Sófocles: «Antígona»; análisis y propuesta didáctica

  1. ANÁLISIS DE LA OBRA Y DEL FRAGMENTO (INTERVENCIÓN DE TIRESIAS)
Sófocles (Colono, entorno de Atenas, 496 a. C. –- Atenas, 406 a. C.) es uno de los genios literarios más influyentes de la literatura universal. Se ubica en el entorno de los magistrales dramaturgos de la Grecia clásica, junto con Eurípides y Esquilo, casi contemporáneos suyos, fundadores del teatro clásico, en concreto del subgénero de la tragedia, Aristófanes realizó lo propio con la comedia. Autor de gran capacidad creativa, fue aclamado en su tiempo como un dramaturgo excelso (ganó importantes premios que al efecto se convocaban en Atenas) y legó a la posteridad sobre una decena de obras cuya influencia en la literatura occidental ha sido indeleble y de primer orden. Otras piezas que se sabe que compuso se perdieron.
Antígona (estrenada en el 442 a. C.) es uno de los dramas más logrados. Se encuadra en el ambiente mitológico, alrededor del ciclo de Tebas, la convulsa ciudad griega donde parece que se concentraban, en tiempos pasados ya míticos o legendarios, peligrosamente pasiones humanas y tensiones políticas. Antígona, joven noble y hermosa, es una de las hijas del antiguo rey de Tebas, Edipo, autodesterrado tras cometer, más o menos involuntariamente, terribles crímenes y delitos. Creonte, hermano de Yocasta, esposa de Edipo y, por tanto, tío de Antígona y su hermana Ismene, además de los ya fallecidos Polinices y Eteocles, es el nuevo rey de la ciudad. De su matrimonio con Eurídice nació Hemón, joven enamorado de su prima Antígona, quien le corresponde.
Creonte decreta no enterrar a Polinices con los honores y ritos funerarios que salvaguardarían su alma al otro mundo; había sido traidor a la ciudad y dejar su cuerpo inerte a merced de las alimañas era el castigo que las leyes preveían para los rebeldes. Antígona se rebela ante esta decisión y entierra a su hermano con las honras necesarias. Cuando Creonte se entera manda encerrarla inmediatamente en una cueva para que perezca. Las consecuencias serán terribles porque la joven prefiere suicidarse; cuando Hemón se entera sigue el mismo camino, exactamente el mismo que su madre, Eurídice. Creonte se siente muy seguro y satisfecho de sus decisiones, sin conocer todavía el desencadenamiento de fatales consecuencias para sus seres más queridos.
Los conflictos de la tragedia son claros y muestran su riqueza significativa: la ley divina, simbolizada en Antígona, se enfrenta a la humana o ciudadana, representada en Creonte; la juventud y generosidad de la chica se opone a la vejez resabiada de su tío Creonte; el amor de Antígona y Hemón choca con los resentimientos envidiosos de Creonte; la mujer se contrapone al hombre en sus posibilidades de actividad social, política, etc. La ley divina que asegura una muerte de tránsito hacia una vida eterna colisiona con la ley humana que condena a muerte y ciega los caminos de la vida definitivamente. Esperanza y amor (Antígona) frente a frustración y odio(Creonte) pueden servir de polos de significación y comprensión de toda la tragedia.
Justo en ese momento se sitúa el texto que comentamos. Pasa por el palacio Tiresias, el viejo adivino, ciego, acompañado de un lazarillo. El pronosticador sabe mucho más de lo que dice y de lo que los demás creen. El encuentro con Creonte es verbalmente violento. Creonte le reprocha su avaricia, a todas luces infundadamente; Tiresias le afea su impulsividad y soberbia. El duelo dialéctico termina en aparentes tablas, pero cuando el adivino se aleja, Creonte se rodea de su guardia, se arrepiente del castigo impuesto a Antígona y se dirige a la cueva-prisión para liberarla. Nosotros sabemos que ya es demasiado tarde.
La intervención de Tiresias es en sí misma una muestra perfecta de la construcción teatral de Sófocles. El adivino habla con claridad y sin rodeos, piensa con lógica y expone con convicción. Utiliza un lenguaje directo y elabora oraciones bien trabadas y cohesionadas (las oraciones causales y consecutivas son las más comunes); son la manifestación de un pensamiento lógico y ordenado. El personaje, nada pusilánime, no se arredra ante el rey de Tebas; todo lo contrario, le habla con claridad y le aconseja con sensatez.
La habilidad literaria de Sófocles se manifiesta en esta intervención. El empleo de recursos retóricos embellecedores con acierto y proporción saltan a la vista. Ofrecemos una selección:
  • Adjetivación colorista y conceptual de gran fuerza expresiva: «viejo poyo», «ignoto griterío», «crueles y bárbaros picotazos», etc.
  • Bimembración, con el claro objeto de reforzar el sentido de lo expresado: «humeaba y salpicaba», «pues los altares y lares permanecen…», «aves y perros», etc.
  • Apelaciones al oyente con intención persuasiva: «Te vas a enterar…», «Por tanto, hijo, recapacita».
  • El polisíndeton crea una atmósfera de acumulación de elementos que agobian al interlocutor, pues tiene intención apelativa: » Pero la llama no brillaba en las ofrendas, sino que la grasa que manaba de los muslos se consumía en la ceniza y humeaba y salpicaba, y la bilis se diluía en el aire, y los muslos, una vez escurridos, quedaban despojados de la grasa que antes los recubría». Es un ejemplo de la elocuencia que encierra el modo de hablar de estos personajes nítidamente perfilados. Quieren ser entendidos en sus justos términos y se esfuerzan por expresarse con convicción.
  • Metáfora, herramienta de enorme poder visual: «Y esta es una enfermedad que padece la ciudad…». La más eficaz artísticamente es: «No insistas en acribillar a puñaladas a un difunto»; encierra una fuerza dramática enorme.
  • Sinestesia, de poder plástico inmediato: «dulcísima cosa es aprender»
  • Personificación: «Pero la llama no brillaba en las ofrendas». Sirve para crear una atmósfera de tensión contenida llena de malos presagios.
  • Perífrasis o circunloquio: «al desdichado hijo de Edipo que cayó en combate». Esta alusión a Polinices, perfectamente entendible por el auditorio, además de introducir variedad expresiva, activa inmediatamente su intertexto lector, es decir, sus conocimientos, creencias, modos de interpretar, etc. acerca del asunto de la obra.
  • Las repeticiones retóricas aportan claridad y expresividad. Por ellas podemos deducir el núcleo temático: «ofrendas», «equivocarse», «consejos» son las tres palabras clave. En el aire, flota la cuestión: ¿será capaz Creonte de entender y actuar lo que todos nosotros, oyentes o lectores, ya vemos claramente? Es un modo muy eficaz de crear intriga y tensión dramática
  • Elipsis, alusiones y elusiones, como aparecen, por ejemplo, en «La obstinación, ¡por supuesto!, incurre en torpeza» son otros procedimientos retóricos felizmente utilizados.
Este elenco de recursos no pretende agotar la riqueza literario del texto, sino ilustrar lo cuidadoso de su construcción y la potencia verbal de Sófocles. De una aparente intervención de trámite, podemos observar una auténtica mina estética de delicados y ricos matices. Tiresias, un viejo medio andrajoso y algo lunático, se revela aquí como un hombre inteligente, fuerte y persuasivo. En las obras de este dramaturgo, como de todos los excelentes, nada es casual o trivial; detalles que, aunque parezcan lejos del foco del conflicto principal, guardan una gran significación y contribuyen sustancialmente al sentido y construcción artística. Hemos elegido precisamente esta intervención de Tiresias para ilustrar este aspecto.
El texto objeto de nuestro comentario posee también una riqueza etnográfica abrumadora. Podemos entender el sistema griego clásico de creencias sobre dioses, augurios, sacerdotes, muerte, etc. con la única y atenta lectura de este texto. La narración exacta y puntual de los procedimientos para adivinar el futuro del hombre y la voluntad de los dioses a base del sacrificio de aves nos enseña visual y plásticamente aspectos importantes de la cultura griega antigua.
Sófocles construye sus tragedias con una maestría asombrosa. Dos mil quinientos años después de su estreno, nos seguimos deleitando con estas obras llenas de emoción, elegancia, reflexión y vida.
Texto para el comentario:
TIRESIAS.- Te vas a enterar de lo que pasa al oír las pruebas que aporta mi profesión. Ello es así: sentado en el viejo poyo, atalaya observadora de las aves, donde tenía a mi disposición la arribada de toda clase de aves, oigo un ignoto griterío de aves que chirriaban con crueles y bárbaros picotazos. Y me di cuenta de que unas a otras se despedazaban a muerte con las uñas, pues el estruendo de sus alas no era difícil de interpretar. Y, sobrecogido, corriendo me dispuse a probar los sacrificios en altares dispuestos del todo para recibir las llamas. Pero la llama no brillaba en las ofrendas, sino que la grasa que manaba de los muslos se consumía en la ceniza y humeaba y salpicaba, y la bilis se diluía en el aire, y los muslos, una vez escurridos, quedaban despojados de la grasa que antes los recubría. Tales aconteceres captaba por este muchacho: que los vaticinios  propios de las ceremonias aquellas se consumían sin dar una información clara. Pues éste me sirve a mí de guía y yo a los demás. Y esto es una enfermedad que padece la ciudad por tu particular manera de interpretar las cosas, pues los altares y lares permanecen repletos con todas sus ofrendas por culpa de haber devorado aves y perros al desdichado hijo de Edipo que cayó en combate. Por eso los dioses no admiten ya las súplicas que les dirigimos con nuestras ofrendas ni la llama de los muslos de esas ofrendas, y tampoco los pájaros chirrían  un tipo de griterío fácilmente interpretable, por haber engullido, de la sangre que echó a perder a aquel hombre, la parte grasienta. Por tanto, hijo, recapacita. Pues común a todos y a cada uno de los hombres es equivocarse, pero después de equivocarse ya no es insensato ni desdichado quien, tras caer en esa enfermedad, procura curarse y no hacerse inflexible. La obstinación, ¡por supuesto!, incurre en torpeza.  En fin, cede ante el muerto, y no insistas en acribillar a puñaladas a un difunto. ¿Qué heroicidad hay en volver a matar al que ya está muerto? Porque te quiero bien, te doy buenos consejos. Y, además, dulcísima cosa es aprender de quien da consejos si esos consejos reportan beneficio.
                                                                                                                                                                         Sófocles: Antígona
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Actividades de comprensión e interpretación
1) Resume el texto y expresa su tema en una sola frase. Trata de ubicar su situación en el conjunto de la obra.
2) Analiza el personaje que habla y los aludidos; sitúalos en la tragedia y señala su relevancia.
3) Localiza e interpreta algunos recursos literarios en los que se aprecie la intención expositiva y persuasiva de Tiresias.
2.2. Actividades de ABP, creación y pensamiento crítico
1) La lectura dramatizada de la obra completa, o parte de ella, en clase, repartiendo los papeles entre los alumnos, es de gran eficacia pedagógica.
2) Recrear la ciudad de Tebas en la época del desarrollo de la tragedia a través de carteles, murales, presentaciones, infografías, etc., con la ayuda de recursos TIC es un ejercicio muy recomendable por su potencialidad didáctica.
3) Razona y argumenta: ¿Qué harías tú si fueras Creonte? ¿Hacer caso a un viejo adivino, charlatán y medio lunático?; o, por el contrario, ¿seguir el camino propio con el poder añadido de ser rey?
4) Leyes divinas frente a leyes humanas: ¿cuáles seguir y por qué? ¿En todo caso y situación? ¿Cómo evitar el conflicto?
5) Antígona era mujer joven en una sociedad que respetaba poco el papel de las féminas. Compara la situación con la actual, señala coincidencias y divergencias e indica cómo actuaría hoy una chica ante una tesitura similar a la de Antígona.
6) ¿Quiénes ejercen hoy el papel de adivinos? ¿Con la misma autoridad que Tiresias? ¿Por qué?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Recrea la vida de una ciudad griega como Tebas en el siglo V a.C. Vida cotidiana, oficios, ocupaciones y preocupaciones. Puedes imaginar varias personas con oficios diarios y charlar con ellos, escuchar sus preocupaciones, etc. Puedes hacerlo en forma de de cartel, presentación Prezi o Power Point, etc.
2) Ponte en el papel de Tiresias, el adivino ciego. Escribe un diálogo con Antígona sobre cómo encauzar su deseo de enterrar a su hermano sabiendo que su vida corre peligro.

 

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