H. C. Andersen: «Las cigüeñas»; análisis y propuesta didáctica

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H. C. ANDERSEN: “Las cigüeñas”
Sobre el tejado de la casa más apartada de una aldea había un nido de cigüeñas. La cigüeña madre estaba posada en él, junto a sus cuatro polluelos, que asomaban las cabezas con sus piquitos negros, pues no se habían teñido aún de rojo. A poca distancia, sobre el vértice del tejado, permanecía el padre, erguido y tieso; tenía una pata recogida, para que no pudieran decir que el montar la guardia no resultaba fatigoso. Se hubiera dicho que era de palo, tal era su inmovilidad. «Da un gran tono el que mi mujer tenga una centinela junto al nido -pensaba-. Nadie puede saber que soy su marido. Seguramente pensará todo el mundo que me han puesto aquí de vigilante. Eso da mucha distinción». Y siguió de pie sobre una pata.
Abajo, en la calle, jugaba un grupo de chiquillos, y he aquí que, al darse cuenta de la presencia de las cigüeñas, el más atrevido rompió a cantar, acompañado luego por toda la tropa:
Cigüeña, cigüeña, vuélvete a tu tierra
más allá del valle y de la alta sierra.
Tu mujer se está quieta en el nido,
y todos sus polluelos se han dormido.
El primero morirá colgado,
el segundo chamuscado;
al tercero lo derribará el cazador
y el cuarto irá a parar al asador.
–¡Escucha lo que cantan los niños! –exclamaron los polluelos–. Cantan que nos van a colgar y a chamuscar.
–No os preocupéis –los tranquilizó la madre–. No les hagáis caso, dejadlos que canten.
Y los rapaces siguieron cantando a coro, mientras con los dedos señalaban a las cigüeñas burlándose; sólo uno de los muchachos, que se llamaba Perico, dijo que no estaba bien burlarse de aquellos animales, y se negó a tomar parte en el juego. Entretanto, la cigüeña madre seguía tranquilizando a sus pequeños:
–No os apuréis –les decía–, mirad qué tranquilo está vuestro padre, sosteniéndose sobre una pata.
–¡Oh, qué miedo tenemos! –exclamaron los pequeños escondiendo la cabecita en el nido.
Al día siguiente los chiquillos acudieron nuevamente a jugar, y, al ver las cigüeñas, se pusieron a cantar otra vez.
El primero morirá colgado,
el segundo chamuscado.
–¿De veras van a colgarnos y chamuscamos? –preguntaron los polluelos.
–¡No, claro que no! –dijo la madre–. Aprenderéis a volar, pues yo os enseñaré; luego nos iremos al prado, a visitar a las ranas. Veréis como se inclinan ante nosotras en el agua cantando: «¡coax, coax!»; y nos las zamparemos. ¡Qué bien vamos a pasarlo!
–¿Y después? –preguntaron los pequeños.
–Después nos reuniremos todas las cigüeñas de estos contornos y comenzarán los ejercicios de otoño. Hay que saber volar muy bien para entonces; la cosa tiene gran importancia, pues el que no sepa hacerlo como Dios manda, será muerto a picotazos por el general. Así que es cuestión de aplicaros, en cuanto la instrucción empiece.
–Pero después nos van a ensartar, como decían los chiquillos. Escucha, ya vuelven a cantarlo.
–¡Es a mí a quien debéis atender y no a ellos! –regañoles la madre cigüeña–. Cuando se hayan terminado los grandes ejercicios de otoño, emprenderemos el vuelo hacia tierras cálidas, lejos, muy lejos de aquí, cruzando valles y bosques. Iremos a Egipto, donde hay casas triangulares de piedra terminadas en punta, que se alzan hasta las nubes; se llaman pirámides, y son mucho más viejas de lo que una cigüeña puede imaginar. También hay un río, que se sale del cauce y convierte todo el país en un cenagal. Entonces, bajaremos al fango y nos hartaremos de ranas.
–¡Ajá! –exclamaron los polluelos.
–¡Sí, es magnífico! En todo el día no hace uno sino comer; y mientras nos damos allí tan buena vida, en estas tierras no hay una sola hoja en los árboles, y hace tanto frío que hasta las nubes se hielan, se resquebrajan y caen al suelo en pedacitos blancos. Se refería a la nieve, pero no sabía explicarse mejor.
–¿Y también esos chiquillos malos se hielan y rompen a pedazos? –Preguntaron los polluelos.
–No, no llegan a romperse, pero poco les falta, y tienen que estarse quietos en el cuarto oscuro; vosotros, en cambio, volaréis por aquellas tierras, donde crecen las flores y el sol lo inunda todo.
Transcurrió algún tiempo. Los polluelos habían crecido lo suficiente para poder incorporarse en el nido y dominar con la mirada un buen espacio a su alrededor. Y el padre acudía todas las mañanas provisto de sabrosas ranas, culebrillas y otras golosinas que encontraba. ¡Eran de ver las exhibiciones con que los obsequiaba! Inclinaba la cabeza hacia atrás, hasta la cola, castañeteaba con el pico cual si fuese una carraca y luego les contaba historias, todas acerca del cenagal.
–Bueno, ha llegado el momento de aprender a volar –dijo un buen día la madre, y los cuatro pollitos hubieron de salir al remate del tejado. ¡Cómo se tambaleaban, cómo se esforzaban en mantener el equilibrio con las alas, y cuán a punto estaban de caerse!–. ¡Fijaos en mí! –dijo la madre–. Debéis poner la cabeza así, y los pies así: ¡Un, dos, Un, dos! Así es como tenéis que comportaros en el mundo–. Y se lanzó a un breve vuelo, mientras los pequeños pegaban un saltito, con bastante torpeza, y ¡bum!, se cayeron, pues les pesaba mucho el cuerpo.
–¡No quiero volar! –protestó uno de los pequeños, encaramándose de nuevo al nido–. ¡Me es igual no ir a las tierras cálidas!
–¿Prefieres helarte aquí cuando llegue el invierno? ¿Estás conforme con que te cojan esos muchachotes y te cuelguen, te chamusquen y te asen? Bien, pues voy a llamarlos.
–¡Oh, no! –suplicó el polluelo, saltando otra vez al tejado, con los demás.
Al tercer día ya volaban un poquitín, con mucha destreza, y, creyéndose capaces de cernerse en el aire y mantenerse en él con las alas inmóviles, se lanzaron al espacio; pero ¡sí, sí…! ¡Pum! empezaron a dar volteretas, y fue cosa de darse prisa a poner de nuevo las alas en movimiento. Y he aquí que otra vez se presentaron los chiquillos en la calle, y otra vez entonaron su canción:
¡Cigüeña, cigüeña, vuélvete a tu tierra!
–¡Bajemos de una volada y saquémosles los ojos! –exclamaron los pollos. 
–¡No, dejadlos! –replicó la madre–. Fijaos en mí, esto es lo importante: ¡Uno, dos, tres! Un vuelo hacia la derecha. ¡Uno, dos, tres! Ahora hacia la izquierda, en torno a la chimenea. Muy bien, ya vais aprendiendo; el último aleteo, ha salido tan limpio y preciso, que mañana os permitiré acompañarme al pantano. Allí conoceréis varias familias de cigüeñas con sus hijos, todas muy simpáticas; me gustaría que mis pequeños fuesen los más lindos de toda la concurrencia; quisiera poder sentirme orgullosa de vosotros. Eso hace buen efecto y da un gran prestigio.
–¿Y no nos vengaremos de esos rapaces endemoniados? –preguntaron los hijos.
–Dejadlos gritar cuanto quieran. Vosotros os remontaréis hasta las nubes y estaréis en el país de las pirámides, mientras ellos pasan frío y no tienen ni una hoja verde, ni una manzana.
–Sí, nos vengaremos –se cuchichearon unos a otros; y reanudaron sus ejercicios de vuelo.
De todos los muchachuelos de la calle, el más empeñado en cantar la canción de burla, y el que había empezado con ella, era precisamente un rapaz muy pequeño, que no contaría más allá de 6 años. Los cigoñinos, empero, creían que tenía lo menos cien, pues era mucho más corpulento que su madre y su padre. ¡Qué sabían ellas de la edad de los niños y de las personas mayores! Este fue el niño que ellas eligieron como objeto de su venganza, por ser el iniciador de la ofensiva burla y llevar siempre la voz cantante. Las jóvenes cigüeñas estaban realmente indignadas, y cuanto más crecían, menos dispuestas se sentían a sufrirlo. Al fin su madre hubo de prometerles que las dejaría vengarse, pero a condición de que fuese el último día de su permanencia en el país.
–Antes hemos de ver qué tal os portáis en las grandes maniobras; si lo hacéis mal y el general os traspasa el pecho de un picotazo, entonces los chiquillos habrán tenido razón, en parte al menos. Hemos de verlo, pues.
–¡Si, ya verás! –dijeron las crías, redoblando su aplicación. Se ejercitaban todos los días, y volaban con tal ligereza y primor, que daba gusto.
Y llegó el otoño. Todas las cigüeñas empezaron a reunirse para emprender juntas el vuelo a las tierras cálidas, mientras en la nuestra reina el invierno. ¡Qué de impresionantes maniobras! Había que volar por encima de bosques y pueblos, para comprobar la capacidad de vuelo, pues era muy largo el viaje que les esperaba. Los pequeños se portaron tan bien, que obtuvieron un «sobresaliente con rana y culebra». Era la nota mejor, y la rana y la culebra podían comérselas; fue un buen bocado.
–¡Ahora, la venganza! –dijeron.
–¡Sí, desde luego! –asintió la madre cigüeña–. Ya he estado yo pensando en la más apropiada. Sé dónde se halla el estanque en que yacen todos los niños chiquitines, hasta que las cigüeñas vamos a buscarlos para llevarlos a los padres. Los lindos pequeñuelos duermen allí, soñando cosas tan bellas como nunca más volverán a soñarlas. Todos los padres suspiran por tener uno de ellos, y todos los niños desean un hermanito o una hermanita. Pues bien, volaremos al estanque y traeremos uno para cada uno de los chiquillos que no cantaron la canción y se portaron bien con las cigüeñas.
–Pero, ¿y el que empezó con la canción, aquel mocoso delgaducho y feo –gritaron los pollos–, qué hacemos con él?
–En el estanque yace un niñito muerto, que murió mientras soñaba. Pues lo llevaremos para él. Tendrá que llorar porque le habremos traído un hermanito muerto; en cambio, a aquel otro muchachito bueno –no lo habréis olvidado, el que dijo que era pecado burlarse de los animales–, a aquél le llevaremos un hermanito y una hermanita, y como el muchacho se llamaba Pedro, todos vosotros os llamaréis también Pedro.
Y fue tal como dijo, y todas las crías de las cigüeñas se llamaron Pedro, y todavía siguen llamándose así.
1. ANÁLISIS
El danés Hans Christian Andersen (Odense, 1805 – Copenhague, 1875) es un escritor fundamental de la literatura internacional. Aunque sus textos se suelen etiquetar como cuentos de hadas para niños, en realidad estamos ante textos literarios de mucha profundidad, dirigidos, leídos y degustados por cualquier lector, sea infantil o adulto. Sus aportaciones son de máxima calidad por su originalidad, su densidad narrativa y significativa y su bello estilo.
Si echamos una ojeada a sus cuentos, encontramos rasgos comunes en todos ellos: presencia de lo fantástico y mágico; recreación de una realidad dura y áspera, conviviendo con otra más amable; atención a los valores espirituales como sustento de la vida; cierto tono de tristeza y melancolía que parece ser invencible; tensión o combate entre el bien, o las fuerzas del bien, y el mal, las pulsiones malignas, con resultado indeciso; y, finalmente, una visión elevada que busca en el cielo, el más allá, la otra vida, la región de los espíritus, o como queramos llamarle, el consuelo, las respuestas a las angustias y el sufrimiento y el amor que en la vida humana terrenal no parecen tener cabida satisfactoriamente. 
Andersen invita al lector a trascender la vida diaria, sórdida y mezquina, para fijarse en la espiritual o religiosa, donde sí hay puerto seguro a las zozobras humanas. Sin embargo, siempre deja una sombra de titubeo, de duda, un sí es no es sobre si nuestra lucha vale la pena, sobre si la rectitud moral y la entrega tienen realmente recompensa en algún lugar y momento…
1) Resumen
Una familia de cigüeñas vive tranquilamente en su nido, situado en una casa apartada de un pueblo innominado. El padre vigila, preocupado por apariencia, la madre cuida a los cuatro cigoñinos. Un grupo de niños, excepto uno de ellos, llamado Perico, les cantan una canción amenazante y agresiva; los increpan para que se marchen; de lo contrario, les anuncia que acabarán muertos en la tartera de una cocina. Las crías tienen miedo y quieren marchar, pero aún no saben volar. Otro polluelo se resiste a aprender porque tiene miedo. Para animarlos a aprender, venciendo sus miedos, la madre les describe Egipto, su belleza y su abundante comida. Sin embargo, un polluelo se sigue resistiendo; su madre lo amenaza con abandonarlo a los niños, o con que el general lo atraviese con su pico. En ese momento, el cigoñino cede. Todos aprenden a volar, poco a poco, bajo el paciente y eficaz magisterio de la madre. Los polluelos piden venganza contra los niños. La madre da largas y les explica que eso no es tan importante. Al fin, encuentra una solución inteligente. Como ellas traen a los niños, a Pedro, el niño bueno que no las amenazó (a las cigüeñas, le trae dos hermanos; al más agresivo, un hermano muerto. Y también para Pedro, como homenaje, todos los polluelos de cigüeña se llamarán Pedro, para siempre.
2) Tema
Los temas abordados en este cuento son:
-La violencia gratuita, ejercida por los niños, amenaza la vida de las cigüeñas, pues las quieren expulsar o comer. Se rompe el equilibrio natural y la convivencia pacífica por el odio injustificado de un componente, el menos esperado: los niños del pueblo.
-Las dotes de muy buena educadora de la cigüeña madre, combinando paciencia amorosa, con exigencia y dedicación, logra los objetivos propuestos: salvar la vida de los polluelos. 
-Las personas buenas reciben un premio del modo más inesperado, como Pedro; los malos, un castigo duradero, como el niño más amenazador. 
-El aprendizaje exige esfuerzo, dedicación y una firme determinación o creencia en uno mismo, manifestable en el compromiso.
3) Apartados temáticos
“Las cigüeñas” es un relato breve. Todo el contenido está comprimido y como a presión. Este se dispone en las tres secciones clásicas:
-Introducción o presentación: aparecen ante el lector unos personajes, un lugar, un tiempo y una acción o acontecimiento generador de un conflicto, una intriga. Ocupa los tres primeros párrafos. Llega hasta el párrafo que comienza “Al día siguiente los chiquillos…”, excluido.
-Nudo o desarrollo: es el más largo. Los polluelos tienen miedo a los niños; unido a la necesidad de aprender a volar, la situación es tensa y preocupada. Abarca desde el párrafo que comienza “Al día siguiente los chiquillos…” hasta el que termina con “qué hacemos con él?”, ambos inclusive. 
-Desenlace o final: coincide con los dos últimos párrafos: la cigüeña madre encuentra una asombrosa solución justa y razonable para los deseos de venganza de sus hijos que, en realidad, consiste en premiar a los buenos y castigar a los malos implacablemente.
4) Personajes
Como ocurre en muchos cuentos de Andersen, las cosas no son lo que parecen. Los destinados a ser protagonistas no vuelven a aparecer; y viceversa, alguien que irrumpe en el texto al final adquiere mucho relieve. Todos ellos dotan de un sentido superior al relato, en el cual no existe un protagonista como tal. El sentido final es el auténtico protagonista, como luego veremos. Hemos de tener en cuenta que los personajes están antropomorfizados; son animales con los atributos de las personas. Por orden de aparición, tenemos los siguientes personajes:
-La cigüeña madre: es un ser inteligente, paciente y bondadoso. Ha de lidiar con un marido vanidoso, con unas crías miedosas y con unos niños crueles. Solventa todas las complicaciones con inteligencia práctica. Es una gran educadora y sabe mezclar la promesa de premios y la amenaza de castigos a sus cigoñinos para estimular su aprendizaje. Es la protagonista, pero de un modo difuminado, como disimulado.
-La cigüeña padre: aparece solo una vez y conocemos su pensamiento, un tanto atrabiliario y ridículo. No quiere ser reconocida como padre, sino como guardiana del nido. Su vanidad es evidente. No participa en la educación de las crías, lo que delata su irresponsabilidad.
-Los polluelos o cigoñinos: actúan como un personaje colectivo; no tienen nombre propio y actúan casi igual. Hay uno más miedoso, pero la madre lo reconduce inteligentemente. Poco sabemos de ellos; muestran temor al aprendizaje y al enfrentamiento a los retos de la vida. Tienen sus dosis de impulsos negativos, pues piden venganza contra los niños repetidamente.
-El grupo de niños del pueblo actúan, en parte, como antagonistas. Son violentos, excluyentes y cerriles. Quieren expulsar a las cigüeñas de su pueblo, pero no aportan ni una sola razón para actuar así.  
-Pedro, o Pedrito: es un niño tranquilo y apartado que no participa de la violencia de sus compinches. Al final, recibe un premio por su ánimo pacífico y conciliador.
5) Lugar y tiempo en los que se desenvuelven la acción
Como ocurre en los cuentos de hadas, también en los de Andersen, los aspectos cronoespaciales están muy difuminados y carecen de interés. La acción discurre en un lugar desconocido; se trata de un pueblo cualquiera en un país cualquiera. Ahí hace mucho frío, el invierno es largo y la vida es dura. Más o menos los podemos identificar con los pueblos del norte de Europa; seguramente Andersen pensaba en cualquier pueblo danés que él conocía muy bien. El nido es el lugar donde se desarrolla casi toda la acción. Se alude a Egipto como un lugar tranquilo, agradable y apetecible para vivir, en contraste con el pueblo donde viven las cigüeñas en verano.  
El tiempo tampoco ofrece una concreción exacta. Parece que Andersen nos quiere decir que no importa cuándo ocurrieron las cosas. El tiempo de la escritura es, aproximadamente, de mediados del siglo XIX. El tiempo de la acción narrada también es difuso; se puede considerar contemporáneo de la acción narrada. 
La duración de la acción se puede establecer en algunos meses de un verano, pocos, desde que los polluelos apenas han echado plumaje hasta que pueden volar. La acción está, pues, bastante reconcentrada, aunque sin llegar a límites extremos. En realidad, todo se concentra en dos momentos: las amenazas de los niños y la exigencia de venganza de los polluelos; entre ambos puntos, pasan unos meses. Y son esenciales: es cuando la cigüeña madre enseña a sus hijos a volar y a ser justos y ecuánimes. 
6) Narrador
El relato es contado por un narrador en tercera persona, omnisciente y externo, bastante objetivo y aparentemente distante. Sin embargo, bien analizado, vemos que desliza un claro mensaje de justicia implacable: el que hace el bien recibe un premio, incluso doble (dos hermanos para Pedro). Quien hace el mal, recibe un terrible presente (un hermano muerto). El narrador participa de esta lección moral, visible sobre todo en el último párrafo del cuento, donde recuerda que las crías de cigüeña se llaman Pedro como homenaje al niño bueno. No se deja ver en ninguna ocasión explícitamente, pero lo podemos reconocer en el relato. “Ve” a través de la cigüeña madre, la inteligente protagonista.
7) Procedimientos retóricos y recursos estilísticos
Andersen emplea los tres recursos narrativos disponibles. Con la descripción el narrador explica cómo son las cosas y los seres; con los personajes nos trasmite qué y cómo pasan las acciones; con el diálogo los personajes opinan, valoran, declaran, preguntan, etc., es decir, nos hacen ver sus sentimientos, emociones, motivaciones, etc., aunque muy moderadamente. Los ejemplificamos brevemente para comprender que, sin ellos, no hay cuento:
-Descripción, muy visible en el primer párrafo del texto: “Sobre el tejado de la casa más apartada de una aldea había un nido de cigüeñas. La cigüeña madre estaba posada en él, junto a sus cuatro polluelos, que asomaban las cabezas con sus piquitos negros, pues no se habían teñido aún de rojo”. Esta deliciosa descripción es la que abre el relato.
-Narración: hay muy pocos ejemplos. Uno hermoso es: “Y llegó el otoño. Todas las cigüeñas empezaron a reunirse para emprender juntas el vuelo a las tierras cálidas, mientras en la nuestra reina el invierno”. 
-Diálogo: “–¿Y no nos vengaremos de esos rapaces endemoniados? –preguntaron los hijos.
–Dejadlos gritar cuanto quieran. Vosotros os remontaréis hasta las nubes y estaréis en el país de las pirámides, mientras ellos pasan frío y no tienen ni una hoja verde, ni una manzana”. Existen muchos ejemplos como este. Se deduce claramente que las secciones descriptivas y dialogadas predominan en el cuento.
Los recursos estilísticos son muy abundantes. No podía ser de otro modo, pues el texto está sometido a una fuerte comprensión del significado y a una poetización también importante. La personificación es sistemática, pues al basarse el cuento en una antropomorfización de los animales, resulta necesario en su construcción. Las cigüeñas aparecen revestidas de los atributos humanos. Recogemos los más importantes, por orden de aparición; muchos de ellos se repiten varias veces, pero nosotros no los mencionaremos sino una vez, para comprobar el efecto literario e imaginativo que producen:
1) Repetición retórica (junto con anáfora y epanadiplosis): “¡No, claro que no!”. Estos recursos de repetición expresan con viveza una idea o pensamiento.
3) Epíteto y adjetivo embellecedor: “sus piquitos negros, pues no se habían teñido aún de rojo”. Es un modo de aportar plasticidad y visibilidad a los objetos descritos.
4) Símil o comparación: “Se hubiera dicho que era de palo, tal era su inmovilidad”; en este caso se crea una sensación visual agradable y cómica, identificable con la elegancia de la cigüeña.
5) Símbolo: como es de esperar en Andersen, los símbolos adquieren gran importancia. El grupo de niños irresponsables son imagen de la violencia caprichosa y egoísta. La cigüeña madre simboliza la educación, la templanza y la inteligencia práctica. La cigüeña padre encarna la fatuidad absurda, etc.
6) Perífrasis o circunloquio: se observa bien cuando se refiere a Egipto como “el país de las pirámides”. Funciona de forma antonomástica.
7) Bimembración (de adjetivos, verbos, sustantivos, etc.): “erguido y tieso”, referido a la cigüeña padre; expresa muy bien su hieratismo vanidoso.
Existen otros muchos recursos literarios que, para no fatigar al lector, omitimos. La maestría literaria de Andersen es bien visible. Con breves pinceladas crea ambientes misteriosos, enigmáticos, simbólicos, que sirven para incitar a una reflexión superior. El acierto en el empleo de las herramientas retóricas ayuda mucho a “revivir” el cuento en nuestra mente. Parece que todo cobra vida en nuestra mente, que todo lo sobrenatural es parte de la natural de manera sencilla y, valga la paradoja, lógica.
8) Contextualización
Hans Christian Andersen es un escritor romántico de formación. Cuando él desarrolla su carrera, el Romanticismo está en plena expansión; es, por tanto, hijo del tiempo romántico, movimiento artístico de hondas y duraderas huellas en el arte occidental. Andersen tuvo una infancia y una juventud duras y poco felices. Pasó hambre, fue marginado, fracasó como actor y músico… Sólo gracias a la protección de gente poderosa de su tiempo pudo completar sus estudios. Su biografía, en alemán, recoge muchos de sus sinsabores y su andar errático por Copenhague siendo un jovenzuelo sin oficio ni beneficio. Seguramente ni él mismo era consciente de su potencia creativa literaria. Cuando esta estalló, probablemente él fue el primer sorprendido, pero luego comprendió muy bien cómo desarrollar sus habilidades artísticas y por eso nos dejó unas de las obras más importantes y completas de la literatura romántica europea.
Recordamos esquemáticamente cómo se manifiestan en este cuento los rasgos románticos:
-Gusto por lo misterioso, lo sobrenatural y lo inexplicable, como se aprecia muy bien en “La última perla” a través de las hadas y los ángeles custodios.
-Presencia de una naturaleza sintonizada con los sentimientos de los personajes. Compárese la que aparece al principio con la de la casa de la madre difunta y vemos el vivo contraste que se crea.
-Gusto por el claro-oscuro, por los contrastes agudos e irreconciliables. Se puede ver en la actitud del ángel protector con la del custodio, o en la significación de las perlas, excepto la última, la Aflicción.
-El destino juega un papel importante en la vida de las personas. Más allá de la voluntad personal, ciertas fuerzas más o menos identificables con el fatum están presentes en la vida de las personas. Y las desgracias acechan constantemente, sea uno rico o pobre.
-Los sentimientos y emociones forman parte muy relevante de la vida y el carácter de las personas. Más allá de otras consideraciones –físicas, de carácter, etc.–, la alegría y la pena, la dicha y el dolor, son vectores de la vida que marcan y dirigen a las personas en su peregrinar humano.
-La muerte y lo trágico están presentes como parte inherente de la vida. Eso, unido a una ambientación medieval, antigua, devienen en relatos misteriosos, intrigantes, donde existen más cosas de las que vemos, donde vivir es un reto de comprensión de fuerzas secretas y subterráneas que no se ven, pero están y operan.
Sin embargo, hay que advertir que Andersen camina por su propia senda, aparte de la del romanticismo y la del realismo. Su literatura es más simbólica y reflexiva que la usual o esperable en su momento. Por otro lado, la depuración estilística es muy elevada. Los relatos tienden a la economía expresiva, para concentrarse en varios puntos capitales que el autor desea destacar.
9) Interpretación
Este magnífico relato de Andersen es mucho más que un cuento fantástico para niños. Posee una densidad significativa realmente asombrosa, como a continuación explicaremos. Con apenas unas pinceladas, Andersen nos desliza mensajes de suma gravedad: existe la violencia gratuita, a la par que el deseo de venganza. Es muy difícil luchar contra estas tendencias destructoras, aunque hay un rayo de luz.
Los seres realmente inteligentes (aquí, la cigüeña madre) imponen cierta racionalidad y bondad en el mundo, pero no es lo normal. El comportamiento de la cigüeña madre es ejemplar de principio a fin. Sabe educar de un modo inteligente y práctico, sin excluir cierta dureza, prometiendo grandes frutos (la vida en Egipto) y amenazando tétricamente (los niños malos asarán a los cigoñinos, el general de las cigüeñas atravesará el pecho del polluelo vago con su pico). Sabe dilatar la venganza hasta que los ánimos de sus crías están más calmados. Y cuando aparentemente la aplica, se trata de un sistema de distribución de premios y castigos perfectamente lógico y cuidadosamente proporcional.
La reflexión de lectura es mucho más profunda de lo que parece. Este cuento no es tan pesimista y amargo como tantos otros del gran escritor danés, sino que desliza la posibilidad de que la justicia reine en el mundo y la bondad se abra camino. Sin embargo, la tarea no es fácil y el sufrimiento no desaparecerá.
10) Valoración
“Las cigüeñas” es un maravilloso cuento, muy bien escrito e ideado. Andersen establece un simbolismo perfecto entre el ave migratoria y la vida humana. La violencia y el abuso están arraigados, pero se pueden aminorar con educación y justicia proporcionada.  Y la violencia surge de donde menos se espera: los niños y los cigoñinos. Las apariencias engañan, qué duda cabe. Por eso hay que estar alerta para neutralizar los bajos impulsos venga de donde vinieren. Sin embargo, Pedro, es un rayo de esperanza: no todos los niños son malos.
Andersen es un magnífico escritor de cuentos fantásticos que nos transmiten las ilusiones y miedos del hombre en su peregrinar humano. Es cierto que son infantiles, pero el lector adulto lo disfruta con la misma fruición, si no más, que un niño. Con sencillez, claridad y suma belleza literaria, la lectura nos interroga sobre nuestros anhelos y miedos más oscuros, pero acechantes. En este caso, nos permite soñar con la buena educación, el fin de la violencia y la impartición de una justicia adecuada al comportamiento de cada cual.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el cuento (cien palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Analiza la figura del narrador.
4) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido. 
5) Analiza los personajes y establece su relevancia. 
6) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada. 
7) Explica por qué este texto es un cuento de hadas. 
8) Localiza y explica algunos recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué rasgos propios de los cuentos fantásticos aparecen en este texto? 
2) ¿Se puede decir que hay posibilidades de neutralizar la violencia y el abuso? Razona la respuesta. 
3) ¿Qué importancia posee la educación en el destino de las personas? 
4) ¿Cómo se aprecia que la educación no siempre es eficaz con métodos suaves? 
5) En el cuento aparece un grupo de niños. Pedro es distinto. Sobre ellos, ¿qué podemos deducir de la fuerza del grupo y del coraje necesario para sustraerse a su influjo? 
6) ¿Qué simbolizan cada uno de los personajes en este cuento? 
7) En el último párrafo, vemos que la cigüeña madre reparte los premios y castigos. ¿Es justa en sus decisiones? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Escribe un cuento fantástico con un contenido más o menos inspirado en el cuento de “Las cigüeñas”.
2) Imagina una charla de tu clase con H. C. Andersen. ¿Qué le preguntarías? 
3) Realiza una exposición sobre Hans Christian Andersen, sus cuentos y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de situaciones de injusticia corregidas con educación, siguiendo el ejemplo de Andersen. ¿Se puede decir que existe la justicia en el mundo?

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Profesor de Lengua Castellana y Literatura. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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