Francisco de Quevedo (atribución dudosa): «Católica, sacra y real majestad» (memorial a Felipe IV); análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO – Memorial al rey Felipe IV
A S. M. EL REY DON FELIPE IV 
MEMORIAL 
Católica, sacra y real majestad,                          1
que Dios en la tierra os hizo deidad: 
un anciano pobre, sencillo y honrado, 
humilde os invoca y os habla postrado. 
Diré lo que es justo, y le pido al cielo                  5
que así me suceda cual fuere mi celo. 
Ministro tenéis de sangre y valor, 
que solo pretende que reinéis, señor, 
y que un memorial de piedades lleno 
queráis despacharle con lealtad de bueno.        10
La Corte, que es franca, paga en nuestros días 
más pechos y cargas que las behetrías. 
Aun aquí lloramos con tristes gemidos, 
sin llegar las quejas a vuestros oídos. 
Mal oiréis, señor, gemidos y queja                     15
de las dos Castillas, la Nueva y la Vieja. 
Alargad los ojos; que el Andalucía 
sin zapatos anda, si un tiempo lucía. 
Si aquí viene el oro y todo no vale, 
¿qué será en los pueblos de donde ello sale?      20
La arroba menguada de zupia y de hez 
paga nueve reales, y el aceite diez. 
Ocho los borregos por cada cabeza, 
y las demás reses, a rata por pieza. 
Hoy viven los peces o mueren de risa,               25
que no hay quien los pesque, por la grande sisa. 
En cuanto Dios cría, sin lo que se inventa, 
de más que ello vale se paga la renta. 
A cien reyes juntos nunca ha tributado 
España las sumas que a vuestro reinado.            30
Y el pueblo doliente llega a recelar 
no le echen gabela sobre el respirar. 
Aunque el cielo frutos inmensos envía. 
le infama de estéril nuestra carestía. 
El honrado, pobre y buen caballero                 35
si enferma no alcanza a pan y carnero. 
Perdieron su esfuerzo pechos españoles, 
porque se sustentan de tronchos de coles. 
Si el despedazarlos acaso barrunta 
que valdrá dinero, lo admite la Junta.             40
Familias sin pan y viudas sin tocas 
esperan hambrientas y mudas sus bocas. 
Ved que los pobretes, solos y escondidos, 
callando os invocan con mil alaridos. 
Un ministro, en paz, se come de gajes            45
más que en guerra pueden gastar diez linajes. 
Venden ratoneras los extranjerillos, 
y en España compran horcas y cuchillos
y, porque con logro prestan seis reales, 
nos mandan y rigen nuestros tribunales.          50
Honrad a españoles chapados, macizos; 
no así nos prefieran los advenedizos. 
Con los medios juros que el vasallo aumenta, 
el que es de Ginebra barata la renta. 
Más de mil nos cuesta el daros quinientos;       55
lo demás nos hurtan para los asientos. 
Los que tienen puestos, lo caro encarecen, 
y los otros plañen, revientan, perecen. 
No es buena grandeza hollar al menor; 
que al polluelo tierno Dios todo es tutor.          60
En vano el agosto nos colma de espigas, 
si más lo almacenan logreros que hormigas. 
Cebada que sobra los años mejores 
de nuevo la encierran los revendedores. 
El vulgo es sin rienda ladrón homicida;            65
burla del castigo; da coz a la vida. 
«¿Qué importa mil horcas», dice alguna vez, 
«si es muerte más fiera hambre y desnudez?» 
Los ricos repiten por mayores modos: 
«¿Ya todo se acaba? Pues hurtemos todos.»         70
Perpetuos se venden oficios, gobiernos, 
que es dar a los pueblos verdugos eternos. 
Compran vuestras villas el grande, el pequeño; 
rabian los vasallos de perderos dueño. 
En vegas de pasto realengo vendido,                 75
ya todo ganado se da por perdido. 
Si a España pisáis, apenas os muestra 
tierra que ella pueda deciros que es vuestra. 
Así en mil arbitrios se enriquece el rico, 
y todo lo paga el pobre y el chico.                    80
Sin duda el demonio, propicio y benino,
aquel que por nombre llaman Peregrino, 
al Conde le dijo, favorable y plácido, 
cuando su excelencia oraba en San Plácido:      
«Del rey los vasallos compiten tu puesto;          85
destruye, aniquila y acábalo presto. 
Los de la Corona mayores contrarios 
serán la disculpa para tus erarios: 
que, si acaban estos con la monarquía,            
morirá también quien te perseguía.                 90 
Mejor libra en guerra el que es prisionero 
que el que es sentenciado por el juez severo. 
La causa de todo lo que ellos ganaron, 
no la mataron, sino la libraron.»                      
Esto dijo el diablo al conde Guzmán,              95     
y el Conde prosigue como don Julián. 
Consentir no pueden las leyes reales 
pechos más injustos que los desiguales. 
Ved tantas miserias como se han contado      
teniendo las costas del papel sellado.               100         
Si en algo he excedido, merezco perdones: 
duelos tan del alma no afectan razones. 
Servicios son grandes las verdades ciertas; 
las falsas razones son flechas cubiertas.              
Estímanse lenguas que alaban el crimen,          105   
honran al que pierde y al que vence oprimen. 
Las palabras vuestras son la honra mayor, 
y, aun si fueran muchas, perdieran, señor.
Todos somos hijos que Dios os encarga;                
no es bien que, cual bestias, nos mate la carga.  110
Si guerras se alegan, y gastos terribles, 
las justas piedades son las invencibles. 
No hay riesgo que abone, y más en batalla, 
trinchando vasallos para sustentalla.                  
Demás que lo errado de algunas quimeras           115     
llamó a los franceses a nuestras fronteras. 
El quitarle Mantua a quien la heredaba 
comenzó la guerra que nunca se acaba. 
Azares, anuncios, incendios, fracasos                
es pronosticar infelices casos.                          120
Pero, ya que hay gastos en Italia y Flandes, 
cesen los de casa superfluos y grandes. 
Y no con la sangre de mí y de mis hijos 
abunden estanques para regocijos.                  
Plazas de madera costaron millones,                 125          
quitando a los templos vigas y tablones.
Crecen los palacios ciento en cada cerro, 
y, al gran San Isidro, ni ermita ni entierro.
 
Madrid a los pobres pide mendigante,               
y en gastos perdidos es Roma triunfante.          130
Al labrador triste le venden su arado 
y os labran de hierro un balcón sobrado. 
Y con lo que cuesta la tela de caza 
pudieran enviar socorro a una plaza.               
Es lícito a un rey holgarse y gastar,                    135     
pero es de justicia medirse, y pagar. 
Piedras excusadas con tantas labores 
os preparan templos de eternos honores. 
Nunca tales gastos son migajas pocas,                  
porque se las quitan muchos de sus bocas.         140
Ni es bien que en mil piezas la púrpura sobre, 
si todo se tiñe con sangre del pobre. 
Ni en provecho os entran, ni son agradables, 
grandezas que lloran tantos miserables.             
¿Qué honor, qué edificios, qué fiesta, qué sala,   145
como un reino alegre que os cante la gala? 
Más adorna a un rey su pueblo abundante. 
que vestirse al tope de fino diamante. 
Si el rey es cabeza del reino, mal pudo               
lucir la cabeza de un cuerpo desnudo.                  150
Lleváranse bien los gastos enormes; 
lleváranse mal si fueren disformes. 
Muere la milicia de hambre en la costa; 
vive la malicia de ayuda de costa.                     
Gana la vitoria el valiente arriesgado;                 155
brindan con el premio al que está sentado. 
El que por la guerra pretende alabanza 
con sangre enemiga la escribe en su lanza. 
Del mérito propio sale el resplandor,                 
y no de la tinta del adulador.                            160
La fama, ella misma, si es digna, se canta: 
no busca en ayuda algazara tanta. 
Contra lo que vemos quieren proponernos 
que son Paraíso los mismos Infiernos.               
Las plumas compradas a Dios jurarán               165 
que el palo es regalo y las piedras pan. 
Vuestro es el remedio: ponedle, señor. 
Así Dios os haga, de Grande, el Mayor. 
Grande sois, Filipo, a manera de hoyo;             
ved esto que digo, en razón lo apoyo:                170
Quien más quita al hoyo, más grande le hace;   
mirad quién lo ordena, veréis a quien place. 
Porque lo demás todo es cumplimiento 
de gente civil que vive del viento.                   
Y así de estas honras no hagáis caudal;              175
mas honrad al vuestro, que es lo principal.       
Servicios son grandes las verdades ciertas; 
las falsas lisonjas son flechas cubiertas. 
Si en algo he excedido, merezca perdones: 
¡Dolor tan del alma no afecta razones!             180
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido, en el caso de que lo haya escrito, pues su autoría está muy en entredicho. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. Este poema es de atribución dudosa, de modo que no es segura la autoría por parte de Quevedo. Todo indica que sí salió de su pluma; y ello por dos razones: la primera es que el tema de la mejora de la gobernanza de España lo trató Quevedo en varios escritos; era un autor muy preocupado por el gobierno de la nación; este podría ser uno más. La segunda razón es estilística: el tipo de composición, el léxico empleado, las figuras retóricas usadas, etc. son propias de Quevedo.
El yo lírico escribe un memorial dirigido al rey de España, en ese momento, Felipe IV (monarca de 1621 a 1640). Un memorial es un “Papel o escrito en que se pide una merced o gracia, alegando los méritos o motivos en que se funda la solicitud” (DLE). Aquí, lo que pide el yo lírico no es un beneficio personal, sino una política más justa, compasiva y dirigida a asegurar la prosperidad de la nación, es decir, de los súbditos. Como el poema es bastante largo, analizaremos su contenido dividendo ya los apartados temáticos.
Primer apartado (vv. 1-10): El yo lírico (o mejor será decir “narrativo-argumentativo”) se presenta ante el rey de España. Le informa que ya es una persona mayor, honrada y juiciosa; solo pretende fortalecer el bien común, sin miras personales.
Segundo apartado (vv. 11-44): los impuestos son excesivos; todo está desproporcionadamente tasado, hasta el “respirar”. Todas las actividades comerciales y económicas son gravadas con impuestos excesivos. A veces, vale más el impuesto que el propio bien, como ocurre con los animales. Ello provoca que la gente deje de trabajar, pues solo sirve para pagar impuestos; así ocurre con los pescadores, por ejemplo. La gente pasa hambre, viste mal, lleva una vida arrastrada; protestan como pueden, pero nadie los escucha.
Tercer apartado (vv. 45-60): los funcionarios y ministros llevan un alto tren de vida, a costa de los pobres. La Monarquía está endeudada hasta niveles alarmantes. Tiene que pedir crédito a un interés alto. Vende rentas e impuestos muy caros; los que los compran, a veces extranjeros, exprimen al pueblo para obtener su beneficio.
Cuarto apartado (vv. 61-80): los acaparadores acumulan los bienes primarios para venderlos después a mayor precio. La Monarquía vende los pueblos de realengo a poderosos y ricos, que los exprimen hasta el límite. Todos roban, ricos y pobres; todos pierden la moralidad para entregarse al latrocinio.
Quinto apartado (vv. 81-96): es la parte más fantástica. El diablo, disfrazado de Peregrino, se aparece al conde-duque de Olivares, mientras el rey reza en la iglesia de San Plácido. Le aconseja abusar de su cargo, enriquecerse todo lo que pueda y no arrepentirse de nada. Total, el país está en descomposición.
Sexto apartado (vv. 97-120): el yo escritor se disculpa por la crudeza de su relato, pero es la verdad y debe contarla, para que, quien puede, el monarca, le ponga remedio. Critica las guerras exteriores que azotan España, una en Italia y otra en Francia. Han sido errores políticos. Cree que a veces se provocan como pretexto para subir los impuestos.
Séptimo apartado (vv. 121-152): critica ásperamente el tren de vida disparatado de la casa real, encabezada por el propio rey. Gasta mucho en fiestas, en construcciones sin sentido, muchas de ellas efímeras, en adornos de todo tipo. Y todo va a costa del pobre, que no tiene ni un buen arado para sus tierras. Ni san Isidro tiene un buen templo en Madrid, pues el dinero se ha gastado en fastos reales un tanto inútiles y excusables.
Octavo apartado (vv. 153-166): el ejército está abatido y pobre, pues no les pagan ni les dan repuestos. Los aduladores, entre ellos escritores, se empeñan en decir que todo va bien, pero la realidad es justo la contraria: España está en ruina y debacle total.
Noveno apartado (vv. 167-180 y final): se dirige directamente al rey Felipe IV y le pide que ponga remedio, pues él puede. Le solicita que se apiade de los pobres, que no preste oído a los aduladores y que actúe con rectitud. Así ganará más gloria eterna. Cierra su poema justificando su rudeza: “Si en algo he excedido, merezca perdones: / ¡Dolor tan del alma no afecta razones!”. Ha escrito este memorial porque le duele España y desea que su patria sea próspera y justa.  
2)Tema
El tema del poema se puede enunciar así: análisis crítico sobre la penosa e injusta situación política y económica de España en la primera mitad del siglo XVII, al tiempo que se solicita remedio por parte del rey, pues es el único que puede hacerlo.
3) Apartados temáticos
Los nueve apartados temáticos ya han sido señalados en el resumen. como se puede apreciar, estamos ante un texto expositivo-argumentativo en el que el autor denuncia la situación calamitosa de España y exige una solución a la casa real.
4) Análisis métrico y de la rima
Para esta composición, Quevedo ha elegido el pareado con versos dodecasílabos. Es una estrofa tradicional castellana empleada desde tiempos inmemoriales. Se acomoda muy bien al contenido. Le permite exponer, o desarrollar una idea, o un argumento conclusivo, en cada uno de ellos. Para una visión más general, utiliza grupos de pareados, formando secciones de contenido, como ya hemos aclarado.
5) Comentario estilístico
“Católica, sacra y real majestad” es un poema argumentativo denso y significativo. Al ser un memorial, exige una exposición clara y ordenada, en orden a aumentar la capacidad persuasiva de los razonamientos, y de mover al receptor, el rey, a actuar en una determinada dirección política.
El poema es muy rico en recursos estilísticos. Sería muy extenso explicar aquí cada uno de ellos. Baste decir que metáforas, metonimias, elipsis, símiles, antítesis y paradojas se suceden continuamente. La ironía, el sarcasmo y las alusiones también abundan por doquier. En cuanto a los recursos de repetición (anáforas, paralelismos, anadiplosis, repeticiones retóricas, etc.), también son abundantes, aunque en menor medida. La apóstrofe es un recurso central: el yo argumentativo apela muchas veces al rey para que ponga remedio a los males de España y enderece el rumbo social, económico y político del país.
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados,densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo del escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su homor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León (1639-1643). Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
El poema “Católica, sacra y real majestad” es un extraordinario ejercicio de pensamiento argumentativo y persuasivo, bajo el patrón del ingenio conceptista. Quevedo (si es que es su autor, pues la atribución es dudosa) aborda la penosa situación de España en su momento. Describe al monarca el hambre, el frío y el abuso en la recaudación de impuestos que sufre el pueblo llano día tras día, y sin esperanza de mejora. Critica violentamente los dispendios de la casa real y los aduladores que la acompañan. Solicita una urgente solución, para enderezar el rumbo del país. Y no lo hace por interés personal, sino movido por el amor a su patria. Estamos ante uno de los primeros ejemplos de poesía cívica y patriótica de la poesía española.
El poema es valiente, claro y directo. No recurre al circunloquio ni al disimulo. Es lo más importante para nuestra lectura contemporánea. Se sospecha que la composición de este poema fue el motivo de su encarcelamiento, sin juicio alguno, en el hospital de San Marcos, en León, durante cuatro años, como señalamos en la contextualización.
Con la lectura, el lector se siente abrumado y sorprendido ante tanto despliegue de valentía política, franqueza y valor para exponer al rey absoluto su pensamiento más franco y directo. La composición, literariamente es perfecta y estimable. Por su contenido, es original y atrevida. 
Este poema es una joya de la literatura española, y un ejemplo de cómo el artista ha de comprometerse, también, y sin descuidar el arte, con la realidad que nos rodea, llena de lacras y graves injusticias. No creemos que otras literaturas equiparables a la nuestra tengan un texto tan hermoso por su valor social, cultural y artístico. Qué duda cabe, estamos ante uno de los poemas cívico-morales sobre la necesidad de un gobierno justo más brillantes de la poesía española, y aún de la universal, nos atrevemos a decir.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante explicar alguna metáfora o símil en el que denuncia el abuso del gobierno con un sistema de impuestos exagerado y abusador.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca conceptista visibles en el poema.
2) ¿Por qué el autor protesta tan agriamente? ¿A quién le pide soluciones?
3) ¿Qué ha movido al poeta-ensayista a escribir este memorial? 
4) La visión de la escala de valores preponderante en esa sociedad española barroca, que se desprende de la lectura, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
5) ¿Cuál es el personaje histórico que más critica? ¿Por qué? 
6) ¿Teme represalias el autor por su atrevimiento al escribir este poema?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre la situación socio-económica de la población en nuestra sociedad y apuntar algunas soluciones a las personas que pueden adoptarlas.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y alguien con un pensamiento contrario, si es que es posible en este paradójico poema. Puedes introducir a alguna autoridad relevante, con poder sobre la sociedad. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.

2 thoughts on “Francisco de Quevedo (atribución dudosa): «Católica, sacra y real majestad» (memorial a Felipe IV); análisis y propuesta didáctica

  1. José Manuel Blecua, uno de los grandes conocedores de la obra de Quevedo, sostiene rotundamente que “nadie cree ya que el encarcelamiento de Quevedo se debiese a que Felipe IV encontrase debajo de su servilleta el célebre memorial que comienza ‘Católica, sacra y real Majestad’ […], porque sabemos muy bien que el conde-duque de Olivares acusó a Quevedo de infiel y enemigo del gobierno y murmurador dél, y últimamente por confidente de franceses ”.
    Llega a negar la autoría de Quevedo de dicho poema diciendo que se le adjudica “por primera vez en un pliego suelto publicado en Barcelona en 1641 ” («Poesía original completa», p. 26). Pero, además, tenemos la información que suministra Pablo Antonio de Tarsia, primer biógrafo de Quevedo («Vida de Quevedo», 1663, p. 122):

    “Sacra Cathólica, Real Magestad” no es suya, como con grande sentimiento diferentes veces lo juró, hablando con su amigo Don Francisco Oviedo, Secretario de su Majestad, caballero de quien fiaba lo más secreto de su pecho y así mismo, escribiendo al arzobispo de Granada, don Martín Carrillo, le testificó no haber hecho aquellos versos, cuyo autor se vino a descubrir después, hallándose el original en la celda de un religioso, contra quien escribió la ‘Astrea sáfica’ don Joseph Pellicer de Ossau y Tobar, comprehendiendo en ella toda la historia de España hasta el año de 1635 .

    Mientras estaba preso le atribuyeron numerosos poemas políticos, lo cual no nos debe de extrañar, pues la fama que tenía como satírico era extraordinaria. José Manuel Blecua afirma que “esos poemas no responden ni por el contenido ni por el estilo a lo que pudiera haber escrito Quevedo puesto a satirizar a los políticos de su tiempo. Basta compararlos con los que dirige a don Luis de Góngora, Pacheco de Narváez, Pérez de Montalbán y otros”. Muy lejos de nuestro escritor es el poema que titulado ‘El padre nuestro glosado’. “Tampoco puede ser suyo el que comienza ‘Toda España está en un tris’, puesto que los cuatro primeros versos están dedicados a la desvalorización de la moneda decretada por el conde-duque, y conviene recordar que fue precisamente Quevedo en su Chitón de las tarabillas el defensor de las medidas económicas del conde-duque ”.
    Pablo Jauralde Pou, quien ha consagrado toda su carrera a la vida y la obra de Quevedo, está en la misma línea que los anteriores («Francisco de Quevedo: 1580-1645). Ruego, por tanto, que se rectifique la atribución a Quevedo. El poema está muy lejos de la complejidad estilística quevediana y rezuma una sensiblería clerical muy alejada de nuestro célebre escritor, de quien se han dicho tantas mentiras en su época y en la nuestra.

Deja un comentario