Francisco de Quevedo: «Con ejemplos muestra a Flora la brevedad de la hermosura, para no malograrla»; análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO: “CON EJEMPLOS MUESTRA A FLORA LA BREVEDAD DE LA HERMOSURA, PARA NO MALOGRARLA”
La mocedad del año, la ambiciosa                1
vergüenza del jardín, el encarnado
oloroso rubí, Tiro abreviado,
también del año presunción hermosa:
la ostentación lozana de la rosa,                   5
deidad del campo, estrella del cercado,
el almendro en su propria flor nevado,
que anticiparse a los calores osa:
reprensiones son, ¡oh Flora!, mudas
de la hermosura y la soberbia humana,          10
que a las leyes de flor está sujeta.
Tu edad se pasará mientras lo dudas,
de ayer te habrás de arrepentir mañana,
y tarde, y con dolor, serás discreta.
  1. ANÁLISIS
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. Realizaremos un comentario más enumerativo y descriptivo, y menos expositivo e interpretativo, en orden a alcanzar mayor claridad, pues el poema es bastante complejo.
1) Quevedo ha elegido el soneto como forma estrófica, en el que los tercetos se ajustan a su versión más clásica (ABBA, ABBA, CDE, CDE). Es una opción típica de Quevedo, al fin y al cabo deudor de la tradición garcilasiana y petrarquista.
2) La sintaxis es extremosa y bastante original, aunque el mismo Garcilaso y Góngora nos dejaron sonetos de parecida organización oracional cuando se ocupan del tópico del carpe diem. Los dos primeros cuartetos ofrecen nueve sujetos de los que no sabemos cuál es su verbo hasta el primer verso del primer terceto: “son”. La oración finaliza con el primer terceto, ocupado todo él con el atributo de la oración copulativa. Es una fórmula bastante típica de descoyuntamiento sintáctico, que corresponde a la diseminación semántica. El último terceto resulta totalmente opuesto: en cada verso, una oración distinta. Los tiempos verbales también se contraponen: del presente de “son”, a los futuros imperfectos de “pasará”, “habrás” y “serás”.
3) Cada uno de los sujetos conforma una metáfora de la belleza efímera, expresión de cómo el tiempo pasa muy rápido. En efecto, Quevedo nos ofrece su interpretación del tópico de Tempus fugit, con algunos ecos de Vita brevis y de Carpe diem. El tono del poema es sombrío, pesimista, amargo, muy propio de la visión desengañada y escéptica de la vida que exhibe la filosofía barroca. Todo en esta vida es un sueño, con sus partes de pesadilla, nada es lo que parece y conviene no ilusionarse demasiado porque el desengaño será mayor. La vida terrenal no pasa de un tránsito doloroso (Vita lacrimarum vallei), así que será mejor cifrar las esperanzas en la eterna. Vemos que la religión funciona como un refugio y un antídoto ante las vanidades ilusas del mundo.
4) Las nueve metáforas de los dos primeros cuartetos remiten a la belleza radiante, deslumbrante incluso, de elementos naturales en su hermoso esplendor: 1) “mocedad del año” nos remite a la primavera; 2) “ambiciosa vergüenza del jardín” expresa la belleza de la flor, no importa cuál, tan intensa que humilla a todas las demás; 3) “encarnado oloroso rubí” es imagen de la rosa, o del clavel, brillante y aromático –obsérvese la audaz sinestesia–, codiciado y valioso como un rubí; 4)”Tiro abreviado” alude a la belleza elegante y rara –en la ciudad fenicia de Tiro se fabricaba la sustancia, procedente de un cangrejo de mar secado y pulverizado, para producir el color púrpura, símbolo de elegancia, distinción y exclusividad–; 5) “presunción hermosa” explica que la idea de belleza que nos creamos parece ser sólida, y además, un tanto vanidosa; ya en el segundo cuarteto, 6) “ostentación lozana de la rosa” precisa que la flor aludida es la rosa, que exhibe su belleza vigorosa y joven; 7) “deidad del campo” nos recuerda que esa belleza es tan fuerte y apabullante que los demás la adoran, como a un dios; 8) “estrella del cercado” ofrece esa beldad como una estrella rutilante en el cielo nocturno, pues su belleza oscurece a todas las demás flores; 9) “el almendro en su propia flor nevado” nos presenta el frutal florecido, con sus flores blancas, en plena primavera; y sin miedo a las heladas, florece bellamente antes de que llegue el calor.
5) Esta sucesión de imágenes sensoriales, por tanto muy sinestésicas, encuentran su sentido en el primer terceto: son, en efecto, correcciones o amonestaciones críticas y vituperantes (“reprensiones”) sobre la condición efímera de la belleza y de las vanas presunciones humanas –es lo que expresa el sintagma “hermosura y belleza humanas”. Todo ello está sujeto a “las leyes de la flor”, metáfora de que todo, incluida la belleza, es efímero, breve y fugitivo.
6) El último terceto explica o razona –es la típica estructura semántica de esta composición estrófica– de por qué lo dicho es verdadero, para lo que da tres argumentos, uno por verso: la “edad”, metonimia del tiempo de la vida, pronto “pasará”; del pasado tendrá remordimientos en el futuro –ambos conceptos se expresan con dos metonimias muy quevedianas: “ayer” y “mañana”, respectivamente, por no haber comprendido la esencia de la existencia humana; y, finalmente, se comprenderá todo ello, pero “y tarde y con dolor”, es decir, en la vejez y sin posibilidad de enmendar las equivocaciones, que ahora duelen al recordarlas y padecerlas. Estos dos términos se expresan con un polisíndeton (“y tarde y con dolor”) que refuerzan la sensación de irreversibilidad de la angustiosa situación: se es viejo, equivocado y abocado a la muerte, donde la verdadera realidad mostrará su rostro, no exactamente bello.
7) El poema posee un tono admonitorio, ligeramente dialógico –como que poeta y Flora mantienen una conversación, de la que solo nos llega la advertencia de aquel a esta–. El yo poético se dirige a Flora (nombre poético común en la época, como Filis, Lisi, etc.; a veces, escondían a una persona real, a veces solo era pura convención literaria) para reprenderla, es decir, reñirla, por su error de considerar que su belleza exultante será duradera. El yo poético no critica la belleza de Flora, sino su “soberbia” (v. 10) por considerarla inacabable. El hipérbaton y la sinestesia implícitos en “reprensiones son, ¡oh Flora!, mudas” (v. 9), junto con la exclamación retórica, dotan de e una extraordinaria fuerza expresiva y dramática al sintagma que ocupa todo el verso.
8) El poema posee una fuerte tensión interna, soterrada, expresada a base de antítesis, a veces antinomias o contradicciones: belleza efímera frente a fealdad algo más duradera, soberbia frente a arrepentimiento, primavera frente a invierno, disfrute frente a dolor y, finalmente, atolondramiento juvenil frente a discreción de vejez.
9) Existe un circunloquio muy importante a efectos de significación en el último verso: “que a las leyes de flor está sujeta” (v.11): todo en la vida, incluso lo más valioso es efímero, fugitivo, breve. El poeta ha eludido estos términos para que la comprensión de la realidad sea también algo más ardua y trabajosa que la expresión del mero concepto. Parecería que el yo poético crea una analogía entre las entendederas algo duras de Flora y las del lector. Aquí apreciamos muy bien el concepto de belleza y su transmisión literaria de la época barroca: la realidad auténtica de las cosas está escondida y acceder a ellas supone un esfuerzo intelectivo importante. El buen artista –valga decir, poeta— ha de mostrar su ingenio y agudeza eligiendo vocablos, conceptos y pensamientos sorprendentes, escondidos, no fácilmente accesibles.
10) Los elementos naturales o aspectos de la naturaleza tienen una importancia expresiva muy notable. Estaciones del año (primavera), flores (rosa), piedra preciosa (rubí), jardín, campo y cercado, árboles, noche, estrella, etc. conforman el marco expresivo de una significación superior. Gracias a, entre otras, metáforas y metonimias de intención transcendente, existencial, la naturaleza sirve para mostrar qué es la vida y cómo conviene encararla.
El poema es un ejemplo acabado de poesía barroca conceptista: visión desengañada de la vida, advertencia sobre lo efímero de lo bello y la huida del tiempo y, en fin, la conveniencia de adoptar una postura existencial “discreta”, es decir, realista, más bien derrotista, estoica –de mucha importancia en el pensamiento de Quevedo— y prudente. La maestría técnica de nuestro poeta madrileño es asombrosa, lo que cuadra muy bien con la concepción artística del barroco (lo fácil no es meritorio). Tomando un tópico bien conocido por poetas y lectores (tempus fugit), Quevedo le imprime una nueva significación, más dramática y amarga, y nos transmite en un bellísimo soneto su sombría visión de la vida, eso sí, siempre con gran maestría técnica, para “asombro” del lector, justo el efecto que él buscaba como artista. El círculo se cierra perfectamente.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema en su intención existencial y filosófica.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la cultura barroca visibles en el poema.
2) ¿Cómo apreciamos el tono de diálogo y de advertencia que posee el poema?
3) La visión de la vida que se desprende, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
4) Flora, ¿sería una persona real? Razona la respuesta.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica en un texto en prosa el contenido del poema.
2) Escribe un texto que contenga tu respuesta a una “Flora” que se porte con soberbia y vanidad, como la del poema.
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al poema. Tendrá dos personajes, la joven bella y el poeta ya mayor, dialogando en un marco natural, etc.
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo.

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