Miguel Delibes: «El príncipe destronado»; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes – “El príncipe destronado” (1973)
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Martes, 3 de diciembre de 1963
Las 10
Quico se despierta. La Vito, criada, lo asea y le da el desayuno. Se entera que Loren, la sirvienta de su tía Cuqui, ha tirado al gato Moro a la basura, porque se ha muerto. Duda si hay cielo para los gatos. Duda quién tiene “pito”. Baja con la Vito a la tienda. Santines ha de subir la compra. Esconde un tubo dentífrico vacío para jugar: es un tren, un arma; también para chapas de refrescos. Juega algo con su hermano Juan, que está en casa enfermo. La Mamá no le hace mucho caso; ha de atender a Cristina, la pequeña. El niño está exultante porque esa noche no se ha hecho pis en la cama.
Las 11
Quico desayuna poco y con trabajo. Cris, la hermana pequeña, dice “Ta-ta-ta”. Juega con su hermano Juan, más interesado en “La conquista del oeste” que en jugar con su hermano. Mamá lo reprende por hablar tanto y preguntar más, interrumpiendo a los mayores. Es un niño fantasioso.
Las 12
Santines sube la compra; discute con la Vítora por subir tan tarde. Quico desea saber cómo es el infierno y el diablo, con cuernos, rabo, etc. Todos le contestan con evasivas, hartos de sus preguntas. Repite expresiones coloquiales que oye a los mayores como “¡Leche, me pillé!”. Se incorpora Domi para cuidar a los niños. La Seve, otra sirvienta, no ha venido porque su madre está enferma en el pueblo. La Domi está compungida porque no han metido en el manicomio a alguien de su entorno, acaso su padre. En la radio ponen canciones dedicadas a los soldados que se van a hacer el servicio, especialmente a África.
La 1
Juan le hace ver el demonio en sombras y objetos que Quico no entiende. Y una bruja; van a buscarlo a él; tiene miedo. Juegan a fútbol los hermanos. Conecta el tubo de la aspiradora a un grifo para “echar gasolina” a su camión. Quico dice “¡Mierda, cagao, culo!” para llamar la atención y que le hagan caso. Se hace pis y lo regañan, junto con unos azotes. Llegan del colegio los hermanos: Pablo (16 años), Merche, Marcos; ya están en casa Juan, Quico (3 para 4 años), el protagonista y Cristina, la pequeña. Cris se hace cacas. Llega Pablo, el padre, un señor severo y empingorotado, sospechamos. Mamá, Merche, le sirve un “visqui”.
Las 2
Papá va a hacer pis y Quico se le mete entre las piernas. Le pregunta a su padre si tiene pito; el padre se incomoda. Se sienta la familia a comer, servida por la Vito. Papá dice: “Mi pobre padre decía que las mujeres son como las gallinas, que le echas maíz y se van a picar a la mierda” (p. 62). El niño mastica, se le hace bola en la boca y no traga. El matrimonio discute sobre si Pablo, el mayor, ha de ir a un acto de excombatientes (del bando franquista, durante la Guerra Civil); el chico no tiene muchas ganas; su padre lo fuerza y acepta. El Papá le confiesa a Quico que mató a cien hombres en la guerra; fue una “causa santa” (68). Papá muestra resentimiento contra su mujer, “la pava ésta” (p. 70); alude a que acaso deberían haberle cerrado la boca al padre de ella. Tira un plato contra un armario en un ataque de ira.
Las 3
Los mayores regresan al colegio. El matrimonio se sienta en la sala de estar con el café. El Paris-Match al lado; cenicero de Murano. Los padres se lanzan reproches a través del hijo; se tratan de intransigentes; el hombre debe tener personalidad propia, dice Papá. Este se va enfadado. Le dice a Quico que le diga a la madre que vaya “a freír puñetas” (p. 76). La Vito le pide permiso a Mamá para que suba su novio, pues al día siguiente se va a África a hacer la mili. Juan va a la guerra y a matarse, piensan Juan y Quico. Es la guerra de papá, dice Juan varias veces. Quico hace pis en el baño. Mamá le da dos azotes por pintarrajearse y manchar el pantalón.
Las 4
La madre, Merche, charla con su cuñada,tía Cuqui; esta dice que Quico es el príncipe destronado (p. 86), que tiene celos porque se ha visto desplazado. Mamá teje. Juan le dice a su hermano que esa noche se va de casa. Quico lo quiere acompañar. La Domi les canta canciones populares y folclóricas; en una de ellas, un hombre mata a una mujer por serle infiel.
Las 5
El niño se hace pis. Tres azotes y a cambiarlo. El niño amenaza con cortarse el pito. Sube Femio a despedirse; conversa con Quico y con la Vito; es algo chulesco; ha discutido con un amigo, Abelardo, por ciertas insinuaciones. Merienda de los niños. Femio y la Vito se besan apasionadamente. Quico piensa que la muerde y sale corriendo a avisar a los demás para que lo detengan. Todos comprenden que se besan.
Las 6
Femio se va. La Vito llora. La Domi trata de sonsacar al niño lo que hacen los novios. Se ofende porque Femio se va sin despedirse de ella, a pesar del cariño que le tiene. Los tres hermanos juegan a que Cris está prisionera y la liberan; Juan se cansa y los deja tirados. Van al cuarto de baño y Quico le pone a la hermana un pequeño supositorio sedante; la niña pasa la tarde adormilada. Pintarrajea a la hermana. Mamá riñe a la Domi por no vigilarlos bien. Esta amenaza con despedirse.
Las 7
La Vito y la Domi escuchan una telenovela mientras trajinan en la cocina. El niño hace creer que se ha tragado una punta. Mamá se pone histérica. Viene el coche del marido con chófer, Uvescenlao, y lo llevan al médico, Emilio. Lo mira por rayos y no ve nada. Lo manda a casa. Tontean algo el médico y la Mamá. Quico lo ve como el Fantasma. Este también le explica la teoría del “príncipe destronado (p. 135). Orla de la Facultad de Medicina (1939-1945).
Las 8
Mamá descubre que Quico tiene la punta en el bolsillo; se lo ha inventado todo. Todos aliviados. Merche escucha rock y canciones modernas en el tocadiscos de casa; baila con sus amiga Teté. El niño se pone a escribir, o a aparentar, y le salen palotes y garabatos. Tiene que comer espárragos para arreglar la tripa, pero se le hace bola y no puede. La tía Cuqui consuela a Mamá y le confiesa que Pablo, que parece su hermano, es insufrible. Juan y Quico van a ver dibujos animados (Porky y al Conejo Bugs Bunny) a la casa de la tía Cuqui, que es la de al lado. Al acabar, la Valen, la sirvienta, los echa a su casa.
Las 9
Mamá habla con Pablo sobre la asistencia a un acto de veteranos. Un cura, el padre Llanes, les dice que solo son eficaces si se juntan los dos bandos para reconciliarse. Quico piensa que el anticiclón es un bicho. La Domi amaga con irse, pero se reconcilia con Mamá. Quico mete unas tijeras en un enchufe de la luz y provoca un cortocircuito en casa; susto general; se arregla pronto; la Mamá lo zarandea, pero no le pega. Domi lo lleva a la cama; el niño tiene miedo. Llama a la Domi dos veces y esta lo recrimina con aspereza. Al final, va Mamá; lo coge de la mano y el niño se duerme. Tiene miedo, mucho miedo. El cierre es pesimista:
–Lo malo es luego –dijo–, el día que falta Mamá o se dan cuenta de que Mamá siente los mismos temores que sienten ellos. Y lo peor es que eso ya no tiene remedio (p. 167).
2) Temas de la novela
-La incomprensión por los adultos del mundo infantil. Ni el niño se entiende a sí mismo, cuanto más, los mayores. En el mundo del niño se acumulan descubrimientos de todo tipo que no logra organizar; su curiosidad por saber es insaciable, lo que exaspera a los adultos.
-Las tensiones internas dentro de una familia por dentro (políticas, de convivencia, de visión del mundo, etc.). Es una familia burguesa, triunfadores de la guerra. Aunque por fuera todo es ideal, pues es una familia pudiente, por dentro afloran tensiones y rencores que envenenan la convivencia.
-Las diferencias generacionales, a veces insalvables, entre padres e hijos, y entre hermanos entre sí, por las distancias de edad, provocan malentendidos y separaciones anímicas e intelectuales.
-Las pequeñas angustias y esperanzas que todos llevamos dentro en el día a día jalonan nuestra vida. Sirvientas y señores, tenderos y soldados, cada uno arrastra sus miedos e ilusiones como mejor puede.
-El universo infantil, lleno de terrores, de ilusiones y de fantasías, que el niño apenas puede encauzar, ante la indiferencia de los demás, niños o adultos.
3) Apartados temáticos
Cada hora del reloj es una sección, pues así se estructura la novela. Todo junto es un continuo en la vida del niño, que no distingue horas, pero cada parte del día tiene su actividad. El día anterior fue algo similar, lo mismo que lo será el siguiente. Es una línea permanente, con sus pequeñas variaciones.
4) Narrador
El narrador se manifiesta en tercera persona, omnisciente parcial; focaliza a través del niño. Muestra simpatía por Quico, que hace de hilo conductor el texto. El mundo de los adultos, a ojos del niño, raya lo absurdo o lo incomprensible; nadie se molesta en explicárselo, pero él se esfuerza por entenderlo, lo que provoca cansancio e irritación en los adultos; recibe evasivas, mentiras, condescendencias y algún azote por su interés por comprender. El narrador, desde su omnisciencia, casi compartida con el niño, expone sin juzgar demasiado. De vez en cuando aparecen rasgos de humor, ironía y cierta sátira cervantina.
5) Lugar y tiempo
La acción discurre en una ciudad provinciana; por ejemplo, Valladolid, residencia de Delibes durante toda su vida. Casi toda la acción ocurre dentro del gran y cómodo piso de la familia de Papá y Mamá. Un poco, en la consulta del médico; o en la casa de la tía Cuqui, viendo la televisión. El espacio es muy reducido, cerrado, en contraste con la fantasía de los niños, que sueñan con lugares amplios y alejados.
El tiempo de la escritura corresponde a los años previos a 1973, fecha de la primera edición. El tiempo de la acción narrada se remite a 1963, como viene señalado en cursiva al principio del texto. Es invierno, hace frío, la gente anda muy abrigada. La duración de la acción es muy precisa: doce horas de día, en las que el niño trajina por la casa.
6) Personajes
-Quico: el niño de tres para cuatro años, que focaliza la acción. Es imaginativo, racional a su manera, hablador y comunicativo; muestra gran curiosidad por el entorno. Solo quiere entender el mundo y ser aceptado, pero las cosas no son fáciles porque los adultos andan a sus asuntos. Llama la atención con palabras escatológicas, mentirijillas, etc., casi para no aburrirse.
-Juan, su hermano mayor: ya sabe leer; le hace caso en la medida en que lo necesita para sus juegos, o para llevar el aburrimiento mejor. Le fascina el oeste y las aventuras, que es lo que lee.
-Las criadas, Domi y Vítora: la primera es mayor y resabiada; da poco cariño a los niños, pues está como cansada. Carácter algo taimado y caprichoso. Vítora es joven, tiene novio; generosa, comprensiva y cariñosa con los niños; trabaja con ganas y tiene esperanzas de futuro con su novio, que se va a África a hacer la mili; sufre pensando que le será infiel con las negras.
-Mamá y Papá: ni siquiera sabemos los nombres de pila, pues el narrador los omite; como el niño focalizador no le interesa, nos enteramos por las conversaciones de los demás. Ella es Merche y él Pablo; ella fuma, está cansada y decepcionada del matrimonio; lo lleva con paciencia; está nerviosa, por eso teje; procede de una familia más liberal y no tan franquista. Discusiones con el marido por ideología. Él es machista, franquista y violento (la escena del plato es fuerte).
-Los hermanos mayores, Pablo, Merche y Marcos, ya adolescentes, llevan una vida más independiente y centrados en sus cosas. Les gusta la música moderna, por ejemplo.
7) Arquitectura narrativa
Está muy delimitada la estructura porque el espacio y el tiempo son muy precisos. El avance es lógico y cronológico. El narrador ve por el niño, y es lo que nosotros podemos percibir. La división por horas marca la estructura de la novela: un continuo compartimentado por el reloj.
8) Notas estilísticas
El autor, Miguel Delibes, utiliza los tres procedimientos narrativos: narración, descripción y diálogo, con extraordinario acierto y proporción. El lenguaje delibeseano es preciso, transparente y comunicativo. La oración corta, propia del niño que no domina el idioma, es la predominante; es una analogía de la comunicación infantil. Es un lenguaje adaptado a la mentalidad de Quico, que es el que proporciona la visión. En el conjunto, aparece un registro estandarizado, aunque plagado de expresiones coloquiales y familiares. Como se imita el lenguaje infantil, vemos exclamaciones, interrogaciones, onomatopeyas, etc. propias del lenguaje infantil, imitado a la perfección. 
La contención expresiva, en un claro proceso depurativo, destaca claramente, aportando poeticidad. Se recoge el lenguaje popular de las criadas, el soldado, el chico de los recados, por un lado; el de los padres, más refinado, junto con el del médico y gente de ese contexto.
Como siempre en Delibes, depurado y seleccionado al máximo, lo que da apariencia de sencillez, sin serlo. Veamos un ejemplo de Las once:
 
–Anda –dijo–, mira lo que tengo.
Juan, abstraído, leía: “Voy a tener el gusto de meterte un plomo entre las dos cejas, amiguito”.
–¡Juan! –repitió Quico flameando el Chupa-chups y haciéndolo girar sobre el palillo–. ¡Mira!
Juan levantó sus profundos ojos negros, que se iluminaron de súbito como un relámpago:
–¿De quién es? –dijo.
–Mío –dijo Quico.
–Dame un cacho.
–No.
La niña salió de debajo de la mesa como un perro que captara los vientos de una pieza y se puso dificultosamente en pie. Sujetó a Quico del jersey y tironeó de él hacia abajo:
–Atito –dijo.
–No –dijo Quico–. Un poquito, no.
–Dame un cacho, anda –repitió Juan.
–Es mío –dijo Quico.
Juan introdujo una mano en el bolsillo de su pantalón y sacó una sucia petaquilla de plástico, la abrió y le mostró el pequeño cabo de un lapicero de mina roja, un sucio pedacito de goma de borrar y dos monedas de diez céntimos.
–Te doy el lápiz si me das un cacho –dijo.
Pero Quico paladeaba ya el caramelo y, de vez en cuando, lo sacaba de la boca para desprender de él un pedacito de papel transparente. Cris, la niña, cansada de tirar de él, empezó a llorar.
–Te doy también la goma –dijo Juan.
Quico sonreía triunfalmente y, de nuevo, izó el Chupa-chups como una bandera y sonrió sacando la lengua rebañando con ella los restos de golosina que se pegaban a su labios:
–Es mío –dijo–. Me lo dio el de la tienda.
De pronto, Juan cuya garganta se movía lentamente, a intervalos, como si tragase algo, se llegó a él, le quitó el Chupa-chups de la mano, le propinó un mordisco y se lo devolvió. La esferita quedó truncada en unas estrías blanquecinas, como de hielo, y Quico, al verlo, se enfureció, arremetió contra su hermano a patadas, al tiempo que lloraba con rabia. La niña berreaba también, junto a él, levantando sus rollizos bracitos hacia el caramelo y, súbitamente, la puerta se abrió y penetró como un huracán la bata de flores rojas y verdes y una voz dijo, desde lo alto de la bata
–¿Qué escándalo es este? ¿Puede saberse qué pasa aquí?
Cris continuaba con las manitas en lo alto, mientras Quico y Juan se quitaban la palabra de la boca, se acusaban mutuamente y, por fin un mano que emergió de la bata de flores, atrapó el Chupa-chups y dijo:
–Hala, para nadie; así todos contentos.

 

Del texto anterior se pueden deducir los rasgos básicos del estilo delibeseano. El léxico es preciso y apropiado. Los diálogos caracterizan con mucha contundencia a los personajes; quedan retratados con su modo de hablar; Juan y Quico exhiben un nivel infantil y familiar en el uso de la lengua; Cris, la pequeña, apenas balbucea, aunque Quico la entiende muy bien. La Mamá habla poco, pero con mucha expresividad.
Delibes emplea el lenguaje con una propiedad asombrosa. Las descripciones resultan exactas, vivas y plásticas.  Las narraciones cuentan acciones con viveza y precisión, sin rodeos ni omisiones. 
Un enorme acierto de este texto (y otros muchos de nuestro escritor) es que, bajo una estructura narrativa aparentemente sencilla, casi intranscendente por momentos, se atesoran trozos de vida, de verdad poética. Asimismo, la carga reflexiva es de una potencia ineludible. Aquí, se dirige hacia la presentación del mundo infantil, con su lógica propia, a veces nada entendida por los adultos. 
9) Interpretación y valoración
Delibes plantea en esta novela (presentado con simpatía y benevolencia) el universo del niño, las posibilidades de comunicación entre los miembros de la familia, entre los hermanos, entre los mayores y los pequeños, etc. Hay un trasfondo político, en las discrepancias entre marido y mujer. Las diferencias sociales también se hacen evidentes, enfrentando el mundo de las sirvientas al de los señores. Y, sobre todo, las distancias de carácter; hay ricos mezquinos y deplorables, como Papá; y pobres templados y de corazón generoso, como la Vítora.
El mundo del niño se ve como arrinconado. Se plantea la incomunicación entre personas, difícil de romper, en cualquier nivel social y ámbito socio-económico. La intervención final de la madre nos hace ver cómo las esperanzas acaban disueltas en nada, cómo la vida parece un proceso de renuncias y claudicaciones. La calidad literaria del texto es enorme.
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes, centrándote principalmente en Quico, la Mamá y la Vítora.
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué idea de la vida del niño nos llega desde esta novela? 
2) El hecho de que los adultos tengan sus diferencias y los niños las observen, ¿cómo se puede interpretar desde el punto de vista infantill? 
3) ¿Quién es, entre los adultos, el que mejor entiende a Quico? Aporta ejemplos que ratifiquen tu opinión.
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la armonía y equilibrio entre los adultos y entre y el de los niños? 
5) El tiempo, ¿discurre igual para Quico que para los adultos? Aporta ejemplos que corroboren tu opinión
6) ¿Qué significación se encierra en la simulación de la enfermedad de Quico?  
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese la vida infantil y su contraste con la de los adultos, de una persona corriente y moliente. Puedes imprimir un sentido crítico, como ha realizado Miguel Delibes.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de momentos de la vida del niño especialmente significativos, en los que se aprecia la distancia de su mundo respecto del de los adultos, siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.
2.4. Comentario de texto específico
Las doce
Sintió detenerse el montacargas y salió de su rincón entre los dos armarios rojos y, justo en el momento que abría la puerta encristalada, Santines arrastraba el cajón con el pedido hasta el descansillo. Pero el cajón topó impensadamente con una baldosa desnivelada, coleó y atrapó dos dedos de Santines contra el enrejado. El chico se llevó instintivamente la mano dañada a la boca y dijo con rabia:
–¡Leche, me pillé!
Quico le miraba atentamente, poniendo el mismo gesto de dolor que veía en la cara del otro y cuando Santines se frotó los dedos lesionados contra el delantalón gris, él lo hizo también contra las blandas estrías de su pantalón de pana, aunque en forma apenas perceptible.
–Hola –dijo al cabo.
El otro preguntó:
–¿Está tu mamá en casa?
Quico asintió sin palabras. Juan le oyó desde dentro, abrió la puerta del pasillo y voceó:
–¡Mamá, el de la tienda!
Pero vino la Vítora y le dijo a Santines, malhumorada:
–Podías haber subido más tarde, espabilado. Mira la hora que es.
–No uso –respondió descaradamente el chico, mostrando su desnuda muñeca.
Y dijo la Vítora con segundas:
–No, ¿eh? Pues ya le diré a tu jefe que te merque uno, ¡no te amuela!
El chaval se puso en jarras.
–Oye –dijo–. Por si no lo sabes te diré que yo no he mandado a nadie al África.
Por un instante pareció que los ojos de la Vítora iban a escapar de las cuencas. Se llegó a él, levantó el antebrazo y dijo mordiendo las palabras:
–¡Calla la boca o te meto una así que te vas a acordar de la Vítora mientras vivas!
El chico, que instintivamente había alzado un brazo para protegerse, lo bajó al ver que la otra lo bajaba. Silbó.
–Bueno está el patio –dijo.
Cris, sentada en el suelo, hurgaba en el cajón, alineaba las cebollas y las naranjas en las baldosas, mientras Quico y Juan seguían el duelo dialéctico, moviendo alternativamente la cabeza, como en una partida de tenis. La Vítora fue tomando las mercancías y del cajón y amontonándolas sobre el fogón de sintasol rojo. Santines la miraba hacer, observaba sus manos torcidas, notoriamente agarrotadas, y, sin embargo, de movimientos ágiles.
–Vaya manos –murmuró–. ¿Dónde vas con esas manos?
La Vítora volvió a mirarle encolerizada:
–¿Qué se te da a ti de mis manos, ¿eh? Di.
El otro se encogió de hombros:
–Eres gafa; sólo eso.
–Bueno, y a ti, ¿qué?
–Nada.
–Por eso.
Quico se fue acercando tímidamente a Santines y terminó por agarrarle del blusón gris y tirar de él hacia abajo:
–Oye –le dijo–. Hoy no me he hecho pis en la cama.
–¡Vaya!
–¿Verdad, Vito, que hoy no me he hecho pis en la cama?
–No, majo.
Quico, en vista de que no lograba hacer descender la atención de Santines, volvió a tirarle del mandil y cuando el chico le miró, le dijo:
–¿Tú no vas al colegio?
Santines rió en corto, con un deje com de aspereza y dijo:
–No, chaval; yo no voy al colegio.
¿Porque estás malo?
Santines se golpeó el pecho con los dedos apiñados.
–¿Yo, malo? Estoy más bueno que Dios –dijo.
La Vítora le tendió el cajón.
–Toma, anda, lárgate y así revientes.
Santines hizo un gesto burlón:
–¿Tan mal me quieres?
La Vítora cerró de golpe la puerta de cristales con la mano izquierda remedando su gafedad y reía descaradamente. Dijo la Vito:
–Un día le voy a romper los morros a ése o no sé lo que voy a hacer.
 
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del poema; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Miguel Delibes: «El disputado voto del señor Cayo»; análisis y propuesta didáctica

MIGUEL DELIBES – El disputado voto del señor Cayo (1978)
1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
I
Estamos seguramente en 1977, en una capital de provincias, en plena campaña electoral, parece que la primera tras la recuperación de la democracia en España (1977). Víctor es el candidato de un partido político (de ideología progresista, de izquierda, pero no comunista) para el congreso de los diputados. No es de la provincia; fue enviado desde Madrid, como «paracaidista». Hace poco ha finalizado la dictadura franquista. Víctor no tiene buena salud. Es un hombre sereno y razonador. Al entrar en la sede del partido, charla con Arturo, trajeado y altivo, candidato al senado (luego sabremos que es el marido de Laly, al menos formalmente). Hacen publicidad a lo Kennedy, en plan escenas espontáneas y familiares. Cierta tensión entre ellos. Entra en la sede, un piso destartalado, pero lleno de gente, militantes que preparan carteles y sobres electorales. Actividad frenética. Saluda a Carmelo, un calvo fuerte que dirige el trabajo que allí se realiza. Rechazan el borrador de una carta a los electores porque es muy larga y está llena de sermones. Carmelo y Víctor piden algo más claro, breve y directo. Habla con Rafa, un cuadro medio activo y muy ideologizado; también con Laly, la atractiva mujer de Arturo. Critican a Alianza Popular y al Partido Comunista por oportunistas. Hay mucho ruido en el piso convertido en cuartel general; suena música y una tele; fragor continuo. Citan a Suárez, el presidente del gobierno con UCD; goza de una potente maquinaria electoral.
II
Dani es el jefe del partido en la provincia. Lidia por teléfono con los jefes de Madrid. Trata de imponer orden y concierto en la campaña electoral; mítines en pueblos, pegadas de carteles, distribución de folletines, entrevistas en los medios de comunicación, etc. Organiza una batida electoral para unos pueblos del norte. El “ plan es comer en Refico y, por la tarde, subir a Cureña, Quintanabad y Martos. A la hora de la cena podemos estar de vuelta”, dice Rafa. Van en 124 (se entiende, un Seat). A Rafa, algo acelerado e impertinente, le gusta Laly, que no le hace mucho caso; esta es feminista.
III
Víctor Velasco tiene 37 años, de los cuales siete los pasó en la cárcel. Es especialista en la Edad Media, o eso parece.  Rafa, Víctor y Laly toman el coche y se dirigen al norte de la provincia, a los pueblos perdidos y semiabandonados. Tras atravesar tras el páramo, inician un descenso a un valle. Escuchan en una casete zarzuela que pide Víctor; luego, Pink Floyd, de Rafa y Laly. Discusión acalorada y estéril sobre el feminismo; Laly es combativa; Rafa y Víctor, más conciliadores. Se cruzan con unos conocidos de otro partido, liderados por Agustín, aparcados al lado de la carretera; se insultan, amenazan y aceleran.  Al fondo, se divisan las montañas blancas por la nieve. Toman un vino en Berrueco. Dos viejos y el tabernero medio se ríen de ellos, medio desconfían y les contestan ambiguamente a la pregunta de si ha pasado por allí alguien del partido pegando carteles; se referían a Ángel el Cojo. Cogen el coche y se dirigen a Refico.
IV
Laly oposita sin mucho éxito; había estudiado Exactas. Rafa tiene 23 años y está en segundo de derecho, así que no avanza mucho en sus estudios. Es “hijo de viuda y cuatro hermanitos a su cargo”, dice él de sí, para completar el cuadro dramático. Rafa tontea insistentemente con Laly; le pide besitos, le pasa la mano por la cadera. Ella le llama “cacho puto”, ya un poco harta. Laly se casa a los diecinueve y su matrimonio ha fracasado. Rafa reniega del matrimonio. Quiere vivir bien y disfrutar de la vida; lo ve compatible con su ideología progresista. Se ven las contradicciones de una ideología “socialista” y las ganas de vivir placenteramente sin trabajar mucho, ni grandes esfuerzos. Víctor escucha a María Dolores Pradera y Cucho Sánchez. El paisaje empieza a ser montañoso. Paran a contemplar el paisaje de la hoz del río, los farallones, el bosque de robles al fondo. A Víctor le gusta mucho. También a Laly, casi nada a Rafa. Ya son las cinco y llegarán tarde a Cureña; los asistentes al mitin llevarán esperando media hora.
V
Cureña está aparentemente abandonando; casas desportilladas, tejados caídos, cristales rotos. Atraviesan el pueblo por una calle estrecha, en el coche; da a una plazuela, por donde pasa un arroyo. Los saluda el señor Cayo. Hay otro vecino, con el que no se habla, pue se llevan mal. Va a recoger un enjambre y meterlo en una colmena y lo acompañan. Se ayuda de un saco de paja (“escriño”) y un fuelle con humo. Baja el enjambre de la punta de un roble y las mete poco a poco en el “dujo” (colmena). Mata un lagarto con un palo, porque les gusta mucho la miel. Víctor le ayuda con el fuelle.
VI
Se dirigen a un huerto. Entresaca remolacha y la replanta en un trocito excavado. Le mete el agua. Se acerca a un remanso del arroyo, saca de un retel dos docenas de cangrejos. Va a cumplir ochenta y tres años. Tiene dos hijos, con coche; él vive en Baracaldo; ella, en Palacios, donde lleva la tienda y el bar. Les da el nombre de plantas y árboles, así como su uso. La malva sirve para aligerar el vientre. Rafa protesta por el tiempo que llevan allí, pues Dani se enfadará si no van a los otros pueblos, pero a Víctor le da igual. El pueblo se ha ido despoblando desde la guerra civil. A un vecino lo entierra allí cerca, porque él solo no puede subirlo al cementerio. Una pareja de cárabos anida dentro de una caseta, del horno de pan.
VII
Visitan la gruta escondida por la cascada, en un farallón. Es espaciosa; allí se refugian cuando vienen los soldados, de cualquier bando, durante la guerra; siguen el consejo del cura, un hombre prudente. Fusilan a los dos alcaldes en siete días. Paulino, un vecino, por los sesenta, extrae una fecha jugando con la baraja y se apuesta que muere ese día; en efecto, se suicida y el perdedor paga su funeral. Un soldado, en la guerra, deja a su hija (de Paulino) embarazada; le afecta mucho. Luego suben a la ermita románica, al lado del cementerio. Es coqueta, hermosa, noble y pura. Víctor y Laly la admiran y disfrutan; Rafa protesta con un lenguaje chabacano que ya está bien de visita y se quiere volver. De vuelta al pueblo, cae una tormenta y se mojan.
VIII
Vuelven a casa del señor Cayo. Los invita a cenar. Prende fuego en el lar  y cuelgan las ropas mojadas. Rafa está desnudo de torso. Comen chorizo y queso y unos roscos, todo hecho en casa. No lee (su mujer sí lo hace), tiene labor; si nieva mucho, ve cómo lo hace. Baja a Refico a las cosas importantes. Habla el quince de cada mes con Manolo “el de la Coca Cola”. Se casa en 1923. Se entera de la muerte de Franco tres semanas después, y, en el fondo, le da igual, porque su vida es la misma, con Franco o sin él. No sabe si irá a Refico a votar. Rafa se excita y le larga un pequeño mitin, pero el señor Cayo queda perplejo. No se considera pobre. Víctor arroja al fuego las papeletas de votar. Se acerca un coche.
IX
Es un tal Mauricio y Goyo, y otro más, de un partido de la derecha, casi extrema. Discuten. Le meten un pasquín en la boca al señor Cayo; otro a Víctor. Pegan un cartel encima de otro de Víctor. Al final, le dan una patada en las partes a Víctor y salen pitando. Los tres se despiden del señor Cayo. Es de noche, cerca de las once. Pasan Quintanabad. Llegan a Martos; la cantina está abierta, con una señora hermética que la atiende. Víctor y Rafa se emborrachan con coñac “Veterano”. Rafa acosa a Laly, que lo aparta llamándole “cacho puto”. Rafa se duerme en el coche. Víctor se siente mal. Paran y vomita. Se despeja y habla de su admiración por el señor Cayo. Él sí tiene una gran cultura, sabe nombres de animales y plantas, y su uso. 
X
Llegan a la ciudad, a la sede del partido. Al salir del coche vocean y trastabillando por el alcohol. La gente de una cafetería de al lado mira divertida la situación. Los suben a la sede. Dani se enfada al ver la situación. A Rafa, que ahora repite la frase de Víctor, “Hemos ido a redimir al redentor”, lo cogen y se lo llevan a casa. Víctor, muy borracho, habla del señor Cayo como un sabio, un hombre perfecto. Si no hubiera nada en el mundo, el señor Cayo podría sobrevivir con sus conocimientos naturales, pero los demás morirían, incluido él, Víctor. Lo llevan a casa de Laly, a hurtadillas, para que los periodistas no se enteren. Le dan dos valium y lo echa en la cama. Ángel Abad y Ayuso ayudan a la operación. Cuando ya está en la cama, los llama, se rasga la camisa y les enseña dos costurones en su pecho, todavía sanguinolentos, que le habían hecho los de Mauricio, de un partido de ultraderecha. Todos quedan petrificados. Víctor dice que “esto no tiene remedio. Es como una maldición”, refiriéndose al cainismo español.
1.2. Temas
Los temas que plantea la novela son:
-Defensa del mundo rural, olvidado de todos, pero digno en su vida miserable, con un sistema de valores firme y claro. Se denuncia la inmigración
-Alabanza de la vida natural del campesino, en compenetración con el campo. El señor Cayo no se siente pobre para nada.
-Crítica y burla del pensamiento ligero, fanático y expresado burdamente de los urbanitas, y en concreto, de los políticos.
-Necesidad del sosiego y la reflexión, junto con el diálogo, para establecer bases sólidas de una sociedad sana.
1.3. Apartados temáticos o estructura narrativa
El texto posee una estructura clásica:
-Introducción o presentación de los personajes, el contexto y el conflicto  (los dos primeros capítulos): España, en 1977, en plena campaña electoral. Un partido, parece que puede ser el PSOE, organizando y ejecutando su campaña electoral. Víctor y Laly son los cabezas de lista para el congreso. Van al día siguiente a hacer campaña a unos pueblos de la sierra, en la montaña, aislados y medio vacíos por la inmigración.
-Nudo o desarrollo (capítulos III-IX): Laly, Rafa y Victor se dirigen en coche a los pueblos elegidos. En Cureña se encuentran con el señor Cayo. De ese encuentro surge una profunda lección moral para los urbanitas políticos. El viejo campesino les enseña su modo de vida con sus pequeñas faenas agrícolas diarias. Cenan con él y su mujer y emprenden el camino de vuelta.
-Desenlace o resolución y cierre de la trama (capítulo X): se emborrachan los dos hombres por el camino, llegan a la ciudad y sus compañeros han de esconderlo para que nadie lo vea y salga en los periódicos con su borrachera. Reconocimiento de la superioridad moral del señor Cayo sobre los demás.
1.4. Personajes
-El señor Cayo: viejo campesino que va a cumplir ochenta y tres años en unos meses. Se ha dedicado a la agricultura y ganadería de subsistencia. Casado con una mujer muda, de la que no se dice el nombre. Dos hijos que han emigrado. Vive de su labor agrícola, sin mayores complicaciones. Posee el viejo pensamiento del campesino tranquilo y conforme con su destino. Dice que no es pobre; no lo es en saberes y conocimiento natural; sí lo es desde el punto de vista económico, pero le da igual. Vive muy aislado; ve al de la Coca Cola una vez al mes, pero no se siente solo. Tiene un vecino con el que no se habla. Su mujer y sus hijos ocupan un papel secundario en la novela, aunque importante en su universo; piensa que los hijos han de cuidar de los padres cuando son mayores.
-Víctor Velasco: venido de la capital, de Madrid, es candidato de un partido político innominado, pero parece el PSOE. Tiene sus años de cárcel por sus actividades antifranquistas. Es un hombre reflexivo. Al final, cae rendido ante los valores morales y existenciales del señor Cayo. Su borrachera es su derrota. Es educado y comedido con todos; se siente algo desplazado en un tiempo en que los jóvenes ya escuchan otra música y leen otras cosas. Digno, al final enseña las cuchilladas que le asestan los fanáticos de ultraderecha, hasta entonces escondidas. Cae en el fatalismo sobre la historia de España.
-Laly: es la segunda candidata de ese partido. Es una mujer guapa y atractiva, pero con un matrimonio roto con el candidato al senado, Arturo. Es feminista, lo que provoca cierta compasión de los hombres. Tiene un sentido práctico de las cosas y exhibe mucha paciencia para soportar a los dos hombres; Rafa, sobón; Víctor, patético.
-Rafa: joven militante del partido, muy comprometido. Abandona la carrera en la universidad en segundo y está entregado al partido. Su habla avulgarada, que él cree muy moderna, delata su superficialidad ignorante. Piensa que la bondad de sus ideas políticas perdonan todos los deslices, incluido su afición a la buena vida y a las mujeres; casi es sobón; Laly lo tilda de “cacho puto” en varias ocasiones.
-Dani: es el jefe del partido político. Manda sobre los demás para tratar de obtener rédito electoral en todas sus acciones. Es el típico político que trata de tenerlo todo controlado, pero se ve pillado por la presión de los jefes en Madrid, se entiende. Pide practicidad para salir adelante ante los reveses. Sus ayudantes, Ayuso y Ángel Abad son del mismo corte; gente más bien joven que se entregan a una causa política esperando también recibir sus beneficios.
1.5. Lugar y tiempo
El lugar está bien delimitado: en parte, una capital de provincias castellana, como Burgos, Palencia o León; las tres presentan la misma característica geográfica común: la provincia tiene una franja montañosa calcárea en el norte, con pueblos en la sierra. La mayoría de la novela discurre en el pueblo de Cureña (en León existe el río Curueño); un enclave semiabandonado, flanqueado por la montaña. Tranquilo por haber sido abandonado por sus viejos habitantes.
El tiempo de la acción narrativa se puede acotar alrededor de 1977, momento de las primeras elecciones democráticas libres en España. Se mientan políticos como Adolfo Suárez y José María de Areilza, personajes históricos que, en efecto, fueron protagonistas políticos de esos momentos. La duración de la acción se circunscribe a un día, desde el anochecer de una jornada, hasta la siguiente
1.6. Narrador
La acción nos llega a través de un narrador en tercera persona, no del todo omnisciente, ni objetivo, ni externo. El narrador focaliza a través de Víctor al principio y al final; a través del señor Cayo en la parte central de la novela. No disimula su admiración por la sabiduría natural del señor Cayo, ni por la flexibilidad de pensamiento de Víctor. Es mayor que Rafa y Laly, pero es quien mejor entiende al viejo campesino. Su modo de expresarse está empapado del léxico del señor Cayo, de modo que parece que es éste quien cuenta cuando están en el pueblo.
Ocurre como que el narrador renuncia a su rol de observar y contar para dejar que sean los dos personajes citados quienes entren en su conciencia y relaten como ellos desean. Es como si el narrador también apreciara la superioridad moral de los dos personajes y cediera gustoso su papel narrativo. El resultado es asombroso, original y muy convincente. Intensifica la verdad poética del texto.
1.7. Comentario estilístico
El autor, Miguel Delibes, utiliza los tres procedimientos narrativos: narración, descripción y diálogo, con extraordinario acierto y proporción. Los diálogos del señor Cayo, breves y sentenciosos, recogen muy bien el modo de ser y hablar del rural castellano: pocas palabras y con la claridad meridiana requerida.
Delibes emplea gran cantidad de recursos estilísticos con un extraordinario acierto. Veamos un extracto tomado del capítulo VIII como muestra:
La vieja, que se había sentado en una sillita de paja, un poco apartada, orilla de la alacena, les observaba, inmóvil, con sus ojillos afilados, cercados de patas de gallo. Aclaró el viejo:
    —Los roscos son de la fiesta del domingo.
    —¿Hicieron fiesta?
    —La Octava, de siempre, desde chiquito la recuerdo.
    —Octava, ¿de qué?
   —De Pentecostés, claroó. O sea, por mayor, bajamos todos a Refico en carros o en borricos, donde se tercie. Y a la puerta de la iglesia se subastan los roscos y los mojicones. Y lo que se saca, para la Virgen. No crea que tiene más ciencia.
    Hizo un alto el señor Cayo, que se había sentado en un tajuelo, cerrando el corro, y se quedó mirando fijamente para las llamas. Al cabo de una larga pausa, añadió:
    —De regreso de una de estas romerías, el año que llevé el pendón, o sea, el veintitrés, que ya ha llovido, nos comprometimos. Yo la aupé a ella al borrico y la dije: «Sube». Y ya se sabía, que así era la costumbre, si ella subía era que sí y si ella no subía era que no. Pero ella subió y para diciembre nos casamos.
    —Estaba por usted, vamos —dijo Rafa, prendiendo un cigarrillo con un ascua de la chimenea.
    —Mire.
    Volvió a llenar las tazas el señor Cayo. Luego se levantó, salió y volvió con una brazada de leña que depositó sobre las brasas, en el hogar:
    —¿Todavía tienen frío? —preguntó.
    Víctor se palpó los bajos de los pantalones, que humeaban:
    —Ya están casi secos —dijo.
    La llama rompió ruidosamente entre los sarmientos. Rafa apartó la cara. Laly miró en derredor y dijo:
    —¿No tienen ustedes televisión?
    El señor Cayo, acuclillado en el tajuelo, la miró de abajo arriba:
    —¿Televisión? ¿Para qué queremos nosotros televisión?
    Laly trató de sonreír:
    —¡Qué sé yo! ¡Para entretenerse un rato!
    Dijo Rafa, después de mirar en torno:
    —¿Y radio? ¿Tampoco tienen radio?
    —Tampoco, no señor. ¿Para qué?
    Rafa se alteró todo:
    —¡Joder, para qué! Para saber en qué mundo viven.
    Sonrió socarronamente el señor Cayo:
    —¿Es que se piensa usted que el señor Cayo no sabe en qué mundo vive?
    —Tampoco es eso, joder, pero no estar incomunicados, digo yo.
    Víctor seguía el diálogo con interés. Intervino, conciliador:
    —Entonces, señor Cayo, ¿pueden pasar meses sin que oiga usted una voz humana?
    —¡Quiá, no señor! Los días quince de cada mes baja Manolo.
    —¿Qué Manolo?
    —El de la Coca-Cola . Baja de Palacios a Refico, en Martos todavía hay cantina.
    —Y ¿entra en el pueblo?
    —Entrar, no señor, bajo yo al cruce y echamos un párrafo.
    Víctor se mordió el labio inferior. Dijo:
    —Pero vamos a ver, usted, aquí, en invierno, a diario ¿qué hace? ¿Lee?
    —A mí no me da por ahí, no señor. Eso ella.
    Rafa cogió el cabo de un palo sin quemar y lo colocó con las tenazas sobre las ascuas. Luego, sopló obstinadamente con el fuelle de cuero ennegrecido hasta que hizo saltar la llama. La vieja, junto a la alacena, ladeaba mecánicamente la cabeza, como para escuchar o para dormitar, pero en el instante de cerrársele los párpados, la enderezaba de golpe. Víctor bebió otra taza de vino y se la alargó, luego, al señor Cayo para que la llenara de nuevo. Añadió al cabo de un rato:
    —Pero si usted no lee, ni oye la radio, ni ve la televisión, ¿qué hace aquí en invierno?
    —Mire, labores no faltan.
    Insistió Víctor:
    —Y ¿si se pone a nevar?
    —Ya ve, miro caer la nieve.
    —Y ¿si se está quince días nevando?
    —¡Toó, como si la echa un mes! Agarro una carga y me siento a aguardar a que escampe.
    Víctor movió la cabeza de un lado a otro, desalentado. Laly tomó el relevo:
    —Pero, mientras aguarda, algo pensará usted —dijo.
    —¿Pensar? Y ¿qué quiere usted que piense?
    —Qué sé yo, en el huerto, en las abejas… ¡Algo!
    El señor Cayo se pasó su mano grande, áspera, por la frente. Dijo:
    —Si es caso, de uvas a brevas, que si me da un mal me muero aquí como un perro.
    —¿No tienen médico?
    —Qué hacer, sí señora, en Refico.
    Saltó Rafa:
    —¡Joder, en Refico, a un paso! Y ¿si la cosa viene derecha?
    El señor Cayo sonrió resignadamente:
    —Si la cosa viene por derecho, mejor dar razón al cura —dijo.
    A Rafa se le habían formado dos vivos rosetones en las mejillas que acentuaban su apariencia infantil. Hizo un cómico gesto de complicidad a Laly:
    —Alucinante —dijo.
    El señor Cayo aproximó un rosco a la muchacha:
    —Pruebe, están buenos.
    Laly partió un pedazo con dos dedos y lo llevó a la boca. Masticó con fruición, en silencio:
    —Tienen gusto a anís —dijo.
    La vieja asintió. Emitió unos sonidos guturales, acompañados de un desacompasado manoteo y sus manos, arrugadas y pálidas, con la toquilla negra por fondo, eran como dos mariposas blancas persiguiéndose. Al fin, de una forma repentina, se posaron sobre el halda. El señor Cayo, que no perdía detalle, dijo cuando la mujer cesó en sus aspavientos:
    —Ella dice que lo tienen. Y también huevos, harina, manteca y azúcar.
    —Ya —dijo Laly.
    Víctor volvió a la carga:
    —Díganos, señor Cayo, ¿cómo baja usted a Refico?
    —En la burra.
    —¿Siempre bajó en la burra?
  —No señor, hasta el cincuenta y tres, mientras hubo aquí personal, los martes bajaba una furgoneta de Palacios. Y, antes, hace qué sé yo los años, estuvo la posta —sonrió tenuamente—, donde Tirso cambiaba los caballos.
    Víctor apartó los pies de la lumbre:
    —Y ahora ¿quién le trae el correo?
    —¿Qué correo?
    —Las cartas.
    El hombre rompió a reír:
    —¡Qué cosas! —dijo—: Y ¿quién cree usted que le va a escribir al señor Cayo?
    —Los hijos, ¿no?
    Hizo un ademán despectivo:
    —Ésos no escriben —dijo—: Tienen coche.
Del texto anterior se pueden deducir los rasgos básicos del estilo delibeseano. El léxico es de una precisión asombrosa, muy visible en las descripciones y narraciones del mundo natural, referidas a las actividades agrícolas del señor Cayo. Los diálogos caracterizan con mucha contundencia a los personajes; quedan retratados con su modo de hablar, vulgar (como el de Rafa), excitado (cualquiera de ellos cuando se acaloran, hablando de política u otro tema), sereno y reflexivo o sentencioso (como Víctor cuando está sobrio, el del señor Cayo en todo momento), etc. 
Delibes emplea el lenguaje con una propiedad asombrosa. Las descripciones resultan exactas, vivas y plásticas. Sean referidas al mundo, sean al urbano, o a las personas, ofrecen una imagen significativa y potente del objeto pintado (la presentación del señor Cayo, por ejemplo, es muy feliz). A los objetos y seres se les llama por sus nombres exactos, casi siempre de uso reducido, o francos arcaísmos ya. Las narraciones cuentan acciones con viveza y precisión, sin rodeos ni omisiones. 
Un enorme acierto de este texto (y otros muchos de nuestro escritor) es que, bajo una estructura narrativa aparentemente sencilla, casi intranscendente por momentos, se atesoran trozos de vida, de verdad poética. Asimismo, la carga reflexiva es de una potencia ineludible. Aquí, se dirige hacia la defensa del mundo natural, el respeto a los mayores que viven medio apartados en pueblos semiabandonados, la crítica burlona a gente de la ciudad que piensa mal y habla peor, etc. 
1.8. Interpretación y valoración
El disputado voto del señor Cayo es una maravillosa y profunda novela que no deja indiferente al lector. Aborda varios temas de gran calado y significación: el abandono del mundo rural, la emigración masiva de posguerra, que dejó semidesértico muchos pueblos del rural español; la falta de diálogo constructivo entre los distintos partidos políticos (aquí, la pulsión cainita de los españoles se expone con toda crudeza, clamando por una respuesta colectiva); el papanatismo de muchos jóvenes que desprecian lo viejo o lo antiguo; el arribismo de políticos oportunistas que pronto adoptan las costumbres burguesas que critican en sus discursos políticos, etc. Como siempre en Delibes, prefiere la presentación a la demostración; deja que sus personajes hablen y actúen con libertad. La obra se erige en una defensa del mundo natural rural y tranquilo, en este caso, en el ámbito castellano. No es que todo allí sea perfecto, pues son dos vecinos en Cureña y no se hablan, pero se vive en  armonía con el mundo natural.  Sin embargo, quien aparece en la novela, el señor Cayo, vive equilibrio, con respeto, hacia el mundo natural.
La vida urbana se dibuja con tintes más bien negativos. El engreimiento y sentimiento de superioridad de los urbanitas cuando se acercan al mundo rural es notable y se hace desagradable para el lector; pronto comprendemos que la sentencia de Víctor: “el redimido es el redentor”, referido al señor Cayo, está lleno de verdad y belleza, que a él lo sobrecoge. El final de la novela es muy amargo, triste y preocupante. ¿No puede existir la concordia entre españoles? ¿Acaso la convivencia respetuosa y asentada en el diálogo y la transacción no es posible entre nosotros? Víctor ha sacado de su experiencia rural heridas físicas, pero, sobre todo, morales, comprimidas en la lección de dignidad del señor Cayo: para una vida plena y con sentido, no hace falta tanta parafernalia ni tramoya política, verbal, ideológica, etc.
Las dimensiones, más bien reducidas, de la novela hacen de ella una lectura muy amena y ligera; no existen digresiones ni rodeos, lo que permite abordar el asunto principal directa e incisivamente. El estilo concentrado y el magnífico empleo del registro coloquial (y hasta vulgar, en boca de los políticos urbanitas) frente al rural, depurado, claro y sentencioso transforman la lectura en un viaje a un mundo rural en vías de extinción.
Por eso la lectura nos deja un poso de amargura y nostalgia. Sabemos que los especímenes como el señor Cayo desaparecieron del todo. Pero vivían en su humilde verdad y en su sintonización serena y amable con la naturaleza. La novela, en efecto, es un prodigio narrativo.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes, centrándote principalmente en el dúo formado por el señor Cayo y por Víctor. 
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué idea de la vida del campesino rural nos llega de esta novela? 
2) El hecho de que los políticos de diferentes partidos se peleen entre sí, ¿cómo se puede interpretar desde el punto de vista social? 
3) ¿Qué actitudes de los urbanitas se observan ante la vida apartada del señor Cayo y su mujer?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la armonía y equilibrio entre el mundo natural y el hombre? 
5) El tiempo, ¿discurre igual para los campesinos que para la gente de ciudad? Aporta ejemplos que corroboren tu opinión
6) ¿Qué significación se encierra en la embriaguez de Víctor y Rafa?  
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese la vida natural y su contraste con la de la ciudad, de una persona corriente y moliente. Puedes imprimir un sentido crítico, como ha realizado Miguel Delibes.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de una vida en armonía con la naturaleza, con respeto mutuo, siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.
2.4. Comentario de texto específico
(Extracto tomado del capítulo V)
Una voz levemente empañada, comedidamente cordial, les alcanzó desde el otro lado del riachuelo:
    —Buenas…
    Los tres se sobresaltaron. Un hombre viejo, corpulento, con una negra boina encasquetada en la cabeza y pantalones parcheados de pana parda, les miraba taimadamente, desde la puerta, bajo el emparrado de la casa. Víctor, al verle, franqueó la lancha que salvaba el arroyo y se dirigió resueltamente hacia él:
    —Buenas tardes —dijo al llegar a su altura—: Dígame. ¿Podríamos hablar un momento con el señor Alcalde?
    El hombre le miraba con sus azules ojos desguarnecidos en los que aparecía y desaparecía una remota chispa de perplejidad:
    —Yo soy el Alcalde —dijo jactanciosamente.
    Portaba una escriña en la mano derecha y una escalera en la izquierda. Víctor se aturdió:
    —¡Oh!, perdone —dijo—: Venimos por lo de las elecciones, ¿sabe?
    —Ya —dijo el hombre.
    —¿Sabrá usted que el día quince hay elecciones, verdad?
    —Algo oí decir en Refico la otra tarde, sí señor.
    Víctor observaba los bordes pardos, deslucidos por el viento y las lluvias, de la boina del hombre, su hablar mesurado y parsimonioso. Vaciló. Al fin se volvió atropelladamente hacia Laly y Rafa:
    —Éstos son mis compañeros —dijo.
    En el rostro del hombre, de ordinario impasible, se dibujó una mueca ambigua. Adelantó hacia ellos, a modo de justificación, la escriña y la escalera:
    —Tanto gusto —dijo—: Disculpen que no les pueda ni dar la mano.
    En la puerta de la casa apareció un perro descastado, la oreja derecha erguida, la izquierda gacha, el rabo recogido entre las patas y se dirigió a Víctor rutando imperceptiblemente.
    —¡Quita, chito! —dijo el hombre, moviendo enérgicamente la cabeza hacia un lado.
    El perro cambió de dirección y se parapetó tras él. El viejo apoyó los pies de la escalera en el suelo y penduleó la escriña. Dijo Víctor:
    —Diga usted, ¿no habrá por aquí un local donde reunir a los vecinos?
    —¿Qué vecinos? —preguntó el hombre.
    —Los del pueblo.
    —¡Huy! —dijo el viejo sonriendo con represada malicia—: Para eso tendrían ustedes que llegarse a Bilbao.
    —¿Es que sólo queda usted aquí?
    —Como quedar —dijo el viejo indicando con la escriña la calleja—, también queda «ése», pero háganse cuenta de que si hablan con «ése» no hablan conmigo. De modo que elijan.
    Rafa, tras Víctor, le dijo a Laly a media voz: «Ahora sí que la hemos cagado». Sacó del bolsillo del pantalón un paquete de tabaco y ofreció al hombre un cigarrillo:
    —Gracias, no gasto.
    Víctor insistió:
    —¿De modo que sólo quedan ustedes dos?
    —Ya ve, y todavía sobramos uno. Aquí contra menos somos, peor avenidos estamos.
    Víctor puso el pie derecho en el poyo de la puerta y se acodó en el muslo. Dijo forzadamente, con notoria incomodidad:
    —En realidad nosotros sólo pretendíamos charlar un rato con ustedes, informarles.
    Brilló de nuevo el asombro en las pupilas del viejo:
    —¡Tóo!, lo que es por mí, ya puede usted informarme.
    La cabeza de Víctor osciló de un lado a otro:
    —Bueno —dijo, al cabo—, así, en frío, mano a mano, no es fácil, compréndalo… Pero, en fin, lo primero que debemos decirle es que estas elecciones, las elecciones del día quince, son fundamentales para el país.
    —Ya —dijo lacónicamente el viejo.
    —O sea, que es una oportunidad, casi le diría «la» oportunidad, y si la desaprovechamos nos hundiremos sin remedio, esta vez para siempre.
    El rostro del viejo se ensombreció. Parpadeó por dos veces. Se tomó un poco de tiempo antes de preguntar:
    —Y ¿dónde vamos a hundirnos, si no es mala pregunta?
    Víctor se acarició las barbas:
    —Bueno —respondió— eso es largo de explicar. Nos llevaría mucho tiempo.
    Bajó el pie al suelo y dejó caer los brazos a lo largo del cuerpo, desalentado. Laly se llegó al riachuelo y metió la mano en el agua. La sacó al instante, como si se hubiese quemado:
    —Está helada —dijo.
    El hombre miró a la gruta:
    —A ver, es agua de manantial.
    Laly se aproximó a él:
    —¿Es éste el arroyo que arma la cascada ahí abajo, a la entrada del pueblo?
    —¿Las Crines?
    —No sé, digo yo que serán las Crines.
    —Esta agua es —sentenció el hombre.
    En el hueco negro de la puerta, bajo la parra, apareció, una mujer vieja, de espaldas vencidas, enlutada, con un pañolón atado bajo la barbilla y una lata entre las manos temblorosas. El hombre ladeó la cabeza y dijo a modo de presentación:
    —Aquí, ella; es muda.
    Laly y Víctor sonrieron:
    —Buenas tardes.
    La vieja correspondió con una inclinación de cabeza, se adelantó hasta el borrico, bajo el nogal, y comenzó a emitir unos ásperos sonidos guturales, como carraspeos, al tiempo que desparramaba, a puñados, el grano de la lata. Las gallinas rojas de la cascajera acudieron presurosas a la llamada y comenzaron a picotear en torno a ella. Rafa miró a lo alto, a las chovas de los cantiles:
    —¿Y no les hacen nada los bichos ésos a las gallinas?
    En la boca del viejo se dibujó una mueca despectiva:
    —¿La chova? —inquirió burlonamente—: La chova, por lo regular, no es carnicera.
    Al concluir el grano, la mujer dio vuelta a la lata y sus dedos descarnados tamborilearon insistentemente en el envés, y dos gallinas rezagadas corrieron hacia ella desde la gruta. Víctor se sacudió una mano con otra. Le dijo al viejo:
    —Bueno, creo que estamos importunándole.
    —Por eso, no —replicó el hombre. Y añadió como justificándose—: Iba a coger un enjambre, si ustedes quieren venir…
    A Víctor se le iluminó la mirada:
    —¿De veras no le importa que le acompañemos?
    —¡Tóo! Y ¿por qué había de importarme?
    —En realidad —prosiguió Víctor, intentando de nuevo una aproximación—, todavía no nos hemos presentado. Yo me llamo Víctor, mi amiga Laly y mi amigo, Rafael. ¿Cuál es su nombre?
    —Cayo, Cayo Fernández, para servirles.
    —Pues nada, señor Cayo, si me permite, le echo una mano —asió la escalera por un larguero.
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del poema; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Miguel Delibes: «Diario de un cazador»; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes – Diario de un cazador (1955)

  1. ANÁLISIS
  2. Resumen

El texto es un diario de Lorenzo, bedel de una institución educativa, tal vez un Instituto de su ciudad. Comienza el 15 de agosto de 1954, que es viernes. Acaba el 25 de enero de dos años después. Es, pues, un año y medio, aproximadamente.

Expone directamente el día a día de un joven de vida humilde y pocas posibilidades económicas. Le gusta mucho la caza. Sale a cazar muchos días, con sus amigos, de forma legal e ilegal, con veda y sin ella. Mata perdices, codornices, torcaces, liebres, todo lo que vuela y corre por el campo.

Su sueldo de conserje es bajo, lo que lo mortifica bastante porque limita su deseo de cazar. Saca sobresueldo de dar las notas y gestionar matrículas. Vende apuntes de matemáticas. Se hace acomodador de un cine durante unos meses, pero es trabajo esclavo y lo deja. Luego vende cupones de la parroquia.

Don Basilio, el director del instituto, le exige que vista de gorra y se quite el blusón, y no le gusta. El profesor de francés se casa con la de alemán tras un noviazgo vigilado por Lorenzo. Él va de uniforme de librea para abrir la puerta del coche a los novios; no le hace gracia, pero lo acepta (le pagan 25 pesetas).

Carmina, su vecina de bloque, hija del señor Moro, es muy guerrera; le roba algo de ropa y la piel de una liebre.

Caza con sus amigos: Melecio (su mejor amigo, casado con Amparo, y con un hijo con su nombre, quien muere ahogado a media novela; es un hombre sereno y asentado; propietario de Dolly, la perra, que caza muy bien), Tochano (carácter algo violento y bravucón), Pepe (muere a medio libro por un accidente de caza; le da unos culatazos a su perro por no haber cazado bien y se le dispara al hombro la escopeta), Zacarías (discute y se pegan una vez, estando de caza, por quién había matado la pieza; al final hacen las paces) y algunos otros menos asiduos.

Don Florián es el cura del barrio, también antiguo cazador. Lo respeta mucho Lorenzo y le pide consejo. Había sido compañero de caza del padre de Lorenzo.

Asterio es el sastre; trabaja escuchando mambos.

La hija del buñolero, Anita, es guapa. Lorenzo se enamora de ella; tiene 19 años y duda si formalizar su relación de novios. Trabaja de peluquera. Tienen broncas y él achanta por la cuenta que le tiene.

Modes es su hermana; tiene cuatro hijos; está casada con Serafín, que es un borrachín. Modes sufre un aborto, pero luego se recupera y trae dos criaturas gemelas muy sanas.

Don David es el dueño del bar “España”, donde toman café y echan la partida todos los días los amigos de caza. Al final, vende el café a un banco y ellos se van al “Novelty”.

Lorenzo quiere comprar una escopeta nueva; le ayuda el guardia civil Aquilino; va a la subasta con 500 pesetas, pero la compran por 1700 y queda sin ella. Se deja bigote, pero le crece más de una parte que de otra. Vive con su madre, una mujer mayor (al final de la novela le da una apoplejía y queda encamada). A ella le gusta ver pasar el Talgo. 

Tino es un hermano, churrero, en Madrid. Su mujer está malita; la abren y la cierran (parece que sufre cáncer); adoptan a un niño del hospicio; Tino está como loco; al final, el adolescente adoptado les roba 2000 pesetas y se da a la fuga. Lo pillan en Guadalajara y lo meten al reformatorio.

Gana un premio de tiro a la perdiz. Obtiene 12.000 pesetas, a repartir entre los cuatro amigos.

Intentan hacer una banda de música donde Melecio tocaría la flauta; tocan una vez y se deshace. Melecio trabaja en una sierra; vive en una casa exenta, a las afueras.

Tochano se casa con Paula. Celebración alegre y discreta.

Narra muchos días de caza por los pueblos de Valladolid: Quintanilla, Ubierna, lo de Muro, lo de Ortega. Se desplaza en bicicleta (le llama la burra), o coge el tren o el autobús de línea, o aprovecha los desplazamientos del lechero.

En San Roque ganan un premio por el animal mejor endomingado, con “Dolly”. No es mucho, pero ayuda a la pobre economía doméstica.

Preparan los cartuchos en casa; compran el plomo y los rellenan en casa, para ahorrar.

El 30 de diciembre es un día especial por la boda de Tochano y Paula; los casa don Florián. Todos los amigos asisten a la boda: Tomasito, Zacarías con su señora, Melecio, su primo Esteban (arregló el contador porque su madre lo puenteaba para no pagar por la electricidad consunida), el Pepe, don David, Asterio y Juan. El diario se cierra, pero la vida cotidiana sigue, con sus luces y sombras.

  1. Temas de la novela

El libro plantea los siguientes temas:

-La vida rutinaria, pero auténtica, de un hombre normal y corriente. Sus problemas económicos, sus escarceos amorosos con Anita y su gran pasión por la caza.

-Dificultades para sobrevivir en una España pobre que todavía no ha superado la factura de la guerra civil.

  1. Lugar y tiempo de la acción narrada

Aunque nunca se da el nombre de la ciudad donde vive Lorenzo, podemos deducir que se trata de Valladolid; una ciudad provinciana, no muy grande, entregada a un ritmo tranquilo y sin sobresaltos.

El tiempo de la escritura se remonta a los años previos a 1955, pues la primera edición fue ese año. El tiempo de la acción narrada es contemporáneo al de la escritura. Se trata de una fotografía de la España de posguerra, con las cicatrices de la guerra civil no curadas del todo. La duración de la acción es de un año y medio, de agosto de 1954 a enero de 1956, pues las entradas en el diario están fechadas.

  1. Figura del narrador

En esta novela no existe el narrador, puesto que se trata de un diario escrito en primera persona. No hay nadie que mediatice la materia narrativa. Llega al lector como el protagonista lo ha escrito.

  1. Personajes

Lorenzo, lógicamente, es el protagonista, pues escribe su diario; se centra en sus vivencias, casi todas anodinas, cotidianas, vulgares incluso. Este bedel vive con muchos apuros económicos; lo mortifica mucho no poder comprar una escopeta nueva, pues es un gran apasionado de la caza. Es un tipo auténtico, en general razonable y leal en la amistad, pero con sus puntos de caprichismo, en lo relativo a la caza; algo fanfarrón y engreído, se pega con un amigo por una pieza de caza.

El resto de los personajes poseen una importancia solo relativa. Anita, la hija del buñolero, que es peluquera, adquiere importancia porque ambos se gustan y tratan de avanzar en un noviazgo con sus altibajos; malentendidos, exceso de orgullo y algunas disonancias por las expectativas y los impedimentos sociales para desarrollar un noviazgo normal van jalonando una relación que crece a trompicones.

Melecio es el gran amigo de Lorenzo. Comparten una alta afición por la caza. Salen juntos todos los días que pueden. Se entienden bien, comparten cartuchos, la perra Dolly, propiedad de Melecio y lo poco que poseen. Se respetan y se protegen en la medida en que pueden.

Los demás amigos cazadores no adquieren un relieve individualizador. Tochano (violento y arrebatado), Pepe (muere por un accidente de caza) y Zacarías (se pega con Lorenzo por la propiedad de una pieza abatida) son los más importantes. En este mismo nivel está la madre de Lorenzo, que vive con él, y su hermana Modes, muy cargada de hijos, mujer sufrida y de armas tomar; su marido Serafín se emborracha con frecuencia, pero obedece a su mujer.

  1. Comentario estilístico

La estructura de la novela respeta la división por días, según la entrada del diario. Las entradas son de extensión variable, aunque en general predominan las breves; no todos los días tienen su entrada, sino que se va avanzando a saltos. 

La novela, que no es muy larga, es una maravilla estilística por el empleo literario de un lenguaje popular, sencillo y apropiado. El rasgo estilístico más importante es el registro lingüístico que Lorenzo utiliza: se trata de una lengua popular, muy tradicional, coloquial (“gibar”, “marrajo”, etc.) y apropiado. La palabra que más repite es “lealmente”, referido a sus respuestas y actitudes frente a las situaciones cotidianas, y marca muy bien su carácter: sincero y directo, aunque muchas veces brusco. La sintaxis es sencilla, con cierta tendencia al laconismo, lo que casa muy bien con el personaje que se expresa, de cultura limitada. El léxico rural y tradicional (referido a la caza, por ejemplo) es de una precisión muy elevada. En boca de Lorenzo, queda muy bien y contribuye a la coherencia y perfil del personaje.

  1. Contextualización

Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920 – 2010) es uno de los más importantes novelistas españoles del siglo XX. Es un autor que se fija en la vida de los humildes pueblos castellanos, pobres, olvidados y, sin embargo, poblados por personas con gran autenticidad, nunca vistas como masa informe, sino como individuos, es decir, “el prójimo”, los demás como uno mismo, pero con otras circunstancias.

Ejerció el periodismo muchos años en El Norte de Castilla y la docencia en la Escuela de Comercio de la Universidad de Valladolid. Pasó por tres fases creativas: la primera, de iniciación y aprendizaje, se muestra muy bien en su primera novela publicada, La sombra del ciprés es alargada (1947). La segunda corresponde con el hallazgo de los temas, el tono, el ritmo y el estilo más apropiado a su idiosincrasia escritora. Aquí sobresale la bellísima El camino (1950). Del período de madurez proceden los más hermosos textos salidos de su pluma. Las ratas, precisamente, es la obra que inaugura esa fase creativa, que se cierra, con su última novela, El hereje (1998).

Delibes experimentó formalmente en varias novelas alcanzando resultados asombrosos y plenos de hallazgos estéticos, como Parábola del héroe, Cinco horas con Mario y Los santos inocentes. También escribió una treintena de cuentos de enorme calado y transcendencia, entre los que figura “La mortaja”, uno de los relatos breves más hermosos escritos en lengua española.

En sus obras existe un compromiso ético de gran envergadura. Se percibe muy bien la solidaridad con los desdichados, los desastrados y pobretos; complementariamente, se percibe una fuerte crítica al cinismo, la inmoralidad y la hipocresía de la burguesía castellana, ahogada por un egoísmo cerril y asfixiante. Delibes toma partido y clama por una sociedad más equitativa que respete a las personas y ofrezca oportunidades de progreso para todos.

Aportamos un texto para calibrar la excelente calidad literaria de este título delibeseano:

10 de febrero, martes

No me había metido en la cama cuando sentí el timbre de la puerta. “Algo pasa, Lorenzo. ¡Asómate!”, me voceó la madre desde la alcoba. Esto era anteanoche. Me eché el abrigo y me asomé por la azotea. Melecio aguardaba bajo un farol y me dijo que apurarse, que había sucedido algo.en lo que tardé en bajar no me hubiera cabido un pión en el culo. Ya en la calle me comunicó que el Pepe se había pegado un tiro y estaba diñándola. Echamos a correr calle arriba como dos locos. Al Llegar donde el Pepe, Zacarías nos explicó que al querer matar una liebre encamada a culatazos se le disparó la escopeta y le alcanzó el hombro. Le pregunté ei en lo de muro y dijo que sí. Pasamos a la alcoba y allí estaba la Patro dándole al Pepe buches de agua. Es divertido esto del Pepe. El padre y él andaban ajuntados con dos socias en la misma casa. También el padre estaba allí. Le pregunté al Pepe cómo había sido, pero no acertaba a hablar. Llegó el médico y al largarse dijo que había que ponerse en lo peor. Yo le dije a Zacarías que me iba buscar al cura. Me voceó que era inútil, pero ya iba yo corriendo escalera abajo y me decía: “No podemos dejarle morir como a un perro. No podemos hacer eso”. Don Florián bajó asustado y a pesar de que reuma le hacía cojear, cruzaba las calles como un relámpago. El Pepe preguntó al verle si venía como cura o como cazador y don Florián le contestó que dejara eso, que venía a echar un párrafo y por si le necesitase. El hombre jadeaba como un perro en agosto. Daba fatiga el verle. El Pepe le advirtió que de eso que se pensaba, ni hablar, pero don Florián lo he hizo caso y se sentó junto al catre. Zacarías, Melecio, el padre del Pepe y yo mirábamos todo desde la puerta como si nos hubieran clavado allí. Al rato, don Florián empezó a decirle al Pepe que él no era malo y que muchas de las cosas que había hecho y que sirvieron para que algunos le juzgasen mal, no pasaban la mayor parte de las veces de ser travesuras. Don Florián hablaba a chorros para que el Pepe no se debilitase. Luego le recordó cuando metió de matute un cerdo en un ataúd en la época del estraperlo. El mismo don Florián la gozaba. El Pepe, desde la puerta, no parecía el Pepe. El hombre, en solo veinticuatro horas, se había quedado en la espina de santa Lucía. Me acordé de que, la víspera, el Pepe nos dijo que pensaba divertirse por toda la temporada. Lo que es la vida.

  1. Interpretación y valoración

Esta novela se ubica en el período de afianzamiento y búsqueda de un tono y un estilo personal en la narrativa de Miguel Delibes. Llama la atención el tema y los personajes y la estructura, todos de gran originalidad. Un bedel de instituto protagonizando una novela que, en el fondo, es su diario vivir, sin grandes sobresaltos, pero sí muchas penurias, es de una novedad literaria importante. Tal vez por eso esta novela fue Premio Nacional de Literatura en 1955. 

Aunque se percibe el paso de los años, el texto mantiene mucha vigencia por su intención estética: representar la vida cotidiana de un ciudadano de a pie, con sus cuitas, ilusiones y temores. En este sentido, el texto se erige en testimonio de una época llena de penurias económicas y de control de las ideologías desde el poder político.

2. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los personajes, centrándote principalmente en Lorenzo. 

5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Qué idea de la vida del ciudadano corriente nos llega de esta novela? 

2) El hecho del pluriempleo, como hace Lorenzo, ¿cómo se puede interpretar desde el punto de vista social y económico? 

3) ¿Qué actitudes se observan ante la caza? Céntrate en Lorenzo y sus amigos.

4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la amistad? 

5) El tiempo, ¿discurre bajo una norma rígida e inflexible, o alegre e imprevisible? Aporta ejemplos que corroboren tu opinión

6) ¿Qué significación se encierra en las actitudes religiosas visibles en el texto? 

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese la vida diaria de una persona corriente y moliente. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Miguel Delibes.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.

Miguel Delibes: «Las ratas»; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes: Las Ratas (1962)

  1. Resumen

1

Es probable que estemos en 1956, según se dice en el último capítulo. El alcalde, Justito, quiere que el Ratero abandone la cueva donde vive porque se lo prometió al gobernador. Malvino, el tabernero, le aconseja que no ceda. Clo, la del Estanco, dice que Malvino es el Ángel Malo del tío Ratero porque lo induce a malos actos. Caza ratas para comer; se las vende a la gente y a Malvino, a dos pesetas la rata. Pruden (Acisclo), campesino con más tierras que la media, es prudente y realiza las tareas agrícolas provisoriamente. Es “otoño avanzado”. El Nini caza un grajo para Pruden; lo mata y lo cuelga en el sembrado, de un palo, boca abajo; el resto huye del sembrado. Le da una peseta. 

La Sabina, mujer del Pruden, protesta, pero no le hace caso. La Sabina dice que el Nini parece a Jesús entre los doctores, pues todos le piden y aceptan sus consejos de orden práctico en sus tareas agrícolas.

2

Calles embarradas, casas de adobes, el Nini anda con los pies desnudos, entre las calles de su pequeño pueblo, situado en una cuenca, con un arroyo a las afueras y rodeado de tesos, cabesos o colinas redondeadas, polvorientas e infértiles. Se cruza con el Rabino Grande, pastor de ovejas y el Rabino Chico, su hermano, vaquero del Poderoso. El Viejo Rabino, el padre, tiene como dos colas, a modo de rabo, al final de la columna vertebral; tiene dos vértebras coxígeas de más. Don Eustasio de la Piedra, el Profesor, lo lleva a varios congresos, en 1933, para demostrar que el hombre viene del mono. En la guerra civil, un grupo de jóvenes de Torrecillórigo, el pueblo de al lado, lo matan por “rojo”; la partida la mandaba Baltasar el de Quirico. Don Zósimo es el Curón del pueblo y consuela a Rabino Chico, que deja de comer por lo de su padre; deja de hablar con las personas y solo lo hace con las vacas de don Antero, el Poderoso, para quien trabaja. La señora Clo le pregunta a Nini cuándo hacer la matanza. Antoliano es el carpintero del pueblo. El Nini le enseña cómo sembrar champiñones en una cueva. Antoliano tiene un gallo que canta todas las mañanas con fuerza; se tira a la gente, es muy agresivo.

3

La señora Clo cree que el Nini posee la ciencia infusa. Doña Resu, el Undécimo Mandamiento, dice que viene del diablo, pues el Nini es hijo de hermanos. “Fuera como fuese, el saber lo que sabía se lo debía al Nini únicamente a su espíritu observador” (26). Escucha con atención al tío Rufo, el Centenario, “que sabía mucho de todas las cosas”. Habla por refranes y la cronología es la del santoral. Aprende mucho de él. Tiene dos abuelos y una abuela. El abuelo Abundio es podador; le enseña a injertar y cuidar la vid. Tiene obsesión por la higiene. El abuelo Román es hermano del abuelo Abundio. Aquel se afeita una vez al año. Le enseña a cazar liebres, pero al Nini le repugna la muerte; solo concibe muertas a las ratas y a los cuervos y urracas. Le cae mal Matías Celemín, el Furtivo; mata animales a perdigonadas. Muere el abuelo Román y la abuela Iluminada (que hace la matanza para los ricos). La Simeona los lleva al cementerio en su carro. El abuelo Abundio desaparece y quedan solos en la cueva el tío Ratero y su hijo el Nini. Las otras cuevas ya han sido dinamitadas

4

El Ratero caza ratas desde San Zacarías (6 de septiembre) hasta marzo. En primavera lo deja, para que las ratas se reproduzcan y crezca su población. Respeta mucho a esos animales, los quiere a su manera y, aunque los mata, no les desea una muerte gratuita o absurda. Le muerde una rata por San Sebas, pero cura. Virgilio Morante es el marido de la señora Clo; canta muy bien y lo hace frecuentemente en la taberna de Malvino.

5

Por San Dámaso (11 septiembre) la señora Clo ya quiere matar al cerdo. Ricos del pueblo: don Antero, el Poderoso (tres cuartas partes del término); doña Resu y la señora Clo (tres cuartas partes de lo que quedaba); lo restante, la mitad del Pruden y la otra mitad, distribuido entre los treinta vecinos del lugar. Don Rosalino, el Encargado, lleva la hacienda de don Antero. Nuestra Señora de las Viñas (7 de octubre) es la fiesta del pueblo. El Poderoso da una vaca para que los mozos la corran y apaleen. Quiere contratar al Nini cuando cumpla catorce años. La señora Clo es bonachona y cobra el arriendo en cereal, o en nada, si el año es malo; doña Resu, en dinero, y no perdona nada; es beata y presumida. La señora Clo cría dos pardillos en la jaula. Para la matanza de la señora Clo se juntan en su casa el Mamertito (hijo del Pruden y la Sabina), la señora Librada, Justito, el Alcalde, José Luis, el Alguacil, Rosalino, el Encargado, Malvino, el Mamés, el Mudo y el Antoliano y el señor Rufo, el Centenario, con su hija la Simeona. Se describe la matanza con pormenor.

6

Matías Celemín, el Furtivo, cuenta mentalmente hasta 4000 reales (1000 pesetas, 6 euros), pero luego de la guerra se pierde eso modo de contar y todo se hace por pesetas; él a tanto no sabe y se acobarda en las pujas por los pinares albar. Frutos, el Jurado, deja que se dedique al furtivismo. El Nini tiene fama que no sabe reír, pero lo hace a solas, con su perra Fa, u observando animales, en el campo. El Furtivo caza una zorra. El Nini coge la cría y la va criando en casa. El Furtivo se la mata de un escopetazo; el niño lo apedrea, de rabia y odio, pero no puede hacer más.

7

Pajero común en el pueblo; la gente va cogiendo paja para quemar en en los hogares, en la gloria, hacer estiércol o dar de comer a los animales. Baja la cellisca por San Aberico, en enero. Se desliza por los cerros; aguanieve, frío, ventisca. El Ratero pone un tubo, a modo de chimenea, sobre los cuatro metros de tierra del techo de su cueva para poder hacer lumbre en la cueva. Columba, la mujer del Justo, el alcalde, quiere que eche al Ratero de la cueva, pero este responde que es suya y no se va. El gobernador civil aprieta al Justo; se conocen de las trincheras, en la guerra civil. Justo tiene una roncha en la frente que se agranda y se empequeñece, y palpita, según su estado de tensión. El cereal verdea por San Andrés Corsino (4 de febrero). A Marcela, la madre del Nini, la llevan al manicomio unos años antes y nunca más vuelve. Quieren echar al Ratero de la cueva, pero no cede. Al José Luis, el Alguacil, le falta un dedo porque un burro se lo cercena; le devuelve el mordisco y le arranca medio belfo superior; queda con los dientes al aire, como sonriendo siempre.

8

Por San Baldomero, 27 de febrero, las avefrías se van al sur. El Pezón de Torrecillórigo se llama antes Cotarra del Moro; es un teso a la salida del pueblo; la madre del Nini, la Marcela, la rebautiza con el nuevo nombre. Esta se vuelve loca; quiere coger arena con una horca; hace cuatro años la llevan al manicomio. El Centenario tiene media cara cubierta por un trapo; tiene un cáncer que le corroe medio rostro. La Simeona, su hija, lleva la casa. Lo trata desconsideradamente. Entierra los muertos del pueblo; los lleva con un carro y un burro; su perro, Duque, atado atrás, medio añusgado. Nieva mucho en febrero. Por San Melitón se funde la nieve. Cae enfermo el Centenario; el Nini lo visita; le enseña la herida del cáncer; el hueso de media nariz y el cejo, en carne viva.

9

Los extremeños llegan por San Segundo (2 de mayo). Se dedican a la repoblación forestal. Plantan pinos en los cerros, pero los pimpollos no resisten la sequedad y el sol los mata. Al grupo de extremeños los comanda don Guadalupe. Doña Resu, el Undécimo Mandamiento, quiere que el Nini vaya a la escuela, pero no logra convencer al padre. El Poderoso tiene un tractor marca Fordson; es el único del pueblo. Don Ciro, el nuevo cura, es blando y permisivo y predica algo de doctrina social, cosa que la gente no entiende. Don Alcio, el marido de la Resu, se pasea con un caballo manso adquirido a las funerarias, con sus atavíos; es rara la imagen que da. Mamertito, el hijo de Pruden, dice que se le aparece San Gabriel; tiene visiones místicas; en un accidente agrícola se le pasa, para disgusto de la madre. Doña Resu insiste al Nini para que vaya a la escuela, pero no lo convence.

10

Rabino Grande, a primera hora de la mañana, toca un cuerno y todos sueltan las ovejas, para ir a pastar a los campos. Fa, la perra del Ratero y el Nini, queda preñada del Duque, el perro del Centenario. El Ratero piensa que Fa pierde vientos, pero el Nini la defiende. Cada día hay menos ratas y pasan necesidad. El Ratero le echa la culpa a un ratero medio aficionado de Torrecillórigo, llamado Luis, bastante inexperto; también va al riachuelo de su pueblo a cazarlas, lo que enfada al Ratero. Fa trae seis cachorrillos; el Ratero ahoga en el riachuelo a cinco y deja al de pelaje canela. El Nini los encuentra y los entierra, con una cruz, en compañía de Fa.

11

Regresan las cigüeñas por San Blas. Celebran la Pascuilla, con los extremeños disfrazados de apóstoles y un niño que baja del campanario, atado a una soga. Las parásitas son el “ojo de gallo” y el “cyclonium”;  se trata de plagas que afectan al cereal. Pasa y, afortunadamente, no hace daño a los cultivos. Gran sequía por San Fidel Sigmaringa (24 de abril), los campos se agostan. Hacen rogativas para que llueva, pero nada. El Nini prevé la lluvia observando el viento. Al fin, llueve y los campesinos respiran aliviados. Llega la primavera.

12

A Columba, la mujer del Justo, el alcalde, el canto de los grillos la desespera. No quiere vivir en el pueblo, pues lo considera primitivo y atrasado. Le pega dos bofetadas al Nini injustificadamente; este, en venganza, le echa un bidón de gasolina al pozo. La Columba y el Justo creen que hay petróleo y ya se sienten ricos. Llaman al gobernador, vienen los técnicos y descubren la patraña. El matrimonio del alcalde y Columba queda de incauto y algo pardillo.

13

El Ratero cada día está más hermético y arisco porque escasean las ratas. Se abre la veda del cangrejo por San Vito (15 de junio). Pasan necesidad padre e hijo. Malvino lo malmete contra el ratero de Torrecillórigo y el alcalde, a su vez, presiona, puesq lo quiere echar de su casa para que el gobernador civil le diga al ministro que en su provincia nadie vive en cuevas. No hay muchas las ratas. El Ratero dice que si coge a su competidor del pueblo de al lado, lo mata. Doña Resu trata de convencer al Ratero para que el Nini vaya a la escuela y deje la cueva, pero fracasa. Quieren hacerle un test al Ratero para demostrar su baja inteligencia y echarlo de la cueva y quitarle al Nini.

14

Celebración de la Pascuilla, con un pequeño teatro; los extremeños disfrazados de apóstoles. La paloma que sueltan se posa en la Sime. Buitres en el cielo, vienen a comerse la galga del Furtivo. Muere el Centenario el día de San Francisco Caracciolo (7 de junio). Lo entierra su propia hija, que se hace postulante, u “ofrecerse”, para ser monja; había de servir unos años para prepararse, con doña Resu. El Centenario deja 25 pesetas guardadas en un libro viejo para comprarse una dentadura.

15

El Nini espanta al topo del huerto del Pruden. Loy, el cachorro, y Fa, lo acompañan. Libera la cría del águila perdicera que el Furtivo tiene atada; este lo acosa y lo acusa de haber soltado al águila, pero el chico miente y sale bien. Llega la helada negra el día del Triunfo de San Pablo (29 de junio). Los campesinos beben toda la noche, de miedo a la gran helada que se avecina. El chico, Nini, advierte que si viene viento norte, se lleva el frío y la cosecha se salva. La Sabina va a la taberna a sacar a su marido, el Pruden. Salen todos al campo de madrugada; viene el viento y se salva la cosecha, para alegría de los lugareños.

16

El Justo, el alcalde, le ofrece al Ratero un jornal de 30 pesetas y mantenido, pero ha de dejar la cueva. Lo rechaza con su frase “La cueva es mía”. El Nini pesca muchos cangrejos; los llevan en el coche de línea a la ciudad y saca unas pesetas. La Sime pierde la cabeza y pide al chico que la humille escupiéndole; el Nini se niega. Unos días después, la Sime recupera el tino y se porta mal. No va a pescar cangrejos, para alivio del Nini, pues era una dura competidora.

17

El día de San Miguel (29 de septiembre) se desata una fortísima tormenta. Muchos pierden la cosecha; nadie tiene seguro, excepto don Antero; la gente queda desolada. El Pruden le dio una peseta al Nini por ayudarle a conservar la cosecha, pues la tenía en morenas y no la destroza la tormenta. Luis, el ratero de Torrecillórigo, se pelea a muerte con el Ratero; este lo mata con su pincho de sacar ratas, y a su perro Lucero (que se ha peleado con Fa, que sale viva de milagro), ante la mirada impotente del Nini.

  1. Apartados temáticos o secciones de contenido

La novela ofrece una disposición de la materia narrativa muy original. Es y no es clásica porque el tiempo es bastante circular, aunque avanza. Tenemos:

– En los seis primeros capítulos aparecen personajes nuevos, por lo que se puede considerar la presentación de los personajes y un conflicto. 

– Del séptimo al decimosexto y penúltimo puede constituir el desarrollo; se introducen anécdotas y acciones que empujan de la acción en un doble sentido: se crea una intriga narrativa y se pinta la vida del pueblo con todo pormenor.

– El desenlace o resolución se concentra en el último capítulo: el Ratero mata a Luis, su competidor de Torrecillórigo; de algún modo, se restablece, o se restablecerá después de un tiempo, un equilibrio inestable, pero bastante armónico con la naturaleza y entre las personas.

La novela muestra una hábil estructura circular (empieza y acaba en un otoño), pero a la vez progresiva y lineal (ocurren cosas nuevas que desembocan en un final trágico). Se mantiene, de este modo, un delicado equilibrio.

  1. Lugar y tiempo

El lugar es un pueblo pequeño de Castilla, del que no se dice el nombre; puede ser cualquiera, pues la misma situación se repite en cientos de ellos. Que no aparezca un topónimo posee un valor interpretativo claro, por vía metonímica: esta es la típica población,  repetida a través de su amplia extensión, de Castilla; póngale el nombre que desee. Esta aldea está en una vaguada, entre cerros. Pasa al lado un riachuelo, donde crían las ratas. Gente más bien pobre y necesitada, medio ignorantes. En el mapa inicial, trazado a mano, se aprecia el pueblo, con su iglesia, etc. El Nini y el Ratero viven en unas cuevas en una colina, hacia el oeste; ven el sol cuando nace de frente. Pobreza y suciedad abundantes.

Tiempo de la escritura: el libro se publicó en 1962; es legítimo pensar que Delibes la compuso en los años previos a esa fecha.

Tiempo de la acción narrada: más o menos contemporáneo al momento de la escritura; se remonta a 1956; lo apreciamos, por ejemplo,  en un cartelón pegado en una pared que dice: “¡Viva los quintos del 56!”.

Duración de la acción narrada: genéricamente, la acción dura un año, desde un otoño al final del verano siguiente. Se trata de un ciclo natural. El tiempo discurre lineal, aunque en ciclos del mundo rural: sembrado, cosecha y vuelta a empezar. Sin embargo, el narrador recupera muchos hechos del pasado referidos a la vida de los personajes. El tiempo no se mide por días o meses, sino por el santoral cristiano; es el modo que se empleó en el mundo rural durante siglos.

  1. Temas de la novela

Es una obra no muy larga, pero de una riqueza textual impresionante. Presentamos los temas más importantes:

  • La dureza de la vida rural castellana, entre la pobreza, la rudeza y la brutalidad por falta de educación y una vida de pobreza porque la tierra produce poco e irregularmente.
  • La nobleza, no exenta de algunos vicios o taras (credulidad, codicia –solo en algunos personajes–, ira no del todo justificada, violencia física, etc.) de unas gentes que sobreviven con su duro trabajo agrícola, muchas veces desbaratado por las inclemencias del cielo.
  • La bondad y el desprendimiento de un alma buena, el Nini, en medio del egoísmo general, iluminando una vida colectiva áspera y pobreta. No aspira el Nini sino a ayudar y vivir tranquilo en su cueva con su padre, en comunión con la naturaleza.
  • Denuncia de la falta de progreso por las escandalosas desigualdades sociales, la falta de apoyo del Estado, etc.
  • Defensa de la vida auténtica del campesino pobre y sufrido; sin protestar, acepta su destino de una vida muy trabajada, sin grandes perspectivas. 
  • Respeto a la naturaleza: ella da de comer, pero a veces es imprevisible y descarga fuertes golpes de infortunio.
  1. Personajes

Para empezar, hay que recordar que todos los personajes tienen su nombre. No son masa anónima, sino personas de carne y hueso. Son “prójimo”, con su dignidad y su valor en la vida, independientemente de sus circunstancias materiales. Delibes crea individuos, con su nombre, señal de su singularidad irreductible. Dicho, encontramos una amplia panoplia de personajes, que presentamos brevemente:

El Nini: es un niño, entre diez y once años, que a base de observación de la naturaleza y de escuchar al Centenario ha aprendido mucho de la vida natural. Es bueno, desprendido, generoso con todos, nada amigo de la violencia o la brutalidad. Es feliz en su pobreza y no quiere cambiar. Estamos ante el protagonista de la novela; una cuestión fascinante es que él no es consciente de su valía en el pueblo.

El Ratero: su padre, hombre brutal y elemental, pero no es malo ni avaricioso; respeta a todo el mundo y solo aspira a que lo dejen tranquilo cazando sus ratas. Le cuesta trabajo elaborar oraciones y habla con frases cortas, a veces repetidas. Al final, mata a Luis, el ratero de Torrecillórigo porque piensa que le quita algo que es suyo. No es malvado, solo algo retrasado y elemental en sus instintos.

Malvino: el tabernero, es un tanto malsín; intoxica al Ratero con sus pensamientos de que las ratas y la cueva son suyas y nadie lo puede echar. Lo incita a la violencia, lo que al final ocurrirá. Es una influencia negativa para el Ratero y responsable indirecto del drama final.

Los demás personajes son ejemplo de campesinos desconfiados y trabajadores, incluido José Luis, el alcalde. En realidad, funcionan casi como un personaje colectivo, aunque perfectamente individualizados. El ricachón, don Antero, el Poderoso, es egoísta y no ayuda a los demás para nada. Así y todo, dice por la ciudad que en su pueblo la tierra está repartida; aquí apreciamos su lado cínico y soberbio.

Las dos mujeres con protagonismo, la Clo y doña Justa son completamente contrarias, aunque las une la posesión de más fincas que la media del pueblo. La primera es más generosa y desprendida. La segunda es egoísta, beata y muy intransigente en sus ideas y creencias.

El Centenario y su hija la Simeona merecen un apartado para ellos. El primero le enseña al Nini muchas cosas, referido a la naturaleza y a la vida agrícola. La Sime, que había tenido un hijo de soltera y había muerto, está arrepentida y sufre algo de desequilibrios emocionales, aunque al final se tranquiliza.

El Furtivo no respeta a la naturaleza para nada. Mata a todos los animales por codicia y sacar algo de dinero, sin consideración ninguna a los ciclos naturales de reproducción de la fauna salvaje. Mata al zorrillo del Nini por el placer de hacerle sufrir; aquí vemos su maldad interior.

  1. Narrador

Aparece un narrador en tercera persona, pero limitado. Ve, oye y siente a través del Nini, al menos en parte. Es como si el protagonista se hubiera introducido en la mente del narrador y le dictara sus palabras, sus impresiones, emociones, etc. Ejemplos de ello es contar el tiempo por el santoral, o nombrar al mundo natural (nombres de la fauna y la flora, fenómenos atmosféricos, etc.) como un paisano más del pueblo. Desvela que el narrador es un agudo observador de la vida rural castellana. Simpatiza bastante con esas gentes; los mira con cierta bondad y comprensión, aunque lamenta su ignorancia, de la que no son culpables del todo. Señala las lacras sociales sin tapujos y, allá en el fondo, clama por una solución que no llega y ni siquiera se vislumbra.

  1. Notas estilísticas

Esta novela está maravillosamente escrita. El estilo es sobrio, contenido, sencillo y muy depurado. El empleo de un léxico rural aporta una naturalidad y autenticidad asombrosas. Ello contribuye poderosamente a la verosimilitud de la narración. La depuración estilística y la sencillez elaborada hasta límites sorprendentes son dos características firmes que sustentan el relato.

Las oraciones son más bien cortas, en lo que apreciamos una intención de transparencia y comprensión para con el lector, acaso poco habituado al léxico rural castellano. De este modo, el texto y el universo creado se  impregna del mundo rural castellano y lo expresa en su propio estilo: precisión nominativa, detallismo descriptivo y cierto laconismo en el modo de hablar, propio de ese registro coloquial de los habitantes rurales de Castilla.

Los diálogos son exactos, breves, escuetos y tremendamente expresivos. Al leerlo, se crea inmediatamente la sensación de estar escuchando de verdad a seres de carne y hueso. Como los personajes, que no hablan por hablar. Dicen lo más que pueden con las menos palabras posibles; es un lema del ensayista español renacentista Juan de Valdés (Cuenca, 1509 – Nápoles, 1541), expresado en su Diálogo de la lengua (1533). Llaneza, naturalidad y huida de la afectación es la pauta de este modo de hablar, sintetizado en su famosa fórmula: “escribo como hablo”.

  1. Contextualización

Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920 – 2010) es uno de los más importantes novelistas españoles del siglo XX. Es un autor que se fija en la vida de los humildes pueblos castellanos, pobres, olvidados y, sin embargo, poblados por personas con gran autenticidad, nunca vistas como masa informe, sino como individuos, es decir, “el prójimo”, los demás como uno mismo, pero con otras circunstancias.

Ejerció el periodismo muchos años en El Norte de Castilla y la docencia en la Escuela de Comercio de la Universidad de Valladolid. Pasó por tres fases creativas: la primera, de iniciación y aprendizaje, se muestra muy bien en su primera novela publicada, La sombra del ciprés es alargada (1947). La segunda corresponde con el hallazgo de los temas, el tono, el ritmo y el estilo más apropiado a su idiosincrasia escritora. Aquí sobresale la bellísima El camino (1950). Del período de madurez proceden los más hermosos textos salidos de su pluma. Las ratas, precisamente, es la obra que inaugura esa fase creativa, que se cierra, con su última novela, El hereje (1998).

Delibes experimentó formalmente en varias novelas alcanzando resultados asombrosos y plenos de hallazgos estéticos, como Parábola del héroe, Cinco horas con Mario y Los santos inocentes. También escribió una treintena de cuentos de enorme calado y transcendencia, entre los que figura “La mortaja”, uno de los relatos breves más hermosos escritos en lengua española.

En sus obras existe un compromiso ético de gran envergadura. Se percibe muy bien la solidaridad con los desdichados, los desastrados y pobretos; complementariamente, se percibe una fuerte crítica al cinismo, la inmoralidad y la hipocresía de la burguesía castellana, ahogada por un egoísmo cerril y asfixiante. Delibes toma partido y clama por una sociedad más equitativa que respete a las personas y ofrezca oportunidades de progreso para todos.

  1. Interpretación y valoración

Las ratas (1962) es un libro precioso por su originalidad expresiva, su contención comunicativa, sus descripciones exactas y su recogida del mundo natural con una verosimilitud que, casi, es verismo. Emana verdad y autenticidad de la primera página a la última. No esquiva la brutalidad (el hijo que mata a la madre, el incesto, el asesinato), pero también recoge los rasgos de bondad y trata de explicar por qué son de una determinada manera: bastante egoístas, desconfiados, rígidos y conservadores, etc.

La lectura deviene en una experiencia inolvidable por la originalidad temática y argumentativa, el estilo llano y la capacidad evocadora y envolvente de todo el relato. 

Se presenta un breve ejemplo de la extraordinaria calidad literaria delibeseana (cap. 4):

El tío Ratero se reclinó, aplastó una oreja contra el suelo y auscultó insistentemente las entrañas de la tierra. Al cabo se incorporó, apuntó con el pincho de hierro la hura junto al cauce y dijo:

–Aquí la hay.

La perra agitó el muñón y olfateó con avidez la boca de la hura. Finalmente se alebró, la pequeña cabeza ladeada, y quedó inmóvil, al acecho.

–Ojo, chita –dijo el Ratero y de un solo golpe hundió el pincho de hierro a un metro de la ribera.

La rata cruzó rauda junto al hocico del animal, escabulléndose, con un rumor de hojarasca, entre los carrizos resecos de la orilla.

El Nini voceó:

–¡Hala con ella!

La Fa arrancó como una centella tras la rata. El hombre y el niño corrían por el ribazo, estimulando con sus gritos al animal. Se originó una persecución accidentada entre los despojos de los carrizos y la corregüela. La perra, en su frenesí, quebraba los frágiles tallos de las espadas, y las mazorcas se desplomaban sobre el riachuelo y la corriente las agitaba mansamente en un movimiento de vaivén. La perra, de pronto, se detuvo. El río Ratero y el Nini conocían la situación exacta por las esbeltas espadas erectas, allí donde concluía la oquedad abierta entre la maleza.

–Tráela, Fa –dijo el Nini.

Las espadañas se agitaron un momento, se oyó un sordo rumor de lucha y, al cabo, un breve gruñido, y el tío Ratero dijo:

–Ya la tiene.

La perra regresó junto a ellos, con la rata atravesada en la boca, moviendo el rabo cercenado jubilosamente. El tío Ratero le quitó a la perra la rata de la boca.

–Es un buen macho –dijo.

Desde San Zacarías el hombre y el niño bajaban al cauce cada mañana. Esto fue así desde que el Nini tuvo uso de razón. Había que aprovechar la otoñada y el invierno. En estas estaciones, el arroyo perdía la fronda, y las mimbreras y las barreras, la menta y la corregüela formaba unos resecos despojos entre los cuales la perra rastreaba bien. Tan sólo los carrizos, con airosos plumeros, y las espadañas con sus prietas mazorcas fijaban en el río una muestra de permanencia y continuidad. Las ralas junqueras de las orillas amarilleaban en los extremos, como algo decadente, abocado también a sucumbir. Sin embargo, año tras año, al llegar la primavera, el cauce reverdecía, las junqueras se estiraban de nuevo, los carrizos se revestían de hojas lanceoladas y las mazorcas de las espadañas reventaban inundando los campos con las blancas pelusas de los vilanos. La pegajosa fragancia de la hierbabuena loca y la florecilla apretada de las berreras, taponando las sendas, imposibilitaban  a la perra todo intento de persecución. Había llegado el momento de la veda y el tío Ratero, respetando el celo de las ratas, se recogía en su cueva hasta el próximo otoño.

El tío Ratero no pretendía exterminar a las ratas. En ocasiones, si la perra hacía una muestra y él observaba a la entrada de la hura cuatro yerbajos resecos, la disuadía:

–Está anidando, vamos.

La perra se retiraba sin oponer resistencia. Entre ella, el Nini y el tío Ratero existía una tácita comprensión. Los tres sabían que destruyendo las camadas no conseguirían otra cosa que quedarse sin pan. Las ratas se reproducían cada seis semanas y de cada parto echaban cinco o seis crías. En definitiva, una camada suponía, por lo bajo, cuarenta reales que no eran cosa de desdeñar.

2. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los personajes, centrándote principalmente en el Nini. 

5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Qué idea de la infancia nos llega de esta novela? 

2) El hecho de comer ratas, ¿cómo se puede interpretar desde el punto de vista social y económico? 

3) ¿Qué actitudes se observan ante la naturaleza? Céntrate en el Nini, el Furtivo y los campesinos del lugar. 

4) ¿Cómo se aprecia en texto la importancia de la climatología? ¿De qué es metáfora?

5) El tiempo, ¿discurre bajo una norma rígida e inflexible? ¿Por qué será así? 

6) ¿Qué significación se encierra en las actitudes religiosas? 

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramátia que exprese la vida diaria de una población. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Miguel Delibes.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.

José Ángel Valente: «Pájaro del olvido»; análisis y propuesta didáctica

JOSÉ ÁNGEL VALENTE – Pájaro del olvido (de Nadie, incluido en el libro póstumo Fragmentos de un libro futuro)
Pájaro del olvido
[1] Pájaro del olvido                                              1
jamás te tuve más cierto en mi memoria.
[2] Vuelvo ahora
desde no sé qué sombra
al día helado del otoño en esta                        5
ciudad no mía, pero al fin tan próxima,
donde el sol de noviembre tiene
la última dureza
de lo que ya debiera
morir.                                                                      10
            ¿Y es éste el día
de mi resurrección?
[3] Las hojas arrastradas por el viento
apagan nuestros pasos.
[4] Llego y ni siquiera sé muy bien quién llega  15
ni por qué fue llamado a este convite
tantos años después.
     José Ángel Valente: Nadie (luego incluido en Fragmentos de un libro futuro)
  1. ANÁLISIS
1) Resumen
Este texto poético es de naturaleza evocadora y reflexiva; el sujeto lírico se dirige en un diálogo sin respuesta a un “pájaro del olvido”, que es metáfora de la memoria. Desde un presente lírico echa la vista atrás y se ve en un momento del año, el otoño, y en una ciudad que no es la suya, pero en la que se encuentra a gusto. No encuentra la plenitud que buscaba hurgando en ese recuerdo. Pasea por esa ciudad, acompañado de su memoria, pero no encuentra un sentido total a esa acción. De nuevo en el presente poético, confiesa su incertidumbre y su confusión interior, pues no se reconoce ni a sí mismo. Lo invitaron a una fiesta (“convite”) de la que no encuentra el sentido.
2) Temas del poema
El poema aborda dos temas:
-Reflexión sobre el ambiguo papel de la memoria, que actúa como un pájaro escurridizo; nos lleva a momentos y lugares lejanos y no logramos comprender ni aquel pasado ni este presente.
-Diálogo con sus recuerdos para encontrar un sentido coherente y firme a su vida vivida, que parece que se escurre sin lograr asirla del todo.
3) Apartados temáticos
El poema presenta una fuerte y sólida unidad interna. Existe un movimiento memorístico entre el pasado y el presente, pero dentro de una trabazón interna muy íntima; no permite hablar de secciones temáticas.
4) Rima y medida de los versos
El poema está formado por diecisiete versos de medida variable; oscila del trisílabo (v. 10) al tetradecasílabo (v. 15. No existe una rima regular reconocible, aunque se percibe cierta asonancia en é-a. En consecuencia, estamos ante un poema en verso libre, propio de la poesía moderna, predominante desde el siglo XX en adelante.
5) Comentario estilístico
El poema presenta una delicada y elaboradísima construcción de sentido, en correspondencia con la sintáctica y formal. La primera estrofa consiste en una invocación, apelación o apóstrofe al pájaro del olvido, metáfora de la memoria quebradiza y caprichosa. Lo invoca para decirle que lo ve cerca.
En la segunda estrofa la memoria traslada al sujeto lírico a un día de otoño y a una ciudad; lo reconoce todo como familiar y se pregunta si es así como debe revivir. No se encuentra feliz, pues habla de “la última dureza” (v. 8), que lo debería conducir a la muerte. Es una metáfora de ciertos peligros vitales que el sujeto lírico prefiere obviar. Se traslada desde un presente poco agradable, definido “desde no sé qué sombra” (v. 4), metáfora de una vida fantasmal, como agónica.
La tercera estrofa relata un paseo por esa ciudad, acompañado de su memoria (habla en plural: “nuestros pasos”, v. 14). El tiempo es desapacible y evoca tristeza. En la cuarta estrofa parece que alcanza una meta no definida (acaso sea la propia ciudad); declara que no sabe qué hace allí, con dudas sobre su propia identidad. Asiste a una celebración, pero ignora el motivo de por qué sus recuerdos lo retrotajeron años atrás, tantos años después; la paradoja es profunda y expresa un estado de confusión extrema, junto con una melancolía amarga.
6) Contextualización
José Ángel Valente Docasar (Ourense, 1929 – Ginebra, Suiza, 2000) es un excelente poeta adscrito a la Generación del 50 o Generación del Medio Siglo. Aunque también transitó por la poesía de tono social y denuncia política propia de esos poetas en sus fases iniciales, recorrió un camino poético propio a través de la poesía de influencia mística de diferentes religiones y tendencias. Persigue e indaga sobre la expresión de lo inefable, el sentido de lo nombrado, la verdadera esencia de las cosas, el origen y proceso del acto creador, etc. Este tipo de poesía se ha etiquetado como “poesía del silencio” (la expresión de lo inefable, o la escucha de lo que no tiene sonido) y “poesía del conocimiento”, pues el acto poético es herramienta para explorar, conocer y saber cómo conocemos, en conexión con la hermenéutica.
Estamos, pues, ante una poesía esencialista, indagatoria del ser, bastante conceptual y transcendental. Su lenguaje poético se caracteriza por la concentración expresiva y la claridad y precisión de significación. Sus poemarios de mayor relevancia son Breve son, Punto cero (1972; recoge toda su producción anterior), Mandorla (1982), No amanece el cantor (1992), etc.
Valente dejó importantes libros de ensayos literarios, estéticos e interpretativos sobre autores y asuntos de su querencia. Son de especial significación Las palabras de la tribu (1971), La piedra y el centro (1982), etc. También tradujo poetas de otras lenguas y creó obras en las que se trabaja con la palabra y la imagen (fotografía, pintura, etc.) al alimón con pintores como A. Tàpies.
7) Interpretación y valoración
El poema gira en torno a la metáfora contenida en su título: “pájaro del olvido”: parece que se refiere a la naturaleza inconstante y evanescente de los recuerdos. La memoria adquiere vida y lleva y trae a su propietario un poco a su capricho. Se ve muchos atrás en un momento y lugar reconocidos, pero no encuentra razón para regresar allí.
En conjunto, el poema muestra cierta desilusión existencial, una melancolía amarga que envuelve al sujeto lírico, sin ofrecerle mayor consuelo que el capricho del recuerdo. El poema es breve, de ahí que la significación se halle reconcentrada; en breves palabras se crean poderosas imágenes que transmiten una melancólica contemplación del pasado del sujeto lírico.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.
5) ¿Qué tono tiene el poema: festivo, narrativo, ligero o denso?
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a cómo la poesía se asentó en el yo poético.
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Quiénes protagonizan el poema?
2) ¿Qué sentido tiene el “pájaro del olvido”?
3) Explica la significación de los verbos en primera persona del plural del presente de indicativo.
4) ¿A dónde lleva la memoria al sujeto lírico? ¿Está feliz por ello?
5) ¿Con qué celebración se encuentra en esa ciudad visitada en la memoria? ¿Qué reacción le produce?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese un recuerdo o un acto de memoria aparentemente inexplicable. Puedes imprimir un sentido metafórico, como ha realizado José Ángel Valente.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta José Ángel Valente a propósito de su poema y de su vida.
3) Realiza una exposición sobre José Ángel Valente, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de un lugar y un tiempo donde te lleve la memoria, que sirvan de metáfora de una manera de ser feliz y auténtico, o todo lo contrario, siguiendo el ejemplo de José Ángel Valente.

José Ángel Valente: «El amor está en lo que tendemos…»; análisis y propuesta didáctica

JOSÉ ÁNGEL VALENTE – El amor está en lo que tendemos…
El amor está en lo que tendemos…
[1] El amor está en lo que tendemos         1
(puentes, palabras).
[2] El amor está en todo lo que izamos
(risas, banderas).
[3] Y en lo que combatimos                     5
(noche, vacío)
por verdadero amor.
[4] El amor está en cuanto levantamos
(torres, promesas).
[5] En cuanto recogemos y sembramos    10
(hijos, futuro).
[6] Y en las ruinas de lo que abatimos
(desposesión, mentira)
por verdadero amor.
                      Breve son (1968)
  1. ANÁLISIS
1) Resumen
Este texto es de naturaleza reflexiva; el sujeto lírico sopesa en qué consiste el amor; no lo define, sino que localiza dónde se halla; es decir, nos permite sentirlo por los sentidos, más en concreto, verlo a través de nuestras propias acciones. Estas son: tender, izar, combatir, levantar, sembrar y abatir. Tres verbos tienen un sentido positivo y constructivo, en tanto que dos (combatir y abatir) lo tienen negativo. El sujeto lírico ubica el amor en los anhelos más nobles del hombre (deseos, entregas, creaciones, etc.), pero también en los asuntos que tratamos de destruir (falsedades, egoísmos, mentiras, etc.). El conjunto de la reflexión está dominado por la serenidad y la certeza de encontrar motivos para creer en el amor y trabajar por él.
2) Temas del poema
El poema aborda dos temas:
-Reflexión sobre la naturaleza escurridiza del amor, al que vemos en nuestros actos.
-Reivindicación de las acciones humanas nobles y generosas como pilares de una vida plena.
3) Apartados temáticos
El poema presenta los seis apartados temáticos, uno por cada estrofa. Cada apartado está formado por un verso enunciativo y una coda o explicación entre paréntesis, que es una estrofa, entre paréntesis. Las estrofas 1, 2, 4 y 5 son similares, en tanto que la 3 y 6 son iguales entre sí, ofreciendo la explicación en medio de la enunciación, que ocupa el verso primero y tercero y último de sus estrofas; en este sentido, podemos afirmar que las estrofas 1, 2, 4 y 5 caminan en una dirección (los verbos son de significación positiva), en tanto que la 3 y 6 lo hacen en otra distinta (los verbos son de significación negativa, pero con un sentido constructivo, como luego veremos).
En la primera parte (primera estrofa, vv. 1-2), se localiza el amor en lo que tendemos; es como una fase de ofrecimiento y comienzo de algo aún germinando.
En la segunda parte (segunda estrofa, vv. 3-4), el sujeto lírico halla el amor en lo que elevamos o levantamos; se trata de una fase de muestra de las señas de identidad del hombre; se hace público eso que hemos hecho o pretendemos hacer
En la tercera parte (tercera estrofa, vv. 5-7), se presenta un contenido más belicoso; combatimos contra la mentira y la impostura, para que prevalezca el amor.
En la cuarta parte (cuarta estrofa, vv. 8-9), el sujeto lírico se fija en lo que levantamos; en este caso son sueños de futuro.
En la quinta parte (quinta estrofa, vv. 10-11), única con dos verbos, evoca el mundo agrícola; se reivindica el cultivo de los campos con su ciclo de siembra y recogida de frutos; y eso es justamente el amor.
En la sexta y última parte (sexta estrofa, vv. 12-14), se combaten los modos falsos de amar que implican la destrucción de la persona, pues cae en su “desposesión”.
4) Rima y medida de los versos
El poema está formado por catorce versos de medida variable; oscila del pentasílabo (v. 11, y otros muchos de los que aparecen entre paréntesis) al endecasílabo (v. 1 y muchos de los versos iniciales, impares, de cada estrofa). No existe una rima regular reconocible, aunque los versos iniciales de cada estrofa riman entre sí, pues la última palabra de cada verso es un verbo conjugado en primera persona del plural del presente de indicativo; varía ligeramente la vocal temática de cada conjugación. En consecuencia, estamos ante un poema en verso libre, propio de la poesía moderna, predominante desde el siglo XX en adelante.
5) Comentario estilístico
El poema presenta una delicada y elaboradísima construcción de sentido, en correspondencia con la sintáctica y formal, que ya hemos explicado. Los recursos de repetición poseen especial transcendencia, pues el sintagma “El amor está en…” se repite en los versos 1, 3 y 8; esta repetición señala claramente el sentido del poema: indagación de dónde podemos hallar el origen o la esencia del amor. Anáforas, paralelismos y repeticiones retóricas son frecuentes y aportan significación y expresividad al poema, insistiendo en su núcleo temático: el amor es acción, construcción activa y entregada pensando en otras personas, los seres amados.
Los cinco verbos conjugados en primera persona del plural y del presente de indicativo indican el carácter colectivo y real de la acción; esta es abarcadora, inclusiva, pues se refiere a un “nosotros” que vive en este mundo, que actúa en él para construir amor.
Los complementos directos de los verbos (son todos transitivos) aparecen entre paréntesis; son siempre dos sustantivos, formando una bimembración muy hermosa; en las dos primeras estrofas son concretos, en las tres últimas, abstractos. Todos esos sustantivos son metáforas de la felicidad (estrofas 1, 2, 4 y 5) o de lo negativo que destruimos para acceder a ella (estrofas 3 y 6). Los sustantivos aluden a la comunicación (“puentes, palabras”, v. 2), a la expresión alegre (“risas, banderas”, v. 4), al miedo y terror (“noche, vacío”, v. 6), a los anhelos y proyectos (“torres, promesas”, v. 8), al legado del hombre en la tierra (“hijos, futuro”) y, finalmente, al deseo de verdad y autenticidad (“desposesión, mentira”, v. 13).
La falta de la conjunción copulativa “y” uniendo los sustantivos comprime el sentido, aprieta la significación y adensa la red semántica en torno a la naturaleza del amor; es un modo de expresar que los distintos elementos que forman parte del amor son muchos, inestables, muchas veces inasibles y, por naturaleza, difíciles de comprender en su cabal significado.
Los verbos presentan un sentido metafórico muy vivo: “tender” (v.1) por mostrar lo que deseamos ser en la vida; “izar” (v. 3) por lo que anhelamos construir o aportar con nuestra existencia; “combatir” (v. 5) por lo que deseamos eliminar, pues nos desasosiega; “levantar” (v. 8) por lo que queremos elaborar; “recoger y sembrar” (v. 10) por lo que luchamos por producir tras una larga elaboración; finalmente, “abatir” (v. 12) por la supresión de lo falso e inauténtico, que impiden el “verdadero amor”.
La palabra “amor” se repite cuatro veces, dos de ellas dentro del sintagma “verdadero amor” (vv. 7 y 14, justo en la mitad y al final del poema). Declara bien su enorme importancia en el poema: se trata de asediar el sentido de qué y cómo alcanzar el amor.
6) Contextualización
José Ángel Valente Docasar (Ourense, 1929 – Ginebra, Suiza, 2000) es un excelente poeta adscrito a la Generación del 50 o Generación del Medio Siglo. Aunque también transitó por la poesía de tono social y denuncia política propia de esos poetas en sus fases iniciales, recorrió un camino poético propio a través de la poesía de influencia mística de diferentes religiones y tendencias. Persigue e indaga sobre la expresión de lo inefable, el sentido de lo nombrado, la verdadera esencia de las cosas, el origen y proceso del acto creador, etc. Este tipo de poesía se ha etiquetado como “poesía del silencio” (la expresión de lo inefable, o la escucha de lo que no tiene sonido) y “poesía del conocimiento”, pues el acto poético es herramienta para explorar, conocer y saber cómo conocemos, en conexión con la hermenéutica.
Estamos, pues, ante una poesía esencialista, indagatoria del ser, bastante conceptual y transcendental. Su lenguaje poético se caracteriza por la concentración expresiva y la claridad y precisión de significación. Sus poemarios de mayor relevancia son Breve son, Punto cero (1972; recoge toda su producción anterior), Mandorla (1982), No amanece el cantor (1992), etc.
Valente dejó importantes libros de ensayos literarios, estéticos e interpretativos sobre autores y asuntos de su querencia. Son de especial significación Las palabras de la tribu (1971), La piedra y el centro (1982), etc. También tradujo poetas de otras lenguas y creó obras en las que se trabaja con la palabra y la imagen (fotografía, pintura, etc.) al alimón con pintores como A. Tàpies.
7) Interpretación y valoración
Este poema resulta positivamente engañoso. Tras una aparente sencillez se esconde toda una reflexión sobre la naturaleza del amor y todo un programa de cómo acceder a él de un modo seguro. El análisis sobre el amor no es conceptual ni teórico, sino concreto y práctico. El empleo de los verbos en primera persona del plural está invitando al lector a participar en la veracidad de las hipótesis planteadas por el sujeto lírico.
La construcción del poema guarda simetrías muy hermosas y delicadas, que sirven para establecer una red de significación sutil y profunda. El manejo de los paréntesis, en cuyo interior se hallan los complementos directos de los verbos, es original y sugestivo. En este sentido, el poema parece el dibujo de un mapa con un trayecto cuyos hitos son confusos, de ahí el esfuerzo del sujeto lírico en aclarar cuál es el camino seguro para alcanzar la meta.
La lectura del poema exige una reflexión lectora de primer orden porque la red de significación es honda y densa. Esta presenta un carácter atemporal, bien visible en los verbos en presente, y activo, perceptible en los verbos de movimiento que predominan en el poema. La distribución de las oraciones y sus elementos en estructuras paralelísticas es plástica y significativa en sí misma. Nos permite comprender la asombrosa calidad literaria de este poema breve y denso, transparente y exigente.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.
5) ¿Qué tono tiene el poema: festivo, narrativo, ligero o denso?
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a cómo la poesía se asentó en el yo poético.
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Quiénes protagonizan el poema?
2) ¿Qué sentido tienen los paréntesis?
3) Explica la significación de los verbos en primera persona del plural del presente de indicativo.
4) Los verbos “combatimos” y “abatimos” tienen una significación negativa, pero en el poema, ¿qué expresan?
5) Explica el sentido del movimiento o actividad que posee el poema. ¿Qué efecto produce?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese un sentimiento o un anhelo y el modo de acceder a él. Puedes imprimir un sentido metafórico, como ha realizado José Ángel Valente.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta José Ángel Valente a propósito de su poema y de su vida.
3) Realiza una exposición sobre José Ángel Valente, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de emociones, como el amor, situaciones, etc. que sirvan de metáfora de una manera de ser feliz y auténtico, siguiendo el ejemplo de José Ángel Valente.

José Ángel Valente: «El adiós»; análisis y propuesta didáctica

JOSÉ ÁNGEL VALENTE – El adiós
El adiós
Entró y se inclinó hasta besarla                     1
porque de ella recibía la fuerza.
(La mujer lo miraba sin respuesta.)
Había un espejo humedecido
que imitaba la vida vagamente.                    5
Se apretó la corbata,
el corazón,
sorbió un café desvanecido y turbio,
explicó sus proyectos
para hoy,                                                   10
sus sueños para ayer y sus deseos
para nunca jamás.
(Ella lo contemplaba silenciosa.)
Habló de nuevo. Recordó la lucha
de tantos días y el amor                             15
pasado. La vida es algo inesperado,
dijo. (Más frágiles que nunca las palabras.)
Al fin calló con el silencio de ella,
se acercó hasta sus labios
y lloró simplemente sobre aquellos             20
labios ya para siempre sin respuesta.
                                               A modo de esperanza (1955)

 

  1. ANÁLISIS
1) Resumen
Este poema oscila en su naturaleza entre lo narrativo y lo subjetivo. Cuenta una historia (por eso los verbos aparecen en tiempos del pasado), pero se detiene en los efectos subjetivos de las acciones en las personas. Un hombre (viste corbata) se acerca a una mujer yacente para despedirse; en principio, ignoramos el motivo. Le habla de sus deseos más íntimos, aunque no obtiene respuesta. Al fin, el hombre admite que la mujer está muerta; él llora amargamente su pérdida, que, por lo que atisbamos, le duele en lo más íntimo.
2) Temas del poema
El poema aborda dos temas:
-El dolor por la muerte de un ser querido; es tanto que, al principio, se niega esa realidad.
-El destino fatal que envuelve a las personas; puede cercenar cualquier proyecto de vida.
3) Apartados temáticos
El poema presenta los tres apartados clásicos del desarrollo de una narración. Cada apartado está separado por un verso, que es una estrofa, entre paréntesis, indicando su carácter de ruptura.
En la primera parte (vv. 1-2) presenta a los personajes y el escenario. Un hombre que se acerca a una mujer para besarla.
En la segunda parte (vv. 4-12) el hombre se ajusta la ropa, toma un café y le habla de sus esperanzas a la mujer; esta no responde, aún no sabemos por qué.
En la tercera parte (vv. 14-21) el hombre sigue contándole sus anhelos; ante la evidencia de que ella no escucha ni puede hacerlo, se calla. La besa y llora, admitiendo su derrota ante el destino.
4) Rima y medida de los versos
El poema está formado por veintiún versos de medida variable; oscila del trisílabo (v. 9) al tridecasílabo (v. 17); el verso predominante es el endecasílabo (por ejemplo, es el que aparece en los cinco versos). No existe una rima regular reconocible. En consecuencia, estamos ante un poema en verso libre, propio de la poesía moderna, predominante desde el siglo XX en adelante.
5) Comentario estilístico
El beso, metáfora del amor, es la acción que abre y cierra el poema. En el segundo verso se muestra el influjo positivo de ella sobre él, expresado a través de una metáfora: “de ella recibía la fuerza”. Se alude al hecho de que la mujer está muerta a través de metonimias: la mujer no habla (v. 3 y 13), o no ofrece respuestas (v. 21).
El hecho de que el hombre se niegue a admitir la muerte de ella se expresa elusivamente, pues realiza tres acciones anodinas sin aparente relación: apretarse la corbata, sorber un café y explicar sus proyectos. La adjetivación indica muy bien la carga metafórica negativa que conllevan estas acciones. El café está “desvanecido y turbio” (v. 8) y los proyectos son “para nunca jamás” (v. 12). Otro dato indica que las cosas no van bien; el hombre se aprieta “el corazón” (v. 7), metáfora de la contención del dolor. El “espejo humedecido” (v. 4) resulta una bella metáfora de los lloros de acaso otras personas presentes y afectadas por la muerte de la mujer.
En la tercera estrofa más extensa el hombre vuelve a hablar; ahora se emplean dos sustantivos metafóricos del camino de la vida: “lucha” (v. 14) y “amor” (v. 15), es decir, las penalidades y las alegrías, expresadas metonímicamente. Pero el silencio de ella es pertinaz, lo que provoca la admisión de él de que nunca volverá.
Lo escuchamos una sola vez hablar: “La vida es algo inesperado” (v. 16); expresa con contundencia la imprevisibilidad de la existencia y los zarpazos del destino. La expresión del dolor incontenible se expresa por una metáfora, el lloro (v. 20), por lo que ahora adquiere pleno sentido el espejo “humedecido” (v. 4); fue una anticipación de lo que vendría después. Los “labios” (v. 21) de ella aparecen como metonimia de la muerte irreversible de ella. Es aquí donde entendemos el título del poema: “El adiós”; se trata de la narración de una despedida definitiva y dolorosa provocada por la muerte.
6) Contextualización
José Ángel Valente Docasar (Ourense, 1929 – Ginebra, Suiza, 2000) es un excelente poeta adscrito a la Generación del 50 o Generación del Medio Siglo. Aunque también transitó por la poesía de tono social y denuncia política propia de esos poetas en sus fases iniciales, recorrió un camino poético propio a través de la poesía de influencia mística de diferentes religiones y tendencias. Persigue e indaga sobre la expresión de lo inefable, el sentido de lo nombrado, la verdadera esencia de las cosas, el origen y proceso del acto creador, etc. Este tipo de poesía se ha etiquetado como “poesía del silencio” (la expresión de lo inefable, o la escucha de lo que no tiene sonido) y “poesía del conocimiento”, pues el acto poético es herramienta para explorar, conocer y saber cómo conocemos, en conexión con la hermenéutica.
Estamos, pues, ante una poesía esencialista, indagatoria del ser, bastante conceptual y transcendental. Su lenguaje poético se caracteriza por la concentración expresiva y la claridad y precisión de significación. Sus poemarios de mayor relevancia son Punto cero (1972; recoge toda su producción anterior), Mandorla (1982), No amanece el cantor (1992), etc.
Valente dejó importantes libros de ensayos literarios, estéticos e interpretativos sobre autores y asuntos de su querencia. Son de especial significación Las palabras de la tribu (1971), La piedra y el centro (1982), etc. También tradujo poetas de otras lenguas y creó obras en las que se trabaja con la palabra y la imagen (fotografía, pintura, etc.) al alimón con pintores como A. Tàpies.
7) Interpretación y valoración
El poema cuenta una historia y valora los efectos perversos de la muerte de un ser querido. Lo que parece solo una anécdota intranscendente de eleva a la categoría de reflexión densa sobre los estragos emocionales por la desaparición de una persona amada.
Con un lenguaje cuidadosamente elusivo, cargado de significaciones tangenciales, el sujeto lírico narra una historia (y, en este sentido, se disfraza de narrador) y pondera los estragos emocionales de la muerte. Con una cuidadosa dosificación de la intriga, nos introduce de golpe en la tragedia mortal de una mujer y hombre que se amaban.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.
5) ¿Qué tono tiene el poema: festivo, narrativo, ligero o denso?
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a cómo la poesía se asentó en el yo poético.
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Quiénes protagonizan el poema?
2) ¿Qué sentido tiene el silencio de la mujer?
3) Explica el sentido de las estrofas de un verso entre paréntesis.
4) ¿Cuándo habla alguien en estilo directo?,¿Qué expresa con sus palabras?
5) Explica el sentido del movimiento que posee el poema. ¿Qué efecto produce?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese cómo un sentimiento, un hecho, real o ficticio, o un modo de actuar, real o ficticio, llega y sorprende a una persona. Puedes imprimir un sentido simbólico, como ha realizado José Ángel Valente.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta José Ángel Valente a propósito de su poema y de su vida.
3) Realiza una exposición sobre José Ángel Valente, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de paisajes, situaciones, etc. que sirvan de metáfora de una manera de afrontar la existencia, como la muerte de un ser querido, siguiendo el ejemplo de José Ángel Valente.

 

Mario Benedetti: «Chau pesimismo»; análisis y propuesta didáctica

MARIO BENEDETTI – Chau pesimismo
[1] Ya sos mayor de edad                                  1
tengo que despedirte
pesimismo
[2] años que te preparo el desayuno
que vigilo tu tos de mal agüero                       5
y te tomo la fiebre
que trato de narrarte pormenores
del pasado mediato
convencerte de que en el fondo somos
gallardos y leales                                               10
y también que al mal tiempo buena cara
[3] pero como si nada
seguís malhumorado arisco e insociable
y te repantigás en la avería
como si fuese una butaca pullman               15
[4] se te ve la fruición por el malogro
tu viejo idilio con la mala sombra
tu manía de orar junto a las ruinas
tu goce ante el desastre inesperado
[5] claro que voy a despedirte                    20
no sé por qué no lo hice antes
será porque tenés tu propio método
de hacerte necesario
y a uno lo deja triste tu tristeza
amargo tu amargura                                     25
alarmista tu alarma
[6] ya sé vas a decirme no hay motivos
para la euforia y las celebraciones
y claro cuandonó tenés razón
[7] pero es tan boba tu razón tan obvia     30
tan remendada y remedada
tan igualita al pálpito
que enseguida se vuelve sinrazón
[8] ya sos mayor de edad
chau pesimismo                                          35
[9] y por favor andate despacito
sin despertar al monstruo

 

  1. ANÁLISIS
1. Resumen
Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920 – Montevideo, 2009) fue un prolífico escritor uruguayo que nos dejó títulos perdurables de indudable calidad en ensayo, poesía, cuento y novela (también realizó incursiones en teatro). Testigo del convulso siglo XX hispanoamericano, su literatura da fe de unos tiempos confusos y violentos, sin perder nunca la esperanza.
El poema presenta un tono dialógico evidente. El sujeto lírico charla con el pesimismo; le anuncia que lo despide de su vida. Se ha cansado de servirle como si fuera su amo. Han sido muchos años de convivencia, pero al sujeto lírico ya no le interesa más porque lo arrastra a lo negro, a lo negativo, y le está fastidiando la vida. Al final, le advierte que se vaya con cuidado porque si despierta al “monstruo” (la esperanza, creemos), las consecuencias serían nefastas 
  1. Tema
El tema del poema es un exhorto a ser optimistas, a liberarse de una visión negativa de la vida, para así vivir más alegres, optimistas y felices.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta una estructura muy original y sorprendente:
-Un primer apartado ocupa desde la primera estrofa hasta la cuarta, ambas inclusive (vv. 1-19): el sujeto lírico le anuncia al pesimismo, totalmente personificado, que lo expulsa de su vida porque lo amarga. Lo ha conducido a un callejón sin salida y no desea seguir en esa dinámica.
-El segundo apartado ocupa desde la quinta estrofa hasta el final (vv. 20-37): el sujeto lírico se reafirma en su resolución de expulsar el pesimismo de su vida. Escucha las réplicas y quejas del pesimismo, pero no las admite; este ya es mayor de edad para buscarse la vida por sí mismo. Desde ese momento, el yo poético será más libre y alegre. 
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por treinta y siete versos de medida variable, desde el tetrasílabo hasta el endecasílabo; están distribuidos en nueve estrofas, formadas por un número desigual de versos, de dos a ocho. No se aprecia una estructura de la rima repetida o ajustada a cierta norma. Estamos, pues, ante un poema en verso libre. 
  1. Comentario estilístico
El poema se resuelve en un diálogo entre el sujeto lírico y el pesimismo; no es total, pues nunca escuchamos la voz directa del pesimismo, pero sí la indirecta, intermediada por el sujeto lírico. El pesimismo está personificado; la prosopopeya es un recurso básico a lo largo de todo el poema. 
El poema, en presente de indicativo, índice claro de su aire atemporal y argumentativo, posee un tono irónico, burlesco y humorístico bastante evidente. En la segunda estrofa, el sujeto lírico se presenta como un mero sirviente del pesimismo, que ha vivido a cuerpo de rey en la “casa” del sujeto lírico. Lo ha alimentado, lo ha curado y lo ha tratado de convencer de que sea optimista, con una frase hecha muy expresiva: “al mal tiempo buena cara”, pero todo sin éxito. 
La tercera estrofa constata que de nada ha servido, pues el pesimismo no cede en su negatividad. Lo califica duramente en una enumeración de adjetivos: “malhumorado, arisco e insociable” (v. 13). La metáfora de “avería” como cualquier cosa negativa, que, por supuesto, agrada al pesimismo, ya molesta al sujeto lírico. Personifica al pesimismo como un viejo señor caprichoso y abusón, repantigado en las desgracias.
La cuarta estrofa presenta tres paralelismos, uno por verso (vv. 16-19), junto con la anáfora de “tu” en tres versos consecutivos (vv. 17-19), y la elipsis de los verbos correspondiente, además del oxímoron expresivo de dos elementos contrapuestos en cada uno de los versos. “Fruición” se opone a “malogro”, como “idilio” a “sombra”, “orar” a “ruinas” y “goce” a “desastre. En una fórmula muy eficaz para resaltar la maldad y los efectos perversos del pesimismo en la persona.
La quinta estrofa abre la segunda parte. El sujeto lírico se reafirma en su idea de expulsar al pesimismo de su vida: “Claro que voy a despedirte” (v. 20), en un tono coloquial y resolutivo. Admite este la influencia tenaz del pesimismo en su persona. Tres versos (24-26) combinan varios recursos ingeniosamente empleados: la derivación (”triste”-”tristeza”, “amargo”-”amargura”, “alarmista”-”alarma”), el paralelismo, el quiasmo y el hipérbaton. Todos ellos expresan la influencia negativa persistente del pesimismo en el yo poético. Al menos, se ve cargado de razones para despedirlo de su vida. El tono coloquial aumenta con el uso de los verbos en segunda persona del singular, al modo rioplatense (“tenés”, v. 22).
La séptima estrofa continúa con la argumentación que justifique la expulsión de tan incómodo huésped. Se anticipa a su razonamiento con un “ya sé vas a decirme…” (v. 27) tratando de admitir que las cosas malas ocurren, son inevitables, pero eso es algo obvio, lo que convierte esta razón en “boba” (v. 30), ya en la octava estrofa. El uso de palabras familiares e informales (“cuandonó”, v. 29) aumentan la sensación conversacional que desprende todo el poema. La paronomasia “remendada” y “remedada” v.31) aporta humor y sorpresa, por lo inesperado. La anáfora y su correspondiente paralelismo con “tan” aportan una sensación de acumulación de razones poco convincentes por parte del pesimismo.
La octava estrofa es muy breve, pues está formada por solo dos versos, pero poseen singular importancia porque uno de ellos contiene el título del poema: “chau pesimismo” (v. 35). Es el adiós definitivo a lo amargo, reforzado expresivamente con el coloquialismo “chau”, propio de Hispanoamérica. La razón principal que aporta aquí es que ya es mayor de edad; es irónico porque quien ha adquirido la madurez es el sujeto lírico.
La novena y última estrofa, también formada por solo dos versos, introduce un elemento de sorpresa humorística refrescante y divertido. Por primera vez, el sujeto lírico amenaza al pesimismo; le pide que se vaya de su vida “sin despertar al monstruo” (v. 37). Esta última palabra es imagen de la fuerza interior, aún no bien conocida, del propio sujeto lírico. El tono coloquial y de broma es patente.
Existen algunos elementos importantes en la composición estilística del poema (y, en general, de toda la literatura benedettiana), que son: la falta de puntuación, el lenguaje sencillo, el tono coloquial, como conversacional y la presencia envolvente del sujeto lírico, que nos da el mensaje hecho y apela al lector para que lo considere y acepte. Hay que añadir la importancia de los recursos de repetición (la anáfora de “tu” y “tan” es el más importante; se complementa con paralelismos. La coloquialidad o tono conversacional del poema está muy marcada.
  1. Contextualización
Como ya afirmamos, Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920 – Montevideo, 2009) es uno de los más sugestivos y originales poetas del siglo XX en el ámbito hispanoamericano. Su producción literaria pasó por distintas etapas, que exponemos muy brevemente:
-Etapa existencialista, algo costumbrista y pesimista: se fija en el tipo de vida del ciudadano uruguayo de vida urbana. Presenta su vida anodina, su falta de ilusiones, su chato horizonte existencial, aunque posee vislumbres de que existe el amor y la felicidad más allá de su rutina oficinesca. Poemas de la oficina es un título muy conocido de esta fase.
-Etapa de denuncia social y compromiso político: Benedetti adopta posiciones de izquierda, participa activamente en la formación del Frente Amplio, con un programa progresista. Aquí su literatura se hace combativa; denuncia las injusticias sociales, las iniquidades y violencias contra los humildes, carentes de oportunidades, con un horizonte vital negativo. Apoyó firmemente la revolución cubana de 1959. Contra los puentes levadizos es un poemario representativo de este ciclo.
-Etapa del exilio: en 1973 los militares uruguayos dieron un golpe de estado y ejercieron el poder con violencia criminal. Reprimieron a los enemigos del régimen e impusieron su ideario conservador e inmovilista. Benedetti se fue al exilio; finalmente recaló en España, donde vivió hasta el final del exilio. Geografías es un poemario ejemplar de esta época.
-Etapa del “desexilio”: en 1985 Uruguay recuperó la democracia y Benedetti regresó a su patria. También supuso un esfuerzo de adaptación, pues todo había cambiado y hubo de reconstruir su contexto social y familiar. La vida ese paréntesis representa esta etapa creativa.
-Etapa intimista final: desde el año 2000 aproximadamente la literatura de Benedetti se hace más melancólica, intimista y reflexiva. Testigo de uno mismo es su último poemario en vida y ejemplariza esta fase.
Benedetti alcanzó gran éxito editorial (aunque la crítica se dividió en dos: unos lo alaban y otros lo critican por su literatura fácil, sencilla, excesivamente popular y coloquializante), por lo que lo acompañó la fama. Sus novelas más conocidas son La tregua y Primavera con una esquina rota. Sus cuentos, muy hermosos, se leen con fruición, pues su composición es original y muy lograda; su título más divulgado es Montevideanos
Benedetti pretende escribir una literatura entendible por todo tipo de lector, directa, transparente y transmisora de valores éticos y de ideología política (de izquierdas). No engaña a nadie, en este sentido. Se trata de una literatura para reflexionar y reaccionar, dirigida a construir un mundo más justo y razonable, pues la organización de las sociedades deja mucho que desear porque una parte grande de la población vive en la pobreza, sin educación, sin sanidad y sin futuro de ningún tipo, y eso es intolerable. Este pensamiento lo desarrolló en ensayos persuasivos.
  1. Interpretación y valoración
El poema que estamos analizando presenta un tono alegre, festivo y desenfadado. Es una invitación al optimismo y rechazo del pesimismo, pues este perjudica nuestras vidas. En un tono conversacional, el poema muestra un proceso, que es el del hartazgo del sujeto lírico de su convivencia con la desesperanza, cómo día a día ha ido minando su confianza y su sentido de la vida. Discute con el pesimismo; cada uno de ellos aporta sus razones y, al fin, el sujeto lírico decide expulsarlo de su vida. 
No ha sido un proceso fácil, más bien todo lo contrario, pues el enemigo es inteligente y persistente. La familiaridad entre ambos no esconde un choque frontal que, afortunadamente, gana el sujeto lirico. En un tono alegre –más que justificado–, informal y desenfadado, Benedetti nos invita a vivir con alegría, optimismo y esperanza en el presente y en el futuro. Las cosas malas existen, por descontado, pero no impiden gozar del milagro de la vida, un regalo que no debemos desaprovechar. La invitación amable a desterrar la amargura y centrarse en los aspectos positivos de la existencia se ven reforzados por la sencillez expresiva: lo importante se puede transmitir con llaneza.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a las percepciones sensoriales al mar, y cómo impactan en el poeta y, después, en el lector. 
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué verso se repite en el poema y qué efecto crea? 
2) El poeta, ¿qué ideas existenciales muestra? 
3) Localiza las imágenes que expresan cómo el sujeto lírico se vio sometido por el pesimismo.
4) ¿Quién es el “enemigo” del sujeto lírico? ¿Es fácil derrotarlo?
5) Aun con todo, los aspectos negativos y dolorosos de la vida, ¿se podrán desterrar? ¿Qué hacer con ellos, entonces?
6) Interpreta la palabra “monstruo” del verso final.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la importancia de decir adiós a algo o a alguien que ejerce una influencia negativa. Puedes imprimir un sentido coloquial y humorístico, como ha realizado Mario Benedetti en su poema.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Mario Benedetti a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Mario Benedetti, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar el abandono de un estado de ánimo de una idea negativa, especialmente relevante, según tu opinión, siguiendo el ejemplo de Mario Benedetti.

Mario Benedetti: «Utopías»; análisis y propuesta didáctica

MARIO BENEDETTI – Utopías
Cómo voy a creer / dijo el fulano             1
que el mundo se quedó sin utopías
cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza                    5
cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea                                        10
cómo voy a creer
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada
cómo voy a creer / dijo el fulano          15
que tu cuerpo / mengana
no es algo más de lo que palpo
o que tu amor
ese remoto amor que me destinas
no es el desnudo de tus ojos                20
la parsimonia de tus manos
cómo voy a creer / mengana austral
que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro
cómo voy a creer / dijo el fulano
que la utopía ya no existe                   25
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos / sos mi utopía.

 

 

1. ANÁLISIS
  1. Resumen
Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920 – Montevideo, 2009) fue un prolífico escritor uruguayo que nos dejó títulos perdurables de indudable calidad en ensayo, poesía, cuento y novela (también realizó incursiones en teatro). Testigo del convulso siglo XX hispanoamericano, su literatura da fe de unos tiempos confusos y violentos, sin perder nunca la esperanza.
El poema defiende la necesidad de creer en las utopías para seguir viviendo con un horizonte de esperanza y de alegría. El sujeto lírico le cede la voz a un “fulano”, que habla sobre el tema, es decir, reflexiona en voz alta. Y desgrana los motivos para ser optimistas: la esperanza, el placer, el universo y la muerte tienen un sentido superior, aunque parezca la contrario. En la cuarta estrofa advierte que el horizonte, el mar y la noche no son límites de nada, sino puertas que se abren más allá. En la quinta estrofa, el “fulano” que habla se centra en en tú, en este caso un “vos”, que es una “mengana”, más en concreto, “mengana austral”, de la que está hondamente enamorado; se niega a creer que ese amor, con resonancias sensuales y eróticas no es más que un acto carnal efímero; posee un sentido superior. La última estrofa argumenta a favor de la utopía con la mera existencia de la mujer que ama. Solo su presencia es dato definitivo de que la utopía existe, pues lo prueba el amor entre ambos.
  1. Tema
El tema del poema se cifra en la defensa de la utopía como un horizonte superior que dota de un sentido trascendente a la vida humana. A pesar de las evidencias negativas que rodean a la vida del hombre, es bueno y necesario creer que nuestros actos tienen un sentido superior.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta una estructura muy original y sorprendente:
-Un primer apartado ocupa desde la primera estrofa hasta la penúltima, ambas inclusive (vv. 1-23): el fulano se resiste, entre dudas, a creer que todos nuestros actos y nuestra vida entera no tienen más sentido que su mera realización concreta, sin más horizonte que su realidad momentánea. Se trata de una sucesión de ejemplos, que son argumentos en favor de la creencia de que la vida tiene un sentido superior. Dentro de este apartado, la primera estrofa posee una naturaleza introductoria del asunto poético.
-La última estrofa (vv. 24-28) posee un carácter conclusivo y consecutivo. La utopía existe porque existe el amor, bien concreto y visible en la “fulana” de la que el sujeto lírico está hablando y con la que interlocuciona. Lo que parece una reflexión abstracta se convierte en un diálogo, bien que sin respuesta.  
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por veintiocho versos de medida variable, desde el pentasílabo hasta el endecasílabo. No se aprecia una estructura de la rima repetida o ajustada a cierta norma. Estamos, pues, ante un poema en verso libre. 
  1. Comentario estilístico
El poema que comentamos es un canto a la utopía, una invitación a creer en su existencia y en sus efectos positivos. El “fulano” que piensa y habla, en una especie de soliloquio (luego veremos que es un diálogo con una “mengana” de la que está enamorado), aparenta monologar en voz alta. En la primera estrofa, con un carácter generalizante, se resiste a creer que “el mundo se quedó sin utopías” (v. 2). La personificación del “mundo” imprime un cáracter más general y denso al tema poético. No es solo una cuestión del “fulano”, sino del mundo entero. 
La segunda estrofa –y las siguientes– despliega un sistema de oxímoron de lo más llamativo. El sujeto lírico no cree que la “esperanza” sea “olvido” (v. 4), o el “placer”, “tristeza” (v.5). La tercera estrofa repite el verso inicial del poema y enumera otra serie de oxímoron: el“universo” no es “ruina” (v. /), la “muerte” es “silencio” (v. 9). Admite que puede que sí lo crea, pero no lo cree. Se muestra, pues, cabezota e ilusionado.
La cuarta estrofa (cuyo verso inicial es como el de la segunda, que a su vez es como el de la primera y tercera, pero sin el sintagma “dijo el fulano”) presenta tres nuevas antítesis donde el primer elemento no se puede identificar con el segundo: “horizonte” frente a “frontera”, “mar” frente a “nadie” y “noche” frente a “nada”. Todos ellos son metáforas en sí mismos: el primer elemento, de lo positivo, del futuro ilusionado; el segundo, de lo negativo, del presente cerrado y negro en sí mismo.
La quinta estrofa (cuyo primer verso es como el de la primera y la tercera; también se repite en la siguiente, la sexta y última; el paralelismo es evidente y crea una musicalidad muy marcada), que es la más larga, se centra en el amor, en la sensualidad del “fulano” hacia su “mengana austral”. La ama, y los elementos sensuales son superados por una significación superior de sentido espiritual. El acto sexual también adquiere una dimensión más alta, o eso desea creer el “fulano”. En esta estrofa, el sujeto lírico indica a quién le habla, a la “mengana”; el poema pierde un aire de monólogo, para ser un diálogo, bien que sin respuesta. Él habla con ella, como si estuviera presente.
La última estrofa tiene naturaleza concluyente. El sujeto lírico se dirige a la mujer, de quien está rendidamente enamorado, para alabarla. Una enumeración de tres adjetivos sinestésicos la encumbran: dulce, osada, eterna. Ella misma es la utopía de él, lo que demuestra que la esperanza de una vida proyectada hacia el futuro tiene sentido y es bien real, como la mujer que ve a su lado y con la que conversa. La barra se usa como si fuera una raya o  una coma; crea una sensación de ruptura de expectativas del lector y le obliga a reconstruir el sentido del verso donde aparece. 
El poema presenta un tono argumentativo, alegre y optimista. El sujeto lírico defiende la necesidad y la existencia de la utopía; es un modo de ser más feliz y encontrar a la vida un sentido más pleno. 
Existen algunos elementos importantes en la composición estilística del poema (y, en general, de toda la literatura benedettiana), que son: la falta de puntuación, el lenguaje sencillo, el tono coloquial, como conversacional y la presencia envolvente del sujeto lírico, que nos da el mensaje hecho y apela al lector para que lo considere y acepte. Hay que añadir la importancia de los recursos de repetición (la anáfora de “alguien” es el más importante; se complementa con paralelismos (la tercera estrofa es toda ella un paralelismo muy expresivo). La coloquialidad o tono conversacional del poema está muy marcada.
  1. Contextualización
Como ya afirmamos, Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920 – Montevideo, 2009) es uno de los más sugestivos y originales poetas del siglo XX en el ámbito hispanoamericano. Su producción literaria pasó por distintas etapas, que exponemos muy brevemente:
-Etapa existencialista, algo costumbrista y pesimista: se fija en el tipo de vida del ciudadano uruguayo de vida urbana. Presenta su vida anodina, su falta de ilusiones, su chato horizonte existencial, aunque posee vislumbres de que existe el amor y la felicidad más allá de su rutina oficinesca. Poemas de la oficina es un título muy conocido de esta fase.
-Etapa de denuncia social y compromiso político: Benedetti adopta posiciones de izquierda, participa activamente en la formación del Frente Amplio, con un programa progresista. Aquí su literatura se hace combativa; denuncia las injusticias sociales, las iniquidades y violencias contra los humildes, carentes de oportunidades, con un horizonte vital negativo. Apoyó firmemente la revolución cubana de 1959. Contra los puentes levadizos es un poemario representativo de este ciclo.
-Etapa del exilio: en 1973 los militares uruguayos dieron un golpe de estado y ejercieron el poder con violencia criminal. Reprimieron a los enemigos del régimen e impusieron su ideario conservador e inmovilista. Benedetti se fue al exilio; finalmente recaló en España, donde vivió hasta el final del exilio. Geografías es un poemario ejemplar de esta época.
-Etapa del “desexilio”: en 1985 Uruguay recuperó la democracia y Benedetti regresó a su patria. También supuso un esfuerzo de adaptación, pues todo había cambiado y hubo de reconstruir su contexto social y familiar. La vida ese paréntesis representa esta etapa creativa.
-Etapa intimista final: desde el año 2000 aproximadamente la literatura de Benedetti se hace más melancólica, intimista y reflexiva. Testigo de uno mismo es su último poemario en vida y ejemplariza esta fase.
Benedetti alcanzó gran éxito editorial (aunque la crítica se dividió en dos: unos lo alaban y otros lo critican por su literatura fácil, sencilla, excesivamente popular y coloquializante), por lo que lo acompañó la fama. Sus novelas más conocidas son La tregua y Primavera con una esquina rota. Sus cuentos, muy hermosos, se leen con fruición, pues su composición es original y muy lograda; su título más divulgado es Montevideanos
Benedetti pretende escribir una literatura entendible por todo tipo de lector, directa, transparente y transmisora de valores éticos y de ideología política (de izquierdas). No engaña a nadie, en este sentido. Se trata de una literatura para reflexionar y reaccionar, dirigida a construir un mundo más justo y razonable, pues la organización de las sociedades deja mucho que desear porque una parte grande de la población vive en la pobreza, sin educación, sin sanidad y sin futuro de ningún tipo, y eso es intolerable. Este pensamiento lo desarrolló en ensayos persuasivos.
  1. Interpretación y valoración
El poema que estamos analizando es muy original y atrevido. En un tono sencillo, conversacional, empleando un lenguaje más o menos familiar, el sujeto lírico, identificado con un “fulano”, defiende que es bueno tener ilusiones. La vida se hace más plena y transcendente. Vivir sin un horizonte de esperanza nos condena a una existencia ramplona, roma y mecánica.
El sujeto lírico ejemplifica en su amor a la “mengana austral” la importancia y los beneficios de la utopía. Se siente más alegre, feliz y con deseos de compartir su vida con ella. Se trata de un poema argumentativo hábilmente entremezclado con una experiencia personal, concreta, de la importancia de creer en la utopía. Lo más llamativo de todo ello es que, quien habla solo es un “fulano”, es decir, cualquiera de nosotros. La felicidad no conoce fronteras y desde la persona más humilde a la más encumbrada tiene derecho a su utopía.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a las percepciones sensoriales al mar, y cómo impactan en el poeta y, después, en el lector. 
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué verso se repite en el poema y qué efecto crea? 
2) El poeta, ¿qué ideas existenciales muestra? 
3) Localiza las imágenes que expresan los sentimientos de los protagonistas del poema.
4) ¿Quién es el “fulano” y la “mangana”? ¿Qué importancia simbólica poseen?
5) Localiza los oxímoron entre la esperanza y la desesperanza e indica su sentido. 
6) Interpreta la expresión “si vos sos mi utopía” (v. 28).
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la importancia de creer en la utopía o cualquier otra ilusión. Puedes imprimir un sentido abstracto y avanzar a lo concreto, como ha realizado Mario Benedetti en su poema.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Mario Benedetti a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Mario Benedetti, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar una utopía especialmente relevante, según tu opinión, siguiendo el ejemplo de Mario Benedetti.

Mario Benedetti: «Alguien»; análisis y propuesta didáctica

MARIO BENEDETTI – Alguien
Alguien limpia la celda          1
de la tortura
que no quede la sangre
ni la amargura
alguien pone en los muros    5
el nombre de ella
ya no cabe en la noche
ninguna estrella
alguien limpia su rabia
con un consejo                   10
y la deja brillante
como un espejo
alguien piensa hasta cuando
alguien camina
suenan lejos las risas          15
una bocina
y un gallo que propone
su canto en hora
mientras sube la angustia
la voladora                       20
alguien piensa en afuera
que allá no hay plazo
piensa en niños de vida
y en un abrazo
alguien quiso ser justo      25
no tuvo suerte
es difícil la lucha
contra la muerte
alguien limpia la celda
de la tortura                   30     
lava la sangre pero
no la amargura.
1. ANÁLISIS
  1. Resumen
Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920 – Montevideo, 2009) fue un prolífico escritor uruguayo que nos dejó títulos perdurables de indudable calidad en ensayo, poesía, cuento y novela (también realizó incursiones en teatro). Testigo del convulso siglo XX hispanoamericano, su literatura da fe de unos tiempos confusos y violentos, sin perder nunca la esperanza.
El poema “Alguien” posee dos protagonistas: una persona torturada y, seguramente, eliminada, y un torturador que trata de lavar su culpa, pero no lo logra. El “alguien” torturado es una persona que desea la justicia y el progreso para todos; en la celda, se acuerda de su familia, especialmente de la mujer que ama, cuyo nombre escribe en la pared de la celda. El “alguien” verdugo colabora en el ajusticiamiento del encarcelado; luego, para acallar su conciencia, limpia la celda físicamente para que no quede rastro de la persona injustamente eliminada. No lo logra porque de este queda la memoria y la amargura de los que lo quisieron; además, el verdugo siente un reconcomio incesante.
  1. Tema
El tema del poema se cifra en la denuncia de las torturas de los regímenes dictatoriales que matan impunemente a los que consideran enemigos, al tiempo que realza la superior categoría moral de los torturados y masacrados respecto de sus victimarios, personas despreciables corroídos por sus remordimientos.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta una estructura tripartita muy equilibrada:
-Las tres primeras estrofas (vv. 1-12) presenta al verdugo y a la víctima en sus distintos papeles: aquel, tratando de borrar las huellas del crimen y la memoria de este, quien escribía el nombre de la mujer amada en las paredes de la celda.
-Existe una estrofa central doble (ocho versos, vv. 13-18)) en la que se consuma la persecución y eliminación de la víctima por parte de sus verdugos.
-La tercera parte (tres últimas estrofas, vv. 19-32) refuerza el sentido de todo lo anterior; realza la dignidad y virtud de la víctima y la bajeza moral y criminal del victimario. 
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por treinta y dos versos agrupados en estrofas de cuatro versos. El número de sílabas y la rima se establece así: 7- 5a, 7-, 5a. En el centro del poema se hace una sola estrofa de ocho versos, pero se respeta la rima como si fueran independientes. Estamos, pues, ante la estrofa de la seguidilla; es una estructura de composición poética clásica española. En general, se adapta bien para temas alegres y desenfadados, pero aquí contrasta violentamente con un contenido lúgubre y sangriento.
  1. Comentario estilístico
El poema presenta un tono sombrío, reflexivo y pesimista. El sujeto lírico habla de dos personas indeterminadas, nombradas con la misma palabra, “alguien” (se repite muchas veces a lo largo del poema). Pero son dos personalidades opuestas ética y factualmente: el primero en ser presentado (en la primera estrofa) es el victimario; se esfuerza en limpiar la celda donde se ha torturado a alguien hasta el extremo, como nos delatan las dos metonimias de “sangre” (v. 3) y “amargura” (v.4); significan dolor y, luego, lo veremos, muerte; la segunda se refiere al dolor moral causado en el torturado y su entorno. Esta primera estrofa funciona de contextualizador: un lugar, un momento y unas circunstancias en las que se desarrolla la acción poética.
La segunda estrofa cambia de protagonista; ahora el “alguien” se refiere a la víctima, que está en el mismo lugar de la anterior. Escribe en las paredes de la celda el nombre de la mujer que ama, a la que alude con el pronombre “ella” (v. 6). Desarrolla una metáfora nocturna referida al cielo para significar, creemos, que no hay esperanza, simbolizada en las estrellas.
La tercera estrofa enfoca sobre el victimario, aunque la significación es muy abierta. Una persona (y parece un tercero, o casado sea el verdugo) está rabioso y ofrece una opinión que, de algún modo, justifica su rabia. Apreciamos un símil irónico para referirse a su falsa conciencia, ahora tranquila. 
La cuarta estrofa tiene el doble de extensión que todas las demás; en realidad, son dos seguidillas fusionadas. El sentido es bastante obscuro. El “alguien” del principio parece referirse al victimario, que vigila al torturado, al tiempo que disfruta de su vida (“risas” y “bocina” parece aludir a ello). El gallo que canta es una metáfora, acaso de origen evangélico, sobre la traición que ha sufrido la víctima. Ha sido víctima de una delación y, en consecuencia, pagará con su vida. La “angustia” alude al miedo del torturado. 
La quinta estrofa se centra en la víctima; piensa en la vida fuera de la celda; él mismo podía haber sido feliz, pues tiene una familia (“niños” y “abrazo” son dos metonimias que aluden a ello). Acaso está a punto de ser ajusticiado, de ahí que “allá no hay plazo” (v. 22) exprese el miedo de que su tiempo se acaba.
La sexta estrofa sigue focalizando sobre la víctima. Aporta las razones de por qué ha sido torturado: “quiso ser justo” (v. 25); es un defensor de la justicia social, pero no lo acompañó la suerte y sus enemigos –asociados a la “muerte”, v. 28– lo neutralizaron, con el resultado que ya sabemos.
La séptima estrofa vuelve al victimario, dándole así al poema una estructura circular. Está realizando la misma acción que en la primera celda: limpiar sus paredes para borrar huellas físicas de lo que allí pasó: la muerte del detenido. Sin embargo, no podrá borrar la amargura, acaso del propio verdugo y también, por supuesto, de los allegados de la víctima.
El poema presenta una estructura circular, narrativa y cinematográfica. La cámara va saltando de un personaje a otro; los vemos realizando acciones de signo contrario, lo que nos permite identificarlos en sus roles. Comparten un lugar: la celda y ambos realizan acciones complementarias: uno tortura, el otro sufre y, aparentemente, muere.
Existen algunos elementos importantes en la composición estilística del poema (y, en general, de toda la literatura benedettiana) son: la falta de puntuación, el lenguaje sencillo, el tono coloquial, como conversacional y la presencia envolvente del sujeto lírico, que nos da el mensaje hecho y apela al lector para que lo considere y acepte. Hay que añadir la importancia de los recursos de repetición (la anáfora de “alguien” es el más importante; se complementa con paralelismos (la tercera estrofa es toda ella un paralelismo muy expresivo).
  1. Contextualización
Como ya afirmamos, Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920 – Montevideo, 2009) es uno de los más sugestivos y originales poetas del siglo XX en el ámbito hispanoamericano. Su producción literaria pasó por distintas etapas, que exponemos muy brevemente:
-Etapa existencialista, algo costumbrista y pesimista: se fija en el tipo de vida del ciudadano uruguayo de vida urbana. Presenta su vida anodina, su falta de ilusiones, su chato horizonte existencial, aunque posee vislumbres de que existe el amor y la felicidad más allá de su rutina oficinesca. Poemas de la oficina es un título muy conocido de esta fase.
-Etapa de denuncia social y compromiso político: Benedetti adopta posiciones de izquierda, participa activamente en la formación del Frente Amplio, con un programa progresista. Aquí su literatura se hace combativa; denuncia las injusticias sociales, las iniquidades y violencias contra los humildes, carentes de oportunidades, con un horizonte vital negativo. Apoyó firmemente la revolución cubana de 1959. Contra los puentes levadizos es un poemario representativo de este ciclo.
-Etapa del exilio: en 1973 los militares uruguayos dieron un golpe de estado y ejercieron el poder con violencia criminal. Reprimieron a los enemigos del régimen e impusieron su ideario conservador e inmovilista. Benedetti se fue al exilio; finalmente recaló en España, donde vivió hasta el final del exilio. Geografías es un poemario ejemplar de esta época.
-Etapa del “desexilio”: en 1985 Uruguay recuperó la democracia y Benedetti regresó a su patria. También supuso un esfuerzo de adaptación, pues todo había cambiado y hubo de reconstruir su contexto social y familiar. La vida ese paréntesis representa esta etapa creativa.
-Etapa intimista final: desde el año 2000 aproximadamente la literatura de Benedetti se hace más melancólica, intimista y reflexiva. Testigo de uno mismo es su último poemario en vida y ejemplariza esta fase.
Benedetti alcanzó gran éxito editorial (aunque la crítica se dividió en dos: unos lo alaban y otros lo critican por su literatura fácil, sencilla, excesivamente popular y coloquializante), por lo que lo acompañó la fama. Sus novelas más conocidas son La tregua y Primavera con una esquina rota. Sus cuentos, muy hermosos, se leen con fruición, pues su composición es original y muy lograda; su título más divulgado es Montevideanos
Benedetti pretende escribir una literatura entendible por todo tipo de lector, directa, transparente y transmisora de valores éticos y de ideología política (de izquierdas). No engaña a nadie, en este sentido. Se trata de una literatura para reflexionar y reaccionar, dirigida a construir un mundo más justo y razonable, pues la organización de las sociedades deja mucho que desear porque una parte grande de la población vive en la pobreza, sin educación, sin sanidad y sin futuro de ningún tipo, y eso es intolerable. Este pensamiento lo desarrolló en ensayos persuasivos.
  1. Interpretación y valoración
El poema que estamos analizando presenta un contenido sombrío y de denuncia contra un hecho inadmisible: la tortura contra las personas. El sujeto lírico, trasunto de Benedetti, clama contra el abuso de poder de ciertos gobiernos dictatoriales, violentos y autoritarios que se ensañan contra su propia población, buscando apoyo y la eliminación de todo adversario político.
No estamos ante un poema de contenido sentimental o intimista, sino político y social. El sujeto lírico denuncia la muerte de activistas en las cárceles de regímenes totalitarios. No nombra específicamente a nadie, pero podemos hacernos una idea de cuáles son sus referentes: los enemigos de la libertad. La sencillez léxica y la estructura circular del poema crean una falsa sensación de ligereza de pensamiento, pero las cosas son más tristes y tétricas.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a las percepciones sensoriales al mar, y cómo impactan en el poeta y, después, en el lector. 
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué palabra es la que más se repite en el poema y sirve para nuclear el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿qué ideas políticas muestra? 
3) Localiza las imágenes que expresan los sentimientos de los protagonistas del poema.
4) ¿Dónde se desarrolla la acción? ¿Qué importancia simbólica posee?
5) Localiza palabras de los dos polos semánticos del poema: triunfo, alegría / dolor, muerte. 
6) Interpreta el verso “alguien quiso ser justo” (v. 25)
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese una denuncia o protesta por algún tipo de injusticia que observes a tu alrededor. Puedes imprimir un sentido generalista, sin personalizar, como ha realizado Mario Benedetti.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Mario Benedetti a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Mario Benedetti, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar una protesta contra una situación negativa (medioambiental, social, etc.), siguiendo el ejemplo de Mario Benedetti.