Juan Ruiz, arcipreste de Hita: «Libro de buen amor» (batalla de don Carnal contra doña Cuaresma); análisis y propuesta didáctica

Anuncios
JUAN RUIZ, ARCIPRESTE DE HITA: LIBRO DE BUEN AMOR  
  1. ANÁLISIS
Juan Ruiz, arcipreste de Hita es uno de los más notables autores de la literatura española. Vivió en la primera mitad del siglo XIV (h. 1283 – h. 1351) y era hombre de Iglesia; su cargo eclesiástico en Hita (Guadalajara), documentado, es testimonio de ello. Estamos en la Edad Media tardía, lo que explica cierta madurez temática y expresiva, tras un siglo XIII realmente prodigioso, gracias, entre otras cosas, al inteligente trabajo de Alfonso X el Sabio.
Juan Ruiz escribe un texto muy extenso, titulado en el siglo XX como Libro de buen amor, escrito en una primera versión en 1330, luego corregida y ampliada en 1343. De la lectura se deduce inmediatamente que Juan Ruiz era un hombre muy bien instruido en literatura y música, además de sus saberes profesionales tocantes a teología y filosofía. También se infiere su inteligencia despierta, traviesa, juguetona y un tanto disconforme con muchos aspectos de la sociedad de su época. De hecho, estuvo en la cárcel por rebelarse ante los mandatos del arzobispo de Toledo, Gil de Albornoz.
¿Con qué intención escribió su magnífica obra? Él mismo afirma que desea ofrecer un muestrario práctico, como un manual, de todas las posibilidades de la poesía castellana de la época. Es decir, ofrece un catálogo de todas las formas métricas y temáticas que circulaban en su tiempo. Se trata de un libro-fuente donde otros poetas o aficionados podían acudir a ilustrarse, con ejemplos concretos, sobre los tipos de composiciones poéticas al uso. Al lado, invita a todo aquel que lo desee de ampliar o añadir nuevos poemas a su libro. Parece que lo concibió como un libro in fieri, haciéndose, construyéndose permanentemente y sin fin. La idea, en efecto, es prodigiosa, fascinante y profundamente original.
La segunda intención es ofrecer una doctrina moral sobre la conveniencia de seguir el «buen amor» y evitar el malo. Se ha discutido mucho sobre qué entiende el autor por «buen amor»: el amor religioso a Dios, a la Virgen y a la corte celestial; acaso el amor humano sometido a los cánones de comportamiento aceptables por la sociedad –y más en concreto, por la Iglesia— de su tiempo; tal vez, el deseo sexual directo y franco que obedece a impulsos primarios. El libro, en este y en otros aspectos, resulta, como siempre ocurre en las grandes obras, ambiguo, polisémico y deliberadamente abierto, de modo que admite distintos tipos de interpretación. Quien busque un código de conducta moral y cívicamente regulado, lo encontrará; quien desee un modelo de conducta heterodoxa y libertina, ahí tiene un buen ejemplo; quien quiera entretenerse o fijarse sólo en los aspectos literarios, apartando toda moralidad, el libro le dará una gran satisfacción, etc. Conviene aquí recordar que la mayor parte del libro está compuesto empleando la estrofa de cuaderna vía o tetrástrofo monorrimo (cuatro versos alejandrinos –14 sílabas– con rima consonante igual entre ellos: 14 A, 14 A, 14 A, 14 A).
La tercera intención, a nuestro entender, es ofrecer un texto divertido, jovial, entretenido, inteligente y lleno de gracia y humor. El autor no oculta su deseo de componer su texto de modo alegre, vibrante, desenfadado y risueño. Que las anécdotas argumentales acaben bien o mal para el protagonista casi es lo de menos; el autor se ríe de sí mismo y de los demás con la misma franqueza, y también celebra la vida con la misma alegría y jovialidad.
El Libro de buen amor, en esencia, es una autobiografía ficticia. Juan Ruiz crea un personaje, con su propio nombre y profesión, que protagoniza aventuras varias, sobre todo de tipo amoroso-erótico. Ve a una mujer, dice que se enamora perdidamente de ella, busca la ayuda de Trotaconventos (modelo de Celestina, medianera, alcahueta, etc.) para acceder a ella y, excepto en una ocasión, fracasa en sus pretensiones. Pero le da igual, él sigue tan alegre con su vida y sus afanes.
La filología académica ha establecido, con gran brillantez, las fuentes que siguió Juan Ruiz para componer su texto. No es este el lugar para sintetizarlas; baste con recordar que son latinas y castellanas, antiguas y modernas, religiosas y profanas, etc. Para su intención de recoger todos los modelos literarios al uso, todo el material previo le viene bien y lo trata con habilidad y acierto.
No tiene mucho objeto tratar de resumir el contenido general del libro, dada su heterogeneidad. Habría que dividir las serranillas de las cantigas a la Virgen, las fábulas morales de las andanzas del andariego arcipreste, y así un largo etcétera. Nosotros hemos seleccionado un fragmento de la batalla de don Carnal contra doña Cuaresma, uno de los pasajes más divertidos, chispeantes y amenos del Libro de buen amor, para ilustrar su poderoso atractivo literario y para desplegar nuestras actividades didácticas.
El fragmento aquí seleccionado relata la batalla de don Carnal (cuyas huestes son animales de todo tipo, carne preparada para consumir, todo acompañado de buen vino, por descontado, etc.) contra doña Cuaresma (cuyos soldados son vegetales y peces, especialmente). El texto posee un valor simbólico y parabólico evidente. El ejército de Doña Cuaresma está compuesto por los alimentos que la Iglesia prescribía para el período cuaresmal; los de don Carnal son, justamente, los prohibidos para esos cuarenta días antes del domingo de Resurrección. La batalla es feroz y divertida a partes iguales. El hecho de que venza doña Cuaresma parece indicar que el «bien», la Iglesia, el orden social y religioso establecido, vencen al «mal», el desenfreno, la francachela, la buena comida y bebida, etc. Pero como el tono de broma preside la feroz guerra, todo sugiere que la cosa no fue para tanto, que la vida sigue igual de divertida que siempre y que sí, claro, hay que cumplir los preceptos, porque de lo contrario, las consecuencias podrían ser… ridículamente graves.
El realismo simbólico del fragmento es asombroso. Si se enumeran el número de peces, de mar o de agua dulce, que aparecen en el fragmento, resulta sorprendente los conocimientos de Juan Ruiz. Lo mismo ocurre con los animales y los tipos de carne. Otro aspecto llamativo es la aparición de un buen número de topónimos, referidos a poblaciones y ríos de España, desde Sevilla a Bermeo, desde Bayona de Galicia a Valencia. El autor conocía muy bien la geografía española de la época; hoy, casi setecientos años después, es sorprendente los amplios conocimientos de Juan Ruiz sobre ciencias naturales, geografía española, cocina, etc.
La crítica ha visto en este enfrentamiento de don Carnal contra doña Cuaresma una parodia de los cantares de gesta de los siglos anteriores. Bien puede ser, porque el combate entre las carnes y los pescados, con la ayuda de los vegetales es cruenta, feroz y… muy divertida. Se imitan las grandes narraciones épicas para generar gracia y humor, con el fin de divertir al lector.
 Las 31 estrofas elegidas (124 versos) desarrollan una parte de la batalla entre la fiesta y el desenfreno (don Carnal) contra la contención y la severidad (doña Cuaresma). Vence esta última tras una batalla «encarnizada» –nunca mejor dicho–. Las huestes se enfrentan y luchan con denuedo, pero la superioridad del ejército de doña Cuaresma es abrumadora, por lo que vencen. Finalmente, a Cecina y Tocino, generales principales de don Carnal, los ejecutan con escarnio. A este lo aíslan y lo someten a ayuno riguroso. El carácter festivo y el tono de sorna circulan subliminalmente por el texto. Esto aumenta su naturaleza divertida.
El realismo del relato es asombroso. Juan Ruiz conocía muy bien los aspectos prácticos de la comida, de la bebida, de los animales y peces, de la guerra, etc. Esto aumenta la viveza y encanto del relato. Por ejemplo, cita, si no hemos contado mal, veintiocho animales acuáticos, de río y de mar. Le corresponden otros tantos tipos de animales o de carne, y aun algún vegetal («puerro») aparece en la contienda. La narración es rápida, vibrante, realista y plástica. Usa el lenguaje bélico de los cantares de gesta para introducir este verismo humorístico, alegórico y divertido.
El uso de los recursos retóricos es muy acertado y expresivo. Comparaciones, hipérboles, metáforas, personificaciones, etc. se ponen al servicio de una construcción literaria plástica y vivaz. Su frescura perdura intacta a lo largo de los siglos; podríamos decir que fue escrito ahora mismo, dada la fuerza del lenguaje –coloquial, directo, gracioso–, el tono humorístico y burlesco, y la dimensión alegórica del relato, tan pertinente en el siglo XIV como en el XXI.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
[1097]   Desque vino la noche, mucho después de çena,
que tenía cada uno ya la talega llena,
para entrar en fasienda con la dueña serena,
adormiéronse todos después de la hora buena.
[1098]   Esa noche los gallos con grand’ miedo estovieron,
velaron con espanto, nin punto non dormieron:
non avía maravilla, que sus mugeres perdieron:
por ende se alborotaron del roído que oyeron.
[1099]   Fasía la media noche en medio de las salas
vino doña Quaresma: «¡Dios Señor, tú me valas!»
Dieron voses los gallos, batieron de las alas,
llegaron a don Carnal aquestas nuevas malas.
[1100]   Como avía el buen omen sobra mucho comido,
con la mucha vianda mucho vino ha bebido,
estava apesgado e estava adormido,
por todo el su real entró el apellido.
[1101]   Todos amodorrados fueron a la pelea,
pusieron las sus fases, ninguno non platea,
la compaña del mar las sus armas menea,
viniéronse a ferir desiendo todos: «¡Ea!»
[1102]   El primero de todos que ferió a don Carnal,
fue el puerro cuello albo, e feriolo muy mal,
físole escupir flema, ésta fue grand’ señal,
tovo doña Quaresma que era suyo el real.
[1103]   Vino luego en ayuda la salada sardina,
ferió muy resiamente a la gruesa gallina,
atravesósele en el pico, afogola ayna,
después a don Carnal falsol’ la capellina.
[1104]   Viníen las grandes mielgas en esta delantera,
los berdeles e gibias guardan la costanera:
vuelta es la pelea de muy mala manera,
caía de cada cabo mucha buena mollera.
[1105]   De parte de Valençia veníen las anguilas
salpresas e trechadas a grandes manadillas,
daban a don Carnal por medio de las costillas,
las truchas de Alberche dábanle en las mexillas.
[1106]   Ay andaba el atún como un bravo león,
fallose con don Tosino, díxole mucho baldón,
si non por doña Ceçina que l’ desvió el pendón,
diéranl’ a don Ladrón por medio del coraçón.
[1107]   De parte de Bayona veníen muchos caçones,
mataron las perdiçes, castraron los capones,
del río de Enares venían los camarones,
fasta en Guadalquivil ponían sus tendejones.
[1108]   Allí con los lavancos lidian barvos et peçes,
dis’ la pixota al puerco: «¿Dó estás, que non paresçes?
»Si ante mí te paras, darte he lo que mereçes,
»ençiérrate en la mesquita, non vayas a las preses.»
[1109]   Allí vino la lija en aquel desbarato,
traía muy duro cuero con mucho garabato,
et a costados e a piernas dávales negro rato,
ansí trabava d’ellos como si fuese gato.
[1110]   Recudieron del mar, de piélagos e charcos
compañas mucho estrañas e de diversos marcos,
traían armas muy fuertes, e ballestas, e arcos:
más negra fue aquésta que non la de Larcos.
[1111]   De Sant Ander vinieron las bermejas langostas,
traían muchas saetas en sus aljabas postas,
fasían a don Carnal pagar todas las costas,
las plasas, que eran anchas, fasíansele angostas.
[1112]   Fecho era el pregón del año jubileo,
para salvar sus almas avían todos deseo,
quantos son en la mar vinieron al torneo,
arenques et besugos vinieron de Bermeo.
[1113]   Andava y la utra con muchos combatientes,
feriendo e matando de las carnosas gentes,
a las torcasas matan las sabogas valientes,
el delfín al buey viejo derribole los dientes.
[1114]   Sábalos et albures et la noble lamprea
de Sevilla et de Alcántara venían a levar prea,
sus armas cada uno en don Carnal emprea,
non le valía nada de çeñir la correa.
[1115]   Bravo andava el sollo, un duro villanchón,
tenía en la su mano grand’ maça de un trechón,
dio en medio de la fruente al puerco e al lechón,
mandó que los echasen en sal de Villenchón.
[1116]   El pulpo a los pavones non les dava vagar,
nin a los faysanes non dexava volar,
a cabritos et a gamos queríalos afogar,
como tiene muchas manos, con muchos puede lidiar.
[1117]   Allí lidian las ostras con todos los conejos,
con la liebre justavan los ásperos cangrejos,
d’ella e d’ella parte danse golpes sobejos,
de escamas et de sangre van llenos los vallejos.
[1118]   Allí lidia el conde de Laredo muy fuerte,
congrio, çeçial, e fresco mandó mala suerte
a don Carnal seguiendo, llegándol’ a la muerte,
está mucho triste, non falla que l’ confuerte.
[1119]   Tomó ya quanto esfuerço e tendió su pendón,
ardís et denodado fuese contra don Salmón.
De Castro de Urdiales llegaba esa saçón,
atendiole el fidalgo, non le dixo de non.
[1120]   Porfiaron grand’ pieça, e pasaron grand pena,
si a Carnal dexaran, diéral’ mal estrena,
mas vino contra él la gigante ballena,
abrazose con él, echolo en la arena.
[1121]   Las más de sus compañas eran ya fallesçidas,
muchas d’ellas murieron, et muchas eran foídas,
pero ansí apeado fasía grandes acometidas,
defendiose quanto pudo con manos enfraqueçidas.
[1122]   Como estaba ya con muy pocas compañas,
el jabalín et el çiervo fuyeron a las montañas,
todas las otras reses fuéronle muy estrañas,
los que con él fincaron, non valían dos castañas.
[1123]   Si non fuese la çeçina con el grueso toçino,
que estaba amarillo de días mortesino,
que non podía de gordo lidiar sin el buen vino
estaba muy señero, çecado e mesquino.
[1124]   La mesnada del mar físose un tropel,
fincaron las espuelas, dieron todos en él,
non lo quisieron matar, hobieron duelo d’él,
a él e a los suyos metieron en un cordel.
[1125]   Troxiéronlos atados porque non escapasen,
diéronlos a la dueña ante que se aforrasen,
mandó luego la dueña, que a Carnal guardasen,
et a doña Ceçina con el toçino colgasen.
[1126]   Mandolos colgar altos bien como atalaya,
et que a descolgallos ninguno y non vaya,
luego los enforcaron de una viga de faya,
el sayón iba desiendo: «Quien tal fiso tal haya.»
[1127]   Mandó a don Carnal, que guardase el ayuno,
et que lo toviesen ençerrado a do non lo vea ninguno,
si non fuese doliente o confesor alguno,
et que l’ diesen a comer al día manjar uno.
Como el texto es muy amplio, se pueden elegir sólo algunas estrofas para desarrollar una actividad didáctica. Esta puede ser oral o escrita, en clase o en casa, individual o en grupo.
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el texto e indica su tema.
2) Enumera y describe los personajes que aparecen en la contienda.
3) Indica un texto narrativo y otro descriptivo.
4) Explica por qué es un texto alegórico, partiendo de las figuras de don Carnal y doña Cuaresma.
5) Analiza el efecto estético de los recursos estilísticos.
2.2 Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué valores morales o tipo de actitud representan don Carnal y doña Cuaresma?
2) Cuando Juan Ruiz se refiere a tipos de peces de distintas ciudades costeras españolas, ¿qué quiere significar con ello, que fue una batalla menor o de gran envergadura?
3) ¿Existe crueldad en el relato? ¿De verdad o de bromas?
4) El hecho de que venza doña Cuaresma, ¿qué indica sobre la intención moral del autor?
2.3 Fomento de la creatividad
1) Transforma en prosa el texto objeto de análisis.
2) Pasa a lenguaje plástico –dibujo o pintura— el texto o una escena de él.
3) Inventa un relato alegórico como el de Juan Ruiz significando algo distinto sobre valores morales, pero sin perder el tono festivo y alegre.
4) Realiza una presentación, en cartel o con medios informáticos, sobre Juan Ruiz y su obra Libro de buen amor.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Profesor de Lengua Castellana y Literatura. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
Esta entrada fue publicada en Análisis y propuestas didácticas, Edad Media, Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario