Francisco de Quevedo: «Retirado en la paz de estos desiertos» (soneto); análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO: Retirado en la paz de estos desiertos
Retirado en la paz de estos desiertos,               1
con pocos pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,     5
o enmiendan o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.
Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadora,                     10
libra, ¡oh gran don Ioseph!, docta la imprenta.
En fuga irrevocable huye la hora,
pero aquélla el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.
  1. ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. 
El yo lírico habla en primera persona desde el primer momento. Anuncia su estilo de vida, solitario, tranquilo y entregado a la lectura, en un lugar poco habitado y poco fértil (“desiertos”). Loa a los libros que estudia afanosamente, pues en ellos encuentra luz para vivir más plenamente. Frente a la tramoya y ruido de la vida diaria, que no pasa de un sueño, en los libros encuentra verdades inconmovibles. 
En el primer terceto alaba a la imprenta, pues salva del olvido a los grandes autores que nos dejaron doctos libros. El tiempo pasa deprisa, qué duda cabe, pero hay un modo de emplearlo juiciosamente: entregarse al aprendizaje de los conocimientos importantes para nuestra vida, pues nos hace mejores.
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: descripción del estilo de vida del yo lírico, entregado al estudio y lectura de autores antiguos, sabios y profundos; ello le reporta luz y seguridad para recorrer el camino de la vida, breve e incierto. En otras palabras, presentación de una vida entregada al estudio y la lectura para vivir con más sentido y seguridad moral e intelectual.
3) Apartados temáticos
Como es de esperar por la estructura estrófica empleada, el soneto, se distinguen muy bien dos secciones de contenido, aunque no en su distribución habitual:
– Las dos primeras estrofas (vv. 1-8) forman la primera sección temática: el yo lírico expone su estilo de vida, enfrascado en la lectura de los buenos autores. Su efecto benéfico es inmediato y le ayudan a comprender la verdad de la existencia, que es poco más que un sueño.
– Las dos últimas estrofas (vv. 9-14) conforman la segunda sección temática: poseen un carácter conclusivo y causal-consecutivo: la imprenta es muy beneficiosa para el hombre porque nos permite leer y aprender de los sabios antiguos. Por otro lado, advierte que, dada la fugacidad de la vida, aprendida en la lectura de esos autores, la mejor inversión del poco tiempo de que disponemos es la del estudio y la lectura. La primera parte es más personal y algo intimista; la segunda es más genérica y de alcance más universal, a pesar de invocar a su amigo don Ioseph, que ya veremos quién es.
4) Análisis métrico y de la rima
Quevedo ha elegido el soneto como forma estrófica (ABBA, ABBA, CDC, DCD). Lógicamente, los versos son endecasílabos, la rima consonante y las estrofas se distribuyen en dos cuartetos y dos tercetos; estos tienen una rima encadenada; el segundo verso de la primera estrofa coincide en rima con la del primero y tercero de la segunda. Es una opción típica de Quevedo, al fin y al cabo deudor de la tradición garcilasiana y petrarquista.
5) Comentario estilístico
Este maravilloso poema es de una profundidad y belleza inauditas. El yo lírico habla de su actual estilo de vida. Habita un lugar poco poblado, tranquilo y sin grandes sobresaltos. Todo ello se contiene en la hermosa metáfora “la paz de estos desiertos” (v. 1). Su compañía habitual es la de los libros, con cuyos autores “conversa”, a través de la lectura. Justamente esta actividad le permite “escuchar” la voz de esos autores. La sinestesia es magnífica; expresa muy bien cómo el yo lírico siente a su lado a esos hombres, ya muertos, que dejaron sus ideas en libros. La paradoja implícita “escucho con mis ojos a los muertos” (v. 4) tiene una significación clara y fuerte: los libros salvan de la muerte a los autores; estos, de algún modo, siguen vivos entre nosotros a través de sus libros.
En el segundo cuarteto, el foco temático son los autores de esos libros que lo acompañan. Primero reconoce que los tiene siempre a la mano; algunos no son fácil comprensión porque tratan asuntos arduos. Explicita sus efectos positivos: “o enmiendan o fecundan mis asuntos” (v. 6); la lectura siempre es beneficiosa, afirma. Esta lectura es como una música que no se oye, pero se siente (“músicos callados contrapuntos”, v. 7).Y explican al yo lírico el sentido pleno de la vida: esta es un sueño del que conviene despertar. Las dos paradojas que aparecen en estos dos versos potencian la significación del poder de los libros.
En el primer terceto cambia el foco temático. Ahora se loa a la imprenta y se invoca a un amigo, don Ioseph, que no es otro que su editor póstumo José Antonio González de Salas. Aquí surge un tono epistolar e intimista en el poema que antes no se había visto. El poema parece una carta del yo lírico, relatando su estilo de vida y alabando a lo libros y la lectura, a un amigo muy íntimo; por eso existe también un aire confidencial y de amistad estrecha. La imprenta se ve personificada; adquiere vida propia y se venga de la muerte, al permitir que los libros de las “grandes almas” (metonimia de los buenos escritores) sigan entre nosotros. La imprenta, por metonimia, es “docta”, como los libros que lee y “vengadora”, pues burla a la muerte.
El segundo terceto también posee un tono abierto y general. El tiempo, al que se alude metonímicamente como “la hora” (v. 12), se va rápido; aquí se detecta el tópico de Tempus fugit. Sin embargo, la mejor hora empleada es la que dedicamos a la lectura y estudio, pues nos hace mejores, más nobles.
La loa a los libros se erige, en la parte final del poema, como el tema central. Por ellos vale la pena vivir, esforzarse y dar por bueno nuestro paso por este mundo, que es más “sueño”, es decir, engaño, que otra cosa. El tono de serenidad resignada, conformidad con el destino mortal y aceptación humilde del destino del hombre sobresalen poderosamente a lo largo del poema. La alabanza a los libros, a sus autores, a la imprenta y a la aplicación lectora es de una belleza realmente inaudita. Pocas veces se ha expresado con tanta precisión y talento en lengua española. Un poema que comienza siendo un relato de la vida cotidiana de un hombre apartado del ajetreo de la ciudad y sus cuitas se va transformando en una loa bella, profunda y muy bien argumentada dirigida al mundo del libro y la lectura.  
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados, densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo de escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su humor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
El poema “Retirado en la paz de estos desiertos” es de contenido existencial y filosófico, a la vez que redunda en una firme alabanza de los libros, la imprenta y la lectura. El poema también posee un tono epistolar. El yo lírico se dirige a su amigo “don Ioseph” para comentarle su estilo de vida y que qué invierte su tiempo.
Como ya hemos visto en otros poemas, se trata de una reflexión, de carácter existencialista, pero anclado en el yo lirico, sobre la fugacidad de la vida y la proximidad de la muerte. El tono no es tan agónico como en otros poemas. Ahora aparece algo maravilloso: los libros y la lectura; proporcionan sabiduría y juicio para gobernarse en el sueño de la vida; dotan al lector atento de herramientas para sortear las trampas de la existencia. 
El poema alaba la imprenta como un grandísimo invento que permite burlar a la muerte, pues, al tener los libros y disfrutarlos, tenemos a nuestro lado a los autores. Está muy logrado y es sorprendente el tono de amistad, confidencialidad e intimismo que brota de las confesiones del yo lírico dirigidas a su amigo José Antonio González de Salas. Por momentos, el soneto parece una misiva dirigida a un amigo muy estrecho.
La construcción del soneto es bellísima. El movimiento de lo personal y circunstancial hacia lo general y de validez universal está logrado maravillosamente. Lo mismo se puede afirmar de lo personal a lo colectivo, y del libro a la imprenta. El tono conclusivo del soneto se logra magníficamente: el mejor tiempo invertido para el hombre es el del estudio, por eso el yo lírico lo hace en un ambiente de soledad y esencialidad, sin distracciones mundanas.
El conjunto del soneto resulta de una asombrosa belleza, reforzada por el mensaje positivo y noble de alabanza de los libros y la lectura. La paradoja surge en que, siendo la vida breve, su mejor empleo es crear un poema en que se reconoce esta terrible realidad y se crea un artefacto poético que sí burla al tiempo fugaz y a la muerte tenebrosa que nos aguarda, como al yo lírico. Qué duda cabe, estamos ante uno de los sonetos existenciales y morales de más honda belleza de la poesía española.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema en su intención emocional, existencial y filosófica.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca visibles en el poema.
2) ¿Por qué la lectura es benéfica para el hombre? ¿A qué se contrapone?
3) ¿Cómo podemos comprobar el tono de confidencialidad, como el expresado en una carta a un amigo?
4) La visión de la vida que se desprende, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
4) A qué se refiere el yo lírico “sueño de la vida” (v. 8). 
5) ¿Qué tópicos literarios aparecen en el poema? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre la importancia de una actividad beneficiosa, como la lectura, dirigida a una persona querida.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y alguien con un pensamiento contrario. La loa a la lectura, o a otra actividad, puede ser un buen punto de partida.
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.

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