Leandro Fernández del Moratín: «El sí de las niñas»; análisis y propuesta didáctica

Anuncios

LEANDRO FERNÁNDEZ DEL MORATÍN: El sí de las niñas

  1. ANÁLISIS
  1. Resumen

Acto I

Escena I

Don Diego, señor de cincuenta y nueve años, de buena posición social, ha concertado un matrimonio con la joven y agraciada Paquita (doña Francisca), dieciséis años. Está interna en un convento de Guadalajara. Viene camino de Alcalá, donde la espera el futuro marido, acompañado de su criado, Simón. Don Diego muestra sus temores al qué dirán. Simón pensaba que la chica se iba a casar con don Carlos, sobrino de don Diego, teniente coronel del ejército español. Don Diego lleva dos días sin salir de la posada por no encontrarse con gente conocida y tener que dar explicaciones. Simón creía que Paquita se casaría con el sobrino.

Escena II

Primer encuentro de la madre, doña Irene, y la hija, doña Francisca, con don Diego, en la posada. Han llegado cansadas del viaje y traen baratijas religiosas del convento.

Escena III

Doña Irene presume de familia noble y afamada, con religiosos de renombre. Doña Francisca se despide a la francesa, con mucha ceremonia, tras insistir.

Escena IV

Doña Irene está viuda y se ha casado tres veces. Ha tenido veintidós partos, pero solo doña Francisca está viva. Defiende la gran diferencia de edad entre marido y mujer, no es mayor obstáculo.

Escena V

Convienen salir de Alcalá al día siguiente, a las seis de la mañana.

Escena VI

Rita es la criada de doña Irene; alimenta a un tordo que llevan con ellas. 

Escena VII

Monólogo breve de Calamocha, el cochero. Dice estar muy cansado.

Escena VIII

Calamocha es el criado de don Carlos. Cuando se entera de que Paquita se iba a Alcalá, saliea toda prisa de Zaragoza, y ya ha llegado. Se lo cuenta a Rita; esta le narra cómo Paquita está disgustada por el matrimonio que le arregla su madre, pero lo acepta. Han parado en Alcalá a visitar a una tía monja. Tienen habitación reservada en la misma posada. Los diálogos se han desarrollado en el salón común. Rita y Paquita comparten una habitación. Calamocha se va a avisar a don Carlos de la situación.

Escena IX

Rita habla con Paquita. Le dice que el tan don Felix, que la había cortejado en Guadalajara, está en Alcalá. Es un hombre recto y educado, y la quiere. Ella insinúa que también siente algo por él. La criada le indica que le señalará cuando entren en la posada, con una tosecilla fingida.

Acto II

Escena I

Doña Paquita, a oscuras, lamenta las desdichas de amor. 

Escena II

Llega su madre y le reprocha el estar a oscuras y no ser más diligente con don Diego, su futuro marido. Trata de convencerla que es un matrimonio muy ventajoso para ella.

Escena III

Rita trata de ayudar a Paquita, que está impaciente por la llegada de don Carlos. Es de noche, hace calor. La criada ha de llevar una carta al correo y hacer una sopa de cena para madre e hija.

Escena IV

Vuelve la madre a alabar la riqueza y buena casa de don Diego. Malentendido entre ambas porque doña Irene cree que su hija quería ser monja, que eso hace que esté distraída, pero al fin se deshace la situación, para alivio de Paquita.

Escena V

Don Diego le dice a Paquita que si no siente nada por él, no tiene por qué casarse. Doña Irene interrumpe constantemente, protestando de la virtud y obediencia de su hija; dice que la molería a palos si no fuera una joven virtuosa y obediente. Se van los tres medio llorando, pero Rita detiene a Paquita.

Escena VI

Rita le advierte que don Carlos ya ha llegado. Lo ve entrar en la posada, disimuladamente. Tiene miedo. Rita le aconseja juicio y valor.

Escena VII

Don Carlos y Paquita se reafirman en su amor. Ella le dice que su madre quiere casarla en Madrid al día siguiente. Él le dice que no lo consentirá.

Escena VIII

Rita le insta a Paquita a que se recoja. Al día siguiente verán al prometido viejo, con peluquín.

Escena IX

Se disponen a cenar. Carlos y Calamocha ven a Simón y se sienten en un aprieto. Piensan mentir.

Escena X

Carlos, Simón y Calamocha charlan, pero no descubren la verdad de por qué están todos en Alcalá. Se dan largas.

Escena XI

Tío y sobrino se ven. Don Diego reacciona airadamente, por la ligereza de su sobrino, al venir a Madrid sin avisarlo. El sobrino se disculpa. Don Diego les ordena ir a dormir a otra posada inmediatamente y salir de madrugada para Zaragoza.

Escena XII

Don Diego le advierte a don Carlos que ha de marcharse de allí inmediatamente, pero no da razones. Le advierte que conoce un viaje furtivo que hizo a Guadalajara. Se despiden sentidamente.

Escena XIII

Breve monólogo de don Diego; está contento del arreglo de la situación. Quiere a su sobrino.

Escena XIV

Rita y Paquita lamentan la situación de esta, pues su amor por don Félix no fructifica del todo. Hace calor. Doña Irene ya duerme.

Escena XV

Simón le cuenta a Paquita que un oficial militar vino de Zaragoza, pero que no sabe dónde está ahora. Le preocupa su cena, pues tiene hambre.

Escena XVI

Rita y Paquita comprenden que su don Félix ya no está en la posada, que se ha ido por el camino de Zaragoza. Se siente traicionada y desdichada, pues él la ha engañado.

Acto III

Escena I

Simón y su señor don Diego se despiertan; son las tres de la mañana. Don Diego justifica la expulsión de su sobrino de Alcalá, aunque le queda un resquemor. Oyen música de enamorados en la calle. También tres palmadas, que es la señal convenida entre Paquita y don Diego.

Escena II

Don Carlos le lanza una carta a la habitación de Paquita, pero esta no la ve, por la oscuridad; le dice que ahí da toda la explicación de por qué ha de marchar arrebatadamente, pero que la quiere; ella le corresponde. Simón pasa, tropieza con la jaula del tordo. Paquita y Rita se retiran a su habitación.

Escena III

Don Diego, que ha escuchado la conversación sospecha que es Paquita la que anda en amores. Encuentran la carta; buscan luz.

Escena IV

Monólogo de don Diego; muestra su pesar y sus celos. No acierta a buscar culpables de su situación. Abatido, no sabe qué hacer.

Escena V

Rita y Paquita buscan la carta, pero no la encuentran. Rita se cruza con don Diego y Simón. Se excusa por el ruido y dice que fue la jaula del tordo, que acaso un gato atacó. Muchos sobreentendidos entre ellos, pues sospechan unos de otros.

Escena VI

Paquita está atribulada. Piensa que su “don Félix” la ha abandonado, que todo, la carta incluida, es una gran mentira. Se decide a enfrentarse a don Diego, que se acerca.

Escena VII

Don Diego manda a Simón salir a escape con el caballo Moro para hacerles volver (no se dice, pero se entiende que a don Carlos y Calamocha). Se topa con Paquita y se saludan.

Escena VIII

Conversación a solas de don Diego y Paquita. Esta le confiesa que lo quiere bien, pero no lo ama, y no se casaría con él si no tuviera que obedecer a su madre. Él le pide confianza.

Escena IX

Simón regresa con don Carlos, que está temoroso, esperando que lo llame don Diego.

Escena X

La carta que tiene don Diego descubre a Don Carlos. Este le cuenta cómo ha conocido a Paquita en Guadalajara, pasando una noche en casa de un intendente; en una fiesta de cumpleaños conoce a Paquita; se enamoran, se cartean, aunque ella está en el convento; se medio ven a hurtadillas. El intendente hizo correr la voz que don Carlos era don Félix (como se llaman muchos personajes amantes de Calderón). Quiere marchar para no importunar a su tío, pero este le manda esconderse en un cuarto, pues se acercan Paquita y su madre doña Irene.

Escena XI

Don Diego le enseña la carta a doña Irene, que no puede creer su contenido. Esta interrumpe y dice boberías sobre sus antiguos maridos. Defiende la honra de su hija.

Escena XII

Don Diego lee la carta ante doña Irene y Paquita. La madre amenaza con matarla, la hija pide perdón.

Escena XIII

Don Carlos irrumpe porque teme que doña Irene haga algún dislate con Paquita. Proclaman su amor. Don Carlos ya no teme a la soledad de la vejez, pues tendrá sobrina y nietos que alegrarán sus días. Doña Irene está loca de contenta. Final feliz.

  1. Temas 

Los temas tratados en esta pieza dramática son:

  • Crítica a los matrimonios por conveniencia con una fuerte diferencia de edad entre el hombre y la mujer.
  • Crítica de la hipocresía social, que admite como bueno lo que solo es un arreglo económico.
  • Rechazo a la manipulación de los jóvenes para que acepten situaciones familiares absurdas.
  1. Apartados temáticos

Fernández del Moratín divide la materia dramática en tres actos, según el modelo clásico. El primero se dedica a la presentación de los personajes y del conflicto. El segundo acto lo desarrolla hasta llevarlo al punto máximo de tensión, el clímax dramático. El tercero alarga la intriga, que solo encuentra una solución en la escena final.

  1. Personajes del drama

Don Diego: hombre casi sesentón, sensato y amable. Su deseo de casarse con una chica joven para que le haga compañía y lo cuide en la ya próxima vejez le complican la vida. Actúa con cautela (no se deja ver en Alcalá, donde espera ver a la novia) y sentido común. Al comprender la situación de la novia, enamorada de su sobrino, pliega velas y propicia el matrimonio de los jóvenes.

Doña Francisca: es la joven de dieciséis años, graciosa y agraciada. Es obediente a su madre, doña Irene, pero la fuerza del amor y el ímpetu juvenil la empujan a una situación imposible, cual es la de aceptar un matrimonio descompensado para satisfacer a su madre y asegurar su infelicidad para el resto de sus días.

Doña Irene: es la madre de la novia. Resulta estrafalaria, obsesionada con la honra, parlanchina de más y un tanto hipócrita. Lo que de verdad le preocupa es su situación económica para la vejez, de ahí que fuerce el matrimonio de su hija, aun en contra de la voluntad de esta.

Don Carlos: es el novio. Militar de profesión, no duda en engañar a su tío para avanzar en su relación con Paquita. Cuando se ve pillado, pliega velas y se muestra obediente, aunque disconforme.

Rita y Simón: son los criados de Paquita y de don Diego. Aparecen como personas razonables; tratan de ayudar a que el amor de los jóvenes triunfe sobre los amaños de los viejos.

  1. Lugar y tiempo de la acción dramática

La acción se desarrolla en una posada de Alcalá de Henares; más en concreto, en su sala de estar, que funciona como de distribuidor de las distintas habitaciones de esa planta. Es un lugar bastante incómodo y pobreto, con mucho ruido que sube de la calle, de día y de noche.

El tiempo de la escritura se remite a los años previos a 1906, fecha del estreno. La acción es contemporánea al de la escritura: principios del siglo XIX. La duración de la acción está muy concentrada: unas doce horas, más bien escasas, desde el atardecer hasta el amanecer del día siguiente.

  1. Comentario estilístico

Fernández del Moratín es un autor neoclásico, imbuido de las ideas estéticas de la Ilustración. Las notas caracterizadoras, aplicadas a la literatura teatral, son:

– Abordaje de temas y problemas de la sociedad contemporánea, con una intención crítica y moralizadora. El teatro, después de todo, es una escuela de aprendizaje social y ético.

– Vigencia del principio de la verosimilitud y la moderación: los personajes, los temas y el modo de actuar entran dentro de un comportamiento normal y creíble en individuos de esa época y condición.

– Racionalismo cívico, es decir, la obra de teatro ha de inculcar a los espectadores un sentido de la existencia humana guiada por la razón, la lógica y la naturalidad.

– Lenguaje natural, llano y coloquial, sin caer en el alambicamiento ni en la vulgaridad. Se imita el modo de hablar y actuar de las personas de bien. El léxico cuidado, exacto y apropiado alterna con expresiones de gusto popular y modismos de la época.

-Respeto a las tres unidades clásicas de lugar, tiempo y acción. Un solo hilo argumental se desarrolla en un solo lugar, en una unidad de tiempo delimitada; en este caso, un día, y escaso.

  1. Contextualización

Leandro Fernández del Moratín (Madrid, 1760 – París, 1828) es un estupendo escritor y, en concreto, dramaturgo del Neoclasicismo español. Dotado de una robusta educación y de un buen ingenio literario, contribuyó a las letras españolas con obras elaboradas bajo los parámetros de la ilustración: elegancia, armonía, claridad, intención didáctica y pretensiones reformistas. Sus obras teatrales alcanzaron ya en vida mucha resonancia. Fernández del Moratín era afrancesado, es decir, apoyó el gobierno de José Bonaparte tras la invasión francesa. Pensaba que la influencia francesa era positiva porque aportaba racionalidad, modernidad y una rebaja del poder de los estamentos tradicionalmente poderosos: la Iglesia y la nobleza. Eso explica que, tras la expulsión de José Bonaparte del trono de España, emprendiera el camino del exilio y muriera en Francia.

Además de la ahora analizada, son célebres La comedia nueva, La mojigata, etc. Alcanzó prestigio con La derrota de los pedantes; se trata de un texto en prosa en el que, imitando a Cervantes en El viaje del Parnaso, critica a los autores retoricistas, barrocos, disparatados y palabreros en exceso. Lamenta las exageraciones argumentales y el mal gusto, y aboga por un estilo natural, templado y con intención didáctica, como buen neoclásico. Escribió libros de viaje de no poco talento, como Apuntaciones sueltas de Inglaterra. Su poesía es fielmente neoclasicista; se recuerdan sus Odas y su Sátira contra los vicios (1782); es una crítica a la poesía exagerada y, para él, corrupta de los barrocos y sus epígonos.

  1. Interpretación y valoración

El sí de las niñas es una pieza dramática muy equilibrada en todos sus componentes. Nada resulta estridente ni exagerado, tanto en la expresión como en el contenido. En ese sentido, la lectura es fácil, amena y ligera; el lector vuela por el texto con gran facilidad y total comprensión. No dejan de aparecer ciertos rasgos de humor, como la charlatanería inacabable de doña Irene y la presencia de un tordo enjaulado que reza oraciones de noche, impidiendo el descanso de los próximos a su jaula.

Fernández del Moratín aborda un tema muy actual en su época, cual era el de los matrimonios por conveniencia entre un hombre mayor y una mujer joven. Él ganaba en cuidados, ella protegía su seguridad económica para el presente y el futuro. Aunque estos tratos resultan un tanto chocantes e incluso repugnantes, Moratín nos presenta a la madre como la principal valedora de este arreglo. Lógicamente, va en contra de los sentimientos de la joven, pero a favor del interés económico presente y futuro de la madre y de ella. La imposibilidad de elegir marido es un serio recorte a la libertad individual, y esto es lo que critica Moratín.

La obra es muy equilibrada en la disposición del contenido y la intriga argumental está muy bien dosificada. Va in crescendo de un modo suave, pero constante. Moratín se sujeta a las normas aristotélicas de composición dramática (las famosas tres unidades), pero se aleja de la tajante separación entre comedia y tragedia, pues vemos que aparecen ciertos rasgos cómicos entremezclados con el asunto serio, que marca el hilo conductor del drama.

Esta pieza es muy actual y relevante porque toca el tema de la libertad individual en un asunto muy sensible y trascendente, cual es el de elegir cónyuge. La leemos hoy con la curiosidad y complacencia con que se leyó en su día, hace doscientos años; es el mayor signo de su calidad imperecedera.

2. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo oral o escrito, en clase o en casa, individualmente o en grupo. La ayuda de las herramientas TIC complementan muy bien su realización).

2.1. Comprensión lectora

  1. ¿Por qué don Diego no quiere salir de la posada?
  2. ¿Quién habla más, la madre, doña Irene, o la hija, doña Francisca? ¿Por qué será así?
  3. Los futuros cónyuges, ¿muestran el mismo grado de felicidad ante el inminente matrimonio?
  4. ¿Qué animal, como mascota, acompaña a doña Irene y qué papel juega en la obra?
  5. Doña Francisca, Paquita, ¿siempre ha conocido a don Carlos por su verdadero nombre? ¿Por qué?
  6. ¿Qué le hace sospechar a don Diego que su sobrino don Carlos lo engaña?
  7. Los criados, ¿son razonables y fieles en su comportamiento y en sus palabras?
  8. ¿Qué ocurre a consecuencia de que don Diego encuentre la carta de su sobrino?
  9. Doña Francisca, ¿dice siempre la verdad cuando le preguntan por sus sentimientos amorosos?
  10. Al principio de la obra, ¿cómo justifica don Diego su matrimonio, sabedor de la enorme diferencia de edad con su futura esposa?

2.2. Interpretación y pensamiento analítico

  1. ¿Quién disimula más sus sentimientos, el novio, la novia, o la madre de esta?
  2. ¿Cúal es la experiencia matrimonial de doña Irene? ¿Afecta a su opinión y actitud ante el matrimonio de su hija?
  3. Rita, la criada, ¿de qué lado se pone en el conflicto sentimental de doña Francisca? ¿Por qué lo hace así?
  4. ¿Por qué don Diego cambia de opinión sobre su matrimonio?
  5. ¿Cómo se aprecia en la obra el sentido de la obediencia?
  6. ¿Qué le da seguridad a don Diego, pensando en su futura ancianidad, a pesar de no casarse?

2.3. Fomento de la creatividad

  1. Transforma el contenido de El sí de las niñas en un relato corto o en un poema, manteniendo cierta fidelidad al original.
  2. Imagina una entrevista de tu clase con Fernández del Moratín. ¿Qué preguntas le harías?
  3. Realiza una presentación ante la clase o la comunidad educativa sobre Fernández del Moratín, su vida, sus obras y su tiempo. La imagen y el texto combinados proporcionará excelentes resultados, además de la música, si es posible.
  4. Toma un problema social de nuestra sociedad, al estilo de Fernández del Moratín, y elabora una pequeña obra, dramática o de otro género, donde se aborde en su toda su realidad y se proponga una solución.
  5. La lectura dramatizada de toda la pieza o parte de ella es una experiencia muy enriquecedora y potenciadora de la correcta expresión oral.

2.4. Comentario de texto específico

A continuación se ofrece una escena de El sí de las niñas. Realiza un comentario de texto o exégesis textual, tocando los siguientes puntos:

1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico); 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del poema; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Acto III, Escena VIII

DON DIEGO, DOÑA FRANCISCA.

DON DIEGO.-   ¿Usted no habrá dormido bien esta noche?

DOÑA FRANCISCA.-   No, señor. ¿Y usted?

DON DIEGO.-   Tampoco.

DOÑA FRANCISCA.-   Ha hecho demasiado calor. 

DON DIEGO.-   ¿Está usted desazonada? 

DOÑA FRANCISCA.-   Alguna cosa. 

DON DIEGO.-   ¿Qué siente usted?  (Siéntase junto a DOÑA FRANCISCA.)  

DOÑA FRANCISCA.-   No es nada… Así un poco de… Nada… no tengo nada. 

DON DIEGO.-   Algo será, porque la veo a usted muy abatida, llorosa, inquieta… ¿Qué tiene usted, Paquita? ¿No sabe usted que la quiero tanto? 

DOÑA FRANCISCA.-   Sí, señor. 

DON DIEGO.-   Pues ¿por qué no hace usted más confianza de mí? ¿Piensa usted que no tendré yo mucho gusto en hallar ocasiones de complacerla? 

DOÑA FRANCISCA.-   Ya lo sé. 

DON DIEGO.-   ¿Pues cómo, sabiendo que tiene usted un amigo, no desahoga con él su corazón? 

DOÑA FRANCISCA.-   Porque eso mismo me obliga a callar. 

DON DIEGO.-   Eso quiere decir que tal vez soy yo la causa de su pesadumbre de usted. 

DOÑA FRANCISCA.-   No, señor; usted en nada me ha ofendido… No es de usted de quien yo me debo quejar.

DON DIEGO.-   Pues ¿de quién, hija mía?… Venga usted acá…  (Acércase más.)  Hablemos siquiera una vez sin rodeos ni disimulación… Dígame usted: ¿no es cierto que usted mira con algo de repugnancia este casamiento que se la propone? ¿Cuánto va que si la dejasen a usted entera libertad para la elección no se casaría conmigo? 

DOÑA FRANCISCA.-   Ni con otro.

DON DIEGO.-   ¿Será posible que usted no conozca otro más amable que yo, que la quiera bien, y que la corresponda como usted merece? 

DOÑA FRANCISCA.-   No, señor; no, señor. 

DON DIEGO.-   Mírelo usted bien. 

DOÑA FRANCISCA.-   ¿No le digo a usted que no? 

DON DIEGO.-   ¿Y he de creer, por dicha, que conserve usted tal inclinación al retiro en que se ha criado, que prefiera la austeridad del convento a una vida más…? 

DOÑA FRANCISCA.-   Tampoco; no señor… Nunca he pensado así. 

DON DIEGO.-   No tengo empeño de saber más… Pero de todo lo que acabo de oír resulta una gravísima contradicción. Usted no se halla inclinada al estado religioso, según parece. Usted me asegura que no tiene queja ninguna de mí, que está persuadida de lo mucho que la estimo, que no piensa casarse con otro, ni debo recelar que nadie dispute su mano… Pues ¿qué llanto es ése? ¿De dónde nace esa tristeza profunda, que en tan poco tiempo ha alterado su semblante de usted, en términos que apenas le reconozco? ¿Son éstas las señales de quererme exclusivamente a mí, de casarse gustosa conmigo dentro de pocos días? ¿Se anuncian así la alegría y el amor?  (Vase iluminando lentamente la escena, suponiendo que viene la luz del día.)  

DOÑA FRANCISCA.-   Y ¿qué motivos le he dado a usted para tales desconfianzas? 

DON DIEGO.-   ¿Pues qué? Si yo prescindo de estas consideraciones, si apresuro las diligencias de nuestra unión, si su madre de usted sigue aprobándola y llega el caso de… 

DOÑA FRANCISCA.-   Haré lo que mi madre me manda, y me casaré con usted. 

DON DIEGO.-   ¿Y después, Paquita? 

DOÑA FRANCISCA.-   Después… y mientras me dure la vida, seré mujer de bien. 

DON DIEGO.-   Eso no lo puedo yo dudar… Pero si usted me considera como el que ha de ser hasta la muerte su compañero y su amigo, dígame usted: estos títulos ¿no me dan algún derecho para merecer de usted mayor confianza? ¿No he de lograr que usted me diga la causa de su dolor? Y no para satisfacer una impertinente curiosidad, sino para emplearme todo en su consuelo, en mejorar su suerte, en hacerla dichosa, si mi conato y mis diligencias pudiesen tanto. 

DOÑA FRANCISCA.-   ¡Dichas para mí!… Ya se acabaron. 

DON DIEGO.-   ¿Por qué? 

DOÑA FRANCISCA.-   Nunca diré por qué. 

DON DIEGO.-   Pero ¡qué obstinado, qué imprudente silencio!… Cuando usted misma debe presumir que no estoy ignorante de lo que hay. 

DOÑA FRANCISCA.-   Si usted lo ignora, señor Don Diego, por Dios no finja que lo sabe; y si en efecto lo sabe usted, no me lo pregunte. 

DON DIEGO.-   Bien está. Una vez que no hay nada que decir, que esa aflicción y esas lágrimas son voluntarias, hoy llegaremos a Madrid, y dentro de ocho días será usted mi mujer. 

DOÑA FRANCISCA.-   Y daré gusto a mi madre. 

DON DIEGO.-   Y vivirá usted infeliz.

DOÑA FRANCISCA.-   Ya lo sé. 

DON DIEGO.-   Ve aquí los frutos de la educación. Esto es lo que se llama criar bien a una niña: enseñarla a que desmienta y oculte las pasiones más inocentes con una pérfida disimulación. Las juzgan honestas luego que las ven instruidas en el arte de callar y mentir. Se obstinan en que el temperamento, la edad ni el genio no han de tener influencia alguna en sus inclinaciones, o en que su voluntad ha de torcerse al capricho de quien las gobierna. Todo se las permite, menos la sinceridad. Con tal que no digan lo que sienten, con tal que finjan aborrecer lo que más desean, con tal que se presten a pronunciar, cuando se lo mandan, un sí perjuro, sacrílego, origen de tantos escándalos, ya están bien criadas, y se llama excelente educación la que inspira en ellas el temor, la astucia y el silencio de un esclavo.

DOÑA FRANCISCA.-   Es verdad… Todo eso es cierto… Eso exigen de nosotras, eso aprendemos en la escuela que se nos da… Pero el motivo de mi aflicción es mucho más grande.

DON DIEGO.-   Sea cual fuere, hija mía, es menester que usted se anime… Si la ve a usted su madre de esa manera, ¿qué ha de decir?… Mire usted que ya parece que se ha levantado. 

DOÑA FRANCISCA.-   ¡Dios mío! 

DON DIEGO.-   Sí, Paquita; conviene mucho que usted vuelva un poco sobre sí… No abandonarse tanto… Confianza en Dios… Vamos, que no siempre nuestras desgracias son tan grandes como la imaginación las pinta… ¡Mire usted qué desorden éste! ¡Qué agitación! ¡Qué lágrimas! Vaya, ¿me da usted palabra de presentarse así…, con cierta serenidad y…? ¿Eh? 

DOÑA FRANCISCA.-   Y usted, señor… Bien sabe usted el genio de mi madre. Si usted no me defiende, ¿a quién he de volver los ojos? ¿Quién tendrá compasión de esta desdichada?

DON DIEGO.- Su buen amigo de usted… Yo… ¿Cómo es posible que yo la abandonase… ¡criatura!…, en la situación dolorosa en que la veo?  (Asiéndola de las manos.)  

DOÑA FRANCISCA.-   ¿De veras? 

DON DIEGO.-   Mal conoce usted mi corazón.

DOÑA FRANCISCA.-   Bien le conozco.  (Quiere arrodillarse; DON DIEGO se lo estorba, y ambos se levantan.)  

DON DIEGO.-   ¿Qué hace usted, niña?

DOÑA FRANCISCA.-   Yo no sé… ¡Qué poco merece toda esa bondad una mujer tan ingrata para con usted!… No, ingrata no; infeliz… ¡Ay, qué infeliz soy, señor Don Diego! 

DON DIEGO.-   Yo bien sé que usted agradece como puede el amor que la tengo… Lo demás todo ha sido… ¿qué sé yo?…, una equivocación mía, y no otra cosa… Pero usted, ¡inocente! usted no ha tenido la culpa. 

DOÑA FRANCISCA.-   Vamos… ¿No viene usted? 

DON DIEGO.-   Ahora no, Paquita. Dentro de un rato iré por allá. 

DOÑA FRANCISCA.-   Vaya usted presto.  (Encaminándose al cuarto de DOÑA IRENE, vuelve y se despide de DON DIEGO besándole las manos.)  

DON DIEGO.-   Sí, presto iré.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Profesor de Lengua Castellana y Literatura. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
Esta entrada fue publicada en Neoclasicismo, Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario