Paul Auster: «La trilogía de Nueva York»; análisis y propuesta didáctica

PAUL AUSTER: LA TRILOGÍA DE NUEVA YORK
1. ANÁLISIS
1. Resumen
La trilogía de Nueva York (Barcelona, Ed. Anagrama, 1996; traducción de Maribel de Juan) se publicó en su versión original en inglés en 1985 la primera parte, y en 1986 la segunda y la tercera, formando cada una de ellas un libro independiente (Sun and Moon Press, Los Ángeles, EEUU). Ofrecemos un resumen de cada una de las partes:
1) “Ciudad de cristal”
Nueva York, hacia los años 1940-1950, se deduce por el contexto, pues no hay fechas explícitas. Quinn es un escritor peculiar, a sus treinta y cinco años. Tras la muerte de su esposa y un hijo, cinco años antes, publica novelas de misterio bajo el seudónimo de William Wilson, una cada año. El protagonista de sus libros es un investigador privado que se llama Max Work. Quinn Vive discretamente en Nueva York, ciudad por la que pasea mucho, va al cine, ve partidos de béisbol en la televisión y asiste a la ópera. Lleva una vida muy opaca y apenas se relaciona con el mundo. Un día recibe una llamada preguntando por Paul Auster, de la agencia de detectives del mismo nombre. Quinn trata de disuadir a su interlocutor que es un error, que él no es esa persona. Tras una segunda llamada, accede a una entrevista. Una mujer joven y bella, Virginia Stillman, casada con Peter Stillman, hombre que ha perdido el juicio porque su padre lo tuvo encerrado durante años en una habitación, a modo de experimento científico, le encarga que vigile al padre de su marido, Stillman, pues va a salir de la cárcel y cree que desea matar a su hijo como venganza. Quinn acepta el encargo, por quinientos dólares a la semana, y comienza a vigilar, pero no recoge frutos. Indaga en bibliotecas y descubre la tesis doctoral de Stillman, El jardín y la torre, acerca de la naturaleza de los indígenas del Nuevo Mundo y de las posibilidades de construir el paraíso terrenal en América, puesto que en Europa no era posible por su corrupción; también se discute sobre el origen de la Torre de Babel. Le influye El paraíso perdido, de Milton, y La nueva Babel, un libro de un tal Henry Dark, algo apocalíptico. Quinn lo apunta todo en un cuaderno rojo recién comprado.
En la estación de Grand Central espía hasta que encuentra a dos individuos que se parecen a Stillman; elige a uno y lo sigue. Este Stillman viejo pasea mucho por la ciudad y observa todo lo que ve. Recoge objetos y los lleva a su habitación de hotel. Quinn traza figuras de las calles por donde pasea y no concluye nada;  al fin habla con él; Stillman le cuenta su teoría sobre el conocimiento y el futuro, también apocalíptica. No revela todo lo que sabe porque tiene miedo que le roben sus ideas. Un buen día desaparece y ya no hay modo de dar con él. Quinn contacta con Auster y hablan sobre el caso de Stillman; quedan en verse otro día. Quinn entra en una espiral peligrosa de obsesión por el caso. Abandona su apartamento y se instala en un callejón desde donde espía el piso de los Stilmann; piensa que algo raro pasa y tiene que proteger a Peter y Virginia. Allí no entra ni sale nadie. Aprende a comer poco, regular estrictamente sus necesidades y vivir sin dinero, como al final ocurre. Contacta por teléfono con Auster y este le informa que el cheque del dinero semanal, a nombre de este, era falso. Stillman el viejo se suicidó, le informa, tirándose en el puente Brooklyn. Vuelve a su apartamento y lo encuentra ocupado por una mujer, con un nuevo contrato. Sale a la calle y va al viso de los Stillman, está abierto y entra. No hay muebles, se instala en una habitación pequeña y oscura; desnudo, alguien le lleva comida. Completa su cuaderno rojo y desaparece. Al final, habla el narrador, amigo de Auster. Ambos van al piso de los Stillman y encuentran el cuaderno rojo, que lo recoge, y que es la base de esta novela. El narrador dice que no sabe dónde podría estar Quinn, pero le desea lo mejor.
2) “Fantasmas”
La acción ocurre en 1948. Blanco contrata a Azul para que se instale en un apartamento y vigile constantemente a Negro. No le da más razones; ha de enviarle un informe escrito semanal con sus descubrimientos. Recibe una paga interesante y acepta el trabajo, pues Azul es detective privado. Al principio, Azul está contento con su trabajo. Negro parece escritor y lo único que hace, y que ve por la ventana Azul, es leer y escribir. Azul sigue por las calles de Nueva York a Negro, que no hace sino pasear. Azul, que es quien focaliza la historia, como protagonista, con un narrador en tercera persona, se cansa y sale a la calle por su cuenta. Un día, en la calle, ve que su novia va con otro hombre, así que su relación queda rota. Otro día, en la oficina de correos, donde va a depositar su informe en un apartado postal, entra alguien con una máscara y se dirige a ese apartado postal. Azul trata de retenerlo, pero el de la máscara huye. Luego recibe un escrito avisándole de que no haga trampas y cumpla su parte del trato. Sigue vigilando sin que pase nada. Se disfraza de viejo lunático y charla con Negro, Jimmy Rosa; charlan un buen rato en la calle, Azul, así disfrazado, y Negro. No descubre nada nuevo. Luego, ya sin disfraz, comen juntos en un restaurante, sin que Negro, que dice que es detective privado, aparente saber quién es Azul. Mantienen una charla cordial. Recibe otro aviso escrito para que respete el contrato de espionaje sobre Negro.
Otro día entra en el apartamento de Negro simulando ser un vendedor de cepillos y vuelven a charlar. Negro ahora es escritor y dice que está metido en la composición de un gran libro. Días después, Azul entra de incógnito en el apartamento de Negro y le coge un fajo de papeles de su mesa. Vuelve a su apartamento de enfrente y lee. Queda aturdido al comprobar que son sus informes. Vuelve al apartamento de Negro y tienen una tensa conversación, pues Azul descubre que Blanco es Negro. Azul le propina una fuerte paliza y lo deja medio muerto, o muerto del todo. Coge el manuscrito de Azul, vuelve a su apartamento y lo lee de un tirón. Parece que contiene su propia historia, lo que él ha hecho hasta ese momento como espía, como sugiere la enigmática frase: “Negro tenía razón, se dice. Yo lo sabía todo de memoria”. El narrador interviene al final, afirmando que no sabe hacia dónde se fue Azul ni qué hizo con su vida. Pero todo sigue su curso. Esto había pasado en la infancia del narrador, lo que corrobora que la acción se desarrolla en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, cuando todo era posible, afirma.
3) “La habitación cerrada”
Estamos otra vez en Nueva York. Cuenta la historia un narrador protagonista, o coprotagonista, pues la separación es difusa. Este es crítico literario y escritor más bien frustrado; está en la treintena. Década de 1970, con frecuentes analepsis a la década anterior. Fue muy amigo de infancia de Fanshawe, un chico muy inteligente, también con vocación de escritor y de vida incierta. Recibe una llamada de Sophie, una mujer que no conoce y conciertan una cita. Esta lo pone al día sobre Fanshawe: son pareja y tienen un hijo de meses, Ben. Aquel había escrito mucho, pero sin publicar nada. Un buen día desaparece. Le aconseja a su mujer que, si desaparece, lo de por muerto y contacte con el narrador y, si este lo estima oportuno, puede publicar sus manuscritos. En efecto, los escritos son buenos y se publican con éxito. Ganan bastante dinero. Una carta anónima le advierte que no puede indagar más en la vida del viejo amigo y que lo dé por muerto. El narrador y Sophie se enamoran seriamente; se casan y viven felices. El narrador firma un contrato con la editorial para escribir una biografía sobre Fanshawe, aunque pronto se arrepiente. Visita a Jane, la madre de Fanshawe, y acaban por acostarse.
Su matrimonio entra en crisis. Viaja a Francia para reconstruir la vida de Fanshawe; conoce muchos detalles de la vida de su antiguo amigo. Entra en crisis, por París se emborracha y se pelea con un hombre a la salida de un bar. No distingue la realidad de la fantasía por sus miedos. Vuelve a Nueva York. Sophie y él viven un año separados; luego se juntan y deciden olvidar para siempre a Fanshawe, desprendiéndose de todas las viejas posesiones de este. Tienen un hijo juntos, Paul, hacia 1980. Un buen día recibe una carta citándolo en una dirección de Boston; sospecha que es Fanshawe y, en efecto, es él. El narrador acude a la cita; se encuentra con una casa vieja y destartalada, con la puerta abierta. No se pueden ver la cara porque una doble puerta los separa, pero pueden hablarse. El narrador quiere tumbar la puerta abajo, pero Fanshawe lo amenaza con una pistola. Este le cuenta las razones de sus decisiones en la vida, de sus escritos, y le anuncia que morirá en horas porque ha ingerido un veneno. El narrador comprende que no puede hacer nada. Da la vuelta, se dirige a la estación del tren y saca un billete a Nueva York, de vuelta a casa. Ahí acaba su manuscrito, y esto es en 1984.
  1. Tema
Esta novela es densa y profunda, por lo que presenta varios temas, variando su grado de relevancia en cada uno de los tres relatos:
-La identidad de las personas, su sustancia, los cambios que se producen, el papel del azar en ello y la increíble facilidad con que se pierde la propia identidad.
-El delicado equilibrio entre la felicidad y la desgracia, la fortuna y la catástrofe. Cada personaje se esfuerza por adquirir unos valores que doten de sentido moral y existencial a su vida. A veces lo logran, a veces fracasan.
-La paradoja de la existencia del hombre, donde se enfrentan elementos opuestos como el paso del tiempo y el ansia de permanencia, la felicidad y la amargura, el papel de la fortuna en el destino personal frente a la voluntad de reafirmación del individuo, etc.
-La ciudad de Nueva York también es un asunto principal. Se la describe y asistimos al proceso de asimilación y vivencia de la ciudad por parte de los personajes.
-La esencia de la ficción narrativa, el papel de la metaficción y la difusa frontera que separa lo real de lo imaginario, lo vivido de lo ansiado, o de lo soñado. 
  1. Apartados temáticos
Cada una de las tres partes forman unidades narrativas independientes (de hecho, se publicaron como títulos distintos). Existen trasvases de personajes (como Quinn y Henri Dark) y los une un hilo temático y estilístico comunes. Sin embargo, el núcleo narrativo cambia sustancialmente de un apartado a otro, de ahí que se considere cada título una parte distinta de la novela. El título también indica que estamos ante tres novelas distintas unidas por la ciudad de Nueva York. También se enlazan por el tono y los temas tratados.
Dentro de cada título o apartado de la novela se observa una sólida unidad discursiva. A pesar de que las analepsis frecuentes y algunas prolepsis rompen el discurso temporal, los tres relatos ofrecen, en su desarrollo, un esquema de presentación, desarrollo y conclusión bastante evidentes. 
  1. Personajes
Las novelas de Auster ofrecen personajes densos, intensos y profundos. Aparece un protagonista que focaliza el relato y determina su desarrollo argumental, pues es un elemento de primer orden. Veamos los de más relieve:
Quinn (“La ciudad de cristal”): escritor voluntariamente anónimo porque se refugia tras el seudónimo de William Wilson. Hombre bastante derrotado por la vida tras la muerte de su esposa y su hijo. Lucha por mantener un equilibrio existencial delicado y frágil. Su afán de ayudar y de ser útil a los demás lo conducen a una situación existencial de colapso y desintegración de la propia personalidad. No existen antagonistas propiamente dichos, pues los personajes que lo rodean más bien necesitan su ayuda, o lo apoyan en sus intentos por esclarecer la verdad. Los Stillman, aparentes opuestos, se sumen en un confuso y ambiguo papel medio de víctimas, medio de verdugos.
Azul (“Fantasmas”): hombre joven que se dedica a la investigación privada. Comienza seguro de sí mismo y feliz por su vida, pero acaba en un proceso de desintegración personal al comprender que el espía es el espiado, que el controlador es controlado, que la libertad es una ficción. También acaba confundiendo su personalidad con la de Negro, que resulta que es Blanco. Este nombre es simbólico, como todos los del relato. Alude a un color, más o menos asociado a cosas positivas y buenas. Pero la fusión de colores al final sugieren la imposibilidad de la personalidad individual y la mezcla de todo en una sustancia cromática ininteligible. Su vida se vuelve del revés y las certezas se transforman en dudas.
Fanshawe (“La habitación cerrada”): ahora estamos ante un protagonista escurridizo y medio fantasmal. Obliga al narrador a ser coprotagonista, pues es este quien ha de descubrir la vida de Fanshawe desconocida para él desde la juventud. El asunto central es la propia identidad, tanto del protagonista como del narrador (del que ignoramos el nombre). Este trata de averiguar quién es el protagonista, del que había sido amigo de infancia, pero lo que logra es acercarse a su propio abismo, al diluirse, por identificación, con Fanshawe. El suicidio de este aporta un final amargo, e indican que no pudo encontrar su razón de ser en el mundo, a pesar de ser un hombre inteligente y recto, sin titubeos morales.
En los tres casos observamos protagonistas caracterizados por su sentido de la bondad, la verdad y la honestidad. Luchar por estos valores les cuesta muy caro a los tres. Son hombres que buscan su lugar en el mundo y el sentido de sus acciones, pero no es fácil encontrarlo y el precio a pagar es su propia vida, según se sugiere en los finales algo oscuros, pero ambiguos, como dejando una puerta a la esperanza.
  1. Lugar y tiempo de la acción narrada
La acción discurre, principalmente, en los tres relatos, en la ciudad de Nueva York; esta adquiere casi la categoría de personaje. Se describen decenas de calles y callejones, de edificios, puentes, monumentos, instituciones, etc. La ciudad se muestra neutral: no es buena ni mala, agresiva o pacífica. Vive o se manifiesta como un gran ser vivo donde microorganismos (los hombres) pululan en sus afanes diarios.
Ya se reseñó que las tres novelas se publicaron entre 1985 y 1986. El tiempo de la escritura se identifica con los años previos a esas fechas. El tiempo de la acción narrada ocupa toda la segunda mitad del siglo XX; es decir, desde la Segunda Guerra Mundial hasta 1984, última fecha citada en el tercer relato. En general, la infancia de los personajes transcurre entre 1940 y 1950. La madurez ocupa desde 1960 en adelante.
Sin embargo, conviene tener en cuenta las frecuentes analepsis, sobre todo en el primer relato. Se remontan a décadas o siglos atrás, cuando se trata de personajes históricos y sus obras (T. Milton, por ejemplo). Es frecuente también que los personajes se presenten en un principio como adultos, pero rápidamente la acción se retrotrae a décadas previas coincidiendo con la infancia de esos protagonistas.
  1. Figura del narrador
Auster es un escritor muy cervantino. Ha tomado de él el tratamiento de la figura del narrador de un modo ambiguo y polivalente. Se deja ver aquí y allá, a veces busca la complicidad con el lector, o desliza pistas difusas sobre su papel en el relato. Aparece como mero recopilador de textos (cuaderno rojo en el primer relato), u observador (en el segundo relato, recogiendo lo escrito por Negro, que es la historia de Azul), o editor de textos ajenos y protagonista al contar cómo ha editado, como en el último relato.
En el primer texto, estamos ante un narrador omnisciente en tercera persona, externo, objetivo y no tan distante, pues su implicación con Quinn es muy alta. Al final, al presentarse como editor del cuaderno rojo, que se entiende que es lo que nosotros leemos, comprendemos su afición y respeto por el personaje.
En el segundo texto también es un narrador omnisciente en tercera persona, omnisciente y externo; en general, no pierde su objetividad. Al cerrar el relato apela al lector y habla en primera persona del plural, incluyendo a los lectores en sus reflexiones y acciones.
El tercer texto aparece en primera persona, pues el narrador es homodiegético y coprotagonista junto con Fashawe. La historia de uno y otro se entremezclan, se confunden y fusionan. El proceso de hallazgo y publicación de lo escrito es parte sustancial del relato, de modo que el narrador adquiere protagonismo casi a su pesar.
Estamos ante una novela muy cervantina en cuanto al juego del narrador y sus omisiones sugerencias sobre quién escribe de qué.
  1. Procedimientos narrativos y recursos estilísticos
Auster es un escritor muy original y sorprendente. Esta obra representa muy bien su modo de narrar, que se puede resumir en varias notas:
-Ritmo demorado, parsimonioso, producto de descripciones muy minuciosas y de narraciones detalladas de lo que hacen los personajes.
-Variedad estilística y textual: en un mismo relato se incluyen citas de otros textos, a veces reales, a veces inventados, monólogo interior, estilo indirecto libre, narración objetiva fotográfica, corriente de conciencia, diálogos convencionales o no tanto, sin emplear marcas de su caracterización (comillas, raya inicial de párrafo), etc.
-Cierta fragmentación de la trama: la acción va, vuelve, se mueve en círculo, aparecen saltos temporales, etc. En conjunto, se evita la narración cronológicamente ordenada, aunque con un hilo subterráneo presente.
-Digresiones reflexivas sobre asuntos filosóficos, espirituales y, a veces, metafísicos. En este sentido, recuerda mucho a nuestro Baroja de El árbol de la ciencia, por ejemplo.
-Precisión descriptiva y minuciosidad narrativa: las acciones y las formas son presentadas de modo detallado y exacto. Las reflexiones del narrador o de los personajes se recogen con acuciosidad, como si todo fuera muy importante para comprender el texto.
Veamos un ejemplo de cada una de las narraciones, presentadas por orden:
(I, 3) El discurso había terminado. Quinn no sabía cuánto había durado. Porque sólo entonces, después de que las palabras cesaran, se dio cuenta de que estaban sentados en la oscuridad. Al parecer había transcurrido todo un día. En algún momento durante el monólogo de Stillman el sol se había puesto en la habitación, pero Quinn no había sido consciente de ello. Entonces notó la oscuridad y el silencio, y la cabeza le zumbaba a causa de ellos. Pasaron varios minutos. Quinn pensó que ahora era él quien tenía que decir algo, pero no estaba seguro. Oía a Peter Stillman respirar pesadamente en su sitio al otro lado de la habitación. Aparte de eso, no había ningún sonido. Quinn no lograba decidir qué debía hacer. Pensó en varias posibilidades, pero a continuación las desechó una por una. Se quedó allí sentado, esperando a que sucediera algo.
(II) Negro aprovecha el buen tiempo para vagabundear más lejos que otras veces, y Azul le sigue. Se siente aliviado al estar de nuevo movimiento, y mientras Negro sigue su camino, Azul espera que el paseo no termine antes de que él haya tenido la oportunidad de descubrir algo. Como es de suponer, siempre ha sido un paseante entusiasta, y estirar las piernas en el aire de la mañana le llena de felicidad. Mientras avanzan por las estrechas calles de Brooklyn Heights, a Azul le anima ver que Negro sigue aumentando la distancia que le separa de su casa.. Pero luego se humor se ensombrece de repente. Negro empieza a subir las escaleras que suben al puente de Brooklyn y a Azul se le mete en la cabeza que está pensando tirarse. Esas cosas pasan, se dice. Un hombre se sube a un puente, lanza una última mirada al mundo a través del viento y las nubes y luego salta al agua, sus huesos se quiebran por el impacto, su cuerpo se rompe. La imagen le provoca náuseas, se dice que debe estar alerta. Si algo empieza a pasar, decide, él se saldrá de su papel de espectador neutral e intervendrá. Porque no quiere a Negro muerto, por lo menos, todavía no.
(III, 6) En junio de ese año (1978) Sophie, Ben y yo fuimos a Nueva Jersey para ver a la madre Fanshawe. Mis padres ya no vivían en la casa de al lado (se habían retirado a Florida) y o no había vuelto desde hacía años. Puesto que era la abuela de Ben, la señora Fanshawe se había mantenido en contacto con nosotros, pero las relaciones eran algo difíciles. Parecía haber en ella una corriente oculta de hostilidad hacia Sophie, como si secretamente la culpara por la desaparición de Fanshawe, y este resentimiento salía a la superficie de vez en cuando con algún comentario casual. Sophie y yo la invitábamos a comer a intervalos razonables, pero ella raras veces aceptaba, y cuando lo hacía, se sentaba con nosotros nerviosa y sonriente, parloteando a su manera irritable, fingiendo admirar al niño, haciéndole a Sophie cumplidos inapropiados y diciéndole que era una chica muy afortunada, y luego se marchaba temprano, siempre levantándose en mitad de una conversación y soltando que había olvidado que tenía otra cita. Sin embargo, era difícil tenérselo en cuenta. Nada le había salido muy bien en la vida, y a aquellas alturas ya había dejado de esperar que fuese de otra manera.

 

  1. Contextualización de época y autorial
Paul Auster (Nueva Jersey, EEUU, 1947) es uno de los novelistas más reputados de la literatura norteamericana actual. Es un autor original y sorprendente porque aúna perfectamente tradición y modernidad, temas y enfoques antiguos con otros modernos. Por ejemplo, es sorprendente el influjo de fondo cervantino con temas de total actualidad (novela de misterio y más o menos policiaca). La combinación de literatura reflexiva, íntima, casi filosófica, con la acción propia del género policiaco crea un choque enriquecedor y agradable para el lector. Su estilo, elegante y fluido, íntimo y profundo, contribuyen poderosamente para alcanzar una lectura significativa y reflexiva.

 

  1. Interpretación
Estos tres textos de Auster poseen una gran densidad temática y significación polisémica. A continuación indicamos algunos de los asuntos interpretativos más llamativos, lógicamente desde nuestra personal lectura:
-Reflexión sostenida sobre la esencia del hombre y su sentido en el mundo. En este sentido, es una novela existencialista y metafísica.
-Honda reflexión sobre valores morales: convivencia, solidaridad, amor, compañía, etc. son asuntos que flotan constantemente en los textos.
-Metaliteratura como modo de creación narrativa: unos textos remiten a otros, un autor lleva a otro, unas ideas se remontan a libros de siglos pasados, etc. Es uno de los aspectos más bonitos y enriquecedores de la novela.
-Juego narrativo: la figura del narrador es ambigua y cambiante. Uno nunca está seguro de qué papel ocupa en la narración. Se crea una tensión narrativa muy interesante que no hace sino aumentar el interés lector; aquí, la influencia cervantina es clara y beneficiosa.
  1. Valoración
La trilogía de Nueva York es una hermosa y reflexiva novela que introduce al lector en un mundo nuevo, atractivo y repulsivo a partes iguales. La novela induce a la lectura reflexiva en un contexto aparentemente anodino o trivial. El estilo elegante, preciso y variado contribuyen al placer lector. La novela encierra paradojas interesantes: tras un hombre corriente se esconde una vida con toda complejidad; la felicidad diaria depende de delicados equilibrios de aspectos ocultos; la lucha interna entre la autenticidad y la falsedad, y la verdad y la mentira se mantiene como un vector principal de la vida del hombre; y, finalmente, la frontera entre realidad y ficción es delgada y difusa, de modo que su delimitación compete al narrador, pero también al lector. Todas estas aporías contribuyen a la construcción de un texto denso y profundo. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en
casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren
material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume la obra en su trama principal (300 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido.
4) Analiza los personajes y establece su relevancia argumental.
5) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada.
6) Describe la figura del narrador a lo largo de la novela.
7) Explica por qué este texto pertenece a la literatura contemporánea.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos propios de la novela moderna aparecen en este texto?
2) ¿Se puede decir que el destino opera realmente sobre las personas, a tenor de lo que
leemos en La trilogía de Nueva York? Razona la respuesta.
3) ¿Qué importancia posee el amor, en distintas variantes, en esta novela?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la relevancia de la verdad?
5) En la novela aparece una evidente tensión entre la verdad y la mentira. Explica cómo se percibe en cuanto a personajes y acciones.
6) ¿Se idealiza el mundo de la ciudad –en este caso, Nueva York–en este texto? Razona la respuesta con ejemplos.
7) Explica la importancia de la amistad y deduce su papel en el resto de la novela.
8) Analiza el papel los libros y la literatura en este texto. Unos personajes leen lo que otros escriben; el narrador recoge lo escrito por algún personaje lo que parece ser la base del relato, etc. Razona tu respuesta.
2.3. Comentario de texto específico
(III, 7)
A lo que se reducía aquello era, creo yo, a una cuestión de método. En cierto sentido, yo ya sabía todo lo que había que saber acerca de Fanshawe. Las cosas que descubrí no me enseñaban nada importante, no contradecían lo que yo ya sabía. O, por decirlo de otra manera, el Fanshawe que yo había conocido no era el mismo Fanshawe al que estaba buscando. Había habido una ruptura en alguna parte, una súbita e incomprensible ruptura, y las cosas que me decían las distintas personas a las que interrogué no explicaban eso. En última instancia, sus declaraciones sólo confirmaban que lo sucedido no era posible. Que Fanshawe era amable, que Fanshawe era cruel, esto era una vieja historia, y yo me la sabía de memoria. Lo que yo buscaba era algo diferente, algo que ni siquiera podía imaginar: un acto puramente irracional, algo totalmente atípico, una contradicción de todo lo que Fanshawe había sido hasta el momento en que desapareció. Intentaba una y otra vez saltar a lo desconocido, pero cada vez que aterrizaba, me encontraba en territorio conocido, rodeado de lo que me resultaba más familiar.
Cuanto más avanzaba, más se estrechaban las posibilidades. Quizá eso era una buena cosa, no lo sé. Aunque fuese sólo eso, sabía que cada vez que fracasaba, había un sitio menos donde buscar. Pasaron los meses, más meses de los que me gustaría reconocer. En febrero y marzo pasé la mayor parte de mi tiempo buscando a Quinn, el detective privado que había trabajado para Sophie. Curiosamente, no encontré ni rastro de él. Al parecer ya no se dedicaba a esto, ni en Nueva York ni en ninguna parte. Durante un tiempo investigué informes de cadáveres que nadie había reclamado, interrogué a personas que trabajaban en el depósito municipal, traté de localizar a su familia, pero no conseguí nada. Como último recurso, considere la posibilidad de contratar a otro detective privado para que le buscase, pero luego decidí no hacerlo. Me pareció que un desaparecido era suficiente y luego, poco a poco, agoté las posibilidades que tenía. A mediados de abril sólo me quedaba una. Esperé unos días, confiando en tener suerte, pero no pasó nada. La mañana del veintiuno finalmente entré en una agencia de viajes y reservé plaza para un vuelo a París.

 

a) Comprensión lectora
1) Resume el texto, señala el tema e indica los apartados temáticos o secciones de contenido.
2) Analiza brevemente los personajes que intervienen y su papel en la obra.
3) ¿Qué ha ocurrido antes de este fragmento? ¿Y después?
4) Indica el lugar y el momento donde se desarrolla la acción.
5) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos que embellecen el mensaje.
b) Interpretación
1) Analiza la relación del narrador con Fanshawe.
2) La búsqueda de cosas o hechos que ni siquiera conocemos provoca ansiedad. Explica cómo lo apreciamos en este fragmento.
3) Quinn es un personaje bien conocido para el lector de la novela. ¿Por qué?
4) ¿A qué se refiere el narrador cuando afirma que “intentaba una y otra vez saltar a lo desconocido”?
2.4. Fomento de la creatividad
1) Escribe un cuento, en prosa o en verso, con un contenido más o menos inspirado en La trilogía de Nueva York.
2) ¿Es común y normal la búsqueda que realiza el narrador? Razona tu respuesta y narra una indagación sobre algo o alguien, real o ficticio. Puedes cambiar el final.
3) Realiza una exposición sobre Paul Auster, sus obras y su entorno, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de la vida urbana neoyorquina de mediados del siglo XIX (lugares,
ambientes, etc.), en los que se pudo desarrollar esta novela y comenta su significación.
5) Leed algún fragmento del texto, de forma dramatizada, en grupos, ante la clase, acompañada la declamación de música e imágenes apropiadas.

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