Sucinta Historia de la Literatura Universal (4). El movimiento romántico

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TEMA 4. EL MOVIMIENTO ROMÁNTICO
1. Lírica romántica: Lord Byron, W. Goethe, J. Keats
2. Novela histórica: Walter Scott
3. Textos para el análisis de Byron y Keats
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1. LÍRICA ROMÁNTICA: LORD BYRON, GOETHE, KEATS
1.1. Caracterización del Romanticismo
Se entiende por Romanticismo el movimiento cultural, ideológico y social que se extiende por Europa en la primera mitad del siglo XIX; supuso una ruptura con los supuestos del racionalismo y de la ilustración del siglo XVIII, al tiempo que reivindican la libertad individual y el valor de los sentimientos en todos los órdenes de la vida, no sólo en el creativo. Sus rasgos definitorios son los siguientes:
+La filosofía dominante es el idealismo (sobre todo, alemán), de Schelling, Fitche y Hegel: las ideas existen y rigen la realidad; también se denomina inmaterialismo; niega la existencia de las cosas mismas, sin estar ligadas a la conciencia humana.
+Indagan individualmente en su mundo emocional interior, más allá de lo que la razón pueda explicar. De ahí que los sentimientos, la fantasía, la imaginación, el instinto y la libertad sean las líneas rectoras de su actitud existencial y artística. Ante la falta de soluciones, esto les suele llevar a un estado de angustia, malestar y desengaño melancólico, lo que se llamó “mal del siglo”.
+Está asociado al liberalismo, pensamiento político que defiende las libertades individuales, la soberanía popular, la instauración de derechos básicos humanos y el recorte del poder del Estado. Tiene que ver con la ascensión de la burguesía como clase social dominante (en lo económico y lo político) y la aparición del proletariado a raíz de la revolución industrial.
1.2.  Notas definitorias de la literatura romántica
El espíritu romántico se acomodó muy bien a la literatura (también a la pintura y la música), cuyas notas dominantes son las siguientes:
*Libertad creativa: se rechaza el “canon” anterior y se deja a un lado las normas clásicas aristotélicas. Cada artista ha de buscar su propio molde artístico según su genio, no según las normas o reglas heredadas.
*Individualismo: El “yo” del artista (poeta, normalmente) es exaltado y pasa a ser el foco temático de la obra literaria. El subjetivismo se eleva a constante creativa.
*Reivindicación de la naturaleza, apreciada como algo más que un elemento decorativo. Seleccionan los paisajes y elementos naturales que mejor se avienen con su estado anímico.
*Deseo de evasión (en el espacio y el tiempo), provocado por la insatisfacción y amargura con la realidad cotidiana en la que se desenvuelven, en la que no realizan sus anhelos.
*Reivindicación de lo propio y característico de cada cultura; de aquí surgen los nacionalismos y la atención a la historia nacional.
*Se cultivan los tres géneros literarios: narrativa (en prosa y poesía), teatro y, sobre todo, poesía.
1.3. George Gordon, lord Byron (Londres, 1788- Grecia, 1824) 
La vida de este escritor inglés es la mejor imagen del Romanticismo: amores turbulentos y oscuros, viajero incansable (estuvo en España, donde rechazó la invasión francesa), defensor de la libertad de los pueblos y de las personas, aventurero y luchador por causas revolucionarios. De hecho, murió (aunque no en el campo de batalla) en Grecia, donde participaba en la guerra griega contra la dominación otomana. Padecía una cojera innata y cierta propensión a la enfermedad, lo que superó con gran tenacidad y espíritu temerario; algunos piensan que padecía bipolaridad. Poseía una notable capacidad de trabajo, lo que explica la larga lista de obras que publicó y su influjo en otros escritores románticos europeos.
Don Juan es su obra más conocida. Se trata de un largo poema inacabado basado en la figura del seductor español. La obra comienza en Sevilla, donde nació el conquistador, en un tiempo indeterminado; tras una primera seducción se aleja de su ciudad y, con su criado,  viaja por Turquía, Rusia e Inglaterra, donde va coleccionando mujeres que lo seducen a él en situaciones más o menos cortesanas. La última de la que se enamora es la duquesa de Fitz-Fulke. El conjunto del poema es satírico, con un fondo irónicamente épico. Contiene una crítica social dentro del marco romántico. 
El Corsario es un poema que cuenta la vida del pirata Conrado, valiente y generoso; libera a esclavos y lucha contra tiranos; su destino hace que su mujer se suicide y él mismo, desesperado, desaparece del mapa, quedando en el aire su situación ¿muerto, retirado a un lugar solitario? 
El drama Sardanapalus tuvo bastante éxito; narra el trágico fin de este legendario rey de Asiria, que, vio escapar su poder a consecuencia de una conspiración; ante el fin inminente, eligió arrojarse en compañía de su favorita, Myrrha, una esclava, a las llamas de una gigantesca hoguera. 
Su poesía refleja muy bien el espíritu romántico en sus aspectos de rebeldía y disconformidad, seguido de una cierta melancólica decepción. Es muy representativo de ello una de sus últimas composiciones “Al cumplir mis treinta y seis años”, donde cierra el poema con estos emotivos versos en los que se aprecia la llegada de la muerte: 
¡Calma, corazón, ten calma!
¿A qué lates, si no abates
ya ni alegras a otra alma?
¿A qué lates?

Mi vida, verde parral,
dio ya su fruto y su flor,
amarillea, otoñal,
sin amor.

Más no pongamos mal ceño!
¡No pensemos, no pensemos!
Démonos al alto empeño
que tenemos.

Mira: Armas, banderas, campo
de batalla, y la victoria,
y Grecia. ¿No vale un lampo
de esta gloria?

¡Despierta! A Hélade no toques,
Ya Hélade despierta está.
Invócate a ti. No invoques
más allá

Viejo volcán enfriado
es mi llama; al firmamento
alza su ardor apagado.
¡Ah momento!

Temor y esperanza mueren.
Dolor y placer huyeron.
Ni me curan ni me hieren.
No son. Fueron.

¿A qué vivir, correr suerte,
si la juventud tu sien
ya no adorna? He aquí tu
muerte.

Y está bien.
Tras tanta palabra dicha,
el silencio. Es lo mejor.
En el silencio ¿no hay dicha?
y hay valor.

Lo que tantos han hallado
buscar ahora para ti:
una tumba de soldado.
Y hela aquí.

Todo cansa todo pasa.
Una mirada hacia atrás,
y marchémonos a casa.
Allí hay paz. 
1.4. Johann Wolfgang Goethe (Fráncfurt, Alemania,1767 – Weimar, 1832)
Es el más importante poeta romántico alemán. Hombre muy inteligente y culto, estudió derecho, aunque no lo ejerció. Toda su vida adulta fue consejero del príncipe Carlos Augusto, duque de Weimar (capital de un ducado alemán). Participó en el movimiento romántico alemán “Sturm und Drang” (“Tempestad y Empuje”). Un viaje de dos años a Italia, en el que estudió a fondo la cultura latina y la italiana, fue decisivo en sus concepciones artísticas. Abandonó los postulados románticos y abrazó el clasicismo armónico, bello y marmóreo.
De su etapa decididamente romántica (1767-1785) se recuerda Las desventuras del joven Werther; novela epistolar, recoge las angustias amorosas del joven del mismo nombre, que acaba por suicidarse ante su fracaso amoroso por Lotte, que estaba prometida y se casa con Albert. 
En su segundo ciclo creativo, más clásico, marcado por su viaje a Italia, escribe piezas teatrales como Ifigenia en Táuride, recreación de la obra de Eurípides; Ifigenia ayuda a su hermano Orestes a matar a su madre y a su amante; luego, han de llevar una estatua de la diosa Artemisa al Ática; Orestes recupera el trono de su padre en Micenas. Un poemario importante es Elegías romanas; diversos poemas cantan a la vida, al deseo de felicidad, y lamentan los momentos de desesperación, superables por el amor y la belleza.
La etapa final de Goethe (1806-1832) viene marcada por obras como la novela Las afinidades electivas, donde la pareja de Eduard y Charlotte ve alterado su mundo previsible con la llegada del capitán y de Ottilie, una joven bella relacionada familiarmente con Charlotte. La pasión que surge entre ésta y Eduard altera radicalmente las convenciones sociales impuestas y amenaza con la destrucción del orden previsto, pues es incontrolable. La melancolía, ese mal tan romántico, hace que primero muera ella y luego él. También escribió un texto autobiográfico profundo, denso y bello, Viajes italianos; está lleno de descripciones minuciosas de todo lo que vio y contempló (paisajes, edificios, campiña, ciudades, museos llenos de magníficas obras de arte), pues era un gran admirador de Italia. También posee carácter autobiográfico Poesía y verdad. Sin embargo, su obra más perdurable es el drama Fausto, cuya composición le llevó muchos años; el doctor Fausto hace un pacto con el diablo, Mefistóteles, que le concede una segunda vida y sus servicios para que Fausto adquiera todo el conocimiento y experiencias que desee a cambio de que, al final, le entregue su alma; sin embargo, un coro de ángeles, in extremis, salvan al doctor de ir a los infiernos.
Dos poemas, “La violeta” y «Elegías romanas, VII», nos dan la medida de su enorme talento:
La violeta

En la pradera una violeta había
encorvada y perdida entre la yerba,
con todo y ser una gentil violeta.
Una linda pastora,
con leve paso y desenfado alegre,
llegó cruzando por el prado verde,
y este canto se escapa de su boca:

-¡Ay! Si yo fuera -la violeta dice-
la flor más bella de las flores todas…,
pero tan solo una violeta soy,
¡condenada a morir sobre el corpiño
de una muchacha loca!
¡Ah, mi reinado es breve en demasía;
tan solo un cuarto de hora!
En tanto que cantaba, la doncella,
sin fijarse en la pobre violetilla,
hollóla con sus pies hasta aplastarla.

Y al sucumbir, pensó la florecilla,
todavía con orgullo:
-Es ella, al menos,
quien la muerte me da con sus pies lindos,
no me ha sido del todo el sino adverso.
Elegías Romanas, VII

 

¡Qué contento me siento en Roma! Recuerdo los tiempos,

allá en el norte, en que me rodeaba un día gris,

turbio y duro el cielo pesaba sobre mi cabeza,

el mundo sin forma y sin color yacía exhausto,

y yo sobre mi yo, caía en la contemplación

de los senderos lúgubres del espíritu insatisfecho.

Ahora alumbra mi frente el resplandor del claro éter,

el dios Febo  convoca las formas y los colores.

La claridad de los astros resplandece en la noche

y resuenan suaves canciones, aquí la luna

me alumbra con más claridad que el sol del día nórdico.

¡Qué dicha para un mortal! ¿Sueño? ¿Me has recibido

en tu casa de ambrosía, Júpiter, padre y anfitrión?

Ay, yazgo aquí y tiendo a tus rodillas mis manos

implorantes. ¡Escúchame, oh Júpiter Xenius!

No sé cómo llegué hasta aquí. Tomó Hebe

al peregrino y me introdujo a tus umbrales.

¿Le ordenaste que bajara y llevara al héroe hasta ti?

¿Se equivocó la bella? ¡Perdón! Deja que saque provecho

de ese error. Y tu hija Fortuna también reparte

los grandiosos dones, como una muchacha, conforme a su capricho.

¿O no eres el dios de la hospitalidad? ¡No arrojes

entonces al amigable huésped de tu Olimpo, no lo lances

de nuevo a la tierra! «¡Poeta! ¿Adónde crees que subes?»

¡Perdóname! La colina del Capitolio  es tu segundo Olimpo.

Tolera mi presencia aquí, Júpiter, que ya más tarde

Hermes me hará descender con lentitud al Orco,

pasando por el monumento de Cestius.
1.5. John Keats (Londres, 1795 – 1821)
Huérfano de padre desde niño, Keats encontró en la casa de una de sus abuelas una buena escuela; antes de los quince años ya estaba empapado de clásicos y traducía a Virgilio. Realizó estudios de cirujano en la primera década del 1800. John dedicó cada vez más y más tiempo al estudio de la literatura y, aunque se graduó en Farmacia, sólo ejerció dos años, tras los cuales se entregó por completo a la poesía. Tras finalizar su poema épico Endymion, mal recibido por la crítica, como antes lo había hecho con sus Poemas,  lo que le afectó negativamente, Keats inició un viaje por Escocia e Irlanda. Viajó a Italia en busca de un clima más benigno, pero murió en febrero de 1821, al lado de la romana plaza de España.
En honor a su amigo, Shelley, otro gran poeta romántico inglés, escribió su poema Adonaïs, del que ofrecemos las tres primeras estrofas:
I
Murió Adonais y por su muerte lloro.
Llorad por Adonais, aunque las lágrimas
no deshagan la escarcha que les cubre.
Y tú, su hora fatal, la que, entre todas,
fuiste elegida para nuestro daño,
despierta a tus oscuras compañeras,
muéstrales tu tristeza y di: conmigo
murió Adonais, y en tanto que el futuro
a olvidar al pasado no se atreva,
perdurarán su fama y su destino
como una luz y un eco eternamente.

II

Oh poderosa madre, ¿dónde estabas
cuando él murió, cuando cayó tu hijo
bajo las flechas que lo oscuro cruzan?
¿En dónde estaba la perdida Urania,
cuando él murió?… Con sus velados ojos
permanecía atenta entre los Ecos,
allá en su Edén… De nuevo vida daba
alguien, con suave y amoroso aliento,
a todas las marchitas melodías,
con las que, como flores que se mofan
del sepulto cadáver, adornaba
el futuro volumen de la muerte.

III

Llora por Adonais puesto que ha muerto.
Oh madre melancólica, despierta,
despierta y vela y llora todavía.
Apaga cerca de su ardiente lecho
tus encendidas lágrimas y deja
que tu clamante corazón, lo mismo
que el suyo, guarde un impasible sueño.
El cayó ya en el hueco a donde todo
cuanto hermoso y noble descendiera.
No sueñes, ay, que el amoroso abismo
te lo devuelva al aire de la vida.
Su muda voz la devoró la muerte,
que ahora se ríe al vernos sin consuelo.

 

El cuerpo de Keats está enterrado en el cementerio protestante de Roma; sobre su lápida, según quería que fuera su epitafio, se lee «Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua».
En su corta vida, Keats compuso dos poemas mitológicos: Endimión e Hiperión. Endimión es un pastor amado por Selena, la deidad de la luna, que le corresponde. El chico baja al inframundo y sube al monte Olimpo en busca de su amada y un conjunto de odas de extrema calidad y perfección. Hiperión a veces se indentifica con un titán, a veces con el dios de la observación, pues mora en las alturas; los titanes son dioses previos a los del Olimpo griego. Keats cuenta la caída de estos formidables seres, aunque Hiperión conserva su poder en su palacio; la contemplación de la divinidad Mnemosine lo deifica por completo; el poema se interrumpe abruptamente.
Sus odas son más célebres y reflejan los sentimientos de un poeta que quería fundirse en las cosas y poetizarlas, lo que él llamaba “capacidad negativa”, es decir, olvidarse de sí mismo y vehiculizar la expresión poética de la multiforme realidad. Son piezas clásicas de la literatura inglesa, que aparecieron en el tercero y mejor de sus libros, Lamia, Isabella, la víspera de santa Inés y otros poemas (1820). Se trata de un tributo a una diosa que, aparentemente, no tuvo un gran culto en la Grecia Antigua; Keats promete a Psique construirle un santuario. «Oda a una urna griega», intenta hablar con una urna que descubre en un museo, sorprendido por el misterio suspendido en la eternidad de lo que revela; la urna le responde con las palabras siguientes «la belleza es la verdad, la verdad es belleza, esto es todo… lo que necesitas saber».
Las más conocidas es “Oda a un ruiseñor”, tal vez su mejor poema, que a continuación se ofrece:
Me duele el corazón y aqueja un soñoliento
torpor a mis sentidos, cual si hubiera bebido
cicuta o apurado algún fuerte narcótico
ahora mismo, y me hundiese en el Leteo:
no porque sienta envidia de tu sino feliz,
sino por excesiva ventura en tu ventura,
tú que, Dríada alada de los árboles,
en alguna maraña melodiosa
de los verdes hayales y las sombras sin cuento,
a plena voz le cantas al estío.

¡Oh! ¡Quién me diera un sorbo de vino, largo tiempo
refrescado en la tierra profunda,
sabiendo a Flora y a los campos verdes,
a danza y canción provenzal y a soleada alegría!
¡Quién un vaso me diera del Sur cálido,
colmado de hipocrás rosado y verdadero,
con bullir en su borde de enlazadas burbujas
y mi boca de púrpura teñida;
beber y, sin ser visto, abandonar el mundo
y perderme contigo en las sombras del bosque!

A lo lejos perderme, disiparme, olvidar
lo que entre ramas no supiste nunca:
la fatiga, la fiebre y el enojo de donde,
uno a otro, los hombres, en su gemir, se escuchan,
y sacude el temblor postreras canas tristes;
donde la juventud, flaca y pálida, muere;
donde, sólo al pensar, nos llenan la tristeza
y esas desesperanzas con párpados de plomo;
donde sus ojos claros no guarda la hermosura
sin que, ya al otro día, los nuble un amor nuevo.

¡Perderme lejos, lejos! Pues volaré contigo,
no en el carro de Baco y con sus leopardos,
sino en las invisibles alas de la Poesía,
aunque la mente obtusa vacile y se detenga.
¡Contigo ya! Tierna es la noche
y tal vez en su trono esté la Luna Reina
y, en torno, aquel enjambre de estrellas, de sus Hadas;
pero aquí no hay más luces
que las que exhala el cielo con sus brisas, por ramas
sombrías y senderos serpenteantes, musgosos.

Entre sombras escucho; y si yo tantas veces
casi me enamoré de la apacible Muerte
y le di dulces nombres en versos pensativos,
para que se llevara por los aires mi aliento
tranquilo; más que nunca morir parece amable,
extinguirse sin pena, a medianoche,
en tanto tú derramas toda el alma
en ese arrobamiento.
Cantarías aún, mas ya no te oiría:
para tu canto fúnebre sería tierra y hierba.

Pero tú no naciste para la muerte, ¡oh, pájaro inmortal!
No habrá gentes hambrientas que te humillen;
la voz que oigo esta noche pasajera, fue oída
por el emperador, antaño, y por el rústico;
tal vez el mismo canto llegó al corazón triste
de Ruth, cuando, sintiendo nostalgia de su tierra,
por las extrañas mieses se detuvo, llorando;
el mismo que hechizara a menudo los mágicos
ventanales, abiertos sobre espumas de mares
azarosos, en tierras de hadas y de olvido.

¡De olvido! Esa palabra, como campana, dobla
y me aleja de ti, hacia mis soledades.
¡Adiós! La fantasía no alucina tan bien
como la fama reza, elfo de engaño.
¡Adiós, adiós! Doliente, ya tu himno se apaga
más allá de esos prados, sobre el callado arroyo,
por encima del monte, y luego se sepulta
entre avenidas del vecino valle.
¿Era visión o sueño?
Se fue ya aquella música. ¿Despierto? ¿Estoy dormido?
 
El yo lírico se eleva entre los árboles, con las alas de la palabra poética, para reunirse con el ruiseñor que allí canta; eso le sirve para comparar la naturaleza eterna y transcendental de los ideales con la fugacidad del mundo físico: el poeta, que se siente morir, ansía esa eternidad.
2. NOVELA HISTÓRICA: WATER SCOTT
2.1. La novela histórica y el Romanticismo
La novela se cultivó con intensidad en la Europa romántica, tanto en su faceta sentimental, como en la histórica. Esta última encajaba muy bien con el espíritu de evasión romántica en el tiempo hacia épocas mitificadas, como la Edad Media. Los narradores románticos tomaron personajes medievales y los elevaron a categoría de héroes, apasionados y melodramáticos, como a ellos y a su público lector les gustaba imaginarlos. 
La novela romántica floreció en Francia — René de Chateaubriand (Atala, René), Alejandro Dumas (Los tres mosqueteros), Víctor Hugo (Nuestra Señora de París, Los Miserables)–, en Italia –Alessandro Manzoni (Los novios)–, Rusia –Pushkin (La dama de picas)–, etc. En España, su correlato es Bécquer con sus Leyendas, y E. Gil y Carrasco con El señor de Bembibre.
2.2. Walter Scott (Edimburgo, 1771 – Melrose, Escocia, 1832)
Aunque estudió abogacía, como su padre, se dedicó a la edición de libros y la escritura creativa, tanto en poesía como en prosa. Un ataque de polio lo dejó cojo de por vida, pero no le afectó en su prolífica producción.  Una de sus primeras novelas, muy exitosa, fue Waverley; cuenta la historia de Waverley, personaje con el corazón dividido en las guerras británicas y escocesas en la década de 1740. Su padre fue fiel a los Hannover y luchará en el bando inglés pero fue criado por unos tíos muy escoceses. Hay, además, dos mujeres, la novia inglesa y la patriota escocesa. Cambia dos veces de bando, los ingleses vencen y Waverley es perdonado y se casa con la novia. El tema central de la obra es la historia de Escocia, ya que aparecen escenarios y costumbres de este país en un ambiente verosímil, pues el autor se había documentado. 
Peveril del Piko recrea la vida de dos familias amigas pero de ideas políticas contrarias, alrededor del “Complot papal” que ocurrió en Inglaterra en 1678. El matrimonio entre el hijo de Geofrey Peveril, Julian, y la hija de Major Bridgenorth, Alice, arreglará las cosas tras múltiples y peligrosas aventuras. 
Quentin Durward cuenta la historia del arquero escocés del mismo nombre al servicio del rey francés Luis XI (siglo XV); las peripecias bélicas se mezclan con las sentimentales y, tras lances peligrosos, el soldado alcanza la mano de la noble y rica Isabelle de Croye, que se había refugiado en la corte del rey francés huyendo de un matrimonio impuesto y no deseado.
Su novela más famosa es la histórica Ivanhoe, ambientada en la Inglaterra del siglo XII. Ivanhoe es hijo de sir Cedric, un caudillo sajón, cuyo deseo es restaurar el trono de Inglaterra en la estirpe sajona, aunque en ese momento, Inglaterra está dominada por los normandos. El deseo general era que Ricardo Corazón de León uniera para siempre a los normandos y sajones en un mismo reino, cosa difícil porque el rey ha sido hecho prisionero cuando volvía de las cruzadas. Ivanhoe, tras regresar de la cruzada, entra en un torneo de caballeros en Ashby de la Zouche y oculta su identidad haciéndose llamar «Caballero Desheredado» (su padre lo había desterrado al conocer sus amoríos con lady Rowena), vence a todos sus oponentes, incluso al templario Bois-Guilbert, quien promete vengarse. Al recibir el premio del torneo, descubre a los presentes que es Ivanhoe. En el torneo es herido y luego puesto a los cuidados de la judía Rebeca, que se enamora perdidamente de él, pero él no le presta atención. A su vez, Rebeca es pretendida por el caballero Bois-Guilbert. Ivanhoe lleva su particular cruzada contra Juan Sin Tierra, pérfido hermano de Ricardo, que aprovecha la ausencia de su hermano para gozar del trono. Por eso, recibe la ayuda de Robin de Locksley, el futuro Robin Hood.
4. POEMAS OBJETO DE LECTURA Y ESTUDIO
4.1. POEMAS DE LORD BYRON 
«No volveremos a vagar» 
Así es, no volveremos a vagar
Tan tarde en la noche,
Aunque el corazón siga amando
Y la luna conserve el mismo brillo.

Pues así como la espada gasta su vaina,
Y el alma consume el pecho,
Asimismo el corazón debe detenerse a respirar,
E incluso el amor debe descansar.

Aunque la noche fue hecha para amar,
Y los días vuelven demasiado pronto,
Aún así no volveremos a vagar
A la luz de la luna.
«Camina bella» 
Camina bella, como la noche
De climas despejados y de cielos estrellados,
Y todo lo mejor de la oscuridad y de la luz
Resplandece en su aspecto y en sus ojos,
Enriquecida así por esa tierna luz
Que el cielo niega al vulgar día.

Una sombra de más, un rayo de menos,
Hubieran mermado la gracia inefable
Que se agita en cada trenza suya de negro brillo,
O ilumina suavemente su rostro,
Donde dulces pensamientos expresan
Cuán pura, cuán adorable es su morada.

Y en esa mejilla, y sobre esa frente,
Son tan suaves, tan tranquilas, y a la vez elocuentes,
Las sonrisas que vencen, los matices que iluminan
Y hablan de días vividos con felicidad.
Una mente en paz con todo,
¡Un corazón con inocente amor!
«Oscuridad» 
Sobre la fría losa de una tumba
un nombre retiene la mirada de los que pasan,
de igual modo, cuando mires esta página,
pueda el mío atraer tus ojos y tu pensamiento.

Y cada vez cada vez que acudas a leer este nombre,
piensa en mí como se piensa en los muertos;
e imagina que mi corazón está aquí,
inhumado e intacto.
«Cuando nos separamos» 
Cuando nos separamos
en silencio y con lágrimas,
con el corazón medio roto,
para apartarnos por años,
tu mejilla se tornó pálida y fría
y tu beso aún más frío…
Aquella hora predijo
en verdad todo este dolor.
El rocío de la mañana
resbaló frío por mi frente
y fue como un anuncio
de lo que ahora siento.

Tus juramentos se han roto
y tu fama ya es muy frágil;
cuando escucho tu nombre
comparto su vergüenza.
Cuando te nombran delante de mí,
un toque lúgubre llega a mi oído
y un estremecimiento me sacude.
¿Por qué te quise tanto?
Aquellos que te conocen bien
no saben que te conocí:
Por mucho, mucho tiempo
habré de arrepentirme de ti
tan hondamente,
que no puedo expresarlo.

En secreto nos encontramos,
y en silencio me lamento
de que tu corazón pueda olvidar
y tu espíritu engañarme.
Si llegara a encontrarte
tras largos años,
¿cómo habría de saludarte?
¡Con silencio y con lágrimas!
 
«En un álbum» 
Sobre la fría losa de una tumba
un nombre retiene la mirada de los que pasan,
de igual modo, cuando mires esta página,
pueda el mío atraer tus ojos y tu pensamiento.

Y cada vez cada vez que acudas a leer este nombre,
piensa en mí como se piensa en los muertos;
e imagina que mi corazón está aquí,
inhumado e intacto.
4.2. POEMAS DE JOHN KEYTS 
«Oda sobre una urna griega» 
1
Tú todavía inviolada novia del sosiego,
criatura nutrida de silencio y tiempo despacioso,
silvestre narradora que así puedes contar
una historia florida con dulzura mayor que nuestro canto.
¿Qué leyenda orlada de hojas evoca tu figura
con dioses o mortales o con ambos,
en Tempe o en los valles de Arcadia?
¿Qué hombres o qué dioses aparecen? ¿Qué rebeldes doncellas?
¿Qué loca persecución? ¿Quién lucha por huir?
¿Qué caramillos y panderos? ¿Qué éxtasis salvaje?

2
Dulces son las oídas melodías, pero las inoídas
son más dulces aún; sonad entonces suaves caramillos
no al oído carnal, sino, más seductores,
dejad que oiga el espíritu tonadas sin sonido.
Hermoso adolescente, bajo los árboles, no puedes
suspender tu canción ni nunca quedarán los árboles desnudos;
amante audaz, no alcanzarás el beso
tan cercano, mas no penes;
ella no puede marchitarse, aunque no se consume tu deseo,
para siempre amarás y ella será hermosa.
3
Ah ramas felicísimas que no podréis nunca
esparcir vuestras hojas ni abandonar jamás la primavera;
y tú, oh músico feliz, infatigable,
que modulas sin término canciones siempre nuevas;
y más feliz amor y más y más feliz amor,
entre el deseo para siempre y la inminencia de la posesión,
entre el aliento jadeante y la perpetua juventud.
Todo respira mucho más arriba que la pasión del hombre
que deja el corazón hastiado y dolorido,
y una frente febril y una boca abrasada.

4
¿Quiénes avanzan hacia el sacrificio?
¿Hasta qué verde altar, misterioso oficiante,
llevas esa ternera que muge hacia los cielos
y cuyos sedosos flancos se visten de guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad en las orillas de un río o de la mar
o en una montaña coronada de quieta ciudadela
dejan sus gentes sola en la pía mañana?
Ciudad pequeña, tus calles para siempre
quedarán en silencio y nadie nunca
para dar la razón de tu abandono ha de volver.

5
¡Ática forma! ¡Figura sin reproche! En mármol,
de hombres y doncellas guarnecida
y de silvestres ramos y de hierbas holladas.
Oh forma silenciosa que desafía nuestro pensamiento
como la eternidad. Oh fría pastoral.
Cuando a esta generación consuma el tiempo
tú quedarás entre otros dolores
distintos de los nuestros, tú, amiga del hombre, al que repites:
La belleza es verdad y la verdad belleza. Tal es cuanto
sobre la tierra conocéis, cuanto necesitáis conocer.
 
«Oda al otoño» 
Estación de las nieblas y fecundas sazones,
colaboradora íntima de un sol que ya madura,
conspirando con él cómo llenar de fruto
y bendecir las viñas que corren por las bardas,
encorvar con manzanas los árboles del huerto
y colmar todo fruto de madurez profunda;
la calabaza hinchas y engordas avellanas
con un dulce interior; haces brotar tardías
y numerosas flores hasta que las abejas
los días calurosos creen interminables
pues rebosa el estío de sus celdas viscosas.

¿Quién no te ha visto en medio de tus bienes?
Quienquiera que te busque ha de encontrarte
sentada con descuido en un granero
aventado el cabello dulcemente,
o en surco no segado sumida en hondo sueño
aspirando amapolas, mientras tu hoz respeta
la próxima gavilla de entrelazadas flores;
o te mantienes firme como una espigadora
cargada la cabeza al cruzar un arroyo,
o al lado de un lagar con paciente mirada
ves rezumar la última sidra hora tras hora.

¿En dónde con sus cantos está la primavera?
No pienses más en ellos sino en tu propia música.
Cuando el día entre nubes desmaya floreciendo
y tiñe los rastrojos de un matiz rosado,
cual lastimero coro los mosquitos se quejan
en los sauces del río, alzados, descendiendo
conforme el leve viento se reaviva o muere;
y los corderos balan allá por las colinas,
los grillos en el seto cantan, y el petirrojo
con dulce voz de tiple silba en alguna huerta
y trinan por los cielos bandos de golondrinas.

 

«Oda a la melancolía» 
1
No vayas al Leteo ni exprimas el morado
acónito buscando su vino embriagador;
no dejes que tu pálida frente sea besada
por la noche, violácea uva de Proserpina.
No hagas tu rosario con los frutos del tejo
ni dejes que polilla o escarabajo sean
tu alma plañidera, ni que el búho nocturno
contemple los misterios de tu honda tristeza.
Pues la sombra a la sombra regresa, somnolienta,
y ahoga la vigilia angustiosa del espíritu. 
2
Pero cuando el acceso de atroz melancolía
se cierna repentino, cual nube desde el cielo
que cuida de las flores combadas por el sol
y que la verde colina desdibuja en su lluvia,
enjuga tu tristeza en una rosa temprana
o en el salino arco iris de la ola marina
o en la hermosura esférica de las peonías;
o, si tu amada expresa el motivo de su enfado,
toma firme su mano, deja que en tanto truene
y contempla, constante, sus ojos sin igual.


3
Con la Belleza habita, Belleza que es mortal.
También con la alegría, cuya mano en sus labios
siempre esboza un adiós; y con el placer doliente
que en tanto la abeja liba se torna veneno.
Pues en el mismo templo del Placer, con su velo
tiene su soberano numen Melancolía,
aunque lo pueda ver sólo aquel cuya ansiosa
boca muerde la uva fatal de la alegría.
Esa alma probará su tristísimo poder
y entre sus neblinosos trofeos será expuesta.
 
«Al ver los mármoles de Elgin» 
Mi alma es demasiado débil; sobre ella pesa,
como un sueño inconcluso, la espera de la muerte
y cada circunstancia u objeto es una suerte
de decreto divino que anuncia que soy presa

de mi fin, como un águila herida mira al cielo.
Pero es un delicado murmullo este lamento
por no tener conmigo una nube, acaso un viento
que hasta abrir su ojo el alba me dé tibio consuelo.

Estas borrosas glorias que imagina la mente
prestan al corazón un territorio escondido
y un extraño dolor cuyo prodigio silente

mezcla la helénica grandeza con el sonido
del Tiempo ya pasado o de un mar inclemente,
con el solo la sombra de un ser desconocido.
«¿Por qué reí esta noche? No hay voz que responda» 
¿Por qué reí esta noche? Ninguna voz dirá:
Ni Dios ni Demonio de severa respuesta,
Se dignan a contestar desde Cielo o Infierno.
Así, a mi humano corazón me vuelvo enseguida:
-¡Corazón! Tú y yo estamos aquí tristes y solos;
¡Díme, por qué me reí! ¡Oh, dolor mortal!
¡Oh, Oscuridad! ¡Oscuridad! Siempre he de quejarme,
Para preguntar al Cielo, y al Infierno,y al Corazón en vano.
¿Por qué me reí? Conozco ese lado del ser,
Mi fantasía hasta su máxima felicidad se extiende;
Ahora podría cesar en esta auténtica media noche,
Y las llamativas insignias del mundo, ver en añicos.
Poesía, Fama y Belleza, son de hecho intensas,
Pero la Muerte lo es más: La Muerte es el mayor premio de la Vida.

 

Advertencia: aunque la estructura, intención y sentido de la este texto es original, bastantes datos aquí proporcionados proceden de Wikipedia, donde se pueden contrastar.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Profesor de Lengua Castellana y Literatura. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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