Antonio Buero Vallejo: «La fundación»; análisis y propuesta didáctica

ANTONIO BUERO VALLEJO: «LA FUNDACIÓN»
  1. ANÁLISIS
La fundación (1974) es una de las obras fundamentales del magnífico dramaturgo Antonio Buero Vallejo (Guadalajara, 1916 – Madrid, 2000). Estamos ante un drama tremendamente original, denso y profundo. Lo cual no es de extrañar en la pluma de Buero, autor de poderosa fantasía teatral.
El argumento resulta chocante, aunque bien mirado, nos remite a la experiencia personal de Buero, pues estuvo en la cárcel como preso político alrededor de ocho años, al acabar la guerra civil. Seis prisioneros (Tomás, el hombre sin nombre, Asel, Tulio, Lino y Max) comparten una habitación en un lugar cerrado con poca libertad de movimientos. Tomás es el protagonista y el escenario va cambiando a medida que se modifica su percepción de la realidad, de donde se deduce que el espectador percibe la realidad a través de los ojos de Tomás; es una técnica narrativa pasada al teatro; estamos ante un acierto más, maravilloso, de Buero en la construcción de este drama. Tomas piensa que está en una residencia de investigadores y estudiosos, sobria pero cómoda. Sus compañeros de celda se muestran distantes, cuando no hostiles, pues no comparten sus inquietudes y esperanzas. Habla en visiones con su novia Berta, lo cual le ayuda a mantener su optimismo diario. Uno de los compañeros está siempre tendido en su cama y nunca le contesta, lo que le resulta chocante, pero lo acepta, así como el hedor de la propia cámara.
Poco a poco, comprende la realidad objetiva: el compañero silencioso llevaba muerto varios días en su lecho y unos personajes siniestros lo retiran sin contemplaciones. Los demás, unos con irritación, otros con reproches, otros con amargura, le desvelan la realidad: son presos que comparten una sórdida celda. Él ha sufrido un proceso de locura y confunde sus deseos con la terrible realidad que comparten. Berta, con su ratón mascota, no está sino en su imaginación. El hecho de que no los castiguen tras la muerte del compañero sin nombre les hace comprender que entre ellos existe un delator. Tomás, por fin, comprende toda la realidad que lo rodea y su propia condición de recluso por sus ideas políticas, como le ocurre a los otros. Entiende, por ejemplo, que a Tulio le frustraron su vida al privarlo de sus inquietudes científicas y emocionales. Asel, el mayor del grupo, hombre sereno y juicioso, con gran paciencia, le ayuda a percibir su terrible realidad. Todos ellos se habían delatado ante la tortura. No por eso son cobardes, sólo humanos. Razonando entre ellos, descubren que el delator es Max, quien los había traicionado por un trato algo mejor. En efecto, tenían un plan de fuga, pues habían excavado un túnel desde las celdas de castigo.
Los carceleros se presentan en la celda y se llevan a Tulio, seguramente camino de la ejecución. Luego reaparecen para llevarse a Asel. Este, sabedor de su negro destino, se suicida inmediatamente. En el momento de caos, Lino mata a Max defenestrándolo. Tomás, acorralado, se hace el loco para disimular que reconoce todo lo que ha pasado. Algo después los carceleros se personan en la celda para llevarse a Tomás y a Lino: ¿a la celda de castigo, desde donde podrían escapar, o al muro de ejecución, como Lino y otros antes? La obra tiene un final abierto y el espectador comparte con los dos protagonistas vivos la incertidumbre trágica que pesa sobre ellos.
Esta pieza atesora un denso contenido que, brevemente, explicamos a continuación:
El eco de la experiencia carcelaria de Buero planea sobre la obra. Como ya apuntamos, sus años de preso republicano en las cárceles franquistas seguramente fue su fuente de inspiración. Ello explica muy bien el verismo de toda la obra, el realismo esencial, sórdidamente inquietante y aplastante que se impone en la contemplación de su representación. La angustia a ser ejecutado, por ejemplo, debió de sentirla el autor en más de una ocasión –al fin, estuvo condenado a muerte–. En esta línea, la polémica del posibilismo adquiere aquí todo su sentido. La opción de Buero, crear la obra de arte para criticar ásperamente un régimen político –el franquista— cercenador y violento es inteligente, pero esquivando hábilmente la censura a base de parábolas y símbolos, es de una extraordinaria valentía y acierto estético.
La fundación es una obra simbólica y parabólica. La cárcel simboliza las cadenas exteriores e interiores que constriñen al ser humano. Muchas veces impuesta arbitrariamente, otras creadas por uno mismo, en una reacción de escapismo ante los apremios de la realidad. Toda la obra encierra una parábola –entendida esta como un relato de ficción donde todo adquiere una significación metafórica dirigida a una enseñanza moral–. Huir de la realidad no sirve ni para cambiarla, ni para mejorarnos como personas. Tomás, sin saberlo, se crea un mundo mental imaginario donde todo está bien, pero la realidad es bien distinta. Cuando él mismo comprende esto, asume la realidad y lucha por cambiarla en una dirección positiva. Asel, comprensivo, paciente y resiliente, también aparece como un ejemplo a seguir para superar nuestras penalidades y escapar de las cárceles, impuestas o autoimpuestas.
La construcción dramática es de una maestría suprema. El espectador –o lector—comprende la realidad verdadera en la medida en que Tomás la va entendiendo. El escenario cambia según él asimila su situación; al espectador le ocurre exactamente lo mismo. El punto de vista del entendimiento del argumento y la significación es el de Tomás: su clarificación es la nuestra. El espacio constreñido de una celda, opresivo, cerrado, sórdido, es suficiente para mostrarnos un duro contraste entre la vida en libertad que los presos tuvieron y de la que ahora carecen. Pasado y futuro –el ansia de ser libre—de los presos aparecen en antítesis con el presente, hombres prisioneros de un sistema represor. En paradoja, la primera parte de la obra nos muestra una vida feliz y completa a través de la enajenación mental de Tomás. El juego temporal también es muy interesante: la obra nos instala en un presente idealizado que sólo se entenderá en su falsedad –para Tomás– comprendiendo el pasado. El espectador sólo entenderá su presente si analiza con cuidado su pasado, retirando las vendas que limitan su visión total y honda, por dolorosa que sea.
Una analogía de fondo recorre toda la pieza: la obtención de la libertad es un camino incierto, dudoso y doloroso, como bien se aprecia en las peripecias de Tomás; del mismo modo, el espectador ha de asumir que su libertad –entendida como plenitud y sentido de la vida– también es un camino lleno de escollos donde el final satisfactorio no está garantizado. Sin embargo, vale la pena luchar por él, pues la alternativa es la farsa o la indignidad. Existe otra analogía a la que ya hemos venido aludiendo: las cárceles, ¿son exteriores o interiores?, ¿impuestas o autoimpuestas a través del autoengaño para obtener tranquilidad, poder, riqueza, etc.?, ¿cómo podemos liberarnos de ella en el camino de la dignificación plenitud personales? Como siempre en Buero, la respuesta es abierta y está dentro de nosotros mismos; tenemos que pensar, decidir y actuar, pero ahí el dramaturgo se retira y nos deja a solas con nuestra vida y destino. Es el dilema del hombre contemporáneo, que Buero acierta a subir al escenario y plantear con gran belleza, crudeza y hondura.
El valor de los sueños, ensoñaciones e idealizaciones no es en sí ni positivo, ni negativo. El hombre los necesita para bracear en su lucha diaria. Tomás pierde el juicio por la tortura y se inventa una realidad agradable, los demás anhelan una vida mejor, libres y dichosos: son dos modos legítimos para sostenerse en la tragedia de la vida amarga o poco satisfactoria. Si sirven para comprender y asumir el camino de libertad, son perfectamente válidos, aunque en origen solo fueran sueños o quimeras, o una mera locura.
Las acotaciones, como siempre en Buero, son exactas, concretas, metafóricas y alusivas al tema del drama. En concreto, las que van mostrando el cambio de decorado de la celda, de habitación residencial a sórdido cuarto carcelario son de una gran maestría y acierto teatral. El lenguaje, también como Buero nos tiene acostumbrados, es de una sobriedad precisa, de una naturalidad expresiva y de una densidad significativa que impactan con hondura en el espectador. Una ligera poetización recorre el texto, pero sin perder la coloquialidad y ganando en extensión significativa.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Tomás, ¿dónde cree que está? ¿Se siente feliz?
2) El compañero de celda enfermo que no habla, ¿qué le ocurre en realidad?
3) Los objetos de la habitación, ¿cambian? ¿En qué sentido? ¿Qué significan esas diferencias?
4) ¿Por qué cree Tomás que el hombre enfermo había muerto? ¿Tenía razón? ¿Cómo reaccionan los demás?
5) Tomás, comprende su realidad: ¿cuál es esta? ¿Por qué había creado una realidad ficcional?
6) El hecho de no ser trasladados a la celda de castigo, ¿qué les induce a pensar? ¿Sobre quién o quiénes recaen las sospechas?
7) ¿Quién es Berta y qué significación posee en el drama?
8) ¿Por qué Max había traicionado a sus compañeros?
9) Asel, al verse acorralado, toma una decisión trágica, ¿cuál? ¿Por qué lo hace?
10) ¿A dónde son llevados los dos únicos sobrevivientes de la celda? ¿Qué pensar de ello?
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Interpreta el título de la pieza, La fundación.
2) Explica los tres temas principales que Buero plantea en su obra.
3) Tomás sufre un proceso de locura o enajenación: ¿es explicable y comprensible? ¿Cómo reacciona cuando comprende lo que le ha pasado?
4) Analiza el conjunto de los personajes y contesta: ¿se puede distinguir claramente entre buenos y malos? ¿Quién ofrece más altura moral, según su comportamiento y pensamiento?
5) Interpreta el final de la obra, según el punto de vista de los prisioneros y del tuyo propio.
6) La pieza, ¿es optimista y abierta, o pesimista y cerrada?
2.3. Comentario de texto específico
He aquí un poema del propio autor, Buero Vallejo, titulado justamente «La Fundación» (1975).
La Fundación acoge con brisas de sosiego
a un blanco ratoncillo para quien forman nido
las manos de mi novia. Lo miro confundido
y ella musita: Pobre ratón ciego.
A entender no me atrevo la pupila insistente                  5
de esa mujer que avisa de engaños y agonías.
La Fundación me ampara, me colma de alegrías.
Los compañeros ríen tenuemente.
Blandas cunas del sueño para un ratón herido,
libros, manjares, música, televisor, bebidas.                    10
Espectrales riquezas, formas desvanecidas
si me despierta el aire estremecido.
Dormiré. Que el fantasma de mis brazos ansiosos
palpe ilusorios bienes, la imagen de la amada.
Si escondo alguna culpa, de nadie sea notada.                   15
Oír no quiero avisos misteriosos.
Dice una voz amiga: La sombra de las rejas
astilla tu campana de cristal irisado.
Por sus fracturas negras la noria se ha escapado.
Quiebra también tus cobardías viejas.                                 20
Has de excavar un túnel angosto, frío y duro,
para ganar los soles, las fuentes y los valles.
Una topera honda, a cuyo extremo halles
otro paisaje esmeraldino y puro.
En él te aguarda ella: tierna figura viva                                  25
junto a una transparente Fundación de diamante.
Beatriz recobrada por otro humilde Dante
que huella al fin la tierra decisiva.
Y yo aún querría el túnel ignorar, el martirio
de obligarme a zaparlo con desolladas manos.                      30
Quisiera todavía reclinarme en los vanos
espectros que acristalan mi delirio.
Pero los compañeros de risa misteriosa
salieron uno a uno, con miedo y con coraje,
por una innoble puerta, no a un túnel, no a un paisaje,        35
sino al encuentro de su propia fosa.
Minaremos entonces tú y yo, supervivientes,
la Fundación helada, los obstinados muros.
Quizá amanezca el día tras sótanos oscuros
donde la nada mueve sus torrentes.                                           40
Clara centella alcemos, que su fulgor avanza
mientras reptamos sucios, famélicos, atroces.
De las cegadas fosas parecen llegar voces.
Todo nos falta menos la esperanza.
 a) Comprensión lectora
1) Resume el contenido del poema y establece su tema.
2) Analiza los aspectos métricos y de rima e indica la estrofa que utiliza.
3) Explica una docena de recursos retóricos que embellecen y aportan significación en el poema.
4) ¿Qué significa el verso 15: «si palpo alguna culpa, de nadie sea notada» en relación al personaje Tomás, del drama?
5) ¿Qué tipos de paisaje aparecen en el poema?
b) Interpretación
1) El poema, ¿está en relación con la pieza dramática? Razona tu respuesta.
2) ¿Qué tipo de sentimientos abundan, los positivos o los negativos? Ejemplifica tu respuesta.
3) El verso 21 afirma: «has de excavar un túnel angosto, frío y duro». Interpreta esta metáfora, teniendo en cuenta el contenido de la obra dramática.
2.4. Fomento de la creatividad
1) Pasa a relato o cuento el contenido del drama manteniendo su esencia.
2) Realiza una exposición, en cartel o con medios TIC, sobre la biografía de Buero Vallejo.
3) Escribe un relato o dibuja una escena sobre la vida en prisión injustificada de una persona.
4) Leer dramáticamente, o ponerla en escena, en todo o en parte, es una fabuloso y enriquecedor ejercicio creativo.

2 thoughts on “Antonio Buero Vallejo: «La fundación»; análisis y propuesta didáctica

  1. Buenos días ¿me podrías facilitar dónde están las respuestas a las preguntas de la propuesta didáctica? Muchas gracias

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