Juan de Timoneda: Patraña novena (historia de Ciberino y Rosina); análisis y propuesta didáctica

JUAN DE TIMONEDA: EL PATRAÑUELO  Patraña novena 
 
Ceberino cautivaron 
Y fue llevado a Turquía; 
Después con mucha alegría, 
Rosina y él se casaron.
 
Un mercader de Barcelona llamado Hilario, envió a Nápoles a un hijo suyo, Ceberino, para que le cobrase cinco mil ducados que allí le debían. Cobrado que los hubo, diose tan buena diligencia, que en breve tiempo se los ganaron otros mercaderes de la misma tierra. Quedando sin blanca y sabiendo que estaba una nave que hacía vela para Barcelona, embarcóse en ella, y surgida después de su navegación en el puerto que deseaba, desembarcó Ceberino y entróse en la ciudad de Barcelona; y como fuese muy de noche y no hallase posada, determinó de recogerse debajo de un banco que estaba cerca de casa de su padre, porque no le quitasen la capa, si por caso se durmiese. Estando allí puesto, sintió que de la calle tiraron una piedra a una ventana de la misma casa, y salió una mujer que dijo: 
–Señor, a las doce vendrá vuestra merced, que ahora no hay sazón. 
Ido el hombre que tiró la piedra, cerca de las doce salió Ceberino debajo el banco donde estaba, y tirando su piedra, salió la mujer a su ventana, y dijo: 
–Tome, señor. 
Él, parando la capa, echole un lío de ropa con riquísimas joyas revueltas con él, y diciendo: 
–Ya bajo. 
A cabo de rato viola salir por la puerta, y no fue salida tan presto cuanto se abrazó con él diciendo: 
–Vamos, señor mío. 
Tomándola de la mano, saliéronse de la ciudad caminando hacia Valencia. Cuando fueron bien lejos y ella viese con la claridad del día que no era el que pensaba, maldecíase, haciendo grandísimos extremos, a lo cual respondió Ceberino: 
–No os maldigáis, señora, antes os habéis de tener por dichosa en haber caído en mi poder, porque sabed que soy hijo de Hilario, mercader riquísimo de esta ciudad. 
Conociéndole, y que ya no había remedio en lo hecho, siguieron su camino, y por la presencia del día, por no ser descubiertos, metieronse en un bosque adonde se dieron palabra y fe de marido y mujer, y efectuaron con mucho regocijo el matrimonio. 
Pues, como en el bosque no hubiese agua para beber, determinó Ceberino de llegarse a la marina, tanto por buscar agua como por si vería algún bajel para poderse embarcar con Rosina, que asina se decía. Fue su desdicha tan grande que, en llegando a la mar, fue preso de moros. Ella, conociendo que se tardaba, subióse sobre un recuesto y vio cómo se lo llevaban cautivo. Conociendo que la Fortuna la perseguía, usó de ánimo varonil, y es que se hizo un talegoncillo, en el cual puso todas las joyas que llevaba, y cosido, se lo ciñó junto a la carne, y mirando a qué parte la guiaría la ventura, vio muy lejos de allí una casa, y aguijando hacia ella, por estar cerrada y llamar y nadie no responder, determinó de entrar dentro por una pared bajuela que había. 
Entrada, halló (por ser majada de ganaderos) en un retrete todo un aderezo de pastor, por donde luego, en un instante se despojó de sus ropas y se vistió a modo de zagal y determinando de llamarse Ceberino, el nombre propio de su amado marido, caminó para la ciudad de Valencia, y allegándose al Grau para holgarse algunos días, dijole un mesonero que si quería estar con él. Contenta, preguntóle que cómo se llamaba; diciendo que Ceberino, hicieron su afirmamiento. 
Dejemos ahora a Rosina en hábitos de hombre, y vamos a Ceberino, el cual, como se viese cautivo, dijo que se llamaba Rosino, el nombre de su señora. Traído en Constantinopla, por ser los moros cosarios de Turquía, vino por parte al Gran Turco, el cual, por parecerle bien, le hizo ataviar y que sirviese en su palacio. Rosino, como fuese muy servicial, y que en extremo trabajaba de agradar a todos, y gran músico de vihuela, de muchos era querido y amado, especialmente del Turco, porque las más noches le hacía tañer y cantar en su presencia.  
Y con esta conversación la hija del Gran Turco, que Madama se llamaba, se enamoró de él, y no sabiendo de qué modo manifestarle su deseo, suplicó al padre que a Rosino se lo diese por maestro, para que le mostrase de tañer. Contento el Gran Turco, en la conversación y tratamiento tuvo noticia Rosino cómo Madama estaba presa de amores de él, el cual disimulaba sabia y discretamente por no perder lo que hasta entonces había ganado, no dejando de recibir algunos dones y mercedes que de cada día le hacía en cuenta de maestro. En este tiempo llegó una nave de Barcelona en Constantinopla, sobre seguro. Sabiéndolo Rosino fuese a los marineros de ella, rogándoles que, si les preguntaban de quién era hijo, que dijesen que era de gran linaje, que no perderían nada por ello. 
Pues como Madama supiese que aquella nave era de la ciudad de su maestro, secretamente envió que se informasen de Rosino su maestro, de qué linaje y estado era. Habida relación que era hombre de estado, muy más se le acrecentó el amor que le tenía, y sabiendo que estaba la nave de partida, diole Madama a Rosino una cajuela de riquísimas joyas, para que enviase a su padre y madre, y más, un anillo, para que desechase el que llevaba, el cual era el que Rosina le dio en señal de casamiento en el bosque, y trajese aquel en su servicio.  
Recibidas las joyas, y vistas cuán riquísimas y sin precio eran, estuvo muy maravillado de su liberalidad, y cerrando la cajuela, puso juntamente con ella el anillo de Rosina, y cerrada y sellada cual convenía, diola a los marineros, entrenándoles muy bien, diciéndoles que diesen aquella cajuela de bálsamo en Barcelona a su padre Hilario. Despedidos los marineros, hicieron su viaje bueno y salvo, sino que no pudiendo tomar puerto en Barcelona, los trajo la fortuna a la playa de Valencia, y aun allí hubieron de echar ropa en mar, y por salvar la cajuela tan encomendada, salió un marinero a tierra con ella, la cual dio a guardar a un mesonero del Grau, y por dicha vino a caer en manos de Rosina, que Ceberino se llamaba. 
Pasado el mal tiempo, adobaron su nave los marineros, y teniendo viento natural de su navegación, hicieron vela, olvidándose la cajuela. Rosina, viendo que se habían descuidado, hizo leer un albarán que estaba escrito y fijado en ella que decía: 
“Sea dada a Hilario en Barcelona”. 
Calló, y disimuladamente a la noche, viniendo a abrirla por ver lo que podía haber dentro, a la primera vista que vio fue el anillo que había dado a su querido Ceberino, por donde, maravillada de tal cosa y más de las riquísimas joyas que con él venían, dijo: 
–¡Santa María, Señora! ¿Qué señal o vestigio puede ser este? ¿Es quizá, por desdicha mía, muerto mi amado y esposo Ceberino? 
Y cuanto pudo de presto, tornó a cerrar la cajuela, y continuando sus oraciones, que Dios le diese nuevas de su vida o de su muerte, pasaba sus días y noches tristes, con mil sobresaltos que la combatían. 
Volviendo a Ceberino, de cómo era molestado de los amores de Madama, y él no queriendo conceder en ellos, proveyó Dios de remedio, y fue que llegó en Constantinopla una nave española, y, habiendo despedido toda su mercadería con el salvoconducto que tenía del Gran Turco, y estando para hacerse a la vela, Madama suplicó a Rosino que los dos se fuesen con aquella nave que estaba de partida, que ella le daría gran cantidad de dineros y joyas. Fingiendo que era contento, recibido que hubo lo que le había prometido, embarcóse sin ella, y tuvieron tan buen tiempo, que en breves días llegaron en España y vino a aportar a la playa de Valencia, adonde desembarcado con todas sus riquezas, vino a posar adonde estaba Rosina en hábitos de hombre.  
Y como sintiese que se llamaba Ceberino y estuviese muy ahincadamente mirándola estaba dudando si era o no era ella, y por mejor certificarse de ello, apartóla en puridad, por donde se vinieron a conocer y a abrazarse del gozo que concibieron. Y ella le manifestó cómo la cajuela estaba en su poder, de las joyas que enviaba a su padre con el anillo que ella le había dado en el bosque.  
Ceberino, muy alegre de ello, manifestó al mesonero cómo Ceberino se llamaba Rosina por otro nombre, y era su mujer y esposa amada suya, y que por haberle hecho tan buen tratamiento en su casa, se lo agradecía en grandísima manera; y sin eso le dio algunas joyas. Y ataviando a Rosina de riquísimas ropas y joyas, se embarcaron para Barcelona, adonde, dándose a conocer a sus padres, fueron muy bien recibidos, y de allí a pocos días celebradas sus bodas con alegre y suntuoso regocijo. 
De El Patrañuelo, 1567 
  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
Ceberino y Rosina son dos jóvenes barceloneses que se conocen por casualidad. Ceberino es hijo de un comerciante adinerado de la ciudad, aunque manirroto, pues dilapida una deuda que había cobrado en Nápoles. Se hace pasar, casi en broma, por el novio de Rosina en un encuentro nocturno. Se enamoran de veras, se casan informalmente y hacen un viaje a Valencia. A él lo secuestran unos piratas turcos y lo llevan, supuestamente, a Constantinopla. Por su apostura y habilidad para tañer la vihuela con virtud, Madama, la hija del Gran Turco, se aficiona y, finalmente, se enamora perdidamente de Ceberino, que ahora se hace llamar Rosino. A todo esto, Rosina vive disfrazada de chico en Valencia bajo el nombre de Ceberino. Este introduce el anillo de compromiso con su amada en una caja con joyas que acaba en manos de Rosina, quien inmediatamente reconoce el anillo que le había entregado a su novio. Al fin, Ceberino se embarca para Valencia sin Madama; allí coincide con Rosina, se reconocen, confirman su amor, sus familias lo ratifican y se casan, ahora sí, con todas las de la ley, felizmente. 
 
2. Tema 
La casualidad y la perseverancia colaboran para que un amor espontáneo termine felizmente. También lo podemos enunciar de otra manera: los caprichos del amor juegan malas pasadas, subsanables con astucia y firmeza de ánimo. Otro modo de enunciarlo: si aceptas el juego de la casualidad, ésta puede acarrear buenas y malas consecuencias para tu vida. 
 
3. Apartados temáticos 
El cuento mantiene un ritmo vivaz; va derecho al asunto central, sin digresiones ni meandros. Presenta una estructura lineal, temporalmente ordenada y lógica, dando la alternativa en la acción, unas veces en Valencia, cuando Rosina es la protagonista; otras veces en Estambul, si Ceberino es el foco de la acción. De este modo, tenemos: 
-Redondilla inicial donde Timoneda comprime el contenido aguda y llanamente. 
-Introducción o planteamiento: se presentan los personajes en un marco espacio-temporal determinado (Barcelona, de noche, al lado de la casa de ella) y una acción que, producto del azar, promete sorpresas agradables. Ocupa los ocho primeros párrafos, desde el comienzo hasta “Vamos, señor mío”. 
-Nudo o desarrollo: aquí se despliegan las aventuras que viven ambos juntos y, luego, separados, en Valencia y Constantinopla. Ocupa desde el párrafo noveno hasta el penúltimo, que se cierra con “Vino a posar donde estaba Rosina en hábitos de hombre”. 
-Desenlace o resolución: ocupa los dos últimos párrafos. La trama encuentra un final, feliz para todos, y la totalidad los hilos narrativos convergen en una solución satisfactoria. 
 
4. Personajes 
Los personajes principales, es decir, los protagonistas, son Ceberino y Rosina. Al muchacho se le pinta como joven, guapo, atrevido y un sí es no es irresponsable (dilapida el dinero de su padre, engaña a Rosina haciéndose pasar por su novio, deja que Madama se enamore de ella y luego la manipula, manda las joyas y el anillo en condiciones poco seguras, etc.). Rosina, por el contrario, aparece ante nosotros como determinada, firme y consecuente con sus decisiones (abandona la casa de sus padres a hurtadillas para huir con el novio, acepta su enamoramiento súbito de Ceberino, se disfraza de hombre para sobrevivir sin perder su virtud, etc.). Es evidente que ella alcanza una talla moral superior a la de él, que solo se libra de las calamidades gracias a la suerte. 
El resto de los personajes son secundarios y, en general, les toca bailar con la más fea: Madama, que queda sin novio de mala manera, los marineros de Valencia y el tabernero de la misma ciudad, con apenas papel que desarrollar. 
 
5. Lugar y tiempo de la acción narrativa 
Este cuento es puramente mediterráneo: Barcelona, Valencia y Constantinopla –lugar donde reside el Gran Turco– son las tres ciudades en las que transcurre la acción. Dos grandes urbes, antes y ahora, españolas, y una euro-asiática. Le proporciona al relato un sabor europeo e internacional, en un marco marítimo meridional a la vez familiar y agradable al lector. Dentro de estos entornos, la acción discurre tanto en un ambiente puramente urbano –Barcelona–, como de arrabales, casi campo -–Valencia–, como palaciego y de lujo –en el caso de Constantinopla–. 
El tiempo de la escritura se sitúa en los años previos a 1567, momento de la publicación de la obra en Valencia. El tiempo de la acción narrada es contemporáneo al de la escritura. El rapto de cristianos por piratas berberiscos y de otros lugares para pedir recompensa y así lucrarse era una práctica común en el Mediterráneo por esa época. Recordemos, a modo de ejemplo, la terrible suerte de Cervantes sólo unos años después de publicada la obra de Timoneda, cuando fue secuestrado por los piratas berberiscos y pasó cinco años de su vida cautivo en Argel (1575 – 1580). La duración de la acción está difuminada porque no interesa al núcleo narrativo. Bien se puede deducir que ocupa un año o más, pues un secuestro por piratas y los consiguientes viajes no es cosa que se despache en días ni meses. 
 
6. Narrador 
El narrador aparece en tercera persona, externo, objetivo y con omnisciencia total. Conoce a sus personajes en su totalidad y expone sus entresijos emocionales. Sin embargo, en varias ocasiones renuncia a ese conocimiento completo. Por ejemplo, al principio, cuando Ceberino se hace pasar por el novio de Rosina, prefiere omitir pensamientos y sentimientos de ambos y se centra en los hechos: se conocen, se gustan, se aman y se prometen fidelidad. El lector ha de deducir lo que los personajes sentían y pensaban. En la parte final de la obra la omnisciencia del narrador pesa más y se hace más visible: cuenta en el último párrafo el desenlace feliz con la aquiescencia de las familias. 
También se le puede ver cuando anuncia el cambio de lugar donde ocurre la acción: “Dejemos ahora…”. Involucra al lector para crear un lazo afectivo y una complicidad literaria entre ambos. 
 
7. Figuras retóricas o recursos estilísticos 
Timoneda emplea los tres procedimientos narrativos al uso: la descripción (poco presente, sólo cuando se enumeran las joyas del arca enviada a Barcelona), la narración (ocupa casi la totalidad del cuento) y el diálogo (bien visible al principio, en la primera conversación entre Ceberino y Rosina). 
A Timoneda le gusta el relato corto, rápido, reconcentrado y desarrollo breve. La limitada extensión de los cuentos exige una limitación importante del lenguaje retórico. Con todo, nuestro autor valenciano, muy diestro en el uso de la lengua castellana, emplea bastantes procedimientos narrativos que, a continuación, ejemplificamos y explicamos: 
-Ironía: “Cobrado que los hubo, diose tan buena diligencia, que en breve tiempo se los ganaron otros mercaderes de la misma tierra”. Para anunciarnos que Ceberino era un tanto manirroto o torpe en los negocios, emplea esta ironía acerca de la “buena diligencia” que tuvo en perder el dinero que poco antes había cobrado. La ironía provoca humor casi instantáneamente. 
-Metáfora: “y efectuaron con mucho regocijo el matrimonio”. Es un modo de afirmar que se dieron palabra solemne de amor eterno y lo consumaron. 
-Elipsis: es muy común en el cuento, lo cual resulta lógico con la tendencia a la brevedad que el autor impone en todo momento. Se aprecia bien en: “Fue su desdicha tan grande que, en llegando a la mar, fue preso de moros”. Se suprime el sujeto y otras circunstancias colaterales de la acción narrada. 
-Repetición retórica (“conociendo”), derivación o políptoton (“saber”-”sabía”) y otros recursos de repetición aportan expresividad narrativa. 
-Empleo de diminutivos afectivos (“talegoncillo”, “bajuela”, “cajuela”). Aportan un sabor familiar, espontáneo y cercano al lector. 
-Personificación o prosopopeya: “y mirando a qué parte la guiaría la ventura”, “los trajo la fortuna a las playas de Valencia”. Este procedimiento imprime alas a la imaginación lectora y aviva las imágenes. 
-Bimembraciones y paralelismo: “tañer y cantar”, “dones y mercedes”. Este tipo de procedimientos aportan expresividad y fuerza narrativa. 
-Polisíndeton: aunque ligeramente atenuado, sobrevuela todo el texto: “para que enviase a su padre y madre, y más un anillo…”. El efecto de acumulación y, en este caso, de énfasis de la liberalidad de Madama es bien evidente. 
-Interrogaciones y exclamaciones retóricas aportan énfasis expresivo, como cuando Rosina habla para sí al abrir la caja con las joyas: “–¡Santa María, Señora! ¿Qué señal o vestigio puede ser este? ¿Es quizá, por desdicha mía, muerto mi amado y esposo Ceberino?”. 
-Antítesis: “días y noches”, “vida o muerte”. Estamos ante una herramienta que, en su polarización, imprime dramatismo y viveza a la acción narrada. 
-Hipérbole: “con mil sobresaltos que la combatían”. La exageración es un procedimiento que aporta expresividad y aviva la imaginación lectora; en este caso, no hace comprender la angustia en la que vivía Rosina pensando que Ceberino la buscaba y no debía de andar muy lejos. 
-Epíteto o adjetivo embellecedor: “con alegre y suntuoso regocijo”. No es muy abundante; este ejemplo, con que se cierra el texto, resulta especialmente llamativo porque crea un efecto sinestésico muy agradable al lector, que puede imaginar la boda oficial de los jóvenes con más viveza. 
Del breve recorrido que hemos realizado, se puede comprender cómo Timoneda utiliza con mano diestra y buen tiento los procedimientos retóricos para crear un cuento muy agradable, vivaz y apacible, como ellos gustaban de decir. 
 
8. Contextualización autorial y socio-cultural 
Juan de Timoneda (Valencia, hacia 1518 – 1583) es un escritor muy importante en el contexto de la literatura española renacentista. Sus mayores aportaciones caen en el campo del teatro, pero como narrador tampoco es desdeñable sus tres libros de relatos cortos, cuentos propiamente, y a veces solo facecias. Los dos primeros títulos, curiosos en sí mismos, son Sobremesa y alivio de caminantes (1563) y Buen aviso y portacuentos (1564) El texto que estamos comentando procede del tercer título El Patrañuelo (Valencia, 1567), una veintena de cuentos de origen diverso, sobre todo italiano, pero también latino y de otros ámbitos. Timoneda los adaptó al castellano en cuanto a ambientación, estilo y lenguaje. La obra tuvo bastante éxito, haciendo honor a la segunda acepción de la palabra “patraña”: relato corto de carácter novelesco. 
Introduce pequeñas novedades argumentales, los reescribe en un castellano familiar, propio de un estilo humilde y rebaja la carga retórica notablemente. Estos rasgos, unidos a la brevedad, dan como resultado historias amenas, divertidas, entretenidas y con un cierto fondo reflexivo interesante. El relato corto, la “novella” italiana, ejerció un notable influjo en la literatura española. Los cuentos de Boccaccio en el Decameron se tradujeron, adaptaron e imitaron en muchas ocasiones a lo largo de los siglos, a partir del Renacimiento. 
La ambientación local aporta un plus de verosimilitud que enriquece el relato notablemente. En el cuento vemos, por ejemplo, que en Barcelona roban las capas a los desavisados, que un ventero contrata de inmediato a Rosina disfrazada de hombre porque necesita sus servicios, que los barcos comerciales surcaban en Mediterráneo, que la piratería era un asunto cotidiano, peligroso y desagradable en las costas españolas, etc. 
 
9. Interpretación 
La principal finalidad de esta “patraña” es la de entretener o deleitar al lector, para que disfrute de un texto literario lleno de imaginación, buen estilo e ingenio. También se deja entrever cierta carga moral, pero bastante atenuada. Timoneda escribe este cuento desde unos presupuestos totalmente estéticos. La lectura reconforta al lector, lo evade y le hace admirar la inventiva del autor. 
La ambientación local aporta un plus de verosimilitud que seguro que complacía a los lectores de la época. Todo el relato goza de una familiaridad de fondo y forma, contenido y expresión que contribuye, sin duda, a una lectura entretenida y provechosa. La dosificación de la intriga, la ligereza de estilo y la brevedad argumental son valores que enriquecen notablemente el texto de Timoneda. 
El hecho de que Rosina se disfrace de hombre y se llame como su prometido, y él, a su vez, también se cambie de nombre y adopte el de ella, convenientemente masculinizado, es un rasgo original y divertido que aporta intriga y variedad argumental. 
 
10. Valoración 
Esta patraña novena es un buen ejemplo del cuento español renacentista. Timoneda cuaja un relato fresco, familiar, entretenido y de composición armónica y equilibrada. El conjunto de peripecias, variadas y sorprendentes, junto con un final feliz bastante aleccionador conforman un cuento de hermosa factura.  
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora  
1) Resume el cuento o patraña (100 palabras, aproximadamente).  
2) Señala su tema principal y los secundarios.  
3) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido.  
4) Analiza los personajes y establece su relevancia argumental.  
5) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada.  
6) Describe la figura del narrador en este cuento.  
7) Explica por qué este texto es un cuento renacentista.  
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.  
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico  
1) ¿Qué rasgos propios del cuento aparecen en este texto?  
2) ¿Se puede decir que el amor marca el destino de las personas? Razona la respuesta.  
3) ¿Qué importancia posee la perseverancia en este cuento? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el engaño y la traición?  
5) En el cuento aparece el juego de una mujer que se disfraza de hombre y un joven que cambia de nombre. ¿Te parece adecuado desde el punto de vista racional y literario? Razona la respuesta. 
6) ¿Cómo podemos juzgar la actitud de Ceberino con Madama?  
7) Explica el papel del azar y la suerte en este relato, aportando ejemplos. 
8) Compara el modo de actuar de los jóvenes en sus relaciones amistosas y amorosas tal como aparecen en el cuento y se viven hoy. Señala las diferencias y similitudes e indica las ventajas e inconvenientes de cada uno. 
  
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Escribe un cuento, en prosa o en verso, con un contenido más o menos inspirado en la patraña novena. 
2) ¿Es razonable creer en el amor y los vaivenes del destino tal como aparece en este cuento? Razona tu respuesta e imagina cómo pueden afectar a las personas. Puedes cambiar el final del cuento para hacerlo, a tu juicio, más verosímil. 
3) Realiza una exposición sobre Juan de Timoneda, sus obras y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.  
4) Aporta o crea imágenes de la vida renacentista (lugares, ambientes, etc.), en los que se pudo desarrollar este cuento, conociendo las tres ciudades en las que se ambienta. 
5) Leed el cuento, de forma dramatizada, en grupos, ante la clase, acompañada la declamación de música e imágenes apropiadas. 
 

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