Pío Baroja: «La busca» («La lucha por la vida», 1); análisis y propuesta didáctica

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PÍO BAROJA: LA BUSCA  
  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
La busca se publicó en el año 1904; es el primer volumen de la trilogía “La lucha por la vida”; los otros dos son Mala hierba y Aurora roja, también editados en 1904. Los tres volúmenes forman una unidad temática en torno a un personaje, Manuel Alcázar, del que se narra su vida desde la infancia hasta la madurez; el camino también es metafórico, de la pobreza y sordidez a la estabilidad y rectitud. 
La novela se enmarca en Madrid, en la década de 1880 a 1890. El texto se divide en tres partes (con 4, 9 y 8 capítulos cada una). La acción comienza en la pensión de doña Casiana, a medianoche, cuando todo el mundo se retira a dormir. La dueña, doña Casiana, conversa con Petra, su criada, mujer de mediana edad y de físico desmedrado, sobre los avatares del día. La dueña lamenta los pocos beneficios que obtiene de su duro trabajo. La pensión, en la madrileña calle de Mesonero Romanos, es humilde y un punto sórdida; huele mal, como todo el edificio de viviendas, como la calle entera. En la pensión se hospedan un sacerdote, un administrador (“tenedor de libros”, en el lenguaje de la época), una pareja de comisionistas, un señor mayor, doña Violante con sus dos hijas, Celia e Irene, una mujer más distinguida a la que llaman la Baronesa, junto con su hija Kate, y una vizcaína corpulenta; la sobrina de la dueña, mujer turbia y manipuladora, completa el cuadro de la hospedería. No faltan las discusiones femeninas por enredos sentimentales y por la calidad de la comida. Llega a Madrid, en tren, procedente de un pueblo de Soria, Manuel, el hijo de Petra. Vivía con unos familiares que se deshacen de él ante la imposibilidad de mantenerlo y enseñarle un oficio. A Petra no le hace mucha gracia apencar ahora con su hijo porque no tiene dónde recogerlo. Llega a un acuerdo con doña Casiana, que lo tolera en su casa a cambio de que ayude en las tareas domésticas. Irene queda embarazada y se arma un gran lío, para disgusto de doña Violante, que la invita a interrumpir su embarazo. Petra se debate en enviar a Manuel a la escuela o a aprender un oficio; aquí su acuerda de su tío Ignacio, zapatero con un negocio bastante próspero. Manuel conoce a Roberto Hasting, un muchacho apuesto e idealista, que da clases de inglés a Kate, la hija de la baronesa; esta abandona la pensión favorecida por su situación económica. Algunos huéspedes lanzan el bulo de que el anciano, don Telmo ha participado en el crimen de Malasaña (hecho real que conmocionó al Madrid de la época). Ante el malestar creado, la vizcaína y don Telmo abandonan la pensión, con el consiguiente malhumor de los habitantes de la pensión. Manuel discute con uno de los comisionistas, quien lo había insultado fea e injustificadamente, y se enzarzan a golpes, llevando el adulto la peor parte. Doña Casiana lo expulsa de su casa y Petra lo envía con su tío Jacinto, el zapatero. 
En la segunda parte se describen las polvorientas, pobres y siniestras afueras de Madrid, donde Ignacio, de ideología regeneracionista y avanzada, tiene su negocio de reciclaje de calzado viejo: lo deshacen por piezas y arman otras nuevas. La familia está compuesta por su mujer Leandra, y sus dos hijos, Leandro y Vidal, primos, por tanto de Manuel. Este pasa a vivir en un edificio con patio interior y viviendas de varias alturas a su alrededor; (llamados “Corrala” en la época); son viviendas pequeñas, incómodas y humildes; sus habitantes viven de alquiler en condiciones insalubres y míseras. Ignacio guarda buenas relaciones con un corrector, Rebolledo, cuya hija, Milagros, mantiene un noviazgo con Leandro; también viven allí Zurro, cuya hija, Encarna, está enamorada de Leandro, pero sin ser correspondida, de ahí su odio a la contrincante. Roberto se ve con Manuel en la doctrina, donde las mujeres adineradas de Madrid repartían ropa y utensilios entre los pobres. Roberto le cuenta a Manuel su secreto: busca a una mujer, poseedora de ciertos documentos, que garantizan una fortuna para él, heredero de la misma (se trata de la herencia de un cura en México). El muchacho parece fuerte de voluntad y ánimo y dispuesto a triunfar en sus propósitos, que parecen un ensueño. Manuel pronto se acostumbra a su rutina en la reforma del calzado y no se siente tan mal. Su primo Vidal, amigo de la vida fácil y un tanto irresponsable, le incita a una vida más libre y de golfería, es decir, ser un “randa”, medio pícaro, medio ladrón. Visita la sórdida taberna de la Blasa con su primo Leandro, Roberto y su prima Fanny, extranjera de fuerte carácter y prevenida. Hay momentos de tensión entre Leandro y el Valencia, un mercader de vinos atrabiliario. Conoce a don Alonso, el Titiri, el hombre-boa, quien había sido director de circo por América Central; Rosita, una artista cirquense, parece que es la mujer que busca Roberto, pero no es así. En una berbena de la calle de la Pasión Manuel asiste a la ruptura de Leandro con Milagros, quien se ennovia con el Lechuguino, joven presuntuoso y fatuo. Leandro, joven violento y colérico, se pelea con el Valencia navaja en mano; no hubo que lamentar daños, pero el ambiente embrutecido es denso y acoca a Manuel, que no acaba de acostumbrarse a esa vida. Como colofón lógico, Leandro mata a su ex-novia Milagros y luego se suicida, lo que impresiona vivamente a Manuel. 
En la tercera parte los sucesos se precipitan para Manuel. Su tío Ignacio enferma y el muchacho ha de abandonar el negocio de recuperación de zapatos. Pasa a trabajar en un puesto de verduras y pan, propiedad del Patas, un hombre con vida sentimental turbulenta, pues su hijo se enamora de su segunda mujer; a él lo consuelan con una hermana de esta. Al no pagarle sueldo, Petra le busca a Manuel un puesto en una tahona, donde el trabajo es duro, largo y nocturno. Los compañeros de trabajo lo maltratan, excepto el capataz, un alemán flemático llamado Karl Schneider. Manuel cae enfermo, abandona la panadería y su madre lo lleva a la pensión. Mantiene un pequeño romance con la sobrina de doña Casiana; al enterarse, lo expulsa sin miramientos. Petra muere tras una penosa enfermedad. Manuel se entrega a la vida de randa, vagabundeando con su primo Vidal y el siniestro Bizco. Realizan robos y se vengan de los más débiles, como el Cojo, quien vive en una covacha. Roberto le cuenta su historia entera de la fortuna que piensa heredar y el chico piensa que es un iluso. Engañan a incautos con la ayuda del Pastiri, con juegos de cartas plagados de trampas. Vidal y Manuel abandonan al Bizco y una temporada viven de claqueros en un teatro de Madrid, pues conocen al portero. Conocen a algunas prostitutas, de vida miserable, como Dolores la Escandalosa, cínica y dura. Pasa a vivir y a trabajar con Custodio, el trapero; recoge todos los trapos que encuentra y los selecciona y recicla. Vive a las afueras de Madrid, en una casa al que se le habían agregado habitaciones poco a poco, con corral, con su familia. El Conjeo, un hombre astuto y listo, que hablaba mucho y mentía más. Se enamora de Justa, la hija Custodio; esta tontea, pero finalmente le descubre que es novia del Carnicerín. El chico queda chasqueado, pero aguanta. Asiste a una corrida de toros; le parece un espectáculo repugnante y sangriento. En un baile ha de cuidar a Justa y llevarla de vuelta a casa, pero esta se niega. Discuten y Manuel se pega con el Carnicerín; luego huye del lugar y abandona la casa de Custodio también. En la Puerta del Sol se encuentra con el Bizco, a quien invita a comer algo. Entra en un altercado contra un cabecilla de maleantes, Intérprete, con quien se golpea y sale vencedor. Escucha una conversación en la que valoran a esos niños de la calle como malos sin remedio. Considera su posición y decide intentar vivir decentemente, en el mundo de la luz, el de la honradez y la honestidad, abandonando el de las sombras, el violento, vicioso, sórdido y tramposo. 
 
2. Tema 
El tema de la novela es algo ambiguo, como en muchas obras barojianas. Lo podemos enunciar así: el terrible despertar a la vida de un niño rodeado de injusticias, maldades y atropellos de todo tipo. Otro modo de exponerlo puede ser: la accidentada búsqueda del camino moral y material de un joven madrileño en un ambiente de sordidez moral y pobreza material. En cualquier opción, se ha de destacar que el protagonista, apenas adolescente, descubre una sociedad llena de maldad, de injusticias y de egoísmo; la elección personal se ve muy condicionada por la pobreza y la falta de educación de todo tipo, por lo que deslizarse por un despeñadero de inmoralidad despiadada es fácil. 
 
3. Apartados temáticos 
Las tres partes en que se divide la materia narrativa casi se ajustan a la división clásica de la materia narrativa de introducción, desarrollo y conclusión. En efecto, en la primera parte, el niño llega a Madrid y se adapta a su condición de preadolescente recién inmerso en la vida urbana, donde nada es fácil y la gente exhibe bastante maldad, a veces de modo gratuito, como la broma pesada y repugnante de querer involucrar a don Telmo en el crimen de Lavapiés. El desarrollo coincide con la iniciación a la vida laboral del protagonista: zapatero remendón y panadero. La tercera parte se centra en su actividad de empleado de tienda, casi como un mozo de recados; luego aprende el oficio de trapero, a las órdenes de Custodio. En cada una de las partes acaba con una pelea en la que se ve envuelto para defender su vida, excepto en la segunda, donde su primo Leandro se suicida tras cometer un crimen. Diríamos que existe como un paralelismo entre ellas y, a la vez, un descenso hacia la vida sórdida y delicuescente. 
 
4. Personajes 
La cantidad de personajes es bastante amplia. Baroja intenta ofrecer una fotografía del Madrid miserable y pobre. Las figuras que crea pertenecen todas a esa capa social, algunas viviendo con cierto desahogo y las más inmersas en la vulgaridad hambrienta. Veamos los más importantes: 
-Manuel Alcázar: es el protagonista de la novela, pero no al modo clásico, sino más bien picaresco de Lazarillo de Tormes. Apenas es un preadolescente cuando llega a Madrid y descubre la terrible brutalidad de la vida urbana. Los cuidados de su madre Petra no son suficientes para protegerlo del egoísmo y la maldad y el niño ha de aprender rápidamente las leyes de una sociedad bastante despiadada. El muchacho no es ni bueno ni malo, ni listo ni tonto, ni valiente ni cobarde, sólo un ser en fase de construcción de su personalidad y de aprendizaje vital. Es un individuo perplejo ante un medio hostil en el que se esfuerza en sobrevivir y aprender su código de comportamiento para no perecer. El chico es equilibrado y sereno, pero la fuerza del ambiente lo deslizan poco a poco a una vida de sordidez y explotación económica. 
-Roberto Hasting: es su mejor amigo, honesto y bueno. Persigue una herencia borrosamente entrevista y solo imaginada. Sin embargo, su empeño es total y su voluntad y perseverancia sorprendentes, sobre todo si tenemos en cuenta que carece de pruebas de la herencia que lo sacará de pobre. Es iluso, aunque consecuente con sus creencias, pacífico e independiente en sus pensamientos. 
-Leandro y Vidal son sus primos, con quienes vive y trabaja. Leandro ya está en edad de “echar novia”, como en efecto lo hace. Violento, inconstante y atrabiliario, asesina a su novia Milagros por elegir a otro y luego se suicida. La repugnancia de sus actos muestra las consecuencias de la falta de educación intelectual y emocional. La vida de tascas, voces, vino y falsa hombría lo conducen a este final. Vidal es de la misma edad que Manuel; vago e irresponsable, sin embargo, se porta con lealtad a su primo, al tiempo que lo introduce en el mundo del hampa y de la mala vida de los “randas”: robos, violencia gratuita, venganzas crueles contra personas desvalidas, etc. 
-Justa es la hija de Custodio: adquiere bastante relevancia en la novela porque es el primer amor de Manuel. La chica exhibe una clarividencia calculadora en sus asuntos sentimentales que desborda todas las posibilidades de comprensión de Manuel. Juega con él un poco, le hace concebir falsas esperanzas de correspondencia amorosa y, al fin, se queda con el Carnicerito, joven grotesco y estúpido, pero con suficiente dinero como para que Justa lo prefiera sin dudar. 
-Petra: la madre de Manuel es un personaje muy interesante. Su amor al hijo está fuera de toda duda. Hace todo lo que puede para protegerlo y prepararlo para un futuro honesto, pero sus esfuerzos se ven truncados por la muerte, producto de su infraalimentación y sobrexplotación laboral. Encarna muy bien la impotencia de una madre que lucha por un futuro mejor para su hijo, pero el muro de la realidad cruel y bestial corta sus esfuerzos y su vida. Su muerte temprana afecta duramente en su hijo Manuel; ahora sí, está solo en la vida y la orfandad es otra losa de la que habrá de pujar como mejor puede. 
-Los cuatro jefes de sus diversos trabajos son hombres muy esforzados y tenaces. A su modo, le enseñan al joven que salir adelante en ese Madrid finisecular no es ninguna broma. Su tío Ignacio lo acoge y lo adiestra en el oficio de reconversión de zapatos con paciencia y cierto cariño; también le muestra su ideología política progresista y más o menos esperanzada en el futuro. El tío Patas es un hombre inmoral, egoísta y sórdido; lo explota lo que puede y se muestra despiadado. El señor Schneider, el alemán que había huido de su país para no ser enrolado en el ejército, lo trata al principio con dureza, luego con justicia y proporcionalidad. El último es Custodio, un hombre asombrosamente honesto y con alto sentido moral de su vida y su oficio; recoge restos de ropa y trapos de todo tipo para darles una nueva vida. También es perseverante, ordenado y orgulloso de su modo de vida, necesario para que la sociedad funcione algo mejor. Todos ellos despiertan cierta simpatía al lector –excepto el tío Patas– por sus ideas e ilusiones de un futuro mejor. 
-Las mujeres no salen muy bien paradas en el relato: muchas se entregan, por pobreza y desamparo, a la prostitución, otras engañan a los hombres ingenuos para sacarles el dinero, etc. Las de vida más normal coquetean y juegan con los hombres casi como diversión. Se escapan a esta clasificación Custodia, la dueña de la pensión, y Petra, la madre del muchacho. 
 
5. Lugar y tiempo de la acción narrada 
La ciudad de Madrid es el lugar en el que se desenvuelve la acción narrativa. Aunque casi toda la primera parte y el capítulo final se desarrollan en el centro de Madrid, el resto, es decir, la mayoría del relato, tiene lugar en las afueras de la capital, más allá del Manzanares; primero las sórdidas y terribles corralas, luego las chabolas y casas endebles ya más alejadas, donde sobreviven familias con animales domésticos y oficios muy humildes. En este sentido, Madrid es casi un personaje más. Se puede percibir muy bien la influencia de las novelas realistas de Pérez Galdós ambientadas en el Madrid de justo una década o dos antes que la de Baroja, como la extraordinaria Fortunata y Jacinta. 
El tiempo de la escritura gira en torno a los años previos a 1904, fecha en que se publicó la novela que comentamos. El tiempo de la acción narrada se localiza quince o veinte años antes de su publicación. Baroja arranca ahí con la vida de adolescente de Manuel para que su madurez llegue justo al momento de composición de la novela, es decir, los primeros años del siglo XX. La duración de la acción narrada se puede calcular en tres o cuatro años. Manuel llega a Madrid al comienzo de su adolescencia, acaso trece o catorce años; se cierra la novela cuando alcanza los diecisiete o dieciocho años, ya un joven bien desarrollado, curtido en el combate de la supervivencia y desengañado sobre la bondad social. 
 
6. Figura del narrador 
El narrador aparece en tercera persona, externo, distante y aparentemente objetivo, aunque opina a menudo sobre la acción narrada, entre la ironía y el humor, con conocimiento completo de la materia narrativa; es, por tanto, un narrador omnisciente total, aunque en muchos momentos reduce su visión. En general, la acción está focalizada en Manuel y el narrador suele reducir su perspectiva o visión a la del muchacho. 
 
7. Procedimientos narrativos y recursos estilísticos 
Baroja es un estupendo novelista con un amplio y profundo dominio de los procedimientos narrativos. Emplea la descripción, la narración y el diálogo con acierto, soltura y mucha pericia. Las descripciones que ofrece son perspicaces, detalladas y ricas; la ironía el humor negro, la mirada amarga también asoman en estas líneas. Así comienza la novela: 
 
Acababan de dar las doce, de una manera pausada, acompasada y respetable, en el reloj del pasillo. Era costumbre de aquel viejo reloj, alto y de caja estrecha, adelantar y retrasar a su gusto y antojo la uniforme y monótona serie de las horas que va rodeando nuestra vida, hasta envolverla y dejarla, como a un niño en la cuna, en el oscuro seno del tiempo. 
Poco después de esta indicación amigable del viejo reloj, hecha con la voz grave y reposada propia de un anciano, sonaron las once, de un modo agudo y grotesco, con una impertinencia juvenil, en un relojillo petulante de la vecindad, y unos minutos más tarde, para mayor confusión y desbarajuste cronométrico, el reloj de una iglesia próxima dio una larga y sonora campanada, que vibró durante algunos segundos en el aire silencioso. 
¿Cuál de los tres relojes estaba en lo fijo? ¿Cuál de aquellas tres máquinas para medir el tiempo tenía más exactitud en sus indicaciones? El autor no puede decirlo, y lo siente. Lo siente, porque el tiempo es, según algunos graves filósofos, el cañamazo en donde bordamos las tonterías de nuestra vida; y es verdaderamente poco científico el no poder precisar con seguridad en qué momento empieza el cañamazo de este libro. 

 

Nuestro novelista conoce y usa con acierto las figuras retóricas, lo que le permite tejer un relato variado, ameno, expresivo y significativo. He aquí otro ejemplo significativo, el cierre de la segunda parte: 

 

–Yo le vi cuando se mató –dijo el aprendiz–; íbamos corriendo todos detrás de él, gritando: “¡A ese! ¡A ese!”, cuando aparecieron por la calle del Amparo dos guardias, sacaron el sable se pusieron delante de él; entonces Leandro dio un bote hacia atrás, abrió paso entre la gente y volvió otra vez para aquí; iba a bajar por el paseo de las Acacias, cuando tropezó con la Muerte, que le empezó a insultar. Leandro se paró, miró a todos lados; nadie se atrevía a acercarse; le echaban fuego los ojos. De pronto se metió la navaja por el costado izquierdo, yo no sé cuántas veces. Cuando uno de los guardias lo agarró del brazo, se cayó como un saco. 
Los comentarios de Aristón y del aprendiz eran inacabables; llegaron los muchachos a la Casa de Socorro, y allí les dijeron que los dos cadáveres, el de la Milagros y el de Leandro, los habían llevado al Depósito. Bajaron los tres chicos al Canal, a la casita próxima al río, que tantas veces Manuel y los de su cuadrilla miraban con curiosidad desde las ventanas. En la puerta se agrupaban varias personas. 
–Vamos a mirar –dijo el Aristón. 
Había una puerta abierta de par en par y se asomaron a ella. Tendido sobre una mesa de mármol estaba Leandro; tenía un color de cera, y en su rostro se leía una expresión de soberbia y desafío. A su lado, la señora Leandra gritaba y vociferaba; el señor Ignacio, con la mano de su hijo entre las suyas, lloraba en silencio. En otra mesa rodeaban el cadáver de la Milagros un grupo de personas. El empleado del Depósito hizo salir a todos. Al encontrarse el Corretor y el señor Ignacio en la puerta, se vieron y desviaron la vista; las dos madres, en cambio, se lanzaron una mirada de odio terrible. 
El señor Ignacio dispuso que no fueran a dormir al Corralón, sino a la calle del Águila. Allí, en casa de la señora Jacoba, hubo una algarabía horrorosa de lloros y de imprecaciones. Las tres mujeres echaban la culpa de todo a la Milagros, que era una golfa, una mala hembra descastada, egoísta y miserable. 
Un vecino de la Corrala señaló un detalle raro; al reconocer el médico forense a la Milagros y al quitarle el corsé para apreciar la herida, entre unos escapularios encontró un medallón chiquitín con un retrato de Leandro. 
–¿De quién es este retrato? –dicen que preguntó. 
–Del que la ha matado –-le contestaron. 
Era una cosa rara que intrigaba a Manuel; muchas veces había pensado que la Milagros quería a Leandro; aquello casi lo confirmaba. 
Durante toda la noche, el señor Ignacio, sentado en una silla, lloró sin cesar; Vidal estaba asustado y Manuel también. La presencia de la muerte vista tan de cerca, les aterrorizó a los dos. 
Y mientras lloraban dentro, en la calle las niñas cantaban a coro; y aquel contraste de angustia y de calma, de dolor y de serenidad, daba a Manuel una sensación confusa de la vida; algo pensaba él que debía ser muy triste; algo muy incomprensible y muy extraño. 

 

Es interesante señalar los recursos más llamativos –visibles en el texto anterior–, aunque no los ejemplificamos por mor de la brevedad: elipsis, personificación, metáfora, metonimia, símil, bimembración, paralelismo, polisíndeton, epíteto, ironía, paradoja, etc. Conviene recordar la tendencia de Baroja al período oracional breve y a la construcción sintáctica sencilla, lo cual es bien reconocible en los textos previos. Esta última característica hace que el ritmo narrativo sea vivo y rápido. Antes que los meandros y digresiones, Baroja prefiere dirigirse al meollo narrativo sin detenerse, enfocando el meollo narrativo directamente. Resulta paradójico que los momentos más dramáticos los resuelve con sencillez y celeridad, como queriendo hacer de la tragedia un asunto inevitable que, cuanto antes se pase, mejor para todos. 
 
8. Contextualización de época y autorial 
Pío Baroja y Nessi (San Sebastián, 1872 – Madrid, 1956) es uno de los más destacados autores de la Generación del 98. Como el resto de sus compañeros de grupo cultural, comenzó su carrera con ideales progresistas, avanzados y políticamente de izquierdas, a tono con una preocupación por las escandalosas injusticias sociales y la lamentable situación del proletariado en todos los rincones de España. A medida que pasaron los años, sus ideas se atemperaron y recalaron hacia el desengaño y un hosco individualismo de corte conservador. La influencia del pensamiento filosófico de los pensadores alemanes Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche fue honda y duradera. Del primero adoptó un pesimismo casi derrotista y hosco; del segundo, un vitalismo individualista e irracionalista de fuertes implicaciones morales y políticas. 
El final del siglo XIX fue un momento muy convulso en la historia de España. Las pérdidas de las últimas colonias, el estado de abandono del país, la falta de progreso social y económico y las formidables barreras que impedían el acercamiento a la modernidad actuaron como un revulsivo en este grupo de intelectuales. La preocupación por el lamentable estado educativo y cultural de España y la evidencia de que se estaban perdiendo posiciones respecto de los países más desarrollados es uno de los focos principales de su quehacer cultural. Primero se rebelaron airadamente, luego reflexionaron más y, pasados los ímpetus juveniles, optaron por posiciones más comedidas y prácticas. 
En La busca son bien visibles las características principales de su arte novelesco: 
-Atención a las personas humildes, pobres y desamparadas. Manuel ejemplifica muy bien al niño español carente de educación, abandonado y explotado económicamente a la mínima oportunidad. 
-Visión amplia de la sociedad de su momento. Baroja extiende su mirada sin prejuicios ni ocultamientos por toda la sociedad: ricos y pobres, hombres y mujeres, niños y ancianos, personas repugnantes y admirables. Todos ellos pululan por sus páginas como encantados de que alguien se haya acordado de ellos y los inmortalice en letra de molde. 
-Mirada crítica y acerba sobre la sociedad. Aquí se percibe muy bien la influencia de la novela picaresca. El narrador contempla con acritud, casi diríamos que con ferocidad exasperada, el estado social y moral de la sociedad española de finales del siglo XIX. En el fondo, está pidiendo una reacción enérgica para acabar con tanta miseria y dolor, producto del egoísmo y de la estupidez. 
-Desengaño escéptico y desesperanzado. Por momentos, parece que Baroja no encuentra ni un solo motivo de esperanza. Hasta los personajes más nobles y enérgicos parecen sumidos en una parálisis que los hunde en un pozo de angustia y desolación del que no pueden salir. A veces se percibe una rabia contenida por no poder ofrecer un atisbo de ilusión al lector. 
-Individualismo, desilusión y decepción parecen ser los rasgos de la reacción interna del autor, que fluye directamente al lector. Este ha de posicionarse ante una materia narrativa áspera y, en general, desagradable. Los pocos individuos buenos no alcanzan el triunfo o el sosiego exactamente, sino que reciben los golpes de la vida con la misma saña que todos los demás. La vida en una sociedad tan absurda, desquiciada e injusta parecen dejar como conclusión que lo mejor es seguir el propio camino sin miramientos ni sentimentalismos, pues es el único modo moral y material de sobrevivir con la cabeza alta. 
En La busca se aprecian muy bien todos estos rasgos caracterizadores, incluso de modo más incisivo que en otras novelas. Acaso porque el protagonista sea un adolescente casi desvalido y abandonado de todos y por todos. 
 
9. Interpretación 
La busca es una novela profunda e incitadora a la reflexión. Resulta paradójico que una trama no muy complicada, con un relato aparentemente esperable, muy apegado a la vida cotidiana de la época, guarde en su interior una carga de pensamiento tan honda e incisiva. Baroja, como todo buen novelista, no escribe primero ni principalmente para divertir o entretener, sino para crear mundos de ficción que induzcan al lector cuestiones importantes de orden existencial y moral. 
La novela que comentamos plantea una reflexión sombría sobre el estado de la sociedad española de finales del siglo XIX. Toca los aspectos materiales, la injusticia social, el hambre de mucha gente, la falta de educación, la violencia moral y física ejercida por unos y otros, especialmente por los matones, en general de baja extracción social. El destino del niño Manuel depende casi enteramente de sus solas fuerzas y de su libre albedrío, que bien se puede inclinar por el mal y la amoralidad con tal de satisfacer sus instintos más primarios de placer y diversión. Es un chico noble, con buena madera, pero en un ambiente muy podrido y hostil al recto desarrollo de las personas. Los esfuerzos de su madre, de su tío Ignacio y de Custodio por sustraerlo a la vida de randa se ven muy comprometidos por la pobreza y la fuerza de un ambiente estólido y brutal. 
La novela queda abierta en su final. Manuel puede elegir el camino que desee, pero queda claro que, al menos, comprende lo que tiene ante sí y el serio y persistente esfuerzo que se espera de él si quiere vivir una vida consistente moral y materialmente considerada. Baroja nos pinta un cuadro madrileño duro y violento, como exigiendo una respuesta, aunque él mismo parece desistir de ver una solución. 
 
10. Valoración 
La busca es una novela que marida muy bien la reflexión con la acción, la inducción al pensamiento y el gusto lector por entrar y compartir un mundo de ficción creado por el autor. A nuestro parecer, este es su principal valor: comenzar como un relato de entretenimiento para avanzar hacia un texto de recreación –de una sociedad, la española decimonónica— y de reflexión –sobre las relaciones y desarrollos que se observan y operan en esa sociedad— de modo honesto y limpio. El autor no oculta su desengaño y escepticismo, por lo que el lector ha de estar atento para no dejarse atrapar en esa tela de araña.  
El estilo es muy ágil, preciso, fluido y rápido. Esta característica ayuda a una lectura más focalizada en los asuntos temáticos ya comentados. Sin duda, estamos ante una de las grandes novelas de principios del siglo XX en lengua española. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
 
2.1. Comprensión lectora  
1) Resume la obra en su trama principal (300 palabras, aproximadamente).  
2) Señala su tema principal y los secundarios.  
3) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido.  
4) Analiza los personajes y establece su relevancia argumental.  
5) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada.  
6) Describe la figura del narrador a lo largo de la novela.  
7) Explica por qué este texto pertenece a la literatura contemporánea y a la Generación del 98 de modo más específico.  
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.  
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico  
1) ¿Qué rasgos propios de la novela moderna aparecen en este texto?  
2) ¿Se puede decir que el destino opera realmente sobre las personas, a tenor de lo que leemos en La busca? Razona la respuesta.  
3) ¿Qué importancia posee el amor, en distintas variantes, en esta novela? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la pobreza?  
5) En la novela aparece una evidente tensión entre el mundo de los adultos y el de los niños. Explica cómo se percibe en cuanto a personajes y acciones. 
6) ¿Se idealizad el mundo rural o el de la ciudad en este texto? Razona la respuesta con ejemplos.  
7) Explica la importancia de la amistad y deduce su papel en el resto de la novela. 
8) Analiza el papel de los padres y las madres ante sus hijos a lo largo de la novela. Compara sus actitudes: ¿hacen lo que pueden para proteger y educar a su prole? En caso afirmativo, ¿alcanzan el éxito en sus desvelos? Razona tu respuesta. 
  
2.3. Comentario de texto específico 
(Inicio del capítulo II de la tercera parte) 
Un día Manuel se vio bastante sorprendido al saber que su madre no se levantaba y que estaba enferma. Hacía tiempo que echaba sangre por la boca; pero le daba importancia a esto. 
Manuel se presentó en la casa humildemente, y la patrona, en vez de recriminarle, le hizo pasar a ver a su madre. No se quejaba ésta más que de magullamiento grande en todo el cuerpo y de dolor en la espalda. 
Pasó así días y días, unas veces mejor, otras peor, hasta que empezó a tener mucha fiebre y hubo que llamar al médico. La patrona dijo que habría que llevar a la enferma al hospital; pero como tenía buen corazón, no se determinó a hacerlo. 
Ya había confesado a la Petra el cura de la casa una porción de veces. Las hermanas de Manuel iban de vez en cuando por allí, pero ninguna de las dos traía el dinero necesario para comprar las medicinas y los alimentos que recomendaba el médico. 
El Domingo de Piñata, por la noche, la Petra se puso peor; por la tarde había estado hablando animadamente con su hijo; ero esta animación fue desapareciendo, hasta que se quedó presa de un aniquilamiento moral. 
Aquella noche del Domingo de Piñata tenían los huéspedes de doña Casiana una cena más suculenta que de ordinario, y después de la cena, unas rosquillas de postre, regadas con el más puro amílico de las destilerías prusianas. 
A las doce de la noche seguía la juerga. La Petra le dijo a Manuel: 
–Llámale a don Jacinto y dile que estoy peor. 
Manuel entró en el comedor. En la atmósfera, espesa por el humo del tabaco, apenas se veían las caras congestionadas. Al entrar Manuel, uno dijo: 
–Callad un poco, que hay un enfermo. 
Manuel dio el recado al cura. 
–Tu madre no tiene más que aprensión. Luego iré –repuso don Jacinto. 
Manuel volvió al cuarto. 
–¿No viene? –preguntó la enferma. 
–Ahora vendrá; dice que no tiene usted más que aprensión. 
–¡Sí; buena aprensión! –murmuró ella tristemente–. Estate aquí. 
Manuel se sentó sobre un baúl; tenía un sueño que no veía. 
Iba a dormirse cuando le llamó su madre. 
–Mira –le dijo–, trae el cuadro de la Virgen de los Dolores que hay en la sala. 
Manuel descolgó el cuadro, un cromo barato, y se lo llevó a la alcoba. 
–Ponlo a los pies de la cama, que lo pueda ver yo. 
Hizo el muchacho lo que le mandaban, y volvió a sentarse. Seguía el jaleo de cancines, palmadas y castañuelas en el comedor. 
De pronto, Manuel, que estaba medio dormido, oyó un estertor fuerte, que salía del pecho de su madre, y al mismo tiempo vio que su cara, más pálida, tenía extrañas contracciones. 
–¿Qué le pasa a usted? 
La enferma no contestó. Entonces Manuel volvió a avisar al cura. Este abandonó el comedor refunfuñando, miró a la enferma y le dijo al muchacho: 
–Tu madre se muere. Estate aquí, que yo vengo en seguida con la Unción. 
Mandó el cura callar a los que alborotaban en el comedor, y enmudeció la casa entera. 
No se oyó entonces más que un ruido de pasos, abrir y cerrar de puertas y luego el estertor de la moribunda y el tic-tac de un reloj del pasillo. 
Llegó el cura con otro que traía una estola e hizo todas las ceremonias de la Unción. Cuando el vicario y el sacristán salían, Manuel miró a su madre y la vio lívida, con la mandíbula desencajada. Estaba muerta. 
El muchacho se quedó solo en el cuarto, iluminado por la luz del aceite, sentado en un baúl, temblando de frío y de miedo. 
Toda la noche la pasó así; de vez en cuando entraba la patrona en paños menores y preguntaba algo a Manuel, o le hacía alguna recomendación, que éste, en general, no comprendía. 
Manuel aquella noche pensó y sufrió lo que quizá nunca pensara ni sufriera; reflexionó acerca de la utilidad de la vida y acerca de la muerte con una lucidez que nunca había tenido. Por más esfuerzos que hacía no podía detener aquel flujo de pensamientos que se enlazaban unos con otros.   

 

a) Comprensión lectora
1) Resume el texto, señala el tema e indica los apartados temáticos o secciones de contenido. 
2) Analiza brevemente los personajes que intervienen y su papel en la obra. 
3) ¿Qué ha ocurrido antes de este fragmento? ¿Y después? 
4) Indica el lugar y el momento donde se desarrolla la acción. 
5) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos que embellecen el mensaje. 
 
b) Interpretación
1) Analiza la relación de la Petra con su hijo Manuel. 
2) La muerte es un trance especialmente duro y grave. Explica cómo lo encaja la persona moribunda y su hijo. ¿Es posible que el bien de unos provoque la desgracia de otros? 
3) Analiza y valora la actitud del cura ante la muerte de Petra. 
4) La gente celebra, en el comedor de al lado, la fiesta del Domingo de Piñata (el primero, en el calendario, después del Miércoles de Ceniza). ¿Qué efecto produce esta tremenda contradicción y contraste? 
 
2.4. Fomento de la creatividad 
1) Escribe un cuento, en prosa o en verso, con un contenido más o menos inspirado en el fragmento de La busca. 
2) ¿Es común el estilo de vida infantil que se desprende del fragmento? Razona tu respuesta y narra el tipo de vida de un niño o joven como tú hoy. Puedes cambiar el final del relato para hacerlo, a tu juicio, más verosímil. 
3) Realiza una exposición sobre Pío Baroja, sus obras y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.  
4) Aporta o crea imágenes de la vida urbana madrileña de finales del siglo XIX (lugares, ambientes, etc.), en los que se pudo desarrollar esta novela y comenta su significación. 
5) Leed algún fragmento del texto, de forma dramatizada, en grupos, ante la clase, acompañada la declamación de música e imágenes apropiadas.

 

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Profesor de Lengua Castellana y Literatura. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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