Pedro Calderón de la Barca: «El médico de su honra»; análisis y propuesta didactica

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PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA: EL MÉDICO DE SU HONRA
  1. ANÁLISIS
Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600 – 1681) es uno de nuestros primeros y más sublimes dramaturgos. La perfección de la construcción dramática, el manejo virtuoso de los recursos estilísticos, el grado de incitación a la reflexión sobre temas filosóficos, teológicos o sociales, etc. son algunos de los asombrosos hallazgos que se repiten en sus obras.
El médico de su honra (h. 1637) es una bellísima pieza, de construcción perfecta. Estamos ante una tragedia de ambientación histórica, en concreto, en el turbulento reinado del rey castellano Pedro I (reinado de 1350 – 1369). La trama es bastante densa: camino de Sevilla, en la comitiva real se halla el infante Enrique, hermanastro del rey don Pedro I (a quien, por cierto, asesinaría para acceder él mismo al trono). El infante sufre una caída de caballo, por lo que lo llevan a una casa cercana para recibir auxilio. Es el hogar de Gutierre, noble sevillano fiel al rey don Pedro, y su esposa doña Mencía, de quien Enrique había estado enamorado. Pronto comienzan los requiebros, pero ella lo rechaza con respeto y miedo. El rey don Pedro sigue camino de Sevilla; Enrique seguirá sus pasos unos días después.
Doña Leonor es una joven sevillana que se siente despojada de su honor porque Gutierre le había prometido matrimonio, pero luego la abandonó. Ante el rey don Pedro, Gutierre admite los hechos, pero se justifica con que ella mantenía tratos secretos con un hombre. Arias, sirviente del infante Enrique, confiesa que fue él quien entró en casa de Leonor, pero para ver a otra dama. Arias y Gutierre traban pelea ante el monarca, quien manda encarcelarlos a los dos. Es el momento que aprovecha Enrique para visitar a Mencía y tratar de seducirla. Gutierre pacta su libertad por unas horas con el carcelero y vuelve a su casa. Enrique se esconde, pero Gutierre sospecha, al encontrar una daga propiedad de aquel. Aumentan sus aprensiones de que su esposa lo engaña con el infante, por lo que su honor estaría en entredicho. Es entonces cuando decide ser él mismo médico de su honra, es decir, curador de su enfermedad social. El infante ha de huir de Sevilla al sospechar don Pedro que aquel trataba de asesinarlo –lo cual, dicho sea de paso, no era de extrañar, pues se llevaban mal y eso es lo que ocurrió en la realidad unos años después–. Gutierre contrata a un cirujano o sangrador, Ludovico, para que aplique, disimuladamente, sangrías exageradas y continuas a su mujer Mencía, quien acaba muriendo al poco.
Las sospechas se extienden muy pronto por toda Sevilla. Don Gutierre se defiende con ambiguas razones ante el rey don Pedro, que lo exculpa a cambio de que se case con Leonor. Esta sabe muy bien lo que ha pasado, pero asume todos los riesgos a pesar de que Gutierre le advierte que es el mejor médico para su enfermedad de la honra. Leonor había rechazado la mano de Arias y acepta casi temerariamente la de Gutierre; se muestra enamorada de él y, aun conociendo su medicina sangrienta para la enfermedad de la honra, piesa que con el matrimonio recupera la suya.
El tema principal de este drama es la gestión de la honra en situaciones delicadas cuyo foco de inestabilidad es la supuesta infidelidad de la prometida o esposa. La obra aborda el tema con una profundidad y crudeza realmente asombrosas. Por momentos, parece que los personajes se saben meros actores de un guiñol trágico en el que todos acaban descalabrados; con todo, se ven compelidos a representar su papel hasta las últimas consecuencias. Los hombres, celosos, a veces hasta la enajenación, fían su honor a la fidelidad de sus esposas. Gutierre es un caso extremo, pero seguramente era la típica personalidad del noble de su época. Manda asesinar a su esposa Mencía por sospechas de infidelidad; como las pruebas no son contundentes, actúa artera y maliciosamente. En todo este proceso podemos observar que no se habla de amor, sino de honor. El infante Enrique, hombre impulsivo y violento, se obceca en amar, o sólo yacer, con Mencía. Es el causante de todas las desgracias, pero no muestra ni cordura, ni arrepentimiento. Arias, otro noble, tira de espada para defender su hombría contra Gutierre, ante el mismo rey.
Así se las gastaban en la época en asuntos de honra, la opinión o imagen que los demás se hacían de un individuo conforme a su patrimonio, limpieza de sangre, nobleza hereditaria y conducta intachable –campo en el que la sexualidad, sobre todo del elemento femenino, era especialmente valorado–. La obsesión era general; por mantener la honra se llegaba a crímenes horrendos sin que les temblara el pulso.
En el ámbito femenino, la situación era aún más trágica. Mencía intuye, casi asume con resignación pasiva, que acabará mal. Pero no es culpa, sino de un irresponsable impulsivo, el infante Enrique, y de un marido cruel y obsesivo, Gutierre. Leonor, sin embargo, es activa y resolutiva: pretende recuperar su honra destrozada a manos de Gutierre. Al fin, lo logra, a cambio de asumir un matrimonio, como mínimo peligroso. Su antiguo prometido es «médico de su honra», esto es, matará a cualquiera para mantener su honor, y ya lo demostró una vez. Este se lo advierte a Leonor antes del nuevo compromiso, y la mujer lo asume como mal menor. Realmente, el papel de la mujer en la sociedad barroca era de una iniquidad desproporcionada.
Calderón de la Barca deja que las mujeres hablen en el drama muy libremente. Y lo hacen para lamentar su condición, su situación y su desesperación ante una sociedad que las trataba con una severidad y violencia escalofriantes.
Pero Calderón huye de maniqueísmos. Por eso Coquín, el gracioso, criado de Gutierre, habla libremente y desliza comentarios críticos sobre una nobleza desquiciada y unos valores que sólo se sostienen en opiniones ajenas y venganzas propias. Jacinta, sirvienta esclava, no duda en traicionar a su ama Mencía, dejando paso franco a la casa al infante, bajo la promesa de lograr la libertad por don Enrique. La sensación de ahogo, de sumisión a maridos y prometidos u hombres –por parte de ellas–, y a los valores de la honra por encima de cualquier otra consideración –por parte de ellos–, priva de libertad a las personas, que viven sujetas a unas conductas forzadas, artificiosas y peligrosas para sus vidas.
En este drama, quien paga los platos rotos son las mujeres: no muere ningún hombre. Sin embargo, Mencía es asesinada y Leonor acepta un matrimonio, como mínimo, incierto. Aquí Calderón nos desliza el mensaje que este tipo de sociedad, enferma, necesita revisar sus valores para mantener la cordura.
La construcción del drama, como era de esperar en Calderón, es perfecta. El avance de la acción sigue un proceso lógico, lleno de pequeñas sorpresas, que conducen a un clímax dramático muy cerca del final. Su resolución, muy inteligente, deja al espectador suspendido. ¿Ocurrió lo inevitable o lo mejor que podía pasar? Seguramente, ni lo uno ni lo otro. La acción discurre en casa de Gutierre, en el palacio real y en la prisión; sólo tres lugares para desarrollar una densa tragedia. La acción dura muy poco, unos días; pero por las intervenciones de los personajes nos enteramos que muchas de las situaciones procedían de muy atrás; algunas son heridas aún abiertas.
Los personajes son sólidos, densos y muy bien dibujados. Apenas han intervenido en alguna ocasión, el espectador puede realizar sus presuposiciones sobre ante quién se haya. Claro que la maestría de Calderón provoca que muchas veces sean erróneas las previsiones del espectador: Gutierre es tan desalmado que, en efecto y al fin, manda asesinar a su mujer; Leonor acepta un tanto peligrosamente un matrimonio peliagudo; el rey don Pedro, muy resolutivo y hasta cruel en vida, se mantiene neutral y trata de amortiguar los daños; sólo reacciona con violencia ante el supuesto compló de su hermanastro Enrique para asesinarlo.
El virtuosismo de Calderón en el manejo del lenguaje literario es bien conocido. Todos los recursos estéticos están utilizados con acierto y sabiduría. El lector queda suspendido y atónito ante tan diestro y acertado manejo del lenguaje. Estamos ante una obra de arte literario de categoría superior porque aborda con una belleza sublime un tema peliagudo y polémico: ¿puede un individuo tomar sus propias decisiones tocantes a su honra, incluso acabando con la vida de los demás, sin parar mientes en las leyes humanas y divinas? Calderón plantea el asunto con valentía y un suave escepticismo perceptible al fondo.

 

2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) ¿Qué provoca que el infante Enrique se vea con Mencía inesperadamente?
2) ¿Cómo reacciona Gutierre y Mencía ante la visita inesperada del infante Enrique?
3) El rey don Pedro, ¿muestra afecto o comprensión hacia su hermanastro? ¿Cómo lo percibimos?
4) Leonor pide audiencia ante el rey, en Sevilla. ¿Qué reclama? ¿Quién es el responsable de su deshonra? ¿Por qué?
5) ¿Por qué se pelean ante el rey Arias y Gutierre? ¿Cómo acaba el conflicto?
6) Enrique, sabiendo que Gutierre está en prisión, ¿qué decide? ¿Es lógica su actitud?
7) ¿Qué objeto será prueba de la actitud turbia de Enrique? ¿Por qué?
8) Ludovico, ¿por qué es importante en la obra?
9) El rey, conoce lo que ha hecho Gutierre, pero ¿qué postura toma? ¿Es justa? ¿Hubiera actuado igual de ser una mujer la responsable?
10) ¿Qué le advierte Gutierre a Leonor al concertar el matrimonio? ¿Cómo reacciona la mujer?
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) A la luz de los datos que aparecen en la honra, explica qué es, sus causas, sus consecuencias y valora su sentido.
2) La posición de la mujer en esa sociedad es muy complicada. Explícala y valórala.
3) Describe la separación en estamentos sociales por poder y riqueza y compara con nuestros días.
4) ¿Por qué Leonor persigue un matrimonio peligroso e incierto?  Actuaríamos hoy igual?
2.3. Comentario de texto específico
(Vanse las CRIADAS y sale don ENRIQUE.)
ENRIQUE: Sola se quedó. No duden
 mis sentidos tanta dicha,
y ya que a esto me dispuse,
pues la ventura me falta,
tiempo y lugar me aseguren.
¡Hermosísima Mencía!
 MENCÍA: ¡Válgame Dios! (Despierta.)
ENRIQUE: No te asustes.
MENCÍA: ¿Qué es esto?
ENRIQUE: Un atrevimiento,
a quien es bien que disculpen
tantos años de esperanza.
MENCÍA: Pues, señor, vos…
ENRIQUE: No te turbes.
MENCÍA: …de esta suerte…
ENRIQUE: No te alteres.
MENCÍA: ¿…entrasteis…
ENRIQUE: No te disgustes.
MENCÍA: …en mi casa sin temer que
así a una mujer destruye,
y que así ofende a un vasallo
tan generoso e ilustre?
ENRIQUE: Esto es tomar tu consejo.
Tú me aconsejas que escuche
disculpas de aquella dama,
y vengo a que te disculpes
conmigo de mis agravios.
MENCÍA: Es verdad, la culpa tuve;
pero si he de disculparme,
tu alteza, señor, no dude
que es en orden a mi honor.
ENRIQUE: ¿Que ignoro, acaso, presumes
el respeto que les debo
a tu sangre y tus costumbres?
El achaque de la caza
que en estos campos dispuse,
no fue fatigar la caza,
estorbando que saluden
a la venida del día, sino a ti,
garza, que subes tan remontada,
que tocas por las campañas azules
de los palacios del sol
los dorados balaústres.
MENCÍA: Muy bien, señor, vuestra alteza
 a las garzas atribuye esta lucha;
pues la garza de tal instinto presume,
que volando hasta los cielos,
rayo de pluma sin lumbre,
ave de fuego con alma,
con instinto alada nube,
pardo cometa sin fuego,
quiere que su intento burlen
azores reales; y aun dicen
que cuando de todos huye,
conoce el que ha de matarla;
y así, antes que con él luche,
el temor hace que tiemble,
se estremezca, y se espeluce.
Así yo, viendo a tu alteza
quedé muda, absorta estuve,
conocí el riesgo, y temblé;
tuve miedo, y horror tuve;
porque mi temor no ignore,
porque me espanto no dude,
que es quien me ha de dar la muerte.
ENRIQUE: Ya llegué a hablarte, ya tuve
ocasión; no he de perdella.
MENCÍA: ¿Cómo esto los cielos sufren?
Daré voces.
ENRIQUE: A ti misma
te infamas.
MENCÍA: ¿Cómo no acuden
a darme favor las fieras?
ENRIQUE: Porque de enojarme huyen.
(vv. 1074 – 1143)
a) Comprensión lectora
1) Resume el texto (100 palabras).
2) Explica el carácter de los personajes, física y psicológicamente.
3) ¿Qué intención guarda Enrique? ¿Y Mencía?
4) Cuando ella dice que dará voces, ¿qué le replica él?
5) ¿Qué opina de su situación social Enrique?
b) Interpretación
1) ¿Por qué Enrique se empeña en estar con Mencía siendo esta una mujer casada?
2) ¿Cómo se aprecia el asunto de la honra en este pasaje?
3) La situación de la mujer en esa época, ¿cómo se puede caracterizar?
4) Ahora comprendemos que el accidente de la caída del caballo del principio, ¿fue real o simulado?
2.4. Fomento de la creatividad
1) La lectura dramatizada o la puesta en escena, de parte o toda la obra, es una actividad de gran potencial creativo.
2) Realiza una presentación, en papel o con medios digitales, de Calderón de la Barca y su obra.
3) ¿Cómo podríamos reaccionar hoy ante una situación como la planteada por Calderón en El médico de su honra?
4) Escribe una carta a una de las mujeres del drama y explícale cómo ha cambiado la situación y aconséjale cómo actuar.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Profesor de Lengua Castellana y Literatura. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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