Benito Pérez Galdós: «El equipaje del rey José» (1875); análisis y propuesta didáctica

BENITO PÉREZ GALDÓS- EL EQUIPAJE DEL REY JOSÉ (“EPISODIO NACIONAL», 2.ª SERIE, VOLUMEN 1) (1875)
I. ANÁLISIS
1. Resumen
I
Es el 17 de marzo de 1813. Un grupo variopinto de hombres ociosos y chismorreadores  en Madrid charlan sobre la posible caída de José Bonaparte, rey francés de España. Ven salir del Palacio Real un buen número de carrozas con el rey, hermano de Napoleón Bonaparte, a bordo. Plantean hipótesis sobre su destino, pero sin fundamento. Casi todos desean que se vaya de España cuanto antes, pues les parece una ofensa ser reinados por un francés; vienen a robar y saquear el país. Un militar, Salvador Monsalud, chico joven, les informa que se dirige a Valladolid a ponerse al frente de las tropas contra los rebeldes españoles y la ayuda inglesa de lord Wellington.
II
Salvador Monsalud es un joven soldado, ya sargento, de veintiún años, procedente de Puebla de Arganzón. Es pobre, ha ido a Madrid a ganarse la vida y entró en un regimiento de José Bonaparte, llamados los jurados, odiados por el pueblo. No es afrancesado, ni nada; lo hace para sobrevivir. Lo protege su tío Andrés. Tiene un amigo de su pueblo, Juan Bragas, algo menos pobre que él. Es “covachuelista”, trabaja de oficinista en una oficina. Pasean por El Retiro contándose sus ilusiones. Monsalud está enamorado de una chica de su pueblo, Generosa, más rica que él; el abuelo de ella le dijo que nunca se casaría con su nieta. Monsalud es soñador, idealista; no tiene ideas políticas. Bragas es materialista, no quiere oír hablar de amor, solo de dinero y de cosas concretas. Se ven cuando pueden y hablan de su vida en el pueblo y de sus ilusiones de futuro. José le informa a Monsalud que Generosa se va a casar con Carlos Garrote, el hijo de Fernando Garrote, un hombre rico y poderoso de su pueblo. Monsalud no lo cree.
III
De vuelta a la ciudad, todo son corrillos de gente intercambiándose noticias. Por entonces no había periódicos, y la gente se enteraba de las noticias importantes por el boca a boca. Llega a los oídos de los dos jóvenes que al día siguiente los franceses abandonan Madrid, a escape. Wellington se ha enterado y, con la ayuda de otros generales españoles del norte peninsular, se dirigen a Vitoria y Burgos para cortar la fuga de José Bonaparte. Charlatanes, curas, nobles, covachuelistas, gente de todo tipo opinan, a cual más disparatado, sobre la noticia. La van deformando hasta acabar en una deformación grotesca e irreal.
IV
Los amigos quedan intranquilos. Monsalud seguirá al ejército francés en su retirada, pues no le gusta cambiar de opinión y juró lealtad a Bonaparte. Lo admite serenamente y no se arrepiente. Su amigo José Bragas niega haber sido bonapartista, aunque su amigo sabe que tiene su oficio gracias al conde de Cabarrús, partidario de los franceses. Ambos han sobrevivido gracias al gobierno francés. José Bonaparte ya está en Vitoria. Es 27 de mayo de 1813. Monsalud y Bragas se dirigen a casa de su tío, que vive cerca de la Cava Baja. Los ven un grupo de chicos y revoltosos; al ver el uniforme jurado de Monsalud, los insultan y les tiran bolas de barro. Los rodean; el militar saca su espada y reparte puñadas. Una madre se le encara por perseguir a su mocoso. Se acerca más gente y se repiten los insultos y las bolas de inmundicia. Bragas dice que él es patriota y que no conoce al uniformado. De pronto, aparece su tío Monsalud. Lo mete en el portal y lo encierra en casa. El sale y arenga a la gente, vendiéndose como gran patriota, cosa falsa, pues es un gran afrancesado. En Salamanca los franceses le golpearon por robar secretos para Wellington; la gente queda convencida y la trifulca acaba ahí.
V
Andrés, hombre desarreglado y tramposo, y Serafina, mujer de ínfulas y fatua, son los tíos de Salvador Monsalud. Tras la tragedia de Babilafuente, se instalaron en Madrid. Un caballero francés intervino para que le dieran un puesto en Visita de Propios. Desde entonces se pavonean como si fueran ricos de veras. No tienen hijos, tras trece años de matrimonio. Se han separado y vuelto a juntar varias veces. Han tenido altercados violentos en el matrimonio. Hacen tertulia todas las noches en casa del matrimonio Ambrosia de Linos y sus dos hijas; la mayor, Dominguita, ya casada; la pequeña, Serafinita, es linda. También acuden Mauro Requejo y Gil Carrascosa. Andrés Monsalud se las de de españolista rabioso, junto con los demás, aunque en voz baja admiten que tienen trabajo gracias a los franceses. Le recomiendan a Salvador que se quite el uniforme y se esconda en esa casa o en la de algún vecino, por si los franceses o los patriotas, llamados los empecinados, vienen a buscarlo. Se niega a ser traidor, se lo llama a su tío y a los otros y se va de la casa. La hija joven de doña Ambrosia, Serafinita, llora, porque lo ama. Le afean a Bragas que no salga a defenderlo.
VI
Al día siguiente, sale el general francés Hugo de Madrid, con los últimos franceses y afrancesados. Antes, habían empaquetado y almacenado en cuatro iglesias todo lo que pudieron robar los franceses en dineros, joyas, estatuas, muebles, cuadros, documentos de Simancas, Toledo, Valladolid, El Escorial, etc. Vajillas, cuberterías, colecciones mineralógicas fueron llevados. Confiscaron todos los carros, galeras y coches de Madrid y salieron con todo. Fueron a Segovia, Valladolid, Burgos, Miranda y Vitoria. Pero cruzaron el Ebro las tropas de Wellington y las de Bonaparte al mismo tiempo y casi fueron a encontrarse en Puebla de Arganzón el 19 de junio, con la inmensa caravana de carruajes. Los poderosos y famosos escriben la historia, pero también los humildes, hasta el más bajo, tiene su historia, y es tan digna como las otras.
VII
Monsalud llega a su pueblo. Algunos vecinos lo reconocen y critican que sea jurado, soldado al servicio del rey francés, pero él, medio escondido, se dirige a la humilde casa de su madre. Entra sin llamar y sorprende a su madre, Fermina, con las labores domésticas, acompañado de un perro. Sabemos que Monsalud es hijo de soltera, lo que la gente bien del pueblo, como el boticario, critica. Cuando la madre lo ve, se funde en un abrazo con él. Le llama “francés” y cae desmayada.
VIII
La madre, Fermina, vuelve en sí y le reprocha amargamente a su hijo Monsalud que sirva a los franceses. Hay una vieja que también se lo reprocha; tiene aire solemne y grave; es alta y delgada; ya tiene cien años; es doña Perpetua, medio beata, contadora de historias, herborista, consejera en el pueblo; la gente la respeta. Entra de la calle un hombre fuerte y enérgico, con sotana. Es el párroco de Puebla, don Aparicio Respaldiza. Anima al chico a que deje a los franceses y se haga patriota. La madre le implora vivamente que no traicione a su patria. Doña Perpetua lo presiona en esa dirección. El cura le anuncia que están formando una partida, dirigida por Fernando Garrote, para hostigar a los franceses; le anima a que se una. Monsalud titubea; no quiere ser traidor, pero desea mantener la lealtad, por honor, a los franceses, que le dieron de comer en Madrid cuando lo necesitaba. El chico nace en una aldea próxima llamada Pipaón. 
IX
Su madre era de Pipaón. Años antes, un hermano de la madre funde el dinero en Madrid y ella cae en la deshonra por quedar embarazada. Por eso se ha ido a vivir a la villa. Monsalud deambula por Puebla, confuso y aturdido. Por la tarde va al campamento y no hay novedades. A la noche va a la tapia del huerto de la casa de Generosa, su medio novia; vive ella con el abuelo y una madrastra. Ella, morena y jovial, baja y, a través de una empalizada de tablas, hablan por una rendija y se declaran su amor, que es ardiente y potente. Ella le advierte que si es soldado de los franceses, dejará de quererlo. Él la miente y no le dice la verdad, lo que a ella le entusiasma. Dice que lo quiere más ahora, sabiendo que es patriota y defiende España. Quiere estar con él a toda costa en ese momento, amenazando con romper la empalizada, o ir a buscar la llave de la puerta del huerto, pero él lo impide porque está con su uniforme francés, de color verde, y ella vería que la ha mentido.
X
Al fin, la contiene, entre promesas de amor. A tal tiempo, un hombre se acerca en la oscuridad y escucha a lo lejos. Ella le confiesa que le agrada Carlos Navarro, que ha peleado bravamente contra los franceses. Monsalud se corroe de celos y da un golpe a la empalizada, que cruje; se acerca Navarro por el crujido de la empalizada; es Carlos Navarro, el hijo de Fernando Garrote; destacado guerrillero contra los franceses. Se amenazan y se tratan de traidores y miserables. Carlos lo alumbra con una linterna; Monsalud saca el sable. Generosa rompe la empalizada y sale; se interpone entre ellos; al ver a Monsalud con el traje francés queda estupefacta; entra corriendo a su huerto y le pide a Carlos que mate a Monsalud por traidor y mentiroso.
XI
La chica, Generosa, o Genara, pide a gritos desde la puerta de su casa a Carlos que lo mate por traidor y embustero. Carlos, sereno, se niega a un duelo a muerte. Le pide a Salvador Monsalud que se vaya, pero este no lo hace. Llega un grupo de gente dispuesto a matarlo por afrancesado, pero Carlos, con palabras y mamporros, los calma. Salen fuera de la villa. En las callejuelas finales, Carlos le advierte que, como vuelva a acercarse a Generosa, le cortará las orejas. De pronto, ambos tiran de navaja y se van a matar por Genara. Aparece un grupo de soldados franceses borrachos, camino de la taberna. Hay tirantez y, al fin, Carlos se va y se conjura a un duelo con el otro la próxima vez que se vean.
XII
Monsalud va a la taberna, se emborracha. A las once de la noche se dirige a casa de su madre. La mesa está puesta y lo esperan la beata doña Perpetua y el cura don Aparicio. Monsalud grita a cada poco “Guerrillero él, yo francés”. No piensa bien. Su madre trata de calmarlo. El cura y la vieja le recriminan su traición. Come algo groseramente. Se oye un clarín. El joven amenaza al cura y a la vieja y se va dando tumbos, se entiende que al campamento francés.
XIII
El narrador decide contar la vida de don Fernando Navarro, conocido como Garrote. Viene de una familia algo noble, hombres grandes y fieros, amigos de la pelea y el abuso a los débiles. De ahí el apodo, que le cae muy bien. Fue un don Juan en su juventud. Doña Perpetua habla con él, en su casa de la Puebla, y le pide que, antes de ir a la guerra, aunque tiene sesenta años pasados, debe arreglar su conciencia, en concreto por el asunto de Fermina, la hija de Pablo el Riojano, la madre de Salvador. La vieja sabe que es hijo de don Fernando; este no le da más importancia al asunto. Se sulfura cuando le cuenta la vieja que Salvador es afrancesado. Carlos, que había sido un joven tranquilo, en 1812 se unió a los guerrilleros, ganando fama de valiente y astuto. Su padre decide meterse por algo de envidia contra su hijo.
XIV
Llega su hijo y no puede decir nada. Luego el cura. Hablan sobre la importancia de aniquilar franceses y restaurar la religión y al rey legítimo. Son muy cristianos católicos. Don Fernando, entre bravuconerías y gritos de odio a los franceses, los afrancesados y los liberales de las Cortes de Cádiz, reconoce pecadillos, pero el cura Respaldiza le asegura que con una confesión todo se arregla. Parten camino de Treviño, por los montes, a la guerrilla, para unirse al general Morillo, hacia Miranda.
XV
En el atardecer, por el camino de Uralde, don Fernando trata de confesarse con el cura don Aparicio Respaldiza. Pero el cura va más atento a localizar franceses que a las confidencias del viejo, que se arrepiente de su pasado pecaminoso en cuanto a mujeres. Divisan un francés. Respaldiza le dispara y lo hiere. Llega un destacamento francés, pelean algo, pero los detienen y se los llevan prisioneros. Toda la heroicidad del cura y el bravucón acaban en esto. Se han perdido del grupo principal. Carlos había dado la vuelta para buscarlos, pero es tarde.
XVI
Los encierran en el patio de una casa donde funcionaba una fragua, en el pueblo de Aríñez. Están bajo el mando del general Gazán. Don Fernando piensa en el suicidio, pero no se decide a arrojarse al pozo que allí había. Les obligan a tirar de un fuelle; don Fernando se niega, pero el cura Respaldiza lo hace, muerto de miedo, tratando cariñosamente a los franceses. Ven pasar, por encima de la albarda, muchos carruajes de todo tipo camino de Francia. Los llevan a una casa de labranza y los encierran en una habitación, separados. Los vigila Monsalud; dice quién es a don Fernando, que queda preocupado. El chico les anuncia que al día siguiente los fusilarán.
XVII
Es un monólogo interior de don Fernando. Reconoce a su hijo, Salvador. Se arrepiente de todas sus fechorías. Se considera un gran pecador, indigno de salvación. Ha sido un gran calavera, lo admite. Y hasta lo podría fusilar su propio hijo, sin que este lo supiera. Se atormenta. A tal tiempo entra Salvador y le trae una botella de vino. Viene algo borracho, lo que le afea el viejo.
XVIII
Monsalud conversa largamente con don Fernando. Este no bebe, el joven sí, y se emborracha. El viejo le dice que abandone a los franceses porque son malvados y ateos. Monsalud le replica con lo contrario. Ataca a los curas, a los conservadores, y se muestra muy avanzado en ideas políticas. Don Fernando le insinúa lejanamente que es su hijo y quiere ayudarlo, pero el joven, borracho, no entiende nada. Lo deja en la habitación, gritando y gruñendo cosas que no entiende. Se va a sus cosas
XIX
Capítulo grotesco y tragicómico. Don Fernando, a través del tabique medio roto, habla con el cura Respaldiza. Este está muerto de miedo. El otro quiere confesarse y hace una especie de arrepentimiento, pero el cura solo atiende a salvar su vida; tiene mucho miedo. Don Fernando lamenta su pasado de abusos. Le dice al cura que Salvador es su hijo, que él ha engañado a su madre Fermina, sin mirar nunca para ella. El cura no le aconseja que desvele a Salvador que él es su padre. Entra una turba de soldados franceses y le cortan las orejas al cura Respaldiza. Don Fernando se muere de miedo. Ambos son cobardes y se envuelven en retórica conservadora de religión y patria para justificar su conducta.
XX
Jean-Jean, el sargento francés, le dice a Salvador que se van con el convoy grande a Vitoria. Se oye un tiro de cañon. El 22 de junio de 1813 habrá una gran batalla, pronostica un soldado francés llamado Plobertin. La mayoría de la tropa francesa está borracha y quieren ejecutar a los dos prisioneros. Salvador se interpone. No puede evitar que el cura Respaldiza, con las orejas cortadas, muera ahorcado en un árbol. Entra en la sala de don Fernando. Este le confiesa llanamente que es su padre; Salvador no lo cree. Le deja una pistola para que se suicide y no lo humillen. En efecto, el joven se va y don Fernando se da un tiro. 
XXI
El narrador lamenta la pulsión fraticida de los españoles; se matan entre ellos, sin reparar. Son estúpidos, ignorantes y fanáticos de su religión y sus creencias. Los sargentos Monsalud y Jean-Jean van en la retaguardia del gran convoy, camino de Vitoria. Doña Pepita, una mujer rica, aparatosa y creída, acompañada de su marido el barón, de mucha más edad, llama por la ventana a Monsalud; lo lisonjea y le pide información. Este la calma y le dice que el camino está expedito. Rompe el día del todo; se oyen cañonazos; todos piensan que ha comenzado una gran batalla entre Wellington y los franceses. Jean-Jean habla contra la guerra, la farsa que supone; la muerte terrible de miles de anónimos soldados; los generales se llevan la gloria y el dinero. El convoy se detiene; el camino es malo, siguiendo el curso del río Zadorra. Doña Pepita le pide a Monsalud que le hable de cualquier cosa para no pensar en la batalla que se desarrolla. Tiene miedo.
XXII
El día 21 hay refriegas de ambos ejércitos; los aliados, ingleses, portugueses y españoles guerrilleros, toman puntos altos, alrededor de Treviño y Puebla. El general Graham y el guerrillero Longa cortan el camino de Vitoria a Francia. La comitiva, con el rey José en la cabeza, toma el camino de Pamplona. Este escapa, pero el grueso del convoy, con artillería e impedimenta, queda atrapado, en una ratonera. El botín que los franceses llevaban expoliado de España era enorme. Avanza penosamente, pero a pocos kilómetros de Vitoria ya no pudo seguir. Allí se detuvo para siempre. Desde el convoy se veían los cañones y los ejércitos moverse y escupir fuego. Mandan bajar de los carros y dejarlo todo, joyas y alhajas, y seguir a pie. Doña Pepita le suplica ayuda a Monsalud; su marido, el oidor Urbano, gordo y flojo, se pierde entre la gente. Doña Pepita adula a Monsalud para que la proteja; el joven la calma. Ella teme morir. Hay gran alboroto, ruido y desbandada.
XXIII
Doña Pepita es de la familia de los Sanahúja. Caminan doña Pepa y Monsalud abriéndose paso entre el gentío, buscando a Urbano, que no aparece. Comienza a llegar en tropel los soldados en retirada, la artillería y la infantería. Muchos soldados heridos reciben auxilio; amputan extremidades sin anestesia de ningún tipo. Gritos y confusión. El camino de Salvatierra, hacia Pamplona, también es cortado con zanjas y obstáculos por los guerrilleros de Mina y Longa. Siete carruajes de lujo pasan Vitoria, pero han de dar la vuelta porque Graham y Longa les cortan el paso. Ahí va el rey José. A las tres de la tarde, la masa de soldados en retirada es enorme, al lado de Vitoria. Los soldados en retirada asaltan los víveres del ejército y de los particulares y se esparcen por el campo, huyendo del Zadorra, río mortal allí. Veinte o treinta grandes piezas de artillería avanzan a gran paso, arrastradas por caballos, en retirada, para que los enemigos no las cojan. Pasan por encima de todo lo que pillan para no detenerse. Un pequeño destacamento a caballo abre eun pasillo al grito de “¡Paso al Rey!”; reparten sablazos y golpes sin piedad. Es José Bonaparte, demudado, sin sombrero,seguido del general Jourdan y otros, que huyen a caballo desesperadamente. Por una colina bajan los ingleses y los guerrilleros; la gente huye como puede, dejándolo todo atrás. Doña Pepita y Monsalud encuentran a Urbano. El joven se quita su uniforme de jurado, con la ayuda de Pepita y se pone ropa de civil tomada de un baúl.
XXIV
Los soldados ingleses se entregan al atropello y al botín sin vergüenza alguna. Roban todo lo que pueden. Dinero, alhajas, cuadros, ropas, papeles, etc. Después, los guerrilleros hacen lo propio. El populacho de Vitoria y las aldeas cercanas se entrega al pillaje. Roban y matan e inducen a matar a los jurados y a los afrancesados. Muchas mujeres, por afrenta, que han perdido a sus hijos guerrilleros, piden venganza. También abusan de mujeres. Doña Pepa se presenta ante un grupo de mujeres e implora agua. Dice que lleva a Francia un mensaje para Fernando VII; su marido es el secretario del virrey del Perú y su hermano (Monsalud, en realidad) el veedor de Zaragoza; las mujeres se apiadan y le dan agua y alimentos. Todo esto, ya de noche. Muchas familias de La Rioja y Vitoria se han hecho ricas con el pillaje de esa noche, pues es mucho lo robado; son bienes fabulosos.
XXV
Al día siguiente, mucha gente de Vitoria acude al campo de batalla por curiosidad. Cogen águilas imperiales y botones de los jurados, como recuerdos. Entierran a cuatro mil soldados muertos, de ambos bandos. Más de diez mil heridos. Algunos carruajes con cuadros logran salir, pero vuelven tres años después a España. Un viejo, llamado Miguel de Baraona, acude con su nieta, Generosa, a contemplar el espectáculo, que es terrible. Muestran una ideología muy conservadora y fervientes cristianos. Saludan a Carlos Navarro, o Garrote y le dan el pésame por la muerte de su padre en trágicas circunstancias. El joven llora. El viejo le insinúa que se case con Genara, pero el joven replica que ella no lo quiere; la joven calla. Van a merendar juntos, con familiares del viejo, gente importante de Vitoria, con cargos relevantes. Ven cómo hacen una fosa común de afrancesados. Genara mira con aflicción.
XXVI
Comen abundantemente a la sombra de unos árboles. Baraona hace un discurso exaltado de defensa de Dios y la Patria; los demás, un canónigo, un capellán de monjas y el secretario de la Inquisición, junto con Generosa y Carlos, escuchan atentamente y asienten. Son tradicionalistas y viven bien. Carlos cuenta refriegas y la batalla del día anterior. Todos escuchan atentamente. Duermen la siesta a la sombra, excepto Carlos y Genara, o Generosa, que hablan sin parar como dos enamorados. Se acerca una señora de mediana edad vestida estrafalariamente. Dice que es es esposa del alcalde de Bailén y está con su esposo y su hermano, seminarista, guerrillero de la partida del Fraile. Les pide algo de beber y comer y se lo dan. Genara y Carlos la acompañan de vuelta a su rancho, entre carrozas destrozadas.
XXVII
Le llevan comida a la señora “alcaldesa” (falso, es doña Pepita) a su rancho. De camino, Carlos le pide la mano de esposa a Generosa, y esto lo abraza. Al llegar, ven a Monsalud, el “seminarista”. Tienen una agria disputa los dos jóvenes hermanastros, aunque no saben que lo son. Los sigue Monsalud hasta la carroza imponente de Baraona. Montan todos para volver a Vitoria, excepto Carlos. La noche cae.
XXVIII
Monsalud y Carlos Navarro se alejan solos. Se van a batir, pero el renegado está muy débil y apenas puede caminar. Lo lleva a su campamento Carlos; le dan de comer y beber y se entona. Carlos le llama Soldevilla, originario de Nájera, para que nadie lo reconozca. Hablan indirectamente, retándose, delante de otros soldados. Al fin, salen del campamento, a la noche, con un sable cada uno. Salvador le pide a Carlos esperar al día siguiente, pero este lo rechazo. Chocan los sables. De pronto, Carlos cae, herido, y aparentemente muere. Unos hombres se acercan. Salvador está estupefacto.
Madrid, junio-julio de 1875.
2. Temas de la novela
Este “Episodio Nacional” aborda los siguientes temas:
-La derrota final de los franceses en la invasión española, tras cinco años de reinado de José Bonaparte, tras una dura y sangrienta guerra que finaliza en junio de 1813.
-La pulsión española de enfrentamiento fratricida es tan profunda que resulta muy difícil erradicarla o, cuando menos, controlarla.
-La guerra conlleva miseria, dolor, muerte y empobrecimiento material y moral, como se vio en la Independencia de España.
-El destino vital de cada persona es impredecible y, muchas veces, irónico. Más parece un castigo por los excesos cometidos que un premio por los buenos actos realizados.
3. Apartados temáticos
La novela que analizamos exhibe una estructura clásica, basada en el respeto al orden cronológico y lógico de los hechos narrados. De este modo, encontramos:
-Introducción o presentación de los personajes y el conflicto: ocupa los cinco primeros capítulos. Conocemos a Monsalud, el sargento “jurado” del ejército de José Bonaparte, sus penosas circunstancias familiares y personales, etc. También aquí se presenta la huida hacia el norte, camino de Francia, de José Bonaparte, rey de España por la voluntad de su hermano Napoleón.
-Desarrollo o nudo: es la parte más extensa y abarca desde el capítulo VI hasta el XXVII (penúltimo). El general Hugo abandona Madrid, últimos restos del poder francés en la capital. Camino de la frontera francesa, el ejército y la corona de Bonaparte, con cientos de carretas, galeras, etc. confiscadas huyen con un enorme botín expoliado en Madrid y otras partes de España. La acción se centra en Salvador Monsalud; vuelve a su pueblo, Puebla de Arganzón. Sus antiguos amores con Generosa ocupan una parte importante de las vicisitudes, así como la situación de su madre, arrastrando una penosa vida. La batalla de Vitoria ocupa un lugar principal, pero visto desde la retaguardia.
-Desenlace o resolución de la tensión narrativa; ocupa solo el capítulo XXVIII y final. Se centra en el conflicto amoroso de Generosa, que juega a dos bandas. Los hermanastros se enfrentan por ella y Salvador Monsalud, aparentemente, mata a Carlos Navarro.
  1. Figura del narrador
El narrador se manifiesta en tercera persona en la mayoría del relato. Sin embargo, de vez en cuando se deja ver, opinando sobre la organización narrativa, los hechos históricos que novela, etc. Se trata de un narrador parcialmente omnisciente, externo al relato, pero bastante subjetivo, en el sentido de que critica duramente al ejército invasor francés, lamenta que muchos se hayan hecho afrancesados y, sobre todo, irónicamente, ofrece una estampa desoladora de los conservadores sublevados. La estampa de los curas, los nobles y los ricos es ferozmente satírica. Son gente santurrona agarrada a principios antiguos, inmovilistas y violentos, pero que en  el fondo protege sus intereses materiales y su cómoda vida. 
En  varios capítulos (por ejemplo, el XXI), el narrador reflexiona sobre la estupidez humana, las dificultades de los españoles para organizar la convivencia, la enorme hipocresía que guarda la gente en su interior, la pobreza moral e intelectual de muchos personajes que por su posición social deberían ser más sólidos, etc. No es un narrador objetivo y distante, sino que, de algún modo, sufre con lo que cuenta.
  1. Personajes
Galdós alterna entre personajes redondos (complejos, cambiantes, que evolucionan en sus pensamientos, sentimientos y valoraciones), como Monsalud, con otros planos (previsibles, desempeñando siempre el mismo papel), como Baraona.  Las prosopografías y etopeyas (al fin, retratos) que realiza el novelista son exactos, expresivos y plásticos. Pronto el lector se hace una idea de ellos y los asume como elementos clave de la narración. Analicemos los personajes principales:
-Salvador Monsalud: es un joven de veintiún años natural de Pipaón, en Álava. Es noble y de buen corazón, pero su pobreza e ingenuidad lo empujan a circunstancias terribles. Al hacerse soldado al servicio de José Bonaparte, queda marcado para siempre. Quiere ser patriota y no ser traidor al ejército, lo que lo coloca en una difícil tesitura. Está enamorado de Generosa, que le corresponde a medias, pues coquetea con Carlos. Esto le provoca mucho sufrimiento al joven; su madre, Fermina, no está casada; el chico lleva el estigma de la bastardía. Algo impetuoso, se muestra, sin embargo, firme en ciertos principios morales.
-Carlos Navarro o Garrote: es el hijo noble de don Fernando Garrote, el rico de Puebla de Arganzón. Es un chico noble; se hace guerrillero antifrancés, lo que le da templanza y valentía. Está enamorado de Generosa, aunque esta no le corresponde del todo. Acepta el duelo a muerte con su hermanastro (sin saber la relación familiar que lo une) por el sentido del honor; ello le cuesta la vida. 
-Generosa, o Genara: es una joven guapa, impulsiva y calculadora. Maneja muy bien sus circunstancias amorosas, jugando con los dos chicos según las circunstancias. Tiene poco protagonismo, pero mucha relevancia en cuanto a la explicación del sangriento desenlace de la novela.
-El cura Respaldiza: es el ejemplo del clero ultraconservador y trabucaire. De ideas muy retrógradas, influye grandemente en todos los personajes de su alrededor para que los afrancesados sean aniquilados. Él mismo coge el fusil y mata a un soldado francés. Su triste final es uno de los episodios más horripilantes de la novela. Es cobarde, farsante y muy hipócrita en cuanto a sus aptitudes éticas.
-Fernando Navarro, o Garrote: es un hombre ya mayor; antiguo señor de la tierra, rico y poderoso, se aprovecha de las chicas y comete todo tipo de atropellos sin consecuencias para él. Ultraconservador, no repara en su vida inicua hasta que se ve con la soga al cuello. Pero al fin, comprende todo el mal que ha hecho y, a su manera, se arrepiente. Su suicio es un acto incluso noble, algo reparador de todo el mal que ha esparcido por la comarca.
-Fermina, madre de Monsalud: representa muy bien esa parte doliente y sufrida de la población que sufre las iniquidades de los demás. Al haber quedado embarazada y el padre del niño, Fernando Navarro, no admitir su paternidad, ella queda totalmente desprotegida. Lleva una vida miserable y doliente. El cura y la beatilla del lugar le han inculcado una ideología conservadora e inmovilista. Rechaza a su hijo por hacerse afrancesado.
-Miguel de Baraona, abuelo de Genara: otro representante de la ideología ultramontana e inmovilista. Defiende su estatus con ímpetu y odia a los enemigos de la religión católica y de la Monarquía española.  
  1. Lugar y tiempo de la acción narrada
Madrid es el lugar donde se desarrollan los primeros cinco capítulos de la acción narrada. Galdós la pinta como una ciudad bastante destartalada, poco agraciada, más bien inhóspita (barro, suciedad, frío, lluvia helada, etc.). Al mismo tiempo, resulta un lugar familiar, heterogéneo y, a pesar de su suciedad, benevolente con sus habitantes. El resto de la acción ocurre en Puebla de Arganzón y en las cercanías de Vitoria. Es una novela, pues, eminentemente rural.
El tiempo de la escritura lo declara la última línea del texto: 1875, coincidiendo con la madurez artística de Galdós. El tiempo de la acción narrada es muy preciso: primavera-verano de 1813. Se trata de la huida definitiva de España de José Bonaparte, Pepe Botella, camino de Francia. La acción se nuclea en torno a la batalla de Vitoria, ocurrida el 21 de junio de 1813.
La duración de la acción, por lo dicho, se puede deducir que es aproximadamente de tres meses, de marzo a junio. Sin embargo, la acción principal se reconcentra en los tres días antes y uno después de la batalla. 
  1. Rasgos estilísticos
El equipaje del rey José es una magnífica novela, muy bien concebida y mejor escrita. Las notas estilísticas más importantes son:
-Rapidez y viveza en la narración. El ritmo narrativo avanza con firmeza; la acción no se detiene, ni se demora más de lo debido, sino que se progresa con armonía y cierta rapildez.
-Combinación de datos históricos con otros de ficción para transmitir una idea exacta de los acontecimientos históricos. La mezcla es muy feliz; todos los personajes, reales o inventados, son sólidos y creíbles, de modo que aumentan notablemente la verosimilitud textual.
-El narrador juega un pape importante porque aporta actualidad y un punto de vista subjetivo, pero razonable. Actúa como un contrapunto a la objetividad general.
-El dominio estilístico de la lengua española es muy alto. Galdós maneja diversos procedimientos narrativos y poéticos con gran eficacia. Emplea con acierto recursos retóricos (metáfora, símil, personificación, ironía, hipérbole, etc.), dotando al texto de una profunda y bella subjetividad.
8. Contextualización
Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843 – Madrid, 1920) constituye un auténtico regalo imperecedero para las letras españolas. Y no sólo por su estupenda literatura, sino por su compromiso con ideales y valores de progreso, liberalismo, justicia social, atención a las clases abandonadas de la sociedad, etc. en un momento de graves turbulencias políticas en  España. Y lo hubo de pagar muy caro, por ejemplo, sufriendo boicot desde España como candidato más que probable para recibir el Premio Nobel. 
Pérez Galdós pasó por varias etapas literarias dentro de su amplio recorrido:
-Primero asistimos a una etapa inicial de aprendizaje y de novelas de tesis, desde una posición progresista y liberal (1870-1878); Doña Perfecta es la mejor novela de este período de tanteos y aproximaciones bajo una intención política liberal más o menos clara. 
-La segunda etapa se denomina “novelas españolas contemporáneas; ciclo de la materia” (1880-1879); de esta época data su mejor novela, Fortunata y Jacinta; otro título muy relevantes es Miau. Aquí Galdós alcanza un gran nivel narrativo en forma y fondo, en expresión y contenido.
-La tercera etapa es la de  “novelas españolas contemporáneas; ciclo espirituralista” (1890-1905); deja novelas de gran fuste y narrativamente perfectas; algunos títulos son Tristana y Misericordia. 
-La última fase creativa se ha dado en llamar “etapa mitológica” (1909-1915); un título representativo de este período es La razón de la sinrazón
Dentro de su descomunal proyecto  de los Episodios nacionales, Galdós se propuso novelar con sentido y sensibilidad la historia de España del siglo XIX, en cinco series de diez capítulos cada una (escribió y publicó 46; desgraciadamente, no le alcanzó la vida para completarlos todos, aunque dejó borradores y bocetos de los inconclusos). El equipaje del rey José (1875) es el primer volumen de la segunda serie. Estamos ante uno de los títulos más perfectos de una sustanciosa colección; Galdós aborda unos acontecimientos tristes y violentos que muestran los infinitos problemas de los españoles para vivir en paz y concordia. Como siempre, funde ficción y realidad con gran maestría; introduce la reflexión sobre la historia y crea una ficción de hondo significado, dentro de un marco literario impecable.
Galdós es, junto con Clarín y Pardo Bazán, el máximo novelista del realismo español. El realismo, que se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX, se basa en los siguientes postulados:
-Observación minuciosa de la realidad social y cotidiana. Se intenta una reproducción fiel, como una fotografía, de la misma.
-Atención a todo tipo de personajes: hombres y mujeres, niños, adultos y ancianos, ricos y pobres, tontos y listos, etc., circulan por las novelas realistas.
-Carga reflexiva (y reformista) importante sobre las miserables condiciones de vida de un porcentaje muy amplio de la población.
-El burgués y su ideología burguesa es el foco principal del relato realista.
  1. Interpretación y valoración 
El equipaje del rey José es uno de los “Episodios Nacionales” galdosianos de más feliz realización y contenido; se trata del primer título de la segunda serie. Galdós nos presenta una España desguazada en lo material, lo intelectual y lo moral. La polarización ideológica y cultural es extrema; ambos bandos justifican la violencia para imponer su estilo de vida; afecta, sobre todo, a la religión, a la forma de gobierno y a las costumbres. La denuncia del expolio del patrimonio artístico y cultural llevado a cabo por José Bonaparte y sus secuaces es un elemento central de esta novela. La rapiña y codicia de los franceses llega a unos límites insultantes y feroces, en parte consentido por los españoles, así que la crítica se reparte entre ambos elementos.
Aparece una población un tanto inculta y conformista. Son inmovilistas y conservadores por rutina y por una religiosidad acaso mal entendida. En la segunda parte y el final de la novela, la guerra lo invade todo, incluso a pesar de personajes serenos, como el propio Monsalud. La gente de edad son los que más jalean e incitan a la guerra, aunque ellos no van. Los dos únicos que lo hacen, mueren patéticamente en ella, sin gloria alguna.
Apenas hay personajes que encarnen cierta templanza y serenidad. Todos son del bando conservador, que desean el restablecimiento de la monarquía borbona porque es como volver a las viejas costumbres. Monsalud es indeciso, dentro de su marco moral de lealtad, de ahí que choque con todos los demás, de un modo u otro.
El papel del narrador es otro punto de gran interés. Aquí se percibe inmediatamente la influencia cervantina en Galdós. Comenta cómo ha compuesto su obra, su apego a la verosimilitud esencial; lamenta también la incuria de los españoles y el fanatismo entre los conservadores; en general, es un modo de esconder su avaricia y su defensa de su desahogada posición económica y social. En varias ocasiones, con sus declaraciones, se muestra escéptico sobre las posibilidades de mejorar la patria, pues la clase dirigente está llena de mequetrefes. 
El equipaje del rey José es una estupenda novela, densa, significativa y rica. Su composición resulta equilibrada y feliz: el fondo y la forma se alían para crear un relato de ambiente histórico que nos ayuda a comprender la terrible historia de España en el momento decisivo de la derrota y huida de los franceses en 1813. No pudieron rematar el expolio, pero muchos objetos y obras de arte cayeron en manos privadas y su rastro se evaporó.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
1. Comprensión lectora
1) Resume la novela (200-250 palabras).
2) ¿Cómo reaccionan los madrileños ante el aparente movimiento de carrozas que salen del Palacio Real? 
3) ¿Podemos decir que a Monsalud le interesa la lealtad a las personas e instituciones?
4) ¿Por qué Monsalud se cita con Generosa? ¿Se corresponden?
5) ¿Por qué tienen tanta rivalidad Monsalud y Carlos Navarro? ¿Qué podemos colegir de su carácter?
6) Generosa, chica hábil y decidida, muestra un comportamiento ante los jóvenes un tanto equívoco: explícalo y justifícalo.
7) ¿Todos los soldados franceses son perversos y malvados? ¿Cómo podemos valorar su actuación?
8) ¿De qué se preocupaban las personas de las carrozas cuando comprenden que la batalla está perdida para ellos? Razona tu respuesta.
9) ¿Qué mueve a doña Pepita a adular a Monsalud? ¿Qué busca con esta actitud?
10) Fíjate en don Fernando Garrote y el cura Respaldiza, ¿qué ideología y estilo de vida representan?
11) ¿Por qué se enfrentan a muerte Monsalud y Carlos? ¿Lo mueve su ideología y su religión –como él dice– u otros motivos?
2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Por qué los franceses y afrancesados huyen precipitadamente de España? ¿Es lógico y moral la formación del “equipaje” con el robo de miles de obras de arte, joyas, etc.?
2) Analiza la figura del narrador: ¿por quién toma partido?
3) La bondad y justicia parece un bien escaso en el mundo novelesco de este relato: ¿por qué Galdós ha tomado una posición tan pesimista?
4) Observa los nombres de los personajes: ¿están en correspondencia con su carácter?
5) Fíjate en las muertes de la novela (el cura Respaldiza y don Fernando Garrote: ¿cuáles son las causas? ¿Parece lógico este argumento?
  1. Comentario de texto específico
Capítulo  XXVII 
Indudablemente el guerrillero y Genara deseaban pretexto cualquiera para alejarse un trechito y perder de vista por breve momento al abuelo y compañeros de mesa. Disimulando su gozo marcharon tras la desconocida; pero como no tenían prisa de llegar a donde ella iba, la dejaron ir delante y que se alejase todo lo que quisiera. Principiaba a oscurecer. Viéndose solos, reanudaron su coloquio con mayor vehemencia al pie de los olmos, siendo Genara la que con más calor se expresaba. Tomándose las manos, dejáronse ir vagabundos, abandonados a la dulce corriente que de sus mismas palabras y de sus propios movimientos se derivaba.
–Genara de mi vida –decía el guerrillero cuando ya llevaban algunos minutos de paseo, de conversación, de miradas tiernas y de apretones de manos– si es cierto lo que me dices, te perdono, y seré para ti lo que siempre he sido, un esclavo. Día de luto es este para mí, pero si algún consuelo debo recibir, consistirá en palabras de tu boca, Genara de mi corazón; mi vida y mi persona te pertenecen. Te adoro desde que te conocí y te idolatraré hasta la muerte.
–Carlos –repuso la joven con ardor–, si no me crees lo que te he dicho, me enojaré, me pondré enferma, me consumiré de tristeza, me moriré de pesadumbre. Carlos, no lo dudes ni un momento. Si bajé aquella noche a la empalizada de la huerta, fue porque confundí a Salvador contigo… hizo la misma señal… No había dicho dos palabras el traidor, cuando llegaste tú… ¿Lo crees, Carlos? Dime que lo crees, dime que no queda en tu alma una chispa de recelo, y seré la mujer más feliz de la tierra.
–Bien, Genara –dijo Navarro–. Aunque no fuera verdad, debería creerlo. ¿Oíste lo que dijo tu abuelo cuando nos encontramos hace poco? Su deseo era el mismo de mi desgraciado padre, y también el mismo que ha sido por mucho tiempo y es hoy la más cara, la más dulce, la más risueña ilusión de mi vida. Dime una palabra y nuestro destino quedará fijado para siempre, y la noble pasión de mi alma satisfecha, y la elección suprema de la vida santificada por un leal juramento, ante las miradas de Dios que desde el cielo nos está mirando y nos bendice. ¿Genara, quieres ser mi mujer?
Genara contestó arrojándose en los brazos del guerrillero, que la estrechó en ellos amorosamente. Casi en el mismo instante, ambos jóvenes hicieron un movimiento de sorpresa y temor. Alguien les miraba; frente a ellos y a distancia como de cuatro varas estaba una figura delgada y sombría, un hombre completamente vestido de negro, con la cabeza descubierta. Después de dar algunos pasos, se detuvo. Tras él veíase una especie de choza formada por cajas vacías, y en el angosto recinto, de tal manera formado, clareaba la llama de un hogar y se oían algunas voces.
–Aquí es –dijo Navarro viendo la barraca–. Entra y da a esas pobres gentes lo que les traes.
Genara después de dar algunos pasos, lanzó un grito de espanto.
–Navarro, Navarro, defiéndeme –exclamó con angustiosa voz, corriendo a arrojarse en los brazos del guerrillero y dejando caer en el suelo las viandas que llevaba.
–¿Quién es, quién va? –dijo Navarro con turbación en el breve momento que tardó  en conocer a la sombría figura que tenía delante.
–Defiéndeme –gritó Genara dando diente con diente-; ese hombre me quiere matar.
El aparecido no había hecho movimiento alguno. Llegose a él Navarro, dejando atrás y a regular trecho a la atemorizada joven y le observó con calma.
–¡Ah!… es Monsalud… poca cosa, poca cosa… No temas, Genara… Esto ni pincha ni corta… A fe que no esperaba verte, Salvador. Creí que habías muerto.
–Hubiera hecho muy mal en morirme –dijo Monsalud– sin cobrar una deuda que tengo contigo.
–¿Conmigo?… ¡ah, ya! –añadió Navarro flemáticamente–. Cuando quieras… ¿Era para ti para quien pedía esa mujer, llamándote seminarista y guerrillero del Fraile?
–¿Qué dices? –preguntó Monsalud, ajeno a las jerarquías inventadas por doña Pepita.
–¡Que eres un farsante, un embustero! –exclamó Navarro perdiendo la serenidad.
–Sí, un embustero, un farsante –repitió Genara alejándose más.
–Pero observo aquí la mano de Dios –añadió Carlos con petulancia–. Con tu disfraz y tu cambio de nombre te has ocultado de todo el ejército, pero no te has ocultado de mí.
–Es verdad –dijo Monsalud con enérgica ira–. Pues aquí me tienes. Puedes delatarme, denunciarme, llevarme arrastrado por los cabellos a donde tus salvajes jefes están haciendo cuentas por ver si algún jurado se escapó de la carnicería de anoche. Yo me salvé; pero ahora te proporciono ocasión de ganar un elogio, quizás un grado… Anda, llévame; di que me has descubierto, que me has cogido, y quizás te den un cigarro.
–Si yo fuera tú, te delataría… –dijo Navarro dando un paso hacia adelante–. Puedes vivir y engañar hasta dentro de un rato… Pero me olvidaba de que te hemos traído de comer.
Navarro, recogiendo del suelo lo que había caído, lo arrojó a los pies de Monsalud, que no hizo ademán alguno, dando a entender que no recibía limosna.
–¿Hasta dentro de un rato? –dijo Salvador–. ¿Por qué no ahora mismo?
Doña Pepita atraída por las voces, presenciaba la singular escena sin comprender una palabra; mas no se le ocultaba que allí había peligro para Monsalud, y llegándose al otro, le dijo con amargura:
–Señor militar, no delate Vd. a mi pobre hermano… No, ¿para qué mentir? no es mi hermano, es mi amigo… Es un muchacho honrado y leal. Ya que escapó, déjele Vd. vivir.
Una figura macilenta y oscura se arrastraba a cuatro pies por el suelo, semejándose por la oscuridad de la noche a un gran perro de Terranova. Era el oidor que recogía los restos de la comida.
–¡Yo delatar! –exclamó Navarro–. Señora, esté Vd. tranquila. No haremos ningún daño a su…
–A su amigo –murmuró Genara acercándose al grupo y clavando sus ojos con ansiedad profunda en el semblante de la desconocida señora.
–No le haremos ningún daño –añadió con ironía Navarro, tomando la mano de Genara, como para retirarse con ella–, pero el amiguito se muere de hambre y de miedo: cuídele Vd.
Volvieron la espalda Navarro y Genara. Después de una breve disputa con doña Pepita, Salvador se separó de esta para seguir a los prometidos esposos.
–Detengámonos –dijo Navarro a su presunta consorte–. Viene detrás, y puede herirnos por la espalda.
–¡Pero aquella mujer, aquella mujer! –exclamó Genara apretando los puños y temblando de ira–. ¿La viste? ¿Has oído insolencia igual? ¿Pues no dijo que era su?…
–Su cortejo… Salvador es muchacho de muy malas costumbres.
–¡Cuando tal dijo…! –añadió Genara con la exaltación propia de su carácter en determinadas ocasiones–. ¡Oh! Navarro, no tienes alma… ¿por qué no abofeteaste a esa infame mujer?
Baraona y los tres amigos, viendo la tardanza de los dos jóvenes, se adelantaban a su encuentro.
–Vamos, que es muy tarde. Aprisa, niños… ¿qué habláis ahí?… Hombre, ¡como si no tuvieran tiempo de charlar hasta que se les seque la lengua!…
–Aprisita, aprisita –dijo el capellán, arropándose con su manteo–. La noche está fresca.
–Ya se ve… Como ellos están en la flor de su edad y conservan todo el calor de la vida –murmuró el canónigo con cierta expresión envidiosa.
Genara y Navarro llegaron al fin.
–¿Qué tienes, hijita? –dijo Baraona advirtiendo mucha palidez y trastorno en el semblante de su nieta.
–No es nada –replicó Carlos–. Hemos visto escenas muy lastimosas en la barraca. ¡Cuánta desgracia y miseria en este triste campo, señor Baraona!
–Sí, lo comprendo; pero la guerra es guerra.
–La guerra tiene que ser guerra, es claro –repitió el capellán.
–Pues claro: ¿qué ha de ser la guerra sino guerra? –murmuró el canónigo.
–Evidentemente la guerra es y será siempre guerra –añadió el secretario de la Inquisición.
–Al coche, pronto al coche.
Un vehículo, del cual no se podía decir fijamente si era coche o catedral, se acercó al sitio donde estaban los amigos.
–Carlos, supongo que no podrás venir con nosotros –indicó Baraona, subiendo penosamente con el auxilio de un criado.
–Me es imposible.
–¡Ah! no había visto a esa persona que te acompaña, buenas noches, Sr… –dijo D. Miguel saludando a Monsalud, el cual siguiendo a Carlos, había quedado a cierta distancia.
–Es un amigo a quien casualmente acabo de encontrar.
–¡Ah! muy señor mío… –dijo Baraona.
–Por muchos años… –gruñó el capellán.
–¡En marcha, en marcha! –exclamó el canónigo.
–Hasta mañana –dijo Navarro a Genara  cuando subía y se internaba dentro de la máquina–. Hasta mañana.
Genara miraba hacia fuera con estupor.
–¿No me contestas? Te he dicho que hasta mañana –añadió Navarro ofendido de la profunda abstracción de su futura esposa.
–¡Si Dios quiere! –repuso al fin Genara.
Y el monumental coche partió arrastrado por poderosas mulas.
Fuente: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-equipaje-del-rey-jose–0/html/ff35502e-82b1-11df-acc7-002185ce6064_6.html#I_33_
EXÉGESIS TEXTUAL
1. Comprensión lectora
1) ¿Cómo es el lugar donde se desarrolla la acción? ¿Qué efecto provoca en el lector y en Genara?
2) ¿Qué le pide Carlos a Genara? ¿Cómo reacciona esta?
3) ¿Cómo reacciona Genara cuando ve a Monsalud en la tienda?
4) ¿Cómo reaccionan los jóvenes cuando se reconocen? ¿Por qué?
5) ¿Baraona, por qué está exultante?
6) Localiza en el texto media docena de recursos estilísticos que sirven para hacer más expresivo y bello el relato.
2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Cómo apreciamos el amor, el honor y la venganza en este relato?
2) ¿Por qué los jóvenes desean estar a solas? ¿Es razonable?
3) ¿Cómo actúan los eclesiásticos en este capítulo? ¿Por qué el narrador los ha creado así?
3. Fomento de la creatividad
1) ¿Qué harías tú si hubieras sido Monsalud o Genara? Explica y razona con detalle.
2) Transforma el final de la novela, de modo que te parezca más justo o razonable.
3) Realiza una exposición con un panel o con medios TIC sobre la vida y la obra de Pérez
Galdós. Puede ir acompañado de música, proyecciones de imágenes de la época, cuadros de pintores del momento, etc.
4) Escribe un relato más o menos inspirado en la batalla de Vitoria, que hemos conocido, pero ambientado en nuestros días, abordando los mismos temas.

Deja un comentario