San Juan de la Cruz: «Llama de amor viva»; análisis y propuesta didáctica

SAN JUAN DE LA CRUZ – Llama de amor viva (1584-1585)

 

¡Oh llama de amor viva                                 1
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva
acaba ya si quieres,                                      5
¡rompe la tela de este dulce encuentro!
¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado
que a vida eterna sabe                                10
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida has trocado.
¡Oh lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,       15
que estaba oscuro y ciego,
con estraños primores
calor y luz dan junto a su querido!
¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno                                   20
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!
         San Juan de la Cruz: «Llama de amor viva» (1584-1585)
  1. ANÁLISIS
1) Resumen
El poema “Llama de amor vida” es uno de los más acabados ejemplos de poesía mística en español. San Juan de la Cruz alcanza una gran perfección formal y expresiva, como trataremos de exponer a continuación. El poema expresa el preciso momento de la unión espiritual del alma del hombre con la divinidad. Es el momento del arrobamiento o éxtasis del hombre con Dios. El sujeto lírico expresa con intensidad lírica esa fusión amorosa de naturaleza religiosa, donde pierde la voluntad y se suspende la actividad sensorial; en cierto modo, es como si estuviese catatónico.
La llama de amor viva es Dios, que accede al alma del sujeto lírico y provoca como un dolor próximo a la muerte. Al mismo tiempo, como se expresa en la segunda estrofa, esa llama se siente como un remedio medicinal (“cauterio”), o como una llaga, una herida abierta; es contradictorio, pero así es esa fusión espiritual. Funciona como una medicina delicada que justifica todos los padecimientos anteriores; es tal su intensidad que elimina todo lo que está a su alrededor; y así, da la vida. En la tercera estrofa indica la oscuridad en la que vive el sujeto lírico; al llegar la llama divina, trae la luz y calor, es decir, vida. En la última estrofa se recogen los efectos positivos de esa llama, ya instalada en el seno del hombre. Aporta tranquilidad, alegría y sentido superior a la existencia. Por todo ello, enamora al alma del sujeto lírico, que declara su dicha cuando la llama vive en ella.
2) Temas del poema
Los temas más importantes del poema son los siguientes:
  • Expresión de la dicha por la llegada de la divinidad al alma del sujeto lírico.
  • La unión espiritual del alma con Dios justifica todos los padecimientos humanos porque es un “dulce encuentro” maravilloso.
  • Dios dentro del hombre es como una llama que lo carboniza todo, pero no trae muerte, sino vida.
3) Apartados temáticos
El poema presenta una estructura muy coherente. Se podría entender que todo el poema forma una unidad de contenido, homogénea en sí misma. Por otro lado, podemos apreciar una estructura lógica que consta de:
-Una presentación en la primera estrofa: la llama de amor llega e invade benéficamente al sujeto lírico.
-Un desarrollo en las estrofas 2-4: los efectos del encuentro divino coinciden con el éxtasis, la entrega suprema, y la luz y el calor que aportan bienestar sin igual.
-Una tercera parte en la última estrofa (la cuarta): se acaba el encuentro, pero queda el recuerdo y el enamoramiento, junto con una agradable sensación de felicidad suprema, sin sombras de amargura, porque el sujeto lírico sabe que se repetirá.
4) Análisis de la rima y de la estrofa empleada
La estructura métrica de cada estrofa (cambiando la rima en cada una de ellas, lógicamente) es: 7a, 7b, 11C, 7a, 7b, 11C. Por su rima, la estrofa es una sextina; por la combinación silábica, casi son liras (7a, 11B, 7a, 7b, 11B). San Juan de la Cruz emplea una fórmula original, con la suficiente flexibilidad para desarrollar pensamientos completos con cierto detenimiento.
5) Comentario estilístico
El poema se abre con una exclamación retórica que contiene la metáfora central del poema: Dios es una llama, un fuego, que penetra en el interior del sujeto lírico y provoca un arrobamiento inefable. Esa sensación de dolor dulce, contradictorio en sí mismo, se expresa a través de una paradoja intensa: “tiernamente hieres” (v.2). La divinidad ocupa el meollo del hombre: “el más profundo centro” (v. 3). Se deduce que ha habido un proceso de búsqueda nada fácil (la llama fue “esquiva” durante un momento); pero el encuentro ha sido tan dichoso que el sujeto lírico no le importa que acabe pronto. Lo expresa con una metáfora exclamativa: como una tela fuera rasgada. La sinestesia “dulce encuentro” (v. 6) expresa con viveza la intensidad benéfica del ayuntamiento del alma humana con la llama divina; es un fuego que no destruye, sino que da vida.
La segunda estrofa presenta cuatro exclamaciones retóricas consecutivas; en cada una de ellas se contiene una metáfora que explica qué supone la introducción de Dios en el alma humana: es una curación, es una herida gratuita y benéfica, una caricia delicada que suprime todo el dolor y, en fin, como un vislumbre de la eternidad. En cada exclamación observamos una elipsis (se suprime la referencia real de Dios) y un paralelismo anafórico con “¿Oh!”, que imprime viveza e intensidad expresiva. Se cierra la estrofa con otra paradoja, como ya vimos en la primera: la divinidad suprime lo terrenal para dejar en el alma humana solo lo divino. La naturaleza mortal del hombre queda a un lado y emerge la parte divina y eterna. Si observamos los cuatro elementos metaforizados: cauterio, llaga, mano y toque, vemos que el primero y el último son abstractos, en tanto que el segundo y el tercero son concretos y precisos. Expresan, sucesivamente, curación, dolor, elemento ejecutor de la curación y acción curativa. Existe una gradación dinámica en la intensidad metafórica.
La tercera estrofa es alegórica porque desarrolla con varias metáforas la idea central de que la divinidad es un fuego que aporta luz y calor al hombre, que vive en una cueva oscura y lóbrega. La primera metáfora, “lámparas de fuego” (v. 13) referida a la divinidad nos permite apreciar la fuerza de esta al entrar en el hombre: lleva la vida y el calor. La llegada de Dios vivifica la vida tenebrosa del hombre (lo expresa por la metáfora metonímica “profundas cavernas del sentido”, v. 15), que entra en un estado de felicidad absoluta cuando aquel se acomoda en su interior. Se identifica el bien divino con “extraños primores” (v. 17), metáfora de lo único y singular. En esta metáfora especialmente la adjetivación posee una fuerza expresiva extraordinaria. Las dos bimembraciones (“oscuro y ciego” (v. 17) y “calor y luz” (v. 19) imprimen un extra de significación, por contraste, entre la vida lúgubre del hombre antes de que llegue Dios, que aportan vida imparable. Toda la metáfora forma una oración, recogida en una estructura exclamativa, reconcentrando así toda la significación del encuentro celestial y su incalculable transcendencia.
La cuarta y última estrofa posee cierto carácter conclusivo. Estamos ante una oración exclamativa que se abre y cierra con la partícula “cuán”; sirve para ponderar la intensidad del amor divino. En efecto, Dios “enamora” (v. 24 y final) al alma del sujeto lírico. Aquí ya no hay referencias negativas, solo positivas. Las dos bimembraciones (“mano y amoroso” (v. 19) y “bien y gloria” (v. 23) expresan con viveza cómo es Dios y qué aporta al alma del hombre. Aquel “mora” (v. 21) en el interior del sujeto lírico, donde ya no hay tinieblas, sino una vida placentera, expresada por la metáfora “aspirar sabroso” (v. 22). Existen dos adverbios de expresiva significación; son “secretamente” (v. 21), referido al modo en que Dios vive en el alma del hombre y “delicadamente” (v. 24), referido al modo de actuar de la divinidad en el sujeto lírico. La estrofa en sí forman un epifonema intenso y muy hermoso: la vida del hombre adquiere una significación superior cuando Dios está en su interior. También es aquí donde se expresa, por primera y última vez, la relación con la divinidad como un acto de enamoramiento, término bien humano, pero ahora transcendido; sin embargo, sirve para que el lector común entienda muy bien de qué tipo de emociones estamos hablando.
Ya se ha repetido en varias ocasiones que en la poesía mística se expresa el amor divino, la unión del alma del hombre con Dios, a través de términos y conceptos humanos; sin embargo, conviene insistir en la naturaleza religiosa de la experiencia del sujeto lírico: abandona sus condicionantes físicos para adentrarse en una dimensión espiritual.
6) Contextualización
San Juan de la Cruz (Fontiveros, Ávila, 1542 – Úbeda, Jaén, 1591) representa una de las cimas de la literatura española; sin duda, es el más sublime poeta místico en lengua española. Sus tres obras poéticas más importantes son Cántico espiritual, Llama de amor viva, que es la que ahora estamos analizando, y Noche oscura del alma. Completó los textos en verso con unos Comentarios al Cántico espiritual, de naturaleza más didáctica y explicativa. Su prosa tersa, precisa y expresiva mantienen un alto nivel en todo momento.
En su corta vida, San Juan de la Cruz hubo de lidiar con situaciones feas y complicadas a causa de las reformas religiosas en su orden carmelita. Sin embargo, supo cultivar con increíble acierto su talento poético, movido por sus experiencias espirituales, de orden superior.
7) Interpretación
El poema Llama de amor viva desea ser la expresión de los efectos benéficos, eternos y dichosos de que Dios se instale en el alma del hombre. El sujeto lírico siente en su interior un fuego que le da vida; equivale a otro modo vivir más intenso, eterno y feliz. Es como un proceso de enamoramiento, lo que provoca un éxtasis o arrobamiento, con la conciencia desconectada, donde la dicha es lo único que existe.
Como ya dijimos en otro lugar a propósito del cántico espiritual, Según la teoría mística, existen tres fases en el camino de la fusión espiritual: la purgativa, la iluminativa y la unitiva; desde el desprendimiento de las pasiones humanas hasta la desnudez total para alcanzar la disolución con Dios, el hombre recorre un camino de desprendimiento y concentración en lo esencial. No es una senda física, sino espiritual. En los momentos intermedios, el alma pasa por una “noche obscura”, como un flotar a ciegas, sin asideros de ningún tipo, hasta alcanzar el reparo de Dios mismo, en cuya esencia se diluye. En un famoso mapa alegórico de esa experiencia –-fácilmente accesible en internet, a lo que exhortamos-–, San Juan escribió que, en esos territorios, no había ni pasaba “nada”, vocablo repetido en varias ocasiones. Es como una llama de amor que da luz y calor; vive en la felicidad más elevada. Es este camino de fusión espiritual es el que San Juan nos presenta literariamente en el Cántico espiritual (1584).
El lenguaje poético profano es el material más idóneo (y, probablemente, el único) para expresar con palabras esta experiencia espiritual, de por sí inefable. Esto implica que nuestro poeta, que conocía muy bien la poesía castellana de su tiempo, toma temas, tópicos, imágenes y lenguaje poético para su empresa literaria-espiritual (el amor como un fuego arrasador es una de las comunes). Por supuesto, el influjo de la poesía italianizante y, en concreto, del magistral Garcilaso de la Vega (fallecido casi medio siglo antes para cuando San Juan compone su poema) es continuo e intenso. La poesía amorosa profana es el modelo tomado, pero transcendido, por los poetas místicos.
San Juan de la Cruz utiliza una serie de símbolos básicos que transfiguran completamente la poesía profana: el amado es Dios; la amada es el poeta o el místico; el amor es la fusión de ésta en la naturaleza sublime de Él; la búsqueda de ella, disfrazada de pastora o cualquier otra convención, se identifica con la búsqueda espiritual y el camino místico de las tres fases antes mencionado. Estamos, pues, ante una experiencia de orden espiritual que implica un arrobamiento, una anulación de los sentidos y un encuentro amoroso de orden superio.
La “Llama de amor viva” representa el momento en el que la espiritualidad de nuestro poeta alcanza una dicha mística de naturaleza inefable. Apenas se puede expresar con palabras la sensación de fusión espiritual con Dios. Desde nuestra ladera, como afirmó el eminente filólogo Dámaso Alonso, nos conformamos con admirar su talento poético y con la contemplación de su arrobamiento, entre el asombro y la perplejidad.
8) Valoración
Este bellísimo poema nos presenta la experiencia espiritual más sublime que un alma puede sentir. San Juan de la Cruz compone un texto bajo las convenciones literarias de la época; se apropia de su lenguaje para transmitir una experiencia superior, divina e inefable. Aquí radica la gran belleza y el asombroso hallazgo de nuestro poeta místico. Con palabras propias de la convención poética de su tiempo, nos acerca al interior de su alma en su fusión con la divinidad, que es una “Llama de amor viva”.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras).
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué se habla y cómo se expresa?
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada.
4) Distingue y aclara los conceptos del yo poético y la llama de amor.
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) El yo poético, ¿cómo sabe que una llama de amor ha entrado en su interior? Razona la respuesta.
2) Indica las circunstancias de lugar y tiempo en las que se produce el encuentro místico.
3) ¿Cómo es el fuego que penetra al sujeto lírico?
4) Las exclamaciones poseen una especial significación. ¿Qué expresan?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Documéntate sobre San Juan de la Cruz y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc., sobre su vida y obra literaria.
2) Transforma el poema en un relato en prosa, o teatral, en el que recoja una experiencia mística.
3) Imagina un encuentro de San Juan de la Cruz con tu grupo de clase. Idea preguntas sobre su poesía; otros compañeros pueden dar las respuestas que podrían ser acordes con San Juan.
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de San Juan de la Cruz, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva y la gran musicalidad de los poemas de nuestro principal poeta místico.

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