Miguel Delibes: «El camino»; análisis y propuesta didáctica

MIGUEL DELIBES: EL CAMINO (1950)
1. RESUMEN DE LA NOVELA
Capítulo I
Se presenta directamente al protagonista, Daniel, el Mochuelo. Se trata de un niño de once años, hijo único de una familia de mediano pasar, como muchas en el pueblo y en el valle. Su padre Andrés es el quesero del pueblo; este  está situado en la montaña, por donde pasa el tren. El padre ha decidido que Daniel, el Mochuelo, ha de ir a estudiar el Bachillerato a la ciudad, interno en un colegio. Es “el camino” (atención a la significación metafórica del título de la novela) al progreso y a la prosperidad. Al niño no le gusta esta decisión, pues implica romper con su vida rural, entre amigos y conocidos. Allí es feliz, y allí desea seguir viviendo. Está en la cama, dominado por el insomnio. En esas horas nocturnas repasa su vida, corta pero intensa. Es lo que nosotros, lectores, vamos a leer.  
Capítulo II
Las primeras evocaciones de Daniel, el Mochuelo, son para su amigo Roque, el Moñigo (esta palabra, como sustantivo común, significa excremento de vaca). Es un muchacho fuerte y, a ojos de Daniel, el Mochuelo, valiente por atrevido y firme en sus opiniones y decisiones. Este reproduce el modelo de su padre, Paco, el herrero; es un hombre hosco, solitario y de pensamiento primario, aunque noble. En la viudez, bebe más de la cuenta de vez en cuando. La madre de Roque muere en el parto.  Su padre no lo atiende gran cosa, por lo que su hermana Sara, trece años mayor que él, lo cuida, entre algunos reproches. 
Capítulo III
El narrador transmite  el sentimiento de plenitud y felicidad de Daniel, el Mochuelo, viviendo en su pueblo. La vida es tranquila, previsible y con sentido. La gente trabaja en sus labores con responsabilidad y conformismo. El paisaje, montañoso y verde, es hermoso y apacible, presidido por el Pico Rando. Allí, en el valle, la vida discurre con la calma y la sencillez que emanan de la propia naturaleza. La armonía entre el lugar y sus gentes, y el sentido de la vida sencilla de la mayoría de ellos, desarrollando oficios humildes, pero necesarios es la nota más destacada.
Capítulo IV
Daniel, el Mochuelo, recuerda cómo le pusieron ese apodo; alude a su carácter observador, discreto y algo recogido. Se siente unido a sus padres, pero en los últimos tiempos se ha alejado algo porque piensa por sí mismo; sus intereses y aficiones no siempre coinciden con el de sus progenitores. Se siente adulto porque es capaz de decidir y hacer algunas cosas por su cuenta, que él considera importantes, pero que no son tal para los adultos. 
Capítulo V
Las Guindillas son dos hermanas solteras; su apodo alude a su perfil: cara redonda y colorada. Ejercen de beatas y cotillas del pueblo; observan y critican a los vecinos sin cesar. Hubo una Guindilla mediana, que muere pronto; ahora no tienen padres. La pequeña, Irene, se enamora y establece una relación amorosa plena, con Dimas, el empleado de su tienda. Se fugan juntos. Esto no gusta nada a su hermana la Guindilla mayor. De hecho, se enfadan. Esta acude al cura del pueblo por sus escrúpulos de conciencia, pues se siente responsable del pecado de su hermana menor. El establecimiento que tenían fue cerrado.
Capítulo VI
Otro amigo íntimo de Daniel, el Mochuelo, es Germán, el Tiñoso. Es hijo de Andrés, el zapatero, persona delgada y enjuta; tiene muchos hermanos. Germán es endeble y luce unas calvas en su cabeza, a causa de una infección de tiña. El padre piensa que se contagió con un pájaro de los que cría en casa. Germán, el Tiñoso, es muy aficionado a las aves; las conoce y respeta. Daniel se inicia tímidamente en los “secretos” de los mayores, es decir, la sexualidad y la reproducción.
Capítulo VII
Los tres amigos se bañan en la Poza del Inglés, en el río del pueblo. Germán, el Tiñoso, Daniel, el Mochuelo y Roque, el Moñigo pasan muchas horas juntos, con aventuras infantiles para ellos fascinantes. Roque, más desarrollado, les cuenta misterios de la reproducción humana. Al ver una cigüeña, les hace saber que a los niños no los trae esa ave, sino que nacen del vientre de sus madres. 
Capítulo VIII
La Guindilla menor regresa al pueblo, abandonada de Dimas, pues solo buscaba el dinero. Su aventura dura tres meses y cuatro días. La Guindilla mayor la admite bajo severas condiciones: confesión, vestir de luto (para hacer creer que viene que su supuesto marido ha muerto) y encerramiento en casa durante cinco años. Sin embargo, el pueblo intuye y casi sabe que ha regresado, por el movimiento observado en la casa
Capítulo IX
Gerardo, el Indiano, hijo de la ya difunta Micaela, la carnicera del pueblo, posee una casa amplia y moderna en el pueblo. Ha emigrado a América y regresa, veinte años después, con una gran fortuna. Monta negocios a los hermanos. Los tres niños saltan la tapia de la huerta para robar frutas. Los sorprende Mica, la hija; los deja marchar si prometen no repetir el robo y pedirle a ella las frutas. Daniel, el Mochuelo, queda prendado de la belleza de la joven.
Capítulo X
Roque tiene músculos fuertes y el tórax desarrollado. Luces cicatrices. Germán también enseña las suyas. Es símbolo de estar curtidos en las cosas de la vida. Incluso podrían enfrentarse con éxito a adultos débiles. Daniel, el Mochuelo, se apoca y  lamenta no tener cicatrices, como sus amigos. Se lamen las cicatrices para conocer su sabor; es salado, eso es todo. 
Capítulo XI
Quino, el Manco, pierde una mano ayudando a un hermano a partir leños. Se enamora y se casa con Mariuca (como trágica consecuencia, Josefa, una joven enamorada de Quino, se suicida), que en el pueblo tienen por infértil. Al nacer la hija, Mariuca-Uca, muere la madre. La madre de Daniel ayuda en su crianza porque Quino no se vale del todo. El Moñigo, dejó de admirar a Quino, el Manco, cuando se entera de que ha llorado cuando murió su mujer; es signo de debilidad. Mariuca-Uca se siente atraída por Daniel, pero este no le presta mucha atención, para sufrimiento de la niña. 
Capítulo XII
Daniel recibe una carta de su tío Aurelio en la que anuncia que le envia  un búho real, el Gran Duque (que e niño, en su inocencia, piensa que se parecería al marqués del pueblo, solemne y con medallas). Lo ha cazado vivo en el campo. Su padre le promete que cuando llegue el Gran Duque irán de caza juntos. Salen padre e hijo de caza al Pico Rando, la montaña que señorea el pueblo. El padre caza un milano; en uno de los tiros de escopeta, rebota un perdigón a la cara de Daniel, que sangra y se asusta. El padre lo tranquiliza y le asegura que no le quedará cicatriz, lo que al niño disgusta, pues quería una bien visible, como sus amigos. Andrés, el padre, viaja a la ciudad con las aves y las vende Daniel le pregunta al padre que si le quedará cicatriz pero el padre le dice que no y Daniel siente lástima. Al día siguiente, Andrés, el padre, el quesero, viaja a la ciudad y vende al Gran Duque y al milano por una buena cantidad de pesetas.
Capítulo XIII
Daniel se enamora, a su manera, de la Mica, la hija del Indiano, pues es una joven agraciada. Un domingo, ella lo invita a dar un paseo en coche. El niño lleva unos quesos a casa del Indiano; para lo que se atilda con cuidado, pues desea llamar la atención de ella, con una edad superior a la de él. A la salida, se encuentra con Uca-Uca, quien le pregunta por su elegante indumentaria. Daniel responde destemplada y despectivamente. Ahí comprende que acepta ir a la ciudad a estudiar y hacerse un hombre para ser digno de la Mica.
Capítulo XIV
Los tres amigos realizan travesuras de menor cuantía, pero algunos vecinos del pueblo se cansan. Provistos de una lupa, enfocan el haz de luz hacia el gato de las Guindillas y lo chamuscan. En consecuencia, don Moisés,  el maestro, los castiga propinándole unos reglazos en la yema de los dedos y, luego, con los brazos en cruz, aguantando libros pesados en su brazos. Roque, el Moñigo les propone un reto inaudito: esperar al tren dentro del túnel y defecar a su paso. Más o menos los logran, pero su ropa rota y sucia los delata, así que don Moisés les aplica otro castigo. Los niños no entienden tanto rigor para con ellos. 
Capítulo XV
Sara es la hermana mayore de Roque, el Moñigo. Los tres niños planean el modo de casarla con don Moisés, el maestro. Le envían una carta al maestro como si la hubiera escrito la Sara; imitan bien su firma. Lo cita a la puerta de su casa. El maestro acude; se conocen, se gusta y se casan un tiempo después. Sara, suspicaz, le pregunta un día a su hermano si ha escrito una carta a don Moisés, pero este lo niega. Sara lo cree porque no cree que su hermano tenga inteligencia y bondad para hacer algo bueno. 
Capítulo XVI
En las misas de don José, “que eran un gran santo”, se juegan los hombres a pares o nones cuantas veces dirá el cura “en realidad”. Las parejas de jóvenes retozan por los prados. La Guindilla mayor, moralista y beata, y el cura trazan un plan para elevar la moralidad de la juventud. Montan un cine en el estado de Pancho, el Sindiós; las películas son de contenido religioso, pero se agotan. Proyectan otras más modernas, donde algunas escenas parecen atrevidas. La Guindilla ilumina el local durante la proyección y corta las escenas más picantes. Los jóvenes se cansan y rompen las bombillas en un arrebato de ira. cierran el cine. La Guindilla no queda satisfecha, así que, provista de linterna, recorre los campos para sorprender a las parejas acarameladas. Furiosos, deciden tirarla al río, en El Chorro; Quino el Manco logra calmar los ánimos y librar a la beata de un chapuzón. Ella, en agradecimiento, le besa el muñón, lo que le causa serios problemas de conciencia, por lo que se confiesa enseguida.
Capítulo XVII 
La Guindilla mayor organiza un coro para cantar canciones religiosas, como “Pastora Divina”, el día de la Virgen, la fiesta patronal. A Roque y German los rechaza porque tienen la voz demasiado grave. A Daniel lo acepta. Los amigos, resentidos, le llaman “niña marica”, lo que molesta a Daniel, pero disimula. Llega la fiesta y cantan en la iglesia, con gran éxito. Ahí mismo ve Daniel a la Mica con su novio, lo que lo desazona. Esa tarde organizan una cucaña en el pueblo. Daniel, frustrado, desea demostrar lo que vale. Sube el palo, bien alto ese año, y obtiene los cinco duros (veinticinco pesetas) de premio. Su madre lo ve en lo alto y se pone muy nerviosa. En la parte final del descenso, se cae, sin mayores consecuencias. Todos lo felicitan, incluida la Mica y su novio.
Capítulo XVIII
El enamoramiento de la Guindilla mayor, la Lola, y de Quino el Manco acaba en boda. La Guindilla menor se opone porque desconfía de todos los hombres, pues los ve interesados y egoístas. La Uca-uca desaparece del pueblo el día de la boda, pues no le gustaba. La encuentran unos hombres que salen a buscarla, de madrugada. Al llegar a casa, su nueva madrastra la abofetea. A Quino no le gusta, pero la Guindilla le replica que es el modo de enseñar a los caprichosos a ir por el camino derecho. Uca-uca está infeliz, pero resiste sus pequeñas adversidades. A cambio Daniel se interesa por ella y trata de consolarla. 
Capítulo XIX
Los tres amigos se entretienen a la orilla del río, discutiendo sobre el canto de la perdiz. Germán, el Tiñoso, ve un “tonto de agua”, una culebra de agua, y se aproxima a ella saltando entre las rocas. Resbala en una de ellas, cae y recibe un gran golpe en la cabeza, por la que pierde mucha sangre. Daniel y Roque entran al agua para rescatarlo. Lo llevan a casa malherido. El pueblo se alarma y la preocupación es grande, sobre todo cuando el médico afirma que la herida es muy grave y que no hay remedio a la vista, por lo que su muerte puede ser inminente. Muere a las pocas horas. Daniel lo vela toda la noche, arrasado en su dolor. Al día siguiente, camino del funeral, Daniel mata un tordo con su tirachinas y lo deposita en el féretro, disimuladamente, al lado del cuerpo de su amigo difunto. Es un homenaje a su amistad y al amor a los pájaros del difunto Germán. Cuando la gente lo ve, queda confundida y piensan que es un milagro bien evidente. Llaman al cura, don José, que les enfría su fervor milagrero. A la salida, el cura descubre la verdad interrogando a Daniel. No se lo reprocha, pues entiende que es un acto de amistad leal. 
Capítulo XX
Se celebra el funeral y el entierro. Mucha gente acude al cementerio, pues la muerte de un niño inocente es muy sentida. Los asistentes depositan sobre el ataúd, ya en la fosa, unas monedas, como homenaje, despedida y costumbre. Daniel se resiste a depositar su dinero, pues le gustaría comprarse alguna cosa; al fin, también deposita su moneda. Se queda solo en el cementerio. Le dice a su amigo difunto que tiene razón en cuanto al canto de la perdiz. Lo del tordo fue por amistad, no por broma. Uca-uca lo espera en la salida; se cogen de la mano para regresar a sus casas. 
Capítulo XXI
Amanece y hay que levantarse. La noche en vela, poblada de recuerdos, queda atrás y Daniel se ha de preparar para ir a estudiar a la ciudad. El día previo se despide de la gente del pueblo. Roque lo despedirá en la estación del ferrocarril. Al incorporarse a la cocina de la casa, lo espera la Uca-uca. Está emocionado y a duras penas contiene sus lágrimas. Le dice a Uca-uca que no deje quitar las pecas, pues le quedan muy bien. Al fin, apartado, llora porque su vida en el pueblo, su Arcadia, aunque huele a boñiga, va a quedar atrás para siempre. 
2. Aspectos básicos compositivos e interpretativos
El narrador aparece en tercera persona, pero “ve” por los ojos de Daniel. Es, por tanto, subjetivo, parcial y de omnisciencia limitada. Parece que le roba las palabras a los niños y a los habitantes, aproximándose así a un uso sistemático del estilo indirecto libre.
El ambiente rural y campesino es de una gran frescura y originalidad. El pueblo, en el Valle, está algo idealizado, aunque se reconocen sus carencias (ignorancia, cierta brutalidad, milagreros, rutinarios…). Todo el texto emana autenticidad: así era como si vivía en los pueblos de España a mediados del siglo XX.
El protagonista infantil es una agradable novedad de esta novela. Un niño, nada más, pero nada menos, con su mundo haciéndose, con sus esperanzas e ilusiones, sus miedos y sus amarguras, son el centro temático de la novela. 
La visión delibeana es de comprensión y compasión hacia un mundo campesino sencillo, rústico y conformista. Al ceder la visión a Daniel, nos llega una contemplación sencilla, sensible y auténtica de la vida rural. La lección paradójica es que, quien más ama a su pueblo, ha de abandonarlo para buscar su “camino” de progreso en la vida.
El estilo de la novela está logradísimo. Una elaboradísima sencillez se impone y hace que el texto fluya con naturalidad y verosimilitud. El lenguaje es cuidadosamente coloquial, con un registro llano, preciso y connotativo, lo que armoniza a las mil maravillas con el contenido.
MIGUEL DELIBES: EL CAMINO 
Roque, el Moñigo, Germán, el Tiñoso, y Daniel, el Mochuelo, solían sentarse con él en el banco de piedra rayano a la carretera. A Quino, el Manco, le gustaba charlar con los niños más que con los mayores, quizá porque él, a fin de cuentas, no era más que un niño grande también. En ocasiones, a lo largo de la conversación, surgía el nombre de la Mariuca, y con él el recuerdo, y a Quino, el Manco, se le humedecían los ojos y, para disimular la emoción, se propinaba golpes reiteradamente con el muñón en la barbilla. En estos casos, Roque, el Moñigo, que era enemigo de lágrimas y de sentimentalismos, se levantaba y se largaba sin decir nada, llevándose a los dos amigos cosidos a los pantalones. Quino, el Manco, les miraba estupefacto, sin comprender nunca el motivo que impulsaba a los rapaces para marchar tan repentinamente de su lado, sin exponer una razón.
Jamás Quino, el Manco, se vanaglorió con los tres pequeños de que una mujer se hubiera matado desnuda por él. Ni aludió tan siquiera a aquella contingencia de su vida. Si Daniel, el Mochuelo, y sus amigos sabían que la Josefa se lanzó corita al río desde el puente, era por Paco, el herrero, que no disimulaba que le había gustado aquella mujer y que si ella hubiese accedido, sería, a estas alturas, la segunda madre de Roque, el Moñigo. Pero si ella prefirió la muerte que su enorme tórax y su pelo rojo, con su pan se lo comiera.
Lo que más avivaba la curiosidad de los tres amigos en los tiempos en que en la taberna de Quino se despachaba un gran vaso de sidra de barril por cinco céntimos, era conocer la causa por la que al Manco le faltaba una mano. Constituía la razón una historia sencilla que el Manco relataba con sencillez.
—Fue mi hermano, ¿sabéis? —decía—. Era leñador. En los concursos ganaba siempre el primer premio. Partía un grueso tronco en pocos minutos, antes que nadie. Él quería ser boxeador. La vocación del hermano de Quino, el Manco, acrecía la tentación de los rapaces.
Quino proseguía:
—Claro que esto no sucedió aquí. Sucedía en Vizcaya hace quince años. No está lejos Vizcaya, ¿sabéis? Más allá de estos montes —y señalaba la cumbre fosca, empenachada de bruma, del Pico Rando—. En Vizcaya todos los hombres quieren ser fuertes y muchos lo son. Mi hermano era el más fuerte del pueblo, por eso quería ser boxeador; porque les ganaba a todos. Un día, me dijo: «Quino, aguántame este tronco, que voy a partirlo de cuatro hachazos». Esto me lo pedía con frecuencia, aunque nunca partiera los troncos de cuatro hachazos. Eso era un decir. Aquel día se lo aguanté firme, pero en el momento de descargar el golpe, yo adelanté la mano para hacerle una advertencia y ¡zas! —las tres caritas infantiles expresaban, en este instante, un mismo nivel emocional.
Quino, el Manco, se miraba cariñosamente el muñón y sonreía—: La mano saltó a cuatro metros de distancia, como una astilla —continuaba—. Y cuando yo mismo fui a recogerla, todavía estaba caliente y los dedos se retorcían solos, nerviosamente, como la cola de una lagartija.
El Moñigo temblaba al preguntarle: —¿Te… te importa enseñarme de cerca el muñón, Manco?
Quino adelantaba el brazo, sonriente:
—Al contrario —decía.
                                                                                                 Miguel Delibes: El camino  (1950)
3. ANÁLISIS DEL TEXTO OBJETO DE COMENTARIO
1. Resumen
Este texto recoge una vivencia de los tres niños rurales que protagonizan la novela: Daniel, el Mochuelo, y sus amigos, Germán, el Tiñoso, y Roque, el Moñigo. Conversan con Quino, el Manco, un hombre del pueblo castellano innominado, que regenta un bar. A los chicos les intriga cómo Quino perdió su mano y un buen día se lo cuenta. Un movimiento involuntario cuando sujetaba un leño provocó que un terrible hachazo por parte de su hermano le llevara por delante la extremidad. El Moñigo le pidió ver el muñón y Quino accedió voluntariamente.
2. Tema
El asunto central de este texto se puede enunciar así: la fatalidad inesperada puede  provocar una desgracia irreparable a las personas. También lo podemos expresar de otro modo: la personalidad amable de Quino, que lleva con paciencia y buen ánimo la pérdida de una mano en un accidente involuntario.
3. Apartados temáticos
El texto está centrado en el personaje de Quino, el Manco; en este sentido, se puede considerar una unidad homogénea todo él, pues ofrece rasgos físicos y psicológicos del personaje y su impacto en las mentes infantiles. Sin embargo, se aprecia una modulación temática clara que divide el texto en dos secciones:
-Los dos primeros párrafos se centran en ciertos aspectos sentimentales. Una mujer del pueblo, Josefina, estuvo enamorada de Quino, pero este no le correspondió. Ella se suicidó arrojándose al río.
-La segunda parte ocupa los ocho siguientes párrafos; desde “Lo que más avivaba la curiosidad de los tres amigos…” hasta su cierre. Quino relata en estilo directo cómo perdió su mano en un infortunado accidente con su hermano, cortador de leña y aspirante a boxeador.
4. Personajes
Como en muchas partes de este maravilloso libro, el protagonismo está distribuido entre los tres niños amigos: Daniel, Roque y Germán. Son personalidades distintas entre sí. Aquí apreciamos que Roque, el hijo del herrero, es más frío, poco sentimental, aunque también curioso. Germán y  Daniel no intervienen el fragmento; sólo escuchan la historia que Quino les cuenta sobre la pérdida de su mano. En esta ocasión, sin embargo, solo escuchan y pierden el papel principal en favor de Quino, que cuenta una terrible historia que él mismo había protagonizado, bien que involuntariamente.
Quino es el auténtico protagonista de este fragmento. Lo percibimos como un hombre sencillo y noble, amigo de los niños y animoso para aceptar y sobrellevar la pérdida de una mano. Aplica una gran discreción a un pasaje triste de su vida, cuando una mujer se quitó la vida, contrariada por no ser correspondida por Quino.
5. Figura del narrador
En este fragmento, como en el resto de la obra, el narrador aparece en tercera persona, omnisciente, externo, más bien objetivo y algo distante respecto de la narración. Se percibe, sin embargo, su simpatía por el pueblo y sus habitantes, su cercanía emocional, su respeto y su admiración por el pueblo y sus habitantes. En el fragmento circula una cierta corriente de estima, por parte del narrador, hacia esas personas y su modo de vida, como si le hubiera gustado ser partícipe de ese mundo sencillo, pobre y auténtico.
6. Marco espacial y temporal donde se desenvuelve la acción 
El lugar en el que se desarrollan los hechos es el mismo de toda la novela: un pueblo castellano (aunque en realidad hoy diríamos cántabro) bastante humilde, algo aislado y con ciertas rémoras del pasado. Con su escuela, su iglesia, su farmacia, conforma una localidad mediana sumida en una existencia tranquila.
El tiempo de la escritura corresponde con los años previos a 1950, que es el momento de su publicación. El tiempo de la acción narrada coincide con el de la escritura: recrea la vida rural de un pueblo en la primera década después de la guerra civil española. Las secuelas de dolor y miseria se perciben aquí y allá, aunque no en este fragmento. La duración de la acción no está definida. En la primera parte del texto se evocan situaciones pasadas en distintos momentos, acaso años. La segunda parte, concreta y corta, ocupa el relato de Quino dirigido a los niños explicándoles cómo perdió su mano. Frente a una primera parte temporalmente difusa e indeterminada, la segunda contrasta por su corta duración.
7. Procedimientos narrativos y recursos estilísticos
Delibes utiliza con gran acierto los tres procedimientos narrativos al uso: la narración, la descripción y el diálogo. Los combina en orden a aumentar la eficacia artística, lo que logra de modo muy visible y satisfactoriamente, desde la perspectiva lectora. Conviene recordar que casi todos los nombres propios se acompañan de una aposición explicativa caracterizadora (“Daniel, el Mochuelo”). Además de imitar el modo de nombrar en los pueblos de España, aportan una información suplementaria sobre el personaje en cuestión; suelen ser metafóricos, como el caso de Daniel, o metonímicos (“German, el Tiñoso”). Sobre las figuras retóricas, nuestro novelista las emplea con mucho tino y acierto. A continuación recogemos algunos ejemplos:
-Bimenbración: “enemigo de lágrimas y de sentimentalismos”. Estas estructuras gemelas aportan enorme expresividad y potencia la imaginación lectora.
-Metáfora hiperbolizante:  “Llevándose a los dos amigos cosidos a los pantalones”. Es un modo de expresar la influencia de Roque, el Moñigo, sobre sus dos amigos; si uno abandonaba un lugar, los otros lo seguían de cerca.
-Metonimia: “su enorme tórax y su pelo rojo”. Aluden a Paco el herrero, ese hombretón forzudo que regentaba la herrería del pueblo.
-Empleo de frases hechas, modismos y expresiones populares: “que con su pan se lo comiera”, “eso era un decir”. Este empleo nos remite al estilo indirecto libre; el narrador se apropia del pensamiento y las palabras del personaje, pero lo expresa en tercera persona, como si fueran de él, sin serlo.
-Derivación o políptoton: “sencilla – sencillez”. El efecto expresivo, por ser casi redundante, cala en el lector e insiste en la significación reiterada.
-Interrogación retórica: aparece en boca de Quino, que la emplea como muletilla: “¿sabéis?”. Este procedimiento reafirma el mensaje y mantiene atenta la atención tanto del personaje como del lector.
-Elipsis: dado el modo lacónico y sobrio tanto del narrador como de Quino, cuando cuenta la historia de la pérdida de su mano, es un recurso muy esperable. Los ejemplos son abundantes y las partes elididas o suprimidas varían; puede ser el sujeto, un verbo, un complemento, etc. La última línea del texto es muy aclaratoria en este sentido: “-Al contrario”; crea un efecto antitético muy interesante y sorprendente.
-Onomatopeya (“¡zas!”), símil o comparación (“saltó a cuatro metros de distancia, como una astilla”), paradoja (“un niño grande”) y suspensión con repetición (“Te… te importa”) son otros recursos que contribuyen a crear una atmósfera narrativa llena de verdad, vida y significación.
-La adjetivación, exacta, precisa y muy expresiva atrae la atención y crea imágenes sorprendentes: “cumbre fosca, empenachada de brumas” del Pico Rando, Josefa “se lanzó corita al río”, etc.
Por supuesto, no hemos agotado el catálogo de recursos; los aquí aportados nos sirven muy bien para comprender la intensa elaboración literaria del texto de Delibes y el efecto estético, bello y profundo, que crea en la imaginación lectora.
8. Contextualización autorial y cultural
Miguel Delibes (Valladolid, 1920 – 2010) es uno de los principales novelistas de la primera generación de posguerra, también conocida como Generación del 36 (junto con otros creadores de indudable valía como G. Torrente Ballester, C. José Cela y Álvaro Cunqueiro). Delibes es bien conocido por su interés por novela la vida de gente humilde en ambientes rurales castellanos (pero también atiende al marco urbano y a otras regiones, como Extremadura en Los santos inocentes). Nuestro novelista se ocupa de los niños y su mundo de miedos, ilusiones, temores, etc. en bastantes novelas (El príncipe destronado, por ejemplo).
El escritor vallisoletano posee un estilo muy depurado, laboriosamente sencillo, podríamos decir: la predilección por un léxico depurado, rural y muy apropiado, ajustándose a lo que se quiere comunicar da como resultado unos textos limpios, claros y de una precisión asombrosa. Los personajes hablan como se hace en la calle, con naturalidad, cierta concisión y un sí es no es de laconismo.
Delibes crea mundos novelescos en los que las gentes y los pueblos de una Castilla pobreta, algo aislada, un poco amodorrada y con un el ritmo de vida lento (pero no desidioso ni holgazán) dan el tono al conjunto. Los personajes están muy perfilados, tanto física como psicológicamente. Muestran claramente su rudeza natural y su peculiar estilo de comunicación, parca y algo desconfiada, a cada paso.
Esto se aprecia en el texto que comentamos. Quino no desea hablar de la muerte de una mujer por despecho de amor; acaso alguno lo podría tomar como motivo de orgullo, pero para él no lo es. Cuenta con detalle cómo perdió una mano en un fatal accidente, pero ni se le ocurre buscar culpables, ni piensa que por eso el mundo se haya acabado.
9. Interpretación
El camino relata los recuerdos y pensamientos de Daniel, el Mochuelo, en su última noche en el pueblo antes de ir a un internado para continuar los estudios. Su padre, el quesero del pueblo, comprende que el futuro de su hijo, en ese ambiente paralizante, no puede ser muy halagüeño. De ahí que le imponga ir a la ciudad a formarse y seguir con su educación. El niño sufre enormemente porque para él es como una amputación, como ser arrancado de lo que más ama en el mundo. Sin embargo, calla y obedece, pues lo que deciden los padres ha de ser bueno per se. Claro que el sufrimiento nadie se lo va a quitar al muchacho, que, casi de modo preventivo, repasa su vida en el pueblo con sus amigos y, antes de marchar, ya ha recibido el zarpazo de la nostalgia.
Este texto nos sirve muy bien para comprobar el inmenso respeto y amor con que Delibes se acerca al mundo rural castellano. Los personajes poseen una nobleza natural y una autenticidad que los hace sólidos, creíbles y llenos de verdad. Todos los que aquí aparecen son de extracción humilde y su suerte en la vida no ha sido precisamente buena. Llevan una vida esforzada, cada uno según sus circunstancias. Los niños se sumergen en la naturaleza y hacen su aprendizaje vital en pequeño grupo, creciendo al unísono y maravillándose juntos de las sorpresas que deparan el mundo natural y las personas.
No es un mundo bucólico en absoluto. No todo va bien, ni mucho menos. La escasez de recursos materiales casi se palpa. Una mujer se quita la vida por amor, pero parece que no impresiona a nadie, ni siquiera a Paco, el herrero, padre de Roque, que lo encaja como actos individuales de difícil explicación que se deben aceptar sin darle muchas vueltas. Quino pierde el brazo, pero no hace de ello una tragedia; son avatares de la vida que obligan a enfocar la vida de otro modo, pero no es el fin ni nada parecido. Estos personajes, con algo de estoicos, un tanto escépticos y con una inmensa resignación ante los sinsabores, secretamente admirados por el narrador, impactan de lleno en el lector, que casi se ve obligado a adoptar la postura cercana y empática del narrador.
Un aspecto especialmente llamativo de este texto es la precisión y naturalidad expresivas. Quino habla con un aire coloquial, bellamente simple y transparente, con una cadencia en las oraciones que envuelven y arrastran al lector. El párrafo muestra un ritmo  narrativo y lingüístico suave, preciso, natural y cercano, bajo una sobriedad y contención que imprimen un modo de ser (visible en los personajes) y de escribir (perceptible en el narrador).
10. Valoración
Este delicioso texto es una muestra genuina del arte narrativo de Delibes: personajes sobrios y robustos, dotados de una dignidad indudable, dentro de su rudeza y escepticismo vital. El texto revela cómo es el aprendizaje de la vida de los niños: experimentando por sí mismos cómo los errores se pagan, cómo los extravíos conducen a la desgracia, cómo hay que afrontar con entereza los reveses de la vida, como perder un brazo.
El estilo aparentemente sencillo, pero extraordinariamente trabajado es muy cautivador y envolvente: el lector se ve transportado a un universo rural merced a un lenguaje del campo, preciso y apropiado en todo momento. Las construcciones sintácticas revelan un uso de la lengua que se acerca a un modo de hablar natural y espontáneo, pero sobrio y contenido siempre.
En definitiva, lenguaje y personajes nos ayudan a recrear un magnífico mundo rural, en este caso infantil, lleno de autenticidad y verdad.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el texto (100 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido.
4) Analiza los personajes y establece su relevancia argumental.
5) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada.
6) Describe la figura del narrador en este fragmento.
7) Explica por qué este texto pertenece a la literatura contemporánea.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos propios de la novela moderna aparecen en este texto?
2) ¿Se puede decir que el destino opera realmente sobre las personas, a tenor de lo que leemos en el texto? Razona la respuesta.
3) ¿Qué importancia posee el amor en este cuento?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la casualidad y el azar?
5) En el texto aparece una cierta tensión entre el mundo de los adultos y el de los niños. Explica cómo se percibe en cuanto a personajes y acciones.
6) ¿Aparece idealizado el mundo rural en este texto? Razona la respuesta con ejemplos.
7) Explica la importancia de la amistad en este fragmento y deduce su papel en el resto de la novela.
8) Compara la reacción de Quino ante su desgraciado accidente, y la de Quino y de Paco el herrero ante la de Josefina: ¿es común la aceptación resignada, estoica y conformista de los sinsabores, tal como ellos lo hacen? ¿Es el modo de actuar común hoy entre las personas? Razona tu respuesta.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Escribe un cuento, en prosa o en verso, con un contenido más o menos inspirado en el fragmento de El camino.
2) ¿Es común el estilo de vida infantil que se desprende del fragmento? Razona tu respuesta y narra el tipo de vida de un niño o joven como tú hoy. Puedes cambiar el final del cuento para hacerlo, a tu juicio, más verosímil.
3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, sus obras y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de la vida rural castellana (lugares, ambientes, etc.), en los que se pudo desarrollar este cuento.
5) Leed el texto, de forma dramatizada, en grupos, ante la clase, acompañada la declamación de música e imágenes apropiadas.

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