Sergio Ramírez: «Flores oscuras»; análisis y propuesta didáctica

SERGIO RAMÍREZ: FLORES OSCURAS (Madrid: Alfaguara, 2013)
I. ANÁLISIS
Estamos ante un libro de cuentos de temática nicaragüense contemporánea. El cuadro social, cultural y político que se desprende de estos relatos es completo, sugerente e incitador. Los relatos están muy bien escritos y trazados: recogen con precisión, naturalidad y acierto el habla viva y expresiva de Centroamérica. Aquí Ramírez muestra su potencia literaria mejor que en la mayoría de las novelas. La densidad literaria y significativa es muy elevada porque concentran, partiendo de una anécdota, una reflexión superior sobre la vida y el destino de las personas y de los países de modo magistral. A continuación presentamos y analizamos sucintamente los cuentos.
  1. Adán y Eva
Un juez toma una cerveza con su Conciencia, para plantearle un caso peliagudo. Siempre ha sido honesto en su cometido, pero no ha prosperado en la carrera judicial. Necesita dinero para pagar la universidad privada de sus hijos y las medicinas contra el Parkinson de su mujer. Piensa aceptar un soborno de veinte mil dólares para dictar una sentencia favorable a un narcotraficante extranjero. La Conciencia le dice que otros jueces o personas han hecho cosas atroces como hacerse amantes de sus hijas, falsificar la firma de la madre para venderle sus posesiones, etc. Al final, la Conciencia lo anima a prevaricar y brindan con una cerveza en el bar de Frank. El relato, en tercera persona omnisciente, destila ironía, sátira y amargura por una sociedad moralmente enferma. El sentido simbólico, a manera de auto sacramental barroco, declara la derrota del hombre ante la codicia.
2. La puerta falsa
Amado Gavilán, mexicano, es un boxeador minimosca que se enfrenta al filipino Arcadio Evangelista el 28 de mayo de 2005 en el Staples Center de Los Ángeles. Su hijo Rosendo es comentarista deportivo, y a él le debemos muchas partes del relato. Gavilán es un boxeador honesto y limpio, sin borracheras ni otros vicios. Su mujer lo abandona un día y lo dejó con el hijo, sin dar explicaciones. Gavilán pierde contra Evangelista muy dignamente. De los golpes le surge un hematoma cerebral del que es operado con mucho riesgo. Evangelista gana después el campeonato del mundo y homenajea a Gavilán en el mismo ring. Muchas piezas del relato, sobre todo el pasado, lo cuenta su hijo Rosendo, entrecomillado. El narrador relata el enfrentamiento con Evangelista el 10 de septiembre de 2005. A Gavilán le hacen un pequeño homenaje y ya se va, con un pañal por su incontinencia, con la mirada ida, por los pasillos. Su hijo tiene que reconducirlo.
Historia muy emotiva, sólida y muy bien contada. Los temas de la pobreza, la honradez, el destino y la lucha por la vida planean por el relato. Parece de Baroja o de Aldecoa.
3. La cueva del trono de la calavera
Un oficial le entrega a un denunciante los objetos robados: un reloj, una cadena con crucifijo, y también una sortija con una calavera de cristal de colores, de muy poco valor. Tito, al que el Jefe del grupo de gamberretes le llama Capitán, se la había robado a su padre, que tenía un pequeño negocio. El grupo se llamaba Los Invisibles; eran cuatro jóvenes que casi no se dejan ver, Or, Tor, Odor y Lotor. El Jefe un día anunció que se iba para no volver. Tito quedó como desvalido. Un oficial de policía le entrega a su dueño las pertenencias robadas. Cuando llega la sortija, o anillo, el propietario de las otras cosas no la reconoce y dice: “Qué cosas más raras las de la vida”.
El protagonista infantil-juvenil muestra muy bien la preocupación de Ramírez por el destino de los jóvenes en condiciones desfavorables. Aclara, asimismo, el desamparo y la falta de rumbo de muchos jóvenes centroamericanos; también el destino incierto y violento de muchas personas. Narrador en tercera persona; alterna la acción, en zigzag, de Tito con la banda y la entrega de los objetos robados al propietario, formando un zigzag de principio a fin.
4. Ya no estás a mi lado corazón
El circo Hermanos Garrido había ardido en Masaya hacía años. Ahora lo regenta el tragafuegos Luzbel, pero venido a menos. Mireya, esposa de Luzbel, hace de trapecista y amazona; se acuesta con los que lo desean después de la función, previo pago. También hay un enano, Leonardo, y el payaso Míster Tancredo. Cierran el pesonal del circo los tres músicos, Ambrosio, Sófocles y Sempronio. Un día a la noche, Mireya aparece muerta y la policía se pone a indagar. El narrador es un joven adolescente que ha sido el último cliente que Mireya ha atendido. Su padre lo quiere zurrar con su cinturón, pero el chico se refugia en la escuela donde el juez y el secretario, junto con tres policías, venidos de Masaya, levantan acta del caso e indagan sobre el culpable. Al fin, decretan que Luzbel, el marido, la mató por celos y se lo llevan esposado. Las pruebas no son muy contundentes, pero el juez quiere acabar cuanto antes y no toma declaración al enano. El enano sale a gritos a la calle y dice que él fue el asesino porque Mireya nunca quiso acostarse con él, por su baja estatura. El juez no le hace caso y todo queda visto para sentencia. Leonardo el Galante, el enano, se queda en el pueblo y se vuelve limosnero y alcohólico. El narrador le pone una cruz con su nombre en la tumba de Mireya, que al parecer Leonardo la arranca una noche de borrachera.
Cuento muy bonito y bien escrito porque el joven asume la voz narrativa con sinceridad y autenticidad. Hondo significado del relato: pobreza, honradez, verdad, desidia de los poderosos, en este caso, encarnada en el juez prevaricador.
5. Las alas de la gloria
El 21 de abril de 2004, en Masaya, apareció muerto de diez estocadas de bayoneta José Trinidad Aranda Calero, de cincuenta y cinco años de edad. Lo mató un muchacho con el que se estaba emborrachando porque discutieron quién era más hombre. Trinidad había sido guerrillero y ahora se dedicaba a vendedor de pan a primera hora de la mañana. El nombre del menor no se sabe porque la portavoz de la policía no lo quiso dar ya que era menor de edad. El narrador tomó la historia de “La Prensa” y de “El Nuevo Diario”. Discute sobre la verosimilitud de la historia y ciertos pormenores reconstruyendo los hechos, junto con las fotos de Susan Meiselas, cronista de la revolución nicaragüense y los años posteriores. Ahora la gente ya lo ha olvidado casi del todo. Trinidad había participado en el asalto al Palacio Nacional del 22 de agosto de 1978. Era el único que llevaba bayoneta en su fusil Garand M1, y seguramente se la guardó como recuerdo de su hazaña bélica. Luego participó como guerrillero en otros frentes. De todos los participantes, que salen en una foto, muchos murieron en combate, otros murieron en la pobreza y el olvido, y alcoholizados, como Trinidad. El narrador habla en primera persona: “Digo lejana hazaña, porque entre la toma del Palacio Nacional, cuando fueron rozados por las alas de la gloria, aunque se tratara apenas de un leve toque, y el asesinato de José Trinidad, habían transcurrido ya veintiséis largos años de memoria, y de olvido” (p. 94).
“Pero si fue así, se quedó con la bayoneta como recuerdo de la hazaña de su vida, y la atesoró siempre, sin imaginar que con ella misma iban a matarlo una madrugada tantos años después de haber recibido el leve roce de las alas de la gloria, que a veces equivoca los giros de su vuelo, y toca por causalidad los hombros de los anónimos y de los humildes” (p. 97).
La temática de la revolución nicaragüense es muy frecuente en Ramírez. Él mismo estuvo muy involucrado en ella. Aquí nos muestra muy bien la frustración y la amargura de muchos de los participantes. Sus ilusiones, ideas e ideales quedaron enterrados en el olvido y la dura realidad egoísta de la nueva casta dominante.
6. La colina 155
El manjol, en Nicaragua, es el hueco que da acceso a la alcantarilla; procede del inglés “manhole”, con el mismo significado. Mucha gente roba las tapas de las alcantarillas para venderlas a fundidoras, todo de modo ilegal. No quiere desviarse del tema, como aconseja a sus alumnos de los talleres literarios, pues hay que coger el toro por los cuernos. Plantea dos posibilidades para su cuento. En la A, un hombre de cincuenta años, acompañado de su hijo de doce recorre los contenedores de la basura recogiendo metales. En una casa la sirvienta lo invita a entrar para que recoja las latas de una fiesta de la noche previa. Es la mansión de un conocido abogado, muy rico, que mueve hilos ilegales entre jueces y legisladores; se ha embolsado mucho dinero y bienes haciendo trampas de todo tipo; es un viejo revolucionario; tenía dos hijos, ya muertos; su mujer lo abandonó; él es diabético y no tiene piernas, por lo que se mueve en sillas de ruedas. Parece que reconoce al recogedor de latas. En la posibilidad B el hombre pobre roba y se lleva las tapas de las alcantarillas con un carro y un caballo; la policía lo descubre y él huye, el caballo cae y el carro se desbarata; corre con su hijo y salta la tapia de una mansión, que es la del hombre de la silla de ruedas. Allí explica que ese ladrón le salvó la vida en la colina 155, en la época de la insurgencia. Es la colina Miraflores, cerca de la frontera con Costa Rica. El hombre había sido herido y el ladrón, su jefe, lo rescató en una situación de retirada, en 1979; le salvó la vida. Le dio un desayuno suculento y le entregó algo de dinero; le ofreció un trabajo. Luego un coche con chófer del inválido lo llevó a su caso. Carretón y caballo muerto quedaron en la calle, sin que nadie lo retirara. Ambos habían compartido una chica, Susana. Esta vivió con el guerrillero; luego, en la vida civil, vivieron juntos; ella se hizo ladrona y estuvo en la cárcel; al salir, se volvió a su pueblo. El hijo lo tuvo con otra, que también lo abandonó.
Cuento hermoso que nos muestra el cedazo de la construcción narrativa. Muy bien escrito, con intención y sentido profundo. El estilo, dinámico, muy equilibrado y expresivo. La revolución nicaragüense trajo el éxito para algunos, muchas veces poco escrupulosos o directamente ladrones prevaricadores, y la desgracia o la miseria para otros muchos, arrollados por el vendaval de acontecimientos. Ardorosos guerreros, pero poco hábiles en la vida civil.
7. No me vayan a haber dejado solo
Comenta el narrador, Sergio Ramírez, una foto familiar realizada un domingo del mes de noviembre de 1950, con sus padres y sus hermanos. Le da vida a través de los personajes y de la casa donde se hizo la foto. Su madre tenía 38 años, y su padre, 44. Están los cinco hermanos, dos ya muertos, Luisa y Rogelio. El narrador, Ramírez, se ve de niño corretear por la casa e imagina a los demás en sus afanes de niños o adultos. Mercedes Alborada sirve en la casa. Su abuelo Teófilo Mercado estaba recién muerto. Su hermano Lisandro se fue a México y nunca volvió. Describe las estancias de la casa con todo lujo de detalle, junto con sus moradores.
Estamos ante una nostálgica visión de su infancia y su familia. El retrato aparece in fieri, de modo plausible, vivaz y completo. La lectura es fascinante, hermosa, muy significativa.
8. Ángela, el petimetre y el diablo
En primera persona, pero no protagonista, el narrador cuenta la historia de Ángela, que parece ser una de las tías de Ramírez. Es la solterona de la familia; tiene novio, un borrachuzo que ha tenido fama de petimetre, dandi y galán, pero ahora está gordo y es algo ridículo. El padre vigila el noviazgo estrechamente; Ángela duerme con los padres y el padre vigila las visitas diarias estrechamente. Un día el padre no puede controlar la situación porque su mujer está enferma en la cama, con un ataque de asma; cae una tormenta muy fuerte, de las del anochecer tropical. De pie, a solas, tras una puerta, los novios consuman su pasión. Ella queda embarazada; el padre la echa de casa. El niño nace y se llamó Hebert; su padre le deja en herencia su biblioteca, unos cincuenta libros de novelas y ensayos de la literatura europea. Los padres mueren bastante pronto. El chico es muy obsceno hablando y la gente lo llama para escuchar sus procacidades. Hebert, con el tiempo, se vuelve loco, lo ingresan en un psiquiátrico en Managua y en Chapuí, en Costa Rica, donde el narrador, Sergio Ramírez, lo visita alguna vez. Muere de esquizofrenia algo antes de los treinta años.
Se trata de recuerdos familiares, a medio camino entre la memoria, la rememoración y la fantasía. Muy bonito. Interviene el diablo como fuerza ejecutora de la pasión carnal y de imposición del destino fatal. El cierre es irónico y divertido: “El diablo, apenas el cadáver salió hacia el cementerio, decidió mudarse, porque se sentía a disgusto en la casa desierta. Es lo que hace siempre. A mí me tocó derruirla, heredero único de todo aquello” (p. 155).
9. El mundo de Truro, Iowa
El protagonista habla en primera persona y cuenta su vida. Es un nicaragüense de pocas palabras. Saca su “título” en la Universidad Técnica Continental de Managua, un establecimiento ilegal; dos años de estudios con un contenido rayano en la Secundaria. Dice que es licenciado en Ciencias del Turismo. Mano en la Conciencia, el director de la universidad, hace un buen negocio con estos estudiantes; a él le regala el aprobado en inglés, pues no le entra ni una palabra. Trabaja de capitán de meseros del hotel Seminole, de Managua. Allí conoce a Charlotte, veterinaria que trabaja en el centro de mejoramiento de la raza vacuna en una granja de los indios seminole, de Florida, propietarios también del hotel. Se enamoran y se casan, él sin hablar inglés. Con sus suegros casi no habla, y estos pronto mueren. Tienen tres niños. Vuelven a EEUU, al pueblo de Charlotte, Truro. El narrador lleva una vida muy aislada porque los hijos sólo hablan inglés. No contesta al teléfono ni abre la puerta. Es invierno, con frío y nieve, y dice: “Ahora la nieve es más densa, el suelo va poniéndose blanco, va cubriendo los pinos como en las tarjetas de Navidad. Tengo miedo de quedarme mudo. Ya me estoy quedando” (p. 173).
Bonito y profundo. Aborda el tema de la importancia de la comunicación verbal y la conexión con los demás miembros de la familia y la comunidad. En un tono natural se bordea el realismo mágico, lo que enriquece, por contraste, el relato.
10. El autobús amarillo
Un matrimonio joven va a pasar un día de playa, en Nicaragua, con otros vecinos, que tienen un autobús alquilado para ello, amarillo, de segunda mano, de los del transporte escolar en EEUU. El joven marido va nadando y pasa la rompiente de las olas; levanta la mano y saluda a su mujer, en la orilla. Luego desaparece. La mujer, embarazada de bastantes meses, entra en angustia. Los de la Cruz Roja lo buscan con una lancha tras hacer una colecta para recaudar dinero para comprar gasolina para el motor de la lancha. Lo buscan hasta el anochecer pero no lo encontraron. La mujer solo toma un café y espera sentada a la sombra de un enramado pacientemente, entre el miedo, la angustia y el dolor. Juan de Dios era el amigo que los había animado a ir de excursión y ahora colabora en la búsqueda del marido joven. Todos los del autobús esperan toda la noche. Hacen una fogata; entre los jóvenes ya empezaban las risas. Ella, atribulada, volada, toma un café, atendida por una mujer que hace como de madre.
Reflexión perspicaz sobre la muerte repentina, el destino horrible y el egoísmo de los demás, que siguen en sus diversiones ante el dolor ajeno.
11. Abbot y Costello
Cuenta la historia del joven Natividad Canda Mairena, que muere el 10 de noviembre de 2005 en Costa Rica; había nacido en Chichigalpa, Nicaragua, en 1980. Lo matan a mordiscos dos perros rottweiler del taller de automecánica “La Provindencia”, en La Lima de Cartago, en Costa Rica, donde había entrado a robar. Dos vigilantes de seguridad lo contemplan mientrs los perros guardianes lo asaetan a mordiscos, pero no hacen nada, durante dos horas, lo mismo que la policía, que se van al coche a tomar un café. Su amigo el ladrón Banano echa a correr y salta el muro, pero a Natividad no le da tiempo. Sólo los bomberos logran separar a los perros con un potente chorro de agua. Natividad es un chico muy pobre y emigró por necesidad, pero no tiene trabajo fijo ni dinero. Lo expulsaron por la frontera varias veces, pero vuelve regresar a Costa Rica. Los perros valen 500 dólares cada uno y el ministerio no los sacrifia. Hay juicio y nadie es condenado, aunque hay un voto particular. Vigilantes y policías son eximidos de toda responsabilidad. Natividad lleva en sus bolsillos una foto desvaída de su primera comunión, sosteniendo una candela, tres billetes de cincuenta colones cada uno y una tarjeta de prepago de llamadas telefónicas.
Este relato está separado en siete apartados numerados y con título, lo que le da aire de reportaje periodístico. La pobreza, la justicia perezosa para los pobres y las injusticias flagrantes contra los humildes planean por el relato. Todos ven cómo los perros despedazan a Natividad, pero nadie hace nada. No pueden matar a los perros porque valen mucho dinero, mejor que muera antes Natividad.
12. Flores oscuras
En primera persona, cuenta el fin de su estancia en Villa Serbelloni, en Bellagio, ribera del lago Como, de la fundación Rockefeller. Acaba su estancia de un mes y debe regresar con su mujer Tulita a Nicaragua. Quieren ver Cenáculo de Da Vinci en Milán, pero no hay plazas libres. Van a visitar, como alternativa, la pinacoteca de Brera. Ven Cristo Muerto de Mantegna, y marido y mujer se separan para reencontrarse en el bistrot Fiori Oscuri, a las cinco y media, para cenar. Ramírez contempla Última Cena, de Daniele Crespi. Un señor bien vestido se le acerca y le dice que olvidó sus gafas de cerca, si le puede decir la fecha de composición del cuadro, que es entre 1624 y 1625. Entablan un diálogo erudito sobre pinturas de la última cena. El de Rubens, que acaso se inspiró en el de Crespi; la última cena de Bartolomeo Carducho, en El Prado; el de Veronese, en la Galleria dell´Academia, en Venecia; le cambió el nombre por el de “Fiesta en casa de Leví” por presión de la Inquisición; la Santa Cena de Juan de Juanes, en El Prado. Hablan sobre el papel de Judas, si es traidor o elegido para ser traidor, consciente o no. Se coteja la versión de los Evangelios, incluido el apócrifo de Judas. Al final, se despiden; el misterioso erudito lo espera fuera e invita a Ramírez a tomar un café, pero declina la propuesta porque había quedado con su mujer, a quien le explica que ha tenido una plática con Judas.
Es un cuento de ámbito culto y culturalista, con fuerte componente personal: “No veré nunca más a este personaje, que se quedará en mis notas, aunque ya me servirá para algo lo que apunte de él, me voy diciendo mientras bajo la escalera de piedra que lleva al claustro. Pero él me está esperando al pie, vigilando cada uno de mis pasos, como si temiera que fuera a caerme. A la luz del atardecer me parece ahora desaliñado, los zapatos viejos y torcidos; y la corbata violeta, que muestra reflejos tornasoles, denuncia más bien su mal gusto” (p. 221). La sorpresa y la construcción es el eje principal del cuento, que cede ante la exhibición culta.
Este libro de cuentos de Sergio Ramírez es delicioso y está muy bien escrito. Los cuentos son frescos, robustos y llenos de intención significativa. Invitamos, pues, a su lectura.
 II. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
1. Comprensión lectora
1) Resume el contenido del cuento.
2) Analiza los personajes, el lugar y el tiempo donde transcurre la acción.
3) Explica cómo funciona el narrador en estos cuentos.
2. Interpretación y pensamiento analítico
1)Analiza el tipo de sociedad que aparece en los cuentos.
2) Los personajes principales, en general, ¿han sido bien tratados por la vida?
3) Explica los aspectos socio-económicos y políticos nicaragüenses visibles en los cuentos.
3. Fomento de la creatividad
1) Transforma uno de los cuentos en una breve pieza dramática.
2) Imagina un diálogo con el autor sobre el contenido de los cuentos.
3) Transforma el final de uno de los cuentos conforme a tu visión de la temática expuesta en el mismo.

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