Emilia Pardo Bazán: «La tribuna»; análisis y propuesta didáctica

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Pardo Bazán – “La tribuna” (1883)
1. ANÁLISIS
1) Resumen
I. Barquillos
El señor Rosendo, ya algo mayor, es barquillero desde hace años. Los fabrica en una humilde y pequeña vivienda de Marineda (ciudad costera, en el norte de España, Galicia probablemente), en la calle de los Castros. Comienza muy pronto por la mañana. Es un arte de hacer dulces difícil; el señor Rosendo se considera un buen repostero. Le ayuda su hija Amparo, una adolescente de pelo engreñado. Es domingo, antes de ir a misa le prepara el desayuno y le deja la comida al fuego a una vieja protestona que la maltrata de palabra. Se prepara la niña para ir a misa. El señor Rosendo sale a la calle con un gran bote o tubo lleno de barquillos, son cerca de cinco mil. El padre y la hija apenas se cruzan palabra. La ciudad se llama Marineda y es “cantábrica”.
II. Padre y madre
La que está en la cama es la madre. Trabaja muchos años en la Fábrica de Tabacos. Tres años antes, una noche de invierno va a jabonar ropa al lavadero público, le da un aire, coge frío y queda tullida de las caderas. La Hermandad de la Fábrica le da un real al día, que no llega para nada. No se levanta más de la cama porque no está para trabajar. A la hija la maltrata de palabra; la considera vaga y holgazana. La visita una vecina, muy gorda, la matrona, Pepa, señora Porreta, por mal nombre; le cuenta chismes, le adecenta la cama y dicen que beben anís, pero Rosendo nunca lo pudo verificar.  Amparo sabe leer y escribir, pero le encanta la calle. El padre es un antiguo soldado reenganchado. Habla muy poco. Trabaja mucho para sostener a la familia. 
III. Pueblo de nacimiento
Amparo pasa por casa de su amiga Carmela, costurera, para que la acompañe a misa, pero no puede por el trabajo. En la misa, los ricos se exhiben. Las ropas de calidad o humildes marcan la diferencia. Tras la misa, el paseo en “Las Filas”. Cada uno por su derecha, manteniendo la distancia social y de sexos. Un grupo de militares de uniforme, bien bruñido, ocupan un banco. Juegan con niñas. Uno de ellos, el alférez y el alférez Borrén, invitan a barquillos a las niñas, que vende el padre de Amparo. Borrén le propone a la chica que la invita a barquillos si le da un beso. Echa a correr.
IV. Que los tenga muy felices
Un año después, en enero, con vendaval y cierzo mezclado; es 6 de enero. Dos barrios en la ciudad, separado por el descampado de Solares. El teniente Baltasar celebra su santo en su casa. Es hijo de los Sobrado, una familia pudiente de comerciantes; doña Dolores es la madre; Lola, una de las hijas. Allí se juntan las amistades, también está el alférez Borrén, la viuda de García con sus hijas; una de ellas, Josefina, toca el piano. 
V. Villancico de Reyes
Estalla una tormenta. Un grupo de niños cantan villancicos. Los llama Lola para que suban. Los lidera Amparo y Carmela, junto con otros niños, hasta diez. El capitán Borrén reconoce a Amparo, y viceversa. Este promete hablar con la mujer del contable de la Fábrica de Tabacos para que metan a Amparo, pues dice que sabe liar, ya que su madre lo era. Cantan unos villancicos para la concurrencia. Les dan las sobras de los postres, lo que enfada a doña Dolores, que los echa.
VI. Cigarros puros
La cogen para trabajar en la Fábrica tras las gestiones de Borrén. Está situada en la vieja “Granera”; es un edificio viejo e imponente. Sabe algo, pero menos de lo que cree. Trata de liar puros perfectos, pero el primer día no lo logra. Su padre mete de ayudante a Jacinto, Chinto, un chico muy feo, para los barquillos. Celebran el contrato con una comida en casa. Sus compañeras le dan consejos, a veces contradictorios. Pronto le coge el tranquillo. Echa de menos la calle, su reinado anterior; se acomoda y viste ya como una cigarrera, con su pañuelo de seda, mantón y falda de percal.
VII. Preludios
Chinto es patizambo y habla con mucho acento, también es medio gangoso. Es un aldeano bruto y asilvestrado. Espera a Amparo todas las tardes cuando sale de la fábrica y le lleva pequeños obsequios. Un día, ésta logra esquivarlo y se va hacia el cuartel. Se cruza con Baltasar, ya teniente, Borrén, Lola y Josefina, además de la niña pequeña. Baltasar y Amparo se miran intensamente. Josefina la desprecia, Lola la alaba. Amparo empieza a tratar mal de palabra a Chinto; antes era lo contrario. Los señoritos dan un paseo en burro de alquiler.
VIII. La chica  vale un Perú
A cambio de leerle periódicos progresistas al barbero de frente a su casa, recibe en pago cremas y peines ya en mal uso. Se lava y se acicala con ellos. Mejora mucho. Es una joven hermosa, del “tipo moreno”. A Borrén lo destinan a Ciudad Real y Baltasar queda como aislado. Ahorra algo y le da un porcentaje a sus padres; como va a destajo, no saben lo que gana en realidad.
IX. La Gloriosa
En septiembre de 1868 estalla la revolución, esta vez sí, definitiva. Amparo lee periódicos a las compañeras de la Fábrica. España, siete años después, sigue revuelta. Las tabaqueras son progresistas, partidarias de la República federal; no entienden mucho de lo que Amparo lee, pero les gusta. Lee declamando, con expresividad y gusto. Las compañeras le abonan lo que hubiera trabajado. Su lectura conmueve a sus oyentes hasta el tuétano. Ironía contra el mal estilo y la vacuidad de ideas de los periódicos.
X. Estudios históricos y políticos
Amparo lee los periódicos y comenta noticias. Sus oyentes la siguen a pies juntillas. Pide echar del poder a todos los abusones, trepadores y aprovechados. La maestra de esas mujeres pide tranquilidad y trabajo.
XI. Pitillos
Amparo sube a la primera planta a liar cigarrillos. Es como un ascenso; más luz, se ve el mar. Hay menos mujeres, no tanto calor. Se hace amiga de Guardiana, huérfana que cuida a tres hermanos desde niños porque los padres murieron jóvenes y casi a la vez; y de Comadreja, una pelirroja de unos treinta años que conoce todos los chismorreos de la ciudad. Le informa a Amparo que la familia de los Sobrado son avaros, excepto Lola. Baltasar le echa los tejos a Josefina, la mayor de la viuda García, que está a la espera de una herencia en Madrid. Borrén habla mucho, pero en el fondo tiene miedo a las mujeres. También sabe Comadreja, Ana de nombre, que Chinto bebe los vientos por Amparo, pero esta lo trata de animal.
XII. Aquel animal
Un buen día Chinto bebe un vaso de vino con un amigo del pueblo que va de soldado. Amparo lo nota rápidamente y, con su madre, lo tratan de borracho y perdulario. Lo echan de la habitación. Sin embargo, lleva el negocio prácticamente él solo, pues Rosendo va viejo. Limpia la casa y atiende a la tullida a las mil maravillas. Está enamorado de Amparo, pero no sabe ni expresarlo, con lo bien que habla ella.
XIII. Tirias y troyanas
Las cigarreras que venían de la aldea son muy trabajadoras y cumplidoras. No creen tanto en la revolución, son conservadoras por instinto. Las de Marineda son más liberales y todas republicanas. Tienen riñas entre ellas fuera de la fábrica. Dentro, como malvas. Ya ha pasado un año de la revolución y Prim busca un rey fuera de España, expulsados los borbones. Amparo es conocida en el barrio y la ciudad por su oratoria suelta y sus ideas federalistas.
XIV. Sorbete
Josefina y Baltasar se gustan y se pasan un papel, en el paseo. La madre de él, Dolores, lo nota y no le gusta. Piensa que la viuda va mal de dinero y se dice que pierde el pleito por unas acciones del marido muerto. Entran a un bar a tomar un sorbete y la viuda y su hija se van, pues es mucho gasto. Lola y Clara, las hermanas pequeñas de Baltasar, se hacen las desentendidas de la conversación. El chico afea a su madre su actitud de caza dotes.
XV. Himno de Riego, de Garibaldi. Marsellesa
Baltasar es un chico educado y tranquilo. Le gusta vivir bien y que lo dejen en paz. Sigue la carrera militar por empeño familiar. No es muy guapo. Vuelve Borrén de Ciudad Real. Pasea de noche con Baltasar; este le confiesa que le gusta Amparo. La ven en una cafetería brindando por la república con unos delegados del norte de Cantabria, a favor de la república. Una banda de música toca el himno de Riego y la Marsellesa. Los dos militares temen que los manden al frente carlista.
XVI. Revolución y reacción mano a mano
Conversación de Amparo con su amiga Carmela, la encajera y costurera. Aquella cree en la liberación de las personas y en los ideales fraternales de la república federal. Esta, más desconfiada, quisiera entrar en un convento, pero no tiene para pagar la dote. Amparo irá a recibir unos políticos de visita junto con otros, con hachones para iluminar el camino. Ana la Comadreja no va porque espera a su novio. La Guardesa tampoco porque está dedicada a sus hermanos y solo cree en la Virgen de la Guardia, donde vive.
XVII. Altos impulsos de la heroína
Llegan los políticos. Los reciben en procesión, con hachas, los miembros del Circulo Rojo. Allí está Amparo, radiante. Está dispuesta a inmolarse por la causa de la libertad y la justicia. Quiere participar en algo grande, pasar a la historia, como Mariana Pineda. Entre el público están Baltasar y Borrén. A saber qué requiebros le dijeron. Prohíben la lectura de periódicos en la Fábrica. A Amparo y otras revoltosas las suspenden de empleo y sueldo. 
XVIII. Tribuna del pueblo
Gran banquete en el Círculo Rojo. Han de empeñar los muebles, cubertería, etc. para poder pagarlo. El patriarca, un hombre mayor, de aspecto bonachón, recibe un ramo de rosas de la mano de Amparo. Esta habla en público, un discurso de fraternidad e igualdad, y el otro la nombra como tribuna del pueblo. Recibe la aprobación de los presentes. Ambos están emocionados. Algunos se ríen por lo bajo.
XIX. La Unión del Norte
Se crea en una asamblea cerca del puerto la Unión del Norte, un partido político para traer la república federal. Hace mucho calor. Han creado un estrado de madera. Allí está el patriarca, el presidente, el director del Círculo. Se leen los estatutos y se aprueban. Cohetes y fanfarria. Al barquillero, el padre de Amparo, le da un “accidente”, un infarto, parece ser, y lo sacan de allí a la carrera. Los dos militares observan la escena y denuncian la hipocresía y doblez de los políticos tarambanas y reprimidos.
XX. Zagal y zagala
Entierran a Rosendo. Chinto le pide matrimonio a Amparo, que lo desdeña con insultos. Se pelean, pero Amparo se defiende a zapatazos. Se lo cuenta a su madre; le aconseja que se case con él, pero la Tribuna, como le llaman en la ciudad, no cede. Cuando Amparo llega a la noche a casa, le comunica a Chinto que no puede dormir más en casa. Este patea y destroza los aparejos de hacer barquillos y se va sin mirar atrás.
XXI. Tabaco picado
Chinto pasa a trabajar en la sala sótano donde se pica el trabajo. El trabajo es tremendo. Hay que saltar sobre una tabla, que mueve una cuchilla, que pica el trabajo. El ambiente es de sudor y agotamiento. Lo visita Amparo con la Comadreja y hacen las paces.
XXII. El carnaval de las cigarreras
Fiesta de Carnaval en la Fábrica. Cuatro mil mujeres lo festejan el jueves de comadre. Se disfrazan de tipos de la zona. Hacen cinco comparsas. A Amparo le toca la de los grumetes. Bailan en el patio. A lo lejos, Baltasar y Borrén las divisan desde una colina; a aquel le maravilla la belleza de Amparo, que exhibe despreocupadamente toda su belleza sin saber que la están observando.
XXIII.El tentador
A Baltasar le gusta la chica. Borrén lo incita. Él es un fracasado sentimental y no se le conoce ninguna aventura, pero incita a los demás. Es como un celestino que jamás falla, azuzando el fuego del amor. A Baltasar lo destinan a Navarra, donde la cosa no anda bien. Once candidatos al trono de España. A Isabel II ya la dan en el exilio. Es pesimista Baltasar sobre el presente y el futuro de España, pues los carlistas aprietan.
XXIV. El conflicto religioso
La “Píntiga” (salamandra, en dialecto) es una mujer que se hace protestante. Las compañeras la boicotean. El ambiente general de España es de desasosiego y malestar. Las federales tabaqueras no ver llegar el nuevo orden.
XXV. Primera hazaña de la Tribuna
Fiesta de “las Comiditas”, a las afueras de la ciudad. Las cigarreras llevan comida en tarteras y comen y beben, chismorreando y cantando. Hay ciegos y todo un desfile de niños monstruos: sin extremidades, con la cabeza hidrocefalia, deformes. Todo es terrible y, a la vez, festivo. Llega un hombre alto y otro bajo, bien vestidos. Distribuyen propaganda protestante. Los descubren y los echan de allí entre insultos y lanzándoles todo tipo de restos de comida. Con la devoción popular no se juega. Amparo es la que dirige el choque y rechifla contra el andaluz (que habla con ceceo y mucho acento) y el inglés predicador.
XXVI. Lados flacos
Al final del baile, Ana, la Comadreja, se va con Raimundo, su novio, capitán de barco. No se casan, pero es por los inconvenientes. Ella lo prefiere así a casarse con un zapatero o cualquier “artista” de la ciudad. A Amparo le da algo de tristeza todo eso, cosa nueva en ella. Amparo quisiera un buen novio, pero no es fácil; ella es honrada, pero los demás deben creerlo. Ana le aconseja que cuidado con los ricos, que las engañan y las deshonran. Amadeo de Saboya ya está en el trono.
XXVII. Boda de los pajaritos
Quedan juntos para pasear la pitillera, Amparo, y Baltasar. Aquella se ha mudado y ahora vive algo a las afueras. Ven la caída del sol. Él trata de propasarse algo, pero Amparo lo corrige. Cogidos de la mano, se despiden, pues es una noche fresca, la Candelaria, cuando los pájaros se casan para formar sus familias.
XXVIII. Consejera y amiga
A Carmela le toca la lotería. Paga la dote y entra en el convento de las concepcionistas, de monja, en Portomar. Se despide de su amiga Amparo. Le dice que le llaman Tribuna y que anda con un oficial. La previene. Solo las buscan para aprovecharse, no para casarse. 
XXIX. Un delito
Amadeo I reina en España. Las cigarreras no lo quieren, pues esperan la federal. A una cigarrera, Rita de la Riberilla, la pillan robando puros y la expulsan para siempre. Hacen registros manuales a la salida de la fábrica. Realizan cuestaciones para auxiliar a las más necesitadas, cargadas de hijos, a veces con maridos abusadores. Amparo entrega unos pendientes de oro que había comprado con ahorros hace poco. Se siente ya, un poco, “señora de Sobrado”. Ha perdido el entusiasmo revolucionario de antes, está más retraída.
XXX. Dónde vivía la protagonista
La Olmeda es el barrio donde vive la Tribuna. A las afueras, a la orilla del mar. Es gente pobre y humilde, pero honrada. Se prestan entre ellos, se cuidan los niños, de los que hay muchísimos, todos desarrapados, se comparte la vida con puertas y ventanas abiertas con el buen tiempo. La madre tullida recibe visitas y la atienden en alguna necesidad. A Amparo la respetan algo más sabiendo que es novia de uno del barrio de Abajo, el de los ricos.
XXXI. Palabra de casamiento
Salen al campo Baltasar y Amparo, Borrén y Ana, la Comadreja. Hay huertos, cerca del camino real. Comen algunas fresas. Ana vomita y se marea y se va a casa. Se quedan solos Baltasar y Amparo. Él promete por todo lo que le pide ella que se casará con Amparo. Se abrazan; nadie pasa por allí.
XXXII. La Tribuna se forja ilusiones
Amparo cree que Baltasar se casará con ella. Se imagina en casa de doña Dolores, de las García, de tú a tú, llevando una vida regalada. Pero saludaría a todo el mundo, pues era afable. Se compra regalos y ropa para aparentar ante las compañeras que son regalos de su novio. Le lía cigarrillos perfectos. Algunas auguran mal final para ese noviazgo porque él tira algo para atrás y no se deja ver en público con ella de ninguna manera. Chinto se pasa por casa todos los días y vuelve a trabajar para la madre tullida como antes. 
XXXIII. Las hojas caen
Se juntan en un merendero, bajo una parra, para que nadie los vea. La madre de Amparo le propina una gran bofetada y la insulta por lo que ha hecho. Ella le da la noticia a Baltasar, que queda impávido. Le pide matrimonio, pero él da largas. Dolores, la madre, le informa que las García van a ganar el pleito y se embolsarán cien mil y pico duros. Al final, la Tribuna lo amenaza con cogerlo del brazo en “las Filas”, el paseo de la ciudad y proclamar su noviazgo. Él la esquiva. Piensa marcharse de Marineda una temporada, pero Josefina, la de los García, está allí. Tiene un dilema.
XXXIV. Segunda hazaña de la Tribuna
Amparo vuelve a las andadas de su agitación política. Protesta  contra el nuevo rey Amadeo, contra la explotación, contra el abuso laboral. Las demás le siguen la corriente y ella adquiere mucha fama. Ya se le nota la barriga de embarazada. Un día, bloquean la entrada de la fábrica para reclamar las mensualidades que les deben. Las echan del patio,  a la calle. Tratan de echar la puerta abajo para entrar, pero ante el rumor de que viene la tropa, se disuelven.
XXXV. La Tribuna se porta como quien es
La reina, esposa de Amadeo I, da a luz un bebé, pero nadie lo recibe bien; ni los obispos quieren bautizarla. El país está muy mal. Llega el invierno. La Tribuna está sola y triste. Nadie la entiende. Su embarazo avanza. Cita a Baltasar, vía Ana y Borrén, y este contesta que ya la verá. Da largas y calcula su futuro con Josefina. Amparo escribe una carta de delación a la García, Josefina, informándole, como un anónimo, que Baltasar está comprometido con otra. Le ayuda a redactarla Ana, la Comadreja. Es breve, con muchas faltas de ortografía. Al llegar al buzón, no la echa. Se acerca al muelle, rompe la carta en pedazos y la tira al agua.
XXXVI. Ensayo sobre la literatura dramática revolucionaria
Amparo acude al teatro con su amiga Ana a ver “Valencianos con honra”; es un drama que toca el tema de los republicanos enfrentados a los monárquicos. Es emotiva y trepidante. En el paraíso, incómoda por el calor y el apretujamiento, se emociona con el contenido. Ve en un palco a Baltasar galantear con Josefina, la mayor de las García; ahora que tienen casi asegurado el dinero del pleito por el padre muerto, se pavonean con todo su esplendor. La Tribuna los odia. Se propone una gran venganza, pero luego se desinfla. Acude a la puerta de su casa, acompañada de Ana, de noche, tras el teatro, para apedrear los cristales. Coge un adoquín y pinta una gran cruz roja en la puerta. 
XXXVII. Lucina plebeya
Un día de invierno, la Tribuna se pone de parto. La atiende la señora Pepa, la partera de la ciudad. Chinto hace los recados a toda velocidad: vela, aceite, anís, hierbas, vino, etc.La cosa no avanza bien. Pepa, la Porreta, como una mole, exige que llamen a un médico. Este viene y atiende a la parturienta. Alaba su fortaleza y hechura. Hacia media noche, nace el niño.
XXXVIII. ¡Por fin llegó!
Amparo manda a Chinto a que localice a Baltasar en el cuartel y preguntarle si reconoce al hijo. Chinto vuela; en el cuartel no está. Va a su casa y le anuncian que el día previo había marchado para Madrid. La Tribuna se desespera, se mesa los cabellos, se araña la cara. Chinto le propone reconocer al niño como hijo suyo y, si ella quiere, pueden casarse, o no, a su gusto. Lo echa con cajas destempladas, llamándole “bruto”. Trata de levantarse de la cama, pero no puede. Ana le arrima el bebé a los senos de Amparo, que llora. Fuera se oye a un grupo de cigarreras “¡Viva la república federal!”. 
Granja de Meirás, octubre de 1882
2) Temas de la novela
Los temas más importantes de La Tribuna son:
– Retrato vivo y realista, además de pormenorizado, de la vida en una ciudad mediana española en la segunda mitad del siglo XIX, donde las tensiones políticas, sociales y sentimentales, en una sociedad clasista, complican la convivencia, de modo que suele acabar en la amargura existencial de los pobres. 
– Mirada crítica de los abusos económicos sobre los humildes por parte de los ricos en la Galicia urbana. Las cigarreras son mano de obra barata que trabajan de sol a sol para ganar un salario misérrimo que no cubre las necesidades diarias. Empresarios (en este caso, el propio Estado), comerciantes y militares, ejercen con impunidad y desvergüenza un poder social, político y económico que se manifiesta en el control social y económico de la masa ignara. Los intentos de rebelión menudean, en un ambiente de revolución social y política, en el contexto español de La Gloriosa (1868).
– Exposición satírica y feroz, aunque suavizada, de una sociedad muy clasista, segregacionista y rígida. Apenas se producen mejoras sociales que hagan la vida más tolerable para los pobres. Los ricos, muy egoístas, se preocupan, sobre todo, de exhibir lo que tienen y amasar más todavía.
– Encontronazo entre el instinto natural y las normas sociales (la relación entre Amparo y Baltasar), entre distintas generaciones (Amparo y sus padres, o Lola y los suyos) e ideologías (Amparo y los republicanos federalistas y las fuerzas conservadoras, en general identificadas con los ricos, el ejército y la Iglesia).
– Reflexión analítica amarga y pesimista sobre las posibilidades de desarrollo de una sociedad sin educación, sin apenas progreso material y con hirientes diferencias sociales entre los favorecidos (comerciantes y militares) y la inmensa mayoría (masa proletaria, o gente de oficios muy humildes: cigarreras, peluqueros, barquilleros, parteras, etc.), sometida a duras condiciones de vida. 
3) Apartados temáticos 
La novela presenta una disposición clásica; se atiene a una lógica temporal de avance cronológico sucesivo. Por eso, encontramos:
Una introducción (capítulos I-V) en la que conocemos a los personajes principales, sus vidas, sus contextos. Amparo, sus padres, el barquillero, Rosendo, y su madre, tullida en la cama, el peluquero, la partera, etc., acaparan la atención narrativa. También se introduce la familia Sobrado, los militares y la viuda de García y sus hijas.
Un desarrollo o nudo (capítulos VI-XXXVI) permite avanzar la acción hacia objetivos insospechados y peligrosos para los personajes. Se crea un conflicto amoroso y moral de alta tensión entre varios de ellos, mostrando lo inevitable de un desenlace violento. Lo acompaña el enfrentamiento político general y las reyertas por motivos laborales, pues las cigarreras no cobran su sueldo.
La resolución o final (capítulo XXXVII) es muy breve. Baltasar, definitivamente, abandona a Amparo, que ha de dar a luz asistida por la partera del barrio, doña Rosa. Justamente ese día llega la Primera República a España (11 de febrero de 1873). Estamos ante un desenlace amargo, pesimista y desalentador.
4) Personajes
Amparo, la Tribuna, es la protagonista. Su apodo procede de su habilidad para discursear y leer en público con expresividad y eficacia. Mitinea a sus compañeras cigarreras con ardor y entusiasmo; también les lee el periódico con mucho ánimo. Al principio de la novela, es una preadolescente; se caracteriza por su carácter abierto y muy amiga de la calle, de los espacios abiertos; le gusta ver gente, escaparates, pasear y callejear sin pausa. Es hija única y en su casa hay poca comunicación; su padre es barquillero y posee un carácter adusto y lacónico; su madre, tullida en la cama, grita, manda y exige cuidados sin cesar. Su mejor amiga es la costurera Carmela; se va a un convento cuando tiene dinero para pagar la dote. Amparo queda sola, pero pronto lo supera. Sus creencias políticas, simples y algo manoseadas, pero firmes, determinan su actuación pública. Es republicana federalista; pide igualdad y ayuda para los pobres, como ella misma. No le afecta en lo sentimental, porque se enamora de Baltasar, capitán del ejército, procedente de las clases altas. Rechaza a Jacinto, que la idolatra; esta paradoja también marca su destino oscuro y doloroso, al constatar que Baltasar la abandona, a pesar de tener un hijo suyo.Su carácter oscila entre lo ingenuo y lo ardoroso, referido, respectivamente, al amor y a la política; de ahí procede su descalabro. En el fondo, desea ascender de clase social, pero sus planteamientos inocentes y bondadosos la despeñan. Su medio social y biológico es negativo, pero hasta dónde influye en su destino es una cuestión abierta que la novelista somete a reflexión sin imponer conclusiones.
Baltasar es el segundo personaje más relevante. Procede de una familia adinerada, los Sobrado. Su carácter prevenido, calculador y algo avaricioso lo ha heredado de su madre. Engaña a Amparo vilmente, pero no lo perturba lo más mínimo. Miente bellacamente sobre sus sentimientos y, al fin, se inclina por Josefina, la primogénita de los García, en buena posición económica tras ganar un juicio. Antes había dudado, pero por la falta de recursos de esta muchacha superficial y calculadora. En cierto modo, Baltasar actúa de antagonista, pues acarrea la desgracia de Amparo, y no sin premeditación. Las ventajas de ser hombre y rico se muestran de una manera apabullante, incluso dolorosa.
Rosendo es el padre de la Tribuna. Es un hombre trabajador y lacónico (acaso, por haber sido muchos años soldado en Cuba y otros lugares); no habla mucho, pero sí le propina un bofetón a su hija, si considera que lo merece; su profesión de barquillero es exigente; la desempeña con dedicación y perseverancia; es el sustento de la familia. La madre yace en la cama, tullida por un mal frío lavando ropa de noche en el lavadero público. Es protestona y caprichosa. Cuando se entera del embarazo de su hija, la abofetea sin rubor, llena de rabia y decepción. Ella no había dado ese ejemplo, afirma.
Borrén, el teniente, muy amigo de Baltasar, es un tipo superficial y cínico. Instiga a los demás a escarceos amorosos, aviva el deseo intrépido, pero él se echa a un lado y es cobarde en el trato sentimental. Es responsable, al menos en los inicios, de que Baltasar se embarcara en su relación con Amparo. Ana, la Comadreja, amiga de Amparo, ocupa el papel de confidente de Amparo. Es realista y precavida; aconseja bien a su amiga, pero no le hace caso. Es la típica mujer más bien pobre que calcula hasta dónde puede llegar sin romper el rol social que cada uno arrastra. Voluntariosa, ayuda a su amiga en el parto. Jacinto, Chinto, el joven pueblerino, rudo y algo retrasado, es un personaje muy interesante. Representa la lealtad a machamartillo, la buena voluntad y el amor rudo y simple, pero constante. Acepta trabajar en los puestos más rudos y agotadores de la Fábrica de Tabaco con tal de estar cerca de ella. La asiste, en la medida de sus posibilidades, en el parto. Acepta la paternidad del niño, aun siendo falsa, pero solo oye desprecios e insultos de boca de Amparo, que lo trata de bruto y “animal”.
La familia de Baltasar, de clase alta, interesa aquí como prototipo de gente empingorotada, avara, ostentosa y un tanto repugnante por su clasismo cerril y egoísta. Amparo piensa vengarse de ella, pero desiste por su debilidad y miedo.
Otros personajes secundarios son interesantes porque revelan la estructura social. Carmela, la costurera, es un ejemplo claro. Le toca la lotería e invierte su premio en pagar la dote para ingresar en un convento. No quiere saber nada del mundo ni de sus complicaciones. Prefiere una vida espiritual en la que los sinsabores cotidianos queden sublimados. La Guardiana es otro ejemplo tremendo. Cuida de tres hermanos con deficiencias mentales y físicas. Todos son huérfanos. Es una mujer abnegada, pero firme y fuerte en su compromiso fraternal. En su pobreza, brega con increíble tenacidad para dar de comer a esos niños desvalidos y abandonados.
5) Lugar y tiempo narrativos
La acción se desarrolla en Marineda, una ciudad costera del norte de España, en la cornisa cantábrica. Tradicionalmente, se ha identificado esa urbe con La Coruña, pues Pardo Bazán vivió en ella su infancia, juventud y primera madurez. En esta ciudad gallega existió una fábrica de tabaco, lo que es indicio plausible para reforzar esta identificación. Se trata de una ciudad mediana, con una fuerte diferencia entre los ricos y los pobres. Aquellos viven en barrios determinados (Barrio de Arriba); los humildes, en el Barrio de Abajo. Por lo demás, a la protagonista le encanta su ciudad, lo mismo que a los demás. Viven felices en ella, aunque la miseria material para una factura severa. Todos ellos miran por encima del hombro a los aldeanos, que acuden a la ciudad a trabajar o a sus obligaciones.
La Tribuna se publicó en 1883; podemos deducir que Pardo Bazán la escribió en los años previos. La cronología interna ratifica esta idea, pues el texto está firmado en octubre de 1882. La última acción narrativa es la proclamación de la república española, acontecimiento que tuvo lugar el 11 de febrero de 1873. La acción dura sobre diez años, más bien escasos, pues se inicia algo antes de la revolución de 1868, la Gloriosa.
 6) Figura del narrador
La materia narrativa está contada por un narrador omnisciente, externo, poco objetivo y en tercera persona. A menudo, se deja ver, sobre todo en los juicios sobre el comportamiento de los personajes y del contexto político y social español de la segunda mitad del siglo XIX. En general, focaliza a través de la Tribuna, esa joven bella y revolucionaria cuyos amores la conducen a la desgracia. Renuncia a una visión total, pues ve a través de un personaje, normalmente, la Tribuna.
A duras penas el narrador mantiene la objetividad sobre la materia narrativa. Adopta posiciones muy críticas contra los defectos, los vicios y la estolidez general. Si con alguien es comprensivo, es con el pueblo llano, las humildes cigarreras que trabajan de firme para poder mantener a su familia. Protestan ruidosamente y logran que les paguen las dos mensualidades atrasadas.
Amparo recibe las simpatías el narrador por su frescura, su belleza y su compromiso con los pobres y la república federal. Sin embargo, casi la ridiculiza cuando se determina a seguir con sus amores por Baltasar adelante, a sabiendas de que es probable de que acabe mal. Comerciantes y militares reciben la mirada satírica y censoria del narrador. La única mirada amable, fuera de las clases humildes, se dirige al mar y a la ciudad, vista con cariño.
Se percibe claramente a la autora real, Pardo Bazán, detrás de ese narrador que no duda en ridiculizar los comportamientos individuales y colectivos, tanto de los humildes, como de los poderosos. Este narrador ironiza mucho sobre la situación política de España, caótica y violenta. Políticos de un color y otro son vistos como mequetrefes egoístas y taimados que utilizan a la chusma para vivir a cuerpo de rey. También emplea la burla para recrear un ambiente social tenso y complicado. Veamos como ejemplo el final del capítulo XXXIV:
 XXXIV
Segunda hazaña de la Tribuna
Frío es el invierno que llega; pero las noticias de Madrid vienen calentitas, abrasando. La cosa está abocada, el italiano va a abdicar porque ya no es posible que resista más la atmósfera de hostilidad, de inquina, que le rodea. Él mismo se declara aburrido y harto de tanto contratiempo, de la grosería de sus áulicos, de la guerra carlista, del vocerío cantonal, del universal desbarajuste. No hay remedio, las distancias se estrechan, el horizonte se tiñe de rojo, la federal avanza.
La Fábrica ha recobrado su Tribuna. Es verdad que esta vuelve herida y maltrecha de su primer salida en busca de aventuras; mas no por eso se ha desprestigiado. Sin embargo, los momentos en que empezó a conocerse su desdicha fueron para Amparo de una vergüenza quemante. Sus pocos años, su falta de experiencia, su vanidad fogosa, contribuyeron a hacer la prueba más terrible. Pero en tan crítica ocasión no se desmintió la solidaridad de la Fábrica. Si alguna envidia excitaba antaño la hermosura, garbo y labia irrestañable de la chica, ahora se volvió lástima, y las imprecaciones fueron contra el eterno enemigo, el hombre. ¡Estos malditos de Dios, recondenados, que sólo están para echar a perder a las muchachas buenas! ¡Estos señores, que se divierten en hacer daño! ¡Ay, si alguien se portase así con sus hermanas, con sus hijitas, quién los oiría y quién los vería echársele como perros! ¿Por qué no se establecía una ley para eso, caramba? ¡Si al que debe una peseta se la hacen pagar más que de prisa, me parece a mí que estas deudas aún son más importantes, demontre! ¡Sólo que ya se ve: la justicia la hay de dos maneras: una a rajatabla para los pobres, y otra de manga ancha, muy complaciente, para los ricos!
Algunas cigarreras optimistas se atrevieron a indicar que acaso Sobrado se casaría, o por lo menos reconocería lo que viniese.
-Sí, sí… ¡esperar por eso, papalanatas! ¡Ahora se estará sacudiendo la levita y burlándose bien!
-No sabes… yo no quiero que ella lo oiga, ni lo entienda -decía la Comadreja a Guardiana-, pero ese descarado ya vuelve a andar tras de la de García.
-¡Bribón! -exclamaba Guardiana-. ¡Y quién lo ve, tan juicioso como parece!
-Pues conforme te lo digo.
-Amparo tampoco debió hacerle caso.
-Mujer, uno es de carne, que no es de piedra.
-¿Se te figura a ti que a cada uno le faltan ocasiones? -replicó la muchacha-. Pues si no hubiese más que… ¡Madre querida de la Guardia! No, Ana; la mujer se ha de defender ella. Civiles y carabineros no se los pone nadie. Y las chicas pobres, que no heredamos más mayorazgo que la honradez… Hasta te digo que la culpa mayor la tiene quien se deja embobar.
-Pues a mí me da lástima ella, que es la que pierde.
-A mí también. Lástima, sí.
Ya todo el mundo se la daba. ¡Quién hubiera reconocido a la brillante oradora del banquete del Círculo Rojo en aquella mujer que pasaba con el mantón cruzado, vestida de oscuro, ojerosa, deshecha! Sin embargo, sus facultades oratorias no habían disminuido; sólo sí cambiado algún tanto de estilo y carácter. Tenían ahora sus palabras, en vez del impetuoso brío de antes, un dejo amargo, una sombría y patética elocuencia. No era su tono el enfático de la prensa, sino otro más sincero, que brotaba del corazón ulcerado y del alma dolorida. En sus labios, la República federal no fue tan sólo la mejor forma de gobierno, época ideal de libertad, paz y fraternidad humana, sino período de vindicta, plazo señalado por la justicia del cielo, reivindicación largo tiempo esperada por el pueblo oprimido, vejado, trasquilado como mansa oveja. Un aura socialista palpitó en sus palabras, que estremecieron la Fábrica toda, máxime cuando el desconcierto de la Hacienda dio lugar a que se retrasase nuevamente la paga en aquella dependencia del Estado. Entonces pudo hablar a su sabor la Tribuna, despacharse a su gusto. ¡Ay de Dios! ¿Qué les importaba a los señorones de Madrid… a los pícaros de los ministros, de los empleados, que ellas falleciesen de hambre? ¡Los sueldos de ellos estarían bien pagados, de fijo! No, no se descuidarían en cobrar, y en comer, y en llenar la bolsa. ¡Y si fuesen los ministros los únicos a reírse del que está debajo! ¡Pero a todos los ricos del mundo se les daba una higa de que cuatro mil mujeres careciesen de pan que llevar a la boca!
7) Notas estilísticas
Pardo Bazán es una magnífica escritora realista; nos ha dejado memorables novelas, como esta que ahora comentamos, compuesta bajo el marco estilístico del realismo y del naturalismo. Se trata de ofrecer una fotografía interpretativa de la realidad de un modo completo y minucioso. 
La mirada no es exactamente objetiva y distante, sino teñida de crítica moral y social. Las descripciones son minuciosas y exactas, reflejo de un realismo observador. Las narraciones se atienen a una expresividad que busca la penetración psicológica y la ejemplificación. El dominio de la lengua castellana es altísimo. Se manifiesta muy bien en el empleo de un léxico variado, preciso y adecuado, tanto del registro formal , como del informal. Coloquialismos y vulgarismos, en boca de los humildes, salpican la narración.
El manejo de los recursos estilísticos también es muy afortunado. Metáforas, símiles, antítesis, sinestesias, personificaciones, bimembraciones y otros recursos aparecen con frecuencia, aportando belleza, potencia de imágenes y un significado más hondo del texto, mucho más allá de la anécdota narrativa. He aquí un ejemplo extraído del capítulo XXIV:
XXIV
El conflicto religioso
Desde que las Cortes Constituyentes votaron la monarquía, Amparo y sus correligionarias andaban furiosas. Corría el tiempo, y las esperanzas de la Unión del Norte no se realizaban, ni se cumplían los pronósticos de los diarios. ¡Que hoy!… ¡que mañana!… ¡que nunca, por lo visto! ¡En vez de la suspirada federal, un rey, un tirano de fijo, y tal vez un extranjero! Por estas razones en la Fábrica se hacía política pesimista y se anunciaba y deseaba que al Gobierno «se lo llevase Judas». Dos cosas sobre todo alteraban la bilis de las cigarreras: el incremento del partido carlista y los ataques a la Virgen y a los Santos. A despecho de la acusación de «echar contra Dios» lanzada por las campesinas a las ciudadanas, la verdad es que, con contadísimas excepciones, todas las cigarreras se manifestaban acordes y unánimes en achaques de devoción. Ella sería más o menos ilustrada; pero allí había mucha y fervorosa piedad. Es cierto que sobre el altar de pésimo gusto dórico existente en cada taller depositaban las operarias sus mantones, sus paraguas, el atillo de la comida; mas este género de familiaridad no revelaba falta de respeto, sino la misma costumbre de ver allí el ara santa, ante la cual nadie pasaba sin persignarse y hacer una genuflexión. Y es lo curioso que a medida que la revolución se desencadenaba y el republicanismo de la Fábrica crecía, aumentáronse también las prácticas religiosas. El cepillo colocado al lado del altar, donde los días de cobranza cada operaria echaba alguna limosna, nunca se vio tan lleno de monedas de cobre; el cajón que contenía la cera de alumbrar, estaba atestado de blandones y velas; más de sesenta cirios iluminaban los días de novena el retablo; primero les faltaría a las cigarreras agua para beber, que aceite a la lámpara encendida diariamente ante sus imágenes predilectas, una Nuestra Señora de la Merced de doble tamaño que los cautivos arrodillados a sus plantas, un San Antón con el sayal muy adornado de esterilla de oro, un Niño-Dios con faldellines huecos y un mundito azul en las manos. Nunca se realizó con más lucimiento la novena de San José, que todas rezaron mientras trabajaban, volviéndose de cara al altar para decir los actos de fe y la letanía, y berreando el último día los gozos con mucha unción, aunque sin afinación bastante. Jamás produjo tanto la colecta para la procesión del Santo Entierro y novena de los Dolores; y por último, en ocasión alguna tuvo el numen protector de la Fábrica, la Virgen del Amparo, tantas ofertas, culto y limosnas, sin que por eso quedase olvidada su rival Nuestra Señora de la Guardia, estrella de los mares, patrona de los navegantes por la bravía costa.
Bien habría en la Granera media docena de espíritus fuertes, capaces de blasfemar y de hablar sin recato de cosas religiosas; pero dominados por la mayoría, no osaban soltar la lengua. A lo sumo se permitían maldecir de los curas, acusarles de inmorales y codiciosos, o renegar de que se «metiesen en política» y tomasen las armas para traer el «escurantismo y la Inquisición»: cuestiones más trascendentales y profundas no se agitaban, y si a tanto se atreviese alguien, es seguro que le caería encima un diluvio de cuchufletas y de injurias.
-¡Está el mundo perdido! -decía la maestra del partido de Amparo, mujer de edad madura, de tristes ojos, vestida de luto siempre desde que había visto morir de viruelas a dos gallardos hijos que eran su orgullo-. ¡Está el mundo revuelto, muchachas! ¿No sabéis lo que pasa allá por las Cortes?
-¿Qué pasará?
-Que un diputado por Cataluña dice que dijo que ya no había Dios, y que la Virgen era esto y lo otro… Dios me perdone, Jesús mil veces.
-¿Y no lo mataron allí mismo? ¡Pícaro, infame!
-¡Mal hablado, lengua de escorpión! ¡No habrá Dios para él, no; que él no lo tendrá!
-No, pues otro aún dijo otros horrores de barbaridá, que ya no me acuerdan.
-¡Empecatao! ¡Pimiento picante le debían echar en la boca!
-¡Ay!, ¡y una cosa que mete miedo! Dice que por esas capitales toda la gente anda asustadísima, porque se ha descubierto que hay una compañía que roba niños.
-¡Ángeles de mi alma! ¿Y para qué?, ¿para degollarlos?
-No, mujer, que son los protestantes para llevarlos a educar allá a su modo en tierra de ingleses.
-¡Señor de la justicia! ¡Mucha maldad hay por el mundo adelante!
Conocido este estado de la opinión pública, puede comprenderse el efecto que produjo en la Fábrica un rumor que comenzó a esparcirse quedito, muy quedo, y como en el aria famosa de la Calumnia, fue convirtiéndose de cefirillo en huracán. Para comprender lo grave de la noticia, basta oír la conversación de Guardiana con una vecina de mesa.
-¿Tú no sabes, Guardia? La Píntiga se metió protestanta.
-¿Y eso qué es?
-Una religión de allá de los inglis manglis.
-No sé por qué se consienten por acá esas religiones. Maldito sea quien trae por acá semejantes demoniuras. ¡Y la bribona de la Píntiga, mire usted! ¡Nunca me gustó su cara de intiricia…
-Le dieron cuartos, mujer, le dieron cuartos: sí que tú piensas…
-A mí… ¡más y que me diesen mil pesos duros en oro! Y soy una pobre, repobre, que sólo para tener bien vestiditos a mis pequeños me venían… ¡juy!
-¡Condenar el alma por mil pesos! Yo tampoco, chicas -intervenía la maestra.
-Saque allá, maestra, saque allá… Comerá uno brona toda la vida, gracias a Dios que la da, pero no andará en trapisondas.
-Y diga… ¿qué le hacen hacer los protestantes a la Píntiga? ¿Mil indecencias?
-Le mandan que vaya todas las tardes a una cuadra, que dice que pusieron allí la capilla de ellos… y le hacen que cante unas cosas en una lengua, que… no las entiende.
-Serán palabrotas y pecados. ¿Y ellos, quiénes son?
-Unos clérigos que se casan…
-¡En el nombre del Padre! ¿Pero se casan… como nosotros?
-Como yo me casé… vamos al caso, delante de la gente… y llevan los chiquillos de la mano, con la desvergüenza del mundo.
-¡Anda, salero! ¿Y el arcebispo no los mete en la cárcel?
-¡Si ellos son contra el arcebispo, y contra los canónigos, y contra el Papa de Roma de acá! ¡Y contra Dios, y los Santos, y la Virgen de la Guardia!
-Pero esa lavada de esa Píntiga… ¡malos perros la coman! No, si se arrima de esta banda, yo le diré cuántas son cinco.
-Y yo.
-Y yo.
8) Contextualización
Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 1851 – Madrid, 1921) es una de las más significadas escritoras realistas españolas. Tras una fase de aprendizaje, asumió pronto las tesis artísticas del realismo; introdujo y divulgó el debate sobre el naturalismo (defendido en Francia por el novelista Émile Zola). El determinismo biológico y el peso de la herencia y del medio sobre el destino de las personas es uno de los pilares de este movimiento, también propenso a fijarse en los individuos más sórdidos y miserables de la sociedad; no ahorran en sus relatos las acciones más escabrosas y miserables del ser humano. Provocó controversia en toda Europa y muchos detractores lo atacaban. Pardo Bazán propugnaba un naturalismo español, heredero de la novela picaresca y de Cervantes; introducía una visión más humana y compasiva. El relato de las maldades se frena e insinúa más que explicita.
Nuestra escritora asumió y defendió con ardor en público las tesis de la defensa de los derechos de la mujer. Contribuyó eficazmente al reconocimiento de la aportación de las féminas a la sociedad, lo que es un aspecto muy importante. Escribió novelas, cuentos, artículos periodísticos, ensayos, etc. Sus obras completas suponen muchos tomos de buena literatura, seguramente no suficientemente reconocida.
Escribió, entre otros muchos textos importantes, tres novelas de gran calidad: La tribuna (1883), de la que ahora nos ocupamos, Los pazos de Ulloa (1886-1887) y La madre naturaleza (1887), continuación de la anterior. En ellas se manifiestan muy bien sus ideas sobre la novela y la sociedad, innovadoras y críticas, respectivamente. En los ensayos que componen La cuestión palpitante (1883) plantea, analiza y reflexiona sobre el realismo y el naturalismo en literatura y su acomodación en España. Creó gran controversia y le proporcionó fama, además de contribuir a la renovación de las letras españolas. También compuso cuentos de gran calidad y hondura, como “El fondo del alma”, unos de los mejores textos cortos del realismo español.
9) Interpretación y valoración
La tribuna es una magnífica y potente novela que no ha perdido un ápice de su actualidad e interés desde su publicación. El argumento es bastante original y distinto. Aborda la materia política y el conflicto social con determinación y claridad, en un ámbito urbano, casi de ambiente proletario. Pardo Bazán se centra en una muchacha joven y bella, Amparo, la Tribuna; su pobreza determina hasta cierto punto su vida, pues es rechazada por su pobreza por su falsario pretendiente, Baltasar.
Pardo Bazán crea un fuerte contraste entre la clase favorecida y los humildes. Crea relaciones entre ellas, casi con la intención de demostrar que no es fácil el entendimiento y que el fracaso es la conclusión más esperable. La novelista presenta un análisis algo melancólico y doliente, cargado de ironía y sátira, sobre una sociedad medio enferma.
Los aspectos psicológicos del relato son de gran relevancia. La personalidad de Amparo (la ironía de su nombre es clara; en realidad, está desamparada) es el eje temático dominante. Lo crea con cariño y respeto, pero es implacable respecto de las debilidades sentimentales de los humildes: son los que pagan los platos rotos, y doblemente si es mujer. Pardo Bazán realiza un dibujo certero y verosímil de esta mujer cigarrera, utópica e idealista, pero poco  práctica para manejar sus sentimientos amorosos. 
La Guardiana y Ana también están dibujadas con mano maestra. Son personajes convincentes en su verdad. Pobres, humildes, tratan de encontrar un modo de vida digno y coherente. No es fácil, pero a su manera lo logran.
La novela posee una carga analítica muy significativa. Se analiza la sociedad en sus aspectos laborales, sociales, materiales y sentimentales. Se introduce el bisturí también en los propios conflictos emocionales e internos. Amparo lo mezcla todo y fusiona su ideología con sus sentimientos. Es una de las causas de su desgracia final. No sabe, o no puede, o no quiere, someter sus sentimientos a un orden estricto. Prefiere un avance espontáneo que la empuja a un fracaso tremendo. 
No estamos ante una novela de tesis, aunque en algunos momentos se bordea. Amparo es libre para determinar su destino, pero, en la parte final, a veces se trasmite la sensación de que no hay nada que se pueda hacer para cambiar el destino. Para los pobres, negro; para los ricos, blanco.
Los aspectos espirituales son importantes en esta novela. Se diría que, entre los pobres, el sistema de creencias es más firme y sustancial que entre los ricos. Las cigarreras se muestran firmes creyentes cristianos que no toleran titubeos ni experiencias novedosas, como la llegada de los protestantes con ánimo proselitista. Como no podía ser de otra manera, perciben y rechazan los elementos eclesiásticos que no están a la altura. Aquí, Pardo Bazán alcanza altas cotas de calidad narrativa.
El conjunto de la novela es una lección de vida, una fotografía verosímil, honda y crítica, de una sociedad deficiente. El análisis de los sentimientos y su desarrollo en un ambiente urbano, algo industrial y degradado es magistral.  El estilo ágil, ceñido al detalle verosímil y la narración certera, contribuye también a la consecución de una novela magnífica. Sin duda, debe figurar entre lo mejor del realismo español, en su casilla del naturalismo.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes, tanto ricos como pobres.
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Observa y señala las características del narrador.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué tipo de vida lleva Amparo y Baltasar? ¿Existe mucho contraste? ¿Por qué? 
2) Analiza los rasgos de la personalidad de Amparo. ¿Qué significa su amigo Chinto para ella?
3) ¿Cómo aparece el mundo de la amistad en esta novela (piensa en Carmela)? ¿Es importante en el conjunto de la misma?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia del amor? ¿Cómo se relaciona con la honra? 
5) ¿Por qué esta novela es una fotografía verosímil de la España de la segunda mitad del siglo XIX? 
6) ¿Qué significación se encierra en el final de la  novela, coincidiendo el nacimiento del hijo de Amparo y de la primera república española?  
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese una situación sentimental y laboral complicada y de difícil solución. Acaso alguien intente rebelarse y  acaba en fracaso. Puedes utilizar la narración realista y la descripción pormenorizada, como ha realizado Pardo Bazán.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y la novelista Emilia Pardo Bazán a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Emilia Pardo Bazán, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de momentos donde se aprecie un deseo político y personal muy hondo. Puedes colocar a un individuo pobre en una situación de enfrentamiento ante una sociedad cerril y violenta, en los aspectos espirituales, educativos, culturales, políticos, etc., siguiendo el ejemplo de Pardo Bazán.
2.4. Comentario de texto específico
Capítulo  XXVII 
Bodas de los pajaritos
Regresó Baltasar de Navarra y las Provincias firmemente resuelto a estrujar la vida, como si fuese un limón, para exprimirle bien el zumo. Habiendo visto de cerca la guerra civil, comprendió que no hacía sino empezar y que prometía ser encarnizada y duradera, a pesar de que la Gaceta anunciaba diariamente la dispersión de las últimas partidas y la presentación del postrer cabecilla. Desde luego Baltasar traía un grado más, y ganas de precipitarse en algún abismo cubierto de flores, ya que las balas carlistas se lo toleraban. Vista de lejos, la opinión pública de su ciudad natal le pareció mucho menos temible, y resolviose a arrostrarla, en caso de necesidad, si bien con maña y no provocándola de frente.
Más de una vez, en la ligera tienda de campaña o en algún caserío vascongado, se acordó de la Tribuna y creyó verla con el rojo mantón de Manila o con el traje blanco y azul de grumete. Las mujeres que encontraba por aquellos países no le distrajeron, porque eran la mayor parte toscas aldeanas curtidas del sol, y si tropezó con alguna beldad éuskara, esta, en vez de sonreír al oficial amadeísta, le echó mil maldiciones. Además, Baltasar, frío y concentrado, no era de los que toman por asalto un corazón en un par de horas. De suerte que al volver a Marineda, en vez de rondar la Fábrica, como antes, se resolvió, desde el primer día, a acompañar a Amparo cuando la viese salir; y ejecutó el propósito con su serenidad habitual. Mucho le favoreció para estos acompañamientos el cambio de domicilio de la muchacha, que vivía cerca del alto de la cuesta de San Hilario, en una casita que daba a la Olmeda, desde que faltando el señor Rosendo y Chinto, el bajo de la calle de los Castros se hizo muy caro y muy lujoso para dos mujeres solas. Como la Olmeda puede decirse que es un rincón campestre, prestose al naciente idilio con el género de complacencia que hace de la naturaleza amiga perenne de todos los enamorados, hasta de los menos poéticos y soñadores.
Febrero vio la aurora de aquel amor en un día clásico, el de la Candelaria, en que, según el dicho popular, celebran los pajaritos sus bodas sobre las ramas todavía desnudas de los árboles, para que con la llegada de la primavera coincida la fabricación del nido. Las vísperas de la fiesta eran muy señaladas en la Fábrica: andaban esparcidos por las estanterías, sobre los altares, ocultos en los justillos de las mujeres, mezclados con la hoja, haces de rama de romero, y su perfume tónico y penetrante vencía al del tabaco mojado. En el centro de los haces se hincaban candelicas de blanca cera, y había de otras candelas largas y amarillas, compradas por varas y que se cortaban en trozos para hacer cuantas luces se quisiese; siendo el origen de traer estas candelas la creencia de que los niños muertos antes del bautismo y sepultados en las tinieblas del limbo sólo el día de la Candelaria ven un rayo de claridad, la de la luz que encienden, pensando en ellos, sus madres. Al día siguiente, en la iglesia, envueltas en el romero bendito, habían de arder todas las velitas microscópicas.
Ya se comprende que entre las cigarreras marinedinas -cuatro mil mujeres al fin y al cabo- había muchas que querían enviar a sus hijos difuntos aquella caricia de ultratumba, fundir el hielo de la muerte al calor de la pobre candelilla; por otra parte, aun las que no tenían niños vivos ni difuntos habían comprado romero gustándoles su olor, y propuestas a llevarlo a la misa de la Candelaria, que al fin, como decía la señora Porcona con tono sentencioso, era «un día de los más grandes, hiiiigas… porque fue cuando la Virgen sintió el primer dolorito, por razón de que un cura que le llamaban Simeón le anunció lo que tenía que pasar Cristo en el mundo». La tarde de la Candelaria, Amparo, llevando el romero bendito oculto en el pecho, despedía un aroma balsámico, que pudiera tomarse por suyo propio; tal era la lozanía y vigor de su organismo, cuya robustez, vencedora en la lucha con el medio ambiente, había crecido en razón directa de los mismos peligros y combates. Si la labor sedentaria, la viciada atmósfera, el alimento frío, pobre y escaso, eran parte a que en la Fábrica hiciesen estragos anemia y clorosis, el individuo que lograba triunfar de estas malas condiciones ostentaba doble fuerza y salud. Así le acontecía a la Tribuna.
Como era día festivo, Baltasar no la esperó a la salida de la Fábrica, sino en la Olmeda, a corta distancia de su casita. Había llegado Baltasar al mayor número de pulsaciones que determinaba en él la calentura amorosa. Su pasión, ni tierna, ni delicada, ni comedida, pero imperiosa y dominante, podía definirse gráfica y simbólicamente llamándola apetito de fumador que a toda costa aspira a fumar el más codiciadero cigarro que jamás se produjo, no ya en la Fábrica de Marineda, sino en todas las de la Península. Amparo, con su garganta tornátil gallardamente puesta sobre los redondos hombros, con los tonos de ámbar de su satinada, morena y suave tez, parecíale a Baltasar un puro aromático y exquisito, elaborado con singular esmero, que estaba diciendo: «Fumadme». Era imposible que desechase esta idea al contemplar de cerca el rostro lozano, los brillantes ojos, los mil pormenores que acrecentaban el mérito de tan preciosa regalía. Y para que la similitud fuese más completa, el olor del cigarro había impregnado toda la ropa de la Tribuna, y exhalábase de ella un perfume fuerte, poderoso y embriagador, semejante al que se percibe al levantar el papel de seda que cubre a los habanos en el cajón donde se guardan. Cuando por las tardes Baltasar lograba acercarse algún tanto a Amparo e inclinaba la cabeza para hablarle, sentíase envuelto en la penetrante ráfaga que se desprendía de ella, causándole en el paladar la grata titilación del humo de un rico veguero y el delicioso mareo de las primeras chupadas. Eran dos tentaciones que suelen andar aisladas y que se habían unido, dos vicios que formaban alianza ofensiva, la mujer y el cigarro íntimamente enlazados y comunicándose encanto y prestigio para trastornar una cabeza masculina.
El día espiraba tranquilamente en aquella alameda, que en hora y estación semejante era casi un desierto. Sentáronse un rato Baltasar y la Tribuna en el parapeto del camino, protegidos por el silencio que reinaba en torno, y animados por la complicidad tácita del ocaso, del paisaje, de la serenidad universal de las cosas, que los sepultaba en profundo caimiento de ánimo, que relajaba sus fibras infundiéndoles blanda pereza muy semejante a la indiferencia moral. El sol languidecía como ellos; la naturaleza meditaba. Hasta la bahía se hallaba aletargada; un gallardo queche blanco se mantenía inmóvil; dos paquetes de vapor, con la negra y roja chimenea desprovista de su penacho de humo, dormitaban, y solamente un frágil bote, una cascarita de nuez, venía como una saeta desde la fronteriza playa de San Cosme, impulsado por dos remeros, y el brillo del agua, a cada palada, le formaba movible melena de chispas. Por donde no alcanzaban el último resplandor solar, las olas estaban verdinegras y sombrías; al Poniente, dorada red de movibles mallas parecía envolverlas.
A medida que avanzaba la sombra, levantábase del mar una brisa fresca, que agitaba por instantes los picos del pañuelo de Amparo y los cabellos rubios de Baltasar, en los cuales se detenían las postreras luces del sol, haciendo de su cabeza una testa de oro. Presto la abandonaron sin embargo, y asimismo las montañas del horizonte empezaron a confundirse con el agua, mientras la concha blanca del caserío marinedino se destacaba aún, pero perdiéndose más cada vez, como si al ausentarse la claridad se llevase consigo el rosario de edificios y el encendido fulgor de los cristales en las galerías. Marineda, la Nautilia de los romanos, se envolvía en una clámide de tinieblas. En breve comenzaron a distinguirse algunas luces que oscilaban sobre la masa oscura de la población, y presto se cubrió toda ella de puntos lucientes como estrellas de oro en un celaje sombrío. La noche, que ya mostraba el cuerpo entero, era de esas lácteas, pero frías, en que el equinoccio de primavera se anuncia por no sé qué vaga trasparencia del cielo y del aire, y en modo alguno por la temperatura, que más bien parece recrudecerse. Baltasar y la muchacha, obligados quizá por el helado ambiente, se aproximaban el uno al otro, hablando no obstante de cosas indiferentes y poco importantes.
-No, Bilbao no es más bonito… ni tampoco Santander, digan lo que quieran los santanderinos, que son muy patriotas. ¿Sabe usted lo que ha mejorado Marineda? ¿Y lo que está llamada a mejorar todavía? Esto crece a cada paso; vamos a tener barrios nuevos, magníficos, a la americana, ahí donde usted ve aquella lucecita… todo por ahí, a lo largo del baluarte.
-¿Y Madrí? ¿Es mucho mejor que Marineda? -interrogó Amparo por decir algo, enrollando un cabo de su pañuelo.
-¡Ah! Madrid, ya ve usted… al fin y al cabo, es la corte… Sólo la calle de Alcalá…
Este apacible diálogo encubría en Baltasar tempestuosos pensamientos; pero como no carecía de penetración y sabía que la muchacha era honrada, y orgullosa, y vivía de su trabajo, comprendió que no debía tratarla como a cualquier criatura abyecta, sino empezar mostrándole cierta deferencia y aun respeto, género de adulación a que es más sensible todavía la mujer del pueblo que la dama de alto copete, habituada ya a que todos le manifiesten cortesía y miramientos. Lisonjeó mucho a la Tribuna el ver que se habían con ella lo mismo que con las señoritas, y auguró bien del rendido galán. Mas tan luego como la noche cauta señoreó absolutamente el escenario, Baltasar creyó poder apoderarse a hurto de una mano morena, hoyosa y suave al tacto como la seda. Amparo pegó un respingo.
-Estese usted quieto… Y va de dos veces que se lo digo, caramba.
-¿Por qué me trata usted así? -preguntó con pena fingida Baltasar, que en sus adentros renegaba de la virtud plebeya ¿Qué mal hay en…?
-¿Por qué? -repitió Amparo con sumo brío-. Porque no me conviene a mí perderme por usted ni por nadie. ¡Sí que es uno tan bobo que no conozca cuando quieren hacer burla de uno! Esas libertades se las toman ustedes con las chicas de la Fábrica, que son tan buenas como cualquiera para conservar la conducta. ¿A que no hace usted esto con la de García, ni con las señoritas de la clase de usted?
-¡Diantre! -pensó Baltasar-: no es boba.
Y al punto, mudando de táctica, habló con gran rapidez, diciendo que estaba enamorado, pero de veras; que para él no había categorías, distinciones ni vallas sociales, encontrándose el amor de por medio; que Amparo era tanto como la más encopetada señorita, y que su desliz no provenía de falta de respeto, sino de sobra de cariño: todo lo cual acompañó con mil dulces e insinuantes inflexiones de voz. Amparo respondió estableciendo su credo y sus principios: ella no quería ser como otras chicas conocidas suyas, que por fiarse de un pícaro allí estaban perdidas: ella bien sabía lo que pasaba por el mundo, y cómo los hombres pensaban que las hijas del pueblo las daba Dios para servirles de juguete: lo que es ella, bien se había de librar de eso; bueno que se hablase un rato, en lo cual no hay malicia; pero ciertas libertades, no; ya podía saberlo el que se arrimase a ella. Baltasar juró y perjuró que su amor era de la más probada y acendrada pureza, y que sólo limpios e hidalgos propósitos cabían en él; y en el calor de la discusión, los dos interlocutores se volvieron a hallar sentados en el parapeto, y la mano antes esquiva se mostró más tratable, consintiendo que la prendiesen dos manos ajenas.
-Hoy se casan los pajaritos -murmuró Baltasar después de un breve instante de silencio.
-Día de la Candelaria… Hoy se casan -repitió ella con turbada voz, sintiendo en la palma de la mano el calor de la diestra de Baltasar, que amorosamente la oprimía. Pero él fue discreto y no quiso abusar de la victoria, por temor de perder las ventajas adquiridas, y también porque empezaba a correr agudo frío en la solitaria alameda, y Amparo se levantó quejándose del relente y del aire, que cortaba como un cuchillo. Cruzaronse dos protestas de ternura, en voz baja, envueltas en el último apretón de manos, delante de la casa de la pitillera
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del texto; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Profesor de Lengua Castellana y Literatura. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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