Antonio Machado: «Campos de Soria» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – “Campos de Soria”

CXIII

CAMPOS DE SORIA
I
Es la tierra de Soria árida y fría.             1
Por las colinas y las sierras calvas,
verdes pradillos, cerros cenicientos,
la primavera pasa
dejando entre las hierbas olorosas          5
sus diminutas margaritas blancas.
La tierra no revive, el campo sueña.
Al empezar abril está nevada
la espalda del Moncayo;
el caminante lleva en su bufanda,          10
envueltos cuello y boca, y los pastores
pasan cubiertos con sus luengas capas.
I: Presentación del marco general: “tierra de Soria” en primavera. Aridez, nieve y frío. Un caminante y los pastores es la única presencia humana. Sin ser un paisaje bucólico, resulta entrañable y atractivo.
II
Las tierras labrantías,
como retazos de estameñas pardas,
el huertecillo, el abejar, los trozos          15
de verde obscuro en que el merino pasta,
entre plomizos peñascales, siembran
el sueño alegre de infantil Arcadia.
En los chopos lejanos del camino,
parecen humear las yertas ramas             20
como un glauco vapor —las nuevas hojas—
y en las quiebras de valles y barrancas
blanquean los zarzales florecidos,
y brotan las violetas perfumadas.
II: No todo el territorio es inhóspito. Existen trozos de terreno más benignos para la labranza, como huertos, prados, etc. Cerca de los riachuelos y caminos crece el chopo; en los valles las zarzas y otras plantas alegran la vista y aromatizan el ambiente.
III
Es el campo ondulado, y los caminos     25
ya ocultan los viajeros que cabalgan
en pardos borriquillos
ya al fondo de la tarde arrebolada
elevan las plebeyas figurillas,
que el lienzo de oro del ocaso manchan.  30
Mas si trepáis a un cerro y veis el campo
desde los picos donde habita el águila,
son tornasoles de carmín y acero,
llanos plomizos, lomas plateadas,
circuidos por montes de violeta,         35
con las cumbres de nieve sonrosada.
III: Visto en horizontal, la tierra llana y ondulada no deja ver bien a los viajeros montados en sus asnos. Desde un altozano, se les podría divisar mejor, como manchas blancas y marrones, en un paisaje árido y frío, rodeado de montes morados y cumbres nevadas. El yo poético se dirige a los lectores, apostrofándolos, para que miren desde distintas perspectivas.
IV
¡Las figuras del campo sobre el cielo!
Dos lentos bueyes aran
en un alcor, cuando el otoño empieza,
y entre las negras testas doblegadas        40
bajo el pesado yugo,
pende un cesto de juncos y retama,
que es la cuna de un niño;
y tras la yunta marcha
un hombre que se inclina hacia la tierra,  45
y una mujer que en las abiertas zanjas
arroja la semilla.
Bajo una nube de carmín y llama,
en el oro fluido y verdinoso
del poniente, las sombras se agigantan.   50
IV: Narración de una escena rural que denota pobreza y humildad. Un matrimonio siembra en un “alcor” (colina o collado). El hombre gobierna el arado; la mujer, detrás, deposita las semillas en los surcos abiertos. Un bebé metido en una cesta que pende del yugo de los bueyes aporta pintoresquismo trscendido y miseria.
V
La nieve. En el mesón al campo abierto
se ve el hogar donde la leña humea
y la olla al hervir borbollonea.
El cierzo corre por el campo yerto,
alborotando en blancos torbellinos           55
la nieve silenciosa.
La nieve sobre el campo y los caminos,
cayendo está como sobre una fosa.
Un viejo acurrucado tiembla y tose
cerca del fuego; su mechón de lana          60
la vieja hila, y una niña cose
verde ribete a su estameña grana.
Padres los viejos son de un arriero
que caminó sobre la blanca tierra,
y una noche perdió ruta y sendero,          65
y se enterró en las nieves de la sierra.
En torno al fuego hay un lugar vacío
y en la frente del viejo, de hosco ceño,
como un tachón sombrío
—tal el golpe de un hacha sobre un leño—.  70
La vieja mira al campo, cual si oyera
pasos sobre la nieve. Nadie pasa.
Desierta la vecina carretera,
desierto el campo en torno de la casa.
La niña piensa que en los verdes prados       75
ha de correr con otras doncellitas
en los días azules y dorados,
cuando crecen las blancas margaritas.
V: Ahora el yo poético casi elabora una estrofa narrativa y descriptiva, es decir, novelesca. La nieve lo cubre todo; es invierno y hace mucho frío. Dentro del mesón, un matrimonio mayor y una niña, la nieta, parece ser, lo habitan. El viejo se acurruca en torno a la lumbre del hogar; la mujer mira al campo, con la puerta abierta; la niña cose un vestido humilde, soñando con la primavera. Tenían un hijo (padre de la niña, podemos deducir), que era arriero. Desapareció por los caminos, en una tormenta de invierno. Dolor, tristeza y desolación son los sentimientos que circulan por la estrofa. 
VI
¡Soria fría, Soria pura,
cabeza de Extremadura,                             80
con su castillo guerrero
arruinado, sobre el Duero;
con sus murallas roídas
y sus casas denegridas!
¡Muerta ciudad de señores                           85
soldados o cazadores;
de portales con escudos
de cien linajes hidalgos,
y de famélicos galgos,
de galgos flacos y agudos,                            90
que pululan
por las sórdidas callejas,
y a la medianoche ululan,
cuando graznan las cornejas!
¡Soria fría! La campana                                95
de la Audiencia da la una.
Soria, ciudad castellana
¡tan bella! bajo la luna.
VI: el yo poético se concentra en la ciudad de Soria. Es tan triste, humilde y destartalada como los campos de su provincia. El frío y la pureza son las notas dominantes. La arquitectura es decadente y amenaza ruina. Fue una ciudad de guerreros, hoy solo de antiguos hidalgos pobres. Los galgos, perro de caza, recorren las calles solitarias, sucias y feas; aúllan por las noches, acompañando el graznar de las cornejas. Es la una de la madrugada, según señala el reloj de la Audiencia. El yo poético transmite la belleza de esa ciudad, a esa hora, bajo la luna.
VII
¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas                100
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, obscuros encinares,
ariscos pedregales, calvas sierras,
caminos blancos y álamos del río,           105
tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy siento por vosotros, en el fondo
del corazón, tristeza,
tristeza que es amor! ¡Campos de Soria
donde parece que las rocas sueñan,       110
conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!
VII: El yo poético describe los alrededores naturales de la ciudad; entr esa adustez, severidad y pobreza destaca, sin embargo, la presencia del río Duero, que casi circunvala la ciudad. Califica a la ciudad de “mística y guerrera”; es un modo de resaltar su espiritualidad natural y el haber sido cuna de muchos guerreros en épocas medievales. De pronto, el yo poético irrumpe, como si hubiera estado conteniendo su emoción; los verbos pasan a primera persona. Confiesa que siente un amor triste por la ciudad y su entorno; la lleva dentro de su corazón porque son parte inseparable de su vida, exterior e interior. Repite la exclamación con que se abría la estrofa, destacando tres accidentes geográficos propios del entorno soriano: colinas, alcores y roquedas.
VIII
He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,    115
tras las murallas viejas
de Soria —barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra—.
Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas                 120
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis            125
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,                           130
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!
VIII: esta estrofa se centra en la descripción intimista de los álamos, o chopos, de la orilla del río Duero. El yo poético se ha fijado de nuevo en ellos y alaba su belleza natural (esbeltez, color, porte), los sonidos que emiten sus hojas cuando hay viento. La parte final de la estrofa está formada por una larga exclamación retórica donde repite tres veces la palabra “álamo” en anáfora. Vuelve a expresar su íntimo amor por ellos, repitiendo la expresión personal, tan honda: “conmigo vais, mi corazón os lleva”.
 IX
¡Oh!, sí, conmigo vais, campos de Soria,
tardes tranquilas, montes de violeta,
alamedas del río, verde sueño                            135
del suelo gris y de la parda tierra,
agria melancolía
de la ciudad decrépita,
me habéis llegado al alma,
¿o acaso estabais en el fondo de ella?                 140
¡Gentes del alto llano numantino
que a Dios guardáis como cristianas viejas,
que el sol de España os llene
de alegría, de luz y de riqueza!
IX: la última estrofa es la má emotiva e intensa. Recoge todos los elementos naturales previamente descritos y admite que los ama intensamente, acaso desde antes de conocer la tierra soriana. Cierra la estrofa y el poema con un epifonema maravilloso, generoso y emotivo. Es un deseo esperanzado, valga la redundancia, para los sorianos. Quiere para ellos que “el de España” sea propicio con ellos y les aporte felicidad, progreso y luminosidad inteligente.
Este poema es de una belleza sobrecogedora. El lector se ve envuelto en una atmósfera de intensa emotividad de modo tal que se ve empujado a compartir los sentimientos de Machado (escondido tras el yo poético) por Soria y su tierra. El poema tiene un intenso movimiento, interior, magmático, como escondido a los lectores superficiales, que va de la descripción más o menos objetiva a la identificación con la tierra soriana y a la solidaridad humanitaria con sus apaleados habitantes. Existe una comunión espiritual del yo poético con la tierra soriana; es un tanto paradójica este amor por la tierra; cuanto más pobre e inhóspita es su realidad, más afecto le muestra el yo poético. ¿Por qué?, nos preguntamos. Una respuesta es por la autenticidad, pureza y verdad, que desemboca en belleza, que dimana de la contemplación de la tierra soriana.
El conjunto del poema es muy sobrio en la expresión verbal. La adjetivación es comedida, ajustada a la realidad soriana. Los distintos procedimientos expresivos (personificaciones, metáforas  y algunos recursos de repetición, sobre todo) se emplean con mesura. En sí mismo, es una metáfora general de la humildad de la tierra. Ayuda mucho al tono de emoción contenida, pero intensa; cuanto menos expansión verbal, podríamos afirmar, más intensidad emocional e intimista.
Cada una de las nueve estrofas (con distinto número de versos entre sí) forma una silva romanceada, excepto la VI, que forma casi un romance (los versos quebrados de cuatro sílabas rompen con la estrofa tradicional). El conjunto asciende a 144 versos maravillosamente rimados, con un ritmo suave y fluido que contribuye poderosamente a la significación total del poema. Belleza, pureza y verdad impactan en el corazón del yo poético; se rinde a este pasaje (natural, urbano y humano) y se enamora de él intensamente. Aunque ya no esté en él, o a punto de despedirse, como el tono general deja entrever, nunca lo podrá borrar de su mente y su corazón porque, simplemente, ya son parte ínsita de él mismo.
 Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimiento  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Qué órgano sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el amor por la tierra soriana?
6) ¿Qué accidentes geográficos concretos se mencionan? ¿Qué sentido aportan? 
7) ¿Aparecen muchas personas en el poema? ¿Por qué será así?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de un lugar especial y querido.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios en el momento de la visita. Haz que intervenga la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

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