Francisco de Quevedo: «Epístola satírica y censoria al conde-duque de Olivares sobre las costumbres de los castellanos»; análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO:  Epístola satírica y censoria al conde-duque de Olivares sobre las costumbres de los castellanos

 

[1] No he de callar, por más que con el dedo,
Ya tocando la boca, ya la frente,
Me representes o silencio o miedo.
 
[2] ¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
 
[3] Hoy sin miedo que libre escandalice
Puede hablar el ingenio, asegurado
De que mayor poder le atemorice.
 
[4] En otros siglos pudo ser pecado
Severo estudio y la verdad desnuda,
Y romper el silencio el bien amado.
 
[5] Pues sepa quien lo niega y quien lo duda
Que es lengua la verdad de Dios severo
Y la lengua de Dios nunca fue muda.
 
[6] Son la verdad y Dios, Dios verdadero:
Ni eternidad divina los separa,
Ni de los dos alguno fue primero.
 
[7] Si Dios a la verdad se adelantara,
Siendo verdad, que rabría de ser hubiera
Verdad, antes que fuera y empezara.
 
[8] La justicia de Dios es verdadera,
Y la misericordia, y todo cuanto
Es Dios es la verdad siempre severa.
 
[9] Señor Excelentísimo, mi llanto
Ya no consiente márgenes ni orillas:
Inundación será la de mi canto:
 
[10] Veránse sumergidas mis mejillas,
La vista por dos urnas derramada
Sobre el sepulcro de las dos Castillas.
 
[11] Yace aquella virtud desaliñada
Que fue, si menos rica, más temida,
En vanidad y en ocio sepultada.
 
[12] Y aquella libertad esclarecida
Que donde supo hallar honrada muerte
Nunca quiso tener más larga vida.
 
[13] Y pródiga del alma, nación fuerte
Contaba en las afrentas de los años
Envejecer en brazos de la suerte.
 
[14] La dilación del tiempo, y los engaños
Del paso de las horas y del día
Impaciente acusaba a los extraños.
 
[15] Nadie contaba cuánta edad vivía,
Sino de qué manera: sola una hora
Lograba con afán su valentía.
 
[16] La robusta virtud era señora,
Y sola dominaba al pueblo rudo:
Edad, si mal hablada, vencedora.
 
[17] El temor de la mano daba escudo
Al corazón, que, en ella confiado,
Todas las armas despreció desnudo.
 
[18] Multiplicó en escuadras un soldado
Su honor precioso, en ánimo valiente,
De sola honesta obligación armado.
 
[19] Y debajo del Sol aquella gente,
Si no más descansado, a más honroso
Sueño entregó los ojos, no la mente.
 
[20] Hilaba la mujer para su esposo
La mortaja primero que el vestido;
Menos le vio galán que peligroso,
 
[21] Acompañaba el lado del marido
Más veces en la hueste que en la cama;
Sano le aventuró, vengóle herido.
 
[22] Todas matronas y ninguna dama,
Que nombres del halago cortesano
No admitió lo severo de su fama.
 
[23] Derramado y sonoro el Oceáno
Era divorcio de las ricas minas
Que volaron la paz del pecho humano.
 
[24] Ni les trajo costumbres peregrinas
El áspero dinero, ni el Oriente
Compró la honestidad con piedras finas.
 
[25] Joya fue la virtud pura y ardiente;
Gala en merecimiento y alabanza;
Sólo se codiciaba lo decente.
 
[26] No de la pluma dependió la lanza,
Ni el cántabro con cajas y tinteros
Hizo el campo heredad, sino matanza.
 
[27] Y España con legítimos dineros,
No amartelaba el crédito a Liguria;
Más quiso los turbantes que los ceros.
 
[28] Menos fuera la pérdida y la injuria
Si se volvieran Muzas los asientos,
Cuanto es peor la usura que la furia.
 
[29] Caducaban las aves en los vientos,
Y espiraba decrépito el venado:
Grande vejez duró en los elementos.
 
[30] Que el vientre entonces, bien disciplinado,
Buscó satisfacción y no hartura,
Y estaba la garganta sin pecado.
 
[31] Del mayor infanzón de aquella pura
República de grandes hombres, era
Una vaca sustento y armadura.
 
[32] No había venido al gusto lisonjera
La pimienta arrugada, ni del clavo
La adulación fragante forastera.
 
[33] Carnero y vaca fue principio y cabo,
Y con rojos pimientos y ajos duros
Tan bien como el señor comió el esclavo.
 
[34] Bebió la sed los arroyuelos puros;
Después mostraron del carquesio a Baco
El camino los brindis mal seguros.
 
[35] El rostro macilento, el cuerpo flaco,
Eran recuerdo del trabajo honroso,
Y honra y provecho andaban en un saco.
 
[36] Pudo sin don un español velloso
Llamar a los tudescos bacanales,
Y al holandés hereje y alevoso.
 
[37] Pudo acusar los celos desiguales
Al italiano; y hoy de muchos modos
Somos copias, si son originales.
 
[38] Las descendencias gastan muchos godos;
Todos blasonan, nadie los imita,
Y no son sucesores, sino apodos.
 
[39] Vino el betún precioso que vomita
La ballena o la espuma de las olas,
Que el vicio, no el olor, nos acredita.
 
[40] Y quedaron las huestes españolas
Bien perfumadas, pero mal regidas,
Y alhajas las que fueron pieles solas.
 
[41] Estaban las locuras mal vestidas,
Y aún no se hartaba de buriel y lana
La vanidad de hembras presumidas.
 
[42] A la seda pomposa siciliana,
Que manchó ardiente múrice, el romano
Y el oro hicieron áspera y tirana.
 
[43] Nunca al duro español supo el gusano
Persuadir que vistiese su mortaja,
Intercediendo el Can por el verano.
 
[44] Hoy desprecia el honor al que trabaja,
Y entonces fue el trabajo ejecutoria,
Y el vicio gradüó la gente baja.
 
[45] Pretende el alentado joven gloria
Por dejar la vacada sin marido,
Y de Ceres ofende la memoria.
 
[46] Un animal a la labor nacido
De paciencia preciosa a los mortales,
Que a Jove fue disfraz y fue vestido;
 
[47] Que un tiempo endureció manos reales,
Y detrás de él los cónsules gimieron,
Y rumia luz en campos celestiales,
 
[48] ¿Por cuál enemistad se persuadieron
A que su apocamiento fuese hazaña,
Y a mieses tan grande ofensa hicieron?
 
[49] ¡Qué cosa es ver un infanzón de España
Abreviado en la silla a la jineta,
Y gastar un caballo en una caña!
 
[50] Que la niñez al gallo le acometa
Con semejante munición apruebo;
Mas no la edad madura y la perfeta.
 
[51] Ejercite sus fuerzas el mancebo
En frentes de escuadrones, no en la frente
Del padre hermoso del armento nuevo.
 
[52] El trompeta le llame diligente,
Dando fuerza de ley al viento vano,
Y al son esté el ejército obediente.
 
[53] ¡Con cuánta majestad llena la mano
La pica, y el mosquete carga el hombro,
Del que se atreve a ser buen castellano!
 
[54] Con asco entre las otras gentes nombro
Al que de su persona, sin decoro,
Antes quiere dar nota que no asombro.
 
[55] Jineta y caña son contagio moro;
Restitúyanse justas y torneos,
Y hagan paces las capas con el toro.
 
[56] Pasadnos vos de juegos a trofeos;
Que sólo grande rey y buen privado
Pueden ejecutar estos deseos.
 
[57] Vos, que hacéis repetir siglo pasado
Con desembarazarnos las personas
Y sacar a los miembros de cuidado,
 
[58] Vos disteis libertad con las valonas,
Para que sean corteses las cabezas,
Desnudando el enfado a las coronas;
 
[59] Y, pues vos enmendasteis las cortezas,
Dad a la mayor parte medicina:
Vuélvanse los tablados fortalezas.
 
[60] Que la cortés estrella que os inclina
A privar sin intento y sin venganza,
Milagro que a la envidia desatina.
 
[61] Tiene por sola bienaventuranza
El reconocimiento temeroso,
No presumida y ciega confianza.
 
[62] Pues os dio el ascendiente generoso
Escudos, de armas y blasones llenos,
Y por timbre el martirio glorioso,
 
[63] Mejores son por vos los que eran buenos
Guzmanes, y la cumbre desdeñosa
Os muestre a su pesar campos serenos.
 
[64] Lograd, señor, edad tan venturosa;
Y cuando nuestras fuerzas examina
Persecución unida y belicosa,
 
[65] La militar valiente disciplina
Tenga más practicantes que la plaza:
Descansen tela falsa y tela fina.
 
[66] Suceda a la marlota la coraza,
Y si el Corpus con danzas no los pide,
Velillos y oropel no hagan baza.
 
[67]El que en treinta lacayos los divide,
Hace suerte en el toro y con un dedo
La hace en él la vara que los mide.
 
[68] Mandadlo así, que aseguraros puedo
Que habéis de restaurar más que Pelayo,
Pues valdrá por ejércitos el miedo
Y os verá el cielo administrar su rayo.
 
1.ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. El texto que ahora trabajamos es la Epístola satírica y censoria al conde-duque de Olivares sobre las costumbres de los castellanos (edición póstuma de 1648).
El poema es una epístola, es decir, una carta o misiva, dirigida a una persona muy concreta, el valido del rey de España, el conde-duque de Olivares. A lo largo del poema se observa esta circunstancia; el yo lírico se dirige al poderoso personaje en forma de “vos”, fórmula de tratamiento respetuoso y de honra. Realizaremos un resumen por estrofas para un mayor esclarecimiento del contenido.
1. El yo lírico advierte al destinatario que no va a guardar silencio a pesar de las amenazas de que se calle, o de que puede morir en el intento. El destinatario le indica silencio o, acaso, su sentencia de muerte.
2.Piensa que es necesario reunir la valentía necesaria para decir lo que se siente, sin miedo.
3.En los días que escribe ya no existe el miedo a ser castigado por alguien con más poder, solo por decir la verdad.
4. En los tiempos antiguos, acaso era mejor entregarse al estudio y callarse las verdades, pues se consideraba pecado decir la verdad. 
5. Los que dudan o lo niegan deben recordar que Dios exige decir la verdad, pues es una exigencia ética.
6. La verdad y Dios es uno, forman una unidad indisoluble. 
 7. No fue antes Dios, ni la verdad. Aquel trajo a esta, y por tanto la verdad tiene una validez eterna.
8. Esa verdad divina va unida a la justicia y a la misericordia, otros dos atributos divinos. La verdad suele ser severa, pero necesaria.
9. El yo lírico se dirige a su destinatario, “Señor Excelentísimo”. Le informa que su dolor es tal que ya no lo puede contener y ha de verterlo en palabras.
10. Habrá de llorar mucho, pues es mucho el dolor que siente. España entera está como agonizante, o muerta, ya en el “sepulcro”.
11. La virtud de los españoles está desvirtuada e irreconocible. Fue respetada, aunque pobre. Ahora está enterrada por la vanidad y el ocio, es decir, la petulancia y la vaguería.
12. Los españoles antiguos eran libres para aceptar una muerte con honra antes que una larga vida acaso sin ella.
13. España entera era generosa de ánimo y fuerte para resistir los reveses de todo tipo (“afrentas”); así confiaba en la suerte para durar en su propósito.
 14. La nación señalaba en los extranjeros las tácticas dilatorias, con engaños, para sus propósitos. (Esta estrofa es bastante anfibológica; acaso se pueda interpretar de otra manera; tal vez quiere decir que el español no se preocupaba de la duración de su vida, lo que sorprendía a los “extraños”).
15. No importaba la duración de la vida, sino vivirla con honra; la cual se podía ganar con un hecho heroico en un tiempo corto (como en el campo de batalla, se insinúa).
16. La fuerte virtud se extendía por toda la nación. Incluso las personas más asilvestradas se sometían a ella. Eso explica que fuera un tiempo victorioso.
17. El valor, combinado con el temor, era el mejor escudo contra las adversidades, a las que se despreciaba.
18. Un solo soldado, con su honor, cumpliendo con su obligación, suplía a un escuadrón entero, tal era su valentía y coraje.
19. Y tras el esfuerzo, esos españoles descansaban, pero siempre con la tensión moral en vilo, para no perder nunca la honra.
20. El peligro de muerte era real y permanente, de modo que la esposa se apresuraba a confeccionar una mortaja para su marido; este no se dedicaba a la vida social, sino al peligro, como el de la guerra.
21. Esta esposa era heroica. Acompañaba a su marido a la guerra; le deseaba suerte y lo vengaba si era herido.
22. No eran mujeres frívolas, ni ligeras, sino esposas graves, madres de hijos; se preocupaban más por la honra familiar que por recibir halagos.
23. La riqueza hallada al otro lado del Océano (acaso se refiera a América), hizo que desapareciera la virtud y la paz en estas personas tan ejemplares.
24. De Oriente no vinieron costumbres raras a causa del dinero. Tampoco se perdió la honestidad por la riqueza.
25. La mejor joya para esa gente antigua era la posesión de la virtud. Poseer honra y ser decentes era el mejor merecimiento al que ansiaban.
26. La guerra fue un asunto principal. Los primeros españoles (“cántabro”) lucharon por su independencia y su libertad. No eran tiempos de florituras, escritas o de otro tipo.
27. España (es la primera vez que aparece esta palabra) no daba muchas ganancias a los banqueros italianos, pues vivía de lo suyo. Rechazó a los árabes a golpe de espada, sin preocuparse de la economía.
28. Hubiera sido una injuria para esos españoles antiguos haber sido vencidos de los árabes. Rechazaba las actividades económicas, basadas en la usura, pues era peor considerado que luchar contra los invasores.
29. Los animales gozaban de larga vida. Todos los seres vivos en España vivían, pues, largas vidas.
30. Las personas comían comedidamente, sin abusar. La gula no era un vicio, o pecado, extendido.
31. Incluso los nobles se conformaban con poco, pues eran personas moderadas en comer. Aprovechaban de sus animales hasta el último elemento.
32. Todavía no habían llegado a la nación las exóticas especias (“pimienta arrugada” y “clavo”), que con su fragancia invitaba a su consumo.
33. Toda la población, ricos y pobres, comían digna y sencillamente. Carnero y vaca era toda la carne que consumían, acompañada de pimientos y ajos.
34. Bebían agua de los arroyos. Pero después se aficionaron al vino y sus peligros etílicos.
35. La figura de esos españoles era de gente delgada y enjuta, producto del trabajo fuerte y ganancias escasas, pues en un saco entraba todo.
36. En esa época, un español de aspecto asilvestrado (“velloso”) podía criticar la afición a la fiesta de los alemanes y a la herejía y la traición de los holandeses.
37. También critica la envidia de los italianos. Hoy, sin embargo, los españoles son iguales que los mentados, sino peores.
38. Los actuales españoles presumen de venir de familias de godos, con escudos, pero no imitan a sus antepasados. Solo son sombras de lo que fueron sus antecesores.
39. Se acabó la virtud y los vicios venidos de otras partes se han extendido por la nación.
40. Los ejércitos españoles no estaban bien organizados ni mandados, aunque abundaban los afeites y lo blandengue.
41. Las mujeres se hicieron presumidas y casquivanas. La vanidad andaba suelta. Se vestía con ropa cara, abandonando las sencillas.
42. Se extendieron tejidos caros y exóticos, como la seda. Eran caros, pero la gente rica lo pagaba. El “romano” parece aludir a la curia papal, o acaso a los antiguos romanos.
43. No se aficionó el español al caro tejido de seda, elaborado por el gusano, pues era una persona sobria.
44. En esos buenos tiempos, la persona trabajadora era tenida en estima. Hoy, al laborioso lo desprecian. La gentuza se entregó al vicio.
45. Un hombre castra a un toro y pretende gloria por ello. No es para tanto; incluso la diosa de la agricultura, Ceres, se sentiría ofendida.
46. Así nació el buey, animal fuerte y paciente. Júpiter (“Jove”, el dios supremo romano), lo utilizó como disfraz y como ropa en sus correrías amorosas.
47. Incluso los romanos nobles trabajabann en el campo. Hoy, el toro es una constelación (Tauro).
48. Se pregunta el yo lírico por qué  riña (los romanos, parece) tuvieron por hazaña lo que era una cobardía; también perjudicaron las cosechas. Acaso se refiera a los españoles, que han perdido el pulso vital antiguo.
49. Le parece indigno que un “infanzón”, noble de bajo rango, monte un caballo con estribo corto y piernas dobladas (“a la jineta”), o que gaste el tiempo jugando a cañas con su caballo.
50. Jugar con el caballo a desprender un gallo de un lugar elegido está bien para los muchachos, pero no para los adultos.
51. Los jóvenes deben ejercitarse en ejercicios de guerra, no contra el ganado o los animales (“armento”).
52. El buen joven ha de ser rápido en acudir a su deber bélico, y obediente a sus mandos.
53. Un buen soldado español lleva sus armas blancas o de fuego (la pica y el mosquete) con gallardía y solemnidad.
54. Al sujeto lírico le da asco esos soldados que quieren presumir, no ser valerosos, perdiendo el decoro de su persona.
55. Montar a la jineta y jugar a las cañas han prosperado en España por influencia mora. Pide que vuelvan a celebrarse justas y torneos, diversión viril y enérgica.
56. Volver a las diversiones varoniles no es fácil. Solo lo puede hacer un rey o su valido, con su autoridad.
57. Invoca a su destinatario, apelando a su energía y mando, para que todos vivan tranquilos.
58. Sigue apelando a su destinatario y le recuerda que liberó el modo de vestir (las “valonas” es un cuello vuelto y amplio, por la espalda y el pecho); las cabezas quedan más despejadas; alude a que esta acción tuvo la aprobación real.
59. Lo invoca por tercera vez. Le pide que, ya que arregla lo superficial, ponga el remedio para lo importante. Que cese la diversión y se recuperen las actividades bélicas.
60. Loa al valido, pues ejerce sus funciones con rectitud, sin resentimiento contra nadie; a los envidiosos los descoloca.
61. Este privado o valido busca solo el reconocimiento de su buen hacer, sin presunción ni servidumbre de los demás.
62. Reconoce el yo lírico que este individuo es muy noble por su sangre y ascendencia.
63.Su familia procede de los Guzmanes, personas muy nobles, que él engrandece todavía más. Merece toda loa por su buen gobierno.
64. Aquí llega la petición, con un verbo en imperativo (“lograd, señor”); le ruega que alcance una edad gloriosa para España, todos unidos en el enfrentamiento contra los enemigos.
65. Los ejércitos españoles, disciplinados y valientes, serán muy numerosos; dejarán a un lado las diversiones ligeras y la vida holgada.
66. Pide que se dejen vestidos ligeros y humildes, moriscos, como la marlota, y se sustituya por el guerrero. Adornos elegantes, fuera de alguna celebración solemne, como el Corpus, también hay que dejarlos.
67. Este privado tiene el poder y juicio para imponer este orden militar.
68. El yo lírico lo anima a que actúe de ese modo militar. Sus beneficios para la patria serán mayores que los que hizo don Pelayo en Asturias. El ejército, con su poderío, infundirá temor y será respetado.
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: carta al privado o valido del rey para que restaure los viejos valores militares de los españoles y sus moderadas costumbres, para alcanzar la autoridad y poder que se necesita para regir la nación.
3) Apartados temáticos
El poema es una carta. Posee, por tanto, ciertos apartados:
– Un saludo o presentación (estrofas 1-8), en el que justifica su escritura. Es necesario decir la verdad, pues redunda en la mayor gloria de la nación española.
– Una presentación de los motivos (estrofas 9-55) en el que explica el declive de la patria, la pérdida de pulso vital, el abandono de los viejos valores, del código de honor que animaba a las personas a ser valientes y honradas. Ahora, todo es más ligero, superficial y vano. La gente busca la diversión.
– Una petición al valido para que restaure el viejo orden moral y social. Es el único modo de recuperar la gloria antigua y el respeto ante las otras naciones, que ahora no existe. 
4) Análisis métrico y de la rima
Quevedo ha elegido los tercetos encadenados como forma estrófica. Se trata de tres versos endecasílabos, con rima consonante, con la estructura: ABA, BCB, CDC…
5) Comentario estilístico
La Epístola es un ejemplo perfecto del estilo conceptista de Quevedo. Por su extensión, puede desplegar su prodigioso dominio de la lengua y elevar su estilo a cotas realmente impresionantes. Las notas más destacadas son:
-El significado aparece reconcentrado y comprimido. Las estrofas comunican mucho más de lo que dicen superficialmente consideradas.
-El dominio en el manejo de los recursos estilísticos es magnífico y evidente. Metáforas, metonimias, símiles, personificaciones y anfibologías (por citar los más comunes) trabajan en la dirección de dotar al texto de una rara expresividad y de una impecable hechura literaria.
-La elipsis y la alusión son dos recursos especialmente empleados; imprimen densidad y expansión significativa, respectivamente, enriqueciendo la experiencia lectora.
-El léxico es preciso, exacto y apropiado. Hoy, muchas de las palabras empleadas son casi arcaísmos, precisamente por la exactitud de su significación (tipo de ropa, modo de montar a caballo, etc.).
-El conjunto del poema ofrece un formidable adensamiento del significado. En realidad, Quevedo realiza un recorrido por la historia de España, desde don Pelayo, para destacar los valores morales de moderación, honra, virtud, orgullo, y los físicos de frugalidad, paciencia y sufrimiento ante las adversidades para superarlas exitosamente. Considera que las costumbres de sus contemporáneos estaban alejadas de los viejos principios castellanos; ahora todo es más ligero, superficial, frívolo e insustancioso. Lamenta la situación política de España en el concierto internacional, donde no es respetada.
-Existe un delicado equilibrio entre el yo lírico y el destinatario, nada menos que el conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV. Quevedo desea influir en su opinión, pero manteniendo el debido respeto. El formato de misiva o epístola impone ciertas convenciones que afectan a la estructura, como hemos visto. La justificación inicial de su carta es la parte más conocida y célebre porque en ella Quevedo realiza un canto a la libertad de expresión y pensamiento y reivindica su derecho a decir lo que piensa. Es interesante señalar que Quevedo cayó en desgracia ante el conde-duque, justamente por criticar su política. Por eso estuvo prisionero en el antiguo hospital de San Marcos (León), de 1639 a 1643; allí perdió la salud y el ánimo para intervenir en la vida política española.
En conjunto, hemos visto que estamos ante un magnífico poema en cuanto a su construcción; es una obra de largo aliento, donde los aspectos argumentativos pesan tanto como los literarios. En realidad, podríamos decir que es un ejemplo de poesía cívica, pues trata de influir en la situación política de su país. La carga moral es muy fuerte; la satírica, sin embargo, es algo menor.
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados,densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo del escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su homor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
La Epístola satírica y censoria al conde-duque de Olivares sobre las costumbres de los castellanos es una formidable pieza poética. En forma de misiva o carta, Quevedo realiza su aportación, desde un plano moral, cívico e histórico, para que la nación española recupere el pulso y la importancia debida en el concierto de las naciones europeas.
La epístola discurre fluidamente por la historia de España, fijándose en los aspectos de los usos y costumbres de los “infanzones”, gente algo noble, sin pertenecer a la alta nobleza; para el poeta, constituye el nervio de la nación. Alaba su morigeración, su firmeza moral, su resistencia en la guerra y en la paz, su laboriosidad, su empeño en vivir bajo valores de honra, virtud y valor, siempre bajo el marco general de la religión cristiana.
La epístola ofrece una riqueza literaria extraordinaria. Quevedo despliega toda su abrumadora sabiduría literaria. Su dominio de la lengua, en los diferentes planos, es altísimo. El conjunto nos ofrece un texto denso, grave e incitador para el lector. El hecho de que se dirija específicamente al conde-duque de Olivares no es óbice para que nosotros, lectores de hace casi cuatro siglos después, nos sintamos aludidos por la llamada de Quevedo a recuperar valores que transcienden el tiempo: dignidad (honra), virtud, resiliencia ante las contrariedades, etc.
 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante enumerar el número de metáforas
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca conceptista visibles en el poema.
2) ¿Por qué Quevedo escribe su epístola? ¿A quién se dirige? ¿Por qué? 
3) ¿Cuál es el ideal de nación al que aspira Quevedo?
4) La visión de la escala de valores preponderante en esa sociedad española barroca, que se desprende de la lectura, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
5) ¿Cuál es el tipo de relación que se desprende de la epístola entre Quevedo y el conde-duque de Olivares?  
6) ¿Por qué alude tantas veces a los “infanzones”?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre la importancia de recuperar valores antiguos de honra y virtud para que la nación sea más fuerte.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y el conde-duque de Olivares platicando sobre el contenido de la epístola. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.

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