Lope de Vega: «A mis soledades voy»; análisis y propuesta didáctica

Anuncios
Lope de Vega – A mis soledades voy
[1] A mis soledades voy,                  1
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.
[2] No sé qué tiene el aldea             5
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo,
no puedo venir más lejos.
[3] Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento              10
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.
[4] Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo                15
un ignorante soberbio.
[5] De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.            20
[6] Él dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento;
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.
[7] La diferencia conozco,             25
porque en él y en mí contemplo
su locura en su arrogancia,
mi humildad en mi desprecio.
[8] O sabe naturaleza
más que supo en este tiempo,       30
o tantos que nacen sabios
es porque lo dicen ellos.
[9] «Sólo sé que no sé nada»,
dijo un filósofo, haciendo
la cuenta con su humildad,            35
adonde lo más es menos.
[10] No me precio de entendido,
de desdichado me precio;
que los que no son dichosos,
¿cómo pueden ser discretos?         40
[11] No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.
[12] Señales son del juicio             45
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más,
otros por carta de menos.
[13] Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;                50
tal la pusieron los hombres,
que desde entonces no ha vuelto.
[14] En dos edades vivimos
los propios y los ajenos:
la de plata los estraños,                  55
y la de cobre los nuestros.
[15] ¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?                60
[16] Todos andan bien vestidos,
y quéjanse de los precios,
de medio arriba romanos,
de medio abajo romeros.
[17] Dijo Dios que comería            65
su pan el hombre primero
en el sudor de su cara
por quebrar su mandamiento;
[18] y algunos, inobedientes
a la vergüenza y al miedo,              70
con las prendas de su honor
han trocado los efectos.
[19] Virtud y filosofía
peregrinan como ciegos;
el uno se lleva al otro,                    75
llorando van y pidiendo.
[20] Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento,
la mejor vida el favor,
la mejor sangre el dinero.                 80
[21] Oigo tañer las campanas,
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.
[22] Mirando estoy los sepulcros,     85
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.
[23]¡Oh, bien haya quien los hizo!
Porque solamente en ellos                  90
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños.
[24] Fea pintan a la envidia;
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben         95
quién vive pared en medio.
[25] Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir,
piden prestado el tintero.                100
[26] Sin ser pobres ni ser ricos,
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones ni pleitos;
[27] ni murmuraron del grande,     105
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, firmaron
parabién, ni Pascuas dieron.
[28] Con esta envidia que digo,
y lo que paso en silencio,                110
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
“A mis soledades voy” es un poema reflexivo, de contenido existencial y moral. El yo lírico
fija su posición filosófica y religiosa ante una sociedad en la que no se siente del todo
cómodo. Habla desde el desengaño de un mundo que encuentra hipócrita y egoísta. En la
primera estrofa fija su itinerario vital: es un hombre reconcentrado en sí mismo, ensimismado
en sus pensamientos, sin dejarse arrastrar por la opinión común. Se confiesa un hombre solo,
o, mejor será decir, solitario.
En la segunda estrofa afirma que vive en la aldea, contraponiéndola a la ciudad y a la vida
mundana. El yo lírico vive voluntariamente apartado desde hace tiempo. Y, sin embargo, su
horizonte existencial y moral es muy amplio. Ha recorrido un largo camino en su vida; de
momento, no lo explica. En la tercera estrofa se confiesa tranquilo con su vida y sus
circunstancias. No deja de notar el vivo contrasta del ser humano que, por un lado, está
sujeto a las leyes físicas, sujeto, o “cautivo” en su propio cuerpo, cuando el alma pide
libertad y espacio para volar. En la cuarta estrofa afirma que se considera avisado o instruido
como para entender sus propias circunstancias vitales; lo que no entiende es cómo se puede
soportar un vanidoso que es “ignorante”. Es la primera crítica directa a un tipo social bien
definido: el “ignorante soberbio”, es decir, el vanidoso.
En la quinta realiza la misma operación mental que en la cuarta. Primero señala una cualidad
de sí mismo, en este caso, la paciencia y prevención para apartarse de lo dañino. Sin
embargo, ha de soportar estoicamente a un “necio”, esto es, quien insiste en su ignorancia.
En la sexta estrofa se defiende del ignorante que lo trata a él de tal; sin embargo, siendo
como es humilde, no puede ser necio, argumenta con seguridad. La séptima estrofa plantea
un silogismo fuerte, a través de un oxímoron doble. El necio es arrogante y loco, pues no
comprende lo que es; el yo lírico posee la humildad, por eso desprecia al otro. La octava
estrofa vuelve a la carga contra los estúpidos que se envanecen de ser “sabios”. Para que
fuera verdad, la naturaleza tendría que ponerse al revés. Cita la sentencia “Solo sé que no sé
nada” (Platón se la atribuye a Sócrates), en la novena estrofa, para demostrar que los
verdaderos sabios son humildes; cuanto mejor comprenden el mundo, más sencillos se
muestran y comprenden el abismo de lo que no han podido saber. En la décima estrofa se
aplica sus argumentos previos: él no es un sabio, sino un hombre más bien infeliz,
“desdichado”. Así que a duras penas puede ser comedido. Justifica la existencia del propio
poema, duro contra los presuntuosos e hipócritas. El yo lírico puede fustigar a estos individuos
porque no es discreto.
La undécima estrofa posee una dimensión más general. El yo lírico se muestra pesimista sobre
la duración de la vida en la tierra: “No puede durar el mundo”, sostiene; la causa es que todo
está descabalado y roto. La duodécima estrofa insiste en que el mundo pronto se acabará. La
prueba más evidente: la gente enloquece, unos por exceso, otros por defecto; lo cierto es que
el “juicio”, el sentido común, no existe. La décimo tercera estrofa asevera que el mundo es
falso porque la verdad ya no existe. Los responsables son los hombres falsarios y mentirosos.
La décimo cuarta estrofa insiste en su idea pesimista y negativa de la evolución de los
tiempos. Antes vivían en una época agradable (“plata”); ahora, todos viven en otra penosa y
áspera (“bronce”); la degradación de los metales señala la de los tiempos. En la décimo
quinta estrofa, a través de una interrogación retórica, concluye con su visión de la evolución
de los tiempos, desde la perspectiva de un español: antes los hombres eran íntegros y fuertes;
ahora, no sirven para gran cosa. La décimo sexta estrofa denuncia la hipocresía social y sus
consecuencias. Aunque “todos” lucen con ropa elegante, a pesar de quejarse de la carestía de
la vida, de cintura para abajo visten como “romeros”, esto es, pobres peregrinos.
En la décimo séptima estrofa adopta una perspectiva religiosa cristiana. Recuerda que
estamos condenados a trabajar por faltar a los dictados de Dios. La décimo octava continúa el
razonamiento. Observa que algunas personas desvergonzadas y deshonradas no respetan ese
mandato de trabajar para comer. La décimo novena es concluyente. La “virtud y filosofía” no
son respetadas y deambulan “como ciegos”, dolorosa y pobremente, pues la gente las
desprecia. La vigésima estrofa presenta una perspectiva social. La sociedad va como el
planeta, entre extremos. La gente se ha vuelto aduladora y codiciosa. En la vigésimo primera
estrofa el yo lírico se deja ver en primera persona. No se asombra de que tantas personas
muertas, pues han renunciado a favorecer la religión cristiana. La vigésimo segunda estrofa es
de contenido filosófico estoico; la contemplación de los sepulcros y sus lápidas le hacen
comprender que el hombre no es eterno, sino efímero. En la vigésimo tercera estrofa, de
fuerte contenido social, alaba a los hombres que labraron esas lápidas; es como una venganza
de los pobres contra los ricos y poderosos.
La vigésimo cuarta estrofa sigue con su pensamiento subjetivo. El yo lírico confiesa que
envidia a las personas despreocupadas y desprendidas de las cosas de este mundo. La
vigésimo quinta estrofa describe a estas personas generosas que viven ajenos a la codicia y al
poder. Tienen tan poco que, cuando quieren escribir algo “piden prestado el tintero”. Viven
tranquilamente en su casa, con las cosas necesarias para una vida tranquila, sigue en la
vigésimo sexta estrofa, en sus casas, ajenos a la codicia, a la soberbia y a la envidia, lo que
les garantiza la felicidad. La vigésimo séptima estrofa explica la vida independiente de estas
personas, ajenas a la lisonja y a la adulación interesada; el yo lírico se cuenta en ese grupo,
“como yo”, afirma. La vigésimo octava y última estrofa concluye. Primero, a través de una
ironía; con este tipo de “envidia” pasa su vida; hay cosas que es mejor no contar, afirma. Y
así, vive feliz y tranquilo en su mundo de “soledades”, por las que transita su vida cotidiana.
2) Temas del poema
Los temas más importantes que plantea el poema son:
–Reivindicación del estilo de vida propio, elegido por el yo lírico, basado en la autenticidad
personal. Corresponde a una vida tranquila, moderada y alejado de toda pasión.
–Crítica a una sociedad hipócrita, movida por la avaricia y la soberbia, lo que provoca el
desafecto y disgusto del yo lírico.
-Reclamación de la filosofía estoica y de unas creencias cristianas, ambas movidas por la
certeza del inminente fin del mundo.
-Alabanza de la vida sencilla y natural (aurea mediocritas), vista como más noble y feliz, en
un entorno tranquilo (beatus ille y locus amoenus), comprendiendo que la vida es breve
(tempus fugit, vita brevis).
3) Apartados temáticos
El poema presenta cinco apartados temáticos muy marcados, dentro de una estructura
circular, pues la estrofa primera y última son iguales. Eso significa que el yo lírico insiste en
su idea inicial de la vida tranquila y honesta. De este modo, tenemos:
a) El primero es el constituido por las estrofas 1-10 (vv. 1-40). Ofrece el marco físico,
existencial y filosófico en el que se mueve el yo lírico. Vive en la aldea, tranquilo, con sus
pensamientos de humildad y de moderación. Sabe que lo que el hombre conoce del mundo es
bien poco. Le fastidian los vanidosos y los necios; siendo tontos, se consideran listos.
b) El segundo apartado lo conforma las estrofas 11-15 (vv. 41-60). Expresa la certeza del
inminente fin del mundo, pues lo confirma la filosofía y la observación del mundo social. La
degradación es evidente; se ha pasado de vivir en la edad de plata a la del bronce.
c) El tercer apartado lo forman las estrofas 16-20 (vv. 61-80). Tienen un contenido más social
y de crítica de la vida mundana y las costumbres. El sujeto lírico lamenta la hipocresía y la
farsa social. No existe virtud ni moderación en las personas, que viven centrados en la codicia
y la adulación interesada.
d) El cuarto apartado está formado por las estrofas 21-23 (vv. 81-92): es una sección muy
lúgubre. Reflexiona sobre la inminencia de la muerte, que nos acecha; al menos, es
igualadora, pues todos somos parejos ante ella.
e) El quinto y último apartado lo conforman las estrofas 24-28 (93-112): tiene un contenido
recopilatorio. De nuevo reivindica la vida sencilla y natural, habla de sí mismo, “como yo”,
como un modesto ejemplo de existencia equilibrada. Muestra desapego a los bienes
materiales, a la soberbia y a la envidia. De este modo, es feliz en su mundo.
4) Análisis métrico y de la rima
Los ciento doce versos octosílabos del poema se agrupan en veinticuatro estrofas de cuatro
versos cada una. La rima es la propia del romance (riman los versos pares en asonante, en
é-o, quedando los impares libres. El conjunto, pues, es un romance, pero dividido
formalmente en estrofas de cuatro versos, como si fueran cuartetas o redondillas.
5) Comentario estilístico
El poema muestra una deliciosa armonía entre la sencillez y la profundidad, entre la
transparencia y la hondura significativas. Realmente, su composición es delicada y feliz. La
metáfora central es la constituida por el vocablo “soledades”; se refiere al mundo interior
armónico, sereno y feliz del yo lírico; es más un espacio mental y espiritual que físico; como
se refiere a la “aldea”, también podemos entender que prefiere el mundo natural y rústico al
urbano y artificioso. La segunda metáfora importante es la formada por “pensamientos”:
conjunto de ideas y creencias que sustentan la vida del yo lírico, es decir, su filosofía, que no
es otra que la del cristianismo estoico, simplificando.
Todo el poema es traspasado por una antítesis esencial, doble: el yo lírico, de vida
equilibrada, juiciosa y tranquila, por un lado; en el otro extremo, los otros, de vida
desequilibrada, alocada y agitada porque se mueve por la hipocresía y la codicia. Alrededor
de este oxímoron esencial aparecen otros recursos, como la paradoja: “”que con venir de mí
mismo, / no puedo venir más lejos” (vv. 7-8). Poco después aparece otra antítesis
importante: “hombre que todo es alma / está cautivo en su cuerpo” (vv. 11-12). La dimensión
espiritual y la material del ser humano crean un conflicto permanente irresoluble, aunque con
soluciones aceptables, como practica el yo lírico.
En la cuarta siguen estos oxímoros, casi juego de palabras: “Entiendo lo que me basta, / y
solamente no entiendo” (vv. 13-14). En este caso sirve para reivindicar la vida ordenada y
serena del yo lírico, contrapuesta a la del “ignorante soberbio” (v. 16). Se pueden apreciar
unos cuantos más en las estrofas siguientes: “defenderse” frente a “guardarse”, “él” frente a
“yo”, “humildad” y “necedad”, “locura” e “ignorancia”, “humildad” y “respeto” (estas dos
últimas en la estrofa 7), etc. “Lo más es menos” (v. 36) es un paso más en este camino,
desembocando ya en la paradoja.
Otro recurso muy interesante es la alusión. Lope no se atreve a criticar abiertamente a los
ricos, los poderosos, los nobles, etc. Recurre a alusiones, envueltas en perífrasis, metonimias,
etc. con mucha frecuencia, para amortiguar su pensamiento y disimular algo cierto
resentimiento social; la estrofa 18 es un ejemplo palmario de esta reticencia y crítica velada
hacia los soberbios y poderosos. En esta línea, la estrofa 10 presenta un quiasmo de
significación importante: “No me precio de entendido, / de desdichado me precio” (vv.
37-38). El yo lírico confiesa cierto tipo de ignorancia y de infelicidad. Puede que sea solo un
modo de reivindicar su estoicismo cristiano, o de, realmente, lamentar su situación.
Las metáforas son expresivas y de gran potencia imaginaria. El mundo “suena a vidrio
quebrado” (v. 43); todo está roto y en descomposición, nos quiere decir. Las “edades” del
mundo (ciclos históricos) son de “plata”, el antiguo, y de “cobre” el presente (vv. 55-56).
Antes la sociedad era más armónica y feliz, más valiosa; ahora, todo es de baratillo, pues la
baja categoría de las personas no da para más. La estrofa 15 constituye enteramente una
interrogación retórica viva y expresiva, donde contrapone lo a lo moderno, lo bueno de lo
malo, lo auténtico de lo falso.
Otro recurso muy eficaz es la elipsis. Con mucha frecuencia, se suprimen palabras o sintagmas
que deberían emplearse en el uso normal de la lengua. La estrofa 16 es muy elocuente en
este sentido. La transcribimos entera:

Todos andan bien vestidos,
y quéjanse de los precios,
de medio arriba romanos,
de medio abajo romeros.
Verbos, sujetos, complementos de todo tipo, son elididos, con un inmediato efecto de
adensamiento de la significación. La paronomasia en “Dijo Dios” (v. 65) expresa la autoridad
inapelable de la palabra divina. Otra similar aparece en “cuentas ni cuentos” (v. 98) a
propósito de la vida honrada y despreocupada de los verdaderos sabios.
La virtud y la filosofía están personificados, pues “peregrinan como ciegos… / llorando van y
pidiendo” (estrofa 19, vv. 73-76). Crean una imagen muy eficaz sobre la miseria moral de los
tiempos del yo lírico.
En las estrofas 21-24 se suceden metáforas y metonimias en torno a la muerte; las primeras
crean toda una alegoría sobre la brevedad de la vida, la muerte igualatoria, la venganza de
los pobres escultores de lápidas frente a los ricos y, en fin, el rápido y efímero fin de la vida
humana. No transcribimos ejemplos para evitar la pesadez. Las enumeraciones también son
relativamente abundantes, como en: “no los despiertan cuidados, / ni pretensiones ni
pleitos” (vv. 103-104). Al lado, lógicamente, las bimembraciones y paralelismos sirven para
reforzar la significación transmitida y añadir viveza al pensamiento. La alusión contenida en
“y lo que paso en silencio” (v. 110) es de mucha intención y significación elidida. El yo lírico
deja entrever que podría criticar más explícitamente a personas y modos de vida que calla
para evitar males mayores; también, para no caer en la envidia que él había criticado
ásperamente.
En conjunto, podemos apreciar un poema muy densamente elaborado. La gracia y ligereza,
necesaria para un poema de extensión bastante amplia, se combinan con una exposición sobre
el modo de entender la existencia por parte del yo lírico, en este caso, trasunto de Lope de
Vega. El manejo del lenguaje y de las herramientas retóricas es maestro y acertado. La
lectura nos deja un agradable sabor de haber leído una composición fresca, natural,
equilibrada y densa en su significación.
6) Contextualización
Lope de Vega Carpio (Madrid, 25 de noviembre de 1562 — 27 de agosto de 1635) es uno de los
más célebres escritores en lengua española, y en cualquier otra. La cantidad y calidad de sus
escritos es tal que desborda toda medida racional. No es el momento de glosar su agitada
vida: no acabó la universidad, fue soldado en la Armada Invencible, se casó tres veces (sus
esposas legítimas iban muriendo) y mantuvo relaciones amorosas con otras muchas mujeres,
de cualquier condición social, aunque tenía preferencia por las actrices. Se ordenó sacerdote
(1614) y vivió una temporada bajo la regla de esa condición religiosa, pero volvió a su
turbulenta vida emocional no mucho después.
Dotado de un “natural” (genio, talento) apabullante para la literatura, escribió sobre 3000
sonetos, tres novelas, cuatro novelas cortas, nueve epopeyas, tres poemas didácticos y varios
centenares de comedias (1800 según Juan Pérez de Montalbán, amigo íntimo de nuestro
escritor). Mantuvo amistad con Francisco de Quevedo y Juan Ruiz de Alarcón, pero cultivo una
intensa enemistad con Luis de Góngora; y, en fin, una tensa y áspera relación con Cervantes.
No se puede decir que fuera muy feliz: sufrió destierro de la corte (ocho años) y del reino
(dos años) por las deshonras infligidas a mujeres y hombres que se cruzaban en sus camino,
fallecían sus mujeres y sus hijos, no alcanzaba la estabilidad económica y el prestigio social
que ansiaba y, finalmente, tenía que servir casi como alcahuete de algún noble rico tan
tarambana como él en asuntos sentimentales, como el duque de Sessa.
Su producción es, sencillamente, alucinante. Se puede consultar en cualquier página web la
enorme lista de sus obras dramáticas, sus novelas, epopeyas (serias y cómicas) y, en fin, las
miles de composiciones poéticas (religiosas, circunstanciales, de tradición petrarquista, de
tradición popular española, en romances, etc.) que, a veces, vieron la luz en sus días, o de
modo póstumo. Rimas (1602), Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos
(1634), etc. Tomé de Burguillos es un seudónimo, de tono más bien burlesco y cómico, que
utilizaba Lope como un alter ego literario. El poema que ahora comentamos apareció inserto
en una novela La Dorotea (1632); era un procedimiento común en la época ingerir poemas y
textos ajenos al texto principal en un título que salía a la luz.
7. Interpretación y valoración
El poema “A mis soledades voy” es de una belleza extraordinaria. Posee una significación
profunda que sobrepasa ampliamente la anécdota inicial. El yo lírico realiza un viaje mental
en el que marca los hitos morales y existenciales que guían su existencia, bajo un tono entre
escéptico y reivindicativo. Se considera un hombre sereno y ecuánime, ajeno a bajas pasiones
como la envidia, la codicia o la soberbia.
Al mismo tiempo, critica a los hombres fatuos que se creen muy cultos y se vanaglorian de su
sabiduría. Recuerda que el mundo se acabará más pronto que tarde, que la muerte nos
aguarda a todos, y no tan lejanamente. En fin, al imprimir una estructura circular, refuerza la
idea que viviendo en un mundo afectivo y moral propio, de raíz cristiana y estoica, se es más
feliz que ambicionando las glorias del mundo. El verso de fray Luis de León, “ni envidioso, ni
envidiado” recoge a las mil maravillas el modelo de vida de este yo lírico trasunto de Lope de
Vega. Es importante comprobar cómo Lope utiliza muchos de los tópicos literarios del
momento, de raíz greco-latina, como ya recordamos en el resumen, para actualizarlas en su
propio plan de vida. El romance sirve para construir un texto expositivo-argumentativo, pero
con una potente carga poética que lo enriquece y expande asombrosamente.
El uso diestro de los recursos estilísticos embellecen la significación y enriquecen la forma
hasta límites asombrosos. Estamos ante uno de los poemas más hermosos en lengua española
por la extraordinaria armonía que anuda la expresión y el contenido. En él, Lope muestra una
vez más su gran talento poético.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar de modo individual o en grupo, en clase o en casa; es
recomendable el uso de las TIC para una mayor eficacia pedagógica. Debemos ser cuidadosos
en que el comentario no degenere en una disección fría de objetos lingüísticos, lo que
provocará el lógico hastío u hostilidad del alumno. De algún modo, deberíamos propiciar un
acercamiento sensible, emocional y significativo (el asunto y la forma poética revelan belleza
y nos habla de algo que nos afecta).
2.1. Comprensión lectora
a) Resumen del contenido del poema (150 palabras).
b) Señala su tema y los apartados temáticos que se aprecian en el texto.
c) Análisis métrico completo: medida silábica de los versos, rima y su tipo; finalmente,
establece la estrofa empleada.
d) ¿Deseaba el poeta utilizar una estructura compleja y dificultosa al entendimiento, o
sencilla y directa para el lector?
2.2. Análisis de los aspectos formales: explicación de recursos estilísticos que sirven para
dotar de significación y expresividad al poema. En concreto:
a) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos distintos y su efecto lector.
b) ¿Cómo califica a los ignorantes que se creen listos? ¿Por qué lo ha hecho así?
c) ¿Cómo es el tono del poema? ¿Escéptico u optimista y alegre? ¿A qué se debe? Puedes
fijarte para contestar qué y cómo habla de la muerte.
d) Las oraciones exclamativas adquieren especial significación –-sobre todo, en los dos versos
finales–. Busca el significado del recurso denominado epifonema.
e) Explica la palabra “soledades”, repetida en los dos primeros versos, tanto en la estrofa
inicial, como en la final. ¿Qué características posee ese lugar imaginario?
2.3. Interpretación y pensamiento analítico
a) Explica las características de la literatura barroca, tanto formales como de contenido que
se presentan en el poema: mitología, importancia del cristianismo, del estoicismo, las fuertes
diferencias en estamentos sociales, el ideal de vida tranquilo y campestre, etc.
b) Valoración personal: aquilata la calidad estética del poema, su actualidad y su expresividad
a través de un marco formal determinado: el romance. ¿Hay algo que te ha llamado
especialmente la atención?
2.4. Fomento de la creatividad
a) Escribe una carta a nuestro poeta y dramaturgo Lope de Vega para que le ayude a explicar
el concepto de genialidad artística.
b) Realiza o recopila fotografías que recojan las situaciones naturales que describe Lope de
Vega y valora, con tus compañeros, su impacto e importancia para nosotros.
c) Transforma el contenido del poema en un texto literario en prosa, o en teatro,
manteniendo la esencia del contenido: explicación del propio estilo de vida.
d) Elabora una exposición sobre Lope de Vega y su poesía y teatro, empleando medios gráficos
y electrónico, así como imágenes y sonido (música); elaborar un cartel físico o electrónico
puede ser de gran ayuda.
e) Imagina una entrevista con Lope de Vega y tu clase. ¿Qué le preguntarías? ¿Por qué?

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Profesor de Lengua Castellana y Literatura. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
Esta entrada fue publicada en Análisis y propuestas didácticas, Barroco, Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario