Antonio Machado: «El Dios ibero» (de «Campos de Castilla»); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – El Dios ibero
CI
EL DIOS IBERO
[1] Igual que el ballestero                                 1
tahúr de la cantiga,
tuviera una saeta el hombre ibero
para el Señor que apedreó la espiga
y malogró los frutos otoñales,                                5
y un «gloria a ti» para el Señor que grana
centenos y trigales
que el pan bendito le darán mañana.
[2] “Señor de la ruina,
adoro porque aguardo y porque temo:                  10
con mi oración se inclina
hacia la tierra un corazón blasfemo.
[3] ¡Señor, por quien arranco el pan con pena,
sé tu poder, conozco mi cadena!
¡Oh dueño de la nube del estío                             15
que la campiña arrasa,
del seco otoño, del helar tardío,
y del bochorno que la mies abrasa!
[4] ¡Señor del iris, sobre el campo verde
donde la oveja pace,                                              20
Señor del fruto que el gusano muerde
y de la choza que el turbión deshace,
[5] tu soplo el fuego del hogar aviva,
tu lumbre da sazón al rubio grano,
y cuaja el hueso de la verde oliva,                         25
la noche de San Juan, tu santa mano!
[6] ¡Oh dueño de fortuna y de pobreza,
ventura y malandanza,
que al rico das favores y pereza                     
y al pobre su fatiga y su esperanza!                      30
[7] ¡Señor, Señor: en la voltaria rueda
del año he visto mi simiente echada,
corriendo igual albur que la moneda
del jugador en el azar sembrada!
[8] ¡Señor, hoy paternal, ayer cruento,             35
con doble faz de amor y de venganza,
a ti, en un dado de tahúr al viento
va mi oración, blasfemia y alabanza!».
[9] Este que insulta a Dios en los altares,
no más atento al ceño del destino,                       40
también soñó caminos en los mares
y dijo: es Dios sobre la mar camino.
[10] ¿No es él quien puso a Dios sobre la guerra,
más allá de la suerte,
más allá de la tierra,                                              45
más allá de la mar y de la muerte?
[11] ¿No dio la encina ibera
para el fuego de Dios la buena rama,
que fue en la santa hoguera
de amor una con Dios en pura llama?                  50
[12] Mas hoy… ¡Qué importa un día!
Para los nuevos lares
estepas hay en la floresta umbría,
leña verde en los viejos encinares.
[13] Aún larga patria espera                              55
abrir el corvo arado sus besanas;
para el grano de Dios hay sementera
bajo cardos y abrojos y bardanas.
[14] ¡Qué importa un día! Está el ayer alerto
al mañana, mañana al infinito,                               60
hombre de España, ni el pasado ha muerto,
ni está el mañana —ni el ayer— escrito.
[15] ¿Quién ha visto la faz al Dios hispano?
Mi corazón aguarda
al hombre ibero de la recia mano,                          65
que tallará en el roble castellano
el Dios adusto de la tierra parda.
1. ANÁLISIS
  1. Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. En este poema se presenta un retrato espiritual el hombre ibero, del español corriente y moliente, en su versión campesina. En la primera estrofa se presenta al “hombre ibero”, el español típico, podemos decir. Se destaca de él su ligereza religiosa: reza agradecido a Dios (así lo escribe Machado) cuando todo le va bien y protesta airadamente contra esa deidad cuando le va mal. Sigue una especie de oración, casi un monólogo, o soliloquio, del hombre con Dios. Se extiende (estrofas 2-8) largamente en su agradecimiento al Señor y lo increpa con insultos cuando las cosas no salen como él esperaba. Se trata de una radiografía del alma del hombre español: mezquino, rencoroso, superficial y violento, contra Dios y contra todo lo vivo. Es una oración de “blasfemia y alabanza” al mismo tiempo; según los frutos, así será la oración. Este individuo no carece de ciertos valores (estrofas 9-11), como muestra la historia de sus antepasados. Ha luchado noblemente y laborado tenazmente para obtener frutos de la tierra, lo que es un valor positivo. De las estrofas 12-14 el yo poético reflexiona sobre el presente del “hombre ibero”: no todo está perdido. Con tenacidad y objetivos claros se puede alcanzar una vida plena y próspera, regidos por nobles y elevados deseos intelectuales; aquí, lo que cuenta es el presente, que puede dar lugar a un futuro mejor. La última estrofa (15) nos presenta gramaticalmente visible al yo poético. Como nada está escrito para siempre, está ilusionado con la idea de que el “hombre ibero” será capaz de crear un país mejor y, también, cultivando sus virtudes, moldear una idea más equilibrada de un Dios benigno.
  1. Tema
El poema aborda dos temas principales:
-La bajeza espiritual del hombre español, con unas creencias primarias y violentas sobre un Dios más bien cruel y rencoroso.
-La esperanza de un futuro mejor para España, elevando el nivel espiritual de sus habitantes y laborando por un futuro más libre, auténtico, próspero y equilibrado.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta cinco apartados temáticos, de sentido ascendente. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (primera estrofa, vv. 1-8): se presenta el “hombre ibero” como un individuo violento, primario e individualista; alaba a Dios si su vida va bien, y lo impreca e insulta si va mal.
-Segundo apartado (estrofas 2-8, vv. 9-38): en esta sección aparece una oración contradictoria (está entrecomillada), primaria y violenta del español dirigida a su Dios. El yo poético realiza un soliloquio del hombre de España, que resulta ser una oración. Alaba y ensalza a Dios si su vida material va bien; lo vitupera y rechaza si va mal. 
-Tercer apartado (estrofas 9-11, vv. 39-50): el yo poético reacciona ante tanto pesimismo y derrotismo, que él mismo ha pintado; también este hombre español ha sido capaz de hacer cosas valiosas en su pasado (“soñó caminos”); la tierra ha producido buenos frutos y se puede esperar de ambos objetivos nobles.
-Cuarto apartado (estrofas 12-14, vv. 51-62): el yo poético se fija en el momento presente. Anima al español a que reaccione, se levante de su postración y luche por enderezar el buen rumbo de las cosas. Con ilusión y tenacidad se puede enderezar el destino alcanzar objetivos nobles desde cualquier punto de vista.
-Quinto apartado (estrofa 15, vv. 63-67): el yo poético se introduce explícitamente en el poema (“Mi corazón aguarda”). Anima al español a que no pierda la fe en su futuro esplendoroso; entonces podrá moldear la figura de un Dios más benevolente y comprensivo con la vida humana. La idea de Dios depende de cómo nos la forjemos en nuestro interior; si somos nobles y buenos, así será nuestro Dios; si somos violentos y malvados, así resultará nuestra deidad. 
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por sesenta y siete versos endecasílabos y heptasílabos, agrupados en quince estrofas nada regulares, aunque predomina la de cuatro versos formando serventesios. En este sentido, el poema es una silva. Pero la rima consonante depara sorpresas muy agradables. Encontramos una sucesión de tres serventesios (ABAB) (vv. 1-12). Los versos 13-14 forman un pareado. Y desde ahí, se suceden  doce serventesios ; el verso 63 queda libre (aunque rima con el segundo y tercero de la siguiente estrofa); se cierra el poema con un cuarteto ( (vv. 64-67).
El conjunto es maravillosamente musical, armonioso y con perfecta correspondencia entre fondo y forma. El contenido es severo, reflexivo y, al mismo tiempo, esperanzado; pues esas mismas cualidades transmiten la sucesión de estrofas descritas previamente.
  1. Comentario estilístico
El poema se abre con una presentación nada complaciente del “hombre ibero”; él es el foco del texto, a pesar del título. Toda la estrofa es un expresivo símil sobre la actitud de este individuo, que podemos nombrarlo como el español común. Se destaca su extremosidad y su iracundia respecto a su percepción de Dios: igual lo quiere matar que lo ensalza desmedidamente, según se vean colmados sus deseos terrenales. El ballestero objeto de la comparación es, probablemente, una alusión al que aparece en el “Romance del Prisionero”. En esta primera estrofa, las hipérboles y metáforas aportan gran expresidvidad: “apedreó la espiga” (v. 4), “el pan bendito le darán mañana” (v. 8), etc. La antítesis u oxímoron de fondo que recorre la estrofa insiste en la falta de templanza del español en los aspectos religiosos; o desprecia Dios, o lo ensalza a las alturas.
En la segunda estrofa comienza la oración del “hombre ibero”. Se trata de una confesión de sus miedos más íntimos, pero también de sus esperanzas e ilusiones. Lo califica como “Señor de la ruina” (v. 9), es decir, malo, violento y vengativo. Confiesa que reza por una mezcla de esperanza y de temor ante el futuro, aunque se sabe “blasfemo” (v. 12). Podemos ver que abre su corazón hasta los rincones más tenebrosos.
La tercera estrofa presenta aspectos negativos de la vida del campesino. Ahora el labriego culpa a Dios de las malas cosechas. Las dos exclamaciones retóricas enfatizan la rabia interna del español. No son nuevas en el poema, pero los paralelismos introducen una expresividad llamativa. (“sé tu poder, conozco mi cadena”, v. 14). También la apóstrofe recuerda machaconamente que estamos ante un rezo, aunque bastante impío. El yo poético recoge tareas agrícolas del campesino, malogradas por la climatología adversa en distintas estaciones del año.
En la cuarta estrofa continúa la oración con sus tintes negativos, aunque la aparicion del arco iris, al principio, suaviza algo el contenido. Ahora aparece la fruta podrida y la humilde casa del campesino deshecha por una tormenta. Son metonimias, o directamente, ejemplos, de la cólera de un Dios violento y nada compasivo.
En la quinta estrofa aparece, por fin, los aspectos benevolentes de este Dios caprichoso e irascible. Ayuda a una vida más cómoda con el calor que proporciona a los hombres en sus hogares, en la noche de San Juan (obsérvese en enorme hipérbaton, que abarca la estrofa entera) en los campos, ayudando a la maduración de los frutos (“grano” y “oliva”), que serán el sustento de las personas. La oración exclamativa que se había abierto en la cuarta estrofa se cierra ahora. Su considerable extensión es una muestra de la tensión espiritual que arrastra el “hombre ibero”. Los colores son interesantes (“rubio grano”, “verde oliva”, “santa mano”) porque añaden un matiz de suavidad y bienestar.
La sexta estrofa es una exclamación retórica toda ella. Las bimembraciones son muy expresivas (“de fortuna y de pobreza”, por ejemplo, en el v. 26) y enfatizan el contraste en el comportamiento de esa deidad, en relación al “rico” y al “pobre”; aquel vive en “favores”; este, en “fatiga”. Este español protesta por las exageradas diferencias antitéticas entre los dos polos sociales. 
La séptima estrofa repite, al comienzo, la invocación, “Señor”, enfatizando su sentido apostrófico. Sin embargo, el campesino vuelve por sus fueron de protesta y agravio. Se siente maltratado, como un mero tahúr tabernario jugando sus monedas, solo que él, con la cosecha, se juega su manutención. Acusa a Dios, por tanto, de caprichoso e injusto. La metáfora continuada (casi alegoría) del jugador y sus monedas fijan el sentido con precisión.
La octava estrofa, la última de la oración, o confesión, o monólogo interior, del campesino da la clave del comportamiento de este: hace lo mismo que Dios. Es, al mismo tiempo, bueno y malo, justo e injusto, amoroso y vengativo. Tiene “doble faz de amor y de venganza” (v. 36), como el propio Dios. Juegan, digamos, con las mismas cartas, por eso se entienden tan bien. El resentimiento del campesino no le impide ver que, después de todo, imita a su deidad; casi es una sutil venganza por no sentirse escuchado por Dios. De nuevo las antítesis aportan viveza expresiva, como “hoy paternal, ayer cruento” (v. 35).
El yo poético toma la palabra en la estrofa 9, para recortar la descripción del “hombre ibero”. Pero cambia totalmente de registro respecto de la primera estrofa. Nos informa que este sujeto también tuvo sueños nobles, lo que expresa con la metáfora “también soñó caminos en los mares” (v. 41). El mar, como metáfora de la apertura a una vida más expansiva, ocupa una buena parte del sentido de la estrofa y más allá. El español también ha sabido forjarse un “camino”, metáfora de recorrido existencial, más pleno y benevolente.
La décima estrofa resulta una interrogación retórica muy bella y profunda. Ensalza del español su capacidad para realizar gestas imposibles, colocando a Dios como estandarte; así, llegó a grandes metas. Existe un corolario implícito: si lo hizo una vez, puede volver a repetirlo. La estructura paralelística de los versos 44-46 es de extraordinaria belleza y expresividad. El yo poético no ha perdido del todo la esperanza, pues los resultados pasados fueron muy señeros.
La undécima estrofa avanza en la misma dirección que la anterior. La interrogación retórica afirma enfáticamente que en España, lugar de la “encina ibera”, se alcanzaron grandes logros espirituales. Parece que alude a la literatura religiosa (ascética y mística) de los Siglos de Oro. Existe esperanza, pues, de un nuevo renacer.
La duodécima estrofa introduce un quiebro importante en la perspectiva analítica. Ya no se habla del pasado. El yo poético se instala en el “hoy”; desea olvidarse del pasado y pensar en el futuro. Se fundarán nuevos hogares en una situación más benigna. Ahora se describe un paisaje ameno, como delatan los sustantivos (“estepas”, “floresta”, leña” y “encinares”). Los adjetivos también son benignos y de connotación positiva y esperanzada, digamos.
La décimo tercera continúa con el dibujo de una España más próspera y fértil. Debajo de la áspera superficie, a lo que se alude metonímicamente a través de plantas feas e improductivas (“cardos y abrojos y bardanas”). Establece un futuro de esperanza para el español: la tierra se volverá a cultivar y sembrar el “grano de Dios”, que daran una buena sementera. El yo poético presiente un futuro algo mejor.
Se confirma esta sensación de optimismo con la repetición de la expresión “¡Qué importa un día!”, con que se abre la décimo cuarta estrofa. Ahora el yo poético apostrofa al “hombre de España” (v. 61) y le pide que el “mañana”, pues tras él viene “el infinito” (v. 60). La metáfora del futuro como la página de un libro no escrita explica muy bien las expectativas del futuro. La concatenación de esta estrofa (ayer, mañana, infinito) es muy hermosa e impulsa la significación optimista y vigorosa. Ahora comprendemos que el “hombre ibero” es el “hombre de España”, a quien invoca el poeta para que reaccione y luche por una vida mas armoniosa y feliz, pues ni el pasado (“el ayer”, v. 62) nos debe atar, ni el futuro está preestablecido.
 La décimo quinta y última estrofa posee un claro carácter sintético. Se abre con una interrogación retorica en la que afirma que, después de todo, no conocemos el verdadero rostro del “Dios hispano” (v. 63). Acaso no sea tan cruel como lo imaginamos. El yo poético se involucra totalmente en la significación del poema al introducirse como un personaje más del contenido. “Mi corazón aguarda” (v. 64) es la expresión que nos advierte de cómo el poema no es un texto aséptico y ajeno al yo poético. Por el contario, le afecta muy directamente. Él, como español, también desea un futuro mejor. Los tres versos finales desarrollan una metáfora bellísima y vigorosa. Dios será como los habitantes quieran que sea. Lo tallarán conforme a sus fuerzas y su talento. Y lo harán con el vigor y la entereza moral que los españoles han mostrado en el pasado. El “Dios adusto” será más bondadoso y equitativo con el “hombre ibero” de lo que lo ha sido en el pasado. La “tierra parda”, metáfora de España, albergará un pueblo algo más feliz y fecundo de lo que se ha visto hasta entonces.
Se cierra el poema con un deseo muy hondo del yo poético sobre el futuro de España y sus habitantes. Desea una vida más desahogada y más elevada para esos hombres que ahora llevan una existencia arrastrada. El pasado fue glorioso; hay que retomar parte de él para tomar impulso para el futuro más luminoso. La tarea no es fácil, sin duda; sin embargo, es factible para “el hombre ibero de la recia mano” (v. 65). El poema, en conjunto, es hermoso, hondo y estremecedor. Solo Machado podía alcanzar esta sublime belleza literaria.
  1. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
  1. Interpretación y valoración
Este denso y profundo poema interpela al lector incisivamente. Machado plantea una reflexión muy profunda sobre los ritos y creencias religiosas del “hombre ibero”, más o menos sinónimo del español, o el castellano, en su versión de campesino. El planteamiento inicial es duro y áspero. Estamos ante un individuo extremoso, rencoroso, envidioso y, algunas veces, agradecido. Su vida es dura, pobre y áspera, lo que justifica, al menos en parte, su modo de orar a un Dios que no es más que la quintaesencia del mismo individuo: justiciero, vengativo y cruel, además de despiadado. El labriego ha creado a ese Dios, ¿o acaso es lo contrario?
Este campesino rudo y primario reza –a veces, imprecando; a veces, maldiciendo– según le ha ido en sus asuntos materiales. Como vemos, el egoísmo y la pobreza lo inundan todo. Sin embargo, Machado echa la vista atrás y encuentra un pasado glorioso en el corazón de Castilla. Fue capaz de montar un imperio y también de crear grandes logros espirituales, como la poesía mística del Renacimiento y el Barroco. Algo debería permanecer de ese hombro que fue animoso y enérgico.
Echa la vista al presente y, en efecto, aunque la situación es lastimosa, piensa que todavía hay tiempo para reaccionar y enderezar el rumbo (entendemos que material y espiritual) de un país a la deriva. En la expresión ¡”Qué importa un día!” se encierra el espíritu luchador y el ánimo decidido del yo poético, trasunto de Machado, a crear un país más culto, equilibrado, próspero y feliz. El poeta está mucho más involucrado de lo que aparenta en la acción poética. La expresión “mi corazón aguarda” no transmite el compromiso de Machado con el presente y el futuro de España. Espera un renacer de su patria, tanto en los aspectos materiales, como en los culturales y espirituales; un futuro más próspero y feliz que le permita “tallar” un Dios más bondadoso y tranquilo, como será el español del porvenir.
El poema es tremendamente conmovedor y bello. Lo que parece una crítica airada a los ritos religiosos del español común se convierte en una honda reflexión y un deseo para el futuro para el conjunto de la patria: cierta prosperidad, generosidad, grandeza de miras y una reacción enérgica para enfrentar los problemas, inevitables, y solventarlos con rectitud moral y espíritu elevado. Y, al fondo, como siempre en Machado poesía como “palabra en el tiempo”, esencialidad de los sentimientos más auténticos perdurando más allá de nuestras vidas.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Quién protagoniza el poema, teniendo en cuenta que uno ora y otro es alabado? 
2) El poeta, ¿qué valoración muestra del “hombre ibero”? ¿Este último, a quién representa? 
3) ¿Qué tono posee el poema, pesimista, optimista o neutral? ¿Es la tierra ibérica benevolente con sus pobladores? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la mirada al pasado y luego al presente? ¿?
5)¿Qué comunica la expresión “¡Qué importa un día!”? ¿Por qué será así? 
6) ¿Qué significación se encierra en “mi corazón aguarda” (v. 64)? ¿Qué podemos deducir del estado de ánimo de la poeta? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese el análisis de algunas creencias religiosas y su efecto sobre las personas.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de actitudes espirituales, ritos o costumbres actuales que manifiesten el modo de ser de las personas. Puedes sugerir una solución, si la situación es negativa, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.

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