Luis de Góngora: «Dejadme llorar / orillas del mar»; análisis y propuesta didáctica

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LUIS DE GÓNGORA: Dejadme llorar
[1] La más bella niña             1
De nuestro lugar,
Hoy viuda y sola
Y ayer por casar,
Viendo que sus ojos               5
A la guerra van,
A su madre dice,
Que escucha su mal:
Dejadme llorar
Orillas del mar.                     10
 [2]Pues me distes, madre,
En tan tierna edad
Tan corto el placer,
Tan largo el pesar,
Y me cautivastes                   15  
De quien hoy se va
Y lleva las llaves
De mi libertad,
Dejadme llorar
Orillas del mar.                      20
[3] En llorar conviertan
Mis ojos, de hoy más,
El sabroso oficio
Del dulce mirar,
Pues que no se pueden          25
Mejor ocupar,
Yéndose a la guerra
Quien era mi paz,
Dejadme llorar
Orillas del mar.                      30     
[4] No me pongáis freno
Ni queráis culpar,
Que lo uno es justo,
Lo otro por demás.
Si me queréis bien,                35
No me hagáis mal;
Harto peor fuera
Morir y callar,
Dejadme llorar
Orillas del mar.                      40
 
[5] Dulce madre mía,
¿Quién no llorará,
Aunque tenga el pecho
Como un pedernal,
Y no dará voces                    45
Viendo marchitar
Los más verdes años
De mi mocedad?
Dejadme llorar
Orillas del mar.                    50
[6] Váyanse las noches,
Pues ido se han
Los ojos que hacían
Los míos velar;
Váyanse, y no vean              55
Tanta soledad,
Después que en mi lecho
Sobra la mitad.
Dejadme llorar
Orillas del mar.                    60       
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561 – 1627) es el máximo representante del culteranismo, corriente estética literaria dentro del Barroco, más o menos opuesta al conceptismo representado por Quevedo y el clasicismo de Lope de Vega. Sus presupuestos estéticos parten de una poesía intrincada, deliberadamente oscura; para ser entendida se necesita una amplísima base de cultura greco-latina y unas entendederas notables, si no sobresalientes. Sin eso, la frustración lectora está asegurada. Los recursos típicos de Góngora, en su tendencia críptica, son: metáforas de segundo o tercer grado, cultismos, latinismos, alusiones mitológicas, hipérbatos extremos, juegos de palabras, anfibologías y la famosa “alusión y elusión”, según acuñó su mejor exégeta, el poeta de la Generación del 27 Dámaso Alonso. Y todo ello, muy intensificado, hasta colocar la lengua al límite de sus posibilidades expresivas y al lector, al de su entendimiento. También se le ha llamado gongorismo a este modo de componer poesía. Ya desde su momento, los detractores y los seguidores han sido muy abundantes, pues no deja indiferente a nadie.
El texto que ahora analizamos, “Dejadme llorar”, es un hermosísimo poema lírico en el que una mujer joven lamenta y llora la ausencia de su marido; este se ha ido a la guerra, y es probable que no vuelva. Provoca en su compañera un dolor desconsolado, que expresa en un diálogo trunco mantenido con su madre, a partir de la segunda estrofa. En la primera estrofa el yo lírico explica la situación de la “bella niña”; está “viuda y sola”; acaso su marido haya muerto en la guerra. Lamenta su mala suerte y su desconsuelo platicando con su madre, a través del estribillo: “Dejadme llorar / orillas del mar” (vv. 9-10) y así en cada una de las seis estrofas que componen el poema. La joven le confiesa a su madre, en la segunda estrofa, que esta contribuyó al enamoramiento feliz de ella con el chico que “hoy se va”. Le ha entregado su corazón y ahora está angustiada.
En la tercera estrofa expresa el deseo que sus ojos no cesen de llorar, pues ya no pueden mirar a su hombre, que le aportaba paz; eso se acabó porque se ha ido a la guerra. Le pide a su madre que no le mande parar, ni que busque culpables, pues no los hay. En la cuarta estrofa le pide que esté a su lado, sin hacerle mal. Todavía peor fuera si ella hubiera callado y muerto de amor.
En la quinta estrofa afirma que sería imposible que nadie pudiera soportar semejante dolor por la pérdida del amado sin llorar a raudales y gritar su desesperación. Habría que ser de corazón duro para actuar así. Y todo porque su juventud se va y no la puede disfrutar con su amor. En la sexta y última estrofa desea que se vaya las noches, pues ya no hace falta que estén ahí. Ella las pasaba con su marido, en amor. Ahora, en soledad, no las necesita, pues se halla sola. Cierra la estrofa pidiendo a las orillas del mar que la dejen expresar su desconsuelo amoroso.
2)Tema
El tema del poema es: lamento de la amada, ante su madre. por la ausencia de su compañero, de camino a la guerra.
3) Apartados temáticos
El poema presenta dos apartados temáticos bien discernibles:
-La primera parte la forma la primera estrofa (vv. 1-10): el yo lírico explica o introduce a la joven desconsolada porque su marido ha sido enviado a la guerra. Ella es la más hermosa de su pueblo y su felicidad ha durado poco, pues él se ha ausentado. 
-La segunda parte está compuesta por el resto de las estrofas, cinco en total (vv. 11-60). La joven se desahoga y expone su lamentable situación sentimental: está sola porque el hombre al que quiere lo han enviado a la guerra, con altas probabilidades de que no vuelva. Le pide a su madre que, al menos, la deje desahogarse; peor sería callar. 
4) Análisis métrico y de la rima
El poema está compuesto por sesenta versos hexasílabos, distribuidos en seis estrofas de diez versos cada una. Los ocho primeros versos forman la estrofa y los dos últimos, el estribillo. La rima es: -a-a-a-a cc; en cada estrofa, los ocho primeros versos forman un romancillo; los dos últimos, un pareado. El conjunto forma una letrilla, forma estrófica muy popular en la poesía clásica española (definido en el DLE como “Composición poética, amorosa, festiva o satírica, que se divide en estrofas, al fin de cada una de las cuales se repite ordinariamente como estribillo el pensamiento o concepto general de la composición, expresado con brevedad”).
5) Comentario estilístico
Esta maravillosa composición presenta una asombrosa perfección y originalidad. Su naturaleza oscila entre lo narrativo (sobre todo, la primera estrofa) y lo lírico, el resto. En la primera estrofa el yo poético nos presenta a la joven, de la que señala su belleza a través de un símil ponderativo. Una bimembración nos informa que ha perdido a su marido: “viuda y sola” (v. 3). La metonimia “sus ojos” (v. 5), nos refiere que su amado no es menos hermoso; ella está cautivada por sus ojos, precisamente; en la última estrofa, volverá sobre este motivo. La joven se dirige a su madre (que nunca contesta; es un diálogo frustrado) para expresarle su desconsuelo, que es lo que señala el estribillo: “dejadme llorar / orillas del mar” (vv. 9-10). Solo puede llorar ante la inmensidad el mar, metáfora de su dolor inconmensurable.
En la segunda estrofa ya habla la joven, dirigiéndose a su madre. Ahí confiesa que desde joven se enamoró de su amado, pero duró poco la dicha, porque “hoy”, es decir, en el momento de la enunciación, se va. Ella se confiesa esclava emocional de él (quien lleva las “llaves” de su corazón, metáfora de sus sentimientos); esta es una metáfora del amor encendido, según la antigua tradición de la poesía amatoria occidental (trovadoresca, provenzal y galaico-portuguesa).
En la tercera estrofa razona que, ya que sus ojos no pueden admirar la hermosura de su amado (lo que era un “sabroso oficio”, v. 23, metáfora sinestésica de su amor), al menos pueden llorar desconsoladamente. En la antítesis “guerra” y “paz” (vv. 27-28) expresa con viveza su amor encendido y su amargura por su abandono forzado.
La cuarta estrofa apostrofa a su madre y le pide que la deje llorar libremente, pues es un modo de consuelo. Otra antítesis muy viva, entre “bien” y “mal” (vv. 35-36) expresa la profundidad de su amor y su correspondiente amargura. Razona (toda la estrofa tiene una estructura argumentativa muy marcada) que esto, al menos, la salva de la muerte, que es a donde la conduciría el silencio.
La quinta estrofa también tiene un tono apostrófico. Una interrogación retórica ocupa nueve versos, aportando más viveza a la expresión de su dolor. A su madre la adjetiva de “dulce” (v. 41), metáfora sinestésica de la afición que le muestra; es su cómplice y su consuelo en esos momentos dolorosos.  Es imposible no llorar ante su situación, incluso para una persona dura y seca (enfatizado a través del símil “aunque tenga el pecho / como un pedernal”, vv. 43-44). Ahora añade una nueva acción de expresión de la tristeza: “dar voces” (v. 45); es una imagen de la tradición literaria amorosa occidental. La metáfora donde la juventud se presenta como una flor, a su vez aludida en “Los más verdes años” (v. 47), ya marchitándose, es muy efectiva para significar su amargura. La muchacha es muy consciente de su mala suerte, y la lamenta.
La última estrofa apostrofa a las noches; las personifica, pidiéndoles que se vayan, pues ya no las necesita. Con su amado, era el momento del amor; ella velaba mirando, extasiada, los ojos de él. De nuevo, una metáfora a alusiva a su profundo enamoramiento. No quiere que llegue la noche porque él ya no está; ahí ve delante “tanta soledad” (v. 56); este verso es clave porque encierra toda la significación del poema: está sola, ha sido abandonada, bien que involuntariamente. La metonimia del “lecho” (v. 57) alude al goce amoroso y a la compañía del amado. Así, solo puede concluir con su estribillo: llora sin fin ante la orilla del mar.
Como hemos podido apreciar, la elaboración literaria es altísima. Góngora toma un motivo bastante común en la poesía tradicional, lírica y popular, para componer un magnífico poema de expresión del abandono de la joven enamorada. El poema posee un ritmo vivo y dinámico, muy cadencioso. Es metáfora de su propia agitación interior. 
6) Contextualización
Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561 – 1627) es el máximo representante del culteranismo, corriente estética literaria dentro del Barroco, más o menos opuesta al conceptismo representado por Quevedo y el clasicismo de Lope de Vega. Nació en el seno de una familia acomodada cordobesa, formada por Francisco de Argote y la noble Leonor de Góngora. 
Estudió en la Universidad de Salamanca, donde ya era conocido por su talento poético. Tomó órdenes menores en 1575 y fue canónigo beneficiado de la catedral cordobesa (había heredado el puesto de un tío carnal). En la década de 1590 realizó varios viajes por España, al tiempo que componía poesía ya estimada por muchos. 
Durante una estancia en Valladolid, donde residía la Corte, se enemistó con Quevedo; se ve que dos genios no son compatibles en el mismo lugar y tiempo. En 1609 regresó a Córdoba y empezó a intensificar la extremosidad expresiva y oscura de sus versos. Entre 1610 y 1611 escribió la Oda a la toma de Larache; en 1613 dio a conocer el Polifemo (recrea el asunto mitológico de los amores frustrados del gigante, con un ojo, Polifemo, por Galatea, que prefiere a Acis). También distribuyó (sin publicar en la imprenta) en la Corte su poema más ambicioso, las incompletas Soledades. Al ser un texto puramente culterano, las opiniones se dividieron de manera irreconciliable. Unos lo adoraban por sublime y otros lo execraban por inextricable. 
Felipe III le nombró capellán real en 1617. Vivió en Madrid, con ese cargo eclesiástico, hasta 1626. Colocó a muchos familiares en la Corte, en lo que invirtió mucho dinero. Eso, unido a su afición al juego en los tugurios madrileños, lo dejaron arruinado. En 1627 regresó a Córdoba definitivamente. Dejó una nutrida lista de seguidores literarios, que lo adoraban. Otros lo vituperaban, como Quevedo, quien le dedicó un epitafio feroz; lo trata de ludópata, tabernario, mal sacerdote, etc. El bellísimo y enigmático retrato que pintó  Velázquez lo presenta como un hombre mayor, como retraído y soberbio. Está enterrado en la mezquita-catedral de Córdoba.
En sus poesías se solían distinguir una etapa tradicional y transparente (donde emplea romances, letrillas, principalmente); dura hasta 1610; ahí es el “Príncipe de la Luz”. Luego, otra oscura y culterana (donde usa sonetos, décimas y silvas, entre otras estrofas), a base del uso de la mitología, cultismos… Ahora es el “Príncipe de las Tinieblas”.
Dámaso Alonso, el poeta de la Generación del 27, lo estudió lúcidamente y demostró que, en realidad, se trata de una evolución hacia la intensificación y adensamiento de rasgos poéticos y compositivos presentes desde el principio. Sus restos se encuentran en la Mezquita-catedral de Córdoba.
Góngora no publicó sus obras (un intento suyo en 1623 no fructificó); sin embargo, circularon ampliamente en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías, publicados con su permiso o sin él. El manuscrito más autorizado es el llamado Manuscrito Chacón (copiado por Antonio Chacón, Señor de Polvoranca, para el conde-duque de Olivares, valido del rey Felipe IV).  El mismo año de su muerte Juan López Vicuña publicó ya unas Obras en verso del Homero español. 
 Primera etapa, de aprendizaje (hasta 1610): Góngora compuso numerosos romances, de inspiración literaria, como el de Angélica y Medoro, de cautivos, de tema pícaro o de tono más personal y lírico, algunos de ellos de carácter autobiográfico en los que narra sus recuerdos infantiles, y también numerosas letrillas líricas, satíricas o religiosas y romances burlescos. La gran mayoría son una constante acumulación de juegos conceptistas, equívocos, paronomasias, anfibologías, retruécanos, hipérboles y juegos de palabras típicamente barrocos. Entre ellos se sitúa el largo romance Fábula de Píramo y Tisbe (1618). En estos poemas suele satirizar tipos sociales y costumbres negativas; algún dardo también va hacia sus colegas de letras, como Quevedo.
En la madurez siguió escribiendo poemas sueltos de gran calidad; sonetos de temática muy variada (de asuntos graves a otros cómicos, burlescos o de ocasión). 
Segunda etapa, de madurez culterana (1610-1627): aquí compuso los poemas mayores. En la Fábula de Polifemo y Galatea (1612) aborda los amores frustrados del gigante Polifemo y Galatea, enamorada de Acis; Polifemo mata a este con una roca; la madre de Galatea convierte a Acis en un río de aguas cristalinas.  Aquí emplea ya el estilo culterano, caracterizado por el empleo masivo de simetrías, transposiciones, metáforas de metáforas o metáforas puras, hipérbaton, perífrasis, giros latinos, cultismos, alusiones y elusiones de términos, procurando sugerir más que nombrar, diluyendo la significación. 
Las Soledades quedó inconclusa (solo le dio tiempo a componer las dos primeras). Se trata de un poema alegórico, en cuatro secciones; cada una representa una edad de la vida del hombre, en correspondencia con las cuatro estaciones del año. Escrito en silvas (combinación de heptasílabos y endecasílabos, con rima a voluntad del poeta), las secciones eran “Soledad de los campos”, “Soledad de las riberas”, “Soledad de las selvas” y “Soledad del yermo” (más o menos correspondientes a la niñez, juventud, adultez y senectud). La fuente principal de inspiración son las Metamorfosis del poeta latino Ovidio.
En un marco idílico, de naturaleza apacible y risueña, presenta la llegada de un náufrago a ese lugar; lo recogen y cuidan unos cabreros muy bien dispuestos. Esta obra provocó mucha controversia en el mundo literario: o la admiraron e imitaron, o la criticaron ásperamente.
Luis de Góngora compuso también dos piezas teatrales, Las firmezas de Isabela (1613) y la Comedia venatoria.
7) Interpretación y valoración
Esta letrilla es de naturaleza amorosa y tono triste y melancólico. Góngora recrea un motivo lírico de honda tradición literaria. De hecho, engarza con las jarchas en forma y contenido. La joven quejándose ante su madre por la ausencia del amado, en estrofas breves, con versos de arte menor y un estribillo son elementos compositivos tomados de las jarchas. El poeta cordobés recrea el motivo con una perfección absoluta.
La frescura y potencia verbal son asombrosas. El lector tiene la sensación de que está asistiendo a la queja de la joven ante su madre, cerca del mar. Las imágenes y los contrastes (expresados a través de las antítesis) poseen una gran intensidad evocadora. El verso corto, con esa combinación tan feliz del romance con el pareado, resulta de una belleza feliz.
El poema es muy original, aun siguiendo una tradición literaria. Justamente, Góngora se obliga a reelaborar un asunto poético frecuente con un aire de frescura increíble; como si fuera la primera vez que un poeta lo aborda. Aquí, justamente, descansa el valor de este hermoso y conmovedor poema: sencillez elaborada y originalidad fresca para un tema que hunde sus raíces en los orígenes de la poesía lírica española.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Góngora.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante explicar las antítesis que recorren el poema.
5) Indica el significado del estribillo.
6) ¿Quiénes hablan en el poema? ¿Por qué ocurre esto?
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca culterana visibles en el poema.
2) ¿Qué órgano de la cara, o qué elemento, utiliza el poeta para expresar la intensidad amorosa?  
3) ¿Es mejor llorar o guardar silencio ante el dolor, según la joven?
4) ¿Es un poema triste o alegre? Aporta razones.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger y expresar el desconsuelo ante una desgracia personal.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Luis de Góngora. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá como personajes al yo lírico y la joven, junto con su madre. Puedes introducir otros de tu invención.
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Luis de Góngora y su tiempo barroco.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Profesor de Lengua Castellana y Literatura. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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