Emilia Pardo Bazán: «Los pazos de Ulloa»; análisis y propuesta didáctica

Pardo Bazán – «Los pazos de Ulloa» (1886)
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Tomo I
I
Julián Álvarez es un cura joven destinado a servir al conde de Ulloa, como capellán. Estamos en otoño, en Galicia. Hace la parte final del camino a caballo, desde Cebre; lo lleva mal y sufre en la montura porque no tiene experiencia. Una cruz de madera negra en el suelo advierte de que alguien fue asesinado allí, lo que estremece al sacerdote Al lado de un crucero se encuentra con tres hombres, cazadores, con morral y escopeta; uno de ellos es el marqués; es un hombre joven, rudo y campechano, don Pedro Moscoso, el señorito, el marqúes; lo acompañan un sirviente, Primitivo, y el abad de Ulloa, un sacerdote montaraz y fornido. Andando, se dirigen al pazo. El pazo es una “huronera”, algo siniestro y atemorizador, en cierto estado de abandono.
II
Cenan los cuatro. A los perros los sirven casi como a personas. Sabel, la criada, una moza fuerte y atractiva, de ojos azules, dirige la cocina. Una vieja desaparece de repente. Emborrachan al niño Perucho, hasta quedar inconsciente. Primitivo es quien le obliga a beber. Julián se va a la cama con sensaciones contrarias. Le ha impresionado el ambiente embrutecido de la gente. Ya se lo ha advertido el señor de la Lage, tío del marqués, que su sobrino está embrutecido.
III
Al levantarse observa la amplia habitación: sucia, destartalada, con los cristales rotos. No hay donde lavarse. Entra Sabela con el chocolate de desayuno, sin llamar, y lo pilla en mangas de camisa, lo que lo azora. Le pide que le limpie la habitación, pues es aseado y remilgoso, pues así lo cría su madre. Carácter afeminado, ya incluso en el seminario. Su madre sirve en la casa del señor de Lage. Que no deje que emborrachen a su hijo Perucho; ella dice que no puede hacer nada, pues Primitivo es su abuelo. Ha sido ocupada por el abad de Ulloa hasta quince días antes; nunca consiente que le limpien la habitación. El paisaje es hermoso: gallego auténticamente. El marqués lo lleva al archivo de la casa, una habitación lúgubre llena de libros, papeles y documentos desordenados, por el suelo, deteriorados por la incuria. Uno es la ejecutoria de nobleza. Se proponen ordenarlo, pero el marqués abandona su entusiasmo inicial por la caza con Primitivo.
IV
Don Pedro no es marqués de verdad. El título lo ostenta un noble de Madrid. El pazo tiene una hipoteca. La madre de don Pedro queda viuda y un hermano, Gabriel, se va a vivir con ella y el sobrino, so color de protegerlos. En realidad, engaña a su hermana y le roba mucha hacienda. Unos ladrones le roban a Micaela, la madre, un arca con monedas de oro. Fray Venancio, el fraile que administra la propiedad, muere al poco del susto. Micaela dura algo más, pero pronto muere. Gabriel se va a vivir al pueblo, donde se descubre que está casado y tiene tres hijos. A su sobrino don Pedro no le deja nada de herencia. Vive así en una ruina inminente, sin cultura ni educación de ningún tipo. Primitivo es contratado por Gabriel porque es gran cazador.
V
Asea a Perucho y le enseña las primeras letras, pero el niño se resiste con uñas y dientes. Primitivo lo mira como acechándolo. Sabel se le insinúa, enseñando más de la cuenta. La echa con cajas destempladas y no vuelve a subir. Trata de ordenar la economía del pazo, pero sin conseguirlo. Los campesinos obedecen a Primitivo. A veces, sufre desaliento.
VI
Asiste en Naya a la fiesta de San Julián, ya en primavera. Con él hay otros diez clérigos. Se lleva bien con Eugenio el cura de Naya. Pero mal con el abad de Ulloa, que lo considera afeminado. Ofician la misa y luego se entregan a una comida pantagruélica, muy abundante, bien regada. Julián se acalora por unos comentarios y se enfada. Sale a pasear por el huerto, con  Eugenio. Este le informa que Sabel  es la amante del marqués, don Pedro. Perucho es hijo de ambos, lo que no impide que ella ande por las romerías flirteando.
VII
Vuelve al pazo de noche. Oye ruido y gemidos. Encuentra a don Pedro propinándole una gran paliza a Sabel, por haber ido a la fiesta. Tiene celos. Ella amaga con abandonar la casa, pero llega Primitivo y Sabel cambia de opinión. Conversan paseando por el pueblo el marqués y el cura. Este le sugiere que eche a Sabel y a Primitivo de casa, y se case decentemente; amaga con marchar por el ambiente de inmoralidad de la casa. Don Pedro admite que Primitivo domina a la gente del pueblo. Echa a Isabel una vez y las otras criadas se despiden. No puede vivir sin Primitivo, que controla su hacienda. Oyen un ruido. Don Pedro sospecha que Primitivo ha escuchado la conversación. Está harto de la situación.
VIII
Julián y don Pedro van a Cebre. Este quiere visitar a su tío y conocer a sus primas, que hace años que no las ve. Primitivo anuncia que el caballo está sin errar; la burra aparece con puñaladas; deciden ir andando. A medio camino don Pedro percibe que alguien los apunta. Él también lo hace; es Primitivo, que sale al descubierto, que pretexta estar cazando. Se une a los viajeros; don Pedro le dispara la escopeta y le ordena no volver a cargarla.
IX
En Compostela se hospeda en casa de su tío Manuel Pardo de la Lage; desea que sus hijas tengan matrimonios de calidad. Conoce a sus cuatro primas; comen juntos y toman café, entre risas y bromas. Le gusta Rita, la mayor; para él, la más atractiva.
X
Julián le aconseja que se ennovie con Marcelina porque es la más esforzada y seria, pero a don Pedro le atrae Rita. Tiene dudas sobre su honestidad, porque para él es muy importante. Un malsín del casino insinúa que hay algo turbio sobre la virtud de Rita; él mismo ve que hace chanzas con los chicos que la saludan. Lo pone nervioso.
XI
Coquetea con Rita, pero se casa con Nucha, Marcelina, la más joven de las cuatro hermanas; tiene veinte años; no es muy guapa y está delicada de salud, pero es una gran administradora y cuidó a su hermano Gabriel, que hace la carrera militar en Segovia, cuando murió la madre.
Tomo II
XII
Vuelve Julián al pazo con plenos poderes de organización. Encuentra a Primitivo manso y obediente de palabra, pero no de hechos. Sabel se casa pronto con el gaitero de Naya, el Gallo. La influencia de Primitivo trasciende el pazo y llega a toda la comarca, a cuatro leguas a la redonda. Conferencia con Eugenio, el abad de Naya, pero este le aconseja poco porque está nervioso por la situación política de España: acaban de echar a la reina y se ha exiliado en Francia. Sabemos que estamos en  1870, cuando ocurrió ese hecho.
XIII
Don Pedro se siente incómodo en Santiago, pues su incultura es grande y en el casino las conversaciones casi no puede seguirlas y teme quedar de ignorante. Los malsines descubren que don Pedro no tiene título alguno. En marzo se vuelve a su pazo con Nucha, en la diligencia; ha de hacerse con una burra para el trayecto de Cebra al pazo, pues primitivo le trajo una mula esquiva. Hace frío.
XIV
La cocinera de Santiago se despide del pazo y Sabel vuelve a la cocina. Nucha descubre a Perucho robando los huevos, para luego venderlos. Lo atrapa y se propone reformarlo. Está sucio y mal vestido. Julián, débil de carácter, promete que la ayudará en sus sanos propósitos. Le confiesa que es hijo de Sabel.
XV
Visitan a los nobles de la comarca. La mujer del juez atrabiliariamente adornada es ridícula. Ramón Limioso vive en un pazo medio derruido. Dos tías hilan, su padre está en cama. Todo suena a ruina. Visitan al arcipreste de Loiro, que vive con su hermana; ambos muy obesos. Filomena es la doncella que sirve y cuida a Nucha.
XVI
Nucha se pone de parto. Traen al médico de Cebre, don Máximo Juncal, de ideas progresistas y revolucionarias y amigo del ron. El parto se retrasa, pero el médico come y bebe bien. Los dos caciques locales, Barbacana, el conservador, y Trompeta, el progresista, las cosas van mal porque son ladrones e inmorales. Llega a última hora del día don Pedro con una chica madre soltera, hija de un aforado suyo, Felipe el casero, que vive en Castrodorna.
XVII
Julián pasa la noche rezando, de rodillas en el suelo, con los brazos en cruz, para que Nucha dé a luz con salud. Por la mañana, se desmaya. Nucha da a luz una niña, con ayuda del médico, para frustración del padre, que quiere niño a toda costa. El médico Juncal hace bromas al respecto. Desprecia a Julián por débil.
XVIII
La niña crece, la madre, Nucha, babea, aunque tiene celos de la nodriza; esta procede de un valle aislado, donde se halla Castrodorna, cerca de la frontera con Portugal; son mujeres fuertes y recias; los maridos emigran a Lisboa y vienen de vez en cuando; matan a los amantes de su mujer si es el caso. Julián babea con la niña y se pasa horas con Nucha y ella en devotas conversaciones. Don Pedro, por el contrario, cada vez desaparece más tiempo en sus cacerías. La Sabia, esas viejas mendigas de aldea, campa en la cocina. Un día Julián madruga y ve a Sabel salir del dormitorio de don Pedro, pues duerme en la planta baja desde el embarazo de su esposa. Llegan noticias de las hermanas de Nucha: Rita engatusa y se queda con la herencia de la tía solterona de Orense; Carmen chochea por un estudiante y parece que hará una locura si su padre no la deja; Manolita es abandonada por su novio, Víctor de la Formoseda, que se va con una menestral. Se lo cuenta misia Rosario, su madre, a Julián en una carta.
XIX
Julián hace la maleta para irse del pazo, pues no aguanta tanto pecado. A última hora la deshace, pensando en la niña, a quien adora. Confiesa que le atraen los niños y que es afeminado, como ya decían en el seminario. Oye un ruido a media noche y baja a la planta baja. Nucha se asusta por una araña grande. Don Pedro la espanta y se ríe de su debilidad, junto con la de don Julián, que asiste al lance. Tiene una horrible pesadilla donde lo lancean en el pazo, pero convertido en castillo medieval.
XX
Nucha y Julián bajan un día de gran tormenta al sótano del pazo. Busca un arcón Nucha, para guardar ropa. Manda que se lo suban. Se siente cobarde y asustadiza, como Julián. Los truenos y rayos los apocan, pero ella parece más fuerte. Ya en el salón, le da un ataque de terror. Los dos se confiesan superados por las circunstancias.
XXI
Se junta don Pedro en su casa con amigos cazadores para una gran batida. El cora de Boán, el de Naya, Hocico de ratón, un furtivo, y el señorito de Limioso, y otros más. Se cuentan anécdotas, exageraciones y cuentos de cazadores. Don Eugenio convence a Julían para que los acompañe siquiera un día.
XXII
Le dan escopeta y un buen perro perdiguero, Chonito, que levanta manadas de perdices, pero no logra matar ninguna. Hacen chacota en la cena. De noche, las hembras en celo salen a comer; la siguen varios machos. Los cazadores, en el suelo, escondidos, disparan a placer. Los machos no se asustan, deseosos de alcanzar la hembra. Donde pensaban encontrar amor, hallan la muerte.
XXIII
Perucho se encapricha de la niña, y viceversa. Para que la heredera de Moscoso se calme, dejan que el niño la coja. Se bañan juntos, y así la niña está feliz. Nucha sospecha que Perucho es hijo de su marido, pero Julian, mintiendo, lo niega. Todo eso le afecta a su poca salud tras el parto. Está consumida.
XXIV
Maria la Sabia, la hechicera, echa las cartas y las otras mujeres la temen. Otra es la política. Barbacana es el líder conservador, abogado; Trompeta, el liberal, es secretario del ayuntamiento; es puro teatro, defienden sus intereses particulares en Cebre; uno es abogado, el otro, secretario del ayuntamiento. Parece que a Trompeta le va algo mejor. Visitas a la capital a visitar al gobernador ante las próximas elecciones. Los conservadores retiran al candidato oficial y meten a Pedro Moscoso, lo que causa gran impacto. La Iglesia está detrás. Nucha decae a ojos vista. Julián adivina signos de maltrato física de la señorita a manos de su marido, envanecido por ser candidato. Restaura la capilla. Primitivo lo maneja todo por detrás, obteniendo pingües beneficios.
XXV
Trompeta y el gobernador de la provincia, progresistas o liberales, ven difícil ganar a Barbacana porque movilizan muchos votos desde la Iglesia. En viaje de retorno de Cebre a sus casas, el abad de Naya, don Eugenio, y el arcipreste de Loiro, ya mayor, pero enérgico y de ideología muy conservadora. Aquel viaja en yegua, este, en mula. Hablan de política y don Eugenio lo entera que todo el mundo en Cebra murmura del concubinato de don Pedro, del entendimiento entre Julián y Nucha y de que Primitivo prepara una traición en la fase final de las elecciones. 
XXVI
Julián no participa en el ajetreo político de la casa. Solo le importa la niña y Nucha. Los liberales ganan las elecciones, para disgusto de Barbacana. Reunidos en su despacho con el señorito de Loiro, Ramón, el cura de Boán y don Eugenio. Los vencedores les hacen una cencerrada con gentuza borracha. Bajan el señorito y los dos curas, sin el arcipreste, y los echan de allí a latigazos y bastonazos. Cada uno vuelve a su casa. Barbacana se queda con su vigilante, el Tuerto, hablando un rato.
XXVII
En una conversación privada, en la capilla restaurada, a solas, Nucha pide ayuda a Julián para huir de los Pazos con su hija porque es infeliz y porque temen que la maten. Nucha ya comprende la situación terrible de su matrimonio. Julián acepta la propuesta y se decide a marchar con ella, de madrugada, a Cebre (tres horas de camino) y luego a Santiago, con el padre de ella.
XXVIII
Perucho recuerda que su abuelo Primitivo le dice que le avise si ve a Julián y a Nucha a solas, con promesa de darle unos céntimos. Lo avisa en su guarida, llena de dinero y papeles. El abuelo habla con Sabel, pero el niño no entiende lo que hablan; roba unas obleas, que come inmediatamente, pero no dinero. Primitivo sale al campo a buscar a don Pedro, que está cazando. El niño va detrás, reclamando su recompensa. El abuelo se la promete doble si encuentra al señor y le dice lo mismo que le ha dicho a él. Lo hace; el señor vuelve a casa. Perucho regresa junto a su abuelo. Oye pisadas y espía. Es el tuerto de Castrodorna; este lleva trabuco, apunta a Primitivo y lo derriba de un disparo. Perucho sale a escape para los pazos. En la capilla encuentra a don Pedro a voces con Nucha, tirada en el altar, y Julián. Cree que atentarán contra la niña. Entra en el pazo, la recoge y la lleva al hórreo, para esconderla. Le hace gracias y la niña se duerme. Él también. Lo despierta la matrona; la niña ya no está. El narrador ve por el niño. Lo narra en clave de futuro, como si el niño adulto, recordara.
XXIX
Julián se va del pazo. Ve el cadáver de Primitivo y no se inmuta. En Santiago, se confiesa ante el arzobispo. Por la ciudad se habla de su lío amoroso con Nucha, del crimen de Primitivo, del adulterio de don Pedro con Sabel, etc. El arzobispo lo manda de cura a una aldea remota, entre pastores, sin pazos. A los seis meses le llega la noticia de la muerte de Nucha. Enseña a leer a los niños, adoctrina a las jóvenes; vida rústica y tranquila. Se siente triste y aliviado, en el cielo no sufrirá más. Diez años después, el obispo lo nombra cura de Ulloa, el pueblo. La verdad se impone y su nombre queda limpio.
XXX
Cebre se ha modernizado. Los liberales triunfan. Abren comercios. El pazo, la huronera que ha dejado atrás, sigue igual. Llega al pueblo. La iglesia es humilde y está destartalada. Entra en el cementerio. Ve la tumba de Primitivo, que no le conmueve, ni siquiera las faltas de ortografía. Un mausoleo rústico y basto adonde vuela una mariposa le permiten descubrir la tumba de Nela. Se arrodilla ante ella, la araña, arranca la cal, llora. Una virgen como ella no puede ser feliz en un mundo de zafios y malvados seres. Oye risas detrás; se vuelve; dos adolescentes lo observan. Uno es guapo y viste bien. La otra, once años, viste pobremente, con los zapatos rotos. Son Perucho y la hija de Nela, la en teoría heredera de Moscoso.
2) Temas de la novela
– Retrato vivo y crítico, además de pormenorizado, de la vida en un pazo gallego en la segunda mitad del siglo XIX, donde los débiles de carácter o de cuerpo tienen pocas posibilidades de sobrevivir. 
– Denuncia de la manipulación política y del abuso económico sobre los humildes por parte de los ricos en la Galicia rural. Abogados, secretarios de ayuntamientos, curas, nobles, o los restos de una nobleza rural, caciques, gobernadores, etc. ejercen con impunidad y desvergüenza un poder social, político y económico que se manifiesta en el control social y económico de la masa ignara.
– Exposición satírica y feroz de la degradación moral del hidalgo o noble gallego y del excesivo poder de la Iglesia.
– Crítica firme y amarga de la clase dirigente de la sociedad española, y gallega en particular, por su caciquismo, su avaricia y su falta de compromiso con el desarrollo social y cultural. 
– Reflexión amarga y pesimista sobre las posibilidades de desarrollo de una sociedad sin educación, sin progreso material y con hirientes diferencias sociales entre los favorecidos (antigua nobleza, miembros de la Iglesia, etc.) y la inmensa mayoría (campesinos sin tierras), sometida a duras condiciones de vida. 
3) Apartados temáticos 
La novela presenta una disposición clásica; se atiene a una lógica temporal de avance cronológico sucesivo. Por eso, encontramos:
Una introducción (capítulos I-III) en la que conocemos a los personajes principales, sus vidas, sus contextos. Julián y don Pedro acaparan la atención narrativa.
Un desarrollo o nudo (capítulos IV-XXIX) permite avanzar la acción hacia objetivos insospechados y peligrosos para los personajes. Se crea un conflicto de alta tensión entre varios de ellos, mostrando lo inevitable de un desenlace violento.
La resolución o final (capítulo XXX) es breve. En efecto, la muerte del mayordomo, la huida del capellán, la muerte de Nucha y el regreso de Julián al pueblo, como sacerdote, de alguna manera permite restablecer un equilibrio inestable, pero aceptable para los que viven en ese lugar, Ulloa, un tanto inquietante y siniestro.
4) Personajes
Estamos ante una novela casi de personaje colectivo. Podríamos pensar que Julián, el capellán de los Pazos, es el protagonista, pero, bien mirado, no es posible porque los otros personajes acaparan capítulos enteros del relato; por ejemplo, don Pedro, o los caciques, o los clérigos de la comarca, etc. El hecho de que el narrador focalice a través de Julián inducen a la falsa creencia de que este también protagoniza, pero no es cierto.
Julián, el capellán de los Pazos de Ulloa, es el personaje principal en muchos de los capítulos. Se trata de un cura de unos veintitrés años, aproximadamente, pues acaba de ordenarse sacerdote; es su primer destino. Es un hombre débil de carácter, apocado, afeminado, dubitativo y pacífico, casi cobarde. Trata de amoldarse a la situación de brutalidad e inmoralidad donde vive, pero con poco éxito. De ahí que tienda al escapismo y a la sublimación religiosa de sí mismo, de Nucha, de los niños, por quienes siente vivo afecto, etc. Su trayectoria narrativa es la de un individuo de contemplación –opuesto a la acción– que apenas entiende ni quiere entender los problemas de la vida cotidiana, de orden material y moral. Se refugia en una bondad teórica, en algunas lectoras teológicas y en un escapismo que a veces irrita hasta a él mismo.
Don Pedro, el noble, aunque le llaman marqués, no lo es en verdad. Casi es el antagonista de Julián: romo de inteligencia, brutal con los débiles (pero cobarde con su mayordomo, Primitivo, que lo mangonea a gusto y gana). Su falta de educación y su incuria, incluso para su propia hacienda, acarrea consecuencias negativas para todos, excepto para su amante Sabel y su padre, Primitivo. Hombre más bien de pocas palabras, piensa poco, y ello en los asuntos referentes a la caza, vive avulgaradamente desde cualquier punto de vista. Se ofrece de candidato a diputado provincial inducido por los mandamases y guiado por su vanagloria, que es mucha. Moralmente, es un hombre degenerado.
Nucha, Marcelina, la esposa y prima de don Pedro, es una joven de veinte años al contraer matrimonio. Paga los platos rotos de una sociedad envilecida y de un marido voluptuoso y bruto. Sin ser físicamente agraciada, es agradable de trato, responsable y consecuente. Los sinsabores de su vida matrimonial, incluido el maltrato físico, acaban en tristeza, neurosis y muerte. Su padre y sus hermanas, representantes de la vieja nobleza venida a menos, mantienen el tipo en Santiago; siguen su código de honor y conducta para quedar bien entre los murmuradores del casino.
Primitivo, el mayordomo de los Pazos, es un hombre siniestro, avaricioso, ambicioso, calculador y cruel. Tolera tranquilamente el concubinato de su hija con el marqués para obtener rédito económico y social. Controla a los campesinos de la comarca con mano de hierro. Es taimado y violento, lo que provoca que hasta el marqués lo respete y tema, pues lo cree capaz de cualquier cosa. Sabel, su hija, amante del marqués, es el reflejo de su padre. Mujer atractiva, no duda en utilizar sus encantos para afianzar su posición en los Pazos. En la escena final de la novela, vemos a su hijo Perucho bien vestido y atildado, y a la niña, hermanastra, pobremente aparejada, con zapatos rotos. Nos dice claramente que Sabel cuida de su hijo y maltrata a la niña, otra pagana de un mundo cruel y sórdido. Su destino no va a ser mejor que el de su madre, podemos atisbar.
Los curas (arcipreste, abad, etc.) ocupan un lugar importante. Los hay de todo tipo y condición, aunque comparten, fuera de Julián, su afición a manejar ideológicamente al pueblo y a la buena vida, dentro de su estado. La Iglesia sale bastante malparada del relato, pues es un agente activo del partido conservador e inmovilista, férreo sostén del viejo orden, aunque ellos mismos perciben como injusto.
Tampoco los políticos (Barbacana y Trampetán, junto con jueces, notarios y gobernadores) dejan una imagen positiva o amable. Tramposos, envilecidos, avariciosos y osados, manipulan al pueblo llano y no dudan en recurrir a la violencia para obtener triunfos electorales que afiancen su caciquismo inveterado.
5) Lugar y tiempo narrativos
La acción se sitúa en un lugar muy preciso, los Pazos de Ulloa, propiedad noble, un marquesado, en el rural de la provincia de Orense, no muy lejos de la frontera con Portugal. Posee un pazo con otras construcciones auxiliares y muchas tierras de cultivo y caza por toda la comarca. Es un lugar bastante aislado, con malos caminos, montuoso, fragoso y aislado de la vida civil más urbana. Cebre es la villa más próxima, a la que se tarda dos o tres horas en llegar a lomo de bestias de herradura (mula, yegua o burra son los más comunes). Algunos capítulos discurren en Santiago de Compostela (VIII-XI); se presenta como una ciudad algo tristona, pequeña, húmeda y dominada por el ambiente universitario y clerical.  
El tiempo de la escritura se remonta a 1886 (año de su publicación) y anteriores. Estamos en la segunda mitad del siglo XIX. Existe en el texto una referencia cronológica exacta, y es la salida al exilio de la reina Isabel II, cosa que ocurre en 1870. La acción dura sobre once años, que es el tiempo transcurrido entre la llegada de Julián como capellán en el pazo, los diez años en la aldea remota y la vuelta a Ulloa como párroco de la aldea. Existen bastantes analepsis que recrean la vida en las décadas previas, desde mediados del siglo XIX.
6) Figura del narrador
La materia narrativa está contada por un narrador omnisciente, externo, bastante objetivo y en tercera persona. A veces, se deja ver, sobre todo en los juicios sobre el comportamiento de los personajes y del contexto político y social español de la segunda mitad del siglo XIX. En general, focaliza a través de Julián, el capellán, pero en el capítulo XXVIII lo hace a través de Perucho, el niño. 
A duras penas el narrador mantiene la objetividad sobre la materia narrativa. Adopta posiciones muy críticas contra los defectos, los vicios y la estolidez general. Si con alguien es comprensivo, es el pueblo llano, los humildes labriegos que trabajan de firme para mantener el regalado estilo de vida de los poderosos. Curas, nobles, mayordomo, murmuradores de casino, mujeres de mala vida, tipos torvos con asesinatos a sus espaldas, etc. reciben la mirada satírica y censoria del narrador.
El conocimiento de la Galicia profunda, rural y aislada, doliente y melancólica, es muy amplio. Se percibe claramente a la autora real, Pardo Bazán, detrás de ese narrador que no duda en ridiculizar los comportamientos individuales y colectivos, sobre todo de los poderosos; ellos son los verdaderos responsables del atraso y la ignorancia generalizada. Utiliza la ironía casi constantemente, junto con la burla. Veamos como ejemplo el final del capítulo XVI:
Sin embargo, cuando regresó a la casa no había indicios de la susodicha ruptura de cadenas. En vez de las apresuradas idas y venidas de criados que siempre indican algún acontecimiento trascendental, notó una calma de mal agüero. El señorito no volvía: verdad es que Castrodorna distaba bastante de los Pazos. Fue preciso sentarse a la mesa sin él. El médico no intentó disputar más, porque a su vez empezaba a hallarse preocupado con la flema del heredero de los Moscosos. Hay que decir, en abono del discutidor higienista, que tomaba su profesión por lo serio, y la respetaba tanto como Julián la suya. Probábalo su misma manía de la higiene y su culto de la salud, culto infundido por librotes modernos que sustituyen al Dios del Sinaí con la diosa Higia. Para Máximo Juncal, inmoralidad era sinónimo de escrofulosis, y el deber se parecía bastante a una perfecta oxidación de los elementos asimilables. Disculpábase a sí propio ciertos extravíos, por tener un tanto obstruidas las vías hepáticas. 
En aquel momento, el peligro de la señora de Moscoso despertaba su instinto de lucha contra los males positivos de la tierra: el dolor, la enfermedad, la muerte. Comió distraídamente, y sólo bebió dos copas de ron. Julián apenas pasó bocado; preguntaba de tiempo en tiempo:
 —¿Qué ocurrirá por allí, don Máximo? 
Cesó de preguntar cuando el médico le hubo dado, a media voz, algunos detalles, empleando términos técnicos. La noche caía. Máximo apenas salía del cuarto de la paciente. Sintióse Julián tan triste y solo, que ya se disponía a subir y encender su altar, para disfrutar al menos la compañía de las velas y los cuadritos. Pero don Pedro entró impetuosamente, como una ráfaga de viento huracanado. Traía de la mano una muchachona color de tierra, un castillo de carne: el tipo clásico de la vaca humana.
7) Notas estilísticas
Pardo Bazán es una magnífica escritora realista; nos ha dejado memorables novelas, como esta que ahora comentamos, compuesta bajo el marco estilístico del realismo. Se trata de ofrecer una fotografía de la realidad de un modo completo y minucioso. La mirada no es exactamente objetiva y distante, sino teñida de crítica moral y social. Las descripciones son minuciosas y exactas, reflejo de un realismo observador. Las narraciones se atienen a una expresividad que busca la penetración psicológica y la ejemplificación. El dominio de la lengua castellana es altísimo. Se manifiesta muy bien en el empleo de un léxico variado, preciso y adecuado. En este caso concreto, el manejo de galleguismos o de léxico gallego es muy alto; es un índice cabal del conocimiento del gallego, que Pardo Bazán, a través del narrador, denomina “dialecto”.
El manejo de los recursos estilísticos también es muy afortunado. Metáforas, símiles, antítesis, personificaciones, bimembraciones y otros recursos aparecen con frecuencia, aportando belleza, potencia de imágenes y un significado más hondo del texto, mucho más allá de la anécdota narrativa. He aquí un ejemplo extraído del capítulo XXV:
Si unas elecciones durasen mucho, acabarían con quien las maneja, a puro cansancio, molimiento y tensión del cuerpo y del espíritu, pues los odios enconados, la perpetua sospecha de traición, las ardientes promesas, las amenazas, las murmuraciones, las correrías y cartas incesantes, los mensajes, las intrigas, la falta de sueño, las comidas sin orden, componen una existencia vertiginosa e inaguantable. Acerca de los inconvenientes prácticos del sistema parlamentario estaban muy de acuerdo la yegua y la borrica que, con un caballo recio y joven nuevamente adquirido por el mayordomo para su uso privado, completaban las caballerizas de los Pazos de Ulloa. ¡Buenas cosas pensaban ellos de las elecciones allá en su mente asnal y rocinesca, mientras jadeaban exánimes de tanto trotar, y humeaba todo su pobre cuerpo bañado en sudor! 
Pues qué diré de la mula en que Trampeta solía hacer sus excursiones a la capital! Ya las costillas le agujereaban la piel, de tan flaca como se había puesto. Día y noche estaba el insigne cacique atravesado en la carretera, y a cada viaje la elección de Cebre se presentaba más dudosa, más peliaguda, y Trampeta, desesperado, vociferaba en el despacho del Gobernador que importaba desplegar fuerza, destituir, colocar, asustar, prometer, y, sobre todo, que el candidato cunero del gobierno aflojase la bolsa, pues de otro modo el distrito se largaba, se largaba, se largaba de entre las manos. 
—¿Pues no decía usted—gritó un día el Gobernador con vehementes impulsos de mandar al infierno al gran secretario— que la elección no sería muy costosa; que los adversarios no podían gastar nada; que la Junta carlista de Orense no soltaba un céntimo; que la casa de los Pazos no soltaba un céntimo tampoco, porque a pesar de sus buenas rentas está siempre a la quinta pregunta? 
—Ahí verá usted, señor—contestó Trampeta—. Todo eso es mucha verdad; pero hay momentos en que el hombre…, pues… cambia sus auciones, como usted me enseña (Trampeta tenía esta muletilla). El marqués de Ulloa…. 
—¡Qué marqués ni qué calabazas!— interrumpió con impaciencia el Gobernador.
8) Contextualización
Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 1851 – Madrid, 1921) es una de las más significadas escritoras realistas españolas. Tras una fase de aprendizaje, asumió pronto las tesis artísticas del realismo y, destacadamente, e introdujo y divulgó el debate sobre el naturalismo (defendido en Francia por el novelista Émile Zola). El determinismo biológico y el peso de la herencia y del medio sobre el destino de las personas es uno de los pilares de este movimiento, también propenso a fijarse en los individuos más sórdidos y miserables de la sociedad; no ahorran en sus relatos las acciones más escabrosas y miserables del ser humano. Provocó controversia en toda Europa y muchos detractores lo atacaban. Pardo Bazán propugnaba un naturalismo español, heredero de la novela picaresca y de Cervantes; introducía una visión más humana y compasiva.
Nuestra escritora asumió y defendió con ardor en público las tesis de la defensa de los derechos de la mujer. Contribuyó eficazmente al reconocimiento de la aportación de las féminas a la sociedad, lo que es un aspecto muy importante. Escribió novelas, cuentos, artículos periodísticos, ensayos, etc. Sus obras completas suponen muchos tomos de buena literatura, seguramente no suficientemente reconocida.
Escribió, entre otros muchos textos importantes, tres novelas de gran calidad: La tribuna (1883), Los pazos de Ulloa (1886-1887), objeto de nuestro actual análisis, y La madre naturaleza (1887). En ellas se manifiestan muy bien sus ideas sobre la novela y la sociedad, innovadoras y críticas, respectivamente. En los ensayos que componen La cuestión palpitante (1883) plantea, analiza y reflexiona sobre el realismo y el naturalismo en literatura y su acomodación en España. Creó gran controversia y le proporcionó fama, además de contribuir a la renovación de las letras españolas.
9) Interpretación y valoración
Los pazos de Ulloa es una magnífica novela que no ha perdido un ápice de su actualidad. El argumento es original y distinto: Pardo Bazán se centra en un sacerdote pusilánime, una mujer fea y débil y un niño asilvestrado. Alrededor, aparece toda la sociedad rural gallega pintada con trazos negros y pesimistas. La novelista presenta un análisis pesimista, cargado de ironía y sátira, sobre una sociedad medio enferma.
Los aspectos psicológicos son de gran relevancia. La personalidad de Julián, el capellán de los pazos, es honda y amplia. Se trata de un hombre indeciso, frágil y más abúlico de lo que aparenta. Afeminado en alto grado, es objeto de burlas y eso lo tortura. Es lanzado a un mundo que apenas comprenda, o quiere comprender. Lleva su sufrimiento interno como mejor puede. Por contraste, sirve para comprender la sociedad embrutecida, avulgarada y violenta de la España rural de la segunda mitad del siglo XIX. Pardo Bazán realiza un dibujo certero y verosímil de este hombre que quiere y no puede, empeñado en sublimar la realidad hacia ideales religiosos que solo existen en su cabeza y en algunos libros (Imitación de Cristo, de Kempis, entre los más importantes que sirven para nutrir su espiritualidad etérea e insustancial).
Nucha y su marido don Pedro también son dibujados con mano maestra, en la medida de su protagonismo. La primera es víctima de una marido y una sociedad cruel y embrutecida. El segundo es verdugo, a veces con plena consciencia, a veces sin advertirlo, al fin y al cabo es un ser bastante romo y elemental; su principal víctima es su propia mujer. Primitivo, taimado y avaricioso, completa un trío de personajes patéticos y enredados en un estilo de vida del que no pueden salir, a pesar de que, los dos primeros, lo intentan con cierta voluntad.
La corrupción política es otro foco temático de envergadura. Unos y otros, conservadores y liberales, son inmorales, cínicos y muy egoístas. La visión que nos presenta la novela es desoladora: mentiras, pucherazos y mangoneos por doquier para alcanzar y conservar el poder a toda costa. Cada grupo protege sus intereses, no los de los demás, o cualquier tipo de ideales de cierto alcance colectivo. Esta novela advierte muy bien sobre la farsa y la doblez que esconden muchos políticos. Y al que va por libre, como Primitivo, lo paga con su vida; cuando lo único que hizo fue llevar el juego al extremo y por su cuenta.
La Iglesia no sale bien parada de este texto. Los clérigos son tan egoístas como todos los demás; protegen sus intereses materiales taimada y eficazmente; en fin, no descuidan manipular a su grey en términos políticos para mantener un estado de cosas que los favorece. Sin embargo, los tiempos que corren son de cambio y cierta animadversión contra la Iglesia, lo que les obliga a defenderse con ahínco, cosa que hacen bien, sin duda. 
El conjunto de la novela es una lección de vida, una fotografía verosímil, honda y crítica, de una sociedad deficiente. El estilo ágil, ceñido al detalle verosímil y la narración certera, contribuye también a la consecución de una novela magnífica. Sin duda, debe figurar entre lo mejor del realismo español.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes, tanto ricos como pobres.
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Observa y señala las características del narrador.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué tipo de vida lleva Julián? ¿Es peligroso o beneficioso para los demás? 
2) Analiza los rasgos de la personalidad de Nucha  y su marido don Pedro. ¿Qué es el matrimonio para cada uno de ellos?
3) ¿Cómo aparece el mundo de la infancia en esta novela? Señala sus rasgos y contrastes. Emborrachar al nieto, por parte de Primitivo, es un detalle importante en este análisis.
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la manipulación de la mentalidad y las creencias de la gente común por intereses egoístas? 
5) ¿Por qué esta novela es una fotografía verosímil de la España de la segunda mitad del siglo XIX? 
6) ¿Qué significación se encierra en el final de la  novela, con Julián de rodillas ante la tumba de Nucha y los dos niños riéndose detrás?  
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese una situación de una persona de poca voluntad que no encaje en su contexto social y cultural. Acaso intente rebelarse y  acaba en fracaso. Puedes utilizar la narración realista y la descripción pormenorizada, como ha realizado Pardo Bazán.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y la novelista Emilia Pardo Bazán a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Emilia Pardo Bazán, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de momentos donde se aprecie una situación de enfrentamiento entre el individuo y una sociedad cerril y violenta, en los aspectos espirituales, educativos, culturales, políticos, etc., siguiendo el ejemplo de Pardo Bazán.
2.4. Comentario de texto específico
Texto extraído del apartado final del capítulo XXVI.
 
¡Qué elecciones aquéllas, Dios eterno! ¡Qué lid reñidísima, qué disputar el terreno pulgada a pulgada, empleando todo género de zancadillas y ardides! Trampeta parecía haberse convertido en media docena de hombres para trampetear a la vez en media docena de sitios. Trueques de papeletas, retrasos y adelantos de hora, falsificaciones, amenazas, palos, no fueron arbitrios peculiares de esta elección, por haberse ensayado en otras muchas; pero uniéronse a las estratagemas usuales algunos rasgos de ingenio sutil, enteramente inéditos. En un colegio, las capas de los electores del marqués se rociaron de aguarrás y se les prendió fuego disimuladamente por medio de un fósforo, con que los infelices salieron dando alaridos, y no aparecieron más. En otro se colocó la mesa electoral en un descanso de escalera; los votantes no podían subir sino de uno en uno, y doce paniaguados de Trampeta, haciendo fila, tuvieron interceptado el sitio durante toda la mañana, moliendo muy a su sabor a puñadas y coces a quien intentaba el asalto. Picardía discreta y mañosa fue la practicada en Cebre mismo. 
Acudían allí los curas acompañando y animando al rebaño de electores, a fin de que no se dejasen dominar por el pánico en el momento de depositar el voto. Para evitar que «se la jugasen», don Eugenio, valiéndose del derecho de intervención, sentó en la mesa a un labriego de los más adictos suyos, con orden terminante de no separar la vista un minuto de la urna. «¿Tú entendiste, Roque? No me apartas los ojos de ella, así se hunda el mundo». Instalóse el payo, apoyando los codos en la mesa y las manos en los carrillos, contemplando de hito en hito la misteriosa olla, tan fijamente como si intentase alguna experiencia de hipnotismo. Apenas alentaba, ni se movía más que si fuese hecho de piedra. Trampeta en persona, que daba sus vueltas por allí, llegó a impacientarse viendo al inmóvil testigo, pues ya otra olla rellena de papeletas, cubiertas a gusto del alcalde y del secretario de la mesa, se escondía debajo de ésta, aguardando ocasión propicia de sustituir a la verdadera urna. Destacó, pues, un seide encargado de seducir al vigilante, convidándole a comer, a echar un trago, recurriendo a todo género de insinuaciones halagüeñas. Tiempo perdido: el centinela ni siquiera miraba de reojo para ver a su interlocutor: su cabeza redonda, peluda, sus salientes mandíbulas, sus ojos que no pestañeaban, parecían imagen de la misma obstinación. Y era preciso sacarle de allí, porque se acercaba la hora sacramental, las cuatro, y había que ejecutar el escamoteo de la olla. Trampeta se agitó, hizo a sus adláteres preguntas referentes a la biografía del vigilante, y averiguó que tenía un pleito de tercería en la Audiencia, por el cual le habían embargado los bueyes y los frutos. Acercóse a la mesa disimuladamente, púsole una mano en el hombro, y gritó: «¡Fulano… ganaste el pleito!». Saltó el labriego, electrizado. «¡Qué me dices, hombre!». «Se falló en la Audiencia ayer». «Tú loqueas». «Lo que oyes». En este intervalo el secretario de la mesa verificaba el trueque de pucheros: ni visto ni oído. El alcalde se levantó con solemnidad. «¡Señores… se va a proceder al discutinio!». Entra la gente en tropel: comienza la lectura de papeletas; míranse los curas atónitos, al ver que el nombre de su candidato no aparece «¿Tú te moviste de ahí?», pregunta el abad de Naya al centinela. «No, señor», responde éste con tal acento de sinceridad, que no consentía sospecha. «Aquí alguien nos vende», articula el abad de Ulloa en voz bronca, mirando desconfiadamente a don Eugenio. Trampeta, con las manos en los bolsillos, ríe a socapa. 
Tales amaños mermaron de un modo notable la votación del marqués de Ulloa, dejando cincunscrita la lucha, en el último momento, a disputarse un corto número de votos, del cual dependía la victoria. Y llegado el instante crítico, cuando los ulloístas se juzgaban ya dueños del campo, inclinaron la balanza del lado del gobierno defecciones completamente impensadas, por no decir abominables traiciones, de personas con quienes se contaba en absoluto, habiendo respondido de ellas la misma casa de los Pazos, por boca de su mayordomo. Golpe tan repentino y alevoso no pudo prevenirse ni evitarse. Primitivo, desmintiendo su acostumbrada impasibilidad, dio rienda a una cólera furiosa, desatándose en amenazas absurdas contra los tránsfugas. 
Quien se mostró estoico fue Barbacana. La tarde que se supo la pérdida definitiva de la elección, el abogado estaba en su despacho, rodeado de tres o cuatro personas. Ahogándose como ballena encallada en una playa y a quien el mar deja en seco, entró el arcipreste, morado de despecho y furor. Desplomóse en un sillón de cuero; echó ambas manos a la garganta, arrancó el alzacuello, los botones de camisa y almilla; y trémulo, con los espejuelos torcidos y el fusique oprimido en el crispado puño izquierdo, se enjugó el sudor con un pañuelo de hierbas. La serenidad del cacique le sacó de tino.
—¡Me pasmo, caramelos! ¡Me pasmo de verle con esa flema! ¿O no sabe lo que pasa? 
—Yo no me apuro por cosas que están previstas. En materia de elecciones no se me coge a mí de susto. 
—¿Usted se esperaba lo que ocurre? 
—Como si lo viera. Aquí está el abad de Naya, que puede responder de que se lo profeticé. No atestiguo con muertos. 
—Verdad es —corroboró don Eugenio, harto compungido. 
—¿Y entonces, santo de Dios, a qué tenernos embromados? 
—No les íbamos a dejar el distrito por suyo sin disputárselo siquiera. ¿Les gustaría a ustedes? Legalmente, el triunfo es nuestro. 
—Legalmente…. ¡Toma, caramelos! ¡Legalmente sí, pero vénganos con legalidades! ¡Y esos Judas condenados que nos faltaron cuando precisamente pendía de ellos la cosa! ¡El herrero de Gondás, los dos Ponlles, el albéitar…! 
—Ésos no son Judas, no sea inocente, señor arcipreste: ésa es gente mandada, que acata una consigna. El Judas es otro. 
—¿Eeeeh? Ya entiendo, ya…. ¡Hombre, si es cierta esa maldad —que no puedo convencerme, que se me atraganta—, aún sería poco para el traidor el castigo de Judas! Pero usted, santo, ¿por qué no le atajó? ¿Por qué no avisó? ¿Por qué no le arrancó la careta a ese pillo? Si el señor marqués de Ulloa supiese que tenía en casa al traidor, con atarlo al pie de la cama y cruzarlo a latigazos…. ¡Su propio mayordomo! No sé cómo pudo usted estarse así con esa flema. 
—Se dice luego; pero mire usted: cuando la elección estriba en una persona, y no cabe cerciorarse de si está de buena o mala fe, de poco sirve revelar sospechas…. Hay que aguardar el golpe atado de pies y manos…, son cosas que se ven a la prueba, y si salen mal, se debe callar y guardarlas….
 Al pronunciar la palabra guardarlas, el cacique se daba una puñada en el pecho, cuya concavidad retumbó sordamente, lo mismo que debía retumbar la de san Jerónimo cuando el santo la hería con el famoso pedrusco. 
Y algo se asemejaba Barbacana al tipo de los san Jerónimos de escuela española, amojamados y huesudos, caracterizados por la luenga y enmarañada barba y el sombrío fuego de las pupilas negras.
—De aquí no salen—añadió con torvo acento—, y aquí no pierden el tiempo, que todavía nadie se la hizo a Barbacana sin que algún día se la pagase. Y respecto del Judas, ¿cómo quería usted que lo pudiésemos desenmascarar, si ahora, lo mismo que en tiempo de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo, tenía la bolsa en la mano? A ver, señor arcipreste, ¿quién nos ha facilitado las municiones para esta batalla? 
—¿Que quién las ha facilitado? En realidad de verdad, la casa de Ulloa. 
—¿Las tenía disponibles? ¿Sí o no? Ahí está el toque. Como esas casas no son más que vanidad y vanidad, por no confesar que le faltaban los cuartos y no pedirlos a una persona de conocida honradez, pongo por ejemplo, un servidor, va y los recibe de un pillastre, de una sanguijuela que le está chupando cuanto posee. 
—Buenas cosas van a decir de nosotros los badulaques de la Junta de Orense. Que somos unos estafermos y que no servimos para nada. ¡Perder una elección! Es la primera vez de mi vida. 
—No. Que escogimos un candidato muy simple. Hablando en plata, eso es lo que dirá la Junta de Orense. 
—Poco a poco —exclamó el arcipreste dispuesto a romper lanzas por su caro señorito—. No estamos conformes…. 
Aquí llegaban de su plática, y el auditorio, que se componía, además del abad de Naya, del de Boán y del señorito de Limioso, guardaba el silencio de la humillación y la derrota. De repente un espantoso estruendo, formado por los más discordantes y fieros ruidos que pueden desgarrar el tímpano humano, asordó la estancia. Sartenes rascadas con tenedores y cucharas de hierro; tiestos de cocina tocados como címbalos; cacerolas, dentro de las cuales se agitaba en vertiginoso remolino un molinillo de batir chocolate; peroles de cobre en que tañían broncas campanadas fuertes manos de almirez; latas atadas a un cordel y arrastradas por el suelo; trébedes repicados con varillas de hierro, y, por cima de todo, la lúgubre y ronca voz del cuerno, y la horrenda vociferación de muchas gargantas humanas, con esa cavernosidad que comunica a la laringe el exceso de vino en el estómago. Realmente acababan los bienaventurados músicos de agotar una redonda corambre, que en la Casa Consistorial les había brindado la munificencia del secretario. Por entonces aún ignoraban los electores campesinos ciertos refinamientos, y no sabían pedir del vino que hierve y hace espuma, como algunos años después, contentándose con buen tinto empecinado del Borde. Al través de las vidrieras de Barbacana penetraba, junto con el sonido de los hórridos instrumentos y descompasada gritería, vaho vinoso, el olor tabernario de aquella patulea, ebria de algo más que del triunfo. El arcipreste se enderezaba los espejuelos; su rostro congestionado revelaba inquietud. El cura de Boán fruncía el cano entrecejo. Don Eugenio se inclinaba a echarlo todo a broma. El señorito de Limioso, resuelto y tranquilo, se aproximó a la ventana, alzó un visillo y miró. 
La cencerrada proseguía, implacable, frenética, azotando y arañando el aire como una multitud de gatos en celo el tejado donde pelean; súbitamente, de entre el alboroto grotesco se destacó un clamor que en España siempre tiene mucho de trágico: un muera.
—¡Muera el Terso! 
Un enjambre de mueras y vivas salió tras el primero. 
—¡Mueran los curas! 
—¡Muera la tiranía! 
—¡Viva Cebre y nuestro diputado! 
—¡Viva la Soberanía Nacional! 
—¡Muera el marqués de Ulloa! 
Más enérgico, más intencionado, más claro que los restantes, brotó este grito: 
—¡Muera el ladrón faucioso Barbacana! 
Y el vocerío, unánime, repitió: 
—¡Mueraaaa! 
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del texto; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).
Esta novela se puede adquirir en tapa blanda o edición digital, acompañada de este análisis narratológico y su propuesta didáctica en:

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