley humana que condena a muerte y ciega los caminos de la vida definitivamente. Esperanza y amor (Antígona) frente a frustración y odio(Creonte) pueden servir de polos de significación y comprensión de toda la tragedia.
Justo en ese momento se sitúa el texto que comentamos. Pasa por el palacio Tiresias, el viejo adivino, ciego, acompañado de un lazarillo. El pronosticador sabe mucho más de lo que dice y de lo que los demás creen. El encuentro con Creonte es verbalmente violento. Creonte le reprocha su avaricia, a todas luces infundadamente; Tiresias le afea su impulsividad y soberbia. El duelo dialéctico termina en aparentes tablas, pero cuando el adivino se aleja, Creonte se rodea de su guardia, se arrepiente del castigo impuesto a Antígona y se dirige a la cueva-prisión para liberarla. Nosotros sabemos que ya es demasiado tarde.
La intervención de Tiresias es en sí misma una muestra perfecta de la construcción teatral de Sófocles. El adivino habla con claridad y sin rodeos, piensa con lógica y expone con convicción. Utiliza un lenguaje directo y elabora oraciones bien trabadas y cohesionadas (las oraciones causales y consecutivas son las más comunes); son la manifestación de un pensamiento lógico y ordenado. El personaje, nada pusilánime, no se arredra ante el rey de Tebas; todo lo contrario, le habla con claridad y le aconseja con sensatez.
La habilidad literaria de Sófocles se manifiesta en esta intervención. El empleo de recursos retóricos embellecedores con acierto y proporción saltan a la vista. Ofrecemos una selección:
  • Adjetivación colorista y conceptual de gran fuerza expresiva: «viejo poyo», «ignoto griterío», «crueles y bárbaros picotazos», etc.
  • Bimembración, con el claro objeto de reforzar el sentido de lo expresado: «humeaba y salpicaba», «pues los altares y lares permanecen…», «aves y perros», etc.
  • Apelaciones al oyente con intención persuasiva: «Te vas a enterar…», «Por tanto, hijo, recapacita».
  • El polisíndeton crea una atmósfera de acumulación de elementos que agobian al interlocutor, pues tiene intención apelativa: » Pero la llama no brillaba en las ofrendas, sino que la grasa que manaba de los muslos se consumía en la ceniza y humeaba y salpicaba, y la bilis se diluía en el aire, y los muslos, una vez escurridos, quedaban despojados de la grasa que antes los recubría». Es un ejemplo de la elocuencia que encierra el modo de hablar de estos personajes nítidamente perfilados. Quieren ser entendidos en sus justos términos y se esfuerzan por expresarse con convicción.
  • Metáfora, herramienta de enorme poder visual: «Y esta es una enfermedad que padece la ciudad…». La más eficaz artísticamente es: «No insistas en acribillar a puñaladas a un difunto»; encierra una fuerza dramática enorme.
  • Sinestesia, de poder plástico inmediato: «dulcísima cosa es aprender»
  • Personificación: «Pero la llama no brillaba en las ofrendas». Sirve para crear una atmósfera de tensión contenida llena de malos presagios.
  • Perífrasis o circunloquio: «al desdichado hijo de Edipo que cayó en combate». Esta alusión a Polinices, perfectamente entendible por el auditorio, además de introducir variedad expresiva, activa inmediatamente su intertexto lector, es decir, sus conocimientos, creencias, modos de interpretar, etc. acerca del asunto de la obra.
  • Las repeticiones retóricas aportan claridad y expresividad. Por ellas podemos deducir el núcleo temático: «ofrendas», «equivocarse», «consejos» son las tres palabras clave. En el aire, flota la cuestión: ¿será capaz Creonte de entender y actuar lo que todos nosotros, oyentes o lectores, ya vemos claramente? Es un modo muy eficaz de crear intriga y tensión dramática
  • Elipsis, alusiones y elusiones, como aparecen, por ejemplo, en «La obstinación, ¡por supuesto!, incurre en torpeza» son otros procedimientos retóricos felizmente utilizados.
Este elenco de recursos no pretende agotar la riqueza literario del texto, sino ilustrar lo cuidadoso de su construcción y la potencia verbal de Sófocles. De una aparente intervención de trámite, podemos observar una auténtica mina estética de delicados y ricos matices. Tiresias, un viejo medio andrajoso y algo lunático, se revela aquí como un hombre inteligente, fuerte y persuasivo. En las obras de este dramaturgo, como de todos los excelentes, nada es casual o trivial; detalles que, aunque parezcan lejos del foco del conflicto principal, guardan una gran significación y contribuyen sustancialmente al sentido y construcción artística. Hemos elegido precisamente esta intervención de Tiresias para ilustrar este aspecto.
El texto objeto de nuestro comentario posee también una riqueza etnográfica abrumadora. Podemos entender el sistema griego clásico de creencias sobre dioses, augurios, sacerdotes, muerte, etc. con la única y atenta lectura de este texto. La narración exacta y puntual de los procedimientos para adivinar el futuro del hombre y la voluntad de los dioses a base del sacrificio de aves nos enseña visual y plásticamente aspectos importantes de la cultura griega antigua.
Sófocles construye sus tragedias con una maestría asombrosa. Dos mil quinientos años después de su estreno, nos seguimos deleitando con estas obras llenas de emoción, elegancia, reflexión y vida.
Texto para el comentario:
TIRESIAS.- Te vas a enterar de lo que pasa al oír las pruebas que aporta mi profesión. Ello es así: sentado en el viejo poyo, atalaya observadora de las aves, donde tenía a mi disposición la arribada de toda clase de aves, oigo un ignoto griterío de aves que chirriaban con crueles y bárbaros picotazos. Y me di cuenta de que unas a otras se despedazaban a muerte con las uñas, pues el estruendo de sus alas no era difícil de interpretar. Y, sobrecogido, corriendo me dispuse a probar los sacrificios en altares dispuestos del todo para recibir las llamas. Pero la llama no brillaba en las ofrendas, sino que la grasa que manaba de los muslos se consumía en la ceniza y humeaba y salpicaba, y la bilis se diluía en el aire, y los muslos, una vez escurridos, quedaban despojados de la grasa que antes los recubría. Tales aconteceres captaba por este muchacho: que los vaticinios  propios de las ceremonias aquellas se consumían sin dar una información clara. Pues éste me sirve a mí de guía y yo a los demás. Y esto es una enfermedad que padece la ciudad por tu particular manera de interpretar las cosas, pues los altares y lares permanecen repletos con todas sus ofrendas por culpa de haber devorado aves y perros al desdichado hijo de Edipo que cayó en combate. Por eso los dioses no admiten ya las súplicas que les dirigimos con nuestras ofrendas ni la llama de los muslos de esas ofrendas, y tampoco los pájaros chirrían  un tipo de griterío fácilmente interpretable, por haber engullido, de la sangre que echó a perder a aquel hombre, la parte grasienta. Por tanto, hijo, recapacita. Pues común a todos y a cada uno de los hombres es equivocarse, pero después de equivocarse ya no es insensato ni desdichado quien, tras caer en esa enfermedad, procura curarse y no hacerse inflexible. La obstinación, ¡por supuesto!, incurre en torpeza.  En fin, cede ante el muerto, y no insistas en acribillar a puñaladas a un difunto. ¿Qué heroicidad hay en volver a matar al que ya está muerto? Porque te quiero bien, te doy buenos consejos. Y, además, dulcísima cosa es aprender de quien da consejos si esos consejos reportan beneficio.
                                                                                                                                                                         Sófocles: Antígona
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Actividades de comprensión e interpretación
1) Resume el texto y expresa su tema en una sola frase. Trata de ubicar su situación en el conjunto de la obra.
2) Analiza el personaje que habla y los aludidos; sitúalos en la tragedia y señala su relevancia.
3) Localiza e interpreta algunos recursos literarios en los que se aprecie la intención expositiva y persuasiva de Tiresias.
2.2. Actividades de ABP, creación y pensamiento crítico
1) La lectura dramatizada de la obra completa, o parte de ella, en clase, repartiendo los papeles entre los alumnos, es de gran eficacia pedagógica.
2) Recrear la ciudad de Tebas en la época del desarrollo de la tragedia a través de carteles, murales, presentaciones, infografías, etc., con la ayuda de recursos TIC es un ejercicio muy recomendable por su potencialidad didáctica.
3) Razona y argumenta: ¿Qué harías tú si fueras Creonte? ¿Hacer caso a un viejo adivino, charlatán y medio lunático?; o, por el contrario, ¿seguir el camino propio con el poder añadido de ser rey?
4) Leyes divinas frente a leyes humanas: ¿cuáles seguir y por qué? ¿En todo caso y situación? ¿Cómo evitar el conflicto?
5) Antígona era mujer joven en una sociedad que respetaba poco el papel de las féminas. Compara la situación con la actual, señala coincidencias y divergencias e indica cómo actuaría hoy una chica ante una tesitura similar a la de Antígona.
6) ¿Quiénes ejercen hoy el papel de adivinos? ¿Con la misma autoridad que Tiresias? ¿Por qué?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Recrea la vida de una ciudad griega como Tebas en el siglo V a.C. Vida cotidiana, oficios, ocupaciones y preocupaciones. Puedes imaginar varias personas con oficios diarios y charlar con ellos, escuchar sus preocupaciones, etc. Puedes hacerlo en forma de de cartel, presentación Prezi o Power Point, etc.
2) Ponte en el papel de Tiresias, el adivino ciego. Escribe un diálogo con Antígona sobre cómo encauzar su deseo de enterrar a su hermano sabiendo que su vida corre peligro.