Miguel de Cervantes: «El juez de los divorcios» (entremés); análisis y propuesta didáctica

Entremés del Juez de los divorcios
Miguel de Cervantes Saavedra
Personas que hablan en él:
  • El JUEZ
  • El VEJETE
  • MARIANA, su mujer
  • El ESCRIBANO
  • El PROCURADOR
  • Un SOLDADO
  • Doña GUIOMAR
  • Un CIRUJANO
  • Aldonza de MINJACA
  • Un GANAPÁN
  • Dos MÚSICOS
(Sale el JUEZ, y otros dos con él, que son ESCRIBANO y PROCURADOR, y siéntase en una silla; salen el VEJETE y MARIANA, su mujer).
 

MARIANA.-   Aun bien que está ya el señor juez de los divorcios sentado en la silla de su audiencia. Desta vez tengo de quedar dentro o fuera; desta vegada tengo de quedar libre de pedido y alcabala, como el gavilán.
VEJETE.-   Por amor de Dios, Mariana, que no almonedees tanto tu negocio: habla paso, por la pasión que Dios pasó; mira que tienes atronada a toda la vecindad con tus gritos; y, pues tienes delante al señor juez, con menos voces le puedes informar de tu justicia.
JUEZ.-   ¿Qué pendencia traéis, buena gente?
MARIANA.-   Señor, ¡divorcio, divorcio, y más divorcio, y otras mil veces divorcio!
JUEZ.-  ¿De quién, o por qué, señora?
MARIANA.-  ¿De quién? Deste viejo que está presente.
JUEZ.-   ¿Por qué?
MARIANA.-   Porque no puedo sufrir sus impertinencias, ni estar contino atenta a curar todas sus enfermedades, que son sin número; y no me criaron a mí mis padres para ser hospitalera ni enfermera. Muy buen dote llevé al poder desta espuerta de huesos, que me tiene consumidos los días de la vida; cuando entré en su poder, me relumbraba la cara como un espejo, y agora la tengo con una vara de frisa encima. Vuesa merced, señor juez, me descase, si no quiere que me ahorque; mire, mire los surcos que tengo por este rostro, de las lágrimas que derramo cada día por verme casada con esta anotomía.
JUEZ.-   No lloréis, señora; bajad la voz y enjugad las lágrimas, que yo os haré justicia.
MARIANA.-   Déjeme vuesa merced llorar, que con esto descanso. En los reinos y en las repúblicas bien ordenadas, había de ser limitado el tiempo de los matrimonios, y de tres en tres años se habían de deshacer, o confirmarse de nuevo, como cosas de arrendamiento; y no que hayan de durar toda la vida, con perpetuo dolor de entrambas partes.
JUEZ.-   Si ese arbitrio se pudiera o debiera poner en prática, y por dineros, ya se hubiera hecho; pero especificad más, señora, las ocasiones que os mueven a pedir divorcio.
MARIANA.-   El ivierno de mi marido y la primavera de mi edad; el quitarme el sueño, por levantarme a media noche a calentar paños y saquillos de salvado para ponerle en la ijada; el ponerle, ora aquesto, ora aquella ligadura, que ligado le vea yo a un palo por justicia; el cuidado que tengo de ponerle de noche alta cabecera de la cama, jarabes lenitivos, porque no se ahogue del pecho; y el estar obligada a sufrirle el mal olor de la boca, que le güele mal a tres tiros de arcabuz.
ESCRIBANO.-   Debe de ser de alguna muela podrida.
VEJETE.-   No puede ser, porque lleve el diablo la muela ni diente que tengo en toda ella.
PROCURADOR.-   Pues ley hay que dice, según he oído decir, que por sólo el mal olor de la boca se puede desc[as]ar la mujer del marido, y el marido de la mujer.
VEJETE.-   En verdad, señores, que el mal aliento que ella dice que tengo, no se engendra de mis podridas muelas, pues no las tengo, ni menos procede de mi estómago, que está sanísimo, sino desa mala intención de su pecho. Mal conocen vuesas mercedes a esta señora, pues a fe que, si la conociesen, que la ayunarían o la santiguarían. Veinte y dos años ha que vivo con ella mártir, sin haber sido jamás confesor de sus insolencias, de sus voces y de sus fantasías, y ya va para dos años que cada día me va dando vaivenes y empujones hacia la sepultura; a cuyas voces me tiene medio sordo, y, a puro reñir, sin juicio. Si me cura, como ella dice, cúrame a regañadientes; habiendo de ser suave la mano y la condición del médico. En resolución, señores: yo soy el que muero en su poder, y ella es la que vive en el mío, porque es señora, con mero mixto imperio, de la hacienda que tengo.
MARIANA.-   ¿Hacienda vuestra? Y ¿qué hacienda tenéis vos, que no la hayáis ganado con la que llevastes en mi dote? Y son míos la mitad de los bienes gananciales, mal que os pese; y dellos y de la dote, si me muriese agora, no os dejaría valor de un maravedí, porque veáis el amor que os tengo.
JUEZ.-   Decid, señor: cuando entrastes en poder de vuestra mujer, ¿no entrastes gallardo, sano y bien acondicionado?
VEJETE.-  Ya he dicho que ha veinte y dos años que entré en su poder, como quien entra en el de un cómitre calabrés a remar en galeras de por fuerza; y entré tan sano, que podía decir y hacer como quien juega a las pintas.
MARIANA.-   Cedacico nuevo, tres días en estaca.
JUEZ.-   Callad, callad, nora en tal, mujer de bien, y andad con Dios, que yo no hallo causa para descasaros; y, pues comistes las maduras, gustad de las duras; que no está obligado ningún marido a tener la velocidad y corrida del tiempo, que no pase por su puerta y por sus días; y descontad los malos que ahora os da, con los buenos que os dio cuando pudo; y no repliquéis más palabra.
VEJETE.-   Si fuese posible, recebiría gran merced que vuesa merced me la hiciese de despenarme, alzándome esta carcelería; porque, dejándome así, habiendo ya llegado a este rompimiento, será de nuevo entregarme al verdugo que me martirice; y si no, hagamos una cosa: enciérrese ella en un monesterio y yo en otro; partamos la hacienda, y desta suerte podremos vivir en paz y en servicio de Dios lo que nos queda de la vida.
MARIANA.-   ¡Malos años! ¡Bonica soy yo para estar encerrada! No sino llegaos a la niña, que es amiga de redes, de tornos, rejas y escuchas, encerraos vos, que lo podréis llevar y sufrir, que ni tenéis ojos con que ver, ni oídos con que oír, ni pies con que andar, ni mano con que tocar: que yo, que estoy sana, y con todos mis cinco sentidos cabales y vivos, quiero usar dellos a la descubierta, y no por brújula, como quínola dudosa.
ESCRIBANO.-   Libre es la mujer.
PROCURADOR.-   Y prudente el marido; pero no puede más.
JUEZ.-   Pues yo no puedo hacer este divorcio, quia nullam invenio causam.
(Entra un SOLDADO bien aderezado y su mujer, DOÑA GUIOMAR.)
DOÑA [GUIOMAR].-   ¡Bendito sea Dios!, que se me ha cumplido el deseo que tenía de verme ante la presencia de vuesa merced, a quien suplico, cuan encarecidamente puedo, sea servido de descasarme déste.
JUEZ.-   ¿Qué cosa es déste? ¿No tiene otro nombre? Bien fuera que dijérades siquiera: «deste hombre».
DOÑA [GUIOMAR].-  Si él fuera hombre, no procurara yo descasarme.
JUEZ.-  Pues ¿qué es?
DOÑA [GUIOMAR].-   Un leño.
SOLDADO.-    [Aparte.]  Por Dios, que he de ser leño en callar y en sufrir. Quizá con no defenderme ni contradecir a esta mujer el juez se inclinará a condenarme; y, pensando que me castiga, me sacará de cautiverio, como si por milagro se librase un cautivo de las mazmorras de Tetuán.
PROCURADOR.-   Hablad más comedido, señora, y relatad vuestro negocio, sin improperios de vuestro marido; que el señor juez de los divorcios, que está delante, mirará rectamente por vuestra justicia.
DOÑA [GUIOMAR].-   Pues, ¿no quieren vuesas mercedes que llame leño a una estatua, que no tiene más acciones que un madero?
MARIANA.-   Ésta y yo nos quejamos, sin duda, de un mismo agravio.
DOÑA [GUIOMAR].-   Digo, en fin, señor mío, que a mí me casaron con este hombre, ya que quiere vuesa merced que así lo llame; pero no es este hombre con quien yo me casé.
JUEZ.-   ¿Cómo es eso?, que no os entiendo.
DOÑA [GUIOMAR].-   Quiero decir que pensé que me casaba con un hombre moliente y corriente, y a pocos días hallé que me había casado con un leño, como tengo dicho; porque él no sabe cuál es su mano derecha, ni busca medios ni trazas para granjear un real con que ayude a sustentar su casa y familia. Las mañanas se le pasan en oír misa y en estarse en la puerta de Guadalajara murmurando, sabiendo nuevas, diciendo y escuchando mentiras; y las tardes, y aun las mañanas también, se va de en casa en casa de juego, y allí sirve de número a los mirones, que, según he oído decir, es un género de gente a quien aborrecen en todo estremo los gariteros. A las dos de la tarde viene a comer, sin que le hayan dado un real de barato, porque ya no se usa el darlo. Vuélvese a ir, vuelve a media noche, cena si lo halla, y si no, santíguase, bosteza y acuéstase; y en toda la noche no sosiega, dando vueltas. Pregúntole qué tiene. Respóndeme que está haciendo un soneto en la memoria para un amigo que se le ha pedido; y da en ser poeta, como si fuese oficio con quien no estuviese vinculada la necesidad del mundo.
SOLDADO.-   Mi señora doña Guiomar, en todo cuanto ha dicho, no ha salido de los límites de la razón; y, si yo no la tuviera en lo que hago, como ella la tiene en lo que dice, ya había yo de haber procurado algún favor de palillos, de aquí o de allí, y procurar verme, como se ven otros hombrecitos aguditos y bulliciosos, con una vara en  las manos, y sobre una mula de alquiler pequeña, seca y maliciosa, sin mozo de mulas que le acompañe, porque las tales mulas nunca se alquilan sino a faltas y cuando están de nones; sus alforjitas a las ancas: en la una un cuello y una camisa, y en la otra su medio queso y su pan y su bota; sin añadir a los vestidos que trae de rúa, para hacellos de camino, sino unas polainas y una sola espuela; y, con una comisión, y aun comezón en el seno, sale por esa Puente Toledana raspahilando, a pesar de las malas mañas de la harona, y, a cabo de pocos días, envía a su casa algún pernil de tocino y algunas varas de lienzo crudo; en fin, de aquellas cosas que valen baratas en los lugares del distrito de su comisión, y con esto sustenta su casa como el pecador mejor puede; pero yo, que ni tengo oficio [ni beneficio], no sé qué hacerme, porque no hay señor que quiera servirse de mí, porque soy casado; así que, me será forzoso suplicar a vuesa merced, señor juez, pues ya por pobres son tan enfadosos los hidalgos, y mi mujer lo pide, que nos divida y aparte.
DOÑA [GUIOMAR].-   Y hay más en esto, señor juez: que, como yo veo que mi marido es tan para poco, y que padece necesidad, muérome por remedialle; pero no puedo, porque, en resolución, soy mujer de bien, y no tengo de hacer vileza.
SOLDADO.-   Por esto solo merecía ser querida esta mujer, pero, debajo deste pundonor, tiene encubierta la más mala condición de la tierra: pide celos sin causa, grita sin porqué, presume sin hacienda, y, como me ve pobre, no me estima en el baile del rey Perico; y es lo peor, señor juez, que quiere que, a trueco de la fidelidad que me guarda, le sufra y disimule millares de millares de impertinencias y desabrimientos que tiene.
DOÑA [GUIOMAR].-   ¿Pues no? ¿Y por qué no me habéis vos de guardar a mí decoro y respeto, siendo tan buena como soy?
SOLDADO.-   Oíd, señora doña Guiomar; aquí, delante destos señores, os quiero decir esto: ¿por qué me hacéis cargo de que sois buena, estando vos obligada a serlo, por ser de tan buenos padres nacida, por ser cristiana y por lo que debéis a vos misma? ¡Bueno es que quieran las mujeres que las respeten sus maridos porque son castas y honestas; como si en sólo esto consistiese, de todo en todo, su perfección; y no echan de ver los desaguaderos por donde desaguan la fineza de otras mil virtudes que les faltan! ¿Qué se me da a mí que seáis casta con vos misma, puesto que se me da mucho, si os descuidáis de que lo sea vuestra criada, y si andáis siempre rostrituerta, enojada, celosa, pensativa, manirrota, dormilona, perezosa, pendenciera, gruñidora, con otras insolencias deste jaez, que bastan a consumir las vidas de docientos maridos? Pero, con todo esto, digo, señor juez, que ninguna cosa destas tiene mi señora doña Guiomar; y confieso que yo soy el leño, el inhábil, el dejado y el perezoso; y que, por ley de buen gobierno, aunque no sea por otra cosa, está vuesa merced obligado a descasarnos; que desde aquí digo que no tengo ninguna cosa que alegar contra lo que mi mujer ha dicho, y que doy el pleito por concluso, y holgaré de ser condenado.
DOÑA [GUIOMAR].-   ¿Qué hay que alegar contra lo que tengo dicho? Que no me dais de comer a mí, ni a vuestra criada; y monta que son muchas, sino una, y aun esa sietemesina, que no come por un grillo.
ESCRIBANO.-   Sosiéguense; que vienen nuevos demandantes.
(Entra uno vestido a lo médico, y es CIRUJANO, y ALDONZA DE MINJACA, su mujer.)
CIRUJANO.-   Por cuatro causas bien bastantes, vengo a pedir a vuesa merced, señor juez, haga divorcio entre mí y la señora doña Aldonza de Minjaca, mi mujer, que está presente.
JUEZ.-   Resoluto venís; decid las cuatro causas.
CIRUJANO.-   La primera, porque no la puedo ver más que a todos los diablos; la segunda, por lo que ella se sabe; la tercera, por lo que yo me callo; la cuarta, porque no me lleven los demonios, cuando desta vida vaya, si he de durar en su compañía hasta mi muerte.
PROCURADOR.-   Bastantísimamente ha probado su intención.
MINJACA.-   Señor juez, vuesa merced me oiga, y advierta que, si mi marido pide por cuatro causas divorcio, yo le pido por cuatrocientas. La primera, porque, cada vez que le veo, hago cuenta que veo al mismo Lucifer; la segunda, porque fui engañada cuando con él me casé, porque él dijo que era médico de pulso, y remaneció cirujano, y hombre que hace ligaduras y cura otras enfermedades, que va decir desto a médico la mitad del justo precio; la tercera, porque tiene celos del sol que me toca; la cuarta, que, como no le puedo ver, querría estar apartada dél dos millones de leguas.
ESCRIBANO.-   ¿Quién diablos acertará a concertar estos relojes, estando las ruedas tan desconcertadas?
MINJACA.-   La quinta…
JUEZ.-   Señora, señora, si pensáis decir aquí todas las cuatrocientas causas, yo no estoy para escuchallas, ni hay lugar para ello. Vuestro negocio se recibe a prueba; y andad con Dios, que hay otros negocios que despachar.
CIRUJANO.-   ¿Qué más pruebas, sino que yo no quiero morir con ella, ni ella gusta de vivir conmigo?
JUEZ.-   Si eso bastase para descasarse los casados, infinitísimos sacudirían de sus hombros el yugo del matrimonio.
(Entra uno vestido de GANAPÁN, con su caperuza cuarteada.)
GANAPÁN.-   Señor juez: ganapán soy, no lo niego, pero cristiano viejo, y hombre de bien a las derechas; y, si no fuese que alguna vez me tomo del vino, o él me toma a mí, que es lo más cierto, ya hubiera sido prioste en la cofradía de los hermanos de la carga, pero, dejando esto aparte, porque hay mucho que decir en ello, quiero que sepa el señor joez que, estando una vez muy enfermo de los vaguidos de Baco, prometí de casarme con una mujer errada. Volví en mí, sané y cumplí la promesa, y caséme con una mujer que saqué de pecado; púsela a ser placera; ha salido tan soberbia y de tan mala condición, que nadie llega a su tabla con quien no riña, ora sobre el peso falto, ora sobre que le llegan a la fruta, y a dos por tres les da con una pesa en la cabeza, o adonde topa, y los deshonra hasta la cuarta generación, sin tener hora de paz con todas sus vecinas ya parleras; y yo tengo de tener todo el día la espada más lista que un sacabuche, para defendella; y no ganamos para pagar penas de pesos no maduros, ni de condenaciones de pendencias. Querría, si vuesa merced fuese servido, o que me apartase della, o, por lo menos, le mudase la condición acelerada que tiene en otra más reportada y más blanda; y prométole a vuesa merced de descargalle de balde todo el carbón que comprare este verano; que puedo mucho con los hermanos mercaderes de la costilla.
CIRUJANO.-   Ya conozco yo a la mujer deste buen hombre, y es tan mala como mi Aldonza: que no lo puedo más encarecer.
JUEZ.-   Mirad, señores, aunque algunos de los que aquí estáis habéis dado algunas causas que traen aparejada sentencia de divorcio, con todo eso, es menester que conste por escrito, y que lo digan testigos; y así, a todos os recibo a prueba. Pero, ¿qué es esto? ¿Música y guitarras en mi audiencia? ¡Novedad grande es ésta!
(Entran dos músicos.)
MÚSICO.-   Señor juez, aquellos dos casados tan desavenidos que vuesa merced concertó, redujo y apaciguó el otro día, están esperando a vuesa merced con una gran fiesta en su casa; y por nosotros le envía[n] a suplicar sea servido de hallarse en ella y honrallos.
JUEZ.-   Eso haré yo de muy buena gana; y pluguiese a Dios que todos los presentes se apaciguasen como ellos.
PROCURADOR.-   Desa manera, moriríamos de hambre los escribanos y procuradores desta audiencia; que no, no, sino todo el mundo ponga demandas de divorcios; que, al cabo, al cabo, los más se quedan como se estaban y nosotros habemos gozado del fruto de sus pendencias y necedades.
MÚSICO.-   Pues en verdad que desde aquí hemos de ir regocijando la fiesta.
(Cantan los músicos.)
Entre casados de honor,
cuando hay pleito descubierto,
 más vale el peor concierto
 que no el divorcio mejor.
Donde no ciega el engaño
simple, en que algunos están,
las riñas de por San Juan
son paz para todo el año.
Resucita allí el honor,
y el gusto, que estaba muerto,
donde vale el peor concierto
más que el divorcio mejor.
Aunque la rabia de celos
es tan fuerte y rigurosa,
si los pide una hermosa,
no son celos, sino cielos.
Tiene esta opinión Amor,
 que es el sabio más experto:
que vale el peor concierto
más que el divorcio mejor.
FIN DESTE ENTREMÉS
 Fuente: http://miguelde.cervantes.com/pdf/El%20Juez%20de%20los%20Divorcios.pdf
  1. ANÁLISIS
El juez de los divorcios (publicado en 1615) es uno de los ocho entremeses que compuso nuestro inmortal Miguel de Cervantes. Los entremeses se representaban en los descansos de las representaciones de las obras mayores. Funcionaban, de este modo, como divertimentos ingeniosos con la clara voluntad de entretener en un ambiente festivo. Estamos ante una pieza breve, cómica, de ambiente popular, chispeante y vivaz, satírica e irónica a partes iguales. Su representación, como se puede deducir por su extensión, no debía de superar los diez minutos.
1. Resumen
El entremés que ahora nos ocupa, «El juez de los divorcios» cumple a la perfección los requisitos del subgénero. Un juez, auxiliado o acompañado de un escribano y un procurador, se dispone a impartir justicia sobre matrimonios que reclaman el divorcio exprés. Estamos ante cuatro parejas que desean poner fin a su relación matrimonial: un vejete con mala salud y Mariana ya no se aguantan más; ella, impertinente e impetuosa, pide que el matrimonio dure por ley, tres años; si va bien, se renueva; si no, se disuelve y a otra cosa; él es cascarrabias y achacoso. El juez no concede el divorcio. La segunda pareja la forman un soldado y Guiomar; él es vago y apocado; ella, ingobernable e irascible. El juez dictamina que no hay caso para el divorcio.
La tercera pareja la forman un cirujano y Aldonza de Minjaca; él es algo mentirosillo y muy celoso; ella, insufrible y otras cosas que el cirujano prefiere no declarar. El juez no ve caso para divorcio y lo deniega. La cuarta pareja la forman un ganapán o porteador al que no acompaña su mujer. El porteador le pide divorcio porque su mujer, antigua prostituta, le genera muchos conflictos de convivencia por su agresividad social, lo que se ve muy bien en sus altercados en su puesto en el mercado. De repente, entran unos músicos e invitan al juez a una fiesta de reconciliación de una pareja que él había recompuesto unos días atrás. El escribano confiesa que si todos reaccionaran así, se acabaría su oficio y morirían de hambre. Les interesa que sigan las pendencias en los matrimonios, pues vivían muy bien a su costa. Se cierra con una canción que entonan los músicos, y todos a coro, en la que el mensaje central es que, en el matrimonio,  «vale el peor concierto / más que el divorcio mejor».
2. Tema
Este entremés aborda el asunto de que en las relaciones de pareja, hay que sufrir sufridos y comprensivos con la otra parte para preservar la conviviencia y la duración del matrimonio.
3. Apartados temáticos
Una pieza teatral tan breve no es susceptible de división por su contenido. La fluidez de las acciones están perfectamente enlazadas y secuenciadas. El desarrollo es fluido y continuo, formando una unidad indivisible.
4. Lugar y tiempo de la acción dramática
La acción dramática se desarrolla en una sede judicial. Un despacho donde el juez, acompañado del escribano y el procurador, imparte justicia. El tiempo de la escritura, por su fecha de publicación, hubo de ser algunos años previos a 1612; acaso Cervantes ya lo tenía redactado años atrás y en ese momento los reunió para su publicación. La acción dramática es contemporánea al tiempo de la escritura. La España renacentista y barroca desfila ante nosotros con gran frescura y autenticidad. Son matrimonios mal avenidos que desean el divorcio como una liberación a sus pesadillas. La acción apenas dura un cuarto de hora, lo cual viene exigido por la naturaleza de la pieza dramática: el entremés.
5. Personajes
Los personajes apenas tienen individualización; más bien son tipos, es decir, una imagen antonomásica de una forma de ser perfectamente reconocida por los espectadores. Y más que de forma individual, Cervantes pone el foco en las parejas. Por eso desfilan cuatro parejas que todo el mundo identificaba como clásicas y previsibles:
-El hombre anciano, algo repulsivo por sus olores, achacoso y quisquilloso con sus exigencias de cuidados forma matrimonio con una mujer joven, llamada Mariana, guapa, alegre y con ganas de vivir, cortadas por su situación matrimonial.
-El soldado cobarde, indolente, holgazán y beato está unido a una mujer, cuyo nombre es Guiomar, desordenada e impulsiva.
-El hombre esta vez es cirujano (una suerte de enfermero), embustero y vanidoso; su esposa, conocida como Aldonza de Minjaca, está harta de él y busca otro modo de vivir; la fidelidad matrimonial no es una de sus virtudes, según se queja su marido.
-La cuarta pareja la forman un porteador, figura muy humilde, casado con una mujer que regenta un puesto de verduras y frutas en el mercado; ella, antigua prostituta, es pendenciera y follonera, lo que les ha causado disgustos judiciales.
Es de notar que las mujeres tienen nombre propio (excepto la cuarta), en tanto que los hombres no. Ellas poseen una personalidad más individualizada; ellos solo son tipos sociales que no merecen ni la dignidad de un antropónimo. Parece que Cervantes los castiga con el anonimato para castigar su necedad.
-El juez: acaso es el personaje más individualizado gracias al sosiego y sentido común que logra imprimir en un ambiente algo acelerado y populachero.
6. Comentario estilístico
El entremés, con sus tipos populares, su acción rápida y su tono festivo y humorístico, pide un lenguaje popular y coloquial. No es momento de un estilo grave, sino del español cotidiano, llano, sencillo, directo y fresco. Los personajes hablan con énfasis para tratar de convencer al juez para alcanzar el divorcio. Por eso abundan las apóstrofes, la adjetivación degradante, las comparaciones e hipérboles de sabor popular, etc. La sintaxis es la propia del lenguaje de la calle: oraciones cortas, exclamaciones e interrogaciones retóricas, las repeticiones de todo tipo, etc.
7. Contextualización
Sabemos que Cervantes intentó triunfar como autor de comedias, pero la suerte la fue adversa. Sus tragedias, de corte clásico, en prosa, tono grave y serio, de temas históricos (La Numancia), o contemporáneos (Los baños de Argel) no acertaron a satisfacer el gusto del público. La composición de los entremeses nos muestran a un Cervantes experimentador e interesado por las formas teatrales más populares y vivas. Las características esenciales de esta pieza, extensibles a las siete restantes, son:
-Humorismo: con el modo de hablar y de actuar los personajes inducen a la risa. Pronuncian mal muchas palabras, exageran, ironizan y ridiculizan a sus parejas sin demasiada compasión. Los personajes parecen tipos, es decir, son representaciones idealizadas que recogen los rasgos comunes de un subgrupo social. Los espectadores debían de entenderlo a la perfección y casi en la primera intervención de los mismos.
-Ambiente popular: los personajes son los mismos que uno se podría encontrar por la calle al acabar la representación. El ganapán es el más humilde, «aunque cristiano viejo», recuerda al juez; su mujer no lo supera en extracción social. Y los demás van por esa línea: el cirujano –especie de enfermero de la época; el padre de Cervantes ejerció este oficio–, el soldado en paro y el vejete, presentado con tintes burlescos.
-Crítica social: tras el humor, apreciamos una sátira a vicios sociales comunes: la falta de paciencia, la ingratitud y la poca educación social como norma de conducta. A cambio, el sentido común también aparece en algunos tipos, como el ganapán, seguramente el más cabal y ético de toda la tropa. Aquí se aprecia muy bien la visión un tanto desengañada de Cervantes, ya de vuelta de una vida traqueteada.
-Acción dinámica y variada: no hay lugar para entretenimientos disquisitivos ni para honduras filosóficas en el escenario. Los diálogos son chispeantes, claros y directos. El comportamiento de los personajes tiende a la presentación rápida, unos chistes y a otra cosa. Esto venía exigido por la brevedad de la representación y sus circunstancias de ser sólo un alivio cómico en el descanso.
-Música, acción dramática y palabra, se unen en feliz maridaje: diálogos chispeantes, movimientos repentinos de entrada y salida de actores y una buena canción, con su estribillo comprimiendo el sentido del entremés forman un conjunto compacto, divertido y ameno.
Con razón han sido aclamados los entremeses de Cervantes como piezas de gran perfección técnica. La ligereza o el humor general que la recorren no nos deben ocultar su cuidadosa composición, su gracia y su dominio verbal y del arte escénico con gran solvencia.
8. Interpretación y valoración
Este entremés es una muestra del talento dramático de Cervantes. Una breve pieza de naturaleza cómica y representación de circunstancias nos permite conocer la vida real, con sus miserias y grandezas –las menos, desgraciadamente–, de la vida cotidiana de personas reales de principios del siglo XVII. En este sentido, El entremés de los divorcios goza de una asombrosa actualidad: los mismos tipos de personas y los mismos conflictos, mutatis mutandis, los encontramos hoy en los reality de los programas basura que asolan la televisión a diario.
El lenguaje fresco, chispeante, chocarrero e incisivo en boca de personas que parece que las cogieron de la calle y los subieron al escenario es un valor no pequeño del entremés. Tras los personajes y sus acciones y palabras, se esconden problemas de la vida real: la convivencia en los matrimonios no siempre es fácil, los burócratas y leguleyos se frotan las manos ante la perspectiva de lucro gracias a las desgracias sentimentales de gente ignorante que actúa por las bravas. Cervantes nos deja ver las miserias de la naturaleza humana, que descansan en el egoísmo, la impaciencia y la desconsideración hacia los demás, propios y ajenos.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el contenido del entremés (100 palabras).
2) Caracteriza física y psicológicamente a los personajes.
3) ¿Cuál es el tema nuclear de la obra?
4) Localiza tres situaciones especialmente cómicas, que provoquen risa.
5) El final, ¿qué mensaje envía Cervantes al público? ¿Lo compartes?
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos de feminismo se aprecian en la obra?
2) A juzgar por las situaciones, ¿quién está interesado en que haya desavenencias entre los miembros del matrimonio? ¿Por qué?
3) A juzgar por la obra, ¿cómo es el pensamiento cervantino respecto del matrimonio?
4) Observa el comportamiento y las opiniones del juez: ¿son razonables?
5) ¿Cómo podemos interpretar el hecho de que los personajes representen tipos populares, comunes, y no nobles o personas de elevada condición socio-económica?
6) Analiza la letra de la canción final: ¿compartes su contenido?
7) ¿Qué podemos deducir que el entremés finalice con una canción festiva, alegre y optimista?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Representar el sainete o realizar una lectura dramatizada es un excelente ejercicio creativo y divertido al mismo tiempo.
2) Tomando el modelo cervantino, escribe un entremés con intención satírica, burlesca y humorística.
3) Transforma en prosa el entremés, a modo de cuento.

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