Juan Gelman: Seis poemas escogidos (“Límites”, “Lo que pasa”, “Nota XXII”, “El juego en que andamos”, “Regresos” y “Confianzas”); análisis y propuesta didáctica

JUAN GELMAN – Seis poemas analizados (“Límites”, “Lo que pasa”, “Nota XXII”, “El juego en que andamos”, “Regresos” y “Confianzas”) con propuesta didáctica
 
Contextualización y datos biográficos
Juan Gelman (Buenos Aires, 1930 — Ciudad de México,  2014) es un importante poeta argentino del siglo XX. Sus padres eran emigrantes judíos ucranianos. Comenzó a escribir poesía en su niñez. Luego ya nunca abandonó la escritura poética. La compaginó  con sus trabajos como periodista en distintos medios de comunicación y traductor. Militó en organizaciones guerrilleras argentinas de extrema izquierda revolucionaria. Exiliado durante la dictadura militar iniciada en 1976, retornó a Argentina en 1988; al poco se instaló en México, donde vivió hasta el final de sus días. Buena parte de su vida y obra literaria se vieron condicionadas por el exilio, primero, y por el secuestro y desaparición de sus hijos y la búsqueda de su nieta nacida en cautiverio, en el entorno de la dictadura militar argentina, después. Fue galardonado, entre otras distinciones, con el Premio Miguel de Cervantes en 2007.
 Fue miembro del grupo poético «El pan duro» (1955-1963). Abogaban por una poesía más popular, comprometida e incisiva tanto en su expresión como en su compromiso social. Luego pasa por una etapa experimental, radical en la expresión, tratando de liberar el lenguaje, pero profundamente arraigada su poesía en el pueblo, en manifestaciones como el tango y la cultura popular. Publicó después varios libros con seudónimos (Sidney West, por ejemplo), en un tono más festivo, humorístico y experimental. La expresión del sentimiento amoroso, que ocupa muchos poemas, se tiñe de un erotismo más o menos posromántico.
El exilio de más de una década (en varios países de Europa y América del Sur) a causa de la dictadura militar argentina le afectó profundamente. Ello se agravó con sus problemas para entrar en Argentina tras el fin del régimen militar por razones judiciales, pues tenía causas abiertas por sus actividades políticas. Tras unos años sin publicar (1973-1980) dio a la imprenta poemarios graves y empapados de dolor y pérdidas (sus dos hijos y su nuera fueron liquidados por la dictadura; su nieta apareció años después en Uruguay). Siguió publicando hasta el final de su vida, en un tono algo más optimista, esperanzado y abierto a la utopía. Algunos poemarios destacados son Violín y otras cuestiones (1956), Hechos y relaciones (1980), Carta a mi madre (1989), Valer la pena  (2001) y El emperrado corazón amora, (2011). Toda su producción poética está disponible en Poesía reunida (2012).
Gelman es reputado como un poeta original, hondo y  paradigmático, dentro de la poesía hispanoamericana del convulso siglo XX; es un período en que las revoluciones, las dictaduras y el exilio juegan un papel muy importante. 

1) Límites


¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?
 
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?
 
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?
 
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?
 
Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran.

 

Exégesis
Estamos ante un poema apelativo y, al mismo tiempo, reflexivo. Formalmente, se basa en un juego de paralelismos y anáforas rigurosamente establecidas que interpelan al lector. El tema del poema se desliza en cada estrofa, que es una oración: no hay límites, no debemos conceder credibilidad a quien los marque. Nosotros marcamos el hito hasta donde podemos llegar. Los elementos a los que hace referencia son propios del mundo natural: agua, aire, fuego. Pero, sin transición, los mezcla con otros personales y emocionales: sed, amor y odio. Se agrupan todos ellos en el término “hombre”. La última estrofa es afirmativa, frente a las interrogativas previas. Es un modo de reforzar el vocablo central: la “esperanza”. Esta aparece pura, a través de una metáfora metonimizada, pues tiene “las rodillas nítidas”. Sin embargo, la paradoja final, a través de una oración univerbal aumenta el dramatismo del poema: “Sangran”. 
Es un modo de expresar que sin esfuerzo y sufrimiento no se alcanzan las ilusiones o anhelos que nos planteamos en la vida. En efecto, es chocante comprobar que, como dice el título, los “límites” nos los ponemos nosotros. Ahora bien, cuanto más altos, o lejanos, más sacrificios entrañará su consecución. La construcción del poema (tanto en su aspecto estrófico, como en el sintáctico) es original y expresivamente muy efectiva. Los versos largos (primero de cada estrofa) son endecasílabos; los cortos (segundo), pentasílabos, excepto el último, que es bisílabo. 
El efecto rítmico y de concentración expresiva es inmediato. En conjunto, estamos ante un poema en verso libre de tono trágico dolorosamente esperanzado.


2) Lo que pasa

 

Yo te entregué mi sangre, mis sonidos,
mis manos, mi cabeza,
y lo que es más, mi soledad, la gran señora,
como un día de mayo dulcísimo de otoño,
y lo que es más aún, todo mi olvido
para que lo deshagas y dures en la noche,
en la tormenta, en la desgracia,
y más aún, te di mi muerte,
veré subir tu rostro entre el oleaje de las sombras,
y aún no puedo abarcarte, sigues creciendo
                                                       como un fuego,
y me destruyes, me construyes, eres oscura como la luz.
 
Exégesis
Este hermoso poema es una declaración de amor, o de entrega, del yo poético a una persona indeterminada (su amor, por ejemplo). La subjetividad lo abarca todo: se abre el texto con el pronombre “yo”; todos los verbos están en primera persona del singular, excepto los que aparecen en el antepenúltimo y el último verso; estos corresponden a la segunda persona, ese tú al que se dirige el yo poético. Estamos, pues, ante un poema dialógico, con un tono coloquial y hasta conversacional explícito y expresivo. En la primera parte, el yo poético enumera lo que le ha entregado: sangre, sonido, manos, cabeza y soledad. El listado no es coherente, pero expresa muy bien los elementos corporales y emocionales que él le ha entregado: cuerpo y alma, sensaciones y percepciones. En la segunda parte del poema, introducida tres veces por la expresión “y lo que es más”, o “más aún”, añade soledad, olvido y muerte como elementos adicionados. Son metáfora de la vida entera y su desaparición. El poema se cierra con una potente paradoja: “me destruyes” y “me construyes” son las acciones que el yo poético le atribuye a esa persona amada que lo envuelve y lo arrastra hacia así. Funciona como una fuerza vivificadora y destructora al mismo tiempo; son las acciones previsibles de un amor avasallador descontrolado.
Existen dos símiles impactantes y profundos: “como un día de mayo” y “como un fuego”. Ambos expresan vivamente el efecto beneficioso, pero destructor, que provoca en el yo poético esa persona ansiada, aunque terriblemente poderosa. Todo el poema forma una oración compleja (excepto una breve oración del último verso); las yuxtaposiciones y coordinaciones se suceden creando una sensación de acumulación un tanto ingobernable, aunque buscada. La paradoja final: “eres oscura como la luz” expresa vivamente el efecto paradójico de la entrega amorosa: ilumina la vida y, al mismo tiempo, la destruye.
El poema está formado por doce versos, casi todos de arte mayor (existen dos de arte menor), sin una rima reconocible. Estamos ante un poema en verso libre. El ritmo crea una sensación de acumulación amenazante, lo que funciona como imagen de todo el poema: la presencia de la persona amada trastoca el orden de las cosas e imprime un nuevo sentido a la vida del yo poético.  


3) Nota XXII



huesos que fuego a tanto amor han dado
exiliados del sur sin casa o número
ahora desueñan tanto sueño roto
una fatiga les distrae el alma
 
por el dolor pasean como niños
bajo la lluvia ajena/una mujer
habla en voz baja con sus pedacitos
como acunándoles no ser/o nunca
 
se fueron del país o patria o puma
que recorría la belleza como
dicha infeliz/país de la memoria
 
donde nací/morí/tuve sustancia/
huesitos que junté para encender/
tierra que me entierraba para siempre.
 
Exégesis
Este poema funciona como una glosa de un texto de Quevedo (“Amor constante más allá de la muerte”, soneto celebérrimo de nuestro conceptista barroco). El tono es radicalmente distinto, pues aquí vemos que el escepticismo amargo tiñe todo el poema; en este sentido, es un poema profundamente irónico, pues muestra el descreimiento del yo poético en la eternidad del amor. El yo poético tiñe de subjetividad todo el texto, aunque gramaticalmente no lo vemos hasta la última estrofa, con los verbos en primera persona del singular. Los huesos son el núcleo referencial de las tres primeras estrofas. 
En la primera estrofa se expresa la “fatiga” y la distancia respecto de la tierra originaria. Los sueños ya no existen y todo está destruido (“sueño roto”), sin esperanza. La segunda estrofa presenta dos imágenes surrealistas que expresan dolor, abandono y miseria: los sueños pasean como niños bajo la lluvia; la segunda imagen es más siniestra: una mujer habla y acuna a los trocitos de hueso que ha juntado. Dolor absurdo y apocalíptico es la imagen y sentido que nos llega.
En la tercera estrofa explica que los huesos se fueron de su tierra natal; alude, creemos, al exilio del propio poeta, tras la instauración de la dictadura argentina. El país abandonado es hermoso y sugerente; se transforma en un lugar de memoria y de retiro emocional; allí es adonde se han refugiado los huesos. En la cuarta y última estrofa, el yo poético identifica esa tierra como su lugar de vida y muerte, su alegría y pena. Es ahí donde realiza una acción final: juntar sus huesos para encender (se entiende que su amor. Sin embargo, la tierra donde yacen los huesos es la tumba definitiva. Allí ya no crece nada, si perdura la llama de los huesos enamorados, como en Quevedo. El final es, pues, desolador y amargo. Algunas paradojas incrementan esta mirada desolada.
Formalmente, el poema toma la apariencia de un soneto (como el original quevediano). Los versos son endecasílabos, pero no se aprecia una rima regular. Estamos, pues, ante un poema en endecasílabos blancos; el ritmo está muy marcada; es vivo, algo caótico (imagen del propio devenir de la vida) y expresivo. Llama la atención el uso de neologismos (“desueñan”, “entierraban”); es un modo de reforzar ciertos significados, como se ve, negativos. También es llamativo el uso de la barra (/) para separar enunciados. Este procedimiento estuvo en boga en la poesía hispanoamericana de los sesenta, setenta y ochenta. Su dudosa eficacia expresiva hizo que desapareciera pronto. El conjunto del poema es hermoso y denso. Se trata de una reflexión existencial sobre el sentido de la vida, en relación al amor y a la tierra donde uno ha nacido. El tono es escéptico y un tanto amargo, pues nada justifica la creencia de la pervivencia de sentimientos o ideales después de la muerte. Y en cuanto a la tierra materna, solo queda como tumba de todas las ilusiones.


4) El juego en que andamos
 
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
 
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
 
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.
 
Exégesis
Este texto es la expresión de la antítesis y de la paradoja en su estado más intenso. Se presentan siete paradojas: salud / enfermedad; dicha / infelicidad; inocencia / malicia, pureza / impureza (en la primera estrofa); amor / odio, esperanza /desesperanza (segunda estrofa); vida / muerte (tercera estrofa). Todas ellas se presentan como una hipótesis del yo poético, si pudiera elegir su modo de vida. Y lo que elige es cada una de las paradojas; es decir, imposibles; y por eso mismo, más apetecibles.
El poema es subjetivo y trágicamente utópico. La estrofa final aclara muy bien el tono general. El yo poético se dirige a un auditorio (nosotros, lectores, por ejemplo) para aclarar o advertir que en su elección se juega el sentido de la vida y su propia muerte. No es un juego verbal ni conceptual. Está expresando su sentido de la existencia; ambiciona un equilibrio entre lo posible y lo inalcanzable, y eso le crea zozobra interna. Los efectos de los recursos de repetición son fuertes; repite “si me dieran a elegir, yo eligiría” (creando un paralelismo cadencioso), insistiendo en la imposibilidad de su deseo, pues nadie le va a dar a elegir nada. El demostrativo “este” (y sus variaciones de género y número), al principio de muchos versos, crea una anáfora que subraya el choque entre la realidad y el deseo.
El tono coloquial que introduce la última estrofa rebaja el contenido más severo de todo lo precedente. El vocativo “señores” aporta cierto dialogismo y coloquialismo. El poema está formado por once versos. Los de las dos primeras estrofas son de arte mayor; los dos que forman la última, son de arte menor; se insiste, así, en su tono apelativo. No existe una rima regular, aunque sí cierta asonancia en ía. En conjunto es un poema en verso libre.


5) Regresos


La palabra que
cruzó el horror, ¿qué hace?
¿Pasa los campos del delirio
sin protección?
¿Se amansa? ¿Se pudre?
¿No quiere tener alma?
¿Amora todavía, torturada y violada,
tiene figuras remotas
donde un niño de espanto calla?
La palabra
que vuelve del horror, ¿lo nombra
en el infierno de su inocencia?

 

Exégesis
Este texto reflexiona sobre el horror y la palabra que lo nombra. Es, pues, de naturaleza metalingüística, o metarreflexiva. No se concreta qué tipo de horror, pero lo podemos imaginar: la guerra, la tortura, el exilio, la violencia absurda, etc. El poema contiene siete oraciones interrogativas, más o menos retóricas. El yo poético se instala a medio camino entre la afirmación sombría y la duda ligeramente esperanzada. La “palabra” es metáfora del conocimiento. Cuando conocemos el horror, ¿cómo debemos reaccionar, con el olvido, o el silencio? He aquí el tema del poema.
La palabra (se repite este vocablo dos veces en el poema) está personificada: entra en el campo del “horror”, y cuando vuelve de ese lugar, la perplejidad lo llena todo. La cuestión es cómo reaccionar cuando se ha visitado el “horror”, metáfora de la violencia, la muerte, acaso la tortura, el rapto, etc. El yo poético nos pregunta si es suficiente con nombrarlo y nada más. Acaso el compromiso ulterior del visitante de ese siniestro lugar quede herido emocionalmente y no pueda reaccionar, insinúa el poema.
La metáfora de “niño de espanto” expresa la repugnancia que produce la contemplación de la violencia (seguramente, provocada por el hombre, pero no se dice). El estupor es difícil de gestionar y la reacción puede que sea decepcionante: silencio, hundimiento, desesperación, etc. En los tres versos finales se plantea muy bien la antítesis y paradoja del poema: horror / inocencia; ambas realidades se enlazan a través de la palabra y su acción, “nombrar”. 
Los doce versos del poema se agrupan en una sola estrofa. La medida de los versos es irregular, aunque predomina el verso en arte menor. No existe una rima regular. Es, por tanto, un poema en verso libre. El tono interrogativo y angustioso presenta una reflexión profunda sobre la necesidad de afrontar los aspectos más tétricos de la existencia a través de la palabra y el compromiso subsiguiente.

6) Confianzas
 
se sienta a la mesa y escribe
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
 
y más: esos versos no han de servirle para
que peones maestros hacheros vivan mejor
coman mejor o él mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán
 
no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos
 
ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos
 
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
se sienta a la mesa y escribe

 

Exégesis
El yo poético se presenta a sí mismo desdoblado, como viéndose en un espejo, o una cámara que lo graba. Le advierte (o acaso se dirige a un poeta distinto, o tal vez al propio lector virtual) que, a través de la escritura, no logrará grandes objetivos, ni colectivos (la “Revolución”, escrita con mayúscula), ni individuales (no podrá ganarse la vida con ello). Nombra muchas lacras sociales: el hambre de muchas personas, la vida miserable de muchos más, la miseria del mismo poeta y otros tantos como él.
El poema es circular en su sentido y su forma: comienza y acaba de la misma manera y los mismos versos. El verso final es el primero; se cierra el sentido en sí mismo; es un modo de enfatizar el contenido. A pesar de la inanidad de la escritura, la persona escribe. Su cabezonería, acaso su esperanza, son más fuertes que el desaliento y no tira la toalla. 
La absoluta falta de puntuación del poema es metáfora, en sí misma, del caos en el que vive el escribiente y de las escasas esperanzas, pero también de su tenacidad en contra de toda evidencia. Aquí se plantea una cuestión interesante: ¿y quién escribe? No se explicita, pero lo hace para alcanzar el “poder” y hacer la “Revolución”. Acaso sea un literato revolucionario (¿el propio poeta?), acaso un pensador, o un político. Los efectos de repetición son muy notables. En la primera y última estrofas, los paralelismos de los tres versos centrales es muy expresivo; a lo que podemos añadir el paralelismo inverso (el primer verso de la primera estrofa es el último de la última). Lo mismo ocurre con el “no” de la segunda estrofa y el “ni” de la tercera, en posición anafórica. También en esas estrofas centrales se repiten las enumeraciones, con el fin de subrayar la falta de efectos prácticos de la escritura.
El poema está compuesto por veinte versos de arte mayor distribuidos en cinco estrofas de cuatro versos cada una. La rima es muy original; casi se da una monorrima total en cada estrofa; la primera y la última, en íe; la segunda forma un cuarteto; la tercera es monorrima en éo; y la cuarta forma un serventesio, algo irregular. El conjunto del poema crea una musicalidad expresiva donde la repetición evoca la insistencia del escribiente. El ritmo es cadencioso y marcado, reiterativo, insistiendo en el constante acto de la escritura. El conjunto del poema es compacto, coherente y armónico, tanto en el fondo como en la forma.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (aproximadamente, 120 palabras).
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué se habla y cómo se expresa?
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada.
4) Distingue y aclara los núcleos semánticos del poema.
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Explica cómo se percibe el contenido existencial y grave del poema. 
2) Indica cómo se percibe el tono reflexivo del poema.
3) Aparte del yo poético, ¿qué otras personas aparecen en el poema? ¿Qué sentido posee?
4)  ¿Estamos ante una poesía alegre o triste? Razona la respuesta.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Documéntate sobre Juan Gelman, Premio Cervantes 2007, y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc., sobre su vida y obra literaria. 
2) Transforma el poema en un relato en prosa, o teatral, con cierto matiz reflexivo y existencial, como en el poema de Juan Gelman.
3) Imagina un encuentro de Ida Vitale con tu grupo de clase. Idea preguntas sobre su poesía; otros compañeros pueden dar las respuestas que podrían ser acordes con las de Gelman.
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Juan Gelman, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva y la gran musicalidad de los poemas de nuestra poeta.

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