Antonio Machado: «Proverbios y cantares»; análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO: “PROVERBIOS Y CANTARES”

I. TEXTOS Y ANÁLISIS

Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más altos y profundos poetas en lengua española. Aborda en su poesía, casi siempre teñida de gravedad y melancolía, temas trascendentes como el hombre y su destino, el mundo de los sueños y la dicotomía entre las ilusiones y las frustraciones, tanto de orden individual como colectivo. En cuanto a la forma, Machado mantiene una preferencia por la sencillez elaborada, la musicalidad de la poesía popular y folclórica, la transparencia significativa y la eficacia comunicativa.

 Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  

Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española; ciertamente, alcanza la categoría de sublime. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 

Ahora comentamos los “Proverbios y cantares”. Entendemos por proverbio “Sentencia, adagio o refrán”. El cantar se define como “Copla o breve composición poética musicalizada o adaptable a alguno de los aires populares, como el fandango, la jota, etc.”. Forman una sección propia del magnífico poemario, Campos de Castilla (1912; se incorporaron nuevos poemas hasta 1917; se considera versión definitiva la publicada en Poesía completa, 1936). Estamos en la fase de madurez machadiana; es una poesía profunda y reflexiva. La combinación de la experiencia personal con el alcance colectivo es perfecta. Desde una perspectiva individual, se plantean asuntos de resonancia social indudable. Es uno de los grandes valores de la poesía machadiana.

El conjunto de “Proverbios y cantares” está formado por cincuenta y tres poemas de extensión moderada. Expresan un pensamiento agudo formulado de forma sorprendente e ingeniosa. Realizamos una exégesis de cada uno de los poemas, contribuyendo así a su conocimiento, comprensión y disfrute. Son piezas de altísimo valor poético, de ahí nuestro interés en su abordaje filológico. Analizaremos, separadamente, de cada poema: tema o asunto nuclear;  aspectos métricos, de rima y estróficos; y, finalmente, rasgos compositivos y estilísticos en relación a su interpretación. 

I

Nunca perseguí la gloria

ni dejar en la memoria

de los hombres mi canción;

yo amo los mundos sutiles,

ingrávidos y gentiles

como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse

de sol y grana, volar

bajo el cielo azul, temblar

súbitamente y quebrarse.

Exégesis

Tema: preferencia del yo lírico por la vida sencilla y natural, consciente de lo efímero de la vida humana.

Aspectos métricos: esta composición está compuesta por diez versos octosílabos. Los dos primeros forman un pareado. Los cuatro siguientes son una redondilla; otra redondilla está formada por los cuatro versos finales. Es como una variante de la décima, trasladando el pareado del medio al principio del poema. 

Rasgos estilísticos: estamos ante un poema subjetivo y reflexivo, teñido de una fina ironía melancólica. La presencia del sujeto lírico se percibe muy bien en los verbos conjugados en primera persona y en la presencia del pronombre “yo” al principio del verso 4. Consciente de la brevedad de la vida y la fatuidad que la acompaña, el yo lírico enuncia que no le interesa la gloria, ni el recuerdo. Todo va a estallar “como pompas de jabón”, así que es mejor que disfrutemos de ellas, pues son hermosas. Tales son los “mundos sutiles / ingrávidos y gentiles”, es decir, de naturaleza más bien imaginaria y quebradiza. Bien mirado, el poema es toda una declaración de intenciones del yo lírico sobre su programa vital: arrimo hacia la vida sencilla y natural, pues todo acabará pronto y en nada. También se percibe una suave invitación al lector para que siga sus pasos. El tono sombrío y pesimista marca el contenido.

II

¿Para qué llamar caminos

a los surcos del azar?…

Todo el que camina anda,

como Jesús, sobre el mar.

Exégesis

Tema: El discurso de la vida es inestable e impredecible, lo que conviene saber desde muy pronto.

Aspectos métricos: Estamos ante cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares; forman un romance, o también una cuarteta.

Rasgos estilísticos: La presente composición es bellísima; se abre con una interrogación retórica, seguida de una suspensión y cerrada con un símil en el que compara al hombre con Jesús. Lograr “andar” (transitar por la vida) por la vida en difícil equilibrio, sin caerse, es milagroso, pues los “surcos del azar”. Estamos ante una reflexión existencial y grave sobre las dificultades vitales que nos pueden hacer naufragar.

III

A quien nos justifica nuestra desconfianza

llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.

Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía

que dio a cascar el diente de la sabiduría.

Exégesis

Tema: La verdad puede ser dura de aceptar y echamos la culpa a quien nos la comunica.

Aspectos métricos: El poema consta de cuatro versos alejandrinos. Desde el punto de vista de la rima, forman dos pareados.

Rasgos estilísticos: Este poema está muy reconcentrado; posee un alcance generalista, visible en el pronombre “quien”. No debemos echar la culpa a los demás, porque es un recurso fácil que no soluciona los problemas. El yo lírico increpa al “necio” por su actitud rencorosa, sobre todo cuando se descubre que su “nuez” (metáfora de cabeza, o inteligencia) está “vacía”, como la “sabiduría” pone al descubierto. Los encabalgamientos e hipérbatos sucesivos crean una sensación de lectura de gravedad y moralidad. El primer pareado resulta más expositivo, frente al tono conclusivo del segundo, donde se concentran las dos metáforas.

IV

Nuestras horas son minutos

cuando esperamos saber,

y siglos cuando sabemos

lo que se puede aprender.

Exégesis

Tema: la ilusión de conocer algo nuevo nos hace impacientes y el tiempo no cunde; sin embargo, al comprender la lentitud de los procesos cognitivos, el tiempo discurre lentamente.

Aspectos métricos: el poema está formado por cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares, quedando lo impares libres; el poema forma un romance; también se puede considerar cuarteta.

Rasgos estilísticos: este proverbio manifiesta una paradoja; consiste en la distinta percepción del paso del tiempo, que puede ser rápido o lento, según las expectativas de lo que pensamos hacer. Cuando el horizonte es positivo  e ilusionante, el tiempo empleado parece que no dura gran cosa. Por el contrario, cuando comprendemos la profundidad de nuestra ignorancia y el tiempo que necesitaríamos para salir de ella, hemos de admitir que necesitaríamos “siglos”. 

El poema juega con tres unidades temporales, “hora”, “minuto” y “siglo”, y una actividad humana, “saber”. Existe una doble línea subterránea que las une: la ilusión y la comprensión. La derivación formada con “saber / sabemos” aporta intensidad significativa. Llama la atención la reconcentración semántica en torno a muy pocas palabras.

V

Ni vale nada el fruto

cogido sin sazón…

Ni aunque te elogie un bruto

ha de tener razón.

Exégesis

Tema: La precipitación no asegura el éxito, del mismo modo que la adulación estúpida es inservible para el adulado.

Aspectos métricos: los cuatro versos son heptasílabos; desde el punto de vista de la rima, forman una cuarteta.

Rasgos estilísticos: El poema advierte sobre la importancia de la paciencia, a través de una metáfora: no por tomar los frutos del árbol antes de madurar se pueden comer. Los dos últimos versos apostrofan al lector implícito, al que previene sobre la adulación procedente de personas imbéciles. En conjunto, el poema es una invitación a la paciencia y la humildad como valores estimables en la conducta humana.

VI

De lo que llaman los hombres

virtud, justicia y bondad,

una mitad es envidia,

y la otra no es caridad.

Exégesis

Tema: Las buenas palabras suelen esconder intenciones aviesas y egoístas.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante en los pares, quedando los impares libres. Forman un romance; también se puede considerar cuarteta.

Rasgos estilísticos: Este intenso poema es amargo y trata de desvelar la hipocresía que envuelve el trato social. Primero elige tres cualidades positivas, pero inmediatamente las degrada a “envidia” y a egoísmo o vanidad, como declara la lítote “no es caridad”. La mirada pesimista sobre el fondo del alma es amarga y desoladora. El hombre manipula el lenguaje para llamar con vocablos positivos lo que no es más que envidia y vanidad. La trimembración del segundo verso “virtud, justicia y bondad”, aportan una falsa solidez y optimismo que se deshace inmediatamente en los dos versos siguientes y finales.

VII

Yo he visto garras fieras en las pulidas manos;

conozco grajos mélicos y líricos marranos…

El más truhán se lleva la mano al corazón,

y el bruto más espeso se carga de razón.

Exégesis

Tema: Las apariencias engañan mucho; tras la inocente superficie, se esconden intenciones brutales e inmorales.

Aspectos métricos: forman el poema cuatro versos alejandrinos que riman en forma de pareados.

Rasgos estilísticos: El yo lírico se involucra explícitamente en el contenido. La primera palabra del poema, “yo”, así lo declara. El poema se sostiene en cinco paradojas expresivas y potentes. Todas descansan en la imagen de algo que parece bueno y correcto realiza acciones malvadas e inmorales. En los dos primeros versos aparecen tres metáforas expresivas y plásticas. La primera paradoja contiene la metáfora, “garras fieras”, es decir, un depredador escondido tras “pulidas manos”. Resulta llamativa la aliteración con quiasmo creada en “grajos mélicos y líricos marranos”. La suspensión invita al lector a ahondar en estas paradojas. Sentimientos y razones son pervertidos por los inmorales para obtener beneficio propio, como rezan los dos últimos versos. Es uno de los proverbios más intensos y amargos del conjunto.

VIII

En preguntar lo que sabes

el tiempo no has de perder…

Y a preguntas sin respuesta

¿quién te podrá responder?

Exégesis

Tema: no conviene perder el tiempo indagando en lo obvio o tratando de descubrir lo inalcanzable. Dicho de otro modo: la inteligencia de la pregunta proporciona la brillantez de la respuesta.

Aspectos métricos: el poema está compuesto por cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares, quedando los impares libres; es un romance, o también llamado cuarteta.

Rasgos estilísticos: este proverbio es una invitación al lector implícito para que concentre su esfuerzo intelectual en cuestiones beneficiosas y resolubles. Se trata de un consejo de orden intelectual, no material. El conjunto es bastante pesimista, pues admite que casi todo esfuerzo intelectivo es improductivo. La suspensión con que se cierra el segundo verso deja abierta, desalentadoramente, el pensamiento del yo lírico. La interrogación retórica final remacha la idea de que no es posible encontrar respuestas positivas. El yo lírico se dirige directamente al lector implícito, visible en los pronombres y los verbos en segunda persona, creando así un tono dialógico de complicidad.

IX

El hombre, a quien el hambre de la rapiña acucia,

de ingénita malicia y natural astucia,

formó la inteligencia y acaparó la tierra.

¡Y aun la verdad proclama! ¡Supremo ardid de guerra!

Exégesis

Tema: los más cínicos, avariciosos de por sí, vociferan poseer la verdad, por lo que debemos estar prevenidos para no dejarnos engatusar.

Aspectos métricos: el poema está formado por cuatro versos alejandrinos, formando dos pareados.

Rasgos estilísticos: este texto es una severa advertencia para los incautos e inocentes. Los astutos y avariciosos se han hecho con el poder. Pero lo peores proclaman estar en posesión de la verdad; es toda una estratagema para ganar la guerra de la codicia y la avaricia. Las dos exclamaciones retóricas del último verso poseen mucha intensidad significativa. En ellas se contienen el asombro del yo lírico ante el cinismo de esos hombres insaciables y la inteligencia malvada, lo que les permite prosperar a costa de los demás. Se percibe un cierto tinte político y antirreligioso. Existen varias metáforas muy expresivas en su interior, como “hambre de rapiña” (tendencia al robo de gente desalmada), “acaparó la tierra” (la codicia lo ha empujado a amasar la riqueza), “ardid de guerra” (estratagemas para engañar a la gente inocente). El tono amargo y admonitorio es bien visible.

X

La envidia de la virtud

hizo a Caín criminal.

¡Gloria a Caín! Hoy el vicio

es lo que se envidia más.

Exégesis

Tema: cuando se envidian valores morales buenos, es comprensible; en nuestros días, sin embargo, se envidian los vicios, lo que nos hace añorar tiempos remotos por ser más sanos.

Aspectos métricos: estamos ante cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares, quedando los impares libres. El poema es un romance, o también cuarteta.

Rasgos estilísticos: El yo lírico lamenta la extensión de la envidia como un mal general. En los primeros tiempos de la humanidad, metonimizados en la figura de Caín, se envidiaba la virtud. Sin embargo, ahora, en el presente del yo lírico, las personas envidian “el vicio”, lo que muestra la degradación de la humanidad. Es un poema pesimista que proclama “¡Gloria a Caín!” porque este personaje bíblico, al menos, envidiaba ser mejor persona. La repetición de la palabra “envidia” en el primer verso y en el último, junto con la antítesis de “virtud” frente a “vicio”, aportan una gran viveza significativa.

XI

La mano del piadoso nos quita siempre honor;

mas nunca ofende al darnos su mano el lidiador.

Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente;

escudo, espada y maza llevar bajo la frente;

porque el valor honrado de todas armas viste;

no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste.

Que la piqueta arruine, el látigo flagele;

la espada punce y hienda y el gran martillo aplaste.

Exégesis

Tema: la persona virtuosa es fuerte y valiente, defendiéndose o atacando sin miramientos según las circunstancias lo aconsejen.

Aspectos métricos: los ocho versos del poema son alejandrinos; forman pareados entre sí (con una ligera irregularidad en el último verso).

Rasgos estilísticos: este poema expresa un profundo deseo del yo poético: hay que actuar, incluso destruyendo a los enemigos, que se suelen esconder de “piadosos”. El enemigo que viene de frente no ofende porque se descubre desde el primer momento, pero hay otros falsos que deshonran a las personas. Alaba la fortaleza, la valentía y la bravura, incluso destruyendo sin compasión a los enemigos. Es un poema muy metonímico; por ejemplo, el verso 4 enumera armas de guerra que conviene tener a mano: “escudo, espada y maza”. En los últimos versos reaparecen las metonimias, algo metaforizadas, de mucha fuerza expresiva: “piqueta”, “flagele”, “espada” y “martillo”. Son armas o herramientas de construcción que sirven para destruir o derribar lo que no merece que esté en pie, o que viva. 

En el verso 3 se encierra, condensado, todo el sentido del poema: “Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente”. Nótese que cada verso encierra una oración y pensamiento completo; a veces, más de uno, como muestra el ejemplo del verso 3 aducido previamente. El yo lírico muestra un enorme deseo de acabar con lo malo y lo inútil que entorpecen algo, que no declara, pero irrita profundamente al yo lírico. Es uno de los poemas de tono más agresivo, llamando a la acción incluso destructora. El último verso recuerda precisamente al último del poema “A Francisco Giner de los Ríos”.

XII

¡Ojos que a la luz se abrieron

un día para, después,

ciegos tornar a la tierra,

hartos de mirar sin ver!

Exégesis

Tema: la vida humana es un misterio insondable; nacemos y morimos sin entender qué ha sido nuestra existencia.

Aspectos métricos: el poema está compuesto por cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares, quedando los impares libres; es un romance, o también cuarteta.

Rasgos estilísticos: el tono filosófico y existencial del poema es muy evidente y llamativo para el lector. El poema descansa en el término de “ojos”, metonimia del hombre; y en dos verbos, “mirar” y “ver” (metáforas de indagar y comprender, respectivamente). Forman una paradoja irresoluble en sí misma. El hombre intenta entender su vida y su papel en el mundo, pero no logra respuestas. Se va a la tumba con todos los misterios. El tono del poema es de enorme pesimismo existencial, con dosis de amargura y desolación internas.

XIII

Es el mejor de los buenos

quien sabe que en esta vida

todo es cuestión de medida:

un poco más, algo menos…

Exégesis

Tema: saber hallar y mantenerse en el punto medio, o aurea mediocritas, es difícil, pero propio de las mejores personas.

Aspectos métricos: el poema se compone de cuatro versos octosílabos que riman en consonante, el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto (abba); es una redondilla.

Rasgos estilísticos: este bello poema es un canto al equilibrio, al punto medio. Recuerda mucho la “Oda a la vida retirada” de fray Luis de León. La antítesis en suspensión del último verso es muy eficaz porque refuerza la significación global del poema. La expresión “el mejor de los buenos”, algo tautológica en sí misma, enfatiza muy bien que solo los “sabios” pueden acceder a ese nivel de conocimiento. El tono sentencioso, positivo y como de consejo moral hacen de este poema una pequeña maravilla expresiva.

XIV

Virtud es la alegría que alivia el corazón

más grave y desarruga el ceño de Catón.

El bueno es el que guarda, cual venta del camino,

el sediento el agua, para el borracho el vino.

Exégesis

Tema: aspirar a vivir virtuosamente aporta una firme felicidad duradera.

Aspectos métricos: el poema se compone de cuatro versos alejandrinos, formando dos pareados.

Rasgos estilísticos: también este proverbio tiene un tono positivo y de consejo moral. Estamos ante un canto a la virtud; tiene dos efectos benéficos sobre la persona: quita los pesares y alegra la vida (establece una metáfora con el censor latino Catón). Los dos últimos versos desarrollan un símil expresivo. La persona virtuosa sabe guardar agua para los días sin líquido que beber, dejando el vino para el borracho imprudente. Los sintagmas de los versos finales, elípticos y ambiguos, oscurecen algo el sentido. De cualquier modo, la virtud hace de la vida un viaje más feliz y llevadero.

XV

Cantad conmigo en coro: Saber, nada sabemos,

de arcano mar vinimos, a ignota mar iremos…

Y entre los dos misterios está el enigma grave;

tres arcas cierra una desconocida llave.

La luz nada ilumina y el sabio nada enseña.

¿Qué dice la palabra? ¿Qué el agua de la peña?

Exégesis

Tema: la vida del hombre es un misterio que no es posible desentrañar, pues ignoramos nuestro origen y nuestro destino.

Aspectos métricos: los seis versos del poema son alejandrinos. Riman de dos en dos, formando tres pareados.

Rasgos estilísticos: este profundo y hermoso poema se abre con una apóstrofe dirigida a los lectores por parte el yo poético. Nos invita a reconocer nuestra profunda ignorancia sobre el sentido de la vida humana. La suspensión del segundo verso refuerza este desconocimiento existencial. Desarrolla la metáfora de la vida como una travesía marítima, pero ignoramos el puerto de origen y el de destino. A continuación aparece otra metáfora: la vida se resume en tres “arcas” (acaso, las tres etapas de la vida), que están cerradas por una “desconocida llave”. No tenemos el control de nuestra existencia, aunque la vivimos. Dos paradojas en el penúltimo verso refuerzan la idea de nuestra ignorancia: “la luz nada ilumina y el sabio nada enseña”. 

Nótese el paralelismo interno de las dos oraciones y la repetición de la palabra “nada”, insistiendo en nuestra orfandad existencial. El último verso supone un pequeño quiebro. El yo poético se pregunta, casi retóricamente, por las respuestas que la ciencia, o la poesía, por ejemplo, han dado; también indaga en el mundo natural para obtener respuestas, pero, de momento, no las halla. Tanto “palabra” como “agua” son metonimias metaforizadas de los conceptos antes explicados. Este poema nos muestra un yo poético con graves preocupaciones existenciales que ensombrecen su vida.

XVI

El hombre es por natura la bestia paradójica,

un animal absurdo que necesita lógica.

Creó de nada un mundo y, su obra terminada,

«Ya estoy en el secreto —se dijo—, todo es nada.»

Exégesis

Tema: la vida del hombre es paradójica y tragicómica, pues todos los afanes de la vida acaban en nada.

Aspectos métricos: el poema consta de cuatro versos alejandrinos que riman formando dos pareados.

Rasgos estilísticos: el yo poético afirma que el hombre es “bestia paradójica” porque siendo “un animal absurdo”, “necesita lógica”. Esta paradoja nos permite comprobar la perplejidad que surge al reflexionar sobre la vida humana. El hombre habla en voz alta y enuncia la paradoja suprema: “todo es nada”. Es un modo de reconocer la incertidumbre, con sus dosis de malestar espiritual, que provoca la ignorancia existencial. Este último verso nos recuerda inmediatamente un soneto de José Hierro titulado “Después de todo, todo era nada”. El proverbio ofrece un tono negativo y amargo, pues no hay futuro ni esperanza.

XVII

El hombre sólo es rico en hipocresía.

En sus diez mil disfraces para engañar confía;

y con la doble llave que guarda su mansión

para la ajena hace ganzúa de ladrón.

Exégesis

Tema: la hipocresía es el mal predominante en la raza humana, junto con la avaricia.

Aspectos métricos: los cuatro versos alejandrinos del poema forman dos pareados consecutivos.

Rasgos estilísticos: este poema pesimista y sombrío denuncia la hipocresía del hombre. Adopta todo tipo de argucias para engañar a todo el mundo; la avaricia lo empuja a guardar con doble llave su casa. Tiene una tercera, que transforma en “ganzúa” para poder seguir robando a los demás. Las metáforas de los disfraces del ladrón que entra en casa ajena son expresivas sobre la falsedad y la codicia humanas.

XVIII

¡Ah, cuando yo era niño

soñaba con los héroes de la Ilíada!

Ayax era más fuerte que Diomedes,

Héctor, más fuerte que Ayax,

y Aquiles el más fuerte; porque era

el más fuerte… ¡Inocencias de la infancia!

¡Ah, cuando yo era niño

soñaba con los héroes de la Ilíada!

Exégesis

Tema: los sueños infantiles de grandeza y hazañas se deshacen al llegar la adultez.

Aspectos métricos: los versos no mantienen una medida silábica regular; oscilan del heptasílabo (v, 1) al dodecasílabo (v. 2). Riman en asonante los versos pares, quedando libres los impares; se trata de un romance, por su rima; por su métrica, es casi un poema en verso libre.

Rasgos estilísticos: este poema es intimista y subjetivo. El yo poético ahonda en sus recuerdos infantiles, cuando tenía ansias de héroes y grandes hazañas. Ese niño admiraba a los grandes personajes homéricos. Pero de adulto, admite que solo fueron quimeras, como expresa la exclamación “¡Inocencias de la infancia!”. La repetición de los dos primeros versos al final del poema imprimen una estructura circular y cerrada. Es un modo de expresar que no era posible vivir de otra manera siendo niño, como igualmente es imposible mantener esas ensoñaciones e ilusiones infantiles. Todo se borró con el prosaísmo dominante de la edad adulta.

XIX

El casca-nueces-vacías,

Colón de cien vanidades

vive de supercherías

que vende como verdades.

Exégesis

Tema: existen personas que se les dan de graves y serias, pero son farsantes integrales de los que conviene alejarse y cuidarse.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en consonante primero con tercero, y segundo con cuarto. Forman una cuarteta.

Rasgos estilísticos: El sujeto lírico denuncia al Tartufo profesional que aparenta gran seriedad, con sus aires graves; tras la fachada, se esconde un majadero charlatán vanidoso que vende humo para engañar a los demás y beneficiarse él. Las dos primeras metáforas son muy efectivas. Identifica al charlatán con un casca nueces que no es capaz de abrir una sola nuez. Vende nuevos continentes, como Colón en su día ante los Reyes Católicos, pero tras las palabras de este no hay nada, al contrario de Colón. El poema presenta un cierto tono satírico y burlesco que incrementa la acidez de la denuncia del yo poético.

XX

¡Teresa, alma de fuego,

Juan de la Cruz, espíritu de llama,

por aquí hay mucho frío, padres nuestros

corazoncitos de Jesús se apagan!

Exégesis

Tema: la fe cristiana decae y deja un resto de frialdad espiritual.

Aspectos métricos: el primer verso es heptasílabo; los tres restantes, endecasílabos. Riman en asonante formando una cuarteta (a,B,A,B).

Rasgos estilísticos: este poema es de naturaleza religiosa, o de reflexión cristiana. El yo poético constata que todos (habla en primera persona del plural) pierden la fe sin remedio. Contrasta en oxímoros el “fuego” de Teresa de Jesús y la “llama” de Juan de la Cruz (prescinde del tratamiento de santos) con el “frío” de las personas. Todo el poema desarrolla metáforas en torno a la fe cristiana, que declina. El conjunto forma una alegoría de la pérdida del ardor creyente, que el yo poético constata en sí mismo y en sus coetáneos.

XXI

Ayer soñé que veía

a Dios y que a Dios hablaba;

y soñé que Dios me oía…

Después soñé que soñaba.

Exégesis

Tema: la creencia en Dios es probable que no pase de una ensoñación o un deseo inútil.

Aspectos métricos: los cuatro versos del poema son octosílabos; riman en consonante el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto. Forman, pues, una cuarteta.

Rasgos estilísticos: este proverbio está directamente conectado con el anterior; constata las dificultades para mantener la fe en Dios ante el silencio pertinaz de este. El yo poético identifica la fe con un sueño, envuelto en otro sueño. Es decir, carece de consistencia real. Se repite tres veces la palabra “soñé”, que, unida esta repetición a la final de “soñaba” con que se cierra el poema, nos da una idea insistente de que la creencia religiosa es insostenible por absurda y quimérica. 

Se repite dos veces la palabra “Dios”, pero es irónica esta repetición, pues, después de todo, no se manifiesta. La suspensión expresa la incertidumbre del hombre que desea creer y no puede. Los tres verbos sensoriales del poema (ver, hablar y oír) contrastan vivamente, formando un oxímoron, con soñar. El tono es sombrío y pesimista, pues no hay modo de apuntalar el deseo de la fe religiosa.

XXII

Cosas de hombres y mujeres,

los amoríos de ayer,

casi los tengo olvidados,

si fueron alguna vez.

Exégesis

Tema: el amor humano, pasado el tiempo, quedan en una mera anécdota.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos estilísticos: el yo poético reflexiona sobre su pasado amoroso y no encuentra motivos para alegrarse o para darle importancia a esos episodios. Se trata de una confesión intimista (habla en primera persona a lo largo del poema) sobre el desaliento amoroso. Lo que parecía algo importante y fuerte en el momento de vivirlo, pasado el tiempo ha quedado en un mero recuerdo, carente de relevancia. Todo pasa con el tiempo, e incluso el amor no deja de ser algo efímero e insustancial. Vemos que el tono es pesimista y un tanto amargo.

XXIII

No extrañéis, dulces amigos,

que esté mi frente arrugada;

yo vivo en paz con los hombres

y en guerra con mis entrañas.

Exégesis

Tema: el combate interior del hombre para entender su existencia no se aprecia desde el exterior, pero está ahí, y lo consume.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; es un romance, o también una cuarteta.

Rasgos estilísticos: este poema posee un claro tono confesional. El yo poético interpela a sus amigos queridos (los califica sinestésicamente de “dulces”) para que entiendan por qué ofrece un aspecto de preocupación (expresado por la metonimia metaforizada “frente arrugada”). El oxímoron doble que se establece con “paz con los hombres” y “guerra en mis entrañas” es muy expresivo y vivo; declara muy bien la lucha interior del yo poético para tratar de entenderse a sí mismo; y solo él puede librar esa guerra. Es un poema de enorme subjetividad y de tono confesional, muy hermoso en su factura verbal.

XXIV

De diez cabezas, nueve

embisten y una piensa.

Nunca extrañéis que un bruto

Se descuerne luchando por la idea.

Exégesis

Tema: casi todas las personas renuncian a pensar por sí mismos, aunque luego se maten por ideas que creen realmente suyas, sin serlo.

Aspectos métricos: el poema está formado por cuatro versos octosílabos que riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también una cuarteta.

Rasgos estilísticos: este poema tiene un cierto tono de denuncia amarga. La gente no piensa por sí mismo, renuncia a elaborar sus ideas y acepta las que circulan libremente. Y luego las defiende con gran ardor, cuando se las han instalado en su cabeza sin ningún tipo de crítica. El tono amargo es bien evidente, al tratar a esta persona de “bruto” que se “descuerna” defendiendo su idea; es una clara animalización para desvalorizar su actitud. Esta animalización ya se había constatado con “embisten”, tratando a las personas acríticas de toros ciegos. El yo poético lamenta la falta de pensamiento político o filosófico personal por parte de las personas. 

XXV

Las abejas de las flores

sacan miel, y melodía

del amor, los ruiseñores;

Dante y yo —perdón, señores—

trocamos —perdón, Lucía—,

el amor en Teología.

Exégesis

Tema: es importante transformar el amor o los impulsos positivos en algo útil y práctico, sin perderse en divagaciones estériles.

Aspectos métricos: el poema está formado por seis versos octosílabos; riman en consonante: a,b,a,a,b,b. Estamos ante una sextilla (distinto de la sextina).

Rasgos estilísticos: este es un poema original, con un tono dialógico y humorístico bien visible. El yo poético se dirige a los oyentes graves, algo enfadados (los trata de “señores”) y a “Lucía”, la mujer que ama, pidiéndoles perdón por transformar el amor en elucubraciones o teologías improductivas que no conducen a nada. Se establece un vivo contraste entre las abejas y los ruiseñores, por un lado, y “Dante y yo”, por el otro. 

El yo poético introduce al gran poeta renacentista italiano para justificar el cambio del amor en filosofía religiosa. La repetición paralelística, en interpolación de los versos 4 y 5 es magnífica. Introduce humor, cierta ironía satírica y divertida; se transforma en humor; por supuesto, el yo poético se ríe de sí mismo. El conjunto de la composición es equilibrado y muy connotativo; el tono oscila entre la diversión y la reflexión, no exenta de cierta gravedad.

XXVI

Poned sobre los campos

un carbonero, un sabio y un poeta.

Veréis cómo el poeta admira y calla,

el sabio mira y piensa…

Seguramente, el carbonero busca

las moras o las setas.

Llevadlos al teatro

y sólo el carbonero no bosteza.

Quien prefiere lo vivo a lo pintado

es el hombre que piensa, canta o sueña.

El carbonero tiene

llena de fantasías la cabeza.

Exégesis

Tema: para contemplar la belleza natural hay que mantener ante ella una actitud reflexiva, silenciosa y poética.

Aspectos métricos: los doce versos alternan entre heptasílabos y endecasílabos; riman en asonante los pares, quedando los impares libres. El conjunto forma una silva romanceada.

Rasgos estilísticos: este delicioso poema funciona a través de los ejemplos, como si hubiera extraído de un “milagro” de Gonzalo de Berceo. Casi es una parábola porque ofrece un relato ejemplificador y didáctico. Cuenta una pequeña historia en dos partes; en la primera, “un carbonero, un sabio y un poeta” están en el campo; en la segunda, se hallan en el teatro. Lo importante son las reacciones de cada uno de ellos; el carbonero hace cosas, como buscar alimentos; el sabio y el poeta observan, aprenden y admiran. En el teatro, el primero se divierte porque piensa que la fantasía es verdadera, en tanto que los otros dos se aburren. El corolario no aparece al final, sino en los versos 9-10: “Quien prefiere lo vivo a lo pintado / es el hombre que piensa, canta o sueña”. 

El poema funciona como una invitación a la actitud reflexiva y contemplativa de las cosas verdaderas, para comprender su verdad y admirarla. La impostación y la farsa son divertidas, pero no esclarecen la verdad de la realidad. El poema está muy elaborado: paralelismos (como el creado con “el carbonero”), una antítesis u oxímoron (campo / teatro, oficios intelectuales / manuales, etc.) que recorre todo el poema aporta viveza contrastiva, las enumeraciones, la suspensión, las bimembraciones y las metáforas (“fantasías de la cabeza”) jalonan un texto absolutamente perfecto y de alta factura poética.

XXVII

¿Dónde está la utilidad

de nuestras utilidades?

Volvamos a la verdad:

vanidad de vanidades.

Exégesis

Tema: la vida, bien mirado, es tan fugaz como incomprensible, que finaliza con la muerte.

Aspectos métricos: el poema consta de cuatro versos octosílabos con rima consonante a,b,a,b;  forman una cuarteta.

Rasgos estilísticos: el poema es muy sintético y apretado, pues la elipsis, repetida, comprime extraordinariamente la significación. La interrogación retórica que abre el poema, y que ocupa la primera mitad, nos advierte que pensamos que todo lo que hacemos tiene una “utilidad”. Sin embargo, la cruda realidad es que la existencia es solo “vanidad de vanidades”. Todo es fugaz, fútil y transitorio, pues ante la muerte todos hemos de rendirnos. Eso implica que debemos priorizar lo importante y dejar a un lado las tonterías, diversiones, bagatelas y otras nimiedades. 

El contenido filósofico-moral del poema es muy denso y explícito. Los verbos en primera persona del plural, con una clara carga de advertencia, nos apostrofa a una vida consistente y centrada en los valores serios, aunque el yo poético no los enumera.

XXVIII

Todo hombre tiene dos

batallas que pelear:

en sueños lucha con Dios;

y despierto, con el mar.

Exégesis

Tema: la vida exige librar un permanente combate para esclarecer los auténticos valores religiosos y materiales que nos rodean.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos (con su correspondiente suma de una sílaba en cada uno de ellos, por acabar en palabra aguda) riman en consonante a,b,a,b; forman, pues, una cuarteta.

Rasgos estilísticos: este proverbio es muy metafórico. Las “batallas” son los problemas materiales y espirituales que rodean la existencia del hombre; “pelear” significa empeñarse en discernir lo verdadero de lo falso. “En sueños” indica la poca consistencia de nuestra realidad. “Dios” se refiere a los valores espirituales o religiosos. “Despierto” sugiere el momento de máxima lucidez. “Mar” señala los aspectos materiales y concretos de la existencia. El conjunto forma una bella alegoría, con un fuerte carácter admonitorio o de advertencia: no podemos escapar a nuestra condición humana, basada en la complejidad y la incertidumbre de nuestra existencia.

XXIX

Al andar se hace camino

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,

sino estelas en la mar.

Caminante, son tus huellas

el camino, y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Exégesis

Tema: la trayectoria vital de cada persona es incierta e imprevisible, pues la única certeza es lo que realmente hemos avanzado últimamente.

Aspectos métricos:  los diez versos octosílabos de este célebre poema riman en asonante los pares, quedando lo impares libres; forman un romance.

Rasgos estilísticos: Este es el proverbio más célebre del conjunto. En efecto, su realización es muy feliz porque el conjunto resulta armónico y equilibrado. Se trata de una advertencia al “caminante”, metonimia o metáfora del ser humano, para que considere que su vida consiste en completar la trayectoria de un camino confuso, incierto y evanescente, por mar o por tierra. No hay lugar para certezas, sino para incertidumbres y tentativas. Nuestra obligación es avanzar, pues así “se hace camino al andar”, como expresa el verso final. Es un poema muy alegórico (de donde procede, seguramente, parte de su popularidad). “Camino” y “senda” nse identifica con la ruta existencial de cada uno de nosotros. 

En el mismo sentido operan “estelas” y “huellas”. La repetición y derivación de “camino”, “caminante” y “caminar” refuerzan la idea del conjunto de que la vida es, bien mirado, una peregrinación a ciegas. El yo poético advierte a ese caminante para que comprenda esta realidad y se anime a continuar su andadura con perseverancia y buen ánimo, pues solo la muerte nos detendrá. También posee una dimensión optimista el texto, pues nos advierte que nada está escrito sobre nuestro destino, todo el futuro está ahí, aguardando al caminante intrépido. El conjunto conforma un formidable poema, hermoso, equilibrado en forma y fondo y muy connotativo para el lector. Su musicalidad es extrema.

XXX

El que espera desespera,

dice la voz popular.

¡Qué verdad tan verdadera!

La verdad es lo que es,

y sigue siendo verdad

aunque se piense al revés.

Exégesis

Tema: hemos de admitir la verdad de las cosas, aunque no nos guste, pues al final, se impondrán nuestras trampas o autoengaños.

Aspectos métricos: los seis versos octosílabos riman: aba, cbc; es decir, forman dos tercerillas.

Rasgos estilísticos: este cantar (el aire popular se percibe claramente) glosa un dicho popular, que el yo poético da por bueno, cual es que el que aguarda algo impacientemente, apenas puede controlar su ansiedad.  La palabra “verdad” se repite tres veces, de donde deducimos dónde se encuentra el meollo significativo del poema. Se trata de un exhorto a que convivamos con la realidad verdadera, aunque a veces resulte dura o exasperante. Es mejor aliarse con ella que tenerla como enemiga, pues todo sería falsedad. El poema tiene sus dosis de tautología, repeticiones y obviedades, pero expresadas con gran frescura y musicalidad. Es un bello y delicioso poema.

XXXI

Corazón, ayer sonoro,

¿ya no suena

tu monedilla de oro?

Tu alcancía,

antes que el tiempo la rompa,

¿se irá quedando vacía?

Confiemos

en que no será verdad

nada de lo que sabemos.

Exégesis

Tema: La ignorancia sobre el destino del hombre genera angustia, pues nuestras ilusiones se agostan y la muerte lo destruirá todo, aunque acaso nuestros augurios no se cumplan.

Aspectos métricos: los nueve versos son octosílabos o tetrasílabos; por la rima, forman tres tercetos sucesivos (aba, cdc, eff).

Rasgos compositivos: ahora estamos ante otro poema pesimista y oscuro. El yo poético se dirige al corazón y lo interroga sobre sus antiguas ilusiones y esperanzas (son las “monedillas de oro”). Los tesoros de felicidad y alegría, guardados en la hucha (“alcancía”), puede que se pierdan o se esfumen con el paso del tiempo. El yo poético desea, paradójicamente, que lo que conocemos sea todo mentira. Es decir, lo mejor que nos puede pasar es que sean falsos los negros augurios que la razón dicta sobre la extinción de la existencia con el fin de la vida. Es un modo de no caer en el pesimismo vital. Las dos interrogaciones retóricas  y la paradoja final imprimen un tono de angustia a duras penas atenuado en el terceto final.

XXXII

¡Oh fe del meditabundo!

¡Oh fe después del pensar!

Sólo si viene un corazón al mundo

rebosa el vaso humano y se hincha el mar.

Exégesis

Tema: Los sentimientos y esperanzas nos hacen seguir hacia adelante, insuflando fuerza a la fe tambaleante.

Aspectos métricos: los dos primeros versos son octosílabos; los dos últimos, endecasílabos. Riman en consonante a,b,A,B, formando una suerte de serventesio.

Rasgos compositivos: Los dos primeros versos son exclamaciones retóricas, con anáfora y paralelismo en su interior, en los que se expresa la insuficiencia de la fe para empujar al hombre a un destino apetecible. Ha de llegar la pasión y la ilusión (“corazón al mundo”) para que completen la fe (“rebosa el vaso humano”) y navegar con esperanza hacia lugares más venturosos (“se hincha el mar”). 

Estamos ante un poema muy reconcentrado, con algo de alegórico, pues se trata de una reflexión sobre el mejor modo de vivir con plenitud. No se debe obviar el sentido religioso del proverbio. La eficacia de los recursos literarios es altísima, expandiendo la significación notablemente.

XXXIII

Soñé a Dios como una fragua

de fuego, que ablanda el hierro,

como un forjador de espadas,

como un bruñidor de aceros,

que iba firmando en las hojas

de luz: Libertad. — Imperio.

Exégesis

Tema: La figura de Dios ha servido para liberar a los hombres, pero también para esclavizarlos, pues se ha utilizado para justificar el poder político.

Aspectos métricos: Los seis versos octosílabos forman una sextilla (a,b,a, b,c,b).

Rasgos compositivos: Este poema posee una fuerte carga reflexiva y crítica sobre la creencia religiosa. El poema es un sueño que ha tenido el yo lírico; su consistencia, entonces, es débil y borrosa. Realiza un símil de Dios con un herrero que forja armas, en cuyas hojas puras (“de luz”), igual pueden servir para realizar actos nobles (Libertad”), u opresivos (“Imperio”). 

La idea de Dios, que puede que no pase de mera quimera onírica empuja a actos beneficiosos, como el de obtener la liberación; o puede que empuja a la comisión de hechos perjudiciales y hasta criminales, como el sometimiento de otros pueblos para crear estructuras políticas inmensas. El poema es simbólico y deliberadamente ambiguo. Acaso el yo poético nos desea transmitir sus dudas y pesimismo sobre el uso de la religión por las personas a lo largo de la historia.

XXXIV

Yo amo a Jesús, que nos dijo:

Cielo y tierra pasarán.

Cuando cielo y tierra pasen

mi palabra quedará.

¿Cuál fue, Jesús, tu palabra?

¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?

Todas tus palabras fueron

una palabra: Velad.

Exégesis

Tema: El yo lírico elige un Jesús compasivo que invita a estar alerta y concentrarse en el final: la muerte.

Aspectos métricos: los ocho versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres. Forman un romance.

Rasgos compositivos: Este poema es muy subjetivo e intimista. El yo poético anhela creer en un Jesucristo compasivo y amoroso, además de bondadoso. Pero tiene dudas que lo atenazan. Lo angustia el hecho de que al final todo quede en un permanente estado de zozobra para el yo poético, donde parece que se le consume la vida. Existe una antítesis de significación, más que de palabras, entre la visión de un Jesucristo piadoso frente a otra de un Jesucristo más bien amenazante, acaso intimidatorio. 

El yo poético declara sus angustias religiosas más profundas, que lo acongoja. El verso 7 (“¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?”) es de una tremenda eficacia expresiva. Se reúnen elipsis y paralelismos para transmitir todo el mar de fondo oscuro que arrastra el yo poético. La repetición de “palabra” tres veces también nos comunica muy bien el sentido comunicativo de la religión cristiana y su problemática consistencia, al menos para el yo poético.

XXXV

Hay dos modos de conciencia:

una es luz, y otra, paciencia.

Una estriba en alumbrar

un poquito el hondo mar;

otra, en hacer penitencia

con caña o red, y esperar

el pez, como pescador.

Dime tú: ¿Cuál es mejor?

¿Conciencia de visionario

que mira en el hondo acuario

peces vivos,

fugitivos,

que no se pueden pescar,

o esa maldita faena

de ir arrojando a la arena,

muertos, los peces del mar?

Exégesis

Tema: Una actitud existencial pasiva y contemplativa es tan poco satisfactoria como otra activa, agresiva y depredatoria, pues ninguna aporta felicidad.

Aspectos métricos: el poema está compuesto por una tirada de versos octosílabos (excepto dos tetrasílabos). La rima, generalmente consonante, es: aa, bb,ab, cc,dd, ee,beeb; se suceden pareados y se cierra con una redondilla.

Rasgos compositivos: Estamos ante un poema de tono existencial e interpelante. El yo poético se dirige a un “tú” para que le aclare qué actitud vital es mejor, la contemplativa y pasiva (metaforizada en la “paciencia”), o la activa e industriosa (metaforizada en “luz”). Estamos ante un poema muy alegórico. 

El conjunto de las metáforas nos remiten a dos actitudes vitales ante la vida, metaforizada en el mar y los peces que en él habitan; contemplarlos o cazarlos son las dos metáforas de las dos actitudes posibles. La oración interrogativa final, que ocupa  los ocho versos de cierre, expresan esa larga angustia del yo poético sobre sus dudas existenciales, de orden filosófico y, casi, religioso. La apóstrofe dirigida al oyente, o a un interlocutor oculto, muestran la angustia del yo poético y, de algún modo, interpelan al lector para que responda a esa duda del yo poético.

XXXVI

Fe empirista. Ni somos ni seremos.

Todo nuestro vivir es emprestado.

Nada trajimos; nada llevaremos.

Exégesis

Tema: La vida carece de consistencia y hemos de aceptar que nacemos y morimos sin nada, abandonados.

Aspectos métricos: los tres versos endecasílabos del poema riman en consonante formando un terceto (ABA).

Rasgos compositivos: El poema presenta un cariz flosófico y religioso muy profundo. Plantea una paradoja inicial a través del sintagma “Fe empirista”; si es fe, malamente puede ser demostrada por hechos comprobables. Es una metáfora de la existencia humana, que luego desarrolla en los siguientes versos con cuatro oraciones muy breves (constan de sujeto y predicado, o un complemento directo en el último verso. El poema es pesimista y amargo, pues constata la falta de horizonte transcendente para el ser humano. Los verbos en primera persona del plural expresan muy bien la realidad de que lo descrito nos afecta a todos, sin excepción. La antítesis del verso final, entre traer / llevar, expresa muy bien el círculo cerrado y fatal de la vida humana. La nada se impone como horizonte mortal y último. 

XXXVII

¿Dices que nada se crea?

No te importe, con el barro

de la tierra, haz una copa

para que beba tu hermano.

Exégesis

Tema: Exhortación a abandonar el pesimismo elucubrativo y hacer o construir realidades útiles para el prójimo.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; es un romance, o también una cuarteta.

Rasgos compositivos: El poema apostrofa a un tú imaginario, acaso el propio lector, para que actúe y haga cosas, descartando el pesimismo paralizante. Comienza con una interrogación retórica y siguen dos verbos en forma imperativa. Es claro el deseo interpelante del yo poético. Llama a ese tú ficticio a hacer cosas que sean buenas para los demás. En este sentido, llama a la solidaridad y bondad entre los hombres como un buen camino para dotar de sentido a la vida. El hombre es creativo y creador, y haría bien en dirigir esa cualidad en la ayuda a los demás. 

XXXVIII

¿Dices que nada se crea?

Alfarero, a tus cacharros.

Haz tu copa y no te importe

si no puedes hacer barro.

Exégesis

Tema: exhortación a la acción, a hacer cosas, sin detenerse en elucubraciones inútiles y paralizantes.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance o cuarteta.

Rasgos compositivos: el primer verso de este poema es el mismo del anterior. El sentido del poema también es exactamente el mismo; incluso se repite la estrofa en á-o. Realiza una metonimia del ser humano como un “alfarero” que hace “cacharros”, es decir, hace cosas para el servicio de los demás, aunque parezcan humildes. Anima a no perder el tiempo en elucubraciones o quimeras imposibles. El “barro” ya viene hecho y no hay por qué perder el tiempo en tratar de elaborarlo. Tenemos que trabajar con lo que tenemos, para avanzar con certezas. El tono animoso e interpelante del poema es firme y persistente a lo largo de sus versos; los dos versos en forma imperativa refuerzan esta idea invocatoria.

XXXIX

Dicen que el ave divina,

trocada en pobre gallina,

por obra de las tijeras

de aquel sabio profesor

(fue Kant un esquilador

de las aves altaneras;

toda su filosofía,

un sport de cetrería),

dicen que quiere saltar

las tapias del corralón,

y volar

otra vez, hacia Platón.

iHurra! ¡Sea!

¡Feliz será quien lo vea!

Exégesis

Tema: aunque existen impulsos por retomar el idealismo, el materialismo prosaico inunda nuestras vidas de modo definitivo.

Aspectos métricos: el poema está formado por catorce versos octosílabos (excepto dos tetrasílabos, cerca del final). Riman: aa, bccb, dd. efef, gg; son, pues: pareado, redondilla, pareado, cuarteta y pareado.

Rasgos compositivos: este poema es irónico y humorístico; son pocos los proverbios de esta naturaleza. Kant y Platón, metonímica o antonomásicamente, son los representantes de la filosofía idealista. La presenta con la metáfora del “ave divina”, transformada en “gallina”, animal doméstico y humilde, es decir, algo vulgar y de poco valor. Ahora, la filosofía desea volver al campo de las ideas puras (la gallina “icen que quiere saltar / las tapias del corralón”), pero el yo poético lo duda, aunque le gustaría que fuera así. Cierra el poema con una exclamación que es irónica: nadie verá eso, porque es imposible. 

Existe una ironía humorística de fondo muy interesante, presentando la filosofía idealista como una simple gallina que vive en un “corralón”, que es el mundo. También se incrementa el humor presentando al filósofo Kant como un “esquilador”, pero no de ovejas, sino de ideas. Todo en el poema es festivo, pero con un fondo amargo. La interpretación es algo ambigua, pero creemos que avanza hacia el pesimismo del yo poético sobre la superación del prosaísmo omnipresente en su mundo.

XL

Sí, cada uno y todos sobre la tierra iguales:

el ómnibus que arrastran dos pencos matalones,

por el camino, a tumbos, hacia las estaciones,

el ómnibus completo de viajeros banales,

y en medio un hombre mudo, hipocondríaco, austero,

a quien se cuentan cosas y a quien se ofrece vino…

y allá, cuando se llegue, ¿descenderá un viajero

no más? ¿O habránse todos quedado en el camino?

Exégesis

Tema: la vulgaridad y la presión social hacen que todos los hombres sucumban y abandonen sus ideas e ilusiones.

Aspectos métricos: los ocho versos alejandrino del poema riman en consonante ABBA, CDCD, es decir, forman un cuarteto y un serventesio en alejandrinos.

Rasgos compositivos: El poema es simbólico y alegórico en altas dosis. Su tono es reflexivo y pesimista. Presenta la vida como un viaje en un “ómnibus que arrastran dos pencos matalones” (dos caballos flacos y con mataduras o heridas por el roce). Entre todos los viajeros hay uno que busca el sentido de ese viaje; es un hombre silencioso, miedoso y sobrio en sus costumbres. 

Los inanes acompañantes (“viajeros banales”) le hablarán y lo invitarán a ciertos placeres que pueden enviciarlo o desviarlo de sus nobles intenciones iniciales. Tras una suspensión que refleja las incertidumbres del viaje, el yo poético se pregunta si llegará al final de su trayecto con sus virtudes, o se habrá envilecido con todos los demás. “Quedar en el camino”, en el verso final, es metáfora del fracaso existencial. La respuesta queda abierta.

XLI

Bueno es saber que los vasos

nos sirven para beber;

lo malo es que no sabemos

para qué sirve la sed.

Exégesis

Tema: el hombre está dominado por la ansiedad amarga de no saber la razón última de su vida.

Aspectos métricos: los cuatro versos del poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también una cuarteta.

Rasgos compositivos: de nuevo estamos ante una composición de naturaleza existencial, con un tono sombrío. En torno a la sed y los vasos, usados metafóricamente, el yo poético lamenta nuestra ignorancia sobre la razón profunda del origen de las cosas. La antítesis bueno / malo imprime expresividad; el verbo en primera persona del plural envuelve a todas las personas en la reflexión poética, dándole un alcance universal, digamos. “Sed” es metáfora de las acciones y hechos que el hombre no puede explicar, aunque lo intente. 

XLII

¿Dices que nada se pierde?

Si esta copa de cristal

se me rompe, nunca en ella

beberé, nunca jamás.

Exégesis

Tema: hay cosas, personas o momentos que pasan y desaparecen para siempre, sin posibilidad de recuperarlo.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: el poema se abre con una interrogación retórica dirigida a un tú ausente; puede ser el propio lector. Lo interpela con énfasis. Luego utiliza la ejemplificación como medio de expresar que muchas cosas sí se pierden para siempre, sobre todo las que desaparecen con violencia, como la copa de cristal que se rompe. La repetición de la palabra “nunca” expresa muy bien la irreversibilidad de las pérdidas. 

El poema presenta un tono asertivo evidente; sin caer en el énfasis, insiste en la fatalidad de la desaparición de cosas queridas. Estamos ante un texto equilibrado y armónico; su originalidad radica en el tono dialógico, en la presencia de un tú que mantiene la interlocución parcial y en el empleo de la ejemplificación como recurso expresivo.

XLIII

Dices que nada se pierde

y acaso dices verdad,

pero todo lo perdemos

y todo nos perderá.

Exégesis

Tema: la vida es una sucesión de pérdidas, incluida la de nosotros mismos, pues estamos abocados a la muerte.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: el primer verso es el mismo que el del proverbio anterior; lo que antes era interrogativo, ahora es enunciativo; el yo poético admite que acaso ciertas cosas permanezcan con el hombre, a lo largo de su vida. Sin embargo, en el futuro, “todo lo perdemos”, nada nos acompañará. Y en un hermoso juego de palabras, con paralelismo, remacha que la propia vida, el tiempo y las circunstancias acabarán con nosotros, pues estamos destinados a la muerte. 

El verbo “perderse”, conjugado en distintas formas, se repite tres veces, señal inequívoca del centro semántico del poema: la aniquilación de todo y de nosotros mismo. El verbo en primera persona del plural dota al poema de una intención generalista en el que todos nosotros estamos involucrados, sin excepción. El tono es pesimista y melancólico.

XLIV

Todo pasa y todo queda,

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,

caminos sobre la mar.

Exégesis

Tema: la vida coincide con el recorrido de un camino incierto, peligroso y efímero.

Aspectos métricos: como ya hemos visto en muchos proverbios, la estrofa está formada por cuatro versos octosílabos, con rima asonante en los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: este bellísimo poema de carácter existencial es de tono sombrío y melancólico. En el primer verso el yo poético plantea una paradoja, formando un bello paralelismo, con anáfora: “todo pasa y todo queda”. Se deshace la paradoja en el segundo verso, en el que ya se afirma que nosotros estamos de tránsito, sin paradas. Avanzamos “haciendo caminos”, metáfora de la actividad dinámica y en progreso del hombre. Hasta aquí, todo bien. Pero el último verso, aunque algo ambiguo, sepulta cualquier esperanza: “caminos sobre la mar”, es decir, senderos efímeros, breves y pronto sepultados por la siguiente ola que desfigura y destruye lo anterior para siempre. 

Nuestras sendas son efímeras; nuestras huellas, breves; nuestro pasar, sencillamente, irrelevante para el mundo. La concatenación o anadiplosis de “pasar” en los versos 2-3 y de “caminos” entre los versos 3-4 expresa muy bien que la vida es un camino al que estamos compelidos a crear y caminar desde el mismo momento de nacer; pero recién dado un paso, así queda destruido el anterior. Como se ve, la angustia vital de la fugacidad e insustancialidad de la vida pesan enormemente en este breve y sentencioso poema, muy justamente alabado.

XLV

Morir… ¿Caer como gota

de mar en el mar inmenso?

¿O ser lo que nunca he sido:

uno, sin sombra y sin sueño,

un solitario que avanza,

sin camino y sin espejo?

Exégesis

Tema: la incertidumbre de la muerte frustra la propia vida, pues ignoramos qué hay después de la vida terrenal.

Aspectos métricos: los versos octosílabos del poema riman en asonante los versos pares, quedando los impares libres; forman un romance.

Rasgos compositivos: la construcción del poema es original y sorprendente. La primera oración está formada por un infinitivo, “morir”, seguida de una suspensión; declara muy bien la incertidumbre de su significado. El yo poético plantea dos hipótesis, a cual más siniestra, a través de dos oraciones interrogativas. En la primera, a través de un símil, compara la muerte con la disolución en la nada, “como gota / de mar en el mar inmenso”. La repetición de “mar” expresa la inmensidad e irreversibilidad de la muerte. 

La otra opción no es mucho mejor: el hombre sobrevive, pero como un zombi, alguien sin entidad ni ilusiones, lo que expresa a través de dos metáforas, “sin sombra y sin sueño”. Además, condenado a la soledad más rigurosa, sin rumbo y sin capacidad de reflexión; la terrible metáfora “sin camino y sin espejo” lo expresa trágicamente. Las dos hipótesis se plantean en sendas oraciones interrogativas, es decir, ni siquiera poseemos la certeza de ellas. El tono negro y siniestro de este proverbio nos muestra al Machado más angustiado por la muerte. 

XLVI

Anoche soñé que oía

a Dios, gritándome: ¡Alerta!

Luego era Dios quien dormía,

y yo gritaba: ¡Despierta!

Exégesis

Tema: la divinidad no responde a las llamadas urgentes del hombre para que lo acompañe en su travesía vital.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en consonante el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto (abab). Forman, pues, una cuarteta.

Rasgos compositivos: el yo poético plantea un sueño, es decir, la realidad de lo que cuenta es dudosa. Plantea la angustia religiosa de querer creer en Dios y no poder, de pedir ayuda y calor y no recibirlo, de buscar una comunicación con la divinidad y no encontrarla. El yo poético muestra su rabia y decepción por no poder contactar con Dios, a pesar de sus esfuerzos. 

El tono es áspero pues no hablan, sino que gritan, muestra del enfado angustioso, la angustia irremediable de querer encontrar a un Dios que parece sordo a sus súplicas. Estamos ante un duro y terrible poema de un Machado que quiere creer, pero apenas lo logra. El poema es alegórico y se presenta como una experiencia onírica, lo cual es signo en sí mismo de la brumosa realidad que describe y de la dudosa calidad de la experiencia.

XLVII

Cuatro cosas tiene el hombre

que no sirven en la mar:

ancla, gobernalle y remos,

y miedo de naufragar.

Exégesis

Tema: el temor al fracaso limita la persecución de los sueños e ilusiones.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; estamos ante un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: De nuevo el yo poético reflexiona sobre la trayectoria vital de los hombres; y lo hace estableciendo una analogía con el mundo marinero, que tanto gusta a Machado. Para realizar correctamente la travesía de la vida, que es como la de un marinero, hay cuatro cosas que no son necesarias: el ancla (metáfora de que la vida nunca se va a detener aunque queramos), el gobernalle (o timón, imagen de que las turbulencias y asaltos del camino nos llevarán por donde quieran, independientemente de nuestra voluntad), lo remos (por mucho que luchemos, avanzaremos por la ruta más inesperada) y el miedo a naufragar (es casi seguro que cosechemos varios fracasos, así que lo mejor es asumirlos sin temor). 

El conjunto es muy alegórico, pues todas las metáforas giran en torno al mundo marinero como reflejo de la vida real. Por otro lado, el carácter sentencioso de este proverbio es claro y firme, sin ese tono sombrío bastante frecuente.

XLVIII

Mirando mi calavera

un nuevo Hamlet dirá:

He aquí un lindo fósil de una

careta de carnaval.

Exégesis

Tema: la vida del hombre no pasa de ser una farsa más o menos amable o divertida.

Aspectos métricos: Los cuatro versos octosílabos del poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance, o también cuarteta.

Rasgos compositivos: el yo poético reflexiona sobre el aspecto carnavalesco de la existencia. Acaso no representemos más que una burda obra tragicómica, sin ser conscientes de ello. El poema posee un tono lúgubre y funesto, pues el yo poético ya se ve muerto; de él solo queda su calavera, metonimia de su paso fugaz por el mundo. De nuevo Machado incide en lo absurdo e inextricable de la vida del hombre. No sabemos de dónde venimos, a dónde vamos y qué hacemos aquí. La alusión intertextual a Hamlet dota de profundidad cultural al proverbio.

XLIX

Ya noto, al paso que me torno viejo

que en el inmenso espejo,

donde orgulloso me miraba un día,

era el azogue lo que yo ponía.

Al espejo del fondo de mi casa

una mano fatal

va rayendo el azogue, y todo pasa

por él como la luz por el cristal.

Exégesis

Tema: el paso del tiempo nos manda a la vejez, aunque en la juventud creamos, como en un espejismo, que nunca se acabará nuestra vitalidad. 

Aspectos métricos: el poema está formado por siete versos endecasílabos y uno heptasílabo (el penúltimo); lo conforman dos pareados y una cuarteta (aa, bb, cdcd).

Rasgos compositivos: el poema es muy subjetivo, aunque el cierre tiene un alcance más generalista. La palabra “yo” aparece en el cuarto verso, pero antes, los verbos conjugados en primera persona declaran la confesión intimista del yo poético. El espejo forma la metáfora central, personificada en varias ocasiones. El yo poético admite que se hace “viejo”; deduce que se vio lozano un día, pero ahora comprende que fue solo un acto de voluntarismo manipulando el “azogue” (mercurio) con que se hace el espejo. 

Ahora, en el presente poético, una “mano fatal” (metáfora del paso del tiempo, la muerte incluso) va “rayendo” ese azogue; es el destino que actúa implacable. Cuando se mira en su presente de persona mayor, ya no se ve, ni se reconoce, pues el espejo es solo un cristal transparente por el que pasa la luz como por un cristal normal y corriente. El tono existencial y angustioso del poema está muy marcado. La subjetividad también delinea todo el poema, mostrando un estado espiritual del yo poético de zozobra y angustia. 

L

Nuestro español bosteza.

¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?

Doctor, ¿tendrá el estómago vacío!

—El vacío es más en la cabeza.

Exégesis

Tema: el hombre español común se aburre de la vida porque carece de profundidad intelectual para realizar un buen proyecto vital con su vida.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos riman en consonante el primero cuarto y el segundo con el tercero (abba); forman una redondilla.

Rasgos compositivos: este poema es de carácter cívico y social. Su composición es muy inteligente y cuidadosa. El determinante “Nuestro” nos incluye a todos nosotros como involucrados en la acción poética. La disposición dialógica también imprime un tono dinámico y sarcástico al poema. 

El yo poético pregunta a un doctor si la causa del bostezo, metonimia del abatamiento, procede del hambre, el sueño o cansancio, o el hastío o aburrimiento. La respuesta del doctor, su interlocutor, sarcástica y cruel, aclara que no se trata de ninguna de esas causas, sino que procede del “vacío”, es decir, falta de proyecto vital, del individuo medio. Es un poema pesimista y amargo; el yo poético no cree que el español medio tenga gran profundidad intelectual o existencial, por eso muestra una actitud como de aburrimiento. Aquí aparece el Machado más comprometido con la sociedad de su tiempo; muestra una actitud cívica de compromiso; señala los defectos del ciudadano común y apunta una solución: hay que pensar más y tomarse la vida con más compromiso personal.  

LI

Luz del alma, luz divina,

faro, antorcha, estrella, sol…

Un hombre a tientas camina;

lleva a la espalda un farol.

Exégesis

Tema: tendemos a creer que avanzamos por la vida iluminados por nuestras creencias o ilusiones, pero es todo engaño, pues caminamos en la oscuridad.

Aspectos métricos: los cuatro versos octosílabos del poema riman en consonante el primero con el tercero y el segundo con el cuarto (abab); forman una hermosa cuarteta.

Rasgos compositivos: Este poema es muy intenso, bello y, sin embargo, amargo y triste. El poema es muy sintético en su disposición verbal. Los dos primeros versos desarrollan la metáfora de que nuestras creencias y esperanzas (“luz del alma, luz divina”) arrojan suficiente claridad para avanzar por la vida con certezas. Esas convicciones funcionan como una guía infalible (lo desarrolla en cuatro metáforas: “faro, antorcha, estrella, sol”, en el segundo verso); son muy rimbombantes, pero no funcionan, como anuncia la suspensión con que se cierra ese verso. En el tercer verso se presenta una imagen de un hombre caminando en la oscuridad; no ve, aunque lleva luz. 

El último verso aclara la imagen anterior y todo el poema: “lleva a la espalda un farol”. Aunque crea que lo acompaña la claridad suficiente para avanzar, en realidad, si existe algo de luz, es como si fuera un farol colgado en nuestra espalda: no nos deja ver lo que hay delante, solo vislumbrar los peligros. El poema es muy alegórico y bellísimo en su composición. En los dos primeros versos no existe ningún verbo, lo que comprime enormemente el sentido general. E los dos versos siguientes no se explican las metáforas, sino que se ofrece otra más que, tras la lectura, dota de sentido al conjunto. No existen “luces” espirituales o religiosas que marquen nuestro camino, solo pequeñas luminosidades que solo permiten entrever algo nuestro camino “a tientas”. Esa es la vida del hombre; lo demás no pasa de un autoengaño más o menos amable.

LII

Discutiendo están dos mozos

si a la fiesta del lugar

irán por la carretera

o campo a traviesa irán.

Discutiendo y disputando

empiezan a pelear.

Ya con las trancas de pino

furiosos golpes se dan;

ya se tiran de las barbas,

que se las quieren pelar.

Ha pasado un carretero,

que va cantando un cantar:

«Romero, para ir a, Roma,

lo que importa es caminar;

a Roma por todas partes,

por todas partes se va.»

Exégesis

Tema: no es inteligente perderse en los detalles o disputas que alejan o impiden definitivamente alcanzar las metas.

Aspectos métricos: los dieciséis versos octosílabos de este poema riman en asonante los pares, quedando los impares libres; forman un romance.

Rasgos compositivos: este poema es de intención moral y parabólica. Cuenta una historia con una intención didáctica y ética. La historia de dos jóvenes que se pelean fieramente sobre el camino a elegir para ir de fiesta desea mostrar la estulticia de ambos protagonistas. El carretero que pasa cantando una canción ofreciendo una moraleja a ambos actúa como el hombre sabio y discreto que los alecciona sobre su error, para que escarmienten en el futuro. Lo importante es llegar al destino, o alcanzar el fin; no importa tanto los caminos que llevan a él; es un asunto secundario que no debe hacer perder ni el tiempo, ni las energías. El recurso esencial del poema es la repetición, dispuesta en paralelismos, anáforas, y concatenaciones. 

La primera es la del verbo “discutir”; la segunda, “irán”; la tercera, “ya; y la quinta y última, “por todas partes”. Si se observa su contenido, imprimen dinamicidad y simultaneidad; aumentan el dramatismo de la escena planteada y su expresividad. Su aportación a la eficacia comunicativa es muy alta. “Furiosos” aplicado a “golpes”, además de su valor epíteto, o gracias a él, insisten en la idea de la violencia gratuita. El aire a romance viejo, gracias a las fórmulas de repetición tradicionales, declaran la intención de Machado (no aparece el yo poético en esta composición) de acogerse a una estructura tradicional para insistir en la necesidad del diálogo y la importancia de concentrarse en los objetivos, dejando a un lado los medios.

LIII

Ya hay un español que quiere

vivir y a vivir empieza,

entre una España que muere

y otra España que bosteza.

Españolito que vienes

al mundo, te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.

Exégesis

Tema: España es un país tan cainita que, se adopte la posición política y social que sea, será enemigo de media España, que le hará sufrir, e incluso aniquilar.

Aspectos métricos: los ocho versos octosílabos del poema riman: abab, acdc; los cuatro primeros versos forman una cuarteta; el quinto verso actúa como de vuelta; los tres últimos forman una terceta.

Rasgos compositivos: este celebérrimo poema es de naturaleza cívica. En la primera parte, el yo poético describe la situación general de España; la divide en dos bloque: la “que muere”, es decir, la arcaica, perezosa, conservadora e inmovilista; y la “que bosteza”, esto es, la indolente, vaga y aburrida de la vida, sin curiosidad ni interés por mejorar. Ambas, como se ve, son lamentables. Los paralelismos y repeticiones (“vivir”, por ejemplo) son muy eficaces comunicativamente considerado. 

En la segunda parte del poema, el yo poético se dirige directamente al nuevo ciudadano de España que se inicia en la vida; lo denomina “españolito”, entre la conmiseración y el desprecio. Lo apostrofa para que tenga suerte y reciba la ayuda de Dios porque una de las dos Españas descritas arriba lo aniquilará. “Helarte el corazón” es una expresión con enorme fuerza metafórica; no se trata solo de eliminar a alguien, sino de infligir dolor agudo. El tono es sombrío y pesimista; nos muestra a un Machado desalentado ante la situación socio cultural de España, sumida en el marasmo o la irresponsabilidad. En el fondo, se trata de una advertencia no dirigida solo al desdichado “españolito”, sino a la nación entera, para que reacciona y recupere un rumbo moral y cultural que parece perdido.

Antonio Machado: sección “Proverbios y cantares”, en Campos de Castilla (1912).

II. PROPUESTA DIDÁCTICA PARA EL CONJUNTO DE LOS “PROVERBIOS Y CANTARES”

(Estas actividades se pueden realizar en clase o en casa; de forma oral o escrita; de modo individual o en grupo. La ayuda de los herramientas TIC puede ser interesante. La plantilla de actividades se puede aplicar a un poema o a varios; el profesor puede modificar o introducir nuevas cuestiones, según el texto poético seleccionado).

2.1. Comprensión lectora

1) Resume el poema, anota su tema y sus apartados temáticos.

2) ¿Quién es el protagonista del poema, si así le podemos llamar, o a quién va dirigido?

3) ¿Qué tono presenta el poema? ¿Triste o alegre, optimista o pesimista?

4) Fíjate en el paisaje y en el marco temporal. Explica dónde se sitúa la acción poética. 

5) Realiza un estudio de la métrica y la rima del poema y establece la estrofa utilizada, en la medida de lo posible.

6) Localiza media docena de recursos estilísticos y explica cómo crean significado y belleza.

2.2. Interpretación y pensamiento analítico

1) ¿Crees que el poema refleja una experiencia real? Aporta razones.

2) ¿Podemos decir que el yo poético pretende reflexionar y lanzar un mensaje moral? En caso afirmativo, explícalo.

3) Explica si se puede discernir un sentido parabólico o alegórico en el texto.

4) ¿Qué posición adopta el yo poético ante el asunto planteado?

2.3. Fomento de la creatividad

1) Trasforma el texto en un relato en prosa, acompañado de alguna anécdota, sobre el tema del poema. Puedes continuar la historia según te parezca oportuno.

2) Realiza una presentación ante la clase o la comunidad educativa, ayudándote de medios TIC, sobre la vida y la obra de Antonio Machado.

3) Imagina una entrevista de tu clase con Antonio Machado. Plantéale cuestiones sobre su poesía; puedes imaginar alguna respuesta y discutir su verosimilitud en clase.

4) Intenta pasar el escenario y el contenido del poema a la vida de hoy; puedes hacerlo a través de la pintura o de la literatura. 

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