Miguel Delibes: «El tesoro»; análisis y propuesta didáctica

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Miguel Delibes – “El tesoro” (1985)
1. ANÁLISIS
1. Resumen
I
Principios de abril. Jero es profesor universitario, en Madrid, aparenta. Llega de un viaje de Almería y su jefe, el Subdirector General, Paco, lo reclama para estudiar “un tesoro” prehistórico aparecido en el Castro de Gamones, en las Segundas Cogotas. Jero se excusa ante Gaga porque no puede ir a verla. Lino, “abogado doblado de agricultor”, ha encontrado un tesoro del S. I a.C. Son cerca de diez kilos de oro y plata de piezas ornamentales de la cultura castreña o celtibérica. Se lo comunica a Pablito, en la provincia (se cita Valladolid) y este a Paco. Se dirigen en coche a Valladolid; luego, al lugar del hallazago. El pueblo de cuatrocientos habitantes está en Valladolid. Es un castro que ha excavado don Virgilio, el Coronel. Ya está fallecido; excava durante media vida el castro de Las Aradas.
II
Se juntan en un restaurante para comer don Lino, el agricultor, grande y calvo, Pablito, también profesor en Madrid y los recién llegados, Jero y Paco. don Lino explica que ara con el tractor en el tozal, arriba del teso, en el cortafuegos. Conversación áspera entre Lino y Jero porque aquel insinúa que Virgilio buscaba algo más que restos prehistóricos. El hallazgo ocurre en el término de Gamones, en un comunal, en tanto la propiedad de Lino está en Pobladura de Anta. Jero sospecha que Lino usa el detector para el hallazgo.
III
El director del banco los lleva a la caja fuerte y les enseña el tesoro:
“Torques, brazaletes, anillos, fíbulas, colgantes, arracadas, pendientes de oro y plata, enredados unos con otros, se desparramaron sobre la mesa vacía”. De la segunda Edad del Hierro. Van en coche a Gamones, con Lino; les señala el tozal (teso) y exploran el lugar. Entre ellos, reconocen que el hallazgo es importante. El Papo, un señor con pata de palo, les hace un corte de mangas en Gamones. Jero lamenta que don Lino reciba cuatro o cinco millones como compensación; le llama “cacho cabrón”. Paco vuelve a Madrid y regresa al día siguiente con su equipo de profesores para excavar. Jero se queda para dormir en Covillas. En Gamones todos saben lo del hallazgo.
IV
Llegan en coche a primera hora Cristino (con una mancha de vitíligo del cuello a la cara), Ángel y el Fíbula; son chicos de veinte años algo pasados. En Gamones los recibe el alcalde con cierta hostilidad, aunque los deja excavar. Varios carteles con faltas de ortografía advierten de la prohibición de hacer “excarbaciones”. La señora Olimpia les hace la comida. Les informa que el Coronel sabía lo de la “mina”, pero su muerte súbita deja a todos en ascuas. Olimpia piensa que le cuenta el secreto de la “mina” a la Pelaya, que sirve en su casa y acaso son amantes. Esta es esposa de Gedeón; ahora trabajan para don Lino. Este se entera por la Pelaya de todo el asunto. 
V
El pastor de cabras aparece por allí. Los amenaza con colgarlos, junto con la Pelaya y don Lino. Cae la tarde y vuelven a Covillas, a cenar y dormir. Jero habla por teléfono con su novia Gaga. Bronca fuerte; ella lo amenaza con dejarlo.
VI
Olimpia les advierte que los hombres del pueblo están soliviantados y no quieren que excaven más. El Papo los dirige. Jero piensa que el alcalde los meterá en razón. El Papo, un joven de jersey amarillo, el cabrero y un hombre de pelo blanco, seguidos por los hombres del pueblo, suben al teso. Los amenazan de muerte si no abandonan el lugar inmediatamente. Razona Jero, pero no hay nada que hacer. Tratan de hablar con el alcalde, pero no está. Intentan hablar con Paco.
VII
Van a la ciudad y hablan con el delegado provincial de cultura, Carlos; considera lo ocurrido un motín. Llama a gobernador civil. Le ofrece a Jero protección de la Guardia Civil, pero la rechaza. Quedan en Gamones a las ocho, para reunirse con la corporación. Envían una destacamento de la policía “social” para pulsar el ambiente.
VIII
Carlos, el delegado provincial, recoge a Jero y van a Gamones, a las ocho y media, a reunirse. Hay un retén de la guardia civil y policías de paisano. Todo está tranquilo. Hace mucho frío. Las calles están desiertas. Reunión en las escuelas del alcalde, Escolásatico, dos concejales (Martiniano y Albano), el secretario, Jero y el delegado. Este los manipula con su retórica rimbombante, pues el alcalde y los concejales no saben expresarse con persuasión. Les advierten que don Lino es una mala persona. Al día siguiente se reinicia la excavación, con Martiniano de obrero. El alcalde invita a todos al bar para celebrar el acuerdo.
IX
Celebran concejo a la mañana siguiente, el alcalde subido en un remolque, en la plaza del pueblo. La gente asiste contenta y burlona. Autorizan las excavaciones, contratando a Martiniano. Al llegar al lugar, encuentran que una niveladora lo ha removido todo y ha abierto una zanja de dos metros de hondo por tres de ancho. Todo el yacimiento se ha perdido. Vuelven al pueblo desesperados. A don Lino le han quemado el tractor. Jero lo va a denunciar y se lo dice al alcalde. Tiene una gran frustración y furia, pero poco puede hacer. Ángel repite la frase: “Esto se arregla con escuelas”. Aparece el subdirector general, Paco, en un coche. Trae a Gaga. Se abraza a Jero y este le confiesa que la necesita.
2. Temas de la novela
– Crítica a la avaricia y a la envidia de los campesinos pobres y a hipocresía de los políticos manipuladores. 
– Denuncia de la falta de cultura y educación de los habitantes del rural castellano. Han vivido en el abandono más espantoso durante siglos, de ahí su desconfianza. 
– Expresión de las dificultades de entendimiento entre las personas urbanitas y las rurales, con muy distintos estilos de vida. 
3. Apartados temáticos 
Esta novela está compuesta por nueve capítulos. Se puede distinguir una estructuración clásica:
– Los dos primeros capítulos conforman la introducción o planteamiento. Se presentan los personajes y el conflicto. Don Lino encuentra un tesoro celtibérico y quiere lucrarse de ello.
– Nudo o desarrollo: abarca los capítulos III y hasta la mitad del final. Se narran las vicisitudes de Jero, con sus ayudantes, para lograr realizar una excavación científica del lugar. La codicia de unos y otros dificulta mucho la tarea, aunque avanza.
– Desenlace: ocupa la segunda mitad del último capítulo (IX). Por fin, se alcanza un alivio frustrante a la tensión acumulada; ya no hay yacimiento arqueológico y todo se ha acabado.
4. Personajes
Se trata de una novela centrada en el profesor Jero y una serie de personajes secundarios con un papel proporcionalmente distribuido. Jero es el protagonista; es un profesor de la “Universidad de Madrid”, de mediana edad, entregado a su pasión por la prehistoria. Es una autoridad en la materia y lo vive con pasión. Casi con tanta como su relación con Gaga, su novia. Está mucho tiempo fuera de casa, lo que irrita a Gaga. Al final, sin embargo, su relación sale fortalecida.
Paco, el subdirector general de Bellas Artes, es amigo de Jero. Como todos los políticos que aparecen en la novela, es bastante fatuo, mandón y soberbio. Tiene un lado humano interesante, pues es quien lleva a Gaga de Madrid a la provincia para encontrarse con su novio. El delegado provincial de Cultura, Carlos, es otro político con la misma traza que el anterior, solo que este tiene más labia y sabe lidiar con los campesinos aparentemente con éxito, aunque al final fracasa. Los tres jóvenes ayudante de Jero, Cristino, Ángel y el Fíbula; representan la juventud universitaria, más o menos educada y sensible. Muestran entusiasmo por su trabajo y lo hacen con interés. 
El mundo rural se ve representado por don Lino, el artífice del hallazgo (provisto de un detector de metales), la corporación municipal de Gamones (Escolástico, el alcalde, y los concejales Martiniano y Albano. Es gente ruda, desconfiada y un tanto vengativa. Parece que se aviene a razones, pero al final prefieren que el tesoro celtíbero no vaya para nadie con tal de que no caiga el beneficio en manos de don Justo. Aparecen como personas desconfiadas, primitivas y un tanto violentos, aunque con matices. El cabrero, el hombre de pelo blanco y el cojo Papo son de armas tomar; los otros se dejan llevar, dentro de su brutalidad ingenua. Eso sí, todos están unidos por el odio a don Lino, el campesino rico del pueblo de al lado.
Don Virgilio es un campesino (se entiende) ya muerto, pero muy aficionado a la arqueología. Honrado y tenaz, aunque no tuviera formación, se esforzó por sacar a la luz los valores históricos de su localidad, aunque no fue entendido por sus paisanos. Es un personaje interesante porque da un contrapunto interesante sobre la incultura rural. Y lo mismo se puede afirmar de Olimpia, la señora que prepara la comida a los historiadores.
 5. Lugar y tiempo narrativos
La acción (excepto en el primer capítulo, encuadrado en Madrid) se desarrolla en varios pueblos castellanos, principalmente Gamones, Pobladura de Anta y Covillas. Entre los dos primeros existe una animadversión enconada desde siglos atrás. Son pueblos castellanos pobres, de unos cuatrocientos habitantes, desangelados y abandonados de la mano de Dios. La gente lleva un humilde pasar y se les percibe como desilusionados por su futuro. El lugar principal de la acción, sin embargo, se localiza en un cabezo que hace de linde entre los dos pueblos, el Castro de Gamones; exactamente, en la franja arada que hace de cortafuegos. Allí se hallan los restos de un poblado celtibérico, ya en contacto con la cultura castreña noroccidental.
El tiempo de la escritura se remonta a los años previos a 1985, momento de su publicación. El tiempo de la acción narrada es contemporáneo al de la escritura. Se sitúa, pues, en los primeros años ochenta del siglo XX. La acción tiene una duración bien definida: tres días. Es cierto que se realizan algunas analepsis, más bien genéricas; recrean acciones individuales y colectivas de años atrás. 
6. Figura del narrador
La novela está contada por un narrador en tercera persona. Es omnisciente parcial, externo y bastante objetivo. Ve, en general, a través del profesor Jero, pero también a través de los campesinos, sobre todo en los tres últimos capítulos. 
La omnisciencia se ve reducida claramente. Interesa comprender el conflicto de Jero y el de los campesinos, de ahí que se les preste la visión o focalización. El narrador describe con todo lujo de detalles la geografía y la flora y fauna del lugar, lo que denota su afinidad emocional con esa tierra, por la que muestra simpatía y cariño.
7. Notas estilísticas
Delibes es un auténtico maestro en el manejo de la lengua española. En esta obra se combina el registro formal (cuando hablan en un contexto académico y político) e informal, muy coloquial y a veces avulgarado (“cagüen en sos”, suelen exclamar los campesinos). El registro informal con un claro nivel popular y familiar es muy visible en el entorno campesino. El conjunto es muy armonioso y jugoso: el lector salta de un registro a otro, con sus protagonistas, disfrutando de una experiencia de lectura satisfactoria y rica.
El manejo de los recursos estilísticos es muy acertado; metáformas, símiles, personificaciones, elipsis, etc., contribuyen a la riqueza de un texto magníficamente compuesto. El léxico, muy bien seleccionado, es apropiado y ajustado a la citación; los campos léxicos de adornos prehistóricos se combina con otros como el mundo agrícola y la vida rural castellana. Un ejemplo tomado del capítulo IX de la novela ilustra muy bien estas notas estilísticas:
El coche arrancó suavemente y, una vez en la carretera, Jero se apoyó con ambas manos en el volante y presionó el asiento con la espalda, alzándose levemente. Dijo eufórico:
—Muchachos, la Providencia nos ha designado para datar la celtiberización del Alto y el Medio Duero. ¡Loada sea la Providencia! —tomó la revuelta del camino demasiado rápido y las ruedas traseras derraparon.
—¡O… o… ojo! —advirtió Martiniano.
Jero enderezó el coche, que brincaba en los relejes, y añadió:
—Y usted, señor Martiniano, va a ser partícipe de esa gloriosa efemérides.
El automóvil se ahogaba en la pendiente, se bamboleaba.
—Lleva demasiado peso. Deberíamos bajarnos —sugirió Cristino.
Finalmente el coche se rehízo y, aunque con apuros, dobló la curva de la nogala. Cristino, que desde que abandonaron la plaza se esforzaba por hurtar la mancha de vitíligo a la mirada ubicua y perspicaz de Martiniano, señaló el árbol al pasar:
—Los espantajos siguen ahí.
El Fíbula miró con sorna al concejal:
—¿Se ha dado usted cuenta, señor Martiniano? Son don Lino y la Pelaya. Los han colgado. Detrás teníamos que ir nosotros. ¿Qué le parece?
Martiniano cabeceó, acobardado:
—Co… co… cosas del cabrero —dijo.
Jero detuvo el automóvil junto al peñasco y, apenas puso pie en tierra, antes de abrir el maletero para sacar los trebejos, intuyó los primeros indicios del desastre: el olor a mantillo; la tierra removida, desbordada hasta la peña; las grandes rocas desmontadas; las anchas huellas del tractor en la rampa de acceso al tozal.
—¿Qué es esto? ¿Qué ha ocurrido aquí? —dijo alarmado, echando a correr.
Los tres muchachos y Martiniano lo miraban perplejos. Lo vieron coronar el castro y detenerse, de repente, al comienzo del cortafuegos, como si a sus pies se abriera una sima:
8. Contextualización
Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920 – 2010) es un formidable novelista de la posguerra española. Dueño de un estilo propio, logró que el rural castellano, la gente humilde y sencilla, pasara a primer plano narrativo. Novelas como El camino (1950), Viejas historias de Castilla la Vieja, Las ratas, etc. son ejemplo de este tipo de narrativa. También la ciudad provinciana, en este caso con una crítica muy dura a la burguesía acomodaticia, egoísta y avulgarada, forma parte de su arco novelístico. El príncipe destronado, Cinco horas con Mario, Mujer de rojo sobre fondo gris, El tesoro, que ahora comentamos, y La hoja roja son algunos ejemplos de este tipo de relato. Su última obra, El hereje es una novela histórica de gran aliento y significación; recrea los tristes episodios en torno al auto de fe de Valladolid, contra los luteranos, en 1559.
9. Interpretación y valoración
Estamos ante una hermosa y ácida novela que reflexiona sobre los efectos negativos de la incultura y la envidia, males especialmente visibles en el mundo rural. Delibes, como nos tiene acostumbrados, realiza un acercamiento respetuoso y reflexivo sobre el rural castellano, abandonado durante siglos. Critica la pobreza, la incultura y la falta de una buena educación, elementos que contribuyen a un retraso evidente en el mundo rural castellano. Nadie se ha preocupado de subsanar estas lacras tan negativas y duraderas.
Delibes conoce muy bien la vida rural castellana, de ahí que su relato sea tan verosímil y esté tan lleno de verdad. Los campesinos son presentados con crudeza y comedimiento al mismo tiempo. Es gente desconfiada y escarmentada de lo que pueden traer los políticos a sus pueblos, de ahí su prevención inicial. Los diálogos poseen una vivacidad extraordinaria; contribuyen a la configuración del cuadro rural.
El final de la novela es amargo y triste. Los campesinos prefieren quedar sin nada y destruir su propio patrimonio histórico antes de que se pueda aprovechar un agricultor de otro pueblo, lo que ya había quedado descartado. He aquí un ejemplo de cerrilismo contumaz. Al final, Jero, el protagonista, se refugia en su novia para poder superar todos sus sinsabores profesionales, rodeados de miseria moral.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes, tanto ricos como pobres.
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Observa y señala las características del narrador.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué tipo de vida llevan Jero y sus ayudantes? ¿Con qué otros estilos de vida se contrapone? 
2) Analiza los rasgos de la personalidad de los dos políticos que aparecen en la novela y señala sus rasgos comunes.
3) ¿Cuál es la causa real de que los vecinos de Gamones reaccionen tan violentamente ante las excavaciones históricas?
4) ¿Qué sentido tiene la “mina” en el contexto de los campesinos de Gamones? ¿Es realista pensar así? ¿Qué nos dice de su situación económical? 
5) ¿Qué sentido tiene el título de la novela, “El tesoro”? ¿Qué desea transmitir el autor con ello? 
6) ¿Qué significación se encierra en el final de la  novela?  
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese el supuesto hallazgo de algo importante para unos, pero no tanto para otros. Puedes imprimir un ritmo coloquial y familiar, como ha realizado Miguel Delibes.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de objetos o cosas que puedan despertar el orgullo y alegría de unos, frente a la desconfianza de otros, movidos por turbias pasiones, siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.
2.4. Comentario de texto específico
(Capítulo V) 
La señora Olimpia, acuclillada ante el fuego, de espaldas a la mesa, se irguió lentamente y dio media vuelta. Sus mejillas congestionadas reflejaban el ardor del hogar, donde las brasas de roble iban apagándose poco a poco, transformándose en rescoldo. Tomó del fogón una fuente de patatas fritas y la puso en el centro de la mesa camilla donde ellos comían con apetito, sujetando el hueso con los dedos, unas chuletas de cordero. Sobre la cabeza del Fíbula se abría un ventano a través del cual se adentraban tenues cacareos de gallinas y el metálico quiquiriquí de un gallo. Frente a él, entre una compleja teoría de anaqueles y vasares, con platos y cacharros, sonreía abiertamente, desde un atrasado calendario, una muchacha en bañador. La señora Olimpia quedó un rato plantada ante ellos, gruesa, cachazuda, los brazos en jarras, observando las necesidades de la mesa y, durante el tiempo que permaneció así, Cristino mantuvo vuelta la cabeza, mordisqueando distraídamente el hueso que sostenía entre los dedos. Jero se enfureció:
—¿Es que no puedes olvidarte un minuto de tu cara, coño? ¿Es que no sabes relajarte? ¡Mira de frente por una vez, leche!
La señora Olimpia, acuclillada de nuevo, avivaba las brasas con el soplillo antes de poner sobre ellas el puchero del café.
Cristino se mostraba afligido y sumiso:
—¿Qué quieres? —dijo—. Esto empezó siendo un tic pero ha acabado siendo un complejo. No puedo remediarlo.
Jero pretendió razonar:
—Ya sabes lo que dice Pedro. Antes que pomadas y potingues, lo primero que tienes que hacer es aprender a convivir con el vitíligo. Te guste o no, es tu compañero inseparable.
El Fíbula redondeó los ojos y bebió de un trago medio vaso de vino.
—¿Es que pica eso? —preguntó.
Cristino, abrumado, denegó con la cabeza.
—Pues, entonces, déjalo estar —añadió el Fíbula en tono festivo—. A mí no me importaría nada tener una cara bicolor, te lo juro por Dios. Una cara como una bandera. ¡Anda y que no debe de fardar eso!
Cristino sonrió apagadamente. Jero insistió. Se hacía evidente que no era la primera vez que aludía al tema. Indicó con una mirada a la señora Olimpia, inclinada sobre el fuego:
—Mira la vieja —dijo a media voz—. Tiene más barbas que un patriarca, pero da la cara, coño, no se acoquina. Y hace bien. Al que no le guste que no mire.
Ángel rió, señalando maliciosamente a Cristino.
—Pues mientras eso no se le quite, la Lourdes puede aguardar.
—¿Lourdes Pérez Lerma? —preguntó espontáneamente Jero, a quien las listas de sus alumnos se le grababan prodigiosamente en la cabeza desde el primer día de clase.
—Está por ella —añadió el Fíbula—, pero como si no. Todos andamos al cabo la calle menos la interesada.
Jero miró a Cristino:
—¿Es eso cierto?
—Bueno, vamos a dejarlo; son asuntos personales.
Ángel alzó la cabeza:
—Mira, compañero, con la mano en el corazón, prefiero tu cara antes que el lío que yo tengo formado, ¡palabra!
—¿Tan mal te va? —inquirió Jero.
—No es que me vaya bien ni mal, jefe, pero amarrarse a los diecinueve años no creo que sea un plato de gusto para nadie.
El Fíbula llenó los vasos de un vino negro, espeso, con una orla espumosa en la superficie.
—Después de todo, nadie te obligó a hacerlo.
—¡Joder, nadie me obligó…! ¿Serías tú capaz de dejar un hijo en la calle, sin nombre, como un hospiciano?
La señora Olimpia, que se acercaba a la mesa bamboleándose, con una nueva botella de vino en la mano, se detuvo, miró desconcertada a Ángel y exclamó:
—No me dirá que está usted casado.
Ángel infló el pecho cuanto pudo y lo golpeó rudamente con los dos puños cerrados como si fuera un tambor:
—Sí, señora. Casado y con un heredero para lo que usted guste mandar.
—¡Jesús!, si parece una criatura. Tiene usted más cara de hijo que de padre, ya ve lo que son las cosas.
Jero aprovechó la inesperada apertura de la señora Olimpia para meter cuña:
—Dígame, señora, ¿conoció usted a don Virgilio?
La mujer le miró y estiró el cuello como un pavo:
—¿Y quién no va a conocer al difunto Coronel en estos contornos?
Jero, los ojos en el plato, mondaba una naranja.
—Andaba mucho por el castro, ¿no es cierto?
—Mejor diría que no bajaba de él. Para mí que fue el difunto Coronel y no don Lino quien descubrió la mina esa, ya ve usted.
Jero se atragantó. Tosió repetidamente antes de recuperar la voz.
—¿Es que hay una mina arriba?
La señora Olimpia hizo un gesto socarrón:
—Ande, no se haga ahora de nuevas. Si no fuese por la mina, ¿qué pintaban ustedes aquí?
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del texto; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Profesor de Lengua Castellana y Literatura. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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