Elena Fortún: «Celia, lo que dice»; análisis y propuesta didáctica

ELENA FORTÚN – CELIA, LO QUE DICE (1929)
I. ANÁLISIS
1. Resumen
Introducción del narrador, en cursiva
Celia ha cumplido siete años, la edad en la que comienzan a razonar los niños. Es rubia, ojos claros y boca grande. Piensa que los mayores no entienden nada del mundo de los niños, lo que piensan y hacen. Los mayores son hipócritas y mandones con los niños. Celia los encuentra presumidos y hacen lo que quieren. Celia, con sus siete años, siente la necesidad de contarlo todo. Los niños de su edad la entenderán; los mayores, acaso comprendan algo; estos son intolerantes e injustos casi siempre.
Noche de Reyes
En la Noche de Reyes, Celia, la niña, sueña, o imagina, una conversación con el Rey Negro. Este le pide que comparta sus juguetes con Solita, la hija del portero. Cuando amanece, ve todos sus juguetes en el balcón, que son muchos. Ve a Solita en la calle, barriendo. La llama y le dice que espere. Hace una cuerda larga con las de empaquetar las cajas y le baja una cabra, unos libros y una cocina. El padre la sorprende y la riñe. Le dice que son sus juguetes, y que son caros. Teme que su madre se enfade. El portero, Pedro, sube los juguetes, pero el padre le dice que se quede con ellos.
El día de San Antón
Sale a la calle con su gata “Pirracas”, envuelta en su capa. Miss Nelly lo descubre, la gata salta y se escapa. Ponen un anuncio por si alguien la encuentra y ofrecen una recompensa. Aparecen cuatro gatas, pero no es “Pirracas”. Unos días después, los padres se niegan a tener tantos gatos en casa. Un día por la mañana, Celia oye pisadas y algo de ruidos. Se levanta y las gatas ya no están. Se las han llevado, aunque Juana, la criada, dice que no ha visto nada. Celia piensa que eran cuatro princesas encantadas que el hada madrina se ha llevado. El padre le sigue la corriente; la niña piensa que su padre lo sabe todo, pero habla con ironía.
Miss Nelly
El “Teddy Bear” es como Miss Nelly. Celia habla con él. El oso le dice que Julieta, la muñeca de Celia, es mala y desobediente, además de caprichosa. Celia la defiende; dice que Julieta es buena, pero le gusta jugar, comer lo que le apetece, no ir por una calle donde ladra un perro temible. El oso le dice que debe obedecer y ser sumisa. Celia la trata de tonta e imbécil. Llega Miss Nelly de verdad, la coge y la lleva ante la madre. Le cuenta cosas en inglés, mientras llora. Había escuchado la conversación; la madre la castiga poniéndola de rodillas mirando a la pared. Le quitaron el osito.
Mamá se va
La madre se arregla para salir para ir de compras, tomar el té, etc. Celia le pide que vuelva antes del anochecer, porque tiene miedo. Y su padre, Juana y la cocinera también tienen miedo. Quieren estar con la madre, que ya no sabe si salir o no.
La cenicienta
A Celia no le gusta su disfraz, que le llama Incroyable, se entiende de Carnaval. Habla por el balcón con Sole, la hija del portero Pedro. Esta le cuenta que va disfrazada de chulapa, con zapatos de cristal; pasean por el paseo de Rosales y comerán chuletas en un merendero. Juana, la criada, la mete dentro de casa, para que no se enfríe. Celia dice que quiere disfrazarse y comer como Sole. Juana la riñe y la trata de insensata. Desea que la madrastra de Sole la trate mejor, pues la niña está abandonada, sin educación ni cuidados. Anda como una Cenicienta. Celia cree que Sole tiene una madrina que le ha regalado todo eso.
Promesas sin cumplir
La madre se hace las uñas un sábado a la tarde. A Celia no le entra la lección porque no entiende palabras como “tirano”, “límite”, “fluvial”. La madre le dice que debe estudiar, sin reparar en que antes debe aprender el léxico. Celia llora. La madre le promete que, si es buena, el próximo sábado la llevará al cine. Pero hace unos sábados le hizo la misma promesa y no la cumple. Le pide a su madre que no le haga promesas que no piensa realizar.
En casa de María Teresa
Celia pasa la tarde con su amiga María Teresa; es mayor que ella y dice que se aburre con Celia. Juegan a las cocinitas. Teresa manda y Celia hace de cocinera, trabajando sin parar. Viene la cocinera auténtica y les ayuda a hacer unos pasteles. Cuando enfrían, los comen con un primo de Teresa, que es soldado. Luego juegan a que Celia es un león y Teresa lo caza. Hacen alboroto. La madre las llama y las sienta a su lado con un libro. Celia se duerme y se cae de la silla; sueña que caminaba por un palacio. El golpe acaba con su ensueño.
La carabela “Santa María”
La madre le dice a Celia que compra una carabela, un barco como los que llevó Colón a América. Están de moda. Le confirma que es muy grande. Celia, en el colegio, fantasea con Finita sobre su barco. Ella cree que es de tamaño real y estará en medio del salón. Meterá a su gata y a su muñeco y navegará por todo el mundo; se enfrentará a piratas, verá sirenas, un fraile solitario en una isla, etc. Finita se asusta, pero ella le insufla valor. Cuando regresa a casa y comprueba que el barco es pequeño y está encima de una mesilla, se decepciona y llora.
El museo del negro
Su madre no quiere que Finita vuelva a casa a jugar porque rompe muchas cosas. Para disuadirla, Celia le cuenta que en la planta principal vive un negro muy grande que secuestra niños, los mata, los diseca y los cuelga del techo, como en los museos de Historia Natural. Finita ya no quiere ir. En casa, su madre y Juana tienen la gripe. Ha de bajar a la portería para avisar a Pedro, que traiga al médico. Al bajar, con mucho miedo por su historia inventada, ve unos ojos negros por la rendija de la puerta. Sube y baja tres veces. Le sale un negro y le pregunta. Celia grita desesperada. Baja su padre. El negro es el criado de la casa. El padre le dice que eso del museo de niños es una tontería.
En busca de la madrina
Se escapa de casa con Solita para visitar la madrina de esta. Van a las afueras de Madrid; la madrina, Estrella, no está. Se ha ido a oriente. De vuelta, paran al lado de la plaza de toros; no sabe lo que es; piensa que es el castillo del ogro; por una rendija ve al animal muerto y a los caballos; la retiran a empujones. Un señor mayor la recoge cuando está llorando, perdida y sola, pues Solita ha desaparecido. La lleva a casa, en la calle Serranos. Los padres están muy alarmados, pero aliviados de que hayan aparecido.
El modelo de París
La madre le obliga a ponerse un vestido comprado el año pasado en París, y era caro. Le queda muy corto e incómodo. La niña, a solas, se lo quita y se lo pone a su muñeca Julieta y le recorta los brazos y la falda; destruye el vestido. La madre la riñe y Celia acusa a Juana del desaguisado. Juana lo niega, llora y amenaza con marchar. Al fin, Celia le confiesa la verdad a su padre. Pasa unas horas castigada en el cuarto de los baúles. Cuando la sacan, todavía quiere hablar del tema, pero la madre se lo prohíbe.
¿Es pecado mentir?
A Celia le duele un diente que está medio suelto. La madre le dice que si se deja arrancarlo y lo entierra en la tierras, las hadas le traerán un regalo. Celia no sabe si creerlo; su madre le dice que nunca le mentiría. Pero la niña le recuerda varias mentiras que la madre ha dicho a los adultos. La madre se defiende diciendo que, entre adultos, a veces hay que mentir para evitar males mayores, pero que a ella nunca le mentiría; la niña, entre recelos, la cree.
Corte de pelo
El peluquero le corta el pelo a Celia; según su madre, para que esté más fresca en verano y más guapa. Celia se lo corta a “Pirracas”, que queda muy fea, y a sus muñecos. La gata se esconde debajo del armario. Juana piensa que es el diablo. Al día siguiente confiesa que ha sido ella, para que la gata quede fresca. La madre la riñe porque es un gato de Angora, no un vulgar gato, como el de Solita, “Machaquito”. El padre le da la razón.
El aeroplano pequeñito
 Un amigo de su padre dice que es piloto de aviación. Le promete que le construirá unas alas a medida, para que pueda volar. Le advierte que puede matarse si se cae. Al principio le hace gracia; luego le da miedo, sobre todo cuando llega el señor a casa. Se esconde en el armario de la ropa de su madre. Al fin, tras el susto inicial, Juana la encuentra. La niña dice que huye de ese hombre malo. El padre la comprende.
Los planes de Antoñito
Antoñito es un chico algo mayor que Celia, comilón y petulante. La chica va al circo con dos amigas y la miss. Antoñito está solo, abajo. Come bocadillos sin parar. La gente se ríe de él. El acomodador lo lleva donde Celia; el chico no admite haber sido burlado. Se pone malo y la miss lo manda a casa en un coche. A los pocos días lo encuentra y Celia le pregunta cómo está; el chico sigue con su aire de superioridad. Celia lo desprecia por soberbio y petulante.
El milagro
Celia quiere un frasco cuentagotas, como el de su madre de las medicinas. Se lo pide a la Virgen. Ve uno encima de una cómoda del pasillo y piensa que se ha producido el milagro. Se lo apropia y juega con él, manchándose, con su amiga M. Teresa. Miss Kelly y Juana discuten por un cuentagotas que la primera dice que dio a la segunda y esta dice que no lo recibió. Al final, descubren la verdad. La niña defiende que fue un milagro; todas se enfadan con ella.
¡Mamá es un hada!
La madre visita a Celia cuando se despierta. La calma con caricias y palabras suaves. Celia piensa que su madre es un hada. Un día, de paseo, casi las pilla un coche. Celia lo cree imposible, porque su madre es hada. La madre le confirma que no lo es y le llama “novelera”.
“Dalila”
Es una perra que tienen en la casa de campo de la sierra. Celia se empeña y la llevan a la ciudad; la perra va algo acobardada. A la salida de la estación ve a un negro y le ladra furiosa, metiendo en un compromiso a la familia. Al día siguiente la pasean por el campo, no puede beber de las fuentes y ladra enfadada. Ve un guardia y le ladra mucho. Este la amenaza. El padre grita. Al pasar por una pastelería, trata de comer pasteles del escaparate. Rompe el cristal. Sale el dueño. Riña, detención para el padre y multa. Al día siguiente la lleva de vuelta a la casa de la sierra. Celia comprende que no puede vivir en la ciudad su perra cariñosa.
La perfecta Florita
En el retiro, da de comer a un pájaro, que va y viene con comida. Se encuentra con una niña muy presumida y soberbia, Florita. Es hija de un general; su padre es el que más manda en el mundo. Celia exagera diciendo que su padre manda más, y tiene más dinero. Las niñas acaban peleándose; cada una insulta a la madre de la otra y Celia le dice que su madre es un hada. Llega la madre y las separa. La madre llama a Celia embustera, aunque ella no lo ve así. 
¡Ha llegado el niño!
Celia tiene un hermano. Todos le mienten sobre su origen, o callan. Ella no logra entender de dónde viene. Se lo enseña el padre, dicéndole que es guapo como un ángel. Pero ella lo ve feo.
El centro de la tierra
El Sardinero, Santander; miss Nelly está en Inglaterra. Un ama cuida a Baby, el hermano pequeño de Celia, y a esta. Habla con otras; una dice que la cocinera fue a Islandia. Celia les cuenta que es una isla lejana y que por allí se entra al centro de la tierra; hace algo de resumen de Julio Verne “Viaje al centro de la tierra”. Al contener tantas fantasías, la tratan de embustera. La niña se enfada, les pega y llora. Luego la madre la riñe a ella, por fantasiosa.
El baño y el bañero
Celia no quiere bañarse. Le da miedo el mar; le asustan las algas y los cangrejos. Lo mete el bañero, el señor que la cuida para que no se ahogue, pero ella se agarra a él y salta para arriba. Le promete a su padre que se bañará en la orilla.
Doña Benita
Doña Benita es una señora mayor que cuida de Celia y el bebé mientras los padres van a París. Le cuenta a la niña qué es Dios para ella, la luna, el sol, etc. Los duendes son ángeles que se cayeron del suelo por casualidad. No son malos, pero sí traviesos. La niña se propone jugar con ellos. La madre le pide a doña Benita que no le dé cuerda a la niña.
Una tarde en la visita
Visitan a don Tomás y María Rosa, dos hermanos mayores, solteros, ricos, que odian a los niños. Celia le rompe las gafas a don Tomás y recibe una regañina; la sacan al jardín. Le dan de merendar a ella sola; con la hija del guarda, Teófila, se come todos los bizcochos. Vienen a merendar los mayores y no hay bizcochos, que es lo único que puede tomar don Tomás; este se enfada. La madre regaña duramente a la hija camino de casa. Celia dice que de mayor merendará ella sola, para que no la molesten.
Los cachorros de “Dalila”
Celia está en la sierra. Los padres se han ido a París. Dalila ha parido siete cachorros; el guarda los quiere ahogar en el río, pero Celia se opone; al fin, los dejan vivir a todos. A los pocos días, al salir a pasear, la perra ha ido e caza y Celia mete a cada cachorro en un calcetín tendido en la lía. Le falta un calcetín y lo mete en una bolsa de doña Benita; con el pis, arruinan la ropa. Ahora Celia cose una bolsa para doña Benita.
La noche en el jardín
Celia se duerme en el jardín por error, con su muñeca. Sueña con el cisne y una cigüeña. Se asoma al muro y ve pasar un porquero con su cuerno. El chico le dice que por San Miguel se quiere ir a Madrid, a trabajar en una tienda. Celia no lo entiende, piensa que desea ir a comer, o entrar y salir. Al fin, grita y le abren Juana y doña Benita, que discuten entre ellas por el error de no haber acostado a la niña.
El abuelo de Carlotica
Don Luis es un actor jubilado; es anciano. Vive con su nieta Carlotica, amiga de Celia. Pasan la tarde juntas, en casa de don Luis. Revuelven baúles con los trajes de actor, pero Celia piensa que son de verdad. Las riñen por el estropicio que han hecho. El abuelo les cuenta la obra “Reinar después de morir”. Todos lloran. Luego Celia cuenta otro cuento alegre y todos ríen.
La compra de la ermita
Llega a oídos de Celia y Carlotica que un indiano quiere comprar la ermita del pueblo y construir un palacete. A don Luis, que fue bautizado y se casó en ella, le apena tanto que se pone enfermo. Las niñas cogen sus ahorros y objetos de valor, que son naderías, y se presentan en la casa del cura para comprarlo todo. El cura les sigue la corriente. Vuelven a casa de don Luis y el cura y este charlan. Le aclara al viejo actor que los andamios son para arreglar la ermita para la fiesta. Las niñas se sienten algo frustradas.
El duende
Un niño alemán, de veraneo con su familia, vestido de rojo y pelo rubio, con sombrero en punta, caza mariposas. Celia y Carlotica lo confunden con un duende. Le dan dulces y lo encierran en el gallinero. Tratan de hablar con él, pero no lo entienden. Lo quieren encerrar en el sótano del gallinero, momento en que el padre y Tomás, el guarda, comprenden que es el niño alemán. Le abren la puerta y sale a escape. Sus padres lo habían buscado toda la mañana. Celia queda fastidiada.
Me pongo a servir
Los padres se quejan, de su vuelta del viaje por Europa, que han gastado mucho dinero. Celia se ofrece a trabajar para ganar cinco pesetas de criada al mes, según le dice su padre que ganan. Se pone ropa humilde de Josefa, la hija de María, la guardesa. Echa a caminar y va al pueblo de al lado. La coge una señora que es una campesina algo más rica. Le manda ir a buscar una cabra al campo. Allí la encuentra la Guardia Civil con Tomás, el guardés. La llevan de vuelta a casa. Ella piensa en las tres pesetas que ha ganado porque ha sido un verano de mucho gasto.
Encerrados
Su padre el había dicho que Baby era para ella, pero no se lo dejan nunca. Se queja a su padre y le da largas. Toma al niño y decide bañarlo, cosa que logra. Luego lo intenta vestir, como puede. Oye gritos. Al fin descubren que ella está en el baño con el pestillo echado, junto con el niño. No puede descorrer el pestillo. Al fin, lo logra. La riñen; su madre le da una azotaina; su padre la defiende. 
El pobre “Domingo”
Juan es el chófer de la familia. Vive con su mujer, sin hijos; se hacen con un perro, “Domingo”, buen cazador de ratas. Discuten el padre de Celia y Juan y este se despide. Se va con sus cosas y abandona al perro; este se hace de la familia; le curan una pata rota. Celia está feliz con él. Un día viene Juan a buscarlo porque es suyo y le hace falta en su nueva casa porque hay muchos ratones. Celia sufre porque le llevan al perro.
En casa de la tía Julia
Visitan a la tía Julia, hermana de su madre, y su primo Gerardo, que es médico. Viven en una casa grande y con jardín, cerca del mar. Tienen muchos gatos. Llegan unos vecinos americanos, con una criada negra. Traen una cacatúa y peces en una pecera. Los gatos se comen los peces y el chocolate de la comida de la cacatúa. La criada negra se queja a Celia de que un gato la ha arañado. La niña le dice que lo arañe ella la próxima vez que se peleen.
El colegio francés
De vuelta a la ciudad, comienza el colegio. La llevan a uno de monjas francesas. El primer día es infernal. Solo hablan en francés y no entiende nada. Dice que Madrid es la capital de Francia y España; afirma que la luna es un farol con una boca muy grande. Se confunde de clase, baja sola al patio; luego vienen las otras niñas; se pelea con una. Llega una monja y se sienta con ella en un banco. Ya está más tranquila. Al día siguiente tendrá que volver porque no ha aprendido mucho el primer día.
El hada en el sotabanco
 En la buhardilla vive doña Cándida, la viuda del portero. Es mayor y pobre. Celia se disfraza de hada y le lleva golosinas. La vieja cae enferma. Le pide a la niña un médico, leche y algo de dinero. Baja Celia a su casa y llama al médico; con el lechero hace lo mismo. Coge sus ahorros y se los da. El médico y el lechero cumplen con la visita. El padre comprende que es Celia, que está feliz haciendo de hada. El padre le pide a Juana y doña Benita que vigilen más a la niña.
El cuento chino
Un chino amigo de sus padres, que no tiene narices, come con la familia. Le cuenta un cuento a Celia; es un emperador que tiene un ruiseñor que le salvó la vida en una enfermedad. Al final, se mete en un horno de porcelana porque quiere uno igual; se transforma en uno, pintado en el jarrón. A Celia le encanta el cuento y quiere que doña Benita o alguien hiciera lo mismo. Los padres temen que Celia pierda la cabeza.
En el teatro
La madre la lleva la teatro, con Carlotica, la nieta del actor. No entienden nada de la obra. En el descanso del primer acto, ven en un palco a la made de Antoñito. Van a buscarla, pero se pierden. Acaban en el gallinero. Llaman a voces a su madre en plena representación y las mandan callar. Al final de la obra se reencuentran con su madre. La señora, que le hablan al salir, no es la madre de Antoñito. La madre la llama tonta y le dice que no la llevará más al teatro; tampoco le importa.
El día de mi santo
Para su santo pide un perro blanco. Todos le dicen que no puede ser, excepto su padre, que prepara la compra. Llega el día y les traen de la tienda nueve perritos blancos. Todos los regalos eran el mismo; le dicen que no, pero luego lo compran en secreto. Celia está encantada y los padres, abrumados.
Maimón, el morito
El tío Rodrigo, hermano de su padre, vive en África. Ha venido una temporada. Se hace servir de un negrito llamado Maimón. Celia hace buenas migas con él. Le dice que quiere rezar en la habitación de doña Benita. Mientras, Celia entretiene a la vieja cuidadora. Al día siguiente, doña Benita está encamada por enfermedad. De pronto, la cama comienza a elevarse, con doña Benita en ella; se acerca a la ventana; la cama vuelca y se cae. Vienen unos albañiles, que estaban de obras en el patio, y descubren unas cuerdas atadas de la cama a los cables de la garrucha. Maimón lo ha hecho, simulando que rezaba. El tío Rodirgo le ha tirado tanto de las orejas que le han crecido una cuarta.
El peso del Baby
El niño llora mucho; se cae de la cuna y culpan a Celia. Los padres quieren saber lo que pesa el niño. Compran una báscula en la farmacia. Llega la tía Rosario de Vizcaya con el primo Ricardo. Pesan una gallina que han traído, para comerla después. Pesan al baby y da once kilos y medio. El primo le hace preguntas tontas y absurdas, como si van a comer al baby, como a la gallina, lo que enfada a Celia.
Alfredo, el pájaro bueno
Celia piensa que sus padres ya no la quieren; han cambiado su habitación al fondo de la casa. El ama le llama “inclusera” y ella se lo cree; está preocupada. Su amiga María Teresa le deja un pájaro de madera que utiliza de amuleto, para que le pasen cosas buenas. En efecto, deja de gritar, fantasear, hacer ruido, comía educadamente, no preguntaba. Su padre se preocupa y la interroga, pero ella dice que es buena, sin más. El padre le compra regalos, Celia devuelve el pájaro, llamado Alfredito, a su dueña. Ahora ya vuelve a trastear como antes.
El borriquillo
Salen al retiro doña Benita y ella. Se pierden y hace frío. Compran un borriquillo que unos chicos llevan al matadero, por diez pesetas. Lo llevan a casa y le dan leche. Brinca y hace ruido, molestando a los vecinos. Vienen los padres del teatro y se enfadan mucho, aunque el padre no tanto. Al día siguiente, el burro se va a la sierra.
Los tres regalos
Visita a su tío Rodrigo con sus primas María-Rosa y Lolita. A la que mejor se porte, le regalará al final del día un collar de lapislázuli y marfil. Maimón rompe un jarrón, pero Celia dice que fue ella. Al final del día, Maimón dice la verdad del jarrón y el tío le regala el mejor collar.
¡¡Adiós!!
Baby ya sabe andar un poco; ella le ayuda y le cuenta fantasías; una alfombra es una isla, etc. Lo mete en la bañera, como si fuera un coche. Abre la ducha y casi se ahogan; los padres se asustan. A ella la llevan a un internado hasta que crezca más y no sea un peligro para su hermano. Le pide a sus “amigas”, los lectores, que no se olviden de ella. Seguirá contando sus diabluras.
2. Temas del relato
Este texto aborda los siguientes temas:
-La incomprensión que padecen los niños por parte de los mayores. No participan de sus intereses, ni curiosidades,ni preocupaciones. 
-La falta de sintonía entre el mundo infantil y el adulto provoca malentendidos, situaciones desagradables y sufrimiento, sobre todo para los niños.
-La lógica infantil choca a menudo con la de los adultos. El corolario inmediato es la decepción de los niños y el enfado de los padres.
3. Apartados temáticos
La novela que analizamos exhibe una estructura particular. Cada uno de los cuarenta y cuatro relatos o capítulos, sin numerar, pero titulados, constituye una historia completa en sí misma. Son autónomas unas de otras. Funcionan de modo autónomo, narratológicamente entendido, porque son autosuficientes en sí mismas. Cada una de ellas ofrece una disposición clásica, basada en el respeto al orden cronológico y lógico de los hechos narrados. De este modo, encontramos:
-Introducción o presentación de los personajes y el conflicto: es un apartado muy pequeño; se ventila en las primeras líneas del texto.
-Desarrollo o nudo: es la parte más extensa y abarca todo el cuerpo central del relato.
-Desenlace o resolución de la tensión narrativa; ocupa la sección final, a veces un solo párrafo de unas líneas. 
4. Figura del narrador
El narrador se manifiesta en primera persona a lo largo de todo el relato. Celia habla de sí misma, es decir, es protagonista de la acción que narra. Podemos afirmar, entonces, que estamos ante una autobiografía, pues ella, la niña de siete años recién cumplidos, nos cuenta su vida detalladamente. 
5. Personajes
Como el texto es una autobiografía, como antes hemos afirmado, el personaje principal es Celia; ocupa el papel de protagonista. Acapara la acción, ciertamente, pues sus vivencias, en choque y paradoja con las de los adultos, es la línea de fuerza narrativa principal. Los personajes son, en su gran mayoría, planos (previsibles, desempeñando siempre el mismo papel), como es de esperar por la naturaleza del narrador, una niña de siete años. Es curiosa, “preguntona”, suelen llamarle sus padres, entremetida y muy habladora; a veces, para los adultos, sobre todo, sus padres, se hace insufrible. Sin embargo, tiene una virtud importante: es franca y honesta. Dice lo que piensa y hace con total naturalidad, sin reparar en las consecuencias. Se hace muy agradable al lector porque adquiere cierto perfil fresco y contestatario ante los demás, adultos (y, a veces, niños) previsibles, acomodados y conformistas. Celia es muy curiosa y desea comprender el porqué de las cosas, de ahí que pregunta tanto. También es fantasiosa, cosa que le malinterpretan, tildándola de “loca” cada dos por tres.
-Sus padres: de los que no sabemos el nombre, pero conocemos se elevada posición social. Son ricos, viven en la calle Serranos de Madrid y tienen una buena casa en la sierra, a la que se desplazan los fines de semana. Veranean en San Sebastián y Santander; también por Europa. Aman a su hija, pero se cansan de sus fantasías y sus preguntas. Sin embargo, su padre la entiende mucho mejor y tiene un lazo de confidencialidad que no posee con su madre. Baby, el hermano pequeño, apenas juega un papel narrativo importante porque aún no puede interactuar con Celia. La excepción es el último capítulo y el resultado es catastrófico para la niña: la internan.
-Las personas de la servidumbre juegan un papel importante porque es una fuente de conocimiento para Celia. Ahí sobresale doña Benita, la cuidadora, mujer mayor; Juana, la doncella, el ama y la cocinera. Llevan las tareas del hogar y arreglan a la niña. También se muestran condescendientes con ella y, a veces, hartas de sus travesuras. Miss Nelly, institutriz inglesa que la cuida y le enseña inglés se muestra severa, seria y aburrida. A Celia no le gusta, pero ha de soportarla.
6. Lugar y tiempo de la acción narrada
Madrid es el lugar donde se desarrollan la gran mayoría de los capítulos (hay que exceptuar dos o tres en Santander y otros cuatro o cinco en la casa de la sierra). Es una novela urbana, pues la mayoría de los textos ocurren en el ámbito madrileño. Más en concreto, la casa familiar es el marco espacial más repetido. En este sentido, estamos ante un texto de interior, hogareño, digamos.
El tiempo de la escritura sabemos que gira en torno a 1929, cuando la autora, Elena Fortún, publicó semanalmente los capítulos en la revista Blanco y Negro. El tiempo de la acción narrada es contemporáneo al de la escritura: la década de 1920. 
La duración de la acción, por lo dicho, se puede deducir que es aproximadamente de un año, aunque no existe una cronología exacta. Estamos en el final de un curso, el verano y el comienzo del siguiente. La narradora hace calas en su vida, destacando momentos especialmente significativos. 
7. Rasgos estilísticos
Celia, lo que dice es una magnífica novela, muy bien concebida y mejor escrita. Las notas estilísticas más importantes son:
-Visión del mundo de la infancia visto desde el propio niño. Celia, la niña, impone su cosmovisión. Escribe desde su perspectiva infantil, sin concesiones al mundo adulto. Fortún cede la focalización totalmente a la niña curiosa, traviesa y deseosa de conocer el mundo. Por eso choca a menudo con la perspectiva de los adultos, principalmente la de sus padres, una familia burguesa, acomodada y de vida regalada. Por el contrario, halla mayor sintonía con el mundo de las criadas, sobre todo de doña Benita. En la simpleza y la lógica elemental, lejos de hipocresías, criadas y niña encuentran un campo común de pensamiento y sentimientos.
-Magnífico dominio del lenguaje. Con un estilo aparentemente sencillo, pues, después de todo, habla una niña, Fortún nos muestra un texto claro y muy expresivo. La niña habla como tal, así como sus amigos, y los adultos hacen lo propio. Los diálogos son incisivos, frescos y muy significativos en la caracterización de los personajes.
-El narrador juega un papel importante porque nos muestra cómo es la propia Celia: curiosa, despierta, atrevida. Escribe con desparpajo y libertad. Dosifica muy bien la materia narrativa, reservando un desenlace sorprendente y divertido, aunque con una lección casi siempre amarga: los mayores son hipócritas y mienten a menudo. 
-El dominio estilístico de la lengua española por parte de Fortún es muy alto. Nuestra escritora maneja diversos procedimientos narrativos y poéticos con gran eficacia expresiva. Emplea con acierto recursos retóricos (metáfora, símil, personificación, ironía, hipérbole, etc.), dotando al texto de una profunda y bella subjetividad. He aquí un ejemplo extraído del segundo capítulo, “El día de San Antón”, centrado en la pérdida de “Pirracas” (es el nombre de la gata de casa):
El jueves fue el santo de Pirracas. 
¡Muchas felicidades! 
La gata se restregó contra mí maullando, y yo decidí celebrar su fiesta. 
-–Miss, ¿la llevamos a la calle de Hortaleza? 
-–No diga tonterías. 
-–Mamá, ¿me dejas llevar de paseo a la gata? 
-–¡Jesús qué criatura! ¿Serías capaz?… 
-–¡Anda, ya lo creo! 
Y salimos a pasear. Yo llevaba a Pirracas debajo de la capa. Ella se estaba quietecita; pero como se aburría empezó a maullar para decírmelo. 
-–Celia, ¿qué es eso que suena? 
-–¡Nada! –Sí, sí, suena un gato. 
-–¡Bueno, pues que suene! 
–Y está debajo de su capa… 
-–¡Claro! ¡Voy a tener yo un gato en el cuerpo! 
 Pero como la miss es testaruda como la pata de un mulo (lo dice Juana), y le gusta meter las narices en todo, quiso ver lo que sonaba. Yo me defendí; la gata saltó al suelo y ¡se escapó! 
Pirracas era de la abuelita, que la quería más que a las niñas de sus ojos. (Eso también lo dice Juana.) 
Y como la abuelita se ha muerto, ahora es mamá la que quiere a la gata más que a esas niñas.
8. Contextualización
María de la Encarnación Gertrudis Jacoba Aragoneses y de Urquijo (Encarnación Aragoneses, abreviado) nació el 17 de noviembre de 1886 en Madrid. Era la hija única de un militar segoviano y una mujer vasca con cierta nobleza. La crio un ama; no completó estudios oficiales. La muerte de su padre en 1904 tuvo consecuencias negativas en la economía familiar, que pasó a ser más estrecha. 
Se casó a los dieciocho años de edad, en 1908, con un primo segundo, Eusebio de Gorbea y Lemmi, militar y también escritor, con quien tuvo dos hijos; Luis (1908) y Manuel (1909), muerto en 1920. En 1919 la familia se instaló en Madrid, en la calle Ponzano; como vecino tuvieron a Santiago Regidor, catedrático de dibujo y colaborador en Blanco y Negro. Gracias a las tertulias en su casa Fortún conoció a personajes importantes de la vida cultural e intelectual española. Entre otras conoció a María Lejárraga, de quien aprendió a escribir literariamente y recibió el impulso creador y literario que poseía, pero todavía dormido. En 1922 su marido fue destinado a Tenerife y la familia le acompañó durante los dos años de estancia. Allí entabló una gran amistad que perduró hasta su muerte con Mercedes Hernández, esposa de Eduardo Díez del Corral, compañero de su marido. Esta familia inspiró a los personajes de Fortún. Allí publicó sus primeros artículos en el periódico La Prensa.
Volvió a Madrid en 1924; se introdujo en la vida cultural madrileña en pasos sucesivos, pero firmes. Fue nombrada secretaria de la asociación Mujeres Amigas de los Ciegos. Se afilió a la Sociedad Teosófica de Madrid.​ En la Residencia de Señoritas, dirigida por María de Maeztu, estudió Biblioteconomía. Se abonó a la Asociación Libros, que publicó una revista con el mismo nombre en la que colaboró Fortún junto a las escritoras Carmen Conde, Ernestina de Champourcín y Enriqueta Martín entre otras.​ Se asoció al Lyceum Club Femenino (dirigido por la influyente María de Maeztu), ya con cuarenta años, lugar de encuentro de las intelectuales en Madrid. Poseía una clara idea feminista y reivindicaba el papel de la mujer en la sociedad.  
Los primeros trabajos firmados por Elena Fortún aparecen como colaboraciones periodísticas, con artículos variados, en la revista La Moda Práctica. Tomó el seudónimo de un personaje femenino de la novela de su marido Los mil años de Elena Fortún (1922). María de la O Lejárraga le animó a publicar sus relatos en lugar de vender aspiradoras Electrolux ya que aspiraba a independizarse económicamente de su esposo. Con esa intención le presentó a Torcuato Luca de Tena, director de ABC, donde comenzó a publicar en Gente Menuda, suplemento infantil del dominical Blanco y Negro.​ La primera colaboración fue el 24 de junio de 1928. Pronto adquiere prestigio y fama, eclipsando a su marido, con ciertas aspiraciones literarias, sobre todo teatrales. La Editorial Aguilar adquirió los derechos de publicación y fue publicando los diferentes títulos bajo el nombre de Celia y su mundo.
La guerra civil trastornó su vida. Su marido, militar, se desplazó a Barcelona para dirigir la Escuela de Automovilismo de Aviación de Barcelona.​ Ella se quedó en Madrid; publicaba en la prensa periódica, lamentando los estragos de la guerra.  La editorial Aguilar siguió publicando los libros de Celia. Estando en 1939 en Madrid ultimando la publicación de su libro Celia madrecita, las tropas de Franco tomaron la capital. Fortún se fue al exilio; no pudo reencontrarse con su marido hasta meses después de su abandono de España. Al fin, se asentaron en Buenos Aires. Ella trabajaba en la  instalaron en Buenos Aires. Gracias a las amistades madrileñas, pudo vivir de publicaciones en la prensa periódica. Siguió componiendo nuevas entregas de Celia 
En 1948 decidió regresar a España e instalarse en Madrid. Mientras estaba gestionando la vuelta del matrimonio, su marido Eusebio  Gorbea se suicidó en Buenos Aires en diciembre de 1948. Regresó a Argentina para arreglar la situación legal de su marido. Vivió en Nueva York con su hijo Luis, pero el experimento no funcionó y regresó a España, tomando casa en Barcelona. En los primeros cincuenta conoció a Carmen Laforet, con la que le unió una buena amistad. También se relacionó epistolarmente con Carmen Conde y Esther Tusquets. Siguió escribiendo y en 1950 publicó Los cuentos que Celia cuenta a las niñas y Los cuentos que Celia cuenta a los niños. Su último libro publicado en ese año, Patita y Mila, estudiantes fue un rotundo éxito.​ Reinstalada en Madrid, falleció en mayo de 1952, a los 68 años.
Compuso veintiún libros de la serie protagonizada por Celia; publicó ocho obras más de tema infantil-juvenil (una de ellas, de teatro) con otros personajes y situaciones. Su aportación a la literatura infantil y juvenil española es de primer orden. La calidad, originalidad y frescura de sus obras son intensas y originales. Por eso se leyeron en el momento de su publicación y lo seguimos haciendo hoy. La actualidad de sus novelas es plena.
9. Interpretación y valoración 
Celia, lo que dice es una magnífica novela plena de aciertos. El primero es el acercamiento al universo infantil desde la mentalidad del niño. No se trata de ver cómo es un infante, sino de permitir que éste piense y se exprese a su manera. Fortún maneja con gran habilidad el universo infantil. Comprende perfectamente cómo piensa, siente y se expresa un niño; y permite que se exprese a sus anchas a lo largo de la novela. 
La perspectiva femenina y feminista es bien visible. Sin estridencias, pero con mucha firmeza e inteligencia, Fortún cede la palabra a una niña que escribe a otras niñas. Reivindica el papel de la niña en el entorno familiar, educativo y social. Si tenemos en cuenta que estamos en la España de los años veinte y treinta, hay que reconocer que su novedad y empuje intelectual es de primer orden.
La construcción del personaje es muy hábil. La niña queda retratada desde el primer momento; Celia es curiosa, imaginativa, preguntona y enérgica. Hace lo que cree que debe hacer, sin reparar en las consecuencias. Le llaman mala muy a menudo, pero no lo es. Solo actúa conforme a la lógica del niño que cree lo que le cuentan. No es una heroína (llora bastante a menudo, por el miedo, la angustia, el dolor, etc.), sino una niña que quiere ser como es, sin traicionarse a sí misma. 
Celia, lo que dice es, bajo estas consideraciones, es una novela muy original, densa, significativa y rica. Su composición resulta original, equilibrada y feliz: el fondo y la forma se alían para crear un relato de aparente ambiente infantil, pero con un trasfondo social y cultural muy interesante.
II. PROPUESTA DIDÁCTICA
1. Comprensión lectora de toda la obra
  1. Resume la novela (200-250 palabras).
  2. ¿Cómo reaccionan los adultos ante las ocurrencias y los hechos de Celial? 
  3. ¿Podemos decir que Celia actúa por egoísmo o narcisismo?
  4. ¿A qué se dedican los padres? ¿Prestan suficiente atención a la niña?
  5. ¿Cómo son las relaciones entre Miss Nelly y Celia? ¿Qué podemos colegir de su carácter?
  6. ¿Podemos afirmar que doña Benita tiene mucha importancia en la educación de la joven Celia? ¿Por qué? 
  7. ¿Hay algún adulto que se entiende especialmente bien con Celia? 
  8. ¿Qué relación mantiene Celia con los animales? Razona tu respuesta.
  9. ¿Es consciente Celia de las diferencias sociales y las injusticias correspondientes?
  10. ¿Qué sentimientos muestra Celia hacia su hermanito Baby?
  11. ¿Va contenta al internado a estudiar el próximo curso? Razona tu respuesta.
2. Interpretación y pensamiento analítico 
  1. ¿Podemos decir que Celia es una niña feliz?
  2. ¿Son exactamente iguales las relaciones que Celia guarda con su padre y su madre?
  3. Analiza la figura del narrador: ¿qué repercusiones tiene en el relato?
  4. Analiza el comportamiento de los mayores respecto de Celia. ¿Es lógico y razonable?
  5. Celia, ¿padece necesidades materiales? ¿Y afectivas?
  6. Comentario de texto específico
Noche de Reyes (relato n.º 1)
Me desperté asustada, y oí como si un gato estuviera arañando las maderas del balcón. ¡Los Reyes Magos! Entraba la luna por las rendijas, y entraba el frío también…
De buena gana me hubiera levantado a ver lo que ocurría, pero ¡me daba un miedo!… Me tapé la cabeza y empecé a rezar.
«Jesusito de mi vida,
tú eres niño como yo…»
De repente, ¡pum!, ¡pum!, ¡pum!, un ruido terrible de cosas que caen sobre el balcón…, y me encuentro en camisa, delante de un señor negro con corona, que está sentado en la barandilla.
–-¡Dios te salve, Celia! -–me dice.
–-Que Dios te salve a ti, Rey Negro, porque si no, te caerás a la calle.
-–Yo no me puedo caer, porque no peso.
–-¡Qué bien! Entonces podrás volar.
–-¡Ya lo creo! Mira.
Y cogiendo las puntas de la capa blanca que llevaba, se marchó volando por la calle arriba.
-–¡Eh! ¡Eh! ¡Rey Negro! ¡No te vayas!
–-Ya estoy aquí. ¿Qué quieres, Celia?
–-Que no te marches sin dejarme los juguetes que te he pedido en mi carta.
-–¿No los ves?
¡Qué tonta! Estaba el balcón lleno de cajas, y yo no había visto nada entonces.
-–¿Me has traído la cocina?
–-Sí, dos cocinas.
-–¿Y el borrego?
-–Un borrego y una cabra.
–-¿Y el Teddy Bear?
–-También.
–-¿Y la vajilla?
–-La vajilla, y un reloj, y cazolitas, y libros, y rompecabezas, y una raqueta…
–-¡Huy, qué bueno eres! Y ahora que me fijo en ti…, ¡cuánto te pareces al lacayo de tita Julia!
-–¡Como que es mi hermano!
–-Anda, si lo sé antes le doy a él la carta para que te la llevase, y así me hubieras traído más cosas aún…
–-¿Te parecen pocas?
-–No, no; no son pocas. Pero te hubiera dicho que no
te olvidaras de Solita, la niña del portero.
–-No me olvido nunca.
–-Pues hijo, el año pasado no le trajiste nada.
–-Sí, le traje; pero te quedaste tú con ellos…
–-¡Jesús, qué mentiroso!
–-¡Niña! ¿Cómo hablas así a un santo?
–-¡Ay, Rey Negro! Perdóname; pero no sé cómo decirte que no dices la verdad…
–-Sí, digo la verdad. ¿No crees que es demasiado para ti todo lo que te he traído por orden de Dios?
–-No sé…
–-Sólo dejo juguetes en los balcones de los niños ricos; pero es para que ellos los repartan con los niños pobres. Si tuviera que ir a casa de todos los niños no acabaría en toda la noche…
–-Sí, sí, ya comprendo. ¿Entonces debo repartir con Solita lo que me has dejado?
-–Eso es. Yo no puedo detenerme más. Está amaneciendo y aún me queda mucho que hacer.
No sé por dónde se fue ni cuándo me metí en la cama, porque me quedé dormida y no desperté hasta que entró la luz del día en mi cuarto. Me volví a levantar (entonces sí que hacía frío), me abrigué con la colcha y salí al balcón.
–¡Solita, Solita! –-grité, porque ya estaba Solita barriendo la puerta-–. ¡Mira lo que nos han traído los Reyes!
Desaté todos los paquetes, y con las cuerdas hice
una muy larga que llegaba a la calle.
-–Espera, que te voy a echar una cabrita -–y se la mandé bien atada en la punta de la cuerda…
-–Y ahora unos libros… –-y se cayeron; pero todos llegaron al suelo.
–-Y una caja con una cocina.
¡Cómo bailaba Solita!
Detrás de mí, dijo papá:
-–¡Pero qué estás haciendo, niña!
–-Repartiendo los juguetes.
-–¡Entra dentro, criatura, que hace un frío horroroso! ¡Milagro será que no hayas cogido una pulmonía! ¡A la cama!
¡Qué voces daba!
-–¡Pero papá, si me ha mandado el Rey Negro que le dé a Solita juguetes, porque son también para ella!
-–Veremos lo que dice tu madre de eso. ¡Abrígate bien!
-–Mira, papá, el Rey Negro me lo ha explicado todo…
–-¡No digas más tonterías! Todo eso lo has soñado o lo has leído en alguna parte.
-–¡Que no, papá, que no! Mira, yo te diré…
–-¡Nada, no me digas nada! ¿Qué es lo que le has dado a Solita?
–Una cabra…
–¡Válgame Dios! ¡Un juguete carísimo!… ¿Entras en calor?
–Sí, sí; ya no tengo frío… Verás, papá, yo te contaré…
–¿Te quieres callar? Las niñas no mienten ni creen que es verdad lo que sueñan…
De pronto apareció Juana haciendo aspavientos.
-–Señor, aquí está Pedro, el portero, con unos juguetes que dice que…
-–Bueno, bueno –-interrumpió papá-–; dígale usted que son para su hija,
que se los dé…
-–¡Ay, papá, qué bueno eres! ¡Ya lo sabía yo!
–Lo que no sabes es la que nos va a armar tu madre en cuanto aparezca.
¡Y ya se oían los pasos de mamá!…
Fuente: https://www.alianzaeditorial.es/primer_capitulo/celia-lo-que-dice.pdf
EXÉGESIS TEXTUAL
a) Comprensión lectora
  1. ¿Cree Celia en los Reyes Magos?
  2. ¿Es egoísta la niña? ¿Cómo lo deducimos?
  3. ¿Quién es Solita?
  4. ¿Quién es el rey Negro? ¿Cómo habla a Solita?
  5. ¿Reacciona el padre bien ante la acción de Celia de compartir sus juguetes con su vecina?
  6. Localiza en el texto media docena de recursos estilísticos que sirven para hacer más expresivo y bello el relato.
b) Interpretación y pensamiento analítico
  1. ¿Cómo apreciamos el amor, la ingenuidad y el modo de razonar infantil?
  2. ¿Por qué Celia? ¿Es razonable?
  3. ¿Se aprecia cierta crítica social en este relato? ¿Por qué Fortún lo ha hecho así?
4. Fomento de la creatividad
1) ¿Puede un niño de hoy portarse como Celia? Explica y razona con detalle.
2) Transforma uno de los relatos según la mentalidad actual.
3) Realiza una exposición con un panel o con medios TIC sobre la vida y la obra de Elena Fortún. Puede ir acompañado de música, proyecciones de imágenes de la época, cuadros de pintores del momento, etc.
4) Reescribe un relato más o menos inspirado en las aventuras de Celia, pasándolo a poesía o teatro, pero ambientado en nuestros días, abordando los mismos temas.

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