Pío Baroja: «Aurora roja» («La lucha por la vida», 3); análisis y propuesta didáctica

PÍO BAROJA: AURORA ROJA
  1. ANÁLISIS
  1. Resumen
«Aurora roja» es el tercer título de la trilogía «La lucha por la vida». La historia comienza con un prólogo dedicado a Juan, el hermano de Manuel. Es seminarista en una institución religiosa no aclarada. Al finalizar un verano, decide dejar sus estudios religiosos porque no tiene vocación. Va a casa de su tío –quien lo mantenía y cuidaba–, le dice que vuelve a los estudios, pero los abandona. Echa a caminar sin rumbo fijo; en el campo, unos cazadores lo golpean porque piensan que les ha robado la caza. En un pueblo hace algunos retratos y gana un poco de dinero, pues le cae bien al alcalde. Se encamina hacia Barcelona, donde piensa dedicarse a la pintura. Aparece como un joven enérgico y firme en sus ideas. Luego sabremos porque se lo cuenta a su hermano Manuel que se instala en Barcelona como retratista y le va bien. Va a París, donde lo pasa mal trabajando de lo que pilla. Perfecciona su arte como escultor, imitando a Rodin y otros. Luego regresa a la capital, a Madrid; pregunta y al fin da con su hermano, que lo acoge cariñosamente.
Manuel se instala con la Salvadora y su hermano, y su hermana viuda Ignacia en una casa a las afueras de Madrid. Trabaja en una imprenta de cajista. Tiene como vecinos a un padre que es barbero y a un hijo que es electricista. Forman tertulia todas las noches, a la que acude también el señor Canuto, veterinario jubilado. En un baruco no lejos de allí se reúne un grupo de anarquistas, donde Juan asiste y es respetado. Le hace un busto a la Salvadora, queda muy bien y lo vende por buen dinero. Salvadora trabaja mucho cosiendo y monta una pequeña academia de corte y confección, con muchas alumnas; le va bien, aunque está agotada. Manuel no sabe qué siente hacia ella. Esta la anima a comprar una imprenta, pero falta el dinero. Un día visita a Roberto y le propone que le preste dinero para comprar una imprenta. Roberto accede e invierte, a modo de socio capitalista, cerca de diez mil pesetas. Roberto se casa con Kate; su situación económica se ha arreglado porque el asunto de herencia ha salido bien y ahora vive desahogadamente; ya tienen un hijo.
Manuel acoge a Jesús para que le ayude en la imprenta. Este no abandona su vida de alcohol y dejación laboral. Monta un grupo de ladrones y, en el cementerio semiabandonado cerca de su casa, Canuto y él esquilman las tumbas, e incluso desentierran féretros para buscar cosas que vender. Manuel los espía una noche y los pilla en sus repugnantes tratos comerciales con objetos religiosos y de difuntos. Jesús le pide cincuenta pesetas y se va a Tánger, para siempre; abandona la escena, junto con Canuto, que habla de un modo peculiar, cortando palabras y deformando otras para ser más original.
A Alonso, el trapecista, le obligan a hacerse policía y, con Ortiz, pillan al Bizco, que vivía en un agujero, medio cueva, que había practicado a las afueras, por el Manzanares. Lo condenan a muerte. Manuel lo visita en la cárcel, por si le puede servir de algo, pero el Bizco, que había matado a una novia, solo le pide que el verdugo no le haga sufrir. Manuel visita al verdugo, con su hermano Juan; es un hombre con acento andaluz que confiesa que lo hace para ganarse la vida, aunque no le gusta el oficio y recibe el desprecio de vecinos y familiares.
“Aurora roja” es el nombre de la asociación informal de anarquistas que se reúnen en la tasca para despotricar contra todo y contra todos. Están divididos en tendencias. Manuel asiste regularmente y se siente parte de ellos, aunque le llaman burgués por poseer una imprenta. Un día llega un italiano, o eso parece ser, con una bomba en una maleta. Juan cae enfermo y se siente débil, pero sigue adelante con sus ideas anarquistas y deja la escultura. Es bueno y desprendido, pero poco práctico. Salvadora se da cuenta de la bomba del italiano, se la quitan, la destruyen, junto con un cuchillo y todos los papeles. Todo lo había organizado un tipo que montaba algazaras políticas, pero que era soplón de la policía. Tras inspeccionar la casa por la policía, se libran in extremis de ir a la cárcel. Un día aparece Roberto y habla largamente con Manuel. Le explica que el anarquismo es contradictorio y utópico. La voluntad y la determinación personal son las que pueden cambiar para mejor a la persona y al mundo. Se va para Londres, pero antes le aconseja a Manuel que se case con la Salvadora, cosa que hace inmediatamente. Roberto le perdona el préstamo y le regala su parte a Manuel. Parece que los anarquistas preparan un atentado en la fiesta de coronación de Alfonso XII, al alcanzar la mayoría de edad, pero no pasó nada. Juan empeora y, finalmente, muere. Lo entierran en presencia de su grupo de anarquistas y de su hermano, que lamenta su muerte.
Esta novela cierra temáticamente las dos anteriores. Manuel alcanza la madurez, la estabilidad económica y la tranquilidad emocional, gracias a su matrimonio. Desde el punto de vista ideológico, tras sus coqueteos con el anarquismo, se instala en un conformismo crítico con la situación política de España.
  1. Tema
Esta es la novela más ideológica de las tres de la trilogía porque el anarquismo y sus posibilidades de transformación social ocupan una parte importante del desarrollo del relato. El tema central es la maduración personal, en los aspectos ideológicos y emocionales, de Manuel y su consecuente mejora económica, ya completamente estable y acomodada al ser propietario de una imprenta.
  1. Personajes
-Manuel: ya es un adulto asentado. Muy titubeante, en un primer momento, en lo emocional y en lo ideológico, se deja influir por unos y otros, como dejándose llevar sin rumbo. Es trabajador y responsable, aunque indeciso. Roberto le da orientaciones sociales y políticas: anarquismo conservador matizado por una fuerte voluntad de superación y afán de lograr metas individuales en la vida, sean del tipo que fueren. Salvadora le aporta la estabilidad emocional que estaba buscando. Abandona el mundo de la prostitución, a pesar de verse otra vez con la Justa, ya no se deja influir y sigue su camino de decencia.
-Salvadora: es la mujer fuerte, voluntariosa y tenaz, que ordena su vida y la de su marido Manuel. Trabaja mucho y es paciente para alcanzar sus objetivos. Al fin, Manuel se le declara, cosa que ella buscaba desde hacía tiempo, y forman un hogar. Sin ser guapa, es expresiva y posee un gran fondo ético. Emerge como la fuerza estabilizadora de individuos un tanto desorientados en sus vidas.
-Ignacia: la hermana viuda de Manuel, también es una mujer juiciosa y trabajadora. Aporta estabilidad y sentido común a la casa, pues la practicidad es su línea de conducta.
-Juan: es el hermano de Manuel, que había criado un tío. Iba para cura en un seminario, pero lo abandona al descubrir su falta de vocación. Con dotes artísticas y mucha generosidad en su interior, trata de redimir al mundo de los humildes y los hambrientos a través del anarquismo, pero muere joven. Educado, sensible, respetuoso, encarna a la bondad desprendida, al utopismo anarquista y al deseo de una humanidad mejor. Su muerte prematura parece un símbolo del fracaso de esas ideas.
-El Libertario: es un hombre anarquista de buenas intenciones, palabrero y algo majadero, que viven sin dar un palo al agua de sus ideas más o menos utópicas. Como él, pululan otros muchos en la novela, como el Madrileño, el catalán, etc.
-Padre peluquero e hijo electricista (los Rebolledo): encarnan a los trabajadores y laboriosos hombres corrientes. Tienen sus ideas, pero no están ideologizados. Muestran mucha solidaridad y compasión por los demás.
  1. Lugar y tiempo
La acción se desarrolla en Madrid, en los barrios humildes y pobres del suroeste. Aparecen los depósitos de gas y las orillas del Manzanares como lugar de ocio. Calles de barro, escasa iluminación y edificios arrumbados es el día a día de un lugar un tanto duro e inhóspito para las personas humildes.
La acción se desarrolla a principios del siglo XX. Baroja firmó el final de la novela en 1904, año en que se publicó. Algunas referencias a hechos ocurridos por esa época confirman la época: el acceso al trono de Alfonso XII y la pérdida de las últimas colonias de ultramar. En cuanto a la duración de la acción, se puede calcular en un año, aproximadamente. Baroja referencia los hechos a estaciones y meses, y vemos cómo discurren con sus lógicas consecuencias: frío y lluvia en invierno y sol y calor en verano.
  1. Figura del narrador
La acción es narrada por un narrador omnisciente, en tercera persona, objetivo y externo. Este narrador heterodiegético más o menos se puede identificar con el propio Baroja, pues transmite su mentalidad de pesimismo social, escepticismo sobre el desarrollo de España, críticas despiadadas hacia los charlatanes, los vagos, los tramposos, que abundan por todos lados. La narración suele ser rápida y dinámica. Sin embargo, existen unos capítulos en la tercera parte donde se explica la ideología anarquista con cierto pormenor, se citan pensadores y políticos de esa tendencia, se reproducen diálogos sobre discusiones ideológicas, etc. Es una sección más lenta; la acción se remansa y los pensamientos y emociones pesan más que la acción.
  1. Apartados temáticos
Baroja presenta un relato de desarrollo clásico:
-Introducción o presentación de los personajes y el ambiente: ocupa el prólogo, referido a Juan y su abandono de la vida religiosa y los tres primeros capítulos de la primera parte.
-Nudo o desarrollo de la trama: abarca el resto de la primera parte, la segunda y la tercera excepto el capítulo final.
-Desenlace o resolución del conflicto: se concentra en el último capítulo de la tercera parte. Se centra en la enfermedad mortal y entierro de Juan.
  1. Análisis estilístico
El estilo barojiano se caracteriza por:
-Narraciones breves y rápidas: la acción se presenta con economía y concentración expresiva. La narración es bastante objetiva, seca y concentrada en el asunto principal.
-Descripciones detalladas, caracterizadoras de un lugar o un personaje y moderadas. Baroja huye de la morosidad y la lentitud, de modo que presenta el objeto descrito con pocas palabras y mucha contención.
-Variedad de paisajes y personajes, dentro de un ambiente urbano madrileño: la acción cambia con bastante frecuencia, lo mismo que los personajes que intervienen en ella. Son bastantes y heterogéneos.
-Lenguaje preciso y claro: Baroja utiliza un castellano rico en su léxico y variado en su uso. Tanto las descripciones precisas de enfermedades, por ejemplo, como la forma de hablar del hampa, se recoge con mucha propiedad y expresividad.
-Estilo fotográfico: el novelista presenta ambientes y personajes mirándolos de modo objetivo y aséptico. No duda en ofrecer los aspectos más feos y desagradables del objeto descrito; lo realiza con cierto distanciamiento y mirada fotográfica.
-Intención crítica de orden social y existencial: Baroja presenta una realidad bastante deprimente de la España decimonónica con una intención de crítica social. Rechaza la brutalidad ambiente, la incultura generalizada, la sordidez moral en muchos ámbitos de la sociedad, la hipocresía y el cinismo de los pudientes, el egoísmo generalizado,etc. A continuación ofrecemos un ejemplo elocuente (1.ª parte, cap. III):

 

Manuel subió las escaleras con su hermano, abrió la casa y pasaron al comedor. Manuel estaba completamente azorado; la llegada de Juan le perturbaba por completo. ¿A qué vendría?
–Tienes una bonita casa –dijo Juan contemplando el cuartito limpio, con la mesa redonda en medio y el aparador lleno de botellas.
–Sí.
–¿Y la hermana?
–Ahora vendrá. No sé qué hace. ¡Ignacia! –llamó desde la puerta.
Entró la Ignacia, que recibió a su hermano más sorprendida que satisfecha. Tenía la mujer ya su vida formada y reglamentada, y su egoísmo se sentía inquieto ante un nuevo factor que podía perturbarla.
–Y este perro, ¿de dónde ha venido? –preguntó alborotada la mujer.
–Es mío –dijo Juan.
Al entrar la Salvadora, Juan no pudo evitar un movimiento de sorpresa.
–Es una amiga que vive con nosotros como una hermana –murmuró Manuel.
Al decir esto, Manuel se turbó un poco, y la turbación se comunicó a la Salvadora; Juan saludó, y se inició entre los cuatro una conversación lánguida. De pronto entró gritando el hermano de la Salvadora en el comedor; Juan le acarició, pero no preguntó quién era; el chico se puso a jugar con el perro. La discreción de Juan, al no decir nada, les azoró aún más; las mejillas de la Salvadora enrojecieron como si fueran a echar sangre, y, balbuceando un pretexto, salió del cuarto.
 –¿Y qué has hecho?, ¿qué ha sido de tu vida? –preguntó maquinalmente Manuel.
Juan contó cómo había salido del seminario; pero el otro no le oía, preocupado por la turbación de la Salvadora.
Luego Juan habló de su vida en París, una vida de obrero, haciendo chucherías, bibelots y sortijas, mientras estudiaba en el Louvre y en el Luxemburgo, y trabajaba en su casa con entusiasmo. Mezcló en sus recuerdos sus impresiones artísticas, y habló de Rodin y de Meunier, con un fuego que contrastaba con la frialdad con que era escuchado por la Ignacia y Manuel; después expuso sus ideas artísticas; quería producir este arte nuevo, exuberante, lleno de vida, que ha modernizado la escultura en las manos de dos artistas, uno francés y el otro belga; quería emancipar el arte de la fórmula clásica, severa y majestuosa de la antigüedad; quería calentarlo con la pasión, soñaba con hacer un arte social para las masas, un arte fecundo para todos, no una cosa mezquina para pocos.
En su entusiasmo, Juan no comprendía que hablaba a sus hermanos en un lenguaje desconocido para ellos.
–¿Tienes ya casa? –le preguntó Manuel en un momento en que Juan dejó de hablar.
–Sí.
–¿No quieres cenar con nosotros?
–No, hoy no; mañana. ¿Qué hora es?
–Las seis.
–¡Ah!, entonces me tengo que marchar.
  1. Interpretación
Esta hermosa novela de Baroja nos deja una imagen vívida tras su lectura. En primer lugar, conviene destacar la fotografía realista y ferozmente crítica del Madrid de 1900. Todos los ambientes, personajes y actitudes circulan por la novela. De los vagos con ideologías políticas anarquistas, a los truhanes más violentos e inmorales, aparecen en la novela dejando una imagen terrible de un país moralmente descompuesto y de una sociedad carente de una guía moral firme y compartida.
Las personas de carácter dubitativo, como el protagonista, Manuel, reciben una mala influencia y acaban por el camino de perdición a causa de carencias educativas, familiares y sociales. Baroja no es neutral ante esta lacerante sociedad: la critica, la ridiculiza; y, en fin, satiriza tipos y situaciones moralmente rechazables. Su escepticismo sobre las posibilidades de progreso y estabilidad es patente. Desconfía de una sociedad muy podrida en su médula moral y existencial. Los que tienen ideas de progreso, como el grupo de anarquistas, son holgazanes e inconsistentes; los que no piensan en eso, se esfuerzan por salir adelante con su trabajo. Salvadora e Ignacia son ejemplos de cierta regeneración moral. Roberto, por supuesto, hombre enérgico y trabajador, emerge como modelo de ciudadano esforzado y guía para los demás
La variedad de ambientes y personajes es una característica muy llamativa de la narrativa barojiana. En sus páginas vemos la sociedad entera: niños y adultos, hombres y mujeres, ricos y pobres, desfilan por su narración dejándonos un fondo de verdad, aunque desagradable y cruda. En esta tercera parte Baroja se centra en el análisis de la ideología anarquista. Presenta a muchos de sus seguidores como ingenuos, charlatanes y holgazanes. Pero no son todos, pues Juan, anarquista convencido, es un hombre bueno y generoso.
El estilo barojiano, breve, sucinto, muy concentrado, hace que la acción avance deprisa. Esto evita todo despiste lector y aumenta la tensión narrativa notablemente. La lectura de esta novela es también documental: nos ofrece una fotografía, bien que ácida, del Madrid finisecular, lleno de sordidez y pobreza. Desde luego, conocemos mucho mejor cómo era y qué sentían las personas de esa época. También nos invita a una reflexión personal sobre nuestra sociedad y nuestro papel en ella. ¿Hemos avanzado algo? ¿La inmoralidad y el egoísmo siguen campando por sus respetos?
  1. Contextualización
Pío Baroja y Nessi (San Sebastián, 1872 – Madrid, 1956) es uno de los grandes escritores españoles, miembro de la Generación del 98, junto con Unamuno, Azorín, Maeztu, Machado y Valle-Inclán. Comparte con los miembros de su generación su preocupación por España, una crítica fuerte a los vicios sociales, búsqueda de un estilo renovado y más natural y, finalmente, una conciencia estética y ética que pretende regenerar un país, España, sumido en cierta parálisis socio-económica y cultural, sobre todo a raíz de la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, las últimas colonias del imperio.
Baroja transmite un sus obras un enorme escepticismo acerca del hombre y sus posibilidades de mejora. Su ideología, entre el anarquismo conservador y el nihilismo escéptico, se deja ver muy bien en sus novelas. Los finales más bien amargos y tristes, muchas veces trágicos, nos presentan un autor desengañado respecto de la sociedad de su tiempo.
El estilo barojiano es muy peculiar: su brevedad descriptiva, su narración rápida y directa son bien conocidos. La frase corta, la adjetivación exacta y más bien parca obligan a una lectura atenta, que fluye a buen ritmo hacia desenlaces más bien amargos. Los personajes, de cualquier clase y condición social, están bien dibujados; los conocemos más por lo que hacen y dicen que por la mediación del narrador.
  1. Valoración
Esta novela de Baroja posee un gran atractivo para el lector porque le ofrece una imagen completa de una sociedad más próxima a nosotros de lo que, seguramente, nos gustaría. El estilo terso, dinámico, preciso y enfocado en la acción rápidamente atrapa al lector y lo lleva, casi literalmente, por un recorrido de la capital de España en los primeros años del siglo XX. La creación de los personajes es verosímil y literariamente feliz porque estos ofrecen una consistencia notables.
Parece que Baroja se ensaña con la sociedad de su tiempo y su novela, en este sentido, funciona como una protesta firme y clara contra la degeneración moral y existencial de un país a la deriva. El escritor vasco, escéptico y huraño, nos ofrece un documento feroz de una ciudad terrible, Madrid, en un momento histórico de crisis. Los valores estéticos y la reflexión de fondo se maridan para crear un fuerte impacto lector. El análisis de la ideología anarquista es seria y benevolente, aunque las conclusiones que ofrece son desoladoras. La sociedad necesita personas moral e ideológicamente firmes, dada la corrupción política y la descomposición social.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en
casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren
material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume la obra en su trama principal (300 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido.
4) Analiza los personajes y establece su relevancia argumental.
5) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada.
6) Analiza la figura del narrador a lo largo de la novela.
7) Explica por qué este texto pertenece a la literatura contemporánea y a la Generación
del 98 de modo más específico.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos propios de la novela moderna aparecen en este texto?
2) ¿Se puede decir que el destino opera realmente sobre las personas, a tenor de lo que
leemos en Aurora roja? Razona la respuesta.
3) ¿Qué importancia posee el amor, en distintas variantes, en esta novela?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la pobreza?
5) Elige el personaje más siniestro o negativo; explícalo e interpreta su sentido.
6) ¿Cómo aparece el mundo del anarquismo en la novela? ¿Qué opinión tenía Baroja de é, a juzgar por los textos? Razona la respuesta con ejemplos.
7) Explica la importancia de la amistad y deduce su papel en el resto de la novela.
8) Analiza el papel de los padres y las madres ante sus hijos a lo largo de la novela.
Compara sus actitudes: ¿hacen lo que pueden para proteger y educar a su prole? En caso afirmativo, ¿alcanzan el éxito en sus desvelos? Razona tu respuesta.
2.3. Comentario de texto específico
(Capítulo VII, 3.ª parte)
Una tarde, después de comer, estaba Manuel regando las plantas de su huertecillo, cuando se presentó Roberto.
–¡Hola, chico!, ¿qué tal? ¿Estás de jardinero?
–Ya ve usted. ¿Y la señorita Kate?
–Muy bien. Allí, en Amberes, con su madre. Hemos hablado mucho de ti.
–¿Sí? ¿De veras?
–Te recuerdan con verdadero cariño.
–Son muy buenas las dos.
–Tengo ya un chico.
–¡Hombre! ¡Cuánto me alegro!
–Es un pequeño salvaje. Su madre lo está criando. ¿Y tus negocios? ¿Qué tal van?
–No tan bien como yo quisiera; no le voy a poder devolver el dinero tan pronto como yo creía.
–No importa. Cuando puedas. ¿Qué te pasa? ¿No marcha el negocio?
–Sí, va muy despacio; pero, me matan los obreros socialistas.
–¿Los socialistas?
–Sí. Está uno atado de pies y manos. Las sociedades hacen ya en todos los oficios lo que quieren, ¡con un despotismo! Uno no puede tener los obreros que se le antoje, sino los que ellos quieran. Y se ha de trabajar de esta manera, y se ha de despachar a éste, y se ha de tomar al otro. Es una tiranía horrible.
–Y con esto, tu tendencia anarquista se habrá aumentado.
–Claro que sí. Porque si hay que hacer la revolución social, que la hagan de una vez; pero, que le dejen a uno vivir… ¿Quiere usted subir un rato, don Roberto?
–Bueno.
Subieron los dos y pasaron al comedor. Roberto saludó a la Salvadora.
–¿Tomará usted café, don Roberto?, ¿eh? -le preguntó Manuel.
–Sí.
Le trajeron una taza de café.
–¿Tu hermano es también anarquista? –preguntó Roberto.
–Mucho más que yo.
–Usted debe curarles de ese anarquismo –dijo Roberto a la Salvadora.
–¿Yo? -preguntó ella ruborizándose.
–Sí, usted, que seguramente tiene más buen sentido que Manuel. Al artista no le conozco. A éste, sí, desde hace tiempo, y sé cómo es: muy buen chico; pero, sin voluntad, sin energía. Y no comprende que la energía es lo más grande; es cómo la nieve del Guadarrama, que sólo brilla en lo alto. También la bondad y la ternura son hermanas; pero son condiciones inferiores de almas humildes.
–Y si yo soy humilde, ¿qué le voy a hacer?
–¿Ve usted? –replicó Roberto dirigiéndose a la Salvadora-. Este chico no tiene soberbia. Luego es un romántico, se deja arrastrar por ideas generosas; quiere reformar la sociedad…
–No me venga usted con bromas. Yo ya sé que no puedo reformar nada.
–Eres un sentimental infecto. Luego añadió, dirigiéndose también a la Salvadora: -Yo, cuando hablo con Manuel, tengo que discutir y reñirle. Perdone usted.
–¿Por qué?
–¿No le molesta a usted que le riña?
–Si le riñe usted con razón, no.
–Y que discutamos, ¿tampoco le molesta?
–Tampoco. Antes me aburrían las discusiones, ahora ya no; me interesan muchas cosas y también soy algo avanzada.
–¿De veras?
–Sí; casi, casi, libertaria; y no es por mí, precisamente; pero me indigna que el Gobierno, el Estado o quien sea, no sirva más que para proteger a los ricos contra los pobres, a los hombres contra las mujeres, y a los hombres y a las mujeres contra los chicos.
–Sí, en eso tiene usted razón –dijo Roberto–. Es el aspecto más repugnante de nuestra sociedad ése, el que se encarnice con los débiles, con las mujeres, con los niños, y que, en cambio, respete todas las formas de la bravuconería y todas las formas del poder.
–Yo, cuando leo esos crímenes –siguió diciendo la Salvadora–, en que los hombres matan a una mujer, y luego se les perdona, porque han llorado, me da una ira…
–Sí, ¿qué quiere usted? Es el jurado sentimental, que va a la Audiencia como quien va al teatro. Así le condenan a veinte años de presidio a un falsificador y dejan libre a un asesino.
–¿Y por qué las mujeres no habían de ser jurados? –preguntó la Salvadora.
–Sería peor; se mostrarían, seguramente, más crueles para ellas mismas.
–¿Cree usted?
–Para mí es seguro.
–La pena debía ser –dijo Manuel– menor para la mujer que para el hombre; menor para el que no sabe que para el que sabe.
–A mí me parece lo mismo –añadió la Salvadora.
–Y a mí también –repuso Roberto.
–Eso es lo que debía modificarse –siguió diciendo Manuel–; las leyes, el Código. Porque eso de que haya república o monarquía o Congreso, bastante nos importa a nosotros. ;Por qué, por ejemplo, han de poner en el Registro civil si un niño es legítimo o no? Que le apunten, y nada más.
–Pues eso se va consiguiendo poco a poco –replicó Roberto–. Se van haciendo liquidaciones parciales, y las leyes cambian. En España, todavía, no; pero vendrán esas modificaciones, y vendrán mejor, ¡créelo!, si hay una voluntad fuerte, un poder audaz encargado de dominar el desconcierto de los egoísmos y de los apetitos.
–Pero, eso sería el despotismo.
–Sí; el despotismo ilustrado. Para mí, la autoridad es mejor que la ley. La ley es rígida, estable, sin matiz; la autoridad puede ser más oportuna y, en el fondo, más justa.
a) Comprensión lectora
1) Resume el texto, señala el tema e indica los apartados temáticos o secciones de
contenido.
2) Analiza brevemente los personajes que intervienen y su papel en la obra.
3) ¿Qué ha ocurrido antes de este fragmento? ¿Y después?
4) Indica el lugar y el momento donde se desarrolla la acción.
5) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos que embellecen el mensaje.
b) Interpretación
1) Analiza el carácter de Salvadora, Roberto y Manuel, según aparece en este pasaje.
2) Explica cómo aparece la situación de la mujer y de los niños. ¿Existe crítica? ¿Por qué?
3) Manuel ha pasado de empleado a empresario, lo que afecta a su mentalidad. ¿Cómo lo percibimos?
4) ¿Estamos ante una sociedad ideológicamente tranquila y serena? Justifica tu opinión.
 
2.4. Fomento de la creatividad
1) Escribe un cuento, en prosa o en verso, con un contenido más o menos inspirado en Aurora roja.
2) ¿Es común el estilo de vida que se desprende del relato? Razona tu respuesta y narra el tipo de vida de un niño o joven como tú hoy. Puedes cambiar el final del relato para hacerlo, a tu juicio, más verosímil.
3) Realiza una exposición sobre Pío Baroja, sus obras y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de la vida urbana madrileña de finales del siglo XIX (lugares, ambientes, etc.), en los que se pudo desarrollar esta novela y comenta su significación.
5) Leed algún fragmento del texto, de forma dramatizada, en grupos, ante la clase, acompañada la declamación de música e imágenes apropiadas.

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