Miguel Delibes: «El tesoro»; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes – “El tesoro” (1985)
1. ANÁLISIS
1. Resumen
I
Principios de abril. Jero es profesor universitario, en Madrid, aparenta. Llega de un viaje de Almería y su jefe, el Subdirector General, Paco, lo reclama para estudiar “un tesoro” prehistórico aparecido en el Castro de Gamones, en las Segundas Cogotas. Jero se excusa ante Gaga porque no puede ir a verla. Lino, “abogado doblado de agricultor”, ha encontrado un tesoro del S. I a.C. Son cerca de diez kilos de oro y plata de piezas ornamentales de la cultura castreña o celtibérica. Se lo comunica a Pablito, en la provincia (se cita Valladolid) y este a Paco. Se dirigen en coche a Valladolid; luego, al lugar del hallazago. El pueblo de cuatrocientos habitantes está en Valladolid. Es un castro que ha excavado don Virgilio, el Coronel. Ya está fallecido; excava durante media vida el castro de Las Aradas.
II
Se juntan en un restaurante para comer don Lino, el agricultor, grande y calvo, Pablito, también profesor en Madrid y los recién llegados, Jero y Paco. don Lino explica que ara con el tractor en el tozal, arriba del teso, en el cortafuegos. Conversación áspera entre Lino y Jero porque aquel insinúa que Virgilio buscaba algo más que restos prehistóricos. El hallazgo ocurre en el término de Gamones, en un comunal, en tanto la propiedad de Lino está en Pobladura de Anta. Jero sospecha que Lino usa el detector para el hallazgo.
III
El director del banco los lleva a la caja fuerte y les enseña el tesoro:
“Torques, brazaletes, anillos, fíbulas, colgantes, arracadas, pendientes de oro y plata, enredados unos con otros, se desparramaron sobre la mesa vacía”. De la segunda Edad del Hierro. Van en coche a Gamones, con Lino; les señala el tozal (teso) y exploran el lugar. Entre ellos, reconocen que el hallazgo es importante. El Papo, un señor con pata de palo, les hace un corte de mangas en Gamones. Jero lamenta que don Lino reciba cuatro o cinco millones como compensación; le llama “cacho cabrón”. Paco vuelve a Madrid y regresa al día siguiente con su equipo de profesores para excavar. Jero se queda para dormir en Covillas. En Gamones todos saben lo del hallazgo.
IV
Llegan en coche a primera hora Cristino (con una mancha de vitíligo del cuello a la cara), Ángel y el Fíbula; son chicos de veinte años algo pasados. En Gamones los recibe el alcalde con cierta hostilidad, aunque los deja excavar. Varios carteles con faltas de ortografía advierten de la prohibición de hacer “excarbaciones”. La señora Olimpia les hace la comida. Les informa que el Coronel sabía lo de la “mina”, pero su muerte súbita deja a todos en ascuas. Olimpia piensa que le cuenta el secreto de la “mina” a la Pelaya, que sirve en su casa y acaso son amantes. Esta es esposa de Gedeón; ahora trabajan para don Lino. Este se entera por la Pelaya de todo el asunto. 
V
El pastor de cabras aparece por allí. Los amenaza con colgarlos, junto con la Pelaya y don Lino. Cae la tarde y vuelven a Covillas, a cenar y dormir. Jero habla por teléfono con su novia Gaga. Bronca fuerte; ella lo amenaza con dejarlo.
VI
Olimpia les advierte que los hombres del pueblo están soliviantados y no quieren que excaven más. El Papo los dirige. Jero piensa que el alcalde los meterá en razón. El Papo, un joven de jersey amarillo, el cabrero y un hombre de pelo blanco, seguidos por los hombres del pueblo, suben al teso. Los amenazan de muerte si no abandonan el lugar inmediatamente. Razona Jero, pero no hay nada que hacer. Tratan de hablar con el alcalde, pero no está. Intentan hablar con Paco.
VII
Van a la ciudad y hablan con el delegado provincial de cultura, Carlos; considera lo ocurrido un motín. Llama a gobernador civil. Le ofrece a Jero protección de la Guardia Civil, pero la rechaza. Quedan en Gamones a las ocho, para reunirse con la corporación. Envían una destacamento de la policía “social” para pulsar el ambiente.
VIII
Carlos, el delegado provincial, recoge a Jero y van a Gamones, a las ocho y media, a reunirse. Hay un retén de la guardia civil y policías de paisano. Todo está tranquilo. Hace mucho frío. Las calles están desiertas. Reunión en las escuelas del alcalde, Escolásatico, dos concejales (Martiniano y Albano), el secretario, Jero y el delegado. Este los manipula con su retórica rimbombante, pues el alcalde y los concejales no saben expresarse con persuasión. Les advierten que don Lino es una mala persona. Al día siguiente se reinicia la excavación, con Martiniano de obrero. El alcalde invita a todos al bar para celebrar el acuerdo.
IX
Celebran concejo a la mañana siguiente, el alcalde subido en un remolque, en la plaza del pueblo. La gente asiste contenta y burlona. Autorizan las excavaciones, contratando a Martiniano. Al llegar al lugar, encuentran que una niveladora lo ha removido todo y ha abierto una zanja de dos metros de hondo por tres de ancho. Todo el yacimiento se ha perdido. Vuelven al pueblo desesperados. A don Lino le han quemado el tractor. Jero lo va a denunciar y se lo dice al alcalde. Tiene una gran frustración y furia, pero poco puede hacer. Ángel repite la frase: “Esto se arregla con escuelas”. Aparece el subdirector general, Paco, en un coche. Trae a Gaga. Se abraza a Jero y este le confiesa que la necesita.
2. Temas de la novela
– Crítica a la avaricia y a la envidia de los campesinos pobres y a hipocresía de los políticos manipuladores. 
– Denuncia de la falta de cultura y educación de los habitantes del rural castellano. Han vivido en el abandono más espantoso durante siglos, de ahí su desconfianza. 
– Expresión de las dificultades de entendimiento entre las personas urbanitas y las rurales, con muy distintos estilos de vida. 
3. Apartados temáticos 
Esta novela está compuesta por nueve capítulos. Se puede distinguir una estructuración clásica:
– Los dos primeros capítulos conforman la introducción o planteamiento. Se presentan los personajes y el conflicto. Don Lino encuentra un tesoro celtibérico y quiere lucrarse de ello.
– Nudo o desarrollo: abarca los capítulos III y hasta la mitad del final. Se narran las vicisitudes de Jero, con sus ayudantes, para lograr realizar una excavación científica del lugar. La codicia de unos y otros dificulta mucho la tarea, aunque avanza.
– Desenlace: ocupa la segunda mitad del último capítulo (IX). Por fin, se alcanza un alivio frustrante a la tensión acumulada; ya no hay yacimiento arqueológico y todo se ha acabado.
4. Personajes
Se trata de una novela centrada en el profesor Jero y una serie de personajes secundarios con un papel proporcionalmente distribuido. Jero es el protagonista; es un profesor de la “Universidad de Madrid”, de mediana edad, entregado a su pasión por la prehistoria. Es una autoridad en la materia y lo vive con pasión. Casi con tanta como su relación con Gaga, su novia. Está mucho tiempo fuera de casa, lo que irrita a Gaga. Al final, sin embargo, su relación sale fortalecida.
Paco, el subdirector general de Bellas Artes, es amigo de Jero. Como todos los políticos que aparecen en la novela, es bastante fatuo, mandón y soberbio. Tiene un lado humano interesante, pues es quien lleva a Gaga de Madrid a la provincia para encontrarse con su novio. El delegado provincial de Cultura, Carlos, es otro político con la misma traza que el anterior, solo que este tiene más labia y sabe lidiar con los campesinos aparentemente con éxito, aunque al final fracasa. Los tres jóvenes ayudante de Jero, Cristino, Ángel y el Fíbula; representan la juventud universitaria, más o menos educada y sensible. Muestran entusiasmo por su trabajo y lo hacen con interés. 
El mundo rural se ve representado por don Lino, el artífice del hallazgo (provisto de un detector de metales), la corporación municipal de Gamones (Escolástico, el alcalde, y los concejales Martiniano y Albano. Es gente ruda, desconfiada y un tanto vengativa. Parece que se aviene a razones, pero al final prefieren que el tesoro celtíbero no vaya para nadie con tal de que no caiga el beneficio en manos de don Justo. Aparecen como personas desconfiadas, primitivas y un tanto violentos, aunque con matices. El cabrero, el hombre de pelo blanco y el cojo Papo son de armas tomar; los otros se dejan llevar, dentro de su brutalidad ingenua. Eso sí, todos están unidos por el odio a don Lino, el campesino rico del pueblo de al lado.
Don Virgilio es un campesino (se entiende) ya muerto, pero muy aficionado a la arqueología. Honrado y tenaz, aunque no tuviera formación, se esforzó por sacar a la luz los valores históricos de su localidad, aunque no fue entendido por sus paisanos. Es un personaje interesante porque da un contrapunto interesante sobre la incultura rural. Y lo mismo se puede afirmar de Olimpia, la señora que prepara la comida a los historiadores.
 5. Lugar y tiempo narrativos
La acción (excepto en el primer capítulo, encuadrado en Madrid) se desarrolla en varios pueblos castellanos, principalmente Gamones, Pobladura de Anta y Covillas. Entre los dos primeros existe una animadversión enconada desde siglos atrás. Son pueblos castellanos pobres, de unos cuatrocientos habitantes, desangelados y abandonados de la mano de Dios. La gente lleva un humilde pasar y se les percibe como desilusionados por su futuro. El lugar principal de la acción, sin embargo, se localiza en un cabezo que hace de linde entre los dos pueblos, el Castro de Gamones; exactamente, en la franja arada que hace de cortafuegos. Allí se hallan los restos de un poblado celtibérico, ya en contacto con la cultura castreña noroccidental.
El tiempo de la escritura se remonta a los años previos a 1985, momento de su publicación. El tiempo de la acción narrada es contemporáneo al de la escritura. Se sitúa, pues, en los primeros años ochenta del siglo XX. La acción tiene una duración bien definida: tres días. Es cierto que se realizan algunas analepsis, más bien genéricas; recrean acciones individuales y colectivas de años atrás. 
6. Figura del narrador
La novela está contada por un narrador en tercera persona. Es omnisciente parcial, externo y bastante objetivo. Ve, en general, a través del profesor Jero, pero también a través de los campesinos, sobre todo en los tres últimos capítulos. 
La omnisciencia se ve reducida claramente. Interesa comprender el conflicto de Jero y el de los campesinos, de ahí que se les preste la visión o focalización. El narrador describe con todo lujo de detalles la geografía y la flora y fauna del lugar, lo que denota su afinidad emocional con esa tierra, por la que muestra simpatía y cariño.
7. Notas estilísticas
Delibes es un auténtico maestro en el manejo de la lengua española. En esta obra se combina el registro formal (cuando hablan en un contexto académico y político) e informal, muy coloquial y a veces avulgarado (“cagüen en sos”, suelen exclamar los campesinos). El registro informal con un claro nivel popular y familiar es muy visible en el entorno campesino. El conjunto es muy armonioso y jugoso: el lector salta de un registro a otro, con sus protagonistas, disfrutando de una experiencia de lectura satisfactoria y rica.
El manejo de los recursos estilísticos es muy acertado; metáformas, símiles, personificaciones, elipsis, etc., contribuyen a la riqueza de un texto magníficamente compuesto. El léxico, muy bien seleccionado, es apropiado y ajustado a la citación; los campos léxicos de adornos prehistóricos se combina con otros como el mundo agrícola y la vida rural castellana. Un ejemplo tomado del capítulo IX de la novela ilustra muy bien estas notas estilísticas:
El coche arrancó suavemente y, una vez en la carretera, Jero se apoyó con ambas manos en el volante y presionó el asiento con la espalda, alzándose levemente. Dijo eufórico:
—Muchachos, la Providencia nos ha designado para datar la celtiberización del Alto y el Medio Duero. ¡Loada sea la Providencia! —tomó la revuelta del camino demasiado rápido y las ruedas traseras derraparon.
—¡O… o… ojo! —advirtió Martiniano.
Jero enderezó el coche, que brincaba en los relejes, y añadió:
—Y usted, señor Martiniano, va a ser partícipe de esa gloriosa efemérides.
El automóvil se ahogaba en la pendiente, se bamboleaba.
—Lleva demasiado peso. Deberíamos bajarnos —sugirió Cristino.
Finalmente el coche se rehízo y, aunque con apuros, dobló la curva de la nogala. Cristino, que desde que abandonaron la plaza se esforzaba por hurtar la mancha de vitíligo a la mirada ubicua y perspicaz de Martiniano, señaló el árbol al pasar:
—Los espantajos siguen ahí.
El Fíbula miró con sorna al concejal:
—¿Se ha dado usted cuenta, señor Martiniano? Son don Lino y la Pelaya. Los han colgado. Detrás teníamos que ir nosotros. ¿Qué le parece?
Martiniano cabeceó, acobardado:
—Co… co… cosas del cabrero —dijo.
Jero detuvo el automóvil junto al peñasco y, apenas puso pie en tierra, antes de abrir el maletero para sacar los trebejos, intuyó los primeros indicios del desastre: el olor a mantillo; la tierra removida, desbordada hasta la peña; las grandes rocas desmontadas; las anchas huellas del tractor en la rampa de acceso al tozal.
—¿Qué es esto? ¿Qué ha ocurrido aquí? —dijo alarmado, echando a correr.
Los tres muchachos y Martiniano lo miraban perplejos. Lo vieron coronar el castro y detenerse, de repente, al comienzo del cortafuegos, como si a sus pies se abriera una sima:
8. Contextualización
Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920 – 2010) es un formidable novelista de la posguerra española. Dueño de un estilo propio, logró que el rural castellano, la gente humilde y sencilla, pasara a primer plano narrativo. Novelas como El camino (1950), Viejas historias de Castilla la Vieja, Las ratas, etc. son ejemplo de este tipo de narrativa. También la ciudad provinciana, en este caso con una crítica muy dura a la burguesía acomodaticia, egoísta y avulgarada, forma parte de su arco novelístico. El príncipe destronado, Cinco horas con Mario, Mujer de rojo sobre fondo gris, El tesoro, que ahora comentamos, y La hoja roja son algunos ejemplos de este tipo de relato. Su última obra, El hereje es una novela histórica de gran aliento y significación; recrea los tristes episodios en torno al auto de fe de Valladolid, contra los luteranos, en 1559.
9. Interpretación y valoración
Estamos ante una hermosa y ácida novela que reflexiona sobre los efectos negativos de la incultura y la envidia, males especialmente visibles en el mundo rural. Delibes, como nos tiene acostumbrados, realiza un acercamiento respetuoso y reflexivo sobre el rural castellano, abandonado durante siglos. Critica la pobreza, la incultura y la falta de una buena educación, elementos que contribuyen a un retraso evidente en el mundo rural castellano. Nadie se ha preocupado de subsanar estas lacras tan negativas y duraderas.
Delibes conoce muy bien la vida rural castellana, de ahí que su relato sea tan verosímil y esté tan lleno de verdad. Los campesinos son presentados con crudeza y comedimiento al mismo tiempo. Es gente desconfiada y escarmentada de lo que pueden traer los políticos a sus pueblos, de ahí su prevención inicial. Los diálogos poseen una vivacidad extraordinaria; contribuyen a la configuración del cuadro rural.
El final de la novela es amargo y triste. Los campesinos prefieren quedar sin nada y destruir su propio patrimonio histórico antes de que se pueda aprovechar un agricultor de otro pueblo, lo que ya había quedado descartado. He aquí un ejemplo de cerrilismo contumaz. Al final, Jero, el protagonista, se refugia en su novia para poder superar todos sus sinsabores profesionales, rodeados de miseria moral.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes, tanto ricos como pobres.
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Observa y señala las características del narrador.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué tipo de vida llevan Jero y sus ayudantes? ¿Con qué otros estilos de vida se contrapone? 
2) Analiza los rasgos de la personalidad de los dos políticos que aparecen en la novela y señala sus rasgos comunes.
3) ¿Cuál es la causa real de que los vecinos de Gamones reaccionen tan violentamente ante las excavaciones históricas?
4) ¿Qué sentido tiene la “mina” en el contexto de los campesinos de Gamones? ¿Es realista pensar así? ¿Qué nos dice de su situación económical? 
5) ¿Qué sentido tiene el título de la novela, “El tesoro”? ¿Qué desea transmitir el autor con ello? 
6) ¿Qué significación se encierra en el final de la  novela?  
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese el supuesto hallazgo de algo importante para unos, pero no tanto para otros. Puedes imprimir un ritmo coloquial y familiar, como ha realizado Miguel Delibes.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de objetos o cosas que puedan despertar el orgullo y alegría de unos, frente a la desconfianza de otros, movidos por turbias pasiones, siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.
2.4. Comentario de texto específico
(Capítulo V) 
La señora Olimpia, acuclillada ante el fuego, de espaldas a la mesa, se irguió lentamente y dio media vuelta. Sus mejillas congestionadas reflejaban el ardor del hogar, donde las brasas de roble iban apagándose poco a poco, transformándose en rescoldo. Tomó del fogón una fuente de patatas fritas y la puso en el centro de la mesa camilla donde ellos comían con apetito, sujetando el hueso con los dedos, unas chuletas de cordero. Sobre la cabeza del Fíbula se abría un ventano a través del cual se adentraban tenues cacareos de gallinas y el metálico quiquiriquí de un gallo. Frente a él, entre una compleja teoría de anaqueles y vasares, con platos y cacharros, sonreía abiertamente, desde un atrasado calendario, una muchacha en bañador. La señora Olimpia quedó un rato plantada ante ellos, gruesa, cachazuda, los brazos en jarras, observando las necesidades de la mesa y, durante el tiempo que permaneció así, Cristino mantuvo vuelta la cabeza, mordisqueando distraídamente el hueso que sostenía entre los dedos. Jero se enfureció:
—¿Es que no puedes olvidarte un minuto de tu cara, coño? ¿Es que no sabes relajarte? ¡Mira de frente por una vez, leche!
La señora Olimpia, acuclillada de nuevo, avivaba las brasas con el soplillo antes de poner sobre ellas el puchero del café.
Cristino se mostraba afligido y sumiso:
—¿Qué quieres? —dijo—. Esto empezó siendo un tic pero ha acabado siendo un complejo. No puedo remediarlo.
Jero pretendió razonar:
—Ya sabes lo que dice Pedro. Antes que pomadas y potingues, lo primero que tienes que hacer es aprender a convivir con el vitíligo. Te guste o no, es tu compañero inseparable.
El Fíbula redondeó los ojos y bebió de un trago medio vaso de vino.
—¿Es que pica eso? —preguntó.
Cristino, abrumado, denegó con la cabeza.
—Pues, entonces, déjalo estar —añadió el Fíbula en tono festivo—. A mí no me importaría nada tener una cara bicolor, te lo juro por Dios. Una cara como una bandera. ¡Anda y que no debe de fardar eso!
Cristino sonrió apagadamente. Jero insistió. Se hacía evidente que no era la primera vez que aludía al tema. Indicó con una mirada a la señora Olimpia, inclinada sobre el fuego:
—Mira la vieja —dijo a media voz—. Tiene más barbas que un patriarca, pero da la cara, coño, no se acoquina. Y hace bien. Al que no le guste que no mire.
Ángel rió, señalando maliciosamente a Cristino.
—Pues mientras eso no se le quite, la Lourdes puede aguardar.
—¿Lourdes Pérez Lerma? —preguntó espontáneamente Jero, a quien las listas de sus alumnos se le grababan prodigiosamente en la cabeza desde el primer día de clase.
—Está por ella —añadió el Fíbula—, pero como si no. Todos andamos al cabo la calle menos la interesada.
Jero miró a Cristino:
—¿Es eso cierto?
—Bueno, vamos a dejarlo; son asuntos personales.
Ángel alzó la cabeza:
—Mira, compañero, con la mano en el corazón, prefiero tu cara antes que el lío que yo tengo formado, ¡palabra!
—¿Tan mal te va? —inquirió Jero.
—No es que me vaya bien ni mal, jefe, pero amarrarse a los diecinueve años no creo que sea un plato de gusto para nadie.
El Fíbula llenó los vasos de un vino negro, espeso, con una orla espumosa en la superficie.
—Después de todo, nadie te obligó a hacerlo.
—¡Joder, nadie me obligó…! ¿Serías tú capaz de dejar un hijo en la calle, sin nombre, como un hospiciano?
La señora Olimpia, que se acercaba a la mesa bamboleándose, con una nueva botella de vino en la mano, se detuvo, miró desconcertada a Ángel y exclamó:
—No me dirá que está usted casado.
Ángel infló el pecho cuanto pudo y lo golpeó rudamente con los dos puños cerrados como si fuera un tambor:
—Sí, señora. Casado y con un heredero para lo que usted guste mandar.
—¡Jesús!, si parece una criatura. Tiene usted más cara de hijo que de padre, ya ve lo que son las cosas.
Jero aprovechó la inesperada apertura de la señora Olimpia para meter cuña:
—Dígame, señora, ¿conoció usted a don Virgilio?
La mujer le miró y estiró el cuello como un pavo:
—¿Y quién no va a conocer al difunto Coronel en estos contornos?
Jero, los ojos en el plato, mondaba una naranja.
—Andaba mucho por el castro, ¿no es cierto?
—Mejor diría que no bajaba de él. Para mí que fue el difunto Coronel y no don Lino quien descubrió la mina esa, ya ve usted.
Jero se atragantó. Tosió repetidamente antes de recuperar la voz.
—¿Es que hay una mina arriba?
La señora Olimpia hizo un gesto socarrón:
—Ande, no se haga ahora de nuevas. Si no fuese por la mina, ¿qué pintaban ustedes aquí?
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del texto; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Miguel Delibes: «Parábola del náufrago»; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes – “Parábola del náufrago” (1969)
1. ANÁLISIS
1. Resumen
Jacinto San José es un hombre de mediana edad; vive en las dependencias de Don Abdón, SL. Allí trata con un perro, antes hombre, llamado Genaro. Antes habla, ahora ya solo ladra. Jacinto se dirige a sí mismo mirándose en el espejo; argumenta a favor de la transformación de hombre a perro de Genaro; es más feliz, no tiene problemas familiares, etc. Baudilio Villamayor es el jardinero de ese lugar. Darío Esteban, el celador, golpea al perro sin razón aparente; este lo aguanta pacientemente, sin protestar. Don Abdón es una buena persona que piensa en la tranquilidad de sus empleados. Jacinto se marea al contar el cero en sus hojas de cuentas.
Primera reflexión ante el espejo de Jacinto. A la mujer de Genaro le avergüenza pasearlo con la correa porque orina donde le apetece. “Después de todo, si pensar es lo que nos hace padecer, Jacinto, ¿para qué demontres pensamos?”. Jacinto es un hombre normal, de complexión media. Es un experto calígrafo; en la empresa redacta documentos con tres colores de tinta y otros tantos tipos de plumines. Teme que el progreso de las máquinas lo dejen sin trabajo, pero don Abdón los tranquiliza, proclamando la superioridad del hombre sobre las máquinas. Es disciplinado y sumiso en el trabajo. Darío Esteban controla a los empleados desde el centro de la sala, en una silla elevada o minarete. El lema de la empresa, “Orden es libertad”.
Don Abdón es un ser andrógino, con pechos de mujer y musculatura de hombre. Como un padre y una madre a la vez. Los empleados Amando García y Ginés Gil critican a don Abdón y su empresa. Jacinto se desvanece un día en el despacho. A César Fuentes, los críticos, en una novatada, le cercenan el escroto; le cambia la voz y se afemina algo. A Jacinto lo apena y lo tiende. Lo conduce Darío Esteban a una granja o casa alejada de todo poblado, con el encargo de que siembre y cuide de un seto, cosa que le gusta a Jacinto. Juega al parchís con doña Presenta (viuda de don Cristóbal), doña Palmira y la señorita Josefita.
Segunda reflexión: Jacinto se confiesa muy cobarde y miedoso. No quiere casarse ni tener hijos para no tener problemas. La cabaña está surtida de comida y combustible. Jacinto se marea en el trabajo, al trazar los ceros.
Tercera reflexión: Quisiera que don Abdón lo abrazara y lo acogiera en su seno, como la nodriza gallega que lo cría (sus padres aparecieron electrocutados en una bañera).
Jacinto pide a Darío Esteban que comunique a los empleados (200) qué conceptos suman, si oro, sustancias prohibidas, mujeres en camisón, etc. Genaro tiene dos hijos gemelos, Pedro Juan y Juan Pedro, que juegan con el perro Gen (Genaro, en realidad, su padre). Gen tiene forma de medio perro e instintos caninos. Persigue a las aves y corre sin parar. Jacinto observa cómo el seto que ha plantado crece rápidamente, casi a ojos vista. Jacinto nace en 1924 y entra en la empresa en 1942; recibe varios premios al mejor sumador. La última fecha llega a 1967; una ficha recoge su trayectoria de buen empleado, pero advierte sobre su interés por conocer bien el significado de su trabajo; defiende a Genaro en su proceso. Ya en el campo, en la cabaña, planta el seto en un día, y crece rápidamente.
Cuarta reflexión: se pide calma y no perder el tino. 
Genaro había protestado en público ante Darío Esteban, pidiendo más sueldo. Lo echan y luego, intercediendo Jacinto San José, lo recogen, pero lo degradan. En las fiestas de la ciudad, de San Abdón, adulan por todo lo alto a Abdón. Unas viejas lo voltean y él disfruta. Se afilia a un grupo de esperanto, pero lo abandona decepcionado. La gente habla mucho, y eso acaba en discordia. Crea el movimiento por la mudez a la paz. Convence a César Fuentes. Convence también a Baudelio Villamayor, el jardinero, y a Eutilio Crespo, escribano de primera. Cuantas menos palabras para expresarse, mejor. Crea el contrato, basado en la apócope de las palabras. Crean los tres una asociación y en la asamblea inaugural acaban discutiendo. Tiene en casa una begonia, un ficus y una sanseviera, para recrear su vista.
Vomita todo porque los compañeros le obligan a girar sin parar. Un hortelano dispara a Gen porque ha mordido a su hijo y este se desangra en el suelo. Al salir al jardín, tras acaso unos días convaleciente, comprueba que el seto es tan alto como él; se espanta, coge los aperos y empieza a podar; encuentra la portezuela de salida y trata de cortar las ramas ante ella. Parece que la cosa va, pero al final, se ve rodeado y aprisionado por el cerco. Se hace heridas tratando de llegar a la portilla del seto, inútilmente. Está prisionero en el Refugio de Recuperación n.º 13
Juegan al parchís Jacinto, doña Presenta, doña Palmira y la señorita Josefita, la más joven. 
Quinta reflexión: duda que don Abdón sepa nadar, y que sea tan bueno como dicen. Es imposible satisfacer a todas las personas; cada una piensa de un modo distinto a otra. Se hace heridas.
Se duerme, dolorido. Llueve de noche. Se levanta cansado. Al salir, comprueba que el seto ya es más alto que él. Sube al tejado de la caseta de aperos y observa que el seto es infranqueable. Se desespera y se arroja contra éste, magullándose. Ya de noche, se zafa del seto, pero con muchas magulladuras. Su cara se transforma en la de un animal, muy poco a poco. Trata de quemarlo, pero no puede. Reúne unas bombonas al lado del seto y provoca una explosión, pero el seto sigue ahí; la cabaña queda dañada.
Muere Genaro. La Casa indemniza a la viuda con tal de que no lo entierre en sagrado y ceda la cabeza del difunto para disecarla. Jacinto asiste a la charla entre Darío Esteban y la viuda. No se puede entender con el lenguaje normal con las demás personas. Muchas de la acciones narradas son pesadillas mientras duerme en la cabaña. Trata de excavar un túnel para huir, sin resultado más que su agotamiento. Contempla el cielo con gusto.
Sexta reflexión: “Pareces un náufrago”, le dice su yo del espejo. Su situación es como la del hundimiento de un barco crucero tras un bombardeo; hay que mantener la calma. Está en una cámara de gas, en un campo de concentración: la supuesta ducha es la muerte; el pánico es terrible; la gente muere alrededor. Se dirige a él como Dick, o Heinrich. El marinero del barco muere ahogado. Su otro yo le dice que tiene suerte de no morir así. Entierran a Genaro y a la viuda le dan medio millón. 
Destroza todos los muebles para hacer un gran fuego, pero el seto no perece. Avanza y ya no le deja ir a la caseta de herramientas. Sube el tejado y contempla el paisaje lejano, un arroyo, un molino en ruinas; le gusta, pero es inaccesible. Introduce una nota de socorro en nueve botellas y trata de lanzarlas por encima del seto; solo lo logra con una. 
Séptima reflexión: su yo le advierte de su estado lamentable. Le aconseja salir volando de allí, como un pájaro. Trata de capturar un pájaro ratonero, para que le lleve el mensaje de auxilio, pero fracasa. Sale de noche vestido de negro, captura muchos pájaros dormidos; escribe la nota de socorro y se la pega a la pata; luego los libera. Por la mañana, al despertar, no puede subir la persiana porque el seto las ha inutilizado. Algo puede ver. Los pájaros con su nota de auxilio están allí, no se han ido. Está asediado, pero piensa resistir y no dejarse comer por los buitres.
Octava reflexión: Le pide paciencia y le advierte que está perdido.
Los tallos del seto entran en la casa. Se echa en la cama. Sueña que los tallos entran en su cuerpo por todos los orificios y lo invaden. Al final, sale una flor de él. Se despierta sudoroso. Nota mucho vello en su cuerpo, cosa rara. Logra subir al tejado, una avioneta sobrevuela la cabaña. Llama la atención para que lo rescaten. Darío Esteban es uno de los ocupantes de la avioneta, que pasa en vuelo rasante por el tejado, obligándolo a echarse en el tejado. La avioneta se va. Su transformación en oveja es evidente. Golpea el espejo y grita “¡Te han suicidado, jacinto!”. No encuentra culpables, pues él planta el seto. La pérdida de la mayúscula inicial en su nombre propio refleja su animalización. Se transforma en carnero totalmente; duerme en el suelo, come tallos e hierbas. No reacciona ante las plantas que lo rodean. Aparece Darío Esteban con unos doctores; lo inmovilizan. Uno de los médicos asegura que será un buen semental. Lo sueltan, sale corriendo al campo, pues ya no hay seto que lo impida. Corretea por las tierras, se siente libre y feliz. Va a gritar a Darío Esteban, pero solo le sale un Beé (con diez “es”). 
2. Temas de la novela
– Denuncia de la manipulación del hombre por un sistema totalitario que le arrebata la libertad de pensamiento, sentimiento y expresión.
– Crítica feroz a los sistemas políticos y económicos que propician la enajenación de las personas a cambio de garantizarles la supervivencia.
– Reflexión amarga sobre la falta de libertad política, que provoca la sumisión, la locura y la muerte como persona.
3. Apartados temáticos 
No es posible distinguir apartados temáticos en esta novela. Se trata de un desarrollo continuado en el que se relata el proceso de transformación de persona en animal de Jacinto San José. Se trata de una metamorfosis sutil, suave, pero continua e implacable. Se cierra con la animalización definitiva del protagonista, convertido en carnero. No existen capítulos o secuencias separadas externamente, por lo que el texto es un continuo, que provoca una sensación lectora de angustia y malestar al propio lector, como la que sufre Jacinto San José. Como formalmente, no hay divisiones en capítulos o secciones, se refuerza la idea de la unidad temática esencial del texto.
4. Personajes
Jacinto San José es el protagonista. Se trata de un hombre soltero, de 47 años de edad, empleado como calígrafo en la empresa Abdón SL. Es tranquilo y generoso con los demás. Le gusta la naturaleza y la disfruta. Ayuda a su amigo Genaro porque la empresa lo castiga por pensar por su cuenta. Será también su ruina. Aquel se convierte en perro; este, en carnero. Crea un lenguaje nuevo, el contrato, para expresarse con más objetividad y sincretismo, pero fracasa en su propagación. Jacinto es un náufrago en un mundo manipulado y opresivo contra el que se rebela desde sus valores de sencillez y humildad.
Genaro es el segundo personaje casi protagonista. Es el primer castigado por pensar y expresarse con cierta libertad, con buenas intenciones. Su transformación en perro es un aviso de lo que pasará con Jacinto. Está casado y tiene dos hijos.
Darío Esteban es el “celador”, brazo ejecutor de la tiranía impuesta por don Abdón. De sangre fría y malvado, además de manipulador, no duda en castigar a todos los empleados que osen poner en duda el poder de su jefe. Es un dechado de inmoralidad y crueldad. Su cinismo es insuperable, pues sabe hacia dónde conduce a Jacinto, pero lo disimula bajo eufemismos.
Don Abdón, el jefe supremo, es presentado como un ser ambiguo, entre hombre y mujer, andrógino. Disfraza su crueldad con juegos de niños, como hacer que nada, sin saber hacerlo, o que toca un instrumento musical, pero solo golpea un tambor. El engaño y la farsa pública son sus herramientas de manipulación mental preferidas.
El resto de los personajes son secundarios, con escasa relevancia. Recordamos a las tres mujeres con las que Jacinto juega al parchís, doña Presenta, doña Palmira y la señorita Josefita, la más joven. Lo hacen de un modo inocente y bobalicón; es un reflejo de la ingenuidad de la gente corriente. 
5. Lugar y tiempo narrativos
La acción se sitúa, primero, en una ciudad innominada; allí está la Casa, la empresa de don Abdón, y viven sus empleados. Luego se desplaza al Refugio de Recuperación N.º 13, una cabaña en un lugar aislado, aunque los alrededores son agradables y apacibles. El seto que el propio Jacinto planta crece muy deprisa y lo acaba de aislar del todo, hasta enloquecerlo.  
El tiempo de la escritura se remonta a 1969, cuando se publica la novela, y los años previos. El tiempo de la acción narrada no está determinado por el narrador. Es lógico suponer que es contemporáneo al de la escritura: máquinas, grandes empresas, avionetas, piscinas públicas, etc. Son elementos de la vida de la segunda mitad del siglo XX en España y en cualquier país europeo. La acción no tiene una duración bien definida. Genéricamente, se ocupa del matrimonio del pintor y su esposa, es decir, son sobre treinta años de una relación feliz. Concretando la mirada, se puede afirmar que se concentra en la enfermedad y muerte de Ana, la esposa; dura entre medio año y un año.
6. Figura del narrador
La novela ofrece dos narradores. Un narrador en tercera persona, con poca omnisciencia, pero nada objetivo y nada externo, ni distante, pues está muy influido por la mente de Jacinto San José, cuenta la acción principal: la transformación del protagonista en un animal a causa de la manipulación de Abdón SL. Aparenta ser un narrador omnisciente, pero está lejos de ese estatus. Recuerda momentos de la vida de Jacinto, incluso de su infancia, y conoce mucho de su interior, por ejemplo, cierta atracción mórbida hacia don Abdón, con sus grandes pechos.
De vez en cuando, el texto adopta la forma de un monodiálogo (habla una persona, como en un soliloquio; se dirige a alguien, pero este no puede contestar, o no se manifiestan sus palabras). Es reflejo, porque Jacinto San José se habla a sí mismo, ante el espejo. La imagen del espejo se dirige al personaje, pero este no contesta. Lógicamente, el foco es su esposa, pero el narrador, o interlocutor en un diálogo trunco, deja ver su intimidad: miedos, sobre todo; a la muerte, a la locura, al aislamiento, al enfrentamiento entre personas, etc. Es un hombre sensible e impresionable, de ahí su comunicación con su otro yo, devuelto por el espejo. Veamos un ejemplo:
En ambos casos, mientras la deuda no se salde, Jacinto procura soslayar a la parte contraria (prestamista o prestatario), pues si se topa con ella (la parte contraria) y es él (Jacinto) quien ha prestado, le azora pensar que el otro está pensando que él (Jacinto) piensa en pedirle lo que le adeuda, y si es el caso contrario, es decir, si le prestan (a Jacinto), su aturdimiento proviene de pensar que el otro esté pensando que ya es hora de que él (Jacinto) se rasque el bolsillo. Esto le conduce, debido a su complejo nato de incapacidad, a desconfiar de sí mismo y, en principio, a aceptar como buenas, sin proceso analítico previo, las proposiciones ajenas.
De aquí que la idea de Genaro le pareciera razonable, ya que, merced a un idioma universal, los hombres del mundo entero podrían, al fin, cambiar impresiones, perfeccionarse mutuamente y, a la postre, quizá, entenderse a despecho de los prohombres. El Grupo esperantista se reunía todos los jueves a las ocho de la tarde en la Academia Don Abdón y entre el «Karaj Kunuloj» con que Genaro abría las sesiones y el «Gis morgau, amikoj» con que despedía a sus miembros, las asambleas discurrían en un ambiente dialogante y armonioso, aunque Genaro se esforzase en orientarlas hacia un clima realista: «Konsideru Ke tie ci Kunestas Kuindek persónoj, Kaj la mondo hayas pli ol du mil milionoj da logantoju».
7. Notas estilísticas
Delibes es un auténtico maestro en el manejo de la lengua española, como bien se aprecia en esta novela muy experimental. En algunos tramos del texto, en vez de utilizar los signos de puntuación, se transcribe su nombre (coma, dos puntos, etc.). La dificultad lectora aumenta mucho y el choque es fuerte. Por otro lado, la frecuente colocación del sujeto, entre paréntesis, al final de un sintagma o frase es otro rasgo novedoso que funciona como analogía de la confusión mental de Jacinto. Aparecen muchísimas onomatopeyas, reflejando el canto de los pájaros y otros ruidos naturales producidos por el agua, una puerta, un árbol, etc. En otros momentos, el narrador cuenta en “contracto”, el lenguaje inventado por Jacinto. Lo que pretende ser conciso deriva en confuso. A veces, su acumulación es excesiva. La lectura, es cierto, se puede hacer enfadosa por momentos. Son experimentos narrativos audaces de resultado chocante, aunque de valoración dudosa. La lectura se complica, se ralentiza bastante, aumenta mucho el esfuerzo lector y el resultado es solo discreto.
El ritmo narrativo es sobresaltado, accidentado, en perfecta analogía con la mente y evolución del protagonista. El texto no da tregua: la lectura no admite pausas, ni orden; se trata de un continuo accidentado en el que los soliloquios de Jacinto consigo mismo, o el reflejo de sí mismo, alterna con una narración abrupta y escasamente contextualizada. A veces, distinguir el sueño de la realidad es complicado, tanto para el protagonista, como para el lector. Veamos un ejemplo al azar, del final de la novela:
Las guías del seto alcanzan alturas de cuatro metros y la maleza cubre totalmente el pozo, el cuchitril del motorcito y el cuchitril de los aperos. Jacinto continúa empujando los postigos y ante su resistencia (la de los postigos) se desespera y dice varias veces «me cago en la mar», y a cada «me cago en la mar» los postigos ceden unos milímetros, mas cuando el avión, zumbando y silbando, pasa por segunda vez en vuelo raso sobre el tejado, ruuuuuuuuum, a pocos metros,Jacinto se descorazona, «No va a volver», se dice, y se apea del poyete y, a hachazos, desmonta la cama donde duerme, coge un larguero, lo introduce por un extremo entre los postigos y apalanca por el otro con toda su alma. El seto se aplasta, el postigo derecho se astilla y Jacinto da gritos de júbilo. La maraña dificulta sus movimientos pero, al propio tiempo, los camales y horquetas facilitan su ascensión hacia el alero y, una vez allí, se sujeta a éste (el alero), se dobla por el vientre, y se encarama al tejado, invadido por los álabes, las rosetas foliares y los estolones que le permiten corretear por él (por el tejado) sin temor a resbalarse. La luz del sol le ciega al principio (a Jacinto), le invade una extraña sensación, como si fuera un feto.
8. Contextualización
Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920 – 2010) es un formidable novelista de la posguerra española. Dueño de un estilo propio, logró que el rural castellano, la gente humilde y sencilla, pasara a primer plano narrativo. Novelas como El camino (1950), Viejas historias de Castilla la Vieja, Las ratas, etc. son ejemplo de este tipo de narrativa. 
También la ciudad provinciana, en este caso con una crítica muy dura a la burguesía acomodaticia, egoísta y avulgarada, forma parte de su arco novelístico. El príncipe destronado, Cinco horas con Mario, Mujer de rojo sobre fondo gris, Parábola del náufrago, que ahora comentamos, y La hoja roja son algunos ejemplos de este tipo de relato. Su última obra, El hereje es una novela histórica de gran aliento y significación; recrea los tristes episodios en torno al auto de fe de Valladolid, contra los luteranos, en 1559.
9. Interpretación y valoración
Estamos ante una obra original y experimental. Como Delibes escribió como presentación a su inclusión en las “Obras completas”, expresa su preocupación por la existencia de regímenes totalitarios, tanto en Rusia y la Europa del Este, como en la propia España, tras la Segunda Guerra Mundial. 
Esta obra es, ciertamente, una parábola; es decir, un relato de ficción que sirve como ejemplo o símbolo de una situación real de la que conviene extraer una lección moral. En este sentido, Delibes explicita su deseo de que el lector espabile y comprenda que la libertad esencial del ser humano no se puede perder por un plato de lentejas. Se trata de un toque de atención sobre los peligros de los regímenes políticos que manipulan a los ciudadanos y los anulan como seres pensantes y sintientes. El compromiso ético de Delibes con valores cristianos y humanistas es firme y claro. 
La novela es un experimento narrativo audaz y original. Posee mucho alcance estético, a costa de una lectura fatigosa que no siempre se ve recompensada.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes, tanto ricos como pobres.
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Observa y señala las características del narrador.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué tipo de vida lleva Jacinto San José? ¿Es peligrosa para los demás? 
2) Analiza los rasgos de la personalidad de Jacinto y su amigo Genaro y contrástalos con los de don Abdón y su ayudante Darío Esteban.
3) ¿Con quién habla Jacinto en los textos en cursiva? ¿Qué sentido le podemos atribuir a ese hecho?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia del compromiso con los valores de concordia y apertura mental? 
5) ¿Por qué esta novela es una parábola? 
6) ¿Qué significación se encierra en el final de la  novela, en concreto en la palabra “náufrago”?  
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese una situación de una persona sin libertad de pensamiento, sentimiento y de expresión. Acaso intente rebelarse y  acaba en fracaso. Puedes utilizar algún experimento lingüístico, como ha realizado Miguel Delibes.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de momentos donde se aprecie una situación de angustia y naufragio personal por vivir en un mundo sin ningún tipo de libertad, siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.
2.4. Comentario de texto específico
Texto extraído del apartado final de la novela.
A ratos, jacinto se levanta y vuelve a tumbarse (de golpe, para recrearse en sus caídas acolchadas), siempre en los rincones más oscuros, y, en ocasiones, se adormece, queda traspuesto y entonces le asaltan sueños muy rápidos y variados, con frecuencia ingratos, como cuando sueña que Gen corre tras él pidiendo agua, guá-guá-guá, a voces y mordiéndole el trasero y, otras veces, sumamente placenteros, como cuando se ve perdido en el inmenso campo de remolachas y alfalfas que rodea su ciudad, sin que nadie le impida comer lo que quiera. Tan pronto despierta de uno de estos sueños (particularmente de los agradables), jacinto siente hambre y como los tallos que apuntan por las hendiduras son apetitosos y tiernos, él (jacinto) puede saciarla (su hambre) sin necesidad de moverse del sitio. Y así que concluye de comer, vuelve a dormir; y así que concluye de dormir (de descabezar una siesta), vuelve a comer (jacinto). Y si entre comida y sueño le aprieta una urgencia, jacinto no se toma la molestia de acudir al servicio (caballeros), sino que comprime los músculos del vientre allí donde se halle y los escíbalos caprinos ruedan por el suelo sin ruido ni mal olor.
En tanto, la presión del seto ha hecho saltar las contraventanas del living. El estampido ha sido seco y violento, ¡bloooooom!, como un cañonazo, tanto que ha despertado a jacinto, que dormía con la cabeza incrustada en los vellones del pecho, pero (jacinto) se ha limitado a levantar la cabeza (cuya frente se hace por momentos más oblicua y angosta), observa con ojos mustios la ventana donde el seto ha irrumpido y, seguidamente, vuelve a ocultar la cabeza entre las vedijas del pecho como si nada de cuanto acontece en derredor le afectase a él (jacinto) directamente. De esta manera, llega un momento en que las hojas, los zarcillos, los serpollos y las flores del seto (más apagadas de tono que las que crecen fuera) rodean a jacinto y éste (jacinto) no precisa incorporarse para comer, así es que come y duerme, duerme y come (que es lo único que por el momento le apetece hacer) sin cambiar de postura, simplemente moviendo la cabeza de un lado a otro; pero acaece una contrariedad: cuando, al cabo de unas horas, jacinto pretende levantarse para estirar las piernas, advierte con sorpresa indiferente que tiene amarrados los dos tobillos por la trepadora y, al advertirlo, su indolencia es tal que, en lugar de ramonear los tallos que le sujetan para liberar sus pies, torna a acostarse tranquilamente y cierra los ojos.
El pinchazo le galvaniza (a jacinto), le hace revolverse sin ningún afán de revancha, y…
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del texto; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Miguel Delibes: «Señora de rojo sobre fondo gris»; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes – “Señora de rojo sobre fondo gris” (1991)

1. ANÁLISIS
1. Resumen
Habla un pintor prestigioso y afamado, de nombre Nicolás. Es un monólogo dirigido a su hija Ana. En el momento de escribir está viudo, pues su mujer, también llamada Ana, ha muerto unos meses antes a causa de un cáncer; tiene 48 años. En su monodiálogo, el pintor se dirige a su hija Ana; trabaja en un laboratorio universitario; está casada con Leo, profesor en la universidad. Los detienen a ambos por actividades de protesta contra “el 1001”, un decreto represor franquista, se entiende, y los envían a la cárcel de Carabanchel. La pareja tiene un niño. Leo ocupa un cargo en el “Frente Revolucionario”, lo que complica su proceso judicial. El pintor y su esposa se instalan una semana y media en casa de Ana, para cuidar del nieto. Pablo, Alicia (ya casada con Juan), Gustavo, Paula  y Mar son otros hijos del matrimonio.
El narrador imparte un curso sobre Velázquez en la Universidad de Washington, en 1964. Se rompe una pierna en 1961 por unas fuertes heladas. Su esposa admira a Primitivo Lasquetty, “escritor maldito”. Ella es una mujer sensible, con un don natural hacia la belleza y la perfección artística. No acaba la carrera, pero su cultura es muy basta. Posee grandes dotes sociales y se relaciona con la crema artística de España. Anima a su marido a que entre en la Academia de Bellas Artes para rejuvenecerla. 
El marido nunca acierta en sus regalos, lo que le fastidia. Ella cuenta historias y anécdotas con gracia y maña, pero nunca quiere ser escritora. Visitan a Leo en la cárcel de Carabanchel. Ella muere antes de que él lea el discurso de entrada en Bellas Artes. Escribe desde una casona en propiedad, en un páramo; al principio del matrimonio, viven de alquiler y reforma los pisos, con lo que les doblan la renta. Se lleva bien con las personas mayores, a las que cuida, como al pintor García Elvira. Es quien la retrata en un cuadro, que da título a la novela. En una gira por Norteamérica, diez años antes, toca las castañuelas en Yale, entre profesores, con gran éxito, dada su gracia y desenvoltura. Es maestra en el juego social de los cócteles; trata a todo el mundo con gracia. 
Tras un viaje a Bélgica (donde vende bastantes cuadros), a ella le duele un hombro; es el primer síntoma de su enfermedad. Él obtiene la medalla del Salón de Otoño. El pintor y narrador tiene una gran dependencia de ella; si su mujer no está animosa y activa, él tampoco pinta. Escribe cuando ella lleva sobre medio año muerta; el verano anterior fue el último más o menos activo. Óscar es el médico que la atiende y le diagnostica amnesia, pero sin total convicción. Durante la enfermedad, él toma valium para sobrellevar el decaimiento. Ella cae en un profundo insomnio. Ella piensa que es una muela mal empastada. 
Al poco, le diagnostican un tumor cerebral. Prepara la boda de su hija, a pesar de la enfermedad. Él renuncia a conferencias. La nieta cumple once meses y ya anda. El Dr. Gil confirma neurinoma en el nervio acústico. Les recomienda el Dr. Calvo, neurocirujano. Alicia y Juan interrumpen la luna de miel. Recibe confesión con el cura Julio Bartolomé. Lee poemas de Ungaretti para aliviar su tensión y la expectativa de la operación. Aplazan la operación; se dedican a recorrer Madrid y recordar su pasado. Operan a la esposa; la intervención es exitosa. Al poco, sufre un infarto del tronco cerebral. La operan, entra en coma. Coincide con la muerte de Franco. “Cuida de la niña”, son las últimas palabras que le dirige a su marido. Muere al día siguiente. El marido y narrador queda devastado.
2. Temas de la novela
– Evocación dolorida de una relación amorosa truncada por la muerte. La novela es, en efecto, una elegía. 
– Homenaje a una mujer vital, sensible, equilibrada y activa que muere a media vida por un cáncer. 
– Expresión de la amargura por la ausencia de la esposa, cuyo vacío el narrador no logra llenar.
3. Apartados temáticos 
No es posible distinguir apartados temáticos en esta novela. Se trata de un desarrollo continuado en el que se relata el proceso de la enfermedad, unas pinceladas de la vida anterior a esa enfermedad y el estado de desolación emocional en que se sume el pintor-narrador, que es el marido. Se cierra con el fallecimiento de Ana. Formalmente, no hay divisiones en capítulos o secciones, lo que refuerza la idea de la unidad temática esencial del texto. 
4. Personajes
Ana, la esposa del pintor, es la protagonista, si bien ausente, pues ya ha fallecido. Es una mujer de la que se recoge su edad adulta, desde que se casó con el pintor y narrador. Se trata de una mujer atractiva y elegante. Sobresale por su energía, sus ideas estéticas propias (no acabó sus estudios universitarios por aburrimiento), su capacidad organizativa en la vida social, su don de gentes y su manejo del hogar, con cinco hijos (si hemos contado bien), de manera práctica y resolutiva. Es optimista y cristiana, así que acepta su enfermedad con entereza y resignación.
Nicolás, el marido, pintor y, para nosotros, el narrador, es un artista reconocido y reputado. Su mujer es su sustento anímico y vital. Poseen una gran compenetración, se respetan y se aman. El pintor, sensible y poco organizado, sin ella se siente naufragar sin remedio. No puede pintar sin su presencia.
Al lado aparecen los hijos, que no llegan a perfilarse. Ana, a quien se dirige la intervención del pintor, su padre, posee algo más de identidad. Trabaja en la Universidad, tiene un hijo con su marido Leo, también encarcelado. Pablo, Alicia (ya casada con Juan), Gustavo, Paula  y Mar son otros hijos del matrimonio.
5. Lugar y tiempo narrativos
La acción está repartida entre una casa de campo, en un páramo castellano; no aparece el nombre del pueblo. Ahí vive el matrimonio con el hijo pequeño. Los mayores ya están emancipados. También se desarrollan algunas escenas en el hospital de Madrid donde la operan y en la capital de provincias donde acuden a resolver sus asuntos. El ritmo de vida es tranquilo y rutinario. No se aprecian rasgos especialmente llamativos. 
El tiempo de la escritura se remonta a 1990 y el año siguiente, cuando se publica la novela. El tiempo de la acción narrada se sitúa en 1973 principalmente, pues se alude a los momentos finales de la vida de Franco y al procedimiento judicial 1001, contra los sindicalistas opositores al franquismo. Este proceso judicial ocupó el año 1973. La acción no tiene una duración bien definida. Genéricamente, se ocupa del matrimonio del pintor y su esposa, es decir, son sobre treinta años de una relación feliz. Concretando la mirada, se puede afirmar que se concentra en la enfermedad y muerte de Ana, la esposa; dura entre medio año y un año.
6. Figura del narrador
La novela es un monodiálogo (habla una persona, como en un soliloquio; se dirige a alguien, pero este no puede contestar, o no se manifiestan sus palabras). El pintor viudo se dirige a su hija Ana, que ha estado en la cárcel de Carabanchel, Madrid, por sus actividades opositoras al franquismo; hace una hora que ha llegado a casa. El padre le cuenta  a la hija cómo falleció su madre, pero aprovecha para recrear su vida común durante tres décadas, aproximadamente. Lógicamente, el foco es su esposa, pero el narrador, o interlocutor en un diálogo trunco, deja ver su intimidad. Habla (o cuenta a su hija) lo feliz que fue su vida con su esposa y el tremendo desgarrón que ha supuesto su muerte. Es un hombre sensible e impresionable.
7. Notas estilísticas
Delibes es un auténtico maestro en el manejo de la lengua española. En esta obra predomina el registro formal, con cierta tendencia coloquializante. Como el texto es una elegía, predomina un ritmo tranquilo, grave, serio. No hay espacio para chistes, bromas o juegos verbales humorísticos. El léxico, muy bien seleccionado, es apropiado y ajustado a un tono serio y elegíaco. Un ejemplo tomado del principio de la novela ilustra muy bien estas notas estilísticas:
Hace una hora, cuando llegaste, miraba, como cada día, el camino de grava desde el escañil. Vi cruzar tu coche ante el tragaluz. Te estaba esperando. Alicia me lo comunicó ayer. Me dijo: Ha terminado la pesadilla. Los han soltado. Ana irá a verte mañana. A través de ese cristal llega hasta mí la apagada vida del pueblo: la hornillera, la actividad de las huertas, el monótono runrún del tractor del señor Balbio; el pastor con las ovejas… Todo lo que conforma mi vida actual se recorta cada mañana en el tragaluz. Lo miro todo; lo veo todo. Soy como Dios. La claraboya ya es otra cosa. Es ella la que me mira a mí, me ofusca con su luminosidad excesiva. Pero tu madre la quiso de esta menera: grande e inclemente para que no pudiera atribuir mis limitaciones a las deficiencias de instalación. El problema era armonizar el gran chorro de luz con una casa campesina del XVIII. Había que insertar lo moderno en lo rural sin recurrir a la violencia. Una tarea adecuada para ella, puesto que uno de sus talentos radicaba en eso, en restaurar viejas mansiones sin afrentar al entorno; sin menoscabar la limpia estructura de la piedra y la madera.
De esta vieja casa, con dos siglos a cuestas, se enamoró hace años. Observaba apesadumbrada su ruina progresiva, su desmoronamiento. Desconocía a su dueño, pero un día alguien le informó que el último ocupante había sido un funcionario del Ministerio de Agricultura, un guarda forestal. Le desagradó la noticia. Las entidades la intimidaban. Prefería tratar con personas físicas. La burocracia la cohibía un poco seguramente porque la burocracia se mostraba insensible a su encanto personal.
8. Contextualización
Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920 – 2010) es un formidable novelista de la posguerra española. Dueño de un estilo propio, logró que el rural castellano, la gente humilde y sencilla, pasara a primer plano narrativo. Novelas como El camino (1950), Viejas historias de Castilla la Vieja, Las ratas, etc. son ejemplo de este tipo de narrativa. También la ciudad provinciana, en este caso con una crítica muy dura a la burguesía acomodaticia, egoísta y avulgarada, forma parte de su arco novelístico. El príncipe destronado, Cinco horas con Mario, Mujer de rojo sobre fondo gris, que ahora comentamos, y La hoja roja son algunos ejemplos de este tipo de relato. Su última obra, El hereje es una novela histórica de gran aliento y significación; recrea los tristes episodios en torno al auto de fe de Valladolid, contra los luteranos, en 1559.
9. Interpretación y valoración
Estamos ante una obra estupenda. Es un homenaje de Delibes a su mujer Ángeles de Castro, fallecida en 1975 a causa de un cáncer. Nótese que el escritor vallisoletano necesitó casi quince años para asimilar y dar forma artística la muerte de su esposa. El golpe emocional fue profundo y duradero. Existe el cuadro que da título a la novela. Se trata de un retrato de cuerpo entero de Ángeles de Castro realizado por el pintor García Benito, propiedad de la familia (se puede observar en una búsqueda en internet).
Esta obra elegíaca es de gran hondura y delicadeza. Delibes escribe sobre un recuerdo dolorido, acaso irreparable y homenajea a su esposa Ángeles de Castro. Es un texto sensible, aunque emocionalmente contenido y sobrio en la expresión. El narrador, bien identificable con Delibes (ambos son artistas, la edad es similar, la estructura familiar es parecida, etc.), realiza un ejercicio de contención expresiva, evitando el desbordamiento. La lectura nos deja un sabor melancólico y algo amargo. La felicidad y la vida finalizan de forma abrupta por un zarpazo del destino imprevisto. La memoria, de algún modo, mantiene viva a la persona muerta.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes, tanto ricos como pobres.
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Observa y señala las características del narrador.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué tipo de vida llevan Nicolás y Ana? ¿Coinciden mucho o poco en sus afinidades? 
2) Analiza los rasgos de la personalidad de Ana y contrástalos con los de su marido Nicolás.
3) ¿Existe un diálogo entre Ana hija y su padre, el narrador a lo largo de la obra? ¿Qué sentido le podemos atribuir a ese hecho?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia del compromiso con los valores de concordia y apertura mental? 
5) ¿Por qué esta novela es una elegía? 
6) ¿Qué significación se encierra en el final de la  novela?  
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese un “diálogo” o monólogo con una persona recién fallecida, con la que se quiera despedirse. Puedes imprimir un ritmo coloquial y familiar, como ha realizado Miguel Delibes.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de momentos donde se aprecie una revisión de una relación entre personas en un momento crítico, como la muerte, siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.
2.4. Comentario de texto específico
Al día siguiente, Óscar me leyó el diagnóstico: “Proceso expansivo del ángulo ponto-cerebeloso del lado izquierdo. Necesidad de una exploración endocraneal más precisa”. Me le quedé mirando como si se expresara en chino. Su voz se afelpó como cuando hablaba del campo, de sus excursiones al aire libre: Apunta la posibilidad de un tumor, dijo blandamente. ¿Un tumor? ¿En la cabeza? Asintió. Me ericé ante lo irremediable. Ella era ahora la razón de mi miedo y el miedo mismo no podía proporcionarme el antídoto. Óscar jugueteaba con los objetos de la escribanía, muy pulcros, con toda seguridad regalo de algún enfermo. Apresuró la frase esperanzadora: Los tumores en esa zona suelen ser benignos. Había caído tan hondo que cualquier otro juicio, el menor gesto, necesariamente habían de impulsarme hacia la superficie. No era posible hundirse más. ¿Operable?, dije con una punta de voz. Sí, claro, hoy se operan con éxito en un alto porcentaje. Hizo una pausa y se incorporó como indicándome que en lo sucesivo ya no íbamos a depender de él: lo que urge ahora es encontrar el neurólogo adecuado.
Cuando tu madre me abrió la puerta, no me atreví a mirarla a los ojos. Estaba ofuscado y me encaminé derecho a la librería. ¿Qué buscas? Venía detrás de mí, pero yo callaba. Sabía que en cuanto me mirara a los ojos, lo descubriría todo (veía detrás de los ojos, detrás de las palabras, en particular de los míos, tan transparentes). Había decidido no revelarlo hasta el día siguiente, con la nueva luz, pero ella, consciente de mi esfuerzo por eludirla, se apiadó de mí. Mi debilidad, como de costumbre, terminó por prevalecer. De modo que cuando me aparté de la librería y nos miramos de frente, se lo dije. Me asombró su respuesta: Hoy estas cosas tienen arreglo, dijo. En el peor de los casos, yo he sido feliz 48 años; hay quien no logra serlo cuarenta y ocho horas en toda una vida.
Al día siguiente, avisé a tus hermanos para que regresaran. Había concluido el veraneo. Óscar nos recomendó al doctor Gil, en Madrid: un hombre pálido, sumido, muy eficaz: Un experto ojo clínico. Sin embargo, su casa –con muebles demasiado grandes, libros encuadernados, mala pintura–, me produjo una impresión desapacible. Interrogó largamente a tu madre. Luego jugaron a los despropósitos, conmigo de espectador. Le tiraba una pelotita blanca que ella había de atrapar al vuelo, ora con mano ora con la otra. Le ordenaba asirse la oreja derecha con la mano izquierda y a la inversa; tocar con un dedo la punta de la nariz.
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del texto; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Miguel Delibes: «Viejas historias de Castilla la Vieja»; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes – “Viejas historias de Castilla la Vieja” (1964)
1. ANÁLISIS
1. Resumen
I — El pueblo en la cara
Isidoro se dispone a contar su vida. Hace cuarenta y ocho años que deja el pueblo y se va Iberoamérica, por Bilbao, en teoría a trabajar al Canal de Panamá, en construcción; no le gusta trabajo tan pesado; se desempeña con las radios y le va bien. Es de un pueblo de Castilla; su padre lo envía a la ciudad a estudiar el bachillerato, “en el año cinco” (acaso, 1905). Los compañeros de colegio se ríen de él y lo tildan de pueblerino. Un profesor le espeta delante de todos que lleva el pueblo escrito en la cara. Le duele; al principio, trata de diluirse entre los demás y no llamar la atención. En el pueblo lo califican de “señoritingo”. Cuando marcha, se encuentra con Aniano, el carretero o cosario; se despiden amablemente; afirma que no sabe ni a dónde va ni cuándo regresará.
II — Aniano, el Cosario
Camina con Aniano a coger el coche de línea, a la carretera, algo lejos, en Pozal de la Culebra. Contempla su pueblo a lo lejos, y le gusta: la iglesia, los palomares, el arroyo, los tesos calcinados; le gusta. De su padre, también llamado Isidoro, no se despide porque lo desnaturaliza por marchar; su madre había muerto años antes; se despide de las dos hermanas mellizas; a Clara le falta un ojo. El pueblo próximo más grande es Pozal de la Culebra.
III — Las nueces, el autillo y el abejaruco
Llega la luz eléctrica al pueblo. Pasa por encima de la nogala de la tía Bibiana; deja de comer sus nueces porque dicen que tienen electricidad. De nicho, apedreaban al autillo, de noche, cuando se posaba en la nogla. Le gustaba contemplar los abejarucos, con sus colores vivos. Don Justo del Espíritu Santo, el cura del pueblo, los comparaba con los arcángeles.
IV — La Pimpollada del páramo
Con catorce años, su padre lo sube al páramo, inmenso, desolado y estéril, solo atravesado por los postes de la luz que vienen de Navalejos. En el páramo plantaron pinos y cipreses, pero se secaron casi todos; pensaban que atraía la lluvia; en una zona donde algunos lograron sobrevivir le llaman La Pimpollada, “un poco fatuamente”. Le confiesa a su padre que no quiere estudiar, ni trabajar en el campo. Le da una buena zurra y lo ata a la cadena del perro dos días, sin comer ni beber, para que aprenda.
V — Los hermanos Hernando
El páramo de Lahoces tiene un cerro en el medio, y hay que bordearlo. Pertenece a los hermanos Hernando (son tres, el mayor se llama Hernando Hernando; lleva el bar del pueblo). Siembran trigo y recogen una cosecha descomunal. Guardan el secreto la fórmula de sus buenas cosechas. Silos, el pastor, roba los huevos de la perdiz. Antonio, el cazador, lo lleva mal porque lo deja sin perdices. Una vez Silos lleva doce huevos al bar de Hernando Hernando y manda hacer una tortilla. Antonio se la tira al aire; luego la come desde el suelo sin tocarla, como un perro. Protesta porque Antonio lo deja sin perdices que ponen huevos, pero él no puede coger los huevos porque no hay perdices para el otro.
VI — El teso macho de Fuentetoba
La tía Marcelina es de Fuentetoba, un pueblo a cuatro leguas del suyo; son iguales, excepto en un teso arisco y puntiagudo no de piedra calcárea, sino de otra mollar y blanda como el queso. La tía Marcelina es solterona, vive sola y tiene buen pasar; “en el año once cumplió noventa y dos”. Tiene un abejaruco disecado y una culebra que al narrador le gustan muchísimo. Isidoro padre la cuida porque piensa heredar, pero lo deja todo a las monjas de Pino. El padre se sube por las paredes, pero no puede hacer nada. El narrador se queda sin abejaruco ni culebra.
VII — Las cangrejadas de San Vito
«El arroyo Moradillo nace en la Fuente de la Salud, discurre por la chopera, que en mi pueblo llamamos los Encapuchados, y se lanza luego perezosamente entre dos murallas de carrizos y espadañas camino de Malpartida. Poco más allá tengo entendido que vierte en el arroyo Aceitero; las aguas de éste van a desembocar en las del Sequillo, cerca de Bellver de los Montes; las del Sequillo engrasan después las del Valderaduey, y las del Valderaduey, por último, se juntan con las del Duero justamente en la capital». Esa capital es Zamora, pero el pueblo más bien se sitúa en la provincia de Valladolid, por donde discurre el río Sequillo en su mayor parte . En San Vito las familias iban al arroyo Moradillo a pescar cangrejos, con retel o de otra manera. Luego los cocinaban y cada familia los comía. Los niños hacían pitos de las patas huecas. Isidoro padre empinaba el codo más de la cuenta y la cosa acababa mal. El clarete de Marchamalo es muy traicionero.
VIII — La Sisinia, mártir de la pureza
Sisinia, una chica de veintidós años, hija del Telesforo y la Herculana, es asesinada por un gañán abulense por no acceder a sus deseos carnales. Esto fue en el año nueve; el jornalero lo trajo don Benjamín para la cosecha de agosto. Don Justo hizo y plantó una cruz de madera en el lugar del crimen. Crecieron unas flores y el cura, don Justo, lo tiene por milagro, aunque le advirtieron que eran las propias del lugar, pero él no lo cree. La cruz era visitada por propios y extraños para pedir favores a Sisinia. Don Justo crea una Junta pro beatificación de la muchacha; está todo el pueblo excepto don Armando y el tío Tadeo. Da el nombre de su pueblo, Rolliza del Arroyo.
IX — Las murallas de Ávila
En la hoja de favores recibidos por intercesión de Sisinia, la gente del pueblo agradece haber logrado algo de dinero para comprar ocho tejas para un palomar, encontrar un hierro para el arado, sanar de una noche de molestias estomacales, etc. daban diez céntimos de donativo. Pero don Justo buscaba un milagro sonado que diera aire a la beatificación. Un día recibe un donativo de veinticinco pesetas, procedentes de Ávila, en diciembre del año doce. Don Justo va a allá y se entera; doña María encomendó su loro a Sisinia la mártir, y el animal volvió a hablar, después de quedar desahuciado. Desde entonces, don Justo comparaba todo lo bueno y noble con las murallas de Ávila; la gente adoptó el dicho, aunque nadie conocía Ávila.
X — Los nublados de Virgen a Virgen
En el año catorce, que es cuando el narrador, Isidoro hijo, se va del pueblo, de Virgen a Virgen, se cuentan veintiséis tormentas. Son muchas. En una de esas, un rayo le cae a Marcelino padre, que viene con su mula del Pozal de las Culebras. La mula queda carbonizada donde los chopos de los Enamorados; él sale vivo, pero chamuscado. La tía Marcelina dice que se salva por el trisagio que ella reza en ese momento; la vela se ha caído con el chasquido del rayo; la guarda como una reliquia, al lado del abejaruco y la culebra.
XI — A la sombra de los Enamorados
En los chopos de los Enamorados los chicos llevan a las chicas; es como proponer matrimonio; ellas contestan sí o no. Alguna sale preñada, pero don Justo celebra boda y bautizo sin problema. Su tía Marcelina insiste en que debe cortejar a la Rosa Mari porque es hacendosa y mujer de su casa. La lleva a los chopos dos veces, pero ya hay otras parejas. Iban hasta el majuelo y casi no hablan; espantan mosquitos. Cuando marcha del pueblo, el recuerdo de ella no se lo impide para nada. Habla de ahorrar pesos y plata, luego estuvo en Iberoamérica.
XII — El matacán del majuelo
Un matacán, una liebre resabiada, de años, lista, burla a los perros y a los cazadores. Encama en el majuelo del tío Saturio. Don Benjamín coge su galdo de Arabia y su caballo Hunter inglés y, con todo el pueblo tras él, va a cazarla, pero la liebre se escapa porque es lista. Al fin, entre don Benjamín, el Ponciano, el Antonio y los hermanos Hernando organizan una trampa y la matan a escopetazos. La guisan y no la pueden comer porque el sabor es fortísimo y desagradable.
XIII — Un chusco para cada castellano
«Conforme lo dicho, las tierras de mi pueblo quedan circunscritas por las de Pozal de la Culebra, Navalejos, Villalube del Pan, Fuentetoba, Malpartida y Molacegos del Trigo. Pozal de la Culebra es la cabeza y allí está el Juzgado, el Registro, la Notaría y la Farmacia. Pero sus tierras no por ello son mejores que las nuestras y el trigo y la cebada hay que sudarles al igual que por aquí. Los tesos, sin embargo, nada tienen que ver con la división administrativa, porque los tesos, como los forúnculos, brotan donde les place y no queda otro remedio que aceptarlos donde están y como son. Y de eso —de tesos— no andamos mal en mi pueblo, pues aparte el páramo de Lahoces, tenemos el Cerro Fortuna, el Otero del Cristo, la Lanzadera, el Cueto Pintao y la Mesa de los Muertos. Este de la Mesa de los Muertos también tiene sus particularidades y su leyenda. Pero iba a hablar de las tierras de mi pueblo que se dominan, como desde un mirador, desde el Cerro Fortuna. Bien mirado, la vista desde allí es como el mar, un mar gris y violáceo en invierno, un mar verde en primavera, un mar amarillo en verano y un mar ocre en otoño, pero siempre un mar. Y de ese mar, mal que bien, comíamos todos en mi pueblo. Padre decía a menudo: «Castilla no da un chusco para cada castellano», pero en casa comíamos más de un chusco y yo, la verdad por delante, jamás me pregunté, hasta que no me vi allá, quién quedaría sin chusco en mi pueblo. Y no es que Padre fuese rico, pero ya se sabe que el tuerto es el rey en el país de los ciegos y Padre tenía voto de compromisario por aquello de la contribución».
Las argayas del cereal de su pueblo son peligrosas y advierten a los niños. Algunos quedan tuertos. El cielo es muy caprichoso y todo depende de él; o frío en verano, o calor en invierno, o tormentas cuando no deben, o mucha agua en la época de la trilla. La gente trabaja la tierra con ahínco, pero miran al cielo más que a la tierra. Alcaravanes, cuervos y avutardas campan a sus anchas en determinadas épocas del año; es campo abierto y no se dejan sorprender.
XIV — Grajos y avutardas
Los grajos y las avutardas comen la sementera. Los cuervos son mal asunto. Olimpio dice que ve cómo unos grajos, en tribunal, juzgan a otro; al final, lo matan a picotazos; lo toman por fantasioso, pero el narrador luego lo contado en un libro de Hyatt Verrill, y ya duda. Las avutardas son desconfiadas y pronto huyen. Las matan desde las mulas, porque no desconfían. El padre del narrador mata una de seis kilos. El Valentín mata otra de trece kilos; duda si disecarla o comerla con los vecinos. Al fin, se decide por comerla, pero cuando la van a cocinar, el animal ya está podrido. 
XV — Las Piedras Negras
Hay un lugar en el pueblo con piedras negras, lo que es muy raro en su pueblo. El narrador tiene un tío cura, don Remigio (tiene un tic en una pierna y ha de moverla casi sin parar porque le dan calambres); va al pueblo a casar a Emérita, prima del narrador, con el veterinario de Malpartida. El narrador, con dieciséis años, espera la vocación y la llamada, pero su tío le dice que sea paciente. Su tío Remigio le cuenta cómo decide hacerse cura. Va con Patrocinio a cazar perdices con reclamo. Se acerca un macho a la jaula de la hembra, pero no puede disparar; lo hace Patrocinio y mata al macho. Remigio considera que lo mejor con las mujeres es poner “pared por medio”, para que las mujeres no lo dominen. Remigio es compañero de seminario, en Valladolid, de don Justo.
XVI — La Mesa de los Muertos
Es un teso escarpado, con seis metros verticales de desnivel. El tío Tadeo le pide a don Armando, el alcalde librepensador, que se lo deje cultivar; le regala la tierra. Una tradición local dice que el lo haga, morirá. El tío Tadeo no cree en ello. Monta una pluma para izar las caballerías. Obtiene una cosecha fabulosa, y así unos cuantos años, cosa rara en su pueblo, pues es tierra pobre y pide año y vez, y es necesario hacer barbecho. Don Justo no se mete en el asunto. La Esperanza, la mujer del tío Tadeo tiene muchos nervios porque piensa que el marido se le muere, pero no es así.
XVII — El regreso
Vuelve al pueblo, tras cuarenta y ocho años, coge un avión, el tren y un coche de línea. Se encuentra al Aniano y le dice las mismas palabras: “Voy a la capital. ¿Te se ofrece algo?”. Ve una yunta (“huebra”) y le pregunta a uno que iba a su paso si es el Hernando; le dice que es su nieto. Toda la orografía sigue allí, y las casas, tal cual las deja a su marcha. Lo emociona todo ello. Entra en casa y encuentra a sus hermanas, las Mellizas, durmiendo en la cama de hierro, como cuando las deja. Le da un beso a la Clara, que se despierta. Se ríen del reencuentro.
2. Temas de la novela
Este relato, casi novela corta, plantea temas muy interesantes:
-La defensa de la vida rural frente a la urbana. Ofrece seguridad, tranquilidad y un estilo de vida bien conocido.
-Exaltación del mundo campesino castellano, sufrido en lo económico y limitado y tranquilo en lo social.
-Alabanza a los lazos establecidos entre el hombre y la tierra; son indisolubles y duran para toda la vida. Dan un horizonte de permanencia y solidez.
-Apología del modo de vida tradicional, enmarcado en el respeto al prójimo, a la naturaleza y a un tipo de vida sereno y sufrido, entre ritos religiosos y resignación ante los infortunios de la naturaleza, muy frecuentes.
3. Apartados temáticos 
Esta novela es muy homogénea y compacta en su estructura externa. No existen apartados temáticos claramente discernibles. Su estructura es circular: comienza y acaba casi del mismo modo: la contemplación del pueblo desde una loma y el reconocimiento de las Mellizas, las hermanas del protagonista narrador. Los diecisiete capítulos o secciones desarrollan una anécdota, un asunto, casi un argumento, en favor de la vida en el pueblo. Es lógico que en el último asistamos al regreso al pueblo de Isidoro, tras una ausencia de casi medio siglo. 
4. Personajes
-Isidoro: es el protagonista. Lo conocemos de muchacho en la primera década del siglo XX. Debió de nacer justo al inicio del siglo. Es un muchacho algo distinto a los demás: no quiere estudiar, ni trabajar en el campo. Ante los correctivos de su padre (una buena tunda y dos días encadenado en lugar del perro Coqui), opta por abandonar el pueblo. Se va a la emigración, a Iberoamérica. Vuelve cuarenta y ocho años después. Es un hombre tranquilo, observador y con algo de retranca. No pierde su buen humor incluso en momentos embarazosos o desagradables.
-El resto de los personajes comparten un protagonismo compartido. Ahí están Aniano, el Cosario, don Justo, el cura del pueblo, los padres de Isidoro, sus hermanas, las Mellizas, la tía Marcelina, don Remigio, los hermanos Hernando, etc. Son “el prójimo”, los vecinos del pueblo, pero individualizados, con sus rasgos físicos y morales propios. El retablo es magnífico por su variedad y su autenticidad.
5. Lugar y tiempo narrativos
La acción ocurre, principalmente, en el pueblo de Isidoro, Rolliza del Arroyo. Es un pueblo castellano, seguramente de Tierra de Campos, pues el arroyo es afluente de otro afluente del río Sequillo; con su humilde caudal, atraviesa la Tierra de Campos, de norte a sur, casi en paralelo con el río Valderaduey, al que entrega sus aguas. Como el río Sequillo discurre principalmente por la provincia de Valladolid, parece lógico deducir que Rolliza del Arrroyo se ubica en esa provincia. Es una novela exterior, pues todo pasa de puertas afuera de la casa; el pueblo y sus paisajes campesinos predomina completamente, hasta casi ser el protagonista.
El tiempo de la escritura se sitúa, aproximadamente, en los años previos a 1964, fecha de la primera edición. El tiempo de la acción narrada coincide con el de la escritura. Isidoro cuenta su vida consciente, es decir, desde los cinco o seis años en adelante; cita “el año cinco” como primera fecha inicial. Eso significa que Isidoro nace hacia 1900. Como se va a los dieciocho años, aproximadamente, y vuelve cuarenta y ocho años después, a la emigración, estamos en 1964, fecha final. La duración de la acción es de medio siglo, más o menos. 
6. Figura del narrador
El relato lo cuenta su protagonista, Isidoro. Es, pues, un narrador en primera persona. En cierto modo, podemos hablar de autobiografía, pues cuenta su vida en cuanto depende del ambiente y del modo de vida de su pueblo. Sin embargo, el texto posee una dimensión colectiva, coral, muy relevante. Isidoro se siente como una más del pueblo; observa y narra, pero no se siente protagonista, o solo en cuanto a su desengaño de la vida urbana o alejada de su pueblo y, desengañado, vuelta a él para sentirse más feliz.
7. Notas estilísticas
Delibes es un auténtico maestro en el manejo de la lengua española. Recrea el español rural castellano con una pureza y propiedad asombrosas. El texto es bellísimo por la recreación de la vida campesina castellana. Aunque está algo idealizada (solo un poco, pues los aspectos más crudos no quedan apartados: la afición al vino de Isidoro padre, la tunda que le propina a su Isidoro hijo por no querer trabajar en el campo, etc.), el cuadro general es realista, sugerente y, seguramente lo más importante, auténtico. 
El ritmo de la novela es excelente por su fluidez, su fondo de verdad y de belleza, dentro de la áspera vida. El relato fluye con gran naturalidad y crea una belleza poética asombrosa. La selección léxica es impresionante; la propiedad y acierto en el manejo del léxico, tradicional y moderno, contribuye decisivamente en la creación de una realidad novelesca autónoma. Lo que parece un mero anecdotario se transforma en un canto bello y conmovedor de la vida campesina castellana en la primera mitad del siglo XX, en su humilde pobreza y su discreto pasar, con sus ritos y manías, con su milagrería
8. Contextualización
Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920 – 2010) es un formidable novelista de la posguerra española. Dueño de un estilo propio, logró que el rural castellano, la gente humilde y sencilla, pasara a primer plano narrativo. Novelas como El camino (1950), Viejas historias de Castilla la Vieja, la novela que ahora analizamos, Las ratas, etc. son ejemplo de este tipo de narrativa. También la ciudad provinciana, en este caso con una crítica muy dura a la burguesía acomodaticia, egoísta y avulgarada, forma parte de su arco novelístico. El príncipe destronado, Cinco horas con Mario y La hoja roja son algunos ejemplos de este tipo de relato. Su última obra, El hereje es una novela histórica de gran aliento y significación; recrea los tristes episodios en torno al auto de fe de Valladolid, contra los luteranos, en 1559.
9. Interpretación y valoración
Viejas historias de Castilla la Vieja es una novela divertida, pero al mismo tiempo, grave y densa. La articulación del texto es magistral y muy feliz. La ambientación, simplemente, excelente. Sus pequeñas dimensiones hacen de la lectura una inmersión estética de gran calado. Lo que parece un anecdotario, se transforma en una severa reflexión sobre el presente y el futuro de la vida rural castellana. Delibes crea un relato lleno de vida y verdad. El detallismo toponímico contribuye mucho a la verosimilitud de fondo. Contrasta, sin embargo, con la vaguedad cronológica, pues el texto va y viene por la primera mitad del siglo XX con libertad. Este texto se asemeja a La Odisea, del griego Ulises (S. VIII a. C.) porque ambos recogen el regreso al hogar tras una larga ausencia. Frente a la épica clásica, aquí tenemos la ternura de lo vulgar cotidiano; ninguno es superior al otro.
El manejo de la lengua española es magistral. La propiedad y exactitud en el uso del lenguaje y el acierto en el manejo de las herramientas retóricas son valores importantes en el haber de esta novela. Los diálogos son muy verosímiles, exactos, tendentes a la sobriedad y cierto laconismo expresivo.
La lectura de este texto no deja indiferente al lector, pues lo somete a una reflexión importante sobre la vida rural, su presente y su sombrío futuro. En conjunto, estamos ante una maravillosa novela corta, llena de verdad y de vida, como se espera de un magnífico texto literario. Este humilde y hermoso relato está entre lo más bello que ha salido de la pluma de Miguel Delibes.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes, tanto ricos como pobres.
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Observa y señala las características del narrador.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
9) Indica las características de un texto autobiográfico, tal y como se aprecian en el relato.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Podemos decir que Isidoro tuvo suerte en la vida? 
2) Analiza la personalidad de Isidoro. ¿Es la típica del campesino castellano de su tiempo? 
3) ¿Cómo son las relaciones de Isidoro con su padre y sus hermanas? ¿Qué sentido le podemos atribuir a ese hecho?
4) ¿De qué se desengaña Isidoro en su medio siglo de vida fuera de su pueblo? 
5) ¿Qué simboliza Aniano, el Cosario? 
6) ¿Qué significación se encierra en el final de la  novela con el reencuentro con sus hermanas?  
7) Isidoro, al final de la novela, ríe mucho. ¿Por qué? ¿Qué alcance simbólico se le puede atribuir a esa manifestación de alegría?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática, que recree el regreso de un personaje a su antiguo modo de vida. Puedes imprimir un ritmo coloquial y familiar, como ha realizado Miguel Delibes.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes del momento en que alguien regresa a su hogar, a su punto de origen, tras una larga ausencia. Puedes imprimir un tono humorístico y profundo, tierno y humano, siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.
2.4. Comentario de texto específico
II — Aniano, el Cosario 
El día que me largué, las Mellizas dormían juntas en la vieja cama de hierro y, al besarlas en la frente, la Clara, que sólo dormía con un ojo y me miraba con el otro, azul, patéticamente inmóvil, rebulló y los muelles chirriaron, como si también quisieran despedirme. A Padre no le dije nada, ni hice por verle, porque me había advertido: «Si te marchas, hazte la idea de que no me has conocido». Y yo me hice la idea desde el principio y amén. Y después de toparme con el Aniano, bajo el chopo del Elicio, tomé el camino de Pozal de la Culebra, con el hato al hombro y charlando con el Cosario de cosas insustanciales, porque en mi pueblo no se da demasiada importancia a las cosas y si uno se va, ya volverá; si uno enferma, ya sanará; y si no sana, que se muera y que le entierren. Después de todo, el pueblo permanece y algo queda de uno agarrado a los cuetos, los chopos y los rastrojos. En las ciudades se muere uno del todo; en los pueblos, no; y la carne y los huesos de uno se hacen tierra, y si los trigos y las cebadas, los cuervos y las urracas medran y se reproducen es porque uno les dio su sangre y su calor y nada más. El Aniano y yo íbamos por el camino y yo le dije al Aniano: «¿Tienes buena hora?». Y él miró para el sol, entrecerrando los ojos, y me dijo: «Aún no dio la media». Yo me irrité un poco: «Para llegar al coche no te fíes del sol». dije. Y él me dijo: «Si es por eso no te preocupes. Orestes sabe que voy y el coche no arranca sin el Aniano». Algo me pesaba dentro y dejé de hablar. Las alondras apeonaban entre los montones de estiércol, en la tierra del tío Tadeo, buscando los terrones más gruesos para encaramarse a ellos, y en el recodo volaron muy juntas dos codornices. El Aniano dijo: «Si las agarra el Antonio»; mas el Antonio no podía agarrarlas sino con red, en primavera, porque por una codorniz no malgastaba un cartucho, pero no dije nada porque algo me pesaba dentro y ya empezaba a comprender que ser de pueblo en Castilla era una cosa importante. Y así que llegamos al atajo de la Viuda, me volví y vi el llano y el camino polvoriento zigzagueando por él y, a la izquierda, los tres almendros del Ponciano y, a la derecha, los tres almendros del Olimpio, y detrás de los rastrojos amarillos, el pueblo, con la chata torre de la iglesia en medio y las casitas de adobe, como polluelos, en derredor. Eran cuatro casas mal contadas pero era un pueblo, y a mano derecha, según se mira, aún divisaba el chopo del Elicio y el palomar de la tía Zenona y el bando de palomas, muy nutrido, sobrevolando la última curva del camino. Tras el pueblo se iniciaban los tesos como moles de ceniza, y al pie del Cerro Fortuna, como protegiéndole del matacabras, se alzaba el soto de los Encapuchados donde por San Vito, cuando era niño y Madre vivía, merendábamos los cangrejos que Padre sacaba del arroyo y una tortilla de escabeche. Recuerdo que Padre en aquellas meriendas empinaba la bota más de la cuenta y Madre decía: «Deja la bota, Isidoro; te puede hacer mal». Y él se enfadaba. Padre siempre se enfadaba con Madre, menos el día que murió y la vio tendida en el suelo entre cuatro hachones. Aquel día se arrancó a llorar y decía: «No hubo mujer más buena que ella». Luego se abrazó a las Mellizas y las dijo: «Sólo pido al Señor que os parezcáis a la difunta». Y las Mellizas, que eran muy niñas, se reían por lo bajo como dos tontas y se decían: «Fíjate cuánta gente viene hoy por casa». Sobre la piedra caliza del recodo se balanceaba una picaza y es lo último que vi del pueblo, porque Aniano, el Cosario, me voceó desde lo alto del teso: «¿Vienes o no vienes? Orestes aguarda, pero se cabrea si le retraso».
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (doce distintos, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del texto; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Miguel Delibes: «El hereje»; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes – “El hereje” (1998)
1. ANÁLISIS
1.Resumen
Cipriano Salcedo nace en Valladolid el 30 de octubre de 1517, hijo de Bernardo Salcedo y de Catalina Bustamante; forman una familia acomodada y respetada. El matrimonio intenta en repetidas ocasiones procrear, durante ocho años, pero con resultado negativo; reciben la ayuda del doctor Almenara. Bernardo es negociante de lanas y le va muy bien. Le comunica la noticia del embarazo a su amigo y socio burgalés, Néstor Maluenda; este les regala una silla de partos; es un artilugio para facilitar el alumbramiento en casos difíciles. La madre fallece unos días después del parto por complicaciones añadidas. Los médicos no pueden hacer nada por ella. La entierran con solemnidad y boato, como corresponde a su clase social, adinerada y honrada. Bernardo busca y contrata una nodriza y aya, MInervina, una muchacha de quince años, amable y risueña. 
La muerte de Catalina afecta a Bernardo en forma de resentimiento contra su hijo, pues lo considera responsable de esa desgracia. Bernardo se abandona física y moralmente; no atiende su negocio, por lo que se resiente. No se cuida y entra en un estado de melancolía irritante. Desarrolla un terrible odio hacia su hijo; este, aún bebé, llora al oírlo subir la escalera para visitarlo. Bernardo se siente mejor con las visitas de su hermano Ignacio y su esposa; encuentra cierta delectación en su morbidez y la atención que despierta en los amigos y familiares.
Bernardo acompaña a su caravana de carrozas cargadas de lana hasta Burgos; es mercancía para la exportación. Se ve con su corresponsal, que lo consuela por su viudez. Le sugiere no descartar volver a enamorarse y casarse con otra mujer. De vuelta a su casa vallisoletana, se siente atraído por Minervina. Le propone a la joven que viva en su misma planta de la casa, dejando al niño arriba, pero ella se niega pretextando frío y otras incomodidades. Bernardo le abre su corazón a su hermano Ignacio, quien lo remite a un fraile, fray Hernando, para que lo aconseje. Se siente frustrado tras el rechazo de Minervina; decide buscarse una amante, pero las mujeres públicas están enfermas, principalmente de sífilis, por lo que las rechaza. Su amigo Manrique le da la dirección de una alcahueta. Esta le busca una joven guapa y virgen. Le paga una vivienda y la visita de vez en cuando. Un día, la pilla con un amante. Ahí comprende que ha sido burlado y se desentiende de las mujeres. 
Mantiene una relación de amistad con Minervina. El odio hacia su hijo se hace recíproco. Minervina le enseña algo de doctrina cristiana. Bernardo contrata a un preceptor, Álvaro Cabeza de Vaca, para que eduque al niño, cosa que hace al punto. Pronto advierten la viva inteligencia de Cipriano, pero su interés es alterno porque, entre otras cosas, la sombra de su padre lo cohíbe. El padre piensa que la presencia suave y dulce de Minervina es negativa para la educación de su hijo, así que decide internarlo, previo pago, en el Hospital de niños expósitos; piensa que le inculcarán disciplina y obediencia.
En el colegio aprende la dureza y miseria de la vida. Las inmoralidades de sus compañeros son constantes; desde la impiedad a la masturbación, recibe un baño de sórdida realidad de manos de niños turbios, violentos  y extraviados como El Corcel, Tito Alba, El Escriba, el Menino, el niño, el Obeso, el Rústico y muchos más. Sin embargo, aprende muchos saberes en las clases. Allí se entera de los movimientos reformistas cristianos dirigidos desde Europa central por el holandés Erasmo de Rotterdam y el alemán Martín Lutero. Se celebra una una junta de religiosos reformistas en su ciudad, lo que le atrae. Discute con sus amigos sobre este asunto, al igual que muchos de sus profesores.
Se propaga la peste por la ciudad. Cipriano y sus compañeros ayudan a los enfermos. Su tío Ignacio le comunica que su padre ha enfermado; él se retira a otro lugar para protegerse. Al poco, muere, al igual que algunos de sus compañeros de colegio. Pasa a vivir con su tío Ignacio y a estudiar Derecho en la universidad. Minervina se incorpora al servicio de la familia. Un día, se desata la pasión y Cipriano y Minervina se aman, lo que repiten regularmente. Los sorprende su tía y expulsa a la muchacha de su casa.
Finaliza sus estudios de Derecho, refuerza el negocio heredado de su padre y adquiere un alto estatus social, pues alcanza el título de doctor, pasando a ser hidalgo. Busca a Minervina, pero no la encuentra. Visita Burgos y conferencia con el hijo de Maluenda, pero este no es hábil en el negocio. De vuelta a casa, inicia un negocio de zamarros (pelliza o abrigo, de piel o lana), los “zamarros de Cipriano”; obtiene buenos réditos. Necesita lana y entra en tratos don Segundo Centeno, poseedor de un gran rebaño de ovejas. Conoce a su hija, Teodomira, y se enamora de ella; la conocen como “la reina del Páramo”; es hábil esquiladora. Pasean y charlan juntos, afianzando una relación amorosa tímida. La relación avanza y se casan un verano, en la iglesia de Peñaflor.
Busca vivir su cristianismo con más autenticidad e intensidad; a su alrededor ve una religión superficial, ritual y poco edificante con el ejemplo de los clérigos avariciosos y libidinosos. Conoce al doctor Agustín Cazalla, clérigo erasmista, y a uno de los hermanos (eran tres); le prestan libros de Erasmo y los lee con devoción; le explica la renovación religiosa que difunde Erasmo. Sus sermones lo complacen y, casi sin querer, se hace erasmista. Luego sale de caza con Cazalla; por el campo, este le explica el sentido reformista de la iglesia católica que pretende Erasmo: pureza de las creencias, lectura directa de la Biblia, apertura mental, quedarse con el espíritu y no con la letra, mucha atención a las cartas de San Pablo, la redención por la muerte de Jesucristo, etc.
El matrimonio de Cipriano y Teodomira no logra procrear, aunque lo intentan. A la esposa, tras diez años de espera, le provoca desequilibrios mentales; su comportamiento es inestable. Visitan al doctor Galacha; les prescribe unas infusiones y paciencia. Cipriano no muestra gran interés por tener hijos, pero a Teodomira este asunto la perturba.
Cipriano, casi sin querer, sigue ahondando en el erasmismo; lee el libro de Erasmo El beneficio de Cristo, compendio de su pensamiento. Visita a otros erasmistas vallisoletanos como Carlos de Seso y el dominico Juan de la Peña. Los meses pasan y la ciudad crece. Teodomira compra compulsivamente adornos para la casa; duermen en camas separadas. Cipriano, poco a poco, se desentiende de su mujer. Acepta la idea de que el purgatorio no existe, como se lo explica Pedro Cazalla.
Forma parte del círculo más íntimo de los Cazalla y los reformistas cristianos. Allí están Carlos Cazalla, su hermano Juan, su hermana Beatriz, Carlos de Seso, Francisca de Zúñiga, el joyero Juan García, doña Leonor, el bachiller Herrezuelo, fray Domingo de Rojas y una mujer bella y poderosa, Ana Enríquez. Se escoran del erasmismo al luteranismo, el protestantismo, que preconiza la ruptura con la iglesia de Roma. Cipriano viaja por toda España conociendo las pequeñas comunidades, de vida precaria y gente poco formada; transmite ánimo y firmeza en sus creencias.
A la vuelta, se encuentra a su esposa alterada y trastornada. Lo hiere con unas tijeras de esquilar ovejas e intenta castrarlo, aunque sin éxito. Internan a Teodomira en un manicomio, pues ha perdido el juicio. Apenas come, ni habla, ni camina; lleva una vida vegetal. Ocho meses después, fallece. La entierran con su padre, asesinado unos años antes, cuyo cuerpo aparece aún en buen estado. Tras ese momento de crisis, Cipriano promete a Dios abstención carnal y vida humilde.
En consecuencia, entrega sus bienes a su comunidad protestante. Vive en comunicación con el doctor Agustín Cazalla, que lo reconforta espiritualmente. Cipriano viaja a Alemania; pasa la frontera de Francia con la ayuda de Pablo Echarren. En Alemania, donde el pensamiento reformista es más amplio y popular, comprende mucho mejor el sentido del erasmismo. Regresa con información, libros y refuerzo doctrinal (se entrevista con Felipe Melanchton, un cabecilla reformista de primera importancia). Las cosas en España, y, por tanto, en Valladolid, empeoran porque el Santo Oficio de la Inquisición persigue a los erasmistas, acusándolos de herejes; sus procedimientos son crueles y sus penas, muy severas; detienen a Cristóbal de Padilla. Cazalla les aconseja abandonar la ciudad, pero nadie lo hace.
Cipriano destruye papeles y libros de contenido reformista para que no lo incumplen. Lo visita Ana Enríquez y le ruega que se esfume, o será detenido. Se quieren y así lo manifiestan. Abandona Valladolid camino de la frontera; llega al domicilio de Pablo Echaren, quien le ayudará a cruzar la frontera, pero se encuentra con los agentes de la Inquisición en su casa, interrogándolo. Lo detienen inmediatamente y lo llevan a una cárcel secreta de Pamplona. Allí coincide con Juan Sanchez, Carlos de Seso y fray Domingo de Rojas; también habían intentado huir, sin éxito. Andando, los conducen a Valladolid. Al pasar por los pueblos, reciben insultos y les tiran piedras y porquería; encendían hogueras, como anunciándoles su destino.
Ya en su ciudad, lo encarcelan en duras condiciones con fray Domingo de Rojas, en la cárcel de San Pedro Barrueco. La prisión rebosa de erasmistas y luteranos. También están retenidos el doctor Cazalla y Ana Enríquez. La falta de luz le afecta a la vista. Conversa con el fraile sobre las penas que podían imponerles: garrote vil y a la hoguera, hoguera quemados vivos, encarcelamiento de por vida, junto con la confiscación de bienes, destierro y despojo de honores y títulos. Se preparan para el interrogatorio, que adivinan terrible, con torturas incluidas. Todo el día con grilletes, la vida en prisión es muy miserable.
Los carceleros les hacen saber las delaciones. La mayoría de los interrogados se retractan y delatan a los compañeros. Cipriano soborna a un carcelero para que le pase las delaciones. Se siente decepcionado. Lo visita su tío Ignacio y lo pone al día, advirtiéndole que su situación es muy grave. Ana Enríquez confiesa haber sido engañada en su ingenuidad; es un golpe para Cipriano. Le toca confesar, pero resiste la presión; no delata a Cazalla ni cuenta su viaje a Alemania. Lo someten al potro de tortura, con horribles sufrimientos (puede descuartizar a una persona fácilmente), pero se mantiene firme. En la cama de su celda, permanece inmóvil entre dolores incontables; apenas ve y está medio tullido por la tortura. Se cartea en secreto con Ana Enríquez, que ya está fuera; le aconseja que confiese para vivir juntos, pero Cipriano tiene sus ideas sobre la fidelidad.
Su tío Ignacio lo provee de ropa limpia, aunque no lo visita. Fray Domingo de Rojas confiesa y se retracta, pero no se lo dice a Cipriano. Abdica Carlos V (16 de enero de 1556). Su hijo Felipe II sube al trono; es mucho más duro en cuestiones de fe y ordena limpiar el reino de herejes –erasmistas, luteranos, calvinistas, etc.–. La Santa Inquisición se siente fuerte y actúa con más contundencia; se atreven a acusar a Bartolomé Carranza, arzobispo de Toledo; salva su vida de milagro. Se hacen públicos los nombres de los acusados; entre ellos está Carlos de Seso, amigo de Cipriano. Recibe, por fin, la visita de su tío; lo pone al día de la marcha implacable de la Inquisición. Ana Enrírquez sufre una leve pena, pero los demás, sobre todo los que no se han retractado, les espera una dura condena, incluido Cipriano. Le envía una carta con la palabra “valor”. Se confiesa, pues su ejecución es inminente; no se arrepiente de sus creencias, ni se siente mal cristiano. El doctor Cazalla enloquece, grita y se desespera, por lo que lo sedan.
Algunos meses después se organiza la ejecución de la sentencia en la plaza mayor de Valladolid, con asistencia de mucho público. El auto de fe lo preside Felipe II y la familia real, sentados en unas gradas muy altas; en un lateral, se prepara una gran hoguera con un poste en el centro (el “quemadero”). Al amanecer, los castigados con penas leves salen en procesión; un cirio en la mano y la cruz de San Andrés. Detrás, los contumaces, condenados a perecer en las llamas. Los sientan en una silla y se van pregonando sus penas. Comienzan con los Cazalla, la mayoría conducidos a la hoguera. Ana Enríquez se libra de la hoguera, pero no Cipriano. Apenas se tiene en pie, así que han de ayudarle a caminar, pues no tiene fuerzas. Los montan en unos burros y los conducen a la hoguera. Su tío lleva del ronzal al animal; de pronto, aparece Minervina y toma conduce al animal, entre lágrimas.
Ya ante la hoguera, los inquisidores les interrogan sobre si renuncian a sus creencias heréticas. Los que lo hacen, los ejecutan con garrote vil (una silla con respaldo alto provisto de un artilugio giratorio; una argolla, a modo de abrazadera, aprieta la garganta, hasta asfixiar; a la vez, un tornillo se introduce por la base del cráneo, hasta desnucar al reo), algo más rápido y menos doloroso, aunque luego los queman. Los contumaces, se les ata a un palo y se enciende la hoguera bajo sus pies, para disfrute de la masa allí arremolinada, amiga de emociones fuertes. Algunos condenados gritan, tratan de encaramarse al palo, gesticulan, etc. en un intento de escapar al dolor, como Herrezuelo. Cipriano se mantiene firme en sus creencias. Encienden su hoguera y, poco a poco, arde vivo, sin emitir un sonido, en silencio. El gentío se admira de su entereza. Pierde el sentido y el fuego lo consume. Es el 21 de mayo de 1559.
2. Temas de la novela
– La intransigencia religiosa: el siglo XVI es un momento de gran ebullición religiosa en toda Europa. El erasmismo, el luteranismo y otras corrientes reformadoras irrumpen con fuerza en el continente, hacia el 1500, exigiendo una inmediata restauración del cristianismo primitivo y acabando con los desmanes de la Iglesia y de muchos de sus representantes. En todos los países hubo tensiones, disputas, enfrentamientos y muertes. También en España, como es lógico esperar. Durante el reinado de Carlos V se toleraron estos movimientos, pero la llegada al trono de Felipe II supuso la erradicación expeditiva y violenta de todos estos movimientos, que venían a unirse a los restos judíos y mahometanos (por los moriscos). Delibes aborda con una increíble fidelidad histórica estos acontecimientos y retrata una sociedad intransigente, fanatizada y manipulada por la Iglesia y la nobleza.
– La dificultad para lograr una convivencia tolerante: es muy difícil organizar una sociedad tolerante porque desde el poder se busca la total homogeneidad religiosa, política y social. No hay margen para la discrepancia. Quien piensa, siente o cree de otro modo es eliminado sin contemplaciones, como se manifiesta en la figura del protagonista.
– La incertidumbre existencial que rodea a las personas: el destino de cada personaje es realmente incierto, imprevisto y siempre sorprendente. Salvo que uno se atenga a un estilo de vida muy ortodoxo, los peligros y golpes asaltan a las personas, conduciéndolas, casi siempre a la perdición, en un camino de dolor y sufrimiento. 
– La increíble fuerza de las pasiones en el destino humano, tanto las positivas como las negativas. Amor, amistad, afecto familiar, etc., se mezclan con odios terribles, desafectos, codicia, etc. Cada persona se mueve por intereses materiales o espirituales que, poco a poco, lo van conduciendo por caminos insospechados, muchas veces, derechos al precipicio, como le ocurrió a Cipriano.
3. Apartados temáticos 
La novela es bastante voluminosa y densa, pues relata exhaustivamente la vida del protagonista; en realidad, el texto es la biografía de Cipriano Salcedo. Posee tres partes:
– Un preludio, en el que se narra la vuelta marítima de Alemania del viaje informativo de Cipriano; desembarca en el puerto de Laredo con sus libros prohibidos.-
La introducción (nacimiento, infancia y primera juventud) ocupa el Libro primero (“Los primeros años”); se subdivide en seis secciones o capítulos. Se cierra con el descubrimiento de las relaciones amorosas entre Cipriano y Miner por parte de su tutor, su tío Ignacio y doña Gabriela. Expulsan a la chica de la casa, para disgusto de Cipriano. 
– El desarrollo o nudo argumental ocupa el Libro segundo (“La herejía”) y casi todo todo el Libro tercero (“El auto de fe”, de los capítulos quince al dieciséis); abarca de los capítulos siete al catorce del segundo libro y el quince y dieciséis del tercero. Se centra en el nacimiento y desarrollo del sentimiento religioso reformista de Cipriano Salcedo y su firme compromiso doctrinal y real. 
– El cierre, conclusión o desenlace ocupa el último capítulo (diecisiete): se centra en su horrible muerte en la hoguera, siempre digno, sereno y silencioso.
 – Se cierra la novela con la “Declaración de Minervina Capa” (parece un documento histórico real; el autor no lo aclara), nacida en Santovenia de de Pisuerga y vecina de Tudela de Duero, realizada el 28-5-1559, en Valladolid. Las últimas palabras de Cipriano audibles fueron “Creo en la Santa Iglesia de Cristo y de los Apóstoles”.
4. Personajes
– Cipriano Salcedo: es el protagonista de la novela; en realidad, el texto es su biografía. Estamos ante un hombre de clase alta, adinerada y bien situada, gracias al comercio de lanas de su padre. Es un niño que crece sin amor a causa de la rigidez de su padre. Busca la coherencia de sus creencias religiosas y se inclina por una vivencia del cristianismo más pura y auténtica, próxima a los Evangelios y al espíritu paulino. Cuando cree encontrar el verdadero camino, lo sigue con total coherencia, lo que le costará la vida. También la mala suerte juega un papel importante en su vida. Cuando estaba a punto de pasar la frontera, es detenido.
– Bernardo Salcedo y Catalina Bustamante: son los progenitores de Cipriano; ella tiene poca relevancia argumental porque muere a los pocos días de dar a luz. El padre, Bernardo, culpa a su hijo de la muerte de su padre; el niño teme a su padre y lo evita, y no le faltan razones para ello. Cuando lo ingresa en una institución más o menos educativa muestra su poco afecto, sabiendo que el ambiente en ese Hospicio era violento y degradante. Trata de ordenar su vida sentimental tras quedar viudo, pero no lo logra. Su muerte es un alivio para Cipriano.
– Minervina: es la nodriza de Cipriano. Se establece una sólida y duradera relación entre ambos. Deriva en una unión amorosa que no es tolerada por la familia de él, así que ella es expulsada de ese círculo. Muestra cariño, sentido común y fidelidad al muchacho y al hombre. Es un oasis de amor y bonhomía en un ambiente hosco y agresivo.
– Teodomira: es la única esposa que tuvo Cipriano; se casaron por amor, pero las vicisitudes de la vida los fueron separando. Estamos ante un personaje muy bien dibujado. Algo rústica, en su simplicidad rural, bastante atractiva, alegre e impulsiva, pretende fundar una familia amplia; la llegada de los hijos es su principal objetivo. Como no lo logra, su salud mental se ve seriamente afectada, acabando en la enajenación total. Su destino es realmente trágico e inmerecido, pero los vericuetos de la vida a veces son macabros.
– Ignacio y Gabriela: son los tíos de Cipriano y la familia más cercana de este cuando fallece su padre. Son personas ponderadas, tranquilas y con un gran sentido de la responsabilidad. Apoyan en todo momento a Cipriano y tratan de aliviar sus cuitas siempre que pueden; se preocupan de su educación y son rectos en su comportamiento.
– Ana Enríquez: mujer hermosa y noble, por tanto, con influencias importantes en los estamentos sociales superiores. Aunque se enamora de Cipriano, o eso aparenta, mantiene una actitud algo ambigua y calculadora. Es reformista pero sabe retractarse a tiempo para salvar el pellejo.
– Miembros del grupo reformista: su alma es la familia Cazalla, sobre todo Agustín, el más inteligente y convencido de la necesidad de la propagación del erasmismo en España. Son personas ilustradas, inteligentes y de buena posición social. Los demás miembros tienen orígenes y características diversos. Poseen mucha importancia porque simbolizan crudamente cómo acaba cruelmente el deseo de ser mejor cristiano, de vivir la fe conforme a las enseñanzas evangélicas. 
5. Lugar y tiempo narrativos
La acción ocurre, principalmente, en la ciudad de Valladolid. Alternan los espacios interiores y exteriores, según las necesidades narrativas. No hay un único lugar aglutinador, sino varios; la casa donde nace, el internado, la casa de los tíos, su residencia de adulto, la cárcel inquisitorial, etc. son los más señalados. Cipriano se desplaza por España y Europa, así que también otros lugares ocupan algo de relevancia argumental.
Como es una novela histórica que se basa en hechos realmente ocurridos, podemos acotar la cronología con bastante precisión. El auto de fe se verificó, como ya dijimos en el resumen, el 21 de mayo de 1559 (hubo otro ese mismo año, pero no importa a efectos novelescos). También se precisa el nacimiento de Cipriano, el 30 de octubre de 1517. Vemos que la acción dura tanto como la vida del protagonista: cuarenta y dos años, que coincide casi totalmente con la primera mitad del siglo XVI, el Renacimiento.
6. Figura del narrador
El relato lo cuenta un narrador en tercera persona, omnisciente, objetivo y externo. No se involucra demasiado en la acción. Ve a través de Cipriano, de modo que, de algún modo, muestra empatía hacia él y una especie de solidaridad interna. De cualquier modo, el narrador, al estilo cervantino, muestra mucha compasión por las personas y benevolencia, sobre todo con los débiles y los humildes; estos son los que pagan los platos rotos de los desajustes sociales. 
7. Notas estilísticas
Delibes es un auténtico maestro en el manejo de la lengua española. Recrea el español renacentista con una maestría inigualable. Veamos un ejemplo tomado del capítulo XVI:
A Cipriano Salcedo le correspondió compartir celda con fray Domingo de Rojas, Hubiera preferido un compañero menos adusto, más abierto, pero nadie le dio a elegir. Fray Domingo continuaba con su grotesco vestido de lego y lo único que había suprimido de su disfraz era el estrambótico sombrero de plumas. Paulatinamente, Cipriano fue informándose de la situación del resto de los perros. Don Carlos de Seso había sido emparejado con Juan Sánchez, enfrente se hallaba la cija del Doctor, más al fondo, en una celda grande, convivían cinco de las monjas del convento de Belén, y Ana Enríquez compartía calabozo con la sexta, Catalina de Reinoso. Como Salcedo había presagiado, los emparejamientos fueron inevitables. La cárcel secreta de Pedro Barrueco, suficiente para una situación normal, para una  esporádica redada de judaizantes o moriscos, se quedó pequeña para la afluencia de luteranos en la primavera de 1558. Las detenciones, el alto número de éstas, habían sorprendido al Santo Oficio con un penal de no más de veinticinco celdas disponibles y el edificio en construcción del barrio de San Pedro, apenas con los cimientos. Valdés no tuvo otro recurso que olvidarse de la incomunicación, encerrar a los reos de dos en dos, de tren en tres y, en el caso de las religiosas de Belén, hasta cinco en una misma celda. Sin embargo Valdés, siempre perspicaz, exigió que en los emparejamientos se tuvieran en cuenta el diverso rango social e intelectual de los encerrado y el grado de su relación anterior. Éstos eran los casos, por ejemplo, de don Carlos de Seso con Juan Sanchez y el de Salcedo con fray Domingo de Rojas.
Afinada su capacidad de adaptación, Salcedo no tardó en acomodarse a las condiciones del nuevo cuativerio. La celda, doble que la de Pamplona, tenía solamente dos huecos en sus muros de piedra: un ventano enrejado a tres varas del suelo, que se abría a un corral interior, y el de la puerta, una pieza maciza de roble, de un palmo de ancha, cuyos cerrojos y cerraduras chirriaban agudamente cada vez que se abrían o se cerraban. Los catres se extendían paralelos a ambos lados de la celda, el del dominico bajo el ventano y, en el ángulo puesto, en la penumbra, el de Cipriano. Con los petates, en un suelo de frías losas de piedra, apenas había una pequeña mesa de pino con dos banquetas, el aguamanil con un jarro de agua para el aseo y dos cubetas cubiertas para los excrementos. La medida el tiempo se la facilitaba a Cipriano el ritmo de las visitas obligadas: la del ayudante de carcelero Mamerto a horas fijas, para las comidas, y la del otro ayudante, Dato de nombre, de sucia melena albina y calzones hasta la rodilla, que, al atardecer, vaciaba los recipientes de inmundicias y baldeaba sucintamente la estancia las tarde de los sábados.
El ritmo de la novela es excelente. Fluye con gran naturalidad y crea belleza poética. La selección léxica es impresionante; la propiedad y acierto en el manejo del léxico, antiguo y moderno, contribuye decisivamente en la creación de una realidad novelesca autónoma.
8. Contextualización
Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920 – 2010) es un formidable novelista de la posguerra española. Dueño de un estilo propio, logró que el rural castellano, la gente humilde y sencilla, pasara a primer plano narrativo. Novelas como El camino (1950), Viejas historias de Castilla la Vieja, Las ratas, etc. son ejemplo de este tipo de narrativa. También la ciudad provinciana, en este caso con una crítica muy dura a la burguesía acomodaticia, egoísta y avulgarada, forma parte de su arco novelístico. El príncipe destronado, Cinco horas con Mario y La hoja roja son algunos ejemplos de este tipo de relato. Su última obra, El hereje, el texto que ahora analizamos, es una novela histórica de gran aliento y significación; recrea los tristes episodios en torno al auto de fe de Valladolid, contra los luteranos, en 1559.
9. Interpretación y valoración
El hereje es una novela densa, profunda, muy bien articulada, mejor ambientada y tremendamente significativa. Delibes crea un relato lleno de vida, con una exactitud prodigiosa, de modo que lo verosímil casi se hace verídico por momentos. Se trasluce muy bien el enorme esfuerzo de documentación del novelista para crear su novela.
El manejo de la lengua es magistral. La propiedad y exactitud en el uso del lenguaje y el acierto en el manejo de las herramientas retóricas son valores importantes en el haber de esta novela. Los diálogos son muy verosímiles, exactos, tendentes a la sobriedad y cierto laconismo expresivo.
La lectura de este texto no deja indiferente al lector, pues lo somete a una reflexión histórica sobre la necesidad de la tolerancia y la concordia entre las personas para que las sociedades funcionen más armónicamente. En conjunto, estamos ante una maravillosa novela, llena de verdad y de vida, como se espera de un magnífico texto literario.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes, tanto ricos como pobres.
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Observa y señala las características del narrador.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
9) Indica las características de la novela histórica que aprecies en el relato.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Podemos decir que Cipriano Salcedo tuvo suerte en la vida? ¿A qué se debe su suerte? 
2) Analiza los rasgos morales de naturaleza religiosa de Cipriano. ¿Son de una categoría superior o inferior a los generales de su tiempo? 
3) ¿Cómo podemos calificar la actitud del Santo Oficio de la Inquisición respeto de los “heréticos?? ¿Qué sentido le podemos atribuir a ese hecho?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia del compromiso con los valores de concordia y apertura mental? 
5) ¿Cómo podemos valorar la actitud de Cipriano en la hoguera? 
6) ¿Qué significación se encierra en el final de la  novela?  
7) Ignacio, el tío de Cipriano, le dice a su sobrino que “algún día estas cosas serán consideradas como un atropello contra la libertad que Cristo nos trajo”. ¿Tenía razón en su premonición? Justifica tu respuesta.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática, que recree un momento histórico de nuestra historia en el que se manifiesten actitudes y pasiones de consecuencias catastróficas. Puedes imprimir un ritmo coloquial y familiar, como ha realizado Miguel Delibes.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de momentos históricos donde se aprecie un momento de máxima tensión por el choque de ideologías o creencias, siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.
2.4. Comentario de texto específico
(Capítulo XVI)
Bastó una pausa mínima de su tío para que Cipriano formulara la temida pregunta:
–C… conoce las sentencias, tío?
Don Ignacio Salcedo le miraba desarmado, los ojos blandos, temblando el labio inferior. Dijo mediante un esfuerzo:
–Me las han enseñado ayer. Por mi cargo tenían que hacerlo.
Cipriano seguía con la cabeza levantada para que su tío escapara de su campo visual. Le vio vacilar, empalidecer. No trató por ello de quitar fuerza a su pregunta:
–¿Cuál ha sido mi suerte?
No respondió inmediatamente Ignacio Salcedo. Se limitó a mirar profunda, compasivamente, a sus ojos  encarnizados, pero cuando trató de hablar se le anudó dos veces la voz en la garganta. Cipriano acudió a su auxilio:
–¿La hoguera tal vez? –preguntó.
El tío calló, asintiendo.
–Vas con otros veinte –dijo al fin.
Sonreía Cipriano para aliviar la tirantez de la conversación, para dar a su tío la sensación de que la noticia no le había sorprendido, ni le asustaba; de que no esperaba otra cosa:
–¿Sería indiscreto preguntarle a vuesa merced quiénes son esos veinte?
–Ese pequeño favor puedo hacértelo –dijo–. Anota: los Cazalla, incluida su hermana Beatriz y los restos de doña Leonor, fray Domingo de Rojas, don Carlos de Seso, Juan García, tres mujeres de Pedrosa, el bachiller Herrezuelo, Juan Sánchez… ¿quién más?
–Es suficiente, tío.
–En todo caso, la lista no es definitiva. Esta noche os visitará un confesor y mañana, en el auto, aún tendréis oportunidad de cambiar vuestra suerte: la hoguera por el garrote. ¡Ah, otra cosa!, los restos de doña Leonor de Vivero serán desenterrados y el solar de su casa sembrado de sal para escarmiento de las generaciones futuras.
Don Ignacio Salcedo parecía más sosegado. Ahora cargaba el énfasis en lo anecdótico, tratando de desviar la cabeza de Cipriano de la idea fundamental. Pero Cipriano no pensaba en sí mismo. Titubeó. En su vacilación perdió de vista el rostro de su tío y hubo de acomodar de nuevo la cabeza para volver a apresarlo:
–Y… y ¿qué será de doña Ana Enríquez? –preguntó con hilo de voz.
–Quedará libre tras una pena leve, unos días de ayuno, no recuerdo cuántos. Es una criatura demasiado bella para quemarla.
Cipriano pensó que retener más tiempo a su tío suponía prolongar su suplicio. Se puso en pie tambaleándose. Su tío tenía razón: Ana Enríquez era demasiado hermosa para quemarla. Además había sido engañada, era excesivamente joven cuando Beatriz Cazalla y fray Domingo la pervirtieron. Sonaba el martilleo de los carpinteros en la plaza, un golpeteo ininterrumpido, enloquecedor. Su tío también se había incorporado y le tomó de las manos con aprensión, como a un ciego.
–No quiero hacerle perder más tiempo, tío –dijo Cipriano–. Le agradezco todo lo que ha hecho por mí.
Don Ignacio Salcedo le atrajo hacía sí, le besó en las mejillas y le retuvo un momento entre sus brazos:
–Algún día –musitó a su oído– estas cosas serán consideradas como un atropello contra la libertad que Cristo nos trajo. Pide por mí, hijo mío.
Cipriano no pudo comer. Mamerto se llevó intacta su bandeja. Por la tarde comenzaron las confesiones. Fray Luis de la Cruz, dominico como fray Domingo, recorrió las celdas  llegó a la de Cipriano cuando el sol declinaba, aunque el martilleo unísono de la plaza continuaba sonando con toda intensidad. Fray Domingo rechazó los auxilios de fray luis de la Cruz cuando éste se acercó servicialmente a su lecho.
–Padre –dijo fray Luis de la Cruz al advertir su gesto–: solamente le pido a Dios que muráis en la misma fe en que murió nuestro glorioso Santo Tomás. Estaré en pie toda la noche. Vuestra reverencia puede llamarme a cualquier hora.
Cipriano, tumbado en el camastro, acogió con afecto al confesor. Le agradeció su presencia y le dijo que en su vida había tres pecados de los que nunca se arrepentiría bastante, y, aunque ya los tenía confesados, se los confiaba al padre en prueba de humildad: el odio hacia su padre, la seducción de su nodriza aprovechándose de su cariño maternal y el desafecto hacia su esposa, su abandono, que la llevó a morir trastornada en un hospital. Fray Luis de la Cruz asentía sonriente, le dijo que su confesión general le dignificaba, pero que en este momento, en víspera del autor de fe, esperaba unas palabras de arrepentimiento por su adscripción  a la doctrina de Lutero. Cipriano que, en las medias tinieblas, apenas distinguía las facciones del fraile, le respondió que abrazó la teoría del beneficio de Cristo de corazón, con buena fe, es decir, obró en conciencia y ésta, ahora, no se lo reprochaba. Como sin darle importancia, fray Luis de la Cruz le preguntó entonces quién le había pervertido y Cipriano contestó que no podía decírselo, que así lo había jurado, pero le constaba que tampoco su inductor obró con intención perversa. El fraile, que venía cansado, empezó a dar muestras de acrimonia, le impacientaba la obcecación de Cipriano, le dijo que no podía absolverle pero que aún estaba a tiempo. Desde media noche el padre Tablares, jesuita, seguiría a disposición de los reos. Humildemente ahora le recomendó que reflexionara y, antes de separarse de él, le tuvo cogido por las dos manos un largo rato y le llamó hermano mío.
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (doce distintos, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del texto; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Miguel Delibes: «Cinco horas con Mario»; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes – “Cinco horas con Mario” (1966)
1. ANÁLISIS
1.Resumen
Analizamos una obra muy original, expresiva y de honda significación. «Cinco horas con Mario», de Miguel Delibes, es uno de los mejores textos narrativos de la novela española de posguerra. La esquela que abre la novela es de fundamental importancia: ahí se nos suministra toda la información esencial para comprender el texto. Mario Díez Collado ha muerto el 24 de marzo de 1966, a la edad de 49 años; deja viuda, Carmen Sotillo (los conocidos la llaman Menchu), y cinco hijos; también aparecen una hermana y dos cuñadas (lo que implica que tiene dos hermanos muertos, en la Guerra Civil; militaban en el bando republicano).
En el prólogo un narrador en tercera persona cuenta cómo Mario aparece muerto en su cama, al amanecer, como constata su esposa Carmen. Se hace saber la noticia, se instala el cuerpo presente en el despacho de Mario; los familiares y amigos acuden a presentar sus respetos. Muchos reaccionan con verdadera consternación, pero algunos exageran, o así lo percibe la viuda; por ejemplo, Encarna, la cuñada de Mario, viuda de Elviro (hermano, por tanto, de Mario), con sus gestos de dolor así lo aparenta. Todos transmiten su pésame y se van, hasta el día siguiente, donde se celebrará misa de funeral y conducción al camposanto. Los hijos se van a dormir.
Carmen se queda a solas ante el féretro de su marido. Toma el ejemplar de la Biblia que su marido tiene en su mesa de trabajo; frecuenta su lectura y tiene marcadas páginas con párrafos seleccionados. La viuda lee esos versículos subrayados por Mario, que son veintidós. Inmediatamente crea en ella una serie de asociaciones de ideas, recuerdos, pensamientos, anhelos, miedos, etc. que se amontonan en su cabeza. Eso es, justamente, lo que nos llega a nosotros; ese monólogo interior o fluir de conciencia de Carmen, durante cinco horas, leyendo las veintidós citas bíblicas de su marido. No es posible seguir un hilo argumental o de recuerdos porque Carmen mezcla y repite todo tipo de recuerdos, reproches, ilusiones y valoraciones sobre su marido y la vida en común. Los separamos por asuntos abordados:
-Envanecimiento narcisista:
Ella es de buena familia, rica y bien situada; llevan un ritmo de vida desahogado. Su padre escribe en ABC, es un hombre respetado y reputado. Sus círculos de amistad son selectos, tanto en Madrid como en la provincia, donde ella vive. Se cree más inteligente, elegante y atractiva, a pesar de su edad, lo cual es cierto, pues Paco, el amigo de infancia, triunfador social, se pasea con un “Tiburón” con gran pisto. De hecho, la recoge a ella en una ocasión e intercambian unas caricias apasionadas, sin pasar a mayores.
-Defensa de su ideología inmovilista, conservadora y franquista:
Carmen esgrime que el régimen franquista es modélico, de ahí que no entienda las reticencias y críticas de Mario y sus amigos. La guerra civil fue necesaria para poner orden.
-Clasismo social y económico:
Se siente parte de un grupo superior social y económicamente considerado. Desprecia a los pobres y humildes, a los que critica por sus reivindicaciones laborales y sus protestas políticas, e incluso por el hecho de emigrar a otros países buscando mejores perspectivas.
-Reproches a su marido Mario:
Le echa en cara que su familia era desafecta al régimen franquista, que su cuñada Encarna (viuda desde hace años) coquetea con él, que no le ha prestado la suficiente atención a lo largo de los años de matrimonio (entre veinte y veinticinco, aproximadamente), que no ha tenido maña para ganar algo más de dinero para comprar un piso más amplio, para adquirir un coche, aunque fuera un Seat 600 y para llevar un tren de vida en correspondencia con su estatus social. Como se ve, la lista es larga y atrabiliaria, pero efectiva.
-Petición de perdón:
Carmen se siente culpable por una infidelidad amorosa con su marido que no llegó a consumarse. Trata de explicar su desliz y suplica por su perdón. Su mala conciencia, no del todo justificada, pues, después de todo, no se completó su traición amorosa, la arrastra a un lamentable estado de postración emocional.
En realidad, en el final, Carmen pide perdón a su marido por su desliz (que no tal, en el fondo) y espera un milagro: que Mario vuelva a la vida, siquiera para mirarla un momento. El final es muy estremecedor:
que yo puedo llevar la cabeza bien alta, para que lo sepas, pero ¡escúchame, que te estoy hablando! ¡no te hagas el desentendido, Mario!, anda por favor, mírame, un momento, sólo un segundo, una décima de segundo aunque sólo sea, te lo suplico, ¡mírame!, que yo no he hecho nada malo, palabra, por amor de Dios, mírame un momento, aunque sólo sea un momentín, ¡anda!, dame ese gusto, qué te cuesta, te lo pido de rodillas si quieres, no tengo nada de qué avergonzarme, ¡te lo juro, Mario, te lo juro! ¡¡te lo juro, mírame!! ¡¡que me muera si no es verdad!!, pero no te encojas de hombros, por favor, mírame, de rodillas te lo pido, anda, que no lo puedo resistir, no puedo, Mario, te lo juro, ¡mírame o me vuelvo local ¡¡Anda, por favor…!!
Así pasan las cinco horas nocturnas de Carmen, a solas con el cuerpo yacente de su marido, hablándole como si estuviese vivo. Es un desahogo de conciencia, de sus miedos y frustraciones, que son muchos. Los temas no aparecen mezclados a lo largo de toda la novela. Al principio, predomina el reproche y la frustración de Menchu; a medida que avanza la novela, la petición de perdón ocupa más espacio.
El epílogo es la última sección, narrada en presente por un narrador omnisciente. Tras la noche, llega el nuevo día y se ha de celebrar el funeral. Mario hijo sorprende a su madre al lado del ataúd de Mario y le pide a su madre que repose y se recomponga, pues pronto vendrán los servicios funerarios para conducir al difunto al cementerio. 
2. Temas de la novela
– Retrato compasivo y completísimo de la vida de una mujer burguesa del franquismo, en vivo contraste con la de su marido, reticente a la aceptación de la ideología autoritaria al uso.
– Exposición reflexiva sobre las contradicciones, miedos y temores de la clase media más o menos burguesa. Las cicatrices de la guerra no están totalmente reparadas. El enorme esfuerzo de los perdedores (la familia de Mario) para ajustarse a la nueva realidad choca con la actitud de arrogancia satisfecha de los vencedores.
– Mirada compasiva sobre los intentos de apertura intelectual, social y cultural por parte de personas como Mario para hacer una sociedad más abierta y flexible. Estos esfuerzos chocan con las reticencias y suspicacias de los más conservadores, que protestan hasta del Concilio Vaticano II y sus nuevos aires de ecumenismo comprensivo y apertura hacia otras creencias y mentalidades.
3. Apartados temáticos 
Desde un punto de vista externo, la novela se divide en tres secciones: prólogo, cuerpo central (con veintidós subsecciones) y epílogo. Desde el punto de vista interno, se puede mantener esta división, con tal de insistir en la unidad esencial, dentro de su paradójica diversidad, del monólogo de Menchu.
4. Personajes
Carmen (Menchu, para los allegados): es la protagonista de la novela. Nosotros conocemos la sustancia del relato gracias a su monólogo interior. Es una mujer de mediana edad, en su cuarentena. Nos dice de sí misma que aún conserva la belleza de su juventud, lo que debe de ser cierto. Por su monólogo, podemos apreciar su frivolidad, su hipocresía, su clasismo y su preocupación por ostentar distinción social. Siente algunos celos de Esther, pero los disimula. También percibimos su laboriosidad doméstica, su entrega a la familia, pues al fin y al cabo, aunque con la sirvienta Doro como ayuda, ha de gestionar el día a día de un núcleo familiar de siete miembros. Es auténtica en su superficialidad intelectual y en su abnegación y resistencia a los sinsabores de la vida. Está frustrada, hasta cierto punto, pero lo lleva con naturalidad.
Mario, su marido: es catedrático del instituto de la ciudad. El hecho de ir en bici a su institución nos muestra su disconformidad con la sociedad en la que vive. En realidad, procede de una familia republicana (su padre era prestamista, lo que Carmen le echa en cara Carmen, pero no afectaba a su ideología política) con muertes por la guerra civil (Elviro y José María, hermanos, murieron durante la conflagración civil). Ha escrito dos libros de ficción, de poco recorrido; también colabora con la prensa local; su carácter idealista y poco práctico es evidente. Por Carmen, sabemos que es aperturista en sus posiciones sociales y políticas, pero apenas puede desarrollar sus ideales en el estrecho margen del franquismo. Aparece como un hombre bueno y pacífico (piensa que los pisos de protección oficial hay que dejarlos para los realmente necesitados, por ejemplo). Desde nuestra perspectiva, se puede ver como “machista” –según la jerga actual–, pues se desentiende de la vida doméstica y familiar.
Los hijos: Mario hijo es el mayor; es universitario.  María Aránzazu es la pequeña; acaso está ya en el instituto como bachiller. Apenas sabemos nada de ellos, pues su participación es fugaz. Se evidencia falta de sintonía con la madre. Reaccionan con serenidad ante la muerte del padre y rehúyen del exhibicionismo hueco del sentimiento de dolor, demasiado serio como para hacer espectáculo de él.
Valentina: es la mejor amiga de Carmen; en realidad, es su confidente más íntima; es la última en marchar del velatorio y la primera en regresar a la mañana siguiente. Le llama “bobina” a Carmen, en un tono afectivo y comprensivo; denota muy bien la enorme complicidad que las une. Comparte con su amiga la visión de la vida, ideología y posición social. Refuerza los argumentos y justifica la actitud de Carmen en la toma de decisiones. Su fidelidad constante la hacen muy valiosa a ojos de Carmen, que la cita con frecuencia para corroborar sus opiniones.
Los padres de Carmen (la madre ya está muerta): son personas conservadoras que inculcan a su hija una visión inmovilista y clasista de la sociedad. Ostentan una posición social y económica elevada, lo que Carmen reivindica con mucho orgullo. Los cita con frecuencia, orgullosamente, como fuente de autoridad de sus opiniones. Le hizo la Memoria para un acceso profesoral a Mario, y Carmen piensa que es tan buena, aunque árida, que hubiera merecido una publicación. Julia, su hermana, quedó embarazada de un italiano durante la guerra y, para evitar el descrédito social, se fue a Madrid. Ya vemos que no es oro todo lo que reluce en la familia Sotillo.
Los amigos de Mario (Pío, el impresor, Armando, Antonio, Moyano y Beltrán, el bedel del instituto que Carmen manda a la cocina, durante el velatorio, porque desentona con el resto de asistentes, Armando, Antonio y Esther, Aróstegui y don Nicolás, director del periódico donde colabora Mario, Oyarzun, envidioso de Mario, etc.): es gente normal y corriente, de clase media, pero, en general, de ideas aperturistas, que han de reprimir por la férrea censura franquista. 
Paco Álvarez: es un personaje secundario, pero con una importancia decisiva en un asunto central: la infidelidad de Carmen a su marido. De niño fue pobre y humilde, pero acertó en los negocios y ganó mucho dinero. Físicamente resulta muy atractivo para Carmen, que medio se enamora de él (a lo que ayuda su Citroen Tiburón), aunque sin consecuencias mayores.
5. Lugar y tiempo narrativos
La acción ocurre en una ciudad de provincias; bien puede ser Valladolid, donde vivió Delibes toda su vida. El ritmo de vida es tranquilo y rutinario. No se aprecian rasgos especialmente llamativos. Existe un equilibrio entre los espacios interiores (el hogar de Carmen y Mario) y la ciudad donde viven: periódicos, universidad, cafeterías, etc.
El tiempo está muy definido, gracias a la esquela inicial. Mario fallece el 24 de marzo de 1966, así que conocemos el momento crítico del hecho narrativo central: el monólogo interior de Carmen, que ocurre en esa fecha. Como Carmen acude a sus recuerdos con mucha frecuencia, tenemos que la novela se extiende a lo largo de toda la posguerra española. Es un cuarto de siglo, desde el fin de la contienda hasta el momento de la muerte de Mario. Este y su mujer habrían nacido hacia 1920, o unos años previos.
6. Figura del narrador
En el prólogo y en el epílogo aparece un narrador en tercera persona, parcialmente omnisciente, objetivo y externo. No se involucra en la acción y, en un tono presentativo, nos narra cómo llegan los amigos y familiares de Mario para dar el pésame a la familia del finado; en el epílogo, se cuentan los preparativos para la conducción del cadáver, con una sustanciosa conversación entre Carmen y Mario hijo. Este defiende el aperturismo, la flexibilidad y la necesidad de mirar el futuro con esperanza, superando viejos rencores guerracivilistas.
7. Notas estilísticas
Delibes es un auténtico maestro en el manejo de la lengua española. En esta obra predomina el registro coloquial, pues son los pensamientos de Carmen los que nos llegan. Frases hechas, coloquialismos, modismos, léxico propio del mundo familiar, etc. abundan muchísimo. Ello es un acierto literario de primer orden. Delibes imita cuidadosamente el modo de hablar de una mujer de mediana edad, burguesa, conservadora y provinciana. El nivel medio de la lengua campa a sus anchas. Hay muchas oraciones truncas, elipsis a cada paso, apóstrofes frecuentes, exclamaciones e interrogaciones retóricas cada poco, repeticiones por doquier, etc. La sensación de lectura es muy agradable, pues realmente parece que estamos escuchando a Carmen, hablando ante nosotros (es la misma que se disfruta en la adaptación teatral, llevada a las tablas por la gran actriz Lola Herrera: un trozo de verdad y de vida auténtica se expone ante nosotros). Carmen nos envuelve con su monodiálogo porque es, sencillamente, auténtica: es así y habla así, con sus defectos y virtudes, como cualquier hijo de vecino.
Carmen, en realidad, dialoga (o eso quiere creer) con su marido. Acaso busca la comunicación que no tuvo con él en vida. Lo interpela con mucha frecuencia, le pregunta, lo asevera, lo corrige previendo sus respuestas, etc. Esto hace que un diálogo trunco circule por todo el relato. Parece que Mario va a responder de un momento a otro, como realmente Carmen desea, pero eso ya no es posible.
El prólogo y el epílogo aparece en tiempo presente, para dar la sensación de inmediatez y simultaneidad con la lectura, como si pasara delante de nuestros ojos. Sin embargo, Carmen, que se apoya, sobre todo, en su memoria, mezcla pasado y presente constantemente, dada su espontaneidad de pensamiento.
8. Contextualización
Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920 – 2010) es un formidable novelista de la posguerra española. Dueño de un estilo propio, logró que el rural castellano, la gente humilde y sencilla, pasara a primer plano narrativo. Novelas como El camino (1950), Viejas historias de Castilla la Vieja, Las ratas, etc. son ejemplo de este tipo de narrativa. También la ciudad provinciana, en este caso con una crítica muy dura a la burguesía acomodaticia, egoísta y avulgarada, forma parte de su arco novelístico. El príncipe destronado, Cinco horas con Mario, que ahora comentamos, y La hoja roja son algunos ejemplos de este tipo de relato. Su última obra, El hereje es una novela histórica de gran aliento y significación; recrea los tristes episodios en torno al auto de fe de Valladolid, contra los luteranos, en 1559.
9. Interpretación y valoración
Estamos ante una obra realmente genial, de una originalidad y una perfección asombrosas. Es un trozo de vida la que nos llega, íntegra, real, sin maquillajes. Por eso Delibes no oculta las faltas y los aciertos de los personajes, especialmente de Carmen y Mario. Escuchamos a Carmen y comprendemos muy bien cómo se vivía en las primeras décadas de la posguerra española. Las miserias y las virtudes se muestran sin contemplaciones. La mirada bondadosa de Delibes, con este genial artefacto narrativo, se traspasa inmediatamente al lector; este también se ve impelido a juzgar con benevolencia y a valorar con cuidado unos años tristes y duros desde el punto de vista material y cultural, pero, al fin, parte de nuestra historia.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes, tanto ricos como pobres.
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Observa y señala las características del narrador.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué tipo de vida llevan Carmen y Mario? ¿Coinciden mucho o poco? 
2) Analiza los rasgos morales de Carmen y Valentina, por un lado, y compáralos con los de Mario y Oyarzun, por el otro; ¿cómo se puede interpretar este contraste? 
3) ¿Existe un diálogo entre Carmen y Mario en las cinco horas de estar juntos? ¿Qué sentido le podemos atribuir a ese hecho?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia del compromiso con los valores de concordia y apertura mental? 
5) ¿Por qué Carmen le suplica a su marido Mario que la perdone? ¿Existe una causa real para esa petición? 
6) ¿Qué significación se encierra en el final de la  novela?  
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese un “diálogo” o monólogo con una persona recién fallecida, con la que se quiera despedirse. Puedes imprimir un ritmo coloquial y famliar, como ha realizado Miguel Delibes.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de momentos donde se aprecie una revisión de una relación entre personas en un momento crítico, siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.
2.4. Comentario de texto específico
XXVI
Toda revelación es para vosotros como libro sellado; se le da a leer a quien sabe leer, diciéndole: Lee esto, y responde: No puedo, el libro está sellado. O se da el libro a quien no sabe leer, diciéndole: Lee esto, y responde: No sé leer. Es lo mismo que tú, Mario que me hiciste reír, palabra, la seriedad con que dijiste en la entrevista aquella que hoy en España no se lee, que te crees que porque no te lean a ti a los demás les va a suceder lo mismo, que estoy cansada de decirte que tú, escribir, sabes escribir, que escribes con soltura y eso, pero, hijo mío, de unas cosas tan aburridas y de unos tipos tan poco apetecibles que tus libros se caen de las manos, la verdad. Y no es que lo diga yo, recuerda a papá, y papá en estas cosas es alguien, vamos, me parece a mí, pues ya le oíste, que no es que vacilase, «si escribe para distraerse, pase, pero si busca la gloria o el dinero que tire por otro camino», más rotundo no cabe, y papá, ya lo sabes, una autoridad, que en el ABC no saben dónde ponerle, que no es precisamente un indocumentado, que menuda Memoria te hizo, de libro, hijo, que a mí, que nunca me dio por ahí, me la tragué sin respirar, tres veces, no te creas, que recuerdo que me encantó todo aquello del método regresivo, eso de estudiar la Historia para atrás, como los cangrejos, porque todas las cosas tienen su porqué, como suele decirse, no pasan en balde. Prescindiendo de que fuera mi padre, debisteis editarle la Memoria en la Casa de la Cultura, fíjate, hubiera sido un exitazo, me juego la cabeza, porque aunque corta y así, que eso se arregla con una letra un poco más gorda, tenía mucha miga, que hoy la gente es lo que quiere, desengáñate, libros de amor o libros con sustancia, una de dos, pero para aburrirse o para perder el tiempo ten por seguro que nadie compra un libro, que es a lo que voy, borrico, ¿me quieres decir quién iba a leer tus cosas, y perdona mi franqueza, si tus protagonistas cuando no son pobres son tontos? Fíjate en «El Castillo de Arena», sin ir más lejos, que digo éste como podía decir el otro, un paleto al que le van robando sus tierras, una a una, hasta quedarse con lo puesto, un patán sucio que para acabar de arreglarlo tiene una mujer desdentada que no hace más que insultarle. Y todavía ése, vaya, que lo de «El Patrimonio» es todavía peor, hijo, figúrate a estas alturas a quién va a interesarle la historia de un sorche que va a la guerra en un país que no existe y no quiere matar a nadie, ni que le maten, y por si fuese poco le duelen los pies. Te digo, Mario, cariño, que ni buscados con candil, ni aposta encuentras unos protagonistas más estrafalarios, y precisamente ahora, ya ves, que sorches no son más que los patanes, figúrate, que los chicos de familia un poco así, con eso de las Milicias, son todos oficiales, que te prometo que al empezar «El Brazo Derecho», el día que me dijiste que el protagonista no era pobre, me llevé una alegría, te lo juro, que por un momento pensé, que parezco tonta, que ibas a escribir lo de Maximino Conde para darme una sorpresa, que te guste o no, era un argumento de película, ya ves, pero ya, ya… El Ciro Pérez ese, que tampoco podías encontrar un nombre más vulgar, hijo, es una especie de retrasado mental que lo poco que piensa lo piensa en chino, un tipo absurdo que ni sabe lo que quiere ni adonde  Miguel Delibes Cinco horas con Mario va, que aquello era de tal manera enrevesado, cariño, que no entendía ni jota, pero tuve la fuerza de voluntad de aprenderme trozos de memoria, pero largos, ¿eh?, y de carretilla, como un papagayo, para comentarlos luego con mis amigas, que uno era como aquél del labrador de Villaloma, el que escribió a Valen, sí hombre, que la conoció en una cacería, ya casada y todo, una carta tronchante que nos la aprendimos todas de memoria, que empezaba, «si el interés lo tiene por defecto, tal es así que no quiere contestarme, le suplico Valentina que me escuche aunque no sea más que por amistad», ¿te acuerdas?, graciosísima, bueno, pues hice igual, Mario, me eché al coleto una parrafada, una que decía, decía, verás, «en hacer el bien, Ciro encontraba una complacencia, una inconfesada satisfacción, con lo que automáticamente quedaba excluida toda interpretación meritoria de sus acciones y abierta la posibilidad de una reparación ulterior. De ahí, su tortura…», ¿qué te parece? ¿no te recuerda horrores a las cartas del tipo aquel de Villaloma? Dime tu verdad, Mario, vaya parrafito, no me digas, ni aposta, que Valen se mondaba, pero, hijo, Esther, sin venir a cuento, se enfurruñó, ya ves tú qué salida de tono, qué la iría a ella, y venga de explicar, pero de malos modos, ¿eh?, llamándonos de todo, que lo que quiere decir Ciro Pérez, que yo, oír Ciro Pérez y caerme de risa era todo uno, y Valen para qué te voy a contar, y Esther cada vez más furiosa, que si éramos unas analfabetas, bueno, pues que lo que quería decir Ciro Pérez, según Esther, es que cada vez que cedía la acera, o el asiento en el autobús, que hay que ver, aquí, para ínter nos, lo pesadito que se pone, Mario, siente una satisfacción y piensa «soy bueno», como con un poco de orgullo, ¿comprendes lo que quería decir Esther?, pues desde el momento que se envanece, ceder la acera deja de ser una acción meritoria y puede ser inclusive pecaminosa, ya ves qué líos, que a ti ni se te habrá ocurrido eso, lo más seguro, que Valen empezó a voces: «¡Pero ese hombre es tonto, hija!» y a mí me entró la risa, un ataque, Mario, como lo oyes, y Esther para qué te voy a contar, cada vez más excitada, hasta que de repente, toda roja, empezó a chillarme, «¡no te rías así, Carmen, no te rías así, que ese hombre puede ser tu marido!», ya ves qué sandez, por mortificarme, a ver, que yo, «oye, mona, por lo que más quieras», muerta de risa, que no me podía contener, Mario, me era imposible, ¡qué juerga, Dios mío!, y ella, que era inútil tratar de hacernos comprender a nosotras esas tensiones, me parece que dijo tensiones, que está en un plan redicho que no hay quien la aguante, y que en lugar de ceder el asiento pudiera negarse a firmar un acta o comprar un Carlitos en Madrid, como decía yo que tú hacías, que Valen saltó entonces: «Mario lo hará, pero no se plantea luego problemas idiotas», y Esther que qué sabíamos nadie de los conflictos íntimos de cada hombre, tú me dirás, vaya un conflicto, que lo que yo le dije, «Esther, mona, no desbarres, conozco a mi marido mejor que tú», pero Valen seguía riéndose y, entonces, Esther, cogió el portante y se marchó chillando que no teníamos ni pizca de sensibilidad, ya ves tú, que me molestó, qué sabrá ella, y otra cosa a lo mejor no, pero sensibilidad, Dios mío, si es una de mis peplas, tú lo sabes, cariño, pero si cuando estoy indispuesta ni mayonesa puedo hacer, toda se me corta, que bastante desgracia tengo, que Esther será muy buena amiga y todo lo que tú quieras, pero con eso de haber estudiado, adopta unos aires que no hay quien la aguante, que yo me hago de cruces pensando cómo congeniará con Armando, más opuestos no cabe, él con esa vitalidad, si sólo piensa en comer, pero lo cierto es que le tiene loco, a él que no le toquen a su mujercita, que hay que ver el trepe que armó la otra noche en El Atrio, total por nada, que si la miraron o la dejaron de mirar. Yo no sé, a veces me da por pensar que tú hubieses encajado con Esther, y otras que no, yo creo que demasiado parecidos tampoco resulta, no sé, es un lío, pero lo cierto, Mario, no nos engañemos, es que tu no eres un tipo de hombre de gustar a las mujeres, que físicamente vales bien poquito, seamos francos, pero algo debes de tener, alguna gracia oculta, que a la que gustas la trastornas, ¿eh?, las cosas como son, ahí tienes a Esther y a tu cuñada Encarna, que digas que yo no soy celosa, que si no… Me gustaría que oyeses a Esther en los tes de los jueves, si tus libros salen a colación, ya se sabe, el evangelio, símbolos, tesis, lo que quieras, menudo abogado, hijo, que no sé cómo los jueves no te zumbaban los oídos hasta quedarte sordo, vaya sermones, hasta donde no la importaba, válgame Dios, tú dirás, que no te animara a buscar otro empleo, ya ves, que eso sería destruir tus posibilidades, imagina, que yo no sé, la verdad, dónde te encontraba tales talentos, que lo que yo dije un día, que ella furiosa, claro como con la fábrica de Armando tiene el riñón cubierto, que lo que yo la dije, «si el talento no sirve para ganar dinero ya no es talento, guapina», porque es la pura verdad, Mario, no me digas, tanto incienso, tanto incienso, que me tiene harta. La pánfila de Esther presume de conocerte mejor que nadie pero no sabe de la misa la media, que me gustaría verla en mi caso, ni dos semanas, ya te lo aseguro yo, que una cosa son los libros y otra muy distinta la persona, que a testarudo no hay quien te gane, y no es que lo diga yo, que ya lo dijo, y bien claro, Gardenia, ¿recuerdas?, la grafóloga que hubo en «El Correo» antes de venir don Nicolás, cuando «El Correo» se podía leer, que daba gusto, pues la mandé una cuartilla tuya sin que lo supieras, y te retrató, hijo, en mi vida he visto una cosa igual, que yo pensaba «ésta le conoce, seguro», que no puede decirse más en menos palabras, la misma Valen, ya ves, «hija, es que le retrata», tronchada, y venga de leerlo, «perseverante, idealista y poco práctico; alimenta ilusiones desproporcionadas», ¿qué te parece?, tú pon testarudo, donde dice «perseverante», iluso donde dice «idealista» y holgazán donde pone «poco práctico» y tendrás tu ficha completa, que nadie diría, cariño, que de la letra de uno se puedan sacar tantas cosas. Pues todavía, la pánfila de Esther que me faltaba sensibilidad para apreciarte, ya ves qué sabrá ella, precisamente sensibilidad, si hubiera dicho otra cosa, que yo recuerdo a mamá, que en paz descanse, «hija mía eres como un barómetro», que me ponía a hacer mayonesa estando mala y ya se sabía, a arreglarla, y no me digas, Mario, que tú estabas a un paso, cuando se me cayó el diente a la piscina, temblaba y todo ¿eh?, tú lo viste, una temblorina como en pleno invierno, ¿eh?, que luego una semana en cama devolviendo, que me alteré toda, menudo disgusto, que al Chucho Prada dichoso le hubiera matado, «antes se te caen los tuyos que el que te he puesto», como para fiarse. Si eso no es sensibilidad, Esther dirá lo que es sensibilidad, que la muy sandia se cree que sensibilidad es leer, atiborrarse de libros, cuanto más rollos, mejor, que no es que yo vaya a decir que una sea muy cultivada, Mario, que ni tiempo, tú lo sabes, pero tampoco una analfabeta, Mario, ya ves, que tu Memoria, bueno, la de papá tres veces, y no era precisamente un libro divertido, y los de Cánido, que digáis lo que digáis a mí me encantan, y los tuyos, Mario, no digas, todos, uno detrás de otro, y aprendiéndome párrafos de carrerilla, de pe a pa, y antes de casarme, «La Pimpinela Escarlata» y por lo menos diez veces «Vendrá por el mar», que me chiflaba, nunca he disfrutado tanto con un libro, palabra, que tenía un encanto especial, que la pánfila de Esther se da unos aires como si sólo hubiera leído ella. Y ahora que me acuerdo, Mario, también me leí de cabo a rabo el libro de versos de aquel amigo tuyo, Barcés o Bornes, ¿te acuerdas?, el que encontramos en Madrid durante el viaje de novios, de Granada, me parece, que hablaba todo el tiempo de García Lorca, él un poco pelirrojo y ella llenita, muy morena, que le conocías, creo, de cuando la guerra, no me hagas mucho caso, él como muy cohibidín, bueno, es igual, pues me leí el libro de un tirón, que eran unos versos rarísimos, unos cortos cortos y otros largos largos, que no pegaban ni con cola, al buen tuntún, que al acabar me dio una jaqueca horrible, ¿recuerdas?, distinta de otras veces, como en mitad de la cabeza. ¿Cómo se llamaba aquel amigo tuyo, hombre, si lo tengo en la punta de la lengua, que él hablaba muy bajito, como si se estuviera confesando, con un poco de acento y os pasasteis la tarde diciéndoos versos uno al otro, sí, hombre, en un café de la Gran Vía que hacía  esquina, ¡qué cabeza!, todo lleno de espejos, que ibas a entrar y te dabas, que era como un laberinto? ¡Qué tardecita, Dios santo!, lo único, que recitaras el de ojos, que recuerdo que cada vez que empezabas un verso, yo pensaba: «Va a decir el de mis ojos», pero ya, ya, ilusiones, con lo que yo hubiera dado, que si Elviro no me lo dice, yo en la inopia, fíjate, «¿te lee Mario sus versos?», que yo, pasmada, «¿hace Mario versos?, es la primera noticia», y él, «desde que era así», que luego me dijo que habías dedicado uno a mis ojos y yo muerta de curiosidad, figúrate, el sueño de toda mujer, pero cuando te lo pedí, «debilidades, son blandos y sentimentales», que no había quien te sacara de ahí, y eso es algo que me pone enferma, Mario, porque escribir versos para nadie no tiene sentido, es como salir a la calle y empezar a dar voces al buen tuntún, cosa de locos. ¡Borres!, no, no era Borres, pero algo parecido, desde luego empezaba por B, ¿no sabes quién digo, Mario? Él, como muy desaseado, muy a la pata la llana, de tu escuela, y ella andaluza, morena, con el pelo recogido, que nos llamaba todo el tiempo de ustedes, «porque ustedes», «porque viniendo de ustedes», que contó aquello tan divertido de la feria de Sevilla, lo de la jaca, eso, una de las veces que te he visto reír con más ganas, ¿no te acuerdas?, sí hombre, ¡qué rabia!, estábamos sentados según se entra, así a mano derecha, en un diván rojo, todo corrido, él y tú, enfrente, que él se subía mucho el pantalón y luego, al salir, comentamos lo peludo, más bien soso… ¡Barnés! Eso es, Barnés, Joaquín Barnés, me parece que era Joaquín, Mario seguro, ¡qué gusto, ay qué peso se me ha quitado de encima!
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del texto; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Miguel Delibes: «Castilla, lo castellano y los castellanos»; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes – “Castilla, lo castellano y los castellanos” (1979)
Introducción
“Mas esta mansedumbre, esta pasividad, esta especie de fatalismo que de siempre acompaña al castellano, no excluye la existencia de un idioma –que por extendido hemos dejado de considerar nuestro–, unas costumbres, una cultura, un paisaje, una forma de vivir. A rescatarlos, a subrayarlos va encaminado este libro que, repito, no es libro de ideas, sino un libro sobre hombres y cosas humildes que nos hablan de una Castilla maltratada pero que, pese a los últimos pocos optimistas avatares, no ha enajenado aún su personalidad” (p. 25).
I. El paisaje castellano
“No podía desdeñar ninguna de las expresiones paisajísticas [de su región]” (p. 28).
El camino: valle de Igüeña, Molledo.
Las ratas: tierras yermas de Valladolid, Palencia y Zamora.
El disputado voto del señor Cayo: comarca semimontañosa o montañosa de León, Palencia, Burgos y Soria.
Elige un texto ilustrativo de “El camino”, otro de “El disputado voto del señor Cayo” y otro de Viejas historias de Castilla la Vieja.
II. Dependencia del cielo
Estrabón calificó la meseta norte como “país frío, áspero y pobre”. No aludió, sin embargo, a la aridez, tal vez porque entonces no era árida, cuando es precisamente la escasez de agua o su desigual distribución la razón determinante del bajo rendimiento agrario castellano (p. 43).
El clima es muy imprevisible y malogra muchas cosechas.
Cap. 15 de “Las ratas”.
III. Religiosidad
Desconfianza ante el cielo. Religiosidad activa. Propenso a aceptar lo mágico, la milagrería, la superstición, cualquier cosa que venga a quebrar el rastrero curso de la vulgaridad cotidiana (p. 56).
Cap. XIX de El Camino, con la muerte de El Tiñoso y la aparición del tordo muerto en el ataúd del niño. La gente lo interpreta como un milagro.
IV. Sumisión
La desconfianza del campesino lo lleva a buscar protección. La estructura de la tierra (minifundio y gente muy poderosa en cada pueblo) lo explica. La proliferación de papeles para todo, por la burocracia, lo hace desconfiado. “Un papel firmado a destiempo puede acarrearle la desgracia”. Busca la protección del que controla este mundo inextricable. La jerarquización política de la dictadura tuvo su parte.
Las ratas como ejemplo. El ratero, desheredado y lunático, se opone a ese estado de cosas.
“La cueva es mía”, y de ahí no lo sacan.
Cap. 7 de Las ratas.
V. Piedras venerables
En todo caso se hace evidente que la historia de Castilla es una historia épica y laboriosa, una fuerza atractiva, aglutinadora, en la unidad del país ( p. 78).
La arquitectura y la escultura, junto con otras artes, han dejado huella de las épocas pasadas; castillos y torres. La ermita, la humilde iglesia, son símbolos de esos tiempos.
Texto de la ermita prerrománica de El disputado voto del señor Cayo.
VI. Dos mundos
El campesino “desprecia cuanto ignora”, como afirmó Machado; entre ello, la cultura. El burgués y el intelectual sienten desdén por la cultura de la tierra. Hay desconexión entre el mundo campesino y el urbano, este más ilustrado. El campesino siente resentimiento y una admiración soterrada por los letrados. En el fondo, late en ellos la idea de que la ilustración los liberaría de la servidumbre. Anhelo de elevarse, dignificarse, redimirse intelectualmente que se vio muy bien en la década de los 60, en el fenómeno de la emigración del pueblo a la ciudad, donde se pedían unos conocimientos mínimos. La Desi, en La hoja roja, sin doblez, traiciona la postura despectiva de autodefensa y deja traslucir aquel anhelo de ilustración siempre insatisfecho.
Texto de La hoja roja.
VII. Filosofía socarrona
El campesino es un “hombre íntegro apegado a su medio y a sus costumbres, desprecia lo inventado, y todo aquello que se aparta de su reducido círculo vital.
Vive en ayuntamiento con la tierra, como tres siglos atrás, porque no le queda más remedio. Es una forma de entender la vida, de alta calidad humana, aunque sobria y sacrificada; apenas se practica ya en las comarcas más adustas de la meseta y desaparecerá, sin duda…
Se encuentran personajes supervivientes de una civilización milenaria, aún se encuentran ejemplares de rara expresividad, filósofos rudimentarios y socarrones, dispuestos a exponer sus puntos de vista sobre la vida, los hombres y las cosas, tan pronto su interlocutor se lo proponga. Socarronería que le lleva a reírse de las situaciones difíciles y aun de sus propias deficiencias sin caer por ello en el cinismo. En el fondo, esta actitud, tal vez sea el refugio de una esperanza que no se atreve a manifestar (p. 97).
Hablan con mucha propiedad.
Texto de La caza de la perdiz roja, donde Juan Gualberto, el Barbas, cazador furtivo asilvestrado y montaraz, sin pelos en la lengua, en diálogo con el Cazador, hombre urbano.
VIII. Apego a la tierra
Lo disimulan porque la imagen del hombre duro y fuerte, impasible, se ha de mantener. La mujer queda subordinada. Es la tradición; la mujer da los hijos, sirve, conserva los recuerdos familiares y ayuda en las faenas.
Isidoro, el protagonista de Viejas historias… lo representa muy bien. Amor a la tierra, pero reprimido porque está mal visto. Cuando vuelve, expresa su amor. Texto.
Lo mismo con Lorenzo en Diario de un emigrante. Texto.
IX. Humanización de los animales
Los pueblos castellanos son aparentemente silenciosos, como decía Azorín. Pero hay mucha vida, de animales y de plantas. Los campesinos establecen sólidos lazos con los animales domésticos, dotándolos de humanidad.
Texto de Las ratas. Nini riendo él solo por el campo. El Furtivo le mata el zorrillo.
X. Individualismo
El individualismo es extremo, producto de la pobreza. La escasa población y el minifundio también influyen. Cita de Ortega: “¿Habrá algo más pobre en el mundo?… “. El relativo éxito de la concentración parcelaria lo atestigua bien.
Texto de El Camino. Texto de El disputado voto…
XI. Laboriosidad
El campesino castellano ha dejado literalmente su vida en los surcos. Es un tipo austero, laborioso, tenaz, porque es la única manera de hacer que la tierra produzca. Crea una comunión con ella. Estaba físicamente en ella todo el día. Las nuevas generaciones ya no lo viven así, con la mecanización y la concentración. Trabajan la tierra hasta que no pueden más, como Cayo, cuando va al huerto, con la azada, con 83 años.
Texto “Los nogales”, de Siesta con viento sur. Nilo, el viejo, y su hijo, Nilo, el joven. Hermoso y profundo. El padre era apaleador de nogales; su hijo es subnormal y no trabaja; el padre se cae de un nogal apaleando. Cae al lado del hijo; este, medio dormido, ni se entera.
XII. Rencillas y banderías
El castellano es huraño; habla poco y convive menos. Pocos hombres en un lugar cerrado durante mucho tiempo “no es receta aconsejable para la convivencia”. Se generan inquinas y antipatías que, con la murmuración, se acrecientan. Hay cainismo en el español, “terrible herencia”, como se vio en la guerra civil (pp. 154-155).
Cayo no se habla con su vecino, por ejemplo.
Texto de La guerra de nuestros antepasados. Maravilloso el texto elegido.
XIII. Cazadores y pescadores
La caza y la pesca son actividades ancestrales para el hombre. Para el campesino pobre, más todavía. La figura del furtivo es un clásico; ahora es un peligro porque van motorizados. El hecho de que Castilla esté atrasada ha provocado algo beneficioso: la conservación de montes y ríos es aceptable. Cazador, pescador, pastor y galgo pueblan las páginas de Delibes.
Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo. Texto.
Mis amigas las truchas. Texto.
XIV. Desconfianza y hospitalidad
Castilla ha sido en el último medio siglo la gran olvidada. El castellano se hizo desconfiado por el abandono; se impuso una imagen negativa desde Madrid. Es cierto que el castellano es desconfiado de entrada; no espera nada de nadie; una vez conoce a las personas, se abre. Ocurre a veces que ha perdido su decoro, su hidalguía, su nobleza, su dignidad. Pero, en general, su recelo y desconfianza no excluyen el señorío y la hospitalidad, con generosidad.
El disputado voto… Texto. Impresionante por su belleza última.
XV. Fatalismo
El castellano es un ser fatalista hasta lo patético. Aguantan con paciencia los malos tiempos, se afanan y laboran para recuperar la normalidad y, quizá, la bonanza.
La hoja roja, cap. IV. Texto.
Tremendo. La historia de la Desi en su pueblo. La tormenta con su riada, donde lo perdieron todo. 
XVI. Picaresca
La figura del pícaro nace en Castilla, en la literatura clásica. En las ciudades se ven esos individuos avisados y astutos, subsisten como elemento definidor. Socarrón, alegre de vivir, partidario del mínimo esfuerzo, filosofía sentenciosa, insobornable individualismo, hospitalidad, etc.
Varias entradas de Diario de un emigrante. La madre puentea la luz, el dinero por dar las notas, entrar en cotos prohibidos, etc.
XVII. Danzas y canciones
Aunque distinto de los andaluces y los levantinos, el folclore de Castilla también existe. Canciones y celebraciones, aunque comedidas y en consonancia con su carácter. Lo ilustra con la matanza en Las ratas.
XVIII. Los apodos y los días
La gente del rural utiliza los nombres de los santos para la cronología; revela cierta pereza mental. La gente tiene un mote, un apodo, caracterizador, pues “el pueblo no hace masa; es uno a uno” p. 228.
Las ratas. Texto.
XIX. El éxodo
La juventud, en los años sesenta, abandonó el rural; por otro lado, estaba muy poblado. El resultado fue: tierras sin laborar y chabolismo y suburbios en las ciudades. Muchos, al extranjero. Mecanización, reforma agraria y regadío son la solución para un desarrollo armónico y que no queden los pueblos vacíos (pp. 235-236).
Texto de El disputado voto… Soberbia la elección.
XX. El castellano ante el progreso
Muchos, sobre todo mayores, por razones sentimentales o de fidelidad a la tierra, optaron por permanecer en su pueblo. Los jóvenes marcharon. No eran casos de extrema necesidad, en general. Un modo de vida se acaba con esa generación de mayores. Los jóvenes confunden cantidad con calidad. No está Delibes contra el progreso, sino contra un tipo de progreso que es “torpe e irracional por el doble motivo de que deshumaniza al hombre y destruye la naturaleza” (p. 251).
El sentido del progreso desde mi obra (discurso de ingreso en la RAE), recogido en S.O.S. expresa su pensamiento conservacionista frente al papanatismo del progreso destructor. Texto.
Contra el progreso que deshumaniza, incomunica, nos hace consumistas y destruye la naturaleza. Alegato fuerte por preservar la humanidad y el equilibrio natural.
Breve valoración
Este es un libro maravilloso, fecundo en las ideas que plantea, profundo en sus planteamientos y objetivo en su contemplación; la cual, sin embargo, es íntima y personal. El libro se lee sin ganas, tal es su encanto y la fascinación que despierta. Rico, expansivo, muy bien enhebrado. Acaso, visto desde hoy, es un poco idealizador o sublimador del paisano castellano.
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL (para aplicar a un texto, a un cuento completo, a un grupo, o a los nueve que conforman el volumen). Estas actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo, en clase o en casa, de modo oral o escrito. Las herramientas TIC pueden ayudar a su realización. 
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (doce, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del poema; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Miguel Delibes: «La mortaja»; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes – “La mortaja” (1970)
1) La Mortaja
Resumen. El Senderines es un niño de corta edad, huérfano de madre. Vive con su padre, Trino, apócope de Trinidad, en una casucha humilde, en algún pueblo castellano. Trino es fuerte y muy grande. Tiene una relación floja con su hijo porque lo considera pusilánime y poco arrojado. Trabaja en la central hidroeléctrica, en el control de las máquinas, junto con Goyo, casado con Ovi, y Conrado. Su padre muere súbitamente, al caer la noche, en la cama. El niño se queda solo ante el cadáver de su padre, aterrorizado, en plena noche. El padre está desnudo; trata de vestirlo, pero no puede; es muy pesado. Va a casa de Goyo y le pide ayuda; se la niega porque justamente esa tarde Trino le ha dado dos bofetadas por una disputa de cartas donde eran compañeros; jura no mirarlo jamás a la cara, por eso no va a amortajarlo. A Ovi, la mujer, le dan miedo los muertos. Va a la central y se lo dice a Conrado, pero está de servicio y no lo puede abandonar; cuando acabe, a las seis, irá. Coloca una luciérnaga que captura en el campo en una cajita en la mesilla de noche, al lado de su padre. Entonces oye unos golpes lejanos y comprende que el Pernales, un borrachín que llega todos los años a romper piedras para trillos, a la orilla del río, ya está allí. Lo llama y le pide ayuda. Ha de darle el traje de su padre, los zapatos, una camisa, el despertador y la radio; es una verdadera extorsión. El Pernales le enseña a escupir por el colmillo. El niño cae dormido. Lo despierta Conrado, a las seis. Este va a avisar al pueblo; el niño sigue al lado de su padre.
Análisis. Narrador en tercera persona, pero ve por el niño. Lenguaje rural, popular y casi infantil. Naturaleza espléndida de noche, que el niño explora y descubre. El cuento guarda una profunda lección moral. Para poder amortajar a Trino el niño ha de despojarse de los bienes materiales de su padre, pues el Pernales exige un tributo por su ayuda, bastante relativa. Los supuestos amigos lo dejan tirado. El contraste entre la vida que sigue su curso, como si nada hubiera pasado, y la angustiosa situación de Senderines es violento y significativo. El cuento transmite dolor, angustia y una crítica a la hipocresía y cobardía de las personas. Este cuento recuerda muchísimo El camino y Las ratas.
2) El amor propio de Juanito Osuna
Resumen. Monodiálogo de un adulto, Paquito, en su casa amplia y rural, tras un día de caza; es rico y tiene dehesas. Le habla a alguien nuevo en ese lugar, que ha asistido un día a unas batidas de caza, pero al día siguiente se va. El monologuista invoca a su mujer Julia, de vez en cuando, para aclarar algo, para expresarle su sorpresa, etc. También responde a las preguntas del invitado, pero este nunca habla en estilo directo, ni indirecto. Juanito Osuna es un hombre casado, con ocho hijos, muy rico, tiene dehesas. Le apasiona la caza. Tiene pique con el monologuista sobre quién cobra más perdices. Ese día ha ganado: caza 47, contra 23 de Paquito. Lo pregona a voces por el casino y por la ciudad, pues está orgulloso de ganar. Paquito hace sus cuentas y al final gana él por una. El monologuista está muy orgulloso de sus propias cualidades, como cuenta en una ocasión Yebes, un cazador y cronista que publica en ABC; lo mienta a él, que quedó muy cerca del famoso cazador Teba; no mienta a Juanito Osuna, lo que es un gran orgullo para el hablante, Paquito, que se considera igual o mejor cazador que el otro. Será por algo, dice él. Paquito considera a Juanito Osuna una gran amigo, un tipo estupendo, bebe mucho, pero no pierde nunca el tino. Cogería un avión en París para ir a Madrid por ayudar a un amigo. Siempre pone la coletilla que está “completamente loco” porque tiene excesivo amor propio, aunque es un tipo estupendo.
Análisis. Estilísticamente, el cuento está logradísimo; es un prodigio de escritura. El ritmo es maravilloso; capta con total autenticidad la esencia del personaje monologuista. El cuento es una crítica tremenda a los terratenientes extremeños por su vida superficial y errática, sin atender a los problemas de sus empleados, que viven como esclavos. Son frívolos y fanáticos de la caza, pero con la cabeza hueca; privilegiados sin conciencia humanista de ningún tipo. El monodiálogo es magnífico por su expresividad, intensidad y significación. Monólogo o “uniparlamento”, según la etiqueta de G. Sobjeano. Tiene mucha sátira hacia un grupo social poderoso, cuya ocupación principal es divertirse en la caza; las condiciones miserables de sus empleados no les preocupa. Anuncia claramente Los santos inocentes.
3) El patio de vecindad
Resumen. Don Hernando es un profesor de instituto jubilado, tímido y de pocos amigos. Vive solo, en Valladolid. Es radioaficionado. Contacta y se habla todos los días con la cubana doña Jacobita, que es de León, pero lleva muchos años en La Habana. Para que su sobrina Florita no anduviera con el aparato le pone un paño con una calavera y la inscripción “No tocar. Peligro de muerte”. A la niña le da miedo. Luego Hernando le enseña a usarlo y, cuando va a verlo, habla con doña Jacobita. Pero un día, esta no contesta. Otro radioaficionado informa que ha muerto. Don Hernando queda abatido. El patio de vecindad es el físico, de su casa; pero radiofónicamente es el mundo entero, donde conversa con doña Jacobita. Al enterarse de la muerte de la que él considera una gran amiga, desconecta el aparato y le pone el paño con su inscripción, como si lo estuviera amortajando.
Análisis. El relato aparece en tercera persona, pero viendo por don Hernando. Es un texto inteligente y serio, además de paradójico; el protagonista encuentra por el mundo alguien con quien hablar todos los días de los asuntos triviales, cosa que no había logrado en toda su vida adulta. Posee un ritmo sostenido y significativo; los detalles, al final, cobran un sentido superior.
4) El sol
Resumen. Aguedita es una chica de pueblo que trabaja con sus amigas en el arreglo de la carretera (barre  con un gran cepillo la grava del borde tras pasar la máquina) porque no hay otro trabajo, pues el mal tiempo ha acabado con las siembras. Se pone un pañuelo en la cara para que luzca blanca, sin tostarse, pues el moreno es signo de pobreza. El capataz, Carmelo, la marca estrechamente. Le gusta mucho, pero ella no quiere saber nada. Los coches aminoran su marcha por la zona de obras. Los ricos van con sus grandes y potentes coches a San Sebastián, a veranear. Dos mujeres de un coche le llaman “adefesio” y otra dice que somos moros, por la cara cubierta. Las tres del coche son burguesas ricas madrileñas; son Ague, Mari Fe y Car. En una fiesta, Aguedita baila por fin con Carmelo; este dice que no hay “carnes como la suyas” en todo el pueblo. A Ague le dicen sus amigas en una fiesta chic, party, en San Sebastián, que no hay bronceado como el suyo en toda la ciudad. Car le dice que en una chica solo le importa la “calidad de la carne”, y la suya es buenísima como la de “una segadora de Castilla”.
Análisis. El narrador se manifiesta en tercera persona. El cuento es paradójico aleccionador: lo que para unos es vergüenza, el moreno del sol abrasador, como Ague, para otros es distinción, como los ricos burgueses que veranean en San Sebastián, como Aguedita, que luce su piel tostada con mucho orgullo. Crítica social profunda; denuncia el egoísmo y la falta de compasión de los poderosos. La cosificación de la mujer y cierta brutalidad en las relaciones emocionales también hacen acto de presencia. El relato está muy logrado; su ritmo es magnífico; resulta envolvente e inmersivo. El sol es un castigo para unos y un regalo para otros, pero por las diferencias sociales exageradas, no porque luzca distinto.
5) La fe
Resumen. Áurea está en un hospital; la han de vaciar el útero por enfermedad, aunque esperan a que engorde algo. Su marido Pepe, barrendero de la ciudad (parece Valladolid, por los pasos de la procesión) va a verla todos los días. Es Viernes Santo y allí está el marido. Ella le dice que no debería haber ido. Le lleva un despertador, pero la enfermera le dice que se lo lleve de vuelta. Las dos compañeras de habitación son muy impertinentes. La mujer de junto a la ventana no para de protestar por el daño que le hace la sonda. La de la pared también protesta. La mujer quiere que le lleve una enagua el domingo, cuando vuelva a verla. Se preocupa por el hijo, todavía pequeño, por si se enfría en la procesión. Lo ha dejado con el Mauricio y lleva el abrigo del brazo. La de la ventana le pide a las tallas de la Virgen que le quiten el dolor por la sonda. Y al final, en efecto, no tiene dolores. Grita que es un milagro. La enfermera la calma, pero ella sigue proclamando que la Virgen ha hecho un milagro en ella. Pepe se va y le da un beso a su mujer. La de la pared protesta amargamente, escandalizada por ese detalle “obsceno”. Áurea le recuerda que le lleve la enagua azul, que está en la cómoda.
Análisis. Cuenta un narrador en tercera persona; ve a través del matrimonio; se fija en la gente humilde, que necesitan milagros para seguir adelante. Presenta la vida misma, con sus miserias, de la clase humilde. Los capta en su autenticidad cotidiana; su pobreza es evidente, pero aguantan con ilusión y mucha fe religiosa. El lenguaje del cuento es magnífico porque funciona de analogía del matrimonio. Sencillez (aunque muy elaborada), transparencia y propiedad. La lectura es intensa y connotativa.
6) El conejo
Resumen. Boni, el herrero del pueblo, le regala un conejo a dos hermanos, Juan y Adolfo, el pequeño, de una familia pudiente. Luis, otro hermano mayor, le hace una jaula de madera con una caja. Juan y Adolfo asisten a un entierro, sin entender del todo el rito. A los pocos días, el conejo enferma y muere por comer demasiada verdura. Una vez muerto, se orina, lo que asombra a Adolfo. Lo mata Luis, ya moribundo, con unos golpes secos con el canto de la mano en el cogote. El padre y la madre no hacen mucho caso a los hijos.
Análisis. Narrador en tercera persona, que ve a través de Adolfo, el niño pequeño. Descubre la alegría y el dolor con la muerte del conejo. La vida misma, con sus cosas buenas y malas, desde la óptica del niño, protagonista indiscutible. La vida rural y natural contrasta con la sofisticada de la ciudad. Los niños, por vía natural, se identifican con aquella, pero sus familias viven de otra manera. La muerte de un conejo es más sentida que la de una persona del pueblo, pues los niños no entienden el rito fúnebre.
7) La perra
Resumen. Dos hombres viejos y pobremente vestidos, de un pueblo castellano, salen a cazar una mañana y solo cobran una perdiz. Uno es “el de la cicatriz”; el otro es “el hombre bajo y mísero”, propietario de la perra Loy. El de la cicatriz le dice que su perra ya no es apta para cazar porque está vieja. El propietario la defiende y la excusa por sus muchos partos; pero sigue siendo buena en la caza. Se separan para regresar; de pronto, salta una liebre; el hombre bajo y mísero la ve, apunta y mata a la liebre y a la perra. Luego insinúa que fue un accidente; la perra había hecho una buena muestra. El hombre bajo y mísero tiene dos cachorros de la perra en casa; otros seis los había ahogado porque su padre (de las cachorros) era un pastor. El de la cicatriz dice que no ha visto nada (es decir, disimula) porque iba a lo suyo. 
Análisis. El hombre bajo y mísero defiende a su perra porque la quiere. Al final la mata disimulando que fue un accidente y sosteniendo que olfateó la liebre y la mostró muy bien. Queda en el aire si el de la cicatriz sabe la verdad, parece que sí. El narrador aparece en tercera persona; ve por los cazadores rurales, míseros y duros. Tras la coraza de brutalidad, esconden cariño a los animales y respeto al mundo natural. Es un cuento muy logrado por su ritmo y su lenguaje, natural y sobrio.
8) Navidad sin ambiente
Resumen. Un conjunto de personas, tres matrimonios de mediana edad, familiares entre sí, se juntan para celebrar Nochebuena. Es la primera vez sin “ella”, acaso la madre de algunas de las mujeres que allí están. Se nos dan nombres, pero no sabemos nada de ellos. Hablan de coches, prenden la chimenea (lo hace Frutos), a unos les gusta la comida (lombarda, besugo, pavo), pero no a otros. Cati bendice la mesa de un modo raro. A Frutos no le parece Nochebuena. Cati se echa a llorar. Raúl la riñe.
Análisis. El narrador cuenta en tercera persona, muy objetivo, alejado, externo. Deja que los personajes hablen y muestren sus temores y esperanzas. El conjunto resulta algo surrealista porque todos disimulan sus sentimientos hasta que no pueden más.
9) Las visiones
Resumen. Monodiálogo de una mujer, de un pueblo castellano; se dirige a dos hombres de Bilbao que esperan a Mariano, el marido de ella. Como quedaron de nueve a diez, Mariano fue a dar de comer al ganado, donde el amo, por eso no está en ese momento. La mujer que habla está algo nerviosa. Su hija Asun hace “visiones”, que es contar historias graciosas con visajes y dramatizando, incluso con títeres. Pero la niña ahora no quiere, lo que irrita a la madre, que está por darle un “testarazo”, pero se contiene. Tiene otras hijas más pequeñas. Desaprueba que el alcalde haya impuesto luto en el pueblo, suprimiendo el baile, por la muerte de Kennedy; al final los deja bailar sin música, pero la mujer lo ve absurdo. Admite que su marido es muy trabajador y responsable. Le ha pedido que se vayan del pueblo, emigrar, para prosperar, pero él lo rechaza totalmente, pues sería indigno y absurdo. No tiene por qué salir de su pueblo. En 1963 se pone el salario mínimo en España: 60 pesetas diarias. La mujer dice que no le da ni para pan. El padre de su marido Mariano ya tenía un ramalazo de trastornado; Sátiro, el hermano, era un “inocente”. Piensa que todos ellos tienen una “reliquia” del abuelo. Los invita a pasar porque hace frío, pero no lo hacen. Al final, aparece el marido, para alivio de la esposa.
Análisis. Es un cuento maravilloso y logradísimo. Recuerda mucho a Cinco horas con Mario. La mujer habla del marido. En el fondo, lo alaba, aunque critica su cabezonería por no querer marchar del pueblo. Magnífico monodiálogo, fabuloso en su expresión y significación. El lector, realmente oye a la mujer como si estuviera escuchando. Uniparlamento o monólogo auditivo que provoca una enorme sensación de inmersión lectora. La autenticidad de los personajes, sobre todo de la mujer que habla, es asombrosa.
 
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL (para aplicar a un texto, a un cuento completo, a un grupo, o a los nueve que conforman el volumen). Puede realizarse de modo individual o en grupo, en clase o en casa, oral o escrito.
 
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (doce, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del poema; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Miguel Delibes: «La sombra del ciprés es alargada»; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes – “La sombra del ciprés es alargada” (1948)
1. ANÁLISIS
1. Resumen
Libro primero
I
Estamos en la ciudad de Ávila, a principios del siglo XX. Un  niño de once años, Pedro, llega conducido por su tío Félix, en una carreta de caballos, a una casa de pupilaje y escuela. La dirige Mateo Lesmes, el maestro; su mujer, gordita, hipócrita y hosca, se llama Gregoria. Tienen una hija de alrededor de tres años, Martina, parlanchina y vivaracha. “Fany” es la perrita, ratonera y simpática. Estamos en la primera década del siglo XX (“190…”, p. 43), en la ciudad de Ávila. El niño es abulense. No tiene padres; se llaman Jaime y María, se entiende que difuntos. Pagan 800 reales al mes (200 pesetas).
II
Academia de estudios de segunda enseñanza regentada por el señor Lesmes. Dos peces en una pecera; don Mateo les da miguitas de pan para comer; se reúnen padre, hija, llamada Martina, y protagonista para contemplar el espectáculo. Les ayuda en las tareas domésticas una pariente lejana, mayor, Estefanía, ufana de no dormir la siesta.
III
Llega a la pensión-academia Alfredo, un chico como él, rubio y “gesto de cansancio”. Comparten habitación; se hacen amigos. La madre es guapa; un hombre la espera abajo; Alfredo no quiere hablar de su situación. Su madre paga mil reales al mes. Los chicos rezan antes de dormir. Congenian y se hacen amigos.
IV
Visita a los abuelos de Martina y a su tía doña Rosa. Las hijas de Regatillo tontean con los mozos por el balcón. Doña Gregoria lo desaprueba. Mateo dice que los antepasados de las estatuas y escudos fueron mejores y más serios que los abulenses contemporáneos.
V
Acaba el curso. Aprueban los exámenes y don Mateo está feliz. Lo celebran con una comida más generosa que la ordinaria, más tasada.
VI
Verano en Ávila, en casa del maestro Mateo. Bajan hasta el río Adaja, contemplan la fábrica de harina.  Van al Rastro y a los Cuatro Postes. Visitan el mercado de ganados. Bruna, una mujer hosca, canta cantares de ciego, de tragedias oscuras y sangrientas.
VII
Comienza el curso a finales de septiembre. Lesmes les habla de la renuncia a las cosas para ser feliz. “Hacen falta años para percatarse de que el no ser desgraciado es ya lograr bastante felicidad en este mundo” (p. 60). Un caballo con carro de naranjas atropella a “Fany” y la deja sin una pata. A Pedro le afecta mucho.
VIII
La perra anda feliz a tres patas. Se recupera el ritmo tristón del curso y de las clases.
IX
Doña Servanda y don Felipe, parientes de Gregoria, ya mayores, el marino mercante jubilado, pasan unas semanas en casa. Él es entretenido por su conversación; ella se duerme a la mínima; es mujer voluminosa. Los chicos planean salir una noche a hurtadillas, con nieve, y pasear la ciudad, pero están en primavera. Lesmes afirma: “…Yo, por muchas vueltas que le dé, siempre acabo imaginándome la civilización como una máquina que, como cualquier parásito, va chupando a nuestros espíritus las mejores sustancias para convertirlas en automóviles, aerostatos, cinematógrafos y otros extraños aparatos que constituyen la monumentalidad del más puro materialismo. En resumidas cuentas, en virtud de la civilización, el espíritu deviene materia prima para ser transformado en productos de una utilidad exclusivamente corporal”. (p. 75).
X
Excursión al cementerio, de Lesmes, Martina y los dos chicos. Van la lápida de un niño y quedan petrificados. Pasa un cortejo fúnebre de una mujer joven. El marido viudo está desencajado. Reflexiones lúgubres de Pedro sobre la muerte. La familia se abona a una nueva publicación, ABC (esto fue en 1903, apunto yo). El ciprés es un árbol siniestro; sus frutos son como calaveras “como si fuesen los cráneos de esos muñecos que se venden en los bazares” (p. 80).
XI
La idea de la muerte atormenta a Pedro. Piensa que Alfredo, con tos, puede morir, y se altera. Acaba el curso, ya están en segundo de bachillerato. Llega el verano, paseos por la ciudad; con los compañeros, juegan a ejércitos y asaltos de la ciudad. Alfredo va dos semanas al norte con su madre. Regresa moreno; su madre, con “el hombre”, no baja del tren, pues siguen a Madrid. Alfredo viene moreno y delgado. Tiran un ramo de flores a la vía de rabia, pues estaba destinado a la madre del joven rubio.
XII
Alfredo cae enfermo; con cuidados, sana. Un día de invierno, salen de noche a hurtadillas y llegan a Cuatro Postes. Alfredo se encuentra mal; al llegar a casa, vomita sangre, ante la alarma de Lesmes, Gregoria y, sobre todo, el narrador.
XIII
Lo ve el médico; piensa que curará con tiempo, buena alimentación y cuidados. Vuelve a vomitar sangre. Viene su madre a verlo; lo encuentra vivo en el último momento. Recibe la comunión y muere; no se le da nombre a la enfermedad. Al narrador le afecta profundamente.
XIV
Funeral y sepelio en el cementerio de Ávila. “El hombre” se le acerca y lo abraza. Pedro se separa y le echa en cara, a voces, su indignidad y vileza. “El hombre” le propina dos bofetones. Pero el chico queda a gusto porque le dijo lo que su amigo difunto le hubiera dicho.
XV
El narrador cae en un gran pesimismo. Cae en abulia y confusión mental, que supera poco a poco. Anda los caminos por Ávila que había hecho con su amigo, por los ríos Amblés y Adaja, el Carmen, la feria de ganado, pero nada es ya igual. Lo visita en el cementerio. La sombra redonda del pino lo cobija a él y al amigo. La sombra alargada del ciprés es mala, aviesa, amarga.
XVI
La vida en la casa de Lesmes recuperó la normalidad poco a poco, pero él estaba anímicamente destrozado. Los peces se hielan en la pecera en una helada. El abuelo sufre una hemiplejía. Martina golpea el piano y aprende a tocar poco a poco. “La vida seguía su curso a un ritmo implacable, rápido para unos, moroso para otros, pero objetivamente igual para todos” (p. 131).
XVII
Pasan los años. Acaba el bachillerato. Decide hacerse marino mercante, para sentirse libre e independiente, sin ataduras. Su tío y Lesmes lo presionan para que haga estudios serios, pero no lo logran. Tiene ahora diecisiete años (p. 138). Toma el tren y se va de Ávila, a Barcelona, a casa de su tío. Lesmes y familia lo despiden con gran sentimiento en la estación.. “Imaginé que la sombra que velaba el corazón de don Mateo era acicular y alargada como la del ciprés” (140). Sabía que la sombra del ciprés es alargada y corta como un cuchillo” (138).
Libro segundo
I
Vive con su tío, sin que haya afecto entre ellos. Se pelea con el gallito de la Escuela de Náutica y le da una paliza a este, pero no se aprovecha y sigue con su vida apartada y solitaria, buscándose. Embarca en el “San Fulgencio” para hacer las prácticas. Admira positivamente el perfil de la coste cantábrica de España. Bosques, praderas, vacas. Lo asombran y le gustan.
II
Estalla la Primera Guerra Mundial (deducimos, nunca le llama así). Salvan soldados de barcos de guerra y submarinos. Una gaviota picotea un cadáver; lo rescata el “San Fulgencio” y lo echan al mar con un ancla vieja. Una corbeta metida en una botella que le regala el hijo de su armador. Es metáfora de sí mismo; se siente aprisionado, sin mar para navegar.
III
En Málaga conoce en un bar al caricaturista Julián Royo; le hace una y le gusta; lo pinta esquivo y oscuro. Es un hombre leal, algo superficial e independiente. Acaba en Buenos Aires, tras una época mala.
IV
Pasa a trabajar en el “Antracita”, un barco carbonero que luego se hace generalista. Es capitán de barco. Cada vez algo más pesimista y aislado del resto de la sociedad. No conocer personas para no sufrir, como le pasó con Alfredo. Llega a la ciudad de Providencia, cerca de Boston, en EEUU. Remolcan un yate a la deriva. Entabla conversación con una de las chicas remolcadas, Jane; es muy guapa.
V
Quedan Pedro y Jane para dar un paseo por la costa; comen en un merendero-restaurante a las afueras, al aire libre, y vuelven al puerto. Parece que congenian bien; ella tiene unos brazos sensuales que a él le gustan sobremanera. Ella es optimista, vital, alegre, y firme en sus convicciones católicas, pues sus padres son irlandeses. Quedan al día siguiente; se gustan.
VI
Estatua de Roger Williams en el parque de la ciudad. Rompen porque él es indeciso y no quiere compromisos. Se alejan amargados. Duerme mal, no descansa. Recuerda a Lesmes y sus enseñanzas del mal menor y del pesimismo vital.
VII
Luis Bolea, primer piloto, compañero de estudios, es un hombre franco y jovial. Le anima a que rompa su soledad y su miedo a la vida, y que profundice con Jane, pero no le hace caso. Se siente atenazado en sí mismo, como la goleta en la botella.
VIII
Vuelve el barco a Santander. Se va a Bilbao a pasar unos días porque se siente ahogado. Se encuentra con Martina, la hija de Lesmes y Gregoria, en un bar, de pianista. Un chico de su ciudad, Joaquín, la ha engañado y la deja tirada. No tiene vergüenza para volver a casa. Lo dispone todo para volver a Ávila y ella se reintegre al seno familiar.
IX
Emoción al regresar a Ávila. Cuatro Postes, la plazoleta con la hornacina y sus cuatro caballeros, dos triunfadores y dos perdedores. Habían hecho reformas arquitectónicas, para peor. Confunden “civilización” con “destrucción” (p. 216). Han pasado veinte años de su vida. Lesmes y doña Gregoria están viejos, gastados, acaso algo amargados. Lo acogen correcta y fríamente. Martina queda en casa y él regresa a Santander.
X
Nueva conversación con Bolea, en el barco, de vuelta a Providencia, en los mismos términos. Bolea lo anima a vivir con optimismo y fe, pero Pedro no ve razones. No ve a Jane, pero Olea sí; ella le envía saludos. Rompe con Jane. Cae en una enfermedad nerviosa y de agotamiento. Bolea lo invita a su casa de un pueblo de Santander para recuperarse; acepta de buena gana.
XI
Se repone. Nuevo embate dialéctico de Bolea para abrirse a Jane, pero se resiste. Reflexión en comunión con la naturaleza en La Castañera. Allí siente “sosiego” (p. 233). No cambia de opinión.
XII
Paseo con doña Sole, la suegra de Bolea. Este le argumenta a favor del optimismo vital, de la apertura a la vida, a pesar del dolor. Queda bastante convencido y reconsidera su postura. El “Antracita” vuelve a Providencia; el contramaestre es vulgar y habla contra las mujeres y la seriedad de las personas.
XIII
En Providencia va a un concierto. Se encuentra casualmente con Jane; esta, acompañada de un joven, lo saluda; Pedro sale corriendo al barco. Quedan al día siguiente. Él se declara enamorado y ella es receptiva. Vuelve al barco, llena la botella de la corbeta con agua y deja que se hunda en el mar. Su vida empieza a cambiar con optimismo y apertura al amor de Jane.
XIV
Van juntos a Boston, de excursión. A la vuelta, él le declara su amor y ella lo acepta. Deciden casarse en siete días. Se casan; en el anillo inscriben el pensamiento de Zoroastro: “El matrimonio es un puente que conduce al Cielo” (p. 254).
XV
Está feliz y exultante. Se van unos días de luna de miel a una granja en los Apalaches, regentada por unos amigos de Jane. Es un matrimonio agrícola con tres hijos. El mayor, adolescente, Cristián, está muy amargado con la vida rural y quiere ir a vivir a la ciudad.
Dice el narrador: “Entendía las poderosas razones de quienes me hablaron en ese sentido y me percataba, más que nada, de que el hombre, frente a la naturaleza, está más cerca que nunca de Dios” (p. 256). Discusión sobre la vida en el campo o en la ciudad; el chico es egoísta. Él vuelve a España por imperativo laboral; Jane le regala un retrato de ella con la inscripción “With everlasting love”. Se siente abrumado.
XVI
Pedro alquila una casa a las afueras de Santander y la amuebla para los dos, pues ella se viene a vivir a España. Se siente dichoso y feliz. Jane le anuncia por carta que está embarazada. Pedro está exultante y rebosa felicidad.
XVII
Vuelve en su último viaje con el “Antracita”, pues le dan un puesto de trabajo en la empresa armadora, en tierra. Vivirá con Jane en Santander. En un sueño repasa toda su vida, con más sombras que luces; ahora se siente feliz. Desde el barco, ya casi en el muelle, ve a Jane, que la saluda desde el coche en marcha. Se cruza un obrero con una vagoneta; chocan, el coche colea y cae al mar. A Jane la sacan ahogada una hora después.
XVIII
Vuelve a España destrozado, hundido y sumido en el amargor. Lo deja todo y toma un tren para Avila, donde piensa aposentarse definitivamente. Es invierno, la ciudad está nevada. Va al cementerio e introduce por una ranura de la tumba de Alfredo el anillo de Jane. Abraza al pino con los nombres escritos de Pedro y Alfredo. Se siente en paz con el mundo. El final:
Cuando una hora más tarde abandonaba el cementerio me invadió una sensación desusada de relajada placidez. Se me hacía que ya había encontrado la razón suprema de pervivencia en el mundo. Ya no me encontraba solo. Detrás dejaba a buen recaudo mis afectos. Por delante se abría un día transparente, fúlgido, y la muralla de Ávila se recortaba, dentada y sobria, sobre el azul del firmamento. No sé por qué pensé en aquel instante en la madre de Alfredo y en “el hombre”. Y fue casualmente en el momento en que tropecé con un obstáculo oculto por la nieve. Al mirar hacia el suelo comprobé que a la nieve hace barro el contacto del pie…
Me sonreía el contorno de Ávila allá, a lo lejos. Del otro lado de la muralla permanecían Martina, doña Gregoria y el señor Lesmes. Y por encima aún me quedaba Dios.
2. Temas de la novela
Es una novela reflexiva e introspectiva. Los temas principales son:
-Obsesión por la muerte, vista muy de cerca. Genera un enorme pesimismo en el protagonista y otros personajes.
-Desánimo y frustración ante la vida porque los reveses se suceden y todo acaba en sufrimiento. No hay modo de esquivar los zarpazos del destino.
-Dificultades emocionales en un contexto hostil (orfandad, falta de cariño familiar, ambiente lóbrego y pesimista en la casa y en la escuela, falta de aliento para buscar un horizonte existencial estable y aperturista, etc.), para alcanzar el equilibrio vital y existencial.
-Reflexión sobre el mejor modo existencial y filosófico de afrontar la vida: el personaje se inclina por un estoicismo cristiano, bordeando el pesimismo existencial casi nihilista.
3. Lugar y tiempo de la acción narrada
-Lugar: Ávila toda la primera parte; algo Barcelona, más Santander y un poco Bilbao. En la segunda parte, la ciudad de Providencia (Providence, capital del estado de Rhode Island), en EEUU.
Tiempo: El tiempo de la novela, autobiográfica, recordemos, coincide con el discurso de una vida. Comienza el relato hacia 1903, cuando Pedro tiene doce años. Acaba con treinta y dos, aproximadamente, veinte años después, como afirma el narrador; hacia 1923. Duración: en conjunto, sobre veinticinco años de la vida del narrador, de la infancia a la madurez.
4. Narrador
El narrador se manifiesta en primera persona; cuenta su vida en orden cronológico; estamos, pues, ante un relato autobiográfico. Más concentrado en el mundo interior que en el exterior. En cierto modo, es una novela de crecimiento o desarrollo (bildungsroman), sobre todo, la primera parte. El protagonista cuenta su vida desde una perspectiva psicológica, interior e introspectiva. Describe pormenorizadamente el impacto en su personalidad de los hechos y circunstancias externos a los que está sometido, voluntaria o forzadamente.
5. Personajes
-Pedro: joven que descubre la vida. Se siente frágil, pero no es tanto. Está solo en la vida, incomunicado. Recibe golpes a través de la muerte de su único amigo y de su esposa embarazada. Tendencia depresiva y autoanalítica hasta la desesperación. Contrasta mucho su experiencia internacional, pues visita Providencia, en EE.UU. con bastante frecuencia, con su concepción reduccionista de la vida; estoicismo y conformismo cristiano para sufrir los embates de la vida es la medicina que se aplica el protagonista.
-Alfredo: su mejor amigo, en la casa de Mateo y Gregoria. Alegre, aunque también porta un sufrimiento por el abandono de su madre y su unión a un hombre malo. Posee un espíritu alegre y aventurero, que contrasta con su salud quebradiza; muere joven, aunque con serenidad.
-Mateo y Gregoria: forman el típico matrimonio provinciano, pesimista, grave, solemne, poco comunicativo, serios, religiosos y conservadores. Él tiene gran influencia en el desarrollo psicológico de Pedro.
-Martina, la niña, hija de Mateo y Gregoria: es alegre y jovial de niña. Fuerte desengaño amoroso y caída en la inmoralidad. Se levanta gracias a Pedro.
-Jane: el amor de Pedro, luego su esposa. Más alegre, vital y optimista, pero con los pies en el suelo. Cree en el amor, pero muere joven y embarazada trágicamente.
-Luis Bolea: primer piloto del barco. Práctico, optimista y realista. Buen corazón, trata de convencer a su amigo y al final lo logra a través de su suegra, la anciana doña Sole.
6. Arquitectura narrativa
Está dividido en dos libros. En el primero recoge la infancia, o sus restos, la adolescencia y primera juventud. En el segundo libro: la fase universitaria, más o menos, y la laboral, hasta la treintena. Encontramos dieciocho capítulos en cada parte, de extensión desigual. La simetría es total. Secuenciación temporal cronológica graduada; el avance narrativo es el mismo que el cronológico. Avance temporal constante y progresivo, pero muy lento.
Al ser un libro tan introspectivo, la acción avanza muy lentamente. Son casi 300 páginas; el ritmo es moroso, pues el narrador se autoanaliza hasta la desesperación. Ritmo demasiado lento. 
7. Intención y sentido
Estamos ante una novela casi existencial, con toques de agonismo, de desesperación vital por falta de esperanza para vivir. La presencia de Dios salva el proyecto del hombre, así acaba; pero por el medio, sufrimiento y soledad.
La incomunicación es clave para entender la novela. No vale la pena el cultivo de los sentimientos ni de los afectos porque todo acaba en dolor. Vemos, pues, una postura estoica, casi nihilista, que reduce la vida humana a sobrevivir moralmente en un mundo inexplicable y demasiado crual.
Se percibe, y es un hallazgo, un profundo respeto del protagonista por la naturaleza, el pasado, el modo de vida de cada uno, como el de los abulenses. Ya está aquí en germen el “prójimo”, que tanta importancia adquirirá más adelante en las novelas de Delibes.
El manejo de la lengua es fluido, aunque carece de la naturalidad necesaria. El léxico resulta algo culto y ciertas expresiones apuntan al retoricismo.
8. Notas estilísticas
El ritmo de la novela es muy demorado, lo que la perjudica. La lentitud, a veces, desesperante, se impone en el desarrollo de la trama. Seguramente, sobran muchas páginas para esta trama. El lenguaje está salteado de cultismos y cierto retoricismo en las construcciones, pero con alguna nota coloquial. Se percibe que es una novela inicial,  de aprendizaje del oficio, por parte de Delibes. Veamos una nota de este estilo introspectivo, lento, como retenido.
(Segunda parte, cap. VI)
Me incorporé de un salto.
–Vámonos; hoy quiero comer contigo.
Se levantó sumisa, y caminó a mi lado hacia la salida.
–Iremos al merendero del primer día… si te parece.
No respondió. Las petunias, las rosas, los claveles cargaban de fragancia la sombra de los paseos. La tierra mojada mezclaba su aroma con el de las flores, dando a la mezcla un refrescante sabor de pétalo bañado.
Subimos al automóvil. Jane me miraba a los ojos y su sonrisa ponía dos pequeños hoyuelos en sus mejillas. Tomó el volante.
–¿Vamos directos al fin o… rodeamos?
–Rodeamos.
Arrancó suavemente el coche. Inesperadamente me vi corriendo por la cinta gris de la carretera de la costa. Jane desvió el coche poco más adelante y le detuvo junto a la empalizada del merendero.
Tampoco esta vez había demasiada gente, por más que el número de perros pedigüeños se hubiera multiplicado. Jane me dijo, al ver la jauría.
–No es éste un buen sitio para una intimidad.
–Conforme con mi teoría, desde luego.
Sin consultarnos fuimos a ocupar la misma mesa de nuestra primera excursión. Se acercó la señora obesa del pelo rubio, quien puntualizó nuestra consumición con los mismos recursos que la otra vez, como quien cumple austeramente con la severidad de un rito.
–¿Bien?
Nos miramos a los ojos con mutua reticencia. Se acercó un perro.
–Hoy vamos a hacer que no nos importen estos bichos –dije.
–Y… ¿importan en realidad?
–Cohíben un poco.
Me levanté para cambiar la silla de Jane, que cojeaba.
–Aquí te encontrarás mejor.
La señora rubia llenaba nuestros vasos de un vino transparente. Jane alzó su espléndido antebrazo con el vaso en la mano.
–Por tu gran idea.
Bebió. Bebimos los dos  y yo colmé de nuevo los vasos hasta rebosar.
–¿Qué idea?
Jane seguía reticente y opaca como en el parque.
–Vas a cerrar nuestro trato en el mismo sitio que se inició. Esto es muy poético. Si algún día nos sacaran algún verso, este detalle podría servir de estribillo.
Experimenté una sensación extraña, algo así como si mi cuerpo se hubiese quedado hueco de repente. Me sujeté angustiosamente al borde de la mesa.
–¡Ha de ser así, te lo juro! –dije con una voz que parecía provenir de detrás del seto.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes más relevantes.
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Observa y señala las características del narrador.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Cuál es la profesión de Pedro y cómo influye en su destino? 
2) Analiza los rasgos morales del protagonista y valora su validez para la vida que le ha tocado vivir. 
3) El símbolo del barco, construido a escala, introducido en una botella de cristal, ¿a qué se refiere? 
4) ¿Qué significa Jane en la vida de Pedro? 
5) El tiempo, ¿discurre igual en Ávila que en otros lugares como Santander o Providencia? Aporta ejemplos que corroboren tu opinión.
6) ¿Qué significación se encierra en el final de la novela, teniendo en cuenta que Pedro vuelve a Ávila?  
7) ¿A qué se refiere la sombra del ciprés del cementerio de Ávila, al lado de la tumba de Alfredo? ¿Es algo positivo o negativo?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese el inicio de la formación y construcción de la personalidad de una persona. Puedes imprimir un sentido crítico, como ha realizado Miguel Delibes.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de momentos donde se aprecie cómo algunos acontecimientos  cambian el curso de la vida de una persona, por ejemplo la muerte de un ser querido, siguiendo el ejemplo de la novela de Miguel Delibes.
2.4. Comentario de texto específico
(Libro primero, capítulo XIII)
Entró el médico. Una dulce somnolencia iba desvirtuando mi integridad. El médico pisaba también de puntillas y hablaba susurrando. Se lo agradecí. Se dirigía hacia la cama de Alfredo. Don Mateo entró detrás con gesto contrariado. “Uno de los dos ha de enterrar al otro”, parecía decir. Ahora cercaban el lecho entre todos: el médico, doña Gregoria, Estefanía y el señor Lesmes. Yo, sin moverme de mi primitiva postura, observaba. Alfredo abrió los ojos y me sonrió a lo lejos. “Tiene la sonrisa de eternidad” pensé. El médico le puso la mano en la frente. El gesto me dio la sensación de que mejoraba a mi amigo. Sacó el doctor el estetoscopio de un bolsillo al tiempo que decía no sé qué a doña Gregoria. Los brazos de mi patrona incorporaron a Alfredo mientras los dedos ágiles del doctor desabrochaban su pijama. Bailaban las costillas de mi amigo bajo la piel. Eran como las cuerdas tensas de una guitarra. Le aplicó la trompetilla hallado izquierdo del pecho auscultándole:
–Respira fuerte.
Alfredo debió de entender que apremiase su respiración porque su pecho se agitó vertiginosamente, pero sin dar profundidad a sus inspiraciones. Abrió de nuevo los ojos y me sonrió. Seguramente pensaría que todo esto no tenía la menor importancia: “Unos vomitarían rojo, otros amarillo y otros azul”. (…). Doña Gregoria pasó por delante muy de prisa, sujetando con los dedos corazón y pulgar de cada mano las puntas bajas de su delantal. Esta vez el roce de sus vestidos me crispó los nervios. El médico se despedía ya con el sombrero y el bastón en la mano:
–Es muy joven para ponerse en lo peor. Es de esperar que con un reposo absoluto y una alimentación abundante estemos del otro lado. Eso –rió– sin contar con los prodigios terapeúticos del aire de Ávila… Ya volveré…
Al cerrarse la puerta y oír sus pisadas en la escalera me pareció que nos abandonaba a nuestra propia suerte, que la vida de mi amigo le importaba tan poco como a mí me hubiera importado la de su mujer, de ser casado.
Ésta fue la iniciación de unos días de acentuada intranquilidad, híbridos de esperanza y desesperación, angustiosos en su cariz de buena vecindad con la muerte. Es estas horas me transformé en un faldero de doña Gregoria. Su buen corazón comprendía mi congoja y frecuentemente alimentaba mi mortecina esperanza con palabras consoladoras y llenas de fe.
–El clima de Ávila, hijo, es milagroso para esta enfermedad. Yo he visto mil casos peores que se han resuelto fácilmente.
Recién oídas estas palabras, me inundaba el gozo La experiencia de mi arena cobraba al tratar esta cuestión aires de infalibilidad absoluta. La creía porque ansiaba que tuviera razón, porque tenía que creerla. Acudía entonces junto al lecho de mi amigo a ponerle mi inyección de optimismo. Mas su sola contemplación me aturdía al primer vistazo. Me sentaba junto a él en una pequeña silla enfundado en mi abrigo de invierno. (Eran órdenes del médico que no se cerrase la ventana ni de noche ni de día. Por este motivo mis palabras salían precedidas siempre por una nubecilla de aliento,)
–Ya estas mejor, Alfredo; el médico lo ha dicho.
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (doce, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del poema; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Miguel Delibes: «Los santos inocentes»; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes – “Los santos inocentes” (1981)

1. ANÁLISIS
1) Resumen
Libro primero. Azarías
Azarías, hombre adulto, ya algo mayor, vive en la Jara, donde el Señorito, que lo tolera con indiferencia. Es hermano de Régula. Viste pobremente; es retrasado; está desaseado; se lava sus manos con su propio orín, cuenta tapones de neumáticos de los coches. No tiene dientes, babea ligeramente, ruta (murmurar, rezongar, susurrar) casi siempre. Sus tareas son variadas: lava los coches, cuida de los perros, limpia el gallinero, riega las plantas ayuda con las piezas de caza, despluma las pitorras (becadas), etc. Tiene una “milana bonita”, un búho, el Gran Duque, en verdad, al que quiere y cuida con esmero. El ave es hostil con todos, menos con él. “Corre el cárabo”, por la jara, de noche. Tras el ave, emite un uhu; el ave le contesta; eso lo hace feliz. Busca comida para su búho; lo suelta para que éste también cace a su gusto. El búho cae enfermo y muere. Azarías sufre mucho por ello. Lo entierra bajo un alcornoque, con la Niña Chica; es la hija disminuida de Régula y Paco el Bajo. Emite unos berridos que “hielan la sangre”.
Libro segundo. Paco el Bajo
Vive en una casa aislada en la Raya de los de Abendújar. Lo manda allí Crespo, el guarda mayor. A Paco le da igual, pero no por sus hijos, que pierden la escuela. Charito, la Niña Chica, no habla, ni crece. Rogelio y la Nieves son otros hijos, de cabeza despejada. En el cortijo, la Señora Marquesa lleva unos veranos a unos señoritos, el señorito Lucas entre ellos, para que los empleados aprendan a leer y escribir. Pastores, porqueros, apaleadores, gañanes, guardas y muleros son los habitantes de ese lugar apartado y rural. A Paco el Bajo se le atraviesan los problemas de la g, j, c y qu; lo enoja. Vuelve al cortijo por orden de don Pedro, el Périto, tras cinco años en la Raya. Nieves ha de servir en las tareas del hogar de la casa de don Pedro porque su mujer, doña Purita, no hace nada. Las ilusiones de Paco y Régula se vienen abajo. Facundo, el Porquero, le advierte que doña Purita tiene muy mal genio. Carlos Alberto, el hijo mayor del señorito Iván, hace la primera comunión en el cortijo. Nieves también la quiere hacer, pues tiene catorce años, y lo desea. Todos se ríen de ella. Purita, la esposa de don Pedro, coquetea con Purita. Don Pedro tiene celos y se enfuria, pero luego llora, ante el desdén de su mujer.
Libro tercero. La milana
El Señorito expulsa a Azarías y se va a vivir con su hermana y su familia. Paco, el Bajo, trata de que lo recoja otra vez el Señorito, pero este no cede. Tiene 61 años Azarías. Es laborioso, pero no razona. Recoge dos calderos de estiércol de las ovejas y, fresco, lo echa a los arriates, hasta que Régula le manda parar. Le pasa piojos a la Niña Chica. Rogelio, su sobrino, que anda con el tractor, lo quiere bien y lo entretiene. Quirce, huraño, el otro sobrino, apenas lo tolera. Rogelio le regala una cría de grajilla. La alimenta con fervor. Un día, ya emplumada, echa a  volar, pero vuelve al hombro de Azarías. Defeca en la corrala, en cualquier lado. Paco ha de limpiar cada mañana, antes de empezar la labor. Hacen un trato; lo lleva en la yegua al monte para que corra al cárabo a cambio de que eyecte en el el campo. Y cumple. El pueblo más próximo es Cordovilla, donde hacen las compras. Azarías ve a su hermano Ireneo en visiones, aunque muere mucho antes. Franco lo manda al cielo.
Libro cuarto. El secretario
El señorito Iván en 1943 tiene trece años; ya mata tantas perdices como el famoso Teba. Paco tiene un olfato prodigioso. Aprende a cargar y descargar la escopeta con los cartuchos muy rápidamente. Es el mejor secretario de la contornada. Paco lleva cuenta de todas las aves que mata el señorito Iván, y no admite engaño. Discute con el embajador francés sobre la cultura de los españoles; todos firman en un papel (Paco, Régula, otro criado), con mano temblona. Régula tiene los dedos planos de hilar esparto, lo que impresiona a René, el embajador. Cuando la Señora Marquesa visita el cortijo, entrevista uno por uno; les da una moneda de cincuenta pesetas y matan un animal para comer. Miriam, la hija, conoce a la milana, y a la Niña Chica. Queda impresionada. 
Libro quinto. El accidente
El señorito conoce a la Milana y queda asombrado del amaestramiento de Azarías. Paco, el Bajo, cae de una encina cuando subía con un palomo en la jaula para el reclamo y rompe una pierna. El señorito Iván no le hace mucho caso. Solo desea que esté bien para el 22 de ese mes, pues tiene una cacería con el embajador francés, el ministro y el conde. Le obliga a ir con la pierna escayolada; vuelve a caer y se la rompe de nuevo. El médico se la enyesa. Lleva a Quirce el siguiente día; el chico es espabilado y cumple, pero es callado y no le sigue el juego al señorito Iván, que se irrita contra él. Más cuando rechaza las cien pesetas de premio. Nieves ve cómo el señorito Iván y Purita, la mujer del Périto, se besan bajo un árbol.
Libro sexto. El crimen
Don Pedro busca a su mujer, que ha desaparecido, pero nadie sabe nada. Nieves los ve, pero su padre Paco le ordena “ver, oír y callar”. A los siete días vuelve el señorito Iván y don Pedro le pregunta, pero este se hace de nuevas y admite que podría haberse escondido en el coche, pero que él no sabe nada. Todo indica que ella se fugó con él. El señorito Iván y Azarías salen al campo, a las torcaces, al amanecer, pero no capturan ninguna. Al marchar, un grupo de grajillas cruza el campo. Azarías llama a su milana y esta viene en picado. El señorito Iván apunta y la mata, a pesar de las súplicas de Azarías para que no lo hiciera. La lleva a casa y se la pone en las manos a la Niña Chica. Luego, la entierra. Por la tarde, salen de nuevo a cazar. Desde el árbol, Azarías le tiende una cuerda al cuello al señorito Iván, con nudo corredizo. Lo ahorca sin compasión y lo deja colgando del árbol.
2) Temas de la novela
-Denuncia de las terribles injusticias sociales del mundo rural español. Los terratenientes se portan desalmadamente con los campesinos y criados. Los explotan a conciencia, sin ningún tipo de humanidad.
-El amor y el cariño entre los desvalidos los salva del dolor y el sufrimiento. Los lazos que unen a Azarías con la Niña Chica son muy fuertes. El lazo se extiende a la grajilla, que solo tolera a Azarías y a la niña disminuida. 
-El egoísmo y la inhumanidad de los ricos es tal que sume en un pozo de miseria y sin futuro a los empleados del cortijo. Parece un ambiente medieval, con siervos de la gleba, aislados y a merced del señor, que dispone de sus vidas como le apetece.
-Canto a la vida natural, sencilla y en equilibrio y respeto a la naturaleza de las gentes sencillas. Los inocentes respetan los ritmos de la naturaleza; la usan sin depredar. Los ricos, todo lo contrario, la esquilman sin miramientos por pura diversión.
-La falta de educación tapona el futuro de las nuevas generaciones. El cinismo de los ricos justifica que los pobres no tengan ni escuela, ni educación de ningún tipo.
3) Apartados temáticos
El libro está dividido en seis libros. Cada uno de ellos se centra en un personaje o una acción. En este sentido, cada libro es una sección de contenido, como una tesela de un mosaico; forman parte del todo si lo contemplamos en conjunto. De modo individual, cada libro tiene sentido, pero solo la visión de conjunto aporta el verdadero sentido.
4) Narrador
El narrador se manifiesta en tercera persona, omnisciente parcial; focaliza a través de los humildes, de los pobres de solemnidad. Muestra especial simpatía por Azarías, que hace de hilo conductor el texto. Sin embargo, en los libros protagonizados por Paco, este es el personaje que domina la visión. El narrador, desde su omnisciencia, casi compartida con Azarías y Paco, el Bajo, expone sin juzgar demasiado directamente. Frecuentemente, aparecen rasgos de humor, ironía y sátira cervantina. La brutalidad de la explotación económica de la pobre gente a duras penas es digerible.
5) Lugar y tiempo
La acción discurre en un cortijo propiedad de la Señora Marquesa. Esta circunstancia nos sitúa en Extremadura, aunque podría ser más al sur; el modo de hablar de los personajes también nos remite a esa región. La acción es muy exterior; apenas algunas comidas se celebran en el comedor de la Casa Grande, o en la chabola donde vive, en la Raya, Paco, el Bajo, con su familia. El contraste entre los dos tipos de vivienda es sangrante. Como la acción principal del señorito Iván es la caza, muchas de las acciones giran en torno a esta actividad, así que el campo y el aire libre es el marco espacial más importante. 
El tiempo de la escritura corresponde a los años previos a 1981, fecha de la primera edición. El tiempo de la acción narrada se remite a los años sesenta y setenta del siglo XX. Sabemos que el señorito Iván ha nacido en 1930; su hijo mayor hace la comunión en la capilla del cortijo. Ya existen tractores y los terratenientes se mueven con un mercedes. La duración de la acción no está claramente delimitada. En términos amplios, dura cuarenta años, como mínimo. En un sentido más restringido, la duración se limita a uno o dos años, pues Nieves comienza a servir de trece años y ya tiene catorce cuando le quita las botas al señorito Iván.
6) Personajes
-Azarías: ya tiene sesenta y un años cuando comienza la narración. Su desaliño raya lo repugnante, pues no guarda higiene ninguna. Sin embargo, es obediente y trabajador. Solo que su minusvalía mental lo desorienta a menudo. Es quien más quiere a la Niña Chica y le da mucho cariño. Su conexión con las aves es muy íntima y fuerte, de ahí su venganza brutal contra el señorito Iván.
-Paco, el Bajo: Su apodo expresa su estatura. Tendrá cerca de cincuenta años, como su mujer Régula. Es voluntarioso, dispuesto y trabajador. Posee un olfato especial y un talento innato para la caza, lo que lo transforma en el mejor secretario de la comarca. Es muy sufrido, pues accede a ir de caza con su señor sin estar curado, lo que le cuesta una severa recaída. 
-Régula: esposa de Paco, el Bajo. Estamos ante una mujer sufrida y muy valiente. No se hace muchas ilusiones sobre lo que traerá el futuro, pero lucha cada día con gran entereza. “A mandar, que para eso estamos”, responde a don Pedro cuando le ordena algo. Su espíritu de sumisión es incluso doloroso
-Sus cuatro hijos representan muy bien el futuro cegado. Quirce y Rogelio ya trabajan en el campo, siguiendo el camino de sus padres. Nieves, la pequeña, se ve privada de la oportunidad de ir a la escuela; ha de servir en la casa de don Pedro. La Niña Chica, la mayor en edad, arrastra gravísimas deficiencias; está todo el día en un carretón, pues no puede andar, ni hablar. De vez en cuando emite un aullido terrible. 
-Don Pedro, el Périto: es quien lleva la voz cantante a diario, pues los propietarios no están allí de continuo. Es un hombre resentido y duro con los pobres, a quienes compara con los cerdos. Sin embargo, ante los ricos es sumiso y adulador. La huida de su mujer Puri con el señorito Iván es una venganza del destino por sus iniquidades que, por otro lado, no son superiores a los de su entorno.
-El señorito Iván es el propietario y señor del cortijo. Caprichoso, antojadizo, colérico y rijoso, no se priva de sus deseos, sean los que fueren, aunque haga daño a los demás. Obsesionado por la caza y por su fama de gran cazador, no respeta ninguna ley natural para imponer sus deseos.
-La Señora Marquesa y Miriam representan un papel más tolerable. Escuchan, al menos, a los pobres. Reparten algo de dinero para ayudarlos en su pobreza e incluso se preocupan algo por la educación de los empleados. 
-El resto de los trabajadores del cortijo forman un conjunto humano deprimente. Hombres y mujeres muy humildes, pobres de solemnidad, abandonados, sin educación de ningún tipo. Forman como un coro que acompaña a los protagonistas. 
7) Arquitectura narrativa
La estructura narrativa externa responde a seis “libros”, con un título breve que recoge la esencia del contenido; remitimos al resumen, donde se han explicitado. La interna es más compleja. Los tres primeros libros se centran en un personaje, Azarías, Paco, el Bajo y la milana; en realidad, desarrolla un argumento grupal, o mejor, familiar, alrededor de la familia de Paco, el Bajo, incluyendo en ella a Azarías, aunque centrado en los personajes aludidos (mucho menos, claro está, en el capítulo tercero, “La milana”). En este sentido, las analepsis (miradas al pasado) y prolepsis (adelanto de acontecimientos futuros) son muy frecuentes. 
La acción, así, parece un conjunto de anécdotas unidas por el hilo del personaje. Sin embargo, hay otro hilo invisible mucho más fuerte: la exposición de la terrible vida de los sirvientes de los marqueses. El tiempo está tan difuminado que apenas podemos emplearlo para fijar una estructura sólida; es un ardid narrativo para obligar al lector a fijarse en los hechos y los personajes. 
8) Notas estilísticas
El autor, Miguel Delibes, utiliza los tres procedimientos narrativos: narración, descripción y diálogo, con extraordinario acierto y proporción. El lenguaje delibeseano es preciso, transparente y comunicativo. La oración corta, con ritmo coloquial y familiar, propios de los campesinos, son los predominantes; es una analogía de la dura vida de estos “santos inocentes”, abandonados a su suerte por los ricos y poderosos señores que los explotan y desprecian. Es un lenguaje adaptado a la mentalidad de estos campesinos analfabetos (aunque hablan con mucha expresividad y propiedad), que son los que proporcionan la visión del narrador. En el conjunto, aparece un registro estandarizado, aunque plagado de expresiones coloquiales y familiares, propias del habla rural castellana. Como se imita el lenguaje campesino, nos topamos con exclamaciones, interrogaciones, onomatopeyas, etc. propias del lenguaje rural, imitado a la perfección. 
La contención expresiva, en un claro proceso depurativo, destaca claramente, aportando poeticidad. Se recoge el lenguaje popular de los gañanes, pastores, guardas, etc. por un lado; el de los propietarios, más refinado, junto con el del Périto y el médico y gente de ese contexto, por el otro. No es que estos hablen mejor; el hecho de que el señorito Iván siempre utilice “maricón” dirigido a cualquiera denota su zafiedad.
Como siempre en Delibes, el lenguaje tradicional y rural está depurado y seleccionado al máximo, lo que da apariencia de sencillez, sin serlo. Veamos un ejemplo de La milana:
 
Y, en estas, se presentó el el Cortijo el Azarías, y la Régula le dio los días y le tendió el saco de paja junto a la cocina como era habitual, pero el Azarías ni la miraba, se implaba y rutaba y hacía como si masticara algo sin nada en la boca y su hermana,
   ¿te pasa algo, Azarías, no estarás enfermo? Y el Azarías, la vacua mirada en el fuego, gruñía y juntaba las encías desdentadas, y la Régula,
   ae, no te se habrá muerto la otra milana que tú dice, ¿verdad, Azarías?
y tras mucho porfiar, el Azarías,
   el señorito me ha despedido,
y la Régula,
   ¿el señorito?
y el Azarías,
   dice que ya estoy viejo,
y la Régula,
   ae, eso no puede decírtelo tu señorito, si te pusiste viejo, a su lado ha sido,
y el Azarías,
   yo tengo un año más que el señorito,
y rutaba y mascaba la nada, sentado en el taburete, acodado en los muslos, la cabeza entre las manos, la mirada huera, fija en el hogar, pero, inopinadamente, se oyó el alarido de la Niña Chica y los ojos del Azarías se iluminaron, y sus labios se distendieron en una sonrisa babeante, y le dijo a su hermana,
   arrímame a la Niña Chica, anda,
y la Régula,
   ae, estará sucia
y el Azarías,
   alcánzame a la Niña Chica,
y, ante su insistencia, la Régula se incorporó y regresó con la Carito cuyo cuerpo no abultaba lo que una liebre y cuyas piernecitas se doblaban como las de una muñeca de trapo, como si estuvieran deshuesadas, pero el Azarías la tomó con dedos trémulos, la acomodó en el regazo, sujeto delicadamente su cabecita desarticulada contra su brazo fornido, bajo el sobaco, y comenzó a rascarle suavemente en el entrecejo mientras musitaba,
   milana bonita, milana bonita…
y así que regresó Paco, el Bajo, del recorrido de la tarde, la Régula salió a su encuentro, 
   ae, tenemos visita, Paco, ¿a que no sabes quién te vino?
y Paco, el Bajo, olfateó un momento y dijo,
   tu hermano vino,
 
Del texto anterior se pueden deducir los rasgos básicos del estilo delibeseano. El léxico es preciso y apropiado. Los diálogos caracterizan con mucha contundencia a los personajes; quedan retratados con su modo de hablar; Azarías y su hermana Régula exhiben un nivel coloquial y familiar en el uso de la lengua; muy sobrios en su expresión, utilizan palabras apropiadas y precisas; este modo de expresión se lo traspasan al narrador, que escribe como ellos hablan.
Delibes emplea el lenguaje con una propiedad asombrosa. Las descripciones resultan exactas, vivas y plásticas.  Las narraciones cuentan acciones con viveza y precisión, sin rodeos ni omisiones. 
Un enorme acierto de este texto (y de otros muchos de nuestro escritor) es que, bajo una estructura narrativa aparentemente sencilla, casi intrascendente por momentos, se atesoran trozos de vida, de verdad poética. Asimismo, la carga reflexiva es de una potencia ineludible. Aquí, se dirige hacia la presentación de un mundo rural abandonado y oprimido, con sus tremendas carencias, deliberadamente ignoradas por los propietarios del Cortijo, aunque voceen ante el embajador francés que sus sirvientes saben leer y escribir, cosa más bien falsa. 
9) Interpretación y valoración
Delibes plantea en esta novela una severa reflexión sobre el mundo rural de los cortijos. La exposición es descarnada, aunque envuelta en ternura y compasión por los “santos inocentes”, abandonados a su suerte. Los personajes se infiltran en el narrador, de modo que éste ve y habla como esos campesinos sin instrucción, pero sabios en el manejo del mundo natural. Azarías, por ejemplo, es disminuido mental, pero conoce muy bien el mundo de las aves salvajes, como el cárabo. Sabe domesticarlas muy bien, a base de afecto y cuidados. Justo lo que él no tiene entre los humanos.
La novela ejerce una poderosa fascinación sobre el lector porque combina cuidadosamente la narración objetiva con una subjetividad de los personajes infiltrada en el narrador. Lo percibimos en el lenguaje y en la perspectiva. El resultado literario es, simplemente, sublime. La novela urge a una reflexión sobre las pésimas condiciones de vida de unas personas sufridas y abnegadas que aceptan su destino con resignación cristiana. La Niña Chica es un ejemplo aterrador del abandono de esas gentes.
La reacción de la Régula cuando la Señora Marquesa le sugiere que lleve a su hermano Azarías al asilo es un ejemplo muy vivo de la enorme entereza y dignidad moral de estas personas. Solidarios y enérgicos, acogen a los que todavía son más pobres con generosidad y abnegación. Toda una lección dirigida a los poderosos que los tratan como a animales, si no peor. La novela es corta, por lo que logra concentrar en sus páginas una lección moral y un artefacto literario realmente asombrosos.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes, tanto ricos como pobres.
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Observa y señala las características del narrador.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué idea de la vida rural de los empleados del cortijo nos llega desde esta novela? 
2) Analiza los rasgos morales de los poderosos frente a los “santos inocentes”, ¿cómo se puede interpretar este contraste? 
3) ¿Cuál es el único personaje que no habla? ¿Qué sentido le podemos atribuir a ese hecho?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la armonía y equilibrio entre los hombres y el mundo natural? 
5) El tiempo, ¿discurre igual para los ricos que para los pobres? Aporta ejemplos que corroboren tu opinión.
6) ¿Qué significación se encierra en el final de la novela, teniendo en cuenta que Azarías no es un hombre violento?  
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese la vida de personas humildes frente a la de los ricos y poderosos de su propio entorno. Puedes imprimir un sentido crítico, como ha realizado Miguel Delibes.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de momentos donde se aprecie el contraste entre los “santos inocentes” y los poderosos adinerados, en los que se aprecia , siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.
2.4. Comentario de texto específico
Libro dos. Paco, el Bajo
Si hubieran vivido siempre en el Cortijo quizá las cosas se hubieran producido de otra manera pero a Crespo, el Guarda Mayr, le gustaba adelantar a uno en la Raya de lo de Abendújar por si las moscas y a Paco, el Bajo, como quien dice, le tocó la china y no es que le incomodase por él, que a él, al fin y al cabo, lo mismo le daba un sitio que otro, pero sí por los muchachos, a ver, por la escuela, que con la Charito, la Niña Chica, tenían bastante y le decían la Niña Chica a la Charito aunque, en puridad, fuese la niña mayor, por los chiquilines, natural,
   madre, ¿por qué no habla la Charito?,
   ¿por que no se anda la Charito, madre?
   ¿por qué la Charito se ensucia las bragas?, preguntaban a cada paso, y ella, la Régula, o él, o los dos a coro, 
   pues porque es muy chica la Charito, 
a ver, por contestar algo, ¿qué otra cosa podían decirles?, pero Paco, el Bajo, aspiraba a que los muchachos se ilustrasen, que el Hachemita aseguraba en Cordovilla, que los muchachos podían salir de pobres con una pizca de conocimientos, e incluso la propia Señora Marquesa, con objeto de erradicar el analfabetismo del cortijo, hizo venir durantes tres veranos consecutivos a dos señoritos de la ciudad para que, al terminar las faenas cotidianas, les juntasen a todos en el porche de la corralada, a los pastores, a los porqueros, a los apaleadores, a los muleros, a los gañanes y a los guardas, y allí, a la cruda luz del aladino, con los moscones y las polillas bordoneando alrededor, les enseñasen las letras y sus mil misteriosas combinaciones y los pastores, y los porqueros, y los apaleadores y los gañanes y los muleros, cuando les preguntaban, decían,
   La B con la A hace BA, y la C con la A hace ZA,
y entonces, los señoritos de la ciudad, el señorito Gabriel y el señorito Lucas, les corregían y les desvelaban las trampas, y les decían,
   pues no, la C con la A hace KA, y la C con la I hace CI y la C con la E hace CE y la C con la O hace KO,
y los porqueros y los pastores, y los muleros, y los gañanes y los guardas se decían entre sí desconcertados,
   también te tienen unas cosas, parece como que a los señoritos les gustase embromarnos, pero no osaban levantar la voz, hasta que una noche, Paco, el Bajo, se tomó dos copas, se encaró con el señorito alto, el de las entradas, el de su grupo, y ahuecando los orificios de su chata nariz (por donde, al decir del señorito Iván, los días que estaba de buen talante, se le veían los sesos), preguntó,
   señorito Lucas, y ¿a cuento de qué esos caprichos?
y el señorito Lucas rompió a reír y a reír con unas carcajadas rojas, incontroladas, y al fin, se calmó un poco, se limpió los ojos con el pañuelo y dijo,
   es la gramática, oye, el porqué pregúntaselo a los académicos,

ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del poema; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).