Antonio Machado: «Los olivos» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “Los olivos”
CXXXII
LOS OLIVOS
I
¡Viejos olivos sedientos                          1
bajo el claro sol del día,
olivares polvorientos
del campo de Andalucía!
¡El campo andaluz, peinado                   5
por el sol canicular,
de loma en loma rayado
de olvidar y de olvidar!
Son las tierras
soleadas,                                             10
anchas lomas, lueñes sierras
de olivares recamadas.
Mil senderos. Con sus machos,
abrumados de capachos,
van gañanes y arrieros.                        15
De la venta del camino
a la puerta, soplan vino
trabucaires bandoleros!
Olivares y olivares
de loma en loma prendidos                   20    
cual bordados alamares.
Olivares coloridos
de una tarde anaranjada;
olivares rebruñidos
bajo la luna argentada.                         25
Olivares centellados
en las tardes cenicientas,
bajo los cielos preñados
de tormentas…
Olivares, Dios os dé                               30
los eneros
de aguaceros,
los agostos de agua al pie,
los vientos primaverales
vuestras flores racimadas;                     35
y las lluvias otoñales,
vuestras olivas moradas.
Olivar, por cien caminos,
tus olivitas irán
caminando a cien molinos.                    40
Ya darán
trabajo en las alquerías
a gañanes y braceros,
¡oh buenas frentes sombrías
bajo los anchos sombreros!…                45
¡Olivar y olivareros,
bosque y raza,
campo y plaza
de los fieles al terruño
y al arado y al molino,                           50
de los que muestran el puño
al destino,
los benditos labradores,
los bandidos caballeros, 
los señores                                            55
devotos y matuteros…
Ciudades y caseríos
en la margen de los ríos,
en los pliegues de la sierra!…
Venga Dios a los hogares                         60
y a las almas de esta tierra
de olivares y olivares!
II
A dos leguas de Úbeda, la Torre
de Pero Gil, bajo este sol de fuego,
triste burgo de España. El coche rueda   65
entre grises olivos polvorientos.
Allá, el castillo heroico.
En la plaza, mendigos y chicuelos:
una orgía de harapos…
Pasamos frente al atrio del convento      70
de la Misericordia.
¡Los blancos muros, los cipreses negros!
¡Agria melancolía
como asperón de hierro
que raspa el corazón! ¡Amurallada          75
piedad, erguida en este basurero!…
Esta casa de Dios, decid, hermanos,
esta casa de Dios, ¿qué guarda dentro?
Y ese pálido joven,
asombrado y atento,                              80
que parece mirarnos con la boca,
será el loco del pueblo,
de quien se dice: es Lucas,
Blas o Ginés, el tonto que tenemos.
Seguimos. Olivares. Los olivos                85
están en flor. El carricoche lento,
al paso de dos pencos matalones,
camina hacia Peal. Campos ubérrimos.
La tierra da lo suyo; el sol trabaja;
el hombre es para el suelo:                    90
genera, siembra y labra
y su fatiga unce la tierra al cielo.
Nosotros enturbiamos
la fuente de la vida, el sol primero,
con nuestros ojos tristes,                        95
con nuestro amargo rezo,                      
con nuestra mano ociosa,
con nuestro pensamiento
—se engendra en el pecado,
se vive en el dolor. ¡Dios está lejos!—       100
Esta piedad erguida                                
sobre este burgo sórdido, sobre este basurero,
esta casa de Dios, decid, ¡oh santos
cañones de von Kluck, ¿qué guarda dentro?

1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. Este denso y largo poema, dividido en dos partes, describe, analiza y reflexiona, a través de un viaje, sobre los olivos y las gentes que viven de él, los olivareros. El poema se abre con una exaltación de los olivos andaluces. A lo largo de lomas y campos, iluminados por el sol del verano, se disponen alineados los campos de olivos.  
A continuación aparecen las personas que los cultivan. Las figuras no son muy alentadoras, pero hay que aceptarlas. Son gentes humildes, pobres y, a veces, de vida irregular y violenta. De nuevo vuelve a cantar a los olivos con emoción positiva; alaba su belleza, de día y de noche. Dialoga el yo poético con ellos, deseándoles agua suficiente y buen clima para que produzcan muchos y sabrosos frutos, las “olivas moradas” (v. 37). Recrea la recogida del fruto manualmente, el transporte a los molinos, por parte de “gañanes y braceros”, citados elogiosamente.
Alaba al olivar y a los olivareros por su fidelidad recíproca y su tenacidad, permaneciendo fieles a la tierra. Aprecia la nobleza de esas gentes rurales, aunque también señala sus vicios (bandolerismo, hipocresía religiosa…). Deseo para todos ellos la bendición de Dios, para que vivan en paz y prosperidad.
La segunda parte del poema relata un viaje. El primer lugar que se visita es Torreperogil, pueblo poco agradable, pues lo denomina “triste burgo de España” (v. 65). Describe el castillo y las personas con las que se encuentra, todas pobres y abandonadas: “mendigos y chicuelos” (v. 68). Se fija en el convento de la Misericordia, lugar poco amable para el yo poético, ahora viajero, pues le concita sentimientos de rechazo. Quisiera saber qué se guarda dentro de sus muros; lo sospecha, pero se lo calla. Observa a un muchacho deficiente mental y le provoca lástima; sabe que es el “tonto del pueblo”, y por ello, despreciado. Se dirige a Peal, hacia el sur, hacia la sierra. El coche de caballos avanza lentamente. En tanto, el yo poético medita sobre estos campos de olivo; la tierra es bastante generosa cuando se la trabaja. El campesino está enraizado a su tierra. Cree que el hombre, o una parte de ellos (englobada en el “nosotros”, acaso los hombres de la ciudad), rompe el equilibrio natural del mundo. Nuestras acciones y pensamientos no concuerdan con el ritmo del mundo. El hombre es una criatura contradictoria y vive entre el dolor y la angustia. Cierra el poema preguntándose qué es lo que realmente llevamos dentro de nuestros corazones y cabeza, pues el contraste entre la piedad y la violencia (como la muestra la Primera Guerra Mundial) es demasiado evidente y, aparentemente, irresoluble.
1.2. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Declaración de admiración y respeto al olivo, a la tierra y a los campesinos olivareros. 
-Expresión de la amarga y lacerante realidad humana, pues bajo una fachada de piedad se esconde un alma turbia y mala, egoísta y vanidosa.
1.3. Apartados temáticos
El poema presenta cuatro apartados temáticos, dos en cada una de las secciones en que se divide el contenido. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-18): el yo poético alaba al olivo, las tierras donde crecen y las personas, no siempre de corazón limpio, que viven con su cultivo. 
-Segundo apartado ( vv. 19-62): expresión del deseo, casi a modo de oración, de que Dios proteja esos campos para que todos puedan vivir con dicha y plenitud.
-Tercer apartado (vv. 63-84): relato de un viaje con parada en Torreperogil. Presenta un paisaje físico y humano desolador; la pobreza y la ignorancia campan por sus respetos.
-Cuarto apartado (vv. 85-104 y final): visita Peal, otro pueblo igual de triste y abandonado que el anterior. Se cierra el poema con una reflexión final desalentadora, a partir del verso 93, con los verbos en primera persona del plural, sobre la imposibilidad de avanzar hacia el progreso y la integridad, pues parece que la sociedad se asienta en la hipocresía, el sentimiento de culpa y la ignorancia generalizadas.
1.4. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por ciento cuatro versos octosílabos y algunos tetrasílabos. Mantienen una rima variada, pero regular. Forman cuartetas, redondillas y pareados. El efecto musical es hermoso y evidente, contribuyendo firmemente a una significación golbal de movimiento pausado y reflexión en marcha. 
1.5. Comentario estilístico
Una vez más en Machado, lo que parece un poema descriptivo y superficial se torna en otro profundo, analítico e interiorizado. La mirada externa se transforma en otra interna y contemplativa. El motivo inicial, los olivos, como recuerda el título, se transforma en un viaje por dos pueblos próximos a Baeza: Torreperogil y Peal. El yo poético alaba al olivo como un árbol resistente y benéfico para los hombres, pues su fruto, las olivas, son el origen del aceite. Los primero cuatro versos, que forman una cuarteta, son una estructura nominalizada (no hay verbos conjugados) esencialista y de presencia rotunda. La estructura exclamativa expresa la admiración del yo poético por los “olivos sedientos” (v. 1) del campo andaluz. La nota positiva del “claro sol del día” (v. 2) crea un fuerte contraste con los “olivares polvorientos” (v. 3). La segunda cuarteta es muy similar a la prmera en cuanto a sus estructura sintáctica y semántica. Ahora tiene un alcance más profundo. El “campo andaluz” está “rayado” (alude a la disposición lineal de los olivos, creemos; pero también a su enfado o hartazgo), como se puede apreciar a lo largo de las colinas y llanuras.    
Pronto aparecen los hombres, en este caso “gañanes y arrieros” (v. 15), completado el cuadro con los “trabucaires bandoleros” (v. 18) que trasiegan vino alegremente en una venta. El yo poético se siente decepcionado por las personas que va viendo, no muy ejemplarizantes, digamos.
La estructura repetitiva “Olivares y olivares” (v. 19) indica la enorme cantidad de árboles de esta especie, como si no hubiera otro; de hecho, no se mienta a ningún otro tipo de vegetal en todo el poema. Se refuerza con la repetición en el verso siguiente de “de loma en loma”; destaca su gracia geométrica con el símil “cual bordados alamares” (v. 21), es decir, como botones u ojales a la orilla de un vestido o capa. La palabra “olivar”, tanto en singular como en plural, se repite seis veces en posición inicial del verso; forma estructuras anafóricas y paralelísticas de enorme expresividad; suspende la significación porque no aparece todavía la parte final del período oracional. Presenta a los olivares por la mañana, por la tarde y por la noche. A partir del verso 30 comprendemos el sentido hasta ahora suspendido: desea para los olivares agua en abundancia para desarrollarse con plenitud (“Dios os dé / los eneros / de aguaceros”, vv. 30-32). 
Añade a continuación su deseo de que reciban más lluvia en agosto, viento fresco de la primavera, más lluvia en el otoño y así el fruto, “las olivas moradas” (v. 37), se multiplicará. Recrea a continuación (vv. 38-43) la escena de la cosecha, a cargo de “gañanes y braceros” (v. 45); como vemos, el elemento humano es más bien escaso, aunque, de pronto, en los dos versos siguientes, alaba a estos hombres que viven de su esforzado trabajo. En el verso 46 comienza una larga exclamación, que es un deseo, dirigido al “olivar y olivareros”: desea para ellos la bendición de Dios, la protección de la divinidad, para que les ayude en su noble tarea, al menos en lo que toca a los “benditos labradores” (v. 53); quizá no tanto a los “bandidos caballeros” y otros individuos de vida turbia. El yo poético muestra su respeto y amor a esa tierra a través de ese noble deseo.
La segunda sección del poema se transforma casi en una crónica de un viaje a dos pueblos: Torreperogil y Peal. La visita de estos núcleos urbanos es decepcionante para el yo poético. No tanto por su arquitectura, que la encuentra indiferente, pues es solo un “triste burgo de España” (v. 65). Nombra sucesivamente al “castillo heroico”, la plaza y el “convento / de la Misericordia”. 
El paisaje humano es desolador y desasogante, tanto para el yo poético, como para nosotros, lectores. Ve “mendigos y chicuelos: / una orgía de harapos…” (vv. 68-69). La pobreza y la miseria son la nota dominante. La metáfora sinestésica contenida en “agria melancolía” (v. 73) expresa muy bien la amarga realidad que ha de admitir. Todo es como “asperón de hierro” (v. 74), es decir, arenisca para amolar una pared, pero aquí es “el corazón” el que se ve depurado. 
Surge el contraste que ya se mantiene en el resto del poema. Si todo es un “basurero”, ¿cómo podemos ver en el convento, o en el pueblo, piedad o limpieza de corazón? El yo poético apostrofa a los “hermanos”, metonimia de nosotros, lectores; nos pide una implicación más seria y comprometida con el contenido de su poema. La repetición de “Esta casa de Dios” (vv. 77-78), en forma de anáfora y paralelismo, indica muy bien que el nombre es rimbombante, pero el contenido no está tan claro. 
Se fija el yo poético es un individuo, “ese pálido joven, / asombrado y atento” (vv. 79-80). Es “el loco del pueblo”, sospecha. Le provoca desazón y tristeza. El viaje avanza en la carroza tirada por dos caballos deslucidos y famélicos (a ello se refiere “pencos matalones”), como enuncia “Seguimos”. De nuevo los olivares “en flor” se imponen como realidad contundente del paisaje. Es como un factor consolatorio y relajante, ante la miseria humana.
El yo poético se dirige a Peal. Encuentra un equilibrio entre la tierra y el cielo, a través del campesino que trabaja la tierra con un duro esfuerzo. En el verso 93 comienza la reflexión pesimista final. El yo poético se incluye en un “Nosotros”, donde nosotros mismos, lectores, podríamos estar. El pensamiento es muy sombrío. “Nosotros” rompemos el equilibrio natural, “enturbiamos” (metáfora de nuestra mancilla) la vida original y auténtica (metaforizada en “fuente de la vida” y “sol primero”, v. 94). Siguen cuatro versos paralelísticos anafóricos en el que recoge con feroz contundencia las malas acciones del hombre: miramos, rezamos, holgazaneamos y pensamos torticera e interesadamente. El epítome se presenta en los versos 99-100, en una interpolación. Nosotros perpetuamos la raza en el pecado y vivimos dolorosamente. Dios nos ha abandonado, o no hemos sabido ganárnoslo adecuadamente.
De este modo, no se puede vivir con limpieza de corazón y con un propósito vital moralmente sostenible. La piedad levantada “sobre este burdo sórdido” (v. 102) es solo una fachada, un acto de hipocresía que no resiste un mínimo análisis. 
Apostrofa a los “santos / cañones de von Cluck” para que le revelen el sentido de nuestras vidas bastante podridas. Von Kluck fue un general alemán famoso en la Primera Guerra Mundial por su agresividad y ambición bélica. Aquí funciona como una metonimia del mal, del horror despiadado y absurdo. Como Dios no le responde, se acoge al otro lado, a la impiedad y a la ferocidad, para que le explique cómo se puede arreglar la realidad tan decepcionante. Es una reacción fruto de la desesperación interna del yo poético, harto del cinismo y los contrastes sociales llenos de injusticia y desorden natural. La interrogación final, que no es retórica, o no el todo, es una firme expresión de las dudas angustiosas que arrastra el yo poético.
El poema, como podemos ver, es de una hondura tremenda. No es una pintura amable de los campos olivareros de Andalucía, sino una contemplación indagatoria sobre el sentido de la realidad social, personal y colectiva de un país, España, atravesado de agudos contrastes.           
1.6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
1.7. Interpretación y valoración
Este denso y hermoso poema presenta y reflexiona sobre una parte de la realidad española, en este caso, el mundo rural andaluz. El olivo, ese bello y noble árbol, es el pretexto inicial; inmediatamente deriva en una interiorización de la vida rural, poco complaciente. Gente de dudosa moralidad, pobreza, humildad, falta de educación, nos dejan un cuadro bastante desolador.
La segunda parte del poema, en forma de viaje por la comarca de Baeza, tampoco es muy tranquilizadora. Los dos pueblos citados, Torreperogil y Peal, se nos presentan como pobres y destartalados. Machado indaga en las causas de esa realidad poco amable. Encuentra una sociedad hipócrita e incluso cínica, entregada a la representación, más que a la acción.
No le complace tampoco la situación espiritual de esa tierra. Las gentes practican unos rituales superficiales que, además, no sirven para arreglar los problemas. La meditación es triste y amarga, pues no encuentra una solución para una sociedad desolada.
El poema es bello y hermoso porque, al lado de la alabanza al olivo, a los campos donde crecen y a las personas que viven cultivándolos, se acompaña una honda reflexión sobre las causas profundas del atraso cultural y espiritual de España.  
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimiento  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Por qué el poeta alaba al olivo?  
4) ¿Todas las personas presentan el mismo perfil bajo de desarrollo cultural y moral?
5) ¿Qué papel juega la religión en este poema? ¿Cómo interpretar la figura del “tonto del pueblo”? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese admiración por un árbol u otro vegetal especialmente interesante.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de un árbol o ser vegetal especialmente hermoso o benéfico. Haz que intervenga la meditación, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

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