Antonio Machado: «Recuerdos» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “Recuerdos”

CXVI

RECUERDOS

¡Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales              1

cargados de perfume, y el campo enverdecido,

abiertos los jazmines, maduros los trigales,

azules las montañas y el olivar florido;

Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles;             5

y al sol de abril los huertos colmados de azucenas,

y los enjambres de oro, para libar sus mieles

dispersos en los campos, huir de sus colmenas;

yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares,

barriendo el cierzo helado tu campo empedernido;     10

y en sierras agrias sueño — ¡Urbión, sobre pinares!

¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!—

Y pienso: Primavera, como un escalofrío

irá a cruzar el alto solar del romancero,

ya verdearán de chopos las márgenes del río.              15

¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?

Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas,

y la roqueda parda más de un zarzal en flor;

y a los rebaños blancos, por entre grises peñas,

hacia los altos prados conducirá el pastor.                   20

¡Oh, en el azul, vosotras viajeras golondrinas

que vais al joven Duero, rebaños de merinos,

con rumbo hacia las altas praderas numantinas,

por las cañadas hondas y al sol de los caminos;

hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo,                 25

montañas, serrijones, lomazos, parameras,

en donde reina el águila, por donde busca el cuervo

su infecto expoliario; menudas sementeras

cual sayos cenicientos, casetas y majadas

entre desnuda roca, arroyos y hontanares                  30

donde a la tarde beben las yuntas fatigadas,

dispersos huertecillos, humildes abejares!…

¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano

cercado de colinas y crestas militares,

alcores y roquedas del yermo castellano,                   35

fantasmas de robledos y sombras de encinares!

En la desesperanza y en la melancolía

de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.

Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,

por los floridos valles, mi corazón te lleva.                40

En el tren, abril 1912

1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. En este poema, el yo poético evoca las tierras sorianas, pues se está alejando (o ya lo ha hecho del todo) de ellas definitivamente, con el desgarro emocional producido por la muerte de Leonor apenas unos meses antes. El poema comienza invocando a Soria, pero desde la contemplación del paisaje andaluz en primavera (podemos entender que es el campo jienense, alrededor de Baeza). Es hermoso, acogedor y muy vivo: el Guadalquivir avanzando, las abejas libando y plantas, árboles y cultivos en plena floración. Por su cabeza pasan los paisajes sorianos y especula cómo estarán en ese momento; desde luego, la primavera es mucho más tardía y humilde que en Andalucía, donde el yo poético se halla. Y comienza una evocación de los elementos más hermosos de la primavera soriana: el olmo al lado del Duero, las cigüeñas en sus nidos, los rebaños, las sierras, las breves riberas, los pequeños campos de labor. Una larga exclamación retórica (vv. 21-32) enumera los accidentes geográficos más comunes de la tierra soriana, que el yo poético revive con emoción. Se despide de esas tierras adustas, pobres y humildes (vv. 33-36). Cierra el poema una confidencia del yo poético dirigido a la tierra: nunca la olvidará, aunque se recuerdo es doloroso; le sirve de alimento espiritual donde saciar su melancolía y su dolor. Soria es una tierra esencial, espiritual, elevada y purificante, por eso el yo poético la lleva con él camino de su tierra natal, Andalucía.
1.2. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-Declaración de amor entrañable y profundo del yo poético por Soria
-Expresión de la melancolía y tristeza por alejarse de Soria, pero también por algo que ha desgarrado su corazón, que prefiere omitir.
1.3. Apartados temáticos
El poema presenta tress apartados temáticos. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-8): el yo poético recrea el campo andaluz, en primavera; la temperatura es suave; la flora está en su esplendor y todo el campo dimana belleza y alegría.
-Segundo apartado ( vv. 9-32): evocación de la primavera soriana; es fría, débil y corta. Con todo, florecen los campos, llegan las cigüeñas y las riberas y montañas son agradables de contemplar, en su humildad y escasez. 
-Tercer apartado (vv. 33-40): despedida de Soria y reafirmación de la solidez de su memoria hacia la ciudad, pues la lleva en su alma y es como su alimento espiritual.
1.4. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por cuarenta versos tetradecasílabos agrupados en una sola estrofa. Sin embargo, si bien observamos, se pueden distinguir diez serventesios (ABAB) de impecable factura. La rima, lógicamente, es consonante según el esquema antes citado. Este tipo de estrofa crea un efecto musical de armonía, gravedad y tristeza. 
1.5. Comentario estilístico
El poema presenta una riqueza léxica, referida al mundo natural y rural, realmente sorprendente, como comprobaremos a continuación. El yo poético introduce en el primer verso los dos polos de significación: él mismo y Soria. Los once primeros versos forman una exclamación retórica, creando un efecto de intensificación emocional bien evidente. Sin embargo, desde el mismo verso 1 hasta el verso 8 se describe el campo meridional, o andaluz, sistemática y exhaustivamente. Presenta los siguientes elementos vegetales: naranjales, jazmines, trigales, olivar, azucenas y enjambres. Los enmarca en el campo, montañas, mar, vergeles, huertos, campos y colmenas. Emplea un antropónimo: “Guadalquivir”, lo que nos permite encuadrar con precisión ese lugar en su contexto geográfico, que no es otro que Andalucía. La adjetivación es rica, pero no solo a través de adjetivos calificativos, sino de nominalizaciones. Los efectos paralelísticos son muy intensos, con trimembraciones como “frescos naranjales / (…), campo enverdecido, / abiertos los jazmines, maduros los trigales” (vv. 1-3). 
Se crea una fuerte antítesis de ese primer bloque (vv. 1-8) con el siguiente (vv. 9-32), que es una presentación de la primavera en el entorno de la ciudad de Soria. Cuantitativamente, es mucho más extenso este segundo bloque, señal inequívoca de su importancia para el yo poético. La interiorización del paisaje es muy profunda; se logra, entre otros procedimientos, a través de dos expresiones verbales en primera persona: “yo sé” (v. 8) y “Y pienso” (v. 13). Todo el segundo bloque es una exclamación, pero dentro se hallan otras dos, referidas al pico Urbión y al Moncayo (vv. 11-12).
Los elementos naturales traídos a la mente son (entre paréntesis, añadimos el lugar donde se ubican): cierzo (campos), sierras, solar, chopos (márgenes del río), olmo (Duero), cigüeñas (campanarios), zarzal (roqueda), rebaños (peñas y prados), golondrinas (el azul, metonimia del cielo), merinos (praderas, cañadas y caminos), ciervo (hayedos y pinares), águila y cuervo (montañas, serrijones, lomazos y parameras), sementeras, casetas y majadas (rocas, arroyos y hontanares) y yuntas (huertecillos y abejares). Como se puede apreciar, la precisión descriptiva es milimétrica, matizada, rica y tremendamente evocadora. Toda la vida rural del campo soriano está ahí, viva, ante nuestros ojos.
Como siempre en Machado, la matización adjetival es connotativa y muy expresiva. Se logra a través de adjetivos calificativos (por ejemplo, “roqueda parda”, v. 18), o de nominalizaciones (por ejemplo, “sol de los caminos”, v. 24), o de oraciones adjetivales (por ejemplo, “viajeras golondrinas / que vais al joven Duero”, vv. 21-22). En el ejemplo anterior se puede apreciar una combinación de dos procedimientos adjetivales, amplificando su fuerza expresiva y evocadora.
Existe una metáfora muy especial; es aquella que identifica a Soria con el “alto solar del romancero” (v. 14). No es una imagen más, en absoluto. Para Machado, el romance es la expresión más alta y genuina de la poesía. Asociar a Soria con el lugar del nacimiento del romancero es una loa muy intensa, una exaltación de la pureza poética de los lugares sorianos.
Conviene notar que no existe una idealización de Soria en absoluto. Muchos adjetivos matizan con precisión que todo es humilde, pobre, sencillo. Y, referido a los campos, pobres, áridos e inhóspitos. 
La última sección temática del poema se resuelve en una despedida emotiva y dolorosa para el yo poético. La oración exclamativa que se extiende del verso 33 al 36 recoge la intensidad emocional del yo poético. Se repite la palabra “adiós” (v. 33), referidas al “yermo castellano” (v. 35). Estamos ante una realidad difusa y fantasmagórica, como expresan “fantasmas de robledos y sombras de encinares” (v. 36). El serventesio final posee una intensidad expresiva tremenda, gracias a dos metáforas muy expresivas. En la melancolía y el recuerdo de “la tierra de Soria” bebe y sacia su sed el corazón del yo poético. Califica a Soria de “tierra de alma” y, al fin, admite que “mi corazón te lleva” camino de su tierra natal. No puede, ni quiere, olvidarla. Es parte ínsita de su ser, pues lo alimenta espiritualmente.
Estamos ante un poema muy hermoso, profundo, intenso y emotivo. Su construcción es un auténtico prodigio expresivo, pues el fondo y la forma se aúnan para crear una significación superior, espiritual, de gran hondura y autenticidad. Este poema constituye, en una palabra, un diamante puro.        
1.6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
1.7. Interpretación y valoración
Estamos ante uno de los poemas más hermosos e intensos de nuestro excelso Antonio Machado. Naturaleza, recuerdo, emoción y dolor se unen para crear un prodigio lingüístico de una belleza, simplemente, deslumbrante. 
La forma estrófica es feliz y armónica. El sentido es de una hondura apabullante. Un Machado dolorido y fatigado, por la muerte de Leonor, ha de recurrir a la naturaleza más pelada e inhóspita para comprender, asimilar y, de algún modo, convivir con su desgarro emocional. La despedida la hace desde el tren, como reza la nota final. Está cerrando un capítulo de su corazón y de su vida.
La capacidad de observación y transformación intimista de la realidad es, sencillamente, asombrosa. Toda la vida rural del campo soriano está ahí, depurado y sometido a un filtro de la verdad y la belleza, aunque, como sabemos, no muy agradable ni exuberante. El poema impacta profundamente al lector, que comparte y se conduele de los amargos momentos del yo poético, de Machado; admirando esa inhóspita naturaleza, ya estamos en comunión con nuestro poeta, que nos ha regalado un hermoso y deslumbrante poema.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimiento  nuclea el sentido del poema? Fíjate en el título para encaminar tu respuesta.
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Qué órgano sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia del mundo natural y rural?
6) ¿Qué tres accidentes geográficos concretos se mencionan? ¿Qué sentido aportan? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese una despedida de un lugar especial y querido.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios en el momento de una despedida para siempre. Haz que intervenga la memoria y el sentimiento, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

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