Miguel Delibes: «Las ratas»; análisis y propuesta didáctica

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Miguel Delibes: Las Ratas (1962)

  1. Resumen

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Es probable que estemos en 1956, según se dice en el último capítulo. El alcalde, Justito, quiere que el Ratero abandone la cueva donde vive porque se lo prometió al gobernador. Malvino, el tabernero, le aconseja que no ceda. Clo, la del Estanco, dice que Malvino es el Ángel Malo del tío Ratero porque lo induce a malos actos. Caza ratas para comer; se las vende a la gente y a Malvino, a dos pesetas la rata. Pruden (Acisclo), campesino con más tierras que la media, es prudente y realiza las tareas agrícolas provisoriamente. Es “otoño avanzado”. El Nini caza un grajo para Pruden; lo mata y lo cuelga en el sembrado, de un palo, boca abajo; el resto huye del sembrado. Le da una peseta. 

La Sabina, mujer del Pruden, protesta, pero no le hace caso. La Sabina dice que el Nini parece a Jesús entre los doctores, pues todos le piden y aceptan sus consejos de orden práctico en sus tareas agrícolas.

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Calles embarradas, casas de adobes, el Nini anda con los pies desnudos, entre las calles de su pequeño pueblo, situado en una cuenca, con un arroyo a las afueras y rodeado de tesos, cabesos o colinas redondeadas, polvorientas e infértiles. Se cruza con el Rabino Grande, pastor de ovejas y el Rabino Chico, su hermano, vaquero del Poderoso. El Viejo Rabino, el padre, tiene como dos colas, a modo de rabo, al final de la columna vertebral; tiene dos vértebras coxígeas de más. Don Eustasio de la Piedra, el Profesor, lo lleva a varios congresos, en 1933, para demostrar que el hombre viene del mono. En la guerra civil, un grupo de jóvenes de Torrecillórigo, el pueblo de al lado, lo matan por “rojo”; la partida la mandaba Baltasar el de Quirico. Don Zósimo es el Curón del pueblo y consuela a Rabino Chico, que deja de comer por lo de su padre; deja de hablar con las personas y solo lo hace con las vacas de don Antero, el Poderoso, para quien trabaja. La señora Clo le pregunta a Nini cuándo hacer la matanza. Antoliano es el carpintero del pueblo. El Nini le enseña cómo sembrar champiñones en una cueva. Antoliano tiene un gallo que canta todas las mañanas con fuerza; se tira a la gente, es muy agresivo.

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La señora Clo cree que el Nini posee la ciencia infusa. Doña Resu, el Undécimo Mandamiento, dice que viene del diablo, pues el Nini es hijo de hermanos. “Fuera como fuese, el saber lo que sabía se lo debía al Nini únicamente a su espíritu observador” (26). Escucha con atención al tío Rufo, el Centenario, “que sabía mucho de todas las cosas”. Habla por refranes y la cronología es la del santoral. Aprende mucho de él. Tiene dos abuelos y una abuela. El abuelo Abundio es podador; le enseña a injertar y cuidar la vid. Tiene obsesión por la higiene. El abuelo Román es hermano del abuelo Abundio. Aquel se afeita una vez al año. Le enseña a cazar liebres, pero al Nini le repugna la muerte; solo concibe muertas a las ratas y a los cuervos y urracas. Le cae mal Matías Celemín, el Furtivo; mata animales a perdigonadas. Muere el abuelo Román y la abuela Iluminada (que hace la matanza para los ricos). La Simeona los lleva al cementerio en su carro. El abuelo Abundio desaparece y quedan solos en la cueva el tío Ratero y su hijo el Nini. Las otras cuevas ya han sido dinamitadas

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El Ratero caza ratas desde San Zacarías (6 de septiembre) hasta marzo. En primavera lo deja, para que las ratas se reproduzcan y crezca su población. Respeta mucho a esos animales, los quiere a su manera y, aunque los mata, no les desea una muerte gratuita o absurda. Le muerde una rata por San Sebas, pero cura. Virgilio Morante es el marido de la señora Clo; canta muy bien y lo hace frecuentemente en la taberna de Malvino.

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Por San Dámaso (11 septiembre) la señora Clo ya quiere matar al cerdo. Ricos del pueblo: don Antero, el Poderoso (tres cuartas partes del término); doña Resu y la señora Clo (tres cuartas partes de lo que quedaba); lo restante, la mitad del Pruden y la otra mitad, distribuido entre los treinta vecinos del lugar. Don Rosalino, el Encargado, lleva la hacienda de don Antero. Nuestra Señora de las Viñas (7 de octubre) es la fiesta del pueblo. El Poderoso da una vaca para que los mozos la corran y apaleen. Quiere contratar al Nini cuando cumpla catorce años. La señora Clo es bonachona y cobra el arriendo en cereal, o en nada, si el año es malo; doña Resu, en dinero, y no perdona nada; es beata y presumida. La señora Clo cría dos pardillos en la jaula. Para la matanza de la señora Clo se juntan en su casa el Mamertito (hijo del Pruden y la Sabina), la señora Librada, Justito, el Alcalde, José Luis, el Alguacil, Rosalino, el Encargado, Malvino, el Mamés, el Mudo y el Antoliano y el señor Rufo, el Centenario, con su hija la Simeona. Se describe la matanza con pormenor.

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Matías Celemín, el Furtivo, cuenta mentalmente hasta 4000 reales (1000 pesetas, 6 euros), pero luego de la guerra se pierde eso modo de contar y todo se hace por pesetas; él a tanto no sabe y se acobarda en las pujas por los pinares albar. Frutos, el Jurado, deja que se dedique al furtivismo. El Nini tiene fama que no sabe reír, pero lo hace a solas, con su perra Fa, u observando animales, en el campo. El Furtivo caza una zorra. El Nini coge la cría y la va criando en casa. El Furtivo se la mata de un escopetazo; el niño lo apedrea, de rabia y odio, pero no puede hacer más.

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Pajero común en el pueblo; la gente va cogiendo paja para quemar en en los hogares, en la gloria, hacer estiércol o dar de comer a los animales. Baja la cellisca por San Aberico, en enero. Se desliza por los cerros; aguanieve, frío, ventisca. El Ratero pone un tubo, a modo de chimenea, sobre los cuatro metros de tierra del techo de su cueva para poder hacer lumbre en la cueva. Columba, la mujer del Justo, el alcalde, quiere que eche al Ratero de la cueva, pero este responde que es suya y no se va. El gobernador civil aprieta al Justo; se conocen de las trincheras, en la guerra civil. Justo tiene una roncha en la frente que se agranda y se empequeñece, y palpita, según su estado de tensión. El cereal verdea por San Andrés Corsino (4 de febrero). A Marcela, la madre del Nini, la llevan al manicomio unos años antes y nunca más vuelve. Quieren echar al Ratero de la cueva, pero no cede. Al José Luis, el Alguacil, le falta un dedo porque un burro se lo cercena; le devuelve el mordisco y le arranca medio belfo superior; queda con los dientes al aire, como sonriendo siempre.

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Por San Baldomero, 27 de febrero, las avefrías se van al sur. El Pezón de Torrecillórigo se llama antes Cotarra del Moro; es un teso a la salida del pueblo; la madre del Nini, la Marcela, la rebautiza con el nuevo nombre. Esta se vuelve loca; quiere coger arena con una horca; hace cuatro años la llevan al manicomio. El Centenario tiene media cara cubierta por un trapo; tiene un cáncer que le corroe medio rostro. La Simeona, su hija, lleva la casa. Lo trata desconsideradamente. Entierra los muertos del pueblo; los lleva con un carro y un burro; su perro, Duque, atado atrás, medio añusgado. Nieva mucho en febrero. Por San Melitón se funde la nieve. Cae enfermo el Centenario; el Nini lo visita; le enseña la herida del cáncer; el hueso de media nariz y el cejo, en carne viva.

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Los extremeños llegan por San Segundo (2 de mayo). Se dedican a la repoblación forestal. Plantan pinos en los cerros, pero los pimpollos no resisten la sequedad y el sol los mata. Al grupo de extremeños los comanda don Guadalupe. Doña Resu, el Undécimo Mandamiento, quiere que el Nini vaya a la escuela, pero no logra convencer al padre. El Poderoso tiene un tractor marca Fordson; es el único del pueblo. Don Ciro, el nuevo cura, es blando y permisivo y predica algo de doctrina social, cosa que la gente no entiende. Don Alcio, el marido de la Resu, se pasea con un caballo manso adquirido a las funerarias, con sus atavíos; es rara la imagen que da. Mamertito, el hijo de Pruden, dice que se le aparece San Gabriel; tiene visiones místicas; en un accidente agrícola se le pasa, para disgusto de la madre. Doña Resu insiste al Nini para que vaya a la escuela, pero no lo convence.

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Rabino Grande, a primera hora de la mañana, toca un cuerno y todos sueltan las ovejas, para ir a pastar a los campos. Fa, la perra del Ratero y el Nini, queda preñada del Duque, el perro del Centenario. El Ratero piensa que Fa pierde vientos, pero el Nini la defiende. Cada día hay menos ratas y pasan necesidad. El Ratero le echa la culpa a un ratero medio aficionado de Torrecillórigo, llamado Luis, bastante inexperto; también va al riachuelo de su pueblo a cazarlas, lo que enfada al Ratero. Fa trae seis cachorrillos; el Ratero ahoga en el riachuelo a cinco y deja al de pelaje canela. El Nini los encuentra y los entierra, con una cruz, en compañía de Fa.

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Regresan las cigüeñas por San Blas. Celebran la Pascuilla, con los extremeños disfrazados de apóstoles y un niño que baja del campanario, atado a una soga. Las parásitas son el “ojo de gallo” y el “cyclonium”;  se trata de plagas que afectan al cereal. Pasa y, afortunadamente, no hace daño a los cultivos. Gran sequía por San Fidel Sigmaringa (24 de abril), los campos se agostan. Hacen rogativas para que llueva, pero nada. El Nini prevé la lluvia observando el viento. Al fin, llueve y los campesinos respiran aliviados. Llega la primavera.

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A Columba, la mujer del Justo, el alcalde, el canto de los grillos la desespera. No quiere vivir en el pueblo, pues lo considera primitivo y atrasado. Le pega dos bofetadas al Nini injustificadamente; este, en venganza, le echa un bidón de gasolina al pozo. La Columba y el Justo creen que hay petróleo y ya se sienten ricos. Llaman al gobernador, vienen los técnicos y descubren la patraña. El matrimonio del alcalde y Columba queda de incauto y algo pardillo.

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El Ratero cada día está más hermético y arisco porque escasean las ratas. Se abre la veda del cangrejo por San Vito (15 de junio). Pasan necesidad padre e hijo. Malvino lo malmete contra el ratero de Torrecillórigo y el alcalde, a su vez, presiona, puesq lo quiere echar de su casa para que el gobernador civil le diga al ministro que en su provincia nadie vive en cuevas. No hay muchas las ratas. El Ratero dice que si coge a su competidor del pueblo de al lado, lo mata. Doña Resu trata de convencer al Ratero para que el Nini vaya a la escuela y deje la cueva, pero fracasa. Quieren hacerle un test al Ratero para demostrar su baja inteligencia y echarlo de la cueva y quitarle al Nini.

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Celebración de la Pascuilla, con un pequeño teatro; los extremeños disfrazados de apóstoles. La paloma que sueltan se posa en la Sime. Buitres en el cielo, vienen a comerse la galga del Furtivo. Muere el Centenario el día de San Francisco Caracciolo (7 de junio). Lo entierra su propia hija, que se hace postulante, u “ofrecerse”, para ser monja; había de servir unos años para prepararse, con doña Resu. El Centenario deja 25 pesetas guardadas en un libro viejo para comprarse una dentadura.

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El Nini espanta al topo del huerto del Pruden. Loy, el cachorro, y Fa, lo acompañan. Libera la cría del águila perdicera que el Furtivo tiene atada; este lo acosa y lo acusa de haber soltado al águila, pero el chico miente y sale bien. Llega la helada negra el día del Triunfo de San Pablo (29 de junio). Los campesinos beben toda la noche, de miedo a la gran helada que se avecina. El chico, Nini, advierte que si viene viento norte, se lleva el frío y la cosecha se salva. La Sabina va a la taberna a sacar a su marido, el Pruden. Salen todos al campo de madrugada; viene el viento y se salva la cosecha, para alegría de los lugareños.

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El Justo, el alcalde, le ofrece al Ratero un jornal de 30 pesetas y mantenido, pero ha de dejar la cueva. Lo rechaza con su frase “La cueva es mía”. El Nini pesca muchos cangrejos; los llevan en el coche de línea a la ciudad y saca unas pesetas. La Sime pierde la cabeza y pide al chico que la humille escupiéndole; el Nini se niega. Unos días después, la Sime recupera el tino y se porta mal. No va a pescar cangrejos, para alivio del Nini, pues era una dura competidora.

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El día de San Miguel (29 de septiembre) se desata una fortísima tormenta. Muchos pierden la cosecha; nadie tiene seguro, excepto don Antero; la gente queda desolada. El Pruden le dio una peseta al Nini por ayudarle a conservar la cosecha, pues la tenía en morenas y no la destroza la tormenta. Luis, el ratero de Torrecillórigo, se pelea a muerte con el Ratero; este lo mata con su pincho de sacar ratas, y a su perro Lucero (que se ha peleado con Fa, que sale viva de milagro), ante la mirada impotente del Nini.

  1. Apartados temáticos o secciones de contenido

La novela ofrece una disposición de la materia narrativa muy original. Es y no es clásica porque el tiempo es bastante circular, aunque avanza. Tenemos:

– En los seis primeros capítulos aparecen personajes nuevos, por lo que se puede considerar la presentación de los personajes y un conflicto. 

– Del séptimo al decimosexto y penúltimo puede constituir el desarrollo; se introducen anécdotas y acciones que empujan de la acción en un doble sentido: se crea una intriga narrativa y se pinta la vida del pueblo con todo pormenor.

– El desenlace o resolución se concentra en el último capítulo: el Ratero mata a Luis, su competidor de Torrecillórigo; de algún modo, se restablece, o se restablecerá después de un tiempo, un equilibrio inestable, pero bastante armónico con la naturaleza y entre las personas.

La novela muestra una hábil estructura circular (empieza y acaba en un otoño), pero a la vez progresiva y lineal (ocurren cosas nuevas que desembocan en un final trágico). Se mantiene, de este modo, un delicado equilibrio.

  1. Lugar y tiempo

El lugar es un pueblo pequeño de Castilla, del que no se dice el nombre; puede ser cualquiera, pues la misma situación se repite en cientos de ellos. Que no aparezca un topónimo posee un valor interpretativo claro, por vía metonímica: esta es la típica población,  repetida a través de su amplia extensión, de Castilla; póngale el nombre que desee. Esta aldea está en una vaguada, entre cerros. Pasa al lado un riachuelo, donde crían las ratas. Gente más bien pobre y necesitada, medio ignorantes. En el mapa inicial, trazado a mano, se aprecia el pueblo, con su iglesia, etc. El Nini y el Ratero viven en unas cuevas en una colina, hacia el oeste; ven el sol cuando nace de frente. Pobreza y suciedad abundantes.

Tiempo de la escritura: el libro se publicó en 1962; es legítimo pensar que Delibes la compuso en los años previos a esa fecha.

Tiempo de la acción narrada: más o menos contemporáneo al momento de la escritura; se remonta a 1956; lo apreciamos, por ejemplo,  en un cartelón pegado en una pared que dice: “¡Viva los quintos del 56!”.

Duración de la acción narrada: genéricamente, la acción dura un año, desde un otoño al final del verano siguiente. Se trata de un ciclo natural. El tiempo discurre lineal, aunque en ciclos del mundo rural: sembrado, cosecha y vuelta a empezar. Sin embargo, el narrador recupera muchos hechos del pasado referidos a la vida de los personajes. El tiempo no se mide por días o meses, sino por el santoral cristiano; es el modo que se empleó en el mundo rural durante siglos.

  1. Temas de la novela

Es una obra no muy larga, pero de una riqueza textual impresionante. Presentamos los temas más importantes:

  • La dureza de la vida rural castellana, entre la pobreza, la rudeza y la brutalidad por falta de educación y una vida de pobreza porque la tierra produce poco e irregularmente.
  • La nobleza, no exenta de algunos vicios o taras (credulidad, codicia –solo en algunos personajes–, ira no del todo justificada, violencia física, etc.) de unas gentes que sobreviven con su duro trabajo agrícola, muchas veces desbaratado por las inclemencias del cielo.
  • La bondad y el desprendimiento de un alma buena, el Nini, en medio del egoísmo general, iluminando una vida colectiva áspera y pobreta. No aspira el Nini sino a ayudar y vivir tranquilo en su cueva con su padre, en comunión con la naturaleza.
  • Denuncia de la falta de progreso por las escandalosas desigualdades sociales, la falta de apoyo del Estado, etc.
  • Defensa de la vida auténtica del campesino pobre y sufrido; sin protestar, acepta su destino de una vida muy trabajada, sin grandes perspectivas. 
  • Respeto a la naturaleza: ella da de comer, pero a veces es imprevisible y descarga fuertes golpes de infortunio.
  1. Personajes

Para empezar, hay que recordar que todos los personajes tienen su nombre. No son masa anónima, sino personas de carne y hueso. Son “prójimo”, con su dignidad y su valor en la vida, independientemente de sus circunstancias materiales. Delibes crea individuos, con su nombre, señal de su singularidad irreductible. Dicho, encontramos una amplia panoplia de personajes, que presentamos brevemente:

El Nini: es un niño, entre diez y once años, que a base de observación de la naturaleza y de escuchar al Centenario ha aprendido mucho de la vida natural. Es bueno, desprendido, generoso con todos, nada amigo de la violencia o la brutalidad. Es feliz en su pobreza y no quiere cambiar. Estamos ante el protagonista de la novela; una cuestión fascinante es que él no es consciente de su valía en el pueblo.

El Ratero: su padre, hombre brutal y elemental, pero no es malo ni avaricioso; respeta a todo el mundo y solo aspira a que lo dejen tranquilo cazando sus ratas. Le cuesta trabajo elaborar oraciones y habla con frases cortas, a veces repetidas. Al final, mata a Luis, el ratero de Torrecillórigo porque piensa que le quita algo que es suyo. No es malvado, solo algo retrasado y elemental en sus instintos.

Malvino: el tabernero, es un tanto malsín; intoxica al Ratero con sus pensamientos de que las ratas y la cueva son suyas y nadie lo puede echar. Lo incita a la violencia, lo que al final ocurrirá. Es una influencia negativa para el Ratero y responsable indirecto del drama final.

Los demás personajes son ejemplo de campesinos desconfiados y trabajadores, incluido José Luis, el alcalde. En realidad, funcionan casi como un personaje colectivo, aunque perfectamente individualizados. El ricachón, don Antero, el Poderoso, es egoísta y no ayuda a los demás para nada. Así y todo, dice por la ciudad que en su pueblo la tierra está repartida; aquí apreciamos su lado cínico y soberbio.

Las dos mujeres con protagonismo, la Clo y doña Justa son completamente contrarias, aunque las une la posesión de más fincas que la media del pueblo. La primera es más generosa y desprendida. La segunda es egoísta, beata y muy intransigente en sus ideas y creencias.

El Centenario y su hija la Simeona merecen un apartado para ellos. El primero le enseña al Nini muchas cosas, referido a la naturaleza y a la vida agrícola. La Sime, que había tenido un hijo de soltera y había muerto, está arrepentida y sufre algo de desequilibrios emocionales, aunque al final se tranquiliza.

El Furtivo no respeta a la naturaleza para nada. Mata a todos los animales por codicia y sacar algo de dinero, sin consideración ninguna a los ciclos naturales de reproducción de la fauna salvaje. Mata al zorrillo del Nini por el placer de hacerle sufrir; aquí vemos su maldad interior.

  1. Narrador

Aparece un narrador en tercera persona, pero limitado. Ve, oye y siente a través del Nini, al menos en parte. Es como si el protagonista se hubiera introducido en la mente del narrador y le dictara sus palabras, sus impresiones, emociones, etc. Ejemplos de ello es contar el tiempo por el santoral, o nombrar al mundo natural (nombres de la fauna y la flora, fenómenos atmosféricos, etc.) como un paisano más del pueblo. Desvela que el narrador es un agudo observador de la vida rural castellana. Simpatiza bastante con esas gentes; los mira con cierta bondad y comprensión, aunque lamenta su ignorancia, de la que no son culpables del todo. Señala las lacras sociales sin tapujos y, allá en el fondo, clama por una solución que no llega y ni siquiera se vislumbra.

  1. Notas estilísticas

Esta novela está maravillosamente escrita. El estilo es sobrio, contenido, sencillo y muy depurado. El empleo de un léxico rural aporta una naturalidad y autenticidad asombrosas. Ello contribuye poderosamente a la verosimilitud de la narración. La depuración estilística y la sencillez elaborada hasta límites sorprendentes son dos características firmes que sustentan el relato.

Las oraciones son más bien cortas, en lo que apreciamos una intención de transparencia y comprensión para con el lector, acaso poco habituado al léxico rural castellano. De este modo, el texto y el universo creado se  impregna del mundo rural castellano y lo expresa en su propio estilo: precisión nominativa, detallismo descriptivo y cierto laconismo en el modo de hablar, propio de ese registro coloquial de los habitantes rurales de Castilla.

Los diálogos son exactos, breves, escuetos y tremendamente expresivos. Al leerlo, se crea inmediatamente la sensación de estar escuchando de verdad a seres de carne y hueso. Como los personajes, que no hablan por hablar. Dicen lo más que pueden con las menos palabras posibles; es un lema del ensayista español renacentista Juan de Valdés (Cuenca, 1509 – Nápoles, 1541), expresado en su Diálogo de la lengua (1533). Llaneza, naturalidad y huida de la afectación es la pauta de este modo de hablar, sintetizado en su famosa fórmula: “escribo como hablo”.

  1. Contextualización

Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920 – 2010) es uno de los más importantes novelistas españoles del siglo XX. Es un autor que se fija en la vida de los humildes pueblos castellanos, pobres, olvidados y, sin embargo, poblados por personas con gran autenticidad, nunca vistas como masa informe, sino como individuos, es decir, “el prójimo”, los demás como uno mismo, pero con otras circunstancias.

Ejerció el periodismo muchos años en El Norte de Castilla y la docencia en la Escuela de Comercio de la Universidad de Valladolid. Pasó por tres fases creativas: la primera, de iniciación y aprendizaje, se muestra muy bien en su primera novela publicada, La sombra del ciprés es alargada (1947). La segunda corresponde con el hallazgo de los temas, el tono, el ritmo y el estilo más apropiado a su idiosincrasia escritora. Aquí sobresale la bellísima El camino (1950). Del período de madurez proceden los más hermosos textos salidos de su pluma. Las ratas, precisamente, es la obra que inaugura esa fase creativa, que se cierra, con su última novela, El hereje (1998).

Delibes experimentó formalmente en varias novelas alcanzando resultados asombrosos y plenos de hallazgos estéticos, como Parábola del héroe, Cinco horas con Mario y Los santos inocentes. También escribió una treintena de cuentos de enorme calado y transcendencia, entre los que figura “La mortaja”, uno de los relatos breves más hermosos escritos en lengua española.

En sus obras existe un compromiso ético de gran envergadura. Se percibe muy bien la solidaridad con los desdichados, los desastrados y pobretos; complementariamente, se percibe una fuerte crítica al cinismo, la inmoralidad y la hipocresía de la burguesía castellana, ahogada por un egoísmo cerril y asfixiante. Delibes toma partido y clama por una sociedad más equitativa que respete a las personas y ofrezca oportunidades de progreso para todos.

  1. Interpretación y valoración

Las ratas (1962) es un libro precioso por su originalidad expresiva, su contención comunicativa, sus descripciones exactas y su recogida del mundo natural con una verosimilitud que, casi, es verismo. Emana verdad y autenticidad de la primera página a la última. No esquiva la brutalidad (el hijo que mata a la madre, el incesto, el asesinato), pero también recoge los rasgos de bondad y trata de explicar por qué son de una determinada manera: bastante egoístas, desconfiados, rígidos y conservadores, etc.

La lectura deviene en una experiencia inolvidable por la originalidad temática y argumentativa, el estilo llano y la capacidad evocadora y envolvente de todo el relato. 

Se presenta un breve ejemplo de la extraordinaria calidad literaria delibeseana (cap. 4):

El tío Ratero se reclinó, aplastó una oreja contra el suelo y auscultó insistentemente las entrañas de la tierra. Al cabo se incorporó, apuntó con el pincho de hierro la hura junto al cauce y dijo:

–Aquí la hay.

La perra agitó el muñón y olfateó con avidez la boca de la hura. Finalmente se alebró, la pequeña cabeza ladeada, y quedó inmóvil, al acecho.

–Ojo, chita –dijo el Ratero y de un solo golpe hundió el pincho de hierro a un metro de la ribera.

La rata cruzó rauda junto al hocico del animal, escabulléndose, con un rumor de hojarasca, entre los carrizos resecos de la orilla.

El Nini voceó:

–¡Hala con ella!

La Fa arrancó como una centella tras la rata. El hombre y el niño corrían por el ribazo, estimulando con sus gritos al animal. Se originó una persecución accidentada entre los despojos de los carrizos y la corregüela. La perra, en su frenesí, quebraba los frágiles tallos de las espadas, y las mazorcas se desplomaban sobre el riachuelo y la corriente las agitaba mansamente en un movimiento de vaivén. La perra, de pronto, se detuvo. El río Ratero y el Nini conocían la situación exacta por las esbeltas espadas erectas, allí donde concluía la oquedad abierta entre la maleza.

–Tráela, Fa –dijo el Nini.

Las espadañas se agitaron un momento, se oyó un sordo rumor de lucha y, al cabo, un breve gruñido, y el tío Ratero dijo:

–Ya la tiene.

La perra regresó junto a ellos, con la rata atravesada en la boca, moviendo el rabo cercenado jubilosamente. El tío Ratero le quitó a la perra la rata de la boca.

–Es un buen macho –dijo.

Desde San Zacarías el hombre y el niño bajaban al cauce cada mañana. Esto fue así desde que el Nini tuvo uso de razón. Había que aprovechar la otoñada y el invierno. En estas estaciones, el arroyo perdía la fronda, y las mimbreras y las barreras, la menta y la corregüela formaba unos resecos despojos entre los cuales la perra rastreaba bien. Tan sólo los carrizos, con airosos plumeros, y las espadañas con sus prietas mazorcas fijaban en el río una muestra de permanencia y continuidad. Las ralas junqueras de las orillas amarilleaban en los extremos, como algo decadente, abocado también a sucumbir. Sin embargo, año tras año, al llegar la primavera, el cauce reverdecía, las junqueras se estiraban de nuevo, los carrizos se revestían de hojas lanceoladas y las mazorcas de las espadañas reventaban inundando los campos con las blancas pelusas de los vilanos. La pegajosa fragancia de la hierbabuena loca y la florecilla apretada de las berreras, taponando las sendas, imposibilitaban  a la perra todo intento de persecución. Había llegado el momento de la veda y el tío Ratero, respetando el celo de las ratas, se recogía en su cueva hasta el próximo otoño.

El tío Ratero no pretendía exterminar a las ratas. En ocasiones, si la perra hacía una muestra y él observaba a la entrada de la hura cuatro yerbajos resecos, la disuadía:

–Está anidando, vamos.

La perra se retiraba sin oponer resistencia. Entre ella, el Nini y el tío Ratero existía una tácita comprensión. Los tres sabían que destruyendo las camadas no conseguirían otra cosa que quedarse sin pan. Las ratas se reproducían cada seis semanas y de cada parto echaban cinco o seis crías. En definitiva, una camada suponía, por lo bajo, cuarenta reales que no eran cosa de desdeñar.

2. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los personajes, centrándote principalmente en el Nini. 

5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Qué idea de la infancia nos llega de esta novela? 

2) El hecho de comer ratas, ¿cómo se puede interpretar desde el punto de vista social y económico? 

3) ¿Qué actitudes se observan ante la naturaleza? Céntrate en el Nini, el Furtivo y los campesinos del lugar. 

4) ¿Cómo se aprecia en texto la importancia de la climatología? ¿De qué es metáfora?

5) El tiempo, ¿discurre bajo una norma rígida e inflexible? ¿Por qué será así? 

6) ¿Qué significación se encierra en las actitudes religiosas? 

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramátia que exprese la vida diaria de una población. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Miguel Delibes.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Profesor de Lengua Castellana y Literatura. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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