Miguel Delibes: «La sombra del ciprés es alargada»; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes – “La sombra del ciprés es alargada” (1948)
1. ANÁLISIS
1. Resumen
Libro primero
I
Estamos en la ciudad de Ávila, a principios del siglo XX. Un  niño de once años, Pedro, llega conducido por su tío Félix, en una carreta de caballos, a una casa de pupilaje y escuela. La dirige Mateo Lesmes, el maestro; su mujer, gordita, hipócrita y hosca, se llama Gregoria. Tienen una hija de alrededor de tres años, Martina, parlanchina y vivaracha. “Fany” es la perrita, ratonera y simpática. Estamos en la primera década del siglo XX (“190…”, p. 43), en la ciudad de Ávila. El niño es abulense. No tiene padres; se llaman Jaime y María, se entiende que difuntos. Pagan 800 reales al mes (200 pesetas).
II
Academia de estudios de segunda enseñanza regentada por el señor Lesmes. Dos peces en una pecera; don Mateo les da miguitas de pan para comer; se reúnen padre, hija, llamada Martina, y protagonista para contemplar el espectáculo. Les ayuda en las tareas domésticas una pariente lejana, mayor, Estefanía, ufana de no dormir la siesta.
III
Llega a la pensión-academia Alfredo, un chico como él, rubio y “gesto de cansancio”. Comparten habitación; se hacen amigos. La madre es guapa; un hombre la espera abajo; Alfredo no quiere hablar de su situación. Su madre paga mil reales al mes. Los chicos rezan antes de dormir. Congenian y se hacen amigos.
IV
Visita a los abuelos de Martina y a su tía doña Rosa. Las hijas de Regatillo tontean con los mozos por el balcón. Doña Gregoria lo desaprueba. Mateo dice que los antepasados de las estatuas y escudos fueron mejores y más serios que los abulenses contemporáneos.
V
Acaba el curso. Aprueban los exámenes y don Mateo está feliz. Lo celebran con una comida más generosa que la ordinaria, más tasada.
VI
Verano en Ávila, en casa del maestro Mateo. Bajan hasta el río Adaja, contemplan la fábrica de harina.  Van al Rastro y a los Cuatro Postes. Visitan el mercado de ganados. Bruna, una mujer hosca, canta cantares de ciego, de tragedias oscuras y sangrientas.
VII
Comienza el curso a finales de septiembre. Lesmes les habla de la renuncia a las cosas para ser feliz. “Hacen falta años para percatarse de que el no ser desgraciado es ya lograr bastante felicidad en este mundo” (p. 60). Un caballo con carro de naranjas atropella a “Fany” y la deja sin una pata. A Pedro le afecta mucho.
VIII
La perra anda feliz a tres patas. Se recupera el ritmo tristón del curso y de las clases.
IX
Doña Servanda y don Felipe, parientes de Gregoria, ya mayores, el marino mercante jubilado, pasan unas semanas en casa. Él es entretenido por su conversación; ella se duerme a la mínima; es mujer voluminosa. Los chicos planean salir una noche a hurtadillas, con nieve, y pasear la ciudad, pero están en primavera. Lesmes afirma: “…Yo, por muchas vueltas que le dé, siempre acabo imaginándome la civilización como una máquina que, como cualquier parásito, va chupando a nuestros espíritus las mejores sustancias para convertirlas en automóviles, aerostatos, cinematógrafos y otros extraños aparatos que constituyen la monumentalidad del más puro materialismo. En resumidas cuentas, en virtud de la civilización, el espíritu deviene materia prima para ser transformado en productos de una utilidad exclusivamente corporal”. (p. 75).
X
Excursión al cementerio, de Lesmes, Martina y los dos chicos. Van la lápida de un niño y quedan petrificados. Pasa un cortejo fúnebre de una mujer joven. El marido viudo está desencajado. Reflexiones lúgubres de Pedro sobre la muerte. La familia se abona a una nueva publicación, ABC (esto fue en 1903, apunto yo). El ciprés es un árbol siniestro; sus frutos son como calaveras “como si fuesen los cráneos de esos muñecos que se venden en los bazares” (p. 80).
XI
La idea de la muerte atormenta a Pedro. Piensa que Alfredo, con tos, puede morir, y se altera. Acaba el curso, ya están en segundo de bachillerato. Llega el verano, paseos por la ciudad; con los compañeros, juegan a ejércitos y asaltos de la ciudad. Alfredo va dos semanas al norte con su madre. Regresa moreno; su madre, con “el hombre”, no baja del tren, pues siguen a Madrid. Alfredo viene moreno y delgado. Tiran un ramo de flores a la vía de rabia, pues estaba destinado a la madre del joven rubio.
XII
Alfredo cae enfermo; con cuidados, sana. Un día de invierno, salen de noche a hurtadillas y llegan a Cuatro Postes. Alfredo se encuentra mal; al llegar a casa, vomita sangre, ante la alarma de Lesmes, Gregoria y, sobre todo, el narrador.
XIII
Lo ve el médico; piensa que curará con tiempo, buena alimentación y cuidados. Vuelve a vomitar sangre. Viene su madre a verlo; lo encuentra vivo en el último momento. Recibe la comunión y muere; no se le da nombre a la enfermedad. Al narrador le afecta profundamente.
XIV
Funeral y sepelio en el cementerio de Ávila. “El hombre” se le acerca y lo abraza. Pedro se separa y le echa en cara, a voces, su indignidad y vileza. “El hombre” le propina dos bofetones. Pero el chico queda a gusto porque le dijo lo que su amigo difunto le hubiera dicho.
XV
El narrador cae en un gran pesimismo. Cae en abulia y confusión mental, que supera poco a poco. Anda los caminos por Ávila que había hecho con su amigo, por los ríos Amblés y Adaja, el Carmen, la feria de ganado, pero nada es ya igual. Lo visita en el cementerio. La sombra redonda del pino lo cobija a él y al amigo. La sombra alargada del ciprés es mala, aviesa, amarga.
XVI
La vida en la casa de Lesmes recuperó la normalidad poco a poco, pero él estaba anímicamente destrozado. Los peces se hielan en la pecera en una helada. El abuelo sufre una hemiplejía. Martina golpea el piano y aprende a tocar poco a poco. “La vida seguía su curso a un ritmo implacable, rápido para unos, moroso para otros, pero objetivamente igual para todos” (p. 131).
XVII
Pasan los años. Acaba el bachillerato. Decide hacerse marino mercante, para sentirse libre e independiente, sin ataduras. Su tío y Lesmes lo presionan para que haga estudios serios, pero no lo logran. Tiene ahora diecisiete años (p. 138). Toma el tren y se va de Ávila, a Barcelona, a casa de su tío. Lesmes y familia lo despiden con gran sentimiento en la estación.. “Imaginé que la sombra que velaba el corazón de don Mateo era acicular y alargada como la del ciprés” (140). Sabía que la sombra del ciprés es alargada y corta como un cuchillo” (138).
Libro segundo
I
Vive con su tío, sin que haya afecto entre ellos. Se pelea con el gallito de la Escuela de Náutica y le da una paliza a este, pero no se aprovecha y sigue con su vida apartada y solitaria, buscándose. Embarca en el “San Fulgencio” para hacer las prácticas. Admira positivamente el perfil de la coste cantábrica de España. Bosques, praderas, vacas. Lo asombran y le gustan.
II
Estalla la Primera Guerra Mundial (deducimos, nunca le llama así). Salvan soldados de barcos de guerra y submarinos. Una gaviota picotea un cadáver; lo rescata el “San Fulgencio” y lo echan al mar con un ancla vieja. Una corbeta metida en una botella que le regala el hijo de su armador. Es metáfora de sí mismo; se siente aprisionado, sin mar para navegar.
III
En Málaga conoce en un bar al caricaturista Julián Royo; le hace una y le gusta; lo pinta esquivo y oscuro. Es un hombre leal, algo superficial e independiente. Acaba en Buenos Aires, tras una época mala.
IV
Pasa a trabajar en el “Antracita”, un barco carbonero que luego se hace generalista. Es capitán de barco. Cada vez algo más pesimista y aislado del resto de la sociedad. No conocer personas para no sufrir, como le pasó con Alfredo. Llega a la ciudad de Providencia, cerca de Boston, en EEUU. Remolcan un yate a la deriva. Entabla conversación con una de las chicas remolcadas, Jane; es muy guapa.
V
Quedan Pedro y Jane para dar un paseo por la costa; comen en un merendero-restaurante a las afueras, al aire libre, y vuelven al puerto. Parece que congenian bien; ella tiene unos brazos sensuales que a él le gustan sobremanera. Ella es optimista, vital, alegre, y firme en sus convicciones católicas, pues sus padres son irlandeses. Quedan al día siguiente; se gustan.
VI
Estatua de Roger Williams en el parque de la ciudad. Rompen porque él es indeciso y no quiere compromisos. Se alejan amargados. Duerme mal, no descansa. Recuerda a Lesmes y sus enseñanzas del mal menor y del pesimismo vital.
VII
Luis Bolea, primer piloto, compañero de estudios, es un hombre franco y jovial. Le anima a que rompa su soledad y su miedo a la vida, y que profundice con Jane, pero no le hace caso. Se siente atenazado en sí mismo, como la goleta en la botella.
VIII
Vuelve el barco a Santander. Se va a Bilbao a pasar unos días porque se siente ahogado. Se encuentra con Martina, la hija de Lesmes y Gregoria, en un bar, de pianista. Un chico de su ciudad, Joaquín, la ha engañado y la deja tirada. No tiene vergüenza para volver a casa. Lo dispone todo para volver a Ávila y ella se reintegre al seno familiar.
IX
Emoción al regresar a Ávila. Cuatro Postes, la plazoleta con la hornacina y sus cuatro caballeros, dos triunfadores y dos perdedores. Habían hecho reformas arquitectónicas, para peor. Confunden “civilización” con “destrucción” (p. 216). Han pasado veinte años de su vida. Lesmes y doña Gregoria están viejos, gastados, acaso algo amargados. Lo acogen correcta y fríamente. Martina queda en casa y él regresa a Santander.
X
Nueva conversación con Bolea, en el barco, de vuelta a Providencia, en los mismos términos. Bolea lo anima a vivir con optimismo y fe, pero Pedro no ve razones. No ve a Jane, pero Olea sí; ella le envía saludos. Rompe con Jane. Cae en una enfermedad nerviosa y de agotamiento. Bolea lo invita a su casa de un pueblo de Santander para recuperarse; acepta de buena gana.
XI
Se repone. Nuevo embate dialéctico de Bolea para abrirse a Jane, pero se resiste. Reflexión en comunión con la naturaleza en La Castañera. Allí siente “sosiego” (p. 233). No cambia de opinión.
XII
Paseo con doña Sole, la suegra de Bolea. Este le argumenta a favor del optimismo vital, de la apertura a la vida, a pesar del dolor. Queda bastante convencido y reconsidera su postura. El “Antracita” vuelve a Providencia; el contramaestre es vulgar y habla contra las mujeres y la seriedad de las personas.
XIII
En Providencia va a un concierto. Se encuentra casualmente con Jane; esta, acompañada de un joven, lo saluda; Pedro sale corriendo al barco. Quedan al día siguiente. Él se declara enamorado y ella es receptiva. Vuelve al barco, llena la botella de la corbeta con agua y deja que se hunda en el mar. Su vida empieza a cambiar con optimismo y apertura al amor de Jane.
XIV
Van juntos a Boston, de excursión. A la vuelta, él le declara su amor y ella lo acepta. Deciden casarse en siete días. Se casan; en el anillo inscriben el pensamiento de Zoroastro: “El matrimonio es un puente que conduce al Cielo” (p. 254).
XV
Está feliz y exultante. Se van unos días de luna de miel a una granja en los Apalaches, regentada por unos amigos de Jane. Es un matrimonio agrícola con tres hijos. El mayor, adolescente, Cristián, está muy amargado con la vida rural y quiere ir a vivir a la ciudad.
Dice el narrador: “Entendía las poderosas razones de quienes me hablaron en ese sentido y me percataba, más que nada, de que el hombre, frente a la naturaleza, está más cerca que nunca de Dios” (p. 256). Discusión sobre la vida en el campo o en la ciudad; el chico es egoísta. Él vuelve a España por imperativo laboral; Jane le regala un retrato de ella con la inscripción “With everlasting love”. Se siente abrumado.
XVI
Pedro alquila una casa a las afueras de Santander y la amuebla para los dos, pues ella se viene a vivir a España. Se siente dichoso y feliz. Jane le anuncia por carta que está embarazada. Pedro está exultante y rebosa felicidad.
XVII
Vuelve en su último viaje con el “Antracita”, pues le dan un puesto de trabajo en la empresa armadora, en tierra. Vivirá con Jane en Santander. En un sueño repasa toda su vida, con más sombras que luces; ahora se siente feliz. Desde el barco, ya casi en el muelle, ve a Jane, que la saluda desde el coche en marcha. Se cruza un obrero con una vagoneta; chocan, el coche colea y cae al mar. A Jane la sacan ahogada una hora después.
XVIII
Vuelve a España destrozado, hundido y sumido en el amargor. Lo deja todo y toma un tren para Avila, donde piensa aposentarse definitivamente. Es invierno, la ciudad está nevada. Va al cementerio e introduce por una ranura de la tumba de Alfredo el anillo de Jane. Abraza al pino con los nombres escritos de Pedro y Alfredo. Se siente en paz con el mundo. El final:
Cuando una hora más tarde abandonaba el cementerio me invadió una sensación desusada de relajada placidez. Se me hacía que ya había encontrado la razón suprema de pervivencia en el mundo. Ya no me encontraba solo. Detrás dejaba a buen recaudo mis afectos. Por delante se abría un día transparente, fúlgido, y la muralla de Ávila se recortaba, dentada y sobria, sobre el azul del firmamento. No sé por qué pensé en aquel instante en la madre de Alfredo y en “el hombre”. Y fue casualmente en el momento en que tropecé con un obstáculo oculto por la nieve. Al mirar hacia el suelo comprobé que a la nieve hace barro el contacto del pie…
Me sonreía el contorno de Ávila allá, a lo lejos. Del otro lado de la muralla permanecían Martina, doña Gregoria y el señor Lesmes. Y por encima aún me quedaba Dios.
2. Temas de la novela
Es una novela reflexiva e introspectiva. Los temas principales son:
-Obsesión por la muerte, vista muy de cerca. Genera un enorme pesimismo en el protagonista y otros personajes.
-Desánimo y frustración ante la vida porque los reveses se suceden y todo acaba en sufrimiento. No hay modo de esquivar los zarpazos del destino.
-Dificultades emocionales en un contexto hostil (orfandad, falta de cariño familiar, ambiente lóbrego y pesimista en la casa y en la escuela, falta de aliento para buscar un horizonte existencial estable y aperturista, etc.), para alcanzar el equilibrio vital y existencial.
-Reflexión sobre el mejor modo existencial y filosófico de afrontar la vida: el personaje se inclina por un estoicismo cristiano, bordeando el pesimismo existencial casi nihilista.
3. Lugar y tiempo de la acción narrada
-Lugar: Ávila toda la primera parte; algo Barcelona, más Santander y un poco Bilbao. En la segunda parte, la ciudad de Providencia (Providence, capital del estado de Rhode Island), en EEUU.
Tiempo: El tiempo de la novela, autobiográfica, recordemos, coincide con el discurso de una vida. Comienza el relato hacia 1903, cuando Pedro tiene doce años. Acaba con treinta y dos, aproximadamente, veinte años después, como afirma el narrador; hacia 1923. Duración: en conjunto, sobre veinticinco años de la vida del narrador, de la infancia a la madurez.
4. Narrador
El narrador se manifiesta en primera persona; cuenta su vida en orden cronológico; estamos, pues, ante un relato autobiográfico. Más concentrado en el mundo interior que en el exterior. En cierto modo, es una novela de crecimiento o desarrollo (bildungsroman), sobre todo, la primera parte. El protagonista cuenta su vida desde una perspectiva psicológica, interior e introspectiva. Describe pormenorizadamente el impacto en su personalidad de los hechos y circunstancias externos a los que está sometido, voluntaria o forzadamente.
5. Personajes
-Pedro: joven que descubre la vida. Se siente frágil, pero no es tanto. Está solo en la vida, incomunicado. Recibe golpes a través de la muerte de su único amigo y de su esposa embarazada. Tendencia depresiva y autoanalítica hasta la desesperación. Contrasta mucho su experiencia internacional, pues visita Providencia, en EE.UU. con bastante frecuencia, con su concepción reduccionista de la vida; estoicismo y conformismo cristiano para sufrir los embates de la vida es la medicina que se aplica el protagonista.
-Alfredo: su mejor amigo, en la casa de Mateo y Gregoria. Alegre, aunque también porta un sufrimiento por el abandono de su madre y su unión a un hombre malo. Posee un espíritu alegre y aventurero, que contrasta con su salud quebradiza; muere joven, aunque con serenidad.
-Mateo y Gregoria: forman el típico matrimonio provinciano, pesimista, grave, solemne, poco comunicativo, serios, religiosos y conservadores. Él tiene gran influencia en el desarrollo psicológico de Pedro.
-Martina, la niña, hija de Mateo y Gregoria: es alegre y jovial de niña. Fuerte desengaño amoroso y caída en la inmoralidad. Se levanta gracias a Pedro.
-Jane: el amor de Pedro, luego su esposa. Más alegre, vital y optimista, pero con los pies en el suelo. Cree en el amor, pero muere joven y embarazada trágicamente.
-Luis Bolea: primer piloto del barco. Práctico, optimista y realista. Buen corazón, trata de convencer a su amigo y al final lo logra a través de su suegra, la anciana doña Sole.
6. Arquitectura narrativa
Está dividido en dos libros. En el primero recoge la infancia, o sus restos, la adolescencia y primera juventud. En el segundo libro: la fase universitaria, más o menos, y la laboral, hasta la treintena. Encontramos dieciocho capítulos en cada parte, de extensión desigual. La simetría es total. Secuenciación temporal cronológica graduada; el avance narrativo es el mismo que el cronológico. Avance temporal constante y progresivo, pero muy lento.
Al ser un libro tan introspectivo, la acción avanza muy lentamente. Son casi 300 páginas; el ritmo es moroso, pues el narrador se autoanaliza hasta la desesperación. Ritmo demasiado lento. 
7. Intención y sentido
Estamos ante una novela casi existencial, con toques de agonismo, de desesperación vital por falta de esperanza para vivir. La presencia de Dios salva el proyecto del hombre, así acaba; pero por el medio, sufrimiento y soledad.
La incomunicación es clave para entender la novela. No vale la pena el cultivo de los sentimientos ni de los afectos porque todo acaba en dolor. Vemos, pues, una postura estoica, casi nihilista, que reduce la vida humana a sobrevivir moralmente en un mundo inexplicable y demasiado crual.
Se percibe, y es un hallazgo, un profundo respeto del protagonista por la naturaleza, el pasado, el modo de vida de cada uno, como el de los abulenses. Ya está aquí en germen el “prójimo”, que tanta importancia adquirirá más adelante en las novelas de Delibes.
El manejo de la lengua es fluido, aunque carece de la naturalidad necesaria. El léxico resulta algo culto y ciertas expresiones apuntan al retoricismo.
8. Notas estilísticas
El ritmo de la novela es muy demorado, lo que la perjudica. La lentitud, a veces, desesperante, se impone en el desarrollo de la trama. Seguramente, sobran muchas páginas para esta trama. El lenguaje está salteado de cultismos y cierto retoricismo en las construcciones, pero con alguna nota coloquial. Se percibe que es una novela inicial,  de aprendizaje del oficio, por parte de Delibes. Veamos una nota de este estilo introspectivo, lento, como retenido.
(Segunda parte, cap. VI)
Me incorporé de un salto.
–Vámonos; hoy quiero comer contigo.
Se levantó sumisa, y caminó a mi lado hacia la salida.
–Iremos al merendero del primer día… si te parece.
No respondió. Las petunias, las rosas, los claveles cargaban de fragancia la sombra de los paseos. La tierra mojada mezclaba su aroma con el de las flores, dando a la mezcla un refrescante sabor de pétalo bañado.
Subimos al automóvil. Jane me miraba a los ojos y su sonrisa ponía dos pequeños hoyuelos en sus mejillas. Tomó el volante.
–¿Vamos directos al fin o… rodeamos?
–Rodeamos.
Arrancó suavemente el coche. Inesperadamente me vi corriendo por la cinta gris de la carretera de la costa. Jane desvió el coche poco más adelante y le detuvo junto a la empalizada del merendero.
Tampoco esta vez había demasiada gente, por más que el número de perros pedigüeños se hubiera multiplicado. Jane me dijo, al ver la jauría.
–No es éste un buen sitio para una intimidad.
–Conforme con mi teoría, desde luego.
Sin consultarnos fuimos a ocupar la misma mesa de nuestra primera excursión. Se acercó la señora obesa del pelo rubio, quien puntualizó nuestra consumición con los mismos recursos que la otra vez, como quien cumple austeramente con la severidad de un rito.
–¿Bien?
Nos miramos a los ojos con mutua reticencia. Se acercó un perro.
–Hoy vamos a hacer que no nos importen estos bichos –dije.
–Y… ¿importan en realidad?
–Cohíben un poco.
Me levanté para cambiar la silla de Jane, que cojeaba.
–Aquí te encontrarás mejor.
La señora rubia llenaba nuestros vasos de un vino transparente. Jane alzó su espléndido antebrazo con el vaso en la mano.
–Por tu gran idea.
Bebió. Bebimos los dos  y yo colmé de nuevo los vasos hasta rebosar.
–¿Qué idea?
Jane seguía reticente y opaca como en el parque.
–Vas a cerrar nuestro trato en el mismo sitio que se inició. Esto es muy poético. Si algún día nos sacaran algún verso, este detalle podría servir de estribillo.
Experimenté una sensación extraña, algo así como si mi cuerpo se hubiese quedado hueco de repente. Me sujeté angustiosamente al borde de la mesa.
–¡Ha de ser así, te lo juro! –dije con una voz que parecía provenir de detrás del seto.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes más relevantes.
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Observa y señala las características del narrador.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Cuál es la profesión de Pedro y cómo influye en su destino? 
2) Analiza los rasgos morales del protagonista y valora su validez para la vida que le ha tocado vivir. 
3) El símbolo del barco, construido a escala, introducido en una botella de cristal, ¿a qué se refiere? 
4) ¿Qué significa Jane en la vida de Pedro? 
5) El tiempo, ¿discurre igual en Ávila que en otros lugares como Santander o Providencia? Aporta ejemplos que corroboren tu opinión.
6) ¿Qué significación se encierra en el final de la novela, teniendo en cuenta que Pedro vuelve a Ávila?  
7) ¿A qué se refiere la sombra del ciprés del cementerio de Ávila, al lado de la tumba de Alfredo? ¿Es algo positivo o negativo?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese el inicio de la formación y construcción de la personalidad de una persona. Puedes imprimir un sentido crítico, como ha realizado Miguel Delibes.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de momentos donde se aprecie cómo algunos acontecimientos  cambian el curso de la vida de una persona, por ejemplo la muerte de un ser querido, siguiendo el ejemplo de la novela de Miguel Delibes.
2.4. Comentario de texto específico
(Libro primero, capítulo XIII)
Entró el médico. Una dulce somnolencia iba desvirtuando mi integridad. El médico pisaba también de puntillas y hablaba susurrando. Se lo agradecí. Se dirigía hacia la cama de Alfredo. Don Mateo entró detrás con gesto contrariado. “Uno de los dos ha de enterrar al otro”, parecía decir. Ahora cercaban el lecho entre todos: el médico, doña Gregoria, Estefanía y el señor Lesmes. Yo, sin moverme de mi primitiva postura, observaba. Alfredo abrió los ojos y me sonrió a lo lejos. “Tiene la sonrisa de eternidad” pensé. El médico le puso la mano en la frente. El gesto me dio la sensación de que mejoraba a mi amigo. Sacó el doctor el estetoscopio de un bolsillo al tiempo que decía no sé qué a doña Gregoria. Los brazos de mi patrona incorporaron a Alfredo mientras los dedos ágiles del doctor desabrochaban su pijama. Bailaban las costillas de mi amigo bajo la piel. Eran como las cuerdas tensas de una guitarra. Le aplicó la trompetilla hallado izquierdo del pecho auscultándole:
–Respira fuerte.
Alfredo debió de entender que apremiase su respiración porque su pecho se agitó vertiginosamente, pero sin dar profundidad a sus inspiraciones. Abrió de nuevo los ojos y me sonrió. Seguramente pensaría que todo esto no tenía la menor importancia: “Unos vomitarían rojo, otros amarillo y otros azul”. (…). Doña Gregoria pasó por delante muy de prisa, sujetando con los dedos corazón y pulgar de cada mano las puntas bajas de su delantal. Esta vez el roce de sus vestidos me crispó los nervios. El médico se despedía ya con el sombrero y el bastón en la mano:
–Es muy joven para ponerse en lo peor. Es de esperar que con un reposo absoluto y una alimentación abundante estemos del otro lado. Eso –rió– sin contar con los prodigios terapeúticos del aire de Ávila… Ya volveré…
Al cerrarse la puerta y oír sus pisadas en la escalera me pareció que nos abandonaba a nuestra propia suerte, que la vida de mi amigo le importaba tan poco como a mí me hubiera importado la de su mujer, de ser casado.
Ésta fue la iniciación de unos días de acentuada intranquilidad, híbridos de esperanza y desesperación, angustiosos en su cariz de buena vecindad con la muerte. Es estas horas me transformé en un faldero de doña Gregoria. Su buen corazón comprendía mi congoja y frecuentemente alimentaba mi mortecina esperanza con palabras consoladoras y llenas de fe.
–El clima de Ávila, hijo, es milagroso para esta enfermedad. Yo he visto mil casos peores que se han resuelto fácilmente.
Recién oídas estas palabras, me inundaba el gozo La experiencia de mi arena cobraba al tratar esta cuestión aires de infalibilidad absoluta. La creía porque ansiaba que tuviera razón, porque tenía que creerla. Acudía entonces junto al lecho de mi amigo a ponerle mi inyección de optimismo. Mas su sola contemplación me aturdía al primer vistazo. Me sentaba junto a él en una pequeña silla enfundado en mi abrigo de invierno. (Eran órdenes del médico que no se cerrase la ventana ni de noche ni de día. Por este motivo mis palabras salían precedidas siempre por una nubecilla de aliento,)
–Ya estas mejor, Alfredo; el médico lo ha dicho.
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (doce, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del poema; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

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