Antonio Buero Vallejo: «El tragaluz»; análisis y propuesta didáctica

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ANTONIO BUERO VALLEJO: “EL TRAGALUZ”
  1. ANÁLISIS
Que Antonio Buero Vallejo (Guadalajara, 1916 – Madrid, 2000) es un brillante, profundo y original dramaturgo está fuera de toda duda, como se reconoce en cualquier historia de la literatura española. Nos dejó obras teatrales de gran significación y belleza que, afortunadamente, ya fueron apreciadas en el momento de su estreno. Con el paso del tiempo, no han perdido ni un ápice de sus valores estéticos gracias a la magnífica construcción dramática que las sustenta. Una de las piezas más relevantes es El tragaluz (1967).
El argumento es original y llamativo: dos investigadores, Él y Ella, desde un tiempo futuro, acaso en el siglo XXII o más, se proponen revisar los hechos que ocurrieron mucho antes para tratar de entenderlos y no repetir los mismos errores. Reconstruyen, a través de proyecciones de imagen, sonido, o ambas a la vez circunstancias reales vividas por hombres concretos en un lugar determinado. Lo que se proponen proyectar ante los espectadores son unos acontecimientos vividos en Madrid quince años después de una guerra civil, es decir, justo en el momento de la composición y estreno de la obra. Estos datos los explican los investigadores al público al inicio de la obra. Luego intervendrán en varias ocasiones más, en cada una de las dos partes en que se divide el «experimento», según reza en el subtítulo.
Lo que el espectador ve ante sus ojos es el experimento, a través de tres espacios simultáneos, donde los personajes actúan, a veces sólo haciendo algo, sin hablar, a veces dialogando entre ellos. Una familia vive en un semisótano dotado de un tragaluz, es decir, una ventana al nivel del suelo de la acera, que el espectador intuye a través de la cuarta pared, por el que entran reflejos y sombras de personas. La familia está compuesta por el padre, hombre que ha perdido el juicio y se dedica a recortar y apilar personas de las revistas; la madre, mujer práctica y contemporizadora que sustenta la familia con su idea repetida de «hay que vivir»; Vicente es el hermano mayor, independizado, exitoso en el mundo económico, pues es ejecutivo de una editorial en plena expansión; y, finalmente, Urbano, quien vive con sus padres, casi recluido en ese hogar tan oscuro y cerrado porque ha renunciado a toda idea de triunfo personal en los aspectos económicos o sociales si significan prescindir de sus ideales humanitarios; al lado, Encarna, la secretaria de la editorial, quien mantiene una relación sentimental simultánea con Mario y con Vicente, forzada por la necesidad de trabajo, de quien finalmente queda embarazada.
La familia vive en tensión por las carencias materiales, la enajenación del padre y el enfrentamiento soterrado entre ambos hermanos, con una visión y estilo de vida contrapuestos, además de las disputas por Encarna y por la no publicación de una novela de un escritor llamado Beltrán. A medida que avanza el argumento, nos enteramos, por las conversaciones entre los personajes, de la auténtica tragedia larvada que los atormenta a todos: al acabar la guerra civil, la familia trató de tomar un tren para ir a la ciudad a reconstruir sus vidas. Sólo lo logró Vicente, que voluntariamente se fue en el tren con la bolsa de los víveres de todos los miembros familiares. Como consecuencia, la hermana menor, Elvirita, murió de hambre. De vez en cuando, se oye pasar un tren, elemento simbólico de «coger el tren de la vida», «perder el tren» de las oportunidades, etc. Vicente sí tomo el tren, el literal y el metafórico; los demás, lo perdieron.
Vicente, práctico y con posibles, ayuda a la familia y se muestra sobrado de razones para considerarse triunfador. Sin embargo, en un momento dado, reconoce su comportamiento mezquino al tomar el tren e implora el perdón de su padre. Este, enajenado, le clava las tijeras con las que recortaba y le quita la vida. Mario, hombre intransigente y algo indolente, reconoce que tampoco él se conducido con total justicia. Se reconcilia con Encarna, embarazada de su hermano, pues se aman, y espera para todos ellos un futuro mejor. Él y Ella cierran la obra invitando a la reflexión, a la empatía, a la necesidad de reconciliación para asegurar una vida más feliz para todas las personas, que han de encontrar su lugar en el conjunto de la sociedad, como habían explicado al principio a través de la metáfora del árbol y el bosque.
Exponemos apretadamente las características literarias de El Tragaluz:
Con esta obra, Buero Vallejo aborda el asunto de la guerra civil española de un modo original, dramáticamente ingenioso e intelectual y éticamente honesto. Unos investigadores presentan una acción, los efectos de la guerra civil quince años después, de algo que pasó varios siglos antes: es un ardid inesperado y original para tocar la guerra de modo indirecto, pues era el único modo de que la censura franquista le permitiera estrenar su obra. Los espectadores del estreno, y desde entonces todos los demás, sabemos muy a qué atenernos en cuanto al trasfondo histórico que pesa como una losa sobre la acción dramática: la guerra civil y sus consecuencias inmediatas en el plano moral y material para millones de personas. Los prácticos y afines al franquismo buscaron su lugar al sol y lo encontraron; los desafectos, como Beltrán el novelista, que no aparece en escena, pero se deja sentir la iniquidad represiva que ejercen sobre él, como el padre, purgado de una plaza de funcionario y, en fin, como Mario, que no ha querido ni sabido subirse al carro de los vencedores, sobreviven como mejor pueden. Encarna ocupa un lugar difuso y más dramático: huyendo de la pobreza y de soluciones sórdidas –la prostitución–, ha de entregarse a Vicente, aunque ama a su hermano Mario; su ideología es sobrevivir a la pobreza y al egoísmo de los demás (el recuerdo de su padre, pobre empleado de la construcción muerto en accidente laboral, dejándola a ella en el desamparo, pesa en su conciencia)
Desde el punto de vista ético, existencial y político, Buero propone una solución definitiva al conflicto bélico fraternal basado en el perdón, la reconciliación y la necesidad de empatía para con los demás -por cierto, en la línea de Manuel Azaña: «paz, piedad y perdón»–. Buero Vallejo fue soldado republicano y estuvo en el frente; tras la guerra, fue condenado a muerte, castigo conmutado por una pena de 30 años, luego reducida a unos años de prisión, hasta 1946; a su padre lo habían fusilado al comienzo de la guerra. A pesar de estas amargas experiencias, Buero, hombre muy firme en sus valores humanistas y en su ética de compromiso ciudadano, ofrece una solución de absoluta generosidad e inteligencia: todos somos algo culpables y algo inocentes; todos debemos esforzarnos en comprender las razones de los demás, lo que nos conducirá a la reconciliación. Recordemos que esta obra, con su mensaje valiente y claro, se estrenó en 1967, en pleno franquismo. Es un ejemplo de teatro del «posibilismo»: esquivar hábilmente la censura para incitar a una reflexión sostenida sobre el hombre y España en el contexto de la posguerra.
Los rasgos originales dramáticos son muchos y de gran calado: tres escenarios a la vez –el hogar en el semisótano de la familia, la oficina de la editorial que codirige Vicente y el café que da a una calle gris y fría. Además, están en distintos niveles o planos; los dos últimos se elevan algunos metros sobre el primero. El efecto del tragaluz lo percibimos por la pared imaginaria del propio escenario, la cuarta pared. Las luces, muchas veces en penumbra, no permiten distinguir bien lo que ocurre; significan, en sí mismas un modo de vivir: no se percibe con claridad lo que los personajes desean y hacen. Apreciamos también la técnica de la inmersión: ver representado lo que un personaje recuerda o piensa. El uso del distanciamiento dramático, teorizado y practicado por esos años por el dramaturgo alemán Berthold Brecht, es muy llamativa y eficaz: los investigadores presentan, interrumpen y explican los hechos representados. Obligan al espectador a interrumpir su inmersión en la acción dramática principal. Otro elemento importante es el sonido: el ruido del tren al pasar, que los investigadores han decidido incorporar a la reconstrucción holística, nos recuerda la importancia de ese medio de transporte; habrá que esperar casi al final para entenderlo cabalmente.
El conflicto entre individuo y sociedad aparece desde el principio muy bien planteado en la intervención inicial de los investigadores. El árbol, la persona, forma parte del bosque, la colectividad de individuos. Como ellos advierten, debemos adquirir una perspectiva general del bosque, pero también debemos conocer cada árbol, único en sí mismo. El hombre individual, con sus anhelos y miedos, son parte de la historia; a ellos se les debe prestar atención para comprender el pasado –es decir, la guerra civil española–. El padre se volvió loco, pero tuvo gravísimos motivos que lo explican; Vicente y Mario chocan, pero ninguno de los dos es culpable o inocente, o son algo de las dos cosas a la vez. Encarna arrastra un pasado oscuro, pero huérfana y desvalida ¿acaso pudo hacer otra cosa? Hombre y sociedad, la parte y el todo, son necesarios para comprender nuestro pasado y nuestro presente.
En el enfrentamiento de Vicente y Mario se querido ver una parábola de Caín y Abel. Pero con una diferencia: ninguno es siempre y sólo el bueno, o el malo. Este asunto, muy recurrente en la literatura española de posguerra –es un elemento central en la literatura de Ana María Matute, por ejemplo–, es un modo simbólico de abordar la guerra civil en pleno franquismo.
A menudo, la crítica divide los personajes de Buero en activos y contemplativos. En efecto, en El Tragaluz se puede verificar este planteamiento con nitidez porque está polarizado en los dos hermanos. Vicente es hombre de negocios, práctico y resolutivo; por ello mismo, se ha desprendido de algunos principios morales; no es, sin embargo, un ser despreciable o inmoral. Mario, por contra, es un personaje contemplativo: muy dado a la especulación mental, rehúye el trabajo físico y la socialización superficial; no es, sin embargo, un ser puro y virtuoso a todo trance.
El tragaluz ¿es una obra optimista o pesimista? Como en el conjunto de las creaciones de Buero, el pesimismo sobre la condición humana y sus escasas posibilidades para mejorar el mundo parece que se impone. Sin embargo, los finales son abiertos; en ellos se vislumbra un rayo de esperanza: la vida podría ser más dichosa con dosis de respeto, empatía, conmiseración y solidaridad. Para ello se necesita un esfuerzo supremo, pero no imposible. El hombre y la sociedad pueden y deben moverse hacia posiciones más favorables para garantizar algo de felicidad. Las dificultades son muchas, pero la esperanza y la perseverancia pueden vencerlas. Nuestro dramaturgo nos deja una reflexión ligeramente esperanzada y, al tiempo, nos invita a reaccionar y actuar en pro de ese noble fin.
Las acotaciones de Buero son muy precisas, acuciantes y exactas. Muestra su preocupación por una comprensión total y exacta de la obra; además del lenguaje, los elementos comunicativos extralingüísticos adquieren mucha relevancia: gestos, movimientos, tipo de ropa, objetos –figuras de personas recortadas por el padre, mobiliario humilde, etc.– «hablan» por sí mismo y llegan al espectador. Como siempre en Buero, el lenguaje es natural, llano, popular en el mejor sentido, con una leve poetización. Los personajes dicen lo que desean transmitir con la transparencia de la lengua empleada con propiedad. En general, la economía comunicativa es bien visible: los personajes expresan sus ideas y sentimientos con las palabras justas, como acompañando a la seriedad del drama y la transcendencia de los temas tratados.
En ocasiones, los personajes tienden a literaturizar levemente su modo de hablar. En esos casos, los recursos estilísticos contribuyen a la intensificación expresiva y al dramatismo de la situación escénica planteada.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Explica qué buscan o pretenden los investigadores; indica el lugar y el tiempo en el que se hallan y con quién hablan.
2) ¿Quién es Beltrán? ¿Qué trascendencia adquiere en el drama?
3) Explica la situación sentimental de Encarna, mezclada con la necesidad de trabajo para subsistir dignamente.
4) ¿Qué pregunta el padre sobre las personas fotografiadas en las revistas? ¿Qué quiere significar el autor con ello?
5) Mario tiene un sueño lúgubre que le cuenta a Encarna. Resúmelo e indica si su simbolismo se verifica después en la obra.
6) Explica el episodio de la carta troceada que Encarna encuentra en la papelera.
7) El tren y los rumores que dice oír es algo obsesivo para el padre, ¿por qué?
8) Explica la única muerte de la obra e indica sus causas.
9) ¿Cómo reacciona Mario ante el embarazo de Encarna?
10) ¿Alguien ve esperanzas de futuro al final de la obra? Explica cómo se aprecia.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Interpreta el título de la obra y su significación simbólica.
2) ¿Quién es el responsable de la enajenación del padre? Razona tu respuesta.
3) Analiza los rasgos del egoísmo y la generosidad en nuestra sociedad, comparada con la de “El tragaluz”.
4) Discute, valora y propón qué harías tú en la situación de Encarna.
5) Explica cómo vemos aquí la crítica a la situación política, social y económica de la España franquista, en relación al “posibilismo” de Buero Vallejo.
6) Analiza la locura del padre: ¿es constante, incurable, obsesiva, etc.?
7) ¿Para qué «coger el tren» es importante según el tipo de vida que desees llevar?
8) ¿Es posible distinguir entre buenos y malos en este drama? Razona tu respuesta.
2.3. Comentario de un texto específico
VICENTE: Vente a la Editora, Mario. En la primera etapa puedes dormir en mi casa. (Mario lo mira y se sienta, despatarrado, en el sillón de su padre.) Estás en peligro: actúas como si fueses el profeta de un dios ridículo… De una religión que tiene ya sus ritos: las postales, el tragaluz, los monigotes de papel… ¡Reacciona! (Encarna se decide y continúa su marcha, aunque lentamente, saliendo por el lateral derecho.)
MARIO: Me doy plena cuenta de lo extraños que somos. Pero yo elijo esa extrañeza.
VICENTE: ¿Eliges?
MARIO: Mucha gente no puede elegir, o no se atreve. (Se incorpora un poco; habla con gravedad.) Tú y yo hemos podido elegir, afortunadamente. Yo elijo la pobreza.
VICENTE: (Que paseaba, se le encara.) Se pueden tener ambiciones y ponerlas al servicio de una causa noble.
MARIO: (Frío.) Por favor, nada de tópicos. El que sirve abnegadamente a una causa no piensa en prosperar y, por lo tanto, no prospera. ¡Quiá! A veces, incluso pierde la vida… Así que no me hables tú de causas, ni siquiera literarias.
VICENTE: No voy a discutir. Si es tu gusto, sigue pensando así. Pero ¿no puedes pensarlo… en la Editora?
MARIO: ¿En la Editora? (Ríe.) ¿A qué estáis jugando allí? Porque yo ya no lo sé…
VICENTE: Sabes que soy hombre de ideas avanzadas. Y no sólo literariamente.
MARIO: (Se levanta y pasea.) Y el grupo que os financia ahora, ¿también lo es?
VICENTE: ¿Qué importa eso? Usamos de su dinero y nada más.
MARIO: Y ellos, ¿no os usan a vosotros?
VICENTE: ¡No entiendes! Es un juego necesario…
MARIO: ¡Claro que entiendo el juego! Se es un poco revolucionario, luego algo conservador… No hay inconveniente, pues para eso se siguen ostentando ideas avanzadas… El nuevo grupo nos utiliza… Nos dejamos utilizar, puesto que los utilizamos… ¡Y a medrar todos! Porque ¿quién sabe ya hoy a lo que está jugando cada cual? Sólo los pobres saben que son pobres.
VICENTE: Vuelves a acusarme y eso no me gusta.
 MARIO: A mí no me gusta tu Editora.
VICENTE: (Se acerca y le aferra por un hombro.) ¡No quiero medias palabras!
MARIO: ¡Te estoy hablando claro! ¿Qué especie de repugnante maniobra estáis perpetrando contra Beltrán?
VICENTE: (Rojo.) ¿De qué hablas?
MARIO: ¿Crees que no se nota? La novela que le ibais a editar, de pronto, no se edita. En las pruebas del nuevo número de la revista, tres alusiones contra Beltrán; una de ellas, en tu columna. Y un artículo contra él. ¿Por qué?
VICENTE: (Le da la espalda y pasea.) Las colaboraciones son libres.
MARIO: También tú, para encargar y rechazar colaboraciones. (Irónico.) ¿O no lo eres?
VICENTE: ¡Hay razones para todo eso!
MARIO: Siempre hay razones para cometer una canallada.
VICENTE: Pero ¿quién es Beltrán? ¿Crees tú que él ha elegido la oscuridad y la pobreza?
MARIO: Casi. Por lo pronto, aún no tiene coche, y tú ya lo tienes.
(Texto ubicado cerca del comienzo de la parte segunda)
a) Comprensión lectora
1) ¿Qué le propone Vicente a Mario? ¿Qué le contesta este?
2) ¿Qué importancia tiene Beltrán en este episodio?
3) ¿Qué actitud adopta Encarna? ¿Por qué actuará así?
b) Interpretación
1) Vicente dice que tiene ideas avanzadas, y no sólo en lo literario. ¿Es cierto? ¿Cómo se pueden interpretar sus palabras?
2) ¿Cómo son las relaciones entre los hermanos, a juzgar por este episodio?
3) ¿Por qué Mario se resiste a trabajar en la Editora con su hermano?
2.4. Fomento de la creatividad
1) Transforma la obra en un relato o cuento de modo respetando las ideas del autor.
2) Documéntate sobre la vida de Buero Vallejo y elabora un cartel, en papel o con la ayuda de las TIC y exponlo ante tus compañeros o la comunidad educativa.
3) Una puesta en escena o lectura dramatizada de toda o parte de la obra es una actividad muy didáctica y enriquecedora.
4) Partiendo del texto del comentario, reelabóralo pensando que los dos hermanos tienen buenas relaciones.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Profesor de Lengua Castellana y Literatura. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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