Miguel de Cervantes: «Don Quijote de La Mancha», cap. LIII de la 2ª parte (‘Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza’); análisis y propuesta didáctica

 CAPÍTULO LIII (2ª PARTE): DEL FATIGADO FIN Y REMATE QUE TUVO EL GOBIERNO 
DE SANCHO PANZA
«Pensar que en esta vida las cosas della han de durar siempre en un estado es pensar en lo escusado, antes parece que ella anda todo en redondo, digo, a la redonda: la primavera sigue al verano, el verano al estío, el estío al otoño, y el otoño al invierno, y el invierno a la primavera, y así torna a andarse el tiempo con esta rueda continua; sola la vida humana corre a su fin ligera más que el viento, sin esperar renovarse si no es en la otra, que no tiene términos que la limiten.» Esto dice Cide Hamete, filósofo mahomético, porque esto de entender la ligereza e instabilidad de la vida presente, y de la duración de la eterna que se espera, muchos sin lumbre de fe, sino con la luz natural, lo han entendido; pero aquí nuestro autor lo dice por la presteza con que se acabó, se consumió, se deshizo, se fue como en sombra y humo el gobierno de Sancho.
El cual, estando la séptima noche de los días de su gobierno en su cama, no harto de pan ni de vino, sino de juzgar y dar pareceres y de hacer estatutos y pragmáticas, cuando el sueño, a despecho y pesar de la hambre, le comenzaba a cerrar los párpados, oyó tan gran ruido de campanas y de voces, que no parecía sino que toda la ínsula se hundía. Sentóse en la cama y estuvo atento y escuchando por ver si daba en la cuenta de lo que podía ser la causa de tan grande alboroto, pero no solo no lo supo, pero añadiéndose al ruido de voces y campanas el de infinitas trompetas y atambores quedó más confuso y lleno de temor y espanto; y levantándose en pie se puso unas chinelas, por la humedad del suelo, y sin ponerse sobrerropa de levantar, ni cosa que se pareciese, salió a la puerta de su aposento a tiempo cuando vio venir por unos corredores más de veinte personas con hachas encendidas en las manos y con las espadas desenvainadas, gritando todos a grandes voces:
—¡Arma, arma, señor gobernador, arma, que han entrado infinitos enemigos en la ínsula, y somos perdidos si vuestra industria y valor no nos socorre!
Con este ruido, furia y alboroto llegaron donde Sancho estaba, atónito y embelesado de lo que oía y veía, y cuando llegaron a él, uno le dijo:
—¡Ármese luego vuestra señoría, si no quiere perderse y que toda esta ínsula se pierda!
—¿Qué me tengo de armar —respondió Sancho—, ni qué sé yo de armas ni de socorros? Estas cosas mejor será dejarlas para mi amo don Quijote, que en dos paletas las despachará y pondrá en cobro, que yo, pecador fui a Dios, no se me entiende nada destas priesas.
—¡Ah, señor gobernador! —dijo otro—. ¿Qué relente es ese? Ármese vuesa merced, que aquí le traemos armas ofensivas y defensivas, y salga a esa plaza y sea nuestra guía y nuestro capitán, pues de derecho le toca el serlo, siendo nuestro gobernador.
—Ármenme norabuena —replicó Sancho.
Y al momento le trujeron dos paveses, que venían proveídos dellos, y le pusieron encima de la camisa, sin dejarle tomar otro vestido, un pavés delante y otro detrás, y por unas concavidades que traían hechas le sacaron los brazos, y le liaron muy bien con unos cordeles, de modo que quedó emparedado y entablado, derecho como un huso, sin poder doblar las rodillas ni menearse un solo paso. Pusiéronle en las manos una lanza, a la cual se arrimó para poder tenerse en pie. Cuando así le tuvieron, le dijeron que caminase y los guiase y animase a todos, que siendo él su norte, su lanterna y su lucero, tendrían buen fin sus negocios.
—¿Cómo tengo de caminar, desventurado yo —respondió Sancho—, que no puedo jugar las choquezuelas de las rodillas, porque me lo impiden estas tablas que tan cosidas tengo con mis carnes? Lo que han de hacer es llevarme en brazos y ponerme atravesado o en pie en algún postigo, que yo le guardaré o con esta lanza o con mi cuerpo.
—Ande, señor gobernador —dijo otro—, que más el miedo que las tablas le impiden el paso: acabe y menéese, que es tarde y los enemigos crecen y las voces se aumentan y el peligro carga.
Por cuyas persuasiones y vituperios probó el pobre gobernador a moverse, y fue dar consigo en el suelo tan gran golpe, que pensó que se había hecho pedazos. Quedó como galápago, encerrado y cubierto con sus conchas, o como medio tocino metido entre dos artesas, o bien así como barca que da al través en la arena; y no por verle caído aquella gente burladora le tuvieron compasión alguna, antes, apagando las antorchas, tornaron a reforzar las voces y a reiterar el «¡arma!» con tan gran priesa, pasando por encima del pobre Sancho, dándole infinitas cuchilladas sobre los paveses, que si él no se recogiera y encogiera metiendo la cabeza entre los paveses, lo pasara muy mal el pobre gobernador, el cual, en aquella estrecheza recogido, sudaba y trasudaba y de todo corazón se encomendaba a Dios que de aquel peligro le sacase.
Unos tropezaban en él, otros caían, y tal hubo que se puso encima un buen espacio y desde allí, como desde atalaya, gobernaba los ejércitos y a grandes voces decía:
—¡Aquí de los nuestros, que por esta parte cargan más los enemigos! ¡Aquel portillo se guarde, aquella puerta se cierre, aquellas escalas se tranquen! ¡Vengan alcancías, pez y resina en calderas de aceite ardiendo! ¡Trinchéense las calles con colchones!
En fin, él nombraba con todo ahínco todas las baratijas e instrumentos y pertrechos de guerra con que suele defenderse el asalto de una ciudad, y el molido Sancho, que lo escuchaba y sufría todo, decía entre sí: «¡Oh, si Nuestro Señor fuese servido que se acabase ya de perder esta ínsula y me viese yo o muerto o fuera desta grande angustia!». Oyó el cielo su petición, y cuando menos lo esperaba oyó voces que decían:
—¡Vitoria, vitoria, los enemigos van de vencida! ¡Ea, señor gobernador, levántese vuesa merced y venga a gozar del vencimiento y a repartir los despojos que se han tomado a los enemigos por el valor dese invencible brazo!
—Levántenme —dijo con voz doliente el dolorido Sancho.
Ayudáronle a levantar, y, puesto en pie, dijo:
—El enemigo que yo hubiere vencido quiero que me le claven en la frente. Yo no quiero repartir despojos de enemigos, sino pedir y suplicar a algún amigo, si es que le tengo, que me dé un trago de vino, que me seco, y me enjugue este sudor, que me hago agua.
Limpiáronle, trujéronle el vino, desliáronle los paveses, sentóse sobre su lecho y desmayóse del temor, del sobresalto y del trabajo. Ya les pesaba a los de la burla de habérsela hecho tan pesada, pero el haber vuelto en sí Sancho les templó la pena que les había dado su desmayo. Preguntó qué hora era, respondiéronle que ya amanecía. Calló, y sin decir otra cosa comenzó a vestirse, todo sepultado en silencio, y todos le miraban y esperaban en qué había de parar la priesa con que se vestía. Vistióse, en fin, y poco a poco, porque estaba molido y no podía ir mucho a mucho, se fue a la caballeriza, siguiéndole todos los que allí se hallaban, y llegándose al rucio le abrazó y le dio un beso de paz en la frente, y no sin lágrimas en los ojos le dijo:
—Venid vos acá, compañero mío y amigo mío y conllevador de mis trabajos y miserias: cuando yo me avenía con vos y no tenía otros pensamientos que los que me daban los cuidados de remendar vuestros aparejos y de sustentar vuestro corpezuelo, dichosas eran mis horas, mis días y mis años; pero después que os dejé y me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos.
Y en tanto que estas razones iba diciendo, iba asimesmo enalbardando el asno, sin que nadie nada le dijese. Enalbardado, pues, el rucio, con gran pena y pesar subió sobre él, y encaminando sus palabras y razones al mayordomo, al secretario, al maestresala y a Pedro Recio el doctor, y a otros muchos que allí presentes estaban, dijo:
—Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad: dejadme que vaya a buscar la vida pasada, para que me resucite de esta muerte presente. Yo no nací para ser gobernador ni para defender ínsulas ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas. Mejor se me entiende a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas, que de dar leyes ni de defender provincias ni reinos. Bien se está San Pedro en Roma: quiero decir que bien se está cada uno usando el oficio para que fue nacido. Mejor me está a mí una hoz en la mano que un cetro de gobernador, más quiero hartarme de gazpachos que estar sujeto a la miseria de un médico impertinente que me mate de hambre, y más quiero recostarme a la sombra de una encina en el verano y arroparme con un zamarro de dos pelos en el invierno, en mi libertad, que acostarme con la sujeción del gobierno entre sábanas de holanda y vestirme de martas cebollinas. Vuestras mercedes se queden con Dios y digan al duque mi señor que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; quiero decir que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los gobernadores de otras ínsulas. Y apártense, déjenme ir, que me voy a bizmar, que creo que tengo brumadas todas las costillas, merced a los enemigos que esta noche se han paseado sobre mí.
—No ha de ser así, señor gobernador —dijo el doctor Recio—; que yo le daré a vuesa merced una bebida contra caídas y molimientos que luego le vuelva en su prístina entereza y vigor; y en lo de la comida, yo prometo a vuesa merced de enmendarme, dejándole comer abundantemente de todo aquello que quisiere.
¡Tarde piache! —respondió Sancho—. Así dejaré de irme como volverme turco. No son estas burlas para dos veces. Por Dios que así me quede en este ni admita otro gobierno, aunque me le diesen entre dos platos, como volar al cielo sin alas. Yo soy del linaje de los Panzas, que todos son testarudos, y si una vez dicen nones, nones han de ser, aunque sean pares, a pesar de todo el mundo. Quédense en esta caballeriza las alas de la hormiga, que me levantaron en el aire para que me comiesen vencejos y otros pájaros, y volvámonos a andar por el suelo con pie llano, que si no le adornaren zapatos picados de cordobán, no le faltarán alpargatas toscas de cuerda. Cada oveja con su pareja, y nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana; y déjenme pasar, que se me hace tarde.
A lo que el mayordomo dijo:
—Señor gobernador, de muy buena gana dejáramos ir a vuesa merced, puesto que nos pesará mucho de perderle, que su ingenio y su cristiano proceder obligan a desearle; pero ya se sabe que todo gobernador está obligado, antes que se ausente de la parte donde ha gobernado, dar primero residencia: déla vuesa merced de los diez días que ha que tiene el gobierno, y váyase a la paz de Dios.
—Nadie me la puede pedir —respondió Sancho— si no es quien ordenare el duque mi señor: yo voy a verme con él, y a él se la daré de molde; cuanto más que saliendo yo desnudo, como salgo, no es menester otra señal para dar a entender que he gobernado como un ángel.
—Par Dios que tiene razón el gran Sancho —dijo el doctor Recio— y que soy de parecer que le dejemos ir, porque el duque ha de gustar infinito de verle.
Todos vinieron en ello, y le dejaron ir ofreciéndole primero compañía y todo aquello que quisiese para el regalo de su persona y para la comodidad de su viaje. Sancho dijo que no quería más de un poco de cebada para el rucio y medio queso y medio pan para él, que pues el camino era tan corto, no había menester mayor ni mejor repostería. Abrazáronle todos, y él, llorando, abrazó a todos, y los dejó admirados, así de sus razones como de su determinación tan resoluta y tan discreta.
Fuente: (http://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/Edicion/parte2/cap53/cap53_02.htm).
  1. ANÁLISIS
1. Resumen
Nuestro genial literato Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, 1547 – Madrid, 1616) es el creador de la novela moderna. Superó los moldes medievales y renacentistas y ofreció un modelo nuevo basado en la polifonía, libertad creativa,  multiperspectivismo significativo, personajes complejos y una arquitectura narrativa más bien compleja. No es este el lugar de desarrollar estos rasgos, pero sí apuntar su radical originalidad.
El capítulo que hemos seleccionado para disfrutar y analizar es uno de los más hermosos de la novela. La reflexión inicial cervantina, puesta en la pluma del «filósofo mahomético» Cide Hamete es de gran calado: la vida es breve, todo pasa en un suspiro y aquí no queda nadie. Es una manera de recoger dos tópicos de gran resonancia en seis líneas: tempus fugit vita brevis.
Sancho ha de dirigir la defensa de un ataque a la ínsula. Los habitantes socarrones del lugar se burlan a fondo, hasta quedar Sancho apaleado y desmayado. Luego decide abandonar la ínsula. Le piden residencia y el médico le promete comida, pero Sancho no cede en su determinación. Argumenta que entró desnudo y así se va, no como otros gobernadores de ínsulas. Prepara su rucio, con quien mantiene un breve e inteligente monólogo. Pide algo de comer para su asno y para él mismo, se despide de todos sentidamente y abandona el pueblo, que funcionó como ínsula durante diez días.
2. Tema
El asunto de este capítulo se puede enunciar del siguiente modo: tras su aparente ignorancia, Sancho ofrece una lección de sabiduría y benevolencia renunciando a las posibles ganancias de ostentar la gobernación de una imaginaria ínsula.
3. Apartados temáticos
El capítulo ofrece una estructura clásica y lineal. De ahí que encontremos:
-Introducción: ocupa los dos primeros párrafos; el primero es una reflexión sobre el paso del tiempo, del narrador y del propio Cide Hamete. Luego, en el segundo párrafo, se presenta la acción narrativa en sí: Sancho es despertado inopinadamente a media noche.
-Nudo o desarrollo: Sancho ha de lidiar ante una «invasión» de la ínsula. Lo pertrechan para la guerra, los habitantes del pueblo lo patean a gusto y gana y luego lo liberan de unos caparazones que lo tenían inmovilizado. Ahí decide que no sigue con su puesto de gobernador.
-Desenlace o resolución del clímax narrativo: ocupa los cinco párrafos finales. Sancho habla con su burro mientras lo apareja. Ahí reflexiona sobre la libertad que, como campesino, tenía y que perdió por su codicia y su soberbia. Decide volver a su antigua vida, a pesar de los impedimentos que le ponen los isleños.
4. Lugar y tiempo de la acción narrativa
La acción se desarrolla en un pueblo zaragozano transformado en una isla gracias al engaño de los duques. El narrador no se detiene en describirlo, así que podemos suponerlo como una población rural común de la España renacentista.
El tiempo de la narración, como el de toda la primera parte, coincide con los años alrededor de 1600, pues esta se publicó en 1605; sabemos que Cervantes trabajaba con el texto quijotesco desde años antes del fin de siglo. El tiempo de la acción narrada es contemporáneo al de la escritura. La duración de la acción coincide con una noche, desde la madrugada hasta el amanecer.
5. Figura del narrador
El narrador se deja ver en el primer párrafo. Es un narrador omnisciente en tercera persona, pero de vez en cuando se deja ver en el texto, como en esta ocasión. Aparece también el autor arábigo original de las aventuras de don Quijote, Cide Hamete. Es, pues, un autor ficticio tras el que se esconde el narrador, que a su vez es parapeto del propio Cervantes. El juego de ficción autorial es magnífico y sorprendente.
6. Personajes
-Sancho Panza: el fiel escudero de don Quijote por fin ha accedido a su sueño de gobernador. Pero resulta ser una pesadilla por las pesadas bromas de los criados de los duques. Sancho se revela como un hombre paciente, digno y sabio. Primero aguanta los pateos e injurias procedentes del supuesto ataque a la isla. Luego decide dejar su gobernación para volver a su vida sencilla. El Sancho codicioso, glotón y simplón del principio de la novela quedó atrás. Ahora nos encontramos con un escudero que alaba el «beatus ille» y renuncia a la soberbia y la ambición.
-Pedro Recio y el mayordomo: son los líderes de los criados de los duques, diestros en martirizar a Sancho con todo tipo de pejigueras. Asoma en ellos una punta de maldad que nos deja un entrever su turbio carácter.
7. Comentario estilístico
El estilo del capítulo es un fiel reflejo del proceder narrativo cervantino: lenguaje muy apropiado, feliz, expresivo y significativo. El uso de los procedimientos retóricos y narrativos es inteligente y sutil: Cide Hamete habla en primera persona, el narrador nos lo recuerda; este, a su vez, lo hace en tercera, pero manipulando sutilmente la materia narrativa haciendo que duda de la opinión del «filósofo mahomético», pero dándole la razón en todo. El contraste entre la conducta de los isleños frente a Sancho es otro ejemplo de la sutil disposición de la materia narrativa; está recordando al lector que, frente a la tontería burlesca, se puede mantener la dignidad y buen hacer de un campesino como es Sancho.
El empleo de los recursos estilísticos es muy feliz:
Derivación: «anda todo en redondo, digo, a la redonda».
-Repetición: «… y dejadme volver a mi antigua libertad; dejadme…».
-Concatenación «a primavera sigue el verano, al verano el estío…».
-Paralelismo: «para el regalo de su persona y para la comodidad de su viaje.
-Metáforas: «quédense en estas caballerizas las alas de la hormiga, que me levantaron…».
-Hipérboles: «como volar al cielo sin alas…».
-Bimenbraciones: «emparadedado y emtablado».
-Polisíndetos: «levántese y menéese, que es tarde y los enemigos crece y las voces aumentan y el enemigo carga».
Y un largo etcétera de procedimientos y figuras literarias que nos muestran a un Cervantes en posesión y dominio de los resortes retóricos, al servicio de la creación de un maravilloso e inteligente texto narrativo. Es Cervantes, es su genialidad y su melancólica e inteligente capacidad de crear un texto inigualable en belleza y significación lo que se puede apreciar en este singular capítulo.
8. Contextualización
Cervantes es el más grande ingenio que ha producido la literatura española. No es momento ni ocasión de detenerse a ensalzar sus virtudes artísticas, lista interminable. Nos conformaremos con destacar cuatro rasgos esenciales:
-Cervantes es el creador de la novela moderna: su Quijote abre un camino desconocido y maravilloso en la narrativa universal. De las novelas planas, previsibles, a veces grotescas, pasamos al texto abierto, multisignifacativo y ambiguo; es el texto inteligente en diálogo con el lector.
-El humor y la sonrisa no faltan en sus libros; lo cómico es parte de la construcción narrativa. Aunque el asunto sea grave y hasta trágico, los momentos de humor no faltan porque los necesitamos en la vida y en la la lectura.
-La construcción metanarrativa planea sobre el texto; Cide Hamete, el narrador aparentemente omnisciente y objetivo, crean una tela de araña narrativa sobre la propia naturaleza del texto que obligan al lector a preguntarse constantemente. ¿Esto es serio o es una broma? Pregunta esencial en una novela, que nos obliga a practicar una intelección textual de primer orden.
-El juego intelectual de naturaleza verbal, narrativa y estética es un componente esencial: la lectura de esta maravillosa novela es un reto porque nos supone enfrentarnos con nuestros anhelos y frustraciones, alegrías y penas. Que no son, en efecto, sino las de nuestro caballero andante y su fiel escudero, «del linaje de los Panza».
9. Interpretación y valoración
En este capítulo se enfrentan dos polos de significación, de comportamiento y de valores éticos: la autenticidad, simplicidad y sabiduría antigua de Sancho frente a la farsa, las artimañas y la ignorancia grosera de los habitantes del pueblo. El rústico campesino sufre pacientemente todo tipo de atropellos, tirado en el suelo, entablado y bien pateado. Los habitantes disfrutan con sus burlas y patadas, lo que da indicio de baja estofa moral.
Por otro lado, las paradojas de significación son abundantes: la primera es que un pensamiento fácilmente compartible por cualquier lector avisado, de hondo calado existencial o filosófico –la vida es breve, el tiempo huye y todo pensamiento contrario a esta realidad es ilusorio o mal fundado–, está puesto en boca del menos confiable, Cide Hamete, «sin lumbre de fe». El narrador se permite unos comentarios irónicos y ambiguos sobre la fiabilidad del pensamiento, que por otro lado queda circunscrito a las circunstancias de Sancho y el fin de su gobierno.
La segunda paradoja se refiere al hecho de que la lección moral de honestidad en el comportamiento público y de sabiduría para encontrar el camino de la vida está ejemplificada en la figura de Sancho, el hombre de «poca sal en la mollera», según la presentación que de él había realizado el narrador en los capítulos iniciales. Sancho no se ha enriquecido ilícitamente desde su cargo de gobernador; asimismo comprende que es feliz en su casa, en su tierra y haciendo lo que sabe hacer y «para lo que ha nacido»: cultivar vides y cereales con buena mano. Todavía existe otra dimensión moral: la templanza de Sancho; lo entablan, lo patean, –sumado a las privaciones de comida del inefable doctor Pedro Recio–, pero lo aguanta todo con paciencia, se determina a abandonar la ínsula y, para marchar, pide algo de comida para su rucio y para él, en este orden. Las burlas a su costa tienen una dimensión moral, pero ahí Sancho vence de largo por su sentido común y su bonhomía.
En la despedida, Sancho llora y los abraza a todos, lo que deja a los paisanos «admirados»: es la última lección de Sancho, pues sabe perdonar a todos, olvidar las amarguras y mirar de frente con optimismo y determinación, «resoluta y tan discreta», es decir, acertada, firme y elegante.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume breve y sustancialmente el capítulo objeto de comentario (5-6 líneas, sobre 100 palabras).
2) Presenta los cuatro personajes que intervienen en él y gradúa su importancia; señala quién es el protagonista.
3) Analiza la figura del narrador (persona que emplea, si participa de la acción narrada, objetivo / subjetivo, testigo o coprotagonista, etc.).
4) Explica el juego aldea del duque y su identificación con la ínsula: origen de esta analogía, consecuencias para Sancho y los demás, etc.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
Cervantes nos plantea un juego intelectual y literario sutil y hermoso. Parece contar unas cosas, pero nos comunica otras a través de insinuaciones, inferencias, ironías, dobles sentidos, etc. Vamos a tratar de desvelarlo:
a) Comencemos por la figura del narrador en el primer párrafo:
– ¿Qué piensa del paso del tiempo?
– La opinión de Cide Hamete, ¿es la suya?
– Entonces, ¿cuáles son los auténticos pensamientos del narrador?
– ¿Afirma, valora, interpreta lo que Hamete piensa?
– Entonces, ¿quién escribió El Quijote?
b) Analiza el comportamiento de la gente del pueblo respecto a Sancho:
– ¿Cobardes, violentos, sólo humoristas?
– ¿Por qué razones (sociales, económicas, culturales) actúan así?
– ¿Cómo perciben a Sancho: tontainas estúpido o más bien inteligente?
c) Sancho, la figura central del capítulo:
-¿Es consciente de su “papel” en la “ínsula”?
-¿Qué piensa de sí mismo? ¿Cómo se ve?
-¿Qué tipo de relación tiene con el “rucio”? ¿Normal o extraño?
-La despedida de los lugareños, ¿qué lección encierra para ellos respecto del proceder de Sancho?
d) Ahora, detengamos nuestra mirada en el propio Cervantes:
-¿Dónde podemos apreciar sus opiniones en este capítulo?
– ¿Qué piensa del paso del tiempo?
– ¿Cómo valora las bromas de los lugareños?
-¿Qué nos quiere decir respecto de la posición socio-económica de cada individuo?
– ¿Dónde reside la auténtica inteligencia?
e) Cuestiones metanarrativas y pensamiento analítico:
– Cervantes, cuando escribe, ¿cómo se comunica con el lector?
– Señala tres aspectos lúdicos del capítulo que el lector percibe si está atento a la lectura.
-Se denomina “mirada cervantina” a la valoración bondadosa, flexible y comprensiva con las debilidades de los hombres. ¿Se aprecia en este capítulo?
-¿Es un libro de una sola interpretación?
– El Quijote, ¿es un juego literario y conceptual?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Transforma el capítulo en una breve obra teatral, o poética, respetando en contenido original.
2) Realiza una presentación, en cartel o por medios TIC, de Cervantes, o del Quijote.
3) Escribe un texto narrativo como el capítulo leído en un contexto actual.
4) Pasa a pintura, cómic o novela gráfica el capítulo leído.

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