Antonio Machado: «Un loco»; análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO: “UN LOCO” (de «Campos de Castilla», 1912)
CVI
Es una tarde mustia y desabrida               1
de un otoño sin frutos, en la tierra
estéril y raída
donde la sombra de un centauro yerra.
Por un camino en la árida llanura,             5
entre álamos marchitos,
a solas con su sombra y su locura
va el loco, hablando a gritos.
Lejos se ven sombríos estepares,
colinas con malezas y cambrones,           10
y ruinas de viejos encinares,
coronando los agrios serrijones.
El loco vocifera
a solas con su sombra y su quimera.
Es horrible y grotesca su figura:                15
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,
ojos de calentura
iluminan su rostro demacrado.
Huye de la ciudad… Pobres maldades,
misérrimas virtudes y quehaceres              20
de chulos aburridos, y ruindades
de ociosos mercaderes.
Por los campos de Dios el loco avanza
tras la tierra esquelética y sequiza
—rojo de herrumbre y pardo de ceniza —    25
hay un sueño de lirio en lontananza.
Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!
— ¡carne triste y espíritu villano!—.
No fue por una trágica amargura
esta alma errante desgajada y rota;              30
purga un pecado ajeno: la cordura,
la terrible cordura del idiota.
Antonio Machado: “Un loco”, en Campos de Castilla (1912).
I. ANÁLISIS
1. Resumen
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más altos y profundos poetas en lengua española. Aborda en su poesía, casi siempre teñida de gravedad y melancolía, temas trascendentes como el hombre y su destino, el mundo de los sueños y la dicotomía entre las ilusiones y las frustraciones, tanto de orden individual como colectivo. En cuanto a la forma, Machado mantiene una preferencia por la sencillez elaborada, la musicalidad de la poesía popular y folclórica, la transparencia significativa y la eficacia comunicativa.
El poema que ahora abordamos procede de su primer poemario, Campos de Castilla (1912; se incorporaron nuevos poemas hasta 1917; se considera versión definitiva la publicada en Poesía completa, 1936  ). Estamos en la fase de madurez; es una poesía profunda y reflexiva. La combinación de la experiencia personal con el alcance colectivo es perfecta. Desde una perspectiva individual, se plantean asuntos de resonancia social indudable. Es uno de los grandes valores de la poesía machadiana.
El poema posee una dimensión expositiva-descriptiva y otra crítico-reflexiva; aparecen consecutivamente. Se abre el poema con la descripción de un paisaje castellano duro por la sequedad, la falta de vegetación, casi de vida, y la soledad extrema de ese lugar; también conocemos el momento, un tanto desolador, acompañando al triste lugar: “una tarde mustia y desabrida” (v. 1). Es una tierra estéril y gastada, sin esperanza de poder obtener algo bueno de ella. Y ahí, de repente, se divisa un ser vivo que pasa. Primero lo identifica con un “centauro”, esa criatura mitológica mitad hombre, mitad caballo. De los versos 5-8 lo acota con precisión: es un loco que avanza por un camino, dando voces. 
El yo lírico eleva su mirada y completa el marco físico desolador por el que avanza ese individuo. Es un lugar sombrío, estepario, sin apenas vegetación; solo nombra malezas, acaso alguna encina y cambrones. Vuelve la atención sobre el loco, que “vocifera” en su enajenación. Nos ofrece una prosopografía exacta del inquietante individuo: mal vestido, sucio y demacrado; su figura es “horrible y grotesca” (v. 15). El yo lírico entra en los pensamientos del loco, por eso nos explica que “huye de la ciudad” (v. 19), poblada de gente ociosa, maliciosa y egoísta. Hay una pequeña esperanza, pues exite un “sueño de lirio en lontananza” (v.26). Finalmente, el yo lírico explica que el loco se ha alejado de la ciudad no por una tragedia personal, sino porque ha de “purgar” un “pecado” ajeno: la cordura del idiota. El enunciado es ambiguo; no sabemos si es él el único cuerdo en una sociedad de locos, o si los demás se creen cuerdos, pero más bien están enajenados. 
2. Tema
El poema aborda varios temas:
-La paradoja de que la persona tenida por loca es la más cuerda de su comunidad.
-El paisaje inhóspito y árido de Castilla, poco amigable.
-La soledad y el abandono de las personas distintas por parte de una sociedad adocenada, superficial e hipócrita.
3. Apartados temáticos
El poema presenta una estructura secuencial bien visible. Así, encontramos:
-Presentación del marco físico, feo y deprimente, donde se desarrolla la acción (vv. 1-4).
-Primera aproximación a la figura del loco: anda sin parar y habla a solas, gritando (vv. 5-8).
-Segunda visión del paisaje castellano; es estepario, árido y triste (vv. 9-12).
-Segunda aproximación al loco, descrito con detalle; es una figura grotesca y hasta repelente (vv. 12-18).
-Valoración negativa de la ciudad, poblada por gente ociosa, hipócrita y cruel (vv. 19-22); al loco le sobraban razones para abandonar la urbe.
-Síntesis del cuadro antes expuesto; un loco avanza alejándose de la ciudad (vv. 23-28).
-Explicación final de la causa de la locura: el loco es el único cuerdo entre gente que ha renunciado a vivir con autenticidad y sencillez, entregándose al ocio y la hipocresía. Él, con su desequilibrio, es el único que entiende esta verdad, desagradable de admitir para los demás.
4. Métrica, rima y estrofa
El poeta sevillano ha elegido unas combinaciones estróficas muy originales. Los versos son endecasílabos y heptasílabos. Primero aparecen tres cuartetas (vv. 1-12); sigue un pareado (vv. 13-14). Continúan dos cuartetas (vv. 15-22). El resto del poema está en arte mayor; aparecen, consecutivamente, un cuarteto, un pareado y, finalmente, un serventesio. La musicalidad del poema se percibe muy bien; la melodía provocada por esta magnífica combinación de estrofas evocan el contenido: tristeza y amargura. 
5. Comentario estilístico
Estamos ante un denso y sombrío poema donde el yo lírico, a través de la selección de su tema y del modo de tratarlo nos deja ver su pensamiento, muy pesimista sobre la España de principios del siglo XX. El marco temporal y espacial es desabrido y feo, metáfora en sí mismo del personaje –un loco– que pronto aparece en escena y de la situación social y cultural de la España atrasada, pobre y deprimente. La anécdota, en sí misma, es otra metáfora que remite a una realidad sórdida y desagradable.
La tarde es “mustia y desabrida” (v. 1); esta sinestesia aplicada a la tarde expresa muy bien lo inhóspito del momento; luego se confirma que es un “otoño sin frutos”, baldío. La tierra se presenta como “estéril y raída” (v. 3). En ese lugar no hay nada benéfico ni acogedor. Las bimenbraciones de los pares de adjetivos refuerzan esa imagen de desolación. Ahí aparece, de pronto, una criatura fantástica, el centauro”, que ni siquiera tiene corporeidad, ya que solo es una “sombra” que “yerra”, es decir, anda perdido, de acá para allá. La escena es fantasmagórica, de pesadilla.
En el segundo serventesio se precisa el marco geográfico y el protagonista. Estamos en una “árida llanura” donde unos álamos “marchitos” sobreviven como pueden. En este momento se introduce la primera percepción auditiva: el loco avanza “hablando a gritos” (v. 8). La escena es escalofriante, propia de una pesadilla. Desolación y espanto son las sensaciones lectoras inevitables. 
De pronto, en el tercer serventesio, el yo lírico se fija otra vez en el paisaje (es la tercera ocasión que lo hace), pero ahora con la vista elevada, mirando a lo lejos; y lo que percibe no es menos desapacible de lo que había percibido antes. “Lejos se ven sombríos estepares” (v. 9); esta imagen de tierra llana e infértil se ve completada con las “colinas” apenas cubiertas de “malezas y cambrones”; y, al fondo, “serrijones”,  sierra montañosa de poca altura extensión, poblados por “ruinas de viejos encinares” (v. 11). Todo es desolación, abandono y muerte. Este paisaje doloroso invade nuestro interior con el adjetivo “agrios” aplicado a los “serrijones”; esta sinestesia metafórica nos fija del todo la imagen de un lugar inhóspito y como temible.
El pareado que sigue repite la única figura que se mueve: un loco que “vocifera” algo incomprensible. Y se añade un nuevo matiz, ya entrevisto: ese hombre va solo, acompañado de su “sombra y su quimera” (v. 14). Esta bimembración, de connotación metafórica, explica muy bien el abandono de este ser enajenado. El serventesio que sigue (vv. 18) presenta una prosopografía y una etopeya del loco; ambas componen un retrato grotesco, como extraído de un cuadro de Goya. Hay siete adjetivos calificativos dentro de la estrofa, aplicados a este hombre que es repulsivo para el yo lírico y, por extensión, para nosotros. Los contrastes y claroscuros son vivos e inquietantes: la luz de sus ojos contrasta con su “rostro demacrado” (v. 18). Ahora el lector ya comprende quién tiene delante: un pobre hombre dominado por la insania. 
El siguiente serventesio (vv. 19-22) nos presenta a un yo lírico ejerciendo de un narrador omnisciente, aunque él nos cuenta la historia en presente. Por eso conocemos que el loco se ha ido de la ciudad por muchos motivos, como nos expresa la suspensión. Y conocemos los agentes de su desgracia: “chulos aburridos” y “ociosos mercaderes” (vv. 21 y 22). Son prototipos urbanos de gente maligna y cruel, dispuestos a hacer “maldades” y “ruindades” para divertirse, o para obtener provecho. No entra en más detalle, pero insinúa que el loco no fue tal en tiempos pasados, sino que los demás lo hundieron con malas mañas y mucha inmoralidad. 
El cuarteto que sigue (vv. 23 -26) rompe con el contenido sombrío, pues metafóricamente se introduce cierta esperanza. En ese lugar tan hostil y agresivo, sin embargo, existe “un sueño de lirio en lontananza” (v. 26); la interpretación es muy abierta; ¿el loco imagina cosas positivas? ¿El yo lírico entrevé un final optimista en este paisaje desolado poblado por un trastornado? No lo podemos saber. El pareado siguiente (vv. 27-28) precisa las causas del deambular del loco: ha huido de la ciudad porque no ha podido soportar la villanía e inmoralidad de sus habitantes, lo que expresa metafóricamente en el paralelismo exclamativo “¡carne triste y espíritu villano!” (v. 28).
El serventesio final (vv. 29-32), es una explicación completa y profunda por parte del yo lírico sobre por qué el loco yerra por ese paisaje terrible. Primero indica lo que no fue; “una trágica amargura” (v. 29), metáfora de un revés existencial o pasional que lo trastornó. La define otra vez con una feroz metonimia: “alma errante desgajada y rota” (v. 30); indica muy bien su profunda insania. Sin embargo, cuando nos enteramos de la razón de su locura, el lector queda perplejo y confundido. El loco “purga un pecado ajeno: la cordura”. Por ser él el más lúcido de su comunidad, ha de apartarse de ella, porque lo han empujado a los márgenes. La paradoja final “la terrible cordura del idiota” (v. 32) señala muy al vivo cómo la persona inocente o, en este caso, disminuida, es la más racional y despejada del grupo social donde vive. Y eso debe pagarlo sin compasión, por cruel decisión de los chulos y los mercaderes. 
Como hemos visto, estamos ante un poema sombrío y amargo. Bajo el pretexto de una visión de un loco en el campo, el yo poético reflexiona sobre la sociedad de sus días, concretando en la vida de la ciudad. La ve como hipócrita, inmoral e interesada; el único que se opone a esa vida cínica y vacía es el “idiota”; justamente por comprender esa verdad, sufre el destierro de su lugar y ha de vagar por la tierra inhóspita, solo; llena su aislamiento hablando a voces consigo mismo. La lección del poema es dura y áspera. ¿Quién es más loco, el hipócrita habitante de la ciudad, o el idiota que, comprendiendo su ordinariez, vive errante y enajenado? El poema tiene un final abierto, inquietante y muy apelativo para el lector, que ha de tomar una posición sobre el asunto abordado. La composición poética es bellísima; la arquitectura compositiva es de una perfección asombrosa; es por eso que este poema no ha perdido un ápice de su verdad, amarga, pero cierta.
6. Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912), de donde procede el poema “Un loco”; es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
7. Interpretación y valoración
La interpretación sociológica de este poema es inevitable y enriquece poderosamente su significación: el raro es desterrado de la vida común, justamente por comprender la inanidad e hipocresía de la vida social urbana. El marco natural donde se desarrolla la acción de una tristeza y desolación infinitas. Pero el yo lírico no la describe con complacencia, sino con la amargura propia de quien quisiera que fuera de otra manera. La pintura del paisaje castellano es muy sombría y desalentada. Nos envía el mensaje indirecto de una tierra en agonía, yerma y abandonada a su suerte. Como si fuera el justo castigo para sus habitantes, abyectos en una buena parte.
La simpatía que el yo lírico muestra por el loco es evidente y explícita. De este modo, muestra el rechazo que le produce la vida hipócrita de la ciudad. También desliza cierta compasión hacia este personaje; al fin y al cabo, es el único que ve la realidad como es: terrible, fea y sórdida.
El poema es de una belleza intensa. La construcción, con los vaivenes de focalización, está muy lograda. La adjetivación, en concreto, es de una belleza y expresividad muy alta. 
II. PROPUESTA DIDÁCTICA
1. Comprensión lectora
1) Resume el poema, anota su tema y sus apartados temáticos.
2) ¿Quién es el protagonista del poema, si así le podemos llamar?
3) ¿Adónde se dirige el loco? ¿Por qué grita?
4) Fíjate en el paisaje y en el marco temporal. Explica dónde se sitúa la acción. 
5) Realiza un estudio de la métrica y la rima del poema y establece la estrofa utilizada, en la medida de lo posible.
6) Localiza media docena de recursos estilísticos y explica cómo crean significado y belleza.
2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Crees que el poema refleja una experiencia real? Aporta razones.
2) ¿Podemos decir que el yo lírico rechaza la vida en la ciudad? Aporta razones.
3) El retrato que se presenta del loco es muy vivaz: destaca los aspectos físicos y los psicológicos que lo caracterizan.
4) ¿Quién es el loco en esa sociedad?
5? ¿Por quién muestra simpatía el yo lírico?
3. Fomento de la creatividad
1) Trasforma el texto en un relato en prosa, acompañado de alguna anécdota, en el que aprecie la atmósfera opresiva del original. Puedes continuar la historia según te parezca oportuno.
2) Escribe una breve pieza literaria sobre la vida de una persona enajenada, inspirándote más o menos en el poema de Machado.
3) Realiza una presentación ante la clase o la comunidad educativa, ayudándote de medios TIC, sobre la vida y la obra de Antonio Machado.
4) Intenta pasar el escenario y el contenido del poema a la vida de hoy; puedes hacerlo a través de la pintura o de la literatura. 

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