Antonio Machado: «Las encinas» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – Las encinas
 
CIII
 
LAS ENCINAS
 
A los Sres. de Masriera, en recuerdo de una expedición a El Pardo
 
(1) ¡Encinares castellanos           1 
en laderas y altozanos,
serrijones y colinas
llenos de obscura maleza
encinas, pardas encinas;        5
humildad y fortaleza!
 
(2) Mientras que llenándoos va
el hacha de calvijares,
¿nadie cantaros sabrá,
encinares?                              10
 
(3) El roble es la guerra, el roble
dice el valor y el coraje,
rabia inmoble
en su torcido ramaje;
y es más rudo                         15
que la encina, más nervudo,
más altivo y más señor.
 
(4) El alto roble parece
que recalca y enmudece
su robustez como atleta           20
que, erguido, afinca en el suelo.
 
(5) El pino es el mar y el cielo
y la montaña: el planeta.
La palmera es el desierto,
el sol y la lejanía:                      25
la sed; una fuente fría
soñada en el campo yerto.
 
(6) Las hayas son la leyenda.
Alguien, en las viejas hayas,
leía una historia horrenda         30
de crímenes y batallas.
 
(7) ¿Quién ha visto sin temblar
un hayedo en un pinar?
Los chopos son la ribera,
liras de la primavera,                35
Cerca del agua que fluye,
pasa y huye,
viva o lenta,
que se emboca turbulenta
o en remanso se dilata.           40
En su eterno escalofrío
copian del agua del río
las vivas ondas de plata.
 
(8) De los parques las olmedas
son las buenas arboledas       45
que nos han visto jugar,
cuando eran nuestros cabellos
rubios y, con nieve en ellos,
nos han de ver meditar.             
 
(9) Tiene el manzano el olor          50
de su poma,
el eucalipto el aroma
de sus hojas, de su flor
el naranjo la fragancia;
y es del huerto                          55
la elegancia
el ciprés obscuro y yerto.
 
(10) ¿Qué tienes tú, negra encina
campesina,
con tus ramas sin color             60
en el campo sin verdor;
con tu tronco ceniciento
sin esbeltez ni altiveza,
con tu vigor sin tormento,
y tu humildad que es firmeza?  65
 
(11) En tu copa ancha y redonda
nada brilla,
ni tu verdiobscura fronda
ni tu flor verdiamarilla.
 
 (12) Nada es lindo ni arrogante         70
en tu porte, ni guerrero,
nada fiero
que aderece su talante.
Brotas derecha o torcida             75       
con esa humildad que cede
sólo a la ley de la vida,
que es vivir como se puede.
 
(13) El campo mismo se hizo
árbol en ti, parda encina.             80
Ya bajo el sol que calcina,
ya contra el hielo invernizo,
el bochorno y la borrasca,
el agosto y el enero,
los copos de la nevasca,             85
los hilos del aguacero,
siempre firme, siempre igual,
impasible, casta y buena,
¡oh tú, robusta y serena,
eterna encina rural                   90
de los negros encinares
de la raya aragonesa
y las crestas militares
de la tierra pamplonesa;
encinas de Extremadura,         95
de Castilla, que hizo a España,
encinas de la llanura,
del cerro y de la montaña;
encinas del alto llano
que el joven Duero rodea,        100
y del Tajo que serpea
por el suelo toledano;
encinas de junto al mar
—en Santander—, encinar
que pones tu nota arisca,          105
como un castellano ceño,
en Córdoba la morisca,
y tú, encinar madrileño,
bajo Guadarrama frío,
tan hermoso, tan sombrío,         110
con tu adustez castellana
Corrigiendo,
la vanidad y el atuendo
y la hetiquez cortesana!…
Ya sé, encinas                             115
campesinas
que os pintaron, con lebreles
elegantes y corceles,
los más egregios pinceles,
y os cantaron los poetas              120
augustales,
que os asordan escopetas
de cazadores reales;
mas sois el campo y el lar
y la sombra tutelar                      125
de los buenos aldeanos
que visten parda estameña,
y que cortan vuestra leña
con sus manos.
 
1. ANÁLISIS
1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. El poema que ahora analizamos es un elogio, loa u oda a uno de los árboles más comunes de Castilla y de España: la encina. El yo poética la observa, la admira y nos transmite su admiración profunda, interiorizada en su persona.
La primera estrofa constituye toda ella una oración exclamativa; está nominalizada, pues no existe ningún verbo en ella; de este modo, se adensa la significación en una síntesis del pensamiento del yo poético sobre este árbol. Destaca un rasgo cromático: el color “pardo” de las encinas. Y, al lado, lo oscuro de la maleza. No es un rasgo negativo, sino que es imagen de su “humildad y fortaleza”. La palabra “encina” se repite tres veces en la estrofa; esta preponderancia semántica también es reflejo de la relevancia en el significado global del poema.
En la segunda estrofa el yo poético alaba la belleza esencial de la encina. Dialoga con ella y lamenta su desaparición del campo, donde solo quedan “calvijares”. Las considera dignas de ser admiradas y cantadas; es un modo indirecto de justificar su poema.
En la tercera estrofa comienza una enumeración de los árboles comunes en las tierras españolas. Comienza con el roble, árbol señorial y de fuerte presencia. Admite que es un árbol más “rudo”, “nervudo”, “altivo” y “señor” que la encina. En la cuarta estrofa continúa su descripción positiva del roble; es alto y robusto, lo que le hace parecer a un atleta.
La quinta estrofa se dedica al pino y a la palmera; son árboles benéficos y agradables para contemplar en ambientes áridos. Consigna varias metáforas y metonimias laudatorias sobre estos dos árboles. 
La sexta estrofa se centra en el haya, árbol legendario, portador o partícipe en historias mágicas o legendarias, muchas de ellas sangrientas.
La séptima estrofa es un canto al chopo, árbol de “ribera”, alegre y vivaz. Se identifica con el agua, pues parece que corre y se mueve como las ondas del agua.
La novena estrofa se consagra al olmo, habitante de plazas y calles de ciudades. Al yo poético le recuerda su infancia, lo que le provoca cierta nostalgia.
La novena estrofa enumera positivamente al manzano, el eucalipto, el naranjo y el ciprés. Destaca alguna característica positiva de cada uno de ellos.
La décima estrofa es un diálogo frustrado del yo poético con la encina. Reconoce que lo atrae, aunque no comprende por qué. Ni su color oscuro y apagado es atractivo, ni su perfil es esbelto, ni su humildad. En el último verso de la estrofa, revela la clave: “tu humildad que es firmeza” (v. 65). El yo poético alaba su resistencia frente a las adversidades.
Comienza en la estrofa undécima una descripción por vía negativa; las oraciones niegan una cualidad, para asombro del poeta, pues sigue admirando a este árbol. Se reconoce que ni sus hojas, ni su flor brillan con fuerza.
Y lo mismo ocurre en la duodécima. Reconoce el yo poético que la encina carece de hermosura, o de arrogancia, pues todo en ella es heterogéneo y como improvisado. ¿Por qué? Porque la ley que cumple la encina es la de “vivir como se puede” (v. 78); sin complicaciones, ni dramas, este árbol se atiene a la más estricta esencialidad.
La última y décimo tercera estrofa es la más extensa. Posee un carácter recapitulativo. El yo poético ensalza los valores de la encina. La califica de “firme”, “igual”, “casta” y “buena”. Repite el adverbio “siempre”, insistiendo en la permanencia  impertérrita de este admriable árbol. No finalizan ahí los adjetivos laudatorios. Califica al árbol de “robusta” y “serena”. La invoca emocionadamente y señala su presencia por todo el territorio español: Aragón, Navarra, Extremadura y Castilla. Prospera al lado del río Duero y del Tajo también.
También vive cerca del mar, como en Santander, en Andalucía y, finalmente, en Madrid. Aquí se cierra (v. 114) la exclamación que se había abierto en verso 89. Lo importante es la esencialidad frugal de la encina, su honradez rural y su sencillez radical. El yo poético dialoga con ellas en un tono afectivo y de complicidad. Conoce su pasado “cultural”, pues aparecen en pinturas y poemas de tono elevado, señorial, pues así las han tratado “egregios pinceles” y “poetas augustales”. Sin embargo, reafirma que las encinas son parte esencial de la vida campesina, pues aportan calor, ardiendo en el fuego, y facilitan sus vidas. En realidad, funcionan como una deidad tutelar de los hogares labriegos.
  1. Tema
El poema aborda un único tema: loa, alabanza o encomio de la encina como árbol benéfico en las tierras de España.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta cuatro apartados temáticos, de sentido ascendente. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (dos primeras estrofas, vv. 1-10): se introduce el asunto, se presenta a las encinas y la intención del yo poético de proceder con su poema de alabanza de este árbol.
-Segundo apartado (estrofas 3-9, vv. 11-57): descripción lírica de un conjunto de árboles, en comparación, más o menos explícita, con la encina.
-Tercer apartado (estrofas 10-13, vv. 58-129): el yo poético describe poéticamente la encina; se fija emocionadamente en los detalles más nimios, pero significativos, y la considera árbol tutelar de los hogares campesinos. Encomia la resistencia y humildad de la encina y, en cierto modo, agradece su presencia en los campos españoles.
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por ciento veintinueve versos octosílabos y, a veces, tetrasílabos. Se agrupan en trece estrofas, con un número variable de versos, siguiendo un criterio temático. La rima suele ser consonante; Machado utiliza distintas formas estróficas, que van alternando sin orden preestablecido. Así, encontramos cuartetas, pareados, tercetas y, de vez en cuando, algún verso libre.  El conjunto es muy musical, sobrio y cadencioso. Como el poema se sintetiza en un canto a la encina, se aprecia una analogía de fondo entre la expresión (referido a la métrica y la rima) y el contenido. Machado, aquí, ha logrado un equilibrio perfecto entre ambos polos.
  1. Comentario estilístico
El poema es un ejemplo perfecto de la sobria y contenida poesía machadiana. El yo poético elogia a la encina con emoción refrenada y alegría admirativa. La adjetivación, no tan abundante, incide en los aspectos cromáticos; su uso crea sinestesias con relativa frecuencia; son muy expresivas en cuanto a la expresión de las dos cualidades del árbol alabado: humildad, resistencia y sencillez. Los colores grises, opacos, apagados y negruzcos son los más abundantes. El eje estilístico central del poema es el del símil implícito entre la encina y una serie de árboles propios de los campos españoles. Todos ellos son bonitos y poseen alguna característica singular, pero la encina es superior a todos ellos.
Los paralelismos y otros recursos de repetición (anáforas, epanadiplosis, anadiplosis, aliteraciones, etc.) son frecuentes. En sí mismos, son una metáfora de la abundancia de la encina en los campos castellanos. Crean un efecto de esparcimiento anárquico, pero delicado, del árbol en cuestión. 
  1. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. Interpretación y valoración
El poema está dedicado al matrimonio Masriera. Víctor Masriera (1875-1938) fue artista y profesor de dibujo en varias instituciones educativas. Masriera se desplazó en 1896  a París para estudiar en la Escuela Nacional de Artes Decorativas. Ese mismo año obtiene su primer premio en Francia. Los años siguientes vive entre París y su Barcelona natal. En 1899 se matricula en la Escuela Oficial de Bellas Artes y Oficios de Barcelona. Al año siguiente expone en la Exposición Universal de París varias obras, resultando premiado. En 1902 se casa con Ramona Vidiella. Vuelve a París durante un año para continuar formándose en dos academias francesas. Manual para la pedagogía del dibujo, publicado en 1917, es una de sus publicaciones más apreciadas.
El poema es un canto a la encina, uno de los árboles más frecuentes de los campos españoles. Destaca su humildad, su fortaleza, su discreta elegancia y su generosidad para con el campesino, pues le aporta leña, frutos y madera para poder subsistir. El poeta realiza un esfuerzo de contención expresiva, pues se detecta su trabajo por mantener dentro de una línea de sencillez y cierta sobriedad la admiración que le provoca la encina. 
Llama la atención el profundo conocimiento de la geografía española por parte de Machado. La enumeración poética que realiza de nueve árboles distintos (aparte la encina, claro está) demuestra las dotes de observación atenta y sensitiva del poeta. El poema logra, y de qué modo, llamar la atención del lector sobre este humilde y bello árbol. De algún modo, reconcilia al lector con la naturaleza castellana y lo predispone a una percepción benevolente y cariñosa hacia unos paisajes muchas veces hostiles. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimientos nuclean el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿en qué árbol se fija? ¿Por qué? 
3) ¿Qué órgano sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Qué otros árboles se citan en el poema? ¿Con qué sentido?
5) El campesino, ¿aparece en el poema? ¿Por qué será así? 
6) ¿Qué significación se encierra en “¡oh tú, robusta y serena, / eterna encina rural  / de los negros encinares” (vv. 89-91)? ¿Qué apreciación se deduce por parte del yo poético hacia la encina? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación admirativa hacia un ser vegetal.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de un ser vegetal, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

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