Edgar Allan Poe: «El retrato oval»; análisis y propuesta didáctica

Anuncios
Ourense (XI-2020) © SVM
EDGAR ALLAN POE: “EL RETRATO OVAL” (1842)
“EL RETRATO OVAL” 
El castillo en el cual mi criado se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme, malhadadamente herido como estaba, de pasar una noche al ras, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo levantaron sus altivas frentes en medio de los apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe. Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. 
Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con numerosos trofeos heráldicos de toda clase, y de ellos pendían un número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo, encerradas en sendos marcos dorados, de gusto arabesco. Me produjeron profundo interés, y quizá mi incipiente delirio fue la causa, aquellos cuadros colgados no solamente en las paredes principales, sino también en una porción de rincones que la arquitectura caprichosa del castillo hacia inevitable; hice a Pedro cerrar los pesados postigos del salón, pues ya era hora avanzada, encender un gran candelabro de muchos brazos colocado al lado de mi cabecera, y abrir completamente las cortinas de negro terciopelo, guarnecidas de festones, que rodeaban el lecho. 
Quíselo así para poder, al menos, si no reconciliaba el sueño, distraerme alternativamente entre la contemplación de estas pinturas y la lectura de un pequeño volumen que había encontrado sobre la almohada y que trataba de su crítica y su análisis. Leí largo tiempo; contemplé las pinturas religiosas devotamente; las horas huyeron, rápidas y silenciosas, y llegó la media noche. La posición del candelabro me molestaba, y extendiendo la mano con dificultad para no turbar el sueño de mi criado, lo coloqué de modo que arrojase la luz de lleno sobre el libro. Pero este movimiento produjo un efecto completamente inesperado. La luz de sus numerosas bujías dio de pleno en un nicho del salón que una de las columnas del lecho había hasta entonces cubierto con una sombra profunda. Vi envuelto en viva luz un cuadro que hasta entonces no advirtiera. 
Era el retrato de una joven ya formada, casi mujer. Lo contemplé rápidamente y cerré los ojos. ¿Por qué? no me lo expliqué al principio; pero, en tanto que mis ojos permanecieron cerrados, analicé rápidamente el motivo que me los hacía cerrar. Era un movimiento involuntario para ganar tiempo y recapacitar, para asegurarme de que mi vista no me había engañado, para calmar y preparar mi espíritu a una contemplación más fría y más serena. Al cabo de algunos momentos, miré de nuevo el lienzo fijamente. No era posible dudar, aun cuando lo hubiese querido; porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo, había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida. 
El cuadro representaba, como ya he dicho, a una joven. se trataba sencillamente de un retrato de medio cuerpo , todo en este estilo, que se llama, en lenguaje técnico, estilo de viñeta; había en él mucho de la manera de pintar de Sully en sus cabezas favoritas. Los brazos, el seno y las puntas de sus radiantes cabellos, pendíanse en la sombra vaga, pero profunda, que servía de fondo a la imagen. El marco era oval, magníficamente dorado, y de un bello estilo morisco. Tal vez no fuese ni la ejecución de la obra, ni la excepcional belleza de su fisonomía lo que me impresionó tan repentina y profundamente. No podía creer que mi imaginación, al salir de su delirio, hubiese tomado la cabeza por la de una persona viva. Empero, los detalles del dibujo, el estilo de viñeta y el aspecto del marco, no me permitieron dudar ni un solo instante. 
Abismado en estas reflexiones, permanecí una hora entera con los ojos fijos en el retrato. Aquella inexplicable expresión de realidad y vida que al principio me hiciera estremecer, acabó por subyugarme. Lleno de terror respeto, volví el candelabro a su primera posición, y habiendo así apartado de mi vista la causa de mi profunda agitación, me apoderé ansiosamente del volumen que contenía la historia y descripción de los cuadros. 
Busqué inmediatamente el número correspondiente al que marcaba el retrato oval, y leí la extraña y singular historia siguiente: “Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mal hora amó al pintor y, se desposó con él. “Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, todo luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado. 
Terrible impresión causó a la dama oír al pintor hablar del deseo de retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentóse pacientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso. «El artista cifraba su gloria en su obra, que avanzaba de hora en hora, de día en día. «Y era un hombre vehemente, extraño, pensativo y que se perdía en mil ensueños; tanto que no veía que la luz que penetraba tan lúgubremente en esta torre aislada secaba la salud y los encantos de su mujer, que se consumía para todos excepto para él. 
«Ella no obstante, sonreía más y más, porque veía que el pintor, que disfrutaba de gran fama, experimentaba un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en día tornábase más débil y desanimada. Y, en verdad, los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor que su modelo le inspiraba. Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su término, no se permitió a nadie entrar en la torre; Porque el pintor había llegado a enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado. 
Y cuando muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que una cosa muy pequeña, sólo dar un toque sobre la boca y otro sobre los ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara que está próxima a extinguirse. y entonces el pintor dio los toques, y durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había ejecutado; pero un minuto después, estremeciéndose, palideció intensamente herido por el terror, y gritando con voz terrible: “—¡En verdad esta es la vida misma!”— Se volvió bruscamente para mirar a su bien amada,… ¡Estaba muerta!”.
1. ANÁLISIS
1. Resumen
Un hombre, en un viaje en algún lugar de los Apeninos (cadena montañosa de 1400 km de longitud que recorre Italia de norte a sur), acompañado de su criado, hacen noche en un castillo deshabitado. Muchos y bellos cuadros cuelgan de sus paredes. Cansado, se acuesta en una cama; encuentra un libro que describe y explica cada uno de los cautivadores cuadros que adornan las paredes. Gira su candelabro para leer mejor y descubre un retrato, en forma oval, que hasta entonces había estado en las sombras. Representa a una bella y joven mujer que absorbe y extasía al hombre. Busca y lee en el libro la historia del cuadro que lo tiene perturbado; la reproduce para nosotros, lectores. Una joven dama, bella y alegre, se enamora de un pintor afamado. Él la quiere pintar, pero ella no lo desea. Al fin, cede a las pretensiones de su ya marido. La composición del cuadro avanza muy lentamente, pero la mujer, sin perder la sonrisa, aguanta en su posición de pose con paciencia. El pintor cada vez mira menos a su esposa y más al cuadro. Al fin, remata unos detalles del retrato en los ojos y en la boca. Queda muy satisfecho de su cuadro porque es como la vida misma; cuando se lo comunica a ella, repara en que está muerta.
2. Tema
El tema de este cuento se puede enunciar así: el deseo de exaltar la vida conduce a la muerte. Como se ve, es paradójico el mensaje. Otros temas secundarios son: el amor que debería traer la felicidad conduce a la desgracia; la pasión por el arte fulmina a la pasión amorosa.
3. Apartados temáticos
El cuento presenta una estructura clásica; sigue, por tanto, un orden lógico y cronológico. Posee tres apartados:
– Introducción o presentación: ocupa solo el primer párrafo. El narrador se instala con su criado en un castillo deshabitado.
– Nudo o desarrollo: abarca desde el segundo párrafo hasta el penúltimo, ambos inclusive. El narrador descubre el cuadro, lo admira y se dispone a leer la explicación que sobre el mismo ofrece el libro que ha hallado bajo la almohada.
– Desenlace o resolución de la trama: muy rápida, se concentra en el último párrafo.
4. Narrador
El narrador principal, del relato marco, que habla al principio, apenas es conocido para el lector. Entendemos que es un hombre adulto, de buena posición social, pues es acompañado por un criado, y entendido en arte, ya que admira con detenimiento los cuadros del castillo. Podemos también vislumbrar su hipersensibilidad ante las manifestaciones artísticas. Este escribe en primera persona, casi a modo de autobiografía.
Existe un segundo narrador, que es quien escribe la historia del pintor y su bella esposa. De este no sabemos nada. Escribe en tercera persona, omnisciente, objetivo y externo.
5. Personajes
Como estamos ante un cuento, los personajes son trazados con pluma rápida y pinceladas certeras. De este modo, tenemos:
El narrador principal: no sabemos ni su nombre, ni su condición social (aunque es de un grupo social elevado, pues se hace acompañar de un criado), ni apenas circunstancias de su vida. Sensible al arte, admira las pinturas del castillo.
El pintor: solo nos llega de él su obsesión por atrapar la vida en el lienzo. Todo lo supedita a esta ambición artística, hasta el punto que contribuye a la muerte de su esposa, sin apenas percibirlo.
La bella y joven esposa: no es mucho lo que sabemos de ella; atractiva y risueña, dotada de una paciencia infinita, muere por complacer el gusto de su marido.
6. Lugar y tiempo de la acción narrada
La acción se desarrolla en Italia, en algún lugar de los Apeninos; al ser una cadena montañosa tan larga, prácticamente equivale a decir que el castillo se puede hallar en cualquier punto montuoso italiano.
El tiempo de la escritura es el año 1842, pues se conoce la fecha en que Poe redactó su cuento.  El tiempo de la acción narrada es muy indeterminado; puede ser contemporáneo al de la escritura, pero se puede retrotraer en el tiempo hasta siglos atrás; no existen datos para precisar más. La duración de la acción se debe contemplar desde dos perspectivas: desde la del narrador principal, todo dura unas horas, al principio de la noche; desde el punto de vista del narrador del libro, la duración se extiende durante semanas, probablemente meses; es el tiempo que necesita el marido pintor para retratar a su esposa.
7. Comentario estilístico
Poe maneja los procedimientos retóricos con gran maestría. Utiliza la narración, la descripción y el diálogo con equilibrio e intención artística. Por ejemplo, en el cuento que ahora comentamos, el diálogo apenas existe porque lo que tienen que decir los personajes poco añade a lo que los narradores han aportado ya. 
A efectos de ejemplificación, hemos tomado un breve extracto de unas líneas, que corresponden al inicio del texto encontrado en el libro: 
Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, todo luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado.
Primero observamos la adjetivación expresiva. Tres adjetivos, casi epítetos, formando una trimembración muy significativa: “apasionado, estudioso y austero”, referido al carácter del pintor. Le sigue una metáfora que funciona como una prolepsis: el amor auténtico del pintor es el arte, no los amores humanos. La antítesis que subyace entre el carácter de él y de ella es muy incisiva y crea una rica expansión de la significación; existe otra establecida entre “amar” y “odiar” que sirve para enfatizar el carácter franco y transparente de la joven. La metáfora “con la alegría de un cervatillo” indica perfectamente la belleza jovial y desenfadada de la mujer. Las elipsis abundan a lo largo de todo el texto. Aquí, por ejemplo, se percibe muy bien la ausencia de verbos en las dos oraciones de que se compone el texto. 
Por otro lado, existe un cierto laconismo expresivo, como reservando las palabras que podrían desvelar más de lo debido el secreto que se guarda. La sorpresa final, referida al desenlace, de este modo, es mucho mayor. La contención verbal ayuda eficazmente a crear una atmósfera de suspense, misterio e inquietud.
8. Contextualización
Edgar Allan Poe (Boston, 1809 – Baltimore, 1849) es uno de los más influyentes autores de cuentos de la Edad Moderna. Vivió del periodismo, en medio de grandes estrecheces; publicó varios libros de poemas y una novela, pero su prestigio posterior procederá de su veintena de cuentos bajo el denominador común del misterio, el terror, lo tenebroso y lo gótico. Su cuentos son de gran calidad porque fija una estructura muy precisa de su estructura, basada en la concisión, la expresividad, el uso depurado del lenguaje, muchas poético, y el final sorprendente y, en general, siniestro y sangriento.
Su única novela, La narración de Arthur Gondon Pym (1938) es de ambiente marítimo. Recrea aventuras y anécdotas del protagonista con un sentido simbolista y metafórico no del todo claro. El final es inquietante y ambiguo. Los crímenes de la calle Morgue se ha considerado como el origen de la novela policiaca; otros relatos breves inciden en el misterio; otros son de tono satírico e irónico sobre la sociedad de su tiempo.
9. Interpretación y valoración
El cuento “El retrato oval” es un perfecto ejemplo de la maestría literaria de Poe. Con apenas una anécdota, suscita una reflexión de amplio calado sobre las paradojas de la existencia, el fino hilo que separa la vida de la muerte, el amor del odio, la pasión y la destrucción, etc.
El estilo de Poe, conciso, evocador y muy expresivo crean una atmósfera de lectura donde lo inquietante, lo misterioso y lo desconocido ocupan un lugar importante.
2. ACTIVIDADES
2.1. Lectura comprensiva
1) Realiza un resumen (5-6 líneas, 80-90 palabras) del fragmento objeto de comentario.
2) ¿Cuál es el tema del mismo? ¿Coincide con el del relato? Justifica tu respuesta.
3) Señala y justifica los apartados temáticos o secciones de contenido del mismo, según se vaya modulando el asunto de que se habla.
4) Analiza la figura del narrador y el foco de la narración (¿quién habla? ¿desde dónde se ve la acción narrada?)
5) Explica el lugar (del espacio más amplio, al más reducido) y el tiempo (señalando tiempo de la escritura, tiempo de la acción narrada y su duración), en relación a su sentido estético dentro de la obra.
6) Localiza, presenta y explica los recursos estilísticos más notables del framento (indicando entrecomilladamente y la/s línea/s donde se ubica). Se espera entre media y una docena no repetidos. En general, los recursos retóricos embellecen, dotan de expresividad, matizan el sentido, crean efectos estéticos inesperados o sorprendentes, etc. Para ayudarte, te presentamos algunos recursos que puedes encontrar en este texto (no enumerados por niveles lingüísticos): anticipación, símil, metáfora, epíteto, enumeración, suspensión, personificación, bimembración, paradoja, paralelismo, alusión, etc.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Quién es responsable de la muerte de la joven bella, su marido, o ella misma, guiada por un amor fuerte y firme?
2) El amor a un arte o a una actividad, como la de la pintura, se impone al humano. ¿Es positiva o negativa esta actitud?
3) ¿Por qué la joven esposa no se rebela contra su marido, en vistas de su grave deterioro físico?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Transforma el cuento en una pequeña pieza dramática, un poema, un artículo periodístico, etc., manteniendo su esencia narrativa. 
2) Imagina una charla de tu clase con Poe. ¿Qué preguntas le harías?
3) Realiza una presentación de Edgar Allan Poe ante la clase, explicando su vida y su obra. La imagen puede acompañar y complementar el texto escrito, para aportar profundidad.
4) Escribe un cuento, al estilo de Poe, donde una pasión desenfrenada pueda acarrear consecuencias negativas. 
 

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Profesor de Lengua Castellana y Literatura. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
Esta entrada fue publicada en Análisis y propuestas didácticas, Literatura universal, Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario